viernes, 21 de octubre de 2016

The Doors - Strange Days (1967)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
The Doors son a la vez un grupo clásico y un grupo peculiar teniendo en cuenta las circunstancias de su lugar y de su época. Siendo un grupo californiano y habiendo debutado en 1967 lo más lógico es que hubieran sido un grupo profusamente hippie, con muchos colorines, floripondios y toda la impedimenta de la Costa Oeste. Pero no; no lo fueron del todo. The Doors son un grupo con un toque mucho más oscuro, incluso decadente a ratos. ¿Alguien ve un asomo del idealismo hippie sesentero, en boga entonces, en “The end” por ejemplo? A cambio tenemos una manifiesta teatralidad, voces profundas, órganos carnavalescos, crípticas letras…Un delicioso toque extemporáneo. Toda una combinación que hacen de The Doors una banda con uno de los sonidos más estimulantes de los 60.

Al grupo le acompaña siempre el aura de su cantante y líder Jim Morrison y a su vez a Jim le persigue la leyenda necrófila de palmar, como otros tantos, a los 27 años. ¿Qué quieren que les diga? Esa es una de las cosas del mundo del rock (y de la creación artística general) que no acabo de entender. La de vivir deprisa, morir joven y dejar un bonito cadáver. ¿No sería mejor ser sensato, vivir la tira y dejar una vasta obra tras de ti? ¿Y esa manía de engrosar santorales y martirologios roqueros? Supongo que hablo desde mi posición de burgués treintañero, y de todos modos también caigo yo en esa beatificación del artista maldito, no tiro balones fuera. Cuando visité París hace algunos años lamenté no haber tenido tiempo de ir a visitar la tumba de Jim en el cementero de Père Lachaise (si visité sin embargo el de Montparnasse). La muerte en edad temprana, decíamos, lleva muchas veces aparejada la leyenda. Es un poco como el epitafio del gran Jardiel Poncela: “si queréis los mayores elogios, moríos”.

Afortunadamente Jim ya tenía elogios antes de morir. Y fundados. Fuerte personalidad, una voz (imperfectamente) carismática, buenos fundamentos como letrista... Todas estas virtudes son sobradamente suficientes para vindicarle. Pero no estaba solo. La banda entera era creativa y sólida como una roca; con buenos fundamentos de rock, blues, jazz y psicodelia. Jamás se entendería el “sonido Doors” sin el omnipresente órgano (musical) de Ray Manzarek (“Light my fire” es uno de los momentos definitivos del órgano en el rock) y sin sus aportaciones de pianos y teclados en general. Robbie Krieger, a las guitarras, tiene en su haber unos cuantos riff ya míticos (“Roadhouse blues p.ej) y unos cuantos punteos excelentes; por si fuera poco tiene buenas dotes en composición. Finalmente John Densmore es un batería de buena técnica, donde a ratos asoma su influencia jazzística. Un pequeño déficit acaba siendo una de las características de los Doors en cuanto a formación. Recordemos que no tenían bajo. ¿Cómo solventar esta carencia? De eso se encargaría Ray Manzarek utilizando su teclado Fender Rhodes para manipular los sonidos graves… además de usar algún bajista a sueldo en algunas composiciones. Personalmente pienso que el trabajo de Ray Manzarek le sitúa como segundo de abordo en el grupo; ayuda a hacer el sonido de los Doors más característico, cosa que podremos apreciar en “Strange Days”. Robbie Krieger por su parte era un compositor apreciable, lo que nos da a entender que The Doors eran bastante más que Jim Morrison.

