lunes, 15 de octubre de 2018

DMR estrena su 10ª temporada en la radio

No es ninguna sorpresa. Sorpresa hubiera sido en el sentido contrario. Y es que tras finalizar la 9ª temporada el pasado mes de junio, teníamos claro que queríamos seguir en la brecha radiofónica y por ello, tal como vaticinábamos, en este mes de octubre llegamos a nuestra 10ª temporada.

No se esperen novedades, por mucho que la cifra que acumulamos pueda inducir a pensar en ello. El propósito sigue siendo el mismo: reivindicar la escucha de los discos al completo, si análisis y puesta en valía y comentarles lo que buenamente podamos aportar, que ustedes puede que ya sepan o no.

Durante la temporada confiamos en poder ofrecerles contenidos de su agrado. Tenemos muchas bandas y discos en mente. Mañana desvelaremos qué grupo tendrá nuestro honor particular de abrir la campaña. Seguimos en Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) y mantenemos igualmente nuestro horario de emisión, bisemanal, los sábados de 16 a 17h. Contamos con su compañía una temporada más y de verdad que la tenemos en mucha estima.
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viernes, 12 de octubre de 2018

Javiera Mena - Espejo (2018)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Como justo dentro de una semana estaremos puntuales en la sala But de Madrid para ver a Javiera Mena presentar su último disco “Espejo” hemos pensado que sería muy adecuado atrevernos con nuestra crítica del mismo, tras llevar ya varios meses escuchándolo.

Es evidente el crecimiento que “Otra Era” reportó a Javiera Mena a todos los niveles. Ese gran disco editado en 2014 permitió llegar a un mayor número de seguidores, obtener muy buenas críticas sobre su conjunto dentro de la prensa y también haber llegado al círculo de los premios internacionales siendo nominada al Grammy Latino a mejor canción, si bien se dio la injusticia de no llevarse el galardón (y es que “Otra era” es una canción que merecía eso y más).

Tras una promoción larga, 4 años de giras y actuaciones muy destacables (nosotros pudimos verla en 2 citas memorables en Madrid, una en el Teatro Barceló y otra en el escenario Puerta del Ángel en San Isidro 2017), llegaba la hora de meterse en estudio para dar el siguiente paso.

Y hay algunas novedades notables. Una de ellas es que Javiera ficha por una multinacional y la otra que Cristián Heyne no está a su lado para aportar su granito de arena a la obra tras un largo tiempo colaborativo. El resultado de la espera ha sido “Espejo”, un trabajo que por estas tierras esperábamos con ansias por todo lo que nos gustó “Otra Era” y también “Mena” (si bien nosotros descubrimos a Javiera con “Otra Era” en 2015 y empezamos por el disco contemporáneo, escuchando posteriormente el notable lp de título homónimo al apellido de la artista).

En “Espejo” se nota una evolución clara respecto a lo propuesto por Javiera en “Mena” y “Otra Era”. Tampoco es que se haya dado a cantar fados portugueses o rancheras mexicanas. El cambio no es radical, pero sí que hay cosas que suponen un punto de partida de donde venía la artista. Ahora atrevámonos con sus canciones una a una.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Dentro de ti”: El disco empieza con el que fue el primer single de adelanto. Un medio tiempo relajado, que podría evocarnos a “Pide” de “Otra Era” para que de alguna forma puedan situarse. La canción va ganando fuerza, terminando en un registro algo más alto que termina agradando. Contó con un videoclip con Javiera con distintos y variados looks en estudio. Correcto single, apto para cualquiera, sin necesidad de ser fan.

2. “Espejo”: Quizás podríamos decir que la canción título sea la que sirva de puente entre los discos previos de Mena y el presente. Es una canción más electrónica y con más beats que juega entre el cierto misterio (sin llegar a los niveles de “Otra era” o “Sincronía, Pegaso”) y la sensualidad. Ha terminado siendo el 3er. single, con acierto, del disco. A propósito se ha grabado un acertado videoclip, en el cual Javiera se hace acompañar de la gran bailarina y bellísima Sheila Jordá, muy destacada dentro del cuerpo de baile en directo de Javiera, sobre todo al sorprender a cualquiera con su performance en “Sincronía Pegaso”. ¿Quizás la mejor canción del disco? No sé. En todo caso sí que es la más directa y una de las que más claramente brillará en los conciertos de la gira, cosa que podremos comprobar en breve.

3. “Cerca”: Situándose entre medias de la 1ª y 2ª canción llega “Cerca”. Quizás haya algunos coros algo estridentes, pero en conjunto estamos ante una pieza pop muy luminosa, con mucha fuerza que permite que “Espejo” siga abriendo sus brazos al oyente con muy buena disposición.

4. “Alma”: Javiera decide ponerse íntima en el 4º lugar del set list con la que quizás sea la mejor canción del disco (al menos en lo que a letra se refiere). Javiera canta con tremendo sentimiento, narrando una situación dolorida derivada de un revés emocional o sentimental. De las que escuchas una y otra vez sin cansarte.

5. “Intuición”: Quizás la pieza más arriesgada del disco sea “Intuición”. En esta pieza Javiera, acompañada de Li Saumet, se atreve con ritmos latinos más cerca del reggaetón que de la electrónica más propia suya. Es una canción que termina gustado, una vez superado el factor sorpresivo de las primeras escuchas. Más riesgo supuso incluso que fuera el 2º single, partiendo bastante de las formas más accesibles de “Dentro de ti”. Un punto a su favor fue la frivolidad de grabar el videoclip por Benidorm, en su gran parte en ambientes nocturnos, con Javiera (muy guapa con flequillo) moviéndose por sus calles y locales de luces tenues.
6. “Aire”: Giramos a la electrónica más cercana al “universo Mena” de la mano de “Aire”. Se utilizan muy bien los sintes y se utilizan de forma acertada los cambios de ritmo. Es una canción que sin necesidad de recargarse con miles de bases, consigue un resultado bailable notable y elegante. Quizás otro de los pasajes más llamativos del disco.

7. “Escalera”: El experimentalismo regresa con “Escalera”. Una composición muy electrónica, con poca letra y que consigue un efecto trance notable. Si bien, hay que apuntar que sus formas son ligeritas y ambient. Otra canción realmente elegante y que demuestra la evolución sonora dentro de la electrónica que Javiera Mena ha experimentado en esta obra: vean o noten la diferencia con las bases de piezas de “Otra Era”.

8. “Noche”: Tras 2 piezas muy electrónicas, nocturnas y bailables, pasamos a “Noche”, que curiosamente resulta mucho menos nocturna en sus formas que sus 2 predecesoras. Retornamos a los medios tiempos, siendo de alguna forma una pieza de transición para afrontar el tramo final donde la emoción volverá con más punch.

9. “Todas aquí”: Creo que “Todas aquí” es la canción que sin ir más adentro tiene las formas más emotivas del disco en su melodía. Considero que está correctísimamente situada en el penúltimo escalón del disco. Es muy destacable como consigue Javiera transmitir en el micrófono en esta canción, siendo el pasaje del disco donde más entregada la vemos en la voz.

10. “Cuando no la esperas”: “Espejo” cierra con acierto con “Cuando no la esperas”, una pieza íntima, que puede evocar a un plácido amanecer. Destaca sobre todo en ciertos registros altos con los que Javiera Mena arranca sus estribillos. Considero correcta la disposición de las 2 últimas canciones y en general la de todo el disco (ya saben que por aquí prestamos mucha atención al orden de las canciones propuesto); recuerden que “Otra Era” terminaba muy muy arriba con “Espada”. Yo creo que es mejor terminar de esta forma, más reflexiva y cálida.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Espejo” supone, como ya hemos apuntado, el salto de Javiera Mena a las multinacionales. Eso ya de por sí nos permite adquirir su disco en España en tiendas de discos, viéndolo en sus estanterías (cosa que no sucedió con “Otra Era”, el cual tengo gracias a que me lo compré en el stand de merchandising al final del concierto del Teatro Barceló en 2016.

