Con el presente artículo, Dr. Sapo completa la “triple corona” de “Discos, música y reflexiones”: artículo de revisión de disco, programa de radio (incluyendo entrevista) y ahora crónica de concierto. Fue hace unos meses cuando les hablamos por 1ª vez del proyecto liderado por Miguel de Lucas. Este año 2010, como ya sabrán muchos de ustedes, ha visto la edición de su 3er. trabajo discográfico, “No Hay Fronteras”, y la extensa gira de presentación del mismo llegaba este pasado jueves 11 a la sala Galileo Galilei de Madrid.
Fuimos acreditados como medio para cubrir el evento y aquí les dejo la crónica de lo que nos ofrecieron Miguel y sus compañeros de Dr. Sapo. La hora fijada para el concierto eran las 21.30h, con actuación previa de teloneros, de los cuáles llegué a saber su nombre en el mismo concierto. La banda en cuestión era Ecco, y he de advertirles que resultaron de lo más interesantes y animados. Ahora les explicaré.
La puntualidad se cumplió casi escrupulosamente, siguiendo el esquema de actividad que previamente me confirmó el propio Miguel de Lucas vía e-mail. Es decir, a las 21.30h en punto salían a escena los teloneros, el grupo Ecco. Quizás algunos dirán que veo todo con buenos, ojos, pero Ecco, así se llamaba la formación que nos ofreció el aperitivo o primer plato de la noche, fue un grupo que convencieron a la sala Galileo Galilei. Gran parte de la culpa la tuvo la energía a raudales que provenía de parte de su vocalista. Durante la media hora que estuvieron en escena, César Sánchez, así se llama el vocalista de Ecco, se comió completo las tablas de la sala Galileo, moviéndose sin parar, pero con cuidado de no pegarse un leñazo por culpa del cableado que minaba el escenario. Su lenguaje corporal incluyó poses dinámicas, movimientos rápidos y desafiantes y sobre todo destaca en su figura una voz potente y profunda, que en algunos momentos me evocaba al Bunbury que lideraba a los Héroes Del Silencio más gloriosos. En lo musical, Eco muestra una razonable intensidad musical, cercana quizás a los Sôber no tan metaleros, aunque también hubo lugar para piezas más amables en su sonido como una denominada “El escultor de agua” (o al menos así la recuerdo), que me agradó especialmente. César el vocalista, lejos del divismo, entre canción y canción se dirigió a la audiencia para introducir cada una de las canciones; esa cercanía siempre se agradece. Por sacar una pega, extramusical en este caso, quizás el hecho de que me pareciera entender en uno de los mensajes que César soltaba al público que sean simpatizantes del Real Madrid; a un atlético como yo (como ya saben ustedes) y más en la semana en la que se confirmó que seguimos con la racha de sequía ante nuestros vecinos, no me hizo mucha gracia; lo intuyo por el hecho de que al presentar a sus 4 compañeros en escena, al referirse al teclista Andrés dijo: “Más blanco que yo, y ya es decir, tiene todas las teclas blancas…”. Bueno, no se puede ser perfecto. Dejando estas pequeñas bromas de lado, decir que Ecco me divirtieron y me agradaron durante prácticamente toda su actuación. De todas sus canciones, menos quizás una, todas me mantuvieron muy atento a su ejecución en escena y su sonido y envoltura sonó muy agradable a mis oídos. Les garantizo que cuando el telonero no me agrade, lo diré abiertamente; no se piensen que uno regala los elogios por que sí. Arriba del presente párrafo, una imagen de Ecco en mitad de su actuación.
Sobre las 22.20h, tras la notable actuación de Ecco, llegaba el turno de Miguel de Lucas, Kike Corman, Fernando Vasco y David a la batería, sustituyendo a Loren; Dr. Sapo con su formación actual, vamos. Tras afanarse el grupo mismo en colocar sus instrumentos, la máquina sonora comandada por Kike, Fernando y David comenzó a funcionar y Miguel haría acto de aparición montado en esa minibici tan graciosa, que a su vez es protagonista de la portada del último disco de la formación de nombre “No Hay Fronteras”, que ya revisamos en el blog y que tuvo su programa de radio en el que entrevistamos al propio Miguel. ¿Se han fijado en el floripondio que escudaba el mastil del micro de Miguel de Lucas en la foto que figura arriba de este párrafo?
