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sábado, 27 de septiembre de 2008

1980 Queen - The Game

Me da por pensar de nuevo, que podríamos haber abordado otro disco de Queen distinto al que he escogido para comenzar los repasos de la discografía de estos gigantes del rock. No obstante, he decidido optar por un disco de su historia que aunque su impresión sea menos ampulosa, contiene clásicos inequívocos del repertorio de este genial cuarteto y otros hits menores a nivel comercial o de repercusión global, pero de suma belleza.

Queen fue un grupo que se formó a comienzos de la década de los 70 moviéndose en sus inicios dentro de la corriente asociada al rock duro. La consagración definitiva de la banda se produjo con la edición de “A Night At The Opera”, excelente tributo en el título a los irrepetibles Hermanos Marx, que incluía una de las piezas básicas de la historia del rock moderno: “Bohemian rhapsody”. Posteriormente Queen siguió firmando discos con relativa celeridad y dando forma a otros himnos, en este caso más accesibles o inmediatos, que son conocidos por cualquier persona en este mundo como “We are the champions” o “We will rock you”. A la par de los singles de relumbrón mencionados, también se editaron verdaderas glorias como “Spread your wings” o “Don’t stop me now” por citar algunas.

Confirmados como uno de los grupos con más reputación, basada en la calidad de sus entregas y la excelente forma de tocar, no sólo del virtuoso de la guitarra Brian May, sino también de una tradicional figura a la sombra, John Deacon, excelente compositor y bajista, y en menor medida del batería Roger Taylor, con su desmedido divismo a la hora de sentarse con las baquetas en la mano, la banda afrontaba un momento algo dificultoso tras la edición del no tan celebrado “Jazz” en comparación con lo hecho anteriormente. No obstante, no se trataba de una situación de gravedad, básicamente debido a que la publicación del directo “Live Killers” volvió a dejar en la banda en lo más alto y les confirmó a nivel mundial como una de las 5 bandas con mejor directo de la época (esto es mucho decir, y si no echen un vistazo a los grupos de rock activos a finales de los 70).

“The Game” es un disco que inicia la tradición de títulos simples por parte de la banda. Se puede asociar la dupla de discos con títulos de pleitesía a Groucho y su tropa, “A Night At The Opera” y “A Day At The Races” y por otro lado la citada tendencia a titular los álbumes “The…”, véase Miracle o Works en los 80. La portada con una foto en blanco y negro algo borrosa de los componentes de la banda sobre un fondo plateado, iniciará otra tradición que será la de confeccionar las portadas de sus discos con una representación del cuarteto sea del modo que sea: a través de dibujos o bocetos de los rostros (“A Kind Of Magic” y “Hot Space”, respectivamente) o por un collage de las fotos de las caras (“The Miracle”).

La canción título, con un “Play” añadido, abre el álbum. Es uno de los singles que se extrajeron y habitualmente es de las menos recordadas. No obstante, yo la considero más bonita que la sobreexpuesta “Another one bites the dust”. Es un tema de cierta mesura y que excepto la parte de lucimiento de guitarra de Brian, es delicada y relajada con un Freddie acorde a las circunstancias al micrófono. Todo esto va acompañado de una letra con partes o versos exquisitos “Abre tu mente y déjame entrar… deja que tu corazón decida… es tan fácil cuando sabes las reglas, es tan fácil, lo único que has de hacer es enamorarte…”. Del videoclip grabado al efecto promocional resulta curiosa la lucha entre Brian y Freddie cuando forcejean por la “Red Special” del sr. May, y la presentación en sociedad del a partir de entonces inseparable mostacho de Mercury. “Dragon attack” es un tema que se sustenta principalmente en la base rítmica, con especial relevancia de la agresiva línea de bajo de John Deacon. Algún que otro acorde de Brian May acompaña el corte. Es de los momentos más serios en el sonido y vagamente nos puede recordar de lejos a la anterior “We will rock you”, siempre poniéndonos algo imaginativos y prestando atención a la contundencia con la que se emplean los instrumentos. “Another one bites the dust” es quizás la canción más reconocible del disco a nivel generalista. Un ejercicio con toques funkys apreciado en la saltarina línea de bajo de John Deacon junto a los rasgueos de guitarra de May. Los videoclips de esta época de Queen tampoco es que sean espectaculares. Parece ser que tras el hito de la entrega del considerado primer videoclip de la historia en “Bohemian Rhapsody”, la banda se relajó y hasta mediados de los 80 no volvieron a hacer algo relevante en este campo. Del video rodado para la ocasión, resulta curiosa la gorrita con los cuernos que lleva el sr. Mercury. Por lo demás se trata de una simple representación de la banda tocando aplicadamente. Freddie hace uso de sus niveles más altos de intensidad vocal en gran parte de la canción, demostrando su ya conocido por aquel momento poderío recitativo. Siempre he sostenido que John Deacon es una pieza bastante menospreciada dentro de Queen y situada a la sombra de May y Taylor, por no decir de Freddie. No obstante, su pericia al bajo es más que contrastada y si no díganme, ¿cuántas líneas o melodías de bajo recuerdan como para entonar y tararear una canción como la citada “Another one bites the dust” o la futura “Under pressure”? Bueno, pues aparte de esto, Deacon era un compositor genial. Aparte de “Another one bites…” firmada por él, nos entregó un vibrante tema pop llamado “Need your loving tonight”. Una de las canciones más vitalistas del disco y que ayuda a alegrarte el día. Se trata de una canción de amor evidentemente, abordada desde el punto de la pérdida del mismo e intentar recuperarlo: “Lei tu carta tantas veces, tuve que leer entre líneas para entenderla”. El tema pop por excelencia que aporta “The Game”. “Crazy little thing called love” supone un claro guiño de Queen al rock más clásico y al sonido creado por Elvis Presley. Como podrán apreciar, el disco es rico o variado en estilos y no permite el aburrimiento. Evidentemente este corte se trata de otro momento alegre y bailable al estilo “Grease” muy en boga en aquellos años. El clip que se rodó puede ser el más gracioso de los que se hicieron para el álbum con Freddie Mercury agarrado a una deslumbrante moto, que daba la perfecta escenificación para el sonido aportado por la canción. “Rock it” es un tema que empieza de forma semiacústica con Freddie acompañado tan sólo de alguna nota del bajo de John y una melancólica melodía de guitarra de Brian. No deja de ser una intro de escasamente un minuto que nos da paso a un vibrante tema rock (por el título no podía ser menos) acompañado de unos psicodélicos sonidos de teclados que adornan casi toda la canción. Estamos ante la canción más acelerada del disco y el tono de Freddie se nos muestra en un nivel de registro vocal no tan reconocible dentro de su repertorio. En la parte final, nos encontramos con unos leves coros al estilo de discos anteriores de la banda como los ya vistos en el primer corte del álbum. “Don’t try suicide” nos devuelve a la relativa calma tras el frenesí del corte anterior. La canción se inicia de una forma que por los rasgueos de guitarra perdidos nos pueden llevar a equívoco y confundirla por un segundo con “Walking on the moon” de los Police que sonaba por aquella época. Nada más lejos de la realidad. Es una canción que alterna partes a capella acompañadas de simples palmas y vagamente algún instrumento con la irrupción de la máquina sonora al completo de Queen. Sin duda es una pieza de tono irónico que tras el rock acelerado del corte anterior, vuelve a demostrar que “The Game” es un álbum muy heterogéneo en su sonido. “Sail away sweet sister” es una balada al estilo de “Spread your wings”, bastante moderada y un ejercicio de preparación para la balada de corte épico que nos regalará la banda al final del disco. Nuevamente aparecen los coros clásicos del sonido de la banda para completar la canción, ayudándonos a recordar el pasado no tan lejano por aquellos tiempos de Queen. “Coming soon” es una canción algo exótica en su sonido y la producción de la misma. La voz de Freddie y la de los coros suenan como si fueran a subirse de revoluciones. Todo ello causa una sensación algo hipnótica. A parte de esta curiosidad tampoco es que nos encontramos nada nuevo en este corte. Reseñable quizás un solo de guitarra de Brian en torno a los 2 minutos y poco más. Sin embargo, Queen se guardaba la verdadera joya del disco para finalizar. “Save Me” es una balada épica, con la interpretación más sentida por parte de Mercury en todo el disco y que acertadamente reserva para el final del disco. Es muy importante igualmente el tono trascendental que alcanza el solo de guitarra de Brian. La canción empieza de forma acústica, pero en los estribillos se alcanza un altísimo nivel de intensidad. El video promocional se compone de algunas animaciones muy sencillas, pero que funcionan muy bien y nos regala un bello fotograma con Freddie alargando el brazo hacia una paloma blanca. En un futuro la banda grabaría “It’s a hard life”, la cual puede considerarse la hermana pequeña de este clásico de la banda y una de sus más acertadas baladas en toda su discografía. Es la forma perfecta de terminar el álbum y que ayuda a que el mismo, tras una escucha completa y ordenada, aporte una mejor impresión.

“The Game” aunque no vendió mal y tuvo ciertos singles de repercusión, no llegó a superar en estatus los míticos “A Night At The Opera” o “News Of The World”. Quizás esos niveles no fueran alcanzados por la banda nunca más en lo referido a una grabación de estudio en lo referido a conjunto global de disco y no a canciones sueltas. Las esperanzas que se pusieron en “The Game” hace que el agravio comparativo expuesto por la prensa musical del aquel momento sea mayor, a pesar de que se trate de un disco mucho más que aceptable. De hecho, “The Game” supongo que en pocos fans de Queen estará incluido en el podio de los 3 discos preferidos por cada uno de ellos de la discografía de Queen. No obstante, no nos confundamos, no se trata de un disco criticado, simplemente se trata de un disco que permanece a la sombra de otros discos del grupo, y quizás a eso también ayude el tono gris de la composición de la portada y contraportada. De la estética del grupo, durante la promoción de este disco, Freddie se dejó su tan recordado bigotazo e igualmente se cortó el pelo para no volverselo a dejar largo en el resto de su vida.

Al disco hoy analizado le siguió “Hot Space” y la banda sonora de “Flash Gordon”. Resultados desiguales en tanto a las valoraciones. El primero fue malentendido por un sector muy amplio de los fans de toda la vida de Queen, que no apreciaron el giro hacia lo “electrónico” en algunos detalles por parte de la banda. Sin embargo, la segunda grabación citada está considerada como una de las mejores bandas sonoras de la historia, o incluso según algunos la mejor directamente.

Queen siguió consolidándose como unos gigantes del rock formando una solida imagen a través de la reputación de sus extensas giras y sus espectaculares conciertos. A mediados de los 80 prosiguieron con “The Works”, otro disco que disgustó a los seguidores primigenios de la banda y el éxito de masas que supuso en 1985 el lanzamiento de “A Kind Of Magic”, al calor de la colaboración del grupo en la banda sonora de “Los Inmortales”. En este mismo año Queen resucitó (si es que alguna vez habían estado muertos) en el primer festival de “Rock In Rio” celebrado en Brasil, con un show que deslumbró a medio mundo, como ya mencionamos al hablar de la edición de este año del festival.

El lamentable hecho de que Freddie Mercury enfermara de sida, hizo que la banda dejara de hacer giras y se centrara en el trabajo de estudio, debido al cada vez más precario estado de salud del cantante, que le imposibilitaba entregar a la audiencia las interpretaciones de tanta intensidad que le gustaba regalar a su público. Como curiosidad, comentarles que los últimos shows de la historia de la banda en la gira del Magic Tour, a la que pertenece el monumental disco en directo “Live At Wembley”, fueron en España a parte del festival de Knebworth.

En noviembre de 1991 Freddie nos decía adios habiendo dado forma previamente al disco “Innuendo”. Un disco de escucha sobrecogedora por las circunstancias en las que fue grabado. A pesar de que su salud estuviera al límite, en aquellos días Freddie se empeñó en grabar todo el material que fuera posible para dejar un gran legado a los fans. Todo ese esfuerzo se transformó en el entrañable “Made In Heaven” publicado en 1995. Parecía que Queen daba a su fin de una forma más que digna… pero, para May y Taylor la cosa no podía quedar ahí.

Tras numerosos intentos, pruebas de cantantes y rumores que situaban a George Michael o Robbie Williams sustituyendo a Freddie como vocalistas, finalmente se tiró del talludito Paul Rodgers para volver a la carretera y ahora grabar un disco. El proyecto no se llama puramente Queen y suele venderse como Queen + Paul Rodgers. Yo diría más bien “1/2 Queen + Paul Rodgers”, ya que a la insustituible baja de Freddie Mercury hay que unir la negativa de John Deacon a formar parte de dicho proyecto. Creo que ya les he dejado entrever mi simpatía por el bajista de la banda, pues bien, este hecho me hace que aún le tenga más aprecio. Supongo que habrá que entender a Brian y a Roger; de algo tendrán que vivir y para qué van a romperse la cabeza con nuevos proyectos, ¿no? En fin, ellos sabrán. Supongo que se agarrarán como un clavo ardiendo al epitafio musical de Freddie concretado en “The show must go on”. Bueno, pues nada, que continúe el espectáculo. “God save Queen”.
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sábado, 20 de septiembre de 2008

1993 U2 - Zooropa

Esta semana seguiremos situados en la década de los 90, y de paso continuaremos con el 2º capítulo de defensa de discos duramente criticados. Creo que ya ha llegado la hora de hablar de los que fueron llamados “los Mesías del rock”, U2. El disco que hoy analizamos es uno de los motivos por los que la crítica musical quitó dicha distinción a esta banda irlandesa, bajo desde mi punto de vista, de forma injusta.