Hemos podido ver a Javiera Mena presentar el disco en el Primavera Sound, con bastante éxito y también pasó por Madrid en otro festival, el Tomavistas. Ha estado de gira este verano, alternando la misma con la preparación del vídeo de “Espejo”, que se estrenó a finales de agosto y ahora toca afrontar la parte del tour en salas, llegando a Madrid en una semana. Es decir, que a nivel de repercusión, “Espejo” consolida el logro de “Otra Era”, lo afianza y permite que Javiera Mena esté en una situación de cierto estatus dentro de la música independiente (ya no tanto con la entrada en discográficas mayores).

Por internet se ven valoraciones de los seguidores a modo de comparación con “Otra Era”, en el sentido de que si no es tan bueno, y demás. Lo que está claro es que “Espejo” es una evolución del sonido de Javiera. Influye lo que ella sienta a la hora de componer y las circunstancias, las cuales seguramente son muy distintas a las que se tenían cuando se afrontó la composición y grabación de “Otra Era” y más aún con “Mena”.

¿Quieren que me moje? Bueno, sí, si tengo que escoger entre “Otra Era” y “Espejo” me quedo antes con “Otra Era”. Si bien, “Espejo” es un disco muy bien pensado, variado, correctamente ordenado, con tremendas canciones en su conjunto (“Espejo”, “Alma”, “Escalera” por ejemplo) y que creo que está lejos de ser un paso atrás en la carrera de Javiera Mena; más bien es todo lo contrario. Remarco: evolución. Quizás lo que menos me guste del disco sea su portada; sin duda a Javiera Mena es muy fácil tomarla otra instantánea en la que salga mucho más favorecida.

Desde “DMR” consideramos que Javiera Mena ha dado forma a un disco notable. Si establezco un paralelismo con mi grupo favorito The Cure (salvado los estilos, lógicamente), “Otra Era” sería su “Disintegration” y “Espejo” su “Wish”. Ahora nos queda ver cómo funciona en directo y disfrutar de la siempre interesante propuesta musical y visual que Javiera dispone en sus shows. Será justo dentro de una semana. Aunque en esta ocasión vamos como público general y no como medio de comunicación acreditado como en 2016, haremos crónica de lo que vivamos; si les interesa, visiten nuestra página en días sucesivos tras el concierto.
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viernes, 5 de octubre de 2018

Yelle - Pop Up! (2007)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Tenía ganas hace tiempo de dedicar un artículo a uno de mis descubrimientos de la década pasada a nivel de electro pop francés. Se trata de Yelle, un grupo que casi nadie se tomó en su día en serio; aún siguen sin hacerlo, pero poco a poco ha ido tejiendo una carrera que alcanza ya a tres álbumes y lo que es más importante, haber conseguido traspasar las fronteras de su Francia natal. Yelle puede permitirse tocar por numerosos países europeos (un gran ejemplo fue su concierto en la sala Bad de Madrid hace unos años con lleno total) y recorrerse Estados Unidos obteniendo un éxito considerable, con el mérito de por el momento negarse a cantar en inglés por el simple motivo de considerar que sus canciones perderían fuerza y credibilidad con forzadas traducciones; además la tarea no sería fácil teniendo en cuenta la buena cantidad de argot que contienen las letras del grupo.

Yelle se empieza a gestar al principio de la década pasada con el encuentro del Dj Grand Marnier y la cantante Julie Budet. Eligen el nombre Yelle como las siglas de “You Enjoy Life” es decir YEL, pero al final deciden feminizarlo y quedaría como Yelle, lo que ha dado a identificar el proyecto básicamente con Julie Budet, a pesar de tratarse de un grupo y no de un proyecto en solitario.

A finales de 2005 son descubiertos en el hoy olvidado Myspace, auténtica plataforma para darse a conocer en esa época, gracias al tema “Je veux te voir” y la popularidad del grupo va en aumento durante 2006. La originalidad del grupo mezclando electro, pop, rap y diversos samplers elegidos con muy buen tino, no deja indiferente, además de un sentido del humor e ironía poco habituales en el terreno musical francés. Finalmente al proyecto se une el productor y músico Tepr (Tanguy Destable), otro enamorado de la electrónica y el hip hop, transformándose Yelle en un trio y preparando su debut en forma de álbum mientras empiezan a dar numerosos conciertos en Francia.

Como muestra del sentido del humor tan propio del grupo, no es extraño que fueran invitados por el comediante Michael Youn (alias Fatal Bazoka) a participar como invitados en su single “Parle à ma main”, que consigue una enorme popularidad llegando al número uno en Francia y Bélgica, lo que ayudaría a la popularidad del grupo.

Finalmente hubo que esperar a septiembre de 2007 para ver por fin publicado el primer álbum de Yelle, al cual titularon “Pop Up!” un título efusivo y alegre que transmite perfectamente el contenido de este debut que pasamos a analizar.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Ce jeu”: El disco comienza de manera curiosa con unos silbidos electrónicos bastante coloristas acompañados de palmadas y una pequeña línea rítmica de bajo para inmediatamente meter un descarado sampler del “Let me go” de Heaven 17, el cual no abandonan durante toda la canción, hasta el punto de que pareciera una nueva versión de “Let me go” con otra letra. En cuanto a la misma se trata de un juego de reproches entre una pareja que parece bastante cansada de una situación que no termina de avanzar. Se trata de una canción un tanto inocente que encuentra su contrapunto en los potentes bajos de “Let me go”. La canción contaría con un colorido video clip donde Yelle despliegan toda su imaginería retro y kitsch, un montón de cambios de vestuario que estarían muy presentes en sus shows y que le sacan mucho partido a Julie Budet. En cuanto a Heaven 17 parece que no les gustó mucho “este juego” básicamente porque jamás fueron consultados para el uso de este sampler y es que parece ser que Yelle le echaron bastante morro ejerciendo como sinvergüenzas sin fronteras.

2. “A cause de garçons”: Si el álbum comienza de forma notable y original, la continuación no puede ser más enérgica con un auténtico pepinazo electro lleno de desenfado, que por un lado nos trae a la mente el pop de chicle de cantantes como Lio (“A cause des garçons” no está muy lejos de “Amours solitaires”) y por otro el sonido electroclash minimalista que tanto dio que hablar por esa época. La canción contaría con un curioso video clip donde no aparece ninguno de los miembros de Yelle, sino unos bailarines que se esmeran a fondo mientras suena un remix de la canción.

3. “Dans ta vraie vie”: El álbum no deja descanso y llega uno de los temas más incisivos del mismo. Metales sintetizados y un ambiente que parece querer imitar el hip hop de atmosferas chungas sirven de base para que Yelle realicen una vuelta de tuerca y hagan una radiografía humorística, un tanto despreciativa e irónica de un tipo de sujetos que influenciados por el rap que en ese momento arrasaba en Francia y que tenía a veces una buena carga sexista, llevaban una vida de tipos duros acorde a estas canciones. Yelle se dedica de forma burlona a quitarle el velo a uno de estos personajes y demostrar que bajo esa apariencia se esconden la inseguridad y la timidez.

4. “Tristesse / Joie”: Un bonito comienzo con esos teclados sugerentes son el preámbulo de uno de los temas más pop y elegantes del álbum: producción detallista y brillante y una melodía de esas que permanecen inevitablemente en la cabeza. La incomprensión entre dos personas es el tema de fondo en un juego hábil de frases que aunque naif es muy efectivo. Como ocurría en “A cause des garçons” nuevamente vemos la influencia del pop francés de los 80 pasado por el electro. En suma una canción tan válida para la pista de baile como para una escucha menos agitada en nuestra casita.

5. “Mal poli”: Después de un tema elegante, otro que es casi todo lo contrario. Aquí no hay sutilezas electroclash desnudo, simple y un tanto irritante donde los reproches son continuos “¿quien te ha dado permiso para tutearme? ¿Cuando hemos comido en el mismo plato?” o “tu aliento a borracho me coloca”. La canción es el relato de una noche de discoteca desde el punto de vista de una chica a la que no dejan de molestar los moscones de turno convenientemente colocados y de alguna forma también expresa el desengaño en lo que se refiere a los príncipes azules. Musicalmente no es gran cosa, una canción divertida sin más que ahonda en el sentido del humor del grupo.

