lunes, 20 de febrero de 2017

Concierto Pet Shop Boys. Francfort (02-12-2016)

Aprovechando una visita a Heidelberg para ver al gran Fer, que dicho sea de paso fue un anfitrión excepcional, pude comprobar en esas tierras hostiles la inmerecida fama que tienen los alemanes de personas frías cuando la realidad es que es gente muy vital, alegre y sobre todo amable y educada. Me parecen mucho más fríos los franceses, demasiado metidos en ellos mismos aunque eso no ha impedido que mi atracción por la cultura francesa siga intacta.
Me moví a unos 90 kms para asistir al concierto que los Pet Shop Boys daban el 2 de diciembre en Francfort en su gira “Super Tour” que ha recorrido ya Norteamerica y parte de Europa sin llegar aun a España (pero llegará y supongo que desgraciadamente a base de festivales). Alguien me dijo que alguien había dicho que yo era un “talifan de los PSB” y la verdad que tenía razón: es el grupo que más veces he visto en directo, también hay que decir que las circunstancias lo han permitido por sus innumerables visitas a España; ahora que vivo rodeado de morisma, se hace más difícil verlos porque el hecho de ponerse a tocar “New York city boy” en estas tierras moriscas es motivo de cárcel, lapidación y castración química.
El concierto tendría lugar en la impronunciable “Jahrhunderthalle” que son tres palabras en una y que viene a significar “la sala de los cien años” o algo así, pero supongo que estoy equivocado y algún experto en alemán dirá que no tengo ni idea de lo que estoy diciendo; en conclusión, si te aburres mucho en tu vida ponte a estudiar alemán, tendrás diversión para los próximos 10 años. A las 5 de la tarde ya anochecía, con lo cual cuando llegue al recinto a eso de las seis y media, la noche era total. El recinto se encontraba muy a las afueras de la ciudad, a unos 15 kms, con lo cual había que coger un tren de cercanías. Una vez allí no era muy fácil orientarse. La suerte es que había tal cantidad de gente que iba al concierto que con solo seguirlos ya tenía solucionados mis eternos problemas de orientación. Viendo la inmensa doble fila que había para entrar en el pabellón donde se realizaría el concierto ya sabía con certeza que no cogería un sitio muy cerca del escenario y así fue. El lugar del concierto era una enorme cúpula blanca que parecía que iba a despegar en cualquier momento cual nave espacial, muy futurista y de un tamaño medio ideal para dar cabida a unas 5000 personas, que es justo lo que falta en ciudades como Madrid: pabellones de tamaño medio para grupos que no son Depeche Mode, pero tampoco Los Ganglios (con todo mi respeto para los Ganglios, grupo que adoro).
Viendo la cantidad de gente que había estaba claro que los PSB siguen manteniendo un enorme tirón en Alemania. Eso sí, casi todo el mundo pasaba la treintena aunque podías ver algún jovencito despistado. ¿Qué tipo de espectáculo nos traerían esta vez los Pet Shop Boys? Siempre se las arreglan para sorprender con sus shows, así que allí estábamos expectantes cuando de repente se apagan las luces y suenan los ritmos techno de “Inner Sanctum”, tema prácticamente instrumental de su último álbum. Dos círculos a derecha e izquierda del escenario se iluminan de mil colores y poco a poco van girando, un espectáculo de luces impresionantes para revelar tras estos círculos a los protagonistas de la noche: Neil Tennant y Chris Lowe. El primero con elegante traje y casco metálico que simula una peluca y gafas de sol, el segundo con un casco metálico cubriéndole toda la cabeza y que no sé cómo podría ver así, aunque supongo que es material especial que de alguna forma permite la visión. Ambos toman sus posiciones y esta introducción se funde con el que fue su primer éxito, el inmortal “West end girls”. Como era de esperar, tras este enorme hit el grupo recibiría una acalorada ovación de bienvenida, Neil Tennant en alemán nos dice “buenas noches somos los PSB, esta noche somos todos the pop kids” e inmediatamente suena este tema que fue el primer single de “Super” apoyado por una espectacular proyección con un dado gigante rotando, todo muy popart. El sonido house noventero de “The pop kids” se funde con “In the night” una de las excelentes caras b del grupo y en ese espacio en el que se van mezclando las dos canciones empieza a entrar una serie de músicos de apoyo ataviados con unos cascos futuristas que les cubren las caras. Se trata de Afrika Green (percusión), Christina Hizon (teclados y violín) y Simon Tellier (percusión y teclados). Con todos estos músicos en escena el baile no para e “In the night” se funde en “Burn” quizás el tema con más madera de hit de su último álbum (y sin embargo no ha sido single); en la primera parte de esta canción, Christina Hizon abandona los teclados para cantar a dúo con Tennant para luego volver a los teclados en la segunda parte del tema.
Tras todos estos temas encadenados el público ya estaba más que caliente, momento propicio para un tema como “Love is a bourgeois construct” de su anterior álbum “Electric”. Se trata de un auténtico temazo a la altura de los mejores del dúo que quedó muy lejos de su potencial en su versión de estudio por una producción poco acertada, pero que en directo demuestra toda su grandeza. Muy acertado los toques de violin haciendo el tema mucho más orgánico. Tras esta canción llega el controvertido “New York city boy”, una canción que a algunos fans gusta y a otros repele. A mí siempre me pareció un tema magnifico y en mi opinión su ultimo single con ambición de número uno. Una proyección de un bailarín gigante se instala y el grupo realiza una versión donde las percusiones tienen gran protagonismo. Igualmente lo tienen en el siguiente tema, la canción más reconocible del álbum “Bilingual”, se trata claro está de “Se à vida e” que tocan íntegramente y no mezclan con ningún otro tema como solían hacer últimamente; a mi lado tenía dos jovencitos que se sabían todos los éxitos del grupo: parecía que su único disco de PSB era la recopilación “PopArt” (2003), porque el resto de temas los desconocían. Delante mía dos armarios enormes que me impedían bastante la visión: en un gesto de amabilidad me dijeron sin que yo les preguntase (no se me hubiese ocurrido, soy demasiado tímido para eso) que me adelantase a ellos. Todo un detalle y es que en Alemania la gente es muy considerada con los que somos pequeños. En España me hubiesen dicho “haber crecido más”.
El show continuó con el rescate de “Love comes quickly” un tema poco habitual en los conciertos del dúo y eso que es de sus temas favoritos, en esta ocasión tocaron una versión algo más larga que la versión single, siguiendo la temática del amor la siguió “Love, etc” single principal del álbum “Yes” (2009), un disco que tuvo un éxito muy notable en Alemania. Cambio de vestuario para acometer el siguiente tema. Se trata de “The dictator decides” de su último álbum, una sátira donde un dictador está cansado de serlo, de las conspiraciones, de los discursos interminables, etc. Hace pensar en el fallecido recientemente Fidel Castro o Bashar Al-Asad por poner un par de ejemplos. Tennant sale vestido con un atuendo propio de dictador, abrigo largo, gorro enorme, firme y serio mientras una proyección nos muestra un torso masculino haciendo poses, demostrando su fuerza (el dictador) mientras unas hormigas van de un lado hacia otro como borregos (los siervos). Sin descanso entre canciones llega “Inside a dream”, uno de los temas de “Electric” que se dejaron fuera de los conciertos en la gira titular de ese álbum y que recuperan en este “Super Tour”. Todo un acierto, el tema es acompañado por una proyección de la cabeza de Tennant que poco a poco se va transformando hasta llegar a un aspecto de monstruo irreconocible. Tennant vuelve a cambiar de vestuario y esta vez tras el look dictador se presenta con una chaqueta plateada, los músicos y Lowe llevan cascos plateados futuristas.
Ahora llegamos a la parte tranquila del concierto con un par de baladas, la primera “Winner” de su álbum “Elysium” (2012), una canción que si bien no me parece mala pienso que es perfectamente sustituible por otras de ese álbum, sin ir más lejos la genial “Leaving”, pero claro ya formó parte de la gira pasada y los PSB no son de repetirse (excepto con los grandes éxitos). La sigue una versión sosegada de “Home and dry” de ese denostado álbum llamado “Release” (2002) que si bien tuvo su punto, yo hubiese preferido la versión original mucho más enérgica y detallista. Tras este impasse tranquilo el baile iba a volver y de qué manera. Con Tennant fuera del escenario, Lowe es el protagonista principal en “The enigma” un tema de su homenaje a Alan Turing “A man from the future”. Tras este momento protagonista de Lowe, Tennant vuelve para interpretar “Vocal” de su anterior álbum “Electric”, un tema dance infalible que cerraba los conciertos de su anterior gira y que podría volver a hacerlo sin problemas, de lo mejor del dúo en su faceta más dance y desenfadada. Seguidamente nos sorprenden con “The sodom and gomorrah show” una canción del álbum “Fundamental” (2005) que nadie se esperaba y que los más “talifanes” agradecimos pues no es un tema obvio para un concierto por más que en su día se pensase en publicarla como single siendo finalmente descartada por el propio título de la canción. Después de este tema cargado de “sexo, pecado, intervención divina, muerte y destrucción” no podría llegar otra canción que el clásico “It’s a sin”; casi treinta años después de su publicación sigue sonando pletórica, grandiosa. Un tema que jamás puede faltar en un concierto de PSB.
Estábamos llegando al final del concierto y estaba claro que ahora era el turno de los grandes éxitos que continuaron con “Left to my own devices” en una versión tremendamente diferente a la original, prácticamente desprovista de los arreglos orquestales de ésta y muy minimalista. No está mal como experimento, al menos no se te caen los cojones al suelo como cuando los Depeche Mode hicieron “Halo” en su última gira. Aun así, sigo prefiriendo la original, pero deben estar cansados de ella porque últimamente le dan un tratamiento bastante radical al tema o simplemente no lo tocan como en la gira anterior. Un par de frases introductorias pertenecientes a “Opportunities” dan paso a otro de sus grandes éxitos, su enorme versión del tema de los Village People “Go west”, donde los músicos fueron presentados uno a uno incluidos los propios PSB y dieron punto y aparte al concierto a la espera de los bises que no se hicieron esperar con una versión de “Domino dancing” muy beneficiada por la percusión y en la que Tennant se puso en modo karaoke para que el público se dejara la garganta. Curiosos eran los cascos que llevaban los músicos cubriéndoles la cabeza entera y simulando un cubo de rubik circular. El segundo bis no podía ser otro que su enorme éxito “Always on my mind” y nuevamente hubo bastante karaoke con el público entregado. Desgraciadamente esto se acababa y tras este éxito PSB hacen un reprise de “The pop kids” que les sirve para despedirse, salir del escenario y dejar que los músicos adicionales continúen con el tema creando un intenso final.
Fue sin duda un gran concierto donde los PSB se permitieron desgranar toda su discografía, cada álbum del dúo estuvo representado (excepto curiosamente “Behaviour”). Su nuevo show que están paseando por todo el mundo es una versión sin bailarines de los cuatro conciertos de presentación que dieron en el Royal Opera House de Londres, donde presentaron por primera vez el espectáculo. Parece que para esta nueva etapa en directo han preferido tirar de músicos adicionales (algo que se echaba de menos en sus anteriores giras) y dar así más empaque a su sonido; siempre he dicho que las percusiones le sientan de maravilla a los conciertos de PSB creando algo más de improvisación en unos shows programados al milímetro musicalmente. Si tienen la oportunidad de ver este nuevo espectáculo de PSB no se lo pierdan.

