Se emitió y estrenó el pasado 16 de febrero de 2019 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Eso fue lo oficial, de acuerdo, pero el programa se llevó a cabo el 2 de febrero de 2019 de 12.30h a 13.30h y, ante la actual falta de continuidad/radiofórmula en RUAH, optamos por “pinchar” la señal y se emitió en directo en ese momento; desconocemos si algún despistado escuchó esta primera emisión por mera casualidad al ser totalmente extraoficial y sin avisar.
Más allá de esta curiosidad, Mariano González y Víctor Prats intentamos poner en valía este extenso y difícil de abarcar disco de los británicos Clash. Pusimos varias de las canciones que lo conforman (bien en 1er. o segundo plano) y pasamos un buen rato recordando a este grupo y tributándoles de alguna manera.
Tenemos entre manos en esta ocasión un programa dedicado a uno de esos artistas que iban profesando otros estilos, géneros y sonidos allá por los años 80. Alejado del techo-pop y otras corrientes, Lloyd Cole junto a The Commotions dieron lugar a varios discos apoyados en un rock suave de matices y formas más clásicas.
Su debut “Rattlesnakes” es un trabajo lleno de grandes canciones y permitió situar a Lloyd Cole And The Commotions como un grupo sinónimo de calidad y buen hacer. No en vano, se ganaron entre otros las simpatías de un tipo tan crítico como Morrissey, que en aquellos días lideraba a The Smiths; imaginen.
Estaba anunciado como un baile de disfraces, pero finalmente fue un concierto al uso (y mucho mejor así). La Orquesta Mondragón figuraba como uno de los reclamos para el carnaval de Madrid que este año se ha celebrado en Prosperidad. El día anterior acudimos a ver el pregón de El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados y ya sabíamos el lugar.
Es curioso, pero siempre que voy a un concierto de La Orquesta Mondragón, siento como si me quitara la espina de aquel concierto frustrado al que un infante de apenas 6 años y medio quería asistir en verano de 1988 en el campo de fútbol de Las Veredillas de Torrejón de Ardoz, cuando La Orquesta Mondragón eran fenómeno nacional con su “Ellos las prefieren gordas” (curioso que este tema lo tengan encerrado en el baúl y no lo saquen en sus conciertos). Mi madre se ve que en su día no lo consideró conveniente. A modo de anécdota, la primera espina me la quité en los carnavales (también) de Torrejón de Ardoz de 2009, cuando aún formaba parte del espectáculo el actor mímico Popotxo Ayestarán.
Salí de casa con lo que creía que era tiempo suficiente para llegar al recinto a la hora que creía fijada de las 21:30h. Renuncié a un plan de amiguetes para ver el fútbol (Madrid-Barça) en casa de uno de ellos para ir solo a este concierto. El caso es que subía el último tramo de la calle Marcenado antes de llegar a la carpa del parque Berlín y lo que empezaba a distinguir de música era “Corazón de neón”. Eran las 21:20h. Luego resultó que no había visto bien el programa, y ciertamente el show empezaba a las 21h. ¡Gilipuertas! (me digo a mí mismo, aclaro).
No sé cuántas canciones me perdí. El caso es que me llevé un sorpresón al ver masificado el recinto. La carpa estaba a reventar y había una cola de acceso de la que no se veía el final y un porrón de gente viendo el concierto desde fuera a distancias que precisarían de unos buenos prismáticos para pisparse de lo que sucede en el escenario.
Me situé al lado de dicha cola, desde la que podía ver a eso de casi 70 metros el escenario con Javier Gurruchaga ya dándolo todo. Luego, cuando pasadas 5 canciones el final de la cola ya se empezaba a ver, me sumé a ella y accedería al recinto a eso de la 7ª canción (de las que escuché). Desde fuera pude vivir esa historia tan jodida que narra la impagable “Garras humanas”, una de mis preferidas de La Orquesta Mondragón. También me cogió fuera de la carpa “Caperucita feroz”, nueva lástima de estar situado tan lejos en esos pasajes del show.
Cuando finalizaba “Anda suelto Satanás”, que Javier dedicó a Luis Eduardo Aute (con quien hizo el dueto correspondiente no hace mucho), es cuando ya accedí y me puse a mitad de carpa en el lateral izquierdo según miras al escenario. No fue una mala ubicación finalmente. Javier y su orquesta fueron generosos. Yo disfruté (bien fuera o dentro de la carpa) de casi 2 horas de música (más lo que llevasen). El setlist no dejó de lado el concepto de “orquesta” y Gurruchaga y sus músicos ofrecieron varias versiones de The Beatles, John Lennon en solitario, Elvis, Ben E. King o The Doors.
Sin embargo, a pesar del buen hacer y versiones de calidad que ofrece La Orquesta Mondragón, yo me quedo con su repertorio propio. Sin lugar a dudas. Lástima que “Corazón de neón” la escuchase a medias y desde fuera del recinto y con “Garras humanas”, aunque ya completa, me pasara lo mismo. Sin embargo, ya dentro, me pude desquitar con el frenesí que supuso “Bon voyage” (esta no me la esperaba), la belleza de “Olvídate de mí” (la cual les hemos insertado un par de párrafos más arriba), “Tic-tac (mi viejo despertador)” o “Viaje con nosotros”.
Esta última, situada en el tramo final, se ofreció en una versión de más de 15 minutos, con espontáneos del público que subieron al escenario a hacer una conga y a los que Javier invitó a cantar y tararear este clásico del grupo. Aunque la calidad de nuestros vídeos es horrible, les hemos insertado arriba de este párrafo el momento que grabamos de este gran tema clásico de nuestro pop.
Se despidieron con la acelerada “Lola, Lola” del disco “Cumpleaños Feliz” de 1983 (antes, a mitad de concierto, también tocaron “Lolita” de su mítico disco de 1987 “Ellos Las Prefieren Gordas”), pero justo antes nos divirtieron con la irreverente “Ponte peluca”, con Javier ataviado con una del estilo de la de Donald Trump (vean arriba), al cual dedicó varios palos a lo largo del concierto; fue muy graciosa la performance cargándose un muñeco hinchable de un periodista que hizo Javier en ese momento.
Como siempre, gran concierto de La Orquesta Mondragón (nunca defraudan), con un Javier Gurruchaga por el que parece que no pasan los años y que demuestra saber aguantar con solvencia y energía una actuación bastante intensa de 2 horas de duración. Personalmente me alegré mucho de ver la capacidad de convocatoria del grupo y más en un día en el que a no mucha distancia del lugar del concierto tenía lugar un partido de fútbol de esos que paralizan el mundo. ¡Olé por Gurruchaga y su gente!