6. “Les femmes”: No es casual la posición de esta canción; justo detrás de toda una declaración quejándose de los hombres, llega este guiño lésbico “si los chicos no me abren su corazón, iré a buscar por otro lado”. Más claro imposible. En esta pequeña historia nuestra protagonista se siente atraída por otra chica y se deja llevar a otro mundo donde felicidad y dudas se mezclan. Esta vez el grupo elige crear un tema sugerente, delicado y lleno de matices electrónicos sobre todo al final donde se recrean en una serie de variaciones que benefician al tema. También podemos apreciar la voz de Julie más desnuda al no haber demasiados artificios ahogándola y constatamos lo bonita que suena casi sin ningún soporte.
7. “Tu es beau”: Esta vez el grupo se olvida prácticamente del electro y nos ofrece un tema reposado donde tenemos guitarras marcando el ritmo lento de la canción y saxo que está presente durante toda la canción dando un toque bastante cálido. La canción cuenta la relación entre dos personas que están muy lejos de ser compatibles pero que de alguna manera, van a disfrutar de lo que les depare. Julie suena entre sensual y burlona en un tema que al final casi se les va a los seis minutos sin que lo hayamos notado.

8. “Je veux te voir”: La canción que comenzó todo y quizás la más contundente de todo el álbum, en realidad una respuesta irónica, burlona y despreciativa al hip hop francés de la época y más en concreto al grupo TTC y su cantante Cuizinier. Yelle consideraban las letras de estos grupos absolutamente machistas y no se cortan en ridiculizar a Cuizinier aludiendo al tamaño de su pene o al hecho de que su éxito será efímero o a ser “ridiculizado por una chica que rapea mejor que tu”. Entre el rap, el electro y los constantes golpes de efecto “Je veux te voir” es irresistible y aunque su sonido es muy deudor de esa época aún sigue conservando sus ganchos, sobre todo el potente estribillo, fluido y sarcástico. La canción contaría con un muy logrado vídeo que es toda una auténtica locura donde podemos ver a Julie imitar algunas de las poses más tópicas de los videoclips de hip hop para seguidamente irse a una mega fiesta a darlo todo; es sin duda de esos videos que dibujan una sonrisa.

9. “Amour du sol”: Si en el álbum tenemos varios guiños a la canción francesa de los primeros 80, este “Amour du sol” es el homenaje más claro porque ni siquiera se molestan en tratar el sonido de una forma más actual; de hecho Julie canta “yo canto en francés, de los años 80, no me gusta el pasado pero estaba muy bien”. En cuanto al texto es simplemente una celebración de la juventud, del simple hecho de disfrutar absolutamente de la vida cuando el futuro ni siquiera forma parte del vocabulario. El mérito es que una letra tan simple que incluye algún que otro guiño a la cultura dance, encaje tan a la perfección con esa melodía flexible y ochentera sin perder un ápice de clase.

10. “Mon Meilleur ami”: Aquí nos encontramos con una gamberrada ingeniosa de puro electro donde después de hacer un sentido homenaje al vibrador, contándonos sus más que probadas virtudes: “aprecio la garantía y el placer que me das”, “te hablo como a un hombre dulce y sensible”. Pues bien, finalmente la canción da un giro malicioso e intencionado para descubrir que en realidad se estaba refiriendo al mando de la televisión, un gracioso golpe de efecto. Curiosamente esta canción, a pesar de no ser single, contaría con un curioso video donde vemos a Julie bailando de forma endiablada, en la cama de una habitación con el techo lleno de mini bolas de discoteca.

11. “85ª”: Titular una canción con el número de la talla de sujetador puede resultar algo bastante estrambótico. No lo es tanto cuando se trata de una canción de autoafirmación que reivindica los pechos pequeños, como los de la protagonista, y no está dispuesta a pasar por quirófano. Con un planteamiento como el relatado es normal que nos encontremos con tema de techno bastante acelerado y con un toque de desenfado presente por los apenas dos minutos y medio de canción.

12. “Jogging”: Parece que el tema de la belleza física se impone para acabar el álbum y aquí tenemos un tema de claras influencias house perfecto para la pista de baile y para hacer ejercicio que es de lo que trata esta canción, de hacer ejercicio para ser más atractivo según los cánones de la sociedad actual. Como no podía ser de otra manera, a la canción no le faltan detalles humorísticos como “escalar el Mont Saint-Michel” o “no huelo mal pero más fuerte que la sal del mar” y es así entre ritmos acid muy de los 90 y frases ingeniosas que acaba este debut de Yelle.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Pop up!” fue sin duda una bocanada de aire fresco en un pop francés que se había quedado un tanto anquilosado. También significó tener un grupo exportable, y eso que Yelle siempre se negaron a traducir sus canciones al inglés, pero como en el caso de Stromae, no tuvieron problema en hacerse un hueco en Europa y también en Estados Unidos cantando en francés, lo cual es todo un mérito.

Si alguien pensó que Yelle era una anomalía que duraría poco, su álbum “Safari Disco Club” (2011) les consolidaría como uno de los grupos de electro pop francés más interesantes, haciendo gala de ese french touch elegante y refinado.

Su último álbum “Completement fou” (2014) era la constatación de que Yelle tiene una identidad propia, aun producidos por Dr. Luke (Kesha, Katy Perry, Flo Rida) siguen conservando un sonido muy personal. Pronto tendremos un nuevo álbum de Yelle. Ya se han adelantado varios temas como “Ici et maintenant”, “Romeo” o “Interpassion” y la cosa realmente promete, estaremos atentos.

Texto: Alfredo Morales.
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domingo, 30 de septiembre de 2018

Concierto Revólver. Barajas (15-09-2018)

Fue prácticamente en el mismo día del año, pero en 2009. 9 años ya; parece mentira cómo pasa el tiempo. Aquel día no me imaginaba que tardaría tanto en volver a ver a Revólver en directo. Fue una noche de sábado de las fiestas de Móstoles en el parque Finca Liana cuando dentro de los últimos coletazos de la gira del disco “28 Gramos” pudimos ver a Carlos Goñi sobre el escenario por última vez. Grato recuerdo lejano tenemos de aquella noche, lo cual envolvía de cierta nostalgia este evento que les voy a narrar al haber transcurrido tantos años; de alguna forma, es como reencontrarte con un amigo de toda la vida al que no ves hace mucho tiempo.
Y es que a Carlos Goñi pudimos verle bastante frecuentemente en aquella segunda mitad de la pasada década. En 2005, dentro de la promoción de “Mestizo”, estuvimos a finales de junio en 2 ocasiones (Torrejón y barrio de Bilbao en Madrid -donde incluso pudimos saludar al término a Carlos, quien amablemente accedió a hacerse una foto con nosotros-) y al poco, en julio de aquel mismo año, otro concierto más en un centro comercial de Alcorcón. En 2006 estuvimos en Coslada con Revólver ya presentando su 3er. Básico y luego fue en 2009 con la ya comentada ocasión mostoleña.
Desde aquella cita de hace 9 años, la vida siguió para nosotros y para Revólver también. Lo siguiente en estudio sería “Argán”, disco con cierto riesgo al atreverse con matices sonoros del norte de África, y luego habría cabida para un trabajo eléctrico en directo “En Joy”. 2015 nos deparó el fabuloso “Babilonia”, álbum en el que creo que he oído al mejor Carlos Goñi desde “Sur” y al que debo una revisión de disco en este blog, la cual llevaré a cabo más tarde o temprano. El más intrincado “Capitol” data del año pasado y es el trabajo de cuya gira en la que aún se enmarca este show.
Por motivos personales, tuve que hacer un buen encaje de planes para poder acudir al concierto que protagoniza este post (la ocasión merecía la pena) y tiré para el recinto ferial de Barajas, del cual Celtas Cortos tenían la exclusividad de mis visitas hasta la fecha (2011 y 2015).
A las 22h en punto salí de mi casa en pro de coger el 115 en el puente de la CEA. Por medio segundo pensé en subirme de nuevo a casa al salir de mi portal, puesto que estaba lloviendo, amenazaba sería tormenta y darme el paseo hasta Barajas para nada (si se suspendía la cosa) como que no. Pero me arriesgué y menos mal, ya que paró al rato y las nubes nos respetaron; como luego quedará muy saturado insertar todos los vídeos de golpe entre los párrafos que narran en sí la actuación, aquí debajo les pongo el que grabé de “Odio”.

