miércoles, 8 de agosto de 2018

Concierto Kraftwerk. Madrid (23-06-2018)

Largo tiempo he tenido que esperar para ver en directo a un grupo con el encanto de los pioneros y el atractivo de la vanguardia. Las causas son diversas, desidia, falta de fechas que me vengan bien geográficamente o, todo ello mezclado últimamente, problemas físicos. Finalmente he podido disfrutar del desempeño de Kraftwerk en directo, cosa nada baladí pues se trata de un evento particularísimo.
Lo que hacen Kraftwerk es una amalgama de diversos artes, comenzando por el esencial: la música. Sin embargo la perfecta sincronización y complementariedad con el arte el gráfico (básicamente el uso de proyecciones 3D) hacen de sus conciertos un recital simbiótico, donde lo visual parece bailar al son de lo musical pero sin separarse mucho de ello. Unamos a todo esto la importancia conceptual de sus canciones, donde a base de letras minimalistas o proclamas sueltas se conforman ideas que suelen abarcar la relación del hombre con la tecnología.
Si aunamos todo, podemos ver que un show de Kraftwerk es en realidad una especie de “performance”; algo cercano al arte moderno. De hecho han dado numerosos recitales en galerías como el MOMA o el Guggenheim (perfectamente detallados éstos últimos por Víctor Prats en lo tocante a dos de los conciertos). He de reconocer que este espectáculo-concepto me gusta y no es poco el mérito de que así sea; soy demasiado reaccionario en materia artística como para tragar con la mayoría del arte moderno. El caso es que hube de comprar mi localidad atendiendo a mis todavía acuciantes necesidades físicas y buscar acomodo en la grada. No estoy en modo alguno descontento con el asiento que compré; la correlación distancia-nitidez fue favorable y pude ver el concierto razonablemente bien. También hay que tener en cuenta que el recinto no era muy grande. Mi previa de concierto consistió en un encuentro con Víctor Prats, que acudió en calidad de oyente (los viejos seguidores de “DMR” sabrán de qué hablo), al no poder conseguir entradas por diversas circunstancias. Faltando un cuarto de hora para la hora de inicio del concierto me aventuré a ir entrando; voy a paso de muleta y mi ancestralmente nula capacidad de orientación requería ir con cierto tiempo. Sin problema. A una hora ya crepuscular encontré mi razonablemente buen acomodo, llevando conmigo las gafas 3D que daban en la entrada. Para disfrutar del concierto a tope, las susodichas gafas eran muy importantes; la pata visual del evento quedaría prácticamente anulada.
Cuando el aforo ya había adquirido un excelente color, la pantalla que estaba al fondo del escenario se iluminó de rojo recortando las siluetas de los dibujos esquemáticos, cuadriculados y ya tradicionales, de los componentes de Kraftwerk. Actualmente Ralf Hütter es el único miembro original de la banda y el pilar del grupo en melodías y voces. Le acompañan Henning Schmitz con el sintetizador de bajos, Fritz Hillpert ocupándose de los sonidos de percusión y al mando de las proyecciones Falk Grieffenhagen.

De repente, el escenario se oscurece y entonces sabemos que el baile va a comenzar. Literalmente. “Numbers” empezó a sonar con unas potentísimas bases que bien pudieran dar lugar para iniciar un (robótico) baile. En realidad, el primer tramo del concierto estuvo dedicado en exclusiva al disco “Computer World” (1981) y los tonos verdes y negros dominaron en la iluminación y las proyecciones, que consistían (coherentemente) en números; a veces se producían conteos en diversos idiomas y en las pantallas la numeración formaba insólitas figuras tridimensionales. Las primeras canciones fueron a bloque, y lo siguiente en sonar sin solución de continuidad fue “Computer world”. Sonó contundente, misteriosa e hipnótica; mientras, en pantallas, se formaba el título de la canción y algunos fragmentos de la letra, a base de menciones al control de datos por parte de algunas grandes instancias como la CIA, la KGB o el FBI. No se puede negar que esta canción, compuesta en 1981, ha tenido el don de la lucidez. Mismo tono para “It’s more fun to compute” y “Home computer”, prácticamente unidas formando una suite, que además trajeron consigo la proyección del icónico ordenador personal que sale en la portada de “Computer World”. Las excelentes líneas de sintetizadores de ambas canciones sonaros magníficas.
Para acabar con este segmento de concierto Kraftwerk incluyeron “Computer Love”, acaso el momento más pop hasta el momento, y cuya melodía estará en la cabeza de mucha aun sin saber de dónde proviene. Recordemos que los acordes más característicos de la canción fueron tomados prestados (con el lacónico visto bueno de Kraftwerk) por Coldplay para incluirlos en su canción “Talk”. En las proyecciones hubo mosaicos formados por colores vivísimos y algunas curvas de ecualización de enorme tamaño.
Dejamos atrás el “Computer World” y pasamos al “sector” del “The Man-Machine” (1978), empezando por la canción título. La parafernalia visual pasó a ser de tonos rojizos, utilizando alguna tipografía y rasgos del constructivismo soviético. La palabra “machine” o varios fragmentos de la letra también iban desfilando por las pantallas, alguno de ellos inquietantes (“semi-human being”, “Superman being”), como inquietante sonó la música replicando los misteriosos acordes y el no menos misterioso vocoder.
La próxima parada fue “Spacelab”. Esta canción ha de señalarse como de los puntos álgidos de la noche. En primer lugar porque la música en directo captó perfectamente la sensación de desazón y soledad de la original y en segundo lugar porque todo el potencial del 3D es posible que fuese el más espectacular que se pudo ver. Las proyecciones iniciales muestran a una especie de satélite o nave orbitando alrededor de la tierra con la peculiaridad de que gracias a nuestras gafas 3D, parece que el artefacto va a salir de la pantalla y abducirnos. Murmullos de asombro y sorpresa entre el público. Finalmente una nave aterriza en La Tierra recorriendo diversas ciudades (en un momento dado me pareció ver al Jardín Botánico donde estábamos). Como curiosidad nuestra situación apareció en pantalla a la usanza del Google Maps. Que todos supiéramos dónde estábamos y para qué.
No cambiamos de disco. A continuación empezaron a sonar los muy familiares acordes de “The model”, quizá la canción de Kraftwerk más celebre, y sin duda el momento pop por antonomasia de todo el concierto. Por muchas veces que la haya oído, ver a Ralf Hutter sobre las tablas cantando y manejando los pegadizos sintetizadores son motivos suficientes como para que a uno se le ponga la piel de gallina.

