sábado, 31 de enero de 2009

1987 Eurythmics - Savage

Nuevamente el blog “Discos, música y reflexiones” en pro de la defensa de los discos desamparados, apaleados y maltratados de forma injusta. Incluso un dúo como los correctísimos Eurythmics, como ya sabrán integrado por la cantante Annie Lennox y el músico Dave Stewart, tampoco han conseguido escapar a los inquisidores que ponen alguna injusta mancha a alguna parada de su trayectoria discográfica.

En esta ocasión la víctima es el disco “Savage” de 1987. Dentro de la historia de la banda, se encuentra como heredero de los magnánimos “Be Yourself Tonight” y “Revenge”. Quizás este aspecto sea el que ennegrece su imagen a los ojos de sus detractores, porque de otra forma un servidor de ustedes no lo entiende. Pongámonos en antecedentes como venimos haciendo habitualmente.

A estas alturas de la película, la pareja musical compuesta por estos 2 genios, tenía sin ningún tipo de discusión el estatus de superbanda a nivel internacional. El éxito descomunal de sus canciones, conseguido en numerosas ocasiones desde “Sweet dreams (are made of this)” hasta “When tomorrow comes”, y la multitud de singles exitosos dispuestos entre medias, hicieron posible este hecho. “Revenge” de 1986 había sido un notable triunfo y mantuvo el nivel (si es que no lo superó) de “Be Yourself Tonight” del año anterior.

El trabajo que revisamos esta semana, se inicia con la experimental “Beethoven (I love listen to)”, compuesta de sampleados, repeticiones, bucles de sonido y algún arreglo de corte clásico. Lennox muta en narradora, contando las peripecias de una mujer reprimida a punto de estallar, visto este aspecto de forma meridiana en el ilustrativo clip grabado al efecto, con Annie convertida en una neurótica ama de casa. “I’ve got lover (back in Japan)” se acerca en mayor o menor medida al sonido que tenía la banda en “Be Yourself Tonight”, en lo que a las guitarras y la forma de cantar de Annie se refiere. La personalidad o la distinción asociada a este álbum, se lo dan las sostenidas notas de teclado que apoyan de principio a fin a la canción. Un medio tiempo entre la difícil “Beethoven (I love listen to)” y cualquier momento de pop bailable de los inicios de la banda como “Love is a stranger”, lo aporta la saltarina “Do you want to break up?”. Sumamente electrónica, con uso de sintetizadores de sonido básico, acompañada de diversas notas de teclados fantasiosos, sobre todo en el estribillo, y una relajada y aguda en timbre Annie Lennox, es una de las canciones más desenfadadas y sencillas del disco. De pop a pop y tiro porque me toca; eso sí, ahora nos encontramos con una verdadera joya en mayúsculas: “You have placed a chill in my heart”. Una de mis canciones preferidas de Eurythmics de toda la vida, por no decir que es la preferida sin más. La perfecta base de sintetizadores, una clara, cristalina y sencilla melodía de teclado y una interpretación perfectamente ajustada al registro pop por parte de Annie, con esos coros aportados por ella misma de carácter angelical, conforman una verdadera delicia para cualquier oído que admire el pop. Sonido quizás algo almidonado dirán algunos, pero yo creo que en su justa medida. Una de las canciones con lejano regusto melancólico, sobre todo asociado al título de la misma. La letra no desmerece ni mucho menos con partes como “Llévame al desierto donde habrá una gran abundancia de nada para ti y para mi, llévame al desierto, llévame a la arena, muéstrame el color de tu mano derecha” o”El amor es puro, el amor es ciego, el amor es un signo religioso, voy a dejar este amor de lado. El amor es calor, el amor es frío, he sido vendida y maltratada. El amor es rock, el amor es roll, tan sólo quiero alguien a quien abrazar, ¡abrázame ahora!”. No me canso de escucharla, simplemente excepcional. No en vano la canción fue elegida como 3er. single y dispuso de un videoclip con Annie vagando por un desierto con signos de hipotermia y con la cara sumamente demacrada. Tras este momento de pop suave, hace acto de presencia la también delicada “Shame”. En esta ocasión se aprecian unas partes muy marcadas o diferenciadas. La fragilidad del estribillo contrasta con la austeridad de las otras partes. Aquí sigo sin apreciar signos de flaqueza y ya llevamos algún que otro momento realmente bueno. ¿Por qué tenemos que decir que el disco es flojo? Bueno, prosigamos por si más adelante hay algo que dé empaque a esas críticas destructivas. La canción título es una sentida y lenta canción con una profunda entrega vocal por parte de Annie. Vagamente me recuerda al gran éxito mundial que obtendría unos años más tarde Lennox en solitario con “Why”, aunque con un carácter más íntimo y menos épico. De retorno, nos encontramos nuevamente a las guitarras que nos habían abandonado y que toman su protagonismo sobre todo a partir de los 2 minutos de la canción. Un momento de textura melancólica y una intensidad contenida pasmosa. Sin duda, otro acierto de los que incluye el disco al que precisamente da título. Tras este sobrecogedor momento, se da paso al extremo opuesto del disco. Uno de los singles escogidos, junto a las ya revisadas “Beethoven…” y “You have placed…”, “I need a man” es un tremendo momento rockero con Annie llena de rabia pidiendo a gritos un hombre. Aquí las guitarras acaparan el protagonismo y los teclados, que tanta relevancia estaban llevándose, desaparecen totalmente. El video grabado supone ver a Annie convertido en la diva decadente en la que se transmutaba esa compungida ama de casa al final del video de “Beethoven…”. Esta canción supone un fuerte cambio de registro en lo que llevamos de disco y sería más propia de “Be Yourself Tonight”, sobre todo por su cercanía en el sonido a “Would I lie to you”. “Put the blame on me” vuelve a los derroteros por los que naturalmente nos llevaba el disco, aunque principalmente en la repetición del título de la canción para conferirle ritmo, porque aquí se usa más la guitarra que otra cosa. De estructura parecida a “Do you want to break up?”, es de los momentos más vertiginosos y bailables de “Savage”. “Heaven” es una vuelta a los experimentalismos de “Beethoven…”, casi instrumental y sumamente electrónico e hipnótico, de tal manera que puede llegarte a crear una sensación de medio trance. Parecida en la sensación que crea, pero distinta en los instrumentos que la conforman al hacerse uso de guitarras, es “Wide eyed girl”. Junto a “I need a man” el momento más rockero del disco. “I need you” da paso a uno de los registros que hasta ahora no había abordado el disco. Se trata de un corte acústico en el que Lennox canta al amor acompañada únicamente de la guitarra de Stewart. “Brand new day” cierra el disco (no confundir con Sting), en esta ocasión para nuevamente sorprender abordando otro registro no acometido hasta el momento. Ni más ni menos, se nos presenta un tema mitad “A capella” de Lennox en el que se acompaña de algunos coros vocales y 0 instrumentos, hasta la mitad de la canción en la que unos leves teclados comienzan a hacer acto de presencia dando paso a la batería para darle un mayor ritmo en su parte final.

