.

Mostrando las entradas para la consulta the cure ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta the cure ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de octubre de 2009

1985 The Cure - The Head On The Door

Con unas pocas horas de antelación, les dejo aquí el trabajo de esta semana. Decirles que en el momento de publicación habitual, estaré jugando al tenis en Barcelona. Adelantarles, que este artículo supondrá el programa de estreno de nuestro programa de radio. La fecha y hora de emisión dentro de la próxima semana, aún es un misterio incluso para mí.

¡Hoy por fin nos quitamos las cadenas! Sí, confirmado: repetimos artista. Y como no podría ser de otra manera, volvemos por donde empezamos, con mi grupo favorito de todos los tiempos: The Cure. Creo recordar que allá en nuestros comienzos, abordamos la revisión de su primera obra de tintes oscuros, el disco “Seventeen Seconds” de 1980. Para hoy, la propuesta es sustancialmente diferente.

Viajamos atrás en el tiempo 24 años para llegar a 1985 o mejor dicho, damos un salto de 5 años adelante desde nuestra anterior parada en la vida de la banda de Robert Smith, allá por junio del año pasado. Igual que “Seventeen Seconds” fue un disco clave en la historia de The Cure, la obra que hemos seleccionado para hoy no deja de ser menos importante en el devenir de esta mítica banda británica.

En los años previos al lanzamiento de este disco, el grupo había sufrido convulsiones de todo tipo. Véanse por ejemplo altas y bajas en la formación, separación temporal, problemas graves de salud de Robert Smith, trifulcas serias entre los componentes de la banda que provocarían esas idas y venidas, colaboraciones externas a The Cure por parte de Robert etc.

Tras el estallido y catarsis musical que supuso el monumental “Pornography” de 1982, el trío que por entonces era The Cure, se vio reducido a un dúo formado por el batería Lol Tolhurst y Robert Smith. El motivo fue la marcha de la banda por parte del bajista Simon Gallup, tras haber llegado a las manos con Robert Smith en mitad de la gira de su disco más destructivo de todos los tiempos. Aquí se apunta otro detalle triste, al menos desde mi punto de vista, que no es otro que el inicio del declive personal y musical de Tolhurst. Este miembro fundador de la banda, abandonaría la batería para dedicarse a los teclados.

Curiosamente, y tras unos meses en los que nada se sabía de The Cure, el grupo volvió con la edición de sus sencillos más exitosos desde aquel “Boys don't cry” de 3 años atrás. Canciones como “Let's go to bed” y sobre todo “The walk” y “The lovecats”, pusieron a The Cure nuevamente en el primer plano de la música mundial. Incluso el single de adelanto del disco “The Top”, “The caterpillar”, también sonó amable a los oídos de la crítica, cosa que no hizo a la postre el lp en el que se incluiría. Jamás he entendido ese aquelarre (compartido incluso por Robert Smith) contra esa obra.

Para la grabación de aquel disco además de Smith y Tolhurst, también estaban dentro Porl Thompson (miembro antiguo de Easy Cure) encargándose de la guitarra, saxo y teclados, Andy Anderson a las baquetas y Phil Thornalley a las líneas de bajo. Sin embargo, en 1985 se afrontaría la revolución total en la formación con las salidas de Phil y Andy, la entrada de Boris Williams a la batería y el regreso contra todo pronóstico al redil de Simon Gallup tras haber hecho las paces con Robert Smith.

“The Head On The Door” sería el álbum que confirmaría que Robert Smith se había centrado definitivamente. Dejaría de lado casi todos los excesos, menos el alcohol, y abandonaría proyectos paralelos como su colaboración con Siouxsie And The Banshees, o su banda paralela The Glove junto a Steve Severin de los Banshees. Todo esto daría como resultado un disco pop bastante variado y con canciones muy acertadas y brillantes. Demos al play y descubramos los regalos que contiene.

“In between days” es el alegre inicio de este sobresaliente lp de The Cure. El vitalismo de la guitarra y las inocentes notas de teclado, hacen de esta canción un momento pop inolvidable dentro de la trayectoria del grupo. En las letras Robert Smith alterna visiones negativas, para superarlas con el mayor vitalismo posible; un evidente signo de cambio en la nueva etapa que abría The Cure: la más exitosa. Partes como “ayer me sentí tan viejo que pensé que podría morir, ayer me sentí tan viejo que me hizo llorar” contrastan con el sonido tan alegre de la melodía creada. “In between days” fue uno de los singles extraídos del disco y de los mayores aciertos que contiene. Seguidamente se da paso a “Kyoto song”. Una pista con un toque más oscuro, adornada por evidentes matices orientales en su sonido. Lentitud y decadencia muy en choque con la pista que abrió “The Head On The Door”. Robert vuelve a hablar de pesadillas, personajes extraños etc. en la letra. Quizás es de las más fácilmente olvidables, lo contrario que sucede al menos en nuestro país con “The blood”. Un evidente guiño aflamencado que no se pasó por alto en el último concierto que dio la banda en la capital de España, al cual acudí el 6 de marzo del pasado año. Llega el turno de la pieza “Six different ways”, una de las canciones más inofensivas y juguetonas de toda la discografía de The Cure. Los teclados son infantilones a más no poder y Robert canta con apuntes exagerados en su entonación, que apoyan este carácter tan amable, el cual hace dudar de que estemos escuchando a la misma banda que grabó “Pornography” unos años atrás. Tras esta canción, cambio de tercio nuevamente; estarán sacando en conclusión que nos encontramos ante un disco de lo más heterogéneo. El giro en el sonido en esta ocasión viene de la mano de “Push”. De las canciones con mejor guitarra de The Cure de todos los tiempos. Larga introducción a cargo de esos riffs de guitarra épicos y heroicos, con algunos coros lejanos tímidamente introducidos por Smith. La melodía vocal y la letra son igualmente excelentes y quizás esta canción sea de las que pueden llegar a emocionar más fácilmente con su sonido.“The baby screams” es una canción que tiene un cierto carácter hipnótico, debido principalmente a la estructura cíclica de la guitarra que tiene. Destaca la intensidad con la que Robert Smith afronta la interpretación vocal de la misma, desgañitándose por completo al micrófono. “Close to me” es el verdadero inmortal de la discografía de The Cure que incluye el disco. Se trató del 2º single extraído de la obra, tras “In between days”. En los tiempos de “Mixed Up” el tema fue revisado, llevándolo a los terrenos del jazz, quitándole gran parte del ritmo y vibración que tiene el original. En lo instrumental destacan los juguetones y amables tecladitos y las palmas percusivas que tanto brío confieren al corte. Inestimable fue el rodaje del clip promocional por parte de Tim Pope, uno de los más recordados de los 80, en el que los miembros de la banda se encuentran hacinados en el interior de un armario al borde de un acantilado, cayendo finalmente el armario al mar. En la letra Robert habla de introspección y de llegar a encontrarse consigo mismo. Llegamos a uno de los momentos clave del disco. “A night like this” es uno de los temas más apreciados por los seguidores clásicos de la banda. Quizás se trate de una canción que esté últimamente algo olvidada, básicamente por su no inclusión en el repertorio de la banda en directo en los últimos años. Hasta comienzos de siglo, en cualquier revisión que se realizara de la banda, solía aparecer como canción destacada de la historia de The Cure. Igualmente dispuso de videoclip, grabado con imágenes ralentizadas, al ritmo marcado por esos graves rasgueos de guitarra eléctrica tan característicos que incluye. Es al fin y al cabo una balada, con un sonido muy romántico y un leve retoque gótico o siniestro. En la letra Robert empieza diciendo “decir adios en una noche como ésta, si es la última cosa que siempre hacemos…” o más tarde “iré a buscarte aunque me lleve toda la noche, en lugar de desear a otra chica”. Una preciosa canción, de carácter maduro y que demuestra que The Cure iban muy en serio. Decirles antes de continuar, que gracias a la informática y SU PUTA MADRE (como diría algún amigo bloguero), he perdido todo el artículo que tenía escrito. Estaba finalizado (sí, muy tristemente) a falta de revisión. Así que disculpen si estoy algo disperso, ya que me cuesta recordar todo lo que había escrito y de qué hablé. Como bien saben, y reza el título del blog, esto es reflexión pura y dura, y no recuerdo todos los recovecos por los que divagué, con lo que esto será lo que es y no lo que pudo ser. En fin, que no recuerdo si había mencionado algo más de “A night like this”. Simplemente cerraré mi discurso sobre la misma, afirmando que se trata de una pieza preciosa muy a tener en cuenta; como suelo decir, una de esas joyas ocultas al margen de recopilatorios, extraviadas en el interior de los discos. “Screw” es quizás el rival más débil de “The Head On The Door”. Es algo pachanguera en su sonido y lo único que me hace algo de gracia es el sonido de la guitarra eléctrica, que me recuerda algo a la que incluye alguna parte de “Discotheque” de U2, que curiosamente asocié a “Screw” al darse la casualidad de que cuando U2 promocionaba el lanzamiento de su exorcizado disco “Pop”, estaba haciéndome con la discografía de The Cure y descubrí esta canción. El final del disco corre a cargo de “Sinking”. Un tema melancólico y el de sonido más oscuro del disco. Destaco en lo instrumental el sonido de los teclados, los cuales confieren a la canción un efecto atmosférico y solemne, suponiendo la aportación más importante de Lol Tolhurst al conjunto de la obra desde sus teclados. También son dignos de mención ciertos punteos de la guitarra eléctrica de regusto subterráneo. Hasta el momento, Robert Smith solía lanzar algunos mensajes personales en las canciones que cerraban los discos de The Cure; no obstante, aquí no lo tengo tan claro, ya que The Cure, lejos de hundirse, estaba trepando a la cima de los grupos más importantes de aquellos días. Tampoco creo que se ajuste a lo personal, ya que Smith había superado sus problemas derivados de su relación de pareja, de la hiperactividad de los meses anteriores y del consumo algo excesivo de drogas. Aquí encontramos el final de una tradición, que era la de cerrar el disco con la canción que lo titulaba. Aspecto que nunca había faltado hasta el anterior trabajo “The Top” (siempre y cuando no consideremos a “Japanese Whispers” disco de estudio). Esta canción provoca que nos quedemos embobados al llegar al final del álbum, debido a la intensidad emocional que tiene tanto Robert a la voz como su melodía.

“The Head On The Door” supuso el final de una etapa y el inicio de otra en la historia de The Cure. Esto se puede ver en varios aspectos. Estructuralmente, su discografía tiene un antes y un después a raíz de este disco, ya que tras su lanzamiento el grupo decidió hacer balance editando su recopilatorio de singles hasta la fecha “Staring At The Sea”. También en el posterior “Join The Dots”, compendio de caras b y rarezas, el primer cd abarca hasta las caras b de los singles del disco hoy revisado. “The Head On The Door” marcará el inicio de los días felices de The Cure.

Efectivamente “The Head On The Door” fue su mayor triunfo hasta la fecha. Gran parte de la culpa la tuvieron los singles “Close to me” e “In between days”, que disfrutaron de una tremenda aceptación derivada principalmente de la difusión de sus clips en la Mtv. Producto de la cosecha de “The Head On The Door”, fue el hinchado reconocimiento del que goza a día de hoy el siguiente disco editado 2 años después allá por 1987 “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”. Es justo reconocer que dicho disco fue la confirmación definitiva de The Cure como fenómeno de masas y un grupo con una enorme legión de seguidores en aquellos días. Pero por otro lado, soy de la opinión al igual que Jesús Llorente, autor de la excelente biografía de la banda de la editorial La Máscara, que el disco es algo irregular debido a que en sus 18 canciones hay mucha morralla que sobra como “Shiver and shake” o “Fight”. Quizás si el disco hubiera sido sometido a una criba mayor, reduciendo el número de canciones a las 10 mejores, estaríamos hablando de una obra tan excelente como la que hoy hemos revisado. No obstante, está fuera de toda duda la calidad de canciones como “How beatiful you are”, “The kiss”, “Catch” o “Just like heaven”.

En lo que es la estética del disco, la portada es un diseño abstracto de lo que parece una recreación de la figura del cuadro de Goya “Saturno Devorando A Sus Hijos”, pero retorcida en su imagen y de forma que no se aprecia claramente la figura. Todo ello sobre un fondo oscuro y con las letras del título en un diseño barroco y azul eléctrico. Cuando hablamos en el primer artículo de este blog de “Seventeen Seconds”, pasé por alto mencionar la estética de la banda. En aquellos tiempos de su 2º disco, Robert llevaba el pelo muy corto, de punta y sin un ápice de maquillaje en su rostro, haciendo gala de un cuerpo muy delgadito. En estos tiempos, el volumen corporal de Smith había aumentado, sus ropas eran anchas y su pelo era mucho más largo y cardado. Aunque lo que más diferenciaría a The Cure a estas alturas, es el uso del maquillaje para pintarse los ojos y los labios, buscando darle un enfoque siniestro en sus actuaciones al corrérsele el mismo con los sudores propios de la entrega del directo. Toda esta imagen se empezó a desarrollar en “Pornography” y en 1985 vivía sus momentos más acentuados y exagerados.

Volviendo a los resultados de la obra que hoy hemos revisado, una de las consecuencias inmediatas fue una larga gira mundial y participación en numerosos festivales de 1985, como por ejemplo aquel en Atenas. Recuerdo las imágenes de la actuación que se incluye en la cinta de Vhs “Standing On A Beach” (que no es otro que el “Staring At The Sea” en soporte audiovisual de la época), viendo al grupo tocar en aquel estadio de la Grecia clásica, sobre las notas de “The baby screams”, a modo de clip oficioso de la canción. Aprovecho para denunciar el hecho de que esta cinta de Vhs no se haya editado en dvd, teniendo en cuenta el juego que podría llegar a dar.