Texto y fotografías: Alfredo Morales.
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domingo, 19 de febrero de 2017

Programa Frankie Goes To Hollywood “Welcome To The Pleasure Dome” (Temporada 8/ Programa 7)

Un disco masivo y ambicioso como el debut de Frankie Goes To Hollywood nos permitió una buena hora de música dentro de nuestra 8ª temporada. Quisimos demostrar, para los no muy avanzados en la historia del grupo, que este lp no es solamente “Relax (come fighting)” y hay mucho más.

Debutó en la 8ª temporada Luis F. Novalvos, primera voz que sonó del equipo de colaboradores más allá de la de Mariano González (que volvió al teléfono) y la mía. Apuntamos cosas sobre Trevor Horn y de la historia del grupo al margen del disco que nos ocupó que también podrán ser de su interés.

Se emitió en directo en la sintonía de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) el pasado 4 de febrero de 2017 a las 16.00h del citado sábado. Hubo redifusiones posteriores en el mismo dial, pero por si no lo escucharon en su momento, aquí tienen enlace a Ivoox para descarga del archivo y el reproductor insertado por si lo desean escuchar desde aquí mismo: http://www.ivoox.com/dmr-8-7-audios-mp3_rf_17097526_1.html
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viernes, 17 de febrero de 2017

Temporada 8/ Programa 8: The Cars y “Heartbeat City” (1984)

Es una cosa clara por estas tierras europeas que el grupo liderado por Rick Ocasek, no es que sean un fenómeno muy mainstream (ni lo fueron en su época). Esta formación americana tuvo una presencia muy fuerte a finales de los 70 y primera mitad de los 80 en Norteamérica, pero en Europa no pasan de tener un cierto estatus de “culto nuevaolero”.

Ahora bien, para el siguiente programa de nuestra 8ª temporada tomamos por banda su trabajo de 1984 “Heartbeat City”, con el que la banda consiguió un mayor triunfo a nivel global, sobre todo gracias al gran éxito de su balada “Drive”, curiosamente cantada por el bajista Benjamin Orr y no por Ocasek.

Quizás de forma peyorativa algunos tilden a “Hearbeat City” de disco AOR (si bien es más pop que rock), pero es innegable la calidad del conjunto de sus canciones, que hacen algo más que acompañar al inmortal tema que es “Drive”. Acompáñennos este sábado 18 de febrero de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Una vez más, les esperamos.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1310513072349331
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
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viernes, 10 de febrero de 2017

Led Zeppelin - Led Zeppelin III (1970)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
¿De verdad que lo que suena son solamente tres instrumentistas y un cantante? A grandes rasgos éste fue el primer pensamiento que tuve conforme me iba adentrando en los discos de Led Zeppelin. Un sonido tan apabullante, potente y engrandecido parecía obra de un batallón de músicos tocando firmemente, como si no hubiera mañana. Esta característica a unos les parece cargante y emperifollada de arrogancia y exceso; no es mi caso, me encanta este sonido maximalista e imperioso, sobre todo porque al mando hay músicos de gran pericia y buen sentido de la melodía. Los analizaremos en seguida.

Hablar de esta banda inglesa es hablar de uno de los orígenes de ese género, un poco cajón de sastre (o sea, como cualquier género) que es el hard rock, cuyo espíritu en gran medida se transmigró en el heavy metal. Por lo tanto no es poca la influencia de Led Zeppelin. Ahora bien, el término de “padres del hard rock” habría que dejarlo en suspenso, toda vez que para no pocos críticos este título está bastante disputado. Lo mismo hablan de Cream, Jimi Hendrix, Jeff Beck o de nombres más ignotos como Blue Cheer. Es decir, que hay más paternidades potenciales que en un culebrón. ¿Qué más da? Cuando el árbol genealógico es tan frondoso, es mejor deleitarse de ello y no escudriñar cuál es la rama primigenia. Lo que no se puede negar es que junto con otras bandas señeras como Deep Purple y Black Sabbath conformaron una era irrepetible y valiosísima para el hard rock, allá entre finales de los sesenta y principios de los setenta.

Dentro de la discografía de Led Zeppelin suele haber un pequeño canon formado por sus cuatro primeros álbumes, llamados sencillamente “I”, “II”, “III” y “IV” (este último en realidad no tiene nombre, aunque se le suele llamar así principalmente). 1969 fue el pistoletazo con el lanzamiento de los dos primeros discos, que suenan a una reinterpretación salvaje y desenfrenada del blues, con algún deje psicodélico y varios acercamientos a lo acústico. Son dos discos que hoy en día siguen siendo significativamente duros (imagínense hace casi cincuenta años) y que dejan sabrosas píldoras como “Dazed and confused”, “How many more times”, “Whole lotta love”, “Ramble on”… El “Led Zeppelin I” fue el golpe en la jeta, la presentación de un grupo joven que quiere comerse el mundo y va a por todas llevando el blues a su extremo más electrificado. El “Led Zeppelin II” trajo ya consigo un considerable éxito de público, crítica, además de una afanosa y extensa gira. Uno de sus grandes himnos está en este álbum: “Whole lotta love”, a base de un rock de riff clásico dentro de la historia del rock y una psicodélica y orgásmica (literalmente) parte intermedia.

Hablando ya de nuestro álbum de hoy, aunque es una obra en general respetada y con una solera bastante bien llevada, no deja de ser un disco controversial y base de dispares opiniones. La crítica menos afecta al LP señala la proliferación de números acústicos (acusando incluso de ser muy tributarios de Crosby, Still, Nash & Young) y que los cortes rockeros son quizá demasiado estrafalarios y no tan brillantes como otros. No estoy de acuerdo con estas afirmaciones. En primer lugar, horadando la epidermis del grupo, se puede ver que Led Zeppelin hubiera podido ser una muy estimable banda folk. Mostrar otras caras, ser poliédrico o como lo queramos llamar, creo que está más cerca de ser una virtud que un defecto y ese detalle creo que pone a Led Zeppelin en posición de cierta ventaja respecto de otras bandas análogas. Tampoco olvidemos que anteriormente ya habían sonado acústicos a ratos.

Además, sigue siendo un disco de rock; la electrificación de las canciones no es tan escasa como para afirmar que “Led Zeppelin III” sea un disco folk y quedarnos tan anchos. Temas como “Inmigrant song”, “Celebration day” o el épico blues de “Since I’ve loving you” satisfará a los paladares proclives al rock y al voltaje. En cuanto al tema de los números rockeros, quizás no sean tan directos (salvo “Inmigrant song”) como en otros trabajos, pero si se le dedican las suficientes escuchas acabarán mostrando sus virtudes. En general este tercer trabajo de Led Zeppelin es el más oscurecido dentro de este cuarteto primigenio de discos, pero creo que puede mirar desacomplejadamente a sus congéneres; tiene canciones y tiene atrevimiento en cantidades que lo hacen muy interesante. No está de más reivindicarlo.

