Sigo con la tradición de este otoño de hacer el post semanal sobre los discos que han ocupado fielmente mis escuchas en las últimas semanas. Es curioso en mi plano personal que me decidiera a rescatar el que fuera último disco de estudio de los de Manchester en unos tiempos (hace unas semanas) en los que se estaba fraguando una nueva recomposición de la banda, y que cuando volviera a darle unas pasadas musicales a este álbum de 2005 todavía no me hubiera enterado del regreso del grupo. Ese regreso no está exento de polémica al no incluirse en el mismo al bajista Peter Hook y darse el hecho de que éste además esté enfurecido y dispuesto a joder de cualquier forma posible el regreso de sus ex-compañeros. Luego, al final del post haré una reflexión sobre ello de pasada, pero ahora veamos cómo andaban estos muchachos antes de sacar su hasta ahora último disco de estudio.2001 resultó un retorno glorioso de New Order, que no editaban lp desde “Republic” de 1993, un disco irregular en conjunto, aunque individualmente tenga momentos celebérrimos como “Spooky”, muy movidita, “Regret” o “World (Price of love)”. El regreso se concretó en el sobresaliente “Get Ready”, que ya se presentó con un fabuloso single llamado “Crystal”, que por otro lado incluye en su parte final unas notas que particularmente me recuerdan mucho a A forest de The Cure; nuevamente estamos ante el recurrente tema del seguimiento que realiza New Order a The Cure y The Cure a New Order desde el comienzo de sus trayectorias.
Este “Get Ready” se selló por parte de la formación completa de New Order, aquella formada por Stephen Morris a la batería, Peter Hook al bajo, Bernard Sumner a la voz y guitarras y Gillian Gilbert en los teclados. Sin embargo, Gilbert diría adiós al grupo tras la promoción correspondiente del disco y se reclutaría a Phil Cunningham para completar la formación. Este hecho para nada es irrelevante, ya que el enfoque del disco es radicalmente distinto al que probablemente hubiera tenido si Gillian hubiera estado en el ajo. Les anticipo antes de las conclusiones que les dejaré al final del artículo que “Waiting For The Sirens’ Call” cada vez me gusta más y que a día de hoy es uno de mis lps favoritos de la banda. Metámonos en el análisis de cada una de sus canciones sin más demora.
Hay que advertir (lo digo nuevamente) que la ausencia de Gillian Gilbert en New Order no es baladí en este caso, ya que en muchos de sus temas el disco tiene un fuerte carácter rockero, concediendo en la producción una mayor importancia a las líneas de guitarra y al bajo de Peter Hook, quedando los teclados en un 2º plano. Eso se puede apreciar en “Who’s Joe?”, glorioso inicio de intensa fuerza rockera, con un ritmo y melodía bastante seria y entregada. Sin dejar de lado la importancia de las guitarras e intentando sonar dentro del estilo del rock indie de la década donde se encuadra el disco, llega “Hey now what you doing”, quizás una de mis favoritas de la obra. Su sentir es mucho más luminoso o alegre que la sesuda “Who’s Joe?”, consiguiéndose un medio tiempo con matices rock muy acertado. El tridente de apertura me parece maravilloso, ya que el mismo se completa con la canción que concede el título al disco, que es una de las mejores composiciones de New Order de siempre. Poco a poco se va restando seriedad para en esta ocasión permutarla directamente por la emotividad, en la cual tiene mucho que ver la línea dibujada por Peter Hook y su bajo en esta ocasión. Ese toque de melancolía y esa parte final de la letra en la que Bernard se busca acompañamiento vocal femenino, son 2 de los principales activos de esta delicada y sentida composición que dignifica por sí sola el disco al que da título. Es curioso que el que fuera 1er. single del disco y que llega justo a continuación me produzca una cierta bajada de la emoción o de la percepción de excelencia sin reservas que experimento con las 3 primeras canciones. “Krafty” destaca por su inmediatez, y aquí sí que se da un mayor protagonismo a los teclados, con un recubrimiento muy poperito. No se hace para nada desagradable su escucha, pero está lejos de otros momentos parecidos de la historia de New Order como por ejemplo es la fabulosa “Bizarre love triangle”, composición de la que creo que viene la inspiración o al menos desde cuyo prisma se parte para haber dado lugar a “Krafty”. Con “I told you so” se pasa a un punto musical menos pop, menos luminoso y menos enérgico, buscando un medio tiempo electrónico, con una dosis generosa de adornos, entre los que destacan ciertos coros femeninos. Un ritmo frenético es el que muestra la nuevamente guitarrera de forma notable “Morning night and day”. New Order van reafirmando este sonido más rock en el disco y ya desde el título de esta canción se aprecia ese movimiento estresante al sucederse de forma muy rápida los distintos momentos del día.