El disco que hoy revisamos, propiciaría que The Cure se situase en la lucha por ser el grupo más popular y de mayor éxito de aquellos días en clara pugna con The Smiths. Serían los días de cruce dialéctico más cruento entre Morrissey y Smith. Hay que advertir que los Smiths estaban en su mejor momento, aunque rechazando casi en su totalidad el apoyo promocional audiovisual huyendo de los videoclips, y The Cure hacían justo lo contrario, labrando su leyenda a base de videos inolvidables derivados de un Tim Pope en estado de gracia.

A partir de “The Head On The Door”, como ya he referido, se vivirían los años más felices de la banda: los que abarcarían prácticamente una década hasta el lanzamiento del disco “Wild Mood Swings” de 1996, el cual provocó una mueca de desaprobación en la crítica musical. También en aquellos días se habían producido unos cambios muy importantes en la formación con las marchas de Porl y Boris, y por poco no se dio la salida (en este caso voluntaria) por parte de Simon Gallup.

Soy de los de la opinión que las caras b que tuvieron los singles y maxisingles del disco, son más que aprovechables. Es tradición de The Cure cuidar mucho el contenido del lado menos comercial de los sencillos, regalando en la inmensa mayoría de los casos auténticos aciertos. “The Head On The Door” tal como está es una auténtica maravilla, pero creo que si a “Screw” se le hubiera sustituido por “A few hours after this”, “The exploding boy” o incluso “Stop dead”, el resultado hubiera sido de matrícula de honor.Sin venir mucho a cuento, ya que estamos analizando los Cure de mediados de los 80 y ya llegará el turno de los tiempos actuales o más recientes, decirles que el año pasado acudí al concierto del Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. En aquella noche, The Cure ofrecieron ni más ni menos que 3 horas de concierto. Hasta Joaquín Reyes en Muchachada Nui bromeaba sobre la longitud de los conciertos del grupo, cuando encarnó a Robert Smith en sus delirantes imitaciones. Con todo, les dejo bordeando este párrafo 2 de las mejores fotos que pude sacar aquella gloriosa noche, en la que asistía a mi 2º concierto de la banda, tras haber pasado 8 años de aquella primera vez en una más que atestada sala La Riviera con motivo del “Dream Tour” asociado al último gran disco de la banda: “Bloodflowers”.El lp que hoy les presentamos es un conjunto de canciones muy variadas, afrontando por primera vez The Cure la confección de una obra heterogénea de forma redonda. El disco anterior “The Top” también se trata de un álbum con un amplio abanico de estilos y sonidos. Yo, aunque no soy de los que reniegan de dicho trabajo y lo defiendo, admito que incluye alguna lacra importante como “Give me it” o “Wailing wall”. Sin embargo, en “The Head On The Door”, se afrontan canciones de corte muy distinto de forma excelente. Para comprobar la diversidad de registros, basta con comparar entre sí “Six differente ways” y “Sinking”.

Resumiendo y llegando al final del artículo de esta semana, podemos afirmar que “The Head On The Door” fue la verdadera confirmación de The Cure como banda. También el quinteto que estuvo presente en el estudio en la grabación del disco, es la que se considera la formación clásica/tipo de The Cure. Quizás a día de hoy estén más valorados discos como “Pornography” o “Disintegration”; incluso tengo la percepción de que un amplio espectro de seguidores de la banda prefieren “Kiss Me...” al que hoy nos atañe.

The Cure es mi grupo favorito, son pieza clave dentro de mi formación musical, creo que muchos de ustedes ya lo saben. Con esto, decirles que creo que estoy en condiciones de afirmar que si en lugar del conjunto de canciones que fue “The Head On The Door”, The Cure hubieran entregado un listado de menor calidad, probablemente la banda se hubiera ido al traste en el agujero negro que supuso la 2ª mitad de los 80 a numerosas bandas surgidas de la new wave como estos muchachos. Lejos de ello, este disco supuso el inicio de su trayectoria ascendente que hizo que a finales de los 80 y comienzos de los 90 “The Cure” fuera una de las bandas más importantes del mundo. Reivindicamos pues el papel que juega “The Head On The Door” hoy desde “Discos, música y reflexiones” dentro de la discografía de The Cure, ya que esta obra está algo olvidada actualmente.

Hoy les proponemos un disco ligero y variado. Les proporcionará momentos animados, otros cargados de adrenalina, algunos reflexivos, también melancólicos y hasta algún pasaje romántico. Su duración no llega a los 40 minutos, haciendo gala de ser un ejemplo de calidad frente a cantidad. Justamente en “Kiss Me...”, siguiente lp, sería más bien lo contrario, ya que tanta cantidad no supuso calidad en cada uno de los cortes, a pesar de que la misma apareciera de forma abrumadora en momentos clave como “Just like heaven”. “The Head On The Door” es muy accesible. A aquellos que no estén familiarizados con The Cure, les afirmo que es un disco que no les repelerá como podría pasarles si se introducen de buenas a primeras en “Seventeen Seconds”, que fue la primera obra que revisamos en su día de la banda. De seguro que pasarán buenos momentos de su mano. Anímense pues a conseguirlo de la forma que puedan y ya me cuentan. Los que ya lo conozcan, nunca está de más que le vuelvan a dar una nueva pasada, que seguro que hace tiempo que lo tienen traspapelado, ¿o me equivoco?
Leer más...

sábado, 3 de julio de 2010

The Cure - The Top (1984)

Esta semana sí. Esta semana sí que damos tratamiento a un disco que responde de forma más fidedigna al target de álbumes que solemos analizar en este blog. Una obra que en su día, y también en la actualidad, no fue bien vista por la crítica, los seguidores de la banda e incluso por su creador principal al poco tiempo de haberse editado. Además, éste es uno de los discos que tenía en mente revisar desde el primer momento que creé el blog.

Procedemos a analizar por 3ª vez en la historia del blog un álbum de la que ha sido mi banda favorita de siempre: The Cure. La última vez que reparamos en Robert Smith y los suyos fue precisamente con el disco posterior al que hoy vamos a revisar, “The Head On The Door” de 1985. Digamos que a efectos de popularidad son como la noche y el día, es decir, discos radicalmente opuestos ante la percepción de la masa social que circunda alrededor de The Cure.

Y es que “The Top”, editado en 1984 está considerado como uno de los discos más débiles de la trayectoria de The Cure. ¿Hace falta que les diga que no estoy de acuerdo? Creo que no; éste es otro de esos ejemplos en los que estimo que un disco ha sido y es tratado de forma injusta. Poco a poco les iré exponiendo los motivos.

En los días en los que se dio forma a “The Top”, The Cure estaba aún en proceso de recomposición tras el estallido que supuso “Pornography” y su gira de presentación. Smith había estado sumido en un proceso de autodestrucción personal, en la que alternaba hiperactividad musical y una intensa vida nocturna, aderezada de un excesivo consumo de alcohol y drogas. En estas se encontraba Robert cuando se puso manos a la obra a componer las canciones que formarían parte de “The Top”.

The Cure había experimentado un pequeño resurgir o renacimiento gracias al éxito de los singles “The walk” y “The lovecats”, que formarían parte de la agradable recopilación de singles del momento “Japanese Whispers”, que yo por mi parte siempre he considerado un disco propiamente de estudio. Estas canciones, cercanas al techno pop y en todo caso con un carácter amable y alegre, se alejaban del choque y aspereza sonora de la trilogía siniestra de The Cure formada por “Seventeen Seconds”, “Faith” y “Pornography”.

Básicamente en aquellos días The Cure eran Robert Smith a la guitarra, voz y también bajo, Lol Tolhurst al teclado (ya había dejado la batería en lo que fue el comienzo del triste proceso degenerativo de Lol como músico en The Cure). Para la promoción de “The Top” y su tour, se reclutó a Porl Thompson que había sido guitarrista en los tiempos de Easy Cure, para encargarse además de los teclados y del saxo, el batería de color Andy Anderson, y el productor Phil Thornalley como bajista.

El disco abre con una canción que podría recordarnos a los tiempos de Pornography titulada “Shake dog shake”. Lo que pasa es que aquí el matiz está más bien dirigido a la textura sonora sucia y rockera, más que a la vertiente siniestra. La marea del sonido de las guitarras y el arrojo con el que canta Smith son las marcas principales de este inicio de disco. La letra es contundente en partes como “me levanto en la oscuridad y el regusto de la rabia en el fondo de mi boca, escupo en la pared... y me destrozo la cara con cuchillas de afeitar, maquillándome con sangre nueva intentando mejorar mi aspecto”; sobran las palabras. Durante mucho tiempo se perfiló como la pieza más interpretada en directo del disco en las giras y hasta en el año 2000, cuando aquel lunes 27 de marzo vi por 1ª vez a The Cure en La Riviera, también cayó. De esta contundencia y agresividad, pasamos a la ligereza y hedonismo pop que desprende la deliciosa “Birdmad girl”. Esta canción me tuvo atrapado completamente durante el invierno de 1997 cuando escuchaba por primera vez los discos más antiguos de The Cure. Recuerdo que “The Top” lo tenía confeccionado en 2 fragmentos en la parte final de la cara “a” y “b” de una cinta de cassette completando el hueco que dejaban tras de sí “Seventeen Seconds” y “Faith”. Era muy común que rebobinara constantemente la cinta para deleitarme con esa guitarra pop tan elegante, con algún que otro matiz oriental en su sonido y con un Robert estupendo al micrófono. Los tarareos que introduce a ratos Smith son muy acertados y líricamente es una canción pop en sentido estricto. Destaca también la línea de bajo que contiene. Quizás las 2 lacras que acepto que contiene “The Top” y en las que creo que se fundamenta la crítica negativa generalista hacia el disco, vienen seguidas ahora. Hablamos de “Wailing wall” en primer término y “Give me it” en 2º. “Wailing wall” no tiene ni pizca de gracia. Es una canción siniestra, lenta, pero sin la gracia y el malditismo de discos anteriores en esa onda, como las canciones que formaban parte del asfixiante “Faith” (recuerden “The funeral party” de “Faith”, por ej.). Los efectos sonoros son demasiado evidentes y la melodía muy plana. “Give me it” te la puedes tomar a broma, ya que tanta mala leche puede ser interpretada así. A veces se ha dicho que la potencia sin control no sirve de nada o algo así, ¿no? Pues “Give me it” se puede aplicar dicha sentencia perfectamente. El saxo del reintegrado Porl Thompson es lo que más personalidad concede a la canción. Tras este combo de las 2 canciones más flojas del disco, se remonta con alegría de la mano de 3 aciertos consecutivos de corte pop. Entre ellos se incluye lo que hubiera sido con total seguridad el 2º single (si The Cure en aquellos días hubiera editado más de un sencillo por disco, cosa que no sucedería hasta el siguiente “The Head On The Door”, ya revisado hace unos meses) “Dressing up”. Robert aquí afronta describir las sensaciones que experimenta antes de subir al escenario, puesto que por ejemplo en la mítica entrevista concedida en primavera de 2000 al programa de tv Lo+Plus, al día siguiente del concierto en que vi a la banda por 1ª vez y unas horas antes de repetir actuación en La Riviera, respondió ante Máximo Pradera y Fernando Schwartz que lo que le gustaba hacer antes de actuar era vestirse; no se imaginan el consecuente cachondeo que provocó la respuesta, lo que pasa es que Robert se refería a que le gusta prepararse bien y vestirse correctamente para darlo todo en escena. No se refería a simplemente evitar salir en pelotas a las tablas, como es lógico. Esta pieza tiene un enfoque lisérgico, hedonista y Robert casi canta de forma que parece estar completamente colocado o alucinando. A este efecto alucinógeno contribuyen también las melodías de teclado y las guitarras de la pieza.Después llega el florido single (sobre todo en lo que al videoclip grabado en un invernadero se refiere) “The caterpillar”, que fue recibido con bastante buena aceptación y que a más de uno descuadró a la hora de luego valorar el disco completo; cosa que por otro lado a mi no me sucede, pues repito otra vez (y no será la última en el artículo) que no considero a “The Top” un mal disco. Los psicodélicos teclados, los sonidos de matices orientales y la melodía tan alegre y amable ayudan a elaborar una buena canción, a día de hoy olvidada en la historia de The Cure, incluyendo los set lists de sus giras. No obstante, este “gusanito” en su día gustó bastante. Se abandona en el 3er. acierto pop esa envoltura de fantasía delirante de “Dressing up” y la amabilidad sonora de “The caterpillar”, para entrar en “Piggy in the mirror”, la cual tiene partes muy acertadas en el comienzo. Me gustan particularmente ciertas notas de teclado y también la melodía vocal que supone la interpretación de Robert al micro. Especialmente recomendable es la interpretación de la misma en el concierto editado en su día en vhs “The Cure In Orange”, que creo que en breve iba a ser editado en dvd. Quizás esta canción falla algo en el remate final, pero aún así el resultado global es satisfactorio. En la parte final de la obra hay sitio para una pieza de cierto sonido militar o casi de marcha de soldaditos de plomo, titulada “The empty world”, con una letra que estaba dedicada con muy mala leche por parte de Robert a su antiguo amigo y bajista de la banda Simon Gallup. “Él hablaba de su mundo acabado con los ojos como 2 pájaros envenenados” dice Smith en la letra. Lo que no se sabía en ese momento es que a los pocos meses se fumó la pipa de la paz y Gallup retornó gloriosamente al redil. Si hemos hablado de delirio en “Dressing up”, pero más bien un delirio relajado, en “Bananafishbones” llega el desenfreno, el desafine, los teclados agudos creando efectos de viento y también cierta rotundidad en el estribillo. Una pieza heredera de las aventuras de Smith junto a Steve Severin en el proyecto del grupo The Glove, que también recuerda en parte a la quizás más acertada cara “b” “Throw your foot”. No obstante, “Bananafishbones” a mi no me desagrada y también me gustaría mencionar que también facilitó su nombre a una interesante formación alemana de rock surgida a finales de los 90 (recomendable especialmente su disco “Viva Computa”; algún día quizás hablemos de ellos). Se llega al final con la tradición de los 4 primeros discos de The Cure que suponía dejar la canción título para la última pista de la obra. “The top” es el tema más lento y que emana un cierto siniestrismo lejano, pero más bien cercano al pesimismo que al terror causado por piezas de álbumes anteriores de la banda. Si Robert dedicaba con resquemor “The empty world” a Gallup, aquí parece que está pidiendo que regrese en ese “por favor, regresa” que grita al final de la canción. O quizás lo que pida es que regrese la inspiración que hasta él suponía perdida en este disco, o la vida más tranquila y alejada de tanto exceso, o quizás problemas con su novia Mary Poole... ¿quién sabe? El caso es que como hace Robert en todos sus discos, la última canción siempre deja un mensaje inquietante que da que pensar sobre la situación que atraviesa el grupo y principalmente el líder de la banda.