En el año de su 40º aniversario, El Aviador Dro Y Sus Obreros Especializados recibieron un justo homenaje por parte del consistorio de la capital al ser los elegidos para dar el pregón de inicio de los Carnavales 2019, que este año tienen como epicentro el barrio de Prosperidad. Y es muy justo, ya que este grupo icónico e imprescindible de nuestro panorama musical, se creó en el barrio, más concretamente en lo que en aquellos momentos finales de los años 70 se venía a llamar el Ateneo Libertario de Prosperidad (actual Centro Cultural Nicolás Salmerón); curiosamente, por motivos personales que no viene a qué contar, pasé por dicho centro (situado a pocos menos del parque Berlín) unos momentos antes del evento.
La cita era a las 20.00h y no hubo demora. Llegamos un poquito antes a la carpa situada en la zona de pistas polideportivas del parque Berlín y ya se veía a Biovac N (Servando Carballar) y sus compañeros en la rampa del escenario para salir, mientras que creo que eran entrevistados por Telemadrid para el programa “Madrid Directo” (intuyo). Fuimos esperando que, además del pregón, el grupo interpretara alguno de sus temas, lo cual así sucedió.
Pero la cosa fue más allá, ya que el pregón no fue al uso, sino que fue acompañado de las melodías electrónicas del grupo, con Arcoiris (Marta Cervera), Genocyder F15 (Mario Gil) y ATAT (Ismael Contreras). La voz la ponía Biovac N, con proclamas en prosa y alternando estribillos más melódicos acompañándose por CTA 102 (Alejandro Sacristán), que también siempre aporta sus performances en las tablas, además de lanzarnos los panfletos con las proclamas del grupo y sus canciones, que son un preciado objeto de coleccionista para los seguidores del grupo (no fui el único que tras acabar el evento se afanó en coger algunos del suelo del recinto, que no hubieran sido injustamente pisoteados y consecuentemente ensuciados).
A este particular pregón le siguió la interpretación de 3 temas icónicos de la discografía del grupo. Lo siguiente fue “Nuclear sí” (cuyo vídeo les hemos insertado justo arriba de este párrafo -no esperen gran calidad de imagen/sonido-), que sonó muy bien y actualizada. Como la cosa quizás podría resultar algo agreste para las secciones infantiles, que también estaban allí con sus padres, luego el grupo dispuso la melódica y llevadera “Selector de frecuencias”, canción de amor y vuelos, como así la introdujo en esta ocasión Servando.
Pero el desparrame total vino la impagable “Godzilla”, con CTA 102 poseído y disfrazado por el espíritu de este lagarto mutante oriental, montando un jaleo de aúpa. Puso el punto de mayor intensidad de esta miniactuación, permitiendo dejar la fiesta en lo más alto.
Con esto, el grupo aprovechó a la perfección apenas 15 minutos sobre el escenario, dejándonos más que satisfechos a los seguidores que nos desplazamos devotamente al parque Berlín. Quedamos igualmente emplazados para el concierto 40ª aniversario del sábado 23 de marzo; agradezco que este acto homenaje en forma de pregón me haya devuelto a la actualidad del grupo (la última vez que les vi fue en primavera de 2017) y que haya sido antes de que el concierto se haya llevado a cabo. Esa cita no hay que perdérsela y gracias a esto ya tengo mis entradas para la ocasión (precios populares, no se lo pierdan: 20 euros por ver a un grupo como éste y en una cita tan especial es casi regalado).
Quedé muy contento por 2 motivos principales: por ver que este grupo siga en activo y con muchas ganas (nada más hace falta que ver a Biovac N la entrega que le pone en el escenario y al micrófono) y porque recibieran lo que yo considero (reitero, a riesgo de ser pesado) un merecido homenaje a su trayectoria. Profetas en su tierra, en su barrio, como dijimos en nuestros perfiles de las redes sociales. Nos vemos el sábado 23 de marzo de 2019 en el hangar (la sala Changó para la ocasión).
Hoy en día, hablar de Stuart Price, es hacerlo de uno de los productores más populares del panorama dance y pop. Se puede decir que se ha ganado el calificativo de “valor seguro” gracias a sus trabajos bien en la producción, bien como director musical en diversas giras (Madonna, Pet Shop Boys) o bien como remezclador de artistas tan conocidos como The Killers, Coldplay, Keane, Seal o Depeche Mode.
Nadie podía imaginarse la notoriedad que iba a alcanzar nuestro protagonista cuando en la segunda mitad de los 90 empezó a crear su propia música demostrando una hiperactividad realmente sorprendente. Su afán por poner en pie diversos proyectos le ha llevado a crear grupos como Zoot Woman (junto a Adam Blake y Johnny Blake), ocultarse tras alias como Jacques Le Cont, Thin White Duke o el que nos ocupa esta vez: Les Rythmes Digitales, eligiendo este nombre en francés en una especie de homenaje al French House que empezaba a ponerse de moda a mediados de los 90.
Además este nombre en francés funcionaba también como broma. Muchos pensaron que realmente era francés ya que su sonido se encuadraba perfectamente en la música electrónica de baile que se estaba haciendo en ese momento en el país galo, pero la realidad era que Stuart era, por así decirlo, un farsante. A nuestro protagonista le dio por hacerse pasar por francés, pero en realidad él es británico. Un guiño a esta falsa identidad francesa está en el propio nombre del proyecto Les Rythmes Digitales, ya que éste nombre tiene una falta de ortografía pues en realidad, en un francés correcto, debería escribirse Les Rythmes Digitaux.
Con este alias se estrenaría en 1996 con el álbum “Liberation”, un álbum muy diferente al que nos ocupa, donde Stuart practica un sonido mucho más oscuro, frio y denso, muy poco bailable que mezclaba de manera original techno, detalles de hip hop e incluso de jazz. En definitiva un álbum un tanto difícil, lo que explica en parte que no tuviera una gran repercusión.
Tras este primer álbum, Price decide que el segundo será el contrapunto perfecto y si “Liberation” era un álbum poco comercial y sombrío, este “Darkdancer” sería un álbum muy luminoso, a veces de forma exagerada, pasamos a analizarlo.
ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Dreamin’”: El album comienza con un buen pedazo de House donde se nota la influencia de los primeros Daft Punk, y también del Euro-Disco de la primera mitad de los 90. Estilo muy denostado por amantes de la música electrónica de generaciones posteriores, pero que hay que reconocerle el merito de hacernos bailar con mensajes tan simples como los de este “dreamin’” que no para de repetir en su escasísima letra ese “dance dance dance”. Fluidas melodías de sintetizador muy marcadas y un sonido pulcro consiguen que “dreamin” sea un tema agradable y festivo, totalmente luminoso que marca lo que será prácticamente todo el álbum.
2. “Music makes you lose control”: Con un bajo sinuoso con ligeros toques funky, Stuart encara un tema repleto de viejas cajas de ritmos ochenteras, en algunos momentos pareciera que estuviéramos escuchando uno de esos instrumentales que hacia la Human League de la época del “Dare”. Para no dejar el toque ochentero, no podía faltar el correspondiente saxo evocador y un tanto hortera, todo con una pequeña pátina de la escuela “french touch”. Un tema un tanto chirriante, pero sin duda pegadizo que logra su propósito de que el baile no pare, sería uno de los singles del álbum.