Las proyecciones esta vez, en lugar de ser futuristas, miran más hacia el pasado y nos muestran unas modelos de corte clásicos y en blanco y negro. Sitúenlas en los años 50 o por ahí. Nuestra ganancia con estas proyecciones es la de ganar en sofisticación y elegancia, en lugar de mostrar la fantasmagoría descremada de la moda actual.
A continuación “Neon lights”. Uno de los momentos destacados del “The Man-Machine” y donde más importantes son las atmósferas, que se trasladaron perfectamente al público. Tuvimos la sensación de un imaginario paseo por una megalópolis futurista; sensación refrendada por las proyecciones, que mostraban las diversas luces que pueden poblar el paisaje urbano nocturno. Desde una cruz verde de farmacia, hasta el letrero de un hotel (como el Cristallo) pasando por una referencia curiosísima a la UFA, los míticos estudios cinematográficos alemanes creados en la República de Weimar y desaparecidos tras la II Guerra Mundial.
Kraftwerk nos hacen un quiebro y nos metemos de lleno en, quizá, el primer clásico que alumbró la banda alemana, allá por 1974. Nos referimos a la canción título de “Autobahn”. Lógicamente, eso sí, no es la versión del álbum sino la versión concentrada que suelen plasmar en directo. El público reaccionó con ovaciones y coros ante el carismático vocoder que abre la canción y también ante los clásicos acordes de teclado posteriores. Las proyecciones comienzan replicando el arte gráfico del disco de origen y nos después meten en una soleada carretera llena de adelantamientos, todo tipo de coches (desde un escarabajo a un Mercedes) y situaciones automovilísticas. No faltó incluso la imagen de una auto-radio. Huelga decir que fue un momento bastante propicio para las gafas 3D.
La forma óptima de mantener el buen sabor de boca de un clásico es saltar directamente a otro clásico. Dicho y hecho. Los sonidos (y la imagen) de un contador Geiger con el pulso progresivamente acelerado desembocaron indefectiblemente en “Radioactivity”. A la ya clásica intro que enumera varios desastres nucleares, se ha unido recientemente el nombre Fukushima. De ahí que en la parte inicial fuese en japonés y las proyecciones consistieran en letras de ese alfabeto.

La canción después se recondujo hacia su versión en inglés mientras el símbolo radioactivo efectuaba fulgurantes viajes tridimensionales en la pantalla. Esta canción me sigue demostrando que Kraftwerk son unos maestros del minimalismo talentoso. Apenas unos acordes de sintetizador y una sencilla línea vocal configuran un auténtico clásico. Por cierto, también hubo una simpática proyección que incluía a un átomo en cuyas órbitas se movían, al compás, los electrones.
A posteriori vino el turno de “Electric café” (canción título) con su misteriosa progresión de notas sintetizadas bien combinadas con unas proyecciones poligonales en blanco y negro hipnóticamente concéntricas. Para “DMR” es un canción simpática debido al divertido colofón que pusimos al programa en que analizamos el disco que la contiene (algo parecido pasó con “The Man-Machine”). Cosas nuestras.
A mi lado, por cierto, en un pasillo cerca de las gradas, dos sujetos depositarios de una heroica cantidad de alcohol armaron un pequeño follón que, afortunadamente, fue solucionado por la seguridad del evento. Nada que nos impidiera disfrutar del siguiente bloque, en este caso dedicado al “Tour De France Sountracks” (2003). Es impresionante la sensación de unidad y coherencia que mostró Kraftwerk en este tramo; “Tour de france”, “Prologue”, “Tour de france étape 1”, “Tour de France étape 2” sonaron de manera fluida y compacta manteniendo la impronta conceptual de Kraftwerk. Me gustaron mucho las proyecciones, sobre todo porque mostraban imágenes “vintage” del Tour de Francia, desde la vieja escuela de hace décadas a, por ejemplo, Miguel Induráin.
De las bicicletas pasamos a los trenes mediante, como podrán suponer, la interpretación de varios temas del “Trans-Europe Express” (1977). El comienzo fue mediante la canción título, perfecta emulando un retro-futurista viaje en tren. Las proyecciones en blanco negro mostraban tridimensionalmente a un estiloso tren en movimiento, para deleite de los portadores de gafas 3D. “Metal on metal”-“Abzug” puso la nota industrial y contundente para finalizar este tramo.
Momento para la ancestral costumbre de los bises y el teatrillo de dejar momentáneamente el escenario para volver tras unos cuantos momentos de solícitas súplicas por parte del público. Todo según lo establecido. Los bises se olvidaron de bloques y segmentos (o casi) y estuvieron formados picoteos diversos de su discografía. El primero fue “The Robots”, una de las canciones insignia del “The Man-Machine” (1978) que además sonó notoriamente contundente, siguiendo la línea del “The Mix” (1991). Pudo haber sido uno de los momentos más espectaculares de la noche, dado que comúnmente en esta canción en lugar de los componentes de carne y hueso de Kraftwerk suelen estar sobre las tablas sus réplicas robóticas emulando los movimientos de los robots de la pantalla. Por lo que fuese no hubo robots, pero sí que hubo proyecciones donde los “hombres máquina” aparecen con el añejo y característico atuendo de camisa roja y corbata negra. Muy buen momento.
Tiempo después para revisitar el “Tour de France Soundtracks” mediante “Aérodynamik”, una de las destacadas de ese LP y que además nos devolvió las proyecciones de imaginería ciclística. La cadencia es muy reconocible y además es una canción que me cae simpática; debido sobre todo a que allá por 2004 (más o menos) fue usada como cortinilla en el programa “Plásticos Y Decibelios”, siendo yo oyente diario de aquel programa por aquellos tiempos. “Planet of visions”, compuesta para la Expo de 2000 en Hannover, es una canción frecuente en los conciertos de Kraftwerk y de nuevo ayer tuvo su lugar en el tracklist. No es que sea de mis favoritas de los alemanes, pero es una canción efectiva con alguna proyección en 3D de tonos verdosos de cierto interés.
El cierre de concierto sí que es el tradicional en los recitales de Kraftwerk y lo constituye la triada de temas del “Electric Café”: “Boing boom tschak”, “Techno pop” y “Musique non stop”. En realidad sí que podemos hablar, por lo tanto, de un último bloque. Como no podía ser otra de forma, estas canciones sonaron con bases contundentes y elementos pegadizos que incluyen letras en varios idiomas como francés, inglés, español. Esta elección para dar término al concierto también puede tener su significación conceptual; quizá nos transmite que aunque el recital haya terminado la música continúa, como si en lugar de un punto y final el grupo nos ofreciese unos puntos suspensivos. Un hasta luego y no un adiós. En este tramo las proyecciones consistieron en notas musicales voladoras, formando diversos juegos ópticos, y una cabeza robótica similar a las que aparecer en la portada del disco.
Y tras esto, la despedida. También fue ejecutada según la usanza propia de Kraftwerk. Es decir, los componentes van abandonando el escenario uno por uno haciendo una pequeña reverencia al público antes de salir. El último en irse y de algún modo poner punto y final al concierto fue Ralf Hütter, que esta incluso se arrancó a darnos las gracias en su única alocución al público.
Es difícil no salir fascinado de un concierto de Kraftwerk, la peculiarísima ejecución sobre las tablas y el inteligente y llamativo uso de la tecnología no hacen sino conformar un evento realmente único. Es como asistir a un show futurista, original y llamativo. Y la música sigue teniendo ese encanto misterioso, un tanto hermético de Kraftwerk. Mi única conclusión es que mi primera experiencia viendo en directo a Kraftwerk ha sido totalmente satisfactoria.
Tras el concierto aún tuve tiempo de hablar con Víctor Prats, que pudo escuchar el concierto de manera bastante aceptable, y finalmente plegué velas para dirigirme a casa. A estas alturas, y por el mismo precio, me gustaría animar a las emisoras de taxi a que tengan en cuenta las indicaciones precisas de sus clientes y no envíen sus coches al lugar equivocado. Pero la noche fue muy positiva. Viví uno de los conciertos más originales que yo haya visto y además por fin constaté como son Kraftwerk en directo. Casi me siento como si me hubieran dado el carnet de “hombre-máquina”.