El comienzo fue semejante al del disco. Tras la intro sonora, hasta que Miguel empuñó su guitarra y se dispuso ante el micro, comenzaron los compases de la canción que da título al 3er. disco “No hay fronteras”. Miguel es un tío muy salao, se lo digo yo que le conozco en persona, y ese carisma con mezcla de cierta macarrería simpática estuvo patente en cada una de las interacciones que tuvo con el público entre canción y canción. Pudo permitirse incluso llamar la atención, cual profesor de instituto o primaria, al público del fondo de la sala que estaban rajando cuando él nos estaba contando alguna historia. La actitud de Miguel provocó que el concierto se caracterizara por una magnífica comunión entre audiencia y grupo, ayudando a darle un toque cálido y cercano al show, cosa que ya de por sí es fácil de conseguir en un recinto como la sala Galileo Galilei. A continuación, Kike Corman al bajo.
Durante la hora y media que Dr. Sapo estuvo tocando, dispusieron un repertorio sin fisuras, en el que incluyeron todos y cada uno de los temas de sus 3 discos que más agradan a sus seguidores. No faltaron “Al tran tran” o “Territorio apache”, cuya interpretación de la última citada se la marcó en solitario Miguel de Lucas, mientras que Fernando Vasco se marcaba una coreografía flamenca o un baile de sevillanas al margen derecho de Miguel; debajo de estas líneas pueden ver una imagen que representa ese momento. Fernando Vasco, por cierto, se ha dejado crecer el pelo de forma considerable respecto a las fotos promocionales de hace unos meses y nos llamó la atención el fuerte parecido físico que mostraba con el mítico Frank Zappa, al menos en la portada de su disco “Does Humor Belong In Music?”. Al menos así me lo indicó mi amigo acompañante de la noche y parte de razón tenía. Fernando hizo las veces de “segundo de a bordo” de la velada, también marcándose alguna intervención graciosa al micro mientras que Miguel nos contaba algo a los asistentes entre canción y canción, como cuando puntualizó que “como nos gusta hablar de follar” en lugar de follar a secas como afirmaba el propio Miguel. Kike Corman por su lado estuvo en un plano más reservado, centrado en su bajo y David a la batería tampoco se afanó en quitar protagonista a Miguel y Fernando que se erigieron en los principales animadores de la noche.
También cayeron piezas como “Perdí las alas”, que fue muy celebrada por la sala. En el apartado de los ya clásicos del repertorio del grupo, agradó especialmente “Luna de menta”, que se dispuso en la parte inicial del show y que precisamente es protagonista de un anuncio o cuña de RUAH del programa “Que Te Den Por El Fútbol”. Esta canción fue uno de los momentos mejor recibidos en la sala y en la que la gente se mostró más animada. Se sumó el hecho de ser un tema muy rítmico y bueno y por otro lado el situarse en la parte inicial del show, cuando la audiencia está más calentita y nerviosa.
Dr. Sapo alterna emotividad con marcha y buen rollo. En el primer sector de canciones hubo sitio para “Mundo mágico” o “Bajo el sol”. Faltó por ejemplo “Uno y dos son tres”, que en su día Miguel se marcó en acústico en nuestros estudios de Radio Universitaria de Alcalá de Henares. A lo largo de la gira de Dr. Sapo, y como explicó el propio Miguel de Lucas entre canción y canción en algún momento, hay sitio para shows acústicos en el que él solito se enfrenta al público. Quizás ahí es donde hay cabida para este tema y por ello el concierto de la sala Galileo Galilei, quizás uno de los puntos clave de la gira, se concibió como un concierto dinámico, ágil y acelerado. Abajo vemos a David en su batería.
