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sábado, 28 de marzo de 2009

22-03-2009 Concierto The Killers. Madrid

Más de algún seguidor del blog habrá pensado desde hace un tiempo que eso de “crónicas de conciertos” era una mera patraña, debido al tiempo que hace desde el último post al respecto. Casi siempre, el invierno suele suponer un parón en lo que a actividad conciertil se refiere, y este año no ha sido una excepción. No obstante, la llegada de la primavera la pasada semana, aparte de la maldita alergia, trajo bajo su brazo el concierto de The Killers en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, con lo que hoy tienen ración doble. Confío que sea de su agrado.

Allá por comienzos de noviembre del año pasado, estando un día conectado a internet, y con motivo del lanzamiento inminente del nuevo disco de la banda de Las Vegas, me dio por meterme en la red y buscar información sobre la posible gira de presentación del disco. Debido a que en 2006 se anunció rápidamente el concierto del 11 de noviembre de aquel año en Barcelona, pensé que ahora pasaría lo mismo.

Estando con uno de los amigos que suelen venir a conciertos conmigo, vimos que había concertada una actuación en la sala Pachá de Madrid para el viernes 14 de noviembre. Al entrar al link para comprar las entradas ponía que se habían agotado… Decepción al canto, ya que era miércoles y habían salido a la venta el lunes… Tocaba resignarse y esperar a un caro festival veraniego para ver al grupo. Resultó que pocas horas antes de la celebración del concierto, se anunció la cancelación del mismo por enfermedad de Brandon Flowers.

La esperanza volvía a nuestros seres y se concretó en la incorporación de una fecha en Madrid en el Palacio de los Deportes de la Comunidad, anunciada a bombo y platillo en portada del diario gratuito ADN, a la par que en Barcelona se ampliaba aforo de la sala Razzmatazz al Pabellón Olímpico de Badalona. El precio se fijó en 39 euros y el acecho para enterarnos del día de puesta a la venta de los tickets estuvo acorde a las circunstancias del frustrado concierto en Pachá y la volatilidad de todo el papel en pocas horas.

Habiendo conseguido la entrada a las 2 horas de que saliera a la venta el pasado 16 de diciembre, la espera se ha hecho lo más llevadera posible, en parte debido al número de novedades discográficas que ha habido en los últimos meses (Bruce Springsteen, U2, Morrissey, Franz Ferdinand), y eso ha hecho que no estuviera muriéndome de impaciencia porque llegara el día “D”.

Recuerdo que cuando les hablé de “Hot Fuss” allá por octubre de 2008, todavía no había salido al mercado “Day & Age” y lo único que conocía era “Human”. A medida que les vaya comentando el concierto, aprovecharé para hacerles una revisión de las canciones que tocaron, sin que esto sea óbice de que en un futuro afrontemos su análisis formal. Ya tuvimos la oportunidad de ver el concierto de The Killers en el Pepeworld Festival en la Plaza de toros de Las Ventas de 12 de junio de 2007, compartiendo cartel con Triángulo De Amor Bizarro, Zeno & The Stoics, Kasabian y Smashing Pumpkins. No sé si les referí que The Killers fueron los triunfadores absolutos de aquella noche de martes, con apenas una hora de actuación. El directo fue arrollador e impecable, por lo que había ganas de ver de nuevo a Flowers y sus compañeros y apreciar su evolución tras casi 2 años. Aquí les dejo una de las fotos menos malas de aquella noche, ya que debido a la hora de comienzo del festival y el sol abrasante que había, decidimos ver las 2 primeras actuaciones en tendido de sombra y bajar para Kasabian cuando ya había mucha gente congregada en las primeras filas, por lo que la calidad de la imagen no es nada del otro jueves.
En esta ocasión, con mis 2 habituales compañeros en los últimos años de grandes citas musicales a mi lado, llegamos a la Plaza de Felipe II poco antes de las 16.30h. Para entonces ya había un núcleo importante de gente esperando y según mis cálculos estimé que podríamos aspirar a estar en una 6ª fila aproximadamente. La gente estaba sentada en la plaza haciendo cola, tomando algo tranquilamente, pero la policía local, como nunca había pasado en otros eventos en la zona, se afanó en fastidiar a la gente que pacíficamente se tomaba una cerveza en lata, obligándoles a vaciar el contenido de la misma. Inaudito… Por nuestro lado, y haciendo uso de una denunciable conducta habitual en buses y metros de poner el altavoz del móvil con tu música, puse algunas canciones del grupo en mi teléfono, sin que en esta ocasión molestara a la gente; más bien los que estuvieron a nuestro alrededor, disfrutaron de ello como una especie de precalentamiento.

Las puertas se abrieron un poco más allá de las 19h. Por nuestro lado, no nos tomamos el paseo hasta el pie de pista de la forma histérica que a lo mejor en otras ocasiones habíamos empleado para estar más cerca. ¿Recuerdan eso de estar cerca de las vallas y que te toque un pazguato de seguridad restrictivo enfrente…? Pues eso mismo. Con lo que tras las correspondientes carreras de las miles de adolescentes que se dieron cita, llegamos a conseguir una fila 12ª; eso sí, teniendo en cuenta el apretón y la agonía extrema de la gente, en otro concierto podría equivaler a una 8ª.

El aperitivo vino de la mano de Louis XIV. Un grupo amigo de The Killers, demostrado en el hecho de que Ronnie Vannucci subiera en una canción a tocar… ¡la guitarra! La banda se mueve dentro del rock enérgico actual. Podrían recordar vagamente a una mezcla de los Franz Ferdinand de los 2 primeros discos, con un pequeño regusto de Kasabian. Su actuación duró alrededor de media hora y no dejaron mal sabor de boca.

Tras el correspondiente acondicionamiento del escenario a los gustos de los chicos de Las Vegas, unos minutos pasadas las 21.30h se dio paso a la cuenta atrás, que se recreó en el mural de bombillas que servía de telón de fondo para la banda. Pasemos ahora pues al análisis de lo que realmente importa, tras comentarles la parte previa de la experiencia vivida.

Vayamos por partes, y antes de nada aclararles un punto: en este blog, como habrán podido comprobar, las revisiones semanales de discos, se centran en obras que desde mi punto de vista merezcan la pena. Ya referí hace tiempo, que sobre discos malos de momento no tengo pensado hablar. Sin embargo, el apartado de los conciertos es distinto. Aquí evidentemente se pueden entrecruzar aspectos positivos y negativos, más allá de que el grupo te guste; y también puede darse el caso de que esos detalles sean inherentes al grupo o no. En la parte de conclusiones verán pues un resumen de lo destacable y lo mejorable que iremos comentando desde ahora. Igualmente, también les intercalo algunas fotografías que un servidor de ustedes hizo del espectáculo.
La banda decidió iniciar el concierto sorprendentemente con “Human”. Desde mi foro interno, y visto el perfecto inicio de disco de “Day & Age” de la mano de “Losing touch”, un corte acongojantemente épico y con un fuerte carácter de perdedor melancólico en su letra y la forma de cantar de Brandon, me sorprendió que no eligieran dicha canción para comenzar y luego ya de forma lógica dar paso al single de relumbrón del disco. La gente, rondando los 20 años en su mayoría en las primeras filas, enloqueció y la intensidad y energía que se sentía alrededor era abrumadora. Brandon apareció en escena ataviado con una de esas americanas de hombreras peludas, Mark Stoermer salió con un serio traje acompañado de su bajo y tanto Ronnie Vannucci a la batería, como Dave Keuning a la guitarra, decidieron optar por un atuendo más normalito, compuesto de pantalones y camiseta de manga corta al uso, y en el caso de Keuning acompañado de un chaleco bastante glamouroso. En mi opinión, aquí me encuentro con el primer aspecto mejorable, ya que comenzar un concierto con el single actual que tanto suena en la radio, es un signo evidente de grupo pequeño que no arriesga. The Killers, tras sus casi 5 años de trayectoria, ya está en condiciones de empezar sus actuaciones de forma distinta y más aún cuando tienes a huevo una canción tan perfecta para el inicio como “Losing touch”. Durante todo el concierto no perdí la esperanza de que en un momento u otro hiciera acto de aparición… me equivoqué tristemente. Sin ir más lejos, en la anterior actuación que les vimos, el comienzo fue “Sam’s town” y luego pasaron a “When you were young”. No sé que habrá pasado para que los chicos hayan perdido tan buenas formas en esos momentos. En los primeros compases también se incluyó la conformista “This is your life”. Un medio tiempo del último disco que no deja de estar mal del todo y que sonó bastante bien en directo, con un Brandon imitando unos pasos de desfile militar al comienzo de la pista, que resultaron bastante graciosos.
En la primera mitad se mezclaron combos de canciones de sonido parecido, seguidas de otras parejas de temas de carácter sumamente opuesto. Se contrapone la intensidad y energía de “Somebody told me” y “For reasons unknown” con el pachangueo del último disco con “Joyride” y “I can’t stay”; estas 2 canciones, a mi juicio, son las más flojas de “Day & Age”, y no dejó de chocarme que la mayoría de la audiencia se las tomara muy en serio. Otra pareja unida, básicamente por la satisfacción personal que me reportó, fue la parte formada por la inmortal “Bling (Confessions of a king)” y la estupenda versión de “Shadowplay” de Joy Division, que la banda de Las Vegas grabó para la película sobre la historia del grupo de Ian Curtis que hizo Anton Corbijn, y que por cierto estamos pendiente de ver en los cines de España… El tema que siempre consideré single frustrado de “Sam’s Town”, sonó arrollador como siempre y llegó a erizarme el pelo de los brazos con ese estribillo tan brutal e intenso: “Cuando te ofrecí sobrevivir, me dijiste que ya es suficiente vivir. No me digas que se acabó, ¡levanta!... ¿Cómo sabes que tienes razón si nunca estás nervioso? No está tan mal, no está tan mal”. “Shadowplay” se valió de la iluminación más tenue posible y en el telón de fondo se reprodujeron escenas de la citada película, que a duras penas pudimos discernir al estar tan cerca; supongo que son esas compensaciones que tiene la gente que está alejada del escenario.
La parte central del show alternó canciones del nuevo disco con otros clásicos del grupo. Por ejemplo, aquí se incluyó la perorata (en el buen sentido de la palabra y desde el cariño, básicamente por el atropello vocal del estribillo) de “Spaceman”, introducida por Brandon como una canción que surgió en Panamá (país del que dijo que hasta que no tocó allí, no sabía donde estaba situado… en una revista a pie de dicha frase pusieron “¡… y seguimos para bingo!”). Precisamente Brandon hizo alusión a ello dirigiéndose a la audiencia. Inesperadamente, “Spaceman” fue uno de los momentos más pulcros y mas emocionantes de la actuación. También, en el apartado de contacto con el público, Flowers refirió que el concierto suponía el final de la gira europea, afirmando que no había lugar mejor para cerrar dicha parte de su tour mundial. En otra ocasión, incitó a bailar a la audiencia “aun a sabiendas de que es domingo”.
También estuvo presente en el show “A dustland fairytale”, esa balada tan lacrimosa y sentida que incluye “Day & Age” y que tanto esfuerzo exige a Brandon para que la canción alcance la intensidad que precisa para destacar en ese in-crescendo que tiene su estructura. “Smile like you mean it”, de forma algo chocante se incluyó en esta zona. No entiendo porque no se dejó este primer clásico del grupo para un bis al final del concierto, y se pone en la parte media para que pase sin pena ni gloria; tanto es así, que fue de los momentos en los que el público estuvo menos entregado. Qué falta de respeto ante este inmortal del grupo respecto a la acogida que tuvo por ejemplo “I can’t stay” como antes hemos mencionado.
Antes del parón que realizó el grupo para luego acometer la recta final, tuvieron a bien encadenar 3 bombazos seguidos con “Read my mind”, “Mr. Brightside” y “All these things that I’ve done”. En las 2 primeras, la entrega por parte de la gente fue brutal y sobre todo en “Mr. Brightside”. Sin embargo, fue en la parte media de “All these thing…” cuando Brandon alucinó con la audiencia cuando todo el Palacio de los Deportes entonó el remarcable “Tengo alma, pero no soy un soldado”; casi tuvo que pedir permiso para que pudiera continuar con la canción.
El caso es que tras un breve descanso, el grupo volvió al escenario para hacer de un tirón 4 canciones más, entre las que se encontraba el plato final con “When you where young”, habiendo antes ofrecido algún bonito regalo como “Jenny was a friend of mine” y por otro lado incluir el melifluo 2º single de “Sam’s Town” “Bones”, de la cual ni nos acordábamos en mi grupo. En esta parte final también se dio cabida a la canción protegida de Julian Ruíz del último trabajo de la banda, “The world we live in”; canción que poco a poco, y como me pasó con “Read my mind” en su día, cada vez me gusta más dentro de “Day & Age”.
Y aquí se acabó… ¿Bises? Pues… si quieren considerar esta parte final como un megabis, vale. El hecho es que todo lo que hubo en la parte final con los efectos de fuego y centellas en “When you were young”, se notó que estaba preparado y un bis como tal no tiene reservado esa parafernalia. Yo no les culpo tanto en este apartado, pero sí es cierto que a varios allegados míos no les gustó este detalle.

