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sábado, 11 de abril de 2009

03-04-2009 Concierto Franz Ferdinand. Madrid

Bueno, bueno, bueno, ¿por dónde empezar? Supongo que por el principio, ¿no? Creo que eso será lo más fácil. En fin, como ya comenté en su día al revisar el último trabajo editado por Franz Ferdinand, el inicio de mi admiración por esta banda ha sido más bien tardío y en parte se debió a comenzar por el lugar equivocado, que fue por la cata del 2º de sus discos. La escucha de su brillante “Tonight: Franz Ferdinand”, me abrió los ojos como platos, y la posterior captura de su debut, me hizo confirmar que los derroteros irían definitivamente por la admiración puntual que sentí por “The fallen” y “Outsiders” de “You Could Have It So Much Better”, más que por el resto del disco, que lo que me venía a causar era una sensación de extrañeza y confusión.

Igualmente, les dije que aún sin haber accedido a su primer álbum, tan sólo por la escucha de su nueva entrega, me decidí a sacar entrada para su concierto en el Palacio de los Deportes, que tan elegante y correctamente fue promocionado en el diario gratuito ADN a portada completa.

El pasado viernes 3 de abril de 2009, cuando todavía resonaban los ecos y se agolpaban las sensaciones vividas en el concierto de The Killers, tan solo 11 días atrás, y cuando todavía se notaba un cierto temblor después del terremoto AC/DC, que había pasado unas horas antes, era en el mismo Palacio de los Deportes donde Kapranos y sus secuaces nos habían citado para demostrar qué es lo que son capaces de hacer.

Tras terminar mi jornada laboral a las 15h, decidí no pasar por casa y dirigirme directamente al Palacio de los Deportes, para intentar posicionarme en una localización decente, al igual que conseguí en el reciente evento de The Killers. Tras tomarme con calma la llegada a los aledaños del Pabellón, sobre las 16.15h fue cuando alcancé la incipiente cola que se comenzaba a crear, eso sí, de forma torcida y que a los pocos minutos un encargado de la organización, se ocupó de enderezar a marchas forzadas.

Tras reorganizar la cola, tras de mi quedaron 3 chavales que comenzaron a hablar de grupos como Arcade Fire, Scissor Sisters, los propios Ferdinand, etc. y cuando les escuché que les faltaba uno para jugar al mus, no fui capaz de resistir por un lado mi afición a este juego de cartas y por otro lado la posibilidad de una interesante charla musical, de esas que aunque parezca mentira son tan difíciles de disfrutar. Igualmente era la ocasión perfecta para pasar de forma entretenida las casi 2 horas que quedaban hasta que llegara mi acompañante, que pudo conseguir entrada gracias a alguien que no buscaba lucrarse, simplemente no podía ir y lo que quería era recuperar el importe exacto, cobrando los 39 euros que le costó.

Tras interesantes vivencias musicales contadas tanto por unos como por otros, exposiciones sobre discos, e incluso una breve escucha del primer lp de Franz Ferdinand, entre nuestros nuevos amigos y nosotros, llegó la hora en la que tocaba abrir las puertas. El proceder fue exactamente el mismo que unos días atrás con The Killers y en esta ocasión conseguimos llegarnos a una fila 8ª apretujada y más centrada; recuerden el pasado concierto fue una 12ª y algo escorada hacia la izquierda.

Aquí como siempre se habla de lo musical y lo personal, con lo que les comentaré alguna de las circunstancias particulares que me acontecieron. El caso es que no fui a ningún servicio antes de posicionarnos en la pista del Palacio, con lo que tras haber estado sentados casi todo el rato en la cola, el simple traqueteo de estar de pie y algo exprimido por el agobio, ya comenzó a crear algo de malestar corporal. Una de las chicas que formaba parte del grupo de gente al que conocimos y yo, conseguimos sentarnos entre las piernas de la gente que ya se agolpaba, pero un tipo borracho perdido, que estaba sentado también cerca nuestra, echó por la boca toda su buena voluntad y ante el avance de sus esputos, tuvimos que volver a ponernos en pie esperando que los teloneros dieran comienzo al programa.

Ya se advertía en la entrada que había 2 artistas invitados, aunque lo único que sabía un servidor es que venían Mando Diao, pero no otro grupo más. Finalmente se confirmó el triunvirato de grupos y apareció la banda Kissogram para amenizar la espera de los platos fuertes de la noche, con su estilo indie durante media hora. A mi ni me disgustaron ni me volvieron loco, pero en nuestros círculos allegados más bien gustaron poco, por no decir nada. En parte esa crítica venía por la estructura plana de alguno de los temas que tocaron, que efectivamente se componían de 2 versos repetidos. A continuación, les dejo la mejor imagen que les pude coger. Decirles que aquí hubo un momento de crisis personal, en el que estuve medio doblado, con un dolor de estómago insoportable, y de no ser porque mi acompañante tenía una botella de agua que consiguió infiltrar, no sé que hubiera sido de mi. Tras este grupo, llegaba uno de los momentos esperados de la noche. Mando Diao saltaron al escenario con tremendo coraje e intensidad y desgranaron parte de los temas de su nuevo trabajo “Give Me Fire”, el cual por cierto aún no he podido escuchar entero, más allá de lo que tocaron estos buenos muchachos. Sus canciones sonaban bastante enérgicas, como es costumbre, y hubo algún personaje pasado de vueltas que se creía bola de pinball y que consiguió crispar a gran parte de la gente que se aglutinaba por mi zona. Una cosa es botar y enloquecer en tu reducido espacio vital en estos lugares, y otra cosa distinta es ir a chocarte a lo bestia con el personal, pero bueno, cada uno tendrá su enfoque personal y particular sobre estas situaciones. El caso es que precisamente cuando sonaba una de mis favoritas del disco “Hurricane Bar”, que no era otra que “God knows” con esa voz tan cercana a la de Noel Gallagher de Oasis, tras haber engullido una chocolatina que me dio mi partenaire para intentar mejorar mi estado de salud, este añadido hizo que me destrozara por dentro, ya que me generó mucha más sed y lo que me provocó fue una medio lipotimia, que de no ser porque un servidor de ustedes es un tipo de gran envergadura y resistencia, hubiera acabado conmigo en el servicio de atención médica levantado al efecto. Agradecer eternamente el esfuerzo realizado por mi acompañante, que sacrificando las 4 últimas canciones de los Diao, se acercó a los servicios a rellenar la botella de agua y a conseguir un “económico” vaso de refresco de cola para reanimarme. Esto supuso que me reconstituyera totalmente sin haber perdido posición, ya que si me hubiera ido yo, debido a mi estatura, seguramente nadie me hubiera dejado volver a acercarme a las primeras filas donde estaba..

Cerrando el apartado de Mando Diao, decirles que los suecos estuvieron bastante correctos, y propinaron a la gente la dosis de adrenalina justa, suponiendo quizás el mejor primer plato posible para luego afrontar el 2º plato del menú que protagonizaban Franz Ferdinand. Sus nuevas canciones sonaron la verdad bastante bien, y me alegró escuchar “God knows” entre las elegidas para su repertorio; de hecho me ayudó a sobrellevar ese momento crítico por el que pasé. Por aquí les dejo la mejor imagen que capturé de ellos.Pasemos a lo realmente importante. A las 23h en punto, tal como rezaba la entrada y con puntualidad rigurosa, Franz Ferdinand hacían acto de presencia en el escenario. En el grupo de gente que nos acabamos juntando, hicimos una pequeña apuesta sobre cuál sería la canción de inicio. Algunos dijeron que podría ser alguna del último disco como “Live alone”, que supusiera un inicio bastante rítmico. Sin embargo, yo me aventuré a decir que no habría un mejor comienzo que el que reportaría “The fallen”. Efectivamente me acabé llevando el gato al agua. Como ocurre en el clip promocional de esta canción, en el que los Ferdinand van alineados armados con sus instrumentos cual ejército firme y devastador, acorde con la letra: “¿qué hay de malo por un poco de destrucción?”, la banda salió arrolladora y con un nivel de intensidad muy elevado. La gente enloqueció y sin compás de espera se nos dispuso “The dark of the matinée”, sin duda una de las mejores canciones del primer lp del grupo y que tiene un carácter más desenfadado y claramente bailable. Si el otro día les comenté sobre el fallo de set list de The Killers y que el inicio no fue todo lo acertado que podría haber sido, hoy les digo que no pudo haber una mejor forma de abrir el espectáculo. Como hice con la crónica del concierto de los de Las Vegas, les voy intercalando fotos del show que conseguí hacer, aunque al ser la iluminación de Franz Ferdinand más tenue y lúgubre, la calidad de las mismas no es tan buena como las del otro día. Aparte de este inicio atronador y contundente, otra de las bondades del concierto fue que los Ferdinand hicieron hincapié principalmente en su primer y tercer disco, dejando en un 2º plano a “You Could Have…”. De hecho, de las 4 canciones que eligieron de su segundo trabajo, los escoceses tiraron de los 2 momentos impecables del mismo, que curiosamente son el inicio y el final. Por un lado, la ya mencionada “The fallen”, que a la vez abrió fuego en la noche, y por otro “Outsiders” y sus irresistibles “Oh oh oh”, que hicieron acto de presencia en el megabis de 5 canciones, que por lo visto ahora está de moda en estas bandas. No pudo faltar la estrambótica y enrevesada “Do you want to”, que de forma natural supuso uno de los instantes de locura colectiva del Palacio de los Deportes y la delicada “Walk away”, que supuso la mayor muestra de ternura que Kapranos ofreció a lo largo de la hora y medio que estuvo en el escenario.En el apartado de sorpresas que estos escoceses nos tenían reservado en el listado de canciones elegidas, una de las primeras en hacer acto de aparición fue la saltarina y jovial “Tell her tonight” de su primer trabajo. Fue dispuesta en 5º lugar tras el arrollador comienzo y situada justo detrás de “Do you want to”. Gran parte del sector del público celebró los primeros acordes de la canción que nos permitieron identificarla. Quizás tampoco era esperada la mencionada “Outsiders” ni “Michael” del primer disco, que me da por pensar que birló su lugar a “Darts of pleasure”, quizás la gran olvidada de la noche. Uno de los momentos cumbre vino de la mano de “Take me out” situada en pleno corazón del concierto y que tras ese inicio más acelerado, en los compases de cambio de ritmo, la histeria desatada en el Palacio de los Deportes fue indescriptible. Tanta intensidad es necesario vivirla, no es posible explicarla. Claramente fue una de las canciones que más coreó el público y de las más disfrutadas. El single de promoción del último disco, la enérgica y bailable “Ulysses” también fue otro rato de celebración e implicación por parte de la audiencia. Perfectamente se acompañó la interpretación del tema con imágenes del videoclip reproducidas sobre el telón de fondo de la banda. Bastante alejada de colocarse como apertura de concierto, este tema se dispuso justo antes del parón que hizo la banda. A mi juicio un lugar correcto y mucho más que el que ocupó “Human” en el concierto de The Killers. “Jacqueline” también disfrutó de una posición privilegiada al comienzo de la parte final tras salir el grupo nuevamente a escena y fue bastante emotivo que casi toda la gente coreara ese lento comienzo que luego se convierte en esa melodía sin fisuras de guitarra eléctrica. En el apartado personal, me gustó especialmente la interpretación de “Twilight omens”. Ya advertí en su día que es mi canción preferida del último disco, y su interpretación, con un cierto reparto vocal entre Kapranos y McCarthy, que se encargó de las estupendas notas de teclados de este tema, fue simplemente excelente. Al uso se utilizaron unos efectos de iluminación de elipses sobre el fondo del escenario, para ayudar a ese ligero regusto psicodélico que tiene, aportando una sensación hipnótica que creaban esas sombras y formas proyectadas. Eché de menos por otro lado que no sonara “Can’t stop feeling” y “Live alone”, pero hoy ni mucho menos me voy a quejar de la selección de canciones. El final del concierto también hizo que la gente terminará de reventar al acertar de pleno los Ferdinand al situar “This fire”. Significativo es que una canción que dice: “Este fuego está fuera de control, voy a quemar esta ciudad”, se coloque como fin de concierto. Efectivamente así fue, los Ferdinand prendieron fuego al Palacio de los Deportes encendiendo la pasión descontrolada de los seguidores de toda la vida y de recientes convertidos a su religión, como un servidor, que hasta hace poco tiempo les tenía puesto un interrogante, que nunca una negativa. Tras este repaso de canciones que pudimos escuchar, en lo que a la actitud de cada uno de los miembros del grupo, destacar que el peso de la actuación recayó principalmente en el cantante y guitarrista Alex Kapranos y el guitarrista Nick McCarthy, que fueron los que mayor intensidad y espectáculo ofrecieron. Thomson estuvo centrado en su batería, con una actitud que en parte me recordó a ratos vagamente a la de Stephen Morris de Joy Division y New Order y Bob Hardy estuvo en su parcela encargándose de que sus notas de bajo sonaran correctamente. Destacó el momento en el que los componentes cogieron sendas baquetas cada uno y se pusieron a reventar la batería de Paul al unísono. Creo que en “Lucid dreams”, la parte final en la que se intentó simular el muro electrónico de sintetizadores de estudio, les quedó algo regulero a los chavales e incluso llegué a ver alguna cara de contrariedad en la comunicación no verbal entre Alex y Nick. Viendo que la cosa no prosperaba, decidieron acortar la duración de esa parte y dar carpetazo al tema, que en su duración previa había sonado bastante bien. Tras la citada “Lucid dreams” llegó el final descrito con “This fire” y con esa parte final de 5 canciones concluyó el show. Por lo visto se confirma que ahora los grupos paran y luego hacen un megabis, en lugar de salir 2 veces a escena en 2 bloques de 2 canciones cada uno… Serán los nuevos tiempos, ya que en este apartado se portaron igual que sus compañeros de promoción The Killers. Tras salir tranquilamente del Palacio de los Deportes y despedirnos de las nuevas amistades que hicimos esa tarde, intentamos buscar un lugar donde poder saciar el apetito creado tras tantas horas sin probar bocado. Divagamos durante un buen rato por las inmediaciones de Goya y para cuando encontramos un local de comida rápida, acababan de colgar el cartelito de “cerrado”. ¡Ja!