A continuación, “Dracula’s castle” muestra interesantes formas oscuras, en el corte menos evidente musicalmente del lp, destacando sobre todo esa misteriosa a la par que elegante introducción. Contrasta que después de este momento llegue el tema más superficial, pero en todo caso divertido y válido, de “Waiting For The Sirens’ Call”, que no es otro que el que fuera su 2º single “Jetstream”. Nadie puede negar que esos deletreos y la sencillez del estribillo, marca de la casa en varias de sus composiciones históricas, no se quedan grabados después de todo, aunque quizás de primeras escuchas no cause muy buena impresión. A esta “Jetstream” estimo que se le va cogiendo el punto con el paso de las escuchas, ya que en aquella primavera de 2005, cuando vio la luz con sencillo, no me llamaba mucho la atención. “Guilt is a useless emotion” es como coger el tema “I told you so” que hemos escuchado unos minutos antes, y darle una dosis mayor de ritmo y aceleración, con un enfoque o sensación más oscura. Quizás su estribillo resulte algo plano, pero el comienzo, con ese leve misterio presente en el poso que deja y los primeros versos tan interesantes que canta Bernard “otra semana en la ciudad, esperando que una oportunidad se presente delante de mí…”, ofrecen una apertura de tema notable cuanto menos. Es quizás el tema más nocturno y electrónico de la obra, personalmente me gusta mucho. Si queremos poner un ejemplo de género pop/rock para todos los públicos y con un sentir amable en las sensaciones que transmiten las cálidas líneas de guitarras de su instrumentación, es inevitable mencionar a “Turn”, la cual supone el penúltimo episodio de este interesante lp de New Order. Con una gran sencillez en su estribillo se consigue rubricar una pista notable y quizás la composición más pulida y menos agreste del disco para todo aquel que no sea seguidor de New Order o que no haya accedido a su obra aún; véase ese “aparta los ojos de mí”. Se termina con un tema rockero, el más rockero y contundente en su sonido del álbum. “Working overtime” al ser el fin de la obra, ayuda a dejarnos esa impresión de que New Order en su último trabajo ofrecieron una entrega principalmente dominada por las guitarras y el carácter más rock, dejando en un segundo plano los teclados y sintetizadores que les dieron la fama en su día. Como ya he mencionado varias veces en el post, la ausencia de Gillian Gilbert en este aspecto se ve claramente.El que ha sido el último trabajo de New Order hasta la fecha, y el cual parecía poner punto y final a su trayectoria musical, hasta que por el motivo que sea Bernard Sumner, Stephen Morris y Gillian Gilbert hayan decidido reunirse al margen de Peter Hook para seguir con la leyenda en activo, es una obra que tarda en entrar. De primeras choca, ya que el enfoque más guitarrero nos puede descolocar, incluso aunque no se haya perdido la óptica del enfoque que tenía el igualmente fenomenal trabajo previo “Get Ready” de 2001.
Es innegable la calidad de por ejemplo los 3 primeros cortes de la obra sobre todo, y también del resto de capítulos que poco a poco terminan por mostrar su potencial oculto con el paso de las escuchas y de producirse la lenta digestión del disco. Lo que no se puede esperar, o al menos en mi caso particular así ha sido, es que el disco termine ganando tantos y tantos enteros en el foro interno de cada uno. Me parece un dignísimo disco a las alturas en que la banda lo editaba y que demuestra que una banda tras más de 20 años en activo puede dar lugar a cosas bastante decentes y acertadas.