Uno de los momentos más importantes de la noche vino cuando llegando al final del concierto, (bueno, finalmente resultó ser el final verdadero y definitivo, ahora les explicaré) Dani de Despistaos hizo acto de aparición, de forma arrolladora, por cierto, para cantar a dúo con Miguel el tema en el que ya colaboró hace tiempo “Por ser el primero”. Dani barrió el escenario durante los minutos que estuvo sobre el mismo y mostró una intensidad y entrega apabullante. Brutal. Estupendo final de concierto, de no ser porque en principio ahí no terminaba el show, sino la parte central o troncal del mismo. Quedaban los bises (3 en concreto), que se quedaron inéditos por asuntos burocráticos o contractuales del mundo nocturno y de las salas de concierto. Vaya tela…
Poco antes de que se interpretara “Por ser el primero” y aprovechando el impass para presentar a los componentes de Dr. Sapo, el grupo regaló al público varias camisetas promocionales de la banda y el disco, de distintos colores. Yo cogí una, con tan mala suerte que era una talla “M”, que regalaré a alguien que le valga. Hablando de camisetas, y siguiendo con ese punto humorístico que tiene Miguel, hay que comentar la camiseta negra con la que Miguel salió a escena, en la que rezaba el lema “Rana tu padre”. Con un par, ¡claro que sí! Respondiendo a la pregunta que Zappa lanzaba en su día y que antes he mencionado con eso del parecido razonable entre el guitarrista de Dr. Sapo Fernando Vasco y el propio Zappa, sí, el humor tiene cabida en la música (y si no que se lo pregunten a Nacho Cano y aquel disco que lanzó en su día de título “Amor Humor”; otro con un par).
El repertorio superó finalmente de sobra la quincena de canciones y también desfilaron por el set list personajes ya clásicos del repertorio de Dr. Sapo como Rogelio el caracol, Pepito o Tarzán y sus problemas en la ciudad. La controvertida “Zurraspas”, llegó de la mano de una introducción vocal demasiado gráfica por parte de Miguel, que de no ser porque llevaba el estómago vacío, me hubiera revuelto las tripas. “Decir te quiero” también apareció finalmente por la parte final del concierto, para conceder otro gran momento de la noche.
Solamente eché de menos a “Un erizo como yo”, aunque ésta estaba programada en el bis previsto y “El árbol del amor”. No obstante, lo que se pudo escuchar a lo largo de la hora y veinte minutos que duró el concierto, fue altamente satisfactorio, y Dr. Sapo no escatimó a la hora de poner todas sus cartas sobre la mesa. Explicaré lo del bis. Al estar en primerísima fila, pude ver el set list y comprobar que había 3 temas de propina (“Si mi sol”, “Sam” y “Un erizo como yo”). Sin embargo, cuando se terminó el dueto con Dani de Despitaos, vi que algo no iba bien. Parece ser que desconectaron el micro y la corriente del escenario y se encendieron las luces de la sala, invitando al personal a abandonar el recinto. Miguel no lo tomó bien, terminando en calzoncillos en el escenario en señal de protesta ante la negativa por parte del gerente de la sala a dejarle al menos interpretar un tema más, cosa que a su vez el público pedía insistentemente. No hubo forma y ahí se acabó el show, o bueno, realmente tras interpretar “Camisetas”. Si no se creen lo de la intensidad con la que salió a escena Dani de Despistaos, les dejo como prueba la siguiente fotografía.
Tras la actuación, hablé escuetamente con Miguel, al cuál saludé y agradecí la acreditación para nuestro blog y programa de radio para el concierto. Pude preguntarle rápidamente por la gira y por el incidente de los bises. Por lo visto el motivo del jaleo final es que contratas un tiempo de actuación, hasta una hora determinada y de ahí no te puedes pasar. Evidentemente Miguel me dijo que se fue algo mosqueado por ni siquiera dejarle tocar uno de los 3 temas de los bises que habían pensado incluir. Sobre la gira, me confirmó que su concierto favorito fue uno en Oviedo, curiosamente ante solamente 12 personas. En ese apartado me explicó que muchas veces más que de la cantidad de gente que acude, depende de la actitud de los mismos. Razón no le falta: más vale una sala a medio llenar y que esté animada y metida en el concierto, que un recinto a tope lleno de zombies inertes que ni sienten ni padecen ante tu música. No pude hablar más, ya que Miguel salió al centro de la sala y las numerosas seguidoras y amigos personales de Miguel de Lucas le solicitaban una y otra vez, ante lo que me pidió comprensión. Viendo lógico la situación y teniendo en cuenta que había que regresar a casa para madrugar el viernes, consideré lo más adecuado dejar a Miguel con sus fans, liberándole de tener que prestarme atención.
Gran concierto de Dr. Sapo, únicamente empañado por el asunto del “no bis” que acabo de comentarles. Merece la pena asistir a un concierto de esta banda de Guadalajara por varios motivos, pero principalmente porque vas a pasar un buen rato en compañía de sus animadas y simpáticas canciones y el buen rollito que desprenden. Deseamos mucho éxito a Dr. Sapo en lo que les queda de gira de presentación y en proyectos futuros. Como siempre, espero que les haya gustado el post de este evento; éstos, son unos artículos que en toda ocasión considero muy especiales.
