miércoles, 28 de junio de 2017

DMR cumple 9 años

Nos queda un añito para alcanzar la década. Si bien en este 9º año no ha habido mucha novedad (aunque sí actividad; miren la foto que desnuda nuestra carpeta de almacenaje de todo nuestro material del año), mantenemos el ritmo de trabajo que nos permite estar todas las semanas ofreciendo algo nuevo, ya sea una revisión de disco en artículo escrito, u ofreciéndoles un programa de radio con debate sobre la obra escogida.

Por motivos personales, cada vez cuesta más seguir la actividad bloguera, pero a eso me ayudan mucho mis colaboradores y amigos (principalmente) Mariano González y Alfredo Morales.

Confiamos llegar a los 10 años publicando contenidos de interés, para poder contrastar con sus gustos o bien poder descubrirles nuevos grupos o discos que desconocían y que quizás puedan pasar a formar parte importante de sus vidas; ¿por qué no?

Gracias a todos aquellos que nos visitan, que nos leen, que nos comentan y que en definitiva hace que esto merezca la pena al margen de ser una vía de escape a las inquietudes pseudo-intelectuales de opinión que tenemos 3 aficionados a la música. Soplen con nosotros las 9 velas.
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lunes, 26 de junio de 2017

DMR finalizó su 8ª temporada de radio

Con la emisión del programa en directo el pasado 10 de junio de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) sobre Pet Shop Boys y “Actually”, pusimos el punto y final a nuestra 8ª temporada. He de reconocerles que ha sido una temporada al ralentí, donde hemos abundado lo justo en el capítulo de entrevistas y en la que además el carácter “minimal” ha sido lo predominante; explico esto.

De nuestro grupo de colaboradores habituales apenas hemos podido contar un par de veces con Luis F. Novalvos y una vez con Óscar Cañas, que llegó de milagro a tomar parte en el programa de despedida. Por motivos personales José Antonio Sánchez no ha podido participar en todo el año y Alfredo Morales, en el exilio, tampoco pudo cuadrar sus visitas o viajes a España con alguna participación por problemas de agenda.

Por ello, el peso principal ha recaído sobre Mariano González y servidor de ustedes Víctor Prats. Por fortuna, y facilitándole la logística al respecto, Mariano González ha estado presencialmente la mayoría de las ocasiones, cosa que se agradece a distintos niveles, dejando el teléfono de lado.

Esta temporada ha contado con 4 entrevistas. Una con nuestros amigos de La Broma Negra, la segunda con el gran Lalo López de la Fundación Tony Manero, otra con Raúl Pacheco de Dárdem y la última con nuestro también buen amigo Miqui Puig. 4 ítems muy válidos y más que suficientes para haber cumplido en este terreno.

Importante es en el apartado de entrevistas que Mariano González ha dado un paso adelante en su papel en “DMR” y desde la 3ª entrevista de este año me acompaña en las mismas realizando las preguntas a dúo a nuestros invitados, cosa que creo que ayuda a que la cosa quede mejor. Lo pueden comprobar en la entrevista con Dardem y en la que tuvimos con Miqui Puig.

Desconocemos si habrá 9ª temporada. La vida va avanzando y nunca se sabe. Esta temporada partíamos con la incertidumbre e ilusión de dar el salto a una cadena de mayor alcance, cosa que finalmente no tuvo lugar y que nos supuso una cierta decepción. Intención de seguir hay, pero no podemos confirmar nada. De momento aquí les dejamos link a nuestro perfil en Ivoox para que escuchen nuestros programas y la lista de los capítulos de esta 8ª temporada que hemos sacado adelante con la mejor voluntad posible y mucho cariño: http://www.ivoox.com/escuchar-audios-abacab_al_7681_1.html

Dmr 8-1: La Broma Negra - “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” (2015) (programa entrevista con Álex Gómez, Carlos Caballero, David Infantes y Laura López).
Dmr 8-2: Phil Collins - “No Jacket Required” (1985).
Dmr 8-3: Fundación Tony Manero - “Superficial” (2014) (programa entrevista con Lalo López).
Dmr 8-4: The Cure - “Wish” (1992).
Dmr 8-5: Dardem - “La Brecha” (2016) (programa entrevista con Raúl Pacheco).
Dmr 8-6: Interpol - “Turn On The Bright Lights” (2002).
Dmr 8-7: Frankie Goes To Hollywood - “Welcome To The Pleasure Dome” (1984).
Dmr 8-8: The Cars - “Heartbeat City” (1984).
Dmr 8-9: Phoenix - “Wolfgang Amadeus Phoenix” (2009).
Dmr 8-10: Manic Street Preachers - “This Is My Truth Tell Me Yours” (1998).
Dmr 8-11: Simple Minds - “Once Upon A Time” (1985).
Dmr 8-12: Radiohead - “The Bends” (1995).
Dmr 8-13: Miqui Puig & ACP - “Escuela De Capataces” (2017) (programa entrevista con Miqui Puig).
Dmr 8-14: Men At Work - “Business As Usual” (1981).
Dmr 8-15: Pet Shop Boys - “Actually” (1987).
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domingo, 25 de junio de 2017

Programa Pet Shop Boys “Actually” (Temporada 8/ Programa 15)

Y acabamos la temporada por la puerta grande. ¿Por qué? Por varios motivos. El primero, el más principal personalmente, es que contamos con el debate más numeroso de la 8ª temporada, en el que fuimos 4 las voces opinantes. A los ya habituales Mariano González y Víctor Prats se sumaron Óscar Cañas, que debutó en la temporada subiéndose al último vagón del tren, y Luis Felipe Novalvos, que hacía doblete tras haber acudido al programa sobre “Welcome To The Pleasure Dome” de Frankie Goes To Hollywood.

El otro motivo es que escogimos uno de los discos más redondos de Pet Shop Boys, su “Actually” de 1987, para el debate. Nos sirvió a 3 de los 4 como precalentamiento de lo que viviremos el 10 de julio de este año en el Teatro Real.

El programa lo llevamos a cabo el sábado 10 de junio de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Y, por motivos de mantenimiento de RUAH, no hubo redifusiones posteriores, con lo que si no estuvieron en el directo aquí les insertamos el reproductor para su escucha (que no sabemos si funciona muy bien el widget de Ivoox) o mejor el enlace a Ivoox donde está alojado donde podrán escucharlo con total seguridad o incluso descargárselo: http://www.ivoox.com/dmr-8-15-audios-mp3_rf_19454970_1.html?v=1&utm_expid=113438436-41.XwSbWAIXSCCDvn5myOP5Yw.1&utm_referrer=http%3A%2F%2Fwww.ivoox.com%2Fperfil-abacab_aj_7681_1.html
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viernes, 23 de junio de 2017

Parálisis Permanente - El Acto (1982)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Sobre La Movida Madrileña (y la no madrileña) se ha generado tal cantidad de material sonoro, escrito y visual que al final cada vez, yo que nací tarde para degustar aquello, creo saber menos sobre ella. En mayor o menor medida se ha verificado la idea de que cuando aquello estaba a punto de sal, era un asunto sin mucha afluencia, minoritario; cuatro gatos escuchando a Siouxsie y a Iggy Pop (entre otros). Sin embargo cuando encuentro algún tipo de información referente a La Movida, la nómina de pertenecientes no para de agrandarse; cualquier día veremos a Remedios Amaya manejando su barca en un documental sobre la época. No hablemos ya si nos podemos a subdividir y a trazar fronteras con tiralíneas. Servidor, que aunque joven tiene ya algo de mili en la mochila, pasa bastante de discusiones bizantinas sobre “Babosos”, “Hornadas Irritantes”, tirios o troyanos. De ello en “DMR” hemos dado buen ejemplo, dedicando post lo mismo a Nacha Pop que a Derribos Arias. Sin embargo hay algunas clasificaciones, no del todo chorras, que nos pueden ayudar a ordenar este tumulto nuevaolero de los primeros años ochenta. Aquí entrarán en juego Parálisis Permanente.

Hubo una facción de La Movida, notablemente interesante, de tintes oscuros e influida por los tétricos efluvios que emanaban de Bauhaus, The Cure, Killing Joke, Siouxsie & The Banshees… y que fructificó en buenos grupos de distinta jaez. Décima Víctima y Agrimensor K (a la postre La Dama Se Esconde) estaban imbuidos de la desazón existencialista de The Cure o Joy Division; Alphaville daban a su música un toque más elegante. Y otros grupos como Parálisis Permanente tenían un espíritu que añadía a esta onda, rabia punk y algo de imagen glam. No olvidemos el parentesco con Gabinete Caligari y Alaska Y Los Pegamoides. En efecto, el árbol genealógico de Parálisis Permanente se asienta en la raíces de la discordia existente entre la vena pop de Carlos Berlanga y la querencia entre los afines al brumoso estilo del postpunk (afterpunk entonces).

