domingo, 22 de octubre de 2017

Programa The Jam “Sound Affects” (Temporada 9/ Programa 1)

Tuvimos ciertos problemas técnicos el pasado sábado 7 de octubre de 2017 cuando fuimos a inaugurar nuestra 9ª temporada de radio. Debido a asuntos de actualización y mejora de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), ciertos ajustes técnicos no nos permitieron comenzar con el programa hasta las 16:20h. Avisamos con una locución a las 16:00h del retraso que iba a haber.

Una vez todo en marcha, no hubo mayores problemas (salvo un par de cosas en la postproducción del audio emitido). Pudimos debatir entre Mariano González y servidor de ustedes sobre la historia del trío liderado por Paul Weller y completado con Rick Buckler y Bruce Foxton y en particular del 4º disco de estudio que The Jam sacaron en 1980.

“Sound Affects” nos dio para muchas reflexiones sobre la banda en general y como anécdota personal nuestra, tuvo lugar la única circunstancia hasta la fecha en la que no seguimos el orden de las canciones tal y como están ordenadas en el disco; esto fue llevado a cabo con premeditación y alevosía.

Si se perdieron el directo, por quizás desistir de estar on-line sin escucha a eso de las 16:10h, aquí les dejamos insertado el reproductor con el audio y el link a Ivoox donde podrán descargarse el audio si lo desean: http://www.ivoox.com/dmr-9-1-audios-mp3_rf_21602960_1.html
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viernes, 20 de octubre de 2017

Temporada 9/ Programa 2: Of Monsters And Men y “Beneath The Skin” (2015)

Que somos muy fans de los islandeses Of Monsters And Men es algo palpable en “DMR” viéndose que es el único grupo cuyo todos sus discos de estudio han pasado por el blog y van a tener hasta la fecha su programa de radio. Este sábado comentaremos el relevista del notable debut “My Head Is An Animal”.

“Beneath The Skin” es un disco que esperábamos con ganas y que nos ha satisfecho las expectativas que teníamos. Bien es cierto que no ha habido lugar para un trallazo comercial como lo fue en su día “Little talks”, pero el contenido de la obra es de altísima exigencia.

Escogeremos, con dificultad en la toma de la decisión, 4 de sus canciones para intercalar nuestras impresiones sobre este disco y esperemos que nos acompañen una vez más este sábado 21 de octubre de 2017 a las 16.00h en el directo que podrán escuchar en la sintonía de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH).

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/274291729747731
Emisión on-line RUAH: http://www.online.ruah.es/
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viernes, 13 de octubre de 2017

Iván Ferreiro - Casa (2016)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Iván Ferreiro es un músico que no sabe no ser personal, no puede evitar subirse a una camilla y diseccionarse, mostrar su particular estado de las cosas. Eso sucede con “Casa”, que es como la fotografía de un instante compactada en melodías. Sucede además que ese momento tendría que ser amargo, pero aparece amortiguado de tal modo que lo que debiera de ser una travesía por el desierto, se convierte en una mala fiebre que había que pasar; y cuando pasa vemos que no estamos tan mal. Discos sobre rupturas hubo, hay y habrá muchos, algunos ya pequeños clásicos (en español) como “Una Semana En El Motor De Un Autobús” de Los Planetas y “1999 (O Cómo…)” de Love Of Lesbian, pero lo distintivo de “Casa” es que la digestión es mucho más pacífica; no sé si hablar de un disco positivo o de un disco “no tan negativo”. Tampoco es un disco conceptual, conste. ¿Qué es lo que queda cuando una viga maestra se cae, si quieres que la casa no se venga abajo? Reemplazarla por otra. Muchas partes de este disco son una oda a esa otra viga maestra y que cristaliza, a modo de ejemplo, en el consuelo de los amigos y en pequeñas cotidianidades. Tampoco es que “Casa” sea la alegría de la huerta, hay un buen catálogo de estados de ánimo, pero predomina la serenidad y la reflexión.

Iván Ferreiro ha ido montando una carrera en solitario ya de cierta extensión y de una notable regularidad; en su discografía hay momentos interesantes en todas sus referencias y no ha habido ninguna debacle artística. Además hay ciertos recursos, ciertos códigos, que viene usando prácticamente desde la época de Los Piratas y que hacen que Iván Ferreiro me sea simpático. Uno de los evidentes, claro está, es el uso de referencias en las letras de la ciencia ficción, películas y cómics y otros elementos de la cultura popular que, usados inteligentemente, son perfectos para hablar de cosas esenciales; ya en Los Piratas había referencia, p.ej, a “Blade Runner” y en solitario hay guiños a Asimov, Philip K Dick (de nuevo) o a películas de culto como “La Jetée”, etc. Usar solamente eso como argumentación sería algo romo, la música es la que debe encabezar todos los parabienes. Además es una carrera meritoria, forjada desde unos inicios que fueron más auspiciosos de lo que hubiera cabido esperar, toda vez que tras la separación de Los Piratas las circunstancias llevaron imperativamente a partir de cero; no olvidemos que “Canciones Para El Tiempo Y La Distancia” (2005) y “Las Siete Y Media” (2006) tuvieron una aceptación bastante buena, manteniendo la carrera posterior un buen nivel. Sin embargo, Iván Ferreiro siempre ha estado en una zona fronteriza y fértil, que lo mismo puede ser frecuentada por aficionados del indie (sea lo que sea que signifique eso ahora) o por oyentes de música más comercial, cosa que ya pasaba un poco por Los Piratas. Esta, digamos, “ambigüedad” me parece una cosa particularmente beneficiosa en tiempos en los que a menudo se exige adhesión inquebrantable a unos principios inamovibles, como ése según cual si vendes a partir de cierta cantidad de discos, si apareces en ciertos medios o colaboras con no sé quién pierdes credenciales de honestidad.

Volviendo a “Casa”, creo que hay ciertos elementos que contradicen la impresión que tenía de Iván Ferreiro. Probablemente sea una visión sesgada, supongo que hay tantas visiones como seguidores, pero se me hacía que era un artista con un gran poso de amargura y con algunos momentos puntuales incluso de misantropía (me refiero sobre todo a letras como “Ciudadano A” o “Farenheit 451”) y sin embargo en un momento difícil, como una ruptura, se sobrepone con filosofía y, dentro de los que cabe, con buen ánimo. Bien es cierto que en su anterior disco “Valmiñor-Madrid: Historia Y Cronología Del Mundo” (2013) ya había ánimo de hablar de cosas positivas. Pero este disco lo hace en el momento indicado, poniendo al mal tiempo toda la buena cara que se pueda. Musicalmente, como veremos ya a continuación, es un disco más variado de lo que parece en una primera escucha. La cosa queda como sigue.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Casa, ahora vivo aquí”: Gran parte de la significación, del espíritu del disco, se encuentra de forma medular en este primer tema. Se trata de una canción cálida, ensoñadora, de tonos y ritmos amables; todo un disfrute para quien guste de una buena ración de pop de hermosas trazas. La voz de Iván es alentadora y la música incluso tiene un interesante punto ingenuo. Líricamente es una canción dedicada a las cosas que permanecen y duran, no a disfrutes meramente coyunturales. Sin duda la amistad está presente: “pensé que estaba solo y descubrí que estaban todos los que importan”.

2. “Farsante”: Pronto encontramos un contrapunto melancólico al jovial inicio de disco mediante una balada cuyo ingrediente principal es el piano y la voz de Iván, sin apenas conservantes ni colorantes. La verdad es que este tipo de canciones las borda y la canción produce una sensación de tristeza genuina, pero alejada de cualquier afectación o tragedia. Yo diría que incluso en la letra tiene matices positivos, de aceptación a pesar de todo, de lo que un día se tuvo: “yo era lo primero y estaba equivocado y lo prefiero a ser segundo y acertar”.

3. “Dioses de la distorsión”: Continuamos en terrenos meditabundos, esta vez de mano de una canción sosegadamente melancólica; de todos modos la sencillez resulta, a su nivel, potente y es uno de los temas que van creciendo en sucesivas escuchas. Tiene mucho mérito hacer de unos pocos elementos, apenas voz y algunos acordes de guitarra, una canción tan sólida e inspiradora. Quizá sea de las más añorantes de todo el repertorio de “Casa”.

4. “La otra mitad”: Tras el impasse de las dos anteriores canciones retornamos a terrenos más animados con un medio tiempo de pop rock de los de toda la vida, con un inicio acústico y un refuerzo de intensidad en el estribillo. Se trata de una canción efectiva, de tono vital y letra que parece no apelar tanto a la zozobra sentimental como a otros temas, que bien pudieran ser la complejidad interna de cualquier persona o la forma en que nos acercamos a las convicciones de los demás. Es estribillo es melódico y sencillo, como mandan los cánones.

