sábado, 10 de enero de 2009

1977 Kraftwerk - Trans-Europe Express

Si a Depeche Mode se les ha llamado alguna vez los padres del house, he aquí a los abuelos de este genero musical. Kraftwerk, formación alemana, comúnmente un cuarteto, pero proyecto básicamente encabezado por Ralf Hutter y Florian Schneider, llevaba en activo desde finales de los 60. La verdadera proyección de la banda se percibió en 1974 con el lanzamiento del disco “Autobahn”. Esta obra está considerada como la Biblia de la música electrónica.

El grupo concretó sus inquietudes musicales asociadas a la tecnología en el oscuro, frío, cáustico, experimental y excepcional “Radioactivity” de 1975. Los teclados utilizados en la canción título, las atmósferas creadas en la misma y la robótica interpretación vocal, eran un soplo de aire fresco en la esfera musical de la época dominada por el rock sinfónico y el glam. En esta época la banda se componía además de los 2 miembros principales ya señalados, de Karl Bartos y de Wolfgang Flür.

En 1977 el grupo sacaría su 3er. disco moralmente hablando, ya que previamente a “Autobahn” existieron los volúmenes “Kraftwerk 1”, “Kraftwerk 2” y “Ralf And Florian”. “Trans-Europe Express”, así sería titulado el álbum, supone nuevamente una obra conceptual centrada en una idea. Este hecho será una constante de la banda en todas sus obras: en “Autobahn” el concepto de la autopista, en “Computer World” el mundo de la tecnología, y en “Electric Cafe” la idea de que la música no pare. Aquí se aborda de forma generalista la idea de Europa a través de los largos viajes en tren, que en aquella época estaban tan de moda.

Este ensayo de Kraftwerk sobre Europa, comienza con “Europe endless”. Es más que evidente la idea que transmite Kraftwerk sobre la extensión de Europa, el fin de sus fronteras, y quizás ahora más que nunca, con las sucesivas anexiones de nuevos países miembros a la Unión Europea, es una canción que podría ser un medio himno del ente continental. La alternancia entre la voz humana y los vocoders utilizados por la banda es de lo más reseñable y más novedoso que para la época aportaba el tema. Los teclados son cristalinos y evocan personalmente a las cumbres nevadas de los Alpes centroeuropeos, que se pueden ver cuando los trenes atraviesan sus valles (que paisaje tan acorde con los 2 últimos días que llevamos en Madrid). Las melodías creadas, sumamente armoniosas, se elevan sobre el fondo creado por unos primitivos sintetizadores. Felizmente hipnótica y relajante, se demuestra que la música electrónica no tiene por qué ser estridente. Esta idea aportada por Kraftwerk, se haría más evidente a finales del siglo XX cuando surgió el trip-hop, aunque ciertamente con unas variaciones en las texturas que saltan a la vista. El 2º corte “Hall of mirrors”, utiliza unos graves sintetizadores, alternados con otros sonidos más agudos. El semblante serio de la voz que entona la canción es de lo más reseñable de este corte, y sin duda le da una apabullante solemnidad que se verá contrarrestada en el próximo tema. “Showroom dummies” es una especie de autoparodia que compuso el grupo. Es una de las canciones pop en sentido estricto y de los temas más accesibles que Kraftwerk guarda en su discografía. La historia que cuenta la abundante letra, en comparativa con el instrumentalismo dominante en casi todo el disco, divaga sobre la vida que cobra un grupo de maniquíes que rompen el cristal del escaparate y que atraviesan la ciudad para ir a un club a bailar. Una clara melodía de teclado, un fuerte entramado de sintetizadores con bastante empaque rítmico, y en 3er. plano unas notas de carácter ampuloso (que en parte reutilizarían en su “Music For The Masses” en 1987 sus alumnos aventajados Depeche Mode) ayudan a que el grupo consiga una canción, al menos no tan difícil de escuchar en las emisoras como otras composiciones que tienen. La interpretación vocal es sumamente hierática y alcanza niveles de mayor intensidad y solemnidad en la parte final, como por ejemplo cuando dice que rompen el cristal del escaparate. Particularmente, a un servidor le hacen gracia los teclados reguleros que aparecen en la parte final de la canción, con un sonido un tanto quejumbroso cuando se nos dice “Vamos a un club y empezamos a bailar, somos los maniquíes, somos los maniquíes”. Ya habrán podido sacar en conclusión que soy un tremendo admirador de los videoclips. En este caso, el video es sumamente sencillo, de bajo presupuesto y se compone del grupo en unos platós blanquecinos ataviados de sus formales trajes de etiqueta y que a ratos son sustituidos por unos robóticos maniquíes que tocan los instrumentos de forma autómata. Resultan desternillantes los bailes del final del video que se marcan los 4 miembros del grupo, y por otro lado se antoja aterrador el semblante del, ya de por sí siniestro, rostro de Florian Schneider. Ya hablamos en su día del guiño personal que hicieron a la canción Golpes Bajos en su disco “A Santa Compaña”, concretado en su “Fiesta de los maniquíes”; normal que dijeran que no les tocáramos por favor, no fuera a ser que se mosquearan con la cara de tan poco fiar de Florian. De un tema reconocible de la banda, pasamos a una de las marcas o firmas principales que aporta el disco. El combo compuesto por la canción título y por la anexa “Metal on metal” es de lo más destacable y de lo considerado más innovador que supone “Trans-Europe Express”. La percusión metálica de “Metal on metal”, es sin duda un precursor dentro de los que más tarde se concretaría en el genero del rock industrial. Evidentemente es el tema que más desasosiego supone del disco. Nuevamente volvemos a abordar la idea de Europa que habíamos abandonado en el primer sesgo del disco. La 4ª canción, la propia “Trans-Europe express”, sin embargo, crea una sensación de trance con el sonido del tren en marcha y con una estructura cíclica que se acompaña de unas melodías claras de notas de teclado en claro in-crescendo y de un carácter tremendamente tajante. La interpretación vocal es bastante monótona, acompañada de robóticos vocoders y como anécdota se puede escuchar la mención especial que se hace a Iggy Pop y David Bowie. Tras esta parte menos armoniosa y más experimental, se pasa directamente al tema de texturas más bellas que tiene el disco. “Franz Schubert” se ve claramente a quien está tributado y sobre las notas o melodías que ya vimos en “Europe endless” al abrir el disco, se crean unas delicadas melodías de teclado reminiscentes de orquestaciones de sonido clásico de cuerda, que hacen las delicias de cualquiera y máxime después del martilleo que nos traía “Metal on metal”. La obra cierra con “Endless, endless” que vuelve a reincidir en los aspectos de la primera canción, siendo básicamente lo que más tarde otros grupos se empeñan en llamar un “reprise” y que incluyen al final de sus discos. Nuevamente Kraftwerk actuando como unos imprescindibles precursores e innovadores.

