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domingo, 21 de noviembre de 2010

Concierto Arcade Fire. Madrid (20-11-2010)

La potencia sin control no sirve de nada. Disponer sobre hora y media una serie de temas fáciles que alteran a una audiencia simplemente jugando en su subconsciente, es la práctica más sencilla que puede ejecutar una banda. Además, hay que decir que los chicos de Arcade Fire salieron a escena sin gracia alguna, con una actitud decepcionante y dieron forma a un concierto horrible… Paremos un momento. Pero, vamos a ver… ¡¿Alguien se ha creído que estas primeras líneas las estaba escribiendo en serio?! Cualquiera que esté en su sano juicio y tenga un mínimo de buen gusto musical, jamás podrá realizar afirmaciones como tales y ni siquiera decir que el concierto que ofreció Arcade Fire este sábado en Madrid fue solamente bueno a secas. Esto tan solo era una pequeña bromita que me he marcado antes de comenzar, y con la que supongo que a más de uno se le estaría quedando la cara a cuadros. Vamos con la crónica en serio.

Intentando sintetizar para comenzar, podríamos afirmar que la apoteosis en forma de actuación musical fue lo que se dio cita en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid este pasado sábado 20 de noviembre de 2010. O al menos dicha apoteosis tuvo lugar exactamente desde las 21.48 hasta las 23.25h, que fue el tiempo que los canadienses Arcade Fire llenaron el escenario. Hasta la fecha, he ido a muchos conciertos, muchos de ellos de bandas históricas y con un directo brillante, como es el caso de Depeche Mode por citar algún ejemplo. Pero he de decir que lo de ayer no lo había vivido o experimentado todavía. También he estado en muchos conciertos en los que el ambiente y la tensión y emoción por parte del público (marea en la que estás inmerso), se notaban desbordantes (casos parecidos a los que tuvieron lugar en el mismo sitio con The Killers o Franz Ferdinand), pero es que el ambiente que se respiraba ayer en el arena de la calle Goya, no tiene comparativa posible con ninguna experiencia previa. Es difícil expresar ciertas sensaciones o experiencias con palabras, y el concierto de Arcade Fire de ayer es uno de esos casos. Intentaré transmitir la emoción general y particular que hubo en el evento, y comentar cada uno de sus momentos de la mejor forma posible, pero no les prometo que pueda llegar a estar a la altura.

Todavía retumbaban en el Palacio de los Deportes los ecos del que supongo que también sería un gran concierto, aunque de otro estilo, que no fue otro que el que celebró la colombiana Shakira unas horas antes. A su manera, también pondría patas arriba el Palacio de los Deportes, pero digamos que de conciertos que funcionan o empatizan con la audiencia de esas formas, ya he vivido muchos. Eran las 17.15h, y cumpliendo puntualmente con mi palabra, llegué a las inmediaciones del lugar señalado, la cola de la plaza de Felipe II, emplazamiento habitual de espera hasta la apertura de puertas. Los seguidores del blog, recordarán quizás que en el concierto de Franz Ferdinand tuve la ocasión de conocer a un grupo de gente muy maja y con un exquisito gusto musical, con los que en aquella ocasión ya hablamos de lo que nos gustaría que Arcade Fire vinieran a Madrid en concierto propio, más allá de visitas festivaleras. Sobra decir que guardamos el contacto y desde que supimos del concierto, habíamos estado hablando de vernos. Acordamos que el primero que llegara, cogiera sitio en la cola, pero ni siquiera hizo falta, ya que la sincronía, como dirían The Police, se dio casi de forma exacta, llegando ellos 2 minutos más tarde que yo, con lo que su sitio en la cola hubiera sido el mismo, puesto que no se había puesto nadie todavía detrás mía.

Todo suma a la hora de hacer síntesis de una experiencia de concierto, y sin duda, la tarde que pasamos hasta que llegó la hora del show, fue de lo más agradable gracias a la compañía de estos amigos y de otros de toda la vida que también vinieron al show. Tenía cierto miedo, ya que el tiempo amenazaba lluvia, algo como lo que sucedió en Brandon Flowers, tarde en la que terminamos empapados tras esperar en la cola 2 horas. Todo ese esfuerzo para que luego las “niñas modernas” de turno se jacten de colarse hasta las primeras filas, sin necesidad de haber llegado antes de la apertura de puertas. Eso de llegar el último y querer ser el primero es de una mala educación de tomo y lomo, pero ¿qué vamos a esperar en una sociedad como esta? Garbanzos negros los hay a expuertas en este mundo. Por fortuna no llovió, pero la tarde fue muy fría, con un viento que atizaba de forma insistente, y que en definitiva nos enseña que el invierno está a la vuelta de la esquina.