Entre estos últimos por supuesto que se encontraban Eduardo Benavente y Ana Curra, pero también Nacho Canut y Alaska (participantes puntuales en mayor o menor medida de Parálisis Permanente). No obstante la ruptura de Los Pegamoides trajo clarificación y orden a las formaciones, y Ana Curra y Eduardo Benavente finalmente se convirtieron en el núcleo duro de Parálisis Permanente y Nacho y Alaska recabaron en Dinarama. También es necesario correlacionar a Parálisis Permanente con Gabinete Caligari, toda vez que la afinidad musical e influencias comunes eran altísimas. De hecho lanzaron al mercado en 1981 un EP compartido, cuya portada por cierto ya despierta interés; toda vez que en ella podemos ver a los microcéfalos de la estupenda película “Freaks” (o al menos eso parece). Además en este EP ya estaban dos pequeños clásicos: “Autosuficiencia” y “Tengo un pasajero”. A posteriori otro EP contendría algunos otros pesos pesados de Parálisis Permanente: “Un día en Texas” y “Quiero ser santa” (muy relacionada con Alaska).

Hablando de Parálisis Permanente en general, y de “El Acto” en particular, cabe decir que la temática y buena parte de las atmósferas son grotescas, necrófilas, siniestras y en algunos casos no exentas de angustia. Ante esto recomiendo (refiriéndome más a los neófitos en el grupo) la moderación o aniquilación de prejuicios, un razonable aperturismo de mente y la siempre vivificante curiosidad. En realidad una parte de esta negrura se filtra a través del humor y en los casos más serios las canciones no están tan lejanas (en el fondo) de nuestras cuitas más oscuras. Por cierto, otro requisito es abandonar cualquier espejismo de puritanismo, pues el grupo no escondió tampoco (ni quisieron) una temática de índole sexual muy afecta al sadomasoquismo (echen un ojo a la portada) y muchas canciones flotan en una atmósfera de tórrido agobio. Sexo chungo que decían Siniestro Total. A todo esto, la estilística sea cual sea el fondo no adolece de diversión; hay un buen componente punk pop muy pegadizo y, a mi juicio bastante asimilable. Los momentos más postpunk, por su parte, se hicieron conociendo bien a los referentes que servían de iluminación.

Tampoco se nos escapa que en Parálisis Permanente hay algo abiertamente frustrante. Sin duda me refiero a la cortedad de la vida del grupo, fatalmente truncado por la muerte en accidente de tráfico de Eduardo Benavente en 1983. Más allá de honrar con nuestras escuchas lo que se grabó, entristece pensar lo que en potencia pudo venir. Sospecho que Eduardo llevaba dentro de sí un potencial de estrella de rock que pudo haber sido perdurable. Hablo, en baso a documentos de la época, pero creo que podrían haber superado la estacionalidad que sufrieron muchos grupos de La Movida. Decía Will Munny (o sea, Clint Eastwood) en “Sin Perdón” que matar a alguien es algo muy duro, no solo le quitas lo que tiene sino todo lo que podría llegar a tener. Está claro que a Eduardo no lo mató nadie, pero pienso en esa frase cuando la muerte trunca los proyectos de los que han fallecido por lo que sea.

Pero no dilapidemos más este artículo en tristezas, recordemos el fulgor de una época a ratos muy brillante y en la que participaron activamente Parálisis Permanente. No soy sospechoso de aplicar en todo momento la máxima de Rimbaud que decía que “hay que ser absolutamente moderno”, pero la modernidad de aquellos años me resulta divertida, chispeante, desprejuiciada. Y Parálisis Permanente, ya digo, contribuyeron a ello. Por cierto la banda para este disco fue: Eduardo Benavente como voz principal y guitarra, Ana Curra en las teclas, Rafa Balmaseda en el bajo y Johnny Canut en la batería.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Adictos de la lujuria”: Una introducción bastante agreste, a base inquietantes vientos y un sombrío efecto de tormentas, da lugar a una potente y mórbida canción. Las guitarras son gruesas y afiladas y todos los arreglos dan una nerviosa sensación de contundente urgencia. Densa y directa a un tiempo. El comienzo de la letra es una rima de las que no se olvidan: “Llevo treinta días sin luz, encerrado en este ataúd”. Si a ello le juntamos referencias a mentes depravadas y a la decadencia corporal, el conjunto ha de rezumar negritud por doquier. Aunque tiene también algo de extravagante sensualidad. Dicho lo cual es una canción bastante pegadiza y un buen directo a la cara del oyente para comenzar el disco.

2. “Vamos a jugar”: Está claro que no nos referimos al tute o cazar pokémons. Juegos sexuales y taimadas (o no tanto) referencias al sadomasoquismo copan la canción. La música en un especie de mezcla entre punk, pop y new wave, con el consabido poso de oscurantismo. Divertida; mantiene el nivel. En realidad ninguna canción sobrepasa los cuatro minutos, lo que nos da un resultado bastante ágil.

3. “Te gustará”: Nos alejamos de los ritmos a machamartillo de las dos primeras canciones para abrazar una canción más sinuosa y reptante, con un bajo y batería más marcado. Esta estilística si bien la hace menos punzante, por otro lado hace que aumente la sensación de opresión. Postpunk puro. Nuevas referencias sexuales en la letra. A veces se me figura como la iniciación de un neófito, por parte de alguien experimentado, en oscuras artes amatorias: “no me preguntes no quiero hablar, no te arrastres, te gustará”.

4. “Héroes”: El problema de esta canción es que es muy difícil evitar las comparaciones con una de las cumbres de la cultura popular del siglo XX. Palabras muy maximalistas las mías, pero con el “Heroes” de Bowie no puedo ser objetivo. Es una de mis canciones favoritas. Hacer una versión de esta canción es como aceptar un reto que necesariamente vas a perder. Dicho esto, la versión es bastante estimable. De hecho es la canción más hermosa del disco y quizá el mayor punto de luminosidad del mismo. Se trata de una bonita y directa new wave. Además Eduardo Benavente destila carisma interpretativa. A mis oídos cualquier versión de la original estará a eones luz, pero ésta es muy meritoria.

5. “Tengo un precio”: Inicio de nerviosa percusión acompasada con las teclas de Ana Curra y buen trabajo del bajo. Más allá del morbo de la letra y sus libidinosas concomitancias, es una canción de ritmo pegadizo y saltarín a ratos (coritos incluidos) y otras partes más marcadas y recitativas. Según se va escuchando más veces se van descubriendo más detalles.

6. “Jugando a las cartas en el cementerio”: Volvemos a la faceta más directa. Canción punk, pegadiza y hasta simpática, sobre todo si se pilla la onda necrófila y de humor macabro que recubre a la canción. El título el bastante explicativo de lo que es la letra. Un breve y gamberro apunte.

7. “El acto”: Nunca pude ver al grupo en directo, pero cuando vi a Ana Curra junto a Digital 21 en el Universimad de 2010 (es lo más que he podido ver, en otras actuaciones de Ana no he podido estar) esta fue una de las mejores interpretaciones. Y es que su sustancia, obsesiva y cortante luce muy bien sobre las tablas. Es un número breve, pero que aun así se las apaña para ser tortuoso. Interesante. Ya supondrán a qué acto se refiere la letra: “Me despierto con la obsesión, poseerte es mi ambición”. Un calentón de mal rollo.
8. “Esto no es”: Volvemos a la faceta más punk pop del grupo. También la más lúdica, si bien la letra incluye envenenamientos con estricnina y experimentos tirando a dementes. En realidad es más sórdido leerlo que escucharlo. Eduardo Benavente se muestra un poco histrión para acompañar lo que supongo son ráfagas de humor negro. Se puede notar en como alarga algunos versos de las estrofas.

9. “Ahora quiero ser tu perro”: Segunda versión del disco; en este caso del “I wanna be your dog” de los Stooges. La original establece prácticamente un canon que será muy imitado a posteriori, usando un riff descendente y una obsesiva nota de piano de fondo. Todo ello da un conseguido ambiente de rock y decadencias que Parálisis Permanente reproducen muy bien. Quizá sea la canción más rock del disco, sin el punk delante (aunque rescoldos hay) No son malos Parálisis haciendo versiones. Ojo a los coros de Ana Curra. La canción de Iggy y compañía debió de ser muy popular en aquellos días en nuestro país, pues Las Vulpes también hicieron su versión bajo el título de “Me gusta ser una zorra”. Canción ésta que causó un soponcio a nuestra ancestral carcunda ultramontana, que confundiendo su legítimo derecho al desagrado con la yesca y el pedernal organizó un buen escabeche que acabó con la cancelación del programa “Caja de Ritmos” de Carlos Tena. No me quiero ni imaginar los embates, tanto desde babor como desde estribor, que recibiría hoy en día la cancioncilla de marras, toda vez que sentirse ofendido se ha convertido en nuestro deporte nacional.