El bus iba plagado de juventud que acudía a la zona por otros motivos menos saludables que ver a Carlos Goñi en las tablas. Iban hablando de conciertos de Los 40 donde estaría Aitana y otros artistas de nueva aparición y yo internamente me reafirmaba en mi gusto musical imaginando lo que Revólver ofrecería en unos minutos.
Tras bajar del atestado bus, llegué al recinto. No había mucha gente frente al escenario a eso de las 23h y me asusté un poco al ver un cartel en el que ponía que el concierto sería a las 01:00h y no a las 23:30h; se ve que era un error y el evento arrancó a la hora que sabía de antemano. Pude hablar en la primera fila donde me situé (en el extremo izquierdo) con una pareja sobre experiencias previas de bandas míticas que hemos visto en nuestra vida. Yo les comenté que a Revólver era la 6ª vez que lo vería, siendo ellos primerizos en estas lides.
Algo pasadas las 23:30h subió a escena Carlos y su banda para arrancar con la efectiva “Sara”, la cual suponía un inicio bastante lógico de show. Mayor sorpresa y agrado me supuso el 2º tema dispuesto para la cita, que fue “Tú y yo”. No había reparado en ella en la previa, y ciertamente es una de las canciones que sin ser de mis favoritas, siempre me resulta especialmente agradable de rescatar. Quizás sea la canción que me quede de la ocasión, como por ejemplo me sucedió con “Esperando mi tren” en el Barrio de Bilbao de Madrid en 2005; y es que “El Dorado” es mucho “El Dorado”.
Fue un concierto de éxitos sin parar. Revólver superaron las 2 horas de actuación y tras este comienzo, siguieron ofreciendo piezas de alta alcurnia de su discografía. Quizás la única que jugó en desventaja ante tanta jerarquía fue “BlackJack” de “Capitol”. Y como dijo Carlos, es una canción reivindicable del último lp, lo que pasa es que todo lo que la acompañó es de un rango y abolengo de quitar el hipo.

Por ejemplo, así como les voy comentando de forma bastante desorganizada y a salto de mata, “Calle mayor”, con una locución previa de Carlos bastante acertada, supuso quizás la mejor toma en directo que yo he experimentado de la misma en las veces que he presenciado un concierto de Revólver; quizás el otro momento especialmente memorable que extraigo de la velada. Y ya si nos vamos al final del concierto, con un bis de apoteosis formado por “No va más”, “San Pedro” y “El Dorado”, creo que sobran más razones; flanqueando este párrafo les dejamos 2 de las joyas del bis y más adelante parte del trallazo final de “El Dorado”.

La gente acompañó a Carlos muchas veces, en la mayoría sin que él lo solicitara expresamente, en los coros. En este sentido, hay ya muchos temas que toman ese protagonismo. Recuerdo que en 2005 la que se llevaba la palma era “Tu noche y la mía” (la cual tenía que grabar a modo de recuerdo también y a continuación se la inserto; el vídeo con audio más aceptable, que el resto son de la cámara del móvil y su micrófono es así así... -esos reprodúzcanlos a bajo volumen), la cual por cierto se situó en el tramo acústico antes de parar para los bises. Aquí la gente se desgañitó con los arranques de “El roce de tu piel”, “San Pedro” o “Dos por dos”.

El concierto discurrió sin apenas bajar el pedal del acelerador en lo que a clásicos se refiere. Por ejemplo, por ahí estuvo “Si es tan solo amor” y seguidita “Mi rendición”. He de comentarles algo de “Si es tan solo amor”: un buen amigo mío de toda la vida, David, el cual es muy fervoroso en los conciertos a los que acude, estuvo conmigo en julio de 2005 en el centro comercial Opción de Alcorcón viendo a Revólver; antes de continuar con la anécdota de mi amigo, permítanme que les inserte una bonita foto en tonos cálidos del pasaje acústico del concierto.
Él se situó en la primera fila y frente al micro de Carlos y no paró de gritarle en varias ocasiones el título de la canción señalada, a lo que Carlos, supongo un poco harto ya, le mandó al orden con un grito que despertó las risas de las primeras filas. La cosa es que si no es por David yo no me hubiera enterado de este concierto. Por motivos suyos personales, él no pudo asistir, cosa que siento, y más aún cuando en esta ocasión sí que cayó esta pieza de la banda que tanto le gusta.
En el tramo acústico estuvo la siempre efectiva y emotiva “Faro de Lisboa”, que dio paso al bis. Siempre resulta placentero por ejemplo divertirse con “Odio” y ver cómo el pobre Carlos debe sufrir en estos conciertos en los que farolas de luces amarillas alumbran el extrarradio en donde se celebran. Sin duda “Odio” fue otro de los momentos en los que el público hizo suyo el estribillo a pleno pulmón.
No hubo nada de “21 Gramos”, “Argán”, “Mestizo” o del soberbio “Babilonia”. Supongo que ejemplos muy válidos de estos discos se los reservará Goñi para conciertos en los que acudan los fans más acérrimos y no en los que se acerque cualquier curioso que conozca superficialmente su trayectoria, por lo que nada se puede decir; el setlist fue más que acertado para una ocasión como esta; a nivel fotografía, este primer plano que les sitúo acto seguido de Carlos han de reconocerme que no me quedó nada mal.
Al terminar pude saludar de pasada al director de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), Daniel Fernández que andaba por allí tremendamente excitado por la emoción del concierto vivido y que atisbó mi presencia durante el mismo sin que yo me percatara y sin saber de antemano que iría al mismo. Tiré sin mucha dilación hacia la parada del N4 para retornar a mi zona y descansar, ya que la jornada, por motivos personales, había sido de aúpa.

No me dio la impresión de que hubiera pasado tanto tiempo. Ciertas marcas del proceder de Carlos en escena siguen presentes: por ejemplo, el siempre envidiable brindis con agua que hace a mitad del concierto por ejemplo. Último primer plano de Goñi, el cual le refleja dándolo todo en el tramo que no grabé en vídeo de “El Dorado”.
Físicamente está casi igual que en 2009 (¿quizás el pelo algo más gris?) y en lo que a voz e interpretación instrumental estuvo sin mácula, y eso que el día antes en Zamora nos confesó que estuvo al borde de la afonía, de la cual felizmente se repuso, debido por lo visto a sus tozudos genes en cierto porcentaje maños.
Pues claro que sí: mereció nuevamente la pena desplazarse hasta donde fuera para ver a Revólver en directo. Espero que no pasen 9 años de nuevo, a lo que probablemente cuando se fije un concierto en teatro o sala de Madrid, es muy seguro que saque mi entrada, sobre todo por ver un repertorio más para los avanzados en la discografía de la banda donde pueden caer cosas más recónditas de su repertorio y ver a Carlos moverse en otro tipo de conciertos que no sean envueltos de sonidos de verbenas, los cuales Carlos se los tomó con muy buen humor en esta ocasión. De momento, y hasta la siguiente que sea, un placer por mi parte nuevamente sr. Goñi.
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domingo, 2 de septiembre de 2018

Concierto Phoenix. Madrid (26-07-2018)

