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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Concierto La Broma Negra. Madrid (16-09-2017)

SINOPSIS (por Víctor Prats).
Esperábamos a 5 componentes de La Broma Negra sobre el escenario, pero por motivos que más tarde nos contaría personalmente Carlos Caballero, se mantuvo el cuarteto últimamente tradicional. Y es que La Broma Negra personalmente me cuesta entenderla a día de hoy con la falta de alguno de los 4 componentes actuales. ¿Qué decir de Carlos Caballero? Su cantante y líder espiritual, con esa voz tan personal y solemne puesta en escena. El gran Álex Gómez, siempre imprescindible en sus guitarras y que en esta ocasión brilló más que nunca su trabajo debido a la producción de la mesa de mezclas (¿pudiera ser la nueva guitarra que usó para esta ocasión, la cual no le había visto hasta la fecha de su profundo fondo de armario instrumental?). David Infantes, básico a la hora de hacer más humano el trabajo melódico electrónico de las composiciones y en su faceta de sesudo trabajador desde el lateral derecho del escenario. Y Laura Pérez, cada vez con más confianza y protagonismo escénico, tanto en la percusión, coros y bailes que acompañan los distintos pasajes que ofrece el grupo cada noche que se sube a unas tablas.
Da igual lo que suene. En ese sentido ya nos lo comentó una vez Carlos Caballero, en una expresión de seguridad, que no de soberbia: “cualquier canción de nuestro repertorio funciona”. Y es verdad. Da igual que el grupo prescindiera de 2 de los hits más notorios de su último disco como son “Franco tenía un polvo” o “Las chicas de El Corte Inglés”. Llenaron hora y 55 minutos a base de composiciones de alta solvencia y distinto sentir. Carlos mantenía la intensidad a alto nivel, cosa demostrada en el tramo final por ejemplo en “Protege tus secretos”. La nueva sala Rock-ola, llena de los feligreses habituales de la formación y nuevos curiosos y curiosas que se van sumando a la parroquia, disfrutaba con cada tema que La Broma Negra nos iba facturando.
Buena actuación, de alguna manera fin de gira de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” y que ha tenido lugar en mitad del proceso de ensamblaje de lo que será la nueva entrega discográfica de la formación, la cual verá la luz en noviembre y por lo visto ha supuesto un esfuerzo intenso a los componentes de La Broma Negra. El poder hablar con los componentes del grupo al final de su show y en especial la larga tertulia musical con Carlos Caballero a última hora (con generoso porcentaje de tiempo concedido a mi idolatrada Kate Bush), sumaron efectos a una satisfactoria noche de sábado. Siempre resulta aprovechable acudir a una ceremonia musical elaborada por La Broma Negra y dejarse llevar por sus ritmos y melodías.

CRÓNICA (por Mariano González).
Cada año, y esperemos que dure muchos más, en “DMR” esperamos con expectación y gran ánimo un puñado de fechas jolgoriosas y divertidas diseminadas por el calendario y que nos tomamos como fiestas de guardar. Nos referimos, claro está, a los conciertos de La Broma Negra, que por repertorio, actitud, puesta en escena y disfrute son eventos inexcusables. La ventaja es que además es un grupo que podríamos llamar “de proximidad” para nosotros, tanto por la empatía que existe entre “DMR” y ellos, como por la cantidad de eventos ofrecidos en Madrid y alrededores. Imagínense qué privilegio supone eso cuando admiras a un grupo. Ni Víctor Prats ni yo podíamos faltar.
En esta ocasión el lugar del concierto era la “renacida” sala Rock Ola, sitio que ya ha sido visitado por nosotros este año con motivo del directo de Aviador Dro el pasado Mayo. La sala me resulta simpática; ya que por edad uno no tuvo la oportunidad de pisar el local primigenio, bueno es que haya un remedo que conserve ciertas esencias. Servidor, siempre sensible al fetichismo nostálgico, se siente a gusto en una sala donde campan por las paredes carteles de pretéritos conciertos (de la época de La Movida) con nombres como Siouxsie and the Banshees, Simple Minds o Radio Futura, p. ej. Y sobre todo me sentí muy a gusto por los sillones situados a ambos laterales del escenario y que hacen más fácil disfrutar del directo a gente con impedimentos físicos como yo. Para redondear un auspicioso previo de concierto, mientras Víctor Prats y yo hablábamos, la música que se iba pinchando era magnífica; qué gusto escuchar de una tacada “Doors unlocked and open” de Death Cab for Cutie, “Fools gold” de The Stone Roses, “1979” de Smashing Pumpking y “A forest” de The Cure”. Y en esas estábamos cuando todo comenzó.