5. “Laniakea”: La palabreja, más bien esotérica, es hawaina y por lo visto hace referencia al supercúmulo de galaxias al que pertenece La Vía Láctea. No se piensen ustedes que mis conocimientos de astronomía o astrofísica son particularmente elevados, la definición se puede encontrar en Google en décimas de segundo. Iván Ferreiro es un aficionado a temas de esta índole y puede hacer oportuna erudición en sus canciones. Más conocidas son las referencias a personajes de cómic como Estela Plateada (casi se le conoce más hoy día como Silver Surfer) o Galactus. Musicalmente la canción continúa algunas de las traza de la anterior y nos muestra una música animada, con cada vez más elementos de rock y más presencia de guitarras eléctricas. No deja de ser un medio tiempo, pero la vivacidad va en progresión y la letra es consecuente con ello, aunque solo sea porque se puede extraer algo positivo de ella; o al menos la lección de no dejarse definir por eventos que ya han quedado atrás: “Hay que mirar atrás con un espejo y no creamos que el reflejo es nuestra realidad”.

6. “Dies ire”: Y finalmente podemos hablar de rock propiamente dicho, particularmente en las estrofas, donde Iván Ferreiro hace de una de las interpretaciones más vehementes del disco. El estribillo, en contraposición, es suave y calmado. Esto hace que la canción, aunque suene clásica tenga algo de anómalo (a mis oídos, claro), pues normalmente la suavidad corresponde a las estrofas y el subidón al estribillo. Esta canción ya aparecía en el curioso proyecto de “Versos, Canciones Y Trocitos de Carne” (2015) consistente en poner música a la trilogía de novela negra del escritor César Pérez Gellida y además tenía la colaboración de Enrique Bunbury y Santi Balmes.
7. “Los restos del amor”: Quizás el momento sonoramente más hedonista del disco y por eso uno de los más contradictorios, si lo comparamos con la letra. Como si significante y significado fueran dispares. Lo digo por lo de hablar de los restos del amor de una forma más o menos incitante. En todo caso una canción sedosa, incluso sensual, con unos cuantos arreglos agradablemente sofisticados; wah-wah y coros femeninos incluidos. Una de las sorpresas del disco y prueba fehaciente del razonable eclecticismo de “Casa”.

8. “Todas las cosas buenas”: Sin duda una canción de música amable, interpretada pacientemente, serena. Es como unir el espíritu de cantautor a un pop leve y bonito. No es de las canciones que destaquen, pero es sólida, casi artesana. La letra la veo casi como redentora; de repetir en el estribillo varias veces “todas esas cosas buenas no están”, en la última repetición deniega ese fatalismo para afirmar lo contrario: “todas esas cosas buenas sí están”. Entre ellas “amigos y cenas”. Diría que la amistad tiene un hueco reseñable en “Casa”.

9. “El pensamiento circular”: La canción elegida para representar al disco y un single digno de tal nombre. ¿Recuerdan lo que decía Morrissey en “This night has opened my eyes”? Algo así como “no estoy contento, no estoy triste”. Hay algo de eso en esta canción, que parece escrita al final de una convalecencia amorosa, cuando ya ha pasado lo peor y se ha atajado la hemorragia, pero todavía duele la cicatriz. Quizá el single más sutil de Iván Ferreiro, cuenta con una hermosa resignación en el fondo y una paciente elaboración en la forma. Ya tiene mérito que una balada que dura casi seis minutos no se haga pesada. Y sin estribillo. Con un par. Todo está en equilibrio, sin afectación o sentimentalismos.

10. “El viaje a dondenosabidusientan”: La electrónica hace aparece en el inicio del tema en forma de leves bases pero en seguida hace su aparición un medio tiempo pop rock de melodía persistente que permanece durante casi toda la canción salvo en pequeños intervalos donde vuelven a aparecer los sintetizadores. Me parece una de las canciones que trasmiten más amargura disco, no particularmente trágica pero si algo áspera.

11. “Tupolev”: Así de buenas a primeras, previamente a hacer cualquier tipo de análisis, esta canción me hace retroceder algo más de dos décadas, cuando visionaba en VHS “La Caza Del Octubre Rojo”. Incluso hay una cita exacta del personaje de Marko Reimius, interpretado por el tres veces grande Sean Connery: “En el corazón de Tupolev solamente hay sitio para Tupolev”. La letra juega con la imaginería de la guerra fría a base de submarinos, hielo y frío, trasladándolo simbólicamente a terrenos personales de forma nostálgica y amarga. Musicalmente me llama la atención la interpretación vocal y de algunos arreglos, algo más manieristas, con una leve teatralidad, visible sobre todo en algunos coros ya hacia el final de la canción. Me deja con una sensación curiosa esta canción, me resulta simpática por sus referencias cinematográficas (aunque la película ha envejecido regular), pero dudo que esa sea la intención -de haber alguna- de la composición; me parece que debería saberme más a decadencia.

12. “Río alquitrán”: No desentona esta canción como cierre; una balada a base de piano cuerdas y voz, cadencia triste y voz sentida. Consigue acabar el disco con una nota de melancolía contemplativa; casi te hace seguir con la cabeza apoyada en la mano, meditando, cuando acaba. Por cierto, la sola imagen de un río de alquitrán me parece ya de por sí sumamente incómoda. Caigo en la cuenta de que los últimos temas han sido más tristes, más cercanos a caminar por el lado oscuro. Quizá sea conveniente dar una vuelta a la idea que decíamos obre el tono positivo de “Casa”. O al menos relativizar.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Disco interesante habemus. Es como una confrontación entre esperanza y tristeza en la que se firma un esforzado empate y a partir de ahí se van construyendo cosas nuevas. Y supongo que el elemento “casa” no tiene que ver con moradas o edificaciones, sino más bien con los refugios en los que acogernos a sagrado cuando las cosas van mal dadas; sean personas o lugares.

En lo musical tenemos para elegir, no todos son medios tiempos ensimismados, también hay tiempo para el rock (“Dies ire”), para un particular hedonismo (“Los restos del amor”) o para singles atípicos (“El pensamiento circular), pero nada impide ver a “Casa” como un todo; se aleja de la dispersión y de la irregularidad.

Quizá ahí esté la clave, en saber que Iván Ferreiro es un compositor fiable, un trabajador concienzudo cada vez que se mete en el estudio; cosa que prefiero a artistas cuya resplandeciente genialidad es aleatoria y disoluta. Siempre es un placer reencontrarse con una creación suya y disfrutarla; qué les voy a decir yo, lo llevo haciendo desde Los Piratas.

Texto: Mariano González.
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viernes, 6 de octubre de 2017

Temporada 9/ Programa 1: The Jam y “Sound Affects” (1980)

Continuamos al menos una temporada más. Nuestra tarea altruista de difusión de la música y en especial la de recuperar la escucha y análisis de discos al completo, que en muchas ocasiones están un poco en el olvido, seguirá teniendo un hueco en la parrilla de programación de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH).

No tenemos previstas muchas novedades para la temporada que arrancamos, sino que persistiremos en revisar el fondo de catálogo del blog y sobre discos que previamente hayan sido comentados en artículo debatiremos. Por motivos personales, lo que sí se prevé es que la presente temporada estará restringida al ámbito de las entrevistas.

De aquí a navidades habrá hueco para 5 programas bisemanales. Arrancamos este sábado y lo hacemos de la mano de un disco que fue comentado hace casi 9 años en el blog. No habíamos debatido aún sobre The Jam y Mariano González me propuso hacer un programa sobre “Sound Affects”.

Considero que éste, uno de los mejores discos que facturaron el trio Weller-Foxton-Buckler, es muy adecuado para abrir fuego esta temporada. Le pega mucho, creo, la etapa otoñal, sobre todo por alguno de sus episodios. Como siempre, el disco nos permitirá hablar sobre muchos aspectos que rodean en general a The Jam.

Les esperamos mañana sábado 7 de octubre de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares. No nos fallen.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1936890216559966
Emisión on-line RUAH: http://www.online.ruah.es/
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viernes, 29 de septiembre de 2017

Joaquín Sabina - Hotel, Dulce Hotel (1987)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Ya saben que tengo por costumbre meterme en materia en los primeros artículos por mi parte de reinicio de nuestra temporada de actividad con discos que me hayan acompañado este pasado verano, siendo consciente que debo un artículo al gran Javier Krahe, que en paz descanse y buen amigo de nuestro protagonista de hoy, pendiente desde el pasado verano. Hacía ya tiempo que accedía a “Hotel, Dulce Hotel” de Joaquín Sabina, pero por el motivo que sea ha sido este verano cuando le he dado un buen cate, sobre todo en un viaje itinerante de camino a, y por, las Rías Baixas.

Estamos ante un disco bisagra de alguna forma para Joaquín. Dentro de un sonido de producción muy anclado en los matices de aquellos años 80, este trabajo le supuso separarse de Viceversa y afrontar en solitario una primera consolidación de ese incipiente estatus de estrella que comenzaba a desarrollar. Además, este artículo viene unas semanas después de que Sabina triunfara en el Olympia de París, que curiosamente es uno de los pocos lugares que me dejé de visitar en mi coincidente viaje a la capital francesa también en el pasado agosto.