3. “Soft machine”: Se trata de un tema bastante agresivo por la lograda combinación de la voz potente y agitada del cantante Thomas Ribero, con una percusión muy machacona, aunque manteniendo siempre un sonido limpio. Ribero realiza su primera colaboración en el álbum y realmente se luce poniendo grandes dosis de emoción, a veces hasta excesiva, pareciera poseído por el mismo Lucifer como dice la letra de la canción “I’ve got Lucifer rising in my head”. Hay que destacar que no son pocos los elementos minimalistas que se incluyen en “Soft machine” adelantándose en unos cuantos años al auge de esta rama de la electrónica, a Price le gusta jugar con el sonido y no duda en distorsionar bajos y sonidos de sintetizador. A pesar de ser un tema con un sonido un tanto áspero, unas oportunas capas de sintetizador dan el contrapunto creando un sonido algo más amable.
4. Hypnotise: A pesar de su título, el tema no es que sea muy hipnótico realmente. Más allá de ritmos repetitivos, de este absoluto rompepistas destaca sin duda por su más que contundente percusión. Con su sonido minimalista, con toques muy electro, nos está mostrando el camino de lo que será los movimientos electroclash, el minimal en la siguiente década. Adelantada a su época.
5. (Hey you) What’s that sound: Uno de los temas con más peso en el disco es claramente esta canción construida a partir de un sampler del éxito “I wish” del rapero Skee-Lo. Todo el tema es por un lado un homenaje al sonido Daft Punk circa “Homework” con ese toque funk y ese magnifica línea de bajo y por otro un nada disimulado tributo a la música de los años 80; esto se hace más que patente en esos chirriantes punteos de guitarra sintetizada y ritmos saltarines. Por si no estaba claro el homenaje a los 80, el video clip realizado para esta canción está plagado de referencias a esa época, Price armado con un Keytar (sintetizador tipo guitarra) recorre una ciudad transformando a diversos personajes en clichés de la década de las hombreras y los blusones; sin duda un videoclip muy divertido y kitsch, que además cuenta con el cameo de Boy George.
6. “Take a little time”: El sonido ochentero continúa, y qué mejor que hacerlo con la colaboración de la potente voz de Shannon. Es muy posible que este nombre no les diga nada pues se trata de uno de esos tantos artistas “one hit wonder” que en el año 1983 tuvo su momento de gloria gracias al single “Let the music play” que mezclaba elementos pop y disco. Está claro que para este “take a little time”, Stuart ha tenido muy presente el antiguo hit de la cantante y ha querido construirle un tema a su medida, muy pop sobre todo en el estribillo que nos recuerda un poco a la primera Madonna. El tema además incluye algún que otro apunte soul y unos pianos house muy del final de los 80 o principios de los 90. En resumen un perfecto numero pop ochentero sin un ápice de ironía.
7. “From disco to disco”: Siendo uno de sus artistas favoritos los germanos Kraftwerk, no podía faltar un tema donde el vocoder fuese protagonista. Un vocoder perfectamente distorsionado a veces de forma surrealista, lo cual unido a una serie de ruidos y sirenas varias hacen el tema más caótico. En realidad esta canción está basada en el mismo tema del grupo Whirlpool Productions que sería un gran éxito en 1996 y el cual sería remezclado por Stuart Price. Una acertada decisión recuperar el tema para este “Darkdancer”.
8. “Brothers”: Se trata de un tema prácticamente instrumental donde se repite sin cesar el titulo de la canción creando una secuencia repetitiva y con algún que otro detalle robótico. Hay que destacar como en un tema tan puramente dance podemos distinguir varias líneas melódicas y de percusión que consiguen esa agradable sensación de preguntarse qué nuevo sonido será el siguiente, pues aquí a Stuart pone su lado más experimental y, alejándose del formato pop, nos ofrece un original tema donde demuestra su creatividad. A destacar también el bajo electrónico hacia el final de la canción dando lugar a un sonido más denso.
9. “Jacques your body (make me sweet)”: Seguimos con otro tema para la pista de baile. Fue el mayor éxito del álbum en formato single; curioso ya que no tiene una estructura convencional y carece de letra, estribillo, etc., pero lo cierto es que sin duda seria beneficiado por el efecto Daft Punk ya que “Jacques your body” está muy influenciado por el duo francés y es un perfecto ejemplo de french touch, con esas líneas de bajo funky que dotan la canción de un ritmo endiablado. A mitad del tema una curiosa línea de sintetizador se añade para dar una pequeña pausa para inmediatamente volverse a lanzar con más determinación, aún si cabe, completando una de esas canciones que es puro electro-funk. El single contaría con un surrealista video clip donde Stuart que interpreta a un músico callejero se ve de repente transportado a un mundo paralelo donde se transforma en superhéroe y es perseguido por un ejército de mujeres; realmente surrealista y hortera pero muy divertido.
10. “About funk”: El título lo dice todo y aquí Price profundiza durante más de cinco minutos en su vertiente más funk, aunque no renuncia a añadir una cálida mezcla de sintetizadores retro con algunas originales distorsiones que tanto gustan a nuestro protagonista. Una pieza que sigue los planteamientos del tema anterior dándole un toque más repetitivo, aunque sin llegar a saturar. Price decide dar fin a la canción con diversos ruidos de una gran ciudad, pero podría haber continuado manteniendo la base rítmica ad infinitum. Es de esos temas que se presta a ello.
11. “Sometimes”: Uno de los temas estrella de este álbum con la colaboración de Nik Kershaw a las voces. Recordemos que Nik tuvo un grandísimo éxito entre los años 1983 y 1986, con lo que de nuevo el guiño a los 80 es evidente. El tema nos ofrece unos bajos atronadores que constituye la base, es destacable como a partir de elementos muy minimalistas (esas cajas de ritmos tan simples por ejemplo) logra crear un tema totalmente pop apoyado por la convincente interpretación de Nik. Sin duda uno de los platos fuertes del disco y es normal que fuera uno de los singles. El tema además contaría con un original video que relata un mundo de ositos de peluche, donde nuestro protagonista oso comete un suicidio producido por la incomprensión de sus semejantes a sus aspiraciones por ser una pop star; merece la pena el visionado.
12. “Damaged people”: De nuevo Thomas Ribero toma las riendas vocales para darle entidad a la que es la canción más profunda y oscura del álbum. El tratamiento de los sintetizadores recuerda a lo realizado por Moby sobre esa época. Una percusión original y juguetona consigue hacer resaltar aun más la interpretación vocal haciendo que Ribero se luzca a gusto. Todo ello en un tema de casi 7 minutos que representa la cara más experimental del álbum.
RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Aunque “Darkdancer” tuvo muchísimo más impacto que su álbum de debut, tampoco es que fuera un gran éxito. Eso sí, singles como “Sometimes” y sobre todo “Jacques your body (make me sweat)” sonaron bastante e hicieron que el álbum no pasase desapercibido.
Con el tiempo “Darkdancer” se ha convertido en un álbum de culto. Hacía falta mucho valor para sacar al mercado en un año como 1999 este compendio de electro, french house y homenaje nada velado a los 80, pero Stuart Price no solo consigue actualizar el sonido ochentero, sino que también va a crear un álbum realmente adelantado a su tiempo ya que va a definir la música electrónica de baile que sonará en la primera década de los 2000 y movimientos como el electroclash. No es casual que el álbum se terminara reeditando (incluyendo un segundo disco de remezclas) a mediados de la década pasada. Tenía sentido pues era la época que le correspondía.
A partir de “Darkdancer” la carrera de Price empieza a despegar. Sigue ganando notoriedad con su proyecto Zoot Woman, se empieza a cotizar muy bien como remezclador, de hecho para muchos críticos su mejor labor esta en este campo ganando diversos premios como los dos Grammys que se llevaron sus remixes para No Doubt (“It’s my life”) y Coldplay (“Talk”), aunque el gran campanazo lo daría con la producción del álbum “Confessions On A Dance Floor” de Madonna, que fue un enorme éxito mundial y que le valió otro Grammy.
Entre sus trabajos más recientes hay que destacar las producciones para Pet Shop Boys, Robbie Williams o Hurts, pero la lista es interminable convirtiendo a Price en una especie de mago del pop que no tiene ningún problema de saltar de un proyecto a otro sin que de momento su sonido se resienta.
La primera música que se oyó en el Palacio de Vistalegre fue de viento. No, no había ninguna sección de trompetas, saxos o flautines; sencillamente pasaban veinte minutos de la hora prevista de inicio y la gente silbaba. Por un lado normal, si pensamos en el inquietante antecedente del Mad Cool del año pasado. Sin embargo, que nosotros supiéramos, Franz Ferdinand no estaban tocando allí cerca “incordiando” a los de Bristol, así que si no salían debía ser por otro motivo. Concretamente salieron tarde porque salieron tarde. Y punto.
Ver a Massive Attack era un cuenta pendiente musical lo suficientemente estimulante como para requerir su satisfacción en cuanto hubiera una oportunidad decente. Así que cuando salieron las entradas, hace unos meses, para el concierto y tras ponderar lo elevado o no del importe, decidí apuntarme. Era mi reencuentro también, por cierto, con Vistalegre; de mi última visita hace ya unos cuantos años, con motivo de un concierto de Elbow.
Servidor va tirando pero todavía sigue cojo, así que me agencié una entrada general de grada (sin numerar) para poder verlo todo sentado a plena satisfacción. Y no se crean que fue muy sencillo llegar al asiento, las localidades netamente inferiores estaban ya ocupadas cuando llegué y hube de subir un cierto tramo. Afortunadamente, a pesar de la pendiente y estrechez de las escaleras, llegué a mi asiento sin partirme la crisma aunque con un notable sofoco. Cuando estaba a punto de comenzar el concierto, y mientras muchas personas todavía hormigueaban en busca de birra o viandas, se apagaron totalmente las luces de la Plaza (o Palacio) durante unos dos inquietantes minutos en los que las personas que no estaban aposentadas hubieron de hacer una mezcla de funambulismo y espeleología (usando el móvil como luz) para llegar a sus localidades.
Y, esto es lo importante, llegó la música. Varias consideraciones sobre el concierto. Fue un evento oscuro en dos sentidos. En el sentido más literal de la palabra, la iluminación favorecía un ambiente tenebrista, de densos claroscuros, donde la mayor parte de los puntos de luz provenían de las pantallas con las proyecciones audiovisuales. Oscuro también en el sentido musical, siendo eso algo previsible si tenemos en cuenta que el protagonismo de la noche caía sobre “Mezzanine” (1998), sin duda un disco áspero y algo lóbrego.
Massive Attack en líneas generales, y tocando “Mezzanine” en particular, no se prestan a dar botes, inducir a que se enciendan mecheros, o a tratar de empatizar con el público. El concierto fue sobrio hasta la sequedad; no hubo saludo, despedida, o bises. Nada de Interactuar con el público. Ojo, esto no implica que la música no fuera potente; cuando correspondió, las bases poderosas y las guitarras exaltadas restallaron por todo el recinto como un trueno pero, ya digo, de una forma algo estática.
Si a esto unimos la cantidad de material audiovisual que emplearon durante todo el concierto y que las imágenes tenían algo de conceptual, creo detectar (igual esto es una boutade) alguna ligera similitud con Kraftwerk. ¿Cuáles fueron los conceptos de las imágenes? Oscilaron entre lo político, con apariciones de Trump, Putin, Hussein, etc.; la crítica social, mostrándonos a algunos famosos como a Britney Spears desnortada u O.J Simpson y sus guantes, o imágenes de guerras; y finalmente el terror tecnológico, mencionando el control de la Big Data y sus mecanismos de manipulación. Parecía un poco un episodio de “Black Mirror”.
Todos estos elementos no los menciono como algo en sí mismo peyorativo, sabíamos a lo que veníamos, nos gustaba la música que íbamos a escuchar y además prácticamente qué canciones iban a sonar. Por cierto ¿qué canciones, hablando en general, fueron las que se escucharon? Pues la canciones de “Mezzanine” (esta gira está consagrada a él) desordenadas y algunas canciones sampleadas en el disco, más algún que otro homenaje que iremos viendo.
Es de agradecer que la gira cuente con dos voces muy vinculadas a Massive Attack y con un enorme prestigio propio. El jamaicano Horace Andy, socio indisoluble de los británicos, y Elisabeth Fraser que puso en su momento voz a varias de las mejores composiciones de “Mezzanine”. Se abre el fuego con una versión de The Velvet Underground, “I found a reason”, tema venenosamente agradable que tuvo algo de inquietante en manos de Massive Attack. Se incluyó en el concierto porque la canción “Risingson” contiene un sampler de la misma.
Y fue precisamente “Risingson”, muy coherentemente, la encargada de continuar adelante. Con excelentes resultados, además. La esencia del hip hop oscurísimo, como salido de los abismos, fue amplificada muy fielmente para pasmo y regocijo del público. La tercera canción fue de nuevo una versión, “10:15 saturday night” de The Cure, saltarina y guitarrera como la original incluida en el “Three imaginary boys” (1979) de los de Robert Smith. No deja de ser curioso que una canción que he escuchado infinidad de ocasiones cantada en su formato primigenio fuese puesta en directo por Massive Attack. También tuvo su porqué y es que un sampler de la misma se en incluye en “Man next door” que, adivinen, sonó a continuación.