Quizás fuimos demasiado optimistas al pensar que nos iban a conceder la acreditación. El caso es que de las 5 solicitudes que realizamos al festival, solamente conseguimos la del día de Simple Minds, cuyo trabajo reportamos por aquí oficialmente. Lo que sucedió es que nuestro contacto de la organización nos informó 3 días antes que lamentablemente no podían acreditarnos para informar de Phoenix y ya no quedaban entradas para entonces.
No soy amigo de reventas, y aunque no es lo mismo que estar dentro opté, como en otras tantas ocasiones previas, en asistir a los aledaños para disfrutar del audio del concierto, cosa que ya hice con Kraftwerk, que fue otro de los capítulos que solicitamos y no nos fueron concedidos; está claro: “DMR” somos un medio humilde y Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), donde nos encuadramos, también lo es; esto hizo que nos quedáramos en un resultado de 1 de 5, que menos da una piedra, de lo que igualmente estamos agradecidos a la organización y esperamos que nuestra crónica informativa (al igual que el programa de radio temático que hicimos sobre el festival) haya sido de su agrado.
Al grano. A eso de las 21:45h estábamos en el perímetro del recinto Mariano González (véanle arriba en su palco) y servidor para proceder a la escucha de lo que los Phoenix iban a ofrecer. Hubo teloneros, que incluso hicieron una notable versión de “Lobo-hombre en París” de La Unión, con un cantante de voz potente y grave, que no sabría ponerles nombre. No les escuché demasiado, ya que antes de que empezaran Phoenix, por motivos personales, me di un garbeo por el campus de la Universidad Complutense. Aquí, lógicamente, no les vamos a poder narrar los movimientos de Thomas Mars o Christian Mazzalai en escenario. Con algo de retraso, a eso de las 22:15h arrancaba el show, con una intro muy graciosa (sampleada del videoclip de “J-boy”). Y el concierto arrancó brutal. Tenía 6 canciones anotadas en mi lista de “debes” y 4 de ellas se situaron seguiditas tras la apertura con la también disfrutable “J-boy” de su último lp “Ti Amo”.
Desfilaron por este orden “Lasso”, “Entertainment”, “Lizstomania” y “Trying to be cool”. No podía salir de mi asombro. Ya solamente me quedarían “If I ever feel better” y “1901”, que se reservaron para el tramo final del concierto e incluso los bises. De esta forma, con estos 4 gigantes de su discografía, Phoenix enloqueció al recinto (se oían los bramidos de las masas muy agitadas) y se quitaron presión para comenzar a bucear por otros territorios de su último disco y dando un tremendo protagonismo a “Wolfgang Amadeus Phoenix”, del que sonaron prácticamente todas las piezas (incluso las 2 partes de “Love like a sunset”).
En este último particular, de su disco de 2009 brilló mucho “Armistice”, o al menos así me lo pareció. En el tramo final de la actuación aparecieron “If I ever feel better” (previa a los bises) y un poco antes la rutilante, obsesiva y divertida “Ti amo”. A propósito, mientras que Thomas Mars (que se dirigió al público lo justo y debido, pero con acierto) nos introducía a “If I ever feel better”, una pareja que se iba del concierto, al vernos ahí escuchando, nos dieron sus entradas, ya que no iban a volver (se perdían los 15 minutos de bises y el ya comentado hit de sus inicios).
Fui a la puerta yo solo (a Mariano González no le iba a darse el paseo sin saber si nos iban a dejar pasar) y tras explicar la situación a un chavalito imberbe de la organización de la puerta y a un rudo segurata con acento del este, me mandaron a paseo con viento fresco; se empeñaron en pasar las entradas por el lector, cuando ya les advertí que eran 2 tickets de gente que había estado dentro. En fin, con estos colectivos de merluzos mejor no rechistar. Regresé con Mariano a nuestra posición para escuchar los bises, ya que no me dejaron verlos.
Y con “1901”, alguna baladita más en los bises (“Fior di latte”) y con el ejercicio de mayor obsesión sonora con “Ti amo di piu”, Phoenix ponían el punto y final a algo menos de hora y media de show, que no se hizo nada corto. Tocaron mucho, con un repertorio realmente solvente. Posteriormente completé la experiencia viendo en Youtube un concierto de la gira que está colgado con el mismo setlist (o casi) y así me pude hacer una idea de lo visual (desde nuestra posición se veía mínimamente la esquina superior derecha de la pantalla del fondo).
La próxima vez que aparezcan Phoenix por Madrid, me sacaré la entrada, para evitar decepciones de última hora. Bueno, salvo que para entonces estemos en un medio de comunicación más grande (tipo M-80 o Radio 3) o que “DMR” hayamos conseguido un posicionamiento cercano a Jenesaispop o Muzikalia que nos garantice un mayor nivel de éxito al solicitar acreditación para eventos de este tipo. Aún así, reiteramos lo dicho antes: agradecemos a la organización del festival que sí contaran al menos con “DMR” para la gran noche que ofrecieron Simple Minds el 30 de junio.
De lo que Phoenix dieron de sí no podemos contarles mucho más. Nos dio la impresión de gran concierto y la verdad es que disfrutamos mucho del audio, el cual me pareció un hilo musical perfecto para el entorno del campus universitario; seguramente mucho estudiante habrá paseado con música de los de Versalles en sus reproductores musicales camino de las facultades.
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miércoles, 8 de agosto de 2018

Concierto Kraftwerk. Madrid (23-06-2018)

Largo tiempo he tenido que esperar para ver en directo a un grupo con el encanto de los pioneros y el atractivo de la vanguardia. Las causas son diversas, desidia, falta de fechas que me vengan bien geográficamente o, todo ello mezclado últimamente, problemas físicos. Finalmente he podido disfrutar del desempeño de Kraftwerk en directo, cosa nada baladí pues se trata de un evento particularísimo.
Lo que hacen Kraftwerk es una amalgama de diversos artes, comenzando por el esencial: la música. Sin embargo la perfecta sincronización y complementariedad con el arte el gráfico (básicamente el uso de proyecciones 3D) hacen de sus conciertos un recital simbiótico, donde lo visual parece bailar al son de lo musical pero sin separarse mucho de ello. Unamos a todo esto la importancia conceptual de sus canciones, donde a base de letras minimalistas o proclamas sueltas se conforman ideas que suelen abarcar la relación del hombre con la tecnología.
Si aunamos todo, podemos ver que un show de Kraftwerk es en realidad una especie de “performance”; algo cercano al arte moderno. De hecho han dado numerosos recitales en galerías como el MOMA o el Guggenheim (perfectamente detallados éstos últimos por Víctor Prats en lo tocante a dos de los conciertos). He de reconocer que este espectáculo-concepto me gusta y no es poco el mérito de que así sea; soy demasiado reaccionario en materia artística como para tragar con la mayoría del arte moderno. El caso es que hube de comprar mi localidad atendiendo a mis todavía acuciantes necesidades físicas y buscar acomodo en la grada. No estoy en modo alguno descontento con el asiento que compré; la correlación distancia-nitidez fue favorable y pude ver el concierto razonablemente bien. También hay que tener en cuenta que el recinto no era muy grande. Mi previa de concierto consistió en un encuentro con Víctor Prats, que acudió en calidad de oyente (los viejos seguidores de “DMR” sabrán de qué hablo), al no poder conseguir entradas por diversas circunstancias. Faltando un cuarto de hora para la hora de inicio del concierto me aventuré a ir entrando; voy a paso de muleta y mi ancestralmente nula capacidad de orientación requería ir con cierto tiempo. Sin problema. A una hora ya crepuscular encontré mi razonablemente buen acomodo, llevando conmigo las gafas 3D que daban en la entrada. Para disfrutar del concierto a tope, las susodichas gafas eran muy importantes; la pata visual del evento quedaría prácticamente anulada.
Cuando el aforo ya había adquirido un excelente color, la pantalla que estaba al fondo del escenario se iluminó de rojo recortando las siluetas de los dibujos esquemáticos, cuadriculados y ya tradicionales, de los componentes de Kraftwerk. Actualmente Ralf Hütter es el único miembro original de la banda y el pilar del grupo en melodías y voces. Le acompañan Henning Schmitz con el sintetizador de bajos, Fritz Hillpert ocupándose de los sonidos de percusión y al mando de las proyecciones Falk Grieffenhagen.