Cuando ya nos decidíamos a marcharnos para casa, antes de coger el pertinente L4 en la parada de Goya, tuve a bien probar suerte y pasar por la misma zona donde me había encontrado con The Killers unos días atrás. Al llegar al citado lugar, el ambiente era parecido, más o menos 12 personas por allí en grupos de 3 o 4 y los clásicos buses enormes de matrícula extranjera. Bueno, pues nos sentamos a descansar en las mismas escaleras y a los 4 minutos salió por la puerta el bajista Bob Hardy. Las personas que estaban al lado de la puerta lo acapararon y justo detrás de él salió Nick McCarthy.

Después de que unas fans se fotografiaran con Nick y le pidieran algunos autógrafos, tuve ocasión de poder acercarme a él y poder hablar un par de minutos. Lo primero que hice fue felicitarle por el excelente concierto y la perfecta selección y disposición de canciones que habían tenido a bien tocar. Posteriormente le pregunté por el futuro evento que la banda tendrá en verano en el FIB donde medirán fuerzas directamente con The Killers. Ante eso le dije que habría que ver quien sería el triunfador del festival, y que eso sería duro. Nick sonrió y tras un momento de divagación y entre risas me dijo: “bueno, duro no; fácil, será fácil”. Tras unas frases más me despedí de Nick para que pudiera atender al resto de aficionados que había por allí. Amablemente accedió a fotografiarse conmigo y ahí les dejo la prueba. Acto seguido y cuando la fiebre de fans remitía sobre Hardy, decidí acercarme al bajista para comentar algunos aspectos más sobre el concierto. Hardy no es una excepción dentro de lo que la “secta” de los bajistas de refiere y es con diferencia el componente más tímido de la banda (igualmente recordemos que es el más joven). Con una exquisita educación, me atendió durante un par de minutos y también me comentó que tenían muchas ganas de tocar en Benicassim, al considerarlo un festival sumamente importante. Paul Thomson también andaba por allí, pero estaba formando pareja de tertulia con el vocalista de Kissogram, con lo que tampoco me pareció correcto importunarle y me limité a estrecharle la mano y felicitarle por el excelente concierto que nos regalaron. A continuación les dejo una imagen de la conversación que mantuve con el bajista Bob Hardy.
La tardanza de Kapranos hizo que sus 3 compañeros estuvieran en la calle esperándole casi 15 minutos, y en ese impass de tiempo, y tras haber despachado a toda la gente, Nick McCarthy volvió a acercarse a la zona en la que nos encontrábamos. Un cruce de miradas propició que retomáramos la breve conversación que antes habíamos dado por finalizada y tras la inestimable oportunidad que me dio el guitarrista de los Ferdinand, quise ir a preguntas algo más comprometidas. A lo que le dije que le iba a plantear una pregunta difícil: si prefería Madrid o Barcelona para tocar; Nick soltó una de sus innumerables carcajadas (un tipo que no para de reír casi nunca) y me dijo “Oh vaya una pregunta política”. Le especifiqué que mis intereses eran en la rivalidad musical y no política, debido al hecho de que muchas bandas aluden que en Madrid no hay infraestructura para conciertos. Nick nos echó un capote y tiró de las experiencias previas de la banda en la ciudad, rememorando lugares como el reconvertido rockodromo de la Casa de Campo. Igualmente me dijo que entre Madrid y Barcelona, de forma muy diplomática dijo: “Tonight: Madrid”, a lo que le dije yo, que claro, igual que su último disco se llama “Tonight: Franz Ferdinand”, pues “Tonight: Madrid”; nueva carcajada de Nick que miraba con impaciencia a la puerta de vestuario, a lo que le dije que si Alex iba a quedarse a dormir dentro.

Tras unos minutos y cuando parecía que Alex ya iba a salir, el resto de los componentes enfilaban camino hacía una furgoneta de cristales tintados, que les llevaría al garito de turno para la correspondiente fiesta. Me sorprendió sobremanera que Nick, que ya andaba algo alejado de mi, se acercara unos metros expresamente para despedirse aludiendo que ya se tenían que ir y que había sido un placer charlar conmigo. Igualmente le agradecí su gentileza, simpatía y cercanía.

Tras esto, ya se veía a lo lejos del túnel que Alex salía de las entrañas del Palacio. En esta ocasión las 15 personas que andábamos por allí, parecieron multiplicarse por 3. Kapranos que salió diciendo en alto: “¡hola a todos! ¿Qué tal gente?”, terminó viéndose superado por las circunstancias y duró entre la nube de gente más o menos 3 minutos. Básicamente esto fue porque un grupo de tipos, que iban algo kurdas, se hicieron una foto con él en grupo y uno de ellos le besó el hombro, con lo que Alex se quedó a cuadros. Lo único que pude hacer es darle la mano, la enhorabuena y hacerme una foto con él, en la cual se aprecia el nerviosismo de Kapranos que ni siquiera pudo mirar a la cámara, porque estaba más preocupado de su integridad y de lo que sucedía a su alrededor que de otros detalles. Tras de mi, atendió a unas chicas más y se dirigió a ritmo presuroso hacia la furgoneta donde le esperaban sus compañeros al grito de “Gracias, nos vemos la próxima vez”. Conclusiones: Franz Ferdinand hicieron saltar la banca y pusieron patas arriba el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Escudados en un set list sin fisuras, bien organizado y estructurado, y ello sumado a las ganas de comerse el mundo con las que el grupo salió al escenario, dio como resultado un concierto que rozó la perfección, por no decir que hizo diana en ella. Hora y media de concierto que rebosó energía, intensidad, y baile, ya que las canciones de la banda cumplen perfectamente la misión que se encomendaron estos chicos cuando empezaron de hacer bailar a la gente (especialmente a las chicas como ellos mismos decían). La acústica no la noté tan perfecta como con The Killers, aún así fue bastante bueno el sonido conseguido. La iluminación fue bastante tenue, predominando las luces verdes y rojas para iluminar a los Ferdinand. Mando Diao fue lo más intenso de la noche y rayaron a un aceptable nivel, un poco recordándome al papel de Kasabian en aquel Pepeworld como plato previo a The Killers. Kissogram puso el toque minimalista a la noche y el momento más underground del evento. El resultado lo califico de muy satisfactorio.

Queriendo ahondar en ese duelo que he creado entre los escoceses y los de Las Vegas, abordaré en estos últimos párrafos la comparativa y resultado tras haber asistido a los 2 conciertos con una separación de 10 días. Utilizando símiles deportivos, podría decir que los Franz Ferdinand han conseguido una victoria trabajada y muy ajustada a los puntos sobre The Killers. En términos futbolísticos, el resultado sería un 4-3 a favor de los escoceses. Paso a explicarles esta percepción: la sensación principal que me quedó tras el concierto de The Killers es emoción; por otro lado, con los Ferdinand lo que te reporta es adrenalina y energía. Cierto es que Brandon en el escenario, al estar más liberado que Kapranos de los instrumentos, siempre ofrece un mayor espectáculo visual y cada vez se desenvuelve mejor en las tablas con unos movimientos, bailes, saltos y gestos que tienen un encanto irresistible. El bueno de Alex está supeditado a la guitarra y tiene menos capacidad lógica de movimiento, lo cual se ve contrarestado por el cable inestimable que le echa su amigo Nick McCarthy situado a su derecha. Sin embargo, la falta de tino por parte de The Killers en el listado de canciones y el orden escogido, supuso que los Ferdinand aprovecharan el único punto débil que mostraron los de Las Vegas en el Palacio de los Deportes y les barrieran literalmente en ese apartado. El comienzo con “The fallen” y “The dark of the matinee”, pone en clara evidencia a “Human” y “This is your life” que fue lo escogido por los Killers. Igualmente dejar fuera “Losing touch” es imperdonable, y sin embargo, la ausencia de “Darts of pleasure” tampoco se hizo notar demasiado.

Franz Ferdinand se han adjudicado el partido de ida, por mucho que los Killers se adelantaran en el marcador por el simple hecho de ser los primeros en tocar. Todo esto se lo está diciendo un tipo que es aficionado de The Killers antes que de Franz Ferdinand; espero que esto sirva para que esta conclusión tenga una mayor validez, ya que lo subjetivo en este caso jugaría a favor de Brandon Flowers y sus compañeros.

No obstante, la victoria no ha sido por goleada ni mucho menos y aquí no hay un derrotado, ya que de ambos conciertos se saca en meridiana conclusión que ambos cuartetos van a dominar el panorama musical en los próximos años. Es muy posible que en breve las 2 bandas engullan a los Coldplay de Chris Martin, a no ser que el buen marido de Gwyneth Paltrow espabile y retome los momentos de inspiración suprema que abandonó tras firmar “A Rush Of Blood To The Head” (salvo el impagable ajuste de “Computer love” de Kraftwerk convertida en “Talk” del irregular “X & Y”).

Envidio profundamente a aquellos aficionados que tendrán la ocasión de ver el “partido de vuelta” en el FIB de este año. Ahora mismo no caigo en los días que tocan cada grupo en el municipio castellonense, pero si ninguno tocara el sábado, me moriría de ganas por una reedición de la sucursal del festival en Madrid, que el año pasado se tituló Saturday Night Fiber, en la que estuvieran seguidos en escena los 2 grupos. El verano dictará sentencia y dispondrá cuál de las 2 bandas queda (de forma general, siempre habrá unos que piensen una cosa y otros otra) por delante de la otra. Cierro el presente artículo mandando un saludo a Rober, Miguel, Rubén y el resto de amigos que conocimos en el evento que acabo de comentarles (precisamente algunos de ellos estarán en julio en Benicassim). Espero que en futuros conciertos podamos volver a encontrarnos. Al resto, espero que hayan disfrutado la crónica.
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2006 Casiotone For The Painfully Alone - Etiquette

Ésta es una de esas semanas en las que pretendo acercarles grupos o proyectos que no están en el disparadero del panorama musical mundial y que difícilmente conocerán. Aquí, aunque principalmente lo que busco semana tras semana es rescatar discos que ya fueron editados hace tiempo y no están de actualidad, para que no pasen al olvido y les podamos quitar un poco el polvo que acumulan, también hay algunas ocasiones en las que me apetece presentarles obras, que solamente la casualidad puede hacer que lleguen a ellas.

Y con Casiotone For The Painfully Alone, en parte me sucedió así. Fue allá hace 2 años y medio cuando a finales de 2006 un eventual compañero de trabajo, tuvo a muy bien grabarme en un cd una recopilación de varios discos, tras haber tenido algunas charlas sobre música en los descansos de jornada. Entre las joyas que me incluyó se encontraban el “Writer’s Block” de Peter, Bjorn And John con su “Young folks” de irresistibles silbidos y también estaba el disco en solitario de Thom Yorke de Radiohead.

Sin embargo, al poner el disco a reproducir en el ordenador, si seguías el orden que se había recogido al grabar el cd, lo primero que te encontrabas era “Etiquette” de un grupo llamado Casiotone For The Painfully Alone. Resultó al final que el álbum más valioso con diferencia que se incluía era éste, y no porque sus compañeros de cd fueran de dudosa calidad; no, por ahí no van los tiros.

Les confieso que desde entonces es de los discos que más me han impactado y calado, y eso que ya va para 3 años de aquello. Les introduciré brevemente antes de pasar a revisarlo. Tras el nombre de Casiotone For The Painfully Alone, a partir de ahora CFTPA, se esconde Owen Ashworth, un chico de 29 años del estado de Illinois de EEUU, que a base de sus numerosos teclados Casio (el propio nombre del grupo lo indica) y sus sintetizadores, crea las melodías ajustadas a las historias de amor, experiencias vitales y situaciones cotidianas que describe en sus letras.

En 2006 CFTPA contaba con 2 discos editados. Su anterior trabajo “Twinkle Echo” ya había contado con alguna canción realmente buena como “Tobby, take a bow”, en la cual Owen homenajea en la letra a sus admirados The Smiths. Sin embargo el sonido del disco y la producción seguían siendo extremadamente limitados, asociados a un proyecto bastante underground. Las melodías seguían corriendo a cargo principalmente del entramado de teclados y efectos de sintetizadores creados por Owen.

Sería con la edición de “Etiquette” donde veríamos un salto cualitativo. Este disco tiene una producción mucho mejor que los trabajos anteriores y las melodías son mucho más elaboradas, aunque no pierden ni un ápice del regusto tan entrañable que desprende Ashworth. Igualmente Owen se valdría de la acertada cantante Jenn Herbinson para que le supliera en algunas canciones, que se ajustan perfectamente al agudo tono de esta chica. Procedamos a adentrarnos en “Etiquette” de la misma forma que si iniciaramos un viaje por una tierra desconocida. Descubramos qué sorpresas nos depara la travesía.

