viernes, 5 de febrero de 2016

PJ Harvey - Stories From The City, Stories From The Sea (2000)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
¿Se han dado cuenta de, que hasta el momento, la temporada en “DMR” está teniendo bastante protagonismo artístico femenino? Repasemos: Víctor Prats ha hecho excelentes revisiones de Gala y Javiera Mena, Alfredo Morales por su parte ha analizado (también de forma brillante) a Marina & The Diamonds y a Austra, cuya presencia femenina es importantísima. Por si fuera poco hemos dedicado un programa radiofónico a Kate Bush y otro a Fleetwood Mac, que pasa por tener a dos componentes femeninas como Chrsitie McVie y Stevie Nicks con bastante protagonismo. Yo voy a seguir esta senda y el disco que he elegido es “Stories From The City, Stories From The Sea” de Polly Jean Harvey (PJ Harvey para los amigos), en mi opinión una de las artistas femeninas más interesantes de las dos últimas décadas.

PJ Harvey, británica ella, ha hecho casi de todo, pero para darnos cuenta de sus antecedentes hemos de situarnos primeramente en los albores de los años 90, cuando la explosión del rock alternativo alcanza con su onda expansiva a prácticamente todo el orbe musical. Ya saben la historia: Seattle, grunge, Nirvana, guitarras furibundas, rabia generacional, etc, etc. Pues bien, este movimiento no es ajeno a nuestra protagonista de hoy; particularmente los dos primeros discos (“Dry” (1992), “Rid Of Me” (1993), que tuvo una extensión con el disco de demos “4 Track Demos”) son muy asimilables a lo que acabamos de decir. Encontramos guitarras viscerales, baterías naturales y secas, tono desgarrado… El propio Kurt Cobain elogió estos primeros compases y en el caso de “Rid Of Me” la producción corrió a cargo de Steve Albini, que pasa por ser uno de los popes de la alternatividad americana (productor de los Pixies o Nirvana, p. ej.). En honor a la verdad estas primeras referencias a pesar de ser publicadas bajo el nombre de PJ Harvey, la concepción de los mismas fue obra de un trío; la propia PJ y los músicos Rob Ellis e Ian Oliver.

En estos primeros discos se ven algunas características consustanciales a PJ: visceralidad, rotundidad y cierta vulnerabilidad a un tiempo, tono de cantautora rock desgarrada… No obstante, en 1995 comienza la apertura y la evolución al publicar “To Bring You My Love” y colaborar con el gran productor Flood y con su amigo John Parish. Su paleta sonora se abre y entran en acción algunos sintetizadores, como puede verse en su clásico single “Down by the water”, la crítica y el público responden y en mi opinión al romperse el trío, aunque haya colaboraciones, el producto es más personal. Y la experimentación continúa con el disco “Is This Desire?” (1998); un disco extraño, introspectivo, no particularmente accesible y que le granjeó más éxito de crítica que de público. Por cierto, no es de olvidar su colaboración con Nick Cave en el disco “Murder Ballads”, publicado por el australiano en 1996. Incluso la canción, “Henry Lee”, llegó a ser single.

Y así llegamos al año 2000 y al disco que nos ocupa. ¿Qué lugar tiene? ¿Qué lo diferencia de otros discos anteriores? Bien, yo diría que es quizá su disco más accesible, de melodías más claras y también uno de los más pulidos. Sin llegar a ser un disco conceptual es un disco marcado por la ciudad de Nueva York, un lugar que fascina a PJ, y de forma patente por la melancolía. Es como si toda la rabia y rudeza que mostraba tiempo atrás se hubiera transformado en tristeza con el devenir de los años. ¿Disco de madurez? Es un tópico, pero puede que los tiros vayan por ahí. La propia artista dice que después de haber experimentado y haber hecho canciones un tanto tortuosas quería hacer algo bonito, melódico. Por cierto, es un disco que me parece bastante nocturno (la portada muestra a PJ en medio de un paseo de noche); no en el sentido de despendole sino en el sentido de recogimiento y atmósfera. Sobre todo en lo que al final del LP se refiere (ya lo verán) es un disco que apetece escuchar a última hora de la jornada, a media luz. Tengamos en cuenta también que es un disco a veces bastante desnudo, en donde el principal instrumento es la voz y a partir de ahí se construye la canción. No obstante, también sigue habiendo trallazos rock que sin duda gustarán mucho a los fans de la PJ Harvey más cruda; no todo es parsimonia y reflexión, si bien se presta más que otros discos para tener un deje más meditabundo. También diría que es el disco ideal para iniciarse con la británica, por el sencillo hecho de que es el más accesible y melódico y de algún modo “aperturista”. Siempre insisto en este asunto, pero el tema de que sea más accesible no conlleva necesariamente que sea más banal o carente de valor, de hecho me parece un disco con el sello de una auténtica autora y en cierto modo bastante confesional. Si me permiten la cursilería, es el disco de PJ Harvey que más me llega al corazón. Pasemos a analizarlo.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Big exit”: Pues la cosa comienza directa, rockera y contundente. Si bien no tiene la fiereza de 8 años atrás, tiene maneras punzantes con guitarras rítmicas que van al grano y un ritmo saltarín. La voz suena contundente en las estrofas y épica en el estribillo. Buen comienzo, con agarre y hasta sensualidad. ¿No es el estribillo, con PJ cantando “I wanna pistol in my hand”, un poco turbador? En fin, cosas mías.