De repente, el escenario se oscurece y entonces sabemos que el baile va a comenzar. Literalmente. “Numbers” empezó a sonar con unas potentísimas bases que bien pudieran dar lugar para iniciar un (robótico) baile. En realidad, el primer tramo del concierto estuvo dedicado en exclusiva al disco “Computer World” (1981) y los tonos verdes y negros dominaron en la iluminación y las proyecciones, que consistían (coherentemente) en números; a veces se producían conteos en diversos idiomas y en las pantallas la numeración formaba insólitas figuras tridimensionales. Las primeras canciones fueron a bloque, y lo siguiente en sonar sin solución de continuidad fue “Computer world”. Sonó contundente, misteriosa e hipnótica; mientras, en pantallas, se formaba el título de la canción y algunos fragmentos de la letra, a base de menciones al control de datos por parte de algunas grandes instancias como la CIA, la KGB o el FBI. No se puede negar que esta canción, compuesta en 1981, ha tenido el don de la lucidez. Mismo tono para “It’s more fun to compute” y “Home computer”, prácticamente unidas formando una suite, que además trajeron consigo la proyección del icónico ordenador personal que sale en la portada de “Computer World”. Las excelentes líneas de sintetizadores de ambas canciones sonaros magníficas.
Para acabar con este segmento de concierto Kraftwerk incluyeron “Computer Love”, acaso el momento más pop hasta el momento, y cuya melodía estará en la cabeza de mucha aun sin saber de dónde proviene. Recordemos que los acordes más característicos de la canción fueron tomados prestados (con el lacónico visto bueno de Kraftwerk) por Coldplay para incluirlos en su canción “Talk”. En las proyecciones hubo mosaicos formados por colores vivísimos y algunas curvas de ecualización de enorme tamaño.
Dejamos atrás el “Computer World” y pasamos al “sector” del “The Man-Machine” (1978), empezando por la canción título. La parafernalia visual pasó a ser de tonos rojizos, utilizando alguna tipografía y rasgos del constructivismo soviético. La palabra “machine” o varios fragmentos de la letra también iban desfilando por las pantallas, alguno de ellos inquietantes (“semi-human being”, “Superman being”), como inquietante sonó la música replicando los misteriosos acordes y el no menos misterioso vocoder.
La próxima parada fue “Spacelab”. Esta canción ha de señalarse como de los puntos álgidos de la noche. En primer lugar porque la música en directo captó perfectamente la sensación de desazón y soledad de la original y en segundo lugar porque todo el potencial del 3D es posible que fuese el más espectacular que se pudo ver. Las proyecciones iniciales muestran a una especie de satélite o nave orbitando alrededor de la tierra con la peculiaridad de que gracias a nuestras gafas 3D, parece que el artefacto va a salir de la pantalla y abducirnos. Murmullos de asombro y sorpresa entre el público. Finalmente una nave aterriza en La Tierra recorriendo diversas ciudades (en un momento dado me pareció ver al Jardín Botánico donde estábamos). Como curiosidad nuestra situación apareció en pantalla a la usanza del Google Maps. Que todos supiéramos dónde estábamos y para qué.
No cambiamos de disco. A continuación empezaron a sonar los muy familiares acordes de “The model”, quizá la canción de Kraftwerk más celebre, y sin duda el momento pop por antonomasia de todo el concierto. Por muchas veces que la haya oído, ver a Ralf Hutter sobre las tablas cantando y manejando los pegadizos sintetizadores son motivos suficientes como para que a uno se le ponga la piel de gallina.

Las proyecciones esta vez, en lugar de ser futuristas, miran más hacia el pasado y nos muestran unas modelos de corte clásicos y en blanco y negro. Sitúenlas en los años 50 o por ahí. Nuestra ganancia con estas proyecciones es la de ganar en sofisticación y elegancia, en lugar de mostrar la fantasmagoría descremada de la moda actual.
A continuación “Neon lights”. Uno de los momentos destacados del “The Man-Machine” y donde más importantes son las atmósferas, que se trasladaron perfectamente al público. Tuvimos la sensación de un imaginario paseo por una megalópolis futurista; sensación refrendada por las proyecciones, que mostraban las diversas luces que pueden poblar el paisaje urbano nocturno. Desde una cruz verde de farmacia, hasta el letrero de un hotel (como el Cristallo) pasando por una referencia curiosísima a la UFA, los míticos estudios cinematográficos alemanes creados en la República de Weimar y desaparecidos tras la II Guerra Mundial.
Kraftwerk nos hacen un quiebro y nos metemos de lleno en, quizá, el primer clásico que alumbró la banda alemana, allá por 1974. Nos referimos a la canción título de “Autobahn”. Lógicamente, eso sí, no es la versión del álbum sino la versión concentrada que suelen plasmar en directo. El público reaccionó con ovaciones y coros ante el carismático vocoder que abre la canción y también ante los clásicos acordes de teclado posteriores. Las proyecciones comienzan replicando el arte gráfico del disco de origen y nos después meten en una soleada carretera llena de adelantamientos, todo tipo de coches (desde un escarabajo a un Mercedes) y situaciones automovilísticas. No faltó incluso la imagen de una auto-radio. Huelga decir que fue un momento bastante propicio para las gafas 3D.
La forma óptima de mantener el buen sabor de boca de un clásico es saltar directamente a otro clásico. Dicho y hecho. Los sonidos (y la imagen) de un contador Geiger con el pulso progresivamente acelerado desembocaron indefectiblemente en “Radioactivity”. A la ya clásica intro que enumera varios desastres nucleares, se ha unido recientemente el nombre Fukushima. De ahí que en la parte inicial fuese en japonés y las proyecciones consistieran en letras de ese alfabeto.

La canción después se recondujo hacia su versión en inglés mientras el símbolo radioactivo efectuaba fulgurantes viajes tridimensionales en la pantalla. Esta canción me sigue demostrando que Kraftwerk son unos maestros del minimalismo talentoso. Apenas unos acordes de sintetizador y una sencilla línea vocal configuran un auténtico clásico. Por cierto, también hubo una simpática proyección que incluía a un átomo en cuyas órbitas se movían, al compás, los electrones.
A posteriori vino el turno de “Electric café” (canción título) con su misteriosa progresión de notas sintetizadas bien combinadas con unas proyecciones poligonales en blanco y negro hipnóticamente concéntricas. Para “DMR” es un canción simpática debido al divertido colofón que pusimos al programa en que analizamos el disco que la contiene (algo parecido pasó con “The Man-Machine”). Cosas nuestras.
A mi lado, por cierto, en un pasillo cerca de las gradas, dos sujetos depositarios de una heroica cantidad de alcohol armaron un pequeño follón que, afortunadamente, fue solucionado por la seguridad del evento. Nada que nos impidiera disfrutar del siguiente bloque, en este caso dedicado al “Tour De France Sountracks” (2003). Es impresionante la sensación de unidad y coherencia que mostró Kraftwerk en este tramo; “Tour de france”, “Prologue”, “Tour de france étape 1”, “Tour de France étape 2” sonaron de manera fluida y compacta manteniendo la impronta conceptual de Kraftwerk. Me gustaron mucho las proyecciones, sobre todo porque mostraban imágenes “vintage” del Tour de Francia, desde la vieja escuela de hace décadas a, por ejemplo, Miguel Induráin.
De las bicicletas pasamos a los trenes mediante, como podrán suponer, la interpretación de varios temas del “Trans-Europe Express” (1977). El comienzo fue mediante la canción título, perfecta emulando un retro-futurista viaje en tren. Las proyecciones en blanco negro mostraban tridimensionalmente a un estiloso tren en movimiento, para deleite de los portadores de gafas 3D. “Metal on metal”-“Abzug” puso la nota industrial y contundente para finalizar este tramo.
Momento para la ancestral costumbre de los bises y el teatrillo de dejar momentáneamente el escenario para volver tras unos cuantos momentos de solícitas súplicas por parte del público. Todo según lo establecido. Los bises se olvidaron de bloques y segmentos (o casi) y estuvieron formados picoteos diversos de su discografía. El primero fue “The Robots”, una de las canciones insignia del “The Man-Machine” (1978) que además sonó notoriamente contundente, siguiendo la línea del “The Mix” (1991). Pudo haber sido uno de los momentos más espectaculares de la noche, dado que comúnmente en esta canción en lugar de los componentes de carne y hueso de Kraftwerk suelen estar sobre las tablas sus réplicas robóticas emulando los movimientos de los robots de la pantalla. Por lo que fuese no hubo robots, pero sí que hubo proyecciones donde los “hombres máquina” aparecen con el añejo y característico atuendo de camisa roja y corbata negra. Muy buen momento.
Tiempo después para revisitar el “Tour de France Soundtracks” mediante “Aérodynamik”, una de las destacadas de ese LP y que además nos devolvió las proyecciones de imaginería ciclística. La cadencia es muy reconocible y además es una canción que me cae simpática; debido sobre todo a que allá por 2004 (más o menos) fue usada como cortinilla en el programa “Plásticos Y Decibelios”, siendo yo oyente diario de aquel programa por aquellos tiempos. “Planet of visions”, compuesta para la Expo de 2000 en Hannover, es una canción frecuente en los conciertos de Kraftwerk y de nuevo ayer tuvo su lugar en el tracklist. No es que sea de mis favoritas de los alemanes, pero es una canción efectiva con alguna proyección en 3D de tonos verdosos de cierto interés.
El cierre de concierto sí que es el tradicional en los recitales de Kraftwerk y lo constituye la triada de temas del “Electric Café”: “Boing boom tschak”, “Techno pop” y “Musique non stop”. En realidad sí que podemos hablar, por lo tanto, de un último bloque. Como no podía ser otra de forma, estas canciones sonaron con bases contundentes y elementos pegadizos que incluyen letras en varios idiomas como francés, inglés, español. Esta elección para dar término al concierto también puede tener su significación conceptual; quizá nos transmite que aunque el recital haya terminado la música continúa, como si en lugar de un punto y final el grupo nos ofreciese unos puntos suspensivos. Un hasta luego y no un adiós. En este tramo las proyecciones consistieron en notas musicales voladoras, formando diversos juegos ópticos, y una cabeza robótica similar a las que aparecer en la portada del disco.
Y tras esto, la despedida. También fue ejecutada según la usanza propia de Kraftwerk. Es decir, los componentes van abandonando el escenario uno por uno haciendo una pequeña reverencia al público antes de salir. El último en irse y de algún modo poner punto y final al concierto fue Ralf Hütter, que esta incluso se arrancó a darnos las gracias en su única alocución al público.
Es difícil no salir fascinado de un concierto de Kraftwerk, la peculiarísima ejecución sobre las tablas y el inteligente y llamativo uso de la tecnología no hacen sino conformar un evento realmente único. Es como asistir a un show futurista, original y llamativo. Y la música sigue teniendo ese encanto misterioso, un tanto hermético de Kraftwerk. Mi única conclusión es que mi primera experiencia viendo en directo a Kraftwerk ha sido totalmente satisfactoria.
Tras el concierto aún tuve tiempo de hablar con Víctor Prats, que pudo escuchar el concierto de manera bastante aceptable, y finalmente plegué velas para dirigirme a casa. A estas alturas, y por el mismo precio, me gustaría animar a las emisoras de taxi a que tengan en cuenta las indicaciones precisas de sus clientes y no envíen sus coches al lugar equivocado. Pero la noche fue muy positiva. Viví uno de los conciertos más originales que yo haya visto y además por fin constaté como son Kraftwerk en directo. Casi me siento como si me hubieran dado el carnet de “hombre-máquina”.