Texto, fotografías y vídeos: Mariano González.
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lunes, 2 de julio de 2018

Concierto Love Of Lesbian. Madrid (30-06-2018 16:00h)

Comenzaré diciendo que Love Of Lesbian son mi banda española contemporánea favorita. Si me pongo a tratar de racionalizarlo, si me pongo a elucubrar, quizá pueda argüir muchos argumentos. Por ejemplo la voz de Santi Balmes, peculiar y emotiva; tengo la sensación de que podría declamar el listín telefónico y seguir provocando, en un sentido o en otro, emociones. También podría hablar de las letras, de una lírica sencilla, sólida y profunda hasta niveles espeleológicos. Cómo no, podría hablar del empaque como grupo y de su funcionamiento de máquina bien engrasada. No obstante, esto de las afinidades musicales consta más de vísceras que de neuronas, así que supongo que hay algo instintivo en mi aprecio por Love Of Lesbian.
Andan los lesbianos celebrando sus 20 años desde su fundación, sin duda una marca apreciable para una banda. Yo no sé cuántos años cumplo escuchándoles, pero son los suficientes como para que sus canciones me hayan sido útiles en días relucientes, grises y lúgubres. Inmersos algunos en una vida bastante extraña. Ya les había visto anteriormente, pero un aniversario tan redondo requería un acto de presencia; al menos como partícipe en este soplado de velas que simboliza esta gira. O dicho en corto, acudir al Circo Price era una forma de decir gracias.
Me van a permitir un inciso. Estas líneas son muy importantes. He de dar gracias a las personas que han hecho posible que pueda haber venido a pesar de mis sempiternos achaques y goteras. Como requiero a toda costa ver los conciertos desde un asiento, he de mandar un afectuoso agradecimiento a Carme Tasías de Music Bus por hacer las gestiones oportunas para encontrarme acomodo en la grada en una localidad privilegiada, al lado mismo del escenario. Estupendo detalle que agradezco enormemente. Un segundo agradecimiento ha de ir para Víctor Prats, que ha confiado en mí para cubrir este concierto para el blog “DMR” y ha movido diligentemente todos los hilos que podía para conseguir la acreditación.
Hacía ya mucho tiempo que no acudía al Circo Price. En concreto desde mayo de 2011 con motivo de un concierto de Human League, presentando su disco “Credo”. Es un sitio siempre agradable de visitar; coqueto y con esa configuración circular tan peculiar. Sin duda una peculiaridad del concierto era la hora. Hoy, sábado 30 de Junio, Love Of Lesbian han dado un doble programa musical cuyo primer pase ha sido a las 16:00 y el posterior a las 20:45. Ya de por sí ofertar un programa doble es, como poco, insólito; pero comenzar a las 16:00 (fuera de un festival) es, como dijo Santi Balmes, “un poco friki”. Da igual; ni el calor, ni la atávica llamada de la siesta, ni el Mundial, mermaron un ápice el entusiasmo de un público exultante y excelentemente predispuesto.
Tras recoger la acreditación, llegarme hasta el asiento y esperar levemente, todo parecía listo para comenzar. Tal como efectivamente fue. De buenas a primeras veo a Julián Saldarriaga sobre el escenario manejando un teclado y animando sobremanera la excelente disposición del público. Después se oye un estallido de vítores y gritos y al volverme hacia la pista veo que Love Of Lesbian van a acceder al escenario a través del público. Esto ya prometía incluso antes de empezar la música.
Ya están todos colocados en formación. Santi Balmes, bien flanqueado por Jordi Roig en la guitarra (y prácticamente a mi lado), Julián Saldarriaga en la otra guitarra, Ricky Falkner en el bajo (tras la salida de Joan Ramon Planell), Oriol Bonet en la batería más un percusionista adicional y Dani Ferrer a los teclados. En varias canciones hubo una sección de viento. Detalle novedoso e interesante que, y quizá sea impresión mía, quizá no alcanzó un sonido muy alto en la mezcla y no se oyó con la misma nitidez que el resto de los instrumentos. Bien; una vez enunciada la alineación vamos con el partido.
Si miramos primeramente con un gran angular, he de decir que el concierto fue divertido. Muy divertido. Una pasada. Cada canción ganó un porcentaje de viveza, de potencia, de entusiasmo. En particular Santi Balmes es un maestro de ceremonias casi perfecto; hiperactivo, jovial, carismático. Sabe cómo parecer enormemente natural, probablemente porque ciertamente lo es. Prácticamente todo el Price bailó a su son. Pero es que además contó con el concurso de una banda sólida, en plena forma.
La primera canción ya empezó arrasando. “Carta a todas tus catástrofes” pasa por ser una canción que, por motivos musicales y extramusicales, es una de mis predilectas. Fue un contagio de entusiasmo poderoso y energético. El “vamos a localizarte” comenzó a meter a la gente en el concierto a niveles de inmersión profunda.