En 1993 U2 estaba en lo más alto de su reinado. Confirmados como la banda de rock más grande surgida en los 80, y consolidada por el paso de los años tras la edición de lps inolvidables y básicos para cualquier melómano, la banda estaba metida en una vorágine mediática descomunal. La mastodóntica gira de “Achtung Baby”, la creación de Zoo Tv, el canal de televisión propio de la banda, la aparición de los “alter ego” de Bono concretados en “The Fly” y “Mc Phisto”, hacían que U2 aparecieran en esa época poco menos que hasta en la sopa.

En “Achtung Baby” se había apreciado una vuelta de tuerca al sonido del predecesor y disco mítico “The Joshua Tree”. Del sonido cercano al rock clásico se pasó a un sonido más electrónico y más agresivo con el que adaptarse a los nuevos tiempos. En esta ocasión los resultados sorprendieron a más de uno y para mucha gente existen bastantes dudas sobre qué disco considerar mejor: “The Joshua Tree” o “Achtung Baby”.

A nivel de éxito, U2 había conseguido convertirse en un fenómeno de masas en la gira de “The Joshua Tree”, con una más que considerable aceptación por parte del público norteamericano. Con este disco y la mencionada gira correspondiente, se llegó a pensar que no se conseguiría superar lo conseguido. Craso error. “Achtung Baby” consiguió enloquecer de la misma manera a la audiencia mundial y también contenía su propio “With or without you”, en esta ocasión llamada “One”. Además, la gira mundial que acompañó a la edición de este disco editado en 1991 fue si cabe más espectacular. Con estos antecedentes se esperaba ansiosamente nuevo material de estudio por parte de la banda para comprobar si nuevamente se conseguiría marcar un nuevo “record” de repercusión mundial unido a la calidad del trabajo editado.

El disco que se editó tuvo como nombre “Zooropa”. Título que redunda en el nombre de la gira de la primera mitad de los 90 y evidentemente en la ya mencionada Zoo Tv.
Digamos que es un disco que está por debajo de sus 2 discos anteriores, pero que para nada merece una crítica negativa, como la que recibió en el momento de su edición y que con el paso del tiempo parece haberse hecho más benigna al ver el disco con perspectiva y no con el calentón del momento. Se puede comprobar en este caso, que el famoso dicho de “el tiempo pone a cada uno en su lugar” en muchas ocasiones se cumple. “Zooropa” es un ejemplo.

La obra entregada por U2 en 1993 empieza con la canción título. Desde el primer momento se aprecia el acercamiento de U2 a lo electrónico, las programaciones, los sintetizadores, los teclados etc. Bono canta de forma relajada, menos en el estribillo en el que da rienda suelta a sus registros más altos. Un corte con sonido misterioso asociado a la electrónica introducida, bastante instrumental en su parte inicial con una intro que dura más de 2 minutos y que, con razón, dejó en fuera de juego a más de un seguidor de la banda. “Baby face” responde a un patrón más clásico y comedido. Iniciada con unos teclados cristalinos que se mantienen a lo largo de toda la canción y que le dan un toque inocente e infantil, es uno de los cortes más cálidos de “Zooropa”. La guitarra de The Edge no suena particularmente enrevesada y aporta la dosis de rudeza que necesita la canción. “Numb” fue uno de los singles abanderados de “Zooropa”. Inolvidables son los acordes enfermos y agresivos de la guitarra eléctrica de The Edge al inicio de la canción, y más inolvidable es la interpretación de la mayor parte vocal del tema por él mismo, menos los estribillos entonados por un Bono haciendo uso de su ya conocido falsete (véase “The fly” del disco anterior). Alegato a la alienación social y la búsqueda del poder dominante de convertir a las masas en peleles fáciles de manejar: “No te muevas, no hables a destiempo, no pienses, no te preocupes, todo está correcto, correcto”. Nuevamente los teclados, en este caso muy sencillos, tienen un papel bastante relevante en esta canción que es un reconocido tributo a Kraftwerk. El videoclip supone un sufrimiento constante por parte de The Edge, que permanece impávido sentado en un taburete, sometido a las perrerías que le somete la gente que pasa e incluso algún compañero de la banda. Suponemos que sería el precio que tuvo que pagar por ser la voz principal de la canción. “Lemon” fue otro de los singles que salieron de “Zooropa”. Particularmente mi favorita. Compuesta sobre una sólida línea de bajo a cargo de Adam Clayton, la guitarra eléctrica agitada de The Edge, con una producción que hace que su sonido sea entrecortado y venga y se vaya, crea una sensación hipnótica, de trance y da forma a uno de los temas más bailables que ofrece el disco. Bono hace uso de su falsete en prácticamente la totalidad de la duración de la canción. La promoción de la canción vino acompañada de un peculiar clip en el que la banda se dedicaba a hacer funciones básicas como sentarse en una silla, andar, correr, tocar sus instrumentos y en la pantalla se nos subtitulaba lo que estaban haciendo. Toda una enciclopedia visual del comportamiento humano válida para cualquier extraterrestre que nos visite. Por cierto, aunque los chavales de Muchachada Nui son excelentes, les recomendaría que no se tomaran al pie de la letra la imitación de Bono que hicieron y en la que el cantante decía que se inspiró en un granizado de limón de la heladería “Los valencianos”; definitivamente no va de eso la canción. “Stay (far away, so close)” es el 3er single que nos encontramos encadenado. Canción de corte más clásico en la que la banda deja de lado el sonido electrónico y las innovaciones que nos han mostrado en los 3 de los primeros cortes del álbum. Balada muy del gusto de Bono que sin embargo es inferior a las predecesoras de otros discos, aunque no por ello sea de mala calidad. Acompañada de un videoclip de gran belleza rodado en Berlín y con un Bono encaramado a la Berlinale, nos regala uno de los instantes más clásicos dentro del sonido U2 que contiene “Zooropa”. Tras una canción con el sonido más reconocible hasta el momento que nos hemos encontrado en el disco, se nos da paso al corte más experimental del álbum. “Daddy is gonna pay for your crash car” es una canción que hace un abusivo uso de la electrónica, a ratos suena casi a techno industrial, hecho que se ve en como la producción juega con la batería de Larry Mullen jr. Incluye algún momento de cante hedonista y relajado por parte de Bono en la parte inicial de los estribillos. Una canción completamente alejada del sonido que creó la banda en los años 80 y que culmina la evolución iniciada en “Achtung Baby”. En el siguiente disco de estudio “Pop” se incluiría “Mofo” que en dicho álbum hace el papel de “Daddy is gonna pay…” y que son de las piezas más atípicas del repertorio de la banda acorde a su trayectoria. Pero dejemos clara una cosa: distintas sí, pero ¿por qué tienen que ser malas? A mi me gustan ambas. Después nos encontramos con otra canción de esas con títulos largos que tanto gustan al grupo: “Some days are better than others”. Un tema que da especial relevancia a la batería de Larry en el conjunto global y en la parte del estribillo al readaptado sonido de la guitarra de The Edge. Sí bueno, la letra no es nada del otro jueves, pero bueno, tampoco vamos a estar exigiendo a U2 la entrega de textos profundos y más si el objetivo era hacer que nos moviéramos y bailáramos. Para reflexiones y análisis de letras ya cogeremos “War” o “The Unforgettable Fire” más adelante. Tras esta entrega nuevamente electrónica, pasamos a una canción de carácter clásico traducida una preciosa balada, titulada “The first time”. Julián Ruíz dice en su libro de “Plásticos y decibelios” que tuvo la primicia de que Bono se la cantara en privado en una entrevista antes de un concierto de la gira Zoo Tv en Estados Unidos. Afortunados que son algunos. El caso es que nos encontramos con lo que yo vengo a llamar la continuación de la excepcional “All I want is you”. Más acertada que “Stay (far away, so close)” nos presenta al Bono más comedido y correcto en la interpretación que nos encontramos en el álbum. Es un tema lento de una belleza plástica excelente y que contrasta con la canción que la sucede en el orden de prelación. “Dirty day” es igual de sucia en su sonido que el adjetivo que incluye en su título. Personalmente es la canción que más me desagrada de “Zooropa”. Es enrevesada en el ritmo, el muro de sonido creado a ratos subiendo la intensidad con la entrada definitiva de las cuerdas de The Edge resulta fallido. Probablemente la producción en este corte no es muy acertada precisamente. El disco finaliza con una canción acorde con la evolución hacia la electrónica que U2 nos plantea en esta obra. “The Wanderer” está, nada más ni nada menos, que interpretada por Johnny Cash aportando una lúgubre interpretación, que se acompaña de unos lejanos coros agudos por parte de Bono. Los teclados y sintetizadores utilizados a lo largo de la canción, mezclados con la grave voz de Cash y con coros celestiales que secundan a Johnny durante casi toda la canción dan forma a un resultado cuanto menos curioso. Me da por pensar que no hay mejor forma de terminar el álbum, ya que se trata de una canción de regusto triste y melancólico afianzado por los coros finales de Bono que hemos mencionado. Eso sí, considero del todo innecesarios esos sonidos como de alarma que se incluyen al final de la pista y en consecuencia del disco.

“Zooropa” fue recibido por la crítica a balazos de forma general. Muy pocos fueron los que se pronunciaron de forma amable en el momento de la publicación de este disco. Fue triturado, masacrado, vilipendiado… etc. Actualmente la gente va reconociendo poco a poco su valía dentro de la historia de U2 (hechos que ya pasaron en su día con otros artistas, por ejemplo con Kate Bush y su “The Dreaming” de 1982). Aún así, el disco no fue un fracaso comercial, porque U2 es una de esas bandas que aunque edite un disco que no sea más que un cd virgen dentro de una caja, vende. Es lo que tiene el hecho de ser una banda con una fiel y enorme legión de seguidores, que son devotos y fieles al grupo y coleccionan todo el material editado de la banda. No obstante, la percepción social en lo relativo a la presencia de U2 en los medios, es decir, la proyección de sus videos, su aparición en las noticias etc. sí que notó una bajada considerable respecto a los períodos de promoción de los trabajos anteriores. Aún así, la gira promocional fue sumamente exitosa, llenando a rebosar estadios a lo largo de toda el planeta.

La característica principal de “Zooropa” es el uso de la tecnología y la electrónica, enfatizado en las labores de producción, que jugaban a enrevesar y “tecnificar” el sonido de la guitarra de The Edge para que esta sonara de forma muy cercana a los teclados y sintetizadores. La portada del disco es una mezcla de colores que suponen sencillamente una evolución de la bandera europea de aquellos tiempos con la Unión Europea de 12 estados miembros con sus correspondientes 12 estrellas.

El grupo siguió a mediados de los 90 colaborando en alguna que otra banda sonora, ya fuera la banda al completo o algunos de sus miembros por separado y en 1997 grabaron “Pop”. Si el disco hoy analizado recibió palos, yo creo que con este disco ya se hicieron aquelarres directamente. El problema fue que la banda no fue impermeable a las duras críticas, que les situaban como una formación que buscaba la comercialidad y que ya no aportaba nada de contenido y otras muchas estupideces que se dijeron en su momento. El resultado fue que en 2000, la banda lanzó “All That You Can’t Leave Behind”, al calor del hinchado single “Beautiful day”. Sí, claro, la banda volvió a un sonido más rockero y más acorde con lo que habían hecho al inicio de su carrera, pero el fallo es que las canciones suenan más huecas que nunca. Y ver que por aquella época Bono decía que The Edge había compuesto la mejor canción de la historia de U2, hablando de “Peace on earth” antes de la edición del disco… en fin.

En 2004 recibimos la última entrega de la banda al margen de los múltiples recopilatorios que nos han ido entregando desde 1999 hasta la fecha. “How To Dismantle An Atomic Bomb” lo considero el peor disco de U2 a la hora de elegir singles. Los sencillos extraídos son fallidos y faltos de originalidad, sin embargo, si se animan a escuchar el disco y así descubrir esas joyas ocultas al margen de los singles editados, descubrirán canciones extraordinarias como “Between a man and a woman”, en mi modesta opinión la mejor canción compuesta por U2 desde 1997.

