“Turn Blue” era la respuesta a un hecho tan agradecido y peligroso como el de tener un
álbum bisagra que delimita el éxito a gran nivel, del éxito más de culto. “El Camino”
(2011), de la mano de canciones como “Lonely boy”, “Gold on the ceilling” o “Little
black submarines” había alcanzado notoriedad suficiente como para alcanzar el número
dos en el Billboard Decía que es peligroso, porque a veces la resaca del éxito pasa por
una inadecuada gestión del mismo, bien por la presión de hacer una obra que esté a la
altura, o bien por el sencillo hecho de dormirse en los laureles.
Visto así, y con cierta perspectiva de doce años desde su lanzamiento, creo que
podemos decir que con “Turn Blue” no se cumplieron las posibilidades más funestas.
Por un lado, el sonido no era del todo continuista (tampoco revolucionario), viéndose
rescoldos psicodélicos y rastros de atmósferas en mayor medida que hasta entonces. No
es, además, una obra tan pegadiza como “El Camino”, pero tampoco está exenta de
inmediatez. Como añadidura, parte de la música tiene matices melancólicos, que tienen
que ver con el divorcio del cantante Dan Auerbach.
En realidad, para buscar los orígenes de la banda hay que retrotraerse hasta principios
de siglo. Su primer disco, “The Big Come Up” data del año 2002, conteniendo un
sonido sucio y garajero mezclado con blues, en una propuesta no muy refinada pero
grabada con muy pocos medios. Su tercer disco, “Rubber Factory” (2004), supuso algo
más de medios y una compañía de mayor potencial. Un importante hito en la historia de
la banda fue la colaboración del productor Dangetr Mouse (pseudónimo de Brian
Burton, miembro por ejemplo de Gnarls Barkley). Comenzó con el disco “Attack &
Release” (2008) y continuaría en los subsiguiente, lo cual garantizaría una mayor
sofisticación en el sonido.
La carrera de The Black Keys ha sido fructífera y paciente. El disco que les dio a
conocer a cantidades masivas de público fue, como ya hemos dicho, “El Camino”, que
fue el séptimo, nada menos. No fue, ni es, flor de un día el éxito de la banda, sino de
una dedicación constante a través de una importante evolución. En “Turn Blue” poco
queda de aquel blues-punk inicial que fue haciéndose hueco entre el underground
estadounidense, pero si que se respira todavía su aprecio por la música de raíces y
americana, y el rock clásico, si bien transmutado a otras coordenadas.
Recordamos que “The Black Keys” son un dúo formado por el cantante, guitarrista,
bajista y eventualmente teclista Dan Auerbach, y Patrick Carney en batería, percusión y
a veces, teclados. Junto con ellos vamos a repasar este más que recomendable disco.
ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “The weight of love”: La primera canción es asimismo la, por así decirlo, la canción
diferente del disco. Es una de las más largas de la historia de la banda al durar casi 7
minutos. Dan Auerbach no empieza a cantar hasta pasado el segundo minuto. La
guitarra del propio Dan tiene un destacado protagonismo en base a los punteos que se
marca, y cómo se alcanzas tonalidades de querencia psicodélico. Dado que también hay
teclados y atmósferas (mano de Danger Mouse) puedes pensar que la canción podría ser
de Pink Floyd si estos sonaran más americanos. Y no está falta de épica. La letra tiene
c
que ver con la problemática amorosa de Auerbach. Fue cuarto single y una manera
excepcional de empezar el disco.
2. “In time”: Un rock de lo más clásico que une alguna influencia soul y ribetes de
moderada psicodelia. Es una melodía relativamente pegadiza, pero que quizá necesite
veces para acabar calando, por detalles como el peculiar falsete de Dan Auerbach,
Sucesivas escuchas revelarán también el estupendo ritmo de batería de Patrick Carney.
No debiera pasarse por alto, aunque al principio quizá estemos tentados.
3. “Turn blue”: La canción mezcla varias peculiaridades del conjunto de la obra. Cierto
tono melancólico y disipado, el toque soul y la sofisticación de Danger Mouse. No es un
tiro rock, sino un medio tiempo meditabundo y bien trabajado. Aquí puede recordar al
trabajo del productor con Norah Jones de un par de años antes, A ratos tiene un aire
oscuro casi seductor.
4. “Fever”: Comprendo que a los fans más primigenios les pueda sonar muy pop y más
sintetizada de la cuenta. Pero comprendo mucho más a los que disfrutan de esta canción,
que puede ser pop, pero un pop envenenado. Y es que esos tecladillos tan juguetones no
me parecen en absoluto alegres. Quizá esa sensación me venga de lo apurado que
aparece Dan Auerbach en el vídeo musical: parece un telepredicador sudoroso y
agobiado, que efectivamente parece bastante afiebrado. Ya digo que haciendo un
conjunto audiovisual, las sensaciones no me parecen nada celebratorias. ¿Pegadiza? Eso
desde luego. Para mí, este single es un sí rotundo La letra habla del amor como fiebre,
como calor pero también como padecimiento.