Empezaremos mirando con un gran angular para luego ir diseccionando detalles. El concierto sonó de forma impecable; limpio, nítido, cristalino. Los detalles sonaron diáfanos y no existieron impedimentos sonoros que emborronaran la estupenda actuación de La Broma Negra. La sala ya hemos dicho que resultó a entera satisfacción de todos, incluyendo un público que sin ser particularmente numeroso siempre se mostró metido, partícipe y, con bastante frecuencia, entusiasmado. Era como una congregación unida devótamente para deleitarse en una celebración íntima pero de gran fuerza. Una vez en las tablas pudimos ver la estética del grupo -un aliciente-, siempre original. Carlos Caballero lucía una mezcla de varias cosas, por un lado un sombrero Fedora (creo), chaqueta (luego se despojó de ella) y unos pantalones con balas adheridas al cinturón. Piensen en una especie de Indiana Jones y en un personaje del Far West mezclados. Iba tiznado, además, con el ya característico hollín, como un menesteroso bohemio salido de alguna historia dickensiana. Imagen potente y aguerrida. Alex Gómez, por su parte, salió con una especie de hábitos negros, llamativos pero de sobriedad monástica. David Infantes muy adusto, con chaleco negro y gafas oscuras, mientras que Laura Pérez comenzó el concierto cubierta totalmente con un manto encarnado del que se despojó tras la primera canción, ofreciendo un look entre sensual y de ribetes orientales. Los más proactivos fueron Carlos, sin duda un gran maestro de ceremonias, y Laura Pérez que aparte de su papel de percusionista y voz secundaria, también oficia de bailarina, usando para ello adminículos diversos (tal como vimos anoche): ya sea unas alas refulgentes o una manzana que ofrece tentadoramente desde el escenario.
Siempre creo que elaborar un set list debe entrañar dificultades para La Broma Negra; tienen un notabilísimo repertorio tanto en calidad como en cantidad y siempre se esfuerzan por ofrecer una combinación novedosa y prácticamente imprevisible. Puede que haya canciones habituales pero no hay vacas sagradas, del mismo modo que hay canciones quizá más esporádicas pero en ningún caso olvidadas. El comienzo me sorprendió para bien; el fuego se abrió con “Canción de cuna” que pasa por ser una de mis favoritas de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra”. Magníficamente interpretada y potenciando incluso su atmósfera opresiva y semblanza gótica. A terrenos enérgicos nos llevó la segunda canción, que fue nada más y nada menos que “Heridos”, con un magnífico trabajo de Laura Pérez en la percusión y un ambiente que empezaba a caldearse a base de colmillo y buen hacer.
Como para ofrecer a La Broma Negra en todo su esplendor polifacético sonó a continuación “Balas para matar el tiempo”, buen representante de su lado más pop y personalmente una de mis favoritas. Además ya es un pequeño clásico. Toca volver a su último disco (no ya por mucho tiempo, por cierto) de la mano de “Despierta a la guardia” y fue una lástima que se saltaran la intro que se puede escucharse en el LP; ese cambio de ritmo me encanta, pero la parte movida fue de nuevo interpretada ajustada y potente. “Tos de medianoche” y su épica melancólica fue una buena continuación que a su vez enlazó de perlas con la decadente balada de “El buen amor”, siempre hermosa y doliente. Durante esta canción Laura se colocó sobre la cabeza una especie de cubrecabezas (valga el término) poblando de velas. Algo que ya han usado alguna vez anterior y que infunde un toque curioso a la música.