10. “Bacanal”: Instrumental que si bien no es que sea un momento destacado, no adolece de detallismo. Armoniza con cierta soltura pequeños detalles de guitarra acústica, eléctrica y piano. Con semejante nombre, no pueden faltar lujuriosos coros y libidinosos grititos. Gente disfrutando orgiásticamente de… el acto.

11. “Todo el mundo”: Ágil diversión punk, de ritmo acelerado y melodía fácil de seguir. Es uno de los momentos más desenfadados del disco; casi anima a dar palmas. No obstante la letra deja caer la de idea de la extrañación que sufre el que se siente distinto: “todo el mundo me pregunta cosas raras, todo el mundo cuenta cosas extrañas”. Quizá un pequeño divertimento antes de inmiscuirnos en territorios más turbulentos.

12. “Tengo un pasajero”: La música se adensa notablemente a raíz de este tema. Abandonamos la liviandad de, por ejemplo, el tema anterior para escuchar un tema intenso, de una angustia atrapante. Ritmo inmisericorde, guitarras gruesas y un gran desarrollo vocal de Eduardo. Los asincrónicos coros de Ana durante el estribillo dan más sensación de decadencia si cabe. No busquen connotaciones esotéricas o alienígenas en la letra. Se supone que habla de los efectos de las drogas. Uno de los clásicos de Parálisis Permanente, que ya aparecía en su primer EP junto con Gabinete Caligari. Cuando en 2005 La 2 de RTVE decidió reponer varios programas del justificadamente legendario espacio “La edad de oro”, incluyeron el piloto que se grabó antes del triste fallecimiento de Eduardo, donde actuaron Parálisis. Una de las canciones que tocó el grupo fue ésta, y fue clave para que naciese mi interés en Parálisis Permanente.

13. “Esa extraña sonrisa”: Y no abandonamos la oscuridad en lo que será el cierre de disco. Ritmo casi de metrónomo, persistente, cadencia lúgubre y ambiente maldito. Un tema clásicamente postpunk; acaso la canción que más incide en ese aspecto. Trabajo muy interesante de la dupla bajo-batería. El disco acaba tal comenzó, entre ominosos ruidos de tormenta.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
No es ningún desdoro al disco comentar que una de las sensaciones que deja es que en subsiguientes años el grupo podría haber ido a más. De hecho si lo así lo pienso es porque hay numerosos extractos de talento a lo largo de todo “El Acto”. De todos modos no olvidemos que Eduardo Benavente tenía veinte años en el momento de su fallecimiento, edad donde la genialidad ya se revela pero todavía no ha tocado techo. Sea como sea seamos justos, el legado que nos dejaron Parálisis Permanente es carismático, vigoroso, incitante; nos acerca a un género no demasiado explotado en España con una aproximación peculiar, destacada. Y aunque sea una música íntimamente ligada al undreground, creo que hubiera tenido recorrido; el mismo recorrido que tuvieron otros compañero de viaje y generación. 

Legado que de algún modo sigue vivo; Ana Curra (aparte de la mencionada ocasión en el Universimad de 2010) en los últimos años ha puesto sobre las tablas canciones de Parálisis Permanente. Lastimosamente y por hados adversos no he podido asistir a esos eventos… de momento. Pero donde sigue vivo todo los que nos dejaron sigue encerrado en sus canciones; escucharlas es un pequeño ceremonial y un (perverso) disfrute.

Texto: Mariano González.
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jueves, 22 de junio de 2017

Concierto Hombres G. Torrejón de Ardoz (18-06-2017)

Pensaba que fue en 2011, pero no: revisando el historial de publicaciones de este blog, recordé que fue en 2010 la última vez que vi a Hombres G en directo. Se me presentaba la ocasión de verles en mi ciudad Torrejón de Ardoz dentro de su calendario de conciertos de las fiestas populares, y de esta forma cumplía con el expediente de asistir al menos a uno de los conciertos celebrados, cosa que intento cumplir año tras año; no obstante, he de reconocer que de primeras me inclinaba a no asistir por aquello del lunes de madrugar porque se llevaba a cabo el domingo de las fiestas. Me quité la pereza y finalmente me animé, porque sabía que el concierto merecería la pena. A continuación una dinámica imagen de Rafa y David de mitad del concierto que les vamos a narrar.
Aparcamos más o menos bien por la zona, con las complicaciones que conllevan en ese sentido los multitudinarios conciertos torrejoneros y nos tomamos unas patatas al horno en el mismo sitio que hacía 363 días. Entramos al recinto con casi una hora para que arrancaran los Hombres G y gracias a ello conseguimos muy buena situación. Amenazaba tormenta veraniega, con viento y relámpagos lejanos que se veían a lo lejos al sur del municipio, pero por fortuna no hubo tromba de agua; en cambio, tuvimos un cierto viento que nos permitió estar con menos sofoco por la ola de calor que estamos atravesando.
Antes había, como diría Alfredo Morales, una ración de Pulpo, al cual hacía ya unos años que no veía precalentando un concierto (el año pasado en el concierto de Miguel Bosé no estuvo). Y bien que estuvo el buen Pulpo caldeando el ambiente desde las 22:30h. Escogió una buena selección de hits nacionales para animar al personal, cosa que consiguió. Duplicaron en su sesión presencia Mecano o Duncan Dhu junto a La Guardia y en el plano musical solamente le reprocharía un abrupto cambio de canción cuando estaba deleitándome una vez con la línea del bajo que ejecuta Luís Bolín de La Unión en “Lobo hombre en París”. Bien El Pulpo, simpático y divertido, hizo amena la espera y doy fe que a la gente que no le conocía (mis 2 acompañantes de la noche) le gustó mucho su show. Me gustó mucho por mi lado que El Pulpo, antes de pinchar “Eloise” de Tino Casal, dijera lo que dijo sobre el gran Casal, poniendo de manifiesto que él cambió la música en España. Y para rematar puso acto seguido “Rey del glam”, de Alaska Y Dinarama, que está dedicada precisamente al gran Tino; ya saben de nuestra admiración por Casal en “DMR”, con lo que Carlos Moreno, El Pulpo, se ganó mi beneplácito con este gesto.
A eso de las 23:15h arrancaban los Hombres G. El cuarteto clásico con Dani Mezquita, Rafa Gutiérrez, Javier Molina y David Summers, junto a 2 músicos de acompañamiento en teclados uno, Jason Paradise, y el otro, Juan Muro “El Piscinas”, en saxo y acústica. Empezaron como un trueno, con un conjunto de temas arrollador, comenzando con “Voy a pasármelo bien”, siguiendo con “No te escaparás”, aquel glorioso retorno a la actividad de 2003 y también metiendo en ese combo “El ataque de las chicas cocodrilo”, una de mis predilectas y que ya fui tachando de mi lista de “debes” para la noche; anticipo en ese sentido que no habrá queja al respecto, ya que cayeron todas mis favoritas que quería, y alguna no era fácil del todo. En esos primeros pasos estuvo “Chico, tienes que cuidarte”, que también suele agradarme bastante y me supuso una cierta sorpresa. Gran cuarteto de arranque, ¿no creen?
No tardó en desfilar, en el sector baladístico del repertorio de los madrileños “Si no te tengo a ti”, quizás la que más aprecie del terreno más amoroso del grupo, que por otro lado es el que menos me llama la atención de su discografía, ya que soy más admirador del lado macarra, descarado, rítmico y socarrón de los Summers y cia.; cosa que por cierto creo que ya comenté en la crónica del concierto de Alcalá de Henares de 2010. El set list sentimental se completó con otras imprescindibles como “Te quiero”.
Hubo una fase de meseta en el 2º tercio de show, donde brillaron ejemplos como “¿Qué soy yo para ti?” o “Lo noto”, que son medios tiempos de madurez que el grupo ha sabido labrar con mucho temple en su 2º etapa discográfica, mejor en mi humilde opinión y gusto que los ejemplos más cariñosos de su 1er. periodo, y la buenrollera “Me siento bien” del lp “10”. Sin embargo, fue llegar “Nassau”, y de ahí al final fue un no parar de adrenalina, salvo un inciso íntimo que David y el teclista del grupo ofrecieron para iniciar los bises ejecutando los 2 solos sobre las tablas “Temblando”. Verán abajo a Javi en su batería y Juan a la acústica.
“Nassau” era una de las que no tenía todas conmigo que cayera, como lo fue “Estoy pintando tu sonrisa”. Si bien “Nassau” es una pieza que destaca en la 2ª película del grupo “Suéltate El Pelo”, con esas imágenes tan graciosas en piscinas y parques acuáticos caribeños, puede fácilmente caerse del set list ante otros ejemplos. Fue mi momento favorito de la noche, con su estribillo tan descarado y tragicómico, porque la letra en sí narra una gran putada, aunque su melodía le quita el hierro y hace que te la tomes a guasa y de forma desenfadada; todo un contraste de sensaciones. Aquí nuestro vídeo de la gran “Nassau”.