“Man next door” contó con el prurito de ver a Horace Andy al natural, como un miembro más de la banda. Las contundentes y marmóreas bases de la canción nos dejaron al borde del hipnotismo, sin duda en el buen sentido. Y llegó el turno de Elizabeth Frazer para cantar “Black milk”, o lo que es decir la sustitución de la contundencia por la quintaesencia de la atmósfera y la lúgubre insinuación. Acaso fuera el momento más misterioso de la noche, por decirlo de alguna manera. Lo siguiente fue muy intenso. Me sorprendió un poco que tocasen tan pronto “Mezzanine”, la canción título, con todo su poderío épico, intenso y angustioso. Por sus características me esperaba que cayese en la parte final, donde realmente se encuentra ubicada en el disco, pero ya puestos a cambiar el orden de las canciones quizá tuviésemos épica desesperada de sobra con “Group four” más adelante. Todo se andaría.
Y llegó el momento de la furia. La furia fascinante y guitarrera de “Bela Lugosi’s dead” de Bauhaus en manos de Massive Attack. La inclusión de esta cover no tiene nada que ver con ningún sampler, simplemente tiene que ver con la memoria musical de la banda. Robert del Naja asistió a un concierto de Bauhaus a inicios de los ochenta y prácticamente salió de allí queriendo ser músico. Todo el espíritu indómito y gótico del original fue conservado en una interpretación brutal… Aunque algo fría al mismo tiempo. Esas dos contradictorias sensaciones fueron comunes en algún que otro momento.
Había necesidad de parar tras el tormentoso encadenamiento de los últimos dos temas y lo ideal era que sonara Exchange, el leve instrumental de “Mezzanine” que cumplió bien con su encomienda relajante. Lo siguiente podemos considerarlo un homenaje al cantante jamaicano Horace Andy, oficiosamente miembro de pleno derecho de Massive Attack pero que también tiene en su tanteo sus propios clásicos. “See a man´s face” es uno de ellos (ojo, que es de 1972) y fue una agradable muestra de buen hacer del entrañable vocalista.
La siguiente canción, “Dissolved girl”, es una de mis favoritas de “Mezzanine” y en directo se mostró tal como es. Misteriosa en las estrofas y salvaje en la brutal irrupción de las guitarras que, en vivo, sonaron terroríficas. Y sin embargo, tuvo algo de número de ventriloquía audiovisual. Me explico. Las voces, las originales de Sara Jay, estaban enlatadas y se coordinaban con los movimientos de labios de una chica cuya cara aparecía a todo tamaño en las pantallas gigantes. Fue algo original, extraño, pero carente de vida en ese aspecto concreto. Una vez más los vibrante y lo mecánico unidos de la mano.
Y otra versioncita para el coleto. Ahora era el momento de “Where all the flowers gone?” Del cantautor folk Pete Seeger. Su inclusión se debe no exactamente a un sampler sino a que para “Risingson”, Massive Attack, tomaron prestada una frase de la canción de Seeger. En su ejecución estuvo Elizabeth Fraser. También fue un momento irónico porque “Where all the flowers gone?” es una canción pacifista, pero en las proyecciones solamente hubo imágenes de conflictos armados. Sin duda el show tuvo una parte muy politizada.
Basta de lindezas, llegaba de nuevo el momento de la intensidad. “Inertia creeps” es uno de los clásicos indiscutibles de “Mezzanine”, un siniestro hip hop de hirientes bases que fue interpretado con impecable convicción (las cosas como son) por Del Naja. El tramo final de canción fue una apoteosis eléctrica, furiosa e imbatible. Y nos vamos… al punk. De la mano de una versión (otra) de “Rockwrok” de Ultravox!; en concreto de la etapa inicial con John Foxx, que incluía alguna descarga punkarra como ésta. Su inclusión en el setlist se debe a que es sampleada en “Inertia creeps”. De nuevo una versión muy fiel al original, lo que en este caso supone un ritmo electrizante, punzante y vibrante. Sin duda lo más directo y primitivo que escuchamos esa noche.
El despiporre de “Rockwrok” fue seguido por uno de los momentos álgidos de la velada, la muy destacada “Angel”. Diría yo que fue uno de los instantes donde el público estuvo más metido en la música, y no fue para menos; la interpretación fue fiel con el añadido de un tanto por ciento más de furia. La voz de Horace Andy y las furibundas guitarras nos dejaron en nuestro lugar.
¿Qué decir de lo siguiente? “Teardrop” es probablemente, quizá junto con “Unfinished simpathy” del “Blue Lines” (1991), su canción más conocida. Sin embargo, aunque la hayamos visto en anuncios, series de tv o películas, su encanto e interés no decrece. Elizabeth Fraser la cantó en un escenario absolutamente penumbroso, donde apenas irradiaban luz unos leves rayos. La voz y los leves arreglos, Robert del Naja en el sinte, preservaron la belleza de un tema tan conocido como (todavía) sobrecogedor.
Antes de pasar al “grand finale hubo un momento de recuerdo para el malogrado Avicii de la mano de un fragmento de su canción “Levels”. Y ahora sí, ahora llegó el remate, la canción más épica de Massive Attack, un compendio de dramatismo progresivo; “Group four”. Los más de ocho minutos de la canción fueron llevados a término de una forma tajante, apoyándose primero en tranquilos ribetes sedosos para desemboca en un final absolutamente tormentoso mediante la obsesiva repetición de los asoladores acordes de guitarra. Como final, no cabe duda que fue apoteósico. Y hasta aquí la música.
Como se puede ver, en muchas de las canciones hablo de épica, de poderío, de bases potente, de guitarras desaforadas, etc, etc. Todo ello nos debe llevar a la conclusión de haber asistido a un concierto sin tacha, donde todo estaba todo engrasado y en su sitio. Y algo de eso hay, claro. Sin embargo tengo la sensación de que faltó una pieza que encajar, la pincelada maestra que hubiera sido el detonante del disfrute total. Quizá sea la frialdad con el público, la desconcertante sensación de que por cada golpe de pasión había un equivalente maquinal. En conjunto la actuación a veces parecía una performance.
No obstante, poner muchas pegas sería excesivo. Muchas de las salvedades que comento son elementos idiosincráticos del de Massive Attack que tomas o dejas. Desde luego la idea de tocar las versiones íntegras de los guiños en formas de sampler que hay en Mezzanine fue original y quizá coherente. Cuando se suelen llevar a cabo estos conciertos monotemáticos que se centran en un disco concretos, a veces se incluyen éxitos de otros discos a cambio (eso sí) de perder algo de pureza en el concepto. Lo que no quita para que esa coherencia nos hurtase de escuchar “Safe from harm”, “Unfinished sympathy” o “Protection”. Sea como sea salí satisfecho en líneas generales y sospecho que, con el paso del tiempo, mi estima por el concierto de Massive Attack subirá algún entero.
