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domingo, 24 de febrero de 2019

Concierto Massive Attack. Madrid (17-02-2019)

La primera música que se oyó en el Palacio de Vistalegre fue de viento. No, no había ninguna sección de trompetas, saxos o flautines; sencillamente pasaban veinte minutos de la hora prevista de inicio y la gente silbaba. Por un lado normal, si pensamos en el inquietante antecedente del Mad Cool del año pasado. Sin embargo, que nosotros supiéramos, Franz Ferdinand no estaban tocando allí cerca “incordiando” a los de Bristol, así que si no salían debía ser por otro motivo. Concretamente salieron tarde porque salieron tarde. Y punto.
Ver a Massive Attack era un cuenta pendiente musical lo suficientemente estimulante como para requerir su satisfacción en cuanto hubiera una oportunidad decente. Así que cuando salieron las entradas, hace unos meses, para el concierto y tras ponderar lo elevado o no del importe, decidí apuntarme. Era mi reencuentro también, por cierto, con Vistalegre; de mi última visita hace ya unos cuantos años, con motivo de un concierto de Elbow.
Servidor va tirando pero todavía sigue cojo, así que me agencié una entrada general de grada (sin numerar) para poder verlo todo sentado a plena satisfacción. Y no se crean que fue muy sencillo llegar al asiento, las localidades netamente inferiores estaban ya ocupadas cuando llegué y hube de subir un cierto tramo. Afortunadamente, a pesar de la pendiente y estrechez de las escaleras, llegué a mi asiento sin partirme la crisma aunque con un notable sofoco. Cuando estaba a punto de comenzar el concierto, y mientras muchas personas todavía hormigueaban en busca de birra o viandas, se apagaron totalmente las luces de la Plaza (o Palacio) durante unos dos inquietantes minutos en los que las personas que no estaban aposentadas hubieron de hacer una mezcla de funambulismo y espeleología (usando el móvil como luz) para llegar a sus localidades.
Y, esto es lo importante, llegó la música. Varias consideraciones sobre el concierto. Fue un evento oscuro en dos sentidos. En el sentido más literal de la palabra, la iluminación favorecía un ambiente tenebrista, de densos claroscuros, donde la mayor parte de los puntos de luz provenían de las pantallas con las proyecciones audiovisuales. Oscuro también en el sentido musical, siendo eso algo previsible si tenemos en cuenta que el protagonismo de la noche caía sobre “Mezzanine” (1998), sin duda un disco áspero y algo lóbrego.
Massive Attack en líneas generales, y tocando “Mezzanine” en particular, no se prestan a dar botes, inducir a que se enciendan mecheros, o a tratar de empatizar con el público. El concierto fue sobrio hasta la sequedad; no hubo saludo, despedida, o bises. Nada de Interactuar con el público. Ojo, esto no implica que la música no fuera potente; cuando correspondió, las bases poderosas y las guitarras exaltadas restallaron por todo el recinto como un trueno pero, ya digo, de una forma algo estática.
Si a esto unimos la cantidad de material audiovisual que emplearon durante todo el concierto y que las imágenes tenían algo de conceptual, creo detectar (igual esto es una boutade) alguna ligera similitud con Kraftwerk. ¿Cuáles fueron los conceptos de las imágenes? Oscilaron entre lo político, con apariciones de Trump, Putin, Hussein, etc.; la crítica social, mostrándonos a algunos famosos como a Britney Spears desnortada u O.J Simpson y sus guantes, o imágenes de guerras; y finalmente el terror tecnológico, mencionando el control de la Big Data y sus mecanismos de manipulación. Parecía un poco un episodio de “Black Mirror”.
Todos estos elementos no los menciono como algo en sí mismo peyorativo, sabíamos a lo que veníamos, nos gustaba la música que íbamos a escuchar y además prácticamente qué canciones iban a sonar. Por cierto ¿qué canciones, hablando en general, fueron las que se escucharon? Pues la canciones de “Mezzanine” (esta gira está consagrada a él) desordenadas y algunas canciones sampleadas en el disco, más algún que otro homenaje que iremos viendo.
Es de agradecer que la gira cuente con dos voces muy vinculadas a Massive Attack y con un enorme prestigio propio. El jamaicano Horace Andy, socio indisoluble de los británicos, y Elisabeth Fraser que puso en su momento voz a varias de las mejores composiciones de “Mezzanine”. Se abre el fuego con una versión de The Velvet Underground, “I found a reason”, tema venenosamente agradable que tuvo algo de inquietante en manos de Massive Attack. Se incluyó en el concierto porque la canción “Risingson” contiene un sampler de la misma.
Y fue precisamente “Risingson”, muy coherentemente, la encargada de continuar adelante. Con excelentes resultados, además. La esencia del hip hop oscurísimo, como salido de los abismos, fue amplificada muy fielmente para pasmo y regocijo del público. La tercera canción fue de nuevo una versión, “10:15 saturday night” de The Cure, saltarina y guitarrera como la original incluida en el “Three imaginary boys” (1979) de los de Robert Smith. No deja de ser curioso que una canción que he escuchado infinidad de ocasiones cantada en su formato primigenio fuese puesta en directo por Massive Attack. También tuvo su porqué y es que un sampler de la misma se en incluye en “Man next door” que, adivinen, sonó a continuación.