Tras la gira de presentación, la cual se extendió razonablemente a lo largo del tiempo, se produjo el anuncio de que el grupo se disolvía y no sé si propiciado por ello, al poco tiempo el bueno de Tony Wilson, defensor a muerte de Joy Division primero y luego de New Order fallecía. Luego comenzarían a venir los enfrentamientos clásicos que ya se han visto previamente en bandas del rock como Pink Floyd o del pop como Spandau Ballet, en los que Hook parecía ir en contra del resto.
Y en este punto están New Order, es decir, anunciando que van a publicar un nuevo disco con temas descartados de las sesiones de la obra que hoy hemos revisado y actuando en Bélgica y otras sedes sin la presencia de Hook y sus inmortales notas de bajo y la forma de ejecutarlas sobre las tablas. A falta de que se publique ese nuevo material, que a buen seguro será realmente interesante (básicamente por la exigencia del disco a cuyas sesiones pertenece, que no es otro que el hoy escogido para este post), no hay nada más apropiado para meterse con “Waiting For The Sirens’ Call” y darle unas nuevas pasadas. Durante mucho tiempo lo tuve apartado y descartado como un trabajo irregular, y es su recuperación lo que me ha hecho verlo con distintos ojos. Rectificar dicen que es cosa de sabios, ¿no?
Respecto a nuestro programa de radio, no se pierdan hoy a las 16.00h en la sintonía de &radio de Torrejón de Ardoz el especial coloquio que haremos sobre Queen y su disco “The Game”, lo cual nos permite rendir tributo a Freddie Mercury justo cuando se cumplen 20 años de su fallecimiento. El miércoles sonará el programa debate que dedicamos a Supertramp y a su “Crime Of The Century”, el cual estaba previsto que sonara este pasado miércoles, pero que por problemas técnicos no se escuchó ni en &radio ni en RUAH. Esto será el miércoles 30 a las 21.00h en &radio y a las 23.00h en RUAH, pero lo primero es que esta tarde nos acompañen en directo. Además, si lo desean podrán participar telefónicamente, pues abriremos las líneas telefónicas por 1ª vez.

“Bolero falaz” en parte sigue la estela que ha dibujado “Me tienes contenta”, aunque con una estructura menos electrónica, acercándose más al pop tradicional. Estamos ante otra canción vital, alegre, aunque en la letra Dolo se queje de cierta actitud desconcertante por parte de esa media naranja que protagoniza la misma; supongo que en casos como los que describe Dolo, “que si vengo, que no voy, que si estoy, que me pierdo…”, lo mejor es tomárselo con un ánimo semejante al que transmite esta composición; de lo contrario, estamos perdidos. “Cosas malas”, sobre todo por la línea rítmica rotunda de su bajo, nos puede evocar vagamente a “Mirona” del primer lp del grupo. El aspecto de esta canción es más sombrío que el de los últimos temas que la han precedido, una especie de medio tiempo que viene bien para afrontar el, para mi gusto, otro gran momento del disco, y ante el papel de “Cósmica” como single, la verdadera joya oculta de “Circuitos De Lujo”. Y es que el carácter épico o trágico en ciertas partes que tiene “Cuerpo transparente”, al describir ese anonimato, o transparencia social, como cuando Dolo dice eso de “No tengo carisma”, es un placer para los oídos en el sentido melódico. Un tema vibrante, rítmico, que puede ser la horma del zapato de “Cósmica”, con la diferencia que a la hora de hablar de una especie de antihéroe en la letra en “Cuerpo transparente” se hace en 1ª persona, y que en todo caso supone uno de los puntos destacables de una obra notable, más que notable. Con esta factura rítmica Pastora consigue crear temas bailables, que para nada caen en lo anodino o vacuo. Lo curioso es que el inicio no nos hace pensar que el tema adquiera ese ritmo a medida que va avanzando y sobre todo cuando llega el estribillo, con una electrónica intensa y sublime. Todo un temazo este “Cuerpo transparente” y en definitiva una alegría que nos damos para afrontar la parte final del álbum. “Parece