La segunda canción volvió a visitar su primer disco en castellano (“Maniobras De Escapismo” -2005-) de la mano de la canción título. Y con semejante demostración de buen pop de toda la vida, no resultó difícil mantener el nivel de entusiasmo. El caso es que Santi Balmes, con su habitual retranca, dijo que la siguiente canción debería llamarse, por aquello de la hora, “Tardes reversibles”… pero claro, la canción se llama “Noches Reversibles” sea el momento que sea. La primera incursión en el magnífico “Cuentos Chinos Para Niños Del Japón” (2007) fue un plato fuerte, coreado a pulmón libre sin disminuir ni un momento la intensidad. Todo lo contrario; la línea “creo que voy a empezar a romperme” estalló como un verso comunal y atronador.
A continuación aterrizamos con, posiblemente, la canción más “single” de “El Poeta Halley”; o lo que es lo mismo, “Cuando no me ves”. Esta canción, a juzgar por cómo suena y cómo es recibida en directo, puede convertirse en un clásico de repertorio. Retorno a “Maniobras De Escapismo”, disco dominador en este inicio. “Domingo astromántico” es una de las baladas por antonomasia, y por derecho propio, de la banda catalana. Emocionó como suele, pero casi rejuvenecida. Contó con la presencia del músico y productor David Soler tocando un… ¿artefacto? Un especie de teclado-theremin-lo que sea, de peculiar sonoridad.
No nos movemos de disco para escuchar “Música para ascensores”, otro buen momento de “Maniobras De Escapismo” traducido a pura orfebrería pop. Lo que vino después, a título personal, es una de mis canciones favoritas de Love Of Lesbian. El maravilloso inicio de “Cuentos Chinos Para Los Niños del Japón”, esto es “Universos Infinitos”, era una de las canciones que imploraba que sonasen. Y vaya sí sonó. La intro, adornada con las lucecitas de los móviles, fue la clásica, con todo lo que eso conlleva; una melancolía ingenua y fascinante. Inopinadamente el cambio de ritmo fue brutal y estrambótico, con la fulgurante y repentina aparición de Arkano que con su estilo propio empezó a rapear a toda tralla las siguientes estrofas. No negaré que la versión canónica es la que me llega, pero está bien que de vez en cuando se den vueltas y revueltas a las canciones. Si una banda no se aburre, tampoco lo hará el público. Gracioso el apunte de Santi Balmes, “yo creía que tenía labia hasta que conocí a Arkano”.
Santi Balmes presentó “Contraespionaje” como “una canción sobre el paso del tiempo” y una acertadísima interpretación ha hecho que me interese más por ella y que pueda ocupar dentro de mi aprecio un peldaño más alto cuando escuche su último disco la próxima vez. Buen momento la advertencia que coreamos todos los presentes: “era la vida, imbécil”. Una grata sorpresa.
Lo posterior fueron vientos huracanados. “La noche eterna”, semi-canción título de su álbum de 2012, fue el momento donde más se lució la banda como conjunto. Inapelable y rotunda en todos los aspectos, incluido el instrumental, su estructura compleja y su apasionamiento nos dejaron a todos en nuestro sitio. Un momento álgido; para enmarcar. Del huracán al intimismo. “Mi primera combustión”, tocada a solas entre Santi Balmes y Julián Saldarriaga, puso el contrapeso reposado aunque en modo alguno descartable. Fue una buena remembranza de “Maniobras De Escapismo”.
¿Qué es de una celebración de cumpleaños sin invitados? Pues en este punto llegó la tercera, tras David Soler y Arkano. Amaia, de sobra conocida por su fulgurante ascenso desde Operación Triunfo, fue invitada a interpretar uno de los puntales de Love Of Lesbian: “Allí dónde solíamos gritar”. Esta canción la han interpretado de varias formas a lo largo de los años. Más allá de la versión primigenia, la han tocado muchas veces con el efecto “de menos a más”, y en este concierto lo hicieron con una invitada. Amaia interpretó como solista la primera parte de la canción, con la sola ayuda del piano, para fundirse después en un hermoso dueto con Santi Balmes y rematar de forma torrencial una de las canciones más emocionales del grupo. Esta canción siempre es un activo y Amaia ciertamente demostró entenderla muy bien.
Cuando Santi nos dijo que había llegado el momento de retroceder a 1999 todos supimos captar adecuadamente este anuncio y nos preparamos para una de las canciones, a mi entender, más oscuras y desoladoras de Love Of Lesbian. La propia “1999”. La canción que reproduce a cámara lenta el momento en que una relación hace “crack”. No defraudó su potencial de emotividad y Santi Balmes, acaso por eso, se bajó al foso y cantó pegado al público. La “outtro” con el “Por qué te vas” de Jeanette sigue bien presente como un apéndice más de la canción.
Tiempo, a continuación, para irse bien lejos. A “Belice” más concretamente, una de las habituales de “La Noche Eterna. Los Días No Vividos” (2012) y con Santi momentáneamente a los teclados. A pesar de su toque fatalista esta canción nunca falla. Su frase: “A quien madruga, Dios no existe” ha pasado ya al acervo de la banda. Y vinieron más invitados. Santi lo presentó con entusiasmo y cariño: “me envió un mensaje a las tres de la mañana y me dijo que no tenía nada que el sábado por la tarde y que si podía sumarse”. Claro que pudo. Estamos hablando de Leiva, acaso uno de los músicos más célebres de nuestro país y entusiasta atlético (credencial suficiente para que una persona me caiga bien). Leiva colaboró en el estupendo e hipervitaminado single de 2014 “Manifiesto delirista” y el resultado fue uno de los chutes de optimismo más directos de la noche. Diversión y colegueo sobre el escenario y tanta (o más) diversión entre el público. Acto seguido llegó el momento de uno de los relucientes y exitosos singles que han ido cimentando la fama de los lesbianos. Hablamos del “Club de fans de John Boy”, una buena dosis de pop de algarabía y jolgorio. Imposible no venirse arriba.

