viernes, 9 de diciembre de 2016

Temporada 8/ Programa 5: Dardem y “La Brecha” (2016)

Este sábado se estrena el 3er. capítulo de entrevistas de la 8ª temporada; creo que es la 1ª vez que llegamos al parón navideño con superioridad de las entrevistas con respecto a los coloquios de discos. Dardem y su último lp “La Brecha” son los protagonistas del programa que podrán escuchar en estreno este sábado 10 de diciembre a las 16.00h en Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH).

Como ya hemos informado en post anterior, el programa lo ejecutamos el pasado 26 de noviembre de 2016 tras el directo dedicado a The Cure, “Wish” y su último concierto en Madrid. Con Raúl Pacheco, 4 canciones seleccionadas de “La Brecha” y las preguntas que Mariano González y yo elaboramos, dimos forma a este programa que esperamos sea de su interés.

Consideramos que será una buena forma de pasar la sobremesa del sábado. Dardem les reportará musicalmente (en los temas seleccionados) a partes iguales intensidad rockera y otros medios tiempos más reflexivos igualmente maravillosos. Y, como no, las impresiones de primera mano de uno de sus componentes, en este caso su guitarrista Raúl Pacheco, resultan bastante interesantes para comprender el funcionamiento de Dardem y la creación de “La Brecha”.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1171439489592215
Emisión on-line RUAH: http://www.ruah.es/online.html
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martes, 6 de diciembre de 2016

DMR entrevistó a Dardem

Tras realizar nuestro programa en directo sobre “Wish” de The Cure y de paso hablar del concierto del grupo liderado por Robert Smith en Madrid el pasado 20 de noviembre, contactamos telefónicamente con Raúl Pacheco, guitarrista de Dardem. El motivo era llevar a cabo una entrevista en profundidad sobre el último trabajo de Dardem “La Brecha”, al margen de comentar otros aspectos relacionados con el grupo.

Fuimos Mariano González y servidor de ustedes quienes a dúo sometimos a nuestro particular y amable tercer grado a Raúl, el cual nos atendió muy amablemente durante 40 minutos para poder hablar de todo lo que queríamos hablar.

Esto fue ejecutado como decimos el pasado 26 de noviembre a eso de las 17:30h, pero será este sábado 10 de diciembre de 2016 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) cuando lo estrenemos. No se lo pierdan.

Agradecemos al propio Raúl Pacheco, en representación de su grupo, y a Pablo Camuñas de Promociones Sin Fronteras sus roles para que hayamos podido dar forma a este interesante programa de nuestra 8ª temporada de radio.
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sábado, 3 de diciembre de 2016

Nudozurdo - Sintética (2008)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Me apetecía desde hace tiempo comentar un disco de Nudozurdo, no en vano es una de mis bandas favoritas del indie español y los considero lo suficientemente talentosos como para ser tenidos en cuenta. A la hora de elegir el disco a revisar me decidí por el que supuso su revelación ante un público más amplio, “Sintética”. Los motivos musicales son más que suficientes para ponerse manos a la obra, pero mentiría si dijera que no hubo otras consideraciones de índole más personal. Verán. La música de “Sintética”, por diversas circunstancias, fue parte de la banda sonora de una relación mantenida por servidor de ustedes. Se podrá aducir que tampoco es una música propensa al romanticismo, pero las explicaciones al respecto son lo de menos. El caso es que cuando la relación se fue concienzudamente a freír espárragos, “Sintética” llevaba aparejado una carga de dolor que aparecía como un acto reflejo al apretar el play. Lo cual no deja de ser una sandez sentimental, pero supongo que hasta cierto punto inevitable. El caso es que pasado el tiempo, la cabeza fría volvió a regir mi criterio y pude volver a disfrutar de un disco magnífico. Y tenía pendiente desfacer un entuerto. A modo de revisión, por ejemplo. Y a eso vamos. De todos modos ya decía Rick Blaine en “Casablanca” que los problemas de dos personas poco importan en este loco mundo, de modo que sensatamente circunvalaremos toda está morralla nostálgica.

Desde hace un tiempo en nuestra escena musical independiente están apareciendo una serie de grupo de sonidos oscuros y evocaciones cercanas al territorio post punk. Ahí tenemos, entre otros, (cada uno con su toque) a León Benavente, Ornamento & Delito, Catpeople (un tanto desaparecidos) y por supuesto a Nudozurdo. Cuando escuché “Sintética”, por cierto, creía (como más de uno supongo) que se trataba del debut de la banda pero en realidad ya había grabado un disco tras ganar un concurso (Popzuelo) en 2002. Lastimosamente esa primera grabación contó con una deficientísima distribución que hizo que prácticamente se conociera solamente a partir del impulso de “Sintética”. De hecho el propio “Sintética” contó con una gestación dificultosa, retrasándose su lanzamiento bastante tiempo. Tampoco en estos primeros años de la banda la formación es totalmente estable. En los tiempos en que “Sintética” fue lanzado, la formación estaría compuesta por Leopoldo Mateos (líder y espíritu del grupo, el único que ha estado siempre) en voces y guitarra, Jorge Fuentes a la batería, Meta en el bajo y César de Monteyrín en guitarras. Posteriormente en discos sucesivos Jorge Fuentes fue sustituido por Josechu Gómez.

Para situar las coordenadas de “Sintética” diremos que la música se mueve en un estilo oscuro, decadente, de bajo y batería marcados y guitarras entre lo atmosférico y sucio según se requiera. Podría haber reminiscencia de varios grupos de sonoridad oscura de principios de los ochenta, entendiendo esto como una mera orientación y no como una lectura unívoca. Hay también quien habla de similitudes con Low, Mogwai… Y quizá la banda no esté de acuerdo con muchas de estas referencias. Qué importa, si suenan bien. Si la música puede llegar a ser densa, líricamente el disco no lo es menos. Las letras de Leopoldo Mateos son abundantes en figuras perturbadoras, inquietantes y frecuentemente dolorosas, pero sin renunciar a un cuidado lirismo. No son letras malrollistas sin ningún tipo de matiz, no estamos hablando de un grupillo emo. Visto que el panorama no parece ser la alegría de la huerta, bien haremos en conceder tiempo y escuchas para que vaya calando poco a poco, despaciosamente. Lo cual no significa que no tenga bazas ganadoras; en su momento cuando escuché “Mil espejos” (quizá porque era un estilo cercano a mis gustos) tuve la impresión de que había que indagar con detenimiento, y hoy no tengo dudas de que fue un acierto. Así que, a fin de cuentas, el laborioso parto de “Sintética” fue provechoso.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Mil espejos”: O cómo empezar el disco de una forma óptima. Sentimentalmente es sin duda mi canción favorita de Nudozurdo, pero la admiración siempre es secundada por buena música. La intro a base de bajo y batería, mientras por encima se van dibujando unos melancólicos acordes de guitarra, es hipnóticamente atractiva. La melodía vocal a cargo de Leopoldo Mateos suena triste y serena a un tiempo. Líricamente se nota la amargura de una relación ya pasada: “y aunque estés equivocada, y aunque tú ya no estés, en mi cuerpo hay mil espejos por donde yo… por donde yo te puedo ver”. Buen comienzo de disco y una canción carismática e indispensable de Nudozurdo.

2. “Negativo”: Canción de ritmo persistente y nervioso con notable presencia de bajo y batería; es más sencilla y con más colmillo que la canción anterior. Transmite cierta sensación de agobio, subrayado por unos leves y fantasmales coros de Leopoldo. Una canción directa, de seducción oscura: “porque las chicas van pasando y te quitan el lugar, y en su voz hay mil promesas que tú tienes que pagar”.