El folk gallego, de raigambre celta, es un palo no demasiado visitado en DMR. Hoy lo hacemos de la mano de Xosé Manuel Budiño, músico importante dentro de esta escena y artífice de unos cuantos discos de peso dentro del género. No se vayan a pensar que hablamos de un músico cualquiera, entre otros logros amerita haber actuado con éxito en México, Líbano, Shangai o Irlanda y haber compartido escenario con Van Morrison, Jerry González o La Orquesta Sinfónica de Lorient. Casi nada.
Xosé Manuel Budiño es un virtuoso de instrumentos como la gaita o la flauta y lleva defendiendo su proyecto musical desde el año 1997, cuando publicó “Paralalia”. Ahora ha decidido dar un golpe de timón a su carrera editando por primera vez un disco cantado, “Fulgor”, que además trae consigo las colaboraciones de un buen puñado de prestigiosos amigos como Xoel López o Jairo Zavala (o sea Depedro). Como ahora veremos al repasar el disco, su contenido puede gustar a iniciados en este tipo de música y también a oyentes más ocasionales.
Es justo e imperativo señalar que este disco ha sido posible gracias al mecenazgo del vino rosado Ponte da Boga, que ya el año pasado hizo lo propio exitosamente con “Reina Pez” de Vega. Es de aplaudir que estas iniciativas puedan ayudar a la gestación y nacimiento de discos tan interesantes.
Veamos cómo se desglosa esta agradable sorpresa del inicio de 2019.
ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Fulgor”: El inicio comienza a trazar la senda que seguirá casi todo el resto del álbum. Pop reflexivo, levemente melancólico, con toques celtas reconocibles. Aun así es una canción más cercana al pop que a la vertiente folclórica, dando lugar a un tema agradable y meditativo que acaba con unos acariciantes coros. “Fulgor” es ensoñadora y hermosa. El hecho de que se cante en gallego (como casi todo el disco), lengua a la que no estamos muy acostumbrando si hablamos de pop, no es ningún obstáculo; al contrario, da una bonita musicalidad a las canciones.
2.”Poderosa”: Este tema comparte delicadeza con el tema anterior y, aunque quizá no entre tan de primeras como “Fulgor”, su carácter evocador es incluso mayor. Canción tranquila con matices folk aquí y allá, realmente agradable. En realidad no está tan lejos de algunos aspectos de la carrera en solitario de Xoel López, solo que mientras éste mira más hacia Latinoamérica (en “Atlántico” -2012- o “Paramales -2015-) Budiño tiene un aire más gallego.
3.”Frida”: Pues miren por dónde aquí tenemos la excepción que confirma la regla. Cruzamos el Atlántico y escuchamos una canción de esencia, sabor y hechuras mexicanas. De una forma cálida y tranquila eso sí, como para escuchar en un atardecer. Lo gallego, lengua y música, se unen con el español y México, formando una afortunada simbiosis. En las guitarras está Jairo Zavala de Depedro, que se siente como pez en el agua en este estilo. Buena canción que gustará mucho a las apetencias de la gente nostálgica.
4.”Pulso”: Pues también hay tiempo para el rock en “Fulgor”, y también para ritmos más movidos. En este cuarto tema abandonamos el tono meditabundo y nostálgico para imbuirnos de vitalidad y jolgorio; incluso se hace una referencia a la Motown en la letra. Instrumentalmente ganan en presencia la batería y la guitarra eléctrica. Buena evolución del setlist, con mayor variedad y atrevimiento.
5.”Santiago”: Primer single de “Fulgor”. Una buena armonización de gaitas y piano nos va introduciendo en un pop folk sensible y memorizable. Xosé Manuel une sus voces a la de Xoel López para crear una melodía vocal sencilla pero exuberante a un tiempo. Es una buena canción para representar al disco, por cualidades melódicas y exquisitez en los arreglos.
6.”Boreal”: Más toques de rock melódico, con la animosidad que aporta la guitarra eléctrica. “Boreal” es un medio tiempo de buenas atmósferas que tampoco escatima unos leves teclados en su inicio y en algunas partes de su desarrollo. Más enérgica pero sin perder su poder evocador. En algunos de estos momentos, digamos, más animados “Budiño” puede aproximarse a los gustos de, por ejemplo, algunas canciones de The Waterboys.
7.”San Xoan”: Sencillez acústica y una hermosa melodía son los ingredientes de este tema, y característica importante de “Fulgor”. Tiene un cambio de ritmo que hace que nos alejemos del folk puro para introducir un segmento fácilmente cantarín. Su amabilidad la hace ser encantadora. En esta ocasión la letra está en castellano.
8.”Sós”: Guarda algún parecido con la canción anterior, al inicio una base de piano con efectos y una guitarra acústica van llevando una suave melodía hasta que finalmente se progresa hacia una parte con más cuerpo. Acaba cogiendo una cadencia sencilla, sin llegar al cambio de “San xoan”. De cocción lenta, nunca es desagradable.
9.”Obertura”: Tema instrumental, a pesar de los leves coros vocales, que se basa en el ritmo y unas bases entre lo sintético y lo acústico. Como todo en “Fulgor”, es bonito pero tampoco está pensada para ser lo más destacado. Su cometido es llevarnos hasta el siguiente tema.
10.“Bos amores”: Uno de los mejores arreglos de todo el disco se hallan aquí en forma de melodía de violín. De, hecho estos arreglos y la voz de Xosé Manuel son los que llevan completamente el peso de la canción. Entre la melancolía y la ternura, “Bos amores” tiene una especie de romanticismo otoñal. Buen cierre de disco, o así lo considero yo, pues aunque vengan dos canciones más, no dejan de ser las versiones en castellano de “Fulgor” y “Santiago”.
RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Fulgor” es un disco evidentemente elaborado con mimo en todos los aspectos. Ponte da Boga incluso ha lanzado una edición limitada de vino con el nombre del disco. Éste y, sobre todo, el mecenazgo impulsor que ha dado a Budiño para su última obra dan idea de que aún se siguen haciendo discos con cariño, mezclando arte y artesanía. “Fulgor” es un disco accesible, melódico, hermoso, pero hecho con una exquisitez artística casi cincelada. Aparte de los ya mencionados colaboradores, también se pueden seguir el rastro de Antonio Casado, Luiz Caracol o el Cuarteto Quiroga.
Solo nos queda recomendarles “Fulgor” y estar atentos a la labor como mecenas de la bodega Ponte da Boga.
El pasado 2 de febrero de 2019 a las 16.00h en riguroso directo en los estudios y dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), llevamos a cabo un programa centrado en el disco más exitoso de la banda escocesa liderada por la cantante Sharleen Spiteri.
Mariano González y Víctor Prats fuimos los encargados de hablar sobre un disco que personalmente nos trae muchos y buenos recuerdos de nuestra juventud y años de educación secundaria.
Como solemos intentar hacer, argumentamos que “White On Blonde” es mucho más que el lp que incluye “Say what you want”, y al margen de nuestras razones al respecto, pusimos otras canciones que forman parte del álbum que ponen de manifiesto la grandeza de la obra.