Fuimos acreditados como medio para cubrir el evento y aquí les dejo la crónica de lo que nos ofrecieron Miguel y sus compañeros de Dr. Sapo. La hora fijada para el concierto eran las 21.30h, con actuación previa de teloneros, de los cuáles llegué a saber su nombre en el mismo concierto. La banda en cuestión era Ecco, y he de advertirles que resultaron de lo más interesantes y animados. Ahora les explicaré.

En una obra extensa se puede llegar a algún momento de dispersión o pérdida de la atención, y estimo que en esta parte central es donde se acumulan quizás los temas más prescindibles de la obra. “Suburban war” y “Month of may” quizás no sean dentro de “The Suburbs” sus momentos más válidos, ya que no aportan gran cosa al sonido de la obra; sin sonar mal, son de las canciones que más difícil cuesta recordar durante las primeras escuchas y etapas de asimilación de la obra. Puede que dentro de “Suburban war” resulte algo curioso la subida de intensidad melódica de la parte final. “Month of may” tiene su gracia en su alto ritmo, pero aquí Arcade Fire pierden sus marcas instrumentales, sonando como cualquier banda indie de vecino. Eso sí, a buen seguro si suena en el Palacio de los Deportes, creo que montará un buen revuelo por su vértigo y velocidad. Sin embargo, tras estos 2 momentos medianos llegamos a “Wasted hours”, que se perfila como el corte de mayor quietud (algo parecido a lo que sucedió en su día con la canción “Neon bible”) y nos regala unos minutos ciertamente placenteros. “Deep blue” continúa la senda que ha dejado “Wasted hours”, al menos en su comienzo, remarcando ciertos coros que se marca Win. No obstante, “Deep blue” más bien palidece frente al gran temazo que llegará para sucederla en el orden, que no es otra que la soberbia “We used to wait”. El halo de intensidad y carga emocional de Arcade vuelve por sus fueros gracias a esta estupenda composición que nos enfrenta a la parte final que nos presentará otra agradabilísima sorpresa. El comienzo con la inquietante melodía de piano y los acordes perdidos de guitarras en la parte trasera de la producción nos preparan para el sencillo pero emocionante estribillo, que es donde se congrega la gran fuerza de esta composición. Como preludio, y afrontando ahora a los “Sprawls”, la primera parte “(flatland)” nos prepara para esa estupenda composición que será la 2ª parte de sobrenombre “(mountains beyond mountains)”. Es de los temas de factura más triste y sombría del disco. Sin embargo, en la 2ª parte, Régine Chassagne se vuelve a adueñar vocalmente hablando de otro bombazo dentro de la discografía de la banda. En esta pieza “Sprawl II (mountains beyond mountains)”, Arcade Fire saben fusionar de forma magnífica todos los componentes o marcas sonoras de su trayectoria con la electrónica e incluso con el techno pop. Es una pista tremendamente pegadiza y dependiendo de si en el futuro sea editada como single o no, se puede perfilar como una de las grandes joyas ocultas de Arcade Fire. En caso de ser elegida como sencillo, lo que se hará básicamente será justicia con la misma. El tono tan hedonista a ratos de la voz de Régine, ayuda a crear una sensación muy curiosa junto a las melodías de teclados y sintetizadores que incluye. Se llega al final del disco con el “(continued)” de “The suburbs”. Un fade out del tema de apertura, con Win y Régine decayendo vocalmente de la mano y perdiéndose en el horizonte auditivo de nuestro equipo hi-fi, nuestro mp3/mp4 o los altavoces de nuestro ordenador.