2. “Good fortune”: Single principal del disco y una sabia decisión al respecto. Pop rock de manual, pegadizo y de tempo alegre. Muy buena interpretación vocal de PJ, destacando los quiebros de voz con los que cierra las estrofas. El tema destila alegría y vitalismo incluso líricamente, donde por cierto, destaca la mención de varios lugares de Nueva York (la influencia de esta ciudad en el disco es grande) como Chinatown y Little Italy. Comienzo muy bonito con ese: “Lancé mi mala fortuna desde lo alto de un edificio, pero preferiría haberlo hecho contigo”. Curiosamente los últimos segundos de la canción cambian de tercio y se vuelven inesperadamente melancólicos. Vídeo sencillo pero efectivo, con Pj dándose un paseo nocturno.

3. “A place called home”: Segundo single del disco, en esta ocasión de una naturaleza muy distinta. A partir de aquí comienzan una sería de cortes melancólicos, levemente oscuros, de tempo más lento. Yo diría que lo más notorio es la interpretación vocal de PJ, sentida y apasionada pero sin llegar a ser trágica. No es un single que atrape en las primeras escuchas y supone un contrapeso clarísimo a “Good fortune”. Canción de desarraigo, donde PJ dice a su amante que alguna vez habrá “algún lugar para ellos”.

4. “One line”: Minimalismo instrumental en las estrofas con apenas algún leve tono de guitarra y bajo. En algún momento se unen unos coros lúgubres que nos dan idea de que la canción no es precisamente la alegría de la huerta. En el estribillo la canción coge músculo y el sentimiento de tristeza se matiza un poco. Canción quizá un poco nostálgica donde PJ parece dirigirse a alguien del pasado (“nunca abandonaste mi mente”).

5. “Beautiful feeling”: Ahondamos en la melancolía de la canción anterior, introduciéndonos cada vez más en la decadencia. PJ suena apesadumbrada y corroboramos que estamos en la sección “triste del disco”, donde predominan los tonos a media luz y sensaciones provenientes de la interpretación vocal. Me gusta, pero he de reconocer que hay que darle unas cuantas escuchas.

6. “The whores hustle and the hustlers whore: Como la cosa estaba empezando a quedar un poco triste, volvemos al rock. Más guitarras, más vehemencia, más poderío… Y en este caso la voz suena más esforzada, más emotiva, con falsete incluido al final. Más allá de los propios méritos (que los tiene), estructuralmente cumple la función de ejercer de contrafuerte ante tanta melancolía acumulada.
7. “This mess we’re in”: Una de las sorpresas del disco viene de la mano de un invitado de lujo… Thom Yorke, cantante de Radiohead. PJ Harvey, parece ser, compuso la canción pensando exactamente en cómo quedaría cantada por Thom. Resulta una vuelta a la melancolía de canciones anteriores, muy acorde con cierto tipo de canciones de Radiohead. Bonita y triste canción que le queda como un guante al cantante británico. PJ solamente interviene en la canción puntualmente. La letra nuevamente menciona la ciudad de Nueva York, poniendo escenario a lo que parece ser una canción de amores imposibles, separaciones, etc. Buen tema.

8. “You said something”: Geográficamente no nos vamos muy lejos, en la letra se nos menciona Brooklyn, Manhattan, el Empire State Building… Todo ello sirve para enmarcar una canción nostálgica, melancólica y que sigue los usos y costumbres del tono reflexivo del disco. No obstante, no es tan oscura como algunos cortes anteriores, predominando más la melancolía que lo trágico. Nuevamente la voz es el centro neurálgico y el armazón del tema. Quizá sea, dentro de su austeridad, una de las canciones más bonitas del disco. Tono levemente existencialista y nostálgico en la letra, fotografiando momentos pasados y comparándolos al trasluz con el presente (“¿Cómo hemos llegado hasta aquí, a este punto de nuestra vida?”).

9. “Kamikaze”: Llegados a este momento lanzamos momentáneamente la tristeza y la reflexión bien lejos y damos la bienvenida al tema más energético del disco. Brioso punk pop de tempo rápido y trazos nerviosos, todo ello plasmado en rápidos acordes de guitarra y fulgurante batería. La voz es compatible con este despliegue de energía y es mucho más teatral y marcada, incluyendo un estrambótico falsete en el estribillo. Esta canción vendrá de perillas para los que encontraban el disco demasiado pausado y limpio; los seguidores de la PJ más primitiva gustarán del tema. No obstante, aunque es divertida, melódicamente no tiene una gran entidad.