Estamos ante un disco simpático. Simpático por eso de que hay lugar para canciones que mejor tomárselas a broma. No obstante, hay buenos ejemplos del mejor Sabina y todo ello además se apoya en el éxito de “Pacto entre caballeros”; siempre he afirmado que un disco que cuente con un as en su setlist de esta talla es algo que le confiere bastantes puntos. Veamos qué contiene.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Así estoy yo sin ti”: El lp arranca de manera inmejorable al calor de “Así estoy yo sín ti”. Quizás con la canción más bonita de la obra y que de alguna manera podría anticipar lo que Joaquín compondría años más tarde en “Y sin embargo”, refiriéndome a ese símil en lo meramente musical. La letra en esta ocasión discurre a través de símiles precisamente expuestos por Joaquín para describir una situación de ausencia sentimental. Todo ello contado de forma levemente melancólica en el cantar de Joaquín, pero sin llegar a tonos que se indigesten, sino más bien en un tempo pausado que es fabuloso.

2. “Pacto entre caballeros”: Es turno para el ícono de este “Hotel, Dulce Hotel”. “Pacto entre caballeros” es uno de los más claros ejemplos rock de Joaquín Sabina. Se trata de una historia-leyenda, no totalmente confirmada al 100% por el propio Sabina, en la que narra cómo 3 quinquis le van a dar el palo (botín de 10 quinientas y un peluco marca Omega) y al darse cuenta de quién es (de ahí lo que comenté en la introducción del estatus de estrella que iba logrando Joaquín), le perdonan el atraco y se corren una buena juega con él. El final con el mítico “mucha mucha policía” forma parte irremediablemente del imaginario castizo, popular y musical.

3. “Que se llama soledad”: Retornamos de alguna forma a las pautas aportadas en el tema de apertura. No obstante, esta pista a mitad de camino entre un medio tiempo y una balada, no afronta de forma tan derrotista el mensaje de la ausencia. Y es que de alguna forma en esa idea que nos transmite la vida de gira o tour el título del disco, una de las cosas que pueden desprenderse en ciertos momentos tras los conciertos en la habitación pueden ser los que describe Joaquín tanto en esta “Que se llama soledad” como en “Así estoy yo sin ti”.

4. “Besos de Judas”: Giro al pop. Con “Besos de Judas” estamos ante la canción más pop genuinamente del disco, dejando de lado el rock o los medios tiempos y baladas presentados hasta ahora. Buen estribillo, directo, con buen aporte de los teclados y las guitarras del inseparable desde aquí hasta el presente Pancho Varona. Una pista agradable de escuchar y con buen sentido del ritmo. Activo de “Hotel, Dulce Hotel”.

5. “Oiga doctor”: Hablé de la simpatía de este disco en la intro y el primero de esos episodios viene en la hilarante “Oiga doctor”. Joaquín, que se tomó en su día muy a buen un arrechucho que le dio su salud diciendo que le había dado “un marichalazo”, no sé si esbozó esta letra cuando empezó a notar los primeros achaques. Resulta divertida y ligera. Su sonido instrumental por otro lado es muy paradigmático del Sabina de aquellos días.
6. “Amores eternos”: Apostando por los sonidos acústicos y melodías luminosas, “Amores eternos” se presenta como la canción más discreta del disco. Si alguna vez me he puesto a buscar paralelismos claros entre 2 buenos amigos que son Serrat y Sabina, creo que esta pieza es la que mejor podría haber sellado Joan Manuel de las que ha escrito Joaquín.

7. “Mónica”: Loquillo lo podría definir como un rock suave el estilo que Sabina nos ofrece con la canción titulada con nombre de mujer de la obra, “Mónica”. Buen uso de los acordes eléctricos. La letra nos muestra a Sabina en ciertos momentos algo canallas, muy marca de la casa.

8. “Cuernos”: Otro momento simpático de la obra es la especie de vodevil que supone “Cuernos”. Con unos coros agudos o en falsete en el estribillo, Sabina canta con descaro esta oda a la infidelidad para por otro lado compensar estados depresivos; y ciertamente quizás no sea mala solución en esos pasajes vitales echarse una canita al aire, dándose una buena alegría para el cuerpo. Tema menor, pero divertido.

9. “Hotel, dulce hotel”: La canción título, con la que se pone el punto y final a la obra, es quizás de mis favoritas del conjunto. Con cierto y lejano ritmo marcial en el estribillo, tiene un halo reflexivo que queda muy bien al final de disco. Es curioso el cambio melódico entre estrofas y el citado estribillo, el cual por otro lado se queda muy fácilmente en la memoria.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Este trabajo supuso un afianzamiento para Joaquín Sabina. Su imagen a nivel global crecía y quizás marca el inicio de un despegue definitivo que cristalizaría en el masivo “Física Y Química” de 1992. Después del cambio que suponía partir nuevamente en solitario al dejar de lado a Viceversa y el éxito que había tenido lo anteriormente realizado en compañía, parece que Joaquín salió bien reforzado y sin embargo Viceversa se fueron al poco a pique.

Es un disco de fácil escucha. Variado, con distintos Sabinas compositivos que nos ofrece un buen abanico de sus estilos creativos musicales. Hay lugares para medios tiempos, para alguna balada (si bien aquí no nos vamos a encontrar ninguna de las míticas de Sabina en ese territorio), momentos pop y rock en mayor o menor velocidad.

Destaca mucho el papel de “Pacto entre caballeros” dentro del disco, pero es simplemente una aproximación para que se metan de lleno en esta obra, que si bien no es perfecta y ofrece capítulos mejorables, sí que nos muestra un buen ejemplo del Sabina fresco y lúcido que campaba con desparpajo por el mundo cultural de la post-movida madrileña en la 2ª mitad de los 80. Dejen que el botones en formato de dibujo que acompaña a Joaquín, que está fumando, en la portada, les lleve las maletas y siéntense en los cómodos sofás del hall de este dulce hotel para disfrutar de sus capítulos musicales.
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viernes, 22 de septiembre de 2017

Erasure - World Be Gone (2017)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Si mi último artículo de la temporada pasada estuvo motivado por mi asistencia al concierto que el dúo Erasure daría en Londres para presentar su más reciente álbum “World Be Gone”, justo es que en esta rentrée mi primer artículo este dedicado precisamente a dicho álbum.

Poco se puede decir del grupo que no sea bien sabido. Vince Clarke después de hacerse una reputación en el pop electrónico como el mago de los sintetizadores gracias a formar parte de grupos como Depeche Mode y Yazoo. Alcanzó la estabilidad artística al encontrar al cantante Andy Bell con el que formó Erasure, proyecto que lleva funcionando desde 1985 y que tras un primer periodo difícil lograría un gran éxito sobre todo entre los años 87 al 94, su época dorada; álbumes como “The Innocents” (1988) o “Chorus” (1991), auténticas biblias de pop electrónico o clásicos en formato single como “A little respect” o “Always”.

Después de celebrar el año pasado 30 años de carrera, donde han demostrado sin duda ser los auténticos reyes del technopop, el grupo parece decidido a seguir sorprendiéndonos. Prueba de ello es este último álbum “World Be Gone” que pasamos a analizar.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Love you to the sky”: El álbum comienza de manera muy luminosa con el que ha sido el single principal del disco y curiosamente la canción que menos tiene que ver con el espíritu del mismo como veremos. Estamos ante un tema con un toque ciertamente eurovisivo a lo “I could fall in love with you” de su album “Light At The End Of The World” (2007), donde destaca claramente la percusión electrónica, se trata de un tema muy simple y pegadizo realmente efectivo.

2. “Be careful what you wish for”: Es con este segundo tema con el que Erasure van a marcar todo el ritmo del álbum; un tono melancólico, triste por momentos y haciendo hincapié y haciendo critica del mundo en que vivimos. El tema se abre con unas notas salteadas de sintetizador que nos introducen a una atmosfera inquietante y más oscura de lo que el grupo nos tiene acostumbrado. Andy suena realmente emotivo y en el estribillo se muestra incluso hiriente. Sn duda uno de los mejores temas del álbum.

3. “World be gone”: El tema que la da el título al lp y segundo single del mismo es otro exquisito medio tiempo que parece que quiere recoger el espíritu de su álbum homónimo de 1995 por lo que tiene de atmosférico, pero condensado en tres minutos. El resultado es excelente. El grupo consigue enganchar al oyente con un tema muy poco dado a la euforia con esa multitud de efectos que Vince sabe tan bien colocar en las canciones o ese magnífico puente marca de la casa.

4. “A bitter parting”: Aquí pareciera que Vince se está autoplagiando con ese comienzo a lo “Only you”, aunque luego el tema cambia totalmente en una nueva balada o medio tiempo esta vez mucho menos inspirado (solo hay que comparar el insípido puente de este tema con el fabuloso del anterior). Hay que destacar la gran interpretación de Bell, que demuestra que su voz sigue estando en muy buena forma.