que viene” rompe de golpe con el barroquismo rítmico de “Cuerpo transparente” con un comienzo acústico y una envoltura melancólica, que se acrecienta cuando entra el cuerpo sonoro ambiental y de matices orquestales que tiene esta pieza, la cual nos ofrece variedad al conjunto de temas que ofrece “Circuitos De Lujo”. La parte instrumental final es de una belleza formal apabullante y Dolo Beltrán se ajusta a la perfección a la exigencia que supone una parte musical como esa, alcanzando no solo en esta parte de la canción, sino en anteriores también, un registro de interpretación realmente sentido y emocionante. Para nada es un tema inmediato, y más aún al situarse en la parte final, pero irán apreciando su valía, que es mucha, con el paso de las escuchas. “Decibelios”, penúltimo capítulo del disco, ofrece una candencia de programaciones pausada y una envoltura sinuosa, sugerente y levemente misteriosa. No obstante, el tema más nocturno, heredero del mejor trip hop de finales de los 80 es la canción título, que cierra formalmente el disco. Es una forma inmejorable de rubricar un disco que nos ha ofrecido varios pasajes y momentos emocionales a través de la música. “Soy una máquina” se empeña en repetir una y otra vez Dolo en la canción, que por otro lado es la de mayor duración del disco, superando los 5 minutos. Es común el añadido que supone “Extrarradio”, si cabe mucho más desnuda, con leves apuntes sonoros programados, que dejan el protagonismo principal a Dolo a la voz. Resulta muy emotiva y especial su disposición como epílogo y rubrica una parte final que nos envuelve en un mundo onírico y de ensoñación, que no en vano nos hace creer que el ritmo electrónico vivido en pasajes anteriores de “Circuitos De Lujo” sea objeto de nuestra imaginación.
“Pigs (three different ones)” me llama la atención principalmente por la interpretación vocal en este caso de Roger Waters con esa especie de risa o repetición que hace en una parte de la letra oída en el comienzo de la pista. Es una pista más desenfadada que la sesuda “Dogs”, con un carácter levemente hipnótico en las melodías que entrelaza. Con “Sheep”, que fue el único corte de la obra incluido en el recopilatorio “Echoes”, el grupo gira un poco más la rueda de graduación de intensidad rockera de “Animals”. El tema es un auténtico trueno en varias de sus partes y un ejemplo del sector más abrasivo de Pink Floyd. Igual que la 1ª parte de “Pigs on the wing” era una intro a la obra, la 2ª parte es una especie de epílogo o cierre, que da carácter global o conceptual a la obra, rubricando su envoltura correctamente.
Se da un giro más a la intensidad del disco en el siguiente pasaje, para que luego de ahí al final poco a poco se retorne a la calma y reposo que transmitía el prólogo de la 1ª pista. Llega “Ayes”, con un ejercicio instrumental acelerado y Coppini perfectamente sincronizado con la música. Esos “Ayes de sacrílego” suponen otro acierto más del disco, hasta ahora sin mácula. Es curioso que con esos portales en los que se ha comentado y criticado el disco, no comparta el gusto por las “Travesuras de Till”, el único tema al que salvan de la quema en esos artículos. Me parece algo sosa en lo instrumental, aunque en la letra no deja de ser interesante escuchar esas historias derivadas del género literario de la novela picaresca que se nos presentan. Mejor me parece “Santos de devocionario” que da el fin a la obra, con ese toque conceptual al retornar a las formas del inicio, ya que no es más que el desarrollo formal del “Prólogo”. La letra choca, pero el sentir con el que la interpreta Coppini y sobre todo esa instrumentación tan elegante y excelsa es una delicia para los oídos. En el recopilatorio que incluía toda la obra de Golpes Bajos, se metía otra versión alternativa de “Travesuras de Till” a modo de cierre, pero personalmente tampoco estimo que difiera mucho de la primera toma y me parece mucho mejor cerrar con esta “Santos de devocionario”.