De momento ya vamos viendo los diversos ambientes que propician un concierto de La Broma Negra: lúgubres, hermosos, melancólicos, contundentes. Y esto no ha hecho más que empezar. “La enfermedad del beso” fue un firme regreso a “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” con unos musculosos riffs de guitarra de Alex, aportando rock al evento. Lo siguiente que vino es un momento que siempre me encanta. Hablo de “Los reyes no morirán en su cama” que con su ritmo marcial inocula sangre jacobina a los asistentes y nos lleva a clamar, sin movernos del sitio, contra el absolutismo de la Francia de finales del XVIII. Potente y catártica como siempre. Para contrapesar continuamos con la más bucólica y reflexiva “El guardabosques”. Y a continuación uno de mis momentos favoritos de la noche, “Los niños de Dickens”. Qué gusto escuchar una letra donde aparte de Dickens se menciona a Cervantes y a, siempre me lo pregunto, ¿Dostoievski? (por lo de “humillado y ofendido”). Todo ello en los tiempos del “Despacito”. Y además se menciona el Madrid de los Austrias. La leche. Pero es que además fue interpretada magistralmente, con viveza y emoción. “Mientras ella cerraba las cortinas” se ha ido convirtiendo en una de mis predilectas de entre sus últimas canciones.
Excelentes ambientes creados por los teclados de David Infantes y hermosas, además de algo tristes, (y veladas) referencias a Walt Disney. Otro clásico que regresó con justicia a ser protagonista fue “Fantasma”, aportando tanto misterio como una enigmática intensidad. No en vano Edgar Allan Poe es el protagonista, y la canción una gozada. “Nuestro amor destruirá el mundo” fue interpretada de manera rigurosamente distinta a como aparece “Déjanos La Luz Encendida”, abandonando totalmente las potentes guitarras de Álex para ofrecer un acompañamiento exclusivo de los teclados de David, que realizó un excelente trabajo. Quedó hermosa y sugerente, aunque alguna vez me gustaría escuchar la versión rockera primaria en vivo. Tiempo después para la oscura amargura de “Domingo de pasión” con una magnífica interpretación vocal de Carlos, formando con la anterior canción una interesante dupla de “Déjanos La Luz Encendida”. El bonito y siniestro cuentecillo de “Los hijos de las brujas” puso, por su parte, un toque de ensoñación y buenas atmósferas; cosa esta última que ha sido tendencia en los últimos temas y que aún lo será en “Me vas a hacer llorar”, que desde una perspectiva personal fue uno de los puntos con más carga emocional de la noche. Por las características propias de la canción y por la ejecución.
Tras este intervalo reflexivo es hora de volver a la carga con algo más de artillería y, en este sentido, “Los cuerpos celestes” cumplió sobradamente su cometido, haciéndonos disfrutar además de las bondades instrumentales y vocales de La Broma Negra; magníficos arreglos de teclado de David, contundente percusión de Laura y buena labor de Álex; la voz de Carlos, por su parte, contribuyendo a la belleza barroca de la canción. No bajó el pistón “Virginia en los infiernos”, manteniendo el nivel de épica. A estas alturas empezábamos a echar de menos alguna canción de “Desilusiones De Grandeza”, pero nuestra tribulación fue resuelta de inmediato por partida doble. Primero con “Los muertos”, uno de los momentos ya casi fijos en los conciertos de La Broma Negra y uno de los más pintorescos. Tuvo toda la sobria magnificencia que suele y en la parte del “speech” en inglés Carlos cambió de rol y se puso a los mandos de la percusión, mientras Laura iniciaba un baile perfectamente sincronizado con la canción, punteo de Álex incluido. En esta canción es frecuente que ocurra alguna interpretación un poco fuera de lo normal; en otras ocasiones por ejemplo Carlos incluso abandona el escenario; sea como sea añade un saludable toque teatral. La representación de “Desilusiones De Grandeza” continuó con “Su decisión mi capitán”, lo que significa disfrutar de un estribillo vibrante, afilado y complementado con una mayor presencia vocal de Laura en los coros (cosa que comentamos al final con los miembros de la banda) que incluso tuvo más peso que la de Carlos a ratos. Las dos canciones del “Desilusiones De Grandeza” han sido, como vemos, acertadísimas, pues creo que se puede decir que son justificadamente dos favoritas de los fans. Como pienso que también puede considerarse así a “Cuidado con lo que matas” y su peculiar ritmo contenido, reptante, que cuando pega lo hace también con la letra. Además sirvió para mantener una importante, y agradecida, cuota de “Joyas De Princesas Muertas” durante el show. El siguiente viraje fue de nuevo hacia “Desilusiones De Grandeza” mediante la interpretación de “Protege tus secretos”, resultando un gran acierto, toda vez que el estribillo con “los ángeles de Dios” es de lo mejor de su LP y quizá del grupo en general; además por sus características es idónea para un concierto.