Tras acabar el concierto y salir sorprendentemente más rápido del recinto que en otras citas en el Palacio de los Deportes, estuvimos divagando para ver dónde podíamos ir a tomar alguna copa para celebrar el evento. Un compañero de trabajo me recomendó un sitio cercano al Palacio, en el que por lo visto había una fiesta del concierto organizada por la casa discográfica y con presencia del grupo; lugar que no conseguimos encontrar. Cuando estábamos en esas tesituras, pasamos por la calle Fuente del Berro, justo al otro lado de la Plaza de Felipe II, en donde había una hilera de mastodónticos autobuses con cristales tintados. También se veía una entrada a las entrañas del recinto, alrededor de la cual había un grupo de unas 15 personas. Al no dar con la cervecería que se nos había recomendado y tras la paliza de tanto rato de pie, decidimos sentarnos en unas escaleras que había al lado. De repente vimos que la poca gente que había por ahí, se acercaba a la puerta y también algún grito contenido. Nos levantamos, nos asomamos y vimos a Ronnie Vannucci, el cual se metió rápidamente al bus. A los pocos segundos y tras la insistencia de algunos de los allí congregados, salió del vehículo y se puso a firmar autógrafos. Para acercarnos a Ronnie, al encontrarnos al otro lado, teníamos que pasar por delante de la puerta. Me dio por mirar y aprecié que una silueta daba un paso lateral para esconderse tras la parte de la puerta que no estaba abierta. Al segundo la silueta salió a luz y resultó ser el bueno de Brandon. De una extrema timidez, pero con gran humildad, concedió un par de minutos a la gente que allí estábamos. Pude intercambiar unas palabras, diciéndole que estaba encantado de conocerle, que había sido un gran concierto, y en tono amable y de buen rollo, le pregunté por “Losing touch”, a lo que me dijo que quizás para el FIB lo preparen. Resultó una persona encantadora lo poco que traté con él. De paso también conseguí una foto con él (ahí les dejo la instantánea, para que no piensen que es un farol). Tras dejar a Brandon, que siguió prestando atención al resto de gente, observé que también estaba allí Mark Stoermer, elegantemente vestido y de una tremenda estatura y corpulencia. También amablemente accedió a fotografiarse conmigo e igualmente cambié algunas palabras con él. Me resulto una persona asombrosamente educada, seria y correcta. De Keuning ni idea; suponemos que tardaría en salir, puesto que nos fuimos y los autobuses, ya con los 3 componentes dentro de los mismos, no habían partido. Tras esta satisfactoria experiencia, cerramos la noche en Huertas para celebrar la tarde/noche con algunas cervezas.
Vayamos a las conclusiones. En lo mejorable está el set list elegido. No crean que me voy a poner estricto diciendo que faltó por ejemplo “On top”, porque siempre un grupo se puede dejar alguna canción que te guste. Siempre pasa. Pero aquí el error es de bulto. Primero en la estructura, ya que colocar “Human” como inicio de show es de grupo pequeño y The Killers ya no lo son. Segundo, la omisión de temas sustancialmente mejores del último álbum como “Losing touch” o “Neon tiger” en lugar de las pachangueras “I can’t stay” y “Joyride”. También la gente se quejó de la duración del concierto. Realmente The Killers solo tienen 3 discos y es raro que un grupo con esa cantidad de trabajos dure más de 90 minutos; pero bueno, supongo que por 2 canciones más en plan bis real no hubiera estado de más y les hubiera hecho quedar como unos caballeros; lo que realmente son.

Lo positivo viene de la percepción que The Killers cada vez tienen un directo más debastador e impresionante. Se nota a pasos agigantados la evolución de Brandon Flowers sobre el escenario, con una cada vez mayor seguridad y destilando un encanto y carisma innegables. Durante la práctica totalidad del show, menos en la versión acústica de “Sam’s town”, en la que estuvo sentado a su piano, no paró de moverse por todo el escenario, subirse a los bafles y bailar cual nervio vivo.

El juego de luces escogido, la decoración con palmeritas del escenario y los cristales a efectos de bola de discoteca que decoraban el teclado de Brandon, también fueron acertados. El sonido del concierto fue estupendo, al menos en la zona en la que estuve. Hay gente que se queja del sonido, quizás hubiera lugares en los que la acústica no fuera tan benévola, pero he de decir, que hasta la fecha no he acudido a un concierto en el que se entienda tan perfectamente la letra por parte del cantante. Otro aspecto destacable, viene de la mano de la perfección vocal de Brandon que pone fin a las especulaciones sobre su capacidad. Simplemente perfecto, ya que ni un solo desafine destacable en un concierto tan enérgico, es digno de elogiar.

Claro, en lo personal conocer a una banda a la que admiras, siempre es un punto a favor y un motivo de satisfacción. Igualitos que sus contemporáneos Interpol cuando vinieron hace un año y medio y tanto Fogarino como Banks pasaron olímpicamente de los 4 gatos que estábamos haciendo cola a primera hora de la tarde… Me da por pensar que si el concierto hubiera comenzado con “Losing touch”, se hubiera sustituido “Joyride” por “Neon tiger” y “Smile like you mean it” hubiera sido trasladada en solitario a un bis final, estaríamos hablando de un concierto pluscuamperfecto. No obstante la actuación global se puede calificar de notable, básicamente por la entrega del grupo, principalmente de Brandon y también Ronnie desde su batería y las poses guitarreras de Keuning. Stoermer permaneció en su posición de bajista, sumamente concentrado en sus tareas y dando un perfecto resultado sonoro.

Conclusión: The Killers, salvo pequeñas imprecisiones, arrasaron el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, quedándoseles incluso pequeño. Si se lo proponen, y si Coldplay no se cuida las espaldas, están en disposición de asaltar el trono de reyes del pop/rock actual en dura pugna con Franz Ferdinand. Dentro de una semana toca el turno de los de Kapranos en la misma ubicación y a estas horas todavía voy solo a dicho evento, aunque existe un pequeño resquicio para tener partenaire que espero que prospere. De momento los Flowers, Keuning, Stoermer y Vannucci han golpeado primero. Les mantendremos informados de lo que acontezca con los nocturnos Ferdinand, que vienen muy bien acompañados de Mando Diao. Permanezcan atentos a sus pantallas.
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1984 Thomas Dolby - The Flat Earth

Thomas Dolby es uno de tantos artistas, que sin apoyarse en la base sólida de un grupo que también diera nombre a su proyecto, se lanzó a la piscina musical dentro de la prolífica década de los 80. Su nombre suena al lado de otros artistas como Howard Jones o Nik Kershaw, por citar algunos, y también está considerado como artista de un solo éxito y de poca repercusión.

Y en parte, así es; Thomas Dolby no es un hombre excesivamente conocido a nivel de las masas dentro de la historia de la música. Pero también hay que decir, que la trayectoria de Dolby va más allá de “She blinded me with science” y se mantiene incluso en la actualidad. Para homenajear a Dolby, y también que la ingesta sea ligera, he seleccionado su 2º disco para introducirles al mundo de este peculiar personaje.

Thomas inició su trayectoria en 1982 con el disco de profético título “The Golden Age Of Wireless”. Dentro del mismo se incluía la citada “She blinded me with science”, que acompañada de un delirante videoclip, con Dolby internado en una residencia de científicos chiflados, le reportó cierto eco. Otros momentos reseñables de la obra fueron el single primigenio “Europe & the pirate twins” y la soberbia “One of our submarines”, canción que Thomas dedicó a un tío suyo, tripulante de submarino, que falleció en la nave realizando maniobras.

La imagen que se creó Dolby estaba asociada a la de científico extravagante y algo loco. De hecho en el video de “Hyperactive”, una de las canciones que forman parte del disco que hoy revisamos y la más recordada del mismo, vino a confirmar el efecto con un Thomas algo obsesionado con el psicoanálisis freudiano. Tras esta pequeña introducción, pasemos a la revisión de “The Flat Earth” y la lista de 7 canciones que lo forman.

Si su primer lp se caracterizó por un acusado carácter asociado al techno pop, en su segundo disco, los teclados dejan de un lado el pop más bailable para configurar un trabajo más manierista y refinado. El comienzo, protagonizado por “Dissidents” evidencia una partida respecto a las maneras de “The Golden Age Of Wireless”. El comienzo del corte con ese sonido de maquina de escribir y los coros femeninos tan vitalistas que acompañan a Dolby, proporcionan un enérgico inicio de álbum, pero desmarcándose de las melodías techno pop de la época. Si “Dissidents” nos muestra una vuelta de tuerca y una señal de evolución musical de Dolby, la canción que da título a la obra y que nos encontramos en 2º lugar, vendrá a confirmar la primera impresión. Aquí quiero resaltar que nos encontramos ante una verdadera joya. Es una de esas canciones, de las que ya he hablado tantas veces, que si ustedes se quedan en los recopilatorios y no entran en los discos de estudio, se perderán. Y en este caso, sería una verdadera lástima. Evidentemente, hasta que no me hice con el disco, desconocía esta pista de casi siete minutos de embriagadora duración. Un servidor de ustedes, había escuchado poco más que “Hyperactive” del presente disco. Me alegro mucho de haber hecho el esfuerzo de conseguir la obra completa, simplemente por el descubrimiento y experiencia que me ha reportado el tema que lo titula. Profundicemos pues en ella. El comienzo se vale de un inquietante sintetizador a modo de percusión y unas relajantes notas de teclado que lo acompañan. A los pocos segundos, la entrada del bajo y la batería con un ritmo pausado preparan el camino al conjunto de coros y al propio Dolby. Los coros femeninos se complementan con otros masculinos graves, los cuales crean cierto regusto africano, al igual que los efectos de sintetizador del comienzo y la percusión. Dolby, siempre acompañado por esos estupendos coros, sigue un ritmo algo atropellado para desafiar al propio Galileo Galilei: “la tierra puede ser de cualquier forma que quieras, cualquier forma que quieras, oscura o fría, o brillante y cálida, larga, fina o pequeña, pero es mi hogar y todo lo que siempre tuve y quizás por eso para mi la tierra es plana”. Los coros que acompañan esta estrofa que les traduzco, dan una sensación cálida y acogedora a la canción. Es un tema sumamente relajante y que te puede transportar a cualquier sabana africana en una soleada tarde. “The flat earth” está perfectamente elaborada y roza la perfección. Transfiere una calma fuera de lo normal. Si no la conocen todavía… ¿a qué esperan? Es difícil que se alcance un nivel tan alto de excelencia en lo que queda del álbum; no obstante Dolby, cambiando de registro en varias ocasiones, nos regalará otros 5 temas no menos desdeñables. “Screen kiss” sigue en parte la estela que ha dejado “The flat earth”. Estamos ante otro tema relajado, pero que ya se aleja de las influencias africanas utilizadas en su magnánima predecesora. Aquí ya no hay coros, pero sin embargo Dolby cambia su registro vocal de tal forma que abandona su histrionismo habitual, para cantar de forma contenida y nada exagerada, aportando la mesura correspondiente para de momento no encontrarnos sobresaltos. Vagamente nos puede recordar a “Airwaves” de su primer disco. Sin embargo, a continuación “White city” nos devuelve al Dolby más descerebrado y acelerado y nos emula los instantes más bailables de su primer disco al estilo de “Flying north”. Me da por pensar que esta canción pudiera tratarse de un descarte de “The Golden Age Of Wireless” por lo inconexo de la misma con el resto de la obra y lo acorde que estaría incluida en el lp anterior. “Mulu the rainforest” es uno de la interpretación más angustiosa de Thomas en todo el disco y por otro lado el corte más experimental del lp. Como vemos en la letra, no fue Sting el primero que se preocupó del Amazonas en su trayectoria musical. Turno para “I scare myself”. Una canción lenta, serpenteante, cabaretera y bastante hedonista en el proceder de Dolby al micrófono. Me resultó curioso que esta canción la utilizara Pedro Almodóvar, haciendo play-back, en la introducción a una entrevista que en 1985 le realizó Paloma Chamorro en “La Edad de Oro” con motivo de presentar su película “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” y su cortometraje “Trailer para amantes de lo desconocido”. Una canción muy nocturna, con un cierto halo de misterio y un lejano toque de glam. Para el cierre del álbum, se reserva la canción que reconocerán fácilmente aquellos lectores del blog que conozcan a Dolby; para los que no conocen a Thomas Dolby, les sonará igualmente a chino. Sí, hemos llegado a “Hyperactive”, el corte que capitanea el conjunto de “The Flat Earth”. Es una canción tremendamente alocada, con unos excesivos coros femeninos que flanquean a un igualmente desgañitado Dolby. En lo musical, la canción se sustenta en algunas notas de viento trompeteras y un vertiginoso entramado de notas y melodías de teclado. La delirante letra, divaga en la autobiografía de Dolby, en la que habla del tratamiento al que fue sometido como niño hiperactivo y como su raudal de energía terminó canalizándolo a través de la música. Como he comentado en la introducción de hoy, el video es otro ejemplo de la insana locura de Dolby y enfatiza la imagen de extravagante que se ganó a pulso

Es curioso que una obra tan escasa como “The Flat Eath”, compuesta por 7 canciones únicamente, resulte tan variada. Lo normal es que un disco con tan pocos temas, a poco que no te esfuerces, suene monolítico y compacto. Lejos de ello, el 2º álbum de Dolby es un perfecto crisol de distintos estados de ánimo. La portada, de tono grisáceo, incluye una fotografía en la orilla de un río del propio Dolby.