A las 19.15h o así, se abrieron las puertas del recinto y llevamos a cabo el laberíntico paseo de costumbre en el Palacio de los Deportes, para llegar a pie de pista. ¿Para qué molestarse en correr? Primero, hay empleados del recinto que te lo impiden y te increpan si lo haces. Segundo, creo que no es muy inteligente bajar las escaleras a escape a riesgo de hacerte un esguince, total para ganar una fila más, que sencillamente no pierdes (o incluso ganas) si te ladeas un poco del escenario hacia izquierda o derecha. Nuevamente conseguimos una 10ª fila, que cuando empezó Arcade Fire se convirtió en una 8ª, escorados a la izquierda mirando al escenario y en una posición muy parecida a la que tuvimos en Interpol 7 días atrás. Tras este rollo monumental, pero siempre lo digo: esto es un blog y lo personal aquí tiene cabida (para crónicas ajustadas a 1000 palabras echen un vistazo a “Mondosonoro” o “Rolling Stone” u otros lugares), pasemos al análisis meramente musical, técnico y artístico de lo que se vivió.
¿Los teloneros? Fucked Up. Y, bueno, igual que Arcade Fire ha sido el capítulo final del otoño intenso de conciertos que he vivido, y del que ya les hablaba a finales de agosto en los artículos, Fucked Up ha supuesto el fin de la racha de buenos teloneros de esta última temporada. Tenemos que ir por partes. Digamos que en lo musical no es un estilo que me guste nada el que profesa esta formación. Estamos hablando de una banda compuesta por 3 guitarras eléctricas, un bajo y un batería, liderados por una mole con la cabeza afeitada y con una barba propia de Chanquete de “Verano Azul” o del actor Aitor Mazo, y que se viste al estilo que marca por ejemplo el líder de los Suicidal Tendencies, es decir, anchas deportivas de baloncesto y pantalón corto hasta por debajo de las rodillas o pirata para entendernos mejor. En lo que al estilismo del resto de la banda se refiere, hay que apuntar que no iba para nada en consonancia con el de su vocalista. Arriba de este párrafo les dejo una imagen global que tomé de Fucked Up sobre las tablas. Inciso en mitad de la descripción de la actuación de los teloneros: sobre las fotos, decirles que aparte de mi pobrecita cámara digital, pude disponer de otra cámara que trajo alguien de mi grupo de allegados, y que hace unas fotos sustancialmente mejores. A ver si notan las diferencias y saben cuáles pertenecen a qué cámara. Bueno, prosigamos con el análisis de lo que supusieron Fucked Up. La máquina sonora no mostraba casi matices, y si alguno había, era masacrado inmisericordemente por el “vocalista” de la banda, que cantaba al estilo “dame una barra de pan”, como diría un buen amigo mío (para que entendieran esta coña, tendrían que oír a mi amigo pronunciar esa frase y el tono en que lo hace, y comprenderían el resto). Solamente hubo una canción medio interesante en el plano musical, que no sé si fue la antepenúltima o penúltima que tocaron, pero, claro, cuando el vocalista empezaba a espetar ante el micro, se iba abajo la poca esperanza de escuchar algo medianamente asequible. Por otro lado, que ya he dicho que hay que ir por partes, no podemos negar que el líder de la banda puso patas arriba, a su propio estilo, el recinto. Se introdujo entre el público en mil y una ocasiones, interaccionó con el mismo, lanzó el micro no sé cuántas veces al aire, llegando a atarse la cara con el cable del mismo en un momento, se dio de leches con un bote de refresco en la cara al comienzo de la actuación y por otro lado hizo sudar a los miembros de seguridad, que tenían que seguir muy de cerca sus pasos. Sin duda alguna, animó el cotarro de forma apabullante, y en esta ocasión más que nunca me alegré de no estar en las primeras filas, porque de cuando en cuando también cogía a la gente y les daba algún abrazo de oso, supongo que dejándoles parte de su generoso sudor (y no es para menos con tal derroche de actividad). Pero es que Fucked Up básicamente fueron esto: la actitud de su cantante que dejó ojiplático al respetable y un muro de sonido metalero o hardcore sin matices. En lo musical son demasiado primarios y no me llamaron nada la atención.
Como anécdota, hay que decir que Win Butler y algún otro componente de Arcade Fire estaban situados en un extremo del escenario sin perder comba ni de un segundo de la actuación de los teloneros; desde que descubrí a Billy Corgan de The Smashing Pumpkins viendo a Kasabian desde las gradas traseras del escenario en Las Ventas en el Pepeworld Festival de 2007, no había vuelto a ver a ningún artista principal observando al aperitivo que le precede, el cuál en esta ocasión nos resultó algo indigesto. Encabezando este párrafo pueden ver una imagen que muestra a Win Butler viendo a Fucked Up en acción junto a otros compañeros de Arcade Fire; da la impresión de que se percató que yo a mi vez me había dado cuenta que estaba ahí. Ya les dije que cuando un telonero no me gustase lo comentaría. Esto lo que hace es ensalzar a bandas como The Monomes, Ecco o Suffer Blood. Respeto los gustos, pero Fucked Up no son para nada mi estilo y dudo qué es lo que tienen que ver con Arcade Fire, más allá de la cierta mala leche al micro que de vez en cuando se gasta Win Butler, pero sin necesidad de ponerse gutural. Me gusta tener un respeto por todo trabajo, y simplemente terminaré diciendo que Fucked Up no me agradaron.Sin duda, los teloneros no nos dejaron indiferentes, pero al poco tiempo ya estábamos mirando insistentemente la hora para ver cuánto quedaba para que el matrimonio Chassagne-Butler y el resto de Arcade Fire irrumpieran en el escenario. Los roadies se afanaron en dejar todo dispuesto de forma muy rápida, pero aún así estos chicos de Canadá se hicieron de rogar, demorándose 13 minutos del horario previsto, a la hora de salir a escena. Yo apostaba por un comienzo con “Neighborhood #1 (tunnels)”, pero lo lógico en realidad era empezar con algo de “The Suburbs”, última entrega de la formación. Y de hecho así fue. La apropiadamente titulada “Ready to start”, y en definitiva la canción que ha permitido abrirse mucho los horizontes a Arcade Fire, era el tema que abría fuego y que ya consiguió enardecer a los que allí nos encontrábamos. “Ready to start” es un tema directo, intenso y perfecto para el comienzo de un recital.Bueno, hablar aquí de los puntos álgidos o mejores momentos es casi una redundancia, ya que les afirmo que no hubo ningún agujero dentro de la más de hora y media de actuación de Arcade Fire, y es difícil quedarse con alguno en especial, puesto que hubo tantos... Lo enfocaré de tal forma que intente explicar quizás los pasajes más celebrados por el público dentro de la histeria continua provocada por tal sucesión de tema tras tema, himno tras himno, y para muestra de esa sucesión, luego les dejaré el setlist ordenado al final, para que puedan ver el esquema sonoro que trazaron estos chicos. También les diré, por otro lado los momentos que más me gustaron personalmente, dentro de tanta bondad musical e interpretativa.Si les parece, empiezo por lo coral; es decir, por lo que generalmente enloqueció más a las masas. Aparte del comienzo, que siempre es celebrado por el simple hecho de que el grupo ya está en el escenario, no hay duda que un momento muy especial fue cuando finalizando la parte troncal del concierto antes de los bises, Arcade Fire unieron de forma umbilical, sin fisuras y encadenando los acordes finales de una con los iniciales de la otra “Neighborhood #3 (power out)” con “Rebellion (lies)”. Dentro de mi “quiniela” particular de setlist, no acerté ni una, no en lo referente a que aparecieran o no, ya que aunque no había visto ni un solo setlist de la gira (cosa a la que me niego, porque luego te provoca vivir un concierto sin el punto picante de la sorpresa) suponía que aparecerían, sino en lo centrado a en qué parte del concierto harían acto de presencia. Yo pensaba que “Rebellion (lies)” sería el final de concierto, el último tema del bis. Finalmente casi fue así, pues cerró la parte troncal, pero aún quedaría la propina. El hecho de empezar a oír las notas del bajo del comienzo de esta canción tras la descarga (y nunca mejor dicho) de adrenalina de “Neighborhood #3 (power out)”, fueron unos segundos de genialidad que encandilaron a las cerca de 20000 almas que estuvimos en el interior del recinto y a mi en particular también.Quizás los fallos principales de esos pronósticos de setlist en lo que al orden se refiere, redundan en que no pienso en lo fácil, y suponiendo que Arcade Fire no son una banda cualquiera, creo que quizás en ciertas pautas se comporten también diferente. Y en parte fue así, pero en lo básico no, ya que lo que estaba casi cantado era que el comienzo sería “Ready to start” y el final vendría de la mano de “Wake up”. Y así fue. “Wake up” fue de los momentos más increíbles de la noche. Venía a rubricar un concierto de una puntuación de 11 sobre 10, y poder escuchar a la gente coreando esta pieza ya clásica del repertorio de Arcade Fire fue una experiencia acongojante. Y en parte, quizás es una de las canciones que mejor resume o sintetiza lo que es Arcade Fire, cosa no fácil, que es la mezcla de virtuosismo, emotividad y ritmo (sobre todo en la parte final). Si a esto le sumamos el hecho para nada irrelevante de que su otra compañera de bis fue “Intervention”, un tema que personas de mi grupo pensaban que no aparecería, tienes como resultado la fórmula para dejar a la gente completamente alucinada al término de la actuación. Y es que fue un tremendo final de concierto, pero en lo personal me gustó más el ambiente que se vivió con la oscilante y maravillosa “Rebellion (lies)”; no obstante, lo que ya he dicho, uno es consciente de que “Wake up” es más coral, un tema que propicia más la comunión entre público y grupo, y en definitiva más popular que la propia “Rebellion (lies)”. Como si tuviera que quejarme de esto, ¿verdad?Quizás en lo general, estos fueron los momentos que, sobre tan alto nivel, destacaron sobre el resto. No obstante, hay que hilar muy fino para llegar a estas conclusiones. En lo que se refiere a mi personalmente, me gustó mucho que tras “Ready to start” y el 2º tema que tocaron, que a priori es de las canciones que menos gustan del disco en general a los fans de Arcade Fire, “Month of may” (pero que por otro lado, y eso es evidente por su envoltura, en directo gana y es una pista claramente dispuesta para los conciertos), se dispusiera un núcleo durísimo de emotividad. Aquí el grupo engarzó 4 de mis temas favoritos de la banda, y en cierta parte fallé nuevamente en mis pronósticos, pues alguno de ellos me lo imaginaba más bien en la parte final y me quedé a cuadros al verlos por estas latitudes temporales del show. No me descuadró que tras “Month of may” Régine, vestida con un luminoso y brillante vestido, cogiera su acordeón y ya directamente me imaginara que “Neighborhood #2 (Laika)” sería lo siguiente que llegara; y no me equivocaba. Este tema fue la piedra de toque con la que conocí a Arcade Fire al visionar en el portal youtube el videoclip en casa de un amigo, que en sí fue quien me presentó a esta formación y que, como no, también vino al concierto (no sé yo qué hubiera sido de él si el concierto hubiera sido un martes o miércoles…). Evidentemente, aquí no estaban presentes los efectos de producción que distorsionan la voz de Win en el estudio, pero por otro lado pudimos escuchar su tono directamente en este trallazo que en su día yo denominé como “opereta de mala hostia”, básicamente por la rotundidad y contundencia que muestra Win en algunos momentos al micro. Régine ayudó de forma inestimable a su compañero y pareja sentimental, escudándole perfectamente en el estribillo con sus coros, a la par que concedía al tema su rasgo instrumental principal, que no es otro que esa melodía de acordeón.Este fue el comienzo del citado combo de 4 grandes momentos para mi foro interno. Tras el fallo de predicción en el inicio pensando que sería “Neighborhood #1 (tunnels)”, en lugar de “Ready to start”, el comienzo del show, aquí sumé el 2º error cuando Win directamente avisó que el siguiente tema sería “No cars go”. Sinceramente, me imaginaba un bis formado por este tema y “Rebellion (lies)” como cierre y “Wake up” e “Intervention” en la parte final del show, pero no en el bis. Pues imagínense como sonó este temazo auténtico de Arcade Fire, que sin necesidad de disponer de una extensa letra, se basta únicamente (como si eso fuera poco) de una melodía que te deja sin aliento (como dirían los Danza Invisible). “No cars go” regaló unos minutos de una intensidad bárbara que dejaron la senda preparada para que Régine, tras calentar voz en “Neighborhood #2 (Laika)” y en la propia “No cars go”, viviera su momento de protagonismo vocal de la noche, de forma seguida.Que “Haïti” formara parte del setlist, teniendo en cuenta como está la cosa por allí y que Régine estuvo fuertemente vinculada a ese lugar, no me sorprendió y también imaginé que si aparecía sería por la primera parte del concierto. De hecho, Arcade Fire colaboran activamente en la recuperación de Haití, ya que Win Butler afirmó en mitad de la actuación que 1 eur. de cada entrada vendida iba destinado a ayuda para Haití; también hubo una serie de chicos asociados al grupo, que vendían chapitas oficiales de la banda a un euro, a modo de recaudación solidaria para el efecto (sobra decir que compramos una, tanto por ayudar de forma solidaria, como para tener un recuerdo más del evento en sí). Esperaba con muchas ganas que sonara este tema, ya que desde el primer momento que escuché “Funeral”, me gustó particularmente, ya que es una pieza exótica dentro del mismo y que sirve como un cierto relax tras tanta carga de intensidad y emotividad en dicha obra. Además, esa melodía de teclados tan inocentes y pamplineros siempre me ha gustado mucho. Justo aquí arriba vemos a Régine interpretando “Haïti”, seguida muy de cerca por su pareja sentimental Win. Lo que sí me dejó en fuera de juego, fue que “Sprawl II (mountains beyond mountains)” apareciera a estas alturas del concierto. El quizás tema más celebrado, al menos haciendo un muestreo mayoritario y que ha puesto de acuerdo a fans y críticos musicales, de “The Suburbs” lo ubicaba en la parte final del concierto también. No en los bises, pero sí en la parte final. De hecho, esta pieza, al ser el capítulo real final (más allá del epílogo de “The suburbs (continued)”) de “The Suburbs”, siempre va asociado a un final de escucha. Da igual, fue otro de los grandes momentos, y viví con tremenda emoción ese estribillo en el que la Chassagne carga contra los PAU y los centros comerciales que proliferan en esos lugares cual “montañas tras montañas”; espero que tras llegar a nuestra tierra, el trayecto en taxi o autobús no les hiciera darse un paseo por Sanchinarro o el ensanche de Vallecas, pues les pudo haber dado algo, como a Carlos Goñi de Revólver cuando ve “las luces amarillas que alumbran el extrarradio”.Este grupo de 4 canciones, que sonó casi en los primeros compases del concierto, me dejaron completamente boquiabierto y alucinado. Vinieron bien los temas que se situarían a continuación, para recuperar el pulso tras tanta emoción. Y es que en los conciertos de Arcade Fire no hay malos momentos (su discografía aún no les permite dar patinazos en sus shows; ya llegarán los tiempos de decadencia compositiva, o no…), pero si hay lugar para minutos más pausados, porque si disponen un setlist sin fisuras de carga emocional, pueden provocar más de un paro cardiaco; no les exagero si les digo que terminé con la cabeza que me estallaba de la emoción y con el pulso aceleradísimo al final del concierto. Por eso, tras esta descarga de temas tan intensos, llegó una parte media de otras 3 canciones y media (ahora explicaré lo de “media canción”), que permitió a la audiencia deleitarse con el sector más calmado de la formación. Se dispusieron de forma seguida “Modern man”, “Rococo”, “The suburbs” (con introducción bastante interesante de Win) y “Crown of love”; y aquí viene lo de la citada “media canción”, puesto que todo el mundo que conozca “Crown of love” sabe que estamos ante una pieza que se acelera vertiginosamente en su parte final, sobre todo en las secciones de cuerda. Y desde ese final acelerado de “Crown of love”, se acabaron los medios tiempos para pisar el acelerador progresivamente hasta llegar a fondo al final del show. De hecho, el final de “Crown of love” fue de los momentos en los que más boté, cogiendo por banda a 2 de mis amigos metiéndoles en el ajo.Y es que antes de llegar al citado final de concierto o de su parte central antes de los bises con el citado combo de “Neighborhood #3 (power out)” y “Rebellion (lies)”, Arcade Fire tuvieron a bien situar el que yo pensaba que iba a ser el comienzo del concierto, “Neighborhood #1 (tunnels)”, otro de los momentos que más disfruté, la potente “Keep the car running” (una de mis favoritas de siempre de “Neon Bible”; la siguiente imagen muestra un momento de su interpretación) y el brutal acierto de la última obra del grupo “We used to wait”. Creo que en esta ocasión sí que he comentado todo el setlist al completo, y es que el concierto no fue para menos. Cada uno de los momentos brilló con suma intensidad, más allá de la excelente iluminación que tuvo el grupo en escena. No hubo momentos malos, ni en lo que a la calidad de las canciones, ni en lo que a la forma de ejecutarlas por parte del grupo se refiere. Por si les interesa, el setlist en orden, fue el que les dejo a continuación: “Ready to start”, “Month of may”, “Neighborhood #2 (Laika)”, “No cars go”, “Haïti”, “Sprawl II (mountains beyond mountains)”, “Modern man”, “Rococo”, “The suburbs”, “The suburbs (continued)”, “Crown of love”, “Neighborhood #1 (tunnels)”, “Keep the car running”, “We used to wait”, “Neighborhood #3 (power out)”, “Rebellion (lies)”. BIS: “Intervention”, “Wake up”.¿Momentos flojos? No hubo de eso. Y, ¿cosas mejorables? Bueno, quizás por sacarle alguna pega, sí que podría añadir que un concierto con 10 minutos más de duración, cumpliendo la hora y 45 minutos de extensión, incluyendo “Empty room” (quizás una de las grandes olvidadas de la noche) e “In the backseat” hubiera terminado de rubricar un show que no tendría calificativo posible en lo referido a sintetizar su nivel de calidad. Ahora que caigo, quizás también fue una pequeña sorpresa que el íntimo momento que supone “Neon bible” no hiciera acto de presencia. Pero realmente sacar alguna pega al setlist ofrecido es para dar de gorrazos al que se le ocurra semejante cosa. Como ya he dicho, más que realizar permutas, los temas ausentes indicados tendrían que haber supuesto una ampliación de la duración del show.Se llegaba al final de la mano de la citada “Wake up”, y el público allí asistente estaba petrificado, inmovilizado por lo que acababan de vivir. No exagero en este apartado, puesto que es común que tras encenderse las luces, la gente desfile directamente buscando la salida; bien, pues aquí, el público estaba quieto en su sitio, algunos con las bocas medio abiertas y comentando la jugada con la mirada perdida, y sobre todo con una expresión de satisfacción ante lo que acababan de ofrecernos Win Butler y sus muchachos. El aparentemente fiero Win, estuvo simpático y amable, e incluso en el comienzo de “Rebellion (lies)” hizo seria tentativa de meterse entre la audiencia, poniéndose de pie sobre la valla que separa la 1ª fila de asistentes del recinto del escenario. Vocalmente estuvo estupendo, por lo visto mucho mejor que en el Summercase de 2007, según me comentaron algunos de mis amigos. Su actitud emanaba felicidad y en algún momento llegó a subirse sobre su piano, lo cual sumado a su envergadura le mostraba como un gigante del rock. De Win figura justo seguida una foto que muestra parte de su intepretación al piano de “The suburbs”, con un gesto en su cara a mitad de camino entre la satisfacción y el orgullo.Su mujer Régine Chassagne estuvo magnífica. Al igual que su marido y el resto de componentes, se intercambiaron unas cuántas veces los instrumentos entre sí, demostrando el virtuosismo de cada uno de los miembros de Arcade Fire. De esta forma, Régine empezó en la batería en “Ready to start”, se puso al acordeón en “Neighborhood #2 (Laika)” y varias veces en los teclados, como en “Neighborhood #3 (Power out)”. Como no, tuvo sus momentos de extrema gloria al micrófono con “Haïti” y “Sprawl II (mountains beyond mountains)” en las que además de cantarlas de forma bastante correcta, nos obsequió con sus bailes naifs y sus movimientos tan peculiares, que incluyeron ciertos devaneos con unas cintas de colores al final de “Sprawl II (mountains beyond mountains)”. La siguiente imagen muestra a Régine a los teclados al final del concierto en la intepretación de “Wake up”.Hablar del resto de componentes de la banda, es hablar de profesionalidad, intensidad y virtuosismo. Cada uno del resto de miembros de Arcade Fire tocó de forma excepcional, sumando su inestimable granito de arena a las composiciones majestuosas de la banda, para que en el directo sonaran muchísimo mejor que en estudio, lo cual ya es decir. Como acabo de mencionar, fue común el intercambio de instrumentos en varios momentos y no deja de ser llamativo que Arcade Fire sea una de las formaciones que incluye en su escenario 2 baterías. Es todo un espectáculo ver a un grupo tan amplio en número de músicos en escena, sin en este caso encontrarnos ante una orquesta de música clásica. Además, también fue interesante ver como muchos de los componentes de Arcade Fire también se marcaban algunos bailes y tocaban los instrumentos de tal forma que también tuvieron sus momentos de gloria, descargando en esos momentos protagonismo de las cabezas visibles del grupo que son Régine y Win. Como curiosidad, volver a comentar algo que me he dado cuenta en todas las actuaciones de esta temporada, y es el hecho de que no se tiene a bien presentar a los miembros de la banda. Tan solo Supertramp lo hizo en el campo de los grupos internacionales. Arcade Fire no fueron una excepción en este terreno, básicamente porque a la hora de presentarse el show podría haberse alargado 10 minutos más, como pasó en el concierto de Alejandro Sanz en el Rock In Rio de 2008, justo antes del concierto de The Police. Para compensar esa falta de presentación, a continuación les dejo una foto que muestra a parte del resto de Arcade Fire, en la que no aparece ni Win, ni Régine. ¡Hay que ver cómo deslumbraba el cinturón de la violinista que sirvió de apoyo a la titular Sarah Neufeld!Hablando de otros aspectos del concierto, al margen de la música y de la banda, decir que la iluminación en esta ocasión fue fabulosa. Arcade Fire no usan humo para su espectáculo y se valen de unos efectistas juegos de luces con los que dar brillo a su desarrollo escénico, del cuál conviene no perder ripio. Por otro lado, de telón de fondo figuraba lo que se intuía como un entramado de excalestric de autopistas (esas que llevan a los suburbios o a los PAU, léanse en inglés “Suburbs” o “Sprawl” para que no se pierdan), y delante de ello un poste de iluminación al estilo de los que figuran en los estadios de fútbol y luego una pantalla gigante que parecía también un videomarcador de un estadio, con lo que se terminó de conformar una puesta en escena al menos curiosa. Sobre la citada pantalla, en “Wake up” se disponían imágenes de la actuación del grupo sobre otras que enfocaban el público. En cierto momento aparecí durante un buen rato nada más finalizar el tema; para mi fue todo un puntazo. En lo que a la acústica se refiere, nunca he tenido queja del Palacio de los Deportes. Supongo que aquellos que están en las zonas altas de grada, obligatoriamente no lo escuchan bien del todo, pero en las primeras filas, o al menos desde mitad de pista para adelante, el sonido siempre es estupendo.Tras finalizar el concierto y tras los pertinentes comentarios de admiración y tertulia entre el buen grupo que nos juntamos allí, intentamos felicitar en persona a los Arcade Fire en persona. No obstante, la noche estaba fría, demasiado fría y tras tomar unas raciones y algo de beber en un bar que está situado enfrente de la puerta de acceso y salida de artistas al recinto, no aguantamos más de 20 minutos frente a la misma. No vimos ni a Régine, ni a Win, que por lo visto estaban montando una fiesta en el interior del recinto; esto jugó en nuestra contra, puesto que cuando la fiesta es en otro lugar, no suelen tardar mucho en salir, como sucedió con The Killers o Franz Ferdinand. No era plan estar a la intemperie con el frío que hacía, hasta no se sabe qué hora esperando al grupo, con lo que tras el mencionado rato de espera razonable, nos marchamos los 4 que quedábamos.Eso sí, algún otro miembro del grupo sí que salió, y al efecto saludamos y nos hicimos una foto con la violinista Sarah Neufeld (la cuál gana muchísimo en las distancias cortas), que ante la estatura de un servidor y de mi amigo, se quedó algo asustada, pero finalmente accedió amablemente a hacerse una foto con nosotros. Su susto ante nuestra estatura no lo entiendo viendo la altura que tienen ciertos componentes de Arcade Fire, como el propio Win que debe sobrepasar con solvencia el 1,90. Por lo visto, Sarah y un par de componentes más de Arcade Fire no tenían ganas de fiesta o backstage y se metieron en los gigantescos autobuses, dotados de todas las comodidades que precisasen, que estaban aparcados esperándoles fuera para quizás montarse la fiesta por su cuenta. Debajo pueden ver a un servidor de ustedes y a un buen amigo mío flanqueando con firmeza a la grácil señorita Neufeld.Vamos llegando al final de la crónica y entramos en el apartado de las conclusiones o reflexiones que podemos sacar del concierto. Lo primero de todo, por si a alguien le quedaba alguna duda, es que Arcade Fire son un grupo con uno de los mejores directos de la historia actual del pop/rock y de la historia de la música moderna en general. Los himnos a los que han dado forma en estudio, son auténticas bombas nucleares cada vez que suenan en un recinto en directo. Por otro lado, y derivado de esta primera impresión, quedó constancia de que vimos en escena a un grupo que se encuentra en su mejor momento y que por otro lado son quizás una de las bandas que en este vacío de poder, al encontrarnos en unos interludios compositivos de grupos como Coldplay, The Killers o Franz Ferdinand, están de actualidad, siendo quizás la formación del momento. Arcade Fire triunfaron rotundamente en su paso por Madrid, más allá de los datos numéricos que señalaban por anticipado un show con las entradas agotadas. Y es que Arcade Fire dejaron plenamente satisfechos a los miles de asistentes a su concierto, que llenaron hasta la bandera el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid.Una cosa que ya se empezó a comentar en círculos de tertulia de asistentes en los momentos previos y posteriores al concierto, fue el hecho de que muchos están convencidos de que Arcade Fire están en condiciones de dar el salto de los recintos arena a los grandes estadios. ¿Veremos a Arcade Fire en el estadio Vicente Calderón en su próxima visita a Madrid, si es que aún no han derribado dicho glorioso recinto para entonces? Personalmente no lo sé. Puede, pero para llenar esos recintos un grupo tiene que ser una banda accesible y Arcade Fire es un grupo que está a la altura de gente instruida culturalmente. En este aspecto quizás sean un grupo elitista, pero nunca se sabe. Para muestra un botón: en el telediario de hoy al mediodía en Tve1, al final del mismo, cuando suelen poner algún cachito de algún concierto del día anterior, han puesto uno de Dani Martín de El Canto Del Loco en solitario. ¡Ahí! Promocionando lo nuestro, como si le hiciera falta. No obstante, y desmarcándome de esta tendencia, creo que no me gustaría ver a Arcade Fire en un Vicente Calderón. Creo que Arcade Fire es un grupo perfecto para un recinto Arena y el Palacio de los Deportes parecía anoche su casa; en este aspecto, soy de la misma opinión que el crítico musical Julián Ruíz. A falta de un órgano de iglesia descomunal, pueden comprobar en la siguiente instantánea como se suplió su carencia con el efecto creado en la pantalla gigante en mitad de la interpretación de “Intervention”. De momento lo único que podemos afirmar es que lo vivido el sábado día 20 de noviembre de 2010 en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, de la mano de los canadienses Arcade Fire, fue un espectáculo enorme. Un concierto apabullante, realmente intenso, cargado de emotividad y todo ello rodeado de un ambiente sin igual, con la gente totalmente involucrada en el artista, la obra y lo que iban a vivir. No nos equivocábamos los que pensamos que este concierto de Arcade Fire iba a ser uno de los grandes conciertos del año 2010 en Madrid. De hecho, quizás nos hayamos enfrentando al más grande en sí; El tiempo lo dirá, pero puede que este pasado 20 de noviembre hayamos asistido a un concierto que pase a la historia de nuestro país junto a otros eventos míticos como el concierto de U2 en el recinto de la plaza de Lima del año 87, por citar un ejemplo. Arcade Fire no defraudaron nuestras expectativas, y les he de decir que eso no era fácil de evitar, puesto que las mismas eran elevadísimas. Con nada que algo no hubiera salido como estaba previsto, era fácil sacar un “pero” al evento, pero por fortuna no fue así. Arcade Fire conquistaron definitivamente Madrid y creo que Madrid también les conquistó a ellos, como por ejemplo cuando el recinto entero siguió coreando la melodía de tecladitos de “Haïti” una vez ya terminada la misma. Ellos quedaron satisfechos y nosotros más aún, claro.
Y de momento se terminaron las crónicas de concierto programadas a la vista. Hay 2 posibles acreditaciones para el blog en marcha para este próximo mes de septiembre, pero ninguna está confirmada y veo ambas difíciles de conseguir. Ha sido un otoño intenso con varias crónicas de eventos, que iniciamos con el concierto de Hombres G a finales de agosto y terminamos ayer con Arcade Fire. Como diría Régine en la fabulosa “Sprawl II (mountains beyond mountains)”, “necesito la oscuridad, por favor, que alguien apague la luz”, y es que tras tanto concierto, uno ha terminado algo saturado. Pero eso sí: felizmente saturado.
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sábado, 20 de noviembre de 2010