5. “Still it’s not over”: El disco vuelve a subir muchos enteros con esta nueva balada que se abre con unos solemnes toques de piano y que nos llevan a una estructura completamente minimalista y oscura donde Bell nos habla de las luchas del pasado, del esfuerzo y del milagro que supone haber llegado a este punto. Sin duda una clara referencia a la lucha por los derechos del colectivo gay, pero que en ningún caso, la lucha está terminada, pues aún existen numerosos lugares del mundo (como la morería por ejemplo) donde no han empezado siquiera. Sin duda, es el gran momento del álbum destacando ese potente coro a lo gospel en el estribillo.
6. “Take me out of myself”: Cuando escuché esta canción en una primera versión acústica que presentaron un año antes, la verdad es que no me dijo demasiado. Es muy curioso como en esta nueva versión totalmente electrónica han conseguido crear una balada (sí, otra mas) con un toque bastante sensual donde Bell pide un poco que le salven de sí mismo. Una muy bella canción que hace bueno eso de que menos es más, pues con unos pocos efectos consiguen un tema realmente emotivo.

7. “Sweet summer loving”: En este tema tenemos un claro contraste entre unos versos más bien sombríos que se resuelven en un estribillo más luminoso pero bastante empalagoso que llega a cansar y por otro lado, aquí Vince tampoco está muy creativo. En definitiva un tema que baja el nivel del álbum por mucho que sea el favorito de Andy Bell.

8. “Oh what a world”: Quizás el tema con más enfoque social del álbum, en el que Bell llega a decir la famosa frase “que paren el mundo que me bajo” en un arranque de frustración y de impotencia ante un mundo que se va degradando cada vez más sin que la gente se percaté de ello. El comienzo del tema es ciertamente frio y hasta robótico con Bell recitando más que cantando y con muy buenos giros inesperados tanto a nivel instrumental como vocal, lo cual hace que estemos ante otro tema a destacar y como se pueden imaginar no es un tema de baile. Ya a estas alturas hemos llegado a la conclusión que la música dance ha sido prácticamente proscrita de este álbum.

9. “Lousy sum of nothing”: Esta canción actúa un poco como prólogo de la anterior, con una temática social muy parecida pero esta vez se opta por ritmos más lentos y un estribillo donde Bell canta pasionalmente frases ya muy manidas tipo “no vas a criticar la injusticia en este mundo” que realmente le hacen bajar puntos a la canción.

10. “Just a little love”: Si el tema anterior era bastante simple, éste que cierra el disco sigue esa misma tónica aunque esta vez de una manera mucho más positiva; si en “Lousy sum of nothing” nos decían que “el mundo había perdido su encanto”, aquí afirma que con solo un poco de amor el mundo vale la pena. Es curioso como los dos únicos temas bailables del disco son el que lo abre y éste que lo cierra, aunque “just a little love” no es que sea un tema con el que se te vayan los pies del suelo como con “Love you to the sky”. Simplemente es un tema simpático, sin pretensiones y con muy poca producción, algo que a algunos les puede parecer un error y a otros un acierto por ese sonido tan desnudo del tema, lo cual le da un curioso toque naif muy especial. Esta canción ha sido elegida como tercer y hasta ahora ultimo single extraído del álbum y para su lanzamiento se ha realizado un remix muy enfocado a la música dance.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Claramente “World Be Gone” no es un álbum como los que forman el grueso de la producción del grupo, sino que pertenece a esos discos que se marcan de vez en cuando y que se salen de su zona de confort. Aquí claramente Erasure han hecho su disco de baladas, ya tienen su disco navideño y su disco acústico y les faltaba hacer uno como este que entraría en la categoría de discos rarunos del grupo como “Loveboat” (2000) o “Erasure” (1995).

En general estamos ante un disco con una serie de baladas y medios tiempos en su mayoría notables, rotos por las dos excepciones comentadas. Quizás decepcione a los fans más atraídos por el aspecto dance del grupo, pero eso no quita que el disco más bailable o menos sea igualmente destacable.

Lo curioso es como un disco tan poco comercial como éste ha conseguido un buen resultado entrando directamente al número 6 en UK, algo que no conseguían desde hace dos décadas. Y a nivel europeo tampoco les ha ido mal: como les comenté, Erasure se han pasado el verano recorriendo estadios por toda Europa como artistas invitados (vamos, que eran los teloneros) de Robbie Williams y qué duda cabe que esto les ha dado una publicidad extra y un montón de pasta que meter en la huchaca.

El futuro del grupo pasa por una gira internacional ya como protagonistas principales a principios de 2018 y quién sabe si algún lanzamiento nuevo para promocionar en la misma. Una gira que se rumorea (una vez más) que podría pasar por España, esperemos que no se quede en un rumor como siempre.

Texto: Alfredo Morales.
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miércoles, 20 de septiembre de 2017

Concierto La Broma Negra. Madrid (16-09-2017)

SINOPSIS (por Víctor Prats).
Esperábamos a 5 componentes de La Broma Negra sobre el escenario, pero por motivos que más tarde nos contaría personalmente Carlos Caballero, se mantuvo el cuarteto últimamente tradicional. Y es que La Broma Negra personalmente me cuesta entenderla a día de hoy con la falta de alguno de los 4 componentes actuales. ¿Qué decir de Carlos Caballero? Su cantante y líder espiritual, con esa voz tan personal y solemne puesta en escena. El gran Álex Gómez, siempre imprescindible en sus guitarras y que en esta ocasión brilló más que nunca su trabajo debido a la producción de la mesa de mezclas (¿pudiera ser la nueva guitarra que usó para esta ocasión, la cual no le había visto hasta la fecha de su profundo fondo de armario instrumental?). David Infantes, básico a la hora de hacer más humano el trabajo melódico electrónico de las composiciones y en su faceta de sesudo trabajador desde el lateral derecho del escenario. Y Laura Pérez, cada vez con más confianza y protagonismo escénico, tanto en la percusión, coros y bailes que acompañan los distintos pasajes que ofrece el grupo cada noche que se sube a unas tablas.
Da igual lo que suene. En ese sentido ya nos lo comentó una vez Carlos Caballero, en una expresión de seguridad, que no de soberbia: “cualquier canción de nuestro repertorio funciona”. Y es verdad. Da igual que el grupo prescindiera de 2 de los hits más notorios de su último disco como son “Franco tenía un polvo” o “Las chicas de El Corte Inglés”. Llenaron hora y 55 minutos a base de composiciones de alta solvencia y distinto sentir. Carlos mantenía la intensidad a alto nivel, cosa demostrada en el tramo final por ejemplo en “Protege tus secretos”. La nueva sala Rock-ola, llena de los feligreses habituales de la formación y nuevos curiosos y curiosas que se van sumando a la parroquia, disfrutaba con cada tema que La Broma Negra nos iba facturando.
Buena actuación, de alguna manera fin de gira de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” y que ha tenido lugar en mitad del proceso de ensamblaje de lo que será la nueva entrega discográfica de la formación, la cual verá la luz en noviembre y por lo visto ha supuesto un esfuerzo intenso a los componentes de La Broma Negra. El poder hablar con los componentes del grupo al final de su show y en especial la larga tertulia musical con Carlos Caballero a última hora (con generoso porcentaje de tiempo concedido a mi idolatrada Kate Bush), sumaron efectos a una satisfactoria noche de sábado. Siempre resulta aprovechable acudir a una ceremonia musical elaborada por La Broma Negra y dejarse llevar por sus ritmos y melodías.