“The Top” fue grabado y compuesto casi en su totalidad por Smith, que se encargo de casi todos los instrumentos y salvo un par de temas compuestos a medias por Tolhurst, también se apuntó la autoría de todas las canciones. El disco fue un desastre en conjunto a pesar del mediano éxito de “The caterpillar” por su cuenta como single. El contrapunto curioso es que los conciertos de esta gira de The Cure quizás sean de los más intensos y rotundos que he escuchado de toda su trayectoria. Prueba de ellos es el disco en directo “Concert. The Cure Live”, en el que por ejemplo “The hanging garden” suena atronadora, sobre todo en la intro de batería tan acelerada a cargo de Andy Anderson.

Robert tuvo que abandonar a los Banshees con los que había estado como miembro oficial desde 1983 y hasta recluirse en una clínica de reposo durante un tiempecito para recuperar el pulso. Ese ligero parón le sirvió a Smith para retornar con las ideas más claras y poder enfocar el inicio del ascenso definitivo de The Cure a la cima del pop de la mano de sus discos, afrontando sus años más gloriosos hasta mitad de los 90.

Después de “The Top”, llegaría el ya revisado “The Head On The Door” que tanto éxito y buenas críticas reportó a la banda. Tras la gira de presentación del disco de hoy, se marcharon Phil Thornalley y Andy Anderson, produciéndose el regreso del bajista Simon Gallup y la entrada del batería Boris Williams, completando la que ha venido a denominarse formación clásica de The Cure.

Me mantengo firme en mi sentencia que este disco de difusa y colorida portada, no es una mala obra. Es una colección de canciones que no siguen un hilo argumental o una idea, como sucedía desde el 2º disco de la banda, suponiendo en parte una vuelta a “Three Imaginary Boys”. Canciones como “Birdmad girl”, “The caterpillar” o “Piggy in the mirror” las considero muy válidas. Los únicos patinazos sonoros desde mi óptica personal los suponen “Wailing wall” y “Give me it”.

Me gustará ver por aquí las opiniones de los seguidores acérrimos de The Cure (que me consta que algunos seguidores habituales del blog lo son) sobre este disco y también de aquellos que no hayan entrado todavía en él. No sé si habrá alguien más junto a mi que lo defienda. Como reza el título de un disco en directo de Radiohead “puede que esté equivocado”, pero a día de hoy, y tras mucho tiempo de haber escuchado este disco, no lo creo así. En la medida que sea, que lo disfruten.
Leer más...

sábado, 30 de abril de 2011

The Cure - Pornography (1982)

Regreso tras casi un año desde su último artículo sobre el disco “The Top” a mi “grupo prisma”, The Cure, para reflexionar sobre su lp más excesivo, desbordado, intenso y sin duda uno de los más valorados de su historia. Recuerdo que cuando estaba iniciándome en la vida y milagros de la banda de Robert Smith allá por 1997, la 1ª vez que me enteré de que The Cure tenía en su historia un disco con este título, me quedé a cuadros y antes de escucharlo empecé a hacerme conjeturas sobre qué clase de contenido sonoro tendría. Imaginaba algo intenso (más aún tras ver la portada) y no me equivocaba.

A comienzos de la década de los ochenta y en lo que serían sus primeros años, The Cure dio lugar a una trilogía musical siniestra y oscura irrepetible. Los fantasmas de Robert Smith comenzarían a aflorar en 1980 en el 2º disco de The Cure, aquel “Seventeen Seconds”, en el que se apreciaban cambios respecto al vitalismo post punk generalizado que había en el debut “Three Imaginary Boys”.

La convulsión no era solo creativa, sino que en apenas 3 años de historia el grupo ya había sufrido 2 bajas concretadas en el primer bajista Michael Dempsey y posteriormente en el teclista Mattieu Hartley. Hoy me propongo la tarea nada fácil de abordar el que para muchos es el mejor disco de The Cure, “Pornography” de 1982, que es el que pondría final a la citada primera trilogía siniestra de The Cure tras “Seventeen Seconds” de 1980 y “Faith” de 1981. Hay que reseñar, que para más gente si cabe su preferido es “Disintegration”, que junto a “Bloodflowers” y al que hoy nos ocupa forma parte de una trilogía reflexiva y siniestra más alargada en el tiempo.

El paso previo a “Pornography” vino de la mano del gris (¡qué apropiada es su portada!) “Faith” de 1981 en el que Robert Smith hacía una tesis sobre la fe, la pérdida de las creencias y de la esperanza, que se rubricarían en una de sus mejores canciones, que en definitiva es la que daba el título al disco y finalizaba la obra (véase que en los primeros trabajos de The Cure el tema homónimo es que daba carpetazo al álbum).

En el mismo 1981 se editaría un single con un carácter más pop, pero que no está alejado del oscurantismo tradicional del grupo. “Charlotte sometimes” además disfrutaría de uno de los videoclips con una localización más acorde con el sonido de la banda, una siniestra y enorme mansión; aunque mucha gente se tome a coña la historia que muestra el clip, hay que decir que es uno de los videos más originales y con el encanto del regusto añejo de la trayectoria de The Cure. No obstante, centrándonos en lo musical estrictamente, en el single se incluía una cara b violenta, siniestra y muy agresiva, que finalmente sería la que daba la pista clara y decidida de lo que harían The Cure en su inmediato siguiente lp. La pieza en cuestión era “Splintered in her head”, y suponía una base rítmica apocalíptica y una interpretación vocal fantasmagórica y distorsionada de Robert Smith. Un tema que causa un gran efectismo si lo escuchas en la soledad de las madrugadas, se lo garantizo.

“Pornography” sería el punto final de esta trilogía, que fue aumentando de intensidad en cada una de sus entregas, y que en este lp terminó por explotar. Estamos ante un disco muy intenso y a priori complicado. Pasemos a analizar detenidamente cada una de las 8 canciones que forman parte de esta personal obra maestra del trío que era The Cure en 1982, compuesto por Robert Smith a la voz y guitarra, Simon Gallup al bajo y Lol Tolhurst a la batería.

Se abre fuego (y nunca mejor venida a cuento esta expresión) con “One hundred years”. Una canción con una fuerza y vigor desmedidos, con unas correosas y sangrantes líneas de guitarras eléctricas, y con un ritmo marcial implacable de la batería de Lol Tolhurst; es curioso que Lol no se volvería a encargar de la batería en ningún disco más de The Cure, y que sin embargo en este lp su papel en los bombos y platillos fuera tan importante y excelente. En este tema de inicio, Robert nos va mostrando una serie de cuadros grotescos de la sociedad, tras soltar unas palabras arrolladoras para comenzar el álbum: “no importa si todos morimos”; con un disco que empieza así te puedes imaginar lo que vas a encontrar. Es un tema que nunca falta en sus conciertos, la cual se sirve normalmente de una iluminación efectista en luces blancas y apagones, y que pone a tope a cualquiera que la escuche. Probablemente si The Cure hubiera editado en aquellos días 2 singles por disco, se hubiera llevado los honores de ser el 2º sencillo tras “The hanging garden”. Muerte, violencia, sangre y demás horrores se dan cita en este contundente tema de inicio, que rompe en una intensidad desmedida en su parte final, que si cabe destaca sobre la duración previa de la misma, la cual hay que decir que no es coja. Luego llega la oscilante “A short term effect”, que destaca por esas idas y venidas del sonido, creando un efecto de desasosiego y en el que se vuelve a destilar un oscurantismo y rotundidad importante en los acordes musicales que presenta y un efecto algo grotesco en ciertas notas. Nuevamente el tema de la muerte está muy presente en su letra, resultando a ratos bastante macabra. El único single de la obra vino de la mano de “The hanging garden”, la cual se presenta con unos redobles de batería geniales a cargo de Lol, que serían mejorados si cabe en el posterior directo “Concert Live” por el batería puntual de The Cure Andy Anderson. Estamos ante otro tema con un gran arrojo, sobre todo en esos estribillos que se valen de efectos sonoros de repetición de ciertos vocablos en la parte de la letra cantada para darle más intensidad. El sonido de la guitarra vuelve a ser hiriente y correoso, al estilo del de “One hundred years”, pero con un punto menor. El videoclip del que dispuso es quizás mi favorito de The Cure, y en todo caso es el clip promocional más siniestro de toda la historia de The Cure. El grupo, ataviado con esas gabardinas grises y con esos maquillajes corridos creando efecto de sangrado, se valen de ciertas máscaras siniestras y disponen la grabación del mismo en un parque o jardín con estatuas neoclásicas, en plena noche. Se incluye alguna escena de gran efectismo, como cuando aparecen durante un segundo los 3 componentes del grupo ahorcados. Un excelente single, poco comercial, pero que sin duda es de los que mejor definen el sonido de los Cure de aquellos primeros años. Toca recuperarse y por ello se presenta ahora un tema casi acústico, pero que para nada pierde por su menor recargo sonoro y menor ritmo el regusto siniestro y decadente de la obra. “Siamese twins” habla del fin del amor y está llena de reproches visto en partes como “nunca hablamos, nunca reímos, grito que no eres nada, no te necesito más, no eres nada”.Llegamos a una de mis favoritas, “The figurehead”. Primeramente, antes que la versión de estudio dispuesta en este álbum, escuché el abrumador inicio del disco en directo “Paris” de comienzos de los 90 (una de mis primeras adquisiciones de The Cure en junio de 1997 en el antiguo Pryca de San Fernando de Henares, como regalo paterno ante unas calificaciones orgullosas en la evaluación final de mi 2º de B.U.P.), en la que se puede apreciar el tenebrismo y oscuridad que desprende esta canción. En esa versión en directo, el lento caer de la melodía a medida que van desapareciendo los instrumentos, con esa repetición lírica final por parte de Robert diciendo “nunca volveré a estar limpio”, es sencillamente genial. Sonido crudo, oscuro a más no poder y aunque no tiene un ritmo frenético como “One hundred years” o “The hanging garden”, el siniestrismo que transmite es como ese frío intenso invernal que parece que no, pero se te mete hasta el interior de cada uno de tus huesos. Parece mentira, pero sin necesidad de alardes, “The figurehead” me parece la canción más intensa de la obra. En su sobriedad depresiva está el gran efectismo que consigue. Se vuelve a conceder gran carga sonora en “A strange day”. Un tema con un fuerte componente emocional y trágico en su melodía, sin duda acompasado por su letra, en la que de forma evidente se nos plantea el tema del suicidio. Estamos ante una canción fuertemente triste, más que potente, que incluye momentos de cierta belleza en los acordes de la guitarra en ciertos cambios de ritmo que incluye. Es una de las verdaderas joyas ocultas del disco. Acto seguido llega la solemne “Cold”, que dispone de las atmósferas más intensas y asfixiantes de la obra, en la que los teclados alcanzan un protagonismo que hasta ahora no habían tenido en “Pornography”. Crea una sensación parecida a la previa “The funeral party” de “Faith”, una de las canciones más difíciles de escuchar de The Cure, por su tremendo halo de tristeza sin límite, pero no llega a puntos de intensidad tan altos, por lo que es menos agreste de escuchar. “Cold” nos prepara para el 8º capítulo del disco, en el que se alcanza la culminación de la intensidad, la fuerza, el siniestrismo y la brutalidad lírica. El tema que le da título a la obra es una canción violenta, sucia, arrolladora y acongojante. Ya desde su inicio con esas cintas pregrabadas de conversaciones que están distorsionadas y con esos teclados tan siniestros que se van escuchando de lejos, intuyes que algo no va bien. Después, cuando entra toda la máquina sonora en un fade in, con un sonido bastante grotesco, ya te encuentras de lleno en esa tormenta particular. No hay salida, Robert Smith está completamente fuera de sí en este tema. Se termina de forma brutal con las siguientes frases: “Otro día como este y te mato. Un deseo de sangre y carne fresca. Te veré hundirte en la ducha mientras pasa toda mi vida por delante. ¡Debo combatir esta enfermedad y encontrar una cura! Debo combatir esta enfermedad…”. Entonces, se entremezcla todo: los sonidos pregrabados del inicio, la máquina sonora inquebrantable y los alaridos finales de Robert para terminar de golpe y porrazo. Entonces, te quedas en silencio y como seas de corazón frágil, corres el riesgo de quedarte como cierto profesor de universidad en un instante de la película “Tesis” de Amenábar tras ver una película en una sala de audiovisuales de la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

El disco se mantuvo más o menos en los mismos niveles de ventas y de repercusión de los predecesores, incluso superándolos al entrar en el top 10 de los álbumes más vendidos, hecho por 1ª vez conseguido por la banda. No obstante, hubo un gran sector de la crítica que en su día no entendieron esta contundencia y el mensaje tan agrio y extremo que lanzaba Robert Smith y su banda en este disco, y varios periodistas musicales pusieron a caer de una burra a “Pornography”. Lo que está claro es que este disco no puede dejar indiferente a nadie: o lo adoras o lo odias. Yo, evidentemente, lo adoro.