3. “Ganar o perder”: El concepto balada es, como poco, amplio y ésta podría ser un ejemplo de balada a lo Nudozurdo. Guitarras atmosféricas, ritmo sosegado y una sensación de tristeza y decadencia dominándolo todo. De las guitarras podríamos decir que tienen toque a lo Chameleons o incluso Interpol (más o menos). En cualquier caso todos los elementos huyen de la afectación y la tentación del melodrama. Incluso líricamente afronta el tema de la ausencia de un modo un poco cruel: “Y creo que lo que más echo de menos es discutir contigo hasta hacerte llorar, para que me perdones primero y para ponerte de nuevo contra la pared”.

4. “Kamikaze”: Y nos adentramos en terrenos cada vez más oscuros. La canción se inicia poco a poco, casi reptando, sonando cada vez más lúgubre y angustiosa. A su favor, la pertinaz base rítmica, los cambios de ritmo y un estribillo potente. La letra también se desliza hacia el lado sombrío, como si fuera una exploración de alguien inquietante, pero diseccionando sin irse muy lejos del oyente: “tú quieres que te respeten pero la gente lo que ahora tiene es miedo de ti y esta noche avanzas en tu coche blanco, recién estrenado, por la ciudad”.

5. “El hijo de Dios”: Y llegamos al gran tour de forcé del álbum. Musical y líricamente es todo un puñetazo al hígado, una composición absolutamente visceral, sin miramientos; sensación que aumenta con el tono “hablado” de la canción. Son más de siete minutos y medio sin grandes variaciones en la melodía, pero son las modulaciones en la intensidad y los pequeños, pero astutamente dispuestos, detalles los que ayudan a atrapar; como por ejemplo el sencillo pero efectivo riff. La letra es la más brutal del álbum y pasa por ser una galería demencial de personajes y situaciones extremas donde lo mismo caben imágenes violentas, suicidios o menciones a ex alcaldes de Madrid (póngase cada cosa a su nivel). Dicho así, estoy haciendo una semblanza terrorífica, pero escuchándola, está todo articulado de una manera relativamente sutil. Impacta sin horrorizar. Me recuerda un poco el estilo lírico de Fernando Alfaro en sus diversos proyectos (véase “Gente abollada” de Surfin’ Bichos).
6. “Otra vez”: Conviene bajar un poco la intensidad, no sea que bordeemos la taquicardia y nos saturemos. Este tema cumple esa función, hacer un poco de contrapeso. Las estrofas son suaves, de guitarras acogedoras y entonación mesurada. El colmillo se clava en el estribillo donde el acelerador es pisado a fondo y se gana notablemente en contundencia. La letra es una conversación de cama de una pareja desde el punto de vista de la mujer y que comienza con un taxativo: “Otra vez, fóllame otra vez”. O sea, una “pillow talk” (que dirían los finolis) más bien erótico-festiva. Aunque no, festiva no mucho. Curiosa.

7. “No hay nadie”: La canción quizá más cercana al rock de toda la vida durante toda su estructura. Guitarras marcadas, ritmo pegadizo y poderoso estribillo. Es el tema más sencillo y más estándar del disco, si bien no desagrada tampoco. La letra también deja alguna perla lírica: “Perdí tanto el tiempo, que creí que el tiempo eras tú”.

8. “Ha sido divertido”: Vuelven las curvas; ritmo más pertinaz, guitarras nerviosas y nuevos efluvios post punk. La sensación de melancolía que emana es perdurable, también ayudada por una (a su modo) emotiva interpretación vocal. Suena a derrota. Líricamente se sitúa tras una ruptura, al poner a trasluz y comparar las partes iniciales y auspiciosas de una relación con las finales y amargas. Es la desolación de que algo potencialmente bueno se vaya a la mierda. La primera parte de la letra es la positiva: “Ha sido tan divertido habernos encontrado, ha sido divertido que me hayas acogido”. La segunda es la negativa: “No ha sido divertido habernos desangrado, no ha sido divertido mil malentendidos”. Dolorosa si estás en situación.

9. “Ido”: Y cerramos con un estupendo instrumental, de los que dan buen nombre a este tipo de composiciones. Olvídense de los instrumentales que son extractos de hilos musicales, pasivos y funcionariales. En cambio, tenemos lo mínimo que puede ser exigible para una composición: es expresiva, mueve a emociones. Las guitarras saben a eco, son bellas y bien estructuradas. No sé por qué me evoca un día lluvioso. Buen final.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Una primera aproximación: el disco es conciso; nueve canciones. Lo suelo decir con relativa frecuencia, pero en general me gustan los discos tirando a breves (con sus excepciones, claro está). Es preferible la sensación de quedarse con un poquito de hambre y ganas de más, que con un empacho que a la larga mengüe las ganas de futuras escuchas.

“Sintética” es un disco que evoca y disecciona (creo que he utilizado este término más arriba), trae al presente sensaciones colindantes con la melancolía, con la nostalgia. Sin embargo, a un tiempo lo hace presentándolo desde el lado oscuro, sin escudarse en sensiblería. Más bien al contrario. No hay subterfugios, ni evitación; lo que aquí se cuenta es crudo, sórdido, epatante. En la medida en que aceptemos esta premisa podremos adentrarnos en “Sintética” o de lo contrario nos quedaríamos viendo el panorama desde el umbral. Mi recomendación es que, si no lo han hecho, lo intenten; musicalmente me parece interesantísimo y dentro del tono punzante existe equilibrio, no es un desatino depresivo.

En 2011 Nudozurdo lanza su segundo disco “Tara Motor Hembra”, un disco musicalmente expansivo en varios aspectos. Cuando es atmosférico, es más atmosférico y cuando es crudo es más crudo. O lo que es lo mismo, tenemos varias canciones largas y espaciosas y otras distorsionadas y turbias. En vista de lo cual es ajustado decir que es un disco más ambicioso, con síntomas de crecimiento y a la vez de coherencia. No me gusta tanto como “Sintética”, pero sí creo que se hizo acreedor a un mayor reconocimiento, si bien en general las críticas fueron buenas. El siguiente paso, en 2012, fue el EP “Ultrapresión”, conformado por cinco canciones grabadas durante las sesiones de “Tara Motor Hembra” y que remiten lo mismo a sonidos familiares de anteriores entregas que a territorios no hollados todavía. Más desconcertante puede parecer su “Acústico” (2013) y la reescritura de algunas de sus canciones, con arreglos de cuerdas y tal. Igualmente es disfrutable. Y llegó la hora de hacer un desdoblamiento, un spin off o simplemente de inaugurar un proyecto en solitario de Leopoldo Mateos llamado “Acuario” (2014), donde aportaba la interesante novedad de añadir el manejo de los sintetizadores permitiéndose algún deje ochentero. Este disco cobra todavía más importancia porque parte de su sustancia se traslada al siguiente trabajo de Nudozurdo, “Rojo Es Peligro” (2015) donde las programaciones son más importantes y el elemento electrónico aumenta a la par que también lo hacen los tempos de corte más tranquilo. En este caso la oscuridad es más sutil, pero a pesar de todo ello en el trasfondo se puede ver elementos primordiales de Nudozurdo. Y después… Parece ser que el grupo está trabajando de pleno en un nuevo disco, pero poco más se sabe. Visto todo con panorámica Nudozurdo es todavía un grupo joven, si bien llevan en liza desde 2002; solamente acumulan cuatro discos de larga duración y las recientes aventuras estilísticas han resultado satisfactorias. Lo cual nos lleva a concluir que el futuro es francamente auspicioso.