El éxito del disco vino individualmente de la mano de “Hyperactive” que llegó a entrar en el top 20 de singles del Reino Unido. Aparte de ello, en su conjunto no reportó mayor gloria a Dolby, a mi juicio de forma algo injusta. Lo cierto es que tanta actividad y tantos lanzamientos notables en ese año, hicieron fácil que el disco que hoy rescatamos quedara eclipsado.

Dolby a partir de aquí realizaría numerosas colaboraciones y diversificaría su actividad musical, destacando fuertemente como productor. Dentro de sus labores en las mesas de mezclas, es reseñable la producción de los discos más gloriosos de Prefab Sprout. En gran parte, el grupo de Paddy McAlloom le debe a Dolby mucho de la etiqueta de grupo elegante e impoluto que tienen.

Su última aparición destacada fue en 1990 en el concierto en Berlín de Roger Waters, saliendo a escena caracterizado como el profesor de la obra “The Wall” de Pink Floyd. Resulta inolvidable el momento en el que reta a la “alumna” Cindy Lauper, con teclado colgado al hombro, y por otro lado los minutos en los que fue bamboleado colgado de un arnés delante del gigantesco muro creado, en el juicio que dirigió Albert Finney.

Lo más reciente de Thomas Dolby fue el lanzamiento del Cd/dvd “The Sole Inhabitant”, curiosamente una parte de la letra de “White city”, en 2006, que es un repaso en directo a los mayores éxitos de su carrera. Por otro lado se rumoreaba la posible vuelta de Dolby a colaboraciones con Paddy McAlloom. Dolby bien se merece un ratito de atención y “The Flat Earth” tampoco les va a restar demasiado tiempo. Se trata de un conjunto entretenido de canciones diversas que les hará pasar un buen rato. Simplemente por la experiencia de escuchar la canción título merece la pena. Ya me dirán qué les ha parecido. Como siempre, espero que la experiencia les sea gratificante.
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sábado, 21 de marzo de 2009

1986 Peter Gabriel - So

La propuesta musical que desde “Discos, música y reflexiones” queremos poner sobre la mesa esta semana, corre a cargo de Peter Gabriel. No considero que con esta revisión estemos incurriendo en repetir artista; recordemos que unos meses atrás, analizamos la obra “Abacab” de Genesis, pero dicho trabajo corresponde a una etapa posterior en la historia del grupo en la que Gabriel ya no tomaba parte, habíando pasado unos años desde su partida. También hay que decir, que en aquel año Peter ya había consolidado su carrera en solitario con sus 3 primeros trabajos.

Igualmente, el día que recojamos alguna obra de los Genesis liderados por Gabriel, tampoco lo consideraré duplicidad de artista, ya que se aprecia un cambio más que importante con respecto a los Genesis encabezados por Phil Collins. Sacarán en conclusión que cuando aparezca por aquí algún disco en solitario de Collins, consideraré lo mismo. Una vez aclarado esto, pasemos a hablar del hombre que lideró a los Genesis en su primera etapa exitosa.

Mediada la década de los 80 y tras 4 discos en solitario, más alguna que otra banda sonora editada, Peter Gabriel tenía afianzada perfectamente su carrera en solitario, haciendo olvidar casi totalmente a la audiencia generalista su pasado en Genesis. Su mayor éxito hasta el momento había sido su 3er. disco “Peter Gabriel 3” o “Melt”, y a nivel de singles, tanto “Solsbury hill” de su primer álbum, como “Games without frontiers” de su citada 3ª entrega, con colaboración de excepción de Kate Bush, habían conseguido notables resultados.

No obstante, sería en 1986 cuando Gabriel conseguiría su mayor éxito comercial en solitario de la mano del disco que hoy proponemos. Sería la adaptación perfecta de Gabriel a los tiempos, con una acertada promoción a base de unos inolvidables videoclips, que cuadrarían perfectamente en aquella época en la parrilla de la MTV. Nuevamente, la obra contaría con la colaboración de artistas consolidados y otros a los que Gabriel daría su particular espaldarazo. Desgranemos “So” y demos pues con las claves de su triunfo.

El álbum contaría con numerosos sencillos extraídos del mismo, que en la mayoría de los casos conseguirían igualmente importantes logros por sí mismos. Sin poder ser de otra manera, “So” abre con uno de ellos, “Red rain”. El registro más rasgado de la voz de Peter es acreedor de la duración total del corte. En la parte instrumental, destaca el complejo entramado de teclados, que mezcla cristalinas notas con sólidas melodías, desarrollado sobre una potente base rítmica formada por el inquietante bajo y la ampulosa percusión utilizada. En su parte final, “Red rain” adquiere un fuerte tono épico, para posteriormente cerrar de una forma lenta y melancólica. Quizás es una de las interpretaciones vocales más sentidas y serias por parte de Gabriel en toda su carrera. Es curioso que otro de esos ejemplos, lo encontremos unos cortes más adelante en “Mercy street”. El disco podría analizarse por parejas de canciones similares, y ahora toca de una de las 2 canciones claramente pop que contiene “So”. “Sledgehammer” es la canción más recordada de la obra. Acompañada de un delirante videoclip, sumamente elaborado para la época, escogido en algunas votaciones como uno de los 3 mejores clips de la historia junto a “Thriller” de Michael Jackson y “Like a prayer” de Madonna (ahí es nada), el “mazo” particular de Gabriel se dota de melodías juguetonas y un Peter sumamente desenfadado al cantar. La letra incluye versos claramente pop “puedes tener un aeroplano volando si traes de nuevo tu cielo azul, podrías tener un tren de vapor si asientas nuevamente tus raíles…”. Tema pegadizo, descarado y con letra sencillita para convertirse en un perfecto single para la radio y la MTV al acompañarse de tan apañado video. Nuevo cambio de tercio. Gabriel recupera una antigua y ya reseñada colaboración con Kate Bush, para afrontar un dueto propiamente dicho, dando un paso adelante respecto a los coros notables de “Games without frontiers”. Alternancia de estrofa para Gabriel y estribillo para Kate. Por lo que se comenta, la grabación de la pista para la buena de Kate, fue una soberbia tortura, ya que Gabriel, tras 6 grabaciones, no estaba contento con el resultado que la cantante conseguía para su interpretación. El resultado final demuestra que valió la pena tanto esfuerzo, ya que consiguen una sentida balada, confeccionada por el diálogo entre una pareja en la que Kate intenta imprimir esperanza a su figurada pareja, concretada en esta ocasión en Gabriel. De una pasmosa belleza y emotividad resulta el videoclip principal grabado con Kate y Peter abrazados en lo alto de una colina con un eclipse de sol de fondo. Peter se queja en la letra de problemas sociales, de tan rabiosa actualidad como el paro “intentando cambiar difícilmente de ciudad, para cada trabajo, tantos hombres. Nadie necesita tantos hombres”; para compensar la pesadumbre está Kate: “no abandones, todavía nos tienes a nosotros. No abandones, estamos orgullosos de lo que eres… No abandones, porque creo que hay un sitio, un sitio al que pertenecemos”. El final o apéndice final, mejor dicho, con unos ritmos de bajo de reminiscencias africanas, es lo que menos acorde está con toda la canción. “That voice again” me resulta vagamente cercana a “Red rain”, aunque con un sonido más amable; lo cierto es que la instrumentación utilizada y la voz de Gabriel resultan bastante parecidos al tema de inicio. Sin embargo, es uno de los temas más fácilmente olvidables de “So”, con lo que pasaremos a analizar la siguiente canción, que nos reportará otro de los momentos álgidos del álbum. “Mercy street” es una introspectiva y misteriosa canción, con una seria y sentida interpretación vocal de Peter, como ya mencionamos antes. La melancolía va asociada a la letra, en la que se hacen referencias al pasado y la infancia, y la pérdida de aquellos momentos. Antes hablamos de la posible asociación de las canciones de 2 en 2 en muchos casos. Pues bien, el dueto pop lo forma “Sledgehammer” con el corte que nos encontramos ahora “Big time”. Sensiblemente parecida a la horma de su zapato, sobre todo en lo descabellado del clip grabado, aquí el ritmo deriva hacia un sonido más cercano al funky y podría ser un corte fácilmente aplicable a los Talking Heads de la época de “Speaking In Tongues”. Seguimos con los combos de canciones y en esta ocasión vienen seguidas las 2 canciones en el orden de aparición del disco. Llega el momento del experimentalismo de la mano de “We do what we are told (milgrams 37)” y “This is the picture (excellent birds)”. Ambos temas son prácticamente instrumentales, básicamente por la repetición de la letra en ambas. Me quedo principalmente con “We do what…”, tremendamente misteriosa gracias a la percusión y las notas de teclado, y sobre todo con la parte final en la que Gabriel hace acto de aparición con una melancolía extrema para cerrar el tema, tras los repetitivos coros que machacan el título de la canción a lo largo del metraje. “This is the…” es más aséptica en su sonido, y aquí la artista invitada sería Laurie Anderson. El cierre de “So” lo proporciona “In your eyes”, la cual tiene un comienzo espectacular, con una perfecta conjunción de la percusión, los teclados y la entonación cálida de Gabriel en unos versos igualmente acertados: “Amor, me encuentro tan perdido a veces… el tiempo pasa y este vacío llena mi cuerpo… cuando quiero escapar, conduzco mi coche, pero a cualquier sitio que vaya, siempre acabo volviendo al sitio donde tú estás”. En esta canción Peter, como ya referí al inicio, introduce a un por entonces poco conocido Youssou N’dour, que a partir de entonces tendría repercusión a nivel mundial, básicamente también por su otra colaboración con Gabriel en el posterior single promocional del grandes éxitos del artista “Shaking the tree” y por su dueto con Neneh Cherry en “Seven seconds”. Digamos que es quizás mi tema favorito, aunque principalmente por su comienzo y su vuelta a la estructura del comienzo cuando Peter vuelve a decir cosas como “Amor, no me gusta ver tanto dolor…”; simplemente considero sobrecogedora y entrañable el sonido global conseguido en esos momentos. En otros momentos, y quizás en el estribillo, la canción puede resultar algo plana y cambia totalmente de tercio con una fuerte influencia africana de la mano de los coros aportados por N’dour, igualmente válidos, pero radicalmente distintos a esos emotivos compases que les menciono. Forma inmejorable de dar carpetazo al disco.

Reiterar que “So” fue un insultante y aplastante éxito mundial, principalmente gracias a “Sledgehammer”, que como single alegre y pop para todos los públicos allanaba el camino para acceder al disco. Igualmente el resto de sencillos, como la emotiva “Red rain”, la balada “Don’t give up” con el dueto de excepción de Kate Bush, por entonces en la cumbre de su carrera tras la edición de su soberbio “Hounds Of Love”, o la también bailable “Big time”, ayudaron de forma inestimable a la victoria de “So” en su conjunto.

La portada, en la mayoría de los casos con fotos complicadas del propio Peter, suponía la instantánea más clara del propio Gabriel, con un corte de pelo menos arriesgado que en épocas anteriores y con una expresión y unos rasgos que denotaban la madurez que iba alcanzando en lo físico y que en lo personal y compositivo también se apreciaba al escuchar el disco. A partir de aquí, se aprecia un cambio de tendencia en lo que a los títulos de los discos de estudio se refiere. Peter pasa de nombrar sus discos con su propio nombre y el nº de orden del disco en su trayectoria en solitario, más un apodo aparte, a titular sus discos con palabras de 2 letras; más adelante veremos “Us” y “Up”. “So” igualmente en inglés, si se pone antes de un adjetivo significa “tan”, es decir superlativa la cualidad que se refiere. Después de escucharlo, pongan el adjetivo que más les sugiera.

A nivel de productividad, si en los años 80 lo normal era sacar un disco cada año, ya en dicha época Peter tardaba al menos 2 años en sacar nuevo material. Desde este trabajo, Peter irá alargando cada vez más el momento de editar nuevos discos. Pasarían 6 años hasta que “Us” viera la luz y desde este disco hasta “Up” pasaría una década.

“So”, por otro lado no deja de ser un disco, que a pesar de su desaforado éxito comercial y la calidad de sus canciones, crea opiniones polarmente opuestas entre la crítica musical y los propios seguidores de Gabriel. Expliquemos este controvertido aspecto. Por un lado nos encontramos al núcleo que reniega del álbum, y que contraponen dicha entrega al tercer disco de Peter como mejor disco. Por otro lado, nos encontramos a la gente que, sin dejar de admirar trabajos anteriores del artista, considera a “So” un álbum perfecto y muy bien elaborado.

Un servidor se incluye dentro de este 2º grupo citado. Creo que todos los discos de Gabriel son excelentes, y que quizás únicamente “Us” y “Peter Gabriel 2” se hacen algo densos a ratos. Cierto es que “Peter Gabriel 3” es una obra más experimental e innovadora en lo que a sonidos se refiere, y que “So” no aporta novedad alguna, ni pretende avanzar en lo que la evolución de la música moderna se refiere. Lejos de esto, opino que la decisión de Peter Gabriel de no complicarse la vida y simplemente dar forma a unas composiciones muy acertadas, no tiene porque lacrar a “So” de disco vulgar. No vamos a exigir a Gabriel que esté siempre al pie del cañón de la vanguardia y más aún cuando el resultado que nos entrega ralla a tan alto nivel como el que ofrece “So”.
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sábado, 14 de marzo de 2009

1985 Falco - Falco 3

Es un tremendo placer afrontar esta semana la figura de Johann Hans Hölzel. Probablemente esto no les dirá nada. Es seguro que si les menciono su nombre artístico, que no es otro que Falco, les suene algo más. Si todavía la confusión ronda sus cabezas, si les cito la canción “Rock me Amadeus”, es probable que ya haya algo que les haga “clic” en el interior de sus cabezas.