CRÓNICA (por Mariano González).
Cada año, y esperemos que dure muchos más, en “DMR” esperamos con expectación y gran ánimo un puñado de fechas jolgoriosas y divertidas diseminadas por el calendario y que nos tomamos como fiestas de guardar. Nos referimos, claro está, a los conciertos de La Broma Negra, que por repertorio, actitud, puesta en escena y disfrute son eventos inexcusables. La ventaja es que además es un grupo que podríamos llamar “de proximidad” para nosotros, tanto por la empatía que existe entre “DMR” y ellos, como por la cantidad de eventos ofrecidos en Madrid y alrededores. Imagínense qué privilegio supone eso cuando admiras a un grupo. Ni Víctor Prats ni yo podíamos faltar.
En esta ocasión el lugar del concierto era la “renacida” sala Rock Ola, sitio que ya ha sido visitado por nosotros este año con motivo del directo de Aviador Dro el pasado Mayo. La sala me resulta simpática; ya que por edad uno no tuvo la oportunidad de pisar el local primigenio, bueno es que haya un remedo que conserve ciertas esencias. Servidor, siempre sensible al fetichismo nostálgico, se siente a gusto en una sala donde campan por las paredes carteles de pretéritos conciertos (de la época de La Movida) con nombres como Siouxsie and the Banshees, Simple Minds o Radio Futura, p. ej. Y sobre todo me sentí muy a gusto por los sillones situados a ambos laterales del escenario y que hacen más fácil disfrutar del directo a gente con impedimentos físicos como yo. Para redondear un auspicioso previo de concierto, mientras Víctor Prats y yo hablábamos, la música que se iba pinchando era magnífica; qué gusto escuchar de una tacada “Doors unlocked and open” de Death Cab for Cutie, “Fools gold” de The Stone Roses, “1979” de Smashing Pumpking y “A forest” de The Cure”. Y en esas estábamos cuando todo comenzó.
Empezaremos mirando con un gran angular para luego ir diseccionando detalles. El concierto sonó de forma impecable; limpio, nítido, cristalino. Los detalles sonaron diáfanos y no existieron impedimentos sonoros que emborronaran la estupenda actuación de La Broma Negra. La sala ya hemos dicho que resultó a entera satisfacción de todos, incluyendo un público que sin ser particularmente numeroso siempre se mostró metido, partícipe y, con bastante frecuencia, entusiasmado. Era como una congregación unida devótamente para deleitarse en una celebración íntima pero de gran fuerza. Una vez en las tablas pudimos ver la estética del grupo -un aliciente-, siempre original. Carlos Caballero lucía una mezcla de varias cosas, por un lado un sombrero Fedora (creo), chaqueta (luego se despojó de ella) y unos pantalones con balas adheridas al cinturón. Piensen en una especie de Indiana Jones y en un personaje del Far West mezclados. Iba tiznado, además, con el ya característico hollín, como un menesteroso bohemio salido de alguna historia dickensiana. Imagen potente y aguerrida. Alex Gómez, por su parte, salió con una especie de hábitos negros, llamativos pero de sobriedad monástica. David Infantes muy adusto, con chaleco negro y gafas oscuras, mientras que Laura Pérez comenzó el concierto cubierta totalmente con un manto encarnado del que se despojó tras la primera canción, ofreciendo un look entre sensual y de ribetes orientales. Los más proactivos fueron Carlos, sin duda un gran maestro de ceremonias, y Laura Pérez que aparte de su papel de percusionista y voz secundaria, también oficia de bailarina, usando para ello adminículos diversos (tal como vimos anoche): ya sea unas alas refulgentes o una manzana que ofrece tentadoramente desde el escenario.
Siempre creo que elaborar un set list debe entrañar dificultades para La Broma Negra; tienen un notabilísimo repertorio tanto en calidad como en cantidad y siempre se esfuerzan por ofrecer una combinación novedosa y prácticamente imprevisible. Puede que haya canciones habituales pero no hay vacas sagradas, del mismo modo que hay canciones quizá más esporádicas pero en ningún caso olvidadas. El comienzo me sorprendió para bien; el fuego se abrió con “Canción de cuna” que pasa por ser una de mis favoritas de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra”. Magníficamente interpretada y potenciando incluso su atmósfera opresiva y semblanza gótica. A terrenos enérgicos nos llevó la segunda canción, que fue nada más y nada menos que “Heridos”, con un magnífico trabajo de Laura Pérez en la percusión y un ambiente que empezaba a caldearse a base de colmillo y buen hacer.
Como para ofrecer a La Broma Negra en todo su esplendor polifacético sonó a continuación “Balas para matar el tiempo”, buen representante de su lado más pop y personalmente una de mis favoritas. Además ya es un pequeño clásico. Toca volver a su último disco (no ya por mucho tiempo, por cierto) de la mano de “Despierta a la guardia” y fue una lástima que se saltaran la intro que se puede escucharse en el LP; ese cambio de ritmo me encanta, pero la parte movida fue de nuevo interpretada ajustada y potente. “Tos de medianoche” y su épica melancólica fue una buena continuación que a su vez enlazó de perlas con la decadente balada de “El buen amor”, siempre hermosa y doliente. Durante esta canción Laura se colocó sobre la cabeza una especie de cubrecabezas (valga el término) poblando de velas. Algo que ya han usado alguna vez anterior y que infunde un toque curioso a la música.
De momento ya vamos viendo los diversos ambientes que propician un concierto de La Broma Negra: lúgubres, hermosos, melancólicos, contundentes. Y esto no ha hecho más que empezar. “La enfermedad del beso” fue un firme regreso a “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” con unos musculosos riffs de guitarra de Alex, aportando rock al evento. Lo siguiente que vino es un momento que siempre me encanta. Hablo de “Los reyes no morirán en su cama” que con su ritmo marcial inocula sangre jacobina a los asistentes y nos lleva a clamar, sin movernos del sitio, contra el absolutismo de la Francia de finales del XVIII. Potente y catártica como siempre. Para contrapesar continuamos con la más bucólica y reflexiva “El guardabosques”. Y a continuación uno de mis momentos favoritos de la noche, “Los niños de Dickens”. Qué gusto escuchar una letra donde aparte de Dickens se menciona a Cervantes y a, siempre me lo pregunto, ¿Dostoievski? (por lo de “humillado y ofendido”). Todo ello en los tiempos del “Despacito”. Y además se menciona el Madrid de los Austrias. La leche. Pero es que además fue interpretada magistralmente, con viveza y emoción. “Mientras ella cerraba las cortinas” se ha ido convirtiendo en una de mis predilectas de entre sus últimas canciones.
Excelentes ambientes creados por los teclados de David Infantes y hermosas, además de algo tristes, (y veladas) referencias a Walt Disney. Otro clásico que regresó con justicia a ser protagonista fue “Fantasma”, aportando tanto misterio como una enigmática intensidad. No en vano Edgar Allan Poe es el protagonista, y la canción una gozada. “Nuestro amor destruirá el mundo” fue interpretada de manera rigurosamente distinta a como aparece “Déjanos La Luz Encendida”, abandonando totalmente las potentes guitarras de Álex para ofrecer un acompañamiento exclusivo de los teclados de David, que realizó un excelente trabajo. Quedó hermosa y sugerente, aunque alguna vez me gustaría escuchar la versión rockera primaria en vivo. Tiempo después para la oscura amargura de “Domingo de pasión” con una magnífica interpretación vocal de Carlos, formando con la anterior canción una interesante dupla de “Déjanos La Luz Encendida”. El bonito y siniestro cuentecillo de “Los hijos de las brujas” puso, por su parte, un toque de ensoñación y buenas atmósferas; cosa esta última que ha sido tendencia en los últimos temas y que aún lo será en “Me vas a hacer llorar”, que desde una perspectiva personal fue uno de los puntos con más carga emocional de la noche. Por las características propias de la canción y por la ejecución.
Tras este intervalo reflexivo es hora de volver a la carga con algo más de artillería y, en este sentido, “Los cuerpos celestes” cumplió sobradamente su cometido, haciéndonos disfrutar además de las bondades instrumentales y vocales de La Broma Negra; magníficos arreglos de teclado de David, contundente percusión de Laura y buena labor de Álex; la voz de Carlos, por su parte, contribuyendo a la belleza barroca de la canción. No bajó el pistón “Virginia en los infiernos”, manteniendo el nivel de épica. A estas alturas empezábamos a echar de menos alguna canción de “Desilusiones De Grandeza”, pero nuestra tribulación fue resuelta de inmediato por partida doble. Primero con “Los muertos”, uno de los momentos ya casi fijos en los conciertos de La Broma Negra y uno de los más pintorescos. Tuvo toda la sobria magnificencia que suele y en la parte del “speech” en inglés Carlos cambió de rol y se puso a los mandos de la percusión, mientras Laura iniciaba un baile perfectamente sincronizado con la canción, punteo de Álex incluido. En esta canción es frecuente que ocurra alguna interpretación un poco fuera de lo normal; en otras ocasiones por ejemplo Carlos incluso abandona el escenario; sea como sea añade un saludable toque teatral. La representación de “Desilusiones De Grandeza” continuó con “Su decisión mi capitán”, lo que significa disfrutar de un estribillo vibrante, afilado y complementado con una mayor presencia vocal de Laura en los coros (cosa que comentamos al final con los miembros de la banda) que incluso tuvo más peso que la de Carlos a ratos. Las dos canciones del “Desilusiones De Grandeza” han sido, como vemos, acertadísimas, pues creo que se puede decir que son justificadamente dos favoritas de los fans. Como pienso que también puede considerarse así a “Cuidado con lo que matas” y su peculiar ritmo contenido, reptante, que cuando pega lo hace también con la letra. Además sirvió para mantener una importante, y agradecida, cuota de “Joyas De Princesas Muertas” durante el show. El siguiente viraje fue de nuevo hacia “Desilusiones De Grandeza” mediante la interpretación de “Protege tus secretos”, resultando un gran acierto, toda vez que el estribillo con “los ángeles de Dios” es de lo mejor de su LP y quizá del grupo en general; además por sus características es idónea para un concierto.
Ya decíamos que el público fue enormemente receptivo y no escasearon los vítores, aplausos, gritos de admiración y… peticiones. Una de las canciones solicitadas con mayor vehemencia fue “Cenicienta” y, en este caso, la solicitud tuvo recompensa. Y lo agradecimos todos; “Cenicienta” es una de las canciones de La Broma Negra que, al menos a título personal, más sensación hedonista me provoca. Por lo bailable y por su misteriosa insinuación. Acercándonos ya a la recta final pudimos escuchar “El descanso de los bañistas”, uno de los singles más curiosos del grupo y que se está haciendo acreedora a convertirse en una habitual de sus directos; su recio estribillo es de los que invitan a acompañar cantando. Tras esta canción Carlos hizo algo curioso, cogió el papel con el track list, lo estrujó hasta hacer con él una pelota y lo lanzó al público. Y es una lástima, conservo alguno de otros conciertos y no hubiera sido mal botín hacerse con éste también, pero como detalle no deja de ser intrascendente. Lo que importa es que el final del directo fue una excelente elección: “Nieto de maestro de escuela”. Lírica y musicalmente una de las cimas del grupo y una manera primorosa de cerrar una actuación; con el público satisfecho y regocijado.
Es de agradecer que el concierto fuera generoso en duración y poder disfrutar de una buena ración de canciones en modo “non stop” (ya saben que usualmente La Broma Negra no ofrece bises) y sin tramos sobrantes u ornamentales. Todo pura sustancia. Haciendo números fueron 25 canciones y casi dos horas de concierto que se pasaron volando. Todos los temas fueron de “Joyas De Princesas Muertas” en adelante, siendo éste el disco más representado con nueve canciones; le siguieron “Déjanos la Luz Encendida” con siete, “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” con seis y “Desilusiones De Grandeza” con tres. Es decir, salvo por éste último, un repertorio equilibrado en cuanto a la participación de discos (aunque conste que sus tres temas fueron puntos álgidos). Da igual. No hay muchos peros que ponerle al set list, el repertorio de La Broma Negra tiene enjundia como para hacer muchísimas permutaciones; todas ellas interesantes.
Uno de los privilegios de tener una relación estrecha con La Broma Negra es la parte del “post concierto”; tiempo de saludar, departir y felicitar a todos en persona. Como siempre, fueron encantadores con Víctor Prats y conmigo, muy atentos y amables. Nuestra conversación fue particularmente larga con Carlos Caballero y como siempre muy interesante. Hablamos de algunos aspectos de su próximo disco y de inminentes proyectos (permanezcan atentos a sus pantallas que la cosa va a tener chicha). Tampoco vamos a desvelar mucho, pero octubre va a ser un mes intenso de trabajo para ellos. Eso sí, lo que podemos certificar es que hablando de música el tiempo se escapa y el minutero corre que da gusto. Como toda buena tertulia fue divertida, fluida y enriquecedora. Todo ello como remate de una gran noche. Cuando nos dispusimos a abandonar la sala comenzaba la actuación de una banda de versiones que empezó interpretando nada menos que “Groenlandia” de Los Zombies. No es mal sitio el Rock-ola para los amantes de la música vintage, siempre que se tenga un concepto muy amplio de lo que es “vintage”, y que puede incluir a Mecano, Echo And The Bunnymen o Abba. De hecho no había mal ambiente, y a eso de las dos y pico podía verse buen ánimo, disposición, y disfrute intergeneracional, con un rango de edades digamos que… bastante amplio.
La Broma Negra es el caso de un grupo que, afeitado de todas las servidumbres y convenciones de la maquinaria comercial, hacen y deshacen siguiendo el único criterio de su voluntad y de su arbitrio, y por eso mismo movidos únicamente por la pasión del oficio de hacer música. Una banda talentosa, absolutamente libre y totalmente comprometida es una rara avis que debería ser especie protegida. Nosotros lo venimos diciendo desde hace tiempo y confiamos en seguir haciéndolo bastantes veces más. Solamente nos queda dar las gracias a La Broma Negra por confiar en nosotros y por ser buenos amigos nuestros.
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miércoles, 30 de agosto de 2017