“Always malaise (the man I am)” continúa, para mi gusto, en la buena senda mostrada tras los 2 singles. Se trata de una canción misteriosa, oscura, decadente y con unos interesantes cambios de ritmo cuando Paul afronta la parte lírica que dice “actuaré de una determinada manera, controlaré lo que pueda, este es el hombre que soy…”. Quizás estemos ante una de las composiciones más llamativas en tanto a lo que la forma se refiere del lp. Puede que sea una de los pasajes favoritos de los aficionados de toda la vida a esta banda. “Safe without” palidece nuevamente, y más tras 3 de las mejores canciones del disco “Interpol”. Se pasa de repetitiva en el estribillo y también en la estructura musical, con ese bucle de guitarra que sube y baja tan solo una nota del pentagrama. Busca el hipnotismo, pero creo que falla, ya que se trata de una composición de sonido o textura bastante inofensiva, lejos del cierto oscurantismo que puede llegar a destilar la banda, o que al menos nos ha mostrado a lo largo de estos años. “Try it on” se presenta con una melodía de piano y un sonido cuanto menos llamativo. Destaca el compás marcado por Sam Fogarino desde su batería. En esta ocasión, buscando el carácter hipnótico con la repetición de estructuras melódicas muy sencillas, el grupo consigue acertar, ya que nos presentan una composición novedosa y no un registro a medio gas dentro de su estilo. Es una preciosidad de canción, quizás una de las joyas ocultas de la obra, a no ser que se edite como single tardío, que versa sobre el fin del amor y la lucha por intentar que no se marche. El estribillo nos muestra a un Paul Banks desesperado y bastante emotivo a ratos. A través de unas leves programaciones o arreglos electrónicos, está unida umbilicalmente a la penúltima canción del álbum. “All of the ways” muestra una pieza lúgubre, quizás algo cercana a la acertada “Lighthouse” que ponía fin a “Our Love To Admire”, debido a la quietud que muestra. Su base sonora, aunque cede el protagonismo de la composición a la voz de Paul Banks, se muestra imperturbable y compacta, escudando el discurso del vocalista. Se trata de otra pieza en la que el protagonista de la letra se enfrenta a la pérdida del amor y pregunta a su amada si el otro que le ha sustituido es mejor que él. Aceptable pieza esta “All of the ways” para llegar al final de la obra, que quizás se pasa algo nuevamente de repeticiones de letra en la parte final; aún así, es bastante potable. “The undoing”, a pesar de no sonar mal del todo, si la comparamos con los otros 3 finales de obra de Interpol, languidece notablemente. No llega ni en broma a la altura de “Leif Erikson”, ni de “A time to be so small”, ni de “Lighthouse”. En lo musical se vale de los teclados para darle una mayor envoltura época y afronta un tono melancólico y derrotista por parte de Banks, apoyado ineludiblemente en su letra.
Volvemos al dance de la mano de “Dance in the dark”, que quizás muestra el estilo de baile más directo y menos complicado de Lady Gaga a lo largo de toda la obra. Aquí la fuerza la tiene el estribillo, al contrario de lo que pasaba con “Monster”, y en el apartado instrumental destaco cierta melodía de teclados que en parte me recuerdan ni más ni menos que a “Strangelove” de Depeche Mode; si la inspiración viniera de ahí, ¿qué mejor lugar para tener un punto de referencia? Es un gran tema, y podría ser una joya oculta, lo que pasa es que tras 2 cortes de tan altísimo nivel como “Monster” o “Speechless”, nos puede parecer un tema menor, y en realidad en comparación con estos 2 citados lo es. No obstante, “Dance in the dark” es una canción de calificación notable. Y llega Beyoncé y “Telephone”… Bueno, ¿qué quieren que les diga? Pues que no todo el monte es orégano y es nos enfrentamos al tema más evidente de “The Fame Monster”, con una electrónica de lo más chabacana y descarada. Claro, no podría arriesgarse mucho en esta situación y este tema es un ejemplo de comercialidad que se ve a mil millas. No me gusta nada, lo escucho sin más, pero me alegra saber que las buenas maneras se recuperarán después. Bajo mi punto de vista, “Telephone” es mil veces inferior a “Bad romance” o “Alejandro” y al resto del disco. Es el rival más débil y la única repercusión que ha tenido se debe a que se han juntado las 2 que se han juntado. Pero más allá de eso… En fin, que a otra cosa. Se nos presenta otra joya oculta, que viene a rescatarnos de la comercialidad sin ton ni son (porque siempre he dicho que la comercialidad bien enfocada y con calidad la adoro). “So happy I could die” abunda ya desde su título en el sentido trágico y oscuro de las letras de la obra. El comienzo del estribillo, con esa velocidad vocal que muestra Lady Gaga, y los sencillos coros “eh eh, yeah, yeah, eh