¿Qué decir de “Strange Days? Como primer apunte afirmo que es mi disco favorito de la banda, en buena medida por las características mencionadas en las primeras líneas del artículo. Me gusta su atmósfera a ratos casi nocturna, misteriosa, oscura; tiene un aura peculiar muy bien definida por la portada, un poco “freak show”, del álbum. Tampoco escatima canciones de tirón pop y dejes más luminosos cuando hace falta. Mi simpatía por él aumenta porque además es un disco oscurecido por su “hermano mayor”, el álbum homónimo (y debut) de la banda que había salido apenas unos meses antes. En efecto, “The Doors” (1967) fue un disco primerizo realmente magnífico, con el bagaje de contar con clásicos de la talla de “The end” o “Light my fire”. Y como carta de presentación es una patada en la puerta de dimensiones antológicas. No obstante, aún a riesgo de ser iconoclasta y poco menos que herético creo que “Strange Days” es igual de brillante que el debut compositivamente y, al menos, igual de consistente; o será quizá sencillamente que me da pena que no obtuviera un reconocimiento mayor. De todos modos ello no quiere decir que “Strange Days” no tenga clásicos o canciones representativas dentro del repertorio de “The Doors”; ahí tenemos “People are strange” o “Love me two times”. Sea como fuera, estos primeros tiempos de The Doors son una gozada; lanzar durante tu primer año de existencia, apenas con el margen de unos meses, dos joyas de semejante calibre es algo insólito y brillante. De momento vamos con “Strange Days”.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Strange days”: Son los órganos de Ray Manzarek los que nos dan la bienvenida al álbum creando una atmósfera lúgubre y misteriosa. Si a esto le añadimos una voz de Jim Morrison, grave, casi vampírica el conjunto total tiene que ser casi a la fuerza inquietante. Y efectivamente lo es, pero de una forma sutil, dotando a la oscuridad de un guante de seda. La letra acompaña bastante a la música: “días extraños nos han encontrado, días extraños nos han seguido la pista”. Un buen toque enigmático para comenzar el disco.

2. “You’re lost little girl”: Y continuamos con la atmósfera nocturna, en esta ocasión acariciada levemente por unos sutiles acordes de guitarra. En las estrofas Jim susurra, pero es un susurro turbio, como si fuera el preludio de una amenaza. En el estribillo acumula más viveza y cada vez que se repite, más énfasis le imprime Jim a su voz. Un ejemplo de una voz con una técnica que quizá no sea perfecta, pero es versátil y carismática. Toda la instrumentación en la canción va destinada a mantener una nebulosa sensación de misterio. Tan es así que uno desea, cuando oye a Jim decir “estás perdida, jovencita”, que la susodicha tenga a mano un spray de pimienta o algo así. Composición de Robbie Krieger, no del habitual Morrison.

3. “Love me two times”: Cambio de tercio estilístico. Nos situamos ante una sudorosa y sólida mezcla de blues y rock. Canción que hará las delicias de los degustadores del rock y derivados de trazas clásicas, añadiendo un solo de clavicordio de Rick Manzarek. Riff de guitarra simple pero efectivo, buena interpretación de Jim (que casi trasmite la sensación de estar cantando en un garito humeante) y todas las características propias para ser single, como efectivamente ocurrió. Fue el segundo sencillo del álbum. Otra composición de Robbie Krieger. La letra habla de un último encuentro amoroso de una pareja antes de separarse por un tiempo. Algunos dicen que la separación podría ser por la entonces vigente guerra de Vietnam.

4. “Unhappy girl”: Después de la oscuridad de las dos primeras canciones y de la rocosa melodía anterior llegamos a un tema mucho más ligero. Salvo por un ligero ulular creado a base de efectos de guitarra, es un pop de tomo y lomo, cualidad para la que The Doors están también de sobra capacitados. No es que sea gran cosa pero resulta bastante agradable. Jim también da un matiz positivo a la letra: “derrite tu celda hoy, estás atrapada en una prisión de tu propia invención”. ¿Un ataque a los convencionalismos sociales?

5. “Horse latitudes”: Volvemos a la oscuridad de la mano de la gran extravagancia del disco (junto con “When the music is over” como veremos). Este corte consiste en Jim Morrison recitando un extrañísimo poema de su puño y letra en el que un barco se ve obligado a tirar a unos caballos por la borda para aligerar carga ante el riesgo de un inminente naufragio (¡¡??). Una serie de efectos de sonido de fondo (por no decir ruidos) incluyendo un grito hacia el final, dan un toque de genuina inquietud. Es imposible calificarla musicalmente pero tiene algo de desasosegante.
6. “Moonlight drive”: Aquí donde la ven (o la oyen) es una de las primeras composiciones de Jim Morrison, pero no entró finalmente en el debut de la banda. La atmósfera vuelve a tener algo de nocturno, pero es más evocadora que inquietante. Buen medio tiempo pop, de exquisita factura y poderoso estribillo; tiene pequeños detalles como el curioso efecto de eco que Robbie Kriger saca a su guitarra. Las imágenes creadas por la letra son de un agradable onirismo: “nademos hacia la luna, escalemos a través de la marea...”. Fue la cara b de “Love me two times”.