5. “Year in review”: A este tema lo llevan volandas la batería seca y dominante de
Patrick Carney, y los coritos femeninos de buena parte del mismo. Esos coros, los
utiliza la banda como los teclados de “Fever”, aparentemente como apoyo a la
musicalidad (que también), pero los veo como algo rítmico pero algo tristón. Es un soul
aguerrido, con filo rock y punteo de Auerbach al final del minutaje.
6. “Bullet in the brain”: Rock psicodélico, musicalidad ácida y algo ensoñadora, pero
con más presencia de guitarras, que se distorsionan de la manera adecuada para sonar
lisérgicas. Suena inevitablemente dispersa, pero tiene una baza a favor, que es filo, la
contundencia que desprende, y realmente lo bien que suena. Algo retorcida, pero
satisfactoria. Curiosa elección como segundo single.
7. “It´s up to you now”: Tiene una percusión casi tribal, cortesía de un inspirado Patrick
Carney. El acabado un tanto áspero de la canción se trasmuta en su segunda mitad en un
viaje psicodélico en la mejor tradición del género, pero sin excesos o autoindulgencia
Da la impresión de que el sonido es más importante que la melodía en sí, lo cual si
captas la onda, no tiene que ser estrictamente negativo. Concuerda con la canción
anterior.
8. “Waiting on words: Aquí la psicodelia es más melódica, como obedeciendo a una
misteriosa melancolía. Un soul rodeado de un reverb cósmico, con un sentido estribillo
c
y algunos acordes de guitarra aquí y allá bastante majos. Te deja reflexionando con un
tono agridulce y levemente derrotista.
9. “10 lovers”: Puede que sea uno de los momentos más ligeros del disco. Sin
desprenderse del tono reflexivos, tiene unos teclados incluso lúdicos, una melodía
pegadiza y se desprende del tono algo apesadumbrado de la anterior seguidilla de
canciones”. Un momento de oxigenarse dentro del tracklist, que además tiene un buen
ritmo, cortesía de Patrick Carney.
10. “In our prime”: Un pop clásico con una vena cercana a los Beatles que me agrada
bastante. Tiene algo de McCartney, con la psicodelia reverberante de otras canciones
volviendo a aparecer, pero con un sentido más melódico. Sin embargo, el minuto final
se vuelve más ácido mereced a los punteos de guitarra de Dan Auerbach.
11. “Gotta get away”: El cierre huye de la melancolía mediante este rock
tremendamente clásico y ortodoxo, que puede recordar a los Rolling Stones. Es como si
el disco tratara de desmentirse a sí mismo con un remate enérgico y sin melancolías
adyacentes. La letra ya sería más otro cantar. Fue tercer single. Tomada en sí mismo es
una buena canción, en el contexto del disco es a la vez un verso suelto y si colofón.
RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Turn Blue” es un disco con más recovecos que, por ejemplo, “El Camino”. Retrocede
en guitarras, pero añade otros matices interesantes, como estructuras melódicas un tanto
dislocadas, psicodelia, atmósferas, y una mirada al interior fruto de las cuitas amorosas
de Dan Auerbach. Es una obra que tiene su carácter y sus características dentro de la
obra de The Black Keys, Otro valor a considerar es la solidez que va ganando el disco a
partir de las sucesivas escuchas, pues, aunque no es vanguardia ni nada particularmente
críptico, sí que está hecho pensando más en la introspección.
Hubo un hiato hasta 2019, cuando llegó “Let’s rock” con canciones como el éxito
“Lo/hi”, o “Eagles birds” y “Shine a Little light”. Un disco más guitarrero y con una
mayor mordiente rock; un retorno a las raíces en toda regla. Su siguiente paso fue
curioso, un disco de versiones de clásicos de hill blues (un estilo de country blues)
reforzando su lado más próximo a la música de raíces americanas. Tal fue el caso de
“Delta Kream” (2021), una obra muy de género.
En 2022 llegó un disco más variado como “Dropout Boogie” y su consistente
single”Wild child”. Siguiendo con un ritmo de actividad nada desdeñable en 2024
sacaron “Ohio Players”, con colaboraciones interesantes como la de Noel Gallaguer en
la estupenda “On the game”, pura nostalgia Beatle, la de Beck en “I’m with the band” y
la de Alice Cooper en “Stay in your grave”. Un disco bien recibido y con buenas
críticas. Su ritmo estajanovista hizo que en 2025 alumbraran “No Rain, No Flowers” y
en 2026 otro disco de versiones “Peaches!”.
The Black Keys son uno de los mejores embajadores que puede tener el rock clásico, una
muestra de adaptación creativa y respetuosa que les ha mantenido ya muchos años en el
éxito.
Texto: Mariano González.