No podía faltar “Visite nuestro bar”, que puedo afirmar que sea mi canción favorita del grupo en general y que disfruté nuevamente mucho. Nuevamente dedicada a los borrachos en general y tocada con ímpetu, donde destacó Juan “El Piscinas”, ese saxofonista de aspecto parecido al periodista rojiblanco Petón y que hizo muy bien su trabajo durante todo el show. A continuación el vídeo que grabé de “Visite nuestro bar”; no esperen que la imagen esté muy quieta, ya que no presto mucha atención a la pantalla, que el concierto hay que verlo con los propios ojos y en directo.

Antes de cortar para los bises vino esa especie de readaptación al terreno de los años de educación secundaria y los primeros besos del argumento de “Alien. El 8º pasajero” a una adolescente de nombre Marta a través de su voraz marcapasos. Se desarrolló con el público cantándola a pulmón abierto y el grupo interpretándola a continuación. Como siempre, uno de los momentos más destacados de la noche, al menos de forma muy clara en la comunión entre grupo y audiencia.
Los bises, además del momento recogido de “Temblando”, contaron con “Venezia”, con el show personal de Javier Molina antes de retornar a su batería, cantando con profundo sentimiento la intro del tema, tras el correspondiente lingotazo que se mete para el cuerpo frente al público; ciertas cosas nunca cambian, ni tienen por qué.
Aquí arriba el carismático Javier Molina en el pasaje narrado de “Venezia”. Nos divertimos con “Venezia” y se acabó con “Sufre mamón”, donde la gente dio la impresión que no habían pasado más de hora y media de actuación y el recinto abarrotado respondió enfervorecido ante el gran clásico de la historia del grupo.
Sin proponérnoslo estuvimos situados en primera fila, si bien eso sí, muy ladeados hacia la derecha del escenario, y ahí tuvimos delante a la gente VIP, incluso estuvimos codo con codo con el alcalde actual Ignacio Vázquez y su hija en este tramo final; no sé por qué me frené a la hora de dirigirme al mismo y solicitarle que podrían arriesgar con algún grupo indie de tirón para futuras fiestas, al margen de felicitarle por cerrar la contratación del presente concierto de Hombres G. Supongo que pensé que no era el momento, y ciertamente, con la música a altos decibelios no lo era; si lee estas líneas alguien de la corporación, a ver si toman nota y meten en agenda a Izal, Love Of Lesbian, Second, Lori Meyers… No estaría nada mal.
Pues Hombres G me agradaron, incluso por algo encima de lo que ya esperaba. Tocaron todo lo que esperaba oír y estuvieron animosos, sobre todo Rafa y David. Dani estuvo más serio en sus guitarras, al igual que Javi, muy aplicado y correcto en su batería, salvo en su momento de lucimiento personal antes de empezar “Venezia”. Encima del párrafo un primer plano de David y aquí debajo uno de Rafa que fue al componente que más cerca tuvimos en esta ocasión de nuestra posición.
Lo único que respecto a otras ocasiones vi, es que David dejó mucho de cantar en pro de la histeria de la gente, cosa que noté algo por encima de lo que se debería; han pasado 7 años casi desde la vez anterior, y no tuve esa sensación de dejar las voces a las masas en los 3 shows previos de los G que he visto.
Era la 1 de la madrugada y el despertador no cambiaría su hora de sonar a las pocas horas. Vimos a mi amigo David Sánchez, en pro de intentar un “meet and greet” con los Hombres G, y salimos con inteligencia y solvencia de Torrejón de Ardoz, evitando los atascos de la avenida de Las Fronteras (aprendimos el año pasado tras el concierto de Miguel Bosé).
Ya lo comentamos en las redes sociales poco después de que acabara el concierto: Hombres G nunca defraudan. Son una garantía de éxito para pasar una buena noche. Son divertidos, saben usar muy bien sus armas en forma de temazos del pop español y aunque ciertos clichés, si ya les has visto varias veces, no paran de repetirse en sus shows, bendita rutina. Supongo que si habrá nuevas ocasiones a mano, no faltaremos a la cita.
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viernes, 16 de junio de 2017

Trust - Joyland (2014)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Con una temporada como la que hemos pasado tan “Austradicta”, no puedo resistirme para este último disco a tratar el sumergirme en uno de esos grupos satélites de la agrupación de Katie Stelmanis. Se trata del (en un principio) dúo Trust formado por Maya Postepski y el cantante Robert Alfons. Ambos se conocen en 2009 y deciden empezar a escribir canciones juntos al año siguiente, dando nacimiento a Trust al mismo tiempo que Austra empezaba a dar sus primeros pasos.

Su primer single, la melancólica “Candy walls” se publica en 2011 y vendría acompañado de un video campestre con Alfons y Postepski como protagonistas. Después vendría ese pildorazo techno que es “Bulbform” hasta la publicación de su álbum de debut “TRST”, ya en 2012, y con Austra empezando a disfrutar de la popularidad de su debut “Feel It Break”.

Hasta aquí lo normal, el típico proyecto paralelo que no tiene demasiada trascendencia. Sin embargo las cosas iban a cambiar a una velocidad vertiginosa. El álbum de debut del dúo empieza a hacerse popular a pesar de las notables diferencias con el grupo de referencia, es decir Austra. La voz grave y a veces tenebrosa de Alfons contrasta enormemente con el chorro de voz e influencias operísticas de Stelmanis. Por otro lado, Trust se lanzan sin complejos hacia una electrónica mucho más dura que recuerda en algunos momentos a Crystal Castles, grupo con el que compartieron cartel en más de una ocasión.

Su álbum de debut dejaría singles tan memorables como “Sulk”, “Dressed for space” o “Heaven”, pero sobre todo daría lugar a una gira mundial y unas obligaciones promocionales que pusieron a Postepski en el dilema de tener que elegir entre Austra y Trust; como todos sabemos, Maya elegiría a su vieja amiga Stelmanis y Robert Alfons decidió seguir con el proyecto en solitario.

Si los segundos álbumes suelen ser en general difíciles después de un primero destacable, más difícil es aun cuando tu compañera de grupo te ha dejado solo a los mandos y este ha sido el caso de “Joyland”, disco que vamos a analizar.

ANÁLISIS DEL DISCO
1. “Slightly floating”: El álbum empieza de forma calmada, con sintetizadores tenues, en un tema semi-instrumental que sirve para relajarnos, ir tomando asiento como introducción a la descarga brutal de electro que nos espera.

2. “Geryon”: De repente una especie de alarma sintetizada nos sorprende y a partir de aquí el ritmo se incrementa de forma más que notable en un tema realmente trance donde Alfons recita más que canta e invoca a “Geryon”, personaje de la mitología griega; una especie de monstruo gigante con tres cuerpos que formo parte de la décima prueba de Hercules. “Geryon” es excesiva, en algunos momentos sofocante, y sin duda contrasta con las canciones del primer disco de Trust y da un enfoque mucho más radical a nivel de música de baile de lo que había hecho anteriormente junto a Maya Postepski. Uno de los puntos fuertes del álbum que enlaza perfectamente con el siguiente.

3. “Capitol”: Uno de los grandes singles del grupo con una potente melodía ayudada por ese piano tan presente y un estribillo donde Alfons estalla y da lo mejor de sí mismo a nivel vocal. La canción está llena de efectos de sintetizador y percusión pero manejados de forma muy sutil, de manera que la melodía es lo que resalta. Alfons parece contarnos la historia de una pareja disfuncional que se aburre demasiado cuando llevan demasiado tiempo juntos, disfrutando más cuando los momentos de unión son más espaciados, ya saben lo poquito agrada y lo mucho… El tema contó con un video bastante apañado en el que la protagonista parece haber abusado claramente de las sustancias psicotrópicas y empieza a hacer cosas raras, realizar viajes astrales y ese tipo de cosas que haces cuando tienes en el cuerpo más droga que sangre. Se insertan también algunas imágenes de Alfons cantando para que por lo menos aparezca.

4. “Joyland”: El tema que da título al álbum es sin duda el más pop y luminoso del mismo, tiene dos aspectos destacables, el primero es que se trata del tema en el que Alfons lleva totalmente al extremo su falsete en un exagerado tono agudo; por otro lado, el puente en mitad de la canción nos lleva poco a poco a una especie de tensión agradable donde los sintetizadores van añadiendo diferentes texturas para desembocar de nuevo en el estribillo. Un tema inteligentemente corto pues en caso contrario terminaría saturando debido a la experimentación vocal con el falsete.