De forma aséptica, la propia Herbinson nos introduce el disco en una pista de 5 segundos. Por si hay dudas se nos dice “estás escuchando “Etiquette” de Casiotone For The Painfully Alone”. Curiosa forma de empezar un disco. Una presentación en toda regla, para dar paso a Owen en la primera canción “New year’s kiss”. Respecto a trabajos anteriores de CFTPA ya se ve un cambio de registro y que estará muy marcado en todo el disco, que es la utilización del sonido de piano clásico en detrimento de las melodías sintetizadas de los teclados, las cuales pasan a un segundo plano de base o soporte en esta canción. Un punto de madurez, coherencia y evolución, que pone de manifiesto un mayor empaque y elaboración. Owen en la mayoría de sus composiciones destila una cierta melancolía, pero aquí si cabe se hace más que evidente en su registro. Su grave voz puede recordarnos a veces a la de Leonard Cohen, más que nada por la forma en la que Owen relata sus historias. Eso sí, la voz de Ashworth no alcanza una textura tan extremadamente grave como la del autor de “Suzanne”. A continuación se abre paso al núcleo duro y potente del disco, compuesto por las canciones más pegadizas de la obra. 4 pistas que destacan por su luminosidad y por su sonido tan rítmico y electrónico. Quizás también son las más genuinas del sonido CFTPA heredero de “Twinkle Echo”. Esta parte se inicia con “Young shields”. Una latente melodía sostenida con un muro de sonido sin fisuras, en la que Owen trata la historia de una pareja que marcha del hogar y a la que precisamente las cosas no les van fáciles: “envié una carta a mis padres que decía, “padres, el dinero se ha acabado”; recibí una carta de mis padres, no decían nada en particular…”. Es uno de los temas indies más acertados que he escuchado nunca y no por ello deja de ser una canción que hasta sonaría estupenda en cualquier radiofórmula. Incluso si tuviera videoclip, podría no desentonar en el canal Kiss Tv, en el cual de vez en cuando te ponen videos de grupos que tampoco es que estén a la cabeza de la comercialidad ramplona. No sé hasta qué punto ustedes acceden a la totalidad de los discos propuestos, o si tras leer la crónica únicamente cogen las 2 o 3 canciones que más destaco y escuchan solamente esas pistas. En ese último supuesto, esta sería la canción que les recomendaría que extrajeran del conjunto. Intensa, emocional, y con una contenida desesperación estupendamente transmitida por Owen en su interpretación vocal. Tras ese final con esa parte tan atronadora, se da paso a la más relajada “I love Creedence”, con una sencilla melodía muy al uso de los anteriores trabajos de CFTPA. Aquí lo que se plantea es una historia de una pareja, Creedence Clearwater Wright y Elodie Eye que “fueron uña y carne desde su clase de la Percy Elementary de 1985”. A ratos puede suponer el guión de una road movie y la subsanación de los obstáculos que aparezcan de las formas más evidentes: “vendí mi violín para que así lo tuvieramos todo más fácil, Elle recibió el dinero de su abuelo cuando éste murió”. No obstante, y tras esos felices años al lado de Elle, que “fue la única junto a mi padre que me dijo “te quiero Creedence””, la rutina y el oscurantismo propio de una vida alejado de Elle aparecen cuando a Creedence le toca “trabajar a una hora en autobús en cada sentido, copiando cartas para un abogado… es estúpido, pero paga bien”. La melodía de sintetizadores es lineal y casi hipnotizante y solo algunos de ellos, a modo de percusión, rompen la monotonía. Es Owen y la narración de esta pareja la que hace de forma casi increíble que la canción no resulte para nada aburrida. Uno de los momentos más claros de techno pop lo supone “Nashville parthenon”. Otra vez una historia de amor que se acabó y la negativa al olvido de la misma por una de las partes, que vive en el deseo de que ella regrese a Nashville. Algunos teclados de cierto sonido tropical dan a la canción una cálida sensación. Owen se recrea en rememorar la historia: “recuerda la primera vez que nos besamos, recuerda cuando tu madre nos pilló…”. Es sin duda una carta que el personaje escribe a su antiguo amor: “si alguna vez vuelves a Nashville recuerda que siempre tendrás un amigo. Nos encontraríamos en el parthenon, que era el sitio al que siempre íbamos…”. La voz de Owen suena sintetizada y ayuda a crear el efecto de carta escrita que he mencionado. La siguiente canción es la única que a ratos ha conseguido traspasar la barrera de lo minoritario/indie. “Scattered pearls” está cantada de forma animosa por Jenn Herbinson, que aquí hace su aparición estelar tras esa presentación del comienzo. Se nos narra la cotidiana situación de una chica que se va a una discoteca a bailar con el collar de su abuela, para estar más guapa, y que por un lance desafortunado en la pista de baile, las perlas del mismo se desparraman por la discoteca, encontrando 7 de las perlas únicamente. Como consecuencia, el sufrimiento descrito, en el cual la protagonista narra sus temores en el bus de vuelta a casa, pensando lo que le iba a decir a su madre al día siguiente: “Madre no llores, sólo son perlas”. Dedicado a las chicas que siguen el blog y que sean de Madrid, por poner un ejemplo: imaginaos que salís de marcha por Huertas os pasa algo así y luego al coger el búho en Cibeles con vuestras amigas os lamentáis de haber salido ya que “todavía habría perlas en el collar, no olería a humo y todavía tendría el dinero que me gasté en bebida”. Cercano, ¿no? Es el instante más bailable y junto a la remarcada “Young shields” es otro de los “debe” que incluye sin posibilidad de réplica “Etiquette”. Chocante es el cambio de registro a un sonido aflautado y hippie en “Happy mother’s day” interpretado por otro artista invitado masculino, Sam Mickens. Apenas dura un minuto. Tras esto se da paso a la percusiva “Bobby Holly”, de la que se encarga otra voz femenina, Katy Davidson, que acompañada por unos graves y traseros coros de Owen, acapara el protagonismo vocal del corte. Es una canción bastante luminosa y con algún momento álgido cuando entran a dúo Owen y Katy. “Cold white Christmas” es como la 2ª parte, o mejor dicho, 1ª parte en relación a la anterior “New year’s kiss”, ya que estructuralmente y en el apartado sonoro son prácticamente herederas. Quizás ésta tiene un sonido más cálido y hogareño. “Bobby Malone” es la primera parte del combo de mayor malditismo, decaimiento, oscurantismo y sordidez en la forma de cantar de Owen que tiene “Etiquette”. La otra parte la supone “Don’t they have payphones wherever they were last night”, que es la canción más oscura y decadente de todo el disco, con Ashworth alcanzando su mayor gravedad vocal. En lo instrumental se compone de una melancólica y triste melodía de piano, conformando el tema de carácter más clásico del disco, ya que los sonidos sintetizados no hacen ni siquiera acto de aparición. El resto se compone de una base rítmica igualmente decadente y pausada a base de bajo y batería. Apenas 2 minutos de duración con un sonido nocturno, sombrío y lúgubre para dar paso al epílogo agridulce que viene de la mano de Jenn Herbinson. “Love connection” no se puede concebir interpretada por Owen, aunque en sus actuaciones en directo no le queda otra, ya que sometida a la dirección vocal de Jenn el tema destila una sutil sensualidad, que a ratos resulta irresistible. No sé si una de las frases finales en las que se dice “algunas cosas es mejor no decirlas”, es otro guiño de Owen a grupos de su infancia y en este caso a Daryl Hall & John Oates.

Hablar de éxito y repercusión del disco aquí sobra. Estamos hablando de un proyecto básicamente underground, lejos del mainstream, y me doy con un canto en los dientes si alguno ha escuchado por ahí “Scattered pearls”, de la cual alguien me dijo que la había oído en un anuncio de una cadena de tv.

La portada del disco está en la tónica habitual de dibujos que conforman la trayectoria habitual de la discografía de CFTPA. Es un cuadro, supongo que a base de acuarela por el carácter acuoso del mismo, en el que un cocodrilo aparece sentado a tomar el té en mitad de un prado con una mujer. Puede sintetizar de alguna forma la sensibilidad que desprenden las composiciones de Ashworth.

Es curioso que cuando escuché el disco, unas 2 semanas antes CFTPA había tocado en la sala Neu!-Galileo Galilei, de cuyo espectáculo en el portal youtube.com se pueden encontrar hasta 5 fragmentos en bastante buena calidad de imagen/sonido. He llegado a contactar con Owen Ashworth en persona, ya que tuve ocasión de conseguir su e-mail personal. De esa forma, tuve la ocasión de intercambiar algunas impresiones musicales con este interesante personaje del underground estadounidense.

Owen me confirmó sus preferencias musicales, destacando entre ellas a mis admirados Talk Talk. Igualmente me comentó que le gustaría volver de gira por nuestro país, si bien es cierto que para la gira de presentación de su siguiente disco, que saldrá en unas semanas a la venta, de momento no ha incluido ninguna fecha en España. Hay que decir que en su página ponía que más fechas están pendientes de confirmarse y añadirse.

En caso de que CFTPA decida venir de gira, les recomiendo que vayan a verle. Supongo que su espectáculo costará alrededor de 10 euros y son de esas actuaciones cercanas, que por dicho precio te pueden resultar agradables. Las mismas se componen de Owen tremendamente atareado entre sus teclados y sintetizadores, con el micrófono a mano para poder cantar sus letras. No se esperen un espectáculo de luces sonido y a Owen dando botes por el escenario. El show es minimalista hasta límites insospechados.

A la espera de lo que será su siguiente disco, “Etiquette” ya se puede considerar algo más que un proyecto indie. Las críticas, aparte de la que un servidor les expone hoy, que existen por la red son bastante favorables. La elaboración de las canciones, la mayor diversidad del sonido a lo largo de todo el álbum respecto a obras anteriores y la colaboración acertada de Jenn Herbinson, conforman una obra muy interesante. Crea una sensación entrañable, cercana y con la que fácilmente podemos empatizar a través de las situaciones que Owen nos describe.

Por el simple hecho de incluir piezas tan válidas como “Young shields” y “Scattered pearls”, “Etiquette” ya merece la pena; no obstante, el resto de canciones son igualmente aceptables y supongo que lo habrán apreciado en el detalle de que hoy no he hecho referencia a la “canción más floja” dentro del disco. Espero que se animen a realizar este viaje a través del universo y atmósfera que crea Owen Ashworth en su proyecto y que de vez en cuando se dignen a visitar el Partenón de Nashville.
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sábado, 4 de abril de 2009

1996 Los Sencillos - Los Sencillos

Con el consecuente cansancio proveniente del concierto de Franz Ferdinand de hace unas escasas horas, aquí llego a nuestra cita habitual. Evidentemente, la crónica del espectáculo que acabo de vivir se publicará la siguiente semana, con lo que pasemos a centrarnos en la obra que rescatamos hoy. Eso sí, les anticipo que lo que se vivió en el Palacio de los Deportes anoche fue apabullante; en breve les hablaré de ello. A lo que vamos, hace ya un tiempo que tenemos bastante abandonado el panorama patrio, con lo que hoy analizaremos un disco de un grupo español.

El grupo que escogemos para esta semana, es la formación que lideraba Miqui Puig. Los Sencillos eran un grupo de 5 chavales de Barcelona que surgieron a finales de los 80. El primer disco que editaron allá por 1990 tuvo ya una buena recepción. Se titulaba “De Placer!” e incluía clásicos como “Mala mujer” o “No, por eso no”, recordada por su videoclip, que a la par que nos mostraba a Miqui Puig, como mod que es, montado en una scooter, también contaba con la aparición de un joven Javier Bardem.

No obstante, el verdadero éxito de Los Sencillos lo reportaría el disco “Encasadenadie”, editado en 1992 y que contenía el verdadero inmortal del grupo: “Bonito es”. Es probable que ésta sea la única canción que muchos ustedes conozcan de la banda o, mejor dicho, que asocien a la banda. Sin embargo otras canciones como las citadas del primer disco o “Buena puntería” del álbum “Seres Positivos”, también les sonarán perfectamente.

He escogido de la carrera de Los Sencillos su disco homónimo del año 1996 y que por otro lado, sería el último que grabarían los componentes originales de la banda; es decir, Francesc Pascua encargado de los teclados, Albert Mallorca a la batería, Maria Roch al bajo, Germán Ycobalzeta a la guitarra y Miqui Puig como líder y cantante.