Y creo que antes de que se materialice ese futuro no está de más escuchar “Sintética”, no en vano es la piedra angular (creo yo) de lo que está siendo su carrera. No hace falta tener ninguna tribulación sentimental como yo, bastan los criterios musicales. Un disco que a pesar de haberlo descrito como oscuro, triste, etc, es un disco honesto, emotivo y, por cierto, bastante lúcido. Merece la pena.

Texto: Mariano González.
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viernes, 2 de diciembre de 2016

Concierto Ocean Colour Scene. Madrid (30-11-2016)

Este otoño de 2016 que comienza a agonizar, nos ha reportado una serie de experiencias en directo altamente satisfactorias, señaladas y muy emotivas. Comenzamos con el set acústico de Lloyd Cole en el Teatro Barceló de Madrid, para luego vivir el universo Kraftwerk por duplicado en Bilbao a los pocos días. Tuvimos también la ocasión de experimentar los triunfos de Dorian en La Riviera y de mis predilectos The Cure en el Palacio de los Deportes. Todo esto al margen del solvente show que Mariano González vivió de Dardem en la sala Arena.
“DMR” rematamos este 2016 con una cita de lujo de la mano de Ocean Colour Scene, una de las grandes bandas del brit pop de los años 90 y que nos ha dejado grandes momentos musicales desarrollados principalmente entre la 2ª mitad de los 90 y comienzos del milenio. Se cumplen en este año 20 desde que su emblemático “Moseley Shoals” viera la luz y el cuarteto actualmente formado por los clásicos Simon Fowler, Steve Cradock y Oscar Harrison, junto al actual bajista Raymond Meade ha tenido a bien dedicar una gira a su recuerdo, con la interpretación completa del mismo sin olvidar otros trallazos de su obra discográfica.
El miércoles llegamos a La Riviera poco más tarde de las 20:30h y el ambiente aún era tibio. La hora de comienzo estaba fijada para las 21.00h, y ésta fue una de esas ocasiones en las que el aforo se repleta en los últimos 15 minutos antes del arranque, ya que a la hora indicada para zarpar, el recinto se puso hasta los topes. Abajo la base rítmica de OCS con Oscar y Raymond.
Nos situamos en 3ª fila enfrente de la posición de Raymond, en la que intuíamos un concierto plácido, pero poco a poco se fueron acercando hasta nuestra posición una buena legión de una perfecta mezcla entre rude boys y mods, que iban bastante espirituosos (y lo que fueron añadiendo durante la actuación) y que causaban cierta inquietud por su impetuosidad hooliganera; parece que últimamente tenemos imán para que la gente más bullanguera del recinto se coloque cerca de nosotros. Por fortuna, no hubo que lamentar heridos.
Bueno, a lo que vamos, a eso de las 21.12h, con el tiempo justo de hacerse de rogar, pero sin crear cabreos por ello, y tras una buena sesión muy sesentera (con algunos retazos de mi gusto como el “Going underground” de The Jam) a cargo de nuestro buen amigo Dj Pichurra, las luces se apagaban y se presentaban ante nosotros los OCS capitaneados por ese vigoroso y potente cantante que es Simon Fowler; un tipo que nos imaginábamos a priori (ésta era la 1ª vez que veía a Ocean Colour Scene en directo) más serio y que por el contrario demostró ser muy simpático y bromista. Abajo vemos sin embargo en la imagen a Steve Cradock.
El grupo arrancó con la cover de “Day tripper” a modo de intro. Y así se quedó, como una buena intro, ya que los cánones mandaban arrancar con “Moseley Shoals” tal como fue concebido, por lo que sin descanso se presentaron los acordes de contundentes envites que conforman la imprescindible “The riverboat song”. Los acordes de la eléctrica de Steve estuvieron a la altura de efectividad que Simon desplegaba con su timbre de voz al micrófono.
En “The riverboat song” la base rítmica de Oscar (arriba del párrafo) no defraudó y destacó sin duda el papel de Raymond en un tema donde el bajo dice tanto. A favor de Raymond Meades hemos de comentar que destaca su humildad, siempre tocando en un segundo plano de posición en el escenario, no queriendo para nada quitar un ápice de protagonismo a ese dúo carismático y arrollador que forman Simon y Steve. Sin duda un momentazo que en otras giras de Ocean Colour Scene se debería situar más tarde en el setlist, pero aquí el concepto y protagonista era el que era. Les insertamos el vídeo que grabamos de “The riverboat song”; no esperen, como siempre, gran calidad de audio/imagen de nuestros vídeos.

Claro, por lógica ahora tocaba meterse con el otro gran clásico del 2º disco de estudio de OCS. No podía ser de otra forma y “The day we caught the train” provocó unos coros atronadores y llenos de emoción entonados por cada una de las almas que estaban dentro de la sala; no sería la única vez de la noche en este sentido.
Por tanto, el grupo planteó un inicio de actuación con la que ya se consiguieron el notable de calificación y prosiguieron para subir nota desplegando toda la magia y distintos capítulos que ofrece su “Moseley Shoals”. Un disco, que aún no ha pasado por aquí en nuestro clásico formato de revisión canción a canción (quizás no tarde mucho en hacerlo), que como bien saben da lugar a capítulos intensos, otros más recogidos y en definitiva una variedad con la que OCS demostraron tener buena cintura para pasar de demostrar distintos estados de ánimo de un minuto a otro. Por cierto, que se nos pasaba: a continuación insertamos el vídeo que grabamos de ese himno llamado “The day we caught the train”.

Hubo por tanto momentos para el recogimiento, como el que nos otorgó la bella y calmada “The downstream” y un rato antes “It’s my shadow”, con su buen trabajo registrado en su estribillo. Otros capítulos desgranaron mayor enfoque rockero como la efectiva “Policemen & pirates” (situada entre las 2 piezas más calmas, al igual que en el track list del disco, claro) y el tramo troncal del concierto dedicado al 2º disco de estudio de OCS se cerraría con el largo desarrollo de “Get away”, donde no faltó la armónica que ejecutó Simon, abajo en primer plano.
Pero, no todo iba a ser “Moseley Shoals”, ni mucho menos. Ocean Colour Scene completaron 1 hora y 40 minutos de actuación en la que se repasaron otros episodios muy válidos de su discografía. Yo les hablaré ahora del que para mí fue uno de los grandes momentos de la noche; venga, no me quiero quedar en medias tintas: fue mi momento favorito del concierto. Me refiero a “Better day” de su “Marchin’ Already”, sucesor de “Moseley Shoals”. Recuerdo muy bien los días en los que esta canción era puesta una y otra vez en el programa “Play Music” que presentaba Adriana Frade en Canal 7.
“Better day” es, como bien saben ustedes, una canción en forma de bonita balada melancólica y reflexiva, que en directo sonó sublime y muy sentida. Gran trabajo del señor Fowler a la voz, en este episodio tan remarcado del show que ya se dispuso tras el primer receso que la banda tomó para dejar el escenario durante unos segundos y ceder el protagonismo a Simon que no se bajó de las tablas (foto superior al párrafo) para antes afrontar “Foxy’s folk faced” también de “Marchin’ Already” con la acústica; sonó menos folkie y creo que le vino bien este enfoque más desnudo. No podía dejar de grabar (si bien no mirando a la pantalla, que las cosas hay que verlas en directo) mi debilidad de OCS que es “Better day”.