Funcionalmente se aprecian unos cambios notables en la rutina de la banda. En los videoclips promocionales, no se ve en ningún momento a Dave (quizás en el final de “You have placed a chill in my heart” pudiera ser el hombre al que Annie abraza en medio del desierto) y la portada igualmente presenta a Lennox en solitario, convertida en la diva excesiva protagonista del video de “I need a man”. Se notaban que las cosas o la relación entre el dúo se había enfriado. Quizás el hecho del matrimonio de Dave con Siobhan Fahey de Bananarama por esas fechas tuvo algo que ver en la relación profesional del duo, que en su día fueron pareja. No sé.

El disco, como ya habrán intuido por la introducción que les he planteado, supuso un receso en la trayectoria exitosa y cada vez más ascendente de la banda. Quizás el hecho de disponer a “Beethoven (I love listen to)” como primer single, fue algo más que un riesgo o frivolidad. Hubiera ayudado más “You have placed…” como single de adelanto, porque ya se sabe que las cosas enrevesadas, por lo general, no llegan al gran público. El disco original lo he visto solamente en una ocasión cuando hace un par de años reeditaron en edición remasterizada todos los cd’s del grupo. Anteriormente en formato original de cd no lo había encontrado nunca. Hasta en este aspecto, podemos ver el carácter maldito o de disco marginado que tiene asociado.

Consideraciones negativas aparte, desde mi óptica, el conjunto que conforman las 12 canciones que incluye, confieren un carácter muy especial a “Savage”. Una de las críticas que recibió, iban encaminadas a que se intentaba volver al experimentalismo y electrónica de “Touch”, pero de una forma fallida… ¿Fallida? ¿Por qué? Bueno, que cada cual piense lo que quiera. Acepto que es probable que sea un disco menos brillante que los trabajos anteriores de la banda, pero igualmente es un resultado notable el que reporta. Sinceramente, me parece que es un disco de escucha sumamente amable y para nada ramplona o simple. Aborda numerosas texturas o registros y ello sumado a su cariz íntimo lo hace suficientemente atractivo.

Tras este disco, esa posible desunión o distanciamiento entre Lennox y Stewart, se intento borrar con el siguiente disco “We Too Are One”, tanto en el título del disco, como en la portada. No obstante, la realidad se hizo más que evidente cuando el grupo decidió separarse e iniciar proyectos en solitario. Lennox en la primera mitad de los 90 consiguió un tremendo éxito con “Diva” y “Medusa”, pero en el nuevo siglo ha pegado 2 fuertes patinazos, 1º con “Bare” y 2º con “Songs Of Mass Destruction”. Hubo un amago de regreso en forma de recopilatorio con grabación de temas inéditos hará 3 o 4 años, pero no se ha terminado de concretar. Acuciando el incierto “futuro” de Eurythmics, las declaraciones de los componentes y sus posteriores maniobras profesionales no dejan nada claro sobre si habrá algún día una reunión al uso con gira y nuevo disco. Pues ya saben, a tirar de lo que hay y hoy toca ponernos salvajes.
Leer más...

sábado, 24 de enero de 2009

1983 Level 42 - Standing In The Light

Un ejemplo de las bandas que aparentan ser un fenómeno de un solo éxito a los ojos del gran público, y que sin embargo tienen una dilatada trayectoria es Level 42. Un grupo formado en la británica isla de Wight, tan conocida por su festival, que puede llevar a engaño a la gente que tiende a pensar que editaron un único disco, que venía a incluir “Lessons in love” y nada más. Error de bulto. Procederé a ilustrarles al respecto.

El grupo surgió como una banda de jazz pop instrumental, que al poco tiempo de iniciar su andadura tuvieron que reconsiderar su postura a petición de su manager y proceder a incluir voz en sus composiciones. En sus inicios, la banda era un cuarteto compuesto por los hermanos Phil y Boon Gould, que se encargaban de la batería y la guitarra respectivamente, el bajista Mark King y el teclista Mike Lindup. Estos 2 últimos componentes se encargaron de la parte vocal además de sus respectivos instrumentos. Tradicionalmente, la cabeza visible de la banda ha sido Mark King, destacado músico en su faceta y que es apodado “Thunderthumb”, algo así como pulgar relámpago en una traducción algo macarrónica al español, por su peculiar forma de tocar el bajo. En plan cómico, les diré que la cara de este rubio personaje, siempre la he asociado de forma extraña a la que puede tener un niño “pelota” de colegio al uso. No me pregunten por qué.

1981 sería el año de partida de la historia musical de Level 42 en lo que a lanzamientos de discos se refiere. Su disco homónimo ya les reportó algún modesto éxito, como fue la canción “Love games”. Al año siguiente “The Pursuit Of Accidents”, siguió en la misma onda que el primer trabajo, y del mismo cabe destacar la animada y saltarina “The chinese way”.

He elegido el 3er. disco de estudio de la banda, porque supone un punto de inflexión clave dentro de la evolución del grupo. “Standing In The Light”, así sería titulado el disco, significa el viraje de la banda hacia los terrenos del pop y la música de baile, partiendo del origen jazzy del grupo. Este cambio, en subsiguientes álbumes, reportaría reseñables triunfos a la banda, al propiciar, evidentemente, que Level 42 se abriera a la audiencia media y vieran ampliados sus horizontes.