Siouxsie And The Banshees - Hyaena (1984)

Para entender parte de la nueva ola de comienzos de los 80 y la génesis del movimiento del llamado rock gótico, igual que hay que tener en cuenta a The Cure, no hay que perder de vista a la banda liderada por la en su día groupie de los Sex Pistols Siouxsie Sioux, Siouxsie And The Banshees. Desde finales de los años 70 el grupo comenzó a moverse desde los orígenes punk para en su día ser de los grupos del momento gracias a obras como “Juju” o “A Kiss In The Dreamhouse”.

Estamos ante un caso semejante a muchos que les planteo. Es decir, que nos encontramos ante una banda que la mayoría del público mayoritario y generalista no conoce de nada, y si ese público generalista tiene menos de 22 años ya ni les cuento. He de apuntarles, para que vayan ustedes calibrando la importancia de esta formación y su calado en la sociedad española, que Siouxsie Sioux fue el espejo en el que se miraron artistas musicales que pusieron patas arriba España a comienzos de los años 80 en la movida madrileña como el caso de Ana Curra o la propia Alaska.

No obstante, he querido marcharme hasta el año 1984, cuando la banda ya llevaba editados 5 discos de estudio, entre ellos su celebrado disco en directo “Nocturne” del año anterior. En tanto a los músicos que acompañaban a Siouxsie en aquellos días, la formación de los Banshees estaba integrada por su línea de componentes más clásica con Budgie a la batería y Steve Severin al bajo, escudando a su líder e imán espiritual. Curiosamente en estos tiempo Robert Smith de The Cure también era a la par miembro de los Banshees, y desde que leí su biografía de la editorial “La Máscara” en 1998 al saber que en estos discos estaba metido en el proyecto, siempre fueron los que más me llamaron la atención. Pero, no nos tenemos que equivocar, tras acceder al contenido de “Hyaena”, obra protagonista de esta semana, el disco igualmente es muy satisfactorio y contiene piezas de muy alto nivel.

Para muestra un botón. La primera canción de Hyaena es una auténtica pasada de título “Dazzle”. Se trata de una composición que se vale de ciertos arreglos orquestales para así envolverse de una solemnidad atmosférica sin igual. Toda la melodía está impregnada de una emotividad muy intensa, que a la par desprende cierta melancolía tanto en sus notas sonoras como en la parte vocal ejecutada por Siouxsie. Para mi gusto, una de las mejores composiciones de la banda de toda su historia y una inmejorable forma de abrir fuego en el disco de esta semana. En 2º lugar de escucha, se da paso a la menos épica y más directa “We hunger”. Siouxsie se muestra casi intimidatoria en el estribillo de la pieza, insistentemente preguntándonos si “¿Tienes hambre de esto…?”. La canción se sostiene sobre una inquietante base rítmica, con una percusión nerviosa y alocada, que en parte nos puede recordar a aquella apocalíptica cara “b” de The Cure de nombre “Splinttered in her head”; no perdamos de vista que Robert Smith estaba enrolado en los Banshees en aquellos días. Y si ya nos ponemos a buscar paralelismos, la siguiente composición “Take me back” me puede evocar a alguna pieza relajada incluida en el “Blue Sunshine” de The Glove, aquel grupo puntual formado por Steve Severin y Robert Smith unos meses antes. Esta canción se aleja del oscurantismo de “We hunger” y de la épica de “Dazzle” para presentarnos una pieza de sonido amable, con unas notas de teclado que se hacen acreedoras de las marcas principales del mismo. Siouxsie nos pide constantemente que “la llevemos de vuelta” en esta composición ciertamente exótica, que da paso a otra pista que incluye ciertos matices sonoros curiosos, “Belladonna”. Son otra vez los teclados los que aportan ese matiz original, manteniendo al disco durante 2 pistas en unos terrenos que no nos asustan en exceso.“Swimming horses” prosigue echando leña a esta sección tranquila y sin sobresaltos, y a ratos casi acústica. Tras estas 3 pistas, nos parece mentira el comienzo tan solemne que fue “Dazzle” y el trallazo siniestro que vino en 2º lugar con “We hunger”. Pero no se preocupen, que todo llega a su fin. En algunas ediciones aquí se inserta la versión de The Beatles “Dear prudence”; en la que yo tengo no es así, y se pasa a “Bring me the head of the preacher man”. El título ya lo dice todo, ¿no? Los tintes de tonos oscuros se apoderan de la canción, concediéndole una envoltura siniestra, pero no demasiado apocalíptica o contundente. Esta composición, tanto por sus coros vocales que de forma sacra le dan la cobertura perfecta a Siouxsie, como por la línea melódica, nos recuerda a los momentos de mayor oscurantismo de los Banshees de unos discos atrás. “Running town” muestra una mayor potencia de cuerdas en sus compases iniciales, siendo una pieza que se queda a mitad de camino entre ambos mundos, pero como queriendo tirar más hacia la sección gótica del disco. De hecho, por su letra que habla de maldiciones, dibujando un panorama grotesco urbano, y la final evolución melódica en un interesante in-crescendo de intensidad, termina por decantarlo claramente. Afrontando la recta final, nos damos de frente con el gran ritmo que tiene “Pointing bone”, que supone uno de los momentos más movidos, sin necesidad de apuntarse al lado más siniestro de “Hyaena”. En esta pieza, resultan interesantes ciertas líneas de guitarra eléctrica, dispuestas sobre la acelerada estructura de batería y bajo. No obstante, Siouxsie no quiere rubricar la obra de forma anodina, y para que no perdamos de vista la marca sonora tradicional del grupo, tiene a bien dejarnos como despedida “Blow the house down”. Siouxsie nos invita a “derribar la casa” en una canción que nuevamente va ganando mucha intensidad a medida que se avanza en su duración. La máquina sonora de los Banshees es asfixiante, inquietante y muy intensa, a la par que Siouxsie se marca una estupenda interpretación al micrófono, pero sin necesidad de gritar en exceso. Es un final rotundo, aplastante, gótico y con una generosa dosis de malditismo evocadora de un final a lo “Get out of my house” del “The Dreaming” de Kate Bush de unos meses atrás; y es que estas 2 canciones compartes más cosas en común que incluir el término “house” en su título.