Destacó mucho “Profit in peace”, que llegó tras la soberbia “Better day”. Este tema de su “One From The Modern” de 1999 es tremendamente pegadizo y se hizo acreedor de los momentos de coros de la audiencia más destacados de la noche, superando incluso en ese apartado a “The day we caught the train”. Y en el plano de los coros, tampoco estuvo mal la respuesta del público en los últimos segundos de “Get blown away”. Vean aquí abajo a Simon coronando a “saint Steven”.
Otro capítulo que en mi terreno personal esperaba con ansias fue el pasaje “Lock And Stock” del show. “Hundred mile high city” arrolló cuando salió a la palestra. Los punteos eléctricos de la eléctrica fueron ejecutados por mr. Cradock de forma soberbia. Simon la afrontó con cierto malditismo al micro y lo más curioso de todo es que este tema supuso el final del concierto; un lugar dentro del set list que no me pega demasiado (sí que la veo más como re-arranque para iniciar el bis).

En el capítulo de ausencias, dentro de un setlist apto para los seguidores más exigentes, solamente me faltó el trallazo pop que fue single de su “Mechanical Wonder”. “Up on the downside” es un tema que me encanta y fue lo único que restaba para que la satisfacción hubiera sido de un 100%. Por lo visto (tras el concierto he estado trasteando por la red viendo setlist anteriores), Ocean Colour Scene no la tienen en consideración para sus conciertos desde el año 2007. Una pena, pero bueno. Les hemos narrado los momentos más destacados desde nuestra óptica del show, pero para que se hagan una idea más fiel, les dejo una foto del setlist que tomé de una afortunada que se lo llevó para casa.
Llegando a las conclusiones, lo primero es darnos cuenta del buen concierto que Ocean Colour Scene ofrecieron en Madrid. Demuestra varias cosas. La primera es que el grupo dispone de un repertorio de rock que no debe ser olvidado. La segunda es que con los medios justos y precisos (formación de guitarra, batería y bajo, con segundas guitarras cuando procedía por parte de Simon o algunos teclados a cargo de Steve), OCS son capaces de llenar el escenario y ofrecer un concierto de tremenda potencia rítmica, donde Oscar y Raymond tienen mucho que decir.
Antes de continuar con esta enumeración de ideas o reflexiones sobre lo experimentado, reparen en la imagen en blanco y negro que sacó Susana Hernanz y que está situada aquí arriba (a OCS le viene muy bien el blanco y negro para sus imágenes). Continuemos donde estábamos; la tercera es que la gente tiene en mente a esta gran formación, ya que la sala se terminó llenando y registró un aforo con un público completamente entregado a las canciones del grupo. Y la cuarta, si bien puede ser de perogrullo, es que Ocean Colour Scene siguen estando en activo, cosa no tan evidente cuando se aprecian actividades tan inconexas temporalmente como las que ofrecen las carreras de Pulp o Blur a día de hoy o la disolución de Oasis. Solamente Suede, de los contemporáneos de corriente o movimiento, se mantiene a buen nivel de actividad a día de hoy.
Al igual que lo suponemos de todos los asistentes, nosotros no fuimos una excepción y nos lo pasamos muy bien en el concierto de Ocean Colour Scene; al terminar, a la otra orilla del río y como hicimos el día de Dorian, nos tomamos unos pequeños bocadillos y algo de beber para celebrar lo vivido y comentarlo con la emoción todavía a flor de piel. Esta cita con OCS la imaginábamos como un gran colofón al ya comentado otoño musical en vivo tan fabuloso que hemos disfrutado (quizás solamente comparable al que gozamos en 2010) y no nos equivocamos. Agradecemos a Pablo Camuñas de Promociones Sin Fronteras sus gestiones para facilitar que “DMR” fuéramos acreditados como medio para poder informarles de esta cita tan destacada.
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domingo, 27 de noviembre de 2016

Programa Fundación Tony Manero “Superficial” (Temporada 8/ Programa 3)

Realmente este programa que compartimos telefónicamente con Lalo López, el guitarrista de Fundación Tony Manero, es el estreno de la 8ª temporada. Y es que la grabación de la entrevista la llevamos a cabo el sábado 15 de octubre de 2016, antes de que comenzáramos el programa en directo junto a La Broma Negra; para pruebas, comprobarán que la camiseta que llevo en la foto (correspondiente al momento de la edición del audio de la entrevista con Lalo) es la misma que la que nos sacamos más tarde con nuestros invitados presenciales.

El metro de Barcelona nos quiso jugar una mala pasada, pero Lalo consiguió superar las incidencias ajenas a su persona y pudimos llevar a cabo una disección razonablemente profunda sobre “Superficial” y otros aspectos que rodean a Fundación Tony Manero; la incidencia solamente se notó en que el estreno en directo de la temporada, por motivos de edición de la entrevista con Lalo, se retrasó un par de minutos.

El programa se estrenó el sábado 12 de noviembre a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) y contó con sus 3 redifusiones correspondientes los miércoles 16 y 23 de noviembre a las 23.00h y el sábado 19 de noviembre a las 16.00h en el mismo dial.

Queremos agradecer a Carme Tasias de Musicbus (si bien Fundación Tony Manero a día de hoy ya no están en colaboración con Musicbus) sus gestiones para que pudiéramos llevar a cabo este programa que teníamos en mente realizar desde ya hace un tiempo.

Por si no pudieron escuchar en las 4 ocasiones el programa y es de su interés, les insertamos abajo el reproductor para que puedan ahora desquitarse y también les dejamos el enlace a Ivoox donde se encuentra alojado para que puedan descargárselo con total libertad: http://www.ivoox.com/dmr-8-3-audios-mp3_rf_14117173_1.html
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viernes, 25 de noviembre de 2016

Temporada 8/ Programa 4: The Cure y “Wish” (1992)

Aún estamos emocionados por el tremendo concierto que vivimos el pasado domingo en el Palacio de los Deportes con Robert Smith y el resto de los The Cure actuales. Y, ¿se creerán que ya teníamos de antemano pensado que hablaríamos sobre “Wish” este próximo sábado en nuestro programa? El motivo de la pregunta estriba en que el disco del grupo de 1992 fue uno de los protagonistas principales del repertorio que la banda ofreció para la ocasión.

Será excusa su análisis para dedicar el programa a partes iguales entre diseccionar este álbum, uno de los mejores de su trayectoria y para hablar largo y tendido del concierto. Mariano González vendrá en persona, con lo que probablemente tengamos abiertas las líneas para que puedan entrar y brevemente comentarnos sus impresiones sobre el disco protagonista y el concierto.

La cita es este sábado 26 de noviembre de 2016 a las 16.00h en la sintonía de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Les esperamos. No nos falten.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1834799446763773
Emisión on-line RUAH: http://www.ruah.es/online.html
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jueves, 24 de noviembre de 2016

DMR cubrirá el concierto en Madrid de Ocean Colour Scene (30-11-2016)

Presumiblemente, nuestro último concierto de 2016 sea el que veremos este próximo miércoles en La Riviera, a la cual retornamos después de ver el triunfo de Dorian unas semanas atrás. Diciembre suele ser mes de pocos conciertos y sin haber en efecto alguno a la vista, despedirnos hasta 2017 de la mano de Ocean Colour Scene es una opción más que remarcable.

Los británicos, grupo paradigma de un pop-rock enérgico de buen ritmo desarrollado desde los años 90, vienen para celebrar los 20 años de su disco “Moseley Shoals”, un trabajo redondo, tal como me lo describió un amigo hace unos días cuando le comenté que el grupo actuaba en Madrid.