“Man next door” contó con el prurito de ver a Horace Andy al natural, como un miembro más de la banda. Las contundentes y marmóreas bases de la canción nos dejaron al borde del hipnotismo, sin duda en el buen sentido. Y llegó el turno de Elizabeth Frazer para cantar “Black milk”, o lo que es decir la sustitución de la contundencia por la quintaesencia de la atmósfera y la lúgubre insinuación. Acaso fuera el momento más misterioso de la noche, por decirlo de alguna manera. Lo siguiente fue muy intenso. Me sorprendió un poco que tocasen tan pronto “Mezzanine”, la canción título, con todo su poderío épico, intenso y angustioso. Por sus características me esperaba que cayese en la parte final, donde realmente se encuentra ubicada en el disco, pero ya puestos a cambiar el orden de las canciones quizá tuviésemos épica desesperada de sobra con “Group four” más adelante. Todo se andaría.
Y llegó el momento de la furia. La furia fascinante y guitarrera de “Bela Lugosi’s dead” de Bauhaus en manos de Massive Attack. La inclusión de esta cover no tiene nada que ver con ningún sampler, simplemente tiene que ver con la memoria musical de la banda. Robert del Naja asistió a un concierto de Bauhaus a inicios de los ochenta y prácticamente salió de allí queriendo ser músico. Todo el espíritu indómito y gótico del original fue conservado en una interpretación brutal… Aunque algo fría al mismo tiempo. Esas dos contradictorias sensaciones fueron comunes en algún que otro momento.
Había necesidad de parar tras el tormentoso encadenamiento de los últimos dos temas y lo ideal era que sonara Exchange, el leve instrumental de “Mezzanine” que cumplió bien con su encomienda relajante. Lo siguiente podemos considerarlo un homenaje al cantante jamaicano Horace Andy, oficiosamente miembro de pleno derecho de Massive Attack pero que también tiene en su tanteo sus propios clásicos. “See a man´s face” es uno de ellos (ojo, que es de 1972) y fue una agradable muestra de buen hacer del entrañable vocalista.
La siguiente canción, “Dissolved girl”, es una de mis favoritas de “Mezzanine” y en directo se mostró tal como es. Misteriosa en las estrofas y salvaje en la brutal irrupción de las guitarras que, en vivo, sonaron terroríficas. Y sin embargo, tuvo algo de número de ventriloquía audiovisual. Me explico. Las voces, las originales de Sara Jay, estaban enlatadas y se coordinaban con los movimientos de labios de una chica cuya cara aparecía a todo tamaño en las pantallas gigantes. Fue algo original, extraño, pero carente de vida en ese aspecto concreto. Una vez más los vibrante y lo mecánico unidos de la mano.