“Hyaena” no es de los discos más recordados de la discografía de Siouxsie. Está a la sombra tanto de obras anteriores como posteriores. Fue un disco que más o menos mantuvo el nivel de la banda, pero sin marcar un hito dentro de su historia. No obstante, quizás en parte porque en la génesis del mismo se encontraba mi admirado Robert Smith de The Cure, y también gracias a piezas como la fabulosa “Dazzle”, es un disco que me resulta muy agradable a mis oídos.

Los Banshees seguirían en activo editando discos hasta mediados de los años 90, con puntuales éxitos o reconocimientos en discos como el siguiente “Tinderbox”, un trabajo realmente bueno, “Peepshow” y algún puntito comercial como aquel “Kiss them for me” de su primer lp dentro de los años 90 titulado “Superstition”, en el que Siouxsie Sioux se alejaba bastante en estética a la de comienzos de la década anterior.

El disco que hemos revisado hoy, es un ejemplo de variedad sonora. Predomina al fin y al cabo la vertiente siniestra e intensa de origen de Siouxsie, pero a la par se incluyen ciertas dosis de pop aderezado de matices instrumentales originales que permiten una escucha rica y variada. Además, el inicio de la obra, con la genial “Dazzle”, que en sí es la única pieza en su estilo del álbum, viene a sumar muchos puntos al resultado final del disco. Para mi gusto puede perfectamente dársele un 7 o 7,5 sobre 10. Un disco notable al fin y al cabo y quizás de las obras más accesibles de Siouxsie And The Banshees, sin necesidad de haber traicionado completamente sus orígenes o normas musicales imperantes.

Como ya les he mencionado al inicio, Siouxsie And The Banshees, para el gran público español, y más aún para las nuevas generaciones, son unos completos desconocidos. A los que crecieron o vivieron su juventud o adolescencia en los 80, aunque no fueran de su estilo, sí que les debe sonar. Espero que se animen a darle una oportunidad a este lp de cubista portada, en la cual se dispone el boceto de lo que podría asemejarse a una hiena. No les voy a engañar, para aquellos que reniegan del pop/rock gótico, o al menos de componente oscuro, creo que no les gustará, salvo las 3 o 4 piezas pop que figuran. No obstante, considero que al menos “Dazzle”, por su tremenda emotividad y sonido épico, debe llamarles la atención y quizás les habrá las puertas de un mundo que bien mirado no es tan agreste como parece, ¿o sí? Decidan ustedes.

Terminamos por esta semana con la mención hacia nuestro programa de radio. Esta tarde, a las 19.00h pueden escuchar en http://www.ruah.es/online.html la repetición del espacio que dedicamos a “Little Creatures” de Talking Heads el pasado miércoles en nuestro horario habitual a las 23.00h. Si no pudieron el miércoles y hoy también les resulta imposible, subiré el podcast a partir del domingo para que lo escuchen cuando quieran.

Por otro lado, y más importante, decirles que este miércoles toca programa especial. El pasado lunes tuvimos visita en nuestros estudios y un grupo nacional muy prometedor será protagonista del programa que sonará este miércoles 24 de noviembre a las 23.00h en http://www.ruah.es/online.html. El martes les publicaré un artículo especial al respecto, un día antes de su emisión en antena; de momento, les dejo con la miel en los labios. Tengan paciencia.
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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Concierto Interpol. Madrid (13-11-2010)

Por cierto, antes de comenzar, recordarles que esta noche a las 23.00h podrán escuchar en http://www.ruah.es/online.html nuestro programa de radio dedicado a Talking Heads y su disco “Little Creatures” de 1985. Confío en que no tengamos fallos internos de nuestro servidor en Radio Universitaria de Alcalá de Henares, el cuál está siendo modificado, generando algún error puntual, que fue lo que propició que hace 7 días no sonara nuestro espacio. Espero que esta noche todo marche bien. Bueno, pues tras este recordatorio, por si quieren pasarse luego a escuchar nuestro programa, pasemos al motivo de este post.

3 años y 4 días después, me reconcilié con una de mis bandas favoritas de los últimos tiempos. Uno de los 3 grupos que forman el trío de mis preferencias surgidas en la última década junto a The Killers y Editors; me estoy refiriendo a la banda neoyorkina Interpol. El motivo por el cual estaba algo resentido con este grupo, fue la experiencia en parte negativa que sufrí en su última visita a la capital, el 8 de noviembre de 2007. Aquel día, sufrí (y no sé si es debido a ordenes que emanen del grupo o su entorno, luego les explico) la ira por parte de los vigilantes de seguridad, que se afanaban en que nadie sacara una mísera foto del concierto celebrado en la sala La Riviera. Este hecho ya lo conocerán muchos seguidores del blog, porque no me canso de denunciar aquello una y otra vez (y más si pueden ver la calidad “tan alta” de las fotografías que aquí les dejo, llevadas a cabo con mi cámara “tan profesional, efectiva y nítida”; en todos los conciertos a los que acudo, veo que cualquiera con una cámara aparentemente más cutre consigue unas fotos mucho mejores, o al menos no tan oscuras). Por cierto, les dejo otra de las pocas imágenes que saqué en aquella ocasión, en este caso en la que podemos ver a Daniel Kessler concentrado en su guitarra, la cual sumada a las 2 que subí de Banks en el artículo de revisión de “Turn On The Bright Lighs”, suponen lo “mejor” que saqué en aquella ocasión.
Por fortuna, este pasado sábado 13 de noviembre, y dispuesto en una 7ª fila, algo ladeado a la izquierda del escenario según se mira al mismo, pude escapar de la persecución que sufrí 3 años atrás. No obstante, la reconciliación no solamente se basa en este aspecto extramusical, sino que también se fundamenta en que este reconvertido trío (tras la marcha del carismático bajista Carlos Dengler) ofreció un concierto sustancialmente mejor en el plano musical, a pesar de que el setlist fuera algo menos acertado que el de la gira de “Our Love To Admire”, y mejoró en actitud respecto a dicho anterior show en Madrid. En los siguientes párrafos, les explicaré el por qué y les comentaré el desarrollo de la noche del sábado pasado en el Palacio Vistalegre.

Como no era mi intención estar en primera fila, más que nada por no darme mucho a ver, llegamos a las inmediaciones del recinto sobre las 19h, unos 20 minutos antes de que se abrieran las puertas del Palacio Vistalegre. Intuía que mi entrada me supondría algún problema, puesto que el típico ticket de cartoncito amarillo más o menos consistente de ese proveedor de entradas asociado a una entidad bancaria, en esta ocasión, supongo que por el cajero que escogí, era un simple papelucho, casi de color blanco y con las letras impresas muy borradas. Tras alguna duda por parte de los que controlaban los accesos, pude acceder al recinto; para colmo iba a ser de otra forma, porque ese papelucho me costó los 39 euros de rigor, ¡faltaría más! Al menos esa entrada tenía esos destellos vistos con las luces esas de neón, que permitieron a los empleados comprobar su validez y autenticidad.