Ya decíamos que el público fue enormemente receptivo y no escasearon los vítores, aplausos, gritos de admiración y… peticiones. Una de las canciones solicitadas con mayor vehemencia fue “Cenicienta” y, en este caso, la solicitud tuvo recompensa. Y lo agradecimos todos; “Cenicienta” es una de las canciones de La Broma Negra que, al menos a título personal, más sensación hedonista me provoca. Por lo bailable y por su misteriosa insinuación. Acercándonos ya a la recta final pudimos escuchar “El descanso de los bañistas”, uno de los singles más curiosos del grupo y que se está haciendo acreedora a convertirse en una habitual de sus directos; su recio estribillo es de los que invitan a acompañar cantando. Tras esta canción Carlos hizo algo curioso, cogió el papel con el track list, lo estrujó hasta hacer con él una pelota y lo lanzó al público. Y es una lástima, conservo alguno de otros conciertos y no hubiera sido mal botín hacerse con éste también, pero como detalle no deja de ser intrascendente. Lo que importa es que el final del directo fue una excelente elección: “Nieto de maestro de escuela”. Lírica y musicalmente una de las cimas del grupo y una manera primorosa de cerrar una actuación; con el público satisfecho y regocijado.
Es de agradecer que el concierto fuera generoso en duración y poder disfrutar de una buena ración de canciones en modo “non stop” (ya saben que usualmente La Broma Negra no ofrece bises) y sin tramos sobrantes u ornamentales. Todo pura sustancia. Haciendo números fueron 25 canciones y casi dos horas de concierto que se pasaron volando. Todos los temas fueron de “Joyas De Princesas Muertas” en adelante, siendo éste el disco más representado con nueve canciones; le siguieron “Déjanos la Luz Encendida” con siete, “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” con seis y “Desilusiones De Grandeza” con tres. Es decir, salvo por éste último, un repertorio equilibrado en cuanto a la participación de discos (aunque conste que sus tres temas fueron puntos álgidos). Da igual. No hay muchos peros que ponerle al set list, el repertorio de La Broma Negra tiene enjundia como para hacer muchísimas permutaciones; todas ellas interesantes.
Uno de los privilegios de tener una relación estrecha con La Broma Negra es la parte del “post concierto”; tiempo de saludar, departir y felicitar a todos en persona. Como siempre, fueron encantadores con Víctor Prats y conmigo, muy atentos y amables. Nuestra conversación fue particularmente larga con Carlos Caballero y como siempre muy interesante. Hablamos de algunos aspectos de su próximo disco y de inminentes proyectos (permanezcan atentos a sus pantallas que la cosa va a tener chicha). Tampoco vamos a desvelar mucho, pero octubre va a ser un mes intenso de trabajo para ellos. Eso sí, lo que podemos certificar es que hablando de música el tiempo se escapa y el minutero corre que da gusto. Como toda buena tertulia fue divertida, fluida y enriquecedora. Todo ello como remate de una gran noche. Cuando nos dispusimos a abandonar la sala comenzaba la actuación de una banda de versiones que empezó interpretando nada menos que “Groenlandia” de Los Zombies. No es mal sitio el Rock-ola para los amantes de la música vintage, siempre que se tenga un concepto muy amplio de lo que es “vintage”, y que puede incluir a Mecano, Echo And The Bunnymen o Abba. De hecho no había mal ambiente, y a eso de las dos y pico podía verse buen ánimo, disposición, y disfrute intergeneracional, con un rango de edades digamos que… bastante amplio.
La Broma Negra es el caso de un grupo que, afeitado de todas las servidumbres y convenciones de la maquinaria comercial, hacen y deshacen siguiendo el único criterio de su voluntad y de su arbitrio, y por eso mismo movidos únicamente por la pasión del oficio de hacer música. Una banda talentosa, absolutamente libre y totalmente comprometida es una rara avis que debería ser especie protegida. Nosotros lo venimos diciendo desde hace tiempo y confiamos en seguir haciéndolo bastantes veces más. Solamente nos queda dar las gracias a La Broma Negra por confiar en nosotros y por ser buenos amigos nuestros.

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