Estaremos presentes pues este próximo miércoles 30 de noviembre de 2016 a las 21.00h en La Riviera para narrarles lo que OCS ofrezcan derivado de rescatar en directo su disco más emblemático. No faltará un buque insignia como es “The riverboat song”, pero confiamos en que el repertorio incluirán otras canciones tan notables como “Hundred mile high city” o “Better day” del siguiente lp a “Moseley Shoals” “Marchin’ Already” y, ¿por qué no? otras canciones muy válidas como “Up on the dowside” por ejemplo.

En días siguientes les narraremos nuestras impresiones. Quedan entradas, por lo que mejor vívanlo de primera mano y luego contrastamos sensaciones. Agradecemos a Pablo Camuñas de Promociones Sin Fronteras que haya contado con nosotros una vez más para un evento tan destacado como éste.
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lunes, 21 de noviembre de 2016

Concierto The Cure. Madrid (20-11-2016)

Tras la cita con Kraftwerk del pasado mes de octubre en Bilbao, el otro gran acontecimiento musical de este 2016 a nivel personal era la 3ª vez que vería en directo a The Cure. 8 años y medio han tenido que pasar para que pudiera publicar una “crónica de evento” de mi grupo favorito en este blog. Y es que se dio el caso de que “DMR” nació 3 meses después de la última vez que The Cure pisaron Madrid. Hasta entonces, hemos hecho 2 programas de radio dedicados a la formación (más el que viene este sábado a las 16.00h en la sintonía de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), ¡no falten!) y 6 revisiones de discos de su obra hasta la fecha. No obstante, a modo de desquite y para ir abriendo boca (les advierto que este artículo va a ser laaargo…), no me resisto a narrarles (tirando de memoria) algo de las 2 veces previas que había visto a The Cure antes de la del pasado domingo.
Descubrí a The Cure en el verano de 1996, al calor del lanzamiento de su “Wild Mood Swings”, disco que no gustó a casi ningún fan en aquel momento; sin embargo, “Mint car” provocó el mí el hechizo que a día de hoy permanece en mi ser y que hace que adore a The Cure. Desde entonces, comencé poco a poco a hacerme con la obra del grupo a modo de grabaciones que me iba pasando el hermano mayor de mi amigo Chemi Villena, Antonio. Primero fue el “Mixed Up” (incompleto, y otro ítem controvertido de la trayectoria del grupo), luego me regalaron el “París” y el “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”. Después vinieron más cintas de cassette grabadas, incluyendo una de 90 minutos con “Seventeen Seconds”, “The Top” y “Faith” (embutidos los 3, salvo sus singles; curiosidades para aprovechar espacios de grabación, supongo) y así llegamos hasta 2000 cuando el grupo editó “Bloodflowers” y anunciaba 2 fechas en La Riviera.
A mis 18 años y pocos meses, asistía a mi 1er. concierto de verdad (al margen de los de fiestas patronales o populares de Torrejón de Ardoz), en sala y con pago de entrada. Allí acudimos varios fans amigos del instituto (Aida, Álvaro…) y yo en compañía de Antonio Villena. La sala estaba sofreaforada hasta límites insospechados. No cabía un alfiler. Nos situamos en 2ª fila enfrente de los teclados de Roger O’Donnell (que en aquella gira estaba en la parte izquierda del escenario según miras), detrás de un tío que era un perfecto calco de Marilyn Manson. En aquella noche inolvidable (en la que no pude ni quitarme el abrigo), Robert y cia. (por entonces con Simon Gallup al bajo, Perry Bamonte en la guitarra, Jason Cooper en la batería y el citado Roger en las teclas) desgranaron a fondo el agradable “Bloodflowers” (creo que prácticamente lo tocaron entero) y sellaron un set list oscuro, intenso y tremebundo que desarrollaron durante las 2 horas y 40 minutos de actuación. Brillaron momentos como la canción-título del disco “Faith” en los bises, “A forest” (como no iba a ser así. También en los bises) y hubo sorpresas agradables como “Want” o ítems extraños como “If only tonight we could sleep”. Nada de pop; lo más “alegre” que sonó aquella noche fue “Maybe someday”, que ya me dirán ustedes. La 2ª fecha en La Riviera incluyó más concesiones al pop que ésta reseñada del 27 de marzo de 2000. Clásicos como “Lullaby” y lógicamente como “Just like heaven” o “In between days” se quedaron en el olvido y me fui sin haberme podido desquitar. Aquel día me llevé mi cámara de carrete y saqué algunas fotos. He hecho una foto a una de las mejores que quedaron y que tengo en un álbum para el recuerdo. Les he dejado las 2 intentonas arriba y debajo de este párrafo; sí, tendría que haberla escaneado, lo sé.
Tras ese show, hubo alguna asistencia del grupo al FIB (al que no me desplazo ni borracho), la edición del disco homónimo del nombre de la banda (irregular a ratos) y llegamos al 6 de marzo de 2008, casi 8 años exactos después para acudir al Palacio de los Deportes. Allí acudí con mi buen amigo Sergio Calero y nos situamos en 3ª fila casi enfrente del propio Robert para antes ver a 65 Days Of Static y luego disfrutar de 3 horas de show inolvidables. Aquel día también estuvo Óscar Cañas, allá por mitad de pista, y Mariano González, que apenas pudo pasar del hall de entrada de la calle Goya y habiendo entrado al recinto con más de 5 canciones interpretadas (motivos laborales y de colas kilométricas para acceder a esas horas al Palacio de los Deportes). En esta ocasión The Cure sí que ofrecieron un show variado, donde no faltaron los grandes clásicos pop que fueron hits en su momento (las citadas ausencias de 2000, “Lullaby”, “Just like heaven”, “In between days”, esta vez no faltaron), aparte de capítulos siniestros sorpresivos y agradables como “A strange day” (tocada casi al arrancar) o la canción “Disintegration”, que no sonó mal a pesar de que en aquel show no había teclista; en esa fecha la formación había visto como se perdían a Perry y Roger, pero como volvía el clásico Porl Thompson, que dio un fuerte empaque al sonido con sus guitarras. En ese show de 3 horas superadas y que cerró con un bis de infarto (con cosas como “10.15 Saturday night”, “Grinding halt”, “Jumping someone else’s train”, “Killing an arab” y “Boys don’t cry”), solamente eché mucho en falta a “The walk”: primero porque me gusta y segundo porque mi partenaire Sergio Calero un día en el instituto, haciendo un cómic entre varias personas, por ciencia infusa calcó en una viñeta parte de la imaginería del videoclip alocado de la canción dirigido por Tim Pope. Aquí debajo una foto del concierto de 2008, desde la 3ª fila, en la que vemos a Robert y Jason junto al gran Porl Thompson.