5. Are we arc?: El ritmo del álbum baja con este medio tiempo que podemos considerar que da fin a la primera parte del álbum. Un tema que posee unos sonidos de sintetizador que te hacen soñar con esas películas de ciencia ficción de los años 80, esas naves espaciales y ese futuro que al final nunca ha llegado. La delicada y melancólica atmósfera del tema queda contrarrestada por unos potentes bajos que imprimen una cierta dureza. Elegida como tercer y último single del álbum, contó con un video muy simple que es simplemente un primer plano de la cara de Alfons y un juego de luces que va iluminando diferentes partes hasta que vemos la imagen alejarse.

6. “Icabob”: Súbitamente, comienza la segunda parte del álbum con una serie de canciones que no nos van a dejar ningún descanso, electro puro y duro sin tregua. “Icabob” es de los temas más accesibles del álbum a pesar de contar con una sola estrofa y un estribillo repetitivo que quedan interrumpidos por un puente un tanto áspero e inesperado, un recurso que gusta mucho utilizar a Alfons y que le funciona a la perfección para luego rematar los temas retomando el estribillo.
7. “Four gut”: Una canción bastante oscura que comienza de manera inquietante con Alfons en ese tono tan característico suyo en el que habla o más bien susurra mientras una serie de ruidos y capas electrónicas empiezan a hacer su aparición, siendo éste uno de los temas con más variaciones del álbum. Destacan y mucho esas percusiones retumbantes y ese brillante y a la vez decadente estribillo introducido de manera cortante e inesperada.

8. “Rescue, mister”: Primer adelanto del álbum, se trata de una canción que se presentó con bastante éxito en la última parte de la gira del primer álbum “TRST” con Postepski ya fuera del grupo. El tema destaca por esa dureza en los sintetizadores con esos bajos al límite, escasos toques melódicos un tanto estridentes y un estribillo donde una vez más Alfons experimenta con su falsete y cualquiera diría que es una mujer la que pone la voz. Es una canción sexual, oscura, de sonido sucio que consigue crear una atmosfera de garito nocturno ilegal a altas horas de la madrugada, de esos que tienes que llamar a la puerta. El single contó con un video que podríamos calificar como arte abstracto o como las imágenes que te salían en la pantalla de televisión cuando se te fastidiaba una cinta VHS; en fin, que la persona que realizo esta obra visual iba convenientemente fumada, aunque el video no desentonaría en uno de esos museos de arte contemporáneo donde podemos admirar piezas similares.

9. “Lostsouls / Eelings”: Podemos considerarlo un tema dividido en dos movimientos, el energico “Lost souls”, deudor del house noventero, una de las claras influencias de Alfons, y adornado con diferentes sonidos hipnóticos que forman una especie de bucle que termina por desembocar en “Eelings” una especie de epilogo con el piano y la voz de Alfons como protagonistas. Un pequeñísimo respiro en la pista de baile para contratacar con el último cartucho de energía dance de este “Joyland”.

10. “Peer pressure”: Se trata de una canción antigua que Alfons tenía guardada desde antes de conocer a Postepski y que con muy buen criterio decide rescatar para este álbum. Sintetizadores que machacan nuestros sentidos en un ejercicio de trance-pop que bien podría recordar al clásico de la música disco “I feel love” de Donna Summer. El tema es un auténtico derroche de energía dance, frenética y en momentos descontrolada, una forma original y potente de acabar el álbum, aunque no sea exactamente así.

11. “Barely”: Se puede considerar el epílogo del álbum. Un tema muy emocional en la que podemos disfrutar de la voz de Alfons sin apenas efectos. “Barely” posee dos partes diferenciadas, un comienzo bastante sombrío entre balada y medio tiempo que se va transformando prácticamente sin darnos cuenta en un tema perfectamente bailable creando un final donde los sintetizadores dibujan melodías y sonidos espaciales.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Si “Joyland” ha demostrado algo es por un lado que Robert Alfons puede valerse por sí solo para continuar con su carrera musical. Por otro lado “Joyland” deja a las claras cuáles eran los roles respectivos de Postepski y Alfons en el debut “TRST”: claramente Alfons se encargaba de melodías y letras mientras que Postepski añadía esa parte más experimental y oscura que en realidad es lo que hace en Austra.

“Joyland” no supone un gran giro estilístico con respecto al álbum con Postepski; en todo caso “Joyland” es algo más luminoso. Se añaden nuevas facetas de Alfons, pero sin apartarse demasiado de ese electro pop oscuro y con cierto toque gótico de su debut.

Con “Joyland” Trust, o lo que es lo mismo Robert Alfons, consiguió darse a conocer a más público gracias a una gran gira que pudimos disfrutar en España en dos ocasiones, justo antes de salida del disco y una segunda visita con el álbum ya publicado. Aparte, Alfons ha participado en innumerables festivales e incluso fue telonero del famoso grupo francés Indochine en su histórico concierto en el Stade De France, una gran oportunidad sin duda para darse a conocer a un más amplio sector de público acostumbrado a propuestas más comerciales.

Con todos estos hechos bastante prometedores, la realidad es que el proyecto Trust se encuentra en un estado de un cierto estancamiento. Después de lanzar en 2015 el single “Slug”, un más que destacable pildorazo de electrónica bailable no incluido en “Joyland” y que hacía presagiar otro gran álbum, el proyecto quedó algo parado exceptuando algunos conciertos puntuales. Pareciera como si Alfons no supiera resolver bien hacia donde quiere llevar su proyecto después de dos discos tan notables. Quizás en este caso sea el tercer álbum y no el segundo el verdadero reto de Trust, ¿habrá un giro más pronunciado que con este “Joyland”? Creo que pronto lo sabremos.

Texto: Alfredo Morales.
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domingo, 11 de junio de 2017

Programa Men At Work “Business As Usual” (Temporada 8/ Programa 14)

En su día, cuando emitíamos en &Radio, el programa que hicimos sobre “Two Hearts” de Men At Work fue el que contó con más redifusiones. De eso ya hace 6 temporadas y tuvimos a bien rescatar otro de sus discos, en este caso su debut, para volver a tratar sobre la fugaz trayectoria de esta formación australiana liderada por el cantante escocés Colin Hay.

El programa lo llevamos a cabo el pasado 27 de mayo de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Estuvimos mano a mano Mariano González y Víctor Prats dialogando sobre el contenido del disco, sus videoclips y otras cosas que rodean a Men At Work. Se pudieron escuchar los grandes 2 singles que tiene y otras canciones de menor calado, pero muy válidas.

Hubo redifusiones el miércoles 31 de mayo a las 23.00h y el sábado 3 de junio a las 16.00h en el mismo dial; el miércoles 7 de mayo, por asuntos de mantenimiento y renovación de equipos en RUAH, no hubo. Si se lo perdieron, aquí insertamos el podcast y dejamos enlace a su alojamiento en Ivoox por si se lo prefieren descargar y escuchar cuando y donde prefieran: http://www.ivoox.com/dmr-8-14-audios-mp3_rf_19197512_1.html
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viernes, 9 de junio de 2017

Temporada 8/ Programa 15: Pet Shop Boys y “Actually” (1987)

Sí, es cierto, en el último programa que llevamos a cabo, el cual versó sobre Men At Work y su debut, al final del mismo informamos que el programa final de la temporada iría sobre “Storm Front”, disco de Billy Joel de 1989. El asunto quedará finalmente pendiente para la hipotética 9ª temporada y hemos tenido que virar a Pet Shop Boys y su disco “Actually” por motivos que ya les comentaremos en antena.

La cita final de esta temporada tendrá lugar este sábado 10 de junio de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Estaremos más voces de las habituales en la temporada, que ya saben que salvo algún programa suelto no hemos pasado de 2.

Este programa, además de permitirnos cerrar nuestra 8ª temporada con un disco que nos dará mucho de sí, nos sirve de previa para el concierto que justo un mes después viviremos de Pet Shop Boys en el Teatro Real de Madrid. Hasta octubre no regresaremos con nuevo material radiofónico, si es que regresamos, con lo que no pierdan la ocasión de acompañarnos en el directo de este sábado; no se duerman la siesta siguiendo el ejemplo del bostezante Neil Tennant en la portada del disco que nos ocupará.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/465349380467522
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
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viernes, 2 de junio de 2017

Depeche Mode - Spirit (2017)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Los que estaban esperando un artículo de revisión de disco del gran Alfredo Morales tendrán que aguantarse hasta el viernes 16 de junio. Debido a un problema logístico, hemos tenido que cambiarnos los turnos en esta ocasión. Claramente un ejemplo de flexibilidad en la actividad de “DMR”; permítannos que nos echemos alguna florecilla, ¿no?