“Micro kid” es un ejercicio derivado del techno pop, tan en boga allá por 1983 cuando salió a la luz el disco. Quizás sea la canción más directa y evidente que nos presenta el disco, y me da por pensar que su posición para empezar la obra no es una casualidad; en mi opinión viene a demostrar ese interés de la formación de hacerse más accesible en su sonido y ayuda a que el disco te reciba de una forma menos enrevesada, para más adelante ponernos algún otro tema que sí venga a mostrar el verdadero alma de la banda. Eso sí, la canción no deja de tener su complejidad, con algunos acordes de guitarra de corte funk en el estribillo y alguna nota de saxofón que aparece suelta de vez en cuando. Curioso es el uso de los teclados intentando asemejar vocoders, que aparecen sobre el 3er. minuto de la canción. Sin más demora, y sin dejar de ser un poco chocante que el grupo disponga los 2 momentos memorables del disco seguidos, concretados en sus 2 singles, se nos presenta “The sun goes down (living it up)”. En esta ocasión se nos propone un medio tiempo cantado por Mike Lindup, con un regusto más cercano al jazz que profesa la banda. King también dispone de algunas partes vocales reservadas para él a lo largo de la canción, usando en este caso un registro algo exagerado y cómico. Lo que más se recuerda de esta canción son los coros que remarcan el “Living it up” del título en la parte del estribillo. Esta canción es una de las mejores composiciones de los primeros trabajos de la banda e incluso de la discografía global que acumulan. Se acompaña de un videoclip grabado por los componentes de la banda al aire libre en una árida colina, con un acuciante sol sobre sus cabezas, considerándose este el primer clip al uso que rodaron. Siguiendo en el mismo tiempo, más cercana a las pseudos baladas, se nos presenta la réplica vocal de Mark King en “Out of sight, out of mind”. Alternado o ayudado también en los coros por Lindup (como casi siempre suele pasar), Mark nos presenta una historia de amor finalizado y las sensaciones de abandono y de quedarse fuera de sitio que uno experimenta en esas situaciones. Tras la terna de momentos medio relajados y algo más jazzísticos, se da paso a un combo compuesto por 2 de las canciones más moviditas del disco y a su vez 2 de esos ejemplos que demuestran el giro musical que iba afrontando la banda para acercarse al techno pop bailable. “Dance on heavy weather” es la que aparece en primer lugar. Las repeticiones vocales y una fuerte línea rítmica a base de los teclados y la melodía de bajo de King, conforman una acelerada y vital canción pop que nos aleja de la media melancolía en la que nos habían introducido las 2 canciones anteriores. Sin embargo, el verdadero instante vertiginoso de la obra que hoy les reviso, lo proporciona la siguiente canción “A pharaoh’s dream (of endless time)”. Esta canción es quizás el corte más experimental del disco intentando mezclar el jazz, el funky y el techno pop en un mismo tema, apoyado en una seria interpretación de Mark King, acompañado por los coros en voz de falsete de Mike Lindup. 4 minutos acelerados y sumamente rítmicos, que cierran el período más movidito del disco. Posteriormente se vuelve a la calma con la canción título y si cabe más calma aún en las siguientes “I want eyes” y “People”, siendo esta última de las canciones más relajantes y suaves compuestas por la banda en toda su historia; una verdadera delicia si estás escuchando el disco solo en casa tumbado en la cama o en el sofá del salón, dirigida vocalmente de forma magistral por Mike Lindup. Para terminar el disco se presenta “The machine stops”, de textura algo más basta, en lo que a la batería de Phil Gould se refiere, y que en parte viene a anticipar el sonido que abordaría la banda en el siguiente disco de estudio “True Colours”, y que se hace evidente en la estupenda “The chant has begun”.

El disco reportó a la banda un notable éxito en el Reino Unido y les dejó bien posicionados de cara a los logros que conseguirían, sobre todo a nivel de su país, en los siguientes años. La portada con una foto de los componentes de la banda parados y con semblante paciente, ponía de manifiesto que el grupo estaba en una situación tranquila, dando la impresión de que pisaban firme y con una clara intención. El título del disco tampoco deja de ser una declaración de intenciones de lo que quería hacer la banda. No deja de resultar curioso, a título personal, que estando en verano de 2007 veraneando en Playa Blanca (Lanzarote), en el hotel que estuve había colgado un disco de oro (algo descolorido por la acción del sol) del presente álbum. Me quedé a cuadros y maravillado a la par.

Lo más relevante que proporciona “Standing On The Light”, es que es el disco que establece las pautas del sonido que caracterizan principalmente la trayectoria de Level 42. Esas marcas de sonido se basan, en primer lugar, en el predominio o la conferencia de principal importancia atribuida en la producción y grabación a las melodías de teclados de Lindup y al bajo de King. La otra característica principal, es la alternancia vocal entre los citados componentes, y aunque uno lleve el peso principal de la canción, el otro le ayuda en los coros.

Level 42 tuvo sus momentos de gloria a partir de 1985, debido a que en la 2ª mitad de los 80 será cuando la banda acerque más su postura al pop, tras el punto de partida que suponía el disco que hemos abordado hoy. El citado año 1985, contó con el lanzamiento del fantástico “World Machine”, con sus clásicos “Something about you” o “Leaving me now”. “Running In The Family” de 1987 supuso el mayor éxito comercial de la banda, incluyendo la canción por la que Level 42 son recordados principalmente, “Lessons in love”, y por otro lado supuso el punto máximo a partir del cual la repercusión de la banda fue descendiendo. Este hecho, en mayor o menor medida, se produjo por el inconsistente en conjunto “Staring At The Sun” de 1988, a pesar de que el disco tuviera buenas canciones sueltas.

En los 90 la actividad del grupo decayó notablemente. Tan sólo 2 discos editados, “Guaranteed” de 1991 y “Forever Now” de 1994, demuestran este hecho. El primero de los mencionados es notablemente bueno e incluye verdaderas joyas como “Overtime”. En cuanto a los componentes del grupo, a lo largo de la promoción de “Running In The Family” ya se vio la desbandada de los hermanos Gould, dejando solitos a Lindup y King, que reclutaron al batería Gary Husband y al guitarrista Alan Murphy para suplir carencias. Durante la parte final de la década y comienzos del siglo XXI la inactividad de la banda era brutal, solo viéndose contrarrestada por alguna actuación o concierto suelto y puntual.

2006 vio el retorno de la banda, más bien de King en solitario bajo el nombre de Level 42 con el lanzamiento del disco “Retroglide”, que pasó insultantemente desapercibido, principalmente porque el sonido del grupo volvía a acercarse más al jazz que al pop. El grupo sigue haciendo giras, acude de vez en cuando a algún festival y en ocasiones, también se une Lindup a King para dar mayor empaque y lustre a las actuaciones (decir que el teclista dejó la militancia del grupo durante la 2ª mitad de los 90). También existían rumores hará un tiempo, de que el batería Phil Gould se estaba pensando volver a unir a la banda. Eso sí, no se mencionaba nada de su notable hermano Boon, un excelente guitarrista para las necesidades de sonido de la banda a lo largo de los 80, a pesar de que su trabajo en el grupo quedara a la sombra en las labores de producción respecto a lo que aportaban Lindup y King con sus respectivos instrumentos.

A grandes trazos esto es Level 42. Ya se sabe que el jazz hay que saber apreciarlo, y si no lo haces, te puede resultar algo tedioso. Level 42 partían de este género, pero en este disco ya le intentaban dar un enfoque pop que hiciera más llevadero el sonido de sus composiciones. Le tengo un gran afecto a esta banda y en particular a este disco. Espero que ustedes también se lo tengan tras haberlo escuchado.
Leer más...

sábado, 17 de enero de 2009

2008 Nick Cave & The Bad Seeds - Dig!!! Lazarus Dig!!!

El artista que abordamos hoy no es tarea fácil. Nos enfrentamos ni más ni menos que a uno de los cantantes, compositores, poeta, artista en general, más maldito que vio nacer el pasado siglo XX y cuyo paso u obra sigue contemplando el actual siglo XXI. Tengo el gusto de presentarles hoy, si no lo conocen todavía, a Nick Cave al frente de sus habituales Bad Seeds, y en esta ocasión revisaremos su última obra.

