
Quiero hacer justicia con la banda y con el disco con el que empecé a hacer camino a la hora de conocer a Talking Heads. Corría el mes de septiembre de 2001, y a la par que el grupo Men At Work me habían llamado la atención especialmente, otro videoclip de tonos luminosos de una canción de sonido muy sarcástico y alegre me había dado de lleno unas semanas atrás en pleno verano. Era la canción “Road to nowhere” y el grupo Talking Heads. En aquellos días en los que empezaba a despegarme de mis grupos prisma (The Cure, The Smiths y Depeche Mode) y comenzaba a abrirme a nuevas bandas, había leído por ahí que Talking Heads eran unos genios (razón no le faltaba a aquella crítica). Del grupo solamente había visto el video y escuchado “Once in a lifetime” en un especial de la Vh1 sobre los 80. El tema me dejó fuera de juego por su estructura tan rara, con un tipo con pinta de ejecutivo freaky soltando discursos en lugar de cantar, sobre una base instrumental electrónica nerviosa e innovadora (y eso que lo veía 20 años después de su edición).
No obstante, “Road to nowhere” y su también desternillante videoclip (en aquellos días no paraba de darle al rewind del vhs para ver “Down under” de Men At Work y el citado video de los Talking Heads) fue lo que me incitó a meterme a conocer el grupo. A comienzos de siglo me gastaba una pasta gansa en comprarme discos y recuerdo que de una tacada me hice con “A Broken Frame”, “Construction Time Again” y “Some Great Reward” de Depeche Mode y por otro lado con “Little Creatures” y “Once In A Lifetime” (recopilatorio) de Talking Heads. Siguiendo los consejos que les doy habitualmente, me compré el disco en el que se incluía el tema que me captó la atención y por otro lado un recopilatorio que me permitiera conocer de forma global la historia del grupo.
El resultado fue excelente y septiembre de 2001 fue un tiempo de grato recuerdo musical, con las escuchas en mi habitación de “Once In A Lifetime” y “Little Creatures” de Talking Heads y el “Business As Usual” de Men At Work. Como el tema de los recopilatorios no lo trato (por lo menos hasta la fecha), el disco elegido para esta semana es “Little Creatures” del año 1985; el trabajo con el que Talking Heads retornaban a un sonido pop sin estridencias e innovaciones, parecido a lo que hicieron en su debut “77”, pero con una mayor experiencia y destreza musical.
Tras las consideraciones personales sobre mi relación con Talking Heads, expliquemos brevemente el entorno en que se movían los Byrne y cia. en aquellos días. Quizás la banda estaba en su momento más álgido. Tras la edición del disco de influencias funk “Speaking In Tongues”, el grupo había llevado a cabo una gira importante, de la que destaca su gran obra en directo “Stop Making Sense” con un film espectacular sobre sus actuaciones en Los Angeles dirigido por el cineasta Jonathan Demme.
Las tensiones personales que se vivieron en los días del fabuloso “Remain In Light”, debido a la dicotomía con la que tuvo que lidiar David Byrne concretada en el enfrentamiento entre el matrimonio Weymouth-Frantz con el aclamado productor Brian Eno parecían haberse diluido. Pero aquello produjo que ciertos resquemores quedaran en las relaciones grupales y fue el germen que a la larga desembocó en el fin del grupo a comienzos de los 90. Sin embargo, tras “Speaking In Tongues” las aguas parecieron calmarse, a pesar de que internamente y en el subconsciente estuvieran abiertas las heridas relacionales. Con este panorama de buen ánimo, al menos en la superficie, se dieron las circunstancias para que el grupo diera forma a un trabajo pop, relajado, llevadero y no exento de auténticas joyas. Demos al play y veamos lo que contiene.