Antes de meternos plenamente en harina haremos una breve semblanza de los componentes, toda vez que la instrumentación en Led Zeppelin es parte sustancial y esencial de su música. ¿Cómo no hablar de Jimmy Page? Uno de mis guitarristas favoritos de todos los tiempos, dueño de una técnica envidiable sin caer en excesos vacuos de punteos superfluos y de duración enervante (bueno, salvo en directo, donde el tío llega a tocar la guitarra con un arco de violín o cosas así). Además posee un buen dominio de la guitarra acústica, mayor que la de otros excelentes guitarristas coetáneos como Ritchie Blackmore (salvo en Blackmore’s Night claro, donde llega a ponerse renacentista, aunque es un proyecto ya de los años 90) o Toni Iommy. Sin embargo Jimmy Page tiene sobre sí una fama, extensiva al grupo, que no es particularmente elogiosa. Lo describiré de un modo pintoresco. ¿Recuerdan cuando Los Simpson visitan Inglaterra? En ese episodio, en un momento dado Homer y Marge están montados en el London Eye y desde allí Homer atisba a varias personas, hasta que de repente dice algo así más o menos: “Mira, por allí va Jimmy Page, uno de los mayores expoliadores de la música negra que ha existido jamás”. Bien, partamos de la base de que en este sentido Jimmy Page (o el grupo ya que estamos) no podría tirar la primera piedra y efectivamente repertorios de rancio abolengo como los de Muddy Waters o Willie Dixon y otros más desapercibidos como los del grupo Spirit, han servido de “inspiración” a nuestros amigos británicos, pero definir hasta la extenuación a Led Zeppelin como una banda de plagio y punto pelota es un reduccionismo bastante ramplón. Hay bastante material personal e intransferible, surgido de su materia gris como para merecer el apelativo de “grupo clásico”. Además estos “préstamos” no son meros calcos de acordes, hay algo de trasfusión espiritual en ello. Dejando su impronta. De todos modos ahí queda eso, nadie es perfecto.

John Paul Jones por su parte es un muy buen bajista, lo cual es un logro apreciable teniendo en cuenta que su instrumento base, al entrar en la banda, no era el bajo. Lo suyo era más bien la tecla pulsada, defendiéndose muy bien en órganos, pianos, etc. Y sin embargo su aportación como bajista es buena, y si no escuchen alguna canción como “The lemon song” del “Led Zeppelin II”. Además es un músico que se desenvuelve muy bien en el estudio, no en vano antes de Led Zeppelin había sido arreglista (había hecho los arreglos para “She’s a rainbow” de los Rolling Stones por ejemplo, perteneciendo a su disco “Their Satanic Majesties Request”) y una vez disuelta su banda ha seguido haciendo arreglos orquestales, como por ejemplo los que hizo para R.E.M. en “Automatic For The People”.

Robert Plant aparte de relumbrar individualmente para la banda se puede decir que estableció (o casi) algunos cánones para los cantantes de rock. Puede entusiasmar o poner de los nervios, pero la personalidad es innegable. Las señas de identidad ya las saben: voz aguda y cierta proclividad a proferir “ohhhhhhhh” y “ahhhhhh” con cierta frecuencia, pero no quebranta precisamente ningún mandamiento estilístico del género.

Por último tenemos a uno de los mejores baterías de todos los tiempos, John Bonham. Y lo era por una contundencia mayestática y poderosa que no estaba ayuna de una precisión finísima y ajustada. Su técnica era precisa y potentísima. Lastimosamente falleció en 1980 de asfixia tras, según dicen, una alucinante ingesta de vodka. Y con ello Led Zeppelin… desapareció; si acaso sacaron “Coda” (1982), que no dejaba de ser un disco de descartes de sus obras anteriores. Todo lo que ha habido después han sido recopilatorios, conciertos, etc. Me parece una actitud encomiable y coherente de la banda; el sonido de la batería de John era sin duda una marca de agua del estilo de Led Zeppelin.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Inmigrant song”: ¿Puede una canción ser épica y apenas durar dos minutos y medio? Ya lo creo que sí, tal como disponen Led Zeppelin los elementos. Un riff cortante y persistente, una progresiva interpretación vocal de Robert Plant llegando a niveles realmente agudos y una letra que no escamotea referencias a la mitología nórdica lo consiguen (“el martillo de los dioses conducirá nuestras naves a nuevas tierras”). Todo un trallazo para comenzar a ritmo de vértigo, lanzando todo un directo a nuestra cara. Fue el single (no hubo más) del disco. Por cierto, échenle un oído (si no lo han hecho) a la curiosa versión que hicieron Trent Reznor, Atticus Ross y Karen O para los créditos iniciales de “Los Hombres Que No Amaban A Las Mujeres” en su versión americana dirigida por el gran David Fincher.

2. “Friends”: Y comienza la parte acústica. Buen dominio de este instrumento por parte de Jimmy Page, para lo que es un particular folk. Sin haberla escuchado uno puede pensar que siendo una canción acústica que se llama “Friends” se va a encontrar un número pastoril apto para cantar alrededor de una fogata en plan Boy Scout. Pues no. La canción es sobria hasta parecer levemente oscura, a lo que ayuda los inquietantes arreglos de cuerda de corte oriental. Por no mencionar los lúgubres compases finales. Yo diría que, en general, es posible que tomara cierta inspiración de la canción “As you said” de Cream. Eso sí, la letra es luminosa: “lo mejor que puedes hacer es intercambiar una sonrisa con alguien que esté triste”. Curioso.

3. “Celebration day”: Volvemos a rock (el género que predomina en la primera parte del disco) con un nervioso rasgueo de guitarra eléctrica para dar paso a un peculiar y característico riff. Quizá no sea un número de rock tan directo como otros de la banda, pero va creciendo con las escuchas. Además, el ritmo saltarín ayuda a hacerla grata de escuchar. La letra es bastante alegre, haciendo coherente el “día de celebración”.

4. “Since I’ve loving you”: Todo un blues macizo, épico y mayestático. Teniendo en cuenta que es una canción muy de género y que dura más de siete minutos es conveniente que te guste el estilo si quieres entrar en el tema. A su favor la fenomenal y fogosa interpretación por parte de toda la banda y el toque trágico que acompaña a todo buen blues. La letra habla de un amor sacrificado y un tanto agotador.

5. “Out in the tiles”: Un descendente riff inicial da paso a otro bastante intrincado y quizá un poco estrafalario, pero en realidad volvemos a tener un excepcional momento de hard rock clásico de esos que le salen con tanta facilidad a Led Zeppelin. Uno de los números más contundentes del álbum y uno de los puntos de interés para los más afectos a la vertiente estrictamente rockera. Como “Out in the tiles” es una expresión para significar salir de juerga y quemar la ciudad, la canción acompaña con un tono bastante celebrativo.
6. “Gallows Pole”: Y aquí viene la segunda parte del disco, la que sería la cara b del vinilo. Esta parte es la eminentemente acústica y la que ha servido para reputar a “Led Zeppelin III” como un álbum folk. Y en concreto esta canción es una melodía tradicional, decimonónica para más señas, arreglada y adaptada por la banda. La parte inicial comienza mezclando guitarras acústicas y mandolina y el tono es como de canción narrativa, de historia de cuenta cuentos. En la segunda mitad de la canción entra la batería, animando bastante el tempo. Acaba recordándome a esos delirantes bailes de película del oeste donde la gente danza con los brazos entrelazados. La historia habla de una condenada a la horca que pide que alguien compre su libertad con oro o plata.

7. “Tangerine”: O la canción que demuestra que Led Zeppelin pueden hacer bonitas canciones (bueno, hay mucho ejemplos significativos). Se trata de una balada acústica con algún toque country, de hermosa melodía y delicada interpretación. No obstante, hay un breve punteo de guitarra eléctrica que aporta un toquecillo rock. El inicio de la canción despista con una falsa entrada y un subsiguiente silencio. Fue compuesta por Jimmy Page años antes de la fundación de Led Zeppelin, encontrando afortunadamente hueco en “Led Zeppelin III”. La letra es más bien ingenua: “Fui su amor y ella fue mi reina, y ahora han pasado miles de años”. Es igual, suena bastante bien.

8. “That’s the way”: Cuesta calificar a esta canción como revolucionaria, pero para Led Zeppelin en concreto quizá sí que lo sea. La canción es una ensoñación límpida, acariciante, bucólica. Tranquilos acordes acústicos, acompasados con leves notas eléctricas. Todo un remanso de paz solamente turbado por una ligera melancolía. Si bien el sonido acústico no es ajeno a Led Zeppelin, rara vez han sonado tan evanescentes. La letra abunda en el sentimiento pastoril con referencias a ríos, peces, flores, etc. Es contemplativa hasta en sus menciones a la naturaleza.

9. “Bron -Y- aur stomp”: El curioso título de la canción deriva de la cabaña, en pleno campo, situada en Gales donde Led Zeppelin compusieron en gran medida este disco. Quizá fuera la quietud de ese paraje lo que inspirase el tono de algunas de las canciones. Ésta en concreto es un folk alegre, casi festivo, incitante a dar palmas (particularmente cuando entra la percusión). Canción vital y dicharachera que a pesar de su ligereza se esfuerza en tener una buena y accesible melodía.

