Manchester, a finales de los 80, era una fiesta. O así lo pretendían una serie de músicos y gentes de otros ámbitos. Ese ambiente de locura creativa dio lugar a un juego de palabras, Madchester, algo ramplón, pero a su modo fidedigno, y que aún hoy encuentra su hueco en la historia de la música popular. Era una fiebre de hedonismo, fiesta, baile y psicodelia para regarlo todo. Como volver a los años 60 pero pasado por el filtro del baile y la cultura de clubs. Como preludio o catalizador podemos encontrar al club The Hacienda, al agitador cultural Tony Wilson y a una serie de bandas, mancunianas como New Order.
En este caso, las bandas surgidas al compás de este movimiento fueron varias: Happy Mondays, The Charlatans o Inspiral Carpets. La que hoy nos ocupa es The Stone Roses, grupo de escasa discografía, pero de sombra alargada en la influencia musical.
Tras formarse a principios de los ochenta y variar a menudo su formación, el núcleo clásico quedó establecido en. Ian Brown en las voces, John Squire en la guitarra, Gary Mounfield (conocido como Mani) en el bajo y Alan Wren (conocido como Reni) en la batería. Algunos singles iban surgiendo por el camino; el que comenzó a vislumbrar el estilo clásico del grupo fue “Elephant stone” (1988), producido por Peter Hook.
El gran momento de la banda comienza con el primero de sus discos de larga duración. En efecto, su disco homónimo fue poco a poco convirtiéndose en un evento que acabó liderando una escena, y casi en un estado de ánimo. El de la efervescencia, el de las atmósferas psicodélicas, y el de la diversión.
Un elemento a valorar es que instrumentalmente The Stone Roses eran bastante buenos. Squire produce unas filigranas con su guitarra, ensoñadoras, potentes y rítmicas cuando es necesario, apoyándose en un notable virtuosismo. La parte rítmica y bailable tiene un poderoso aliado en el bajo y la batería de Mani y Reni, siendo una de las características llamativas del disco.
The Stone Roses cimentó e influyó a varios artistas. Los hermanos Gallaguer sienten auténtica adoración por esta banda, del mismo modo que Richard Ashcroft también los señala como influencia para comenzar a hacer música. Si escuchamos algunas canciones del debut de Blur ; “Leisure” (1991), como “There’s no other way” o “Bang” la influencia de Madchester en general y de The Stone Roses en particular es bastante reseñable. En líneas generales, además, The Stone Roses suelen presentarse como un adelanto del Brit Pop que aún estaba por llegar en su plenitud.
Disfrutemos,, pues, de este estupendo disco mientras lo analizamos.
ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “I wanna be adored”: Todo un clásico de la banda, y de la música británica en su vertiente más cercana al indie. La canción se sirve con fuerza de las atmósferas empezando por un collage de sonidos que dan paso al bajo y luego al resto de instrumentos. Las guitarras, como ya hemos dicho, son atmosféricas, pero de una manera densa, afilada, un poco fumada, pero precisa. Es como si quisiera provocar una hipnosis en el oyente. De hecho, la letra es minimalista, reduciéndose a estas líneas: “No necesito vender mi alma, él ya está dentro de mí”, “Quiero ser adorado” o “Tú me adoras”. Suena inquietante en el contexto de la música. La canción parece reflejar un sentido de arrogancia sin filtros, del deseo del éxito sin siquiera la necesidad de vender su alma. Ian Brown no es un vocalista excelso, pero a veces dota a las canciones de un interesante sentido de la ambigüedad- ¿Está hablando en serio, o es una sobrada? Desde luego la música no parece demasiado irónica. Ya en 1985 la banda tocaba está canción en directo, en una forma primeriza. Curiosamente fue lanzada como single antes en Estados Unidos que en Reino Unido.
2. “She bangs the drums”: Un pop rock vitalista, optimista y reluciente. Tocado con garra, empezando por una buena línea de bajo de Mani, y siguiendo con la prominente guitarra de John Squire, y la persistente batería de Reni. Saltarina, alegre y con garra, partiendo de un estilo británico muy clásico. Otra que fue single.
3. “Waterfall”: Esta es una canción sumamente agradable, con unas guitarras con eco que aportan una sensación luminosa. No tiene la pegada de las dos primeras canciones, pero poco a poco se te va metiendo bajo la piel, gracias al fenomenal dominio del pop que tiene la banda. Algunos jueguecillos con los instrumentos son muy interesantes, como los rápidos toquecillos de Reni y su batería. Al acercarse la canción al final John Squire se marca un estupendo solo. El tema va ganando garra según va avanzando, hasta acabar mucho más roquera de lo que empezó. La letra parece que habla de una mujer tratando de huir de la pobreza.
4. “Don’t stop”: En esta canción todo rezuma psicodelia, mediante unos de los trucos más clásicos del género: la grabación al revés. Pero lo realmente curioso es que la grabación al revés es la de “Waterfall”, es decir la canción anterior. Se añadieron si acaso la batería, y la voz letra nueva. El resto es una cacofonía curiosa, que no molesta, pero tampoco hipnotiza. Hasta ahora el momento más prescindible del disco.
5. “Bye bye badman”: Quizá sea la canción más del estilo de The Smith que hicieron The Stone Roses. Al menos en lo que se refieres a algunas partes de las guitarras de John Squire en el estribillo. La voz no se parece tanto a la de Morrissey, aunque la cadencia y el ritmo no ande lejos. El caso es que se trata de un pop rock ágil y jovial, clásico y cantable, con un estribillo rítmico nada desdeñable. Se acaba pegando a las pocas escuchas. El contraste con la letra el alto. Habla de los disturbios de Mayo del 68 y de lanzar piedras a la policía. Un hecho histórico importante para la banda y que es referenciado en la misma portada del disco: los limones se usaban para contrarrestar los efectos de los gases lacrimógenos.