Texto, fotografías y vídeos: Mariano González.
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lunes, 2 de julio de 2018

Concierto Love Of Lesbian. Madrid (30-06-2018 16:00h)

Comenzaré diciendo que Love Of Lesbian son mi banda española contemporánea favorita. Si me pongo a tratar de racionalizarlo, si me pongo a elucubrar, quizá pueda argüir muchos argumentos. Por ejemplo la voz de Santi Balmes, peculiar y emotiva; tengo la sensación de que podría declamar el listín telefónico y seguir provocando, en un sentido o en otro, emociones. También podría hablar de las letras, de una lírica sencilla, sólida y profunda hasta niveles espeleológicos. Cómo no, podría hablar del empaque como grupo y de su funcionamiento de máquina bien engrasada. No obstante, esto de las afinidades musicales consta más de vísceras que de neuronas, así que supongo que hay algo instintivo en mi aprecio por Love Of Lesbian.
Andan los lesbianos celebrando sus 20 años desde su fundación, sin duda una marca apreciable para una banda. Yo no sé cuántos años cumplo escuchándoles, pero son los suficientes como para que sus canciones me hayan sido útiles en días relucientes, grises y lúgubres. Inmersos algunos en una vida bastante extraña. Ya les había visto anteriormente, pero un aniversario tan redondo requería un acto de presencia; al menos como partícipe en este soplado de velas que simboliza esta gira. O dicho en corto, acudir al Circo Price era una forma de decir gracias.
Me van a permitir un inciso. Estas líneas son muy importantes. He de dar gracias a las personas que han hecho posible que pueda haber venido a pesar de mis sempiternos achaques y goteras. Como requiero a toda costa ver los conciertos desde un asiento, he de mandar un afectuoso agradecimiento a Carme Tasías de Music Bus por hacer las gestiones oportunas para encontrarme acomodo en la grada en una localidad privilegiada, al lado mismo del escenario. Estupendo detalle que agradezco enormemente. Un segundo agradecimiento ha de ir para Víctor Prats, que ha confiado en mí para cubrir este concierto para el blog “DMR” y ha movido diligentemente todos los hilos que podía para conseguir la acreditación.
Hacía ya mucho tiempo que no acudía al Circo Price. En concreto desde mayo de 2011 con motivo de un concierto de Human League, presentando su disco “Credo”. Es un sitio siempre agradable de visitar; coqueto y con esa configuración circular tan peculiar. Sin duda una peculiaridad del concierto era la hora. Hoy, sábado 30 de Junio, Love Of Lesbian han dado un doble programa musical cuyo primer pase ha sido a las 16:00 y el posterior a las 20:45. Ya de por sí ofertar un programa doble es, como poco, insólito; pero comenzar a las 16:00 (fuera de un festival) es, como dijo Santi Balmes, “un poco friki”. Da igual; ni el calor, ni la atávica llamada de la siesta, ni el Mundial, mermaron un ápice el entusiasmo de un público exultante y excelentemente predispuesto.
Tras recoger la acreditación, llegarme hasta el asiento y esperar levemente, todo parecía listo para comenzar. Tal como efectivamente fue. De buenas a primeras veo a Julián Saldarriaga sobre el escenario manejando un teclado y animando sobremanera la excelente disposición del público. Después se oye un estallido de vítores y gritos y al volverme hacia la pista veo que Love Of Lesbian van a acceder al escenario a través del público. Esto ya prometía incluso antes de empezar la música.
Ya están todos colocados en formación. Santi Balmes, bien flanqueado por Jordi Roig en la guitarra (y prácticamente a mi lado), Julián Saldarriaga en la otra guitarra, Ricky Falkner en el bajo (tras la salida de Joan Ramon Planell), Oriol Bonet en la batería más un percusionista adicional y Dani Ferrer a los teclados. En varias canciones hubo una sección de viento. Detalle novedoso e interesante que, y quizá sea impresión mía, quizá no alcanzó un sonido muy alto en la mezcla y no se oyó con la misma nitidez que el resto de los instrumentos. Bien; una vez enunciada la alineación vamos con el partido.
Si miramos primeramente con un gran angular, he de decir que el concierto fue divertido. Muy divertido. Una pasada. Cada canción ganó un porcentaje de viveza, de potencia, de entusiasmo. En particular Santi Balmes es un maestro de ceremonias casi perfecto; hiperactivo, jovial, carismático. Sabe cómo parecer enormemente natural, probablemente porque ciertamente lo es. Prácticamente todo el Price bailó a su son. Pero es que además contó con el concurso de una banda sólida, en plena forma.
La primera canción ya empezó arrasando. “Carta a todas tus catástrofes” pasa por ser una canción que, por motivos musicales y extramusicales, es una de mis predilectas. Fue un contagio de entusiasmo poderoso y energético. El “vamos a localizarte” comenzó a meter a la gente en el concierto a niveles de inmersión profunda.