U2 ha sido, es y seguirá siendo un grupo que mueve montañas. Dará igual que en la próxima gira cobren 200 eur. por entrada, ya que el Calderón de turno o La Peineta ¿quién sabe? (maldito ayuntamiento de Madrid) se llenará a rebosar. ¿Cuál es el motivo?, que a pesar que haya gente que se cabreara con el grupo por la edición de “Zooropa” y “Pop”, pero que hayan recuperado la fe en ellos con sus 2 últimos trabajos, o gente como yo, que pasa a la inversa, la verdad es que es un grupo que nos ha regalado una colección de momentos únicos dentro de la historia de la música moderna.

Está previsto que su nuevo disco se edité en el próximo 2009. La salida a la luz de la nueva obra estaba prevista para finales de este año o incluso en estos días que nos encontramos, pero la cosa se ha demorado, según Bono porque “no paramos de escribir buenas canciones”. Esperemos que no se trate de una nueva bravuconada de las suyas y que esta vez la cosa vaya en serio.

De momento hoy les dejo en compañía de este controvertido disco, que no era otra cosa distinta que la evolución natural del sonido de U2 para adaptarse a la actualidad musical y al progreso de la música. Siempre me da por pensar qué hubiera sido de U2 si hubieran hecho oídos sordos tras la edición de “Pop” y no hubieran reculado. La historia no lo quiso así, ¿qué le vamos a hacer?
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sábado, 13 de septiembre de 2008

1998 Pulp - This Is Hardcore

Momento de iniciarnos en 2 aspectos. Primero: abordar la década de los 90. Segundo: adentrarnos en el llamado britpop. Aunque existan grupos con más nombre a nivel internacional y más al alcance del pueblo llano de dicha corriente, como los rivales Blur y Oasis, siempre he tenido un mayor aprecio por los chicos de Jarvis Cocker. Esto no quiere decir que desprecie en absoluto el trabajo de los hermanos Gallagher o de Albarn y sus secuaces, hecho que se comprobará en futuras revisiones que se publicarán.

A mediados de los años 90, Pulp había conseguido, tras un arduo devenir y una larga trayectoria, el éxito y reconocimiento mundial. En 1998 se cumplían nada más y nada menos que 15 años de la edición del esquelético “It”, primer lp de la formación, aunque para el gran público, que desconocía los cimientos de la historia de la banda, la percepción era de una banda joven. El motivo era que hasta el lanzamiento del recopilatorio “Intro” en 1992, no se había obtenido repercusión alguna, a pesar de que en discos anteriores como “Freaks” o “Separations” encontremos más de un tema decente, al que quizás le faltara una mejor producción, tales como “I want you” o “There’s no emotion”.

La consagración de la banda vino de la mano de la edición del notable “His ‘n’ Hers” y del imprescindible “Different Class” que incluye el himno de la banda “Common people”. Tras la edición del último álbum citado y la correspondiente gira, la mano derecha de Jarvis, Russell Senior, deja el grupo abriendo un interrogante en lo que pasaría con la banda, ya que muchos conceden a Russell el papel principal en el enderezamiento del rumbo de Pulp al éxito allá por la segunda mitad/finales de los 80. Para compensar esta baja, se concede al guitarrista Mark Webber la condición de miembro oficial de Pulp y el resto de chicos Nick Banks, Candida Doyle y Steve Mackey seguirán respectivamente en su batería, teclados y bajo.

El listón no estaba precisamente bajo tras “Different Class”. La edición de “Common people” como single y el gran calado que tuvo a nivel mundial, sumado a otros sencillos como “Miss Shapes” o el guiño a “Gloria” puesto de manifiesto en la estupenda “Disco 2000”, hicieron que este disco compitiera de lleno nada más y nada menos con “(What’s The Story?) Morning Glory” de Oasis y con “The Great Escape” de Blur, quedando prácticamente al mismo nivel de repercusión y de valoración por parte de la crítica, y dependiendo de qué sector de la misma, superándolos. Ahí es nada. Es decir, que con la marcha de uno de los pilares base de la formación y con las cotas de triunfo alcanzado la cosa no iba a ser fácil.

No obstante, subestimar al sr. Cocker puede ser un grave error, y más si después de la situación ante la que se encontraba Pulp en 1997, se saca de la manga un lp de 12 canciones con un gancho importante y si cabe con un carácter más sombrio y oscuro que el anterior disco, que era más reluciente e iluminado, dato que se puede apreciar en las portadas de ambos discos. En este caso se eligió una instantánea de una boyante rubia tumbada en el suelo, no sabemos exactamente en qué estado… dejo abierta la posibilidad a las elucubraciones de sus despiertas mentes para esta ocasión. “This Is Hardcore” es un disco que nuevamente estará cargado de la ironía y el sarcasmo punzante en las letras que aporta Cocker y que cuenta con una excelente producción, que a ratos me parece mejor que la de su predecesor. Musicalmente el disco no echa de menos a Russell y me da por pensar en que cuando alguien importante se va de un grupo, el nivel no decae en el primer disco después de la marcha, sino más adelante (véase en el más que aceptable “Ultra” en el caso de Depeche Mode tras la salida de Alan Wilder. Evidentemente es una opinión personal) y que en la primera obra después de los traumáticos abandonos siempre suele quedar algo de la inspiración grupal de una formación clásica.

“The Fear” inicia el disco. Canción que trata sobre miedos sin dar más rodeos y que podría aplicarse a la situación que vivía la banda en esos instantes de no saber cuál sería la reacción tras la publicación de su exitoso “Different Class”. El estribillo muestra un épico Jarvis Cocker diciendo cosas tales como “aquí esta el miedo otra vez, el fin esta cerca de nuevo”. En lo instrumental considero importantes los inquietantes teclados a cargo de Candida Doyle. Se trata de un más que aceptable comienzo de disco y con bastante fuerza. A continuación y cambiando al plano tranquilo y sosegado de los Pulp, se nos presenta “Dishes”. Con Jarvis en sus entonaciones más graves, se nos presenta una parte personal de Jarvis en la letra, haciendo algún que otro juego comparativo con Jesucristo, véase “No soy Jesús, aunque tengo las mismas iniciales” o mostrar su lado más humano al decir “me gustaría transformar esta agua en vino, pero es imposible”. Resulta especialmente bonita la parte de guitarra de claro sonido que nos encontramos en el tramo final y que da paso al Jarvis más melancólico, para que vuelva a terminar nuevamente relajado y tranquilo. Tras este apacible momento nos damos de frente con “Party hard”. Se trata del muro de sonido más fuerte del disco compuesto a base de inquebrantables guitarras eléctricas con una fuerte base rítmica llevada por Steve y Nick al bajo y batería. Los teclados de Candida igualmente resultan agresivamente solemnes y, justo lo contrario de lo que cabría esperar, encontramos nuevamente a un Jarvis manejándose en tonalidades graves para describir aspectos de su vida y que nos pueden evocar a los tiempos en los que Jarvis Cocker era un adolescente que no tenía demasiado éxito con las mujeres y al que le costaba relacionarse, como se puede ver en el inicio: “Rara vez hago amigos con alguien de este planeta”. También considero muy válidos versos como “El entretenimiento a veces se puede complicar cuando lo que amas es lo mismo que te trae de cabeza”. Por otro lado, veo ciertamente cómico el momento en que se describe el instante en que la fiesta descrita se enrarece: “Me lo estaba pasando genial, hasta que tu tío Psicosis apareció”. En fin. Se trata de uno de los singles que se extrajeron, el 3º para ser más exactos y se acompañó de un video rodado en un plató de suelo blanco y fondos negros con Jarvis rondando a un amplio grupo de cheerleaders y el resto de la banda tocando sesudamente. Sin duda uno de los himnos del álbum y de las mejores canciones que contiene, sin dejar de lado que sea la más enérgica con muchos cuerpos de distancia. “Help the aged” es una proclama a favor de la tercera edad y un toque de atención a la conciencia social por parte de Jarvis. Canción que combina partes relajadas con un estribillo ciertamente épico e intenso, supuso el 4º sencillo que aportó “This Is Hardcore”. Como se puede intuir tiene un fuerte carácter sentimental y nostálgico apreciado en partes como “mientras tanto intentamos olvidar que nada dura para siempre” o “puedes teñirte el pelo, pero es la única cosa que puedes cambiar, porque no puedes huir de ti mismo”. De la nostalgia y emotividad de “Help the aged” pasamos al oscurantismo de la canción título. Curioso gesto de descaro por parte de la banda es el hecho de editar como primer single un tema de corte tan poco comercial. Se trata de una larga canción, con sonido clásico y sombrío. Supone el tributo al mundo del cine por parte de Cocker, no sólo en las claras referencias en la letra “No hagas ni un movimiento, hasta que diga ¡Acción!”, sino también en un video ajustado al sonido de la canción que muestra el making off y el rodaje de un supuesto thriller con asesinatos, detectives amordazados, infartos en mitad de fiestas, peleas… todo un compendio de imágenes evocadoras del cine de los años 60. Desde mi punto de vista, y comercialmente hablando, considero un grave error que “This is hardcore” fuera escogido como single de adelanto. No porque considere a la misma una mala canción, no. Lo que sucede es que una canción de este corte no está a la altura del público medio, al no tener un claro estribillo y ser de tan larga duración. Se le coge aprecio con el paso del tiempo y las sucesivas escuchas del disco, pero no en la inmediatez las cortas distancias que supone el contacto con el primer single de un lp. En parte supuso que el disco empezara con mal pie, al contrario de lo que se hizo en el álbum anterior editando “Miss Shapes” y “Common People”. Podría tratarse de un tema cercano en el sonido a la antigua “Sheffield sex city” que se incluía en el disco “Intro” y que si se hubiera concebido al igual que ésta, es decir, como una elaborada pieza oculta dentro del disco, pero sin ser reconocida como single, hubiera adquirido con el tiempo un mejor estatus y sería vista con mejores ojos. A mí, como a la mayoría de la gente, al principio no me hacía mucha gracia, pero actualmente me agrada escucharla. Tras el desconcierto que puede suponer “This is hardcore”, se nos presenta “Tv movie”, un tema de corte acústico con alguna que otra agudeza en las letras por parte de Jarvis: “Sin ti, mi vida se ha convertido en un aburrimiento sin fin. Una película hecha para televisión: mal diálogo, mala interpretación, sin interés. Demadiado larga, sin historia y sin sexo”. Nuevamente se nos habla de la soledad que nos visita al finalizar una relación amorosa, tema muy recurrente en las letras de Cocker. Tras alcanzar un punto álgido, sin dejar el carácter acústico, la canción vuelve a tranquilizarse para terminar de una forma íntima, cálida y relajada con la esperanza por parte del protagonista de la historia de que vuelva quien se marchó. “A little soul” es de los temas más deliciosos compuestos por Pulp en toda su historia. Elegida como 2º single, se acompañó de un excelente video en el que todos los componentes tenían su “replicante” infantil que les animaban a ir al estudio a grabar. Es curioso el desplante que tiene Jarvis con su “doble” al final de la canción y la cara de asco con que le mira; suponemos que terminaría hasta el gorro, ya que no deja de darle la tabarra en todo el metraje. Nuevamente en la letra se ven referencias al abandono amoroso y los fallos sentimentales. El final del estribillo no deja de ser una de las verdades universales de la humanidad: “aparento ser un hombre mayor, pero lo único que tengo es un alma pequeña”. Sonido nuevamente relajado, cercano a lo acústico y poco estruendoso que sigue permitiéndonos una plácida audición. Tras este excelente corte, nos topamos con “Seductive Barry”. Personalmente no me hace mucha gracia, aunque quizás sirva como agravante el hecho de que esté a continuación de la maravilla “A little soul”. Es una canción que nos presenta al Jarvis recitante de temas como “I spy”, y que intenta impregnar un cierto aire de misterio que no le encuentro demasiado gracia. Me resulta aburrida y plomiza. Pasemos a “I’m a man”. Canción pop por excelencia del disco. De corta duración y con un estribillo pegadizo. Tampoco es que se trate de un momento especialmente memorable y se puede olvidar con facilidad. Con “Sylvia” volvemos nuevamente a la buena senda. Nos encontramos al Jarvis más sentimental y entregado de todo el disco, sobre todo en la parte referida al estribillo. Bajo mi punto de vista sería un tema perfecto si se hubiera excluido ese retorno final instrumental cuando parece que la canción había terminado. No sabía precisar si la tal Sylvia es una chica real de las que tanto inspiraron a Jarvis siempre a la hora de componer y que le costó alguna que otra bofetada por airear sus intimidades, pero en este caso se refiere a una chica con cierta mala suerte en la vida. Suele pasar. En fin, “Glory days” es un tema nuevamente pop, pero esta vez es mucho más decente y respetuoso que la facilota “Just a man”, trepidante ritmo creado por las guitarras de Mark y el bajo de Steve y Jarv nuevamente combinando tonos graves y agudos en la entonación. Excelente sin más. Para finalizar este disco se dispuso poner “The day after the revolution”. De sonido melancólico, con una guitarra eléctrica tomando el protagonismo principal sonoro y tema de los que gustan para terminar un disco. Quizás sean algo excesivos esos minutos hipnóticos a base de nota de teclado pulsada que se sostienen durante un rato y que solo se ven interrumpidos por la despedida de Jarvis Cocker “Bye, bye” a mitad de dicho metraje.