Bueno, al lío. Afronto este cambio de puesto en el turno de publicaciones con ambición, ya que hablo de actualidad y de uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos, a la par de una banda referente en la música moderna y clave en la vertiente electrónica. Voy a hablarles de la última entrega de Depeche Mode. El trío de Basildon, que se quedó con Dave Gahan, Martin Gore y Andrew Fletcher desde que en 1995 se fuera el muy querido Alan Wilder, ha facturado hace unos pocos meses su última entrega “Spirit”.

Aprovechando un saldo restante en una tarjeta navideña que nos dan en la empresa a modo de aguinaldo, no dudé en pasarme por los grandes almacenes de la calle Goya hace un par de meses y hacerme con el disco. Le he dado generosas escuchas, incluso una vez me lo escuché 5 veces seguidas en un domingo por la mañana. Creo estar ya en condiciones de hablarles del mismo y emitir mi juicio, que tendrá (¡ojo, talifanes de DM! Que aquí escribe un fan, pero con sentido crítico) sus cosas buenas y sus cosas malas.

Y es que con Depeche hace tiempo que no vivo con entusiasmo un nuevo lanzamiento. Desde la bajona de “Exciter”, el cual esperé con agua de mayo, ningún nuevo disco me ha llegado excesivamente. No obstante, creo que he llegado a entender el rumbo que tiene el trío a día de hoy y desde hace ya unos años.

Depeche Mode no son autocomplacientes. Si quisieran, estoy seguro que tirarían de viejos recursos y nos editarían un disco retro con regusto ochentero o noventero, pero Martin y Dave miran al futuro y a su evolución de gustos que tendrá que ver también con su madurez. “Delta Machine” de 2013 supuso una evolución del grupo al techno-soul. Si 20 años lo que tuvo lugar fue el giro al techno-rock con “Songs Of Faith And Devotion”, con “Delta Machine” la banda apostó por un nuevo giro estilístico que dio lugar a un disco que suena decente y es digno.

Luego está el caso de que te guste o no ese giro o si te emociona o no. Reconozco que “Delta Machine” tiene sus buenos momentos, pero en conjunto no me engancha. Y “Spirit” parte de ahí, con sus distinciones que comentaremos en las reflexiones finales. De momento analicemos sus canciones. 

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Going backwards”: Y la verdad es que no empieza nada mal el disco. “Going backwards” es un buen arranque, como en su día lo fue “In chains”. Una canción con buena fuerza, de fácil recordatorio y arreglos contundentes que nos muestran un halo de esperanza. El desarrollo es largo, pero no se hace pesada, ni mucho menos. Dave bien en las voces y Martin también acertado en los coros. Quizás uno de los mejores capítulos del disco.

2. “Where’s the revolution”: El single que se escogió para anticipo fue “Where’s the revolution”, que particularmente me parece algo peor que la pista de apertura de “Spirit”. Lo interesante es ver cómo DM retoman el compromiso político y social en sus letras, cosa que últimamente no han hecho mucho. El sonido es más farragoso, con una producción menos limpia, pero que si nos ponemos a escucharla con buenos oídos nos puede evocar lejánamente en las partes más calmadas (como el arranque) a un “Clean”. Creo que cumple, pero sin más. Está claro que no va a ser uno de los singles más recordados de DM e incluso está por debajo de ejemplos de discos anteriores como por ejemplo “Wrong” y claramente “Precious”.

3. “The worst crime”: Afrontamos la primera balada. Dave Gahan se hace acreedor de “The worst crime”, que de alguna forma es como las piedrecitas que el grupo ha dejado en el disco para que no nos perdamos desde el punto de partida que fue “Delta Machine”. No está mal del todo. Es un capítulo lento, reflexivo y con Dave en buen ejercicio vocal.

4. “Scum”: Con “Scum” el grupo se marca una frivolidad. Es quizás la pieza más extraña del disco. Tiene potencia y desgarro en su corto y conciso estribillo. Las estrofas tienen unos arreglos saltarines que van en contraste. Una pista nerviosa y curiosa, que llama la atención, para bien o para mal.

5. “You move”: Pasamos a un tema sensual en el que Dave se muestra lujurioso entre unas melodías y sonidos oscuros y con arreglos algo retro (¿algo reminiscentes de un “World in my eyes”?) que pueden dar algo de alegría a los viejos fans. Dave canta al estilo de lo que hizo en “Soothe my soul”, con ese registro rasgado y canalla que a ratos gusta de mostrar.

6. “Cover me”: Quizás la balada que más me gusta del disco de las que se coge Dave es “Cover me”. Es nuevamente una canción de ritmo lento, pero con un tramo final instrumental cuanto menos llamativo. Dave pasa del cierto macarrismo de “You move” a un tono cálido en esta pieza que funciona muy bien a mitad del disco.
7. “Eternal”: Llega el primer capítulo de los 2 que Martin tendrá a las voces. “Eternal” es la canción más atormentada del disco. Con una melodía de depresión y un Martin cantando en consonancia. Algo asfixiante, por fortuna dura menos de 2 minutos y queda como un curioso interludio a mitad de obra.

8. “Poison heart”: Medio tiempo curioso “Poison heart”, que también tiene algo de sufrimiento en su melodía, pero lejano del experimentado en la anterior pista. Vuelve Dave para ir retomando el pulso. Esta canción no deja de ser un paso previo a uno de los temas del disco que viene justo a continuación.

9. “So much love”: Me vino a la mente “Behind the wheel” al escuchar la frenética “So much love”, donde Dave se muestra con muchas ganas, escudado en una estructura instrumental de fuerza y músculo. Claramente uno de las canciones más destacables de “Spirit”, que, al igual que sucedía con “Delta Machine”, sube enteros en su tramo final.

10. “Poorman”: Es gracioso cuando comentando en el grupo de colaboradores de radio de “DMR” el disco, Alfredo Morales decía que “Poorman” estaba realizada a base de pedos electrónicos. Y es que esos arreglos que tienen, aparte de suponerme cierta risa por la apreciación de Alfredo, es lo que lacra a “Poorman”, que con unos arreglitos o sonidos distintos ahí, pero con las mismas notas, haría que fuera una de las mejores canciones. Y estamos ante una canción que tiene un ritmo lento, pero que funciona a base de los coros de Martin, bien conjuntados nuevamente con el enfoque de voz principal de David. Con todo, es quizás una de mis favoritas de “Spirit”; lástima de los “pedos” que dice Alfredo.

11. “No more (this is the last time)”: Y seguimos subiendo décimas a la nota con “No more (this is the last time)”. Afrontan DM uno de los temas con mejor factura en la producción en mucho tiempo. Sonido sintético digital limpio para una canción con un buen estribillo y una estructura que va subiendo poco a poco en intensidad y en la que reconocemos a los Depeche Mode que saben darnos en la diana. Claramente otra de mis predilectas de la obra. Bien Dave nuevamente, en su tono más clásico, y bien los coros. Y por cierto, bien Dave en la composición, siendo sin duda el mejor de los temas que aporta a “Spirit”.

12. “Fail”: Para colmo el disco acaba con un lacito que le pone Martin Gore en las voces, ofreciéndonos quizás su mejor canción en la voz desde “Home”. “Fail” es preciosa, sentida, íntima, larga (pero que no se hace como tal). Incluso, en lo instrumental y en los arreglos, en su último minuto hay unas notas que incluso me evocan a los días de “A Broken Frame”. Quizás la gran joya de “Spirit” nos la encontramos aquí, al final del mismo. Terminar con buen sabor de boca sin duda que ayuda mucho a mejorar la percepción y el cuarteto final está muy bien situado.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Por cierto, del disco de remixes, ya que me compré la edición deluxe, no les voy a comentar. No están mal a ratos, pero tampoco creo que merezca la pena decir mucho más. Pues lo cierto es que “Spirit” no ha tenido mucha repercusión mediática. Más allá de los fans, más o menos talibanes, no ha disfrutado de mucha atención en los medios más masivos y su fuerza se medirá por el éxito de la gira internacional que de momento les trae a un festival en este 2017 por nuestras tierras, pero que supongo que en 2018 les traerá a otras ciudades en individual, como ya sucedió con “Delta Machine”

La portada no me gusta. Esas piernas esquemáticas y banderas son un ejemplo de que el grupo no está en la buena onda de hace tiempo. Y es que desde la flor de “Exciter” no ha habido nada bueno en ese sentido (quizás algo mejor la de “Delta Machine”). Y el libreto se acompaña de fotos del bueno de Anton Corbijn, algo chorras algunas (la foto de las barbas postizas no tiene desperdicio), que evidencian que Anton está un poco perdido.