El disco abre con “Se fuerza la máquina”. Un homenaje al esfuerzo y trabajo que se esconde detrás de la actividad de un apasionado grupo musical, eso sí, llevado al extremo: “Se fuerza la máquina, de noche y de día y el cantante con los músicos se juega la vida…”. En lo instrumental, destacan los primeros acordes de sonido rumbero, para luego progresar hacia un sonido que te transporta a finales de los 70. “Poco loco” deja de un lado el ritmo bailable de la primera pista. Es un tema mucho más relajado, en el que Miqui se gusta especialmente al micrófono; a ratos alcanza matices sensuales y galantes, como por ejemplo cuando dice “puedo ser drácula para Winona, un cohete para Tintín…”. “Rómpelo” adopta nuevamente un enfoque más desenfadado y animado. Los Sencillos recuperan aquí esos coros que tan bien les habían funcionado en tiempos pasados como por ejemplo en “No, por eso no”. Se establece un diálogo entre Miqui y los coros. La letra va por los derroteros habituales que utiliza Miqui derivados de las dificultades y las turbulencias de las relaciones amorosas. “Nada es como lo ves” fue un single adelantado varios meses a la publicación del disco, si no recuerdo mal. Un tema funk muy interesante, oscilante, bailable y delicioso. Las secciones de metales de vientos utilizados y los teclados setenteros que lo acompañan consiguen una melodía muy pegadiza. Miqui se relaja y se recrea a lo largo de toda la canción. No sé porqué me gusta especialmente la frase “sé que entiendo suelo cada vez que dices miedo”. Quizás sea uno de los mejores instantes del disco, aunque se recuerde más “Abre tu mente” que esta canción a nivel colectivo, a pesar de su condición de single de aperitivo. Los Sencillos nos quieren hacer bailar, pero como se demuestra en el sonido de esta canción, no están dispuesto a conseguirlo a cualquier precio, sino utilizando un sonido exquisito y muy elaborado. Tras tanto ritmo, se llega a “2 minutos de gloria”, que cambia de tercio para afrontar un sonido más pausado, todavía haciendo uso de ciertos arreglos de viento. “Cada día es su día” es mi preferida de largo del disco. De sonido nocturno y serio, con una acertada guitarra eléctrica y Puig en su mejor momento vocal de todo el disco, esta canción tiene un estribillo juguetón: “Hoy, ayer, mañana; cada día es su día y cada día un día más… Ooooootra vez”. Viene a poner de manifiesto que, dejando de lado el lado amable y alegre que solían aplicar, Los Sencillos si querían ponerse más serios y reflexivos lo sabían hacer magistralmente. “Mi amiga la sirena” como dice la misma canción “vuelve a la orilla” en la que solía moverse el grupo. Quizás por la letra y en parte por su sonido, es la pista más veraniega de todo el disco, sobre todo por la percusión utilizada en la misma. “Mediodía en la tierra” es una canción de sabor gamberro, sobre todo por la entonación chulesca que utiliza Miqui. Los coros infantiles en plan coral que tiene, le dan un toque muy peculiar. De los instantes más cercanos al sonido “Madchester” y los Happy Mondays del disco. Una de las acertadas influencias y ecos que desprende el disco “Los Sencillos”, aquí y en la canción de cierre “Abre tu mente”, aunque yo creo que en “Mediodía en la tierra” se ve de forma más clara. “Spiderman” es una simpática canción con una disparatada letra en homenaje al personaje de cómic, y me quedo con el sonido grave del “Yo quiero ser, yo quiero ser, yo quiero ser” del estribillo que desemboca en un “¡Spiderman!” desaforado de Miqui. En lo sonoro, la canción destaca por sus teclados setenteros y la guitarra de corte funky que recorre casi toda su duración. “Abre tu mente” es la elegida para dar carpetazo al disco. Está inteligentemente colocada para dejar un buen sabor de boca y de resonancia, ya que la canción es quizás el single más recordado del álbum. Nuevamente asociada al sonido de Manchester de finales de los 80 y comienzos de los 90, el video que se grabó para la ocasión es reminiscente del “Give it away” de Red Hot Chili Peppers y vemos a Miqui con una imposible peluca en la cabeza y con los ojos pintados en los párpados.

“Los Sencillos” podría decirse que fuera el último trabajo de Los Sencillos propiamente dicho. Me explico. A pesar de que en 1997 viera la luz “Bultacos Y Montesas” y que en 1999 se editara “Colección De Favoritas”, sería este trabajo el que supondría el punto y final a la actividad conjunta de la formación completa y clásica de los Sencillos; es decir, la compuesta por Puig, Ycobalzeta, Mallorca, Pascua y Roch. En “Bultacos Y Montesas” ya solo quedaría de los miembros originales junto a Puig (y tampoco estoy seguro al 100%) Albert Mallorca.

El siguiente lp tendría otro éxito en formato de single, claramente oportunista, que viene a demostrar la inteligencia de Puig. Me refiero al tema “Phutbol” en claro homenaje a la fiebre que existía en aquella época por el deporte rey en nuestro país, que incluso llevaba a tener jornada de liga los lunes por la noche de forma televisada.

Tras este punto, el éxito comercial de Los Sencillos vendría decayendo, a pesar de que el nivel de las composiciones que conforman “Colección De Favoritas” raya a un altísimo nivel. Sin ir más lejos cito “Todo va bien” o “Drama” como ejemplos inmediatos. Esta edición ya se podría considerar el primer disco en solitario de Puig, aunque todavía acuñara el término de Los Sencillos.

En 2002 se hizo tristemente oficial la separación del grupo y Miqui continuó su carrera en solitario con 2 discos de estudio igualmente apañados como fue “Casualidades” de 2004 e “Impar” del pasado año, del que destaco animosamente la canción “Miqui contra el mundo”. También hubo tiempo para que en 2007 se editara en formato cd y dvd un concierto conmemorativo de la trayectoria musical de Puig titulado “Miope”.

Miqui desde los últimos coletazos de Los Sencillos ya ha venido colaborando de distintas formas en los medios, desde su aparición en el jurado de las primeras ediciones de “Lluvia de estrellas” en Antena 3 Tv cuando lo presentaba Bertín Osborne, hasta sus recientes participaciones como jurado en varios talent shows como “Factor X” o “Tienes talento”, dando rienda suelta a su lado más crítico, ácido y menos amable. Digo esto porque he tenido ocasión de hablar en 2 ocasiones con Miqui, una en un previo de concierto y otra en un post concierto, y es un tipo muy cercano, simpático y amable.

Vamos al apartado de conclusiones o reflexiones, que siempre me gusta dejarles, más allá de la exposición o presentación del disco. El propio título del blog lo indica; aquí busco que a parte de que se deleiten con la música, les dé algo para pensar y exprimirla al máximo. La idea que les planteo hoy, va relacionada con la posición que ocupaban Los Sencillos a nivel nacional dentro de la música. Me da por pensar que es un grupo que era demasiado indie para ser comercial y que a su vez era demasiado comercial para ser indie.

Con esta percepción, Los Sencillos estaban en un territorio de nadie, en el que su posición no se consiguió afianzar lo suficiente, como sí que pasó por ejemplo con La Unión a nivel más comercial o como sucede con Sr. Chinarro a nivel más underground e independiente. Sin embargo, Miqui, como él mismo afirma, igual que es odiado por muchos, también es admirado por bastantes que han sido víctimas de su carisma.

En la actualidad Puig sigue con su carrera en solitario y del resto de la formación clásica, según me pudo contar el propio Miqui ante mi curiosidad, ninguno sigue en el mundo de la música. En sus repertorios de conciertos, la última vez que vi pude hablar con Miqui al final de su concierto de la Sala Galileo, me comentó que estaba pensando en cambiar radicalmente el set list de sus conciertos y que algunas de las canciones que venía tocando últimamente, quizás no las volviera a tocar. Recientemente he tenido noticias de que se planea la reedición de todos los discos de Los Sencillos. Será una suerte, porque el disco hoy expuesto está descatalogado y no sé muy bien como podrán dar con él.

Además de su carrera de cantante, y sus colaboraciones televisivas, Miqui es un reputadísimo Dj y ha llegado a ser el encargado de pinchar discos en fiestas bastante selectas. Lo que hoy hemos abordado, es uno de los excelentes discos que editó al frente de Los Sencillos en los años 90, y por otro lado la banda sonora perfecta de la Barcelona de mediados de la pasada década, al menos para mi por los viajes que realicé a la Ciudad Condal en aquella época. Supone un cambio respecto al sonido que Los Sencillos habían desarrollado en sus 3 primeras entregas, girando hacia unas influencias más propias de la década de los 70, que de los años 60. Termino hoy con un juego de palabras muy venido al caso: abran su mente a Los Sencillos, porque nada es como lo ven.
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sábado, 28 de marzo de 2009

22-03-2009 Concierto The Killers. Madrid

Más de algún seguidor del blog habrá pensado desde hace un tiempo que eso de “crónicas de conciertos” era una mera patraña, debido al tiempo que hace desde el último post al respecto. Casi siempre, el invierno suele suponer un parón en lo que a actividad conciertil se refiere, y este año no ha sido una excepción. No obstante, la llegada de la primavera la pasada semana, aparte de la maldita alergia, trajo bajo su brazo el concierto de The Killers en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, con lo que hoy tienen ración doble. Confío que sea de su agrado.

Allá por comienzos de noviembre del año pasado, estando un día conectado a internet, y con motivo del lanzamiento inminente del nuevo disco de la banda de Las Vegas, me dio por meterme en la red y buscar información sobre la posible gira de presentación del disco. Debido a que en 2006 se anunció rápidamente el concierto del 11 de noviembre de aquel año en Barcelona, pensé que ahora pasaría lo mismo.

Estando con uno de los amigos que suelen venir a conciertos conmigo, vimos que había concertada una actuación en la sala Pachá de Madrid para el viernes 14 de noviembre. Al entrar al link para comprar las entradas ponía que se habían agotado… Decepción al canto, ya que era miércoles y habían salido a la venta el lunes… Tocaba resignarse y esperar a un caro festival veraniego para ver al grupo. Resultó que pocas horas antes de la celebración del concierto, se anunció la cancelación del mismo por enfermedad de Brandon Flowers.

La esperanza volvía a nuestros seres y se concretó en la incorporación de una fecha en Madrid en el Palacio de los Deportes de la Comunidad, anunciada a bombo y platillo en portada del diario gratuito ADN, a la par que en Barcelona se ampliaba aforo de la sala Razzmatazz al Pabellón Olímpico de Badalona. El precio se fijó en 39 euros y el acecho para enterarnos del día de puesta a la venta de los tickets estuvo acorde a las circunstancias del frustrado concierto en Pachá y la volatilidad de todo el papel en pocas horas.

Habiendo conseguido la entrada a las 2 horas de que saliera a la venta el pasado 16 de diciembre, la espera se ha hecho lo más llevadera posible, en parte debido al número de novedades discográficas que ha habido en los últimos meses (Bruce Springsteen, U2, Morrissey, Franz Ferdinand), y eso ha hecho que no estuviera muriéndome de impaciencia porque llegara el día “D”.

Recuerdo que cuando les hablé de “Hot Fuss” allá por octubre de 2008, todavía no había salido al mercado “Day & Age” y lo único que conocía era “Human”. A medida que les vaya comentando el concierto, aprovecharé para hacerles una revisión de las canciones que tocaron, sin que esto sea óbice de que en un futuro afrontemos su análisis formal. Ya tuvimos la oportunidad de ver el concierto de The Killers en el Pepeworld Festival en la Plaza de toros de Las Ventas de 12 de junio de 2007, compartiendo cartel con Triángulo De Amor Bizarro, Zeno & The Stoics, Kasabian y Smashing Pumpkins. No sé si les referí que The Killers fueron los triunfadores absolutos de aquella noche de martes, con apenas una hora de actuación. El directo fue arrollador e impecable, por lo que había ganas de ver de nuevo a Flowers y sus compañeros y apreciar su evolución tras casi 2 años. Aquí les dejo una de las fotos menos malas de aquella noche, ya que debido a la hora de comienzo del festival y el sol abrasante que había, decidimos ver las 2 primeras actuaciones en tendido de sombra y bajar para Kasabian cuando ya había mucha gente congregada en las primeras filas, por lo que la calidad de la imagen no es nada del otro jueves.
En esta ocasión, con mis 2 habituales compañeros en los últimos años de grandes citas musicales a mi lado, llegamos a la Plaza de Felipe II poco antes de las 16.30h. Para entonces ya había un núcleo importante de gente esperando y según mis cálculos estimé que podríamos aspirar a estar en una 6ª fila aproximadamente. La gente estaba sentada en la plaza haciendo cola, tomando algo tranquilamente, pero la policía local, como nunca había pasado en otros eventos en la zona, se afanó en fastidiar a la gente que pacíficamente se tomaba una cerveza en lata, obligándoles a vaciar el contenido de la misma. Inaudito… Por nuestro lado, y haciendo uso de una denunciable conducta habitual en buses y metros de poner el altavoz del móvil con tu música, puse algunas canciones del grupo en mi teléfono, sin que en esta ocasión molestara a la gente; más bien los que estuvieron a nuestro alrededor, disfrutaron de ello como una especie de precalentamiento.

Las puertas se abrieron un poco más allá de las 19h. Por nuestro lado, no nos tomamos el paseo hasta el pie de pista de la forma histérica que a lo mejor en otras ocasiones habíamos empleado para estar más cerca. ¿Recuerdan eso de estar cerca de las vallas y que te toque un pazguato de seguridad restrictivo enfrente…? Pues eso mismo. Con lo que tras las correspondientes carreras de las miles de adolescentes que se dieron cita, llegamos a conseguir una fila 12ª; eso sí, teniendo en cuenta el apretón y la agonía extrema de la gente, en otro concierto podría equivaler a una 8ª.

El aperitivo vino de la mano de Louis XIV. Un grupo amigo de The Killers, demostrado en el hecho de que Ronnie Vannucci subiera en una canción a tocar… ¡la guitarra! La banda se mueve dentro del rock enérgico actual. Podrían recordar vagamente a una mezcla de los Franz Ferdinand de los 2 primeros discos, con un pequeño regusto de Kasabian. Su actuación duró alrededor de media hora y no dejaron mal sabor de boca.

Tras el correspondiente acondicionamiento del escenario a los gustos de los chicos de Las Vegas, unos minutos pasadas las 21.30h se dio paso a la cuenta atrás, que se recreó en el mural de bombillas que servía de telón de fondo para la banda. Pasemos ahora pues al análisis de lo que realmente importa, tras comentarles la parte previa de la experiencia vivida.