Bueno, pues otros 8 años (y medio) más y llegamos hasta ayer. Nuevamente era el promotor Gay Mercader al que había que agradecer que nos trajera a The Cure a estas tierras. Las entradas salieron a la venta con 11 meses de antelación. Acordamos, para facilitar que Mariano González no se perdiera la cita, buscar un asiento reservado para esta ocasión (habiendo visto al grupo ya en 2 ocasiones en 2ª -2000- y 3-4ª fila -2008- en mi vida ya me parece suficiente), aparte de que el precio de pista (casi 80 euros) era algo descabellado. Localizamos unas entradas por 61,50 eur. que intuía que desde sus localidades no se vería mal del todo (nos daba algo de miedo el sonido a esas alturas del recinto). Y nos juntamos para cita los 4 que vimos disgregados (salvo Sergio y yo) el concierto de 2008. Con Sergio, con el que no acudía a un concierto desde aquel de The Killers en 2009, quedé a las 17.15h en Av. América (llegando yo empapado tras un paseo desde el barrio de San Pascual hasta el intercambiador; ciertamente un día muy apropiado para un concierto de The Cure, a pesar de las incomodidades, ya que de sus tonos resultaba reminiscente de la portada de “Faith” de 1981, disco del que -ya les hago spoiler-, no sonaría luego nada). Luego fueron llegando Mariano y Óscar a eso de las 18-18.30h a una cervecería que hay justo enfrente del acceso de la calle Goya al recinto. Antes de entrar a tomarnos unas cañas, Sergio y yo pudimos ver desde las puertas de la calle Goya la prueba de sonido y proyecciones de The Cure. Se veía a Robert perfectamente al fondo en mitad del escenario mientras había una espiral sobre el telón de fondo proyectada.
Queríamos ver al telonero (sana costumbre que tenemos), si bien hasta el mismo día no reparé en ello. A eso de las 19.15h fuimos accediendo y tras sufrir por 1ª vez las colas eternas del guardarropas y localizar el ascensor, llegamos a nuestros asientos. The Twilight Sad no tardaron mucho en arrancar su actuación tras acomodarnos. Su sonido era muy bueno (cosa que nos tranquilizó) y melódicamente estaban bien. Su cantante ofrecía unos dejes curiosos marcando mucho las “r” en su pronunciación. Para primera percepción estuvieron bien. Supongo que ahondaré en su obra, ya que hubo varias piezas que sonaron agradables. Su estilo es de un pop-rock que se mueve entre cierta épica y melancolía que nos les queda mal. Sergio Calero me comentó que no le parecieron mal, pero que a él le gustaron más 8 años atrás los 65 Days Of Static. Yo me quedo por otro lado con The Twilight Sad. Arriba y debajo del párrafo, sendas fotos (muy oscuras) de The Twilight Sad.
Se encienden las luces, tras la algo más de media hora tácita de show de The Twilight Sad y rápidamente los roadies comienzan a cambiar y preparar el set para The Cure. Se veía a la gente con los vasos de bebida personalizados (buen detalle ciertamente) y Óscar y Sergio se pillaron un par de birras, con la sorpresa de que me invitaron a otra a mí. Lo valioso en este caso era el continente más que el contenido, o al menos así lo veo yo.
Comentemos algo de nuestra ubicación. Lo malo de la zona donde estuvimos no es la ya lógica distancia con la que se ve al grupo, bastante lejos y diminuto (si bien no tanto como se cree), sino que la gente no para de moverse de arriba para abajo, obligándote a levantarte una y 1000 veces; especialmente en nuestra fila había un merluzo con gafas y camisa clara que, en palabras de Mariano González no se sabía si tenía cistitis o si era un borracho que iba cada 2 por 3 a por priva. En fin, era lo que tocaba, al margen de que los de la fila de delante decidieran ponerse de pie y te dieran por saco visualmente al respecto. Flanqueando el presente párrafo 2 autofotos (hablemos en castellano) en las que nos verán a los 4 asistentes. A Mariano González (notablemente emocionado en la foto superior) y a Óscar Cañas (en el medio en la foto inferior) les conocerán ya los seguidores de “DMR”. Sergio Calero es el de la izquierda en la foto de abajo.
Puntualmente a las 21.00h se apagan las luces y comienzan a sonar ecos que me evocan a “Tape”. En las cañas previas a entrar, Mariano nos preguntó por nuestras intuiciones para el arranque y yo puse un “doble” en mi quiniela apostando por “Open” o “Plainsong”: ya no había lugar a dudas, tras “Tape” llegaría “Open” que funcionó como siempre muy bien a título de apertura (“Plainsong” abrió en 2008, por cierto). Sobre el escenario podíamos ver a Robert Smith capitaneando a los Cure actuales con Simon no parándose de mover por el escenario al bajo, Roger de vuelta en los teclados, Jason en la batería (ya más de 2 décadas en el grupo) y el último Cure Reeves Gabrels en la guitarra.
El arranque de concierto fue de quitar el hipo, ya que se encadenaron una serie de éxitos con otras sorpresas agradables que conformaron un inicio de set list de apoteosis. Tras “Open” llegó “High”, que aúna lo de éxito y sorpresa. Me gustó mucho escuchar en directo este pop tan bonito de su disco “Wish”, álbum que de momento se hacía acreedor de la noche. No obstante, no tardó mucho “The Head On The Door” en reclamar su puesto con un escrutinio soberbio de varios de sus temas. El primer vuelco de corazón de la velada lo supondría de hecho “A night like this”, que vino tras “High”. Una de las canciones más valoradas del disco de 1985 y que terminó de meterse en el bolsillo a todos los verdaderos fans del grupo que estábamos dentro del recinto. A continuación el vídeo (muy borroso) que grabé de este temazo.