DMR cubrirá el concierto en Madrid de La Broma Negra (16-09-2017)

Fue premonitorio que hace ya unos años, en una tarde de tertulia musical que compartimos con Álex Gómez y Carlos Caballero de La Broma Negra, les hiciera una foto a las puertas del local que antiguamente fue la sala Rock-ola. Dentro de la actividad excepcional a nuestro largo parón veraniego, no queremos dejar pasar la ocasión de informarles del concierto que el grupo, convertido en la actualidad en quinteto, dará en el nuevo emplazamiento del renacido Rock-ola.

La cita es el sábado 16 de septiembre y las entradas están disponibles a 10 euros. En este show, además de ofrecer un generoso repertorio, como es habitual en los conciertos del grupo, es muy probable que caiga algún adelanto del nuevo disco que editará la banda en los próximos meses.

No se lo pierdan. Un concierto de La Broma Negra siempre es un evento que merece la pena de ser vivido. Agradecemos personalmente al grupo que nos haya vuelto a considerar adecuados para ejercer de cronistas de sus andanzas.
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jueves, 20 de julio de 2017

Concierto Midge Ure. Madrid (15-07-2017)

La pasada semana fue de aúpa en lo artístico-musical como asistente a actuaciones. Pesos pesados sin duda fueron el ya narrado concierto de Pet Shop Boys en el Teatro Real, y -por fin- ver a Plácido Domingo (que es algo así como el Morrissey de la lírica, por su triste historial de cancelaciones en el Teatro Real, por uno u otro motivo) en una ópera en el mismo lugar que a los Tennant-Lowe, justo en el día en que asistía a mi último evento antes de dejar de ser abonado a las temporadas operísticas tras 5 o 6 años. Pero, sin ningún lugar a dudas, para mí la fecha señalada a fuego en el calendario era la cita que comienzo a narrarles.
Inciso importante: advertir a los no habituales seguidores de “DMR”, que si quieren leer exclusivamente la crónica musical, avancen unos cuantos párrafos, ya que ahora comienzo a narrar la experiencia personal íntegra y el proceso completo desde que me enteré de la actuación de Midge Ure hasta que acabó la noche.
Y es que servidor de ustedes es muy fan de Ultravox y de la carrera de Midge Ure en solitario. Después de mi pódium de preferencias (ya sabrán los allegados: The Cure, The Smiths/Morrissey y Depeche Mode), luego hay un núcleo de bandas a un segundo nivel que adoro (Talk Talk, Spandau Ballet, The Killers, Tears For Fears, Talking Heads/David Byrne, todo lo que rodea a Genesis, y alguna que otra más) dentro del que están Ultravox y el sr. Ure.
Fue Carlos Caballero, buen amigo y cantante de La Broma Negra, quien por Whatsapp me envió un mensaje informándome (de lo contrario, quizás no me hubiera enterado de la actuación). Él dudaba de si asistir, ante lo cual yo le dije que por mi parte no tenía ninguna duda y que corría a sacarme la entrada. Dentro del núcleo de colaboradores de “DMR” se sumaron al plan Mariano González, afrontando con valentía y determinación la superación de sus problemas de sostenimiento en pie, y Óscar Cañas. Lo que daba por hecho que Javier “Crow” Arribas, líder del grupo The Crow Project, gran seguidor de Ultravox y Midge Ure (de hecho tiene la autobiografía de Midge), tendría su entrada; la sorpresa fue hablar con él vía chat de Facebook la misma mañana del concierto y descubrir que no tenía entrada porque se enteró el día anterior y no se había animado por motivos personales y pensar que ya no quedarían tickets. Por fortuna, entró en la web oficial de compras y sacó su entrada sumándose al plan.
Yo llegué a las puertas de sala Arena a eso de las 19:50h, media hora antes de lo que llevaba pensando mucho tiempo, ya que cuando saqué la entrada no había previsto aún artista invitado, pero finalmente sí que lo hubo y la apertura de puertas se fijó definitivamente a las 20:00h. Había ya una cola bastante notable, la cual me sorprendió en parte (recuerdo que en eventos parecidos, como el de Madness en La Riviera de 2009, llegué 5 minutos antes de abrir puertas y no había más que 2 personas). Óscar Cañas llegó antes. A eso de las 19:25h y gracias a él conseguimos un mejor lugar en la sala; por lo visto hubo gente que no se tomó a bien que llegara antes un amigo y que nos guardara sitio en la cola: muchas otras veces me ha pasado al revés y jamás lo he visto como algo raro, la verdad. En fin. Nos colocamos en primera fila en el lateral izquierdo del escenario. Allí Mariano pudo encontrar un lugar donde apoyarse con regularidad para poder vivir bien el show. Se ve que hubo torpes que se colocaron detrás de mí y de otro chico de estatura similar a la mía y hubo algún comentario en plan queja; lo que está claro es que a pesar de que la sala Arena no es muy grande, sí que hay espacio para ponerte en otro lugar que no sea detrás de un tío de 2 metros. Si aún así haces eso y te quejas, es que eres poco hábil, sin más (no se trata del caso de que alguien se te ponga delante, no). Carlos Caballero y Laura Pérez de La Broma Negra llegaron casi al finalizar la actuación del artista invitado y dentro de la sala nos encontramos con Mary, buena amiga que conozco desde que coincidimos en la puerta del Palacio de los Deportes para entrar a la primera de las fechas en Madrid del “Touring The Angel” de Depeche Mode en 2006, perteneciente a un grupo de fieles de la música electrónica entre los cuales está el mítico Richard Saura, que en esta ocasión se perdió este gran show de quien liderara la etapa más masiva de Ultravox en los años 80.
Comenzamos con lo musical. Y empezamos por el artista invitado. A pesar de que nos encontremos a veces sorpresas brutalmente agradables como la que nos supuso Pixx hace pocos meses al ir a ver a Austra, nos sigue dando pereza que haya alguien antes de a quien vayamos a ver. De esto me enteré el mismo sábado cuando estaba hablando con Javi “Crow”. Sin embargo, al comentarlo en el grupo de Whatsapp de colaboradores de “DMR” que tenemos, Mariano González rápidamente nos informó que los invitados eran After The Rain.
Y eso cambió mi percepción. Pasé de la pereza irremediable a las ganas y expectación. Ya saben que After The Rain han pasado por aquí con revisión de uno de sus discos y de una de sus actuaciones en Madrid de los últimos años. No obstante, hasta hoy, dentro del equipo redactor de “DMR”, fue Alfredo Morales quien se encargó de hablar sobre el grupo. Hoy seré yo. Tenía ganas de ver a la banda, ya que “Kings Without A Crown” es un disco que he tenido ciertamente presente desde que lo revisamos por estas tierras y quería ver a After The Rain en acción.
La banda tiene nuevo disco, “The Other Side Of The Crown” (con caras b, remixes y rarezas) y ofrecieron 35 minutos de actuación con temas de su primer disco y de la nueva entrega e incluso haciendo un homenaje a Bowie en forma de versionar dignamente “Heroes”. Estuvimos justo delante de los teclados de su vocalista, José Ícaro. Al otro lado teníamos a Yun L. Díaz en sus teclados y ahora el dúo se ha convertido en trío con la incorporación del bajista y guitarra Óscar Nihilism, que también, curiosamente, ha hecho que La Broma Negra pase de cuarteto a quinteto, siendo común en ambas formaciones; luego bromeé con Carlos Caballero sobre el crecimiento de componentes de La Broma Negra, advirtiéndole que iban a parecer pronto unos Arcade Fire, y me dijo que su intención, no sé si en serio o en broma, es que fueran 7 en el escenario en un futuro. Viendo que iba a ser la última canción, capturamos en vídeo la comentada versión de “Heroes”.