Excesivo, enérgico, atronador, arrollador y rebosante de malditismo, son algunas de las acepciones que desde sus comienzos se le pueden atribuir al bueno de Cave. Sus comienzos datan de comienzos de la década de los 80 cuando, al frente de los Birthday Party, puso patas arriba el mundo underground a nivel mundial con unas actuaciones absolutamente tremendistas, básicamente localizadas en el ambiente de Londres, ciudad a la que se trasladó Cave con su banda desde su país de origen Australia. De la fugaz existencia de The Birthday Party quedan básicamente 2 discos de estudio del que destaca principalmente “Junkyard” de 1982.

Tras el desmantelamiento de The Bithday Party, hubo un período de transición entre dicha formación y la génesis de The Bad Seeds que se vino a llamar Nick Cave & The Cavemen. De dicha época tuve el gusto de ver una actuación grabada por el programa “La Edad De Oro” de uno de los conciertos que celebraron en Londres, gracias a las redifusiones de dicho programa en noviembre de 2005 en La2 los martes a las tantas de la madrugada. El corte de la actuación se componía de una decadente versión de “In The Getto” y una de las canciones tan atronadoras que Cave componía por aquella época.

La trayectoria de Cave con The Bad Seeds desde mediados de los 80 es tremendamente dilatada y todavía en dicha época son reseñables discos como “The Firstborn Is Dead”. No obstante, la consolidación y el verdadero reconocimiento de Nick Cave & The Bad Seeds se hizo principalmente patente en la década de los 90 con discos como “The Good Son”, quizás su obra más variada y accesible, “The Boatman’s Call” o el “Murder Ballads”, que tuvo hasta cierto éxito comercial debido a la participación de su compatriota Kylie Minogue en “Where the wild roses grow”.

En lo que llevamos de siglo, Cave ha continuado con su tradicional acompañamiento lanzando en 2004 su disco doble “Abbatoir Blues/The Lyre Of Orpheus” y también ha emprendido otros proyectos como el que concreto en Grinderman. Ya desde 2007 se sabía que un nuevo disco junto a los Bad Seeds estaba a punto de ser gestado, e incluso con relativa anticipación llegamos a saber el título definitivo que tendría. Finalmente en 2008 pudimos disfrutar abiertamente de “Dig, Lazarus, Dig!!!”.

La obra comienza con la canción que le da nombre, aunque con menos signos de admiración y con alguna coma entre las palabras. Cave entra de forma atropellada tras esos graves coros que entonan el propio título del disco y la canción. Nick se muestra maldito como siempre, y nos cuenta la aturullada y rimbombante historia de nuestro Lazarus/Larry y su devenir por su vida. Las guitarras suenas aguerridas, a ratos desafinadas y distorsionadas y esos coros reiterativos nos crean una fuerte situación de trance. “Today’s lesson” es uno de los temas más inmediatos de todo el disco, apoyado en ciertos arreglos electrónicos y una acelerada y hasta bailable melodía, Nick aprovecha para contarnos otra de sus enrevesadas historias, en este caso la vivencia de la pequeña Janie que es violada en sus sueños por un personaje llamado Mr. Sandman. No obstante, la buena de Janie cuando despierta de su sueño nos suelta un “Vamos a pasárnoslo realmente bien esta noche”; sin duda a Janie le va la marcha. La verdad es que la letra acompañada de esta animada melodía crea una sensación más que curiosa. Experimento válido y resultado óptimo en esta ocasión. “Moonland” nos muestra a un Cave más caústico. Una canción semiacústica con un sonido amargo en la que Nick nos cuenta la vivencia de una tranquila, pero quizás desolada, noche. “Night of the lotus eaters” es la canción más sombría, nocturna, lúgubre y misteriosa que incluye “Dig, Lazarus, Dig!!!”. Una auténtica obra de arte, que nos puede servir de banda sonora perfecta a un paseo nocturno con niebla por una zona pantanosa (a uno le evoca esas cosas). Una inquietante percusión latente, unas notas perdidas de guitarra y Cave susurrante que nos avisa: “prepárate para ponerte a cubierto”. “Albert goes west” es de las canciones de sonido más cercano al rock clásico que aporta el disco. Nos podría recordar a un Elvis algo agresivo si nos ponemos imaginativos. De la letra de esta canción me resultan destacables y paradigmáticos los versos: “el mundo esta lleno de abstracciones, y no me consideraré responsable de mis acciones”; cosas que suelen pasar de hecho en el lejano oeste, ¿no? “We call upon the author” puede recordarnos vagamente a “The Good Son” y más concretamente a la tremenda “The weeping song”. La forma en la que canta Nick y los coros con esos “Doop doop” son fácilmente asociables. Quizás el ritmo de la canción es más rápido que en “The weeping song”. Por otro lado es uno de los temas más pegadizos del disco y de los más animados, cercano en esto a “Today’s lesson”. En la canción Cave se queja una y otra vez de situaciones injustas que se dan en el mundo, y pone de manifiesto sus relaciones y sus particulares relaciones con la religión que tiene. Una canción que comienza con “lo que una vez pensamos que teníamos, no lo tenemos y lo que tenemos ahora nunca volverá a ser así, por lo que reclamamos al autor para que nos dé una explicación”. Una de mis favoritas del disco. Tras esta amarga revisión a nuestra existencia, Cave levanta el pie del acelerador. Si una cosa sabe hacer Cave es contemporizar e intercalar respiros cuando hace falta, y en esta ocasión nos regala una preciosa y sentida balada. Sirviéndose de una fuerte influencia del country y rock americano (evidencia o regusto que está a lo largo de todo el álbum), “Hold on to yourself”. Nuevamente Nick se sirve de presentarnos sórdidos escenarios y hacer alguna que otra referencia a Jesucristo y las percepciones que tiene sobre Él. Un exquisito corte que vuelve a poner de manifiesto el cambio de sonido y de texturas que “Dig, Lazarus, Dig!!!” tiene. Aquí Nick se nos presenta como un crooner, evidentemente maldito, y nos regala una de sus más sentidas interpretaciones vocales. Hasta el momento el disco nos ha presentado algunos momentos moviditos y de sonido alegre o hasta bailable, pero no será hasta ahora cuando nos encontremos con la canción más para todos los públicos del trabajo. “Lie down here (& be my girl)”. El sonido acelerado nos presenta una historia de amor no correspondido en la que Cave acaba por estallar al final: “un día compraré una fábrica y te introduciré en una cadena de producción y cada una de las réplicas será mía, llenaré la casa de ti y te colocaré en cada habitación, lo pasaremos muy bien… pero ahora estoy aquí sentado solo”. Igual que en la canción título se repetía constantemente por los coros el “Dig yourself, Laz’rus dig yourself”, aquí se repite constantemente el “túmbate aquí y sé mi chica”. Sin duda alguna otra canción estupenda… ¿ya llevamos unas cuantas, verdad? Bueno, continuemos. “Jesus of the moon” es quizás el momento de sonido y regusto más triste del disco tanto en la letra como en el sonido. Una historia de amor terminado, aderezado por su necesaria dosis de celos ilógicos “Veo muchas chicas andando por la calles vacías y quizás una o 2 veces alguna de ellas me sonríe. No puedes culpar a nadie por decir “hola”, yo digo “hey”, digo “hola”, digo “hola””, que está perfectamente narrada por un nuevamente sentido Cave. Arreglos de viento sirven para aportar el toque perfecto para la decadencia y melancolía que precisa la canción. “Midnight man” es una canción que se compone de bloques hipnóticos sobre todos por los teclados que se incluyen, y un estribillo más marcado y enérgico. ¿Qué decirles? Pues que nos encontramos ante otra acertada pieza compuesta por Cave, nada que objetar. Para terminar una obra de tanta calidad, se nos pone el perfecto epílogo. “More news from nowhere” es la canción más inofensiva del disco, más relajada y tras los distintos capítulos y estados de ánimo transmitidos por la diversidad de sonidos que nos ha dado el álbum, es el corte perfecto para que a la vez que la escuchamos y termina el disco podamos afianzar, asimilar y hacer balance de lo que hemos escuchado. Una marcada línea de bajo de carácter inofensivo se hace acreedora de las notas más señaladas por la producción y sirven a Cave para acompañar las escenas tan bizarras que nos dibuja.