Más allá de los aspectos de imagen y repercusión, voy con mi particular juicio de “Spirit”. Es un disco que aprueba, como ya lo hizo en su día “Delta Machine”. Ahora bien, creo que saca algo más de nota, pero sin llegar a una nota remarcable. Es una cuestión de gustos. Este giro con matices soul no me agrada especialmente, ya que creo que tiene menos gancho en las composiciones. Si bien, “Spirit” no es tan continuista de “Delta Machine” como parece en primeras escuchas. Es un álbum que busca ofrecer un compendio de todos los Depeche Mode y sus distintas etapas, ya que yo aprecio guiños o arreglos que evocan a capítulos de “Violator”, “Songs Of Faith And Devotion”, “A Broken Frame” y “Delta Machine”. Y ahí es donde está su mejoría.

Creo que no es un gran disco de Depeche Mode. En conjunto no alcanza las cotas de los grandes ítems discográficos del grupo, pero sí que nos ofrece un buen puñado de temas con los que disfrutar. Creo que con 9 canciones hubiera funcionado mejor (imagínense un “Violator” con 4 temas de relleno más que no le sumaran nada). Lo que pasa es que ahora está de moda los discos de 12 canciones o más.

En definitiva, “Spirit” no me ha emocionado, pero no me ha disgustado. Me ha permitido reconocer en algunos pasajes a los Depeche Mode que me gustan y demuestra evolución. El grupo es inquieto y eso hay que reconocérselo, guste más o menos lo que entreguen con su puntualidad británica de 4 años entre obra y obra. Veremos cuál será el siguiente paso.
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lunes, 29 de mayo de 2017

Programa Miqui Puig & ACP “Escuela De Capataces” (Temporada 8/ Programa 13)

Terminamos por esta 8ª temporada con el capítulo de programas-entrevista de la mejor manera posible, con nuestro buen amigo Miqui Puig. Compartimos con él unos 40 minutos de conversación telefónica antes de que nos metiéramos en el aire el pasado 29 de abril para hablar de “The Bends” de Radiohead.

Durante esos minutos, Mariano González y servidor (en foto selfie cuando acabábamos de llevar la grabación y antes de ponernos con el montaje) pudimos realizar a Puig varias preguntas sobre el regreso a la actividad discográfica en compañía de su ACP, concretado en el más que bueno “Escuela De Capataces”. Miqui, nuevamente muy amable, y combatiendo el cansancio de la noche previa de sesión de DJ, nos contó cosas muy interesantes sobre su nuevo disco y su presente.

El programa se estrenó en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) el pasado 13 de mayo de 2017, sábado, a las 16.00h y contó con todas las redifusiones posteriores a las 23.00h los miércoles 17 y 24 de mayo y el sábado 20 de mayo a las 16.00h en el mismo dial.

Por si no lo escucharon, aquí les insertamos el reproductor y les dejamos el enlace a Ivoox donde está alojado el audio por si se lo desean descargar. Terminamos agradeciendo a Pilar González de G-News sus gestiones para poder llevar a cabo esta entrevista y al propio Miqui su siempre buena disposición con respecto a “DMR”: http://www.ivoox.com/dmr-8-13-audios-mp3_rf_18956926_1.html?var=web376&utm_expid=113438436-40.gUPDUg6WTJSAl0nGhGrIGA.1&utm_referrer=http%3A%2F%2Fwww.ivoox.com%2Fabacab_aj_7681_1.html
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viernes, 26 de mayo de 2017

Temporada 8/ Programa 14: Men At Work y “Business As Usual” (1981)

Men At Work, esa variopinta formación australiana, encabezada por el cantante escocés Colin Hay, presentó su carta de debut allá a comienzos de los 80. Y dieron en el clavo. Con 2 grandes singles de la mano como “Who can it be now?” y “Down under” fueron nº 1 y se hicieron un hueco en aquellos días de nueva ola, con un halo de frescor y diversión en su propuesta.

El disco “Business As Usual” no se queda en sus singles de relumbrón. Es un trabajo variado y por lo general divertido que entra muy bien. Por ello, creo que es muy adecuado para ser protagonista del penúltimo programa de la temporada.

No falten a la cita este sábado 27 de mayo de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Mariano González y Víctor Prats esperamos contar con su compañía.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/315029168917643
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
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viernes, 19 de mayo de 2017

Travis - The Man Who (1999)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
La mayor parte de los discos, reconozcámoslo, no son giros copernicanos, revoluciones o heroicos cambios de la historia musical. La mayoría, incluyendo algunos de los mejores, son pequeños toques de estilo, viñetas sencillas y leves páginas en el devenir musical. ¿Y qué? No todo han de ser grandes gestas o grandilocuencia para hacer grandes melodías, y no hay que ser revolucionario para hacer discos estupendos o incluso llegar a tener influencia. Algo así pasa con los escoceses Travis, y su “The Man Who” es buen botón de muestra de lo que pretendo decir. Su edición en 1999 trajo consigo una estilística tranquila, de pop melódico y melancólico hecho a base sencillez y buenos fundamentos. A posteriori editarían sus debuts grupos como Coldplay o Keane, que no sé si tendrían como referentes a Travis, pero sus coordenadas musicales (al menos en sus inicios) no se iban muy lejos. Ahí lo tienen; un disco sencillo puede tener cierta influencia.

Sin embargo, Travis no siempre fueron esos chicos melancólicos y reflexivos; basta con echar la vista hacia atrás. Dos años antes, en 1997, habían editado su debut, “Good Feeling”, con canciones mucho más roqueras y eléctricas. Casi macarras. Sus melodías sabían a pintas de cerveza y juego de dardos en un pub, a irreverencia juvenil; casi un poco al estilo de los Oasis más bravucones. No obstante ya había algún indicio en su balada “More than us” de lo que habría de venir en el futuro. “The Man Who”, por su parte, viene muy bien definido por la portada, contraportada y algunas fotos interiores. Paisajes nevados, solitarios, bucólicos; todo ello como presagio de la melancolía y la introspección de la música. Y eso es exactamente lo que tenemos: buenas canciones en la onda del clásico pop británico, dominadas por una tristeza lejos de la tragedia, pero emocionantes al fin y al cabo. Todo esto también tiene sus fuentes, (más allá del mencionado deje británico) como la parte más íntima de U2 o los Radiohead melancólicos y melódicos de “The Bends” u “Ok Computer”. De hecho el productor de este último disco, Nigel Godrich, es precisamente el productor de “The Man Who”; y no es poca su influencia, dotando de más atmósfera y profundidad al sonido de Travis. Es pertinente recordar, además, que Nigel Godrich en aquellas fechas era un profesional de mucho prestigio, habiendo hecho buenos trabajos (aparte de con Radiohead) con Beck y Air. El sonido, es un sonido muy de “interiores”, ideal para escucharlo en casa tranquilamente atentos a las reflexiones que nos pudieran surgir. No es cosas de temer que el tono sea melancólico, las canciones acaban teniendo el suficiente gancho melódico como para resultar atrayentes y memorizables.

A pesar de lo dicho, cuando escucho a Travis, acaban bullendo en mi cabeza recuerdos y evocaciones agradables. Supongo que se debe a que la época aurea de Travis (que yo considero que llega hasta 2003) coincide con el fin de mis años de instituto y con gran parte de mis años de carrera. Tiempos divertidos, efervescentes y expansivos que, vía Travis, acuden prestos en forma de cálida nostalgia. Otra cosa particular es su directo. Olvídense de ver a unos chicos frágiles y taciturnos, ofreciendo una imagen de prefectos yernos. Aún recuerdo su concierto de La Rivera a principios de Octubre de 2007 y su espectacular entrada a través del público, ataviados de boxeadores mientras sonaba la música de “Rocky”; una vez en el escenario el grupo enardecido comenzó a proferir gritos y a dar saltos y zapatetas. No fue poca cosa tampoco verles hacer delirantes versiones de Britney Spears o AC/DC (¡¡!!). Simpáticos muchachos.

La formación de Travis en este disco es la de toda la vida. O sea, Fran Healy como cantante, guitarrista y principal compositor, Andy Dunlop como guitarrista principal, Dougie Payne como bajista y Neil Primrose como batería. En fin, sin más dilaciones pasemos a analizar la obra.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Writing to reach you”: Los primeros acordes ya nos avisan de lo que será el tono del disco, a base de acordes lentos y melódicos acompañados de una apesadumbrada voz de Fran Healy. Todos los arreglos están dispuestos para provocar una sensación de desazón emotiva; no obstante en algunas partes de la canción podemos escuchar varios de los arreglos de guitarra más vehementes del álbum. La corporeidad de la canción casa bastante bien con el mensaje de la letra, que evoca una perdurable sensación de amargura (“todos los días me levanto y es domingo”) y una pasada relación que hace que el bueno de Fran no se sienta “demasiado bien”. Triste pero muy interesante canción para empezar el disco. Fue el primer single del LP y tiene un curioso video donde Fran es atacado primeramente por unos niños y luego incluso por una avioneta. Los otros componentes de la banda apenas aparecen unos segundos.