Vayamos por partes, y antes de nada aclararles un punto: en este blog, como habrán podido comprobar, las revisiones semanales de discos, se centran en obras que desde mi punto de vista merezcan la pena. Ya referí hace tiempo, que sobre discos malos de momento no tengo pensado hablar. Sin embargo, el apartado de los conciertos es distinto. Aquí evidentemente se pueden entrecruzar aspectos positivos y negativos, más allá de que el grupo te guste; y también puede darse el caso de que esos detalles sean inherentes al grupo o no. En la parte de conclusiones verán pues un resumen de lo destacable y lo mejorable que iremos comentando desde ahora. Igualmente, también les intercalo algunas fotografías que un servidor de ustedes hizo del espectáculo.
La banda decidió iniciar el concierto sorprendentemente con “Human”. Desde mi foro interno, y visto el perfecto inicio de disco de “Day & Age” de la mano de “Losing touch”, un corte acongojantemente épico y con un fuerte carácter de perdedor melancólico en su letra y la forma de cantar de Brandon, me sorprendió que no eligieran dicha canción para comenzar y luego ya de forma lógica dar paso al single de relumbrón del disco. La gente, rondando los 20 años en su mayoría en las primeras filas, enloqueció y la intensidad y energía que se sentía alrededor era abrumadora. Brandon apareció en escena ataviado con una de esas americanas de hombreras peludas, Mark Stoermer salió con un serio traje acompañado de su bajo y tanto Ronnie Vannucci a la batería, como Dave Keuning a la guitarra, decidieron optar por un atuendo más normalito, compuesto de pantalones y camiseta de manga corta al uso, y en el caso de Keuning acompañado de un chaleco bastante glamouroso. En mi opinión, aquí me encuentro con el primer aspecto mejorable, ya que comenzar un concierto con el single actual que tanto suena en la radio, es un signo evidente de grupo pequeño que no arriesga. The Killers, tras sus casi 5 años de trayectoria, ya está en condiciones de empezar sus actuaciones de forma distinta y más aún cuando tienes a huevo una canción tan perfecta para el inicio como “Losing touch”. Durante todo el concierto no perdí la esperanza de que en un momento u otro hiciera acto de aparición… me equivoqué tristemente. Sin ir más lejos, en la anterior actuación que les vimos, el comienzo fue “Sam’s town” y luego pasaron a “When you were young”. No sé que habrá pasado para que los chicos hayan perdido tan buenas formas en esos momentos. En los primeros compases también se incluyó la conformista “This is your life”. Un medio tiempo del último disco que no deja de estar mal del todo y que sonó bastante bien en directo, con un Brandon imitando unos pasos de desfile militar al comienzo de la pista, que resultaron bastante graciosos.
En la primera mitad se mezclaron combos de canciones de sonido parecido, seguidas de otras parejas de temas de carácter sumamente opuesto. Se contrapone la intensidad y energía de “Somebody told me” y “For reasons unknown” con el pachangueo del último disco con “Joyride” y “I can’t stay”; estas 2 canciones, a mi juicio, son las más flojas de “Day & Age”, y no dejó de chocarme que la mayoría de la audiencia se las tomara muy en serio. Otra pareja unida, básicamente por la satisfacción personal que me reportó, fue la parte formada por la inmortal “Bling (Confessions of a king)” y la estupenda versión de “Shadowplay” de Joy Division, que la banda de Las Vegas grabó para la película sobre la historia del grupo de Ian Curtis que hizo Anton Corbijn, y que por cierto estamos pendiente de ver en los cines de España… El tema que siempre consideré single frustrado de “Sam’s Town”, sonó arrollador como siempre y llegó a erizarme el pelo de los brazos con ese estribillo tan brutal e intenso: “Cuando te ofrecí sobrevivir, me dijiste que ya es suficiente vivir. No me digas que se acabó, ¡levanta!... ¿Cómo sabes que tienes razón si nunca estás nervioso? No está tan mal, no está tan mal”. “Shadowplay” se valió de la iluminación más tenue posible y en el telón de fondo se reprodujeron escenas de la citada película, que a duras penas pudimos discernir al estar tan cerca; supongo que son esas compensaciones que tiene la gente que está alejada del escenario.
La parte central del show alternó canciones del nuevo disco con otros clásicos del grupo. Por ejemplo, aquí se incluyó la perorata (en el buen sentido de la palabra y desde el cariño, básicamente por el atropello vocal del estribillo) de “Spaceman”, introducida por Brandon como una canción que surgió en Panamá (país del que dijo que hasta que no tocó allí, no sabía donde estaba situado… en una revista a pie de dicha frase pusieron “¡… y seguimos para bingo!”). Precisamente Brandon hizo alusión a ello dirigiéndose a la audiencia. Inesperadamente, “Spaceman” fue uno de los momentos más pulcros y mas emocionantes de la actuación. También, en el apartado de contacto con el público, Flowers refirió que el concierto suponía el final de la gira europea, afirmando que no había lugar mejor para cerrar dicha parte de su tour mundial. En otra ocasión, incitó a bailar a la audiencia “aun a sabiendas de que es domingo”.
También estuvo presente en el show “A dustland fairytale”, esa balada tan lacrimosa y sentida que incluye “Day & Age” y que tanto esfuerzo exige a Brandon para que la canción alcance la intensidad que precisa para destacar en ese in-crescendo que tiene su estructura. “Smile like you mean it”, de forma algo chocante se incluyó en esta zona. No entiendo porque no se dejó este primer clásico del grupo para un bis al final del concierto, y se pone en la parte media para que pase sin pena ni gloria; tanto es así, que fue de los momentos en los que el público estuvo menos entregado. Qué falta de respeto ante este inmortal del grupo respecto a la acogida que tuvo por ejemplo “I can’t stay” como antes hemos mencionado.
Antes del parón que realizó el grupo para luego acometer la recta final, tuvieron a bien encadenar 3 bombazos seguidos con “Read my mind”, “Mr. Brightside” y “All these things that I’ve done”. En las 2 primeras, la entrega por parte de la gente fue brutal y sobre todo en “Mr. Brightside”. Sin embargo, fue en la parte media de “All these thing…” cuando Brandon alucinó con la audiencia cuando todo el Palacio de los Deportes entonó el remarcable “Tengo alma, pero no soy un soldado”; casi tuvo que pedir permiso para que pudiera continuar con la canción.
El caso es que tras un breve descanso, el grupo volvió al escenario para hacer de un tirón 4 canciones más, entre las que se encontraba el plato final con “When you where young”, habiendo antes ofrecido algún bonito regalo como “Jenny was a friend of mine” y por otro lado incluir el melifluo 2º single de “Sam’s Town” “Bones”, de la cual ni nos acordábamos en mi grupo. En esta parte final también se dio cabida a la canción protegida de Julian Ruíz del último trabajo de la banda, “The world we live in”; canción que poco a poco, y como me pasó con “Read my mind” en su día, cada vez me gusta más dentro de “Day & Age”.
Y aquí se acabó… ¿Bises? Pues… si quieren considerar esta parte final como un megabis, vale. El hecho es que todo lo que hubo en la parte final con los efectos de fuego y centellas en “When you were young”, se notó que estaba preparado y un bis como tal no tiene reservado esa parafernalia. Yo no les culpo tanto en este apartado, pero sí es cierto que a varios allegados míos no les gustó este detalle.

Tras acabar el concierto y salir sorprendentemente más rápido del recinto que en otras citas en el Palacio de los Deportes, estuvimos divagando para ver dónde podíamos ir a tomar alguna copa para celebrar el evento. Un compañero de trabajo me recomendó un sitio cercano al Palacio, en el que por lo visto había una fiesta del concierto organizada por la casa discográfica y con presencia del grupo; lugar que no conseguimos encontrar. Cuando estábamos en esas tesituras, pasamos por la calle Fuente del Berro, justo al otro lado de la Plaza de Felipe II, en donde había una hilera de mastodónticos autobuses con cristales tintados. También se veía una entrada a las entrañas del recinto, alrededor de la cual había un grupo de unas 15 personas. Al no dar con la cervecería que se nos había recomendado y tras la paliza de tanto rato de pie, decidimos sentarnos en unas escaleras que había al lado. De repente vimos que la poca gente que había por ahí, se acercaba a la puerta y también algún grito contenido. Nos levantamos, nos asomamos y vimos a Ronnie Vannucci, el cual se metió rápidamente al bus. A los pocos segundos y tras la insistencia de algunos de los allí congregados, salió del vehículo y se puso a firmar autógrafos. Para acercarnos a Ronnie, al encontrarnos al otro lado, teníamos que pasar por delante de la puerta. Me dio por mirar y aprecié que una silueta daba un paso lateral para esconderse tras la parte de la puerta que no estaba abierta. Al segundo la silueta salió a luz y resultó ser el bueno de Brandon. De una extrema timidez, pero con gran humildad, concedió un par de minutos a la gente que allí estábamos. Pude intercambiar unas palabras, diciéndole que estaba encantado de conocerle, que había sido un gran concierto, y en tono amable y de buen rollo, le pregunté por “Losing touch”, a lo que me dijo que quizás para el FIB lo preparen. Resultó una persona encantadora lo poco que traté con él. De paso también conseguí una foto con él (ahí les dejo la instantánea, para que no piensen que es un farol). Tras dejar a Brandon, que siguió prestando atención al resto de gente, observé que también estaba allí Mark Stoermer, elegantemente vestido y de una tremenda estatura y corpulencia. También amablemente accedió a fotografiarse conmigo e igualmente cambié algunas palabras con él. Me resulto una persona asombrosamente educada, seria y correcta. De Keuning ni idea; suponemos que tardaría en salir, puesto que nos fuimos y los autobuses, ya con los 3 componentes dentro de los mismos, no habían partido. Tras esta satisfactoria experiencia, cerramos la noche en Huertas para celebrar la tarde/noche con algunas cervezas.
Vayamos a las conclusiones. En lo mejorable está el set list elegido. No crean que me voy a poner estricto diciendo que faltó por ejemplo “On top”, porque siempre un grupo se puede dejar alguna canción que te guste. Siempre pasa. Pero aquí el error es de bulto. Primero en la estructura, ya que colocar “Human” como inicio de show es de grupo pequeño y The Killers ya no lo son. Segundo, la omisión de temas sustancialmente mejores del último álbum como “Losing touch” o “Neon tiger” en lugar de las pachangueras “I can’t stay” y “Joyride”. También la gente se quejó de la duración del concierto. Realmente The Killers solo tienen 3 discos y es raro que un grupo con esa cantidad de trabajos dure más de 90 minutos; pero bueno, supongo que por 2 canciones más en plan bis real no hubiera estado de más y les hubiera hecho quedar como unos caballeros; lo que realmente son.

Lo positivo viene de la percepción que The Killers cada vez tienen un directo más debastador e impresionante. Se nota a pasos agigantados la evolución de Brandon Flowers sobre el escenario, con una cada vez mayor seguridad y destilando un encanto y carisma innegables. Durante la práctica totalidad del show, menos en la versión acústica de “Sam’s town”, en la que estuvo sentado a su piano, no paró de moverse por todo el escenario, subirse a los bafles y bailar cual nervio vivo.

El juego de luces escogido, la decoración con palmeritas del escenario y los cristales a efectos de bola de discoteca que decoraban el teclado de Brandon, también fueron acertados. El sonido del concierto fue estupendo, al menos en la zona en la que estuve. Hay gente que se queja del sonido, quizás hubiera lugares en los que la acústica no fuera tan benévola, pero he de decir, que hasta la fecha no he acudido a un concierto en el que se entienda tan perfectamente la letra por parte del cantante. Otro aspecto destacable, viene de la mano de la perfección vocal de Brandon que pone fin a las especulaciones sobre su capacidad. Simplemente perfecto, ya que ni un solo desafine destacable en un concierto tan enérgico, es digno de elogiar.

Claro, en lo personal conocer a una banda a la que admiras, siempre es un punto a favor y un motivo de satisfacción. Igualitos que sus contemporáneos Interpol cuando vinieron hace un año y medio y tanto Fogarino como Banks pasaron olímpicamente de los 4 gatos que estábamos haciendo cola a primera hora de la tarde… Me da por pensar que si el concierto hubiera comenzado con “Losing touch”, se hubiera sustituido “Joyride” por “Neon tiger” y “Smile like you mean it” hubiera sido trasladada en solitario a un bis final, estaríamos hablando de un concierto pluscuamperfecto. No obstante la actuación global se puede calificar de notable, básicamente por la entrega del grupo, principalmente de Brandon y también Ronnie desde su batería y las poses guitarreras de Keuning. Stoermer permaneció en su posición de bajista, sumamente concentrado en sus tareas y dando un perfecto resultado sonoro.

Conclusión: The Killers, salvo pequeñas imprecisiones, arrasaron el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, quedándoseles incluso pequeño. Si se lo proponen, y si Coldplay no se cuida las espaldas, están en disposición de asaltar el trono de reyes del pop/rock actual en dura pugna con Franz Ferdinand. Dentro de una semana toca el turno de los de Kapranos en la misma ubicación y a estas horas todavía voy solo a dicho evento, aunque existe un pequeño resquicio para tener partenaire que espero que prospere. De momento los Flowers, Keuning, Stoermer y Vannucci han golpeado primero. Les mantendremos informados de lo que acontezca con los nocturnos Ferdinand, que vienen muy bien acompañados de Mando Diao. Permanezcan atentos a sus pantallas.
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1984 Thomas Dolby - The Flat Earth

Thomas Dolby es uno de tantos artistas, que sin apoyarse en la base sólida de un grupo que también diera nombre a su proyecto, se lanzó a la piscina musical dentro de la prolífica década de los 80. Su nombre suena al lado de otros artistas como Howard Jones o Nik Kershaw, por citar algunos, y también está considerado como artista de un solo éxito y de poca repercusión.

Y en parte, así es; Thomas Dolby no es un hombre excesivamente conocido a nivel de las masas dentro de la historia de la música. Pero también hay que decir, que la trayectoria de Dolby va más allá de “She blinded me with science” y se mantiene incluso en la actualidad. Para homenajear a Dolby, y también que la ingesta sea ligera, he seleccionado su 2º disco para introducirles al mundo de este peculiar personaje.

Thomas inició su trayectoria en 1982 con el disco de profético título “The Golden Age Of Wireless”. Dentro del mismo se incluía la citada “She blinded me with science”, que acompañada de un delirante videoclip, con Dolby internado en una residencia de científicos chiflados, le reportó cierto eco. Otros momentos reseñables de la obra fueron el single primigenio “Europe & the pirate twins” y la soberbia “One of our submarines”, canción que Thomas dedicó a un tío suyo, tripulante de submarino, que falleció en la nave realizando maniobras.

La imagen que se creó Dolby estaba asociada a la de científico extravagante y algo loco. De hecho en el video de “Hyperactive”, una de las canciones que forman parte del disco que hoy revisamos y la más recordada del mismo, vino a confirmar el efecto con un Thomas algo obsesionado con el psicoanálisis freudiano. Tras esta pequeña introducción, pasemos a la revisión de “The Flat Earth” y la lista de 7 canciones que lo forman.