“Dig, Lazarus, Dig!!!” es un excelente trabajo de Nick Cave y sus Bad Seeds. No hay canción mala, floja y lejos de ello se nos presenta al menos un sexteto de temas realmente excelentes y el resto son sumamente aceptables, para nada una mera comparsa. El disco tiene una cierta influencia del rock americano y el country que se hace más que evidente, como ya comenté, en la exquisita “Hold on to yourself”, aunque siempre con la marca personal de Cave.

No podemos tratar a Nick Cave & The Bad Seeds como unos superventas, y su éxito viene más bien por el reconocimiento de la crítica especializada y sus seguidores. En relación a esto decirles que hará unas semanas en la revisión anual del diario “20 Minutos” sobre los mejores discos, libros y películas del año, había 2 críticos reconocidos como Julio Ruíz o Diego Manrique, que mencionaban el disco que hoy les he presentado como uno de los mejores del año. He de decirles que tuve una sensación de satisfacción cuando leí dicha crónica de balance anual.

Ciertamente así es, “Dig, Lazarus, Dig!!!” es un muy buen disco. Hay que decir que Nick Cave & The Bad Seeds a veces pueden resultar algo inaccesibles por su intensidad y agresividad. Aquí no es el caso, lo más agresivo por decir algo es el comienzo de “Albert goes west” y tampoco es decir mucho en ese aspecto. El presente álbum es un ejemplo del malditismo eterno de las composiciones de Cave más que de su agresividad y la catarsis de la que a veces hace uso. La portada del disco puede suponer un guiño a Elvis Presley en lo que a la composición se refiere, con el título que acapara la misma en letras rojas y amarillas sobre fondo negro.

Nick, actualmente con un solemne mostacho en su rostro, demuestra seguir en un perfecto estado de forma. Ahora solo nos queda que se decida algún promotor a traérnoslo a España y si puede ser también a Madrid para disfrutar del potente directo que este australiano de 2 metros de estatura dispone sobre el escenario. De momento nos deleitaremos con su magnífica última obra. Para aquellos que miren a Cave con temor, háganme caso, en esta ocasión Nick no muerde, directamente lo que hace es maravillarnos.
Leer más...

sábado, 10 de enero de 2009

1977 Kraftwerk - Trans-Europe Express

Si a Depeche Mode se les ha llamado alguna vez los padres del house, he aquí a los abuelos de este genero musical. Kraftwerk, formación alemana, comúnmente un cuarteto, pero proyecto básicamente encabezado por Ralf Hutter y Florian Schneider, llevaba en activo desde finales de los 60. La verdadera proyección de la banda se percibió en 1974 con el lanzamiento del disco “Autobahn”. Esta obra está considerada como la Biblia de la música electrónica.

El grupo concretó sus inquietudes musicales asociadas a la tecnología en el oscuro, frío, cáustico, experimental y excepcional “Radioactivity” de 1975. Los teclados utilizados en la canción título, las atmósferas creadas en la misma y la robótica interpretación vocal, eran un soplo de aire fresco en la esfera musical de la época dominada por el rock sinfónico y el glam. En esta época la banda se componía además de los 2 miembros principales ya señalados, de Karl Bartos y de Wolfgang Flür.

En 1977 el grupo sacaría su 3er. disco moralmente hablando, ya que previamente a “Autobahn” existieron los volúmenes “Kraftwerk 1”, “Kraftwerk 2” y “Ralf And Florian”. “Trans-Europe Express”, así sería titulado el álbum, supone nuevamente una obra conceptual centrada en una idea. Este hecho será una constante de la banda en todas sus obras: en “Autobahn” el concepto de la autopista, en “Computer World” el mundo de la tecnología, y en “Electric Cafe” la idea de que la música no pare. Aquí se aborda de forma generalista la idea de Europa a través de los largos viajes en tren, que en aquella época estaban tan de moda.