10. “Hats off to (Roy) Harper”: La canción más experimental del disco. Consiste en pasar por diversos filtros tanto la voz de Plant como las guitarras de Page para dar lugar a un estrafalario sonido, un tanto disonante y discordante, quizá con más voluntad de exploración que de melodía. Aunque valoro la valentía a la hora de incluir sonidos desafiantes e insólitos, deja un regusto extraño. No es el final de disco que hubiese querido, pero tampoco es nada catastrófico. El título nos anima a quitarnos el sombrero ante Roy Harper, cantante folk amigo de la banda y que en 1975 cantaría la canción “Have a cigar” de Pink Floyd, incluida en su disco “Wish You Were Here”.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Led Zeppelin III” es un disco imperioso a ratos, pacífico en otros y entre medias alegre, reflexivo… No es un trabajo tan fácil de catalogar. Hace falta cierto atrevimiento para crear un disco así. Quizá ese atrevimiento venga de la seguridad adquirida con la muy buena cogida de sus dos primeras referencias, refrendada por una gran gira. Sea como sea no es un disco para degustar un solo género, debemos tener paladar para saborear lo mismo los filosos riffs de “Inmigrant Song” o la calma chicha de “That’s the way”. Supongo que puede tener a su modo algún toque místico, toda vez que en estos momentos algunos componentes de la banda estaban interesados en temas ocultistas y esotéricos (Jimmy Page tenía una librería sobre ello y en la contraportada a Rober Plant solamente le falta un sombrero picudo para parecer la bruja piruja). También hay que advertir que cuando decimos folk nos referimos a ello en un sentido añejo, no muy en boga hoy en día. Ya decimos que se remitía a Crosby, Still, Nash y Young en algunas comparaciones y que incluso hay una canción tradicional arreglada al efecto. Para mí, eso sí, no hay ningún problema; me encanta ese toque deliciosamente trasnochado.

La siguiente obra es considerada casi unánimemente su disco más destacado. Curiosamente es un álbum innominado, no tiene título alguno, si bien casi por convenio general se le conoce como “Led Zeppelin IV” o bien como “Zoso” por los símbolos que incluye el álbum y que semejan esa palabra. Ahí tenemos a la canción definitiva del grupo “Stairway to Heaven”, una de las canciones que siempre suelen aparecer en las listas de mejores composiciones de todos los tiempos y que sigue teniendo tras de sí la sombra del plagio de la intro, supuestamente inspirada en la canción “Taurus” del grupo Spirit. La polémica es ancestral, pero el verano pasado se dictaminó (tribunales mediante) que la semejanza no era constitutiva de plagio. En cualquier caso un tótem del rock. También en el mismo disco podemos encontrar otros clásicos como “Black dog” o “Rock and roll”.

Una vez pasada esta “tetralogía” de discos, las obras que llegaron siguen siendo respetadas y parte importante del rock, pero de algún modo no de la misma manera. En “Houses Of The Holy” (1973) el grupo se atreve con nuevos sonidos como el reagge o el soul. “Physical Graffiti” (1975) por su parte es su disco más maratoniano (disco doble) y suele dividir a los fans sobre si es un exceso autoindulgente o una genialidad. Los dos últimos (no cuento “Coda”) “Presence” (1976) y “In Through The Out Door” (1979) suelen ser los menos recordados. En este conjunto de discos que estamos comentando aún dejaron una notable cantidad de títulos a tener en cuenta: “D’yer Maker”, “No quarter”, “Kashmir”, “Achilles last stand”, “In the evening”… Por cierto, tengamos en cuenta la delirante película-concierto “The Song Remains The Same” (1976) con mega solos de guitarra y batería, inclasificables “videoclips” en la que el protagonismo se lo van repartiendo los diversos componentes (mi preferido es el gótico-victoriano de “No quarter”, con John Paul Jones de protagonista) y tono setentero a más no poder.

Tras la muerte de John Bonham, como decíamos al inicio, el grupo ya no vuelve a sacar nada nuevo. Todo lo que ha venido después han sido recopilatorios, grabaciones de conciertos ya clásicos y el derivado de su concierto reunión de 2007 (con el hijo de John Bonham en la batería). Creo que es una decisión, la ruptura de la banda, respetuosa con su compañero y con su sonido, que tenía una fuente sónica muy potente en la batería. Además Led Zeppelin, con la irrupción del punk y la new wave y unos discos menos redondos, no estaban en su mejor momento. De todos modos su legado sigue siendo poco menos que legendario.

Apreciemos en su justa medida a “Led Zeppelin III”, que sin ser un disco maldito, sí que es un disco opacado por otros ilustres compañeros de discografía. Es la mala suerte de que un grupo sea capaz de ofrecer discos icónicos en la historia del rock, pero la parte buena es que donde menos te lo esperas un álbum de perfil bajo acaba resultado una magnífica sorpresa. Especialmente prescrito para los aficionados al rock y al folk clásico, pero indicado en general para cualquier melómano a la caza de interesantes sonidos.

Texto: Mariano González.
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domingo, 5 de febrero de 2017

Programa Interpol “Turn On The Bright Lights” (Temporada 8/ Programa 6)

Recuperamos el pulso de la 8ª temporada tras las vacaciones navideñas el pasado 21 de enero de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) dedicando un programa al debut de Interpol.

Estuvimos en los estudios de RUAH en persona Mariano González y servidor de ustedes Víctor Prats. Dispusimos, como es habitual, 4 de los temazos que incluye el 1er. disco del grupo liderado por el cantante Paul Banks para intercalarlos en el diálogo musical que tuvimos los 2.

Por si no pudieron escucharlo en su día o en sus redifusiones, les dejamos a continuación el enlace a Ivoox para que se descarguen el podcast y también insertamos el reproductor para que puedan escuchar el programa aquí directamente sin necesidad de marcharse a otras ubicaciones: http://www.ivoox.com/dmr-8-6-audios-mp3_rf_16831045_1.html
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viernes, 3 de febrero de 2017

Temporada 8/ Programa 7: Frankie Goes To Hollywood y “Welcome To The Pleasure Dome” (1984)

Retomamos la década de los 80 para abordar un disco que incluye uno de los himnos de la década. Y es que no podemos obviar la importancia de “Relax” dentro del mundo del pop. El caso es que Frankie Goes To Hollywood es uno de los ejemplos de trayectorias fugaces que dejaron ítems discográficos dignos de reparar en ellos (véase The Housemartins como otro ejemplo de aquellos días).

Pero no todo es “Relax (come fighting)”. El disco regaló otros trallazos en forma de single como “Two tribes (for the victims of ravishment)” y la preciosa “The power of love”. Es un trabajo difícil, que ya en su día abordamos en artículo en el blog (como es nuestro proceder habitual: primero su artículo y luego ya llegará su programa de radio) y que nos permitirá pasar una buena hora de música este sábado 4 de febrero de 2017.

Salvo contratiempo de última hora, en esta ocasión volverán a escuchar una voz distinta a la que de Mariano González y servidor. Debuta uno de nuestros contertulios habituales a priori. El sábado a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) podrán desvelar la duda de si será Óscar Cañas, Alfredo Morales, Luis F. Novalvos o José Antonio Sánchez quien nos acompañe. No se lo pierdan.

Links de interés:
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1560761690619494
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viernes, 27 de enero de 2017

Of Monsters And Men - Beneath The Skin (2015)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Ya a estas alturas de la película creo que puedo confesarme: soy muy fan de Of Monsters And Men. Cierto es que en su día tenía alguna reserva tras conocerles con la ciertamente masiva “Little talks”; me preguntaba qué clase de grupo serían. Cuando accedí de pleno a su primer lp en su formato internacional “My Head Is An Animal” se me disiparon las dudas y las ideas preconcebidas, las cuales por otra vertiente me llevaban a pensar que me encontraba ante unos ligeramente ventajistas que se sumaban al carro estilístico de los Arcade Fire. Para nada.

Si quieren revisar mi humilde crítica sobre el debut de OMAM, visiten el post que ya publicamos por aquí en su día. Hoy nos toca meternos en su más que solvente continuación discográfica. Recuerdo cuando fui al cine a ver la 2ª parte de “Los Juegos Del Hambre”, quedé sorprendido al reconocer a los chicos en los títulos finales con su soberbia “Silhouettes”, que con acierto han recuperado en la gira de este 2º disco que hoy nos ocupa. Este tema no hizo más que deleitarme mientras contaba los días hasta que el nuevo material viera la luz.

Y lo primero que vi en, no sé si “Hit Tv” o todavía “Kiss Tv”, el videoclip de “Crystals”. Está claro que es una canción de empuje y muy rotunda (a tener en cuenta la percusión), pero no estábamos claramente ante un hit que moviera muchas masas como sí que enganchó en su día “Little talks”. Si bien, a mí me satisfacía y me causaba curiosidad ante lo que hubiera de compañía en el nuevo disco. Tardé un poco en hacerme con él en formato original y edición deluxe (a precio irrisorio en el mes de agosto de este pasado 2016), pero la espera ha merecido mucho la pena. Estamos ante un muy buen disco que creo que satisface a los que fuimos conquistados por estos islandeses con su debut. Vamos con él.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Crystals”: En esta ocasión OMAM empiezan con el single de adelanto, desmarcándose de la estructura de su primer disco muy claramente (en aquel, “Little talks” se situaba mediada la obra). Creo que “Crystals” sobre todo triunfa, o tiene su punto más fuerte en los puentes de conexión con el estribillo. El estribillo resulta un poco parco, y se base nuevamente en coros que son muy marca de la casa. La percusión, como ya he dicho en la introducción, destaca muy claramente. Nanna se muestra en el micrófono en un tono más engravecido de lo habitual, y deja de lado de los agudos. Correcto single de adelanto. Creo que bien escogido.

2. “Human”: De lo ampuloso pasamos al cierto misterio de los primeros compases de “Human”, donde Ragnar se presenta con ganas en las voces. Pero los primeros instantes no dejan de ser una intro. “Human” es otro de los trallazos del disco, que ayuda claramente a diseñar una primera mitad de disco arrolladora. El estribillo es mucho más acertado que el de “Crystals”, en el que Nanna ya ayuda en los coros a Raggi. Buen tema y que en directo tiene que ser una buena dosis de intensidad para la estructura del show.