Y la apuesta subió. En la apoteosis de la energía positiva y la diversión llegó el jolgorio festivo y descacharrante de “Los toros en la Wii (Fantástico)”. Esto es lo bueno de los conciertos, la sincronía entre el artista y el público, y los pequeños momentos de felicidad reconcentrada. Esta canción parece compuesta y nacida para el directo. Moló hasta la salida de la canción, que incluyó un fragmento de “Lobo hombre en París” de La Unión.
Momento para los bises, y su pertinente sucesión de acontecimientos. La banda se va, el público implora, la banda vuelve. Todo en su sitio. Como en su sitio estuvo el regreso a las tablas. Fue el turno de “Incendios de nieve”, canción entrañable donde las haya y de la que se podría decir lo mismo que de la anterior. Parece que ha sido concebida para el directo; propicia, casi exige, la participación del público a base de silbidos o coros. En la parte de los silbidos, Santi nuevamente lanzó una de sus chanzas: “una vez, en esta parte, parece que nos abucheaban”. Pues quedó estupenda.
Quedaban dos canciones y ambas pertenecen a su último disco, “El Poeta Halley”. Aunque quizá no hayan alcanzado el reconocimiento de otros temas, son dos composiciones muy personales para la banda y en esta fecha conmemoratoria es muy pertinente que suenen. Pero es que además lo hicieron muy bien. “Bajo el volcán” fue el primer single de su última referencia y dentro de su compleja sencillez, la canción progresa estupendamente. Es normal que la canción fuera bien recibida y coreada. Como también lo fue la profunda (mucho más de lo que parece, diría yo) “Planeador” que nos trajo con su letra numerosas reflexiones sobre la creación, el paso del tiempo, la nostalgia… Referencias maleables, quizá, para cada uno. Como final de concierto sonó estupendamente, fue cantada con agrado y calor.
Una última reflexión sobre lo que significa Love Of Lesbian la dejó Santi Balmes antes de irnos, a modo de anécdota, cuando dijo que mientras paseaba un día por Barcelona se le acercó una persona que le había reconocido y le dijo sencillamente: “gracias”. A grandes rasgos eso es lo que sentíamos todos los asistentes al Circo Price. Agradecimiento. Así que, queridos Love Of Lesbian, muchas gracias. Nos vemos pronto, espero. Quisiera reiterar mi agradecimiento a Carme Tasías de Music Bus por sus gestiones y su trabajo en favor de “DMR” en general y mío en particular.

Texto, fotografías y vídeos: Mariano González.
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domingo, 1 de julio de 2018

Concierto Simple Minds. “Noches Del Botánico”, Madrid (30-06-2018)

Simple Minds encandilan al Botánico.

Con periodicidad casi exacta y no buscada se da en mi ser que cada 6 años y medio tengo ocasión de ver a Simple Minds, sin duda una de las grandes bandas que la explosión musical de la nueva ola de finales de los 70 y primeros ochenta nos ha deparado la historia. Y curiosamente todas las citas con el grupo liderado por el carismático Jim Kerr siempre han tenido algo de especial. En septiembre de 2005 en la extinta sala Aqualung les vi en un reducido concierto de poco más de una hora con el que presentaban en Madrid su por entonces nuevo disco “Black And White 050505” y a cuyo show solamente se accedía por invitación. En febrero de 2012 les vi en La Riviera en la acertada gira con la que reivindicaron sus primeros 5 discos de estudio. En esta ocasión lo especial venía por el lugar del show, el Jardín Botánico de la Universidad Complutense, dentro del festival “Noches Del Botánico”, un recinto más que válido e idóneo para disfrutar como se debe de un buen concierto.

Cuando llegamos al recinto sonaba “Sowing the seeds of love” de Tears For Fears y cuando ya pasábamos por el pasillo de diversos stands escuchamos “Bad case of loving you” del malogrado Robert Palmer. Todo ello venía del dj set de Juan Pablo Jiménez, que fue el encargado de dar el pistoletazo a los eventos de la noche. Antes de la hora que tenían fijada, a eso de las 20:50h, salieron al escenario principal Gimnástica, el artista invitado que amenizaría la espera hasta que a las 22h recibiéramos a Simple Minds. Gimnástica, formación de brío rock concretado en quinteto con 2 guitarras, bajo, batería y cantante que también se hace cargo de los sintes, demostraron energía y potencia. En algo más de 40 minutos dispusieron un set animoso por lo general, en el que hubo varios pasajes celebrables. Se ve que también tuvieron la ocasión de telonear a los Simple Minds en Granada. Aquí debajo Gimnástica en acción.
Los escoceses protagonistas principales de la noche no se hicieron demasiado de rogar. Serían las 22:05h cuando comienza a sonar el sonido intro que nos ponía en sobreaviso de lo que llegaba. Y ahí estaban los Simple Minds, comandados por un excelentemente conservado Jim Kerr, con su sempiterno escudero que es ese notable guitarrista llamado Charlie Burchill. No sabía que Mel Gaynor ya no estaba en la batería (podría ser su hija Cherisse Osei que le ha sustituido) y la plantilla de Simple Minds en directo se completaba con otro guitarrista, bajista, teclista y apoyo vocal en coros. Todo bastante igualitario y paritario en cuestión de género, ya que el grupo cuenta con 3 mujeres que tuvieron su papel relevante en el show con protagonismo destacado en ciertas fases.

Arrancaron con canción del último disco “Walk Between Worlds”, del cual Jim hizo su correspondiente propaganda atreviéndose a afirmar ante el público que era su mejor disco; “tengo cara de no decir la verdad” preguntó Jim a la audiencia. No obstante, eso sería más adelante cuando volvió la banda a retomar el nuevo trabajo de estudio. El pistoletazo de salida vino con “The signal and the noise”, que cumplió voluntariosamente con la ruptura del hielo y dejó la cosa pintiparada para que el grupo comenzara a soltar trallazos sin más concesiones.

La tripleta de canciones que encadenó la banda acto seguido rindió incluso al más escéptico que hubiera podido acudir con ciertas reservas. Y además hay que destacar la variedad de matices en este terceto, vean: “Waterfront”, “Let there be love” y “Lovesong”. Como pueden ver, una de cada época, la primera la que supuso un primer acercamiento al rock de masas perteneciente a aquel “Sparkle In The Rain”. Se representó intensa, como debe ser. La 2ª correspondiente a la etapa del rock maduro de comienzos de los 90 y la 3ª nos metió de lleno en el momento más nuevaolero del grupo, con un guiño de Jim a Madrid en particular recordando con el público en los primeros compases su actuación en Rock-Ola; “éramos muy jóvenes” afirmaba el señor Kerr. Y tanto.
Atreviéndome con mis juicios personales, diré que el show contó en el setlist con todos los “debes” que a priori le exigía. Y, es más, incluso me llevé un tremendo sorpresón cuando sonó maravillosa una de mis canciones favoritas del grupo, que no es otra que aquella deliciosa dedicatoria a Nelson Mandela; no había reparado en ella en los días previos, y por eso cuando Jim avisó que era lo siguiente que venía en uno de los primeros compases del show, se me erizó el vello de los brazos. Fue interpretada correctamente, no como hizo el grupo de forma reprochable en su concierto en vídeo de Verona de los años 90.