Con la consecuente complicación que puede suponer el análisis de un disco doble CD de 36 canciones (no en vano, hasta la fecha, es el único desdoblado en 2 post en nuestro blog), este sábado 16 de febrero de 2019 abordamos la tarea de tributar a The Clash, concediendo el protagonismo a su 4º disco de estudio.
Si sintonizan el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) las 16.00h, podrán escucharnos a Mariano González y Víctor Prats defender la valía del extenso “Sandinista!”. Aparte de nuestras razones, seleccionaremos algunas de las canciones del disco para su reproducción (algunas -4- en primer plano e íntegras, y otras en 2º plano y también lo que duren).
Creemos que resultará un programa interesante para cualquiera (bien sean fans o no del grupo en su día liderado por Joe Strummer). Les esperamos como siempre. No nos fallen.
Con Marillion tenía pendiente ahondar a conciencia en su discografía de su “Era Fish” (por no mencionar que de la actual y más longeva “Era Hogart o H” no he escuchado nada; no por ser reacio, sino por vaguería inexplicable). Cierto es que “Misplaced Childhood” es un lp que me lleva acompañando desde hace muchos años, pero más allá de una escucha superficial de “Script For A Jester’s Tear”, de “Fugazi” y del lp que nos ocupa, no había entrado a fondo en ellos (quizás había escuchado algo más “Fugazi”).
Y estas navidades, mirando en mi fondo de armario discográfico, para darle alegría y compañía a las siempre penosas tareas caseras de acondicionamiento de la morada, aleatoriamente decidí, tras darme de lleno con los discos de Marillion, tomar la determinación de dar el paso decidido por fin.
Y fue “Clutching At Straws”, el último disco que el grupo facturó con Fish a las voces el escogido. Oigan, por cierto, inciso: el caso de que de forma también aleatoria e individual nuestro colaborador Luis Felipe Novalvos también se metiera con la etapa Fish de Marillion en las mismas fechas, no deja de ser una sorprendente coincidencia.
Pensaba que sería difícil que cualquiera de las obras de Marillion pudiera gustarme más o igual que “Misplaced Childhood”, pero a veces la vida te demuestra lo equivocado que puedes estar. El resultado es que a la presente fecha “Clutching At Straws” se me ha desvelado como un disco muy bueno y capaz de pelear con su predecesor el puesto de mi disco favorito del grupo.
Fue un trabajo que sin embargo en su día no tuvo tanto éxito o aceptación como “Misplaced Childhood”, pero que no funcionó mal. Sus singles, sobre todo “Incommunicado”, lograron buenas posiciones en los charts, pero ninguno llegó al nº 2 como en su día logró “Kayleigh”.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la crítica ha terminado aceptando a este disco como quizás la mejor obra del grupo y de hecho el propio Dereck Dick “Fish” ha afirmado en alguna ocasión que considera a “Clutching At Straws” el mejor disco que selló con la banda.
La formación, además de con Fish como vocalista, seguía con su línea habitual, con Mark Kelly en los teclados, Pete Trewavas en el bajo, Ian Mosley en la batería y las inestimables guitarras épicas del sensacional Steve Rothery. Nos espera un disco fabuloso para comentar, vamos con sus temazos.
ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Hotel hobbies”: El disco empieza sigiloso con “Hotel hobbies”, siendo una canción que va de menos a más. El tema alcanza puntos álgidos brutales con los acordes de Rothery acompañando a un Fish muy acertado en su interpretación vocal. La parte en la que Fish acusa en la letra con ese “lloras en momentos felices” es quizás lo que más permanece de un más que brillante comienzo de lp.
2. “Warm wet circles”: Nos encontramos con una pieza rockera y de entrega con “Warm wet circles” en la que, como no puede ser de otra manera en Marillion, hay lugar para interesantísimos giros en los sentires que transmite. Sirve para afianzar una apertura de disco de nota muy alta.
3. “That time of night (the short straw)”: Hay que ver qué bien arranca “That time of night (the short straw)”, con un sonido misterioso apoyado en las melodías de teclados de Kelly y las lejanas guitarras de Rothery. Sin embargo, ese poso se abandona casi al llegar los 2 minutos, para ganar la canción bastante potencia y asemejándose algo en la pegada e la previa “Warm wet circles” (no en vano, con ella forma una especie de suite, al volver en el tramo final a la misma). Sin lugar a dudas nos encontramos ante una composición que resulta muy interesante en cualquiera de sus sectores.
4. “Going under”: Fabulosa también resulta “Going under”, originalmente no incluida en el lp. El sonido más acústico de las cuerdas, con un sentido Fish a las voces, le concede un halo como de pieza gélida, invernal, que para fechas o sectores del año como en el que nos encontramos, resulta muy adecuada (ayudan las leves atmósferas de Kelly). La canción no evoluciona, siendo de las más lineales en su estructura del disco, pero a pesar de eso, no precisa de más alardes para dejar un buen sabor de boca y poder convertirse en un pasaje favorito de cualquiera que acceda al disco.
5. “Just for the record”: Cambiamos el tercio melódicamente y de forma radical, ya que pasamos del misterio y lejanía de “Going under” a la cierta amabilidad y facilidad de “Just for the record”, con un sonido muy apto para cualquiera. Un pasaje de cierta alegría y luminosidad para ir llegando al ecuador del disco.
6. “White russian”: Canción cáustica y contundente en sus formas, “White russian” suena incluso levemente amenazante en sus formas. Las notas muy marcadas de su melodía ayudan a esta sensación. Una composición de nervio y cierta rabia, con algún leve cambio de ritmo o pasaje de ensoñación que quizás en las primeras escuchas no llama la atención, pero que termina por convertirse en un clásico cuando el disco va haciéndose familiar. Quizás lo que más me llame la atención es su viraje a la épica gloriosa de los Marillion de aquellos días en sus 2 últimos minutos (nuevamente perfecta síntesis entre Rothery y sus cuerdas con la interpretación vocal de Fish); presten buena atención a ese tramo final, ya que puede ser uno de los mejores pasajes del disco en general.
7. “Incommunicado”: Cierto es que esta pieza sea la que menos (o de las que menos) tenga que ver con el conjunto de la obra, pero también es muy común que este ejemplo de canción sea la escogida como single y que además consiga un buen resultado (nº 6 en los charts). “Incommunicado” es una pieza alegre y acelerada, con un videoclip bastante excesivo y gracioso que le vino como anillo al dedo. Claramente es un tema muy pegadizo, que tras no muchas escuchas se termina grabando a fuego en tu mente y permanece como una pieza agradable. Siempre viene bien además un tema de este perfil en un disco donde lo baladí no abunda; de alguna forma nos da un respiro para afrontar la 2ª parte de la obra, donde Marillion continúan con su sesuda y más profunda labor compositiva. Sería como de alguna forma meter en una coctelera el “Jump” de los Van Halen con el “Invisible touch” de Genesis y subirle por 2 la velocidad. El lucimiento se lo adjudica en esta ocasión Mark Kelly y sus endiabladas melodías de teclado.