Aún llegando no demasiado pronto, conseguí colocarme en la ya comentada posición. Suponía que ahí no llegarían las iras de los gorilas de seguridad que se sitúan debajo y delante del escenario, al no poder alcanzarme desde la valla. Me equivocaba, aunque no por mi, sino porque hubo 2 jaleos enormes, en los que varios de estos tíos se metieron entre el público, atravesando la valla, aunque no sé por qué motivo. Si hubiera sido de nuevo la toma de imágenes el motivo de la discordia, lo consideraría lamentable, pero no lo puedo confirmar.Sí, otra vez nos tocaron en suerte unos teloneros agradables. No había escuchado nada previamente de Suffer Blood, pero la media hora de actuación que se marcaron estuvo más que bien. El grupo se presentaba en escena liderados por su cantante, vestido de forma muy sobria, con un jersey de pico y con un cierto parecido facial con Tom Chaplin de Keane. En lo musical a ratos me recordaban vagamente a los Smiths, e incluso también su cantante, cuando no se mostraba muy brutal al micro, podría tener un tono parecido al de Morrissey. Lo más criticable a Suffer Blood fue que, según lo que marcaba la entrada, se presentaron en escena media hora tarde (ponía que actuaban a las 20.15h y salieron a las 20.45h) y terminaron a las 21.18h. Ello conllevó un comprensible retardo de la salida a escena de Interpol, que aparecerían en el escenario sobre las 21.45h. De Suffer Blood, destaco principalmente las 2 canciones que situaron en el comienzo de sus minutos de protagonismo de la noche. Un grupo que habrá que tener en cuenta y del cuál escucharé algo porque puede que prometan. Arriba les dejo una foto de la banda, quinteto al uso, para que les puedan poner imagen.Con una rapidez bastante ajustada, se consiguió que el retraso de Suffer Blood no afectara en demasía a la hora de salida a escena de Paul Banks, Sam Fogarino, Daniel Kessler y sus 2 acompañantes en escena para completar la maquinaria sonora de Interpol. Realmente a las 21.30h ya parecía estar todo dispuesto, pero había un roadie o “pipa”, que no terminaba de estar contento con los ajustes del escenario para que Interpol comenzara su concierto. Lo dicho, a las 21.45h se apagaron las luces, y comenzó el griterío de nerviosismo por parte del público, que finalmente consiguió completar aproximadamente un 80-85% del aforo del Palacio Vistalegre, cosa bastante digna para estos muchachos de Nueva York. Y es que en realidad La Riviera se les queda pequeña y Vistalegre quizás se les va un pelín grande.El comienzo fue semejante al del último disco del grupo, que ya repasamos hace unos días. En este aspecto, Interpol no mostraron diferente estructura a la de su pasada visita, en la que también comenzaron con la apertura de “Our Love To Admire”, la decente “Pioneers to the falls”. Aquí fue “Success” la que con sus potentes cuerdas de guitarra tomaron el pulso de los asistentes, el cual estaba muy acelerado a esas horas de la noche. Ya comenté que ésta es una de las mejores composiciones del último disco de la banda, y sin lugar a duda fue un acertadísimo inicio de concierto. Para mantener alto el nivel, en 2º término se dispuso la rítmica y acelerada “Say hello to the angels”, la cuál en su día un amigo me dijo que en ciertas partes sonoras le recordaba a “This charming man” de The Smiths; y parte de razón tiene. Pues con este gran tema de su ópera prima, se mantuvo la taquicardia de la audiencia derivada del inicio en sí del show, para no levantar el pie del acelerador al estrenar temas de “Antics” en el repertorio, que a la larga sería el disco más repasado de la noche. “Narc” se encargó de continuar con las buenas maneras de inicio, ya que la intensidad que muestra este tema en su estribillo hizo las delicias sonoras de los que acudimos a ver al grupo.Como acabo de indicar, “Antics” fue el gran “vencedor” de la noche. 7 canciones en total, por las 5 del último disco, 3 nada más de “Turn On The Bright Lighs” y otras 3 de “Our Love To Admire”. “Lenght of love” de hecho fue la 4ª en el listado de temas, y también aparecieron piezas tan especiales como “Take you on a cruise” en la parte final del show y “Evil”, con todos sus galones, en el bis que ofreció el grupo. Lo que me descuadró fue que se seleccionara “Not even jail” para cerrar la parte troncal del concierto antes de rematarlo con el bis de 3 temas. Esto fue una sorpresa, y ciertamente agradable, ya que es uno de los muchos aciertos que “Antics”, 2ª obra de la banda, contiene en su interior.Lo curioso fue que del último disco solamente tocaron lo que sería la cara “a”. Es decir, interpretaron de la canción 1 a la 5, no en orden por supuesto, pero creo que quizás hubiera sido mejor que hubieran elegido “Always malaise (the man I am)”, “All of the ways” o “Try it on” de la 2ª mitad, en lugar de las fallidas (siempre desde mi gusto personal) “Memory serves” y “Summer well”. De hecho, que la anodina “Memory serves” se dispusiera como penúltima canción de la parte central del show, fue un error de cálculo que solamente fue subsanado primero con “Not even jail” y luego con el acertado bis de 3 temazos que nos regalaron Interpol.No faltaron los singles del último álbum. Y prácticamente vinieron seguidos más o menos a mitad de la actuación, solamente interrumpidos con la inclusión entre medias de la ya citada agradable aparición de “Take you on a cruise”. “Barricade” fue muy celebrada y casi todo el mundo saltó con intensidad en la misma, pero creo que “Lights” fue si cabe mejor ejecutada. En efecto, “Lights” es un tema poco inmediato, pero que termina llegando. Es increíble como sin darte cuenta va subiendo de intensidad esta canción de tintes tan oscuros. Ver ese in-crescendo de intensidad en escena fue muy emocionante, y quizás uno de los grandes momentos de la noche, rivalizando perfectamente cara a cara con los instantes de histeria que supusieron otros trallazos o clásicos irrefutables de la discografía de Interpol. Cada día me gusta más esta canción.Y ya que estamos, hablemos de los grandes momentos del evento. Tras el arreón inicial, y tras haber llegado a algún momento de pausa de intensidad y entrega en forma de canción y con título evidente como “Rest my chemistry” de “Our Love To Admire”, llegó el turno de “Slow hands”, que puso patas arriba el Palacio Vistalegre. Fue uno de los momentos en los que más boté de la noche, en una situación curiosamente no muy opresiva, en la que no estaba encajado con mis vecinos colindantes como en otras ocasiones similares. Dudo de si “Slow hands” fue el momento de más arrojo, porque también hay que destacar el papel destacado y cargado de adrenalina que aportó “Pda”, como uno de los pocos temas de “Turn On The Bright Lights” que hicieron acto de presencia en el set list. Aquí lo interesante vino asociado a poder ver las labores entregadas de Daniel Kessler a los coros. Luego hablaremos de la actitud de los componentes del grupo, pero nuevamente el guitarrista Kessler fue un espectáculo con esos juegos y bailes de piernas a la vez que toca la guitarra de forma excepcional. Debajo pueden ver precisamente a Kessler encargándose de las frases finales que se adjudica en “Pda”.El concierto se completó en hora y media exacta. El bis final abría la posibilidad a una posible “bomba h” en forma de un trío de canciones míticas del grupo dispuestas sin pausa como serían “Obstacle 1”, “Evil” y “The Heinrich maneuver” que no habían aparecido todavía en lo que llevábamos de noche. Y de hecho, casi fue así, menos por la salvedad o frivolidad de permutar la citada “Obstacle 1” por el cierre de “Our love to admire”, la experimental y fabulosa “Lighthouse” que comenzó este combo final de 3 temas. Los otros 2 resultados de la quiniela del bis los acerté, sonando en primer lugar “Evil”, que junto a la finalización con “The Heinrich maneuver” dejó a la gente más que encantada y con los nervios a flor de piel tras tanto ritmo y energía en forma de 2 de los temas más queridos y también conocidos de Interpol.En lo que a la actitud de los componentes de Interpol se refiere, hay que romper una lanza, o 2, a favor de Paul Banks. En esta ocasión el líder y cantante del grupo estuvo mucho más amable y hablador, dirigiéndose a la audiencia en un perfecto castellano e incluso soltando algún pequeño discurso como cuando recordó al público asistente que había vivido 4 años en nuestro país y que aquí se habían formado sus gustos musicales. Añadió en un par de ocasiones que era un placer tocar en Madrid y varios agradecimientos, siempre en la lengua oficial de nuestro país. En comparación con su actitud en La Riviera, donde estuvo seco, donde no habló ni una sola vez con el público, y donde tuvo una cara de palo que echaba para atrás, nos enfrentamos a un giro de 180 grados, ya que hasta en varias ocasiones se podía ver a Paul con el rostro risueño, lleno de satisfacción y felicidad. La siguiente imagen no es muy nítida, pero es que la iluminación no nos permitía hacer nada mejor. Luego les comentaré algo de ello.El sr. Daniel Kessler, por su parte mantuvo la elegancia del estilismo de Interpol, puesto que Banks se presentó con una camisa de cuadros, que se alejaba del estilo de traje oscuro y corbata del grupo. Kessler no escatimó a la hora de presentarse con traje y camisa oscura con corbata clara y con ese peculiar pantalón de traje que no le arrastra ni lo más mínimo por el suelo, para poder moverse de arriba para abajo con esos personales pasos de baile que se marca a la par que se encarga de su guitarra eléctrica. Destacó nuevamente sobremanera sobre el resto del grupo, aunque ligeramente menos debido a la citada mejor disposición que trajo Paul Banks, del cual no sé si es que en aquel concierto de La Riviera tenía un mal día. Observen a Daniel Kessler en la siguiente foto iluminado de forma desbordante por un foco azul eléctrico.Por su parte, Sam Fogarino también estuvo muy elegante, en lo que a la vestimenta se refiere, con camisa y corbata con pasacorbata incluido y con el pelo repeinado y más largo que hace 3 años, en la que lo llevaba cortado a máquina. Estuvo correcto y conciso en su batería, aunque la disposición de la misma, muy al fondo del escenario, y sumado a la poca iluminación del escenario, hacía que casi le intuyéramos justo al lado del teclista añadido que lleva el grupo en sus giras. Otra vez, llegado el final del concierto, Fogarino se marcó una interacción peculiar con el público. En esta ocasión se dirigió al micrófono para decirnos que nos iba a filmar desde el escenario y se marchó mientras nos grababa con su móvil a los allí asistentes; él, por supuesto, sin problemas con los miembros de seguridad. Recuerdo que en La Riviera, cuando terminó el concierto, se levantó de su batería y desde allí mismo nos miró al público de forma desafiante y con una cierta sonrisa malévola en su rostro; aquello me dejó a cuadros. Fogarino sin duda tiene unas cosas de lo más particulares cuando sale de su atril de percusión. Abajo la foto de su silueta nada más levantarse de su posición en la batería al final del espectáculo.Y bueno, del sr. Pajo, sustituto de Dengler y del teclista que acompañaba al grupo, no se esforzaron en quitar protagonismo a Banks y Kessler, y se dedicaron a lo suyo, que es tocar sus instrumentos sin más, y en este caso de forma correcta. Cumplieron con su función, que era lo que se esperaba de ellos. En este punto, hay que decir, que aparte de ciertas sutilezas del setlist que ahora pasaré a comentarles, que eché mucho de menos a Carlos Dengler. Esa presencia estática y con esas poses tan glamourosas en escena, contrastaban de forma muy directa con el dinamismo de Kessler en las tablas. No hay que olvidar que es parte de la ya formación clásica de Interpol y uno de los miembros que llevaba en el grupo desde el debut discográfico, por lo que una pérdida de este tipo siempre es sinónimo de tristeza. ¿Volverá algún día? Ya lo veremos. De momento, en la foto que les dejo a continuación pueden ver a Banks secundado en la retaguardia por el bajista Pajo, y por el teclista, del cuál desconozco el nombre, puesto que no es costumbre de Interpol presentarse individualmente unos a otros.En el apartado de lo mejorable, hemos de destacar la gran sorpresa, en este caso negativa, que supuso que “Obstacle 1” no sonara en el Palacio Vistalegre. Interpol se permitieron la frivolidad de que con un repertorio de 4 discos de larga duración de estudio se dejaran en el tintero uno de los temas con los que empezaron a sonar con fuerza dentro del mundo indie, y quizás su clásico más añejo hasta la fecha (más incluso que “Evil”, que es de una factura o estructura musical parecida). En lo que a carencias o cosas mejorables del setlist se refiere, ya que estamos, creo que hubiera sido mejor permutar “Summer well” o “Memory serves” por otras del nuevo disco más atinadas, como ya he comentado antes. También añadir que siempre me hubiera hecho ilusión que o “Stella was a diver and she was always down” o “A time to be so small”, hubieran sido elegidas para el concierto; al menos tengo el consuelo de que “Stella…” fue de las joyas gloriosas que sonaron en el concierto accidentado de La Riviera. No deja de ser una sorpresa que del fabuloso y celebrado “Turn On The Bright Lights” solamente sonaran 3 canciones, descartando otro temazo incontestable como “NYC”, que también tocaron hace 3 años, pero que esta vez se dejaron en el tintero, a pesar de los requerimientos a gritos que alguien que estaba por mi zona hacía. Por si a alguien le interesa, aquí a continuación les dejo el setlist del concierto de Interpol por orden de los temas que fueron apareciendo a lo largo de la actuación: “Success”, “Say hello to the angels”, “Narc”, “Lenght of love”, “Summer well”, “Rest my chemistry”, “Slow hands”, “C’mere”, “Untitled”, “Barricade”, “Take you on a cruise”, “Lights”, “Pda”, “Memory serves”, “Not even jail”. BIS: “Lighthouse”, “Evil”, “The Heinrich maneuver”. Quizás si el concierto hubiera durado 10 minutos más y en los mismos hubieran metido “Obstacle 1” y “Stella…” o “A time to be so small”, en mi modesta opinión, hubiéramos estado frente al concierto perfecto.Otro aspecto algo flojo del concierto residió en la iluminación del evento. Daba la impresión de que el juego de luces era algo pobre, y en efecto faltaban la fila de focos delanteros habitual para iluminar a la banda desde arriba de su ubicación en el escenario. Solamente se dispusieron los focos traseros con un papel importante en este apartado, como podrán ver en las fotos que les he ido dejando, y unos a los laterales de corte o look cinematográfico, muy apañados en su forma, pero poco eficaces a la hora de iluminar. También había una serie de luces a ras de escenario, y los fluorescentes que presidían el telón de fondo, pero su intensidad nunca fue demasiado exagerada. En este apartado, hay que decir que Interpol adecuó su luminosidad de escena a la que desprende gran parte de su obra. El look de Banks, cubierto de flequillo hasta la altura de los ojos, y esta iluminación tenue, provocaron que se viera la cara del cantante de Interpol de forma bastante difusa durante casi toda la actuación. No obstante, de cuando en cuando se consiguieron efectos de iluminación bastante resultones, como el que pueden observar en la siguiente foto, que evoca en parte a la portada del primer disco de la banda “Turn On The Bright Lights”. Sobre el tema de la seguridad, he de apuntar que un servidor de ustedes no tuvo incidencias en esta ocasión. Sin embargo, algo pasa con Interpol, porque siempre los empleados de seguridad tienen que hacer demostración de fuerza en sus conciertos, entre una audiencia en la que parece que el ambiente está moderadamente tranquilo, puesto que no hay bailes de choque, y lo único que se produce en algunos temas como “Slow hands” o “Pda” es que la gente se pone a botar, pero sin ir al encontronazo con los que le rodean. Hubo un momento que se montó un buen lío en la zona central del escenario, con una actitud un tanto brutal de los seguratas con algún asistente. No sé si sería por temas de cámaras de fotos, puesto que en las primeras filas había una alta “densidad de población” de este tipo de artilugios, lo cual me produjo cierto relax, ya que al efecto veía que todas las cámaras de mis alrededores conseguían mejores resultados pictóricos que mi paupérrima cámara digital. Al final del show, creo que ya en los bises, fue por la parte izquierda según miras al escenario cuando de nuevo esas linternas de los empleados de turno se afanaban en no sé qué hacer. Ahí al menos no hubo contienda. Veo todo esto poco razonable, porque me dirán ustedes si las fotos que aquí les he ido dejando son tan “cojonudas” como para que me increpen por hacer las mismas. De hecho, al lado de mí había un tipo con una cámara medio profesional de cuidado; como para que me hubieran dicho a mi algo.
En fin, que nuevamente los empleados de seguridad estuvieron alterados. No puedo dejar de comentar que ante su actitud, cuando empezabas a ver sus movimientos nerviosos y sus encendidos de sus linternitas enfocando al respetable, te daba la sensación de encontrarte ante una avanzada de La Gestapo en plena redada. Aunque no vinieran a por mi, creaba cierta incomodidad ver esos hechos. No obstante, considero dejar abierto una posibilidad de excusa a los miembros de la seguridad, ya que ellos solamente cumplen ordenes y en otros conciertos de otros grupos no suceden cosas de este tipo (puede que Banks o los managers de Interpol tengan algo que ver en todo este asunto). No voy a insistir más en esto (creo que ya es suficiente), puesto que egoístamente yo no sufrí en esta ocasión las citadas acciones (ya tuve lo mío hace 3 años).Y tras toda esta exposición, finalizo rubricando que el concierto de Interpol el 13 de noviembre de 2010 en el Palacio Vistalegre de Madrid fue una buena experiencia. Tras 3 años desde aquel concierto, he podido quedarme con un sabor agradable de un concierto de Interpol, pero no solo por el asunto ya comentado de los problemas personales que yo tuviera aquel día, sino porque en esta ocasión Banks y los suyos ofrecieron un concierto mejor, quizás con alguna carencia mayor en lo que al setlist se refiere (en este apartado, quizás fue más conciso el repertorio de La Riviera), pero sin lugar a dudas mejor ejecutado, en un recinto mucho mejor y más grande y con una actitud sustancialmente más positiva, sobre todo por parte de su cantante Paul Banks. ¿Volveré a ver a Interpol en directo? En caso de que así sea, ¿volveré a tener problemas con lo de las fotos como en el concierto anterior en que les vi? Todo eso ahora me da igual, en estos momentos estoy satisfecho y contento de la experiencia vivida el pasado día 13 de noviembre de 2010 en el Palacio Vistalegre. Aún con la ausencia notable del insustituible Carlos Dengler, Interpol gozan de buena salud y su directo es prueba de ello.
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Concierto Dr. Sapo. Madrid (11-11-2010)

Antes de nada, explicar una pequeña cosa que afecta a la dinámica tradicional del blog. A partir de este momento, los artículos de conciertos serán publicados en días distintos al día en el que publique el artículo de revisión del disco protagonista de la semana, que como bien saben, y salvo contingencia de algún tipo, tradicionalmente es el sábado. Los artículos de crónicas de eventos son especiales, y como tales serán posteados en días distintos, para también en parte no saturarles en demasía, puesto que sé de la longitud de los artículos que publico; he llegado a la conclusión de que si a un post de revisión de disco normal le sumamos uno de un concierto, pueden terminar con la vista cansada frente a sus pantallas de ordenador. Aclarado esto, a lo que vamos.