Ha llegado el momento de hablarles de este perfecto caballero austriaco, y probablemente la única estrella verdadera pop que haya salido del país alpino. Apuesto a que a más de uno, como ya he bromeado al comienzo, no le sonará de nada el artista que hoy analizaremos; por otro lado, a los que les suene la citada canción “Rock me Amadeus”, puede que tengan una errónea concepción de que hoy trataremos un fenómeno de los llamados “One hit wonder”. No es el caso. Tras la introducción, pasemos a esbozar brevemente el devenir de Falco antes de la edición de su 3er. disco.

Este gentleman alpino, inició su carrera como cantante de varios grupos vieneses, e incluso como bajista de alguna banda de hard rock de la misma ciudad. No sería hasta 1982 cuando Falco decidió comenzar su andadura en solitario. El single de debut fue un tremendo éxito continental, principalmente en la parte central. La canción “Der kommissar” era un tema que oscilaba entre el funky, el techno pop y cierto rapeo vocal por parte de Falco, compuesto en alemán y que supondría el primer momento inolvidable de la trayectoria del artista.

“Der kommissar” formó parte del conjunto de composiciones que dieron lugar al primer lp de Falco, titulado “Einzelhaft”. Un disco editado en el citado 1982, y que por influjo internacional mostraba un acentuado carácter new wave, sobre todo visto en cortes como el sublime inicio que reporta “Zuviel hitze”. En 1984 vio la luz “Junge Roemer”. Un trabajo que a nivel de Austria y Alemania tuvo una gran aceptación, pero que sin embargo no tuvo mucho eco más allá de dichas fronteras. A destacar dentro del track list del álbum, la canción que le da titulo; un pegadizo corte dance de la época.

Tras estos prometedores inicios, el éxito definitivo de Falco a nivel mundial vendría de la mano de lo que sería su tercera entrega que se editó en 1985, aunque en muchos lugares salió a la venta en 1986, como por ejemplo en Estados Unidos. Cierto es que gran parte del triunfo de “Falco 3” (así de simple sería titulada la obra) corre a cargo de “Rock me Amadeus”, pero la revisión a fondo que hoy abordamos tiene la concisa misión de demostrar que es un disco imprescindible dentro de lo que se creo en los años 80 en su conjunto global, más allá del éxito individual de la canción referida. Pasemos pues como es habitual, a desgranar cada una de los temas que forman parte del disco, para ejercer la defensa de la idea que les expongo.

Ya habiendo hecho obligadas menciones en la introducción sobre el corte que abre el disco, poco más queda decir de “Rock me Amadeus”. Una canción que circunda alrededor del genial compositor Mozart, y que en parte vino asociado al reciente estreno por aquella época de la oscarizada película sobre la figura de este músico clásico. Para la correcta promoción, se grabó un videoclip en el que Falco alternaba su imagen de elegante caballero ataviado con impecables smokings, con otras imágenes en las que iba disfrazado de Mozart y a la vez rodeado de rudos moteros/rockeros. Impagable e hilarante el instante en el que, subido en una plataforma, se digna a repartir partituras al personal. Sin lugar a dudas un video inconfundible de la década de los 80. A golpe de armónicas, hace acto de presencia “America” que cuenta con un acelerado y vital Falco en sus primeras estrofas, las cuales engarza a una endiablada velocidad. Cierta entonación o regusto italiano noto en la voz de Falco; ¿será por la multitud de italianos que hay por Estados Unidos, o es simplemente una percepción errónea por mi parte? Pues no sé qué decir. Alegre corte, que se sirve de unos coros festivos en ciertas partes para tener un carácter aún más desenfadado si cabe. “Tango the night” es una canción algo enrevesada, principalmente por sus incisivas melodías de teclado; quizás puede ser el tema de menor brillo del disco. “Munich girls” es una revisión del contemporáneo corte de The Cars “Looking for love”, de su disco “Heartbeat City”. Falco se sirve de la melodía original en su totalidad, sin variación alguna sobre la misma ni en su sonido, ni en las notas, y lo que hace es reescribir gran parte de la letra. Destaco la emotividad con la que Falco aborda ciertas partes de la canción como cuando dice “Eres tan guapa, tan guapa pero tan tuya, no hay vuelta atrás…”, todo ello alternado con las graves narraciones, tan habituales y profundas del artista, en la parte inicial de la canción. Ahora es momento de encontrarnos con uno de los motivos que justifican la defensa de mi creencia de que “Falco 3”, y Falco en general, no fue álbum/artista de un solo éxito. “Jeanny” es una canción que se inicia con unos delicados teclados, apoyados sobre unas notas de piano aún más gráciles, sobre las que Falco comienza a narrar una historia acerca de una niña que ejerce la prostitución. Al acercarse el final de su introducción, Falco rompe en su otro registro conocido, que no es otro que su impresionante chorro de voz. A la perfección están incluidos unos coros femeninos, con el desgañitado Falco que cantan al unísono el estribillo: “Jeanny, abandona la vida en sueños. Jeanny, la vida no es lo que parece…”. A continuación Falco vuelve a narrar la historia para nuevamente romper en rabia y estallar en una impresionante y emocionante interpretación vocal. Una de las canciones que llegan a poner el vello de punta, no les exagero. La alternancia de tan desbocada y sentida intensidad, con el oscurantismo y melancolía de las partes tranquilas, conforman una estructura de canción perfecta y sumamente épica. La controvertida historia de Jeanny que se plasma en la letra, hizo que la canción fuera vetada en numerosas emisoras. Correspondiente polémica al canto, que acrecienta su leyenda. Como curiosidad, decir que cuando salió recientemente a la luz en la misma Austria el caso del padre que tenía secuestrada a su hija, a la cual había violado durante más de 2 décadas, teniendo varios hijos con ella, la canción se puso de actualidad en Austria nuevamente. “Jeanny” se acompañó de un acertado video con un oscuro Falco ataviado con una nocturna gabardina y un sombrero, cual espía, y que termina desesperado y completamente loco, embutido en una camisa de fuerza en una celda de manicomio, obsesionado con Jeanny. Sobrecogedor. Tras la intensidad de esta canción, se da paso al tercer éxito que reportó “Falco 3”. Es lógico que ahora se nos proponga bailar y animarnos tras la impresión que nos ha causado la anterior canción, por lo que “Vienna Calling” es quizás el corte de pop más clásico y menos enrevesado del disco. Falco siempre se acompañó de unos excelentes coros desde los inicios de su carrera, que podemos ver ya incluso desde “Zuviel hitze”, que abría su primer álbum. Aquí se acompaña de unos coros uniformes estupendos en la rítmica parte del estribillo. Igualmente se grabó un divertido clip en una especie de cafetería, con correspondientes y animadas coreografías, teléfonos de por medio y un Falco como siempre muy elegante, menos en lo que a las bambas blancas (muy a lo Phil Collins en aquellos años, véase “Sussudio”) que combinó con el traje oscuro y camisa roja que llevaba. “Manner des westens” es un tema en parte parecido al anterior, pero con un mayor rapeo vocal por parte de Falco y con una parte de estribillo con unos coros más incisivos. Es otro momento bailable, igualmente válido y excelente. “Nothing sweeter than Arabia” es de las canciones con estructura más atípica y más extrañas que incluye “Falco 3”. Se vale de partes con enrevesadas notas de teclado y un Falco que divaga durante muchas partes, yendo y viniendo. A ratos hipnótica, a ratos histriónica, a ratos misteriosa… la verdad es que no tiene desperdicio. Vuelta al baile de la mano de “Macho macho”. Falco acomete la canción con su registro más rugoso y bruto, sobre todo en la parte final de las estrofas. Aunque la canción comienza con una potente base rítmica con un conjuntado trío de una marcada batería, bajo y guitarra, lo que más se recuerda instrumentalmente hablado, son los marcados teclados que protagonizan la canción a partir del minuto de duración. A parte del vigor aportado por Falco, su forma de cantar resulta también bastante hedonista en varias partes. Para terminar el disco, qué mejor para un galán de la talla de Falco, que una nueva versión, en este caso del “It’s all over now, baby blue” de Dylan. La citada revisión, se vale de ciertos efectos de producción que pueden hacernos pensar de su recreación en un piano-bar de un elegante hotel, gracias a los sonidos de brindis que se escuchan a ratos en la parte final. Falco vuelve a demostrar en esta ocasión que era un excelente cantante, y sin lugar a dudas un todoterreno capaz de conseguir un impagable resultado en cualquier género. Delicioso y romántico final para la obra, y que de paso rompe un poco con el núcleo de pop de baile que hemos abordado desde “Jeanny” y que solo abandonamos en “Nothing sweeter than Arabia”.

“Falco 3” fue el disco de mayor éxito de Falco. Lo que hizo del trabajo una obra de dominio mundial fue, como ya he comentado, el single “Rock me Amadeus”. No obstante, a nivel continental y sobre todo en la parte central de Europa, la polémica “Jeanny” fue otro rutilante bombazo, y ayudó a que el disco creciera más si cabe, al igual que hizo en menor medida el 2º sencillo “Vienna calling”.

Este disco, aunque principalmente deja una clara sensación de baile, es un conjunto bastante variado de canciones, que ejercita varios estilos: country-pop en “America”, balada en “It’s all over now, baby blue”, pop épico en “Jeanny”, experimentalismo en “Nothing sweeter than Arabia” y un sinfín de excelentes canciones de pop en su estado más puro y ochentero. Todo ello jalonado de los peculiares rapeos por parte de Falco, que tan característicos eran de él. La portada es un simple autógrafo del artista sobre un fondo rojo, que enumera algunos de los clásicos que incluye. Una de las principales características de "Falco 3", estriban en la convivencia o mezcla de fragmentos de letras de las canciones en inglés, con otras partes en alemán.

Tras este trabajo, y casi sin tiempo de descanso, Falco sacaría su disco “Emotional”. Un nuevo compendio de canciones variadas, y con una estructura muy parecida a la del álbum que hoy hemos revisado, pero de un nivel de excelencia algo menor. Este comentario no viene a decir que se trate de un disco menor; “Emotional” es un destacable lp, y además de la 2ª parte de “Jeanny”, concretada en “Coming home”, incluye excelentes canciones como la canción título y la magnífica celebración e himno que regala “The sound of musik”.

Quizás “Emotional” supuso el último éxito a nivel internacional de Falco, ya que los siguientes discos de estudio tuvieron repercusión principalmente en su país natal y en la vecina Alemania. En los años 90 Falco editó más bien singles sueltos, como por ejemplo el impagable tema dance “Naked”. En 1997 planeaba lo que sería su regreso con un nuevo disco de estudio. Sin embargo, la tragedia hizo acto de aparición en la vida de este artista total, y en febrero de 1998, cuando estaba en la República Dominicana, Falco falleció en un accidente de tráfico al quedar totalmente destrozado su coche tras chocar con un autobús.

El funeral que se le concedió en su país de origen fue increíblemente multitudinario; para que se hagan una idea, fue parecido al que aconteció en nuestro país cuando falleció Camarón de la Isla. Debido a su pronta desaparición, en Austria su figura está elevada a la enésima potencia y Falco a día de hoy está considerado allí como un semidios dentro del mundo de la música .

Unas líneas más arriba, me he referido a Falco como un artista total. Me explico. No sólo se trataba de un excelente compositor y cantante con una tremenda voz y un perfecto dominio de registros graves y bajos con la alternancia de momentos de fuerte intensidad y altos niveles, sino que Falco además era una actitud y una apariencia impecable; un auténtico caballero tanto en su elegante vestir, como en sus refinadas y galantes maneras.

Me resulta de una gran tristeza que Falco desapareciera a tan temprana edad (40 años) y máxime cuando estaba prácticamente perfilada su vuelta a la música por la puerta grande. Esta afirmación que les hago, se escuda firmemente en lo que fue su single póstumo y, podríamos decir, “autorequiem”, el tema “Out of the dark, into the light”. Una canción, compuesta poco antes de su lamentable fallecimiento y cuya letra está cargada de un fuerte simbolismo asociado a su trágica desaparición. “Falco 3” es un ejemplo de por qué Falco tiene que permanecer a la luz y evitar que caiga en el olvido. Disfruten de esta completa obra, hasta que un futuro volvamos a abordar la trayectoria discográfica de este perfecto caballero austriaco.
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sábado, 7 de marzo de 2009

1983 New Order - Power, Corruption & Lies

Hoy toca otro ejemplo de lo mencionado la pasada semana sobre el orden de aparición de los grupos según mis preferencias. Abordadas ya revisiones de grupos abanderados de Manchester como The Smiths y Oasis, ha llegado el momento de recuperar una de las primeras creaciones de otra banda de la misma ciudad, New Order. Por otro lado me atrevería a decir que incluso se tratara de su primera obra genuina, dentro de lo que sería su sonido habitual, tras la reconversión de lo que fue Joy Division. Expliquemos esta idea que les expongo, con la que iniciamos el artículo de hoy, que de paso nos sirve para revisar los antecedentes a la edición del lp elegido.

De todos es sabido que New Order fue la metamorfosis a la que se vio sometido el grupo Joy Division tras la trágica muerte de su lider Ian Curtis. Los 3 miembros que quedaban, el batería Stephen Morris, el bajista Peter Hook y el teclista y guitarra Bernard Sumner, decidieron reclutar a Gillian Gilbert, como encargada principal de los teclados y sintetizadores, para continuar su andadura musical en común. Eso sí, decidieron cambiar el nombre a su proyecto, en lo que es una evidente muestra de respeto hacia su compañero malogrado.