“This Is Hardcore” fracasó en la difícil tarea de superar o igualar el reconocimiento mundial que tuvo su predecesor. Las cosas no estaban nada fáciles y el ya comentado hecho de la edición como single de adelanto de la complicada “This is hardcore” no ayudó mucho a que el disco calara en el grueso de sociedad. Sin embargo es un disco que fue muy bien recibido en centro Europa, sobre todo en Alemania. Recuerdo el gran apoyo que tuvo por parte de Viva Zwei, con constantes proyecciones de los videoclips realizados.

Las bondades de este disco es que no se trata de un disco previsible, eso es lo que quizás hace que me guste más que “Different Class” que a ratos se me hace algo cargante o facilón, a pesar de la excelencia que contiene. Tiene canciones realmente buenas como “Party Hard” y “A little soul”, y en conjunto es un disco mucho más íntimo que los anteriores de Pulp. De una belleza plástica e inquietante es la portada del disco, que ya les comenté al inicio del artículo de hoy.

A comienzos de siglo la banda prosiguió su carrera con la edición del fallido “We Love Life”. Ciertamente es un álbum irregular. A pesar de que aporte algún buen momento, en conjunto falla. Tras este disco, la banda sacó su inevitable grandes éxitos y desde entonces no se ha vuelto a saber nada de la actividad conjunta de los miembros. Sí es cierto que Jarvis Cocker sigue vinculado al mundo de la música y dejando de un lado proyectos o colaboraciones esporádicas con otros artistas, lo más relevante fue la edición de su primer disco en solitario. Se trata de un lp que está en la onda de lo que eran sus primeras composiciones, pero esta vez con la producción y los arreglos que aquellas se merecían para no parecer simples esbozos o esqueletos de canciones (véase por ejemplo el valioso single “Don’t let him waste your time”).

Cierto es que no ha habido separación oficial, pero ¿quien sabe? De momento nos quedan los discos editados hasta ahora, de los cuáles les he presentado el gran desconocido por el público de su etapa como banda de relumbrón, debido a estar a la larga sombra de “Different Class”. Ahora que llega el otoño, lo considero un disco de muy buena escucha para esos días de diario cuando ya ha anochecido sobre las 20.30h. No obstante, si a esas horas no pueden escucharlo, háganlo en cualquier otro momento ya que de lo contrario se estarían perdiendo un disco bastante potable y que no desmerece para nada los anteriores trabajos que grabaron Pulp. ¡Ah!, que se me olvida y si no Jarvis no me perdonará nunca: como dice el grupo en los libretos de sus discos, “No lean las letras mientras escuchen la grabación”. Pues… eso. Gracias
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sábado, 6 de septiembre de 2008

1986 Danza Invisible - Música de Contrabando

Ya advertí la pasada semana en el último artículo que colgué sobre el concierto de Danza Invisible en las fiestas de Alcalá de Henares, que tarde o temprano revisaríamos su disco “Música De Contrabando” de 1986. He llegado a la conclusión de que ahora que tenemos fresco el asunto, no hay mejor momento para proceder al respecto. Pues… allá vamos.

2ª mitad de los años 80 en el panorama musical español. La movida madrileña, que tan buen resultado musical nos dio, ya daba a su fin y se abría un período de incertidumbre sobre lo que nos encontraríamos a partir de ahora. De dicho movimiento cultural que se coció principalmente en los ambientes de la capital española a comienzos de la década, algunos grupos decaían para desaparecer al poco tiempo y otros empezaban a labrar una trayectoria sólida que se mantuviera en el futuro. Dentro del 2º grupo citado se encontraban Danza Invisible.

Este grupo malagueño, fue uno de los invitados de otras provincias a formar parte del escaparate frontal de la “movida” (al igual que otros grupos como Golpes Bajos que venían de Vigo), tras previamente haber sido profetas en su tierra al ganar algún que otro concurso musical. Ya en la capital, la banda se ganó el galardón de “Grupo Peor Vestido” en el mítico Rockola. Consiguieron aparecer en el programa abanderado de la época “La Edad de Oro”, tocando temas como “Tiempo de amor”, que daba la razón a la gente que les comparaba cerradamente con el sonido creado por Simple Minds. En 1985 se había lanzado el mini-lp “Maratón”, que venía a incluir temas que se convertirán con el paso del tiempo en clásicos del repertorio de la banda como “El club del alcohol”. Al año siguiente la banda se involucró en la creación de un disco que transmitiera una mayor solidez. Como ya venía siendo habitual, la banda se valió de los servicios como letrista de Rodrigo Rosado para terminar de dar forma a las nuevas canciones que tomarían parte en “Música De Contrabando”.

El disco abre con “Ocio y negocio”. Una canción en la onda de las primeras composiciones de la banda como la citada “Tiempo de amor”, que hace que se mire de reojo a la formación cuya sombra se haría tan alargada sobre los Danza en sus primeros años, los Simple Minds. La letra critica abiertamente las diferencias de clases atacando frontalmente a las clases altas dominantes mostrado en frases como “no diría estas cosas si yo fuera rico y mi mayor problema fuera elegir un champagne”. Para continuar se coloca “Contrabando”, la pseudo-canción título, que nos puede recordar vagamente a los sonidos de los Stray Cats y la frase “Música en la playa… ¡oh! Vaya, vaya” me da por pensar si “Los Refrescos” unos años después se inspiraron en esta canción para lo que fue su mayor éxito. En todo caso nos encontramos con una canción alegre y optimista, frente a la crítica social y al dinero que nos encontrábamos en el tema que abría el disco. Instrumentalmente es importante la línea de bajo de Chris Navas y las secciones de viento utilizadas para aderezar el sonido. “Mercado negro” sigue muy en la onda de la canción que la precede en la que destacan las notas de guitarra utilizadas en la parte del estribillo que en este caso se limita al título de la canción. A continuación encontramos uno de los momentos inolvidables del disco hoy revisado. “Sin aliento” supone la excepción en la titularidad de las letras del disco a favor de Rodrigo Rosado, tratándose en esta ocasión de una composición a cargo del entonces batería de la banda Ricardo Texidó. Nuevamente se me antoja importante el bajo de Chris Navas, sin dejar evidentemente de lado las guitarras de Antonio Luís Gil y de Manolo Rubio. El estribillo “Sin tomar aliento estoy, rodeado de calor, ¡Escucha!, tengo que respirar, respirar” es de los que más fuerza aportan a lo largo de toda la trayectoria de la banda. Igualmente es otro de los temas que con más intensidad interpreta la banda en sus actuaciones en directo. Instrumentalmente es otro de los cortes que más nos recuerdan al pop/rock británico de la época y que tanto gustaban a la banda por entonces, sobre todo a Chris Navas y a Ricardo Texidó, que eran los que llevaban en aquella época la dirección musical del grupo. Tras este vibrante tema pop y clásico de Danza Invisible, sin ninguna duda, nos damos de frente con la aguerrida, instrumentalmente hablando, y corrosiva, letrísticamente hablando, “Espuelas”. No es que lo diga yo, se ve claramente en partes como “vivo o muerto, mantén los ojos firmes frente al enemigo… sangrándote”. Tras este agrio y contundente instante aportado por “Espuelas” nos damos de frente con su antítesis “Agua sin sueño”. Se trata de otro momento brillante y que junto a las 2 canciones que la preceden, son las únicas que se escogieron para el recopilatorio que publicó la banda hará unos años, antes de la grabación del disco “Efectos Personales”. La batería de la canción y la base rítmica en general es plácida y relajada. Las notas de guitarra son cristalinas y Javier Ojeda canta igualmente sosegado versos enigmáticos como el propio estribillo “Agua sin sueño, tu húmedo tálamo”. Como podrían comprobar si leyeron el artículo anterior, la banda todavía tira de esta preciosa canción en sus repertorios actuales y de hecho la presentan con todos los honores como habrán podido leer. “El joven nostálgico” es un tema pop alegre y acelerado y la única en su estilo propiamente dicho que nos encontramos en este álbum. Un corte apoyado en estupendos riff de guitarra a cargo de Manolo y Antonio, una animada batería dirigida por Ricardo y un trepidante bajo a cargo de Chris. Los coros en el estribillo corren igualmente a cargo de los chicos de la banda. Sin embargo después de este desenfadado corte, nos encontramos con otras 2 canciones de sonido aguerrido seguidas. “En guerra” y “Es probable que no sea el hombre de tu vida (pero en ese caso acabaré contigo)” hablan simplemente por sus títulos. En lo musical “En guerra” es más movida rítmicamente hablando que “Es probable…” que es bastante decadente en dicho apartado. En “En guerra” la producción pone de relevancia más que nunca al bajo de Chris Navas que es quien domina el plano frontal de la canción durante gran parte de la misma. Fuertemente agresiva en la letra es “Es probable…”, supongo que no hará falta que les ponga ejemplos con fragmentos de la misma y podrán llegar a la conclusión leyendo el título completo de la canción, que les he puesto la primera vez que la he mencionado. Para finalizar la obra se colocó “No habrá fiestas para mañana”. Se trata de una canción extremadamente melancólica tanto en el título de la misma, como en el sonido, como en la letra. “Abandónate como una hoja al viento, ¡viento!” son las últimas palabras que canta Javier Ojeda en el disco, confiriendo un melancólico y entrañable final, sustentándose en las guitarras tanto acústica como eléctrica que corren a cargo de Manolo Rubio y Antonio Luís Gil.

“Música De Contrabando” supone el inicio de la consagración definitiva de la banda y para que la misma se hiciera un hueco definitivo en la historia de oro del pop español. Como curiosidad, cabe destacar que antes de que se hiciera famosa en solitario, Lisa Stansfield hace coros en el disco del que hoy hemos hablado. La portada del disco es un fotograma de una película en de James Cagney que curiosamente falleció al tiempo que el disco se estaba grabando y en este apartado se puede apreciar un ligero guiño a las portadas que editaban “The Smiths” por aquellos días, que ponía de relevancia los referentes musicales que seguían Danza Invisible en esa época.

Posteriormente se editaría el exitoso “A Tu Alcance”, que incluía el gran clásico de Danza “Sabor de amor”, que abriría la banda al público de masas, y por otro lado la excelente adaptación del “Bright side of the road” de Van Morrison, concretada en “A este lado de la carretera”. Ya situados en la primera línea del panorama pop español y latino en general, se editarían los también exitosos lps “Catalina”, “Bazaar” o “Clima raro”. Tras este último disco mencionado que, según comenta el propio Javier Ojeda, venía a describir el ambiente que se vivía en el seno de la banda en aquellos días, Ricardo Texidó abandona la formación definitivamente tras tensiones en deliberaciones sobre la trayectoria y el sonido que debería perseguir la banda a partir de entonces. Para un servidor, siempre resulta trágico que un miembro consolidado de una banda, abandone el barco y que no regrese. No sé hasta qué punto el resto de miembros sintieron la marcha de su compañero. La próxima vez que tenga ocasión de charlar brevemente con Javier Ojeda tras un concierto intentaré preguntárselo.

A mediados de los 90 el grupo seguiría en la brecha con discos como “Por Ahora” y “En Equilibrio”, que incluyeron canciones que aún permanecen en la memoria popular tales como “A sudar” o “Por ahí se va” (éste quizás fuera su último gran éxito). A comienzos de siglo la banda edito su recopilatorio de grandes éxitos y al año siguiente el malentendido “Efectos Personales”, disco que no funcionó comercialmente pese a que el primer single promocional “Pero ahora”, desde mi punto de vista es una canción brillante. Supone una fusión de un sonido cercano a lo jazzístico con la aflamencada e intensa interpretación de Javier Ojeda, mostrándonos uno de sus más desgañitados ejercicios vocales en lo que a grabaciones de estudio se refieren. Tras el primer concierto que vi de Danza Invisible en julio de 2006 le pregunté a Javier Ojeda que por qué no tocaban esta canción en directo. No obtuve respuesta al respecto. Definitivamente, la gente no supo por dónde cogerlo y tras esta mala aceptación la discográfica de turno pasó de hacer más promoción del disco.

Esto puso a Danza en una posición no muy favorable: una banda cuyos miembros rondaban ya la cuarentena (si es que no la tocaban de lleno), un mal resultado comercial del último trabajo editado, con la consecuente falta de confianza por parte de la casa de discos y el surgimiento de otros grupos, de bastante menos talento que Danza Invisible, que se hacían hueco entre el peculiar público español. Aún así la banda en 2003 editó “Pura Danza”, un disco con mucho toque de pop latino y que en comparación con este “Música De Contrabando” analizado hoy, te hacen preguntarte si hablamos del mismo grupo. El éxito comercial si cabe fue menor que el disco anterior y la promoción en medios peor aún, ya que al menos de “Efectos Personales” recuerdo haber visto el videoclip de “Pero Ahora” en el extinto del 40 al 1 con Fernandisco al frente.