Con el presente artículo, Dr. Sapo completa la “triple corona” de “Discos, música y reflexiones”: artículo de revisión de disco, programa de radio (incluyendo entrevista) y ahora crónica de concierto. Fue hace unos meses cuando les hablamos por 1ª vez del proyecto liderado por Miguel de Lucas. Este año 2010, como ya sabrán muchos de ustedes, ha visto la edición de su 3er. trabajo discográfico, “No Hay Fronteras”, y la extensa gira de presentación del mismo llegaba este pasado jueves 11 a la sala Galileo Galilei de Madrid.

Fuimos acreditados como medio para cubrir el evento y aquí les dejo la crónica de lo que nos ofrecieron Miguel y sus compañeros de Dr. Sapo. La hora fijada para el concierto eran las 21.30h, con actuación previa de teloneros, de los cuáles llegué a saber su nombre en el mismo concierto. La banda en cuestión era Ecco, y he de advertirles que resultaron de lo más interesantes y animados. Ahora les explicaré.La puntualidad se cumplió casi escrupulosamente, siguiendo el esquema de actividad que previamente me confirmó el propio Miguel de Lucas vía e-mail. Es decir, a las 21.30h en punto salían a escena los teloneros, el grupo Ecco. Quizás algunos dirán que veo todo con buenos, ojos, pero Ecco, así se llamaba la formación que nos ofreció el aperitivo o primer plato de la noche, fue un grupo que convencieron a la sala Galileo Galilei. Gran parte de la culpa la tuvo la energía a raudales que provenía de parte de su vocalista. Durante la media hora que estuvieron en escena, César Sánchez, así se llama el vocalista de Ecco, se comió completo las tablas de la sala Galileo, moviéndose sin parar, pero con cuidado de no pegarse un leñazo por culpa del cableado que minaba el escenario. Su lenguaje corporal incluyó poses dinámicas, movimientos rápidos y desafiantes y sobre todo destaca en su figura una voz potente y profunda, que en algunos momentos me evocaba al Bunbury que lideraba a los Héroes Del Silencio más gloriosos. En lo musical, Eco muestra una razonable intensidad musical, cercana quizás a los Sôber no tan metaleros, aunque también hubo lugar para piezas más amables en su sonido como una denominada “El escultor de agua” (o al menos así la recuerdo), que me agradó especialmente. César el vocalista, lejos del divismo, entre canción y canción se dirigió a la audiencia para introducir cada una de las canciones; esa cercanía siempre se agradece. Por sacar una pega, extramusical en este caso, quizás el hecho de que me pareciera entender en uno de los mensajes que César soltaba al público que sean simpatizantes del Real Madrid; a un atlético como yo (como ya saben ustedes) y más en la semana en la que se confirmó que seguimos con la racha de sequía ante nuestros vecinos, no me hizo mucha gracia; lo intuyo por el hecho de que al presentar a sus 4 compañeros en escena, al referirse al teclista Andrés dijo: “Más blanco que yo, y ya es decir, tiene todas las teclas blancas…”. Bueno, no se puede ser perfecto. Dejando estas pequeñas bromas de lado, decir que Ecco me divirtieron y me agradaron durante prácticamente toda su actuación. De todas sus canciones, menos quizás una, todas me mantuvieron muy atento a su ejecución en escena y su sonido y envoltura sonó muy agradable a mis oídos. Les garantizo que cuando el telonero no me agrade, lo diré abiertamente; no se piensen que uno regala los elogios por que sí. Arriba del presente párrafo, una imagen de Ecco en mitad de su actuación.Sobre las 22.20h, tras la notable actuación de Ecco, llegaba el turno de Miguel de Lucas, Kike Corman, Fernando Vasco y David a la batería, sustituyendo a Loren; Dr. Sapo con su formación actual, vamos. Tras afanarse el grupo mismo en colocar sus instrumentos, la máquina sonora comandada por Kike, Fernando y David comenzó a funcionar y Miguel haría acto de aparición montado en esa minibici tan graciosa, que a su vez es protagonista de la portada del último disco de la formación de nombre “No Hay Fronteras”, que ya revisamos en el blog y que tuvo su programa de radio en el que entrevistamos al propio Miguel. ¿Se han fijado en el floripondio que escudaba el mastil del micro de Miguel de Lucas en la foto que figura arriba de este párrafo?El comienzo fue semejante al del disco. Tras la intro sonora, hasta que Miguel empuñó su guitarra y se dispuso ante el micro, comenzaron los compases de la canción que da título al 3er. disco “No hay fronteras”. Miguel es un tío muy salao, se lo digo yo que le conozco en persona, y ese carisma con mezcla de cierta macarrería simpática estuvo patente en cada una de las interacciones que tuvo con el público entre canción y canción. Pudo permitirse incluso llamar la atención, cual profesor de instituto o primaria, al público del fondo de la sala que estaban rajando cuando él nos estaba contando alguna historia. La actitud de Miguel provocó que el concierto se caracterizara por una magnífica comunión entre audiencia y grupo, ayudando a darle un toque cálido y cercano al show, cosa que ya de por sí es fácil de conseguir en un recinto como la sala Galileo Galilei. A continuación, Kike Corman al bajo.Durante la hora y media que Dr. Sapo estuvo tocando, dispusieron un repertorio sin fisuras, en el que incluyeron todos y cada uno de los temas de sus 3 discos que más agradan a sus seguidores. No faltaron “Al tran tran” o “Territorio apache”, cuya interpretación de la última citada se la marcó en solitario Miguel de Lucas, mientras que Fernando Vasco se marcaba una coreografía flamenca o un baile de sevillanas al margen derecho de Miguel; debajo de estas líneas pueden ver una imagen que representa ese momento. Fernando Vasco, por cierto, se ha dejado crecer el pelo de forma considerable respecto a las fotos promocionales de hace unos meses y nos llamó la atención el fuerte parecido físico que mostraba con el mítico Frank Zappa, al menos en la portada de su disco “Does Humor Belong In Music?”. Al menos así me lo indicó mi amigo acompañante de la noche y parte de razón tenía. Fernando hizo las veces de “segundo de a bordo” de la velada, también marcándose alguna intervención graciosa al micro mientras que Miguel nos contaba algo a los asistentes entre canción y canción, como cuando puntualizó que “como nos gusta hablar de follar” en lugar de follar a secas como afirmaba el propio Miguel. Kike Corman por su lado estuvo en un plano más reservado, centrado en su bajo y David a la batería tampoco se afanó en quitar protagonista a Miguel y Fernando que se erigieron en los principales animadores de la noche. También cayeron piezas como “Perdí las alas”, que fue muy celebrada por la sala. En el apartado de los ya clásicos del repertorio del grupo, agradó especialmente “Luna de menta”, que se dispuso en la parte inicial del show y que precisamente es protagonista de un anuncio o cuña de RUAH del programa “Que Te Den Por El Fútbol”. Esta canción fue uno de los momentos mejor recibidos en la sala y en la que la gente se mostró más animada. Se sumó el hecho de ser un tema muy rítmico y bueno y por otro lado el situarse en la parte inicial del show, cuando la audiencia está más calentita y nerviosa.Dr. Sapo alterna emotividad con marcha y buen rollo. En el primer sector de canciones hubo sitio para “Mundo mágico” o “Bajo el sol”. Faltó por ejemplo “Uno y dos son tres”, que en su día Miguel se marcó en acústico en nuestros estudios de Radio Universitaria de Alcalá de Henares. A lo largo de la gira de Dr. Sapo, y como explicó el propio Miguel de Lucas entre canción y canción en algún momento, hay sitio para shows acústicos en el que él solito se enfrenta al público. Quizás ahí es donde hay cabida para este tema y por ello el concierto de la sala Galileo Galilei, quizás uno de los puntos clave de la gira, se concibió como un concierto dinámico, ágil y acelerado. Abajo vemos a David en su batería.Uno de los momentos más importantes de la noche vino cuando llegando al final del concierto, (bueno, finalmente resultó ser el final verdadero y definitivo, ahora les explicaré) Dani de Despistaos hizo acto de aparición, de forma arrolladora, por cierto, para cantar a dúo con Miguel el tema en el que ya colaboró hace tiempo “Por ser el primero”. Dani barrió el escenario durante los minutos que estuvo sobre el mismo y mostró una intensidad y entrega apabullante. Brutal. Estupendo final de concierto, de no ser porque en principio ahí no terminaba el show, sino la parte central o troncal del mismo. Quedaban los bises (3 en concreto), que se quedaron inéditos por asuntos burocráticos o contractuales del mundo nocturno y de las salas de concierto. Vaya tela…Poco antes de que se interpretara “Por ser el primero” y aprovechando el impass para presentar a los componentes de Dr. Sapo, el grupo regaló al público varias camisetas promocionales de la banda y el disco, de distintos colores. Yo cogí una, con tan mala suerte que era una talla “M”, que regalaré a alguien que le valga. Hablando de camisetas, y siguiendo con ese punto humorístico que tiene Miguel, hay que comentar la camiseta negra con la que Miguel salió a escena, en la que rezaba el lema “Rana tu padre”. Con un par, ¡claro que sí! Respondiendo a la pregunta que Zappa lanzaba en su día y que antes he mencionado con eso del parecido razonable entre el guitarrista de Dr. Sapo Fernando Vasco y el propio Zappa, sí, el humor tiene cabida en la música (y si no que se lo pregunten a Nacho Cano y aquel disco que lanzó en su día de título “Amor Humor”; otro con un par).El repertorio superó finalmente de sobra la quincena de canciones y también desfilaron por el set list personajes ya clásicos del repertorio de Dr. Sapo como Rogelio el caracol, Pepito o Tarzán y sus problemas en la ciudad. La controvertida “Zurraspas”, llegó de la mano de una introducción vocal demasiado gráfica por parte de Miguel, que de no ser porque llevaba el estómago vacío, me hubiera revuelto las tripas. “Decir te quiero” también apareció finalmente por la parte final del concierto, para conceder otro gran momento de la noche.Solamente eché de menos a “Un erizo como yo”, aunque ésta estaba programada en el bis previsto y “El árbol del amor”. No obstante, lo que se pudo escuchar a lo largo de la hora y veinte minutos que duró el concierto, fue altamente satisfactorio, y Dr. Sapo no escatimó a la hora de poner todas sus cartas sobre la mesa. Explicaré lo del bis. Al estar en primerísima fila, pude ver el set list y comprobar que había 3 temas de propina (“Si mi sol”, “Sam” y “Un erizo como yo”). Sin embargo, cuando se terminó el dueto con Dani de Despitaos, vi que algo no iba bien. Parece ser que desconectaron el micro y la corriente del escenario y se encendieron las luces de la sala, invitando al personal a abandonar el recinto. Miguel no lo tomó bien, terminando en calzoncillos en el escenario en señal de protesta ante la negativa por parte del gerente de la sala a dejarle al menos interpretar un tema más, cosa que a su vez el público pedía insistentemente. No hubo forma y ahí se acabó el show, o bueno, realmente tras interpretar “Camisetas”. Si no se creen lo de la intensidad con la que salió a escena Dani de Despistaos, les dejo como prueba la siguiente fotografía.Tras la actuación, hablé escuetamente con Miguel, al cuál saludé y agradecí la acreditación para nuestro blog y programa de radio para el concierto. Pude preguntarle rápidamente por la gira y por el incidente de los bises. Por lo visto el motivo del jaleo final es que contratas un tiempo de actuación, hasta una hora determinada y de ahí no te puedes pasar. Evidentemente Miguel me dijo que se fue algo mosqueado por ni siquiera dejarle tocar uno de los 3 temas de los bises que habían pensado incluir. Sobre la gira, me confirmó que su concierto favorito fue uno en Oviedo, curiosamente ante solamente 12 personas. En ese apartado me explicó que muchas veces más que de la cantidad de gente que acude, depende de la actitud de los mismos. Razón no le falta: más vale una sala a medio llenar y que esté animada y metida en el concierto, que un recinto a tope lleno de zombies inertes que ni sienten ni padecen ante tu música. No pude hablar más, ya que Miguel salió al centro de la sala y las numerosas seguidoras y amigos personales de Miguel de Lucas le solicitaban una y otra vez, ante lo que me pidió comprensión. Viendo lógico la situación y teniendo en cuenta que había que regresar a casa para madrugar el viernes, consideré lo más adecuado dejar a Miguel con sus fans, liberándole de tener que prestarme atención.Gran concierto de Dr. Sapo, únicamente empañado por el asunto del “no bis” que acabo de comentarles. Merece la pena asistir a un concierto de esta banda de Guadalajara por varios motivos, pero principalmente porque vas a pasar un buen rato en compañía de sus animadas y simpáticas canciones y el buen rollito que desprenden. Deseamos mucho éxito a Dr. Sapo en lo que les queda de gira de presentación y en proyectos futuros. Como siempre, espero que les haya gustado el post de este evento; éstos, son unos artículos que en toda ocasión considero muy especiales.
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sábado, 13 de noviembre de 2010

Arcade Fire - The Suburbs (2010)

Tenía pensado ya desde hace mucho mucho tiempo hablarles de esta banda canadiense, que no son un estilo de banda pop/rock tradicional al uso, debido a la cantidad y tipología de instrumentos que utilizan y también al carácter de sus canciones. Arcade Fire son una rara ave dentro del panorama musical internacional, que sin traicionar sus principios, han conseguido crear una interesante legión de seguidores a lo largo del mundo, que entre otras cosas les permite atreverse con el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, como recinto para su fecha en la capital dentro de su gira el próximo 20 de noviembre.