No podemos obviar que este disco está claramente vinculado al sentir y a la vida personal de Smith, como realmente pasa en casi toda la obra de The Cure. Robert Smith estaba en una espiral de autodestrucción, muy metido en la idea de que uno de sus ídolos musicales y espejos personales, que no era otro que Ian Curtis, se había suicidado no hacía mucho tiempo. Los excesos con sustancias prohibidas, la vida nocturna disoluta (de hecho el disco se grabó de noche, lo cual suma más efecto al resultado) y en parte la angustia existencial que atravesaba un joven veinteañero en aquellos días, fue el resultado lógico plasmado en esta obra.

Las cosas estaban también al límite dentro del grupo, es decir, The Cure no era del todo una válvula de escape para Smith, puesto que se aguantaban bien poco entre sí Gallup, Tolhurst y él mismo. Este hecho se refleja claramente en el incidente ocurrido en mitad de la gira cuando Smith y Gallup se dieron de leches en un pub, lo cual derivó en que al término de la gira el bajista Simon Gallup estaba fuera de The Cure y solamente quedaban en el redil Smith y un Tolhurst que nunca más volvería a hacerse cargo de la batería y que paulatinamente fue incapacitándose musicalmente dentro de The Cure, algo que he de confesarles que considero un hecho muy triste.

Sin embargo, Robert Smith no levantaría cabeza hasta 3 años después. Tras sendos momentos de descanso tras este disco y tras “The Top”, The Cure lanzaría el glorioso “The Head On The Door”, el cual cambiaría el curso de la vida de la banda para siempre y además supondría la firma de la paz entre Robert y Simon 3 años después. Es decir, que aunque en los meses siguientes a “Pornography” Robert y Lol fueran sacando sencillos tan alegres y desinhibidos como “Let’s go to bed” o “The walk”, las cosas no iban bien todavía en la vida de Smith.

La conjunción perfecta entre sentir interno y el plasmarlo musicalmente se dan en “Pornography”. Es un disco extremo, crudo y muy intenso. Un trabajo difícil de escuchar y que a ratos pone el pelo de punta. Ya desde su portada, con esas borrosas siluetas siniestras de los 3 componentes del grupo, te imaginas que lo que vas a encontrar precisamente no es un disco luminoso y radiante. Está claro que es un disco para escuchar en casa y con buenos alimentos; no les recomiendo su escucha por ejemplo por las mañanas cuando van al trabajo, ya que como se tomen al pie de la letra ciertos pasajes líricos de Robert Smith, pueden acabar en comisaría. Como dijo La Orquesta Mondragón, tómenselo con calma. The Cure es mi grupo favorito. Nos quedan muchos discos todavía por comentar. Volveremos a ellos, por supuesto.

Varias cosas para terminar por hoy, una vez que he finalizado el aspecto de la revisión estricta del disco de turno. Primero de todo informarles que durante el siguiente mes la actividad en las redes sociales y en el blog se podrá ver alterada, debido a motivos personales caseros, que me harán no disponer de conexión hasta el mes de junio. Intentaré garantizar el mantenimiento del día de publicación, es decir, los sábados, pero el “twitteo” diario y la actividad del muro de Facebook y Tuenti se verá drásticamente reducida.

Y segundo, respecto del programa de radio, informar que este miércoles “estrenamos” el 2º debate musical de “Discos, música y reflexiones” sobre “Music For The Masses” de Depeche Mode, el cual hicimos en directo el pasado sábado 2 de abril. Lo pueden escuchar tanto en &radio, como en RUAH el miércoles día 4 de mayo a las 23.00h. El resto de la programación semanal de nuestro espacio en &radio la pueden consultar en nuestro rincón de la web de la emisora. Esta tarde a las 19.00h en RUAH podrán escuchar la repetición del programa dedicado a “Stranded” de Roxy Music, el cual se emitió el pasado miércoles. Intentaré subir este audio y el del anterior programa con la entrevista a Oberón antes de que llegue el martes 3 de mayo y empiece a sufrir la carencia de disponibilidad de conexión.
Leer más...

viernes, 21 de marzo de 2014

The Cure - Wish (1992)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Cuando no hace muchas semanas que me enteré de los rumores que anuncian nuevo disco de mi grupo predilecto de toda la historia para este 2014, considero adecuado retornar a su historia para analizar otro de sus discos; reconozco que me da cierta cosa analizar álbumes de The Cure, por miedo a darme cuenta de que un día me quede sin uno de ellos para poder hablar de ellos en el blog. De momento hemos prestado atención a “Seventeen Seconds”, “The Head On The Door”, “The Top”, “Pornography” y “Bestival Live 2011”, con lo que aún nos quedan muchos ítems por analizar.

Me sorprende mucho que finalmente me haya decantado por “Wish” de 1992. Éste es uno de los considerados mejores trabajos del grupo liderado por Robert Smith, que en aquellos días se acompañaba de Simon Gallup al bajo, su cuñado Porl Thompson en las guitarras, Boris Williams en la batería y Perry Bamonte a los teclados. Tolhurst ya fue finiquitado en los días del anterior “Disintegration” (de hecho en la era de “Wish” había jaleo con él en los tribunales) y también el teclista Roger O’Donnell había dejado el grupo.

The Cure venían de la marea mediática que provocó su considerada mejor obra, el “Disintegration” de 1989. El éxito de este lp desembocó en un disco posterior de remixes, con nuevas tomas de clásicos del grupo, con mayor o menor acierto. En tiempos de “Disintegration” incluso se editó un lp en directo llamado “Entreat”, que durante mucho tiempo fue un ítem de coleccionista, ya que su carácter benéfico hace que no sea un disco de catálogo regular de The Cure, aunque en la actualidad se lo pueden llevar en formato extendido con la “Deluxe Edition” del “Disintegration”.

Con esa leve reestructuración de la formación, con un teclista no afianzado como era el caso de Roger, se podía intuir un disco más rockero-guitarrero, con pérdida de muchas de las atmósferas que los teclados siempre aportaron a los Cure. Y así fue. Porl Thompson se hizo acreedor del sonido tan guitarrero, a ratos algo cansino en ciertas canciones, de “Wish”. El resultado fue un disco con un trío de singles para la historia dorada de The Cure y una gira mundial que mantuvo el estatus internacional de Smith y cia. 12 canciones nos ocupan hoy, vamos paso a paso.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Open”: “Wish” comienza en efecto muy guitarrero, con un buen acompasado entre el bajo de Simon y las afiladas notas de las cuerdas de Porl y Robert. “Open” es un tema donde Robert narra una de esas experiencias nocturnas de obligada visita a una fiesta en la que no tienes mucho que ver y tras la que terminas muy perjudicado, habiéndose alargado tu estancia en la misma más de lo que tenías previsto. En el sector de temas guitarreros de este disco, es quizás mi favorita (sin el “quizás”). Es concisa y prescinde del divismo y virtuosismo cansino que veremos en pasajes de temas posteriores. Un inicio vigoroso de disco que funciona muy bien.

2. “High”: Del rock pasamos al pop. Jesús Llorente, en esa biografía de cabecera de la editorial “La Máscara”, que es cabecera para tantos “cureofilos” como servidor de ustedes, denominó a “High” como un ejemplo de pop pluscuamperfecto. Estoy completamente de acuerdo. Estamos ante la canción que ofrece unos detalles melódicos más exquisitos y de mejor gusto que ninguna otra. Y es que “High” transmite una felicidad sin exageraciones o lirismo melancólico como veremos en otros momentos. Quizás sea el single que menos ha quedado en el recuerdo de los 3 que se extrajeron, debido a su discreción elegante y sin alardes. Su videoclip, muy luminoso, con el grupo en las nubes, está en perfecta concordancia con la canción.

3. “Apart”: En un tono apagado y lúgubre, Smith afronta una balada atormentada de desamor que nos habla de distancias. “¿Cómo pudimos alejarnos tanto? Solíamos estar tan juntos…” se pregunta Robert en el estribillo de esta pieza de sonido nocturno y nebuloso. Es con total seguridad una de mis favoritas del disco. Hay punteos de guitarra que son realmente maravillosos. Recomiendo que se escuche la toma en directo del lp “Paris”, ya que podrán escuchar a Robert Smith entonarla en su registro agudo habitual, provocando un fuerte contraste con la versión del lp. Suena tremendamente genial en esa toma.

4. “From the edge of the deep green sea”: Reconozco que por su título, esta canción me ganó desde la primera vez que la leí en el track list del disco. Es uno de los títulos de canción más ambiciosos de la historia de The Cure, pareciendo querer emular a los U2, con esos títulos kilométricos de “Achtung Baby” o “The Joshua Tree”. Sin embargo, el resultado total de “From the edge of the deep green sea” flojea. Es uno de esos ejemplos de guitarreo sin demasiado tino, esforzado en exceso, que sin sonar horrible no llega a los niveles de composiciones largas brillantes, al estilo de la canción “Disintegration” del disco de mismo título. Se pasa de duración y de carácter rockero. Smith se pone épico casi de principio a fin, pero ni con el paso de las escuchas ni de los años termino de tener a esta pieza en demasiada estima.

5. “Wendy time”: “Wendy time” es un tema digamos del género “tontipop”, que The Cure insertan en este disco. Es, en cierta forma, anticipo de muchos temas que poblarán el infravalorado “Wild Mood Swings” de 1996, y que nos puede recordar vagamente a cosas anteriores como “Let’s go to bed”. Quizás el carácter tan serio que tenían los Cure a estas alturas hizo que se viera a este tema con peores ojos de los que ya por sí miraron al citado single del año 83. Puede ser un tema de relleno, una especie de canción de refresco tras la sesudez de la canción anterior. No me disgusta, pero tampoco me vuelve loco.

6. “Doing the unstuck”: A veces la letra puede no estar en buena concordancia con la melodía. Y eso creo que sucede con “Doing the unstuck”. Creo que, para todo aquel que no sepa inglés y escuche la música de The Cure sin tener repajolera idea de lo que dice Robert, es una de las mejores melodías que incluye el disco. Ahora bien, el vitalismo excesivo que se narra en la letra, resulta ciertamente algo impostado y creo que no cuadra con este cierto tono de pop épico que dibuja la melodía. No en vano, Jesús Llorente, en su citada biografía, le dio palos a más no poder a “Doing the unstuck”. Yo no soy tan radical como él, ni mucho menos, y diré que me gusta como suena, pero si me pongo a reparar en la letra es cierto que la emoción se te baja algo. No obstante, confieso que cuando accedí a “Wish” en su momento, fue durante mucho tiempo uno de mis temas favoritos y a día de hoy estoy lejos de repudiarla; lo único, es que uno va aprendiendo inglés, a tener mejor capacidad de comprensión auditiva de dicha lengua y… En todo caso, según escribo estas líneas, he de decir que su melodía me sigue pareciendo muy buena y me sube la moral cosa mala. Que levante la mano el que, como yo, sea partidario de “Doing the unstuck” (quiero decir que deje comentario al respecto en el post).
7. “Friday I’m in love”: Puede ser que el gran single de “Wish” sea “Friday I’m in love”. Con los Cure haciendo el chorra en el videoclip, disfrazándose y montándose un buen sin dios en el plató, sobre todo al final, el tema se convirtió en uno de los inmortales de la banda para el público en general. Es un ejemplo de pop directo y alegre. La letra, con la narración de una semana y las sensaciones que le transmite a Robert Smith el asunto, tampoco es que esté al nivel de los mejores momentos del compositor como letrista, pero muchas veces The Cure han conseguido dar lugar a grandes piezas sin necesidad de romperse demasiado el coco a la hora de conseguir una buena lírica. Es un tema que no se quema con facilidad, como sí sucede por ejemplo con “Lullaby” (hablo de mis percepciones, por supuesto). Es lógico su éxito y hasta este momento de disco da la impresión de que The Cure han apostado claramente por el pop más que por el rock; tranquilos, que la balanza se decantará por el rock y las guitarras a medida que avancemos hacia el final.

8. “Trust”: En “Wish” The Cure hicieron hueco para la hermana menor de “Homesick”, aquel tema nocturno, taciturno e irresistible a base de notas de piano clásico incluido en “Disintegration”. “Homesick” me encanta y “Trust” también. Recuerdo que allá por el año 1999, con mi teclado Casio, de oído, saqué la melodía principal del comienzo de esta canción. Robert Smith da lugar a una bonita pieza de amor, que a medida que avanza se adorna de una mayor orquestación que la engrandece más si cabe. Uno de los “debes” de este disco y en todo caso una de mis predilectas de siempre.

9. “A letter to Elise”: Yo accedí antes a “Paris” que a “Wish”. Por eso, ciertas canciones, como el caso de “Apart”, luego me sorprendieron mucho cuando escuché el disco. En la versión en directo de “Paris”, “A letter to Elise” suena acojonante. En estudio no suena mal, pero la intensidad del directo es soberbia. Es quizás el tema de sonido más romántico y el más lírico de todo el disco. La letra destila melancolía al igual que la melodía y Robert está muy sentido en el micrófono. La conjunción o concordancia muy medida, como he descrito, de todos sus elementos, con justicia la convierten en una de las mejores y más remarcables del disco. A muchos fans les encanta, entre los cuales me incluyo; no obstante, al bueno de Llorente no le gustó, siendo una de las muchas cosas con las que no estuve de acuerdo con el bueno de Jesús al leer su muy valiosa biografía.