3. “Hunger”: “Hunger” empieza desde lo íntimo, con Nanna en las voces. Parece que nos encontramos ante una balada, pero no. Tras las 2 primeras estrofas, la canción va ganando intensidad para llegar a un estribillo donde se alcanza una más que respetable potencia. Ragnar se queda en un segundo plano haciendo los coros de respaldo a Nanna. No es single, pero haciendo un paralelismo con el deporte del ciclismo, “Hunger” es una buena gregaria dentro del conjunto del álbum: no desentona y ayuda a hacer equipo a buen nivel. El final es brutalmente épico con la repetición de ese “me estoy hundiendo” a dúo por Raggi y Nanna, si bien termina de forma recogida e íntima.

4. “Wolves without teeth”: Ya lo comentamos hace un tiempo en esas reflexiones que de cuando en cuando lanzamos en nuestros perfiles de las redes sociales: “Wolves without teeth” nos encanta. Es el 3er. single de “Beneath The Skin” y aquí sí que OMAM aciertan de pleno, creo, en la diana del sentido del ritmo en el estribillo. Se trata de otro tema donde Ragnar y Nanna equilibran en lo vocal y que dispuso de un videoclip impersonal para el grupo, pero muy elegante, con bailes que quedan visualmente perfectos para la melodía de este tema, sin duda uno de los mejores del álbum.

5. “Empire”: Segundo single del disco. Potente y también solemne. Brillan a partes iguales tanto Nanna como Raggi en las voces. Es una digna canción, donde el estribillo es algo más remarcable que el tan sencillo que ofrecía “Crystals”, pero estimo que hay ejemplos más poderosos (más allá del sentimiento que transmita “Empire”) en el disco.

6. “Slow life”: Buena melodía en formato de medio tiempo supone “Slow life”, donde lo más destacable es la cierta sensualidad que se aprecia en su ritmo y en la forma de cantar de Nanna (cosa que ya se veía en la anterior “Wolves without teeth”). Su estribillo no es el punto más fuerte que ofrece, pero su gracia reside en su músculo sonoro con mucho aplomo en las bases y en las notas de las guitarras eléctricas. “Slow life”, aunque tiene cierta fuerza en su estribillo, es cierto que nos supone la barrera entre el comienzo rabioso y arrojado del disco y la 2ª parte donde OMAM van a ofrecer una distinta variedad de estados de ánimo, que van a abundar en algunos momentos en la melancolía de forma sublime.
7. “Organs”: Tenía que haber lugar para un lugar de recogimiento donde pudiéramos escuchar la Nanna más cálida y cercana. Demostrando que estamos ante una de las cantantes con más personalidad dentro del pop rock internacional en la presente fecha, “Organs” sirve a Nanna una estructura acústica para servirnos una pista del estilo de “Love, love, love”; no obstante, aquella bonita canción era una especie de disculpa y en esta ocasión es lo contrario, un reproche a la parte contraria. Contrapunto al conjunto del disco y el episodio más relajado de la obra, que siempre resulta agradable e incluso necesario. Por cierto, ya sabrán los seguidores que el grupo suele hacer vídeos de todas sus canciones en formato semejante para el disco en cuestión y de paso mostrar las letras de las canciones; en “My Head Is An Animal” eran devenires de monstruos y en “Beneath The Skin” son actores que hacen playback de los temas. Es importante ver el de “Organs”, porque la protagonista es la propia Nanna en primer plano.

8. “Black water”: Quizás “Black water” sea la composición más voluntariosa del disco. Con Nanna y Ragnar en casi igualdad técnica de protagonismo vocal, estamos ante un capítulo muy luminoso, con una decidida apuesta por los coros como elemento de reclamo. Es curioso que vaya entrándome cada vez más con el paso de las escuchas. Y es que creo que esta “Black water” remata bien, y que una canción acabe de buena forma siempre ayuda. De primeras quizás les resulte algo simplista o facilona, pero luego hay mucho más. Es cierto que descuadra, ya que su sentido tan luminoso y positivo no es el que más queda del disco, que a mi juicio transmite mucha potencia y cierta oscuridad en formas elegantes.

9. “A thousand eyes”: La canción más inquietante es “A thousand eyes”. Un tema que empieza con Nanna a capella y que se marcha igual, pero que entre medias tiene una subida casi imperceptible de la intensidad que va de menos a más hasta llegar a un punto de barroquismo orquestal muy solemne que estoy seguro sería muy del agrado del gran Richard Wagner si a día de hoy estuviera entre nosotros. Inquietante y el verso suelto del disco, pero que queda muy bien, más teniendo en cuenta que precede a la auténtica joya de la obra bajo nuestro punto de vista.

10. “I of the storm”: Si se quieren poner a buscar paralelismos con “My Head Is An Animal”, vale, les aceptamos que puedan decir que “I of the storm” sea la “King and lionheart” de “Beneath The Skin”. Pero eso creo que sería dejar de lado los detalles y cosas muy evidentes. Y es que “I of the storm” es una balada desesperanzada en su melodía, pero que no abunda en la melancolía épica de “King and lionheart”. Aquí nos encontramos ante una melancolía calma apoyada en unas notas cristalinas de teclados que se superponen a una base rítmica que discurre con su pesar. Nanna se muestra gloriosa en el micrófono, sobre todo en los sostenidos de registros altos del estribillo. Una auténtica joya. A día de hoy es nuestra pista favorita, por encima incluso de la celebérrima y 3er. single “Wolves without teeth”.

11. “We sink”: “Beneath The Skin” se desmarca de su predecesor también en estructura. Con “We sink” logra cerrar con un capítulo épico y ampuloso, donde se pone toda la carne en el asador. Eso se ve en el estribillo, de los mejores del disco por cierto, donde Raggi y Nanna unen fuerzas (nunca mejor dicho por la intensidad que le ponen). “Yellow light” era un final melancólico y calmado y este que propicia “We sink” abunda en el sentido contrario.

Bonus tracks.
12. “Backyard”: Tremendo acierto es “Backyard”. Una cierta balada relajada, íntima y quizás lejanamente oscura (muy lejanamente). Poco recargo instrumental y nuevo ejemplo de acierto vocal de la pareja de chico y chica que están presente en los OMAM. Perfectamente podría haber sido parte del track list principal de “Beneath The Skin”. Simplemente por ella es un debe obtener la edición deluxe.

13. “Winter sound”: Menos remarcable es “Winter sound”. Si bien es un capítulo que ofrece mucho de las pautas sonoras más características de Of Monsters And Men, quizás no sea demasiado atinada. No molesta y está lejos de ser un borrón, que quede claro. Peca quizás algo de acelerada e incluso los registros tan altos que afronta Nanna pueden chirriarnos de alguna manera en el estribillo. No obstante, es propina y no nos podemos quejar: si muchos grupos tuvieran piezas como ésta en sus discos…

14. “Black water (Chris Taylor of Grizzly Bear remix)”: Pues el remix que hace Chris Taylor de “Black water” tampoco es que aporte mucho al original. Salvo algún arreglo electrónico en la producción, se aprecian pocos cambios y más bien supone un intento de afianzar el papel de la canción dentro de la obra al concederle esta propina.

15. “I of the storm (Alex Somers remix)”: Lo más bizarro, y casi innecesario, es la forma de arte moderno en la piel de remix que se ofrece de la gran joya de la corona del disco “I of the storm” firmada por Alex Somers. Con una estructura instrumental casi ínfima, se basa en lo vocal en una voz retorcida del estribillo que viene casi del fondo de un pozo. No sé por qué me evoca a la obra de teatro “Arte” y el debate que se plantea en torno a un cuadro blanco. En fin.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Aunque, reitero, me considero muy fan y admirador de Of Monsters And Men, intentaré ser juicioso. Y es que el resultado de “Beneath The Skin”, disco de portada muy corporativa con las iniciales del grupo en tonos grises y blanquecinos, a nivel internacional dista mucho del logrado con el anterior “My Head Is An Animal”. Salvo en los sectores más independientes de público, el disco casi no ha llegado (aunque Crystal haya hecho fuerza para lograrlo). En el anterior disco “Little talks” lo escuchó casi todo el mundo (aunque no identificaran muchos a la banda).

Más allá de llegar a las masas, creemos que el resultado artístico es altamente satisfactorio. Estamos ante un disco que sin dejar de lado las marcas sonoras de OMAM, se aparta de cierta forma de “My Head Is An Animal”. Su estructura es completamente distinta y los sentires que transmite también. Este disco transmite una mayor sensación de potencia en general, sobre todo debido a ese quinteto de apertura (sexteto si me apuran por la fuerza puntual de “Slow life”).

Por España solamente pasaron por el festival de Bilbao (todavía sigo tirándome de los pelos por lo pronto que me cogió aquel concierto en La Riviera en junio de 2013) patrocinado por una de sus entidades bancarias y para colmo creo que la actuación fue algo reducida por no sé qué problemas. De conciertos de gira al uso en salas ni Madrid (por supuesto), ni siquiera Barcelona, que es claramente la ciudad referencia para que visiten la península las bandas internacionales.