After The Rain estuvieron de nota alta. Arrancaron con fuerza con la efectiva “A pleasure like you”, que sirvió a la perfección para que la sala se pusiera acorde a. Aprovecharon la pantalla de fondo de la sala Arena para completar su show musical con proyecciones muy llamativas y variopintas (destacó una con un Godzilla viral muy bailongo, memorable) que le venían muy bien a las canciones que interpretaron. José Ícaro me demostró en directo ser un cantante notable, que maneja muy bien su registro; solamente tuvo serios problemas en un tema, por fallos del cable del micro que se iba y venía. After The Rain tienen muy claro qué estilo profesan y lo ejecutan bien. Con solvencia. Se demostró que en la sala había muchos seguidores del grupo que vivieron con muchas ganas la actuación. Para los que no conocían el grupo, Ícaro ya se encargó de dirigir al público para que la cosa se encendiera cuando hacía falta. Aquí debajo el grupo desde la posición de Mariano González, que encuadró también las cocorotas de Óscar Cañas y servidor.
Aprovecharon bastante bien sus minutos, con ejemplos potentes de su repertorio que animaron mucho a la sala Arena. Destacó mucho en el tramo final “Invincible (you are the one”. Lo que no vi muy claro es el quizás gustazo personal que se dio el grupo al versionar la citada “Heroes”; cierto es que es single de su último trabajo y les quedó muy bien, pero yo hubiera aprovechado para meter otro de sus grandes ejemplos, como es ese hit en potencia llamado “Future will be fine”, que solamente sonó en el hilo musical antes de que el grupo saliera a escena. Salvo este pequeño matiz, que quizás sea percepción mía, After The Rain cumplieron a la percepción y se anotaron otro hito en su trayectoria como es el de ser artista invitado de Midge Ure, cosa que ya han hecho en el pasado con formaciones tan relevantes como De Vision.
Fue terminar After The Rain y se vivió el cambio de set más rápido en un concierto de este estilo que he vivido en mi vida. Tanto que Midge se plantó en el escenario (bajando desde el piso de arriba) antes de la hora prevista en la entrada que eran las 21:30h. A las 21:22h ya estaba encima del escenario, lo cual me pilló de espaldas y de sorpresa, ya que estaba hablando con Mary en ese momento.
Y ahí estaba el hombre. Quien lideró a un grupo como Ultravox y que en el periodo 2002-2004 estuvo tan presente en mi vida acompañándome en tantos momentos importantes (descubrí su carrera en solitario y su trayectoria con Ultravox en esos días, a raíz de comprarme sendos recopilatorios de Ultravox y suyo en solitario en la primavera y otoño de 2002). No tiene ya su peinado con ligero tupé, ni su bigotito a lo Clark Gable (si bien él lo asemejaba más al de Errol Flynn), y parece a día de hoy más el periodista Antonio Lobato o el mítico corredor de los Sanfermines “Boti” de la cuesta de Santo Domingo, con su afeitado de cabeza absoluto; si bien, a ratos, parecía intuir un ligero bigotito canoso, que luego era más bien parte de mi imaginación (saben eso de que la gente que llevó bigote en una época y se lo afeita y parece que lo siguen teniendo, como el expresidente José María Aznar o el periodista Carlos Herrera, ¿no?); en este sentido de look, yo si fuera Midge, me volvería a dejar el bigotito para sus giras y llevaría un sombrero, lo cual nos acercaría más a su look neorromántico que tanto nos ha encantado años y años viendo los videoclips del periodo 1980-1986.
La entrada del concierto en su día me descuadró al ver que ponía “Playing Ultravox and Visage”. Imaginaba que a lo mejor Midge dejaría de lado su repertorio en solitario, el cual me encanta igualmente, y se centraría en las 2 bandas principales de las que fue componente (sin olvidar a los Thin Lizzy). Sin embargo, el arranque con 3 de sus temas en solitario, me hicieron retrotraerme a la idea inicial que tuve cuando me enteré del concierto, que era un show algo parecido a lo que tengo de él en mi discografía personal. Es decir, temas de Ultravox, algo de Visage, pero con un peso importante de su historia en solitario.
Empezó el show muy emotivo con 2 canciones de ese perfil sentido como son “I see hope (in the morning light)” de su notable “Pure” de 1991 y la profunda “Dear God” del disco predecesor “Answers To Nothing” de 1988. Sin embargo, el primero de los momentos realmente emocionantes me vino justo después, en el tercer lugar del setlist, cuando identifico a la gloriosa “Call of the wild”. Este single, no perteneciente a ningún disco, de 1986, me despertó sensaciones de infarto parecidas a las que tuve en octubre de 2014 cuando Morrissey incluyó “Speedway” en el 2º lugar del repertorio de aquella inolvidable noche en el Palacio de los Deportes. Quizás “Call of the wild” podría ser el pasaje del concierto de Midge Ure que más me emocionó. O no. Es que la cosa, lógicamente no se quedó ahí. Grabé el vídeo de “Call of the wild” con la cámara del móvil; ni sé cómo habrá quedado, ya que entenderán que no prestara mucha atención a la pantalla.

Luego vendría la versión de “Fade to grey” de Visage, donde no hubo mención al malogrado hace un tiempo Steve Strange. Yo, que visité la puerta de lo que era el Blitz no hace mucho, pude imaginarme aquellos días de comienzos de los 80 en el mundillo londinense en ese momento del concierto. Midge hace el tema más guitarrero, como casi todo lo que escoge en sus giras en solitario. Este aspecto yo ya lo sabía y no me disgusta; sin embargo, eso descuadró a Mariano González y a Carlos Caballero, más fans de Ultravox y no tan conocedores del devenir en solitario de Midge como sí lo soy yo. También capté el vídeo de “Fade to grey” y ahí se lo dejo a continuación.