Pero con “The Head On The Door” no acabaría ahí la cosa y en los primeros 45 minutos de concierto también salieron a la palestra “The blood” (siempre apropiada de sonar en nuestra ciudad y que no en vano ya sonó en 2008), “Kyoto song” (una de las grandes sorpresas del show) y la guitarrera “Push”, donde las cuerdas de las guitarras eléctricas del tándem Smith-Gabrels sonaron potentísimas. “In between days” fue otro caso de alegría personal que estuvo presente en esta primera parte de concierto, si bien la viví con más intensidad en 2008 cuando la escuché en directo por 1ª vez. No está mal el zoom de la cámara de mi madre, la cual cogí prestada para la ocasión, ¿no?
Sin embargo, y “Kyoto song” al margen, para mí el gran momento del primer sector del concierto vino de la mano de la simpática “The caterpillar”, único single de “The Top” de 1984. Ese “gusanito” apareció cuando menos me lo esperaba y elevó a todo el Palacio de los Deportes a cotas de felicidad y hedonismo pop exageradas. No me la esperaba (yo no soy de mirar los set list de noches previas para evitar spoilers y consecuencia de ello vivir los shows de forma descafeinada sabiendo lo que viene de antemano; ya soy abonado actualmente a la ópera del Teatro Real, que cada sensación tiene su lugar) y me supuso un alegrón. La grabé en vídeo, pero la imagen se mueve muchísimo: desde tanta distancia y con zoom es difícil atinar. No obstante, la calidad de audio y vídeo es mejor que otras veces, ya que la cámara de mi madre responde con más solvencia.
Tras “The caterpillar”, hubo un combo de 2 formado por “Just like heaven” y “Lovesong” que puso la piel de gallina a todo el público. Emoción desbordada al máximo, que nuevamente vivió otro momento muy bonito en la estupenda “Pictures of you” que también estuvo en este alud en forma de comienzo de concierto que Robert Smith y los Cure diseñaron para esta noche. Abajo el gran tándem Gallup-Smith.
Había que parar algo el ritmo, que no dábamos abasto y alguno estaría ya al borde de un ataque. En ese sentido, otra de las sorpresas de la noche hizo su papel. Me estoy refiriendo a “The last day of summer”, quizás la pieza más calmada a la par que melancólica que incluye “Bloodflowers” de 2000, que fue además la única representante de su álbum esa noche. Y es que “Bloodflowers” no suele ser muy recordado por The Cure en sus shows, ya que en 2008 creo recordar que no se recuperó ninguna canción. En esta ocasión los discos sin representación fueron “Faith” de 1981, “Wild Mood Swings” de 1996 (muy tristemente para mí) y “The Cure” de 2004. Del resto, aunque fuera una sola canción, caería.
“The last day of summer” fue una clara frontera psicológica del show. Aquí llegó el turno de una sección de desarrollos largos y el que quizás (y sin el “quizás”) fue el sector del concierto que menos me gustó. Aparecieron, “The hungry ghost”, voluntariosa canción del hasta la fecha último disco del grupo “4:13 Dream”, y para apuntalar más a “Wish” como uno de los discos triunfadores de la noche, “End” y “From the edge of the deep green sea” y entre ellas la corrosiva y contundente “One hundred years”, con proyecciones de mal rollo sobre el telón de fondo que dispuso la banda y del que desde nuestra posición tampoco se apreciaba demasiado bien. Tras finalizar (valga la redundancia) “End”, canción algo repetitiva, (y en ese mismo sentir me hubiera llenado mucho más que hubiera sonado la canción “The top”), llegaría el turno de las idas y venidas del escenario. En esta ocasión habría 3 bises, separados por 2 minutos de ausencia sobre las tablas de Robert y los muchachos.
Los bises empezaron con una canción nueva, que de primeras escuchas no sonó mal, pero a la que habrá que dar tiempo, titulada “It can never be the same”. Aquí se situó el sector dedicado a “Seventeen Seconds”. No hubo lugar a mucha sorpresa al respecto: “Play for today” lo que sí hizo fue reportar el momento de coros más arrolladores de la noche por parte del público y “A forest” estuvo en su nivel de emoción-intensidad, con unas líneas de guitarras que sonaron en su mejor versión y unas palmas acompasando al bajo de Simon que también son dignas de comentar.
En este bis, lo que sí que fue una sorpresa gigante (repito: para los que no miramos los set list de conciertos previos de la gira) fue cuando Robert cogió una flauta y empezó a hacer sonidos desafinados. Yo me colé y le solté a Mariano: ¡“The snakepit”! No. Error, y mejor. Era “Burn”, de la banda sonora de “El Cuervo”. Una de las canciones más acertadas en el campo del rock guitarrero que The Cure crearon en los años 90. Brilló tanto Robert como Reeve en esa parte instrumental de guitarras que hay a mitad de canción. Cuando Simon dejó de machacar a su bajo tras el final de “A forest”, el grupo se marcha nuevamente. Abajo un fragmento de “A forest”, pero donde la calidad deja mucho que desear, ya que utilicé la cámara del móvil.
Tras el par de minutos preceptivo, desde nuestra posición veíamos bien cómo el grupo salía de los camerinos y subía nuevamente al escenario. El segundo bis empezó con “Shake dog shake”, tema agrio y contundente del apaleado lp “The Top” de 1984, que siempre me resulta agradable de escuchar, pero que no me suponía mayor sorpresa, puesto que en el concierto de 2000 la recuerdo como uno de los pasajes que más claros quedaron en mi retina de aquella mágica noche. En 2008 se escuchó también, pero no dejó de ser algo no muy esperado que la canción que da título al primer disco de estudio del grupo, “Three imaginary boys”, desfilara en la noche de ayer.
Este bis fue muy guitarrero e intenso, ya que sumadas a estas 2 piezas, luego vendría la emocionante “Fascination street”, para seguir completando el repaso de “Disintegration”, concretado en sus 4 singles (otro spoiler en la crónica), “Never enough”, donde Robert quizás hizo la interpretación más exagerada, teatral y divertida de la noche, y “Wrong number”, donde Robert se comportó de forma extremadamente relajada el micrófono, dándonos una toma distinta a la de estudio y a la que recuerdo del concierto de 2008, donde también apareció este tema inédito en su día para el recopilatorio de singles “Galore” de 1997. Parada tras el número incorrecto, con teléfonos descolgados en el telón de fondo y la sensación de que me faltaba algo. Abajo un fragmento que grabé de “Wrong number”, pero eso sí, con la cámara del móvil. Por cierto, vean el buen juego de luces (acorde con la letra de la canción), con tonos verdes y narajas y al final dorados y rojos; y es que el juego de luces fue otro punto a favor del show, como por ejemplo en tonos verdes de “A forest” y los potentes focos de “Lullaby”.
Siguiente bis. Venga, a lo grande: “Lullaby”. Con focos de color verde nuclear paralelos unidireccionales sobre el público y una gigante telaraña en el telón de fondo, Robert ahora sí finiquitaba “Disintegration” con una canción que provocó el mayor clamor del recinto cuando se reconocieron sus primeros compases. En sus últimos momentos, Sergio Calero y yo decidimos bajarnos a un pasillo ancho debajo de nuestras localidades, en una zona donde estaba el acceso de vomitorio y que no provocaba falta de visión a nadie. Y, ¡qué acierto! Ahí pudimos movernos sin parar y dejamos de tener que soportar a pesados que pasaban una y otra vez. Óscar y Mariano (por lógica motriz) se quedaron en las localidades.
El siguiente capítulo de este bis fue, ¡por fín!, ¡¡¡síiii!!!... “The walk”. Me pasó con este tema incluido en “Japanese Whispers” algo como con “Stripped” de Depeche Mode: que hasta el 3er. concierto que veo al grupo no me la conceden. Me volví loco. Empecé a bailar como un espantapájaros (al estilo de Robert) y casi me llevo por delante a Sergio Calero (siempre le he tenido muy asociado a dicha canción, por su inspiración divina al recrear el videoclip del grupo una vez y porque le grabé en su día en cinta de cassette el “Japanese Whispers). Del video que debajo les dejo insertado, no esperen gran calidad, ya que no presté casi atención a la pantalla puesto que había que vivir la canción como era debido. Personalmente, que no a nivel general, fue mi gran momento de la noche. Aquí el vídeo que grabé, muy movido por mi emoción del momento.
Más pop en el 3er. bis: “Friday I’m in love” corroboraba a “Wish” como uno de los álbumes del concierto (qué cosa tan apropiada para nosotros… Ya les contaremos no a mucho tardar) y luego vendría “Boys don’t cry”, que para Sergio Calero era la gran esperada. Se rubricaría el bis con “Close to me”, clásico que no había vivido en directo y que me alegré de sumar a la lista, y con el despiporre generalizado de “Why can’t I be you?”, con todo el Palacio de los Deportes desparramado y bailando como posesos. Abajo Gabrels en solitario.