Personalmente hemos quedado muy satisfechos con este 2º disco de Of Monsters And Men y ya estamos deseando escuchar el siguiente paso, que a día de hoy (al menos en lo que llevamos de milenio), para las bandas el 3er. disco es el paso del Rubicón en el que casi todos sucumben o pasa algo. Espero que con estos islandeses nuestros no suceda y sigan en el buen camino. Me dolería mucho que se malograran como otras bandas que tanto admiraba y que bien se han vuelto poco interesantes o que han perdido gran parte de su inspiración rítmica. Veremos. Estaremos muy atentos.
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domingo, 22 de enero de 2017

Programa Dardem “La Brecha” (Temporada 8/ Programa 5)

El último programa de nuestra 8ª temporada, antes del parón navideño, lo dedicamos a repasar el disco “La Brecha” de Dardem. Tuvimos la fortuna de poder contar al otro lado del teléfono con el guitarrista del grupo Raúl Pacheco, quien respondió amablemente a todo el cuestionario que en conjunto elaboramos entre Mariano González y servidor de ustedes Víctor Prats; en la foto se nos ve en el proceso de montaje del audio en los estudios de RUAH.

El programa lo grabamos tras llevar a cabo el capítulo en directo sobre “Wish” (y sobre su último concierto en Madrid) de The Cure el 26 de noviembre de 2016. En torno a las 17.30h contactamos con Raúl y sin ningún problema llevamos a cabo del tirón nuestra tertulia con él sobre Dardem y su último disco de estudio.

Fue un programa ameno, en el que Raúl nos desveló muchas cosas de interés alrededor de Dardem y en particular de “La Brecha”. El programa se estrenó a las 16.00h el 10 de diciembre de 2016 en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) y ha contado con numerosas redifusiones los sábados a las 16.00h y los miércoles a las 23.00h en el mismo dial mientras que hemos estado de desconexión.

Si bien no pudieron escuchar una de esas numerosas ocasiones, aquí les dejamos insertado el reproductor para la escucha del programa y el enlace a donde está alojado en Ivoox el ítem para su descarga si lo desean. Terminamos agradeciendo a Pablo Camuñas de Promociones Sin Fronteras y al propio Raúl Pacheco el que nos hayan ayudado a llevar a cabo este capítulo que da lustre a nuestra 8ª temporada en las ondas: http://www.ivoox.com/dmr-8-5-audios-mp3_rf_16579723_1.html
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viernes, 20 de enero de 2017

Temporada 8/ Programa 6: Interpol y “Turn On The Bright Lights” (2002)

Para reiniciar la 8ª temporada de nuestro proyecto radiofónico, nos vamos a recrear en un pasado no demasiado lejano (si bien han pasado ya 3 lustros a lo tonto) para detenernos en analizar el prometedor disco de debut del cuarteto neoyorkino Interpol, entonces formado por Paul Banks, Daniel Kessler, Sam Fogarino y Carlos Dengler, su primer bajista.

Aquel “Turn On The Bright Lights” era una combinación perfecta de temas reflexivos y melancólicos con otros lleno de un sentido del ritmo excelente. Todo ello condensado en un álbum que llamó mucho la atención y que hizo que muchos pusiéramos los ojos en esta banda.

Con el paso del tiempo, el tino de Interpol no es tan afilado (si bien sus discos se pueden seguir escuchando) y en cierta forma nos hace mirar con melancolía sus 2 primeros discos y sobre todo al debut. Nos dará para mucho debate en general de la música del nuevo siglo y comienzos del milenio y sobre cosas particulares de Interpol.

La cita como siempre será en Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) este sábado 21 de enero de 2017 a las 16.00h. Reengánchense a nuestro programa. Esperamos satisfacer sus necesidades.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1724994811147689
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
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martes, 17 de enero de 2017

Concierto La Broma Negra. Madrid (14-01-2017)

Hay ocasiones en que ciertos elementos confluyen y como consecuencia de ello los resultados son particularmente hermosos. En “DMR” admiramos a no pocos artistas y de ello damos cuenta contumazmente desde hace tiempo, pero son escasas las oportunidades de trabar amistad con gente realmente digna de admiración. Por ello y por el mero placer de disfrutar de una velada, en forma de apuesta segura, no podíamos faltar al concierto de la Moby Dick ofrecido por La Broma Negra. Además, le tenía ganas al evento. No pude asistir al concierto de hace un año en el mismo emplazamiento y por la crónica, que en su momento hizo Víctor Prats, y por alguna conversación informal con el grupo, debió ser un recital excelente. Ya les adelanto que hablando con ellos a posteriori, incluso han disfrutado más de éste. Así que calculen. Yo por mi parte, lo voy a decir en corto: disfrute como un enano.
Y eso que la noche empezó con cierto nerviosismo en el desplazamiento hacia la sala. No es mi intención criticar al gremio del taxi, pero en el viaje de ida me tocó un conductor que debía tener el mismo conocimiento de Madrid que yo de Osetia del Norte. Dos veces hubimos de rectificar nuestra delirante trayectoria para acabar llegando un poco más tarde de lo previsto. Felizmente arribé, aun así, con el suficiente tiempo para aposentarme en el asiento que requiero (cuando esté capacitado les aseguro que bailaré break dance, twist y capoeira al mismo tiempo).
Y llegó el momento de la verdad, de poner las cartas boca arriba. A eso de las 21:40 o 21:45 el grupo comienza a saltar a las tablas. Ya saben que, si conocen al grupo, el componente visual, entendido como atuendo, es muy importante en ellos. En esta ocasión fue un poco más sobrio que en la cita en Siroco, pero también digno de mención. En el caso de Carlos y Alex fue similar a la anterior ocasión, pero menos recargado; más adelante Carlos dejaría traslucir una mezcla de peto y falda; además llevaba la cara tiznada de hollín (o eso me pareció) y una gorra. David Infantes fue el más elegante, vistiendo camisa blanca, gafas de sol y sombrero (¿Borsalino?, no soy ducho en sombreros), mientras que Laura Pérez representó la parte gótica, por así decirlo.
Vamos a la música. Preliminarmente diré dos cosas. Por un lado este humilde cronista no tuvo posesión ayer de los mejores instrumentos para retratar la parte eminentemente gráfica de la noche, por lo cual nos disculpamos. De todos modos los vídeos son más resultones. Por otro lado, ciñéndonos al tracklist, decir que fue un concierto bien compensado tanto en la representación de discos como en la inclusión de temas clásicos o bien inesperados. El fuego se abrió con los lúgubres acordes de “Los pies de los santos” (también inicio de su, hasta ahora, último disco). Su quieta intensidad fue un buen paso para zambullirnos en lo que habría de ser el concierto. Como curiosidad señalar que Laura Pérez portó una máscara blanca durante esta primera incursión, lo que añadía inquietud a un tema ya bastante oscuro. Si el show hubiera tenido lugar el día anterior hubiera sido una carambola, por aquello de “Viernes 13” y el abyecto enmascarado Jason Voorhees.
La siguiente en caer fue un clásico de la banda, “Sonetos”, con el cual no se equivocan nunca y sirve inmejorablemente para meter al público en el bolsillo. Si hubiera que poner una mácula a la actuación fue algún problema técnico con la guitarra de Álex, que de hecho hubo de dejar de tocar durante casi toda esta canción para subsanarlo. Nada que empañe demasiado la actuación; en esta ocasión viene pintiparado decir aquello de “son cosas del directo”. Vuelven a la carga con “La enfermedad del beso” con la incidencia solucionándose y añadiendo cotas de contundencia.
El siguiente momento fue uno de mis predilectos de la noche, y está recogido en una grabación, y me refiero a “Su decisión, mi capitán”; una de mis favoritas de “Desilusiones De Grandeza” con sus estrofas tranquilas y vibrante estribillo. Cambiamos de disco pero no bajamos de nivel con la magnífica “Tos de medianoche”, canción muy del gusto del staff de DMR en nuestras conversaciones informales
La intro hablada sobre cantos albaneses corrió a cargo de Álex. Si hacemos recapitulación de lo habido hasta ahora notaremos que ya ha habido representación de todos los discos a partir de “Joyas De Princesas Muertas” y la cosa daba la impresión de ir a más. Siguiente paso: otro clásico, “Balas para matar el tiempo”, una de las canciones que eché de menos en Siroco y, por lo tanto, un reencuentro para mí. Buen momento pop. Acto seguido Carlos se dirige al público para preguntarnos por nuestras navidades y en consecuencia, por la alusión a estas festividades en la letra, sonó “Ten misericordia de nosotros”, una de las habituales de la época “Pre Joyas” (por llamarla de algún modo). Sin duda el repertorio iba enriqueciéndose y la banda se iba asentando cada vez más.
“Mientras ella cerraba las cortinas”, volviendo a su último álbum, se encargó de dar continuidad a la tensión emocional con una de las interpretaciones más sentidas de la noche. También pudimos disfrutar de la entrañable “Los niños de Dickens”, sin duda también bella. Más peculiar fue la ejecución de “Nuestro amor destruirá el mundo”, que tuvo un enfoque bastante distinto al de “Déjanos La Luz Encendida”, reduciendo o prácticamente eliminando la feroz parte de guitarra y mostrando un momento de danza de Laura Pérez, sirviéndose para ello de unas alas de plástico. Sin duda fue un matiz sorprendente y un ejemplo de interesante reinterpretación.
Tiempo, después, para ese vals oscuro y un poco vitriólico de “Los últimos días católicos” cuyo estribillo da pie para la entonación teatral de Carlos e incluso para el ademán de brindis de algunos del público en el momento en que la letra anima a brindar. Todo esto precedió a uno de mis temas favoritos del grupo: “Nieto de maestro de escuela” y es emocionante que en el trasvase del disco al directo no se dejen ni una gota de esencia. Sin duda uno de los momentos de la noche. Siempre será una buena elección. Tras ello uno de los temas clásicos de los conciertos de La Broma Negra: “Los muertos”. Momento solemne y plenamente disfrutable, cuya distintiva e instrumental parte final fue llevaba a cabo de forma distinta a otras. En esta ocasión Carlos, en lugar de abandonar el escenario, se hace con los mandos de la percusión, iniciando Laura una danza en la que, dicho sea de paso, se despoja de parte de su atuendo llevando a partir de entonces una indumentaria mucho más transparente. Un momento sorprendente y llamativo. Uno de los singles de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra”, recoge el testigo. Se trata de “Las chicas del Corte Inglés”, que puede convertirse en un pequeño clásico y que creo que hace un año, en Moby Dick precisamente, no cayó.
A ojo de buen cubero debíamos llevar ya la mitad del evento y en ese momento Carlos se dirige, algo que no le había visto hacer en otras ocasiones, hacia el público para inquirir si teníamos alguna petición. El respetable pidió varias, la mía personal fue “Duelo a primero sangre”; excelente pop que nunca les he escuchado en directo (si esto lo está leyendo la banda, solicito amigablemente que la barajen para otras ocasiones). No sé si Carlos tomó nota de algo (recuerdo que Morrissey a veces hacía preguntas similares) pero el caso es que sonó “Fantasma”. Cita también ineludible, pero no por ello menos agradable. Todo lo que esté relacionado con Edgar Allan Poe está condenado a gustarme. Y ayer, para no perder la costumbre, sonó de cine.
Una canción que siempre cae últimamente y se va haciendo un hueco en los conciertos es “Heridos”, teniendo en cuenta sobre todo la potencia del estribillo y el descollante trabajo de percusión que una vez más fue llevado a cabo por Laura Pérez, en forma de trepidantes redobles. Tras esto nuevamente Carlos se dirige brevemente al público (yo diría que estuvo más comunicativo que otras veces) para decir que el siguiente tema que sonará “hace años que no lo tocamos”. Tras el breve intríngulis de tratar de adivinar la canción, comenzaron los acordes de “Nunca se quiere demasiado a alguien”, buen medio tiempo melancólico de ese gran disco que es “Joyas De Princesas Muertas”. No es mala idea haberla rescatado, sobre todo cuando posibilita nuevas semblanzas de La Broma Negra en directo.
Recuperamos brío con “Virginia en los infiernos” para volver a la melancolía en forma de otro medio tiempo de “Joyas De Princesas Muertas”: “Me vas a hacer llorar”, de un corte y sensaciones muy parecidas a “Nunca se quiere demasiado a alguien”. De la tristeza pasamos a un ritmo mucho más cortante y combativo con “Señor danos la victoria” canción suficiente para levantar ánimos y gente de los asientos y, recordemos, muy buen comienzo de “Desilusiones De Grandeza”.
“Cenicienta”, el siguiente paso, mantuvo el tono alto, bailable, animado. A estas alturas la banda toca con esa convicción que mantiene al público en el estado de hipnosis colectiva propio de los buenos conciertos. Era la hora de pisar el acelerador. Y suponía, por lo tanto, el momento perfecto para que “Los cuerpos celestes” hiciera su aparición rindiéndonos con su magnífica y barroca épica. Y nosotros asintiendo encantados. Por su parte Laura volvió a coger sus alas para ejecutar una performance danzante, ya clásica de este corte.
Para que el ritmo no decayese La Broma Negra acertó tocando “Protege tus secretos” (momento que grabamos), uno de los mejores temas de “Desilusiones De Grandeza” y personalmente uno de mis favoritos de la banda. Sonó tal cual es; arrebatadora. Tras esto el grupo abandona el escenario…