10. “This is love”: El rock permanece pero las formas cambian. Es un rock más clásico, estático, incluso ligeramente stoniano. Cabalgando sobre un buen riff de guitarra PJ interpreta sensualmente esta canción, muy coherentemente pues la letra habla básicamente de sexo: “No puedo creer que la vida sea tan compleja, todo lo que quiero es sentarme y verte desnudo”; ¿Para qué se va a andar con tonterías? Conceptual y musicalmente quizá no acabe de cuadrar (salvo con “Big exit”), pero es un muy buen rock, cálido, calenturiento, sudoroso y bastante pegadizo. Tercer y merecido single.

11. “Horses in my dreams”: Para mí las dos últimas canciones (ésta y la siguiente) forman una especie de díptico donde predomina la atmósfera y la ensoñación. En la que nos ocupa, la música va surgiendo despaciosamente, con una cadencia embriagadora y sutil. También encontramos elementos del jazz en los arreglos, todo lo cual desemboca en una factura elegante, sofisticada, pulidísima. No es precisamente un hit, pero si te dejas llevar es una canción muy grata.

12. “We float”: Continuamos en territorios relajados e introspectivos, con una canción relacionada en muchos aspectos con la anterior aunque con un deje más positivo, incluso hedonista. Unas leves notas de piano van introduciendo la canción a la par que se va corporeizando la voz. El resto es sedoso y elegante, todo ello sin olvidar el considerable mérito de conseguir una atmósfera positiva sin recurrir a grandes alharacas. Incluso la letra nos invita “a tomar la vida según viene”.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Lo primero que se me viene a la cabeza es el buen trabajo de producción que tiene el disco y en la que participan, aparte de PJ, Mick Harvey (histórico componente de los Bad Seeds de Nick Cave) y Rob Ellis. Los amantes del sonido más “lo-fi” de Polly Jean quizá se sientan un poco defraudados, no obstante al disfrutar yo más de los sonidos más bien pulidos y acabados no tengo ese problema. A veces pienso que preferir un sonido más a ras de tierra (no hablo de nadie en concreto, ojo, y menos de PJ) a otro más definido no deja de ser un cliché bastante extendido y que vendría a ser un especie de garante de una presunta autenticidad. En cualquier caso no estoy minusvalorando los primeros trabajos de PJ Harvey, los cuales disfruto bastante y reconozco sus aportes, más bien establezco un orden de preferencia en lo que a sonidos se refiere.

“Stories From The City, Stories From The Sea” es un punto importante en la carrera de PJ Harvey en lo que a popularidad y aceptación se refiere, todo ello partiendo de la base de que siempre se ha movido en vericuetos alternativos (no digamos ya en España). No obstante, “Good fortune” sí que tuvo cierta difusión, incluso recuerdo haber visto el vídeo en “Los 40” en alguna ocasión. Nos encontramos sin duda ante un disco que se siento cómodo ante estos sonidos que hemos venido describiendo y que del mismo modo hace sentirse cómodo al oyente, a poco que se le preste atención. Una obra de la que sentirse orgulloso.

Después Pj Harvey se ha movido en distintos ámbitos, lo mismo volvió un poco a un sonido más crudo en “Uh Uh Her” (2004) teniendo muy buena aceptación en Estados Unidos, publica unas “Peel Session” (2006), que saca un disco que me gustaría destacar un poco : “White Chalk” (2007), curioso viraje hacia el folk británico de factura casi decimonónica, con mucho piano y pasajes rozando lo fantasmal; como la interpretación vocal se vuelve más aguda casi podemos hablar de influencias de la Kate Bush más “victoriana” (salvando las distancias, la voz no llega a ser tan aguda y teatral p. ej.). Su penúltima referencia hasta ahora, es “Let England Shake” (2011) donde vuelve a un sonido más directo, con una lírica bastante truculenta en cuanto al tema de la guerra, en lo que es hasta el momento es el disco más “político” de su carrera; nuevamente fue muy bien recibido en casi todos los medios. Hablaba de penúltima referencia pues se está hablando ya de nuevo disco, habiendo de hecho una nueva gira en ciernes que la traerá al Primavera Sound. Veremos por qué senderos sonoros decide transitar PJ. He omitido, a la hora de repasar por encima su carrera, un par de discos al ser más bien colaborativos junto con su amigo y partenaire John Parish, en concreto son: “Dance Hall At Louise Point (1996) y “ A Woman A Man Walked by” (2009) de sonido bastante peculiar aunque de no muy notoria acogida.

Nos encontramos ante una artista fiable, quizá no tenga un álbum definitivo pero tampoco tiene ninguno que haya significado algún tropiezo estrepitoso. Su regularidad es una de sus grandes virtudes. Da la impresión de que siempre ha tenido bastante control sobre cómo quería sonar en cada momento, ya sea anímicamente (cabreada, vulnerable, irónica, sensual, sentimental…) o musicalmente (rock alternativo, blues, electrónica, jazz, folk…). Igualmente el control se extiendo hacia sus proyectos, no importa que un disco tarde años en publicarse o que quiera hacer tal o cual colaboración. Parece que siempre hace lo que quiere. Y también un dato a valorar es que a la hora de hacer sus discos ni pretende halagar ni agradar a nadie como objetivo primordial, pero tampoco pretende ser exclusiva o marginal (escuchen este disco p. ej.). Ésa es la verdadera independencia.

Texto: Mariano González.

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