Si su primer lp se caracterizó por un acusado carácter asociado al techno pop, en su segundo disco, los teclados dejan de un lado el pop más bailable para configurar un trabajo más manierista y refinado. El comienzo, protagonizado por “Dissidents” evidencia una partida respecto a las maneras de “The Golden Age Of Wireless”. El comienzo del corte con ese sonido de maquina de escribir y los coros femeninos tan vitalistas que acompañan a Dolby, proporcionan un enérgico inicio de álbum, pero desmarcándose de las melodías techno pop de la época. Si “Dissidents” nos muestra una vuelta de tuerca y una señal de evolución musical de Dolby, la canción que da título a la obra y que nos encontramos en 2º lugar, vendrá a confirmar la primera impresión. Aquí quiero resaltar que nos encontramos ante una verdadera joya. Es una de esas canciones, de las que ya he hablado tantas veces, que si ustedes se quedan en los recopilatorios y no entran en los discos de estudio, se perderán. Y en este caso, sería una verdadera lástima. Evidentemente, hasta que no me hice con el disco, desconocía esta pista de casi siete minutos de embriagadora duración. Un servidor de ustedes, había escuchado poco más que “Hyperactive” del presente disco. Me alegro mucho de haber hecho el esfuerzo de conseguir la obra completa, simplemente por el descubrimiento y experiencia que me ha reportado el tema que lo titula. Profundicemos pues en ella. El comienzo se vale de un inquietante sintetizador a modo de percusión y unas relajantes notas de teclado que lo acompañan. A los pocos segundos, la entrada del bajo y la batería con un ritmo pausado preparan el camino al conjunto de coros y al propio Dolby. Los coros femeninos se complementan con otros masculinos graves, los cuales crean cierto regusto africano, al igual que los efectos de sintetizador del comienzo y la percusión. Dolby, siempre acompañado por esos estupendos coros, sigue un ritmo algo atropellado para desafiar al propio Galileo Galilei: “la tierra puede ser de cualquier forma que quieras, cualquier forma que quieras, oscura o fría, o brillante y cálida, larga, fina o pequeña, pero es mi hogar y todo lo que siempre tuve y quizás por eso para mi la tierra es plana”. Los coros que acompañan esta estrofa que les traduzco, dan una sensación cálida y acogedora a la canción. Es un tema sumamente relajante y que te puede transportar a cualquier sabana africana en una soleada tarde. “The flat earth” está perfectamente elaborada y roza la perfección. Transfiere una calma fuera de lo normal. Si no la conocen todavía… ¿a qué esperan? Es difícil que se alcance un nivel tan alto de excelencia en lo que queda del álbum; no obstante Dolby, cambiando de registro en varias ocasiones, nos regalará otros 5 temas no menos desdeñables. “Screen kiss” sigue en parte la estela que ha dejado “The flat earth”. Estamos ante otro tema relajado, pero que ya se aleja de las influencias africanas utilizadas en su magnánima predecesora. Aquí ya no hay coros, pero sin embargo Dolby cambia su registro vocal de tal forma que abandona su histrionismo habitual, para cantar de forma contenida y nada exagerada, aportando la mesura correspondiente para de momento no encontrarnos sobresaltos. Vagamente nos puede recordar a “Airwaves” de su primer disco. Sin embargo, a continuación “White city” nos devuelve al Dolby más descerebrado y acelerado y nos emula los instantes más bailables de su primer disco al estilo de “Flying north”. Me da por pensar que esta canción pudiera tratarse de un descarte de “The Golden Age Of Wireless” por lo inconexo de la misma con el resto de la obra y lo acorde que estaría incluida en el lp anterior. “Mulu the rainforest” es uno de la interpretación más angustiosa de Thomas en todo el disco y por otro lado el corte más experimental del lp. Como vemos en la letra, no fue Sting el primero que se preocupó del Amazonas en su trayectoria musical. Turno para “I scare myself”. Una canción lenta, serpenteante, cabaretera y bastante hedonista en el proceder de Dolby al micrófono. Me resultó curioso que esta canción la utilizara Pedro Almodóvar, haciendo play-back, en la introducción a una entrevista que en 1985 le realizó Paloma Chamorro en “La Edad de Oro” con motivo de presentar su película “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” y su cortometraje “Trailer para amantes de lo desconocido”. Una canción muy nocturna, con un cierto halo de misterio y un lejano toque de glam. Para el cierre del álbum, se reserva la canción que reconocerán fácilmente aquellos lectores del blog que conozcan a Dolby; para los que no conocen a Thomas Dolby, les sonará igualmente a chino. Sí, hemos llegado a “Hyperactive”, el corte que capitanea el conjunto de “The Flat Earth”. Es una canción tremendamente alocada, con unos excesivos coros femeninos que flanquean a un igualmente desgañitado Dolby. En lo musical, la canción se sustenta en algunas notas de viento trompeteras y un vertiginoso entramado de notas y melodías de teclado. La delirante letra, divaga en la autobiografía de Dolby, en la que habla del tratamiento al que fue sometido como niño hiperactivo y como su raudal de energía terminó canalizándolo a través de la música. Como he comentado en la introducción de hoy, el video es otro ejemplo de la insana locura de Dolby y enfatiza la imagen de extravagante que se ganó a pulso

Es curioso que una obra tan escasa como “The Flat Eath”, compuesta por 7 canciones únicamente, resulte tan variada. Lo normal es que un disco con tan pocos temas, a poco que no te esfuerces, suene monolítico y compacto. Lejos de ello, el 2º álbum de Dolby es un perfecto crisol de distintos estados de ánimo. La portada, de tono grisáceo, incluye una fotografía en la orilla de un río del propio Dolby.

El éxito del disco vino individualmente de la mano de “Hyperactive” que llegó a entrar en el top 20 de singles del Reino Unido. Aparte de ello, en su conjunto no reportó mayor gloria a Dolby, a mi juicio de forma algo injusta. Lo cierto es que tanta actividad y tantos lanzamientos notables en ese año, hicieron fácil que el disco que hoy rescatamos quedara eclipsado.

Dolby a partir de aquí realizaría numerosas colaboraciones y diversificaría su actividad musical, destacando fuertemente como productor. Dentro de sus labores en las mesas de mezclas, es reseñable la producción de los discos más gloriosos de Prefab Sprout. En gran parte, el grupo de Paddy McAlloom le debe a Dolby mucho de la etiqueta de grupo elegante e impoluto que tienen.

Su última aparición destacada fue en 1990 en el concierto en Berlín de Roger Waters, saliendo a escena caracterizado como el profesor de la obra “The Wall” de Pink Floyd. Resulta inolvidable el momento en el que reta a la “alumna” Cindy Lauper, con teclado colgado al hombro, y por otro lado los minutos en los que fue bamboleado colgado de un arnés delante del gigantesco muro creado, en el juicio que dirigió Albert Finney.

Lo más reciente de Thomas Dolby fue el lanzamiento del Cd/dvd “The Sole Inhabitant”, curiosamente una parte de la letra de “White city”, en 2006, que es un repaso en directo a los mayores éxitos de su carrera. Por otro lado se rumoreaba la posible vuelta de Dolby a colaboraciones con Paddy McAlloom. Dolby bien se merece un ratito de atención y “The Flat Earth” tampoco les va a restar demasiado tiempo. Se trata de un conjunto entretenido de canciones diversas que les hará pasar un buen rato. Simplemente por la experiencia de escuchar la canción título merece la pena. Ya me dirán qué les ha parecido. Como siempre, espero que la experiencia les sea gratificante.
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sábado, 21 de marzo de 2009

1986 Peter Gabriel - So

La propuesta musical que desde “Discos, música y reflexiones” queremos poner sobre la mesa esta semana, corre a cargo de Peter Gabriel. No considero que con esta revisión estemos incurriendo en repetir artista; recordemos que unos meses atrás, analizamos la obra “Abacab” de Genesis, pero dicho trabajo corresponde a una etapa posterior en la historia del grupo en la que Gabriel ya no tomaba parte, habíando pasado unos años desde su partida. También hay que decir, que en aquel año Peter ya había consolidado su carrera en solitario con sus 3 primeros trabajos.

Igualmente, el día que recojamos alguna obra de los Genesis liderados por Gabriel, tampoco lo consideraré duplicidad de artista, ya que se aprecia un cambio más que importante con respecto a los Genesis encabezados por Phil Collins. Sacarán en conclusión que cuando aparezca por aquí algún disco en solitario de Collins, consideraré lo mismo. Una vez aclarado esto, pasemos a hablar del hombre que lideró a los Genesis en su primera etapa exitosa.

Mediada la década de los 80 y tras 4 discos en solitario, más alguna que otra banda sonora editada, Peter Gabriel tenía afianzada perfectamente su carrera en solitario, haciendo olvidar casi totalmente a la audiencia generalista su pasado en Genesis. Su mayor éxito hasta el momento había sido su 3er. disco “Peter Gabriel 3” o “Melt”, y a nivel de singles, tanto “Solsbury hill” de su primer álbum, como “Games without frontiers” de su citada 3ª entrega, con colaboración de excepción de Kate Bush, habían conseguido notables resultados.

No obstante, sería en 1986 cuando Gabriel conseguiría su mayor éxito comercial en solitario de la mano del disco que hoy proponemos. Sería la adaptación perfecta de Gabriel a los tiempos, con una acertada promoción a base de unos inolvidables videoclips, que cuadrarían perfectamente en aquella época en la parrilla de la MTV. Nuevamente, la obra contaría con la colaboración de artistas consolidados y otros a los que Gabriel daría su particular espaldarazo. Desgranemos “So” y demos pues con las claves de su triunfo.

El álbum contaría con numerosos sencillos extraídos del mismo, que en la mayoría de los casos conseguirían igualmente importantes logros por sí mismos. Sin poder ser de otra manera, “So” abre con uno de ellos, “Red rain”. El registro más rasgado de la voz de Peter es acreedor de la duración total del corte. En la parte instrumental, destaca el complejo entramado de teclados, que mezcla cristalinas notas con sólidas melodías, desarrollado sobre una potente base rítmica formada por el inquietante bajo y la ampulosa percusión utilizada. En su parte final, “Red rain” adquiere un fuerte tono épico, para posteriormente cerrar de una forma lenta y melancólica. Quizás es una de las interpretaciones vocales más sentidas y serias por parte de Gabriel en toda su carrera. Es curioso que otro de esos ejemplos, lo encontremos unos cortes más adelante en “Mercy street”. El disco podría analizarse por parejas de canciones similares, y ahora toca de una de las 2 canciones claramente pop que contiene “So”. “Sledgehammer” es la canción más recordada de la obra. Acompañada de un delirante videoclip, sumamente elaborado para la época, escogido en algunas votaciones como uno de los 3 mejores clips de la historia junto a “Thriller” de Michael Jackson y “Like a prayer” de Madonna (ahí es nada), el “mazo” particular de Gabriel se dota de melodías juguetonas y un Peter sumamente desenfadado al cantar. La letra incluye versos claramente pop “puedes tener un aeroplano volando si traes de nuevo tu cielo azul, podrías tener un tren de vapor si asientas nuevamente tus raíles…”. Tema pegadizo, descarado y con letra sencillita para convertirse en un perfecto single para la radio y la MTV al acompañarse de tan apañado video. Nuevo cambio de tercio. Gabriel recupera una antigua y ya reseñada colaboración con Kate Bush, para afrontar un dueto propiamente dicho, dando un paso adelante respecto a los coros notables de “Games without frontiers”. Alternancia de estrofa para Gabriel y estribillo para Kate. Por lo que se comenta, la grabación de la pista para la buena de Kate, fue una soberbia tortura, ya que Gabriel, tras 6 grabaciones, no estaba contento con el resultado que la cantante conseguía para su interpretación. El resultado final demuestra que valió la pena tanto esfuerzo, ya que consiguen una sentida balada, confeccionada por el diálogo entre una pareja en la que Kate intenta imprimir esperanza a su figurada pareja, concretada en esta ocasión en Gabriel. De una pasmosa belleza y emotividad resulta el videoclip principal grabado con Kate y Peter abrazados en lo alto de una colina con un eclipse de sol de fondo. Peter se queja en la letra de problemas sociales, de tan rabiosa actualidad como el paro “intentando cambiar difícilmente de ciudad, para cada trabajo, tantos hombres. Nadie necesita tantos hombres”; para compensar la pesadumbre está Kate: “no abandones, todavía nos tienes a nosotros. No abandones, estamos orgullosos de lo que eres… No abandones, porque creo que hay un sitio, un sitio al que pertenecemos”. El final o apéndice final, mejor dicho, con unos ritmos de bajo de reminiscencias africanas, es lo que menos acorde está con toda la canción. “That voice again” me resulta vagamente cercana a “Red rain”, aunque con un sonido más amable; lo cierto es que la instrumentación utilizada y la voz de Gabriel resultan bastante parecidos al tema de inicio. Sin embargo, es uno de los temas más fácilmente olvidables de “So”, con lo que pasaremos a analizar la siguiente canción, que nos reportará otro de los momentos álgidos del álbum. “Mercy street” es una introspectiva y misteriosa canción, con una seria y sentida interpretación vocal de Peter, como ya mencionamos antes. La melancolía va asociada a la letra, en la que se hacen referencias al pasado y la infancia, y la pérdida de aquellos momentos. Antes hablamos de la posible asociación de las canciones de 2 en 2 en muchos casos. Pues bien, el dueto pop lo forma “Sledgehammer” con el corte que nos encontramos ahora “Big time”. Sensiblemente parecida a la horma de su zapato, sobre todo en lo descabellado del clip grabado, aquí el ritmo deriva hacia un sonido más cercano al funky y podría ser un corte fácilmente aplicable a los Talking Heads de la época de “Speaking In Tongues”. Seguimos con los combos de canciones y en esta ocasión vienen seguidas las 2 canciones en el orden de aparición del disco. Llega el momento del experimentalismo de la mano de “We do what we are told (milgrams 37)” y “This is the picture (excellent birds)”. Ambos temas son prácticamente instrumentales, básicamente por la repetición de la letra en ambas. Me quedo principalmente con “We do what…”, tremendamente misteriosa gracias a la percusión y las notas de teclado, y sobre todo con la parte final en la que Gabriel hace acto de aparición con una melancolía extrema para cerrar el tema, tras los repetitivos coros que machacan el título de la canción a lo largo del metraje. “This is the…” es más aséptica en su sonido, y aquí la artista invitada sería Laurie Anderson. El cierre de “So” lo proporciona “In your eyes”, la cual tiene un comienzo espectacular, con una perfecta conjunción de la percusión, los teclados y la entonación cálida de Gabriel en unos versos igualmente acertados: “Amor, me encuentro tan perdido a veces… el tiempo pasa y este vacío llena mi cuerpo… cuando quiero escapar, conduzco mi coche, pero a cualquier sitio que vaya, siempre acabo volviendo al sitio donde tú estás”. En esta canción Peter, como ya referí al inicio, introduce a un por entonces poco conocido Youssou N’dour, que a partir de entonces tendría repercusión a nivel mundial, básicamente también por su otra colaboración con Gabriel en el posterior single promocional del grandes éxitos del artista “Shaking the tree” y por su dueto con Neneh Cherry en “Seven seconds”. Digamos que es quizás mi tema favorito, aunque principalmente por su comienzo y su vuelta a la estructura del comienzo cuando Peter vuelve a decir cosas como “Amor, no me gusta ver tanto dolor…”; simplemente considero sobrecogedora y entrañable el sonido global conseguido en esos momentos. En otros momentos, y quizás en el estribillo, la canción puede resultar algo plana y cambia totalmente de tercio con una fuerte influencia africana de la mano de los coros aportados por N’dour, igualmente válidos, pero radicalmente distintos a esos emotivos compases que les menciono. Forma inmejorable de dar carpetazo al disco.