6. “Elizabeth my dear”: Menos de un minuto de música, que componen una versión de un tema clásico llamado “Scarborough Fair”, que también versionaron Simon & Garfunkel. La letra vuelve a ser política también, lanzando un mensaje antimonárquico contra Isabel II: “Estás acabada, mi querida Elizabeth”. Nuevamente suena bonita, pero con una lírica nada complaciente. Es una anécdota dada su brevedad, pero por algún motivo no diría que sobra.
7. “(Song for my) sugar spoon sister”: Vuelve a sonar a pop rock sesentero. pegadizo y tarareable. Melódicamente está muy construida, desde sus partes de jangle pop, hasta los diversos subrayados que hace John Squire con la guitarra. Sencilla pero efectiva. La letra recopila varias situaciones irreales o extrañas (el césped azul, cada miembro del Parlamento colocándose con pegamento) que enfatizan lo raro que sería un amor correspondido.
8. “Made of stone”: Una de las canciones más valoradas por los fans de la banda resulta ser una de las mas emotivas. Lo notamos en la voz de Ian Brown, en el tono más trascedente de la melodía, y en la emoción que transmite el enfático estribillo. Poco después de la mitad de la canción John Squire se saca de manga un punteo extraordinario como catalizador de todo lo anterior. Una canción realmente buena Líricamente es bastante enigmática, pudiendo referirse a la muerte en accidente de tráfico del pintor Jackson Pollock (“tus nudillos se blanquean en el volante/la última cosa que sentirán tus manos”). Hay que recordar que el pintor norteamericano es una figura importante para la banda, de tal modo que la portada del disco, realizada por John Squire, está inspirada en su estilo.
9. “Shoot you down”: Volvemos a sonidos más calmados, atmosféricos y casi relajantes. Los acordes de guitarra de John Squire son suaves y cristalinos y la voz de Ian Brown a ratos pop y a ratos susurrante. Lo de la canción relajada va más bien por la música, porque la letra te suelta perlas como “ha llegado el momento de dispararte”, aunque en argot sería algo así como “darte calabazas”.
10. “This is the one”: Está canción tiene vocación de himno. Literalmente, además, puesto que el Manchester United la adoptó como una especie de himno, que cantan en Old Trafford cuando sale el equipo al campo. La canción es más pomposa de lo habitual, y va ganando en velocidad y potencia según avanza. Se le reconoce cierto poder y épica, aunque quizá sea algo repetitiva.
11. “I am the resurrection”: La conexión entre pop rock clásico y baile se dan de la mano en esta canción. Ya desde el inicio con esa mezcla de melodía Beatle y batería punzante se muestran las cartas. Luego están los cuatro minutos finales instrumentales que se materializan en un dance rock, de poderosas bases rítmica y la guitarra de John Squire dibujando florituras por doquier, Es como una jam funky en la que según te vas adentra más, mayor es su hipnotismo. La banda toca con una pericia estupenda. Si te metas en la canción es excelente, y no se hace larga.
RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Cabe decir que en una reedición de 1991 y en una Special Edition por el 20 aniversario del disco, se incluyó un jugosísimo bonus track: “Fools gold”, clásico total de la banda. Además, lo hace en su versión íntegra, que es uno de los pináculos en la mezcla de baile, rock y psicodelia, en nueve minutazos entre lo excesivo y lo hipnótico.
Hasta el lanzamiento de su segundo disco de larga duración pasaron unos largos 5 años, que se fueron llenando con singles y estrafalarios incidentes como irrumpir en las oficinas de la discográfica con botes de pintura con la intención de dejarlo todo hecho un desastre. Básicamente por como gestionó la discográfica el lanzamiento de singles antiguos como” Sally Cinnamon”. Total, que, tras el cambio de discográfica, a Geffen, aún se tomaron su tiempo y no fue hasta 1994 que salió “Second coming”. El disco fue un cambio de registro enorme, confluencia del hard rock y el blues. Ahora las influencias pasaban a ser, entre otras, Jimi Hendrix y Led Zeppelin. La recepción del disco fue divisiva, imperando más el sentimiento de decepción. Por pura inercia de expectación el disco fue bien recibido inicialmente en listas, pero en general no cumplió con los números que se tenían planeados.
Esto afectó a la estabilidad del grupo, lo que en no mucho tiempo después se cristalizó en desbandada. En 1995 Reni dejó el grupo por discrepancias musicales. Poco a poco la desunión fue general. John Squire formaría “The Seahorses”, que lanzaron un único disco. Mani, que murió en noviembre de 2025, se unió a otra banda mítica como Primal Scream. Ian Brown ha tenido una carrera en solitario que hasta ahora alcanza siete discos en solitario. Por cierto, su colaboración con Unkle y su single “Be there” (1998) es extraordinaria. En 2011 hubo una reunión de la banda con todos los fastos que conlleva, y con unos cuantos años de conciertos, que finalmente llevaron a otra separación que acabó de confirmarse en 2019.
Este LP debut es, junto a “Pills n Thrills And Bellyaches” (1990) de Happy Mondays, la enseña más visible del movimiento de Madchester. Es una obra de culto, cuyo estatus es merecido. También se unen las circunstancias de ser un grupo sin muchas obras en su haber, y que no tuvo una vida demasiado larga. Todo ello contribuye a hacer de “The Stone Roses” algo especial que sigue sonando admirablemente bien.
Texto: Mariano González.
