En 1981 se editó el primer disco del nuevo proyecto, que vino a titularse “Movement”. Un trabajo claramente heredero del oscurantismo, pesimismo y existencialismo que desprendían las intensas obras de Joy Division, aunque si cabe, más siniestro en lo que a su sonido se refiere que las obras de estos muchachos cuando tenían a Curtis entre ellos. Un claro ejemplo de esto, es la canción “The Him” que forma parte de dicho álbum.

No es ninguna locura afirmar que este disco es un claro epílogo de lo que fue Joy Division y una especie de homenaje a Curtis. Evidentemente, este primer lp iba asociado a la dura situación personal que estaban atravesando los componentes de la banda, todavía convulsos por los desgraciados acontecimientos que habían experimentado recientemente. Por esto digo, que el primer disco que va a representar y dejar bien claro el sonido arquetípico de New Order, es el escogido para esta semana: “Power, Corruption & Lies”.

La obra, ya desde su inicio, muestra un cambio radical en el ánimo de sus canciones, reflejado en la alegre “Age of consent”. Para no perder el norte, lo que abre el corte es el peculiar bajo de Hook y a los pocos segundos se incorpora la batería de Morris para crear ese tándem rítmico tan peculiar, que en esta ocasión no nos dejan una sórdida y depresiva impresión, sino todo lo contrario. La voz cáustica y sin matices que Sumner aportó en “Movement” sube unos cuantos registros agudos y adopta una entonación más ondulada y variable. Los teclados de Gilbert, sobre todo en la parte final de la canción, conforman o completan la novedad que New Order mostraban en aquel momento y que ejemplariza lo que será la trayectoria de la banda de ahí en adelante. No obstante, las letras en algunos momentos siguen siendo crudas: “¿Crees que esto pasa todo el tiempo? Un momento crucial algún día degenera en un crimen…”. Esta conjunción de letras poco alegres, envueltas en melodías bailables, será otra de las marcas de la casa de este grupo de Manchester. También podría decirse que “Age of consent” puede recordarnos lejanamente a “Love will tear us apart”, pero con un resultado menos asfixiante y depresivo que transmitía la voz de Curtis frente a la de Sumner. La melodía es bastante cercana en lo que es su parte final, ¿nunca se han parado a pensarlo? “We all stand”, sin necesidad de volver a oscurantismos anteriores, baja el ritmo acelerado, fantasioso y bailable del comienzo. Un instante de calma, que a ratos se nos puede hacer algo pesado. Este impass da paso a otra canción descerebrada y edulcorada como es “The village”. La alegría se confirma como una de las constantes en el sonido de New Order. Los saltarines sintetizadores y el carácter amable y cálido del bajo de Hook, escudan a un Sumner que canta al “sol, los árboles y los pájaros”. Todo suena muy vitalista y es de un claro efectismo luminoso en contraposición con los días teñidos de gris asociados a lo que antes hacían estos muchachos. “5, 8, 6” es una especie de variación de “Blue Monday”, aunque con Bernard Sumner bastante más histriónico que en el megahit mencionado. La canción empieza casi como una prueba de sonido por parte de la formación, hasta que pasados casi 2 minutos, rompe con la melodía definitiva. Ya que lo he mencionado, ¿qué decir de “Blue Monday”? Pues que en algunas ediciones sí que se encuentra como tal en el track list, pero lo que es en el formato original no estaba. No les recuerda un poco a lo que precisamente en ese año pasó con otros chicos de Manchester llamados The Smiths, su primer disco homónimo y su celebérrimo single “This charming man”; quiero decir que en lo que fue el lanzamiento del lp no se incluyó, pero ahora es común encontrar esta canción en la actual edición en cd… pues eso mismo. Poco más que decir de “5, 8, 6”, básicamente porque a continuación se da paso a una exquisitez de la talla de “Your silent face”. La verdadera melancolía, abatimiento, pero esta vez alejado de la depresión extrema, hacen acto de presencia de la mano de unas emotivas melodías de teclado llevadas a cabo por Gilbert y el propio Sumner. A ratos, la concisa letra, llega a ser tajante: “Un pensamiento que nunca cambia, permanece como una estúpida mentira…”. Un estupendo tema sin duda alguna y de los más valorados por los seguidores fieles de la banda. “Ultraviolence” destaca principalmente por la rimbombante y pomposa percusión que lleva a cabo Morris, acuciada por las notas del bajo de Hook. Nuevamente, y tras la monótona (pero excelente y ajustada) interpretación en la canción anterior, Sumner vuelve a soltarse el pelo a ratos, subiendo la intensidad vocal cuando lo estima oportuno. “Ecstasy” es un corte instrumental, ya que las partes “vocales” corren a cargo de vocoders. Bailable ejemplo de los New Order más discotequeros hasta el momento que nos podríamos encontrar. Canciones como esta o remixes de sus temas, harían que New Order fueran descritos por esa frase tan leída por ahí de “una banda de blancos que hacía bailar a los negros”. Dejando estas consideraciones aparte, “Ecstasy” es un excelente tema techno-pop. Un disco tan entrañable, no podría terminar de una forma mejor que con “Leave me alone”. Regreso a las texturas o sensaciones que nos reportó unos minutos atrás la abatida “Your silent face”. En esta ocasión, la letra que va asociada al final del amor, hace que el regusto que nos deje el disco sea sumamente íntimo y melancólico. En la parte instrumental, la melodía entrelazada por el bajo de Hook y la guitarra de Sumner, roza la perfección. Bernard en lo vocal, adopta una mayor contención dejando excesos o puntos álgidos mostrados en otros momentos del álbum. Falta de comprensión: “Malinterpretas estas palabras, siempre, malinterpretas estas palabras, simplemente sonrío”, que nos lleva irremediablemente a un callejón sin salida: “Por estos últimos días, déjame en paz”. Quizás el hecho de que “Leave me alone” dé colofón al disco, hace que la percepción que nos quede sea inferior en alegría la que en su conjunto tiene. Por otro lado, considero correcto su ubicación en el listado por 2 motivos: 1º por lo último referido, es decir, no hacer tan brusco el cambio respecto al lúgubre “Movement” y 2º porque es una composición sobresaliente, y se agradece que un disco termine con un momento inolvidable; esto siempre hace que nos quede un mejor sabor de boca.

Es de dominio público saber que en 1983 el real éxito de New Order fue el single “Blue monday”, lo cual eclipsó definitivamente el lanzamiento del presente lp. Podría decirse que la percepción de este disco puede ser similar a lo que pasó con The Cure y su “Japanese Whispers” del mismo año, aunque no podemos dejar de lado que el concepto del disco de los de Robert Smith era la de un recopilatorio de los últimos singles editados. Lo que sí es evidente es que la gente se quedó más con el éxito individual de “The lovecats”, más que con el citado disco, al igual que lo ocurrido con “Power, Corruption & Lies” y “Blue monday”.

La portada del disco se compone de una fotografía de unas flores flanqueadas por algunas líneas uniformes de colores vivos. Digamos que ya supone una evolución frente a la concisa portada de “Movement”. Eso sí, la contraportada destaca por la ausencia del track list que compone el álbum, lo cual siempre te deja un poco perdido.

Principalmente hay que destacar que con este disco, New Order sentó las bases de lo que serían sus marcas principales de sonido. Se muestra claramente la fórmula que eligieron, para convertirse en una de las bandas que reinaron dentro del panorama techno-pop y música de baile durante los 80 y comienzos de los 90, a partir de la publicación de esta obra. Como pasará con la inmensa mayoría de grupos que hemos repasado y repasaremos, más adelante retomaremos New Order en etapas posteriores y ya profundizaremos en ellas.

Las principales bondades de “Power, Corruption & Lies”residen en que el uso o apoyo del grupo sobre la electrónica, no dejaba de ser incipiente y las canciones no estaban tan recargadas como por ejemplo canciones posteriores; esto hace que, como ya he mencionado antes, el disco destile una carácter sumamente entrañable y una frescura impagable.

Por último, indicarles que este trabajo es uno de los grandes olvidados de la discografía de la banda frente a otras entregas posteriores más populares como “Technique” o su sucesor “Low-Life”. Confesarles que este disco no tiene absolutamente nada que envidiar a esos 2 álbumes posteriores de la banda y que “Power, Corruption & Lies”, podría afirmar que es mi disco preferido de New Order. Espero que mi criterio les sirva para que se animen a acceder al disco o a recuperarlo si es que ya lo conocen.
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sábado, 28 de febrero de 2009

1980 Kate Bush - Never For Ever

Cualquiera que piense que el orden de aparición de los artistas en el blog, va en relación directa con mi preferencia por ellos, está equivocado de pleno. Cierto es que el tributo inicial de revisión del podio de mis grupos más adorados, puede llevar a engaños, pero más allá de ese detalle, no se fíen. Ejemplo de ello, es que tras varios meses de andadura, es hoy cuando me he decidido a introducirles en la figura de la gran dama del rock británico, la inigualable y mi muy querida Kate Bush.

Entramos en la trayectoria de esta talentosa señora, cuando todavía era una jovencita de 22 tiernos añitos, haciendo una incisión en lo que sería su 3er. trabajo de estudio. Allá por comienzos de la década de los 80 y tras 2 discos editados en el mismo año 1978, Kate ya se había permitido el lujo de grabar algún programa monográfico especial de Navidad para la BBC, al estilo de los que suele hacer Raphael en nuestro país.

Como anécdota, quedan los temores y miedos de los directivos de EMI ante la entrega de Kate a los mismos de lo que iba a ser su single de presentación en sociedad y anticipo de su 1er. álbum. Por lo visto, los mandatarios de la discográfica se lamentaban de que la canción no era lo suficientemente comercial… “Wuthering heights” llegó directa al nº1 de la lista de ventas de singles.

Tras el lanzamiento de “The Kick Inside” y en el mismo año “Lionheart”, daba la impresión, desde el punto de vista crítico, de que la buena de Kate era una artista algo plana y repetitiva; percepción básicamente sostenida por lo parecido del sonido del 2º disco respecto al primero. Bien es cierto que los discos se llevaron unos pocos meses entre sí y es más que probable que Kate ya tuviera compuestas la mayoría de las canciones antes de la publicación de “The Kick Inside” y lo que hizo fue un reparto entre los 2 trabajos.

Tras sus correspondientes y teatrales giras, para el tiempo que Kate estaba dando forma a su 3er. disco, esta controvertida artista decidió retirarse de los escenarios para centrar su trabajo en la producción, composición y grabación de material de estudio, renunciando a llevar sus creaciones a los escenarios. En el imprescindible concierto filmado en el Hammersmith Odeon, ya se nos dejó ver un tema inédito que formaría parte de su 3er. lp, titulado “Violin”. Es evidente que la complejidad de las actuaciones de Kate, haría el trabajo increíblemente estresante a la cantante, por la mezcla entre representación de danza, atrezzo de decorados y personajes, coreografías y además la interpretación vocal.