10. “Cut”: Vuelta al rock. Estamos ante el tema más acelerado de “Wish”. A ratos se me vuelve a hacer algo pesada la buena de “Cut”, aunque sus intenciones son nobles y el resultado general no es malo y no es demasiado plomizo. Porl Thompson aquí se queda más a gusto que en ningún otro tema de “Wish”. Smith canta desesperado y muy encendido, en correcta sintonía con el brío de este tema de factura tan contundente.

11. “To wish imposible things”: La que podríamos llamar como canción-título, por eso de que incluye la palabra que da nombre al lp en su enunciado, es quizás la canción más melancólica y zen del disco. Con una instrumentación algo exótica y misteriosa, se dibuja esta composición de factura algo desesperanzada y que también incluyo en mi conjunto de canciones favoritas de “Wish”. Quizás “To wish imposible thing” hubiera sido mejor final del disco que lo que decidió el grupo situar como capítulo de cierre.

12. “End”: Para el sector de fans hipocondríacos de The Cure, aquellos que están siempre con el miedo de que Robert decida finiquitar al grupo, “End”, por su título, pondría el corazón en la boca a más de uno. El tiempo ha demostrado que los tiros no iban por ahí y que su sentido es el de finalizar un disco que comenzó con un tema que se titulaba “Apertura” con otro que pone “Fin”. No obstante, no estamos con “Wish” ante una obra conceptual. “End” sí que resulta plomiza y repetitiva. Aquí no existe el vértigo de “Cut” y The Cure entregan un capítulo final que, con más guitarras, podría estar en el tono de la canción título que cerraba “The Top”.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Este disco, de portada indescriptible en tonos rojizos y azules, supuso la consagración de The Cure como uno de los grandes grupos internacionales. En el disco consta Cure, en lugar de The Cure, costumbre de esos días de la banda, cosa que también se ve en los 2 discos en directo “Paris” y el doble “Show”; ejemplo esto de editar 2 discos en directo de la misma gira del nivel de repercusión de la banda.

No obstante, no todo serían buenas noticias de aquí en adelante, ya que la buena aceptación y el éxito comercial del disco en todo el mundo no evitaron cierta convulsión en el grupo, que con más motivo que nunca provocó los rumores, una vez más, de disolución. El caso es que Porl Thompson, al cual costaba cada vez más pararle a la hora de meter guitarras en los discos (vean el resultado de “Wish”), abandonó el redil por 2ª vez en su vida (recordemos que formó parte de Easy Cure). Sorprendió mucho que Boris Williams, el batería de los años gloriosos de The Cure (los que van desde “The Head On The Door” hasta este disco que analizamos hoy) también se marchara.

Incluso Simon creo que hizo un amago de dejar The Cure, pero finalmente decidió quedarse. En estos días Robert Smith dirigió al grupo en descomposición a sellar canciones para bandas sonoras, como el soberbio tema “Burn” para la banda sonora de “El Cuervo”. Se reclutó a Jason Cooper en la batería, que a la postre es el batería que más ha durado en The Cure (aunque también es el que menos empatía causa entre los seguidores del grupo) y retornó Roger O’Donnell, pasando Perry Bamonte a las guitarras que dejaba vacantes Porl.

“Wild Mood Swings” fue un patinazo para la banda tanto en lo comercial como en el apartado de la crítica especializada, sobre todo por situar a “The 13th” como single. Yo, sin embargo, creo que se lo he confesado alguna vez, fueron los días en los que me sumé a The Cure gracias a “Mint car”, un single que me gustó mucho.

Recapitulando, termino concluyendo que este disco fue ejemplo de álbum maduro de alto nivel de una banda que quizás hubiera pasado recientemente su mejor momento. Es precisamente ese buen disco situado en la historia de una banda a continuación de uno que ha puesto patas arriba al mundo (como pasa con otras obras valoradas como son “Achtung Baby” de U2, sucesor de “The Joshua Tree” o el “Songs Of Faith And Devotion” de Depeche Mode, que vio la luz tras “Violator”). “Wish” a ratos (los menos) se hace algo pesado y excede en guitarras. Se nota mucho que los teclados corren a cargo de un recién llegado como era Perry Bamonte. Las atmósferas de discos anteriores brillan por su ausencia y eso es una pena.

Con todo, “Wish” suena a disco grande y con empaque. Y no hay que caer con facilidad en la falsa impresión de sonido monolítico, ya que hay de todo: pop alegre, pop melancólico, rock gótico, rock a secas, etc.. Me daría con un canto en los dientes si el grupo, cuando nos sorprenda según las últimas noticias con su futuro nuevo disco, nos entregue algo al nivel de este “Wish”; sin lugar a dudas sería una buenísima noticia para los que somos fans incondicionales del grupo.

Terminamos hablando de nuestro programa de radio. Este sábado a las 16.00h y al siguiente miércoles a las 23.00h podrán escuchar la redifusión del programa sobre “Low-Life” de New Order que llevamos a cabo en directo el sábado anterior en RUAH. A la siguiente semana no tenemos programa en directo, pero sí habrá un programa de estreno. El acertijo es sencillo: habrá lugar para el 2º programa-entrevista de la temporada. Durante esta semana les informaremos de ello. ¡Estén atentos!
Leer más...

viernes, 20 de enero de 2023

The Cure - Three Imaginary Boys (1979)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Vuelvo a hablar de mi grupo favorito en el blog, en formato de revisión de disco desde ya hace un tiempo. Todavía me quedan ítems por comentar de sobra, así que es turno del siguiente. Para hoy nos vamos a su debut discográfico. “Three Imaginary Boys” dentro de la historia de The Cure está visto como una más que correcta carta de presentación, pero que no tendrá mucho que ver con lo que el grupo irá plasmando a lo largo de su dilatada trayectoria, ya incluso en los siguientes pasos que daría la formación.

Evolucionando incluso en nombre del grupo, ya que poco antes se conocían como Easy Cure, y tras firmar con el cazatalentos Chris Parry para su incipiente discográfica Fiction Records, The Cure se disponían a dar el trascendental paso de grabar y publicar su primer lp.

Junto a un jovencísimo Robert Smith, a punto de cumplir la veintena, y que se encargaba de la voz y guitarras principalmente, se encontraba Lol Tolhurst a la batería y Michael Dempsey al bajo. Una formación de trío muy sencilla, pero que logró dar forma a un álbum muy fresco (como en su día lo definió mi buen amigo José Luis Ramos), dinámico y directo. Vamos a ir viendo paso a paso sus 12 canciones, un número generoso para este debut.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “10.15 Saturday night”: Con unas leves notas de cuerda, casi de ritmo charlestoniano, comienza la historia en disco oficial de The Cure. Un momento trascendental. La batería entra pasados unos segundos con fuerza, para dar forma a esta canción que tiene un leve toque misterioso en sus partes menos cargadas instrumentalmente. Se le puede considerar casi un single, ya que dispone de un esquelético videoclip con el grupo tocando en estudio, donde podemos ver a un Robert tan jovencito y delgado, que casi es irreconocible. Salía de la adolescencia. La reiteración de la palabra “goteo” en “10.15 Saturday night” es lo que conforma su hipnótico estribillo. Buen arranque, un pequeño clásico de la historia del grupo y que en directo gana en potencia y garra. Todo ello para reflejar la historia de una anodina noche de sábado sin plan a la vista. Un tiro efectivo.

2. “Accuracy”: Entramos en un momento pop como es “Accuracy”. Es una de las piezas más comedidas del disco, teniendo un ritmo que no es ni lento ni acelerado. Ofrece puentes interesantes al sencillísimo estribillo (que básicamente es repetir su título) y algunos efectos de producción en la voz de Robert que resultan hasta graciosos (quizás la prehistoria del actual Autotune). Es un tema inofensivo, pero a la par de los menos memorables de “Three Imaginary Boys”.

3. “Grinding halt”: Que en ciertos momentos no muy lejanos de la historia de The Cure “Grinding halt” se haya recuperado para ciertas giras, demuestra que es una de las canciones más apañadas en el sector del pop brioso del lp. Cierto es que no estamos ante una canción muy complicada, pero en su economía de medios, ya partiendo de la letra con esa repetición del “No -lo que sea-“, es donde reside su punto fuerte. El ritmo es tremendamente animado y me atrevería a decir que quizás sea el capítulo más memorable en su aportación instrumental a la historia de la banda por el por entonces bajista de la formación Michael Dempsey.

4. “Another day”: Que por lo general “Three Imaginary Boys” no se trate de un disco al uso de The Cure en lo que a sentimientos principales se refiere, no exime de que tenga sus ciertos momentos de leve melancolía e introspección. Recuerdo que en su biografía de La Máscara (libro de cabecera personal), Jesús Lorente establecía una conexión entre el protagonista de esta canción y el de la posterior “A strange day” de “Pornography”. En esta canción se habla nuevamente de cierta rutina y falta de estímulos, como pasaba en la apertura de “10.15 Saturday night”, pero en esta ocasión con una melodía más triste y apagada. Es una canción que merece bastante la pena y que de alguna forma puede dar pistas de lo que realmente será The Cure, al menos en sus siguientes 3 discos.

5. “Object”: Hay varios ejemplos de afterpunk en el disco y el primero que nos encontramos en “Object”. Canción de desprecio en su letra y de cierto arrojo y rabia en sus formas. Contundencia juvenil en sus formas y cierta potencia.

6. “Subway song”: Quizás uno de los pasajes más arty o curiosos del disco lo aporte “Subway song”, con esa historia nocturna casi susurrada al micrófono por Robert Smith, en la que una chica va por los pasillos del metro a medianoche y escucha pasos a sus espaldas, pero no se atreve a mirar atrás… No les haré spoiler, por si no la han escuchado. Misteriosa instrumentalmente, bien construida, con buenos detalles y arreglos.
7. “Foxy lady”: The Cure cuando han hecho versiones, por lo menos han sido originales. Y no han solido salir mal parados. Para este debut se incluye una de Hendrix, “Foxy lady”, que se aleja mucho de la original, ya que duplica el ritmo y la velocidad. Como curiosidad relevante añadida, Lol Tolhurst (lapsus, advertido por "oli" en comentario: quien canta es Michael Dempsey) es quien canta, siendo la única canción de la historia de The Cure que no solamente cante él, sino que no cante Robert Smith. Soy de los que está a favor de esta versión tan atrevida, no queda para nada mal en el conjunto del disco.

8. “Meat hook”: Con “Meat hook” estamos ante una composición que nuevamente apunta en el efectismo de repetición de palabras. Capítulo pop de cierto tono burlón y con una producción que hace que la voz de Robert tenga un eco lejano que le reporta un toque diferente. Es una canción que apuntala el carácter general sencillo y animoso del disco, por mucho que tenga sus ciertas aristas o enmiendas a ese sentir predominante.

9. “So what”: Durante mucho tiempo “So what” fue mi canción favorita del álbum. Es una canción que perfectamente podría servir como ejemplo para definir lo que es el afterpunk. Acelerada, ciertamente cabreada y arrojada, tiene un cierto toque de desenfreno incluso en el normalmente comedido tono de Smith al cantar. Y es que realmente es una canción que viene al pelo para la adolescencia, que es cuando accedí al disco, con lo que no me fue difícil verme seducido por su tono y enfoque.

10. “Fire in Cairo”: En su momento no me llamaba mucho la atención, pero a la presente fecha veo como mejores ojos (o escucho con mejores oídos) a “Fire in Cairo”. La melodía y la guitarra dentro de la misma, sobre todo, funciona muy bien. Es verdad que el deletreo casi hipnótico de su título a modo de estribillo puede sonar algo rutinario, pero puede que estemos ante una canción que lejanamente abra los caminos sonoros siguientes del grupo.

11. “It’s not you”: Otro momento claramente afterpunk del disco es “It’s not you”. Personalmente me ha gustado siempre mucho menos que “So what”, una de sus claras hermanas de texturas de la obra, pero he de reconocer que de alguna manera esta canción anticipa momentos futuros de rabia del grupo como pueden ser “Give me it” o “Shiver and shake”, aunque evidentemente con otros recursos instrumentales.

12. “Three imaginary boys”: Hasta 1985 fue tradición del grupo cerrar los discos con la canción título, a modo de síntesis. Y normalmente siempre fue una maniobra efectiva y con mucho sentido. En este debut, “Three imaginary boys” sirve de nexo a lo que vendrá después del grupo, puesto que más allá de cierta angustia que está plasmada en la letra (se puede ver ya directamente en ese “¿puedes ayudarme?”), instrumentalmente anticipa el tono más sombrío que adquirirá The Cure. Una maravilla de composición y que también ha sido rescatada de cuando en cuando por el grupo para sus giras. Como track oculto (en esto el grupo se adelantó a la moda de los 90), está la instrumental “The weedy burton”, que cambia de tercio y nos regala un epílogo más desenfadado, que puede ir más acorde con el enfoque general del disco que con el de la canción con la que está anexa y que da el título a la obra.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Three Imaginary Boys” funcionó bastante bien. No es que The Cure pasaran a ser unos The Beatles, pero sí que permitió a la banda ver que tenía su potencial y a Chris Parry terminar de convencerse de que había vuelto a tener ojo como lo había tenido unos años antes con The Jam. El disco fue editado remozado para Estados Unidos, cambiando el nombre (a “Boys don’t cry”, single del grupo y primer gran clásico de la banda), su icónica portada con los 3 electrodomésticos sobre fondo rosa e incluso el listado de temas, quitando varios para incluir a “Boys don’t cry”, “Plastic passion”, el potente y polémico sencillo “Killing an arab” y el también muy efectivo single “Jumping someone else’s train”.