El gran tema pop extraído del disco, y que debido a su éxito o aceptación en la historia de Genesis marca un antes y un después en la discografía de la banda, es “Turn it on again”. Las guitarras melódicas de Rutherford, con las notas de teclados justas de Banks conforman un tema directo, rítmico y lleno de alegría, ilusión y buen rollo. Sin embargo, quizás es el tema que menos tenga que ver con el conjunto de la obra, pero aquí, en mitad del listado se hace agradable un respiro pop de estas características. Hay lugar para una balada desconsolada como es la sentida “Alone tonight”, la cual abre la parte final de la obra. Acto seguido llega “Cul-de-sac” con una estructura no clara, nada evidente, en la que sobre todo destacan el bombo que tienen los teclados de Tony Banks, siguiendo el patrón marcado en el comienzo de la obra “Behind the lines”. Estamos ante otro tema rotundo, que mezcla a partes iguales el sentir que te dejaba “Man of our times” con la ya mencionada canción de apertura de la obra. Tras tanto bandazo sonoro o sacudida que hemos experimentado en “Cul-de-sac”, ahora se dispone un tema con una mayor mesura titulada “Please don’t ask”, con un leve toque nocturno, en el cual los teclados de Tony Banks son más bien envolventes para este medio tiempo que nos permite coger fuerza durante sus minutos de duración, ya que el final instrumental compuesta por el combo “Duke’s travels” y “Duke’s end?” es un ejercicio sesudo, progresivo, oscilante y que busca darle carácter cíclico a la obra, retornando su sección final, propiamente en “Duke’s end?”, a los sonidos y melodías que conformaban la estructura troncal del inicio que pudimos escuchar tres cuartos de hora atrás con “Behind the lines”. En “Duke’s travels” sobre todo hay que destacar el increíble papel de Tony Banks en sus teclados. Phil Collins hace acto de presencia a eso de los 6 minutos cantando parte de “Guide vocal”. En todo caso es un final mágico y que le confiere ese carácter de unidad a la obra, dándole un enfoque conceptual.
No obstante, “The one that got away” no me resulta desagradable ni excesivamente empalagosa. Tiene un punto bonito y aunque es bastante azucarada, creo que su bondad reside en el sentir con el que Katy Perry afronta su interpretación vocal. Se está barajando como single tardío de la obra, pero está en duda con otro tema que escucharemos más adelante y que sería mi clara opción como 6º single. El single más oscuro y farragoso ha sido “E.T.”, que de hecho en su edición como sencillo ha contado con otro rapero, en este caso Kaney West, como estrella invitada. Tampoco me gusta en exceso esta “E.T.”, que incluso me evoca a las texturas musicales en las que se movía en su día un controvertido dúo que triunfó a comienzos del milenio, aquellas T.A.T.U. de Rusia. “Who am I living for?” no abandona el sector menos pop del disco, suponiendo un tema más sombrío, que pierde intensidad respecto a “E.T.”, pero solamente en el plano instrumental, ya que en lo que a la voz se refiere Katy se esfuerza mucho en el estribillo de la misma cuando se pregunta una y otra vez “¿para quién estoy viviendo?”. Ahora llega “Pearl” que es otra balada que ofrece unas interesantes partes prosaicas fuera del estribillo, que quizás es su punto más débil. No es un mal tema este “Pearl”, sobre todo por las partes ajenas al estribillo, pero particularmente estimo que queda totalmente eclipsada y anclada en el olvido por culpa de la gran joya oculta (de momento, ya que puede que sea single puesto que celebridades del mundo blogger como Pérez Hilton están a favor de que se edite como tal) de la obra. Y es que mi tema preferido del disco a día de hoy, por encima incluso de “Teenage dream” o “California gurls” es “Hummingbird heartbeat”. La letra es otra metáfora de esas tan del gusto de Katy, haciendo en este caso uso de los pájaros y de las abejas para dar forma al tema pop por excelencia del disco. Hablando en general, la música normalmente nos gusta porque lo que nos entre por los oídos nos resulte armonioso o despierte