“Never For Ever” sería el título del 3er. álbum de Kate Bush y abría su track list con el exitoso single “Babooshka”, que recordando los tiempos no muy lejanos de “Wuthering heights”, consiguió llegar al nº5 en la lista de singles más vendidos. La canción nos cuenta la historia recurrente de una mujer, que decide poner a prueba la fidelidad de su marido, disfrazándose y seduciéndole para ver si cae en sus redes amorosas: “Le envió cartas perfumadas y él las recibió con extraño placer. Justo como su mujer, pero como era antes de las lágrimas, como era antes de que los años volaran, como era antes, cuando era guapa. Ella firmó las cartas: “Totalmente tuya, Babooshka”…”. El videoclip grabado al efecto no tiene ni un ápice de desperdicio, a pesar de su simplicidad, principalmente por el atuendo de guerrera algo picantota que lleva Kate. Ya apreciamos un cambio respecto a los sonidos de los primeros discos que tanta importancia concedían al piano. “Delius” es un enigmático tema de sonido embriagador, prácticamente instrumental, con coros de Kate y alguna voz grave que irrumpe por ahí de cuando en cuando. Los sonidos de las cuerdas tan orientales y las notas de piano, se alejan, no obstante, de las pautas de las primeras entregas de Kate, confiriendo un resultado hedonista y creando una canción perfecta para la escena de cualquier película que recree el mundo árabe. “Blow away” es un pequeño tributo a un antiguo ingeniero encargado de las luces de su “Tour Of Life”, que falleció poco antes de que el disco saliera al mercado. También existen referencias a “gente que casi murió, pero que sobrevivió, sin sentir miedo por dejar aquí sus cuerpos”, menciones a Vicious, Bolan y otros están presentes en la canción, que incluye unos coros angelicales por parte de la propia Kate. Nuevamente se trata de otra canción que nos envuelve en un halo de fantasía y ensueño. “All we ever look for” confiere cierto regusto medieval, principalmente por los sonidos de instrumentos de cuerda que conforman diversas partes de la canción y ese sonido parecido a un silbido que nos acompaña por casi todo el corte. Por una extraña asociación de ideas me da por pensar que hubiera sido un tema perfecto para algún pasaje de la película “Shrek”. “Egypt” es uno de los cortes más enigmáticos del disco. Los teclados y efectos aportados, crean una sugerente melodía misteriosa acorde con la civilización antigua a la que se rinde homenaje en la canción. Podrían establecerse ciertos paralelismos de efectos de sonidos psicodélicos con los Pink Floyd de su padrino musical David Gilmour. Letrísticamente es una oda de admiración por parte de Kate a Egipto, país del cual declara sentirse enamorada en la misma canción. Tras haber disfrutado de un instante tan experimental, se nos presenta la saltarina “The wedding list”, una canción que en parte nos puede recordar a “Hammer horror” del 2º disco de Kate. Algunos coros de la parte final me evocan que pudieran ser cantados por los personajillos que pululan por la portada del disco, es decir, esos trasgos y extrañas criaturas, más que la propia Kate con ese peculiar tono, que viene a imponerse a su registro principal y director de la parte vocal del tema. “Violin” ya se anticipó en su última gira como ya comenté antes. Se trata de una alocada canción, que divaga de forma paranoica sobre los violines y que se vale de unas chirriantes guitarras, aparte de, evidentemente, unas notas de violines. Impagable, digo una vez más, el fragmento del Hammersmith Odeon con una Kate histérica, escenificando esos gritos vocales, dando saltos cual Chiquito de la Calzada (hilarante). “Violin” es de los temás más recordados del disco por los seguidores de Kate, e incluye uno de los solos de guitarra más importantes del disco. Rock mezclado de ciertos elementos menos comunes, que conforman una notable canción. “The infant kiss” puede recordarnos en parte a “The man with the child in his eyes” de “The Kick Inside”, pero en sus notas tiene un leve toque más oscuro y misterioso, que le acerca a ese aroma tan personal que desprende el disco, no tan evidente como en las anteriores obras de la artista. “Night scented rock” es una instrumental de carácter coral, que supone un interludio al núcleo final conformado por 2 de los singles escogidos para promocionar el álbum. Una canción corta, relajante y de fuerte influjo celestial. No deja de ser una estructura particular que los singles flanqueen el disco en su inicio y en su fin. El asunto es que como penúltimo corte se nos sitúa la acústica “Army dreamers”; una canción antibélica compuesta por Kate: “¿Qué podría haber hecho? Debería haber sido una estrella de rock, pero no tenía dinero para una guitarra, ¿Qué podría haber hecho? Debería haber sido un político, pero nunca tuvo una educación adecuada… Qué desperdicio de ejército de soñadores”. El tema se valió de un clip con Kate vestida de militar, patrullando en mitad de un bosque acompañada de otros soldados figurantes. “Breathing” podría sintetizar en conjunto el sonido global de “Never For Ever”. Ese misterio, esa tristeza y melancolía de Kate en su interpretación, esas notas o sonidos lejanos como venidos de otro mundo y ese final tan desgarrador, indicador de tiempos futuros, demuestra el punto de partida respecto a los 2 primeros trabajos de mrs. Bush. El videoclip, que mostraba a Kate atrapada en una burbuja y que termina en mitad de un río vagando cual zoombie, está perfectamente acorde con el sonido de la canción.

“Never For Ever”, tomando como origen el sonido de piano tradicional paradigmático de “The Kick Inside” y “Lionheart”, evoluciona aportando nuevos matices, valiéndose de sutiles arreglos electrónicos y adentrándose en el misterio y lo fantasioso, dejando de un lado el corte clásico, solo visto en algunas de las composiciones. El disco supuso un nuevo repunte en cuanto al éxito comercial se refiere, tras el ligero retroceso que supuso “Lionheart”.

La portada, a la que he hecho vaga referencia anteriormente, incluye un dibujo de Kate como dando un grito con los brazos en jarra tras su nuca y frente a ella un cúmulo de animalitos, aves, criaturillas, enanos narigudos, duendes, trasgos etc. No deja de ser curiosa y simpática la portada, la verdad es que no.

Reitero la importancia de “Never For Ever” en el sentido que supuso la evolución de Kate, para dar una mayor amplitud a sus composiciones. El giro de Kate también se enfocó hacia un mayor malditismo y oscurantismo, que hemos podido apreciar en algunas partes de “Egypt” o en el final del disco con los últimos compases de “Breathing”.

Estos antecedentes darían paso, o más bien facilitarían el camino a la creación del futuro “The Dreaming” de 1982, disco maldito dentro de la discografía de Kate. Un descenso a los infiernos tanto en lo musical como en lo personal, ya que dicha obra no fue entendido en su momento de lanzamiento, con el consecuente descalabro comercial asociado, y ello llevaría a Kate a sumirse en una gran depresión. No obstante, Kate volvería a resurgir con más fuerza si cabe. En estos aspectos es donde se ven a los verdaderos artistas.

Ya habrá tiempo en un futuro de hablar de épocas posteriores o anteriores de Kate. Hoy es momento de escuchar el primer disco realmente variado de Kate, en lo que a su sonido se refiere, y quizás la primera obra realmente madura de la artista tras sus entrañables y aplicados comienzos, tan dignos de conservatorio.
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sábado, 21 de febrero de 2009

2002 Coldplay - A Rush Of Blood To The Head

Como cierre del artículo de la pasada semana, les hice una comparativa de Interpol con Coldplay, en lo que a un cierto paralelismo entre las trayectorias de las 2 bandas pudiera darse. He creído que ya que mencioné el otro día al grupo de Chris Martin, para qué vamos a rompernos más la cabeza, y mejor que volver más adelante al asunto en cuestión, tratémoslo hoy que lo tenemos fresco. Comenzaremos como siempre por la historia previa de la banda al lanzamiento del disco que analizaremos.

Tuve la ocasión, allá por verano de 2000 de conocer en la cadena alemana Viva Zwei, a un grupo británico que daba sus primeros coletazos musicales a escala continental. El grupo en cuestión tenía como nombre Coldplay y el videoclip que vi era el perteneciente a su single “Shiver”. En el mismo creo recordar, porque hace mucho que no lo veo, que se veía al grupo tocar en un estudio de tonos claros y liderados por un cantante con el pelo alborotado, medio largo y rizado. La canción tenía cierta energía y aportaba matices de corrientes cercanas al indie rock suave, género en el cual encuadré a la banda tras esa primera percepción.

No tardaría más que unas semanas en ver el siguiente clip del 2º sencillo de su 1er. disco. Aquí solamente aparecía el cantante, con el pelo sumamente recortado respecto al video anterior a la par que empapado, dando un paseo por la orilla del mar en un bucólico amanecer nublado. No dejaba de chocarme el aspecto tan sumamente inglés tradicional de la estética del vocalista en este video. Centrándonos en lo musical, la canción era simplemente sublime; su título “Yellow”. Su primer trabajo “Parachutes”, fue acogido con cierto ánimo por el público en general y el resultado final era más que satisfactorio; iré más allá, este trabajo en una pequeña joya, una obra íntima, con las gotas justas de melancolía y con su cierto atisbo de optimismo para no perder la esperanza (véase la canción que cierra “Everything’s not lost”; el título lo dice todo).

Decir que por aquellas fechas, la banda en España eran unos tremendos desconocidos. Pasaría casi medio año hasta que se comenzara a popularizar el grupo con el lanzamiento del single “Trouble”, que curiosamente cuajó más en nuestro país. Antes de esto, el bueno de Larry Mullen Jr., batería de U2 por si no lo saben, ya hizo mención de la proyección de la banda, cuando con motivo de una entrevista promocional de su “celebrado” disco “All That You Can’t Leave Behind” en la MTV, le preguntaron por sus preferencias musicales del momento; lo que supo acertar a decir Larry fue algo como: “…¡Ah, sí! y ese grupo que tiene esa canción que se llama “Yellow””. Se ve que a los U2 todavía les funciona el oído, a pesar de que la inspiración esté en letargo, a falta de comprobar que siga así dentro de unos días… Se ve que el batería no acertaba a recordar el nombre de la banda y menos aún el de sus 4 componentes: Guy Berryman, Jon Auckland, Will Champion y, liderando el proyecto, Chris Martin.

Resulta que el grupo, tuvo a bien programar un concierto en mi querida La Riviera en la primavera de 2001. 3000 pesetas costaba la entrada y me animé a sacarla. Resulta que el día del concierto, creo que era un 18 de marzo o algo así, me presento en la puerta de la sala y un operario me dice que el concierto se cancelaba por enfermedad vocal del cantante… chasco al canto. Parece ser que el motivo real de la cancelación era iniciar una gira por los tan preciados Estados Unidos, en fin. El disco reportó excelentes críticas y desde entonces se veía a Coldplay como una de las grandes promesas musicales, en un momento en el que el panorama internacional carecía de un líder coherente; comprobemos unos Radiohead girando en exceso al experimentalismo, unos U2 sin arriesgar, o unos Depeche Mode firmando su peor lp de la historia con “Exciter”.

Tras la correspondiente promoción del disco, con su bien llevada (menos en Madrid) gira y los 4 singles de rigor, el grupo se tomó unos meses para dar forma al disco que hoy analizamos. Evidentemente, la expectación por parte de la gente era muy alta, ya que tras un debut tan notable y entrañable como “Parachutes”, la curiosidad por ver si la banda mantenía ese nivel estaba más que justificada. El caso es que los buenos augurios se cumplieron, y Coldplay firmaron un trabajo simplemente excelente. Dicho esto, procedamos a desgranarlo.

De forma sorprendente, el disco comienza con “Politik”, que se nutre de un aporreante muro de sonido, que para de golpe para dejar que Chris comience su papel de forma susurrante. “Abre tus ojos” es el aviso que Martin nos deja bien claro a lo largo de la canción. El carácter abrupto y agitado de la canción, contrasta de forma bien clara con las composiciones del primer disco del grupo. Una apertura para dejar bien claro que la banda puede moverse por el terreno que le dé la gana. No obstante, también hay tiempo para algún momento más pausado a mitad de canción, pero con el martilleo permaneciendo latente en la sombra. Tras este comienzo tan rompedor, se presenta “In my place”. Recordando claramente al sonido de “Yellow”, el grupo vuelve al encaje que tan bien llevó en su primer disco y que aquí vuelven a demostrar que todavía dominan a la perfección. Esos acordes tan cálidos de guitarra, la melodía de teclado que tanta mesura aporta y la sentida dirección vocal de Chris, conforman una canción íntima, melancólica y preciosa. Un verdadero acierto que se eligiera como 1er. single, aunque no sea el que más se haya recordado a la postre. Tras este emotivo momento, la banda decide cambiar de registro y dar paso a la sombría y a la vez rítmica “God put a smile upon your face”. Dicha canción fue escogida como 4º single y nuevamente la batería y unos repetitivos acordes de guitarra, crean una sensación de intranquilidad y desasosiego para acrecentar el lado oscuro del corte. De nuevo vemos alternancia, ya que “The scientist” vuelve a los derroteros melancólicos en forma de balada. Podría decir que es mi canción favorita del disco, y mi gusto viene reforzado por su condición de 3er. sencillo del lp, que por cierto se acompañó de un clip de suma belleza grabado con retroceso de la acción (les recomiendo que lo vean si no lo han hecho). Si nos ponemos a extraer alguna frase reseñable de la canción, podría citar ese marcado “Nadie dijo que sería fácil, es una pena que tengamos que partir”, dentro de todos los versos amorosos encadenados por Martin desde el inicio. Es curioso que la banda dispusiera los 4 singles seguidos del 2º al 5º lugar en el álbum. “Clocks” es la canción que quedará para la posteridad del disco. Sustentada en una juguetona melodía de piano de Chris, que es lo que da personalidad total al corte, “Clocks” alcanza momentos tremendamente épicos en la 2ª mitad de la misma. No sé si la sobreexposición a la que fue sometida como soporte de cabecera de TVE, o que sonara hasta en la sopa, hacen que no sea una de mis favoritas. No obstante, no deja de ser un tremendo temazo. “Daylight” se apoya en unos sonidos de lejana reminiscencia oriental y en su base es bastante parecida a “God put a smile…”. Lo más destacable son los registros agudos de Chris en la parte del estribillo, ya que alcanzan una de sus cotas más altas en el disco. “Green eyes” aporta la justa cantidad acústica a la obra, y si cabe el contraste es mayor tras haberse dispuesto tras la intensidad “Clocks” y “Daylights”. No deja de ser, como evidencia su título, una balada dedicada a alguien con unos remarcables ojos verdes; “Ojos verdes, tú eras a quien quería encontrar” viene a decir Chris Martin. Lo bueno de esta canción, es que viene a demostrar que la banda sin necesidad de recargos y con economía de medios, puede llegar a emocionar y crear estupendas composiciones. Con algo más de sonoridad, pero con mesura y tranquilidad melódica, llega “Warning sign”. Llega la hora de cantar a la ausencia del amor: “La verdad es que te echo de menos, la verdad es que echo tanto de menos…”. La parte final, con la melodía de piano acompañada de unas notas de guitarra eléctrica conforman un remate estupendo para el tema. “A whisper” es un curioso ejercicio experimental parecido a Politik, en lo que a lo chocante con el sonido habitual se refiere. Nuevamente una repetición de las notas (que Brian Eno echó en cara al propio Martin, cuando éste le pregunto su opinión sobre su banda) y la intensidad vocal, junto a la densidad instrumental, conforman otro soplo de aire fresco para dar un toque más heterogéneo al disco. La canción título viene a mostrar una letra desoladora con una lánguida y acústica melodía para acompañarla en sus primeros compases, para que posteriormente rompa en una intensidad y un tono medio épico que contrastan fuertemente con ese tímido inicio. “Amsterdam” viene a suponer un final que nuevamente plasma la importancia del piano de Chris en parte de su melodía. Una canción válida y a juego perfectamente con la obra, pero que por poner un “pero” a esta obra, diría que me hubiera gustado más que el orden entre la penúltima y la última canción se hubiera alterado a la inversa. Cada uno tiene sus preferencias.