Reiterar que “So” fue un insultante y aplastante éxito mundial, principalmente gracias a “Sledgehammer”, que como single alegre y pop para todos los públicos allanaba el camino para acceder al disco. Igualmente el resto de sencillos, como la emotiva “Red rain”, la balada “Don’t give up” con el dueto de excepción de Kate Bush, por entonces en la cumbre de su carrera tras la edición de su soberbio “Hounds Of Love”, o la también bailable “Big time”, ayudaron de forma inestimable a la victoria de “So” en su conjunto.

La portada, en la mayoría de los casos con fotos complicadas del propio Peter, suponía la instantánea más clara del propio Gabriel, con un corte de pelo menos arriesgado que en épocas anteriores y con una expresión y unos rasgos que denotaban la madurez que iba alcanzando en lo físico y que en lo personal y compositivo también se apreciaba al escuchar el disco. A partir de aquí, se aprecia un cambio de tendencia en lo que a los títulos de los discos de estudio se refiere. Peter pasa de nombrar sus discos con su propio nombre y el nº de orden del disco en su trayectoria en solitario, más un apodo aparte, a titular sus discos con palabras de 2 letras; más adelante veremos “Us” y “Up”. “So” igualmente en inglés, si se pone antes de un adjetivo significa “tan”, es decir superlativa la cualidad que se refiere. Después de escucharlo, pongan el adjetivo que más les sugiera.

A nivel de productividad, si en los años 80 lo normal era sacar un disco cada año, ya en dicha época Peter tardaba al menos 2 años en sacar nuevo material. Desde este trabajo, Peter irá alargando cada vez más el momento de editar nuevos discos. Pasarían 6 años hasta que “Us” viera la luz y desde este disco hasta “Up” pasaría una década.

“So”, por otro lado no deja de ser un disco, que a pesar de su desaforado éxito comercial y la calidad de sus canciones, crea opiniones polarmente opuestas entre la crítica musical y los propios seguidores de Gabriel. Expliquemos este controvertido aspecto. Por un lado nos encontramos al núcleo que reniega del álbum, y que contraponen dicha entrega al tercer disco de Peter como mejor disco. Por otro lado, nos encontramos a la gente que, sin dejar de admirar trabajos anteriores del artista, considera a “So” un álbum perfecto y muy bien elaborado.

Un servidor se incluye dentro de este 2º grupo citado. Creo que todos los discos de Gabriel son excelentes, y que quizás únicamente “Us” y “Peter Gabriel 2” se hacen algo densos a ratos. Cierto es que “Peter Gabriel 3” es una obra más experimental e innovadora en lo que a sonidos se refiere, y que “So” no aporta novedad alguna, ni pretende avanzar en lo que la evolución de la música moderna se refiere. Lejos de esto, opino que la decisión de Peter Gabriel de no complicarse la vida y simplemente dar forma a unas composiciones muy acertadas, no tiene porque lacrar a “So” de disco vulgar. No vamos a exigir a Gabriel que esté siempre al pie del cañón de la vanguardia y más aún cuando el resultado que nos entrega ralla a tan alto nivel como el que ofrece “So”.
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sábado, 14 de marzo de 2009

1985 Falco - Falco 3

Es un tremendo placer afrontar esta semana la figura de Johann Hans Hölzel. Probablemente esto no les dirá nada. Es seguro que si les menciono su nombre artístico, que no es otro que Falco, les suene algo más. Si todavía la confusión ronda sus cabezas, si les cito la canción “Rock me Amadeus”, es probable que ya haya algo que les haga “clic” en el interior de sus cabezas.

Ha llegado el momento de hablarles de este perfecto caballero austriaco, y probablemente la única estrella verdadera pop que haya salido del país alpino. Apuesto a que a más de uno, como ya he bromeado al comienzo, no le sonará de nada el artista que hoy analizaremos; por otro lado, a los que les suene la citada canción “Rock me Amadeus”, puede que tengan una errónea concepción de que hoy trataremos un fenómeno de los llamados “One hit wonder”. No es el caso. Tras la introducción, pasemos a esbozar brevemente el devenir de Falco antes de la edición de su 3er. disco.

Este gentleman alpino, inició su carrera como cantante de varios grupos vieneses, e incluso como bajista de alguna banda de hard rock de la misma ciudad. No sería hasta 1982 cuando Falco decidió comenzar su andadura en solitario. El single de debut fue un tremendo éxito continental, principalmente en la parte central. La canción “Der kommissar” era un tema que oscilaba entre el funky, el techno pop y cierto rapeo vocal por parte de Falco, compuesto en alemán y que supondría el primer momento inolvidable de la trayectoria del artista.

“Der kommissar” formó parte del conjunto de composiciones que dieron lugar al primer lp de Falco, titulado “Einzelhaft”. Un disco editado en el citado 1982, y que por influjo internacional mostraba un acentuado carácter new wave, sobre todo visto en cortes como el sublime inicio que reporta “Zuviel hitze”. En 1984 vio la luz “Junge Roemer”. Un trabajo que a nivel de Austria y Alemania tuvo una gran aceptación, pero que sin embargo no tuvo mucho eco más allá de dichas fronteras. A destacar dentro del track list del álbum, la canción que le da titulo; un pegadizo corte dance de la época.

Tras estos prometedores inicios, el éxito definitivo de Falco a nivel mundial vendría de la mano de lo que sería su tercera entrega que se editó en 1985, aunque en muchos lugares salió a la venta en 1986, como por ejemplo en Estados Unidos. Cierto es que gran parte del triunfo de “Falco 3” (así de simple sería titulada la obra) corre a cargo de “Rock me Amadeus”, pero la revisión a fondo que hoy abordamos tiene la concisa misión de demostrar que es un disco imprescindible dentro de lo que se creo en los años 80 en su conjunto global, más allá del éxito individual de la canción referida. Pasemos pues como es habitual, a desgranar cada una de los temas que forman parte del disco, para ejercer la defensa de la idea que les expongo.

Ya habiendo hecho obligadas menciones en la introducción sobre el corte que abre el disco, poco más queda decir de “Rock me Amadeus”. Una canción que circunda alrededor del genial compositor Mozart, y que en parte vino asociado al reciente estreno por aquella época de la oscarizada película sobre la figura de este músico clásico. Para la correcta promoción, se grabó un videoclip en el que Falco alternaba su imagen de elegante caballero ataviado con impecables smokings, con otras imágenes en las que iba disfrazado de Mozart y a la vez rodeado de rudos moteros/rockeros. Impagable e hilarante el instante en el que, subido en una plataforma, se digna a repartir partituras al personal. Sin lugar a dudas un video inconfundible de la década de los 80. A golpe de armónicas, hace acto de presencia “America” que cuenta con un acelerado y vital Falco en sus primeras estrofas, las cuales engarza a una endiablada velocidad. Cierta entonación o regusto italiano noto en la voz de Falco; ¿será por la multitud de italianos que hay por Estados Unidos, o es simplemente una percepción errónea por mi parte? Pues no sé qué decir. Alegre corte, que se sirve de unos coros festivos en ciertas partes para tener un carácter aún más desenfadado si cabe. “Tango the night” es una canción algo enrevesada, principalmente por sus incisivas melodías de teclado; quizás puede ser el tema de menor brillo del disco. “Munich girls” es una revisión del contemporáneo corte de The Cars “Looking for love”, de su disco “Heartbeat City”. Falco se sirve de la melodía original en su totalidad, sin variación alguna sobre la misma ni en su sonido, ni en las notas, y lo que hace es reescribir gran parte de la letra. Destaco la emotividad con la que Falco aborda ciertas partes de la canción como cuando dice “Eres tan guapa, tan guapa pero tan tuya, no hay vuelta atrás…”, todo ello alternado con las graves narraciones, tan habituales y profundas del artista, en la parte inicial de la canción. Ahora es momento de encontrarnos con uno de los motivos que justifican la defensa de mi creencia de que “Falco 3”, y Falco en general, no fue álbum/artista de un solo éxito. “Jeanny” es una canción que se inicia con unos delicados teclados, apoyados sobre unas notas de piano aún más gráciles, sobre las que Falco comienza a narrar una historia acerca de una niña que ejerce la prostitución. Al acercarse el final de su introducción, Falco rompe en su otro registro conocido, que no es otro que su impresionante chorro de voz. A la perfección están incluidos unos coros femeninos, con el desgañitado Falco que cantan al unísono el estribillo: “Jeanny, abandona la vida en sueños. Jeanny, la vida no es lo que parece…”. A continuación Falco vuelve a narrar la historia para nuevamente romper en rabia y estallar en una impresionante y emocionante interpretación vocal. Una de las canciones que llegan a poner el vello de punta, no les exagero. La alternancia de tan desbocada y sentida intensidad, con el oscurantismo y melancolía de las partes tranquilas, conforman una estructura de canción perfecta y sumamente épica. La controvertida historia de Jeanny que se plasma en la letra, hizo que la canción fuera vetada en numerosas emisoras. Correspondiente polémica al canto, que acrecienta su leyenda. Como curiosidad, decir que cuando salió recientemente a la luz en la misma Austria el caso del padre que tenía secuestrada a su hija, a la cual había violado durante más de 2 décadas, teniendo varios hijos con ella, la canción se puso de actualidad en Austria nuevamente. “Jeanny” se acompañó de un acertado video con un oscuro Falco ataviado con una nocturna gabardina y un sombrero, cual espía, y que termina desesperado y completamente loco, embutido en una camisa de fuerza en una celda de manicomio, obsesionado con Jeanny. Sobrecogedor. Tras la intensidad de esta canción, se da paso al tercer éxito que reportó “Falco 3”. Es lógico que ahora se nos proponga bailar y animarnos tras la impresión que nos ha causado la anterior canción, por lo que “Vienna Calling” es quizás el corte de pop más clásico y menos enrevesado del disco. Falco siempre se acompañó de unos excelentes coros desde los inicios de su carrera, que podemos ver ya incluso desde “Zuviel hitze”, que abría su primer álbum. Aquí se acompaña de unos coros uniformes estupendos en la rítmica parte del estribillo. Igualmente se grabó un divertido clip en una especie de cafetería, con correspondientes y animadas coreografías, teléfonos de por medio y un Falco como siempre muy elegante, menos en lo que a las bambas blancas (muy a lo Phil Collins en aquellos años, véase “Sussudio”) que combinó con el traje oscuro y camisa roja que llevaba. “Manner des westens” es un tema en parte parecido al anterior, pero con un mayor rapeo vocal por parte de Falco y con una parte de estribillo con unos coros más incisivos. Es otro momento bailable, igualmente válido y excelente. “Nothing sweeter than Arabia” es de las canciones con estructura más atípica y más extrañas que incluye “Falco 3”. Se vale de partes con enrevesadas notas de teclado y un Falco que divaga durante muchas partes, yendo y viniendo. A ratos hipnótica, a ratos histriónica, a ratos misteriosa… la verdad es que no tiene desperdicio. Vuelta al baile de la mano de “Macho macho”. Falco acomete la canción con su registro más rugoso y bruto, sobre todo en la parte final de las estrofas. Aunque la canción comienza con una potente base rítmica con un conjuntado trío de una marcada batería, bajo y guitarra, lo que más se recuerda instrumentalmente hablado, son los marcados teclados que protagonizan la canción a partir del minuto de duración. A parte del vigor aportado por Falco, su forma de cantar resulta también bastante hedonista en varias partes. Para terminar el disco, qué mejor para un galán de la talla de Falco, que una nueva versión, en este caso del “It’s all over now, baby blue” de Dylan. La citada revisión, se vale de ciertos efectos de producción que pueden hacernos pensar de su recreación en un piano-bar de un elegante hotel, gracias a los sonidos de brindis que se escuchan a ratos en la parte final. Falco vuelve a demostrar en esta ocasión que era un excelente cantante, y sin lugar a dudas un todoterreno capaz de conseguir un impagable resultado en cualquier género. Delicioso y romántico final para la obra, y que de paso rompe un poco con el núcleo de pop de baile que hemos abordado desde “Jeanny” y que solo abandonamos en “Nothing sweeter than Arabia”.