En Alemania, país de origen del grupo, el disco fue un tremendo éxito y a nivel continental la banda se fue haciendo un nombre, obteniendo notables triunfos asociados principalmente a ciertos remixes o incluso versiones en francés de “Showroom dummies”, que triunfaron en las pistas de baile de los clubes europeos. Evidentemente hay que entender que el disco se editó originariamente en alemán; he decidido analizar la edición internacional en inglés para hacerles más fácil el acceso al disco. La portada es de sumo regusto clásico, con un montaje fotográfico retocado de una foto de los 4 componentes al estilo de comienzos del siglo XX y que intenta recrear a los viajeros de esos expresos europeos de dicha época.

El estrellato definitivo y la consagración de Kraftwerk vinieron de la mano de la edición de su siguiente disco “The Men Machine”. El éxito de canciones como “The robots”, la elegante “Neon lights” o la evidente “The model”, hizo que la banda dejara su marca o firma indeleble dentro del libro de honor de la historia de la música. En los años 80 la edición de “Computer World” y la creación de la canción homenaje al Tour de Francia rubricaron los éxitos de finales de los 70.

La banda editó su último disco de estudio totalmente original en 1986 con “Electric Cafe”. Un disco que sufrió un severo correctivo en su día por parte de la crítica, pero que con el tiempo ha ido sanando sus heridas y adquiriendo una mejor reputación, sobre todo dentro de las nuevas generaciones de seguidores de Kraftwerk que a día de hoy siguen surgiendo y dentro de las cuales se encuentra un servidor de ustedes.

Los años 90 vieron numerosas ediciones de recopilatorios, discos de remixes y poco más. En el nuevo siglo Kraftwerk se encargó de la banda sonora de la Exposición Universal de 2000, y unos años más tarde revisitaron su éxito “Tour de France” para editar un lp de varias canciones que circundan temáticamente sobre la ronda ciclista. Un trabajo de una excelente calidad y adaptado perfectamente a los tiempos que corren.

Desde entonces Kraftwerk se ha dedicado a acudir a algún festival para dar algún concierto y teniendo en cuenta la edad de sus componentes, es probable que cada vez sepamos menos de estos genios de la música. A nivel reflexivo, decirles que Kraftwerk es un grupo desconocido para el público generalista de masas y solamente suena a aquellos que van un poco más allá. De haberse tratado de una banda de origen británico, se podría decir que estuviéramos hablando de poco menos de una banda al nivel de repercusión de Led Zeppelín o Pink Floyd a nivel global, ya que dentro de su género andan en ese nivel. Pero bueno, se dio el caso de que estos chicos nacieron y se criaron en Alemania y hasta aquí han llegado. ¡Vaya! Digo esto último como si fuera poco lo que han conseguido… qué más quisieran tantas y tantas bandas.

A modo de epílogo circunstancial e improvisado por los hechos acontecidos esta semana: Sirva el artículo de hoy de extraño y sentido homenaje especial a Florian Schneider, el cual ha comunicado esta misma semana su salida de la banda tras una trayectoria de 40 años en el barco. No deja de resultar curioso y probar una tremenda casualidad el hecho de que el presente artículo ya lo tenía rematado justo un día antes de saber la noticia. Como ya he comentado antes, su avanzada edad deja muy poca posibilidad de maniobra para pensar en una posible futura reunión, con lo que los Kraftwerk en esencia, podemos decir que han desaparecido. La marcha de Flür y Bartos pudieron notarse en mayor o menor medida, pero ahora por mucho Ralf que nos quede, siempre echaremos de menos a Florian con su agudo rostro sobre el escenario.

2 comentarios:

el gato kilo dijo...

genial, me ha encantado, kraftwerk para mi son el grupo mas increible de todos los tiempos.
escribi un par de cosas sobre ellos en mi blog pero no estan tan bien elaboradas como tu articulo.

http://elgatokilo.blogspot.com/2009/01/se-acabo-kraftwerk.html

http://elgatokilo.blogspot.com/2009/01/este-pequeo-homenaje-florian-que.html

Abacab dijo...

Celebro que te haya gustado la revisión. Echaré un ojo por tu blog a ver qué escribiste sobre estos genios de la música electrónica.

Gracias por escribir.