Este ensayo de Kraftwerk sobre Europa, comienza con “Europe endless”. Es más que evidente la idea que transmite Kraftwerk sobre la extensión de Europa, el fin de sus fronteras, y quizás ahora más que nunca, con las sucesivas anexiones de nuevos países miembros a la Unión Europea, es una canción que podría ser un medio himno del ente continental. La alternancia entre la voz humana y los vocoders utilizados por la banda es de lo más reseñable y más novedoso que para la época aportaba el tema. Los teclados son cristalinos y evocan personalmente a las cumbres nevadas de los Alpes centroeuropeos, que se pueden ver cuando los trenes atraviesan sus valles (que paisaje tan acorde con los 2 últimos días que llevamos en Madrid). Las melodías creadas, sumamente armoniosas, se elevan sobre el fondo creado por unos primitivos sintetizadores. Felizmente hipnótica y relajante, se demuestra que la música electrónica no tiene por qué ser estridente. Esta idea aportada por Kraftwerk, se haría más evidente a finales del siglo XX cuando surgió el trip-hop, aunque ciertamente con unas variaciones en las texturas que saltan a la vista. El 2º corte “Hall of mirrors”, utiliza unos graves sintetizadores, alternados con otros sonidos más agudos. El semblante serio de la voz que entona la canción es de lo más reseñable de este corte, y sin duda le da una apabullante solemnidad que se verá contrarrestada en el próximo tema. “Showroom dummies” es una especie de autoparodia que compuso el grupo. Es una de las canciones pop en sentido estricto y de los temas más accesibles que Kraftwerk guarda en su discografía. La historia que cuenta la abundante letra, en comparativa con el instrumentalismo dominante en casi todo el disco, divaga sobre la vida que cobra un grupo de maniquíes que rompen el cristal del escaparate y que atraviesan la ciudad para ir a un club a bailar. Una clara melodía de teclado, un fuerte entramado de sintetizadores con bastante empaque rítmico, y en 3er. plano unas notas de carácter ampuloso (que en parte reutilizarían en su “Music For The Masses” en 1987 sus alumnos aventajados Depeche Mode) ayudan a que el grupo consiga una canción, al menos no tan difícil de escuchar en las emisoras como otras composiciones que tienen. La interpretación vocal es sumamente hierática y alcanza niveles de mayor intensidad y solemnidad en la parte final, como por ejemplo cuando dice que rompen el cristal del escaparate. Particularmente, a un servidor le hacen gracia los teclados reguleros que aparecen en la parte final de la canción, con un sonido un tanto quejumbroso cuando se nos dice “Vamos a un club y empezamos a bailar, somos los maniquíes, somos los maniquíes”. Ya habrán podido sacar en conclusión que soy un tremendo admirador de los videoclips. En este caso, el video es sumamente sencillo, de bajo presupuesto y se compone del grupo en unos platós blanquecinos ataviados de sus formales trajes de etiqueta y que a ratos son sustituidos por unos robóticos maniquíes que tocan los instrumentos de forma autómata. Resultan desternillantes los bailes del final del video que se marcan los 4 miembros del grupo, y por otro lado se antoja aterrador el semblante del, ya de por sí siniestro, rostro de Florian Schneider. Ya hablamos en su día del guiño personal que hicieron a la canción Golpes Bajos en su disco “A Santa Compaña”, concretado en su “Fiesta de los maniquíes”; normal que dijeran que no les tocáramos por favor, no fuera a ser que se mosquearan con la cara de tan poco fiar de Florian. De un tema reconocible de la banda, pasamos a una de las marcas o firmas principales que aporta el disco. El combo compuesto por la canción título y por la anexa “Metal on metal” es de lo más destacable y de lo considerado más innovador que supone “Trans-Europe Express”. La percusión metálica de “Metal on metal”, es sin duda un precursor dentro de los que más tarde se concretaría en el genero del rock industrial. Evidentemente es el tema que más desasosiego supone del disco. Nuevamente volvemos a abordar la idea de Europa que habíamos abandonado en el primer sesgo del disco. La 4ª canción, la propia “Trans-Europe express”, sin embargo, crea una sensación de trance con el sonido del tren en marcha y con una estructura cíclica que se acompaña de unas melodías claras de notas de teclado en claro in-crescendo y de un carácter tremendamente tajante. La interpretación vocal es bastante monótona, acompañada de robóticos vocoders y como anécdota se puede escuchar la mención especial que se hace a Iggy Pop y David Bowie. Tras esta parte menos armoniosa y más experimental, se pasa directamente al tema de texturas más bellas que tiene el disco. “Franz Schubert” se ve claramente a quien está tributado y sobre las notas o melodías que ya vimos en “Europe endless” al abrir el disco, se crean unas delicadas melodías de teclado reminiscentes de orquestaciones de sonido clásico de cuerda, que hacen las delicias de cualquiera y máxime después del martilleo que nos traía “Metal on metal”. La obra cierra con “Endless, endless” que vuelve a reincidir en los aspectos de la primera canción, siendo básicamente lo que más tarde otros grupos se empeñan en llamar un “reprise” y que incluyen al final de sus discos. Nuevamente Kraftwerk actuando como unos imprescindibles precursores e innovadores.

En Alemania, país de origen del grupo, el disco fue un tremendo éxito y a nivel continental la banda se fue haciendo un nombre, obteniendo notables triunfos asociados principalmente a ciertos remixes o incluso versiones en francés de “Showroom dummies”, que triunfaron en las pistas de baile de los clubes europeos. Evidentemente hay que entender que el disco se editó originariamente en alemán; he decidido analizar la edición internacional en inglés para hacerles más fácil el acceso al disco. La portada es de sumo regusto clásico, con un montaje fotográfico retocado de una foto de los 4 componentes al estilo de comienzos del siglo XX y que intenta recrear a los viajeros de esos expresos europeos de dicha época.

El estrellato definitivo y la consagración de Kraftwerk vinieron de la mano de la edición de su siguiente disco “The Men Machine”. El éxito de canciones como “The robots”, la elegante “Neon lights” o la evidente “The model”, hizo que la banda dejara su marca o firma indeleble dentro del libro de honor de la historia de la música. En los años 80 la edición de “Computer World” y la creación de la canción homenaje al Tour de Francia rubricaron los éxitos de finales de los 70.

La banda editó su último disco de estudio totalmente original en 1986 con “Electric Cafe”. Un disco que sufrió un severo correctivo en su día por parte de la crítica, pero que con el tiempo ha ido sanando sus heridas y adquiriendo una mejor reputación, sobre todo dentro de las nuevas generaciones de seguidores de Kraftwerk que a día de hoy siguen surgiendo y dentro de las cuales se encuentra un servidor de ustedes.

Los años 90 vieron numerosas ediciones de recopilatorios, discos de remixes y poco más. En el nuevo siglo Kraftwerk se encargó de la banda sonora de la Exposición Universal de 2000, y unos años más tarde revisitaron su éxito “Tour de France” para editar un lp de varias canciones que circundan temáticamente sobre la ronda ciclista. Un trabajo de una excelente calidad y adaptado perfectamente a los tiempos que corren.

Desde entonces Kraftwerk se ha dedicado a acudir a algún festival para dar algún concierto y teniendo en cuenta la edad de sus componentes, es probable que cada vez sepamos menos de estos genios de la música. A nivel reflexivo, decirles que Kraftwerk es un grupo desconocido para el público generalista de masas y solamente suena a aquellos que van un poco más allá. De haberse tratado de una banda de origen británico, se podría decir que estuviéramos hablando de poco menos de una banda al nivel de repercusión de Led Zeppelín o Pink Floyd a nivel global, ya que dentro de su género andan en ese nivel. Pero bueno, se dio el caso de que estos chicos nacieron y se criaron en Alemania y hasta aquí han llegado. ¡Vaya! Digo esto último como si fuera poco lo que han conseguido… qué más quisieran tantas y tantas bandas.