7. “People are strange”: El gran clásico del disco. El estilo se desplaza hasta el cabaret y el music hall. Todo en esta canción está destinado a conseguir una música pegadiza: el ritmo saltarín, el piano de Ray Manzarek (incluyendo un divertido solo) y en general cualquier arreglo. Es imposible escuchar la canción sin tararearla y chasquear los dedos al compás. Estupendo primer single. Estoy casi convencido de que Robert Smith tomó buena nota del estilo para componer el tema de The Cure “Speak my language”, teniendo en cuenta el aprecio que tenía por el grupo de Jim Morrison (recordemos que versionó de múltiples maneras “Hello, I love you”). En cuanto a The Doors, se sienten cómodos en este estilo; en su debut hay una canción como “Alabama song” (versión de Kurt Weil) parecida formalmente. La letra podría ser una celebración de la extrañeza, de lo peculiar frente a lo usual: “la gente es extraña cuando eres un desconocido/las caras parecen feas cuando estás solo”. 

8. “My eyes have seen you”: La canción más rockera del disco. Comienza con un sencillo riff de guitarra para dar paso a una subida progresiva de volumen e intensidad que acaba siendo rematada por un contundente punteo de Robbie Krieger. Si bien la melodía no es manca, la rudeza de la canción acaba siendo lo más destacado, pudiendo intuirse una especie de “proto-hard rock”. Una canción de deseo, con la lírica propia de Jim Morrison: “mis ojos te han visto, déjales fotografiar tu alma”.

9. “I can’t see your face in my mind”: Balada que lejos de ser sentimental suena meditabunda, cetrina, ligeramente oscura. La instrumentación tiene algo de insólita al añadir un xilófono que no hace sino catalizar el efecto que decíamos al inicio. No es muy pegadiza pero me gusta la atmósfera un tanto derrotista que desprende. Incluso es extraña en su letra. ¿Una especie de balada psicológica?

10. “When the music’s over”: El equivalente de lo que fue “The end” para el primer disco, una canción larga (casi 11 minutos), hipnótica, sinuosa y aparentemente desestructurada. No es fácil de catalogar; comienza con unos acordes de órgano similares a “Soul kitchen” (del disco anterior) para que entren abrupta y violentamente las voces y las guitarras. Y partir de ahí… un maremágnum oscilante, tan hermético como fascinante. No es una canción de rock progresivo, no tiene ni las trazas ni la continuidad para ello; de partes delirantes y teatrales pasamos a otras minimalistas e inquietantes. La letra, ya se podrán imaginar, no es precisamente un dechado de cotidianidad y parece más propia de la asociación libre (o de las drogas): “cancela mi suscripción para la redención/ envía mis credenciales para la Casa de la Detención” o “antes de hundirme en el gran sueño me gustaría oír el grito de las mariposas”. Ahí es nada. Pocos grupos han hecho cosas así (ya he dicho que excluyo al rock progresivo). No sé por qué se me viene a la memoria “The lord’s prayer” de Siouxsie And The Banshees (que por cierto, versionaron “You’re lost little girl”). Posteriormente The Doors volverían a cerrar un disco más o menos de esta guisa en “The Soft Parade” (1969).