El disco, a pesar de su complejidad sonora y emocional, destaca por su sencillez en lo que al empaquetado se refiere, con una abstracta figura de delineación sobre un fondo blanco para dar forma a la portada. El libreto viene únicamente acompañado de algunas fotografías de estudio de la banda, que tanto gusta al grupo y que básicamente es lo único que suele nutrir los folletos de sus discos. De las letras ni rastro.

Si “Parachutes” fue un notable éxito tanto en ventas como en crítica, “A Rush Of Blood To The Head” directamente hizo saltar la banca. El grupo se confirmó definitivamente como la alternativa de los ya por entonces desorientados U2, por mucho que en 2005 hicieran de teloneros de la banda de Bono. En este aspecto decir que siempre hay clases y a los irlandeses hay que estarles tremendamente agradecidos por todo lo que editaron hasta 1997, y quien sabe si por lo que nos entreguen dentro de 2 semanas. El término de teloneros, cuando se trata de escoltar a Bono y compañía es un halago.

2005 vio la edición del inconexo “X & Y”. Un disco quizás demasiado denso, al que le sobran un par de canciones, pero que incluye tremendos aciertos como es el excelente tributo particular de Coldplay a Kraftwerk, con su adaptación de “Computer love”, transformada en “Talk”. Sin embargo, el pasado año vio la luz “Viva La Vida Or Death And All Her Friends”. “X & Y” ya dividió a la crítica. Unos lo veneraron, otros lo apalearon. Yo he de decir que estoy entre medias, es un buen disco, pero sin los alardes del que hoy hemos revisado, ni de su ópera prima. Sin embargo, el disco del año pasado me da por pensar que es algo así como la recurrente fábula del traje nuevo del rey; aquel cuentecito en el que unos diseñadores hacían desfilar desnudo a un rey obsesionado con la moda, haciéndole creer que llevaba un traje invisible y que todo el mundo alababa hasta que alguien advertía que iba desnudo… Bueno, pues yo digo que “Viva La Vida…” es un paralelismo muy claro, referido en tanto a que por el simple hecho de que tan sólo sea su 4º trabajo y que lo hayan grabado Coldplay, tiene que ser bueno ya de por sí. Pues no, yo digo que está desnudo.

El caso es que el futuro de Coldplay es incierto, a mi opinión en una clara estrategia de marketing para que el grupo siga en boca de todos, al igual que la edición del epílogo “Prospekt March” hace unos meses. Martin ha dicho que la banda se separará a finales de año, y luego en otras entrevistas, a las que llega cantando a pleno pulmón por la calle “Girflfriend is better” de Talking Heads, viene a decir que no se separarán hasta que hagan algo realmente bueno… Mientras que Coldplay sigue inmerso en la marea mediática en la que se mueven como grupo líder del momento, les aconsejo que echen la vista atrás y recuperen el último disco prácticamente perfecto que editó la banda, su 2º disco.
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jueves, 12 de febrero de 2009

2002 Interpol - Turn On The Bright Lights

Con algo de antelación, les dejo el artículo de la presente semana, ya que este sábado no podré conectarme de forma habitual a internet, debido a un viaje que realizaré a Mallorca durante el fin de semana, para descansar de la rutina habitual.

Seguimos inmersos esta semana en los grupos actuales o, mejor dicho, surgidos en el presente siglo, para reconocer el primer disco de la banda neoyorkina Interpol. Creo que en alguna ocasión he mencionado mi trío de preferencias “clásicas” (The Cure, Depeche Mode y The Smiths) y por otro lado la tríada de favoritos actuales; bueno, pues en la terna de grupos jóvenes predilectos, al lado de The Killers y Editors, se encuentran Interpol.

Se da el caso hoy, de que nuevamente procedo a presentarles el primer trabajo de un grupo, con lo que poco les puedo contar de la historia del grupo que precede al lanzamiento del disco. Les diré que el grupo es un cuarteto liderado por el escocés Paul Banks encargado de la voz cantante y la guitarra, el bajista Carlos Dengler, el guitarrista Daniel Kessler y el batería Sam Fogarino.

El devenir del cantante le llevó a vivir previamente en el sur de España y fue en Nueva York cuando conoció al resto de componentes y se creo Interpol. El origen real del nombre de la banda no lo tengo claro, ya que hay varias elucubraciones por la red que vienen a decir una sarta de chorradas de esas tan graciosas que la gente cuela en portales como la wikipedia. Pues sin más dilación pasemos a lo que nos importa, el análisis de “Turn On The Bright Lights” editado en 2002.

“Untitled” es la canción elegida para abrir el disco, dándole de esta forma un halo de misterio, envuelto en una melodía de hipnotismo de guitarra y bajo, con una velada interpretación vocal, en lo que a su registro habitual se refiere, de Paul Banks. Tema que podría ambientar cualquier paseo nocturno de madrugada por las calles desiertas de cualquier ciudad, como a su vez nos lo proporcionará en unos minutos “Nyc”. Los latigazos de guitarra que periódicamente marcan el ritmo son otra de las características principales del corte. “Obstacle 1” es uno de los primeros himnos de la banda, que se abrieron paso en el mundo indie-underground al ser elegido como single. La cáustica pero rítmica melodía, y la interpretación de parar y arrancar de Banks, conforman una estructura de canción que sería calcada en la posterior “Evil” del siguiente disco “Antics”. Las 2 composiciones son igualmente magníficas, pero por original y estar en primer lugar, elegimos la presente. Lo relevante que aporta, es que conocemos el timbre habitual de la voz de Banks en las canciones, que tantas veces se ha equiparado al de Ian Curtis y que otras tantas Paul ha renegado de ello. El 3er. corte “Nyc”, es una de las piezas más emotivas, atmosféricas, nocturnas y melancólicas compuestas por la banda hasta la fecha. Lo atmosférico viene por el eco de la voz de Paul aportado en la producción. La desolación se ve desde el principio en la letra: “Tenía 7 caras, no sabía cual llevar. Pero estoy acabado, gastando estas noches en soledad, preparándome para no preocuparme… sé que me has apoyado durante mucho tiempo, de alguna forma no me sorprende”. Por lo visto después de todo “Nueva York se preocupa”, pero “tiene que haber algún otro cambio en mi vida” para que esto mejore. Los suaves acordes de guitarra apoyados en un lento bajo de la mano de Dengler y una sostenida batería de Fogarino, acompasan para que nos movamos dentro de ese ritmo pausado tan decadente. Excelente canción, perfecta para la escucha a altas horas de la madrugada, que curiosamente es la que da título al álbum, al estar incluido el título del mismo en la parte final de la letra. Igualmente que “Obstacle 1” nos recuerda a “Evil” de “Antics”, “Pda” me remite a la futura “Slow hands”. De la reflexión y decaimiento pasamos a una melodía más movidita, quizás la más animada del disco y de las que más hacen vibrar a la gente en los conciertos que da la banda. Tremendo protagonismo por parte de la guitarra de Kessler y del propio Banks. Sin compás de espera “Say hello to the angels”, comparada con “This charming man” de The Smiths por sus acordes iniciales, vuelve a irrumpir con fuerza y ánimo, para hacer que el disco siga moviéndose a estas alturas en lo animado y rítmico, al aprovechar el tirón de “Pda”. A continuación se produce un parón en lo que a la intensidad se refiere, para volver a otro tema de corte más oscuro, pausado y de cierto carácter hipnótico, en lo que a sus notas principales se refiere. “Hands away” es un corte prácticamente instrumental y que nos devuelve a la nocturnidad predominante en el disco.Con esas líneas de guitarras tan persistentes y marcadas, “Obstacle 2” entra con un ritmo ciertamente parecido a su primera parte “Obstacle 1”, aunque con un nivel de vertiginosidad menor que el de la canción citada. El siguiente tema “Stella was a diver and she was always down” es una desesperanzada y triste canción sobre la protagonista del título de la misma. Otra vez el oscurantismo y la melancolía son las principales tónicas del carácter de la canción. No deja de resultar curioso que la canción venga presentada por Banks como si de un concierto se tratara diciendo antes de nada: “Esta canción se llama “Stella era buceadora y siempre estaba sumergida””. Es reseñable la desesperación transmitida por Banks cuando grita “Stella… Stella te amo” a mitad de la canción. El corte termina de una forma sumamente decadente y sórdida; “el mar era tan hermético que se rompió” es la frase más repetida de la canción, que se nos queda clavada en la mente y el corazón como una dura estaca. “Roland” podría decirse que en su melodía e intensidad es un retorno a lo experimentado unas pistas atrás en “Pda”. Otra vez comprobamos en este caso la alternancia de las canciones sombrías con las animadas, intercalándose unas con otras. “The new”, sin ir más lejos vuelve a la decadencia, siendo uno de los instantes más íntimos y a la par relajados del álbum. El latente bajo de Dengler es lo que toma la principal atención de la canción en su primer parte hasta que los acordes tan característicos de Daniel Kessler le roban el primer plano. “Leif Erikson” prosigue en el lado oscuro, para que junto a “The new” permita cerrar el disco con un regusto sombrío que da el remate definitivo al carácter del álbum. Canción que puede recordarnos en su sonido o melodía, sin ir más lejos al “Seventeen seconds” de The Cure; podría tratarse del resultado de mezclar “At night” e “In your house” del citado álbum de la banda de Robert Smith.

El disco supuso a la banda la adquisición de un nombre y una reconocida reputación dentro del mundo del rock alternativo. La oscuridad de su sonido y en cierta medida el timbre de voz de Banks, han hecho que constantemente se hayan hecho comparaciones entre Interpol y los Joy Division de Ian Curtis. Comparación que no gusta para nada al grupo y yendo más lejos, han llegado a contrapreguntar en alguna entrevista: “¿Quiénes son Joy Division?”. Sin comentarios.

“Turn On The Bright Lights” puede considerarse como uno de los debuts más prometedores de lo que llevamos de siglo junto al “Hot Fuss” de sus compatriotas The Killers. El sumo decaimiento y la introspectiva de la mayoría de las canciones del disco son de una intensidad pasmosa. Hacía tiempo que no se recibía un disco con tanta carga emotiva tanto en sus letras como en su sonido. El hecho de que el disco también incluyera otras canciones de registro más animado y rítmico, hacía que el trabajo no cayera en la monotonía y la excesiva grandilocuencia, que pudiera haberlo hecho demasiado denso; de esta forma lo que se consigue es un trabajo trascendental en su sonido y abierto en su acogida. La portada con tonos rojizos sobre un fondo o predominio del color negro recrean a la perfección las atmósferas aportadas por las canciones que incluye.

En 2004 salió a la venta “Antics”, tras la edición intermedia de “The Black Ep”, una especie de maxisingle con distintas tomas de algunas canciones del primer disco y algún tema inédito. El disco igualmente raya a un alto nivel, aunque quizás menor que el primer trabajo de la banda y muestra un oscurantismo menor que el mismo. Destacan las ya citadas “Evil” y la publicitaria “Slow hands”. Un mayor ritmo en general que la lenta decadencia que regalaba el álbum hoy analizado.

Ya a nivel de estrellas internacionales, medio encabezando festivales, con giras mundiales (aunque todavía en salas, sin llegar a los Arena o estadios) y con cambio de discográfica incluido, en 2007 se abriría paso a “Our Love To Admire”. Nuevamente la canción elegida como primer sencillo “The Heinrich Maneuver” es un momento inolvidable y un tema impecable. En conjunto, el disco es el que más flojea de lo acontecido hasta la fecha en lanzamientos de lp’s por parte de la formación.

Asociada a esa gira, se celebró un concierto el 8 de noviembre de 2007 en mi “adorada” sala La Riviera, en la que Interpol ofreció un más que aceptable espectáculo, únicamente emborronado por los hijos de su madre de los empleados de seguridad gorilones, que estaban allí aquel día, a los que les iba la vida en impedir una puta foto de mala calidad para recuerdo personal; especifico lo de que nos tocaron aquel día, porque esos tipejos no tenían nada que ver con un compañero de ellos que tuvimos en la sala Joy Eslava unas semanas después en el concierto de Editors en Wintercase ’07. No sé también si el carácter huraño de los chicos de la banda hizo que dieran instrucciones a su manager para que a su vez este aleccionara a la seguridad del recinto para que no se tomaran imágenes. No sé. En todo caso, y por el lado amable, un servidor tiene en su poder la púa del bajo de Carlos Dengler que este mismo tiró al aire al finalizar el concierto y que pude coger al vuelo. Un aceptable souvenir, ¿no?