A modo de epílogo circunstancial e improvisado por los hechos acontecidos esta semana: Sirva el artículo de hoy de extraño y sentido homenaje especial a Florian Schneider, el cual ha comunicado esta misma semana su salida de la banda tras una trayectoria de 40 años en el barco. No deja de resultar curioso y probar una tremenda casualidad el hecho de que el presente artículo ya lo tenía rematado justo un día antes de saber la noticia. Como ya he comentado antes, su avanzada edad deja muy poca posibilidad de maniobra para pensar en una posible futura reunión, con lo que los Kraftwerk en esencia, podemos decir que han desaparecido. La marcha de Flür y Bartos pudieron notarse en mayor o menor medida, pero ahora por mucho Ralf que nos quede, siempre echaremos de menos a Florian con su agudo rostro sobre el escenario.
Leer más...

sábado, 3 de enero de 2009

1983 Billy Idol - Rebel Yell

Buenos días a todos. ¿Qué tal han entrado el año? ¿bien? Espero que sí. En caso negativo, la propuesta que les dejo para hoy, tiene el claro objetivo de que enfoquen este 2009 con ganas, y sobre todo energía, la cual en su justa medida se la puede aportar el disco que hoy les presento. Todo esto, siempre y cuando por las mañanas, cuando se dirijan hacia sus centros de trabajo, se pongan el susodicho álbum en sus mp3 o mp4, o como quieran que ustedes escuchen la música.

Abordamos hoy la figura del sr. Billy Idol. Controvertido y por otro lado, carismático personaje, abanderado del punk/rock, al que siempre hemos visto en las portadas de sus discos con cara de tener muy pocos amigos. Este caballero, como ya sabrán muchos de ustedes, inició su carrera musical en los Generation X. Tras abandonar el grupo, Idol decidió volar por libre y su trayectoria en solitario se abrió con su disco homónimo, en el que Billy ya dio con la fórmula del éxito con canciones como “White wedding”.

El debut de Idol en solitario se puede considerar como un más que aceptable comienzo. No obstante, en el caso de este artista, se dará el hecho de que las expectativas generadas en su primer disco, se vean más que satisfechas al producirse el lanzamiento de su 2º trabajo. “Rebel Yell”, así sería titulado su siguiente lp, viene a incluir un puñado de canciones realmente excelentes, que confirmarían a Idol como un icono mundial del rock duro. Pasemos por tanto al análisis del disco y a conocer esas piezas que tanta energía desprenden, y que a la par son tan maravillosas.

El disco empieza con la canción que le da título. La aguerrida, y sobre todo abrasiva, guitarra es lo que más personalidad da a la canción. Evidentemente estamos hablando de un personaje asociado al punk, no podemos esperar lógicamente otra cosa. No obstante, existen ciertas notas de teclado, que dan un carácter distinto al sonido. Idol se desgañita brutalmente en la parte del estribillo: “a medianoche ella lloró más, más y más, con un grito rebelde, lloró más, más y más”. Por otro lado, en el inicio de la canción y en las partes que no comprende el estribillo, Billy canta de forma relajada, grave y lúgubre, cual oscuro crooner. Esta canción fue un tremendo éxito para Idol y una de sus temas más recordados. Ha llegado a ser versionada de forma más que digna por los H.I.M. en sus comienzos. La novedad principal que aporta es la inclusión de esos teclados que descargan suciedad punk del tema y que de paso lo acerca al sonido de la época. “Daytime drama” es un medio tiempo en comparativa con la apertura del disco. Lo más importante del tema son las experimentaciones de producción puntuales que se realizan con el sonido de la guitarra. Los teclados, esta vez de forma más sostenida y velada en la retaguardia, vuelven a hacer acto de presencia confirmando su aportación a la obra de Idol. Si bien podemos decir que Idol más bien es enérgico que rabioso, quitando así esa sensación que se transmite por las fotografías de Billy de las portadas de los discos, esta canción es uno de los momentos de rock medio más claros aportados por el disco. Tras este intermedio que sirve para recuperar el aliento perdido en la primera canción, nos viene de frente uno de los clásicos de Billy Idol. “Eyes without a face” es una pieza exótica y nueva en lo que a su sonido se refiere, dentro de la discografía de Idol. Excepto alguna parte, en la que alguna guitarra eléctrica desprende cierta rabia para que no nos encontremos tan extraviados y no perdamos la perspectiva, la instrumentación de la misma se forma por unos teclados cristalinos e inocentes (de cierto regusto melancólico) y batería y efectos de percusión. Igualmente, la interpretación vocal de Idol es sublime y de las mejores que haya conseguido a lo largo de su historia. Cierto aire angelical confieren a la canción esos coros femeninos que acompañan a Idol en los estribillos, que cantan en francés a esos “ojos sin rostro”. Líricamente la canción tiene un fuerte carácter agrio y doloroso visto en partes como “Pasé tanto tiempo creyéndome las mentiras para mantener vivo el sueño, que ahora me entristece y me vuelve loco ver la verdad por amar lo que fuiste”. Tan solo por esta canción, el disco en sí ya valdría la pena; no obstante, para mayor fortuna nuestra, no se queda ahí. “Blue highway” es de los momentos más cercanos al pop… mejor corrijamos y digamos rock ligero (no vaya a ser que Billy Idol lea algún día esto y me declare la guerra) que regala “Rebel Yell”. Ritmo, vertiginosidad y energía, en este caso con un carácter de buen rollo, es lo que nos regala esta canción. La línea de guitarra utilizada a lo largo de toda la canción es estupenda y aunque la misma pretende ser aguerrida, viene contrarrestada por algunas notas de teclados fantasiosos de la época. De nuevo Idol, vuelve a contenerse en su interpretación vocal y vuelve a hacer gala de un estupendo registro. Si me dicen que esta canción no les anima, harán que algún día pierda la fe en la música. Tras este vibrante y animado momento aportado por “Blue highway”, se presenta “Flesh for fantasy”. Este tema, claro alegato al sexo y la lujuria, es uno de los escogidos para el recopilatorio de Idol y también fue promocionado como sencillo. Sin embargo, sucede el hecho común en tantos artistas de que está a la sombra de la canción título y de “Eyes without a face”, con lo que la gente que no vivió la época y solamente ha escuchado temas de Idol en la radio de pasada (normalmente los mencionados ahora mismo), no la conoce. Lo mismo de siempre: no saben lo que se pierden. La canción nos puede recordar a los Simple Minds de esos años, e incluso no desentonaría en “New Gold Dream 81-82-83-84” de los escoceses. La energía y la rabia viene en su, por otro lado, sencillo estribillo, que simplemente se compone del título de la canción. La guitarra, menos en un fragmento mediada la canción, se muestra principalmente rítmica y junto a los teclados utilizados, da forma a una canción perfectamente representativa de la época. Un verdadero regalo y sorpresa que me encontré al escuchar el disco por primera vez. “Catch my fall” empieza de forma sigilosa y con un Idol casi susurrante. Aquí lo reseñable es el saxofón incluido en los estribillos de la canción “cógeme al caer, si tuviera que tambalearme”, que nuevamente vienen a demostrar la predisposición de Idol de adaptarse a los nuevos tiempos. Otro tema que, como ustedes podrán comprobar, es tremendamente llevadero y accesible. No es tan fiero el león como lo pintan suele decirse, y con Idol en esta ocasión pasa lo mismo. Eso sí, supongo que no se atreverán a decirme que por ello las canciones hayan dejado de rallar a un alto nivel hasta el momento, ¿no? “Crank call”, curiosamente y para contradecir el anterior planteamiento que les ponía, vuelve a mostrarnos a un Idol que vuelve a subir su nivel de rabia. Quizás el tema más aguerrido que nos encontramos en el disco junto a la canción título. “Stand in the shadows” nos va a suponer un subidón de adrenalina, pero más bien por su vertiginoso ritmo, más que por la rabia que tiene el tema. Es nuevamente otro de esos temas de ese rock tan accesible, enérgico y movido que Idol nos lleva proponiendo a lo largo del disco en temas como “Blue highway”. Un disco tan perfecto, sin una sola canción malsonante o con ritmo plano, no podría terminar de una forma ramplona. El caso es que para esta ocasión, se nos incluye una canción triste, de sonido lejano, que no tiene nada que ver con el resto del conjunto de la obra, pero que por otro lado es estupenda. “The dead next door” es una pieza lenta con unos teclados y acordes de guitarra llorones, que curiosamente nos deja un regusto melancólico y amargo tras una obra tan vibrante y enérgica. Quizás la canción la que más tiene algo que ver es con “Eyes without a face”, pero tampoco de una forma muy clara. La canción trata el tema de la muerte, los fantasmas y el más allá de una forma muy elegante.