Robert Smith, al terminar este alocado single de 1987, se despedía yendo de lado a lado del escenario, lo cual me suponía cierto temor. Imaginaba un 4º bis compuesto por “10.15 saturday night” y “Killing an arab” (renombrada en “Killing another” hace un tiempo para no herir susceptibilidades). Y, ¿por qué no?, dentro de ese bis, acabar con un “Forever” desaforado al estilo de esa joya del “Curiosity” con la interpretación del 15 de mayo de 1984 en Le Zenith de París. Pues no. No había tiempo para más. Se encienden las luces y nos damos por más que satisfechos. Miramos nuestros relojes y The Cure se mantuvieron en 2 horas y 45 minutos en el escenario. No igualaron su registro anterior en Madrid, pero fue altamente satisfactorio.
Pasamos por el tedioso guardarropas para que Óscar recogiera sus pertenencias (obligado a dejar el paraguas por la gente del acceso), éste y Mariano pillaron sendos taxis en la calle Goya y Sergio y yo fuimos a Av. América en mitad de la lluvia, para luego esperar 55 minutos al N-202 que tenía que coger Sergio para retornar a Torrejón. La lluvia paró y yo andaría 20 minutos para retornar a mi casa en el barrio de San Pascual/La Concepción; podría haberme ido con Óscar o Mariano, que pasaban con sus taxis relativamente cerca de mi casa, pero creo que había que ser buen amigo y más viendo la espera que le tocaba al bueno de Sergio Calero en la avenida de América. Además, hoy tenía libranza en la oficina, con lo que tampoco me suponía gran esfuerzo. Mariano pudo llevarse un vaso de los personalizados que estaba en buen estado y solamente tenía un par de hielos dentro (no tenía líquidos amarillos que pudieran llevar a equívocos). Declinó la opción y antes de que se quedara allí, me lo apañé yo también: se limpia y de decoración en una estantería de discos, que queda de rechupete.
¿Adivinan el momento de la fotografía superior? Bueno, aquí acabó el contar nuestra experiencia personal y la narración del show, y ahora viene el capítulo de reflexiones y conclusiones. Comencemos por comentar el devenir de los 5 Cure actuales. Empezamos por el líder, por Robert Smith. Ciertamente estuvo más simpático y cercano que en las 2 veces anteriores. En varias ocasiones dijo “gracias” o “muchas gracias” (con cierta broma incluida en un momento) y se comportó intenso cuando procedía (en los temas más sesudos) y distendido cuando tocaba (en los capítulos más pop y desenfadados).
Simon Gallup es claramente el 2º de a bordo de The Cure. Su actitud es tremendamente vital. No paró de moverse por todo el escenario. Si bien su posición es a la izquierda de Robert, muchas veces se iba con Reeves o al lado contrario con Roger y otras tantas veces merodeaba por la retaguardia de Robert. Su look recordaba mucho al que llevaba en la época de “Faith”. Le vimos bastante bien conservado, cosa que no a Robert por cierto, al cual se le intuían ciertos claros preocupantes en la parte superior de su cabeza (dirá alguno que quién viene a hablar de problemas de alopecia...) y es que los 57 años ya se van notando en nuestro querido sr. Smith. Abajo Simon, guardando las espaldas de Robert con su potente bajo.
Con el pelo bastante largo, en plan media melena, Roger O’Donnell ofreció un buen papel desde sus teclados. Cosa que se echó algo de menos en 2008, aunque hay que decir que el enfoque de aquel concierto fue algo distinto. Es querido dentro del seno de seguidores de The Cure y estuvo discreto, sin querer llevarse protagonismo alguno o querer competir con Robert o Simon. La mejor imagen que tomamos de Roger, el componente que más lejos (si cabía) nos cogía, es la que insertamos a continuación.
En la batería estaba el que lleva más tiempo en The Cure en esa posición. Jason Cooper se mostró correcto y respondió en capítulos cuando hacía falta y donde se nota más la percusión con redobles que deben destacar (“One hundred years” o “The walk”). A continuación una fotografía de Jason sentado en su batería.
No tengo nada en contra de Reeves Gabrels, que conste, pero a nivel emocional (repito, nivel emocional) no me supone nada dentro de The Cure. Demostró, objetivamente, ser un gran guitarrista (que haya tocado con Bowie entre otros no es casualidad u oportunismo) y su papel fue fundamental en ciertas fases como la ya comentada de “Burn”. No obstante, servidor es muy talibán y restrictivo con el asunto de las formaciones clásicas de los grupos. Manías que tiene uno. Con lo que hasta que Reeves no forme parte del grupo en la edición de un nuevo disco y se mantenga unos cuantos años más en el redil, no terminaré de verle como uno de los nuestros. No obstante, lo dicho, al César lo que es del César: Gabrels tocó muy bien y para nada quiso llevarse protagonismo, estando en un discreto segundo plano, cosa que le honra. Abajo Gabrels, que parece que mira hacia nuestra posición en compañía cercana y con Robert al fondo del plano brazos en alto.
Pasemos al capítulo de las cosas que no pudimos vivir, es decir, canciones que anhelábamos que pudieran sonar, pero que no tomaron parte del show. Y es que con The Cure los fans ya sabemos que cualquier tema de su discografía (incluidas caras “b”) es posible que aparezca en cualquier show. Nos apenó especialmente a Mariano González y a mí que no saltara la liebre con “Homesick”, la bonita pieza de teclados (más con Roger de vuelta) que forma parte del tramo final de “Disintegration”. A Mariano le jodió que “Want” no sonara (yo al menos la viví en 2000) y a mí me fastidió saber que “The lovecats” sí que había sido de la partida en conciertos a posteriori (cosa que me comentó Carlos Caballero, cantante de La Broma Negra, que por lo visto estuvo situado en 10ª fila a la derecha del escenario en compañía de su hijo de 16 años, con el que mantuve una breve y animada conversación por mensajes al terminar el concierto mientras que esperábamos a que Óscar recuperara sus pertenencias custodiadas).
Cosas difíciles eran un “Forever” o un “Splintered in her head”, ciertamente, pero con The Cure nunca se sabe. Al menos apareció “The walk” y también me llevé a casa “The caterpillar”. Quizás con estos 2 capítulos mi sensación buena del concierto subiría varias décimas e incluso puntos. Hubiera estado bien también repetir sensaciones de 2000 y 2008 con las canciones que titulan “Faith” y “Disintegration”, pero bueno, como ya las experimenté en su día tampoco me molestó tanto. Ahora recuerdo que Carlos Caballero también me comentó en sus mensajes que “Doing the unstuck” también había sonado en noches anteriores; pues eso también me dolió un poquito.
Cierro este capítulo de ausencias echadas de menos, comentando que quizás “Pornography” quedó muy reducido con la sola interpretación de “One hundred years”; me queda como gran cuenta pendiente “The hanging garden”, claramente, y también hubiera estado bien un “The figurehead” o la atronadora canción título. No me hubieran sobrado igualmente que hubieran aparecido “Birdmad girl” o “Piggy in the mirror” del denostado “The Top”; sí, ya saben que el disco de The Cure de 1984 es muy de mi agrado, ¿qué le vamos a hacer?
A Sergio Calero por ejemplo le gustó más este concierto que el de 2008. A mí no. Si tuviera que enumerar por orden de satisfacción (de las 3 salí contentísimo, que conste) mis 3 noches con The Cure serían: 2008, 2016 y 2000. El de 2000 fue un concierto muy bueno, pero era un concierto para alguien que ya habría visto al grupo al menos una vez previa y con un repertorio más heterogéneo en estilos. Este show de anoche arrancó muy bien y cerró por todo lo alto, pero el sector previo a los bises me saturó un poco, a pesar de “One hundred years”; dirán ustedes que por 2 canciones, “From the edge…” y “End”, que qué pijotero me pongo, pero es que en el 2008 la media de emoción de principio a fin en las 3 horas y 10 minutos (también a tener en cuenta la mayor duración) fue más nivelada. No tiene nada que ver el hecho de estar en pista en 3-4ª fila con estar en graderío alto. En ese sentido el sonido fue nítido a más no poder y la visión no era mala del todo (a pesar de gente de filas anteriores que se levantaban y cenutrios incontinentes que no paraban de ir y venir del baño; yo me estuve aguantando las ganas, que no eran pocas, las casi 3 horas, porque no me perdonaría perderme ripio de una actuación de mi banda favorita).
En definitiva: los más de 16000 que estuvimos en el Palacio de los Deportes (yo no atiendo a nombres comerciales de los recintos) disfrutamos de un gran concierto de The Cure. Altamente satisfactorio. Plagado de éxitos, con un Robert con, eso sí, la mejor predisposición que le he visto (en ese sentido este concierto gana a la actitud de Robert en los 2 previos) y con una serie de sorpresitas agradables en forma de canción que me hicieron pasar momentos inolvidables que solamente un hipotético desarrollo futuro de alzheimer podrá disipar; espero que no. Todo esto vivido en la buena compañía de 3 buenos amigos como son Sergio Calero, Mariano González y Óscar Cañas, hace que las buenas sensaciones que quedan sean aún mejores. ¿Habrá que esperar otros 8 años? Mi sensación es que siempre merece la pena esperar a The Cure.
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