eh, ah ah” conforman la columna vertebral de uno de los grandes momentos del disco. Parece que Lady Gaga, incluso dentro de lo que para ella (y para muchos) es una situación placentera “feliz en un club con una botella de vino, nuestros ojos brillando como estrellas, porque estamos pasándolo bien; tan feliz que podría morir. Ser tu mejor amigo, sí te amaría siempre, arriba en las nubes, seríamos más felices que nunca. Tan feliz que podría morir” no deja de lado el sentido trágico de la vida; algo que en parte (y salvando las diferencias de estilo, música, género, tiempo, personaje, persona, etc.) le pasaba a Morrissey en “There is a light that never goes out”, cuando iba en su coche con la persona a la que amaba y pensaba que no habría mejor forma que morir que tener un accidente de tráfico en ese momento. Quizás, eso sí, Morrissey y Lady Gaga tienen más cosas en común, al menos en el aspecto personal, de lo que pensamos; en lo musical, aparte de esta pequeña coincidencia lírica, no tienen nada que ver evidentemente. Alguien alguna vez me ha preguntado por las “reflexiones” del título del blog; pues esto último, por ejemplo, puede ser una. “So happy I could die” es junto a “Monster” y “Speechless” mi canción favorita de la obra, por encima incluso de los singles de relumbrón “Bad romance” y “Alejandro”. Dance del bueno en estado puro. El final de la obra llega de la mano de una controvertida y complicada pieza. Con un sonido electrónico manierista y casi vodevilesco, el tema “Teeth” se aleja en lo sonoro de todas las piezas que han aparecido hasta el momento. Es un curioso capítulo final, que me deja fuera de juego y que quizás sea el corte que junto a “Telephone” menos me llama la atención del disco. No obstante, “Teeth” al menos arriesga y como punto y final no está mal después de tanta emoción envuelta en sonidos dance y bailables que Lady Gaga nos ha dispuesto durante estos minutos.
La siguiente canción está ligada a mi especialidad, el deporte, en concreto nos habla de “Keke Rosberg”. Y ¿quién es este personaje? Posiblemente os suene su hijo Nico Rosberg, el que maneja un Mercedes y está pasando por encima de Schumi. Pues bien esta canción puede decirse que va dedicada a su progenitor, el piloto finés de los 80, campeón del mundo en el 82 con solo una carrera ganada pero una gran regularidad; por ese año 84 su temporada era de desastre con continuas retiradas. Si tenéis ocasión de oír la canción, veréis como puede resumir la temporada de este gran piloto en la letra de la misma. La siguiente canción me deja descolocado, ¿será por su etapa en el colegio de curas? “Señor ilumina mi corazón” es uno de esos temas que descolocan con solo 4 estrofas que asemejan a un salmo y unas notas musicales que rellenan 2:40 minutos. “Oh, qué raro soy” es el siguiente tema, y la rareza de esta canción reside en la normalidad con la cual se relata: uno es raro por no beber, por trabajar e ir a misa… pero eso es así, ¿o no? Encontramos en el disco la canción “Te quiero”, una de las que he oído y no se por qué, pero en mi se despierta una sonrisa; el repetitivo “ino, ino, ino” le da un toque muy especial de rima fácil pero agradable. Y el “yo me dedico sólo al vino, vino, vino”, con ese “yo te quiero, te quiero” estirado y los acordes de guitarra hacen de esta canción una de mis favoritas del disco. “Sonorice su templo”, es una canción que se desarrolla de manera rápida y de nuevo veo marcado sentido religioso en ella, una burla clara, por supuesto, y gamberra. Y como antesala al gran tema de este disco que mencione al principio, llega la versión de “My whole world falling down” de Brenda Lee. Una canción de los sesenta, en la que la versión de Siniestro denomina “Si Yo canto”; no solo exageran el desafine a propósito, sino que de nuevo versionan una canción transformándola en otra que no parece recordarnos a la anterior. Y por último, y tras analizar como buenamente he podido este disco, y ahora valoro más el trabajo de mi amigo Abacab, posiblemente mis escasos conocimientos musicales hayan hecho de este análisis una pesadez, pero he disfrutado como un enano, re-escuchando las canciones, oyendo a un grupo que me marco de niño, y que aún escucho, pues no son pocos todos sus éxitos y ojala pronto los pueda ver en concierto, aun así llego al final del disco. Y esa primera canción que escuche en su día y que despertó en mi no solo el interés por el grupo, sino una inquietud en su letra; esas estrofas marcadas con interrogantes dan que pensar “¿Quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?” Son preguntas que no sabemos contestar en ocasiones de la manera correcta, en función de la manera de ser preguntados, para mi sin duda es la mejor canción de este disco y posiblemente la mejor de este grupo.