La segunda canción volvió a visitar su primer disco en castellano (“Maniobras De Escapismo” -2005-) de la mano de la canción título. Y con semejante demostración de buen pop de toda la vida, no resultó difícil mantener el nivel de entusiasmo. El caso es que Santi Balmes, con su habitual retranca, dijo que la siguiente canción debería llamarse, por aquello de la hora, “Tardes reversibles”… pero claro, la canción se llama “Noches Reversibles” sea el momento que sea. La primera incursión en el magnífico “Cuentos Chinos Para Niños Del Japón” (2007) fue un plato fuerte, coreado a pulmón libre sin disminuir ni un momento la intensidad. Todo lo contrario; la línea “creo que voy a empezar a romperme” estalló como un verso comunal y atronador.
A continuación aterrizamos con, posiblemente, la canción más “single” de “El Poeta Halley”; o lo que es lo mismo, “Cuando no me ves”. Esta canción, a juzgar por cómo suena y cómo es recibida en directo, puede convertirse en un clásico de repertorio. Retorno a “Maniobras De Escapismo”, disco dominador en este inicio. “Domingo astromántico” es una de las baladas por antonomasia, y por derecho propio, de la banda catalana. Emocionó como suele, pero casi rejuvenecida. Contó con la presencia del músico y productor David Soler tocando un… ¿artefacto? Un especie de teclado-theremin-lo que sea, de peculiar sonoridad.
No nos movemos de disco para escuchar “Música para ascensores”, otro buen momento de “Maniobras De Escapismo” traducido a pura orfebrería pop. Lo que vino después, a título personal, es una de mis canciones favoritas de Love Of Lesbian. El maravilloso inicio de “Cuentos Chinos Para Los Niños del Japón”, esto es “Universos Infinitos”, era una de las canciones que imploraba que sonasen. Y vaya sí sonó. La intro, adornada con las lucecitas de los móviles, fue la clásica, con todo lo que eso conlleva; una melancolía ingenua y fascinante. Inopinadamente el cambio de ritmo fue brutal y estrambótico, con la fulgurante y repentina aparición de Arkano que con su estilo propio empezó a rapear a toda tralla las siguientes estrofas. No negaré que la versión canónica es la que me llega, pero está bien que de vez en cuando se den vueltas y revueltas a las canciones. Si una banda no se aburre, tampoco lo hará el público. Gracioso el apunte de Santi Balmes, “yo creía que tenía labia hasta que conocí a Arkano”.
Santi Balmes presentó “Contraespionaje” como “una canción sobre el paso del tiempo” y una acertadísima interpretación ha hecho que me interese más por ella y que pueda ocupar dentro de mi aprecio un peldaño más alto cuando escuche su último disco la próxima vez. Buen momento la advertencia que coreamos todos los presentes: “era la vida, imbécil”. Una grata sorpresa.
Lo posterior fueron vientos huracanados. “La noche eterna”, semi-canción título de su álbum de 2012, fue el momento donde más se lució la banda como conjunto. Inapelable y rotunda en todos los aspectos, incluido el instrumental, su estructura compleja y su apasionamiento nos dejaron a todos en nuestro sitio. Un momento álgido; para enmarcar. Del huracán al intimismo. “Mi primera combustión”, tocada a solas entre Santi Balmes y Julián Saldarriaga, puso el contrapeso reposado aunque en modo alguno descartable. Fue una buena remembranza de “Maniobras De Escapismo”.
¿Qué es de una celebración de cumpleaños sin invitados? Pues en este punto llegó la tercera, tras David Soler y Arkano. Amaia, de sobra conocida por su fulgurante ascenso desde Operación Triunfo, fue invitada a interpretar uno de los puntales de Love Of Lesbian: “Allí dónde solíamos gritar”. Esta canción la han interpretado de varias formas a lo largo de los años. Más allá de la versión primigenia, la han tocado muchas veces con el efecto “de menos a más”, y en este concierto lo hicieron con una invitada. Amaia interpretó como solista la primera parte de la canción, con la sola ayuda del piano, para fundirse después en un hermoso dueto con Santi Balmes y rematar de forma torrencial una de las canciones más emocionales del grupo. Esta canción siempre es un activo y Amaia ciertamente demostró entenderla muy bien.
Cuando Santi nos dijo que había llegado el momento de retroceder a 1999 todos supimos captar adecuadamente este anuncio y nos preparamos para una de las canciones, a mi entender, más oscuras y desoladoras de Love Of Lesbian. La propia “1999”. La canción que reproduce a cámara lenta el momento en que una relación hace “crack”. No defraudó su potencial de emotividad y Santi Balmes, acaso por eso, se bajó al foso y cantó pegado al público. La “outtro” con el “Por qué te vas” de Jeanette sigue bien presente como un apéndice más de la canción.
Tiempo, a continuación, para irse bien lejos. A “Belice” más concretamente, una de las habituales de “La Noche Eterna. Los Días No Vividos” (2012) y con Santi momentáneamente a los teclados. A pesar de su toque fatalista esta canción nunca falla. Su frase: “A quien madruga, Dios no existe” ha pasado ya al acervo de la banda. Y vinieron más invitados. Santi lo presentó con entusiasmo y cariño: “me envió un mensaje a las tres de la mañana y me dijo que no tenía nada que el sábado por la tarde y que si podía sumarse”. Claro que pudo. Estamos hablando de Leiva, acaso uno de los músicos más célebres de nuestro país y entusiasta atlético (credencial suficiente para que una persona me caiga bien). Leiva colaboró en el estupendo e hipervitaminado single de 2014 “Manifiesto delirista” y el resultado fue uno de los chutes de optimismo más directos de la noche. Diversión y colegueo sobre el escenario y tanta (o más) diversión entre el público. Acto seguido llegó el momento de uno de los relucientes y exitosos singles que han ido cimentando la fama de los lesbianos. Hablamos del “Club de fans de John Boy”, una buena dosis de pop de algarabía y jolgorio. Imposible no venirse arriba.

Y la apuesta subió. En la apoteosis de la energía positiva y la diversión llegó el jolgorio festivo y descacharrante de “Los toros en la Wii (Fantástico)”. Esto es lo bueno de los conciertos, la sincronía entre el artista y el público, y los pequeños momentos de felicidad reconcentrada. Esta canción parece compuesta y nacida para el directo. Moló hasta la salida de la canción, que incluyó un fragmento de “Lobo hombre en París” de La Unión.
Momento para los bises, y su pertinente sucesión de acontecimientos. La banda se va, el público implora, la banda vuelve. Todo en su sitio. Como en su sitio estuvo el regreso a las tablas. Fue el turno de “Incendios de nieve”, canción entrañable donde las haya y de la que se podría decir lo mismo que de la anterior. Parece que ha sido concebida para el directo; propicia, casi exige, la participación del público a base de silbidos o coros. En la parte de los silbidos, Santi nuevamente lanzó una de sus chanzas: “una vez, en esta parte, parece que nos abucheaban”. Pues quedó estupenda.
Quedaban dos canciones y ambas pertenecen a su último disco, “El Poeta Halley”. Aunque quizá no hayan alcanzado el reconocimiento de otros temas, son dos composiciones muy personales para la banda y en esta fecha conmemoratoria es muy pertinente que suenen. Pero es que además lo hicieron muy bien. “Bajo el volcán” fue el primer single de su última referencia y dentro de su compleja sencillez, la canción progresa estupendamente. Es normal que la canción fuera bien recibida y coreada. Como también lo fue la profunda (mucho más de lo que parece, diría yo) “Planeador” que nos trajo con su letra numerosas reflexiones sobre la creación, el paso del tiempo, la nostalgia… Referencias maleables, quizá, para cada uno. Como final de concierto sonó estupendamente, fue cantada con agrado y calor.
Una última reflexión sobre lo que significa Love Of Lesbian la dejó Santi Balmes antes de irnos, a modo de anécdota, cuando dijo que mientras paseaba un día por Barcelona se le acercó una persona que le había reconocido y le dijo sencillamente: “gracias”. A grandes rasgos eso es lo que sentíamos todos los asistentes al Circo Price. Agradecimiento. Así que, queridos Love Of Lesbian, muchas gracias. Nos vemos pronto, espero. Quisiera reiterar mi agradecimiento a Carme Tasías de Music Bus por sus gestiones y su trabajo en favor de “DMR” en general y mío en particular.

Texto, fotografías y vídeos: Mariano González.
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