Por cierto, para dar algo de razón a la actitud hitleriana de los gorilones de la Riviera de aquel día, les dejo 2 imágenes de dicho concierto para que ustedes las disfruten; de otra forma quizás no lo hubiera hecho, pero con tanta represión, se lo han ganado a pulso. Por otro lado, de esta forma inauguramos en el blog la subida o el añadido de imágenes que mucha gente me recomendó que incluyera. Espero que les gusten.
Dejando de lado estas anécdotas personales y tras este mini reportaje fotográfico, pasemos a la reflexión principal que les quiero dejar hoy, en asociación al momento actual del grupo. En la actualidad, la creación y el lanzamiento del tercer disco en un grupo es sumamente importante, de cara a confirmar si la banda va en serio o no. Digamos que tal como está el panorama discográfico, las largas trayectorias con una medio repercusión, pero sin un bombazo discográfico ya no se respaldan. ¿Qué hubiera sido de Simple Minds, U2, Depeche Mode o The Cure en los tiempos actuales que en los años 80 alcanzaron su gran éxito comercial con trabajos posteriores a su 4ª entrega…? El caso es que tras trabajos tan prometedores como primer disco, da la impresión de que los grupos van perdiendo fuerza como la gaseosa.

Veamos el caso de Coldplay, que tras 2 primeros discos excepcionales, ya mostró signos de flaqueza en “X & Y” y que se han venido a confirmar en el, en mi opinión, flojo “Viva La Vida Or Death And All Her Friends”. Tengo una fuerte curiosidad por ver con qué nos sorprenderán Interpol, ya que en mayor o menor medida “Our Love To Admire” tiene un fuerte paralelismo con el citado 3er. disco de Chris Martin y sus acólitos. Espero que esa similitud, por el bien de Interpol, se pierda en su siguiente lanzamiento y estos muchachos nos entreguen una buena obra. El tiempo nos lo dirá, tampoco habrá que esperar mucho. Hoy simplemente encendamos las luces brillantes.
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sábado, 7 de febrero de 2009

2009 Franz Ferdinand - Tonight: Franz Ferdinand

Aviso: antes de nada, decirles que he procedido a incluir un comentario en respuesta a todos los recibidos hasta la fecha; con lo que todo aquel que haya escrito, podrá leer mi réplica a su post, por tiempo atrás que dicho comentario se publicara. Dicha respuesta la pueden localizar a continuación de su reflexión en el artículo donde la dejaran. Agradecer a todos igualmente la publicación de dichas reseñas en el blog. Tras esta comunicación, a lo que vamos.

¡Inaudito! Hoy nos ponemos a la última. Va a parecer que el presente blog trata de la actualidad, al menos por una semana, al acometer hoy el juicio al que sometemos al nuevo disco de la banda escocesa Franz Ferdinand. Inaudito también, por ciertos aspectos personales que rodean a esta banda y que también hacen o harían disparatada esta situación hará cosa de menos de un mes. Entremos en materia.

Pues nada, ya saben, Franz Ferdinand son una de esas bandas llamadas a ocupar el trono del pop/rock en los próximos años y que acechan como buitres a dicho escalafón, esperando la disolución o no de los Coldplay de Chris Martin. Liderados por el cantante y guitarrista Alex Kapranos y escudado por Bob Hardy al bajo, Nick McCarthy en la guitarra y Paul Thomson en la batería, en 2004 estos chicos, que son más mayores de lo que aparentan, sacaron el primer disco, titulado como el nombre del grupo, que les ganó el título de reyes del indie rock. Sin mucho compás de espera y cuando todavía estaban inmersos en el estallido del primer disco, estos muchachos se decidieron a sacar su 2º trabajo titulado “You Could Have It So Much Better”, título ciertamente irónico y revelador. Pasemos a lo personal pues.

El caso es que un servidor se percató de la existencia de esta banda con la promoción del 2º trabajo y más concretamente con el visionado del video promocional de “Do you want to” en el programa del “40 al 1”. ¿Qué decirles? La canción me pareció sumamente abigarrada y enrevesada, la voz del cantante algo pasada de vueltas y aunque la melodía era tremendamente pegadiza, me creaba una extraña sensación. Eso sí, lo que no terminó de gustarme en absoluto es ese final plano y reiterativo del “eres tan afortunado, afortunado, afortunado” dicho en tono medio amenazante/envidioso que no sé muy bien a qué viene.

Con estos antecedentes, y expuesto hará ya hace tiempo el planteamiento de que aquí no iríamos a hablar de lo que desde mi punto de vista no merezca la pena, Franz Ferdinand tenían más bien pocas papeletas para aparecer por “Discos, música y reflexiones”. Esto estaba acuciado por que, debido al acicate de varios conocidos que me animaban a escucharlos y darles una oportunidad, conseguí hacerme con el citado “You Could Have It…”; en un principio parecía que la cosa iba a cambiar de signo tras escuchar “The fallen”, un tremendo acierto de canción. Pero, la realidad fue que el disco me dejó el mismo desconcierto que me proporcionó en su día su canción abanderada. No obstante, este trabajo vino a confirmar la revelación mundial de la banda y les valió el premio de ser teloneros de U2 en el concierto de la gira Vertigo en Madrid en el estadio Vicente Calderón.

En el diario gratuito ADN llevaba viendo desde el mes de diciembre pasado la promoción a bombo y platillo de su concierto de abril del presente año, apoyado en una sugerente foto en blanco y negro con un impecable vestuario de los componentes de la banda y la representación de un crimen callejero, que casi me recuerda vagamente al final del clip de “Vienna” de Ultravox. Yo, hombre de fe, me propuse dar escucha a lo nuevo de la banda, ante los rumores de cambios que se anunciaban. Bueno, si en su anterior disco, la traducción literal del título del mismo decía algo como “Podrías haberlo hecho mucho mejor”, parece que los chicos se aplicaron el cuento y así lo han hecho.

El trabajo recién editado, titulado a modo de presentación de espectáculo “Tonight: Franz Ferdinand”, comienza con el single de adelanto escogido como lanzador del sprint, como se diría en términos ciclistas. “Ulysses” comienza de forma sigilosa para luego abrir con rabia y fuerza al muro de sonido, que incluye los teclados novedosos que van a caracterizar los nuevos caminos escogidos por la banda. Reveladora es la letra en ciertas frases aisladas y en cierta medida una declaración de intenciones respecto a seguridad en lo que hacen: “Encontré una nueva manera, encontré una nueva manera… no necesito tu comprensión”. Si estas palabras se enfocaran de cara a los fans o seguidores del sonido tradicional de la banda, podría sonar tan fuerte como cuando Bernard Summer de New Order dijo en un concierto de los últimos años, que iban a tocar canciones nuevas y que a quien no le gustara que se jodiese… Coros de fuerte intensidad, alternado con otros de falsete y una tremenda guitarra conforman esta potente carta de presentación, que viene a tener un clip sumamente nervioso con los componentes de la banda vagando desencajados por la noche. “Turn it on” es quizás el momento que más recuerda a lo hecho hasta la fecha por el grupo en las anteriores entregas. No obstante, el apoyo más acusado en la eletrónica la acerca a las nuevas directrices de la banda. Sin dejar de ser una buena canción no es de las mejores que incluye “Tonight: Franz Ferdinand”. “No you girls” es un momento bastante bailable y desenfadado, más acuciado si cabe después de la intensidad aportada hasta el momento, sobre todo en “Turn it on”. Acercándonos a más calma y hedonismo se presenta “Send him away”, sumamente relajada en casi todo su metraje, menos algún instante de experimentación electrónica al gusto de los nuevos tiempos; no obstante, no dejan de estar presentes durante toda la canción sutiles arreglos de corte electrónico al efecto en el fondo de su sonido. Momento para encontrarnos con una de las verdaderas joyas del disco: “Twilight omens”. Canción que muestra de forma más clara el viraje de la banda hacía el sonido más electrónico y un corte que perfectamente podrían haber firmado The Killers. Teclados de corte melancólico y un timbre de voz de Kapranos extrañamente cercano precisamente al de Flowers. Las melodías creadas por los teclados y su engarzamiento con la guitarra rítmica es un acierto de pleno y nos muestran el lado más serio y sesudo de los Ferdinand. “Bite hard” vuelve al sonido desenfadado y vodevilesco de la banda, que para esta ocasión hace uso de unas estruendosas y chirriantes notas de teclados para firmar una de esas canciones tan pegadizas que les gusta crear. “What she came for” es de los momentos que, junto a “Turn it on”, más se acercan al sonido original de la banda, pero curiosamente tras ella nos damos de frente con “Live alone” que es quizás el tema techno-pop por excelencia del disco. Descaradamente bailable con unas pegadizas melodías de teclados y sintetizadores, que perfectamente sacan al personal a la pista de baile de cualquier club alternativo. Un claro paradigma del cambio de tercio afrontado por la banda. Por ahí se ha comentado que “Can’t stop feeling” recuerda a “The freeze” de Spandau Ballet; pues ciertos aspectos de la melodía son bastante parecidos, aunque aquí la electrónica, al igual que en “Bite hard”, es más abrasiva y dura que la utilizada en su día por los Kemp, Hadley y compañía. Sin duda, otro tema perfecto para los bares de Malasaña y Tribunal para que la gente esté animada. Tras este momento nuevamente de baile, se da paso a un ejercicio de intensidad y rabia traducido en “Lucid dreams”, que a pesar de que tiene su generosa dosis de arreglos electrónicos, no hace prever el final tan sumamente electrónico instrumental que nos presenta. Dicha parte se compone de 2 minutos a base de complejas melodías entrelazadas de teclados y sintetizadores que bien podrían haber creado unos Apoptigma Berzerk al uso por poner un ejemplo. Este es uno de los aspectos que más han descolocado y menos han gustado a los tradicionales seguidores de Kapranos y sus chicos. Tras un disco tan sumamente bailable y animado, y a ratos experimental y novedoso dentro de las pautas marcadas hasta la fecha por la banda, se termina con un epílogo o más bien con un capítulo aparte formado por 2 temas sumamente lentos y acústicos al estilo de un “Eleanor put your boots on” del disco anterior, que claramente chocan con lo que hemos degustado hasta el momento. Pero bueno, no lo veo mal, supongo que uno, tras una larga y dura noche de juerga, cuando se va a la cama a dormirla no se pone a los Chemical Brothers a todo trapo para conciliar el sueño, ¿o sí? En todo caso, y siempre desde mi opinión, creo que el contraste proporcionado tanto por “Dream again”, tildada de nana en los foros, y “Katherine kiss me” es válido y ayuda a crear un acertado final de disco.

La banda ha sacado una edición de coleccionista con una caja con maxi singles y por otro lado una apañada edición de 2 cd’s que viene a regalar un disco extra con remixes de casi todas las canciones titulado “Blood: The Tonight Dub Sessions”. Decirles que a excepción del “Remixed” de Talk Talk, a un servidor de ustedes muchos discos de remixes le han parecido un descomunal coñazo y un tostón infumable (véase el “The Rest Of New Order” de mi adorada banda de Manchester de la que pronto hablaremos). Pues bueno, en esta ocasión el cd extra es de una calidad y acierto pasmoso. Los remixes están sumamente trabajados y más que nada, son tomas alternativas, que nos aportan un carácter distinto del tema original, tremendamente válido. Supongo que será utilizado en abundancia por los dj’s para los locales que pinchan música alternativa y será una apuesta segura. No entraré en comentarles cada uno de los 8 temas que componen este regalito, básicamente para que el artículo no exceda en duración más de lo habitual; simplemente con lo dicho, espero que les llame la atención para que lo escuchen también.

Las críticas por parte de los seguidores de la banda o mejor dicho las opiniones que hay por la red sobre el nuevo disco de Franz Ferdinand, no vienen a ser benévolas. La gente comenta que las canciones están faltas de matices (¿Mande? ¿No será al revés?), y con más acierto, aunque desde esa óptica o gusto personal, se dice que se ha traicionado al sonido habitual que tenía la banda. El caso es que los Ferdinand, en parte como he medio reseñado antes, se han “Killerizado” y han universalizado su sonido. El disco me parece una verdadera joya ya desde la misma portada, que al final ha resultado ser aquella foto con la que se promocionaba y promociona su visita a Madrid el futuro 3 de abril.

Reitero que no dejo de estar sorprendido conmigo mismo ante el cambio de percepción que se ha generado en mi interior sobre esta banda. Hasta la fecha, el no convencimiento de sus composiciones y otros aspectos que hacían que no se ganaran mi simpatía, tenían posicionados a los Franz Ferdinand en la antepenúltima fila de mis preferencias. Uno de esos borrones, vino de la mano de la machada que estos chicos se marcaron en la retransmisión de su concierto en el festival Rock In Rio por parte de La2, cuando obligaron a la cadena a dar paso a publicidad cuando tocaban las canciones del nuevo disco… Tony Garrido, comentarista del evento, hizo alguna mención irónica sobre el supuesto carácter indie del grupo y dicha decisión, y tenía razón.

El caso es que lejos de esta posición, en estos momentos me encuentro con una entrada en mi poder para el concierto que se celebrará el citado próximo 3 de abril en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid con los Mando Diao de teloneros. ¿Qué les quiero decir con todo esto? Pues muy sencillo: que si una banda que hasta hace poco tenía situada en mi ojo izquierdo, sacan un disco y ello propicia que vaya a un concierto de la banda gastándome 39 eur., algo bueno tendrá dicha obra. Por cierto, creo que aún no se han agotado las entradas para el concierto del 3 de abril del Palacio de los Deportes; todavía están a tiempo.

Para terminar, me atrevo a decir que, aunque nos encontremos a comienzos de año 2009, “Tonight: Franz Ferdinand” va a ser uno de los discos del año, sino el disco del año. Franz Ferdinand dijo en sus inicios que querían hacer bailar a las chicas. Con “Tonight: Franz Ferdinand” la banda va a abrir el ratio de bailarines a los de su propio género y sin ningún tipo de reserva al respecto. Bailemos pues.
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