De los discos de Ultravox, “Vienna” fue el más representado. Aparecieron las aceleradas “All stood still” o “Passing strangers”, la sorpresa de “New europeans” y la imposible de quedarse fuera “Vienna”. “Passing strangers” estuvo en la parte inicial del concierto y fue acogida con mucho júbilo. “Vienna” ni que digamos en ese sentido. Vi a Midge bastante bien en el apartado vocal en todo el concierto y “Vienna” era la prueba de fuego con esos sostenidos del título; si bien el último lo dejó al karaoke de la emocionadísima sala Arena, en el resto estuvo muy solvente y mucho mejor que lo estaba hace unos años, lo cual me agradó mucho. Recuerdo que cuando arrancaban los sintetizadores iniciales de “Vienna”, estábamos Javi y yo debatiendo si era “Visions in blue” o “Vienna” la que iba a sonar. Los vídeos de mi cámara del móvil están muy saturados en sonido, pero con todo, les dejo aquí el que tomé de “Vienna”.

Hablemos de más canciones de la trayectoria independiente de Midge Ure que sonaron. No faltó “Breathe” (de la que grabé solamente un fragmento que les dejo debajo de este párrafo), que tuvo mucho éxito en su día en nuestro país con aquel anuncio de relojes, y que a día de hoy sigue siendo carne de radiofórmula. Antes del momentazo que fue “Vienna” Midge nos regaló la sentida interpretación de su nº 1 “If I was”. La versión de “No regrets” tampoco tardó mucho rato en aparecer. De las de Midge en solitario eché mucho de menos “Answers to nothing” o “Cold cold heart”. Se ve que en otros momentos del presente tour incluía “The gift”, que hubiera sido un puntazo solemne de vivir.

El disco peor parado de Ultravox fue “Rage In Eden”. Curiosamente fue el único que escuché durante el día al completo en mi casa a modo de preparación. Y parece que fue suficiente, ya que no apareció ni un solo tema del mismo (bueno, de “U-Vox” tampoco, y era posible un “All fall down” y nos hubiera supuesto un vuelco escuchar “All in one day”). Esperaba por lógica “The voice” y con menores esperanzas, pero no con menos ganas “The thin wall”. Pero nada de nada. Se ve que en otros sectores del tour seleccionó además de “The voice” la fantasmagórica canción título o “I remember (death in the afternoon)”, que no hubieran estado nada nada mal de escuchar. De la siempre emocionante “If I was” grabé también un cachito.

“Quartet” tampoco salió muy bien parado. La gran ausente para mí fue “Reap the wild wind”; y es que curiosamente, en las redes sociales mencionamos nuestra asistencia al evento colgando un video en directo de este tema y el propio Midge nos retwitteó. La única que apareció, fija en las quinielas, fue “Hymn” en los bises. Muchos echamos en falta la fabulosa “We came to dance” (o métanle el “only” como jocosamente consta en el dvd “The Collection” de Ultravox), pero si ni Ultravox en sus giras de 2010 a 2013 la recuperaron, ¿qué íbamos a esperar en ese particular?
Bueno, no más reproches; la hora y media de concierto fue fenomenal y no hay que sacarle más pegas. Si hablamos de sorpresas gordas, para mí (que ya saben que voy a los conciertos sin mirar lo que vienen tocando los artistas) lo fue suprema “Love’s a great adventure”, la cual además se situó antes de los bises para acabar el sector troncal del concierto; si bien tampoco es uno de mis temas favoritos de Ultravox y hubiera preferido cualquier otra. “Flow” de “Brilliant”, último lp de Ultravox tras su reunión después de muchos años, también no era esperada por mi parte y cumplió con solvencia reivindicando la última obra del cuarteto clásico.

Lo que sí me esperaba eran 2 de los trallazos de “Lament” de 1984. Primero llegaría “One small day” (cuyo vídeo está situado aquí arriba y del que se quedó a medias no porque quisiera grabar un fragmento -ya que es de mis favoritas de Ultravox de siempre-, sino porque la batería no quiso dar para más) para abrir el tramo final del show. Y vino cargada de energía. Midge le dio fuerte a la guitarra, como merece el tema, y supuso quizás mí otro gran momento de la actuación. Siempre me obsesionó este tema, con ese gélido videoclip en una especie de crómlech en las altas tierras de Escocia. Una pista épica, gloriosa y que Midge y su banda ejecutaron a la perfección. Y el otro capítulo de “Lament” vino de la mano de la acongojante “Dancing with tears in my eyes”, la cual puso el broche de oro final al concierto, dejando al público con ganas de mucho más; de hecho, cuando vemos que se encienden las luces mientras que Midge y sus 3 músicos suben las escaleras hacia los camerinos, me quedé algo sorprendido. Se había cumplido hora y media de actuación que de tan buena que fue, nos dio la sensación de que había pasado mucho menos tiempo. De “Dancing with tears in my eyes” nada más consideré captar un fragmento del tramo final.

El juego de luces de la sala no es que sea muy para alardes, pero recreó bien los tonos y las atmósferas justas para cada tema. Del telón-pantalla de fondo Midge no hizo más uso del mismo que para poner su nombre impreso en grande. Aquí debajo una fabulosa instantánea de Midge que consiguió sacar Mariano González desde su posición.
Óscar, Mariano y sobre todo Carlos, echaron de menos más atmósferas a base de teclados; a título de curiosidad, destacar al teclista de Midge, que funcionó bien y actuó descalzo desde su posición. Yo les aclaré que Midge Ure en solitario funciona en directo así: mucho más guitarrero y rockero. Yo terminé encantando y más aún cuando conseguí uno de los setlist del escenario que amablemente me entregó uno de los roaddies. Como yo hago otras veces, varias personas me pidieron una foto del mismo y en esos compases, antes de salir de la sala, seguimos compartiendo impresiones y también pude saludar a José Ícaro de After The Rain, el cual me confirmó la pista que tenía de cara a intentar conocer personalmente a Midge.
Y esa pista no era otra que ir a la puerta trasera de la sala, cosa que ya hicimos en 2011 cuando vimos a OMD. Llegamos allí los que quedábamos (Carlos y Laura de La Broma Negra y Javi de The Crow Project se marcharon) y Midge no tardó más de 4 minutos en salir por la puerta trasera de la Arena desde que nos situamos por allí. Estaríamos unas 20 personas y en 5 minutos Midge nos atendió a todos, firmando discos, haciéndose fotos, con amabilidad y paciencia. Me llegó el turno, me firmó el setlist y accedió a hacerse una foto conmigo. Le di las gracias por venir a Madrid y le dije que esperaba verle pronto por Madrid; Midge me bromeó al respecto diciendo que con mi altura le vería desde cualquier sitio. Y es que la diferencia de estatura entre servidor de ustedes y Midge es notable. Ya sabía que Midge es grande en lo musical, pero más bien retaco en lo físico; Midge es bromista en general, lo vimos de primera mano cuando afirmó que si tardaba en volver por Madrid lo mismo que en esta vez ya estaría muerto, y recuerdo cuando antes de interpretar “Breathe” en el concierto recogido en el dvd “Re-wind” decía que había sido un éxito mundial, menos en su país. La foto me la sacó Óscar Cañas y yo le saqué a él la suya, mientras que obtenía su entrada “print at home” firmada.
Emocionados nos marchamos a cenar a un sitio de comida mexicana cercano a la sala, donde más bien hicimos uso del refill de refresco (había sed, que el día fue caluroso de aúpa a pesar del viento huracanado que se levantó tras conocer en persona a Midge en los alrededores de la plaza de España). Hubo larga tertulia en persona y con el resto de colaboradores de “DMR” vía Whatsapp, y tras un generoso rato nos marchamos a casa.
Grandísima experiencia. Muy parecida en todo a la que vivimos en 2011 en la misma sala con Orchestral Manoeuvres In The Dark. La sala Arena nos trae suerte en este sentido como apuntó Óscar al final de la noche. Midge Ure ofreció un gran concierto del que salí encantadísimo y que a buen seguro quedará como uno de los más destacados en mi vida por todo lo que Ultravox y Midge Ure me han supuesto como aficionado musical; creo que es el concierto en el que más veces en mi vida me vi con la boca abierta embobado viendo lo que tenía enfrente.
Solamente me queda cruzar dedos y desear que Ultravox hagan alguna gira más a nivel europeo y que esta vez no se olviden de Madrid. Si bien, la cosa está difícil. Supongo que si Midge da con esta crónica, le da al traductor para entender lo que está escrito, y sumado a lo contento que se fue de la respuesta del público en este show, se anote en la agenda la petición por si vuelve a salir a la carretera con Billy Currie, Chris Cross y Warren Cann. Igualmente si lee estas líneas, agradecerle nuevamente (que ya lo hice en persona) que me haya dado la ocasión de poder verle en directo sin necesidad de tener que planear un viaje internacional para verle actuar. Ciertamente, ver en una misma semana por primera vez sobre a un escenario a Neil Tennant y Chris Lowe y a los 4 días a Midge Ure, es algo cuanto menos curioso, y una maravillosa casualidad que quedará grabado a fuego en mi retina musical. La semana del 10 al 16 de julio de 2017 fue sin duda una gran semana.
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