Debido a la cercanía de ese concierto, llevo varias semanas metiéndome en el universo de Arcade Fire, recuperando sus 2 primeros discos e interiorizando el nuevo trabajo de título “The Suburbs”. Aunque en su día, cuando comencé a discurrir de qué forma aparecerían Arcade Fire en el blog, apostaba por hablar de su disco de debut, el aplaudido “Funeral” de 2004, a última hora he decidido apostar nuevamente por la actualidad y presentarles lo que ha sido su nueva entrega editada el pasado mes de agosto.

Poniéndonos en antecedentes, hay que decir que Arcade Fire comenzaron su andadura a comienzos de década y que la banda está comandada principalmente por la pareja compuesta por los músicos y cantantes Win Butler y Régine Chassagne, que a la sazón son pareja sentimental. El grupo se compone de muchos más componentes, superando la media docena de miembros oficiales; éste es otro aspecto poco común en las bandas pop. De esta forma, el grupo en escena se puede asemejar a unos Talking Heads de la gira del disco “Speaking In Tongues”, y ya de paso señalamos que el vínculo con la banda liderada por David Byrne en su día es mayor al haber dispuesto alguna vez de la colaboración de dicha eminencia del mundo musical.

“Funeral” fue un disco que buscó revolucionar el mundo de la música. Y en gran parte lo consiguió, ya que mezclaba elementos clásicos y otros poco comunes en el rock y pop, como la introducción de violines o incluso acordeones. Este trabajo está considerado como una de las mejores obras de la primera década de siglo y milenio e hizo que músicos como el líder de Coldplay Chris Martin bebiera los vientos por ellos (en teoría gracias a Julián Ruiz, que fue quien se los descubrió).

Pasarían 3 años hasta que “Neon Bible” hiciera acto de presencia. Es un buen trabajo, de corte menos épico en general que el que tiene “Funeral”, pero con auténticos himnos como la canción que lo titula, “No cars go”, “Keep the car running” (supongo que en homenaje a Luís Moya y Carlos Sainz) e “Intervention”, siendo esta última la que más nos podría recordar al primer disco de la banda. No es que ni “Funeral” ni “Neon Bible” sea ninguno de los 2 ejemplos de inmediatez musical, pero “Neon Bible” es más agreste a la hora de acceder al mismo; al menos “Funeral”, por la contundencia y la fuerte carga emocional de sus composiciones, llamaba más la atención de primeras escuchas. En todo caso, “Neon Bible” a la larga también termina por agradar. Ya al menos aquí vemos un enfoque distinto en sus 2 primeras obras.

También he de reconocer que “Neon Bible” es un disco que en su día conseguí, pero que quizás debido a su menor inmediatez escuché unas 3 veces, dejándolo en barbecho hasta el día de hoy. Es el disco que tengo menos asimilado y fundamento la idea de darle tiempo y escuchas en el hecho de que a día de hoy voy encontrándole cada día más bondades. Arcade Fire vinieron en su día a tocar al Summercase, extinto festival, y se olvidaron de concierto de gira al uso, al margen de festivales en la capital. De hecho, hará cosa de año y medio, con ciertos buenos amigos que conocí en el concierto de Franz Ferdinand, hablábamos y suspirábamos por un concierto propio de los canadienses en los momentos previos de ver a Kapranos y compañía. En una semana llegará la anhelada hora.

Y tras esta intro, para presentarles someramente a la banda por si no la conocían, pasemos a “The Suburbs”, 3ª obra de estos muchachos. De primeras, lo que hice fue ver el listado de canciones y ya ahí pude sacar ciertas conclusiones antes incluso de escucharlo. La 1ª, sabiendo del carácter poco inmediato del grupo, fue que tras comprobar que se incluían ni más ni menos que 16 canciones, fue darme cierto respeto a la hora de imaginarme una escucha ciertamente densa. La 2ª fue que al ver el título de ciertas canciones, con un diferencial entre las mismas entre paréntesis y con un cuerpo troncal en la misma, atisbé un acercamiento a Funeral, en el cual se incluían 4 canciones con la palabra “Neighborhood” en el título. Aquí nos encontramos 2 “Half light” y 2 “Sprawl” que ahora pasaremos a ver.

El disco comienza con la canción que le otorga el nombre. “The suburbs” tendrá su 2ª parte, al igual que los otros temas ya comentados, justo al final de la obra. Arcade Fire nos reciben en su 3ª entrega con un pop suave, con unas marcadas notas de piano de sonido amable y alegre. En definitiva no deja de ser un pop de carácter clásico, que además nos muestra al Win Butler de siempre al micro, aunque en sus tonos de mayor falsete no sé por qué me recuerda en algún momento a Damon Albarn de Blur. Un comienzo calmado, que nos da paso a un trueno de canción en la forma de la más oscura y a la par vibrante “Ready to start”. Esta canción ha sido el single de adelanto y ha permitido al grupo aparecer con mucha frecuencia por ejemplo en el canal de tv Kiss Tv, con la difusión del videoclip mil y una veces. Ese clip muestra el potente, frenético y furioso directo del grupo, en el que se ven los primeros planos de las caras de los componentes en estado de trance y totalmente entregados sobre las tablas. También se ven ciertos amagos de Win de cargarse su guitarra, al estilo de lo que hizo en un video de “Intervention”. La canción muestra un potente muro de sonido, quizás no tan rotundo como la vigorosa “Neighborhood #3 (power out)” de su disco de debut, pero en todo caso es un tema que funciona y a buen seguro pondrá el Palacio de los Deportes patas arriba cuando suene el 20 de noviembre. No obstante, el disco va a discurrir más bien por sonidos más calmados, con distintos estados de ánimo (eso sí), y la intensidad, o mejor dicho, la celeridad y el vértigo no va a ser la tónica habitual en sus 16 cortes. De hecho, “Modern man”, con un sonido algo cercano a New Order y al bajo de Peter Hook, se abre camino en una senda sonora decadente y relajada, que con el paso de las escuchas se convierte en un oasis de calma siempre bien recibido. El manierismo en las formas no se pierde en la obra, al menos en la 4ª y 5ª canción. “Rococo” muestra un claro uso de las secciones de cuerda que tan famosos han hecho a estos chicos de Canadá, aunque quizás este tema adolezca en el aspecto de que se pasa de metraje y repetición vocal. El sonido de su melodía es ciertamente hipnótico y debe ser toda una experiencia escucharla con alguna sustancia añadida a su lado emocional. Una de las joyas de la obra, al menos desde mi punto de vista, llega en el 5º lugar con la increíble “Empty room”. Es otro de los ejemplos de ritmo y aceleración de la obra, en este caso de la mano de los violines. Además supone la carta de presentación vocal de Regine Chassagne. Es una canción de un tremendo brío y energía, y en todo caso una de las mejores piezas de “The Suburbs”. Win regresa a las tareas vocales tras este puntazo a cargo de su mujer, en “City with no children”, la cual cuenta con una estructura de guitarra eléctrica bastante aguerrida, dentro de una cadencia más relajada. Un tema medio de pop, en el que Régine escuda en los coros a Win de forma correcta. Llegamos a los “Half lights” y la 1ª parte de la mano de la voz de la señora Chassagne nos puede recordar vagamente a la acongojante canción de cierre de “Funeral”, aquella gloriosa e intensa “In the backseat”. No se alcanza un regusto tan trágico como en aquella y Win no deja sola a Régine en las tareas de voz. No obstante, se destila una melancolía muy interesante en su melodía, centrado ello principalmente en los sonidos de las secciones de cuerda. Precioso momento del disco. La 2ª parte de “Half light”, con el añadido de título “(no celebration)”, gana en ritmo, pero sin perder en lo que a envoltura emocional se refiere.En una obra extensa se puede llegar a algún momento de dispersión o pérdida de la atención, y estimo que en esta parte central es donde se acumulan quizás los temas más prescindibles de la obra. “Suburban war” y “Month of may” quizás no sean dentro de “The Suburbs” sus momentos más válidos, ya que no aportan gran cosa al sonido de la obra; sin sonar mal, son de las canciones que más difícil cuesta recordar durante las primeras escuchas y etapas de asimilación de la obra. Puede que dentro de “Suburban war” resulte algo curioso la subida de intensidad melódica de la parte final. “Month of may” tiene su gracia en su alto ritmo, pero aquí Arcade Fire pierden sus marcas instrumentales, sonando como cualquier banda indie de vecino. Eso sí, a buen seguro si suena en el Palacio de los Deportes, creo que montará un buen revuelo por su vértigo y velocidad. Sin embargo, tras estos 2 momentos medianos llegamos a “Wasted hours”, que se perfila como el corte de mayor quietud (algo parecido a lo que sucedió en su día con la canción “Neon bible”) y nos regala unos minutos ciertamente placenteros. “Deep blue” continúa la senda que ha dejado “Wasted hours”, al menos en su comienzo, remarcando ciertos coros que se marca Win. No obstante, “Deep blue” más bien palidece frente al gran temazo que llegará para sucederla en el orden, que no es otra que la soberbia “We used to wait”. El halo de intensidad y carga emocional de Arcade vuelve por sus fueros gracias a esta estupenda composición que nos enfrenta a la parte final que nos presentará otra agradabilísima sorpresa. El comienzo con la inquietante melodía de piano y los acordes perdidos de guitarras en la parte trasera de la producción nos preparan para el sencillo pero emocionante estribillo, que es donde se congrega la gran fuerza de esta composición. Como preludio, y afrontando ahora a los “Sprawls”, la primera parte “(flatland)” nos prepara para esa estupenda composición que será la 2ª parte de sobrenombre “(mountains beyond mountains)”. Es de los temas de factura más triste y sombría del disco. Sin embargo, en la 2ª parte, Régine Chassagne se vuelve a adueñar vocalmente hablando de otro bombazo dentro de la discografía de la banda. En esta pieza “Sprawl II (mountains beyond mountains)”, Arcade Fire saben fusionar de forma magnífica todos los componentes o marcas sonoras de su trayectoria con la electrónica e incluso con el techno pop. Es una pista tremendamente pegadiza y dependiendo de si en el futuro sea editada como single o no, se puede perfilar como una de las grandes joyas ocultas de Arcade Fire. En caso de ser elegida como sencillo, lo que se hará básicamente será justicia con la misma. El tono tan hedonista a ratos de la voz de Régine, ayuda a crear una sensación muy curiosa junto a las melodías de teclados y sintetizadores que incluye. Se llega al final del disco con el “(continued)” de “The suburbs”. Un fade out del tema de apertura, con Win y Régine decayendo vocalmente de la mano y perdiéndose en el horizonte auditivo de nuestro equipo hi-fi, nuestro mp3/mp4 o los altavoces de nuestro ordenador.

“The Suburbs” es un excelente 3er. trabajo por parte de Arcade Fire. Además, en estos tiempos que corren el 3er. disco es crucial de cara a definir un grupo. Muchos grupos que muestran buenas maneras en el 1er. y 2º disco, se terminan por romper o comienzan su trayectoria descendente a partir de su 3ª obra. Sin embargo, el hecho de que Arcade Fire, aunque “Funeral” esté muy reputado, hayan ido en camino ascendente en tanto a popularidad desde sus inicios, han propiciado que con “The Suburbs” hayan subido cualitativa y cuantitativamente. Lo ya comentado de la difusión del clip de “Ready to” start y el hecho de su concierto a bombo y platillo en el Palacio de los Deportes son una muestra de ese auge de la banda.

Y lo bueno de todo esto es que el grupo no ha fundamentado ese aumento de la popularidad en vender su alma al diablo y facturar un disco facilón. Es cierto que el manierismo y aspecto barroco de sus composiciones de su obra de debut está a un nivel distinto al de la mayoría de composiciones de “The Suburbs”, pero sin embargo esa esencia no se pierde y lo podemos comprobar en piezas como “Rococo” o “Empty room”. La dosis justa de accesibilidad en temas como “Ready to start” han jugado el papel, pero sin renunciar ni a un ápice de calidad. Parece además que dicho título “Preparados para empezar”, muestra de forma subliminal una declaración de intenciones para que Arcade Fire atente a los primeros puestos del panorama musical mundial.

Lo malo de “The Suburbs” es que quizás se haga algo extenso y evidentemente en un disco que tiene ni más ni menos que 16 temas, es complicado que no se cuele algún tema más flojo, como ya hemos comentado. No obstante, esos temas más débiles tampoco es que suenen mal, simplemente están alejados de los momentos más excelsos de la obra.