Y para gran sorpresa mía, a sabiendas de que no es costumbre de La Broma Negra hacer bises, poco después vuelven a hacer acto de aparición para proseguir con el show. Sea como fuera, esta continuación del tracklist principal comienza con una canción no demasiado común: “Envenenador de manzanas”, una de las sorpresas de la noche y que aporta una dosis de oscuridad electrónica, muy propicia para los fans de Depeche Mode. Acto seguido, llegó la canción definitiva del concierto para el despendole, el baile y el desvarío. Hablamos de la llamativa “Franco tenía un polvo”, uno de los buques insignia de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” que con sus aceradas bases electrónicas a toda piña, dispararon el ambiente. Y sin embargo quedaba todavía el que habría de ser el broche al evento: “El descanso de los bañistas”, punto final de “Déjanos La Luz Encendida” y también de la noche de ayer. Canción de estribillo muy cantable y buen remate de la faena.
Conclusiones a sacar de ayer. Varias. La confirmación, por ejemplo, de la senda óptima que viene siguiendo La Broma Negra desde su reconversión en cuarteto. Sin duda el mayor empaque y versatilidad del show lo hacen mucho más sólido y divertido. Divertido para todos, para ellos y para nosotros los espectadores. Digamos que la multiplicidad de ingredientes ha mejorado (valga el símil culinario) el guiso. El desempeño de ayer fue el acostumbrado en nuestros amigos, la desenvoltura teatral (en el mejor sentido de la palabra) y el desparpajo de Carlos, la sobriedad y buenos toques de guitarra de Álex, el sentido más orgánico que David da a la electrónica de las canciones y la contundencia en las percusiones y encanto visual de Laura a través de sus performances.
Yo personalmente noté que Laura estaba más presente en los coros que en otras ocasiones, sin embargo hablando con ellos tras el concierto curiosamente me dijeron que no lo percibieron así y que por lo tanto ni mucho menos fue premeditado. Lo que sí me dijeron, relacionado con esto, fue que (¡alerta de spoiler!) la voz de Laura tendrá más peso en el disco que están cocinando. El ambiente, por su parte, también estuvo a la altura. Fue fácilmente comprobable con solo un vistazo alrededor percibir que el aforo era más que razonable en lo cuantitativo y satisfecho y conectado con el grupo en lo cualitativo. Otra conclusión fue que siempre La Broma Negra tiene un as en la manga para sorprender, ya sea a través de canciones inesperadas como “Nunca se quiere demasiado a alguien” o “El envenenador de manzanas” o aspectualmente, etc. En la vida podrán ser tediosos. ¿No hacía mención Carlos con bastante sorna en “Hay más de una forma de provocar un incendio” a esos artistas que al cantar parece que piden perdón? La Broma Negra no hace eso.
Un buen colofón fue el “postconcierto”, donde pude hablar brevemente con los componentes de la banda. ¿No es una suerte y un privilegio poder intercambiar impresiones del concierto con los propios ejecutores? Es una forma magnífica de calibrar y ponderar cómo fue la noche. Se les vio contentos, ya dije al inicio que Carlos incluso se divirtió más que en el de hace un año (yo no puedo comparar, qué más da. No les conozco un concierto malo). Tan satisfecho y en sintonía me encontraba que decidí darme una alegría en el pequeño puesto de merchandising, lo cual me dio la oportunidad, por cierto, de conocer a las parejas de Álex y Carlos (encantadoras ambas). Bonito detalle tuvo Álex también al regalarme el tracklist del concierto. Como les urgieron a recoger los instrumentos, etc., nos despedimos, yo por mi parte satisfecho de ver una vez más a nuestros amigos.

Texto y fotografías: Mariano González.
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viernes, 13 de enero de 2017

Soft Cell - Non-Stop Erotic Cabaret (1981)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Marc Almond y Dave Ball se conocieron en el Politécnico de Leed hace más de 35 años. Ninguno de los dos pensó que ese encuentro iba a generar uno de los grupos más interesantes de principios de los 80, hasta el punto de ser mucho tiempo más tarde muy recordados y valorados. Sobre todo porque pusieron el punto distinto, extravagante y, si se me permite, canalla a un género dominado por chicos buenos, que cualquier madre querría como yernos. Está claro que ni Ball ni mucho menos Almond estaban en esa categoría.

También merecen la consideración de ser el grupo que implantó claramente lo que conocemos como dúo technopop. Es cierto que antes existían OMD, pero este grupo a pesar de ser un dúo, se solían presentar como cuarteto. Sin embargo, Almond y Ball eran ellos dos solos y un reebox con la musica pregrabada; son el antecedente más claro de grupos como Yazoo, Erasure o Pet Shop Boys: la fórmula de cantante pasional y exagerado escudado por un teclista robótico es marca de Soft Cell.

El grupo debutó en 1980 con un ep autofinanciado titulado “Mutant Moments”, después publicarían el single “Memorabilia”, que si bien no fue un éxito, sí se convertiría con el tiempo en un tema precursor de acid house.

Hoy daremos un repaso a su primer álbum, un disco publicado en 1981 en plena fiebre technopop, en el que el grupo supo diferenciarse y muy bien de sus coetaneos. “Non-Stop Erotic Cabaret” es un disco muy especial. Quizás no sea el mejor del dúo, pero si es el que mejor refleja su formula de hacer pasar por comercial las miserias humanas dándoles un barniz pop para hacerlas aptas al consumo de todo el mundo. Discos posteriores no serían tan sutiles al endurecer su sonido. “Non-Stop Erotic Cabaret” tuvo tanto exito que sería acompañado por un video titulado “Non-Stop Exotic Video Show”, en el que la mayoría de los temas del álbum tienen su correspondiente videoclip dirigido por Tim Pope, comentaremos algunos de ellos.