También me resultó inesperada la canción título de “Once Upon A Time”, la cual ya desfiló en el tramo final del show. Este disco fue, junto al último lp, uno de los más representados de la noche, ya que también estuvieron presentes “All the things she said” (épica y brutal), y un combo de despedida formado por la emotiva “Alive and kicking” y “Sanctify yourself”; de hecho, no imaginaba que quedaba nada más tras “Alive and kicking”. El grupo bien podía haberse marchado, ya que se habían despedido y a mí (que ya saben mucho que no tengo por costumbre mirar los setlist de la gira antes de a los conciertos), me la colaron doblada. Jim avisó que les quedaba una bala más y fueron capaces de sumar más puntos a la valoración regalándonos una memorable toma de “Sanctify yourself”. Sé que es pedir peras al olmo, pero siempre me quedará la lástima de que quizás mi tema favorito del disco “Wish you were here” lo tengan más que olvidado y descartado para sus giras. En este sector, he de confesarles que “Alive and kicking” fue quizás mi momento más destacado y que disfruté del concierto.
¿Más clásicos que sonaron? Pues cómo no “Don’t you (forget about me)”, que sirvió de plato final antes del retorno para las propinas en parte ya comentadas en el párrafo anterior, “She’s a river” que funcionó realmente bien y uno de los momentos quizás más celebrados de la noche, que fue “Someone somewhere (in summertime)”. No podemos dejar de mencionar la siempre animada y rimbombante “Promised you a miracle”, que supuso la otra pieza que apuntaló en la noche la valía y estela del imprescindible “New Gold Dream (81/82/83/84)”.

Jim Kerr demostró estar en perfectísimo estado. No paró de moverse, abarcando todo el escenario, con sus personales poses y bailes que son tan suyos y aprobando sobradamente en el apartado vocal. Se tomó un respiro para cambiarse la parte superior (que la había sudado a conciencia) mientras que Catherine AD y Sarah Brown interpretaban el notable fin de disco de “Black And White 050505” “Dolphins”. Charlie Burchill estuvo aplicadísimo en su guitarra eléctrica. Tuvo tremendos momentos de lucimiento como en “All the things she said” o haciendo las veces de las notas cristalinas de “Alive and kicking”, en lugar de que la teclista las reprodujera; y es que, tíldenme de nostálgico, como Michael McNeil lo haría, nadie lo hace.

Resumiendo y concluyendo, hora y 45 minutos aprox. de buena música de la mano de una formación que vale su peso en oro y que las 3 veces que les he visto han sabido dejarme marcadas distintas sensaciones. Todas ellas muy positivas. El grupo reivindicó como se debe su nuevo disco, tocando muchas de las canciones del mismo y demostrando que suena realmente bien; no sé si llegará al nivel de excelencia clasificatoria que aseveró Jim, pero siempre he defendido que Simple Minds han sido capaces de editar siempre trabajos realmente dignos. Y la selección de clásicos fue realmente atinada y bien ejecutada.
Resultado: un gran concierto de un grupo que no vive exclusivamente de su pasado y que sigue demostrando vigencia en el directo, siendo capaces de rendir a una audiencia que terminó el concierto totalmente entregada y desaforada al grito de “Sanctify yourself”. Termino agradeciendo a la organización de “Noches Del Botánico” y especial a Pilar González de G-News por sus gestiones de cara a que “DMR” les haya podido narrar en primera persona una de las citas más señaladas del granado cartel del festival en su 3ª edición.
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jueves, 28 de junio de 2018

DMR cierra por vacaciones 2018

Verdad esta a medias. ¿Por qué? Porque hasta que no finalicemos nuestra labor como medio acreditado para informar de los conciertos de “Noches Del Botánico” a los que nos acrediten u otros conciertos como uno de los de Love Of Lesbian de este sábado en Madrid, no nos vamos de vacaciones del todo.

Lo que sí cesa es la actividad semanal, es decir, aquella en la que suele haber una revisión de un disco tema a tema (cosa que se alterna con programa de radio cuando estamos en vigencia en las ondas).

La actividad ordinaria volverá en septiembre. De momento no nos pierdan de vista del todo, que nos queda publicar material muy interesante a clasificar en el apartado de “Crónicas De Eventos”. Les dejo esta bonita imagen del pueblo de La Guardia, de mi viaje vacacional del pasado verano por las Rías Bajas.
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DMR cumple 10 años

Increíble. ¡Cómo pasa el tiempo! Ya son 10 años de andadura bloguera. Ahí es nada. Cierto es que quizás debería de haber realizado algunos fastos consecuencia de tan señalada fecha, pero por motivos personales no estoy en mucha disponibilidad de salirme de unos parámetros.

Sin embargo, era obligado hacer esta pequeña reseña, que por otro lado es habitual cada año cuando cumplimos otros 12 meses de actividad. Fue un 28 de junio de 2008 cuando publicamos nuestra primera revisión sobre “Seventeen Seconds” de The Cure y poco después nuestra primera crónica de conciertos sobre aquel “Rock In Rio” de Arganda donde vimos a The Police como principal reclamo personal.

Agradezco especialmente a Mariano González y Alfredo Morales su tarea como redactores dentro del blog, ya que sin su importantísima actividad y labor esto no sería lo mismo y resultaría mucho más difícil de llevar.

Esperamos cumplir otros 10 años más y que ustedes los vean y nos lean.
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miércoles, 27 de junio de 2018

DMR cubrirá el concierto en “Noches Del Botánico” de Simple Minds (30-06-2018)

Ya lo advertimos en el programa que puso punto y final a nuestra 9ª temporada de radio que dedicamos en exclusiva al festival “Noches Del Botánico”. El sábado 30 de junio y la cita con Simple Minds es uno de los eventos que más poderosamente nos llamaba la atención. Será Víctor Prats quien irá en representación de “DMR” para dar cuenta de lo que Jim Kerr y los suyos den de sí sobre las tablas del exclusivo recinto del Jardín Botánico de la Universidad Complutense.

Antes del plato fuerte de la noche, a las 19.30h se podrá disfrutar en la Zona Club Alhambra del set dj de Juan Pablo Jiménez y a las 21.00h ya sobre el escenario principal actuarán Gimnástica. Simple Minds empezarán su show a las 22.00h.

Todavía quedan entradas, no muchas, para esta incomparable ocasión de poder disfrutar del directo de una de las bandas con más carisma que surgieron al calor de la nueva ola y que son sin duda unos clásicos del pop-rock internacional de buena calidad. No se despisten y acudan lo antes posible a la web del festival para coger los últimos tickets.

A posteriori nosotros contaremos puntualmente lo que se viva la tarde de este sábado. Agradecemos a la organización de “Noches Del Botánico” y en especial a Pilar González de G-News sus gestiones para que “DMR” pueda acercarles la información de tan señalada ocasión.
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viernes, 22 de junio de 2018

HIM - Greatest Lovesongs Vol. 666 (1997)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
HIM consiguió crear algo que no todos pueden: una fórmula propia. Acaso una fórmula cuyos elementos son evidentes, conocidos y ya asimilados, pero mezclados en una justeza y proporción tan definida como para poder hablar de un estilo personal. Tal estilo se dio en llamar “Love Metal”,e incluía potentes descargas guitarreras (entre Black Sabbath y el metal ochentero), rock gótico, y una peculiarísima amalgama de oscuridad y dulzura.