Poco después, Michael Dempsey dejó el grupo y entraron en la formación Simon Gallup (este es uno de los momentos clave de la historia de The Cure) y junto a Simon el teclista Mattieu Hartley, que formaba parte de la misma banda anterior en la que estaba Gallup. Incluso en esos días de 1980, se formó un proyecto paralelo y muy efímero llamado The Cult Heroes, que incluso editaron un single muy amable y simpático (en la onda sonora de “Three Imaginary Boys”) “I’m a cult hero” con su también notable cara b “I dig you”. Junto a Smith y Gallup estaba en este proyecto un cartero llamado Frank Bell. En la edición deluxe de “Three Imaginary Boys” se incluyeron las tomas de estudio y también algunas en directo (sobre todo en la de “I dig you” son notables los coros tan garrulos que hay por ahí).

Y el siguiente paso de la banda fue “Seventeen Seconds”, primer disco que fue comentado en este blog hace ya casi 15 años, del cual les dejo enlace para que puedan leer más a fondo sobre el notable giro estilístico que afrontó The Cure en su 2º trabajo de larga duración de estudio.

Este debut es un disco muy valorado en general, si bien de forma casi independiente a lo que en sí supone The Cure con toda su obra. Incluso componentes de Depeche Mode reconocieron que era un disco de cabecera de alguno en los días en los que los de Basildon comenzaban a andar como banda. Se escucha rápido, ya que las canciones son en general cortitas y en la mayoría de los casos tienen un ritmo ágil que ayuda a ello. Una entrega de notable, buena carta de presentación, pero que de alguna manera queda como un elemento algo exótico dentro de la carrera de The Cure, si bien siempre visto con cara amable por la mayoría de los que somos seguidores de la formación.
Leer más...

viernes, 17 de abril de 2026

The Cure - Japanese Whispers (1983)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
El disco que hoy analizamos es considerado por muchos como un recopilatorio de singles y sus caras “b” de 1983 de The Cure. Realmente yo siempre lo he considerado como un disco con entidad de lp de estudio. No nos encontramos ante singles editados en sucesivos años, sino en un trabajo que se concentra en unos meses, que suele ser el recorrido habitual de promoción de un disco al uso con sus lanzamientos como single. Además, el resultado de la suma de las 8 canciones tiene hasta su cierta coherencia, a pesar de que se exploran caminos musicales y sonidos bastante distintos.

Sea como sea, “Japanese Whispers” de 1983 es un trabajo al que le tengo mucho cariño y no es un disco baladí, ya que es una entrega editada en los días quizás más convulsos de The Cure. Tras el excesivo, en todos los sentidos, “Pornography” y su correspondiente gira, el trío que era The Cure se quedó en un dúo formado por Robert Smith y Lol Tolhurst tras la salida de Simon Gallup, la cual se produjo tras un enganchón entre Simon y Robert.

Robert se encontraba en una vorágine personal de vida nocturna, excesos y con la mente algo desconcentrada musicalmente, con otras aventuras paralelas como el proyecto de The Glove junto a Steve Severin, bajista de Siouxsie And The Banshees y como miembro oficial durante unos meses de la misma banda.

Por el lado de Lol, se produjo el de alguna manera degradado de posición pasando de ser el batería del grupo al teclista; Lol tampoco se encontraba en un momento demasiado centrado, con excesos de consumos iguales o mayores a los del propio Robert.

El grupo fue editando singles desde el otoño de 1982, y durante 1983, que se agruparon en este interesante “Japanese Whispers”. El giro al techno pop fue claro en varios momentos, pero también hay espacio para otros episodios no tan alejados del magistral, maldito e intenso “Pornography” editado poco tiempo atrás. Vamos con su contenido.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Let’s go to bed”: Sin contar lo de “Lament” para la revista “Flexipop”, esto fue lo primero que se escuchó de The Cure tras finalizar la escucha íntegra de “Pornography”. Hagan la prueba de escuchar “Pornography” de cabo a rabo y luego se ponen acto seguido esta canción; seguro que se preguntarán si estamos ante el mismo grupo. “Let’s go to bed” es una canción simpática, ingenua, techno pop e incluso “tonti-pop”, pero encantadora e irresistible. Un techno pop muy básico, con un videoclip grabado por Tim Pope (el primero del director con el grupo), con Robert y Lol haciendo los tontos a más no poder en un estudio que asemeja a una habitación con literas y otros elementos. Es una canción divertida, que comienza a explorar el territorio pop por parte de The Cure desde los primeros pasos de la banda, ya que a partir de 1980 y “Seventeen Seconds”, el grupo comenzó un paseo por la oscuridad que no dejó ver melodías coloridas como esta. No obstante, entiendo que a más de un seguidor este single le supusiera una patada en el estómago.

2. “The dream”: Con “The dream” pasamos a una canción igualmente de factura techno pop, pero con unas notas de teclado más psicodélicas y un Robert cantando en un tono más alto y agudo. Creo que el título del disco no va sin sentido, ya que en algunos momentos se aprecia cierto toque oriental (no sé si exactamente japonés) en los arreglos electrónicos. Buena canción, que funciona bien y con lógica tanto dentro del conjunto de la obra como en su orden de canciones.

3. “Just one kiss”: Sigo apreciando algún toque oriental en esta “Just one kiss”. No obstante, aquí el toque techno pop no es tan evidente, y quizás estemos ante una canción no tan alejada de capítulos precedentes, ya que es uno de los pasajes más oscuros del conjunto. Robert incluso canta en ciertos momentos con dolor y si se paran a pensar es una canción que no está tan lejos de “Charlotte sometimes”, aunque más acelerada y nerviosa en sus bases; un ejemplo de pop, pero de claros tintes oscuros, cosa que no se veía en las 2 primeras pistas.

4. “The upstairs room”: Más toques orientales veo yo en “The upstairs room”. Es una de las joyas ocultas del disco, a ratos mi preferida. Creo que la melodía tiene un ritmo fenomenal y acierta de pleno en varios aspectos tales como el estribillo. Techno pop bien aseado y quizás la canción más centrada de la obra en general.
5. “The walk”: Es cierto que “The walk” siempre ha tenido la lacra de los paralelismos melódicos con el “Blue monday” de New Order. No obstante, yo recomiendo que intenten dejar eso de lado y centrarse en esta canción. Tiene unos teclados bastante petarderos que se hacen acreedores de una de las melodías principales de la canción, pero que para nada funcionan mal, más bien al contrario. La historia es sencilla, narrando la experiencia de un paseo nocturno en compañía, con imágenes curiosas contadas por Robert. Más toques japoneses como ese momento de la letra que dice “te vi que te parecías a una niña japonesa”. Realmente es un mérito que “The walk” funcione tan bien sin un estribillo claro. Subió el éxito de “Let’s go to bed” y siguió apuntalando la vía de The Cure como creadores de efectivos singles pop. El videoclip dirigido nuevamente por Tim Pope, es un tremendo disparate. Lol Tolhurst, vestido a ratos de mujer y en otros haciendo trucos de magia, a ratos se parece brutalmente al Pedro Almodovar de aquellos días; de hecho, el teclista se podría haber permutado perfectamente por nuestro cineasta en cualquier actuación de Almodovar-McNamara de esa era. En el videoclip salen yendo y viniendo a la pantalla ábacos, muñecos de bebé y otros disparates, con una bañerita hinchable de bebés de por medio. Disparatado y cerebral como diría Suggs de Madness sobre su disco “Madness presents: The Rise And Fall” de meses atrás.

6. “Speak my language”: Quizás mi menos favorita del disco, que no quiere decir que no me guste, sea “Speak my language”. Es una canción un poco saltarina y de ritmo no evidente, que con un claro enfoque pop, supone, o al menos eso creo, una especie de ensayo de cara al logro que fue “The lovecats”. Tampoco está mal.

7. “Lament”: The Cure publicó un single para la revista “Flexipop” llamado “Lament”. Una canción de pesadilla, con Robert aullando más que cantando y con un enfoque realmente intenso y asfixiante. Para “Japanese Whispers” lo que hizo The Cure fue coger esa canción y hacerla para todos los públicos, si bien la letra tampoco narra una historia precisamente alegre. La toma de “Lament” para “Japanese Whispers” sigue siendo oscura y de hecho es el paisaje más intenso y sombrío de todos (deja a “Just one kiss” en un chiste), pero sin duda es más accesible que la toma original. Si me preguntan, yo me quedo con la versión de “Flexipop”. Podría decirse que la toma 1 es con el filtro “Pornography” y la toma 2 es con el filtro “Japanese Whispers”.

8. “The lovecats”: El disco acaba a lo grande con “The lovecats”. Un ejercicio pop absoluto, con un sonido charlestoniano que narra una historia de fantasía y color basada en “Los Aristogatos”, y donde el estribillo se basa principalmente en un tarareo realmente contagioso a cargo de Robert. El videoclip, con el grupo tocando en un salón de una casa, ya con Andy Anderson y Phil Thornalley como miembros oficiales en el mismo, es más sencillo y menos chorra (a pesar de algunas poses y movimientos puntuales) que los 2 anteriores, pero también creo que es un buen trabajo del visionario Tim Pope. Otra de mis favoritas del disco y recuerdo que la escuché por primera vez en un recopilatorio de los años 80 que se editó por 1997 cuando me puse a catar ese artículo en los reproductores de discos que existían por entonces en el Alcampo del Parque Corredor de Torrejón de Ardoz (¡qué tiempos!...).

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
El periodo que transcurre entre el final de la promoción de “Pornography” (comienzos del verano de 1982) y el final de la promoción de “The Top” (finales de 1984), creo que es uno de los periodos más interesantes y menos valorados de la historia de The Cure. Resulta interesante por el difícil proceso personal que atravesó el líder del proyecto, Robert Smith. Robert vivía en el exceso, de consumos, de actividad musical y de casi todo. El grupo dio bandazos y se movía de forma bipolar en sus entregas, cosa que se puede ver en el disco hoy analizado y en el siguiente “The Top”. Realmente y a partir de entonces, serán muchos los discos de The Cure donde haya espacio para canciones diametralmente opuestas, pero el eclecticismo que se aprecia en “The Head On The Door” o en “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me” está mejor ecualizado que en las entregas de 1983 y 1984.

A pesar de todo, para mí es un periodo entrañable y realmente interesante. Es una época llena de frescura, pero es cierto que en las canciones se aprecia también el desenfreno que llevaba Robert encima aquellos días.

“Japanese Whispers” o mejor dicho, los singles que forman parte del mismo, no funcionaron nada mal. “Let’s go to bed” quizás no funcionó tan bien, pero “The walk” y “The lovecats” remontaron el vuelo. Como ya hemos comentado, ya en los meses de estos singles se fueron sumando Andy Anderson a la batería y Phil Thornalley al bajo. El siguiente disco sería “The Top”, trabajo que aquí defendemos, pero que fue un patinazo gordo en su momento para el grupo.

“Japanese Whispers” es el resultado de un trabajo de meses de la banda que muestra de qué manera se movía una formación en una época muy convulsa de su historia. Su portada tan encantadora con esos angelitos pensativos, no sé hasta qué punto puede representar lo que suponen las 8 canciones que lo forman, pero tampoco deja de ser algo icónico dentro de la obra de The Cure. Le tengo mucho cariño a este trabajo y siempre es un placer escucharlo y disfrutar de su techno pop general y los apuntes de oscuridad que también reporta.
Leer más...

lunes, 21 de noviembre de 2016

Concierto The Cure. Madrid (20-11-2016)