ANALISIS DEL DISCO.
1. “Frustration”: El álbum empieza con Marc Almond lanzando un grito desesperado mientras unos sintetizados poco amables nos ponen a tono para terminar en una melodía un tanto cirsence que relata la historia de una persona que lleva una vida ordinaria (trabajo, mujer, hijos) que termina por volverle medio loco y donde el protagonista empieza a cuestionarse todo. La parte final es un auténtico sin dios con Almond desatado hasta que la pieza acaba de forma brusca. Sin duda uno de los temas más logrados del disco, “Frustration” es angustiosa, delirante, surrealista, comica y burlona, elegir un tema así para abrir un disco es sin duda de valientes. El video del tema no se queda corto: sin duda uno de los mejores del dúo con Ball en el papel de persona ordinaria y Almond en plan Pepito grillo siniestro. Jardines, cementerios, la muerte de Ball y su entierro en vida.

2. “Tainted Love”: ¿Qué se puede decir ya de esta canción a estas alturas? Poco, la verdad. Su bink bink es tan reconocible que todo el mundo la atribuye a Soft Cell Cuando en realidad se trata de una versión de Nothern Soul publicada originalmente por Gloria Jones en 1964. Almond y Ball la hicieron completamente suya; en algo más de dos minutos el grupo toca la perfección pop hablando de una relación que claramente se acaba y de paso conectando con toda una generación que se sintió identificada con la canción y su sonido sintético y bailable. Es sin duda uno de esos hits inmortales que marcan generaciones. “Tainted love” fue un número uno mundial y a punto estuvo de acabar con la salud mental del grupo que se vio encuadrado como una banda de un solo éxito. Mientras otras bandas de pop electrónico habian tardado lo suyo en conseguir un numero uno, Soft Cell lo conseguían con su segundo single. Pronto demostrarían que tenían mucho más que ofrecer que esta canción a la cual el mismo grupo llegó a odiar. De hecho Marc Almond espero diez años para volverla a recuperar en sus shows en solitario. A pesar del enorme éxito del single, éste no les reportaría tantos beneficios económicos como se pudiera pensar. La historia es curiosa: al tratarse de una versión Almond y Ball no cobraban derechos de autor y como nadie pensó que fuera un éxito pusieron en la “cara b” otra versión. Se trato de “Where did our love go” de las Supremes que en la “cara a” del maxi iba unida en plan medley a la propia “Tainted love”. En definitiva, el single vendió millones y el grupo no vio un duro en derechos de autor. Una de las meteduras de pata más míticas de la historia del pop. “Tainted love” contó con un video en el que vemos a Almond vestido de emperador romano bastante malhumorado intentando fastidiar a los que le rodean, niños incluidos.

3. “Seedy films”: Nuevamente un tema que no tiene nada que ver con el precedente. Aquí el grupo nos sumerge en las calles del Soho londinense con sus luces de neón, sus cines porno, sus sex-shops y toda esa fauna de personajes que pululaba por allí a principios de los 80. Un lugar poco recomendable, que el grupo hace apetecible gracias a melodías sensuales y un estribillo que resalta con fuerza sobre el resto de la canción. El saxo vuelve a hacer su entrada, pero esta vez es para reforzar el caracter sensual de la canción.

4. “Youth”: Corta, pasional, intensa y sobre todo destacable por hablar de forma tan precisa sobre el paso del tiempo y la perdida de la juventud. Lo más curioso es que Almond y Ball estaban a penas en la veintena cuando escribieron esta canción; no es raro que Almond la haya seguido recuperando para sus shows hasta el día de hoy. El video para este tema es muy simple, se trata de la cara de Almond en plano fijo mientras van pasando imágenes de suponemos su juventud. No tiene gran cosa, pero sin duda funciona en la que es una de las grandes canciones de Soft Cell.

5. “Sex dwarf”: Aquí el ritmo se acelera y Soft Cell nos ofrece un tema que fue todo un escándalo. Podríamos calificarlos sin problemas de technopunk. Tenemos sintetizadores que no nos dejan descansar ni un segundo, látigos, cuero, gritos, sirenas y a Marc Almond que medio canta medio recita la letra en un tono siniestro. Una letra que nos vuelve a llevar a los cines porno del Soho y a ese ambiente decadente, vicioso y a la vez atrayente, a esa cara oscura de la vida, de la sociedad que el grupo consiguió retratar tan certeramente en este álbum. El video de este tema era una especie de parodia de una orgía con gente semidesnuda, enanos en tanga y carne por todas partes. No hace falta decir que fue inmediatamente censurado y confiscado por la policía. Ante esto se sustituyó por otro video con Marc Almond elegantemente vestido dirigiendo una orquesta.
6. “Entertain me”: La cara b se abre con esta canción que empieza con una introduccion de Almond a capella para lanzarse después a los sintetizadores saltarines de Ball, que dibujan una melodía limpia de esas que se quedan en tu cabeza y ya no se van. La canción es bastante irónica y nos habla de lo mal que se pasa cuando te toca un público difícil; casi parece relatar lo sufrido que es ser telonero de otro grupo y que todo el mundo este deseando que dejes el escenario. El video de la canción nos muestra una actuación de Soft Cell con una puesta en escena de lo más trash: niñas bailarinas con cualidades más que cuestionables, un mago bastante inútil o una mujer amiga de los reptiles.

7. “Chips on my soulder”: sin descanso “Entertain me” se une a esta “Chips on my shoulder”, que casi podríamos considerar antecedente del sonido electroclash 20 años después. Ritmos simples y repetitivos ideales para la pista de baile, que enmascaran una nueva canción sobre frustración, infelicidad e hipocresía. La canción termina de forma un tanto cortante para dar paso a uno de los más grandes temas del dúo.

8. “Bedsitter”: Ésta fue sin duda la canción que demostró que Soft Cell no era un grupo de un solo éxito. Publicado tras “Tainted love”, fue un enorme éxito y uno de los temas más reconocibles del dúo. La melodía sintetizada tan reconocible, obra de Ball, nos lleva de nuevo de forma magistral a maquillar con sutiles toques de technopop una historia sobre lo miserables que pueden ser los domingos solo en un pequeño estudio o pensión londinense cuando ya toda la fiesta paso. Pocas veces se ha retratado tan bien esa sensación de soledad y de tener que llenar el tiempo con algo.

9. “Secret life”: Una canción sin duda tragicómica sobre una persona a punto de estallar a causa del chantaje de un ex amante que amenaza con contarle todo a la supuesta esposa del protagonista. Los teclados de Ball, con esa melodía saltarina, realzan más si cabe la parte cómica de la canción.

10. “Say hello wave goodbye”: Nos encontramos ante el tercer single del álbum y otro clásico del dúo. Un precioso medio tiempo sobre una relación en la que las dos personas saben que no hay ningún futuro para ellos más que la separación, aunque también se puede interpretar como la cobardía del protagonista a hacer frente a una relación con una persona peligrosa para él. La parte vocal de Almond, aunque imperfecta, está tan llena de pasión que es difícil no emocionarse al escuchar este tema. El videoclip de la canción nos muestra a Ball y a su pareja entrando en un cabaret donde Almond es el protagonista absoluto.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Non-Stop Erotic Cabaret” es un disco inmortal que aun hoy suena bastante fresco, un debut impresionante que hacia bueno eso de “too much too soon”. El grupo lo iba a tener difícil para emular semejante obra. Decidieron no hacerlo y después de un año 82 muy exitoso gracias a los singles “Torch” y “What” y al álbum de remezclas “Non-Stop Ecstatic Dancing”, deciden endurecer su sonido en 1983 con “The Art Of Falling Apart”, otro excelente trabajo en el que se fueron quitando cada vez más esa mascara pop que hacia sus dramas urbanos consumibles por las masas. Finalmente entregaron en 1984 “This Last Night In Sodom” con el que endurecen y oscurecen aún más su sonido. Soft Cell habían hecho en tres años lo que Depeche Mode tardarían diez; de hecho Marc Almond ha dicho en alguna ocasión que el hueco dejado por Soft Cell fue hábilmente ocupado por los de Basildon, ya que lo hubiesen tenido más difícil para dar su giro a la oscuridad si Soft Cell hubiesen continuado.

Tras la separación del grupo Almond comenzaría una carrera en solitario con sus altos y sus bajos y que llega hasta nuestros días; de hecho en los tiempos de Soft Cell ya tenía su grupo paralelo llamado Marc And The Mambas, que llegaría a publicar dos álbumes.

En cuanto a Dave Ball a finales de los 80 formaría The Grid junto a Richard Norris, grupo con el que tendría bastante éxito en la primera mitad de los 90. The Grid colaborarían en el álbum de Almond “Tenement Symphony” de 1991 produciéndose así el reencuentro entre Almond y Ball a nivel compositivo, aunque el verdadero reencuentro sería la vuelta de Soft Cell en 2001. Una vuelta que traería un nuevo álbum, el irregular “Cruelty Without Beauty” un año después y una gira donde pudimos disfrutarlos; de nuevo volvieron a adelantarse: aún quedaba mucho para que las vueltas de los grupos de los 80 estuvieran de moda.

Ya no volverían más a juntarse, pero sus canciones siempre estarán ahí y al menos tenemos a Marc Almond para tocarlas en sus conciertos.

Texto: Alfredo Morales.
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