En la lírica, por su parte, y también en la estética, abundan las referencias al binomio amor-muerte, al esoterismo y a alguna simbología de carácter diabólico (HIM es el acróstico de “His Infernal Majesty). Esto último, acorde con sus declaraciones, son elementos más de forma que de fondo; detalles ornamentales de los que se sirven para elaborar un compendio estilístico. No es extraño en el mundo de la música; la simbología religiosa, independientemente del convencimiento metafísico de cada uno, resulta a veces poderosa. A modo de ejemplo recuerden a Depeche Mode en algunas épocas u otros tantos grupos provenientes del gótico.

El tal “Love Metal” tiene la ventaja (puede que algunos lo vean como lo contrario) de ser bastante melódico y asimilable a los gustos del oyente medio no acostumbrado a los sonidos fuertes. Es decir, no cabe esperar que HIM suenen tan extremos como Paradise Lost, Moonspell o Craddle of Filth . No obstante esta permeabilidad les hace poroso a públicos más amplios sin sacrificar ninguna declaración de principios o postulado de pureza artística.

De todos modos, este “Greatest Lovesongs Vol. 666” es su disco más afilado e impetuoso y está lleno de melodías frescas y entusiastas; tal y como corresponde a un buen álbum debut. Uno de los pilares básicos es la voz grave y cavernosa de su carismático cantante, Ville Valo; vampírica en los momentos más decadentes y melodiosa en los momentos más suaves. Algo así como un crooner salvaje.

Tampoco hay que obviar el más que solvente soporte instrumental de los finlandeses, donde hay dos componente que son auténticos clásicos: el buen guitarrista Mikko “Linde” Lindström y el bajista Mikko “Migge” Paananen. Los puestos de teclista y batería bailaron hasta su tercer disco, “Deep Shadows And Brilliant Highlights” (2001), siendo ocupados en este debut por Antto Melasniemi y Juhana Rantala.

Tal como decíamos, este debut es quizá su referencia más agreste, lleno riffs de guitarra desgarrados, teclados decadentes y un sombrío romanticismo directamente absorbido del gótico. Si bien me inicié en HIM con otro disco, hoy en día este “Greatest Lovesongs Vol. 666” quizá sea mi favorito de la banda, aunque solo sea por el empaque de sus composiciones (además de dos excelentes versiones) y el punzante ambiente tétrico, “ma non troppo”, de su tracklist.

Como tal, el disco ya tuvo un cierto eco en la Finlandia natal de HIM y en algunos países de Europa (Alemania por ejemplo) y algunas de sus canciones son auténtica marca de la casa con el justo rango de clásicos. Más adelante vendría su particular explosión, cuya onda expansiva llegaría mucho más lejos. Pero HIM empezaron aquí. Y de qué forma.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Your sweet 666”: El hard rock toma por asalto el inicio de “Greatest Lovesongs Vol. 666” con uno de los riffs más potentes de todo el disco; un riff que tiene algo de Black Sabbath, sin duda una referencia sustancial para el grupo. Canción áspera y desaforada pero no exenta de un apasionado gusto por la melodía. La voz de Ville es contundente pero muy lejos del estilo gutural de otros grupos más extremos. Buen subrayado de los teclados, que aumentan el sentimiento de decadencia. La numeración satánica no hay que tomarla al pie de la letra; líricamente habla de la espera, de la impaciencia ante una relación que no acaba de cuajar. Fue el segundo single del disco. En algunas ediciones de su segundo trabajo, “Razorblade Romance” (2000), existe una versión levemente distinta.

2. “Wicked game”: Uno de los clásicos de HIM y, como habrán podido deducir, una versión del éxito de Chris Isaak. Los finlandeses consiguen estar a la altura, consiguiendo una cover repleta de brío y personalidad. La hipnótica línea de guitarra de la original es sustituida por unos afilados y trotones acordes que llenan de carácter y energía la canción. Mención aparte para el más que estimable punteo intermedio y la apasionada interpretación de Ville Valo. Buen comienzo de disco, con una dupla de rock gótico potente y accesible. Fue tercer single. Por cierto, hace poco “DMR” fuimos a un concierto del nuevo proyecto de nuestro amigo Javie Crow (VAM) y versionaron “Wicked Game”, siendo su ejecución mucho más cercana a HIM que a Chris Isaak.

3. “The heartless”: Las cosas se tornan más tranquilas con una canción pop-rock bastante elegante y melódica, donde la voz de Ville Valo se adorna con unos sugerentes coros en falsete. La canción, eso sí, no es particularmente alegre; tiene algo de pesadumbre, de lamento. En un momento de relativo reposo irrumpe reciamente un poderosísimo riff metalero que rompe brevemente el tono reflexivo. Como poco, curiosa.

4. “Our diabolikal rapture”: Uno de los momentos más oscuros del disco. La canción la conduce un distorsionado y decadente riff de guitarra y un tempo desolador y decadente. La ejecución vocal se afana por ser doliente y trasmitir tristeza y desasosiego interno. De fondo, un lecho de teclados añaden un toque aún más tétrico. Una canción más disfrutable, sobre todo, para los oídos góticos. Poniéndonos “nerudianos”, es una canción desesperada que usa el binomio amor-muerte en su letra.

5. “It´s all tears (drown in this love)”: Abandonamos el ritmo arrastrado de la canción precedente para saltar a una mucho más ágil. Es un hard rock directo que contrasta la voz de Ville Valo con una réplica en forma de coro de voz monstruosa, deformada, tratada en estudio para que parezca intencionadamente bestial. HIM combaten la desazón que sobrevuela este tema haciendo que todo fluya al galope, poniendo una marcha accesible y potente. Salvo por esos asaltos de voz de peli de monstruos, es fácil que el oyente la considere una joya oculta.
6. “When love and death embrace”: Podríamos asignarle el atributo de “balada” o de himno mortuorio; según se mire. Quizá exagere, pero ciertamente es una canción de amor, de tempo lento y, a su modo, sentimental, que además se canta con nocturnidad y decadencia. Ciertamente sí que es una balada, pero una balada que transita por el lado oscuro. Nick Cave podría estar orgulloso de ella. Tampoco se me asusten, es una oscuridad que también se esfuerza por seducir al oyente; no hay nada sórdido en esta melancolía neblinosa. Fue primer single.

7. “The beginning of the end”: En las estrofas vuelven las guitarras rasposas y distorsionadas de “Our diabolikal rapture” (un poco stoner, quizá) pero a diferencia de ésta desemboca en uno de los estribillos más memorables del disco. Ese contraste entre aspereza y melodía da una dualidad completamente disfrutable a “The beginning of the end”. Además contiene uno de esos fragmentos que se acaban recordando fácilmente ya tras las primeras escuchas. Y además es un ejemplo de la lírica de HIM: “Ahorra la felicidad para mañana y hoy nos ahogaremos en tus lágrimas/una gota de tu sangre sabe a vino hoy”.