A pesar de estos pasos en falso de la banda y de no haber conseguido hacer diana en los últimos tiempos, el grupo sigue haciendo extensas giras y cada año consiguen cerrar un dignísimo número de actuaciones, que hasta el propio Javier Ojeda en su blog personal considera bastante aceptable, teniendo igualmente presente que hace más de una década que no tienen un hit a nivel nacional. En el mismo blog del cantante de la banda, a comienzos de este año se mostraban intenciones de grabar nuevo material para editarlo de la forma que fuera este año, pero de momento no hay noticias. Actualmente Danza Invisible sigue inmersa en su gira veraniega y les puedo decir que el día 13 de septiembre tocan en Madrid en las fiestas del distrito de Arganzuela; lo digo por si les da por hacerme caso respecto a lo que les dije la semana pasada y les apetece pasarse.
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sábado, 30 de agosto de 2008

26-08-2008. Concierto Danza Invisible. Alcalá de Henares

Coincidiendo con las fiestas del municipio, el ayuntamiento de Alcalá de Henares tuvo a bien contratar a Danza Invisible para amenizar una de las noches de la plaza Cervantes del programa de eventos. Dicha decisión por parte de la organización se puede considerar un acierto, ya que estos malagueños tienen un directo excelente. Desde que Paloma Chamorro introdujo a la banda en su mítico programa “La Edad de Oro” diciendo que tenían el mejor directo de la época, son muchas las personas que han alabado el proceder de estos chicos cuando se suben a un escenario. Sin ir más lejos en la página web de las fiestas de Alcalá se ponía de manifiesto y como acicate el buen hacer en las tablas de los Danza. Yo no seré menos y les puedo asegurar que es un privilegio que esta banda, que tiene tan dilatada trayectoria, siga en activo regalándonos sus actuaciones en directo.

Había tenido ocasión, poco antes de iniciar esta guía musical, de ver a Danza Invisible el 13 de junio de este mismo año en un improvisado escenario en mitad de una calle en las fiestas del barrio de Moratalaz de Madrid. Previamente, la única actuación que había visto de Javier Ojeda y sus secuaces fue en las fiestas del barrio de Chamberí en pleno centro de Madrid, en un concierto que en pleno verano, sábado 15 de julio de 2006, se vio amenazado de suspensión por una pequeña tormenta, pero que, con algo de retraso por las inclemencias meteorológicas, finalmente pudo celebrarse. Aquel día quedé muy satisfecho de lo que había visto. Curiosamente era la primera vez que veía un concierto de Danza Invisible, a pesar de haber tenido en cuenta su música desde comienzos de la década de los 90 (la época de “Clima Raro”, creo recordar). Supongo que será consecuencia del acceso a internet y que en su página se informe perfectamente de sus actuaciones, cosa que antes no tenía posibilidad de ningún tipo de acceso a la red y por el municipio donde resido, por lo menos en la última década no me suena que hayan venido (quizás tiempo atrás sí, pero bueno).

Este martes no tenía “partenaire” para ir al concierto. Aún así decidí coger el coche e irme solo a la ciudad complutense para ver el show, ya que por los mismos motivos personales que me impidieron igualmente publicar una nueva entrada en 16 de agosto, no pude ir al concierto que dieron en la plaza de las Vistillas de Madrid el día 12 de este mes. Tras unas cuantas vueltas buscando sitio para aparcar en esta caótica ciudad, en lo que aparcamiento/tráfico se refiere, llegué a la plaza Cervantes media hora antes de la hora de inicio del show. Para entonces ya se podía ver al llamado “sargento furia” para la ocasión por Javier Ojeda o “el hombre de piedra” en el disco en directo “Al Compás De La Banda”, Manolo Rubio, muy aplicado ajustando las tuercas en su zona de dominio del escenario. Decir, que para esta ocasión había congregada bastante más gente que en el concierto que dieron en el barrio de Pavones en el pasado mes de junio, pudiéndose decir que la zona de la plaza de Cervantes reservada para el concierto estaba a rebosar.

A las 23.05h parecía que el concierto se iniciaba. Con la intro a base de la instrumentación de “10 razones para vivir” se daba comienzo al show, pero por lo visto algo funcionaba mal en el amplificador de Antonio Luís Gil, el cual no se encontraba a gusto con el sonido que se generaba. Los técnicos de sonido en compañía de Antonio estuvieron cosa de 7 minutos intentando arreglar el fallo detectado, para así dejar que un excelente guitarrista como Antonio Luís Gil pueda sonar como es debido. Desde mi primera fila se podía ver en un lateral a un impacientísimo Javier Ojeda que, con el rebosamiento habitual de adrenalina que tiene cuando sube a un escenario, estaba que se subía por las paredes. Los chicos arrancaron con “La estanquera del puerto” y desde el primer momento se pudo comprobar la fiesta y alegría que van de la mano en las actuaciones de esta formación.

Igualmente, como es habitual en las críticas de los conciertos, no les voy a describir una a una y cronológicamente según el orden de salida todas las canciones, sino que me dedicaré a mencionarles los momentos cumbres, lo más objetivamente posible, del concierto y por otro lado los que personalmente me gusten más. Sirva esta explicación para posteriores crónicas de conciertos a los que acuda que publique.

Mención especial y un agradecimiento por mi parte se merece el hecho de que del magnífico “Música De Contrabando” de 1986 se extrajeran 4 canciones para la ocasión. Advertirles que, para dar paso a algún disco de música española, este citado “Música De Contrabando” será objeto de revisión en un futuro. “Agua sin sueño”, fue la primera de dicho álbum que hizo acto de presencia. En este momento, Javier buscó en el público al habitual colaborador y amigo de la banda, el percusionista Gino Pavone, el cual con una mano medio lesionada se subió para ayudar en el presente tema y en gran parte de lo que quedaba del concierto. Este corte supone un momento de calma dentro de la vertiginosidad habitual que aporta Danza Invisible en sus conciertos y le permite a Javi descansar un poquito de sus carreras, bailes, brincos, ataques de histeria y otras más cosas que hacen que Dave Gahan de Depeche Mode parezca un vegetal comparado con el cantante de Danza. La canción se introdujo por parte del sr. Ojeda como “un clásico de Danza de los años 80, o un semiclásico. Una buena canción en definitiva, es lo que nosotros pensamos”. Razón no le falta, ya que es un tema semiacústico y relajado con una de las más enigmáticas y bellas letras de la historia de la banda. La parte final instrumental supuso el lucimiento personal a la guitarra eléctrica del sr. Gil, que a lo largo de todo el concierto se mantuvo, como es habitual, sesudamente concentrado en sus labores. También cayó “No habrá fiestas para mañana”, tocada a dúo por Manolo Rubio y Antonio Luís Gil con un Javier Ojeda mostrando su interpretación más sentida e intensa de la noche. Personalmente, resulta curiosa la anécdota de “Sin aliento”. Aprovechando un hueco entre canciones y estando en primerísima fila, se me ocurre pedir dicha canción. Javier se percató y se dirigió a mi diciéndome que después la tocarían. Llegado el momento, Javi dice que atendiendo mi petición tocarán sin aliento. Me preguntó el nombre para decir “en petición del amigo… tocamos sin aliento”. Sería que con todo el bullicio no me entendió y en lugar de Víctor (para el que no lo supiera todavía, ya sabe mi nombre) creyó escuchar Emilio (ya lo sabes tú también para la próxima, Javi) y yo para no liarle más al bueno de Ojeda le hice un gesto como diciendo “pues vale”. Tras ello y medio partido de risa dijo “al menos acaba en “o”, ¿no?” y yo le moví la mano como diciendo que más o menos. Tras esta simpática anécdota empezó la atronadora y muy intensa interpretación de “Sin aliento”. El muro de sonido creado en directo por estos muchachos es enorme, siendo muy importante dentro del mismo la línea de bajo a cargo de Chris Navas, y la intensidad de Javier al cantar es arrolladora. El otro tema escogido del disco de 1986 de la banda fue “En guerra”, uno de los temas más aguerridos y a cara de perro que tiene el álbum junto a la corrosiva “Espuelas”. Para la ocasión se introdujeron en los coros finales alguna variable de “Clima raro” para innovar algo.

Otro momento importante de la parte inicial del concierto fue una versión más movidita de “10 razones para vivir”, que ya de por sí introdujo Javier Ojeda advirtiendo alguna que otra variación sobre la original, más lenta y de sonido parecido vagamente a “Agua sin sueño”. No faltó “Sabor de amor” en la parte final del repertorio, aunque curiosamente quizás la gente vivió con mayor intensidad otras canciones, a pesar de que esta canción sea la más conocida de la banda a nivel generalista. “Catalina” contó con la colaboración por parte del público en los coros finales, perfectamente dirigidos y aleccionados por Javier Ojeda. “Naturaleza muerta” fue uno de los momentos más celebrados por todo el público y de los que se vivieron con mayor intensidad. Aunque si queremos hablar de intensidad tenemos que referirnos al tema que cerró el concierto. La actual versión que Danza hace de “El club del alcohol” me recuerda mucho a lo que hace también en sus directos Seguridad Social con “Comerranas”. Se aprovecha la parte media de la canción para hacer un cambio de rumbo e interpretar otras canciones en plan medley, para finalmente remontar la canción principal y terminar con ella. En este caso y cuando se volvió a “El club del alcohol” Javier Ojeda terminó el concierto de la forma más desaforada de las que le he visto en las 3 actuaciones que he tenido ocasión. Se bajó del escenario y corrió por delante de las vallas de seguridad que delimitaban al público y terminó subiéndose a una justo delante de mi para adentrarse desde la misma entre la audiencia.

Otras canciones escogidas para la noche fueron “A este lado de la carretera”, correcta adaptación de la banda del “Bright side of the road” de Van Morrison, “Por ahí se va”, “Dame más” y alguna que otra más. El track list fue muy parecido al del concierto en el inicio del período estival que les vi en el barrio de Pavones, con alguna variación como por ejemplo que en aquel se incluyó “A sudar” y sin embargo no recuerdo “En guerra”.

Tras el apoteósico final con el desboque absoluto de Javier en “El club del alcohol”, me di una vuelta por la parte trasera del escenario para, por lo menos, agradecerle a Javier el detalle de dirigirse a mi en directo para introducir “Sin aliento” y a poder ser hacerme alguna foto con algún componente del grupo, pero por lo visto el grupo se esfumó. Había una especie de estructura de parque donde suelen tocar orquestas y debajo como unos vestuarios, pero… allí no estaban. No sé si se abrieron paso entre la multitud de gente que había por la plaza y se dieron el piro de allí echando humo. De verdad, no sé como lo hicieron, pero en fin, otra vez será. Tras esto me dirigí por los lúgubres rincones de las callejuelas de un barrio cercano a la estación de tren de Alcalá de Henares donde había dejado mi humilde utilitario para coger la A-2 y tirar para casa con la satisfacción de haber visto un excelente concierto.

Moraleja de todo esto: Danza Invisible ya no es una banda de las que suelan cobrar por actuaciones, son un grupo que suelen ir a fiestas de pueblos contratados por los ayuntamientos y que cada verano se dan un amplio paseo por la geografía española. Les recomiendo que en el mes de abril echen un vistazo a su página web y miren los conciertos que tengan programados. Si se da el caso de que les coge alguno de los shows previstos cerca de donde vivan ustedes, no se lo piensen 2 veces y cojan el coche o el transporte público para ir a ver el concierto. Les diré otra cosa: un día hablando con un superior mío de mi trabajo de oficina, que tuvo la ocasión de verles en la etapa del Rockola, me dijo 2 cosas de Danza Invisible. La primera, literal de sus palabras, que en aquella época “eran una copia cruel de Simple Minds”, sin embargo me dijo que “por otro lado había que ver lo bien que tocaban”. Bueno, pues actualmente Danza Invisible ya no es una copia ni cruel ni no-cruel de Simple Minds, pero siguen tocando excelentemente y tienen un directo al alcance de muy pocas bandas, apoyado en un repertorio de sobra solvente. Pocas formaciones de su época siguen en activo y dando conciertos. Como les dijo un presentador de Localia en un programa especial de la Feria de Málaga de 2006 donde actuó el grupo: “sois un lujo”. Aprovechen y acudan a un concierto de Danza Invisible antes de que les dé la ralladura mental y decidan separarse definitivamente y nos quedemos sin ellos. Tocan bien, tienen canciones imprescindibles y además son simpáticos, divertidos y buena gente. Todo esto les garantiza que pasarán un rato agradable.
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1979 Talking Heads - Fear Of Music

Lo prometido es deuda y como ya advertí en el último artículo, iba a haber lugar para discos de otras épocas distintas a los 80. En el caso de hoy tampoco es que nos desviemos demasiado ya que estamos anclados en 1979, una de las fronteras de los 80, y hablamos de un grupo que dominó en dicha década, aunque su andadura comenzara en los 70.