Principalmente por los acertados singles “Rebel yell” y sobre todo por “Eyes without a face”, el disco supuso un tremendo éxito para Billy Idol. El cantante se convirtió en el icono de los rebeldes de la época y se coló en muchas habitaciones de adolescentes, iniciando el fenómeno de colocar posters de cantantes y grupos en las paredes de tantos y tantos jóvenes. Su icono, con ese pelo de punta rubio y esa cara con la sempiterna expresión de rabia y mala leche, es reconocible por casi todo el mundo. Igualmente, siempre me ha dado por pensar si Matt Groening se inspiro en Idol para crear el personaje de Bart Simpson. Otra influencia de imagen de Idol en épocas posteriores: echen un vistazo al cantante de Offspring.

En 1986 vería la luz el 3er. disco de Idol, titulado “Whiplash Smile”. Un disco con una aceptable acogida, sobre todo por la balada acústica “Sweet sixteen” que volvió a poner a Idol en el candelero del panorama musical del momento. Esta canción hace que el disco se reciba de forma equivocada, ya que menos dicho corte, el lp es bastante rabioso y cargado de adrenalina. No obstante, y como sucedió a muchos artistas surgidos en los ochenta, tras este trabajo, la productividad (hubo un parón de 13 años entre el 5º y 6º disco de estudio) y el nivel de excelencia de las entregas que iría sacando Idol, se vería notablemente resentido.

Podemos decir, que aunque Idol a lo largo de los años 90 y en la presente década, ha seguido sacando algún disco, nunca ha vuelto a conseguir un aceptable éxito comercial llegado, y tampoco se ha acercado al mismo nivel de acierto en sus composiciones en lo referido a tener la misma pegada y gancho, que muestran canciones como las pertenecientes al disco hoy analizado. Este última aspecto es muy importante, porque en grupos que tienen una dilatada trayectoria como es el caso de Idol, muchas veces el nivel de ventas no está en consonancia con la calidad o acierto del trabajo; si no, pregúntenselo a Jim Kerr y sus compañeros de Simple Minds cuando lanzaron el excelente “Black & White 050505”, que prácticamente pasó desapercibido para el mercado.

Recientemente, y esto como comentario desenfadado e hilarante, llegué a ver un disco de Idol titulado “Happy Holidays”, en el cual Idol cantaba a la Navidad (qué apropiado en estas fechas) y cuyo track list incluía canciones como “Here comes Santa Claus”. Si esto no les ha hecho soltar una carcajada, les describiré la portada del disco. ¿Se imaginan a un Idol con cara enfadada al uso? Pues no, en esta ocasión se nos presenta Idol con un smoking cual crooner con un micrófono antiguo en sus manos y con una cara tremendamente amigable, en una actitud que parece que hasta nos invite a su casa a comer pavo el día de Navidad. Aquí ya el parecido era más bien con el antiguo central del Bayern de Munich Stefan Effenberg o con Juanjo Artero en su papel de Charlie en la recién acabada serie “El Comisario”. Tuve ocasión de ver este lp el año pasado en Fnac Callao en Madrid por estas fechas. Este año no lo he vuelto a ver. En aquella época era motivo de peregrinación y primera parada en mis visitas a este espacio de discos. Sin palabras.

Idol fue un icono y un precursor del rock duro para todos los públicos de los 80, que más tarde pregonarían o extenderían grupos como Europe o Bon Jovi. Sin embargo, para la percepción social pasado el test del paso del tiempo, Idol ha quedado en un nivel menor de recuerdo que las bandas que les acabo de mencionar. Como les he comentado antes, no se dejen asustar por las portadas de los discos de Idol, que como en esta ocasión muestra un personaje dispuesto a darnos una paliza como poco. Yo también tenía mis temores a la hora de abordar el disco, ya que uno tampoco es un seguidor del rock demasiado duro en general. Sin embargo, tras haber escuchado las canciones se viene a demostrar que Idol, como ya les he mencionado antes, más que rabia, por lo general era energía y brío, aunque la ira hiciera puntualmente acto de presencia en alguna canción como la propia “Rebel Yell”.

Lo dicho, no se asusten y procedan a darse un paseo por este disco de Idol, que les diré que hacía ya un tiempo que no veía por las estanterías de los centros comerciales o tiendas de discos. Curiosamente lo vi el pasado sábado en la tienda Saturn del Centro Comercial Plenilunio y a un precio muy decente. Eso sí, solamente quedaba un ejemplar. Si quieren poner en un apuro a los Reyes Magos, inclúyanlo en la carta que les remitan. Que trabajen un poco, ya que solo lo hacen una vez al año.
Leer más...