Tras la cita con Kraftwerk del pasado mes de octubre en Bilbao, el otro gran acontecimiento musical de este 2016 a nivel personal era la 3ª vez que vería en directo a The Cure. 8 años y medio han tenido que pasar para que pudiera publicar una “crónica de evento” de mi grupo favorito en este blog. Y es que se dio el caso de que “DMR” nació 3 meses después de la última vez que The Cure pisaron Madrid. Hasta entonces, hemos hecho 2 programas de radio dedicados a la formación (más el que viene este sábado a las 16.00h en la sintonía de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), ¡no falten!) y 6 revisiones de discos de su obra. No obstante, a modo de desquite y para ir abriendo boca (les advierto que este artículo va a ser laaargo…), no me resisto a narrarles (tirando de memoria) algo de las 2 veces previas que había visto a The Cure antes de la del pasado domingo.
Descubrí a The Cure en el verano de 1996, al calor del lanzamiento de su “Wild Mood Swings”, disco que no gustó a casi ningún fan en aquel momento; sin embargo, “Mint car” provocó en mí el hechizo que a día de hoy permanece en mi ser y que hace que adore a The Cure. Desde entonces, comencé poco a poco a hacerme con la obra del grupo a modo de grabaciones que me iba pasando el hermano mayor de mi amigo Chemi Villena, Antonio. Primero fue el “Mixed Up” (incompleto, y otro ítem controvertido de la trayectoria del grupo), luego me regalaron el “París” y el “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”. Después vinieron más cintas de cassette grabadas, incluyendo una de 90 minutos con “Seventeen Seconds”, “The Top” y “Faith” (embutidos los 3, salvo sus singles; curiosidades para aprovechar espacios de grabación, supongo) y así llegamos hasta el año 2000 cuando el grupo editó “Bloodflowers” y anunciaba 2 fechas en La Riviera.
A mis 18 años y pocos meses, asistía a mi 1er. concierto de verdad (al margen de los de fiestas patronales o populares de Torrejón de Ardoz), en sala y con pago de entrada. Allí acudimos varios fans amigos del instituto (Aida, Álvaro…) y yo en compañía de Antonio Villena. La sala estaba sofreaforada hasta límites insospechados. No cabía un alfiler. Nos situamos en 2ª fila enfrente de los teclados de Roger O’Donnell (que en aquella gira estaba en la parte izquierda del escenario según miras), detrás de un tío que era un perfecto calco de Marilyn Manson. En aquella noche inolvidable (en la que no pude ni quitarme el abrigo), Robert y cia. (por entonces con Simon Gallup al bajo, Perry Bamonte en la guitarra, Jason Cooper en la batería y el citado Roger en las teclas) desgranaron a fondo el agradable “Bloodflowers” (creo que prácticamente lo tocaron entero) y sellaron un set list oscuro, intenso y tremebundo que desarrollaron durante las 2 horas y 40 minutos de actuación. Brillaron momentos como la canción-título del disco “Faith” en los bises, “A forest” (¿cómo no iba a ser así? También en los bises) y hubo sorpresas agradables como “Want” o ítems extraños como “If only tonight we could sleep”. Nada de pop; lo más “alegre” que sonó aquella noche fue “Maybe someday”, que ya me dirán ustedes. La 2ª fecha en La Riviera incluyó más concesiones al pop que ésta reseñada del 27 de marzo de 2000. Clásicos como “Lullaby” y lógicamente como “Just like heaven” o “In between days” se quedaron en el olvido y me fui sin haberme podido desquitar. Aquel día me llevé mi cámara de carrete y saqué algunas fotos. He hecho una foto a una de las mejores que quedaron y que tengo en un álbum para el recuerdo. Les he dejado las 2 intentonas arriba y debajo de este párrafo; sí, tendría que haberla escaneado, lo sé.
Tras ese show, hubo alguna asistencia del grupo al FIB (al que no me desplazo ni borracho), la edición del disco homónimo del nombre de la banda (irregular a ratos) y llegamos al 6 de marzo de 2008, casi 8 años exactos después para acudir al Palacio de los Deportes. Allí acudí con mi buen amigo Sergio Calero y nos situamos en 3ª fila casi enfrente del propio Robert para antes ver a 65 Days Of Static y luego disfrutar de 3 horas de show inolvidables. Aquel día también estuvo Óscar Cañas, allá por mitad de pista, y Mariano González, que apenas pudo pasar del hall de entrada de la calle Goya y habiendo entrado al recinto con más de 5 canciones interpretadas (motivos laborales y de colas kilométricas para acceder a esas horas al Palacio de los Deportes). En esta ocasión The Cure sí que ofrecieron un show variado, donde no faltaron los grandes clásicos pop que fueron hits en su momento (las citadas ausencias de 2000, “Lullaby”, “Just like heaven”, “In between days”, esta vez no faltaron), aparte de capítulos siniestros sorpresivos y agradables como “A strange day” (tocada casi al arrancar) o la canción “Disintegration”, que no sonó mal a pesar de que en aquel show no había teclista; en esa fecha la formación había visto como se perdían a Perry y Roger, pero como volvía el clásico Porl Thompson, que dio un fuerte empaque al sonido con sus guitarras. En ese show de 3 horas superadas y que cerró con un bis de infarto (con cosas como “10.15 Saturday night”, “Grinding halt”, “Jumping someone else’s train”, “Killing an arab” y “Boys don’t cry”), solamente eché mucho en falta a “The walk”: primero porque me gusta y segundo porque mi partenaire Sergio Calero un día en el instituto, haciendo un cómic entre varias personas, por ciencia infusa calcó en una viñeta parte de la imaginería del videoclip alocado de la canción dirigido por Tim Pope. Aquí debajo una foto del concierto de 2008, desde la 3ª fila, en la que vemos a Robert y Jason junto al gran Porl Thompson.
Bueno, pues otros 8 años (y medio) más y llegamos hasta ayer. Nuevamente era el promotor Gay Mercader al que había que agradecer que nos trajera a The Cure a estas tierras. Las entradas salieron a la venta con 11 meses de antelación. Acordamos, para facilitar que Mariano González no se perdiera la cita, buscar un asiento reservado para esta ocasión (habiendo visto al grupo ya en 2 ocasiones en 2ª -2000- y 3-4ª fila -2008- en mi vida ya me parece suficiente), aparte de que el precio de pista (casi 80 euros) era algo descabellado. Localizamos unas entradas por 61,50 eur. que intuía que desde sus localidades no se vería mal del todo (nos daba algo de miedo el sonido a esas alturas del recinto). Y nos juntamos para la cita los 4 que vimos disgregados (salvo Sergio y yo) el concierto de 2008. Con Sergio, con el que no acudía a un concierto desde aquel de The Killers en 2009, quedé a las 17.15h en Av. América (llegando yo empapado tras un paseo desde el barrio de San Pascual hasta el intercambiador; ciertamente un día muy apropiado para un concierto de The Cure, a pesar de las incomodidades, ya que de sus tonos resultaba reminiscente de la portada de “Faith” de 1981, disco del que -ya les hago spoiler-, no sonaría luego nada). Luego fueron llegando Mariano y Óscar a eso de las 18-18.30h a una cervecería que hay justo enfrente del acceso de la calle Goya al recinto. Antes de entrar a tomarnos unas cañas, Sergio y yo pudimos ver desde las puertas de la calle Goya la prueba de sonido y proyecciones de The Cure. Se veía a Robert perfectamente al fondo en mitad del escenario mientras había una espiral sobre el telón de fondo proyectada.
Queríamos ver al telonero (sana costumbre que tenemos), si bien hasta el mismo día no reparé en ello. A eso de las 19.15h fuimos accediendo y tras sufrir por 1ª vez las colas eternas del guardarropas y localizar el ascensor, llegamos a nuestros asientos. The Twilight Sad no tardaron mucho en arrancar su actuación tras acomodarnos. Su sonido era muy bueno (cosa que nos tranquilizó) y melódicamente estaban bien. Su cantante ofrecía unos dejes curiosos marcando mucho las “r” en su pronunciación. Para primera percepción estuvieron bien. Supongo que ahondaré en su obra, ya que hubo varias piezas que sonaron agradables. Su estilo es de un pop-rock que se mueve entre cierta épica y melancolía que nos les queda mal. Sergio Calero me comentó que no le parecieron mal, pero que a él le gustaron más 8 años atrás los 65 Days Of Static. Yo me quedo por otro lado con The Twilight Sad. Arriba y debajo del párrafo, sendas fotos (muy oscuras) de The Twilight Sad.
Se encienden las luces, tras la algo más de media hora tácita de show de The Twilight Sad y rápidamente los roadies comienzan a cambiar y preparar el set para The Cure. Se veía a la gente con los vasos de bebida personalizados (buen detalle ciertamente) y Óscar y Sergio se pillaron un par de birras, con la sorpresa de que me invitaron a otra a mí. Lo valioso en este caso era el continente más que el contenido, o al menos así lo veo yo.
Comentemos algo de nuestra ubicación. Lo malo de la zona donde estuvimos no es la ya lógica distancia con la que se ve al grupo, bastante lejos y diminuto (si bien no tanto como se cree), sino que la gente no para de moverse de arriba para abajo, obligándote a levantarte una y 1000 veces; especialmente en nuestra fila había un merluzo con gafas y camisa clara que, en palabras de Mariano González no se sabía si tenía cistitis o si era un borracho que iba cada 2 por 3 a por priva. En fin, era lo que tocaba, al margen de que los de la fila de delante decidieran ponerse de pie y te dieran por saco visualmente al respecto. Flanqueando el presente párrafo 2 autofotos (hablemos en castellano) en las que nos verán a los 4 asistentes. A Mariano González (notablemente emocionado en la foto superior) y a Óscar Cañas (en el medio en la foto inferior) les conocerán ya los seguidores de “DMR”. Sergio Calero es el de la izquierda en la foto de abajo.
Puntualmente a las 21.00h se apagan las luces y comienzan a sonar ecos que me evocan a “Tape”. En las cañas previas a entrar, Mariano nos preguntó por nuestras intuiciones para el arranque y yo puse un “doble” en mi quiniela apostando por “Open” o “Plainsong”: ya no había lugar a dudas, tras “Tape” llegaría “Open” que funcionó como siempre muy bien a título de apertura (“Plainsong” abrió en 2008, por cierto). Sobre el escenario podíamos ver a Robert Smith capitaneando a los Cure actuales con Simon no parándose de mover por el escenario al bajo, Roger de vuelta en los teclados, Jason en la batería (ya más de 2 décadas en el grupo) y el último Cure Reeves Gabrels en la guitarra.
El arranque de concierto fue de quitar el hipo, ya que se encadenaron una serie de éxitos con otras sorpresas agradables que conformaron un inicio de set list de apoteosis. Tras “Open” llegó “High”, que aúna lo de éxito y sorpresa. Me gustó mucho escuchar en directo este pop tan bonito de su disco “Wish”, álbum que de momento se hacía acreedor de la noche. No obstante, no tardó mucho “The Head On The Door” en reclamar su puesto con un escrutinio soberbio de varios de sus temas. El primer vuelco de corazón de la velada lo supondría de hecho “A night like this”, que vino tras “High”. Una de las canciones más valoradas del disco de 1985 y que terminó de meterse en el bolsillo a todos los verdaderos fans del grupo que estábamos dentro del recinto. A continuación el vídeo (muy borroso) que grabé de este temazo.