Estamos frente a otra de mis debilidades musicales (¿4º lugar?, puede) y quizás su aparición en este blog se haya hecho esperar más de lo que hubiera debido. En todo caso, y como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena y en esta ocasión más que buena es buenísima.

En 1979 Talking Heads reinaban en el ambiente del underground neoyorkino de la 2ª mitad de los años 70. La formación del grupo en este año, y a lo largo de toda su trayectoria, se componía de David Byrne como cantante y guitarrista, Chris Frantz a la batería, Tina Weymouth/Frantz (como quieran llamarla) al bajo y Jerry Harrison a la guitarra y teclados. Aceptamos el hecho de que en los orígenes más primitivos y embriónicos de la banda no estaba aún Jerry Harrison.

Tras sus 2 primeros discos se habían ganado un respeto. En este punto de tiempo, la relación de la banda con el ex-miembro de Roxy Music Brian Eno en las labores de producción vivía sus mejores momentos y estaba quizás en el punto más alto de la misma. Tras la grabación el año anterior del excelente “More Songs About Buildings And Food”, la banda afrontaba el siempre complicado hecho de la edición del 3er disco de estudio, prueba definitiva de toque para demostrar las intenciones de un grupo. En el anterior disco se había notado una mayor complejidad rítmica y de sonido respecto al disco de debut. No obstante, el máximo experimentalismo de la banda, muy propiciado por el sr. Eno, se alcanzará en el disco que continuará al que hoy analizamos. “Fear Of Music” prosigue la evolución del sonido de “More Songs…” para posteriormente llegar a la desembocadura en “Remain In Light”. Supone una trayectoria lógica de madurez, no exenta de dificultades sobre todo en la grabación del 4º disco de estudio y 3º de esta triada de discos producidos por Brian Eno.

El disco nos saluda de forma amable y desenfadada con “I Zimbra”. Rítmicamente esta canción se acerca a los sonidos de música africana que tanto excitaban a David Byrne por aquellos años, y nos adelanta aspectos abordados más a fondo en el siguiente disco. Líricamente… ejem, bueno, no hay gran cosa que comentar, ya que la canción es un claro ejercicio de dadaísmo al no tener letra inteligible propiamente dicha. Simplemente está inspirada en una obra llamada el “poema sin palabras” y viene a demostrar la asociación que siempre tuvo el grupo al arte de vanguardia. Reseñable es la colaboración en este corte de Robert Fripp y sus inestimables guitarras. La siguiente canción “Mind” es más ramplona en lo musical, al imponer un ritmo más lento que a ratos es hipnótico y oscilante. Característica relevante de esta canción y de la obra en completo, es la dirección vocal de Byrne. A ratos es exagerada, histriónica, bromista y humorística. David en este disco no se preocupa de una entonación vocalmente perfecta (y pocas veces lo ha hecho a lo largo de su carrera), y si le apetece ponerse a hacer un poco el payasete lo hace sin dudarlo. El retorcimiento vocal en el estribillo cuando dice “necesito algo para cambiar tu mente” y repite la palabra “mente” hace más que evidente este hecho, que se verá repetido en otros cortes del disco. A alguno que escuche el disco esto le parecerá horrible, a mí, personalmente, me gusta. Los temas abordados en gran parte del disco son sobre cosas banales y cotidianas. Sobre esta evidencia ya se burló la banda en el título del disco anterior, pero curiosamente esta peculiaridad de la banda se pone especialmente de manifiesto en este disco más que en ningún otro. Un claro ejemplo es “Paper”. El ritmo musical vuelve a ser más aturullado que el de la canción anterior y más vibrante y recargado. La vertiginosidad en lo instrumental sigue estando de manifiesto en “Cities”. Oscilante en el ritmo, David nos habla de ciudades como El Paso, Birmingham o Memphis y termina la canción repitiendo el estribillo de la misma con ese desboque vocal que utiliza en todo el disco, como ya les he mencionado. Es un corte pop excelente y que, al igual que hizo “I Zimbra”, nos invita a bailar de forma desenfadada y que por otro lado se nos presenta una cercanía al funk que abordará la banda en momentos posteriores. Curioso es que tras este acelerado y alegre corte nos encontremos con la canción más seria y sesuda del disco, tanto en la letra como en lo musical. En “Life During Wartime” David describe lo que puede ser la vida de un espía en tiempos de guerra y la austeridad vital que se impone en esos momentos dejando de un lado la diversión, plasmado en versos como “no hay tiempo para el Mudd Club o el CBGB, no tengo tiempo ahora para eso”, haciendo de paso un guiño al underground de New York del que ellos salieron, citando a 2 de los lugares emblemáticos de esos ambientes. Relevantes aquí son los teclados en el muro musical creado al respecto. “Memories can’t wait” supone el momento más siniestro y de mayor desasosiego del disco. Distorsiones de sonido y de voz hacen inquieto y poco amigable este corte, tarea inestimable de la mano de Brian Eno a los mandos de la producción. “Air” es otro de los momentos de excesos vocales de Byrne en el disco. La forma de entonar las palabras “faster” y “remember” es de lo más humorístico que nos podemos encontrar en un disco, que ya de por sí es bastante desenfadado. Reseñar que los coros de la canción corren a cargo de Tina Weymouth y sus hermanas (llamadas las Sweetbreathes). En este disco también hay sitio para una canción delicada. En tono de balada, “Heaven” supone el pasaje romántico del disco. En la misma, David nos describe un bar “al que todo el mundo intenta ir” y “en el que nunca pasa nada”. Las labores de producción de la mano de Eno hacen que la canción no tenga el enfoque baladístico abiertamente y esta impregnada de cierta imperfección vocal asociada a la vibración de la misma, para así conseguir el experimentalismo que se pretendía. Si desean escuchar la versión cristalina de la misma, les recomiendo que se hagan con “Stop Making Sense”, disco en directo de 1984 en el que “Heaven” se toca de forma acústica y que llega a poner el vello de punta. Como curiosidad, les diré que cuando vean por cuadragésima vez la película del director amigo de la banda Jonathan Demme “Philadelphia”, en la fiesta organizada en la parte final de la película se interpreta una versión de esta canción que no es nada desdeñable. Tras este precioso corte, se nos presenta “Animals” que comienza con una declaración de principios por parte de David Byrne “estoy loco y esto es un hecho”. Le creemos. En esta canción David da rienda suelta a su fobia por los animalitos y a describir sus vidas, enfocando las mismas como si de una burla hacia nosotros se tratara. Enrevesada musicalmente, termina de forma hipnótica con supervisión de pistas de audio. La letra alcanza momentos extremadamente hilarantes como “los animales creen que entiendes, confiar en ellos es un gran error, los animales quieren cambiar mi vida, ignoraré los consejos de los animales”… sobran los comentarios, ¿no? “Electric Guitar” supone nuevamente un momento de delirio letrístico. En esta canción de ritmo plomizo, se nos describe el atropello de una guitarra eléctrica en una autopista y el posterior juicio a dicha guitarra eléctrica por parte de un tribunal y un jurado, para llegar a la conclusión de que “alguien controla a la guitarra eléctrica” tras previamente haber determinado “afinar” y “nunca escuchar a la guitarra eléctrica”. “Drugs” es un lento y experimental tema con subidas de intensidad en la calma global de la duración del corte. En algunos conciertos, la canción adoptaba el título de “Electricity”, que no es otra que el nombre que pone el sr. Byrne a su experiencia con las drogas.

El disco supone un ejercicio de equilibrio entre el experimentalismo y la sencillez, por raro que esto parezca. Las maniobras y experimentos de Eno a la producción, enrevesando los sonidos del bajo de Tina, las guitarras de David y Jerry, los teclados de Jerry e incluso la voz de David, juegan con la sencillez lírica de los temas abordados en el disco, en el que se nos habla de ciudades, guitarras eléctricas, animalitos, drogas y del aire entre otras cosas.

“Fear Of Music” es un disco bastante asequible para escuchar. No se trata de una obra conceptual o de un disco de sonido compacto, sino más bien es una colección de canciones, que a ratos son bastante divertidas, irónicas y moviditas. “Remain In Light” supone un mayor enrevesamiento y es mucho menos desenfadado en su conjunto global que el disco que hoy hemos analizado. La variedad de sonidos de las canciones hace que sea un álbum muy completo, aunque evidentemente se pierda en el carácter compacto del mismo, apartado en el que ganan quizás el disco anterior y el posterior. La portada, oscura y con los títulos en un color azul verdoso enfermizo, no es nada más y nada menos que la recreación de una tapa de alcantarilla.

Después de este álbum, las cosas con Eno fueron a mal. Las triquiñuelas por parte del productor de hacerse con los mandos globales de la banda desembocaron en el cierre de colaboraciones tras la edición del emblemático “Remain In Light”. De paso, todo esto propició el inicio de las guerras internas entre Tina y David, que llevaron a comienzos de los 90 a la desintegración definitiva de la banda. Hasta su desaparición, el grupo editaría ejercicios de funky como el lp “Speaking In Tongues”, un disco en directo excepcional de la gira de este álbum como es “Stop Making Sense”, o una vuelta al sonido sencillo de su primer álbum, pero con las tablas y el saber hacer de una formación consolidada, materializada en “Little Creatures” de 1985, que a su vez nos regala un clásico del grupo “Road To Nowhere”. También habrá tiempo para alguna incoherencia o patinazo como “True Stories”. Su disco final “Naked”, vino a demostrar que las ideas que tenía cada miembro de por donde tenía que ir la dirección musical del grupo, eran más que discordantes. Algún que otro single suelto editado y se llega al punto y final de la historia de la banda.

Volveremos más adelante para recuperar alguna otra obra de la banda. Hasta entonces les dejo con este disco, el cual recomiendo le reciban con buen ánimo. Si lo encajan como se debe, terminarán con una leve sonrisa por el toque de humor que tiene y con ganas de bailar por la buena música y el ritmo que siempre crearon estos chicos. De vez en cuando conviene llevarse una alegría.
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sábado, 23 de agosto de 2008

1984 Talk Talk - It’s My Life

Antes de nada, decirles que voy a dejar de hacer predicciones sobre la fecha de publicación de las revisiones (visto lo visto), y simplemente me limitaré a asegurarles que intentaré que todos los sábados haya una nueva entrada. Si algún sábado no hay novedad, se deberá a causas de fuerza mayor. Bueno, al grano.

Se creerán, por lo analizado hasta la fecha, que esto va a ser un blog musical monográfico de discos de los años 80. He de reconocer que es mi época favorita, no obstante habrá tiempo también para los 70, 90 y 00, pero eso sí, en menor medida. De momento seguimos estancados en la mal llamada por algunos “década de la decadencia”.

He de advertirles previamente: pocos discos en mi vida han llegado a impresionarme de primera escucha en su conjunto, hasta la fecha 3 en concreto. Uno de ellos ya lo hemos revisado: “The Queen Is Dead” de The Smiths, otro fue un recopilatorio (sí, recopilatorio, aunque casero) de los volúmenes Jazzmaster de Paul Hardcastle y el último fue el que hoy tengo el gusto de presentarles.

La historia de cómo llegué a Talk Talk y a este disco no deja de ser curiosa. Era la primavera de 2002, quizás el mes de marzo, y me acerqué al centro de Madrid a comprar un disco, creo recordar que de Peter Gabriel o Talking Heads, no sabría concretar. Ojeando discos por la zona donde están los Talking Heads, justo pegados siempre me encontraba a Talk Talk. Era un grupo del cual conocía únicamente la canción título del disco escogido para hoy, y más concretamente a través de su videoclip promocional al haberlo visto en la Vh1. Dirigido por el socio de Robert Smith de The Cure, Tim Pope, el clip se compone de imágenes dignas de documentales de la sobremesa de La 2 de animales viviendo en su hábitat natural, conjugadas con otras de un hierático y mudo Mark Hollis, cantante y líder de la banda, en un zoológico. Pude ver que 2 de sus discos estaban de oferta y que el precio eran 1395 pesetas, unos 8,38 eur. Con mi situación personal y económica de aquel momento, trabajando fines de semana mientras acababa la carrera universitaria y siendo sustentado al 100% por mis padres, me di un capricho y acepté el reto de comprarme un disco del grupo. En este caso opté por “It’s My Life”, que era el que contenía la única canción que conocía hasta la fecha (aunque creo que también había escuchado “Life is what you make it” del otro disco que había, igualmente viendo su videoclip, también grabado en un ambiente nocturno de jungla, pero en aquel momento no me hacía tanta gracia). Compré dicho álbum arriesgando, ya que sólo conocía una canción que me agradara y el resto era una incógnita.