Y otra versioncita para el coleto. Ahora era el momento de “Where all the flowers gone?” Del cantautor folk Pete Seeger. Su inclusión se debe no exactamente a un sampler sino a que para “Risingson”, Massive Attack, tomaron prestada una frase de la canción de Seeger. En su ejecución estuvo Elizabeth Fraser. También fue un momento irónico porque “Where all the flowers gone?” es una canción pacifista, pero en las proyecciones solamente hubo imágenes de conflictos armados. Sin duda el show tuvo una parte muy politizada.
Basta de lindezas, llegaba de nuevo el momento de la intensidad. “Inertia creeps” es uno de los clásicos indiscutibles de “Mezzanine”, un siniestro hip hop de hirientes bases que fue interpretado con impecable convicción (las cosas como son) por Del Naja. El tramo final de canción fue una apoteosis eléctrica, furiosa e imbatible. Y nos vamos… al punk. De la mano de una versión (otra) de “Rockwrok” de Ultravox!; en concreto de la etapa inicial con John Foxx, que incluía alguna descarga punkarra como ésta. Su inclusión en el setlist se debe a que es sampleada en “Inertia creeps”. De nuevo una versión muy fiel al original, lo que en este caso supone un ritmo electrizante, punzante y vibrante. Sin duda lo más directo y primitivo que escuchamos esa noche.
El despiporre de “Rockwrok” fue seguido por uno de los momentos álgidos de la velada, la muy destacada “Angel”. Diría yo que fue uno de los instantes donde el público estuvo más metido en la música, y no fue para menos; la interpretación fue fiel con el añadido de un tanto por ciento más de furia. La voz de Horace Andy y las furibundas guitarras nos dejaron en nuestro lugar.
¿Qué decir de lo siguiente? “Teardrop” es probablemente, quizá junto con “Unfinished simpathy” del “Blue Lines” (1991), su canción más conocida. Sin embargo, aunque la hayamos visto en anuncios, series de tv o películas, su encanto e interés no decrece. Elizabeth Fraser la cantó en un escenario absolutamente penumbroso, donde apenas irradiaban luz unos leves rayos. La voz y los leves arreglos, Robert del Naja en el sinte, preservaron la belleza de un tema tan conocido como (todavía) sobrecogedor.

Antes de pasar al “grand finale hubo un momento de recuerdo para el malogrado Avicii de la mano de un fragmento de su canción “Levels”. Y ahora sí, ahora llegó el remate, la canción más épica de Massive Attack, un compendio de dramatismo progresivo; “Group four”. Los más de ocho minutos de la canción fueron llevados a término de una forma tajante, apoyándose primero en tranquilos ribetes sedosos para desemboca en un final absolutamente tormentoso mediante la obsesiva repetición de los asoladores acordes de guitarra. Como final, no cabe duda que fue apoteósico. Y hasta aquí la música.
Como se puede ver, en muchas de las canciones hablo de épica, de poderío, de bases potente, de guitarras desaforadas, etc, etc. Todo ello nos debe llevar a la conclusión de haber asistido a un concierto sin tacha, donde todo estaba todo engrasado y en su sitio. Y algo de eso hay, claro. Sin embargo tengo la sensación de que faltó una pieza que encajar, la pincelada maestra que hubiera sido el detonante del disfrute total. Quizá sea la frialdad con el público, la desconcertante sensación de que por cada golpe de pasión había un equivalente maquinal. En conjunto la actuación a veces parecía una performance.
No obstante, poner muchas pegas sería excesivo. Muchas de las salvedades que comento son elementos idiosincráticos del de Massive Attack que tomas o dejas. Desde luego la idea de tocar las versiones íntegras de los guiños en formas de sampler que hay en Mezzanine fue original y quizá coherente. Cuando se suelen llevar a cabo estos conciertos monotemáticos que se centran en un disco concretos, a veces se incluyen éxitos de otros discos a cambio (eso sí) de perder algo de pureza en el concepto. Lo que no quita para que esa coherencia nos hurtase de escuchar “Safe from harm”, “Unfinished sympathy” o “Protection”. Sea como sea salí satisfecho en líneas generales y sospecho que, con el paso del tiempo, mi estima por el concierto de Massive Attack subirá algún entero.

Texto, fotografías y vídeos: Mariano González.

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