8. “Torch song”: Tras el locurón de “Incommunicado”, “Torch song” (canción dedicada al protagonista de la temática conceptual del disco -la historia de un hombre de difícil situación social, laboral, familiar, etc.-), viene a reportarnos la calma, gracias a un medio tiempo de transición que nos permite relajarnos, pero sin escatimar a la hora de regalarnos algunos momentos realmente disfrutables instrumentalmente.
9. “Slainte mhath”: “Slainte mhath” regresa al sonido más épico, destacando mucho esos sostenidos vocales de Fish en algunos momentos. No obstante, a pesar de su entrega y ciertos puntos de intensidad, no es personalmente el capítulo que más me llame la atención del lp. Es un capítulo de transición que, de alguna forma, nos prepara para el sector final donde nos encontramos con 2 piezas de mayor alcance, siendo las 2 de muy distinto sentir. Creo que fue la canción elegida para el inicio de los conciertos del tour, con lo que también tiene su importancia.
10. “Sugar mice”: He aquí otro de los singles del disco y quizás una de sus piezas más bonitas. Quizás a ratos sea mi favorita del conjunto e irremediablemente ha sido mi canción personal de las pasadas navidades, ya que, si bien la había escuchado alguna vez de pasada en una primera escucha superficial del disco hace una década, ha sido ahora cuando he profundizado en mi relación con ella. Es una pieza en forma de balada melancólica y reflexiva, con Fish excelente en el micrófono.
11. “The last straw”: El disco termina con “The last straw”, una canción que abandona el sentir melancólico de “Sugar mice” y permite terminar con un sonido más poderoso y luminoso. Con mejor rollo. De alguna forma deja un regusto algo parecido al del anterior disco, aunque creo que no llega a tan alta nota. Fish en el tramo final cuenta con coros que le apoyan, afianzando el título de la obra, esa expresión hecha que viene a significar algo así como “agarrarse a un clavo ardiendo”. Final poderoso, potente y no exento de épica (nuevamente gracias a la impagable labor de Steve Rothery a las cuerdas -lo sé, me estoy repitiendo mucho en esto, pero es que es muy necesario-); de alguna forma transmite (con su sonido), que no hay que rendirse y sacar fuerzas para revolverse ante esas situaciones difíciles que la vida nos puede plantear, con lo que con estas sensaciones que personalmente me transmite, creo que es un buen mensaje para acabar un disco muy rico y variado en matices. El añadido de “Happy ending” no deja de ser solamente una risas que se escuchan por ahí, que ahora mismo no sabría decir a quién pertenecen (¿al propio Fish?).
RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Ya he apuntado en la intro que el disco no superó en resultado comercial a “Misplaced Childhood”, pero que tampoco fue mal del todo en las listas (llegó al 2º lugar en el Reino Unido). De alguna forma, en el calado social supondría como un disco bueno que continuaba el éxito del previo; de afianzamiento de banda.
Lo que pocos supondrían en su momento es que Fish se marcharía del grupo en verano de 1988. Los motivos por lo visto estribaron en que Fish no soportaba el ritmo de grabación de disco y gira continuo sin paradas al que estaba sometida la formación. El grupo no decayó y, como por ejemplo hicieron Genesis en los 70 (y en los 90, con menos éxito), cambiaron de vocalista incorporando a Steve Hogarth. Como ya he reconocido, aún no me he metido en la era de “H” al frente. Prometo que lo haré, ya que no tengo nada en contra.
Este disco, con personajes culturales históricos añadidos en su portada y contraportada al ambiente de pub que se plasma junto a los componentes del grupo, pasa por ser un gran álbum. Yo he estado muchos años embelesado por el fenomenal “Misplaced Childhood”, teniendo la escucha de “Clutching At Straws” detenida en la cola de espera y me alegro muchísimo de por fin haberme salido de la zona de confort y profundizar en este trabajo. Espero que si alguien lee esto en la misma situación previa a la mía, se atreva a escuchar detalladamente este disco y lo pase igual de bien que lo he pasado yo.
Termino recomendándoles que, si puede ser, consigan al menos la edición de 2 cds. Básicamente porque en el cd2 hay algunas tomas muy interesantes de canciones del listado principal del disco, y además hay lugar para incluirse joyas de la talla de “Voice on the crowd” o “Exile on Princess Street”, esta última una pieza merecedora de estar en el conjunto principal (si bien, al ser un disco conceptual, quizás no tuviera una cabida muy lógica). Hay, creo, una edición más mastodóntica (de 4 cds, según me comentó Luis Felipe Novalvos), pero esa ya personalmente no la controlo. Lo dicho, sea como fuere, accedan a él. No se lo pierdan.
En una feliz tarde que fue la del pasado 19 de enero de 2019, en los estudios de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), a las 16.00h, llevamos a cabo un programa coloquio en directo sobre el siempre remarcable “Eat To The Beat” de Blondie. Quizás este disco esté algo a la sombra de otros del grupo liderado por Debbie Harry, pero a nosotros nos gusta especialmente y así lo dejamos demostrado en este programa.
Es una cierta curiosidad que por primera vez desde que hacemos coloquios-tertulias, hubo hueco para que cupieran 5 canciones completas del disco. Y no fue porque nos faltara material y asuntos que comentar.
Tomamos parte del programa Luis Felipe Novalvos, Mariano González y Víctor Prats. Por si no pudieron escucharlo en su día, aquí les dejamos insertado el reproductor para su escucha y el enlace a Ivoox donde está alojado por si se lo desean descargar: https://www.ivoox.com/dmr-10-6-audios-mp3_rf_32180094_1.html
El año 1997 estuvo plagado de discos interesantísimos: Blur y su “Blur”, Depeche Mode y su “Ultra”, U2 y su “Pop”, Oasis y su “Be Here Now”, etc. Y entre ellos destacó con fuerza (cosa que no era fácil) el “White On Blonde” de Sharleen Spiteri y sus acólitos.
Escudado en singles fabulosos, de los cuales llevó la bandera y estandarte con firmeza el “Say what you want”, el disco no solamente se basa en ello, sino que su conjunto de canciones “no single” son en muchos casos igual de válidas que los que fueron editados por libre para las correspondientes labores promocionales.
Al regresar de los estudios de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) tras la última sesión que nos deparó el programa en directo sobre “Eat To The Beat” de Blondie, Mariano González reparó en este disco ya comentado en nuestro blog hace mucho tiempo y me pareció una excelente idea.
Acompáñennos este sábado 2 de febrero de 2019 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) para disfrutar de una buena hora de música de la mano de estos escoceses y de nuestras humildes y discutibles opiniones al respecto.