Días más tarde desprecinté la caja, puse el disco y la escucha me sorprendió sobremanera ante la elaboración, experimentalismo y misterio que impregnaban las canciones que el disco contenía. Todo esto, combinado con la lánguida voz del cantante, daba un resultado muy particular y personal, que hasta la fecha no había escuchado. El disco abre con un quinteto de canciones excepcional, que ahora mismo comenzaremos a analizar, que por sí solas ya valen el disco en su totalidad. Son las 1395 pesetas o 8,38 eur. que quizás mejor he gastado en música, teniendo en cuenta la relación de lo que esperas (en este caso una canción que te agrada y alguna sorpresilla más) y lo que encuentras (un disco excelente).

Talk Talk era una banda que en 1984 ya había conseguido un relativo éxito tras el lanzamiento de su primer álbum, “The Party Is Over”. Curiosamente habían sido lanzados como grupo gemelo a Duran Duran. La estética quizás si que era parecida, sobre todo en el videoclip de la canción que da nombre al grupo. No obstante, cualquier parecido real con el grupo de los Taylor, Nick Rhodes y Simon Le Bon es pura casualidad. Analizando en conjunto el sonido global de la trayectoria de la banda, yo me atrevo, con mucha valentía por cierto, a decir que Talk Talk puede sonar a una mezcla de Pink Floyd (por el experimentalismo, toques de psicodelia y elaboración instrumental), Depeche Mode (por cierto carácter techno-pop que incluyen sus canciones y alguna semejanza en el pesimismo que tienen las canciones parecidas a algunas de Martin Gore) y Joy Division (por la melancolía que destilan), por raro que todo esto parezca.

Con las ventas moderadas y aceptables generadas por su primer disco y los singles que se editaron, Talk Talk habían conseguido ganarse cierta confianza por parte de su casa de discos. Antes de lanzar el 2º álbum hubo un single de transición llamado “My foolish friend” que suena realmente bien. Con este panorama, las expectativas centradas en la explosión de la banda y la consecución de un gran éxito, hacían que en la discográfica de turno se frotaran las manos viendo el posible horizonte que esperaba a la banda.

“It’s My Life” abre fuego con uno de los singles extraídos. La juguetona “Dum Dum Girl” nos da la bienvenida de forma amable para que no nos asustemos en exceso. En la misma los muros de sonido creados por la distorsión de alguna que otra guitarra que conjugadas con los teclados y sonidos inocentes dan un resultado excepcional en las partes instrumentales. Decir que en este grupo las guitarras aparecían ocasionalmente y muy concentradas en partes de canciones, ya que el sonido principal se basaba en los teclados, el bajo de Paul Webb y la batería de Lee Harris. La canción está formada por subidas y bajadas de la intensidad y tras alcanzar un punto álgido, la calma vuelve de la mano de Mark Hollis susurrando el título de la canción. Tras este más que aceptable inicio de disco, se da paso al primer tema que demuestra realmente la elaboración y refinamiento de la formación que hoy tributamos. “Such a shame” fue igualmente single del disco, pero a diferencia de “Dum Dum Girl” y junto a la canción título del álbum, es el que supone uno de los momentos imprescindibles y memorables de la historia de la banda, extraídos de la genialidad de lp que hoy analizamos. El corte comienza con un minuto instrumental compuesto a base de una latente y sencilla percusión acústica, sobre la cual revolotean misteriosos sintetizadores y sonidos de teclados, a ratos enrevesados, que generan una tremenda aureola de misterio. Tras esta excepcional intro, Mark entra con su abatida voz para entonar un tema bastante pesimista líricamente hablando. Las programaciones y teclados utilizados en esta canción, superpuestos unos a otros, crean un complicado y elaborado tejido de sonido al alcance muy pocos grupos techno de la época. Igualmente, el dúo rítmico formado por Harris y Webb, con su batería y bajo respectivamente, da fuerza y corpulencia a las canciones de la banda, desempeñando un papel muy importante, sobre todo en lo referido a sus 3 primeros discos. “Renée” continúa el disco. Esta canción es uno de los temas más lentos que se incluyen. Muy destacable es la melodía creada en el estribillo a base de unos agudos teclados. La languidez tan característica de la voz de Hollis, tiene aquí uno de sus mejores ejemplos. La desesperanza transmitida por la personal voz de Hollis, está muy acompasada nuevamente en la letra. Mark se dirige a la protagonista de la canción, haciéndole ver como malgasta su vida en la actualidad, visto en frases tales como “como mueren las semanas” o como la ha ido desperdiciando desde su juventud: “Nena, fue la mejor parte de tu juventud una sensación, sí, es un cambio, nunca pensé que acabaría engañándote”. Actualmente Renée “vive en sueños desvanecidos”. El final de la canción es tremendamente decadente, quedando únicamente el, en esta ocasión, lento bajo de Paul y una sencilla percusión de Lee que ayudan a un Mark Hollis que termina el corte diciendo “me estoy burlando de ti”. Los teclados utilizados de corte melancólico, ayudan a que nos encontremos con una de las canciones más introspectivas de los primeros discos de la banda y nos enseña el camino que el grupo seguiría en sus últimas obras. Me permito advertirles que estamos ante una de esas “joyas ocultas” que yo suelo decir. Tras “Renée” y la calma y decadencia que nos ha dejado, se da paso al clásico por excelencia del disco y que con mucho acierto titula la obra. “It’s my life” es el tema pop que nos regaló la banda. Unas sencillas notas de teclados, aunque de sonido ampuloso y solemne es quizás lo que mejor define a esta canción. La línea de bajo de Paul Webb es trepidante a lo largo de toda la canción. En esta ocasión Lee Harris no tiene tanta importancia al mando de la batería y sobre todo se da importancia a las distintas líneas de teclados y programaciones. Mark Hollis canta con rabia dando el perfecto lucimiento a versos como “Me pregunto qué bien haces, me convencí, es mi vida, ¿acaso te olvidas?, es mi vida, nunca termina”. No hará muchos años, el grupo de la señorita Gwen Stefani No Doubt, hizo una más que aceptable versión de esta canción. Si la escucharon y les gustó, les recomiendo que acudan al original y se deleiten como se merece. Como ya he reseñado al comienzo de la revisión, los primeros 5 cortes del álbum son excepcionales y para terminar este combo, se nos presenta “Tomorrow started”. Tengo entendido que en Alemania también fue editada como single, pero no estoy seguro. Estructuralmente la canción se compone de 3 partes gemelas que se repiten cíclicamente y que cuando se da paso de una a otra, al parar todo el sonido de golpe, te da la impresión de que la canción ha terminado, pero en 2 de ellas no es así y simplemente se tratan de falsos finales. En lo que al sonido se refiere, este tema es muy parecido a “Renee”. Nuevamente el abatimiento vocal de Hollis alcanza sus cotas más elevadas, y la melancolía de los teclados utilizados, sumados al ritmo pausado del corte, confieren a la canción de un regusto de tristeza y suave decaimiento que puede convertirse en la banda sonora perfecta para un ocaso del mes de octubre. Líricamente hablando, la canción trata nuevamente, al igual que lo hacía “It’s my life”, de reproches dirigidos a una persona a la que se ha estado vinculado sentimentalmente. El sacrificio de lo de uno en favor del otro visto en versos como “Dije estar equivocado cuando tenía razón y en ocasiones he estado seguro” para que finalmente todo lo que se ha hecho “no parezca servir de nada”. “Tomorrow started” es una canción que viene a demostrar las líneas de sonido que va a continuar el grupo en un futuro, que presentarán una mayor relevancia de las partes instrumentales, ya que en este tema nos encontramos frente a una larga introducción instrumental, que incluso en el disco en directo “London 1986” es mayor si cabe. Tras este espectacular comienzo con el bloque de canciones descrito pasamos a una parte más ecléctica. “The last time” tiene un carácter agridulce conferido principalmente por los teclados que rodean al estribillo “Dejen que el show empiece por última vez”. Esta canción es un nuevo ejemplo de la complejidad en la elaboración instrumental de las canciones y la combinación de varios elementos en la confección del tejido. Igualmente sirve para que la continuación del álbum, materializada en “Call in the night boy” alcance un nivel mayor de intensidad. “Call in the night boy” es como un ejercicio previo o ensayo para la pluscuamperfecta “Living in another world” que formó parte del siguiente disco de estudio y podemos considerarla prima hermana de la misma. Tras este tema, se da paso a la inocente y semiacústica “Does Caroline know?” que nos regala el momento más exótico del disco y quizás menos acorde con el conjunto global de la obra. No obstante, es uno de los instantes de contrapunto que sirve para que el oyente se relaje ante tanta intensidad emocional y enrevesamiento de instrumentos. Mark Hollis habla nuevamente de las relaciones de pareja y de intentar “olvidar nuestros errores y hacerlos dejar atrás”. Para cerrar esta perfecta composición se nos coloca otro tema enérgico. “It’s you” supone un momento de catarsis vocal para Mark Hollis. Se trata de uno de los temas más accesibles del álbum y con unos sonidos menos extraños en lo que a los teclados se refiere.

Este disco supone el comienzo de la madurez compositiva de la formación, que alcanzó su cota más elevada en el siguiente disco. Por desgracia, actualmente es casi imposible encontrar en alguna tienda este álbum nuevo a estrenar, ya que si no está descatalogado poco le faltará, aunque de vez en cuando he llegado a ver las remasterizaciones de otros discos de la banda, que cual Guadiana, aparecen por algunas tiendas en unas temporadas y luego desaparecen para volver a aparecer pasado un tiempo.

El bloque duro formado por las 5 primeras canciones, ya he dicho que valen por sí solas el resto del disco, aunque tampoco hay que menospreciar a las 4 restantes. Es un disco que supone una experiencia muy intensa emocionalmente, por el tono melancólico que destila apoyado principalmente en la excelente languidez vocal (nunca me cansaré de repetirlo) de Mark Hollis, y que a la par nos regala un conjunto de canciones ricas en variedad de sonidos y matices conseguidos a través de las posibilidades que dan los teclados. La portada tiene una gran belleza plástica, se compone de dibujos de personajes plasmados en piezas de puzzle que se asemejan a pescadores y un mar de color morado asemejando un atardecer.

“It’s My Life”, para disgusto de la casa de discos, no respondió a las expectativas generadas en tanto a ventas, e hizo que la discográfica mirara con cierta desconfianza al grupo y que tuvieran ciertas reservas de presupuesto para la elaboración del tercer disco de estudio. En 1986 se editó finalmente “The Colour Of Spring”, que tuvo una gran aceptación y que supuso el mayor éxito comercial de la banda. Ante este hecho la compañía de discos se congratuló definitivamente, la cual para el 4º disco de la banda no puso límite de presupuesto. Curiosamente la banda evolucionó a un sonido experimental, jazzistico, del cual ya se habían intuido pequeñas muestras, que estaba fuera del alcance de las grandes masas y que evidentemente supuso un descalabro en ventas. Tras “Spirit of Eden” de 1988, la banda editó en 1991 el disco gemelo del anterior “Laughing Stock” (ya con otra discográfica) y tras este álbum se separaron definitivamente.

En 1998 Mark Hollis editó un disco en solitario que siguió la tradición de las 2 últimas entregas de su banda y que era parte contractual con la última discográfica con la que firmó Talk Talk. Tras el lanzamiento de este disco Mark Hollis se difuminó en el horizonte musical. No tengo ninguna noticia de él o de actividad suya relacionada con la música en los últimos 10 años. Los rumores que se extienden por la red apuntan a que está completamente aislado y retirado del mundo de la música. De Paul Webb, el bajista de la formación, he oído que ha realizado alguna colaboración con algún proyecto musical. De los otros componentes de la banda, el batería Lee Harris o el teclista, productor y componente moral del grupo Tim Friese-Greene, no sé absolutamente nada, al igual que pasa con el frontman de la banda.

Talk Talk son unos grandes desconocidos para el gran público. Es un grupo excelente que no fueron del todo comprendidos en su época y que están injustamente olvidados en la marea más profunda de la historia de la música. Como acicate para algún escéptico a la hora de abordar el disco o cualquier trabajo de la banda, les diré que el genio musical y ex-miembro de Depeche Mode, Alan Wilder, les considera uno de sus grupos favoritos. Igualmente les diré que gente que no es precisamente aficionada a este tipo de música, se han deleitado al escuchar alguna que otra canción de la banda. Espero que todo lo escrito hoy, les anime a hacer lo mismo que hice yo hará ya 6 años y medio y se animen a darle una oportunidad a Talk Talk, ya sea comprando el disco o simplemente utilizando cualquier programa de descarga de música. Me alegraría que les gustara. ¡Ah! Antes de terminar, una última cosa: si alguien ve a Mark Hollis, le rogaría que le salude de mi parte y que le diga que se le echa de menos.
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miércoles, 6 de agosto de 2008

1987 Fleetwood Mac - Tango In The Night

Con algún día de retraso en relación a lo que avisé en el anterior artículo con respecto a la fecha de publicación de la presente entrega, aquí estoy de nuevo. Igualmente comentarles que hasta el sábado 16 de agosto no habrán novedades. Tras esta breve justificación, entremos en materia.