ciertas buenas sensaciones en nuestro ser; realmente no sé lo que me produce en mi interior “Hummingbird heartbeat”, pero simplemente diré que es un tema que me levanta la moral y me llena de energía. Quizás parte de la culpa de ese efecto en mi interior es la base rítmica potente y sólida que tiene y los acordes de guitarra eléctrica tan acertados que aporta, que acercan el tema a la postura de artista medio-indie que en sus primeros pasos con “One Of The Boys” parecía ofrecer Katy. Instantes de la canción, como cuando dice “el sabor de tu miel es tan dulce”, me encantan por la conjunción de elementos sonoros que se suman en esos segundos. También el puente al estribillo “incluso cuando las estaciones cambien, nuestro amor seguirá igual” me agrada mucho. Y en la parte final, cuando suenan fuerte las guitarras y Katy engancha el estribillo con esa frase “extiende mis alas y hazme volar”, estimo que hay otro punto muy bueno de la canción. En conjunto una maravilla pop y de los temas más válidos del disco. Es común que muchas veces que escucho el disco me quedo anclado en este penúltimo tema y lo escucho 2 o 3 veces más. Confío en verla como 6º single del disco y con un videoclip excelente que le haga justicia al tema. Tengo opiniones internas encontradas con “Not like the movies” como cierre. Y es que tras un tema tan bueno, o al menos que a mi así me lo parece como “Hummingbird heartbeat”, cualquier cosa me parece insuficiente. Quizás su carácter acústico y casi a capella es correcto para darle el cierre a “Teenage dream”, con ese halo de balada atormentada que tiene; o quizás no. No obstante, con todo esto tampoco creo que “Hummingbird heartbeat” fuera un correcto final de disco. Su carácter realmente no pega para ese papel. No sé, en estos momentos en los que escribo este artículo no tengo muy claro que como cierre sea correcto o no “Not like the movies”, pero lo que es impepinable es que el disco en sí termina, más allá de que se incluyan algunos remixes o versiones alternativas ocultas de “California gurls” o “Teenage dream” en algunas ediciones.
Grande, muy grande es la versión de “Monkey man” que hizo el grupo. Un tema jaranero, con unos coros casi ininteligibles a cargo de Neville Staple, y unos coros que invitan a la juerga y al cachondeo, dispersados por casi la completa totalidad de la canción. Animada resulta “Dawning of a new era”, que sigue perfectamente la estela que ha dejado la jaranera “Monkey man”. Sin embargo, acto seguido “Blank expression” nos deja un poco en fuera de juego con su estructura y sus paradas y arranques, con esos leves acordes reggae que tiene en su raquítica melodía. Interesante resulta “Stupid marriage” con esa intro de Neville Staple metido en la piel del personaje Judge Roughneck, para luego meternos en ese panorama desolador que describe Terry Hall al micrófono en el resto de la letra. El tema de los matrimonios no se deja de lado en la pista de corte reprochable “Too much, too young”; si no me creen, escuchen a Terry decir aquello de “… Ahora estás casada y con un hijo cuando podrías estar divirtiéndote conmigo”. Nuevamente no hay quien coja lo que dice Neville Staple en sus partes vocales tras Terry; solamente me quedo con ese “… conmigo” final que suelta. Momento de gran intensidad, con inicios y paradas marcados por un “¡Uno! ¡Dos!”, cortesía de Staple es “Little bitch”. Las guitarras de Roddy Radiation son un jodido trueno que no cesan en todo el tema y sobre las cuales un vertiginoso Terry Hall, casi sin respirar, escupe toda la letra casi del tirón, solo interrumpido por esas señales mencionadas de Neville. Curioso final supone “You’re wondering now”, quizás el tema más ingenuo y lento del disco, bastante repetitivo en su letra, y que permite que el estribillo “te estás preguntando ahora, qué hacer. Ahora ya sabes que este es el final”. De hecho, el tema termina así, de golpe, de forma muy apropiada realmente. Junto a “Too hot”, fue el único tema del disco que no sonó en el set list que The Specials dispusieron para su actuación en el