2. “The fear”: La mano del productor se nota en esta canción, ofreciendo un sentido mucho más atmosférico que en el tema anterior. Todo es sutileza y contención, abandonando el tono un poco más a flor de piel de “Writing to reach you”. La salida del tema acaba siendo de lo más evanescente, apagándose la música como una pequeña ráfaga de viento. El miedo al que se refiere el título diría que es el miedo a la soledad: “todo lo que quería era una oportunidad para decir que me gustaría verte por la mañana”. Pura delicadeza sin empacho de azúcar.

3. “As you are”: La canción comienza frágilmente, con unos arreglos vocales y musicales de lo más leves, rozando el minimalismo. No tardará mucho en irse de llenando de garra y músculo, llegando a mitad de canción un inesperado y potente sector guitarrero cortesía de Andy Dunlop (diría que es su mayor momento de lucimiento en todo el disco). Recupera la esencia expresiva después de la contención de “The Fear”. La canción habla de una de las ideas centrales del disco, la de la persistente mala sombra que parece planear sobre uno pertinazmente: “Todos los días me levanto solo, no soy como los otros chicos y desde que era joven no he tenido elección”.

4. “Driftwood”: Una parsimoniosa y delicada exquisitez. Apenas unos acordes sueltos de guitarra eléctrica con eco, un leve lecho de guitarras acústicas y una melodiosa voz de Fran Healy conforman una bellísima canción. Es un tema que se hace de querer; una canción que sin embargo no renuncia a cierto sabor agridulce. No es convulsa o dolorosa, pero si se intuye pena detrás de ella. Fue segundo single del disco y es justamente un pequeño clásico de la banda. La letra parece un reproche a alguien que se ha abandonado y va pasando por la vida con más pena que gloria; como si fuera una advertencia: “qué pena que te hayas convertido en madera a la deriva”. En el video vemos a una clase de un colegio de chicas a punto de hacerse una foto en el patio, que finalmente no puede llevarse a cabo porque empieza a llover; los únicos que quedan incólumes bajo la lluvia son los profesores, que no son otros que los componentes de Travis.

5. “The last laugh of the laughter”: Quizá el momento más sentimental del disco. Travis abrazan la melancolía ya de lleno y sin tapujos, sin disimular ni fragilidad, ni vulnerabilidad. Un piano aparece llevando buena parte del peso de la canción, mientras Fran Healy canta en tonos altos, llegando a veces al falsete. En las primeras escuchas se me hizo un tanto lacrimógena, como si la canción debiera encubrir más la tristeza. No obstante progresivamente me fue gustando más y hoy la disfruto plenamente. La letra es medio en inglés y medio en francés, pero aquello de “la última risa de la carcajada” sospecho que se refiere al momento en que la alegría se evapora y al final se acaba echando fuertemente de menos.
6. “Turn”: Si, dentro de un disco de tempo lento como es éste, Travis tiene alguna pretensión de hacer un himno, es con esta canción. Mayor presencia de guitarras, Fran Healy cantando con más pasión y una ejecución que bordea la épica, hacen de este tema uno de los más directos. Perfecta para que el público cante a gusto en los directos. Fue el cuarto single y posee un peculiar vídeo donde Fran Healy se propone acometer un curioso reto. La letra es de las más esperanzadoras del disco: “Quiero cantar mi canción en un mundo al que pertenezca, quiero vivir, quiero sobrevivir…”. Otro pequeño clásico.

7. “Why does always rain on me?”: O lo que es lo mismo: la canción que aupó a un nivel mayor de éxito a la banda, lo mismo en Reino Unido que fuera. En puridad es un excelente medio tiempo, fronterizo con la balada, que toma las enseñanzas del brit pop de los 90 para llevarlas a la faceta introspectiva de los escoceses. Fue el tercer single del álbum. El vídeo es un auténtico sindiós donde lo mismo caben secuestros, persecuciones, chapuzones, habitaciones flotantes y Fran Healy con kilt. La canción vuelve a hablarnos de la persistencia de la desazón y la falta de horizontes esperanzadores. “¿Por qué siempre llueve en mí?” “Días soleados ¿dónde fuisteis?”. Por cierto, en el concierto de La Riviera al que hacía referencia en la introducción, Fran Healy contó al público que esta canción fue compuesta en Madrid. Sin embargo en las redes encontré que fue compuesta en Israel. ¿Nos dio Fran Healy un poco de jabón a los madrileños? ¿Es fehaciente lo que pone en Internet? Vaya usted a saber.

8. “Luv”: Volvemos a los paisajes delicados y a las sutilezas melódicas. En cuanto empiezo a escuchar armónica, casi empiezo a evocar a una especie de folk atmosférico, suave y acariciante. Me recuerda un poco a “The last laugh of the laughter”, pero más contenida, más serena. La ordenación de canciones en el disco dispone astutamente los temas más lánguidos con los más pegadizos. En esta canción Fran Healy echa de menos a una tal Luv, de la que estuvo (y está) enamorado: “Dejarte marchar solo sirve para mostrarme que todavía estoy enamorado de ti”.

9. “She’s so stange”: Dejamos momentáneamente la tristeza para adentrarnos en pop sedoso, onírico, elegante. Es uno de los cortes más particulares; no diré que es una extravagancia, pero tampoco es exactamente la estructura clásica de una canción pop. A su modo quizá es un poco psicodélica, sensación que se refuerza con los primeros y estrafalarios versos: “Ella es muy extraña, ella llevaba un negro mostacho”.

10. “Slide show”: Regreso ese tono ligeramente folk que a veces planea en los momentos más meditabundos del álbum. Tranquila, sin añadir más desazón de lo aconsejable. No es que sea el típico cierre de disco con una canción épica a fondo y con derroche de arreglos de toda índole (que por cierto, a veces no está mal). No obstante unos acordes eléctricos (sin pasarse) aportan un ligero adorno. El título se refiere a lo que sería un “pase de diapositivas”, que figuradamente pasan a través de la mente de Fran Healy a base de recuerdos. Quizá sepa ligeramente a poco para terminar el disco, pero es que…Hay track oculto; tras unos minutos de silencio escuchamos una canción, fuera del track list, llamada consuetudinariamente por todos “Blue flashing light”. Este tema oculto es el más áspero, contundente y oscuro de todo el conjunto; desentona con el resto del disco, pero es curioso ver a Travis en este registro tan desesperado y punzante. No es para menos ya que parece que la letra habla de un caso de maltrato.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Este disco tiene el mérito de ser el reafirmante de una carrera que había sido cimentada auspiciosamente con “Good Feeling”. El empuje que dio “The Man Who” en los círculos británico e internacional es algo que no puede ser ignorado a la hora de analizar su trayectoria. Curiosamente, aunque hoy es un disco con una muy buena reputación, en su momento recibió críticas dispares; por un lado muchos recibieron con albricias y agrado el giro hacia el pop melancólico, mientras que otros renegaban de este giro y preferían el tono roquero de “Good Feeling”. No es una cuestión de tener razón, pero es justo decir que (con matices) el sonido de “The Man Who” ha sido el sustancial durante la mayor parte de la carrera de Travis. También conviene recordar que estamos hablando de unas fechas confusas, donde los grupos punteros del britpop perdían fuelle en las listas y parecía que se imponía una época de transición. Un “post britpop”. Travis, hasta cierto punto, recogieron el guante y empiezan a tener éxito cuando otros declinan.

Anteriormente, en la introducción, decía que consideraba la época dorada de Travis la que iba de su debut a 2003. Y efectivamente así me parece. Por un lado tenemos al muy interesante “The Invisible Band” (2001) donde se siguen las directrices de “The Man Who”, aumentando incluso la delicadeza de las melodías; contiene unas cuantas canciones emblemáticas de Travis como “Sing”, “Flowers in the window” o “Side”. En 2003 llegó “12 Memories” con un sonido más oscuro y contundente, mucho menos naif que los anteriores discos. Es también un interesantísimo trabajo con canciones como “Re-Offender” (ojo a su violento vídeo), “The beautiful occupation” o “Love wil come through”. Y a partir de ahí… Irregularidad. No creo que hayan sacado un disco malo propiamente dicho, pero me da la sensación de que se fueron dejando algo por el camino. Discos como “The Boy With No Name” (2007), “Ode To J. Smith” (2008), “Where You Stand” (2013) o “Everything At Once” (2016) creo que no alcanzan las cotas de años atrás. No obstante han ido dejando buenas canciones como “Closer”, “My eyes”, “Something anything”, “Where you stand”... De todos modos son discos que se escuchan sin desagrado.

Si no han escuchado mucho a Travis, denle una oportunidad a “The Man Who”. Captarán la esencia de Travis y conocerán un disco difícil de mejorar. Por cierto, que está dedicado al genial Stanley Kubrick, fallecido por aquellas fechas. Hasta en los pequeños detalles acierta.

Texto: Mariano González.
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