A mediados de los años 80 Fleetwood Mac, tras haber sufrido diversas variaciones en su composición y tras una dilatada trayectoria discográfica que les había hecho consolidarse como una de las bandas más solventes, elaboradas y de calidad del panorama del pop/rock, editó lo que gran parte de la crítica musical opina que es su “canto del cisne”: su álbum “Tango In The Night”, obra maestra que hoy revisaremos.

Desde el lanzamiento del disco “Rumours”, la formación parecía haberse estabilizado, habiendo quedado de la siguiente manera: John McVie al bajo, Mick Fleetwood a la batería, Lindsey Buckingham a la guitarra y voces, Stevie Nicks como cantante y Christine McVie o Christine Perfect, como prefieran llamarla, como teclista y vocalista igualmente. La banda, con los componentes enumerados, había editado excelentes trabajos como el mencionado “Rumours” y el disco “Mirage”, predecesor del que hoy nos atañe. De la parte sentimental que rodeaba a la banda y los escarceos e historias amorosas que existieron dentro de la misma, no les voy a hablar por 2 sencillos motivos: primero porque aquí nos atañe principalmente lo musical, aunque siempre se pueda comentar (y de hecho comentamos) alguna cosa de forma anecdótica, y segundo porque ahí hubo tantos líos, que yo creo que no se aclaran ni ellos mismos.

En 1987 habían pasado 5 años desde el lanzamiento del anterior disco de estudio y en mitad de una década tan confusa musicalmente y con tanta variedad de estilos musicales, había dudas hacia donde podrían virar Fleetwood Mac para adaptarse a los nuevos tiempos. El resultado fue un disco rico en diversidad de estilos. Canciones pop, cortes con tintes enigmáticos y misterio, baladas, rock y sonido acústico, se agrupan en un disco imprescindible y por otro lado, despreciado por un sector de los seguidores primigenios del grupo.

El disco abre con la rockera “Big love”, cantada por Lindsey Buckingham y apoyada de forma sublime en el magnífico tandem rítmico que suponían Mick Fleetwood en su batería y John McVie con su bajo. Lindsey alterna la contención con el histrionismo en la parte vocal mientras “busca amor, gran gran amor”. Los arreglos de teclado por parte de Chistine McVie en la retaguardia, le confieren el clásico sonido místico que tiene gran parte de las canciones de la banda, sumándose a ello los coros que también aporta. El videoclip que ayudó a la promoción de la canción, es una sucesión de escenas protagonizadas por los componentes del grupo, que tiene algún momento hilarante, como el que supone ver a Lindsey levitando o flotando. Al final del clip se produce el rápido retroceso de todas las imágenes para finalizar en una instantánea de un primer plano del rostro de Lindsey en plan más que desafiante. Tras el frenesí de esta canción y la elaborada instrumentación de la misma, se da paso a un corte más clásico. Los teclados con los que se abre “Seven wonders” y el sencillo redoble de batería de Mick dan paso a una de las más bellas baladas compuestas por la banda. La desgarrada y rota voz de Stevie Nicks nos lleva a lo largo de versos preciosos como “hace tiempo en un cierto lugar y en un cierto momento tocaste mi mano...” o “porque es difícil encontrar a alguien con esta clase de intensidad…” y un estribillo enigmático que viene a decir cosas como “nunca volveré a vivir para comprobar la belleza de nuevo”. La sencillez de la guitarra del sr. Buckingham, que añade unos claros y cristalinos acordes entrelazados con los excelentes y fantasiosos teclados de Christine McVie, hace que la canción tenga un halo muy especial y entrañable. Estamos ante uno de los mejores temas de la historia de la banda. El video de la canción nos regala momentos realmente graciosos con las muecas y gestos por parte de Mick y de Lindsey, e incluso se puede apreciar algún momento “tierno” entre Stevie y Lindsey, por raro que pueda parecer. Para cerrar la apertura del disco nos encontramos con otro de los sencillos extraídos del álbum. “Everywhere” se escuda en el bajo de John y la batería del siempre aplicado Mick Fleetwood, todo ello sustentado desde la retaguardia por los inestimables teclados de Christine, a la que también le corresponde el lucimiento vocal del tema. La contención vocal y la dulzura de Christine hacen que la canción adopte un cariz de fantasía, acompañado en algunos momentos con lejanos coros por parte de Stevie. Sin lugar a dudas, estamos ante otro de los momentos inolvidables que nos ha dejado para la historia la obra que hoy revisamos. Líricamente hablando la canción vuelve a ser otra balada, con un estribillo muy sencillo “quiero estar contigo en cualquier lugar” y que abre con unos versos tan exquisitos como “¿Puedes escucharme decir tu nombre? Sabes que estoy cayendo y no sé qué decir, hablaré un poco más alto, incluso gritaré…”. Los teclados en el estribillo dan un fuerte aplomo y solemnidad a la canción y los que vienen después son los que dan a la canción ese carácter como de cuento de hadas, que tan característica la hacen. Tras esta alternancia vocal que nos hemos encontrado hasta el momento, ya ha llegado el momento de que alguien repita. Para “Caroline” nos volvemos a topar con Lindsey en la dirección vocal. Empieza con una parte de percusión a cargo de Mick, para luego dar paso a la guitarra que introduce a Lindsey. En el estribillo, hace nuevo acto de presencia la, en este caso, tosca percusión de Mick, que con los habituales teclados de Christine dan cuerpo de fondo a la canción. Este estribillo tan marcado, en el que se repite el nombre de la protagonista de la canción, hace que la pista adquiera una gran fuerza. Algunos coros por parte de Christine en la parte final, intentando sobreponerse a la agresiva percusión, dan por finalizado el corte. Tras “Caroline” nos encontramos con el tema que da título al disco. La enigmática “Tango in the night”, corre vocalmente de nuevo a cargo de Lindsey. El corte empieza lento con sonidos enigmáticos acompañados con unos rasgueos cristalinos de guitarra, para posteriormente violentarse notablemente tanto en lo vocal como en lo musical, sobre todo en la parte de guitarra y batería. Tras este primer momento de intensidad volvemos a una “falsa” calma ya que por detrás se nota de forma latente que nuevamente el tema volverá a romper en rabia. Un tema realmente elaborado con subidas y bajadas de intensidad, y una de las muchas cosas que merecen la pena que nos tiene reservado este disco más allá de sus magníficos singles. Mención especial merece la parte final con el solo de guitarra de Lindsey, que es desgarradora y abrumadora. Tras esta mezcolanza de intensidad y misterio otorgados por “Tango in the night” pasamos a un corte mucho más relajado, con Christine McVie llevando las riendas vocales nuevamente. “Mystified” suena inocente y juguetona. De forma inofensiva, vuelve a tratar de los sentimientos y del amor, o mejor dicho del enamoramiento. Los teclados de fantasía de Christine y la mesura rítmica en esta canción a cargo de Mick Fleetwood y John McVie, e incluso la sosegada guitarra de Lindsey Buckingham mediada la canción, hacen que nos repongamos de la sacudida (en el buen sentido de la palabra) que nos supuso la canción que la precede. La sra. McVie no dejará el mando en la siguiente canción. “Little Lies” es otra canción inmortal que nos ha dejado este álbum. El sonido, aunque supongo que ayudado por el videoclip, está envuelto por un carácter sumamente bucólico. Aquí Stevie Nicks aporta unos excelentes coros en el estribillo. Las “pequeñas mentiras, dulces y pequeñas” son un verdadero regalo, aunque personalmente me quedo antes con “Everywhere” o “Seven wonders”. Tras este representativo single, nos damos de frente con otro single, pero quizás el que menos relevancia tuvo, tanto es así que el videoclip del mismo es un collage de imágenes de familias rurales de Reino Unido y de fragmentos del video de “Seven Wonders”. “Family Man” empieza realmente rítmica con una perfecta conjunción teclado-batería-bajo y con Lindsey con contención en lo vocalmente referido. En los estribillos el “soy lo que soy, soy lo que soy, un hombre de familia” es una conjunción vocal con la parte femenina del grupo. Es uno de los temas más bailables del disco, y vagamente nos puede recordar a “Everywhere” instrumentalmente hablando. Para el siguiente corte Stevie entra por la puerta grande, como casi siempre suele hacer debido a su rasgada voz. “Welcome to the room… Sara” es un corte lento que está cercano al sonido que Stevie creó en su disco en solitario “The Other Side Of The Mirror”, contemporáneo del que hoy analizamos. La guitarra y los acordes de Lindsey abren la canción para que dé paso a Stevie, la cual comparte protagonismo en el estribillo con su “querido” Lindsey Buckingham, el cual roba algún que otro verso igualmente ya avanzada la canción. Es un tema lento, una preciosa balada que está hecha a la medida de la interpretación de la señora Nicks. Tras esta balada de corte clásico, nos encontramos con la frenética “Isn’t it midnight”, dirigida por Christine. La guitarra entra con violencia y sonido rockero, en la parte del estribillo los teclados de Christine toman el relevo a la guitarra dando al corte una sensación de prisa y aceleración. Un corte bailable y un rock/pop por el que muchos grupos hubieran matado. Ajustado perfectamente a la década en la que se editó, estamos ante una de las sorpresas más agradables que te puedes encontrar cuando escuchas el álbum por primera vez, sobre todo si la escucha viene motivada por el conocimiento previo de los 4 singles “bandera”: “Little lies”, “Seven wonders”, “Big love” y “Everywhere”. Lindsey, aparte de conferir el toque rockero con su guitarra, también en la parte final del estribillo secunda de forma más que correcta a McVie entonando alguna frase de la letra. Tras el vibrante ritmo de esta canción, se nos da paso al tema más lento del disco. La balada “When i see you again”, sentida en la letra y en el lento y acústico sonido de la guitarra, supone un nuevo momento de lucimiento para Stevie Nicks. En este tema la voz rota de Stevie es imprescindible, ya que no me la imagino entonada por Christine y mucho menos por Lindsey. Para cerrar esta obra maestra, esta joya que nos regaló en 1987 Fleetwood Mac, se coloca “You and i part ii”. Es como un alegre fin de fiesta a una larga noche de celebración por la que has pasado por varios momentos y estados de ánimos, que no son otros que los que te ha conferido el disco con sus canciones. Un corte desenfadado cantado a dúo por Christine y Lindsey. La guitarra suena saltarina, los teclados alegres, la parte rítmica es rítmica al cuadrado, valga la redundancia. El disco no quiere dejarnos con el carácter amargo y dolido que daba “When i see you again” y para esto se coloca aquí este desenfadado tema para que se termine con una sonrisa y con ganas de pasarlo bien.

El conjunto de canciones que supone “Tango In The Night” supone uno de los discos más refinados de la década de los 80. El buen gusto y la elegancia ya se aprecia de primeras en el título del disco sin necesidad de ir más lejos. La labor corrió a cargo de una de las formaciones que ya venían consolidadas de la década anterior y que ya había alcanzado su madurez compositiva. Como curiosidad, mencionarles que este disco fue justamente nominado a 3 grammy y que injustamente no se llevó ninguno (cosas de la industria discográfica). La portada del disco es un bello cuadro, que representa un lago flanqueado por árboles y un ocaso, todo ello en concordancia con lo que contiene en su interior, en lo que al sonido se refiere.

Como habrán podido comprobar al leer la revisión de cada una de las canciones, el disco no tiene fisuras y carece de temas flojos. Fleetwood Mac para la ocasión, decidió acercarse al sonido pop de la década, sin que ello supusiera una bajada de pantalones o una merma de la calidad de sus entregas musicales.

Este disco supone el “adios” de Fleetwood Mac, a lo que es el éxito comercial. No obstante, la calidad de la música persiste en sus entregas posteriores. Tras este disco, los componentes continuaron con sus proyectos en solitario, y el grupo parecía más disgregado que nunca. La actividad de la banda a partir de este momento se vuelve inconexa, perdida en el tiempo y siempre se producirá de forma puntual. Más tarde se editó el disco “Behind the mask”, que no tuvo muy buena acogida, y con algo más de expectación, hará cosa de un lustro, la formación que grabó el disco hoy analizado, a excepción de Christine McVie, dieron forma a “Say You Will”, último disco de estudio de la banda.

El disco hoy presentado es apto para todos los públicos. No se precisa ser seguidor de la banda para apreciarlo y acceder a él. Quizás es la mejor forma de iniciarse en la banda como alternativa a los recopilatorios que existen de la banda. Más adelante ya tendrán tiempo de adentrarse en “Rumours” e incluso entregas anteriores. Habrán podido deducir que es un disco de escucha tranquila. No se preocupen, ya llegaremos a momentos en los que revisemos discos más enrevesados, difíciles e inquietos. Ahora simplemente disfruten del pop/rock de tan excelente nivel que siempre nos aportaron Fleetwood Mac.
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