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Una ventaja que no había mencionado con anterioridad es que el disco dura poco más de treinta y cinco minutos; los discos que no se pasan de vueltas y tienen una duración ajustada se me hacen gratos. En cualquier caso, quizá porque estamos hablando de otra época, es de una manifiesta osadía que tras un debut arrollador un grupo se aventure a sacar nuevo material casi acto seguido. A lo mejor por eso “Strange Days” ha estado reputado poco menos que como un disco de descartes de “The Doors”. Craso error. Todas las características de los Doors están desarrolladas totalmente y en plena forma en éste su segundo disco. Además, quién sabe si es porque lo que prolifera es la palabra “strange” o por la portada, se me hace un disco peculiarísimo, fascinante. Pudiera ser que este énfasis en la extrañeza, se deba a la creciente presencia contracultural en la sociedad en general y en la música en particular. Si bien huyeron de la imagen más tópica y buenrollista del hipismo, no están exentos de toda la cantidad de ideas que estaban alrededor (en la zona de Venice y San Francisco).

La discografía de “The Doors” no es particularmente amplia pero tampoco demasiado errática. Mi disco menos favorito de ellos quizá sea el siguiente “Waiting For The Sun” (1968) a pesar de contener un clásico como “Hello, I love you” (¿plagio a The Kinks?). No obstante tiene puntos interesantes como las oscuras “Not to touch the earth” o “Five to one”. Por no mencionar la incursión en el flamenco de “Spanish caravan”, fragmentos de Albéniz incluidos. El disco del debate podría ser el siguiente, “The Soft Parade” (1969), con la profusión de arreglos de cuerda y viento, lo que unido al tono crooner de Jim Morrison me hace acordarme un poco de Scott Walker. A pesar de todo me parece un disco a tener en cuenta, aunque sea por el hecho saludable de salirse uno de la zona de confort. Los dos últimos discos son dos discos de raíces, con mucho rock, muchos blues y sonando más americanos que nunca. En efecto, “Morrison Hotel” (1970) y “L.A. Woman” (1971) son dos discos notablemente rockeros en su espíritu y nos dejan clásicos de la talla (p.ej) de “Roadhouse blues” o la magnífica “Raiders on storm”, esa sombría alucinación; quizá el culmen como composición de los Doors. En puridad, no creo que hicieran un mal disco por mucho que se pueda establecer una jerarquía (subjetiva, claro) entre ellos. Su discografía en directo (“Absolutely Live” de 1970) destaca sobre todo por la inclusión entera de su mítica, casi legendaria composición, “Celebration of the lizard”, dividida en varias canciones.

Y luego… Muerte de Jim. Cumpliendo con todos los tópicos del artista bohemio, incluyendo una muerte parisiense. Hubo algunos discos sin Jim, que aparte de nombrarles poco más se debería hacer con ellos. “Other Voices” (1971) y “Full Circle” (1972) tenían composiciones y voces de Manzarek y Krieger y “American Prayer” (1978) son grabaciones de Jim recitando poemas propios con fondo musical añadido por el resto de la banda a posteriori. A todos los efectos para mí la banda acabó en “L.A. Woman”, por mucha valía que muestren el resto de miembros deslindar a Jim Morrison de su banda me parece un despropósito. Son una misma sustancia artística. Del mismo modo que, a modo de ejemplo, no me gustó la unión de Queen con Paul Rodgers (ni siquiera estaba John Deacon) para hacer nuevo material y giras.

No es necesario decir que la influencia de The Doors ha sido gigantesca. A modo de ejemplo me interesa la que hubo sobre el post punk de finales de los 70 y principios de los 80. Ya hemos mencionado los casos de The Cure y Siouxsie, pero también podemos hablar de Echo And The Bunnymen, grandes fans y autores de un versión de “Soul kitchen”, o incluso de Joy Division (creo que recordar que en el biopic de Ian Curtis, “Control”, había un poster de Jim Morrison en su cuarto). El caso es que The Doors sigue siendo un grupo referencial de los 60, en lo musical, en lo icónico, en lo filosófico… A veces se han obviado algunos detalles (la sólida base literaria de Jim por ejemplo, era un gran lector) en favor de otros más escabrosos, como si pesara más el heroico consumo etílico y estupefaciente que otros temas. Pero nosotros a lo nuestro; “Strange Days” creo que debería tener más visibilidad y si bien en materia de clásicos no está a altura de otros, no solamente ese criterio ha de guiarnos. En conjunto es un disco brillante, un hermano pequeño que ha pegado un estirón y es capaz de mirar a los ojos a cualquiera de sus congéneres.

Texto: Mariano González.

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