Se emplea un buen rato en escuchar al completo el disco de esta semana. Pero hay que decir que al llegar al fin de la audición, te queda un claro regusto de que lo que has estado escuchando no es para nada baladí. Este álbum de pantanosa portada, con un coche visto desde atrás en un paisaje verdoso, es la verdadera carta de presentación de Arcade Fire al primer nivel o primera fila del panorama musical internacional tras 2 trabajos de una calidad brutal y que poco a poco han ido llegando a los oídos de toda la gente. Ahora solamente falta comprobar su directo. En unos días les hablaré de ello, de momento quedarse con la última obra de estudio de Arcade Fire es una buena elección para gastar una horita aproximadamente de este fin de semana que tienen por delante.
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sábado, 6 de noviembre de 2010

Interpol - Interpol (2010)

Creo que no he leído hasta la fecha una sola crítica que ensalce, y casi ninguna benévola o salvatoria hacia el último trabajo de Paul Banks y sus compañeros de Interpol. Y en parte, como se suele decir, cuando el río suena agua lleva; es decir, que quizás nos encontremos ante una floja entrega, esta última de nombre igual que el del grupo “Interpol”, por parte de esta banda neoyorkina liderada por un británico, sin estar hablando en este caso de Talking Heads, evidentemente.

No voy a ir a contrapelo asegurando o defendiendo que estamos ante el mejor álbum que han grabado Interpol hasta la fecha, pero sí que seré de aquellos que le concede una cortesía al menos temporal a la obra. Me refiero a que quizás con el paso del tiempo y el macerado suficiente de los temas en la retina puede que hagan que en el futuro veamos al disco de nombre homónimo de la banda con mejores ojos. Y, ¿en qué baso esta suposición? Pues en el simple hecho, siempre personal, de que tras 2 años y medio en las barricas tras la última escucha que le concedí, al recuperar “Our Love To Admire” con motivo de refrescar su contenido de cara al próximo concierto del día 13 al que asistiré, me ha parecido de una calidad mucho mayor a la que en su día me reportó cuando salió hace 3 años.

Algo parecido me sucedió con “Antics”. Un lp que a día de hoy y escucha tras escucha me da la impresión de que cada vez se acerca o tiende más, pero sin llegar a cortarse con el eje de coordenadas, al nivel de exigencia que desprende el fabuloso debut de 2002 “Turn On The Bright Lights”. Ahora iré comentando las canciones una a una y en el final del artículo plantearé las conclusiones y reflexiones sobre el posible devenir futuro de Interpol. Analicemos someramente lo que ha experimentado la banda desde su última edición discográfica y gira promocional hasta la fecha.

Terminada la promoción de “Our Love To Admire”, comenzaron a surgir rumores sobre un posible escarceo musical en solitario del cantante y líder de la banda Paul Banks. Un hecho que se confirmaría en efecto en el pasado 2009 con el disco “Julian Plenti… Is Skyscraper”, del artista Julian Plenti, que no es otro que el propio Paul Banks con un sobrenombre artístico para su carrera en solitario. El disco seguía en parte la tradición de Interpol, pero con una carga musical menos intensa y un sonido a ratos más amable y de menor penumbra que algunas composiciones atormentadas de Interpol. Se trata de un disco aceptable, pero sin alardes, que supongo que le reportaría personalmente a Banks aire fresco.

En lo que al grupo en sí se refiere, el proceso de grabación del nuevo disco se ha cobrado desgraciadamente una víctima dentro de la formación origen de Interpol. El carismático bajista Carlos Dengler ha terminado abandonando el redil una vez que casi se había finalizado el proceso de grabación. Los motivos reales los desconozco. El hecho es que es una pena que un miembro que marcaba tanto estilo dentro del grupo, con sus poses glamourosas y estáticas en el directo, y siendo un bajista perfecto para crear ese universo y atmósfera musical tan particular de Interpol, haya dejado la banda. Además, recuerdo que de aquel concierto accidentado personalmente de noviembre de 2007, por el asunto ya conocido de los gorilas de seguridad, me llevé la púa de Dengler al vuelo. Esto, de forma un poco estúpida, hace que tuviera más empatía ante este llamativo miembro del cuarteto que formaba Interpol

El comienzo del disco no se puede decir que sea desacertado. “Success” se presenta con una melodía de lo más interesante y llamativa de la mano principalmente de la guitarra eléctrica. Además, Banks se muestra con arrojo y fuerza en el micrófono, lo cual suma también a dar forma a una brutal composición de apertura. Quizás me sobran los coros que secundan a Paul Banks en los estribillos, pero en general es una estupenda composición, que puede estar a la altura de los siempre llamativos inicios de álbum que ha dispuesto Interpol en su trayectoria. En lo que a la letra se refiere, nos puede dar que pensar el pasaje “He triunfado, no competiré mucho más. No creo que esté destinado a mostrarte nada. Tengo 2 secretos, pero solamente te he contado uno”; ¿puede ser que de esta forma se pueda intuir el próximo fin de la banda como tal? Esta especie de mensaje, sumado al abandono de Dengler, nos puede inclinar a pensar en ese sentido, ¿no creen? “Memory serves” quizás es un tema con poca gracia. Ofrece un ritmo más lento a la par que sombrío y el estribillo no es que tenga mucho gancho. Quizás el mayor interés es el lúgubre sonido de las cuerdas de guitarra distorsionada que suenan en la parte final del entramado sonoro. En el 3er. lugar del listado, nos encontramos a “Summer well”, cuyo primer medio minuto, con esa misteriosa línea de bajo y la estructura básica de la pieza, nos hace imaginarnos que nos encontramos ante algo novedoso. A la postre, la canción evoluciona a lo que podría denominarse un medio tiempo del registro personal de Interpol, que sin sonar mal, no nos muestra nada especial. El riesgo o novedad viene a continuación, por si tras “Success” la 2ª y 3ª canción no nos han complacido lo suficiente. Y es que “Lights” ha sido el controvertido single de adelanto. Un tema muy poco inmediato y que debido a ello gana mucho tras varias escuchas. Se muestra lento, conformando quizás el single menos frenético de Interpol de su trayectoria y de los más oscuros en sus formas. De igual forma, dispuso de un clip promocional de lo más curioso, y tenso. “Lights” es una pista sombría, pero que en su parte final logra alcanzar una intensidad bastante interesante y que igualmente a lo largo de toda su duración tiene una solemnidad y tensión muy importante. En la parte central del disco Interpol se disponen seguidos los 2 primeros singles. También coincido con la mayoría de los críticos y fans en destacar a “Barricade” como una de las canciones a tener en cuenta de este lp. Los latigazos de guitarra eléctrica tan característicos de Interpol en auténticos clásicos de su historia como “Obstacle 1” o “Evil”, evolucionan a unos acordes saltarines de lo más interesantes, sumados a unas notas de bajo muy marcadas. Banks no escatima en energía a la hora de cantar. Lo que sí que descuadra es el campestre y soleado videoclip promocional, el cual en lo que a la disposición del grupo se refiere, me recuerda algo a “Wrapped around your finger” de The Police, por eso de estar cada uno en su zona, alejado del resto, concentrado en tocar su instrumento.“Always malaise (the man I am)” continúa, para mi gusto, en la buena senda mostrada tras los 2 singles. Se trata de una canción misteriosa, oscura, decadente y con unos interesantes cambios de ritmo cuando Paul afronta la parte lírica que dice “actuaré de una determinada manera, controlaré lo que pueda, este es el hombre que soy…”. Quizás estemos ante una de las composiciones más llamativas en tanto a lo que la forma se refiere del lp. Puede que sea una de los pasajes favoritos de los aficionados de toda la vida a esta banda. “Safe without” palidece nuevamente, y más tras 3 de las mejores canciones del disco “Interpol”. Se pasa de repetitiva en el estribillo y también en la estructura musical, con ese bucle de guitarra que sube y baja tan solo una nota del pentagrama. Busca el hipnotismo, pero creo que falla, ya que se trata de una composición de sonido o textura bastante inofensiva, lejos del cierto oscurantismo que puede llegar a destilar la banda, o que al menos nos ha mostrado a lo largo de estos años. “Try it on” se presenta con una melodía de piano y un sonido cuanto menos llamativo. Destaca el compás marcado por Sam Fogarino desde su batería. En esta ocasión, buscando el carácter hipnótico con la repetición de estructuras melódicas muy sencillas, el grupo consigue acertar, ya que nos presentan una composición novedosa y no un registro a medio gas dentro de su estilo. Es una preciosidad de canción, quizás una de las joyas ocultas de la obra, a no ser que se edite como single tardío, que versa sobre el fin del amor y la lucha por intentar que no se marche. El estribillo nos muestra a un Paul Banks desesperado y bastante emotivo a ratos. A través de unas leves programaciones o arreglos electrónicos, está unida umbilicalmente a la penúltima canción del álbum. “All of the ways” muestra una pieza lúgubre, quizás algo cercana a la acertada “Lighthouse” que ponía fin a “Our Love To Admire”, debido a la quietud que muestra. Su base sonora, aunque cede el protagonismo de la composición a la voz de Paul Banks, se muestra imperturbable y compacta, escudando el discurso del vocalista. Se trata de otra pieza en la que el protagonista de la letra se enfrenta a la pérdida del amor y pregunta a su amada si el otro que le ha sustituido es mejor que él. Aceptable pieza esta “All of the ways” para llegar al final de la obra, que quizás se pasa algo nuevamente de repeticiones de letra en la parte final; aún así, es bastante potable. “The undoing”, a pesar de no sonar mal del todo, si la comparamos con los otros 3 finales de obra de Interpol, languidece notablemente. No llega ni en broma a la altura de “Leif Erikson”, ni de “A time to be so small”, ni de “Lighthouse”. En lo musical se vale de los teclados para darle una mayor envoltura época y afronta un tono melancólico y derrotista por parte de Banks, apoyado ineludiblemente en su letra.

Y esto es el último disco que Interpol nos ha ofrecido este año 2010. Es un disco pasable, pero sin lugar a dudas inferior a lo que estos muchachos de Nueva York nos han entregado en lo que llevan en esto de la música. Si fuera un disco de debut, estaríamos hablando de otra cosa, pero Interpol está ya en su 4 disco y cercanos a cumplir la década de existencia, desde su debut en 2002. Estamos en condiciones de exigirles un poquito más.

No obstante, es un disco que nos presenta 5 canciones bastante agradables como “Success”, “Barricade”, “Lights”, “Always malaise (the man I am)” y “Try it on”. El resto de composiciones, no es que sean malas, pero quizás son algo tediosas y están exentas del gancho personal de Interpol. No atinan correctamente en dar con esa envoltura oscurantista y decadente, más que gótica o siniestra, o de moverse en el sector más movido y guitarrero del grupo.

Esta obra en general, y la ya mencionada letra del tema de apertura “Success”, hacen que me pregunte por el futuro de Interpol. El hecho de que una formación compacta durante 8 años se empiece a desmembrar, no deja de ser otra luz de alarma. La marcha de Dengler y el debut en solitario de Paul, sumado a la poca consistencia de este 4º lp y ese mensaje en la letra de “Success”, me inclinan a pensar que le queda poco tiempo a Interpol como grupo. Espero equivocarme y que en lo que sería su 5º disco de estudio, el grupo vuelva a regalarnos un álbum al nivel tan satisfactorio que otorgan sus 3 primeros trabajos.

Veremos qué es lo que sucede en el futuro. De momento, justo dentro de 7 días tendré la oportunidad de volver a verles en directo, tras aquel concierto de tan ingrato recuerdo para mí, debido a la actitud de los empleados de seguridad de La Riviera. Confío en que al celebrarse en un recinto más amplio como es el Palacio Vistalegre, no se repitan esos incidentes. Para ello, igualmente me conformaré con una octava o décima fila y ladeada hacia uno de los extremos del escenario, para evitar ser el foco de las iras de los gorilas de turno.

Ya les contaré cuando les deje por aquí la crónica. De momento, métanse a escuchar este disco y pregúntense si ustedes también son de los que como yo y la mayoría de fans y críticos hemos recibido este disco de Interpol, de interesante portada oscura y con influencias cubistas, con algo de frío. De igual forma, tampoco soy de los que lo han criticado más ferozmente, como han podido leer. Opino que es un disco aceptable sin más, con algunos buenos instantes, pero para nada creo que sea tan fallido como han afirmado algunos. No obstante, y volviendo a algo que apunté al comienzo del post, al 4º trabajo de larga duración de Interpol habrá que concederle una cortesía sonora temporal. Quizás esas canciones que a día de hoy no nos llaman la atención, pueden que mejoren la percepción actual que tenemos de ellas, quedando en la retina durante un tiempo y recuperándolas en su justo momento. Interpol, o mejor dicho, los 3 discos anteriores de Interpol, son como el buen vino: mejoran con el tiempo. Veremos si el 4º a la larga sigue la tradición.

Por cierto, que ya casi se me olvidaba comentarles la actualidad de nuestro programa de radio: esta tarde a las 19.00h no se pierdan nuestro espacio, que al igual que el pasado miércoles estará dedicado a Supertramp y su trabajo “Even In The Quietest Moments…”. Este próximo miércoles 10 de noviembre a las 23.00h en http://www.ruah.es/online.html les llegará el turno a Talking Heads y a su disco revisado recientemente en el blog “Little Creatures”. Confío en verles ahí.
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