8. “Don’t fear the reaper”: La segunda versión del disco. En este caso de la canción “Don’t fear the reaper” del grupo de hard rock setentero Blue Öyster Cult. Líricamente es una canción perfecta para HIM, dado que la temática aúna el amor y el miedo a la muerte (algunos la malinterpretan como una historia de suicidio por amor), con lo que la dupla amoroso-mortuoria continua siendo el tema principal del disco. Respecto a la original, se añade una voz femenina que interactúa, bien coordinada, con la de Valo y se sustituye el punteo de guitarra por unos fantasmales teclados tremendamente propicios para dar una atmósfera de romanticismo más bien umbrío. También podríamos hablar de balada, pero claro, envuelta en tinieblas. No obstante la versión es decente y, a su modo, bonita.

9. “For you”: Him nos dan el gusto de rematar “Greatest Lovesongs Vol. 666” con un magnífico colofón, pleno de las mejores características de los finlandeses. Se trata de una canción reptante, oscilatoria, que va desarrollándose con paciencia sin olvidar adornarse con electricidad. La voz de Ville Valo es seductora y cavernosa a un tiempo y, junto con los leves coros femeninos, otorga a la canción esa particular oscuridad misteriosa de este debut. Como pasa en otras canciones, hay un momento de insurgencia sonora construida a base de un repentino ataque de furia. Buen medio tiempo y buen sabor de boca. La letra une ambos extremos metafísicos para hablar sobre el amor: “Te amo de 666 maneras y mi cielo está dondequiera que tú estés (en otra estrofa meten un 777; por simbología que no sea)”.

10. “Track oculto”: Es tan irrelevante que solo merece la pena señalarlo como curiosidad. Si tras acabar “For you” dejamos pasar el tiempo veremos que las pistas de la 10 a la 65 son completamente silentes. Nada se oye. No obstante, al llegar a la 66 (un poco pesaditos con la numeración sí que son) podemos escuchar un breve instrumental, suave y a volumen más bien bajito; incluso con algún aire oriental. Intrascendente, pero ahí está.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
HIM fueron a principios de siglo una de mis escuchas de referencia y todavía hoy en día paladeo con muchísimo gusto sus canciones. Me parecen una banda talentosa e idiosincrática; sin duda es una lástima su disolución del año pasado.

Precisamente los primeros año fueron los más exitosos y fructíferos para HIM. En el año 2000 llegaría “Razorblade Romance”, su gran ascenso a cotas más comerciales con la que es su canción más conocida: “Join Me” (incluida en la banda sonora de la interesante película de ciencia ficción “Nivel 13”). Otro paso a la comercialidad fue “Deep Shadows And Brilliant Highlights” (2001) que, en cuanto a factores externos, contó con una repercusión publicitaría y promocional ya relevante y que en lo referente a lo musical suavizaba sus formas y pulía sus aristas con un sonido más amable. Aun así, menudeaban buenas canciones como, por ejemplo, “Pretending”.

El grupo debió de sentirse muy seguro de sí mismo para poner el nombre de su “formula” (esto es, “Love Metal”) a su siguiente disco, lanzado en 2003. Está vez rompieron la tendencia suavizadora y sacaron a relucir, en varias canciones, las guitarras más poderosas desde su debut. Como muestra la vorágine de “Buried alive by love”. Fue en la gira de este disco donde tuve la ocasión de disfrutar de su directo; en concreto en La Riviera, en Febrero de 2004. Fue un recital enérgico, aunque recuerdo que Valo estuvo relativamente comedido; como si fuera un maestro de ceremonias elegante y parsimonioso. Eso sí, monologó bastante entre canción y canción. Creo, como curiosidad, que mi amigo Víctor Prats fue a verlos a una gira anterior donde los teloneros eran, nada más y nada menos, que Sôber.

Desde una perspectiva estrictamente personal la época aurea de HIM acabaría con “Dark Light” (2005), disco muy correcto melódicamente; a partir de entonces reconozco que mi contacto con HIM va siendo cada más ligero y negligente. Me pongo como tarea personal profundizar más en los últimos discos de los finlandeses, pues las catas y probaturas de “Venus Doom” (2007), “Screamworks: Love In Theory And Practice, Chapters 1-13” (2010) y “Tears On Tape” (2013) han resultado sumamente satisfactorias. Particularmente me agrada el rabioso “Venus Doom”. Dejo fuera de mención los recopilatorios y discos con versiones alternativas.

HIM tienen encanto, una iconografía peculiar y una voz familiar pero propia. Siento cierto atracción por la música que destila un “goticismo” suave (o no tan suave, según) y que tiene ciertas trazas decadentes sin dejar de avistar la melodía. Mucho de eso hay en HIM. Quizá los paladares más extremados puedan aducir que lo que hacen HIM es metal gótico para todos los públicos; pero afortunadamente este cruce de idiosincrasias es lo que a mí me atrae. Y “Greatest Lovesongs Vol. 666” tiene además el entusiasmo y la osadía de los principiantes. A escucharlo.
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martes, 19 de junio de 2018

DMR cubrirá el concierto en Madrid de Love Of Lesbian (30-06-2018 16:00h)

Hace ya un tiempo que en “DMR” perdimos la pista a Love Of Lesbian en directo. Realmente no hace tanto, pero ya han pasado 2 años desde que acudimos a la sala La Riviera a verles presentando su “El Poeta Halley”. Desde entonces, el grupo ha protagonizado gestas en Madrid como atreverse en solitario con el Palacio de los Deportes.

En esta ocasión, el grupo propone repetir en el Teatro Circo Price, y además, se da la curiosidad que 2 de las 3 actuaciones serán en el mismo día, el sábado 30 de junio. Nosotros acudiremos al “pase de tarde”, que arrancará a las 16.00h, pero el grupo luego repetirá por la noche, al margen de lo que ya haya propuesto sobre el mismo escenario el día anterior.

Advertirles que quedan pocas entradas, si es que no han volado ya del todo, por lo que no sean remolones si no se quieren perder esta ocasión de ver a una de las bandas referentes de la música independiente de nuestro panorama.

Será Mariano González quien narre las aventuras de los chicos de Love Of Lesbian en esta ocasión. Su crónica, generosa en extensión (como suele ser habitual en nuestros dominios), se publicará en días sucesivos. Agradecemos a Carme Tasias de Music Bus que deposite su confianza nuevamente en “DMR”.
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