“Falco 3” fue el disco de mayor éxito de Falco. Lo que hizo del trabajo una obra de dominio mundial fue, como ya he comentado, el single “Rock me Amadeus”. No obstante, a nivel continental y sobre todo en la parte central de Europa, la polémica “Jeanny” fue otro rutilante bombazo, y ayudó a que el disco creciera más si cabe, al igual que hizo en menor medida el 2º sencillo “Vienna calling”.

Este disco, aunque principalmente deja una clara sensación de baile, es un conjunto bastante variado de canciones, que ejercita varios estilos: country-pop en “America”, balada en “It’s all over now, baby blue”, pop épico en “Jeanny”, experimentalismo en “Nothing sweeter than Arabia” y un sinfín de excelentes canciones de pop en su estado más puro y ochentero. Todo ello jalonado de los peculiares rapeos por parte de Falco, que tan característicos eran de él. La portada es un simple autógrafo del artista sobre un fondo rojo, que enumera algunos de los clásicos que incluye. Una de las principales características de "Falco 3", estriban en la convivencia o mezcla de fragmentos de letras de las canciones en inglés, con otras partes en alemán.

Tras este trabajo, y casi sin tiempo de descanso, Falco sacaría su disco “Emotional”. Un nuevo compendio de canciones variadas, y con una estructura muy parecida a la del álbum que hoy hemos revisado, pero de un nivel de excelencia algo menor. Este comentario no viene a decir que se trate de un disco menor; “Emotional” es un destacable lp, y además de la 2ª parte de “Jeanny”, concretada en “Coming home”, incluye excelentes canciones como la canción título y la magnífica celebración e himno que regala “The sound of musik”.

Quizás “Emotional” supuso el último éxito a nivel internacional de Falco, ya que los siguientes discos de estudio tuvieron repercusión principalmente en su país natal y en la vecina Alemania. En los años 90 Falco editó más bien singles sueltos, como por ejemplo el impagable tema dance “Naked”. En 1997 planeaba lo que sería su regreso con un nuevo disco de estudio. Sin embargo, la tragedia hizo acto de aparición en la vida de este artista total, y en febrero de 1998, cuando estaba en la República Dominicana, Falco falleció en un accidente de tráfico al quedar totalmente destrozado su coche tras chocar con un autobús.

El funeral que se le concedió en su país de origen fue increíblemente multitudinario; para que se hagan una idea, fue parecido al que aconteció en nuestro país cuando falleció Camarón de la Isla. Debido a su pronta desaparición, en Austria su figura está elevada a la enésima potencia y Falco a día de hoy está considerado allí como un semidios dentro del mundo de la música .

Unas líneas más arriba, me he referido a Falco como un artista total. Me explico. No sólo se trataba de un excelente compositor y cantante con una tremenda voz y un perfecto dominio de registros graves y bajos con la alternancia de momentos de fuerte intensidad y altos niveles, sino que Falco además era una actitud y una apariencia impecable; un auténtico caballero tanto en su elegante vestir, como en sus refinadas y galantes maneras.

Me resulta de una gran tristeza que Falco desapareciera a tan temprana edad (40 años) y máxime cuando estaba prácticamente perfilada su vuelta a la música por la puerta grande. Esta afirmación que les hago, se escuda firmemente en lo que fue su single póstumo y, podríamos decir, “autorequiem”, el tema “Out of the dark, into the light”. Una canción, compuesta poco antes de su lamentable fallecimiento y cuya letra está cargada de un fuerte simbolismo asociado a su trágica desaparición. “Falco 3” es un ejemplo de por qué Falco tiene que permanecer a la luz y evitar que caiga en el olvido. Disfruten de esta completa obra, hasta que un futuro volvamos a abordar la trayectoria discográfica de este perfecto caballero austriaco.
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sábado, 7 de marzo de 2009

1983 New Order - Power, Corruption & Lies

Hoy toca otro ejemplo de lo mencionado la pasada semana sobre el orden de aparición de los grupos según mis preferencias. Abordadas ya revisiones de grupos abanderados de Manchester como The Smiths y Oasis, ha llegado el momento de recuperar una de las primeras creaciones de otra banda de la misma ciudad, New Order. Por otro lado me atrevería a decir que incluso se tratara de su primera obra genuina, dentro de lo que sería su sonido habitual, tras la reconversión de lo que fue Joy Division. Expliquemos esta idea que les expongo, con la que iniciamos el artículo de hoy, que de paso nos sirve para revisar los antecedentes a la edición del lp elegido.

De todos es sabido que New Order fue la metamorfosis a la que se vio sometido el grupo Joy Division tras la trágica muerte de su lider Ian Curtis. Los 3 miembros que quedaban, el batería Stephen Morris, el bajista Peter Hook y el teclista y guitarra Bernard Sumner, decidieron reclutar a Gillian Gilbert, como encargada principal de los teclados y sintetizadores, para continuar su andadura musical en común. Eso sí, decidieron cambiar el nombre a su proyecto, en lo que es una evidente muestra de respeto hacia su compañero malogrado.

En 1981 se editó el primer disco del nuevo proyecto, que vino a titularse “Movement”. Un trabajo claramente heredero del oscurantismo, pesimismo y existencialismo que desprendían las intensas obras de Joy Division, aunque si cabe, más siniestro en lo que a su sonido se refiere que las obras de estos muchachos cuando tenían a Curtis entre ellos. Un claro ejemplo de esto, es la canción “The Him” que forma parte de dicho álbum.

No es ninguna locura afirmar que este disco es un claro epílogo de lo que fue Joy Division y una especie de homenaje a Curtis. Evidentemente, este primer lp iba asociado a la dura situación personal que estaban atravesando los componentes de la banda, todavía convulsos por los desgraciados acontecimientos que habían experimentado recientemente. Por esto digo, que el primer disco que va a representar y dejar bien claro el sonido arquetípico de New Order, es el escogido para esta semana: “Power, Corruption & Lies”.

La obra, ya desde su inicio, muestra un cambio radical en el ánimo de sus canciones, reflejado en la alegre “Age of consent”. Para no perder el norte, lo que abre el corte es el peculiar bajo de Hook y a los pocos segundos se incorpora la batería de Morris para crear ese tándem rítmico tan peculiar, que en esta ocasión no nos dejan una sórdida y depresiva impresión, sino todo lo contrario. La voz cáustica y sin matices que Sumner aportó en “Movement” sube unos cuantos registros agudos y adopta una entonación más ondulada y variable. Los teclados de Gilbert, sobre todo en la parte final de la canción, conforman o completan la novedad que New Order mostraban en aquel momento y que ejemplariza lo que será la trayectoria de la banda de ahí en adelante. No obstante, las letras en algunos momentos siguen siendo crudas: “¿Crees que esto pasa todo el tiempo? Un momento crucial algún día degenera en un crimen…”. Esta conjunción de letras poco alegres, envueltas en melodías bailables, será otra de las marcas de la casa de este grupo de Manchester. También podría decirse que “Age of consent” puede recordarnos lejanamente a “Love will tear us apart”, pero con un resultado menos asfixiante y depresivo que transmitía la voz de Curtis frente a la de Sumner. La melodía es bastante cercana en lo que es su parte final, ¿nunca se han parado a pensarlo? “We all stand”, sin necesidad de volver a oscurantismos anteriores, baja el ritmo acelerado, fantasioso y bailable del comienzo. Un instante de calma, que a ratos se nos puede hacer algo pesado. Este impass da paso a otra canción descerebrada y edulcorada como es “The village”. La alegría se confirma como una de las constantes en el sonido de New Order. Los saltarines sintetizadores y el carácter amable y cálido del bajo de Hook, escudan a un Sumner que canta al “sol, los árboles y los pájaros”. Todo suena muy vitalista y es de un claro efectismo luminoso en contraposición con los días teñidos de gris asociados a lo que antes hacían estos muchachos. “5, 8, 6” es una especie de variación de “Blue Monday”, aunque con Bernard Sumner bastante más histriónico que en el megahit mencionado. La canción empieza casi como una prueba de sonido por parte de la formación, hasta que pasados casi 2 minutos, rompe con la melodía definitiva. Ya que lo he mencionado, ¿qué decir de “Blue Monday”? Pues que en algunas ediciones sí que se encuentra como tal en el track list, pero lo que es en el formato original no estaba. No les recuerda un poco a lo que precisamente en ese año pasó con otros chicos de Manchester llamados The Smiths, su primer disco homónimo y su celebérrimo single “This charming man”; quiero decir que en lo que fue el lanzamiento del lp no se incluyó, pero ahora es común encontrar esta canción en la actual edición en cd… pues eso mismo. Poco más que decir de “5, 8, 6”, básicamente porque a continuación se da paso a una exquisitez de la talla de “Your silent face”. La verdadera melancolía, abatimiento, pero esta vez alejado de la depresión extrema, hacen acto de presencia de la mano de unas emotivas melodías de teclado llevadas a cabo por Gilbert y el propio Sumner. A ratos, la concisa letra, llega a ser tajante: “Un pensamiento que nunca cambia, permanece como una estúpida mentira…”. Un estupendo tema sin duda alguna y de los más valorados por los seguidores fieles de la banda. “Ultraviolence” destaca principalmente por la rimbombante y pomposa percusión que lleva a cabo Morris, acuciada por las notas del bajo de Hook. Nuevamente, y tras la monótona (pero excelente y ajustada) interpretación en la canción anterior, Sumner vuelve a soltarse el pelo a ratos, subiendo la intensidad vocal cuando lo estima oportuno. “Ecstasy” es un corte instrumental, ya que las partes “vocales” corren a cargo de vocoders. Bailable ejemplo de los New Order más discotequeros hasta el momento que nos podríamos encontrar. Canciones como esta o remixes de sus temas, harían que New Order fueran descritos por esa frase tan leída por ahí de “una banda de blancos que hacía bailar a los negros”. Dejando estas consideraciones aparte, “Ecstasy” es un excelente tema techno-pop. Un disco tan entrañable, no podría terminar de una forma mejor que con “Leave me alone”. Regreso a las texturas o sensaciones que nos reportó unos minutos atrás la abatida “Your silent face”. En esta ocasión, la letra que va asociada al final del amor, hace que el regusto que nos deje el disco sea sumamente íntimo y melancólico. En la parte instrumental, la melodía entrelazada por el bajo de Hook y la guitarra de Sumner, roza la perfección. Bernard en lo vocal, adopta una mayor contención dejando excesos o puntos álgidos mostrados en otros momentos del álbum. Falta de comprensión: “Malinterpretas estas palabras, siempre, malinterpretas estas palabras, simplemente sonrío”, que nos lleva irremediablemente a un callejón sin salida: “Por estos últimos días, déjame en paz”. Quizás el hecho de que “Leave me alone” dé colofón al disco, hace que la percepción que nos quede sea inferior en alegría la que en su conjunto tiene. Por otro lado, considero correcto su ubicación en el listado por 2 motivos: 1º por lo último referido, es decir, no hacer tan brusco el cambio respecto al lúgubre “Movement” y 2º porque es una composición sobresaliente, y se agradece que un disco termine con un momento inolvidable; esto siempre hace que nos quede un mejor sabor de boca.

Es de dominio público saber que en 1983 el real éxito de New Order fue el single “Blue monday”, lo cual eclipsó definitivamente el lanzamiento del presente lp. Podría decirse que la percepción de este disco puede ser similar a lo que pasó con The Cure y su “Japanese Whispers” del mismo año, aunque no podemos dejar de lado que el concepto del disco de los de Robert Smith era la de un recopilatorio de los últimos singles editados. Lo que sí es evidente es que la gente se quedó más con el éxito individual de “The lovecats”, más que con el citado disco, al igual que lo ocurrido con “Power, Corruption & Lies” y “Blue monday”.

La portada del disco se compone de una fotografía de unas flores flanqueadas por algunas líneas uniformes de colores vivos. Digamos que ya supone una evolución frente a la concisa portada de “Movement”. Eso sí, la contraportada destaca por la ausencia del track list que compone el álbum, lo cual siempre te deja un poco perdido.

Principalmente hay que destacar que con este disco, New Order sentó las bases de lo que serían sus marcas principales de sonido. Se muestra claramente la fórmula que eligieron, para convertirse en una de las bandas que reinaron dentro del panorama techno-pop y música de baile durante los 80 y comienzos de los 90, a partir de la publicación de esta obra. Como pasará con la inmensa mayoría de grupos que hemos repasado y repasaremos, más adelante retomaremos New Order en etapas posteriores y ya profundizaremos en ellas.

Las principales bondades de “Power, Corruption & Lies”residen en que el uso o apoyo del grupo sobre la electrónica, no dejaba de ser incipiente y las canciones no estaban tan recargadas como por ejemplo canciones posteriores; esto hace que, como ya he mencionado antes, el disco destile una carácter sumamente entrañable y una frescura impagable.

Por último, indicarles que este trabajo es uno de los grandes olvidados de la discografía de la banda frente a otras entregas posteriores más populares como “Technique” o su sucesor “Low-Life”. Confesarles que este disco no tiene absolutamente nada que envidiar a esos 2 álbumes posteriores de la banda y que “Power, Corruption & Lies”, podría afirmar que es mi disco preferido de New Order. Espero que mi criterio les sirva para que se animen a acceder al disco o a recuperarlo si es que ya lo conocen.
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