Pero con “The Head On The Door” no acabaría ahí la cosa y en los primeros 45 minutos de concierto también salieron a la palestra “The blood” (siempre apropiada de sonar en nuestra ciudad y que no en vano ya sonó en 2008), “Kyoto song” (una de las grandes sorpresas del show) y la guitarrera “Push”, donde las cuerdas de las guitarras eléctricas del tándem Smith-Gabrels sonaron potentísimas. “In between days” fue otro caso de alegría personal que estuvo presente en esta primera parte de concierto, si bien la viví con más intensidad en 2008 cuando la escuché en directo por 1ª vez. No está mal el zoom de la cámara de mi madre, la cual cogí prestada para la ocasión, ¿no?
Sin embargo, y “Kyoto song” al margen, para mí el gran momento del primer sector del concierto vino de la mano de la simpática “The caterpillar”, único single de “The Top” de 1984. Ese “gusanito” apareció cuando menos me lo esperaba y elevó a todo el Palacio de los Deportes a cotas de felicidad y hedonismo pop exageradas. No me la esperaba (yo no soy de mirar los set list de noches previas para evitar spoilers y consecuencia de ello vivir los shows de forma descafeinada sabiendo lo que viene de antemano; ya soy abonado actualmente a la ópera del Teatro Real, que cada sensación tiene su lugar) y me supuso un alegrón. La grabé en vídeo, pero la imagen se mueve muchísimo: desde tanta distancia y con zoom es difícil atinar. No obstante, la calidad de audio y vídeo es mejor que otras veces, ya que la cámara de mi madre responde con más solvencia.
Tras “The caterpillar”, hubo un combo de 2 formado por “Just like heaven” y “Lovesong” que puso la piel de gallina a todo el público. Emoción desbordada al máximo, que nuevamente vivió otro momento muy bonito en la estupenda “Pictures of you” que también estuvo en este alud en forma de comienzo de concierto que Robert Smith y los Cure diseñaron para esta noche. Abajo el gran tándem Gallup-Smith.
Había que parar algo el ritmo, que no dábamos abasto y alguno estaría ya al borde de un ataque. En ese sentido, otra de las sorpresas de la noche hizo su papel. Me estoy refiriendo a “The last day of summer”, quizás la pieza más calmada a la par que melancólica que incluye “Bloodflowers” de 2000, que fue además la única representante de su álbum esa noche. Y es que “Bloodflowers” no suele ser muy recordado por The Cure en sus shows, ya que en 2008 creo recordar que no se recuperó ninguna canción. En esta ocasión los discos sin representación fueron “Faith” de 1981, “Wild Mood Swings” de 1996 (muy tristemente para mí) y “The Cure” de 2004. Del resto, aunque fuera una sola canción, caería.
“The last day of summer” fue una clara frontera psicológica del show. Aquí llegó el turno de una sección de desarrollos largos y el que quizás (y sin el “quizás”) fue el sector del concierto que menos me gustó. Aparecieron, “The hungry ghost”, voluntariosa canción del hasta la fecha último disco del grupo “4:13 Dream”, y para apuntalar más a “Wish” como uno de los discos triunfadores de la noche, “End” y “From the edge of the deep green sea” y entre ellas la corrosiva y contundente “One hundred years”, con proyecciones de mal rollo sobre el telón de fondo que dispuso la banda y del que desde nuestra posición tampoco se apreciaba demasiado bien. Tras finalizar (valga la redundancia) “End”, canción algo repetitiva, (y en ese mismo sentir me hubiera llenado mucho más que hubiera sonado la canción “The top”), llegaría el turno de las idas y venidas del escenario. En esta ocasión habría 3 bises, separados por 2 minutos de ausencia sobre las tablas de Robert y los muchachos.
Los bises empezaron con una canción nueva, que de primeras escuchas no sonó mal, pero a la que habrá que dar tiempo, titulada “It can never be the same”. Aquí se situó el sector dedicado a “Seventeen Seconds”. No hubo lugar a mucha sorpresa al respecto: “Play for today” lo que sí hizo fue reportar el momento de coros más arrolladores de la noche por parte del público y “A forest” estuvo en su nivel de emoción-intensidad, con unas líneas de guitarras que sonaron en su mejor versión y unas palmas acompasando al bajo de Simon que también son dignas de comentar.
En este bis, lo que sí que fue una sorpresa gigante (repito: para los que no miramos los set list de conciertos previos de la gira) fue cuando Robert cogió una flauta y empezó a hacer sonidos desafinados. Yo me colé y le solté a Mariano: ¡“The snakepit”! No. Error, y mejor. Era “Burn”, de la banda sonora de “El Cuervo”. Una de las canciones más acertadas en el campo del rock guitarrero que The Cure crearon en los años 90. Brilló tanto Robert como Reeve en esa parte instrumental de guitarras que hay a mitad de canción. Cuando Simon dejó de machacar a su bajo tras el final de “A forest”, el grupo se marcha nuevamente. Abajo un fragmento de “A forest”, pero donde la calidad deja mucho que desear, ya que utilicé la cámara del móvil.
Tras el par de minutos preceptivo, desde nuestra posición veíamos bien cómo el grupo salía de los camerinos y subía nuevamente al escenario. El segundo bis empezó con “Shake dog shake”, tema agrio y contundente del apaleado lp “The Top” de 1984, que siempre me resulta agradable de escuchar, pero que no me suponía mayor sorpresa, puesto que en el concierto de 2000 la recuerdo como uno de los pasajes que más claros quedaron en mi retina de aquella mágica noche. En 2008 se escuchó también, pero no dejó de ser algo no muy esperado que la canción que da título al primer disco de estudio del grupo, “Three imaginary boys”, desfilara en la noche de ayer.
Este bis fue muy guitarrero e intenso, ya que sumadas a estas 2 piezas, luego vendría la emocionante “Fascination street”, para seguir completando el repaso de “Disintegration”, concretado en sus 4 singles (otro spoiler en la crónica), “Never enough”, donde Robert quizás hizo la interpretación más exagerada, teatral y divertida de la noche, y “Wrong number”, donde Robert se comportó de forma extremadamente relajada el micrófono, dándonos una toma distinta a la de estudio y a la que recuerdo del concierto de 2008, donde también apareció este tema inédito en su día para el recopilatorio de singles “Galore” de 1997. Parada tras el número incorrecto, con teléfonos descolgados en el telón de fondo y la sensación de que me faltaba algo. Abajo un fragmento que grabé de “Wrong number”, pero eso sí, con la cámara del móvil. Por cierto, vean el buen juego de luces (acorde con la letra de la canción), con tonos verdes y narajas y al final dorados y rojos; y es que el juego de luces fue otro punto a favor del show, como por ejemplo en tonos verdes de “A forest” y los potentes focos de “Lullaby”.
Siguiente bis. Venga, a lo grande: “Lullaby”. Con focos de color verde nuclear paralelos unidireccionales sobre el público y una gigante telaraña en el telón de fondo, Robert ahora sí finiquitaba “Disintegration” con una canción que provocó el mayor clamor del recinto cuando se reconocieron sus primeros compases. En sus últimos momentos, Sergio Calero y yo decidimos bajarnos a un pasillo ancho debajo de nuestras localidades, en una zona donde estaba el acceso de vomitorio y que no provocaba falta de visión a nadie. Y, ¡qué acierto! Ahí pudimos movernos sin parar y dejamos de tener que soportar a pesados que pasaban una y otra vez. Óscar y Mariano (por lógica motriz) se quedaron en las localidades.
El siguiente capítulo de este bis fue, ¡por fín!, ¡¡¡síiii!!!... “The walk”. Me pasó con este tema incluido en “Japanese Whispers” algo como con “Stripped” de Depeche Mode: que hasta el 3er. concierto que veo al grupo no me la conceden. Me volví loco. Empecé a bailar como un espantapájaros (al estilo de Robert) y casi me llevo por delante a Sergio Calero (siempre le he tenido muy asociado a dicha canción, por su inspiración divina al recrear el videoclip del grupo una vez y porque le grabé en su día en cinta de cassette el “Japanese Whispers). Del vídeo que debajo les dejo insertado, no esperen gran calidad, ya que no presté casi atención a la pantalla puesto que había que vivir la canción como era debido. Personalmente, que no a nivel general, fue mi gran momento de la noche. Aquí el vídeo que grabé, muy movido por mi emoción del momento.
Más pop en el 3er. bis: “Friday I’m in love” corroboraba a “Wish” como uno de los álbumes del concierto (qué cosa tan apropiada para nosotros… Ya les contaremos no a mucho tardar) y luego vendría “Boys don’t cry”, que para Sergio Calero era la gran esperada. Se rubricaría el bis con “Close to me”, clásico que no había vivido en directo y que me alegré de sumar a la lista, y con el despiporre generalizado de “Why can’t I be you?”, con todo el Palacio de los Deportes desparramado y bailando como posesos. Abajo Gabrels en solitario.
Robert Smith, al terminar este alocado single de 1987, se despedía yendo de lado a lado del escenario, lo cual me suponía cierto temor. Imaginaba un 4º bis compuesto por “10.15 saturday night” y “Killing an arab” (renombrada en “Killing another” hace un tiempo para no herir susceptibilidades). Y, ¿por qué no?, dentro de ese bis, acabar con un “Forever” desaforado al estilo de esa joya del “Curiosity” con la interpretación del 15 de mayo de 1984 en Le Zenith de París. Pues no. No había tiempo para más. Se encienden las luces y nos damos por más que satisfechos. Miramos nuestros relojes y The Cure se mantuvieron en 2 horas y 45 minutos en el escenario. No igualaron su registro anterior en Madrid, pero fue altamente satisfactorio.
Pasamos por el tedioso guardarropas para que Óscar recogiera sus pertenencias (obligado a dejar el paraguas por la gente del acceso), éste y Mariano pillaron sendos taxis en la calle Goya y Sergio y yo fuimos a Av. América en mitad de la lluvia, para luego esperar 55 minutos al N-202 que tenía que coger Sergio para retornar a Torrejón. La lluvia paró y yo andaría 20 minutos para retornar a mi casa en el barrio de San Pascual/La Concepción; podría haberme ido con Óscar o Mariano, que pasaban con sus taxis relativamente cerca de mi casa, pero creo que había que ser buen amigo y más viendo la espera que le tocaba al bueno de Sergio Calero en la avenida de América. Además, hoy tenía libranza en la oficina, con lo que tampoco me suponía gran esfuerzo. Mariano pudo llevarse un vaso de los personalizados que estaba en buen estado y solamente tenía un par de hielos dentro (no tenía líquidos amarillos que pudieran llevar a equívocos). Declinó la opción y antes de que se quedara allí, me lo apañé yo también: se limpia y de decoración en una estantería de discos, que queda de rechupete.
¿Adivinan el momento de la fotografía superior? Bueno, aquí acabó el contar nuestra experiencia personal y la narración del show, y ahora viene el capítulo de reflexiones y conclusiones. Comencemos por comentar el devenir de los 5 Cure actuales. Empezamos por el líder, por Robert Smith. Ciertamente estuvo más simpático y cercano que en las 2 veces anteriores. En varias ocasiones dijo “gracias” o “muchas gracias” (con cierta broma incluida en un momento) y se comportó intenso cuando procedía (en los temas más sesudos) y distendido cuando tocaba (en los capítulos más pop y desenfadados).
Simon Gallup es claramente el 2º de a bordo de The Cure. Su actitud es tremendamente vital. No paró de moverse por todo el escenario. Si bien su posición es a la izquierda de Robert, muchas veces se iba con Reeves o al lado contrario con Roger y otras tantas veces merodeaba por la retaguardia de Robert. Su look recordaba mucho al que llevaba en la época de “Faith”. Le vimos bastante bien conservado, cosa que no a Robert por cierto, al cual se le intuían ciertos claros preocupantes en la parte superior de su cabeza (dirá alguno que quién viene a hablar de problemas de alopecia...) y es que los 57 años ya se van notando en nuestro querido sr. Smith. Abajo Simon, guardando las espaldas de Robert con su potente bajo.
Con el pelo bastante largo, en plan media melena, Roger O’Donnell ofreció un buen papel desde sus teclados. Cosa que se echó algo de menos en 2008, aunque hay que decir que el enfoque de aquel concierto fue algo distinto. Es querido dentro del seno de seguidores de The Cure y estuvo discreto, sin querer llevarse protagonismo alguno o querer competir con Robert o Simon. La mejor imagen que tomamos de Roger, el componente que más lejos (si cabía) nos cogía, es la que insertamos a continuación.
En la batería estaba el que lleva más tiempo en The Cure en esa posición. Jason Cooper se mostró correcto y respondió en capítulos cuando hacía falta y donde se nota más la percusión con redobles que deben destacar (“One hundred years” o “The walk”). A continuación una fotografía de Jason sentado en su batería.
No tengo nada en contra de Reeves Gabrels, que conste, pero a nivel emocional (repito, nivel emocional) no me supone nada dentro de The Cure. Demostró, objetivamente, ser un gran guitarrista (que haya tocado con Bowie entre otros no es casualidad u oportunismo) y su papel fue fundamental en ciertas fases como la ya comentada de “Burn”. No obstante, servidor es muy talibán y restrictivo con el asunto de las formaciones clásicas de los grupos. Manías que tiene uno. Con lo que hasta que Reeves no forme parte del grupo en la edición de un nuevo disco y se mantenga unos cuantos años más en el redil, no terminaré de verle como uno de los nuestros. No obstante, lo dicho, al César lo que es del César: Gabrels tocó muy bien y para nada quiso llevarse protagonismo, estando en un discreto segundo plano, cosa que le honra. Abajo Gabrels, que parece que mira hacia nuestra posición en compañía cercana y con Robert al fondo del plano brazos en alto.
Pasemos al capítulo de las cosas que no pudimos vivir, es decir, canciones que anhelábamos que pudieran sonar, pero que no tomaron parte del show. Y es que con The Cure los fans ya sabemos que cualquier tema de su discografía (incluidas caras “b”) es posible que aparezca en cualquier show. Nos apenó especialmente a Mariano González y a mí que no saltara la liebre con “Homesick”, la bonita pieza de teclados (más con Roger de vuelta) que forma parte del tramo final de “Disintegration”. A Mariano le jodió que “Want” no sonara (yo al menos la viví en 2000) y a mí me fastidió saber que “The lovecats” sí que había sido de la partida en conciertos a posteriori (cosa que me comentó Carlos Caballero, cantante de La Broma Negra, que por lo visto estuvo situado en 10ª fila a la derecha del escenario en compañía de su hijo de 16 años, con el que mantuve una breve y animada conversación por mensajes al terminar el concierto mientras que esperábamos a que Óscar recuperara sus pertenencias custodiadas).
Cosas difíciles eran un “Forever” o un “Splintered in her head”, ciertamente, pero con The Cure nunca se sabe. Al menos apareció “The walk” y también me llevé a casa “The caterpillar”. Quizás con estos 2 capítulos mi sensación buena del concierto subiría varias décimas e incluso puntos. Hubiera estado bien también repetir sensaciones de 2000 y 2008 con las canciones que titulan “Faith” y “Disintegration”, pero bueno, como ya las experimenté en su día tampoco me molestó tanto. Ahora recuerdo que Carlos Caballero también me comentó en sus mensajes que “Doing the unstuck” también había sonado en noches anteriores; pues eso también me dolió un poquito.
Cierro este capítulo de ausencias echadas de menos, comentando que quizás “Pornography” quedó muy reducido con la sola interpretación de “One hundred years”; me queda como gran cuenta pendiente “The hanging garden”, claramente, y también hubiera estado bien un “The figurehead” o la atronadora canción título. No me hubieran sobrado igualmente que hubieran aparecido “Birdmad girl” o “Piggy in the mirror” del denostado “The Top”; sí, ya saben que el disco de The Cure de 1984 es muy de mi agrado, ¿qué le vamos a hacer?
A Sergio Calero por ejemplo le gustó más este concierto que el de 2008. A mí no. Si tuviera que enumerar por orden de satisfacción (de las 3 salí contentísimo, que conste) mis 3 noches con The Cure serían: 2008, 2016 y 2000. El de 2000 fue un concierto muy bueno, pero era un concierto para alguien que ya habría visto al grupo al menos una vez previa y con un repertorio más heterogéneo en estilos. Este show de anoche arrancó muy bien y cerró por todo lo alto, pero el sector previo a los bises me saturó un poco, a pesar de “One hundred years”; dirán ustedes que por 2 canciones, “From the edge…” y “End”, que qué pijotero me pongo, pero es que en el 2008 la media de emoción de principio a fin en las 3 horas y 10 minutos (también a tener en cuenta la mayor duración) fue más nivelada. No tiene nada que ver el hecho de estar en pista en 3-4ª fila con estar en graderío alto. En ese sentido el sonido fue nítido a más no poder y la visión no era mala del todo (a pesar de gente de filas anteriores que se levantaban y cenutrios incontinentes que no paraban de ir y venir del baño; yo me estuve aguantando las ganas, que no eran pocas, las casi 3 horas, porque no me perdonaría perderme ripio de una actuación de mi banda favorita).
En definitiva: los más de 16000 que estuvimos en el Palacio de los Deportes (yo no atiendo a nombres comerciales de los recintos) disfrutamos de un gran concierto de The Cure. Altamente satisfactorio. Plagado de éxitos, con un Robert con, eso sí, la mejor predisposición que le he visto (en ese sentido este concierto gana a la actitud de Robert en los 2 previos) y con una serie de sorpresitas agradables en forma de canción que me hicieron pasar momentos inolvidables que solamente un hipotético desarrollo futuro de alzheimer podrá disipar; espero que no. Todo esto vivido en la buena compañía de 3 buenos amigos como son Sergio Calero, Mariano González y Óscar Cañas, hace que las buenas sensaciones que quedan sean aún mejores. ¿Habrá que esperar otros 8 años? Mi sensación es que siempre merece la pena esperar a The Cure.
Leer más...