Para demostrar las intenciones sencillas de la banda en este disco, se abre de la mano de “And she was”. Un ejemplo de pop suave y ligero, que muestra a la vez las maneras ya maduras de la formación, pero que en su inocente sonido de gran parte de su duración nos evoca a los comienzos del grupo. “Give me back my name” tiene un carácter más oscuro y pesimista en su melodía, centrado principalmente en la parte de su estribillo. Los efectos sonoros electrónicos ayudan a ese enfoque decadente y también el tono vocal de Byrne a la hora de cantar. Tras este trastabillado corte, se regresan a las llanuras suaves y llevaderas del pop medio, destilado con maestría en este caso con la canción título o en parte título “Creatures of love”. La banda parece haber abandonado el experimentalismo, el frenesí y el intelectualismo de sus obras previas y se aprecia una atmósfera relajada en casi todo el disco, de la cual “Creatures of love” con sus cálidas notas de guitarra y sus suaves melodías de teclados, es un perfecto ejemplo. La gran joya oculta de “Little Creatures”, bajo mi punto de vista, es “The lady don’t mind”. Esta pieza en realidad es un descarte de “Speaking In Tongues”, que por fortuna se recuperó a tiempo para incluirse en el siguiente disco. Tiene un cierto toque de misterio en su melodía, que ya parte desde sus acordes iniciales, que despunta en una buena intensidad en el estribillo. Quizás el tema de corte más serio y sesudo del disco, y en definitiva una auténtica maravilla sonora. También dispuso de un nocturno videoclip filmado en blanco y negro, bastante sencillo a la par, con el grupo tocando sentados sus instrumentos e intercambiando sus posiciones. Tras esta canción tan excelente, con un sonido más conciso, volvemos a las melodías calmadas y placenteras de la mano de la canción de idílico título “Perfect world”. Es, por decirlo de alguna forma, la canción gemela de “Creatures of love” y afirmo perfectamente que es de los mejores temas que puedes escuchar de Talking Heads si lo que buscas es evadirte y aliviar tensiones. El “mundo perfecto” se consigue a través de los pequeños placeres descritos en el estribillo “ella dijo: este es un mundo perfecto, estoy montando en bicicleta bajando por una cuesta. Miro a tu cara y tú fotografiarás la mía”. Hasta los juegos vocales de Byrne me gustan en “Perfect world”.

El que fue el 6º disco de estudio de Talking Heads fue un disco de buena acogida y con un aceptable reconocimiento y éxito mediático, sobre todo a la pegadiza y animada “Road to nowhere”. Además, la filmación del hilarante videoclip ayudó a que un grupo que ya empezaba a tener una edad talludita, se hiciera un hueco en la Mtv entre grupos más jovencitos. La portada es una maravilla, siendo en realidad una composición pictórica del propio Byrne, en la cual se puede ver dibujados a los miembros de la banda y varias sentencias, proclamas y frases curiosas. La contraportada mostraba al grupo con unos coloridos y exóticos atuendos, saltándose a la torera eso de ir vestidos de calle para tocar o cualquier actividad relacionada con la banda. Una norma que imperaba en el proceder de Talking Heads al menos hasta “Remain In Light”, ya que el traje gigante de “Stop Making Sense” no creo que fuera el atuendo con el que David Byrne bajara a comprar el pan al mediodía en 1983-84.
La cada vez más exposición de la banda en la vida social y ser considerados como unos referentes musicales básicos y reconocidos, hicieron que su líder, el guitarrista y cantante David Byrne comenzara a diversificar más intensamente su actividad, más allá de sus discos en solitario que ya había comenzado a editar en los tiempos de “Remain In Light”, con aquel debut en solitario ayudado por Brian Eno en el vanguardista y experimental “My Life In The Bush Of Ghosts”. Esa ampliación de funciones de Byrne se basó en que debutó como director de cine con su película “True Stories”, de buena crítica especializada. Evidentemente, la película tenía una banda sonora con canciones propias que interpretaban los actores del film.
El problema vino cuando a los Talking Heads se les ocurrió la “brillante idea” de grabar un disco con las canciones de la película interpretada por ellos. De esta forma, pasaron de haber editado en 1985 un trabajo de sonido mediano, sin extremos, experimentos, ni estridencias, pero en definitiva un estupendo álbum de notable o notable alto, a dar factura a su peor entrega de toda su brillante trayectoria. “True Stories” es una desaforada y triste lacra en el historial de Talking Heads. Una mancha negra dentro de una discografía impecable.
A la postre y tras el repunte de “Naked”, se produciría la separación y tal. De eso ya hablaremos cuando toque. De momento hoy les proponemos escuchar el disco de una banda ya consagrada en su día. El álbum editado tras un duro trabajo y una serie de discos tremendamente variados e innovadores. “Little Creatures” no hacía prever que el fin de los Talking Heads se situara 2 discos después. Repito que la obra desprende un sonido amable y llevadero, dando la completa impresión de que la banda disfrutaba con lo que hacía. Parece ser que no era oro todo lo que relucía. Más allá de los problemas internos, “Little Creatures” es un disco apto para todos los públicos y una buena piedra de toque para meterse en el grupo, para iniciarse en su conocimiento. Algo sé de ello, pues ya les he dicho que fue mi lp guía para conocer a Byrne y los suyos. ¿A qué esperan?
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