Intentando sintetizar para comenzar, podríamos afirmar que la apoteosis en forma de actuación musical fue lo que se dio cita en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid este pasado sábado 20 de noviembre de 2010. O al menos dicha apoteosis tuvo lugar exactamente desde las 21.48 hasta las 23.25h, que fue el tiempo que los canadienses Arcade Fire llenaron el escenario. Hasta la fecha, he ido a muchos conciertos, muchos de ellos de bandas históricas y con un directo brillante, como es el caso de Depeche Mode por citar algún ejemplo. Pero he de decir que lo de ayer no lo había vivido o experimentado todavía. También he estado en muchos conciertos en los que el ambiente y la tensión y emoción por parte del público (marea en la que estás inmerso), se notaban desbordantes (casos parecidos a los que tuvieron lugar en el mismo sitio con The Killers o Franz Ferdinand), pero es que el ambiente que se respiraba ayer en el arena de la calle Goya, no tiene comparativa posible con ninguna experiencia previa. Es difícil expresar ciertas sensaciones o experiencias con palabras, y el concierto de Arcade Fire de ayer es uno de esos casos. Intentaré transmitir la emoción general y particular que hubo en el evento, y comentar cada uno de sus momentos de la mejor forma posible, pero no les prometo que pueda llegar a estar a la altura.
Todavía retumbaban en el Palacio de los Deportes los ecos del que supongo que también sería un gran concierto, aunque de otro estilo, que no fue otro que el que celebró la colombiana Shakira unas horas antes. A su manera, también pondría patas arriba el Palacio de los Deportes, pero digamos que de conciertos que funcionan o empatizan con la audiencia de esas formas, ya he vivido muchos. Eran las 17.15h, y cumpliendo puntualmente con mi palabra, llegué a las inmediaciones del lugar señalado, la cola de la plaza de Felipe II, emplazamiento habitual de espera hasta la apertura de puertas. Los seguidores del blog, recordarán quizás que en el concierto de Franz Ferdinand tuve la ocasión de conocer a un grupo de gente muy maja y con un exquisito gusto musical, con los que en aquella ocasión ya hablamos de lo que nos gustaría que Arcade Fire vinieran a Madrid en concierto propio, más allá de visitas festivaleras. Sobra decir que guardamos el contacto y desde que supimos del concierto, habíamos estado hablando de vernos. Acordamos que el primero que llegara, cogiera sitio en la cola, pero ni siquiera hizo falta, ya que la sincronía, como dirían The Police, se dio casi de forma exacta, llegando ellos 2 minutos más tarde que yo, con lo que su sitio en la cola hubiera sido el mismo, puesto que no se había puesto nadie todavía detrás mía.
Todo suma a la hora de hacer síntesis de una experiencia de concierto, y sin duda, la tarde que pasamos hasta que llegó la hora del show, fue de lo más agradable gracias a la compañía de estos amigos y de otros de toda la vida que también vinieron al show. Tenía cierto miedo, ya que el tiempo amenazaba lluvia, algo como lo que sucedió en Brandon Flowers, tarde en la que terminamos empapados tras esperar en la cola 2 horas. Todo ese esfuerzo para que luego las “niñas modernas” de turno se jacten de colarse hasta las primeras filas, sin necesidad de haber llegado antes de la apertura de puertas. Eso de llegar el último y querer ser el primero es de una mala educación de tomo y lomo, pero ¿qué vamos a esperar en una sociedad como esta? Garbanzos negros los hay a expuertas en este mundo. Por fortuna no llovió, pero la tarde fue muy fría, con un viento que atizaba de forma insistente, y que en definitiva nos enseña que el invierno está a la vuelta de la esquina.
A las 19.15h o así, se abrieron las puertas del recinto y llevamos a cabo el laberíntico paseo de costumbre en el Palacio de los Deportes, para llegar a pie de pista. ¿Para qué molestarse en correr? Primero, hay empleados del recinto que te lo impiden y te increpan si lo haces. Segundo, creo que no es muy inteligente bajar las escaleras a escape a riesgo de hacerte un esguince, total para ganar una fila más, que sencillamente no pierdes (o incluso ganas) si te ladeas un poco del escenario hacia izquierda o derecha. Nuevamente conseguimos una 10ª fila, que cuando empezó Arcade Fire se convirtió en una 8ª, escorados a la izquierda mirando al escenario y en una posición muy parecida a la que tuvimos en Interpol 7 días atrás. Tras este rollo monumental, pero siempre lo digo: esto es un blog y lo personal aquí tiene cabida (para crónicas ajustadas a 1000 palabras echen un vistazo a “Mondosonoro” o “Rolling Stone” u otros lugares), pasemos al análisis meramente musical, técnico y artístico de lo que se vivió.
Como anécdota, hay que decir que Win Butler y algún otro componente de Arcade Fire estaban situados en un extremo del escenario sin perder comba ni de un segundo de la actuación de los teloneros; desde que descubrí a Billy Corgan de The Smashing Pumpkins viendo a Kasabian desde las gradas traseras del escenario en Las Ventas en el Pepeworld Festival de 2007, no había vuelto a ver a ningún artista principal observando al aperitivo que le precede, el cuál en esta ocasión nos resultó algo indigesto. Encabezando este párrafo pueden ver una imagen que muestra a Win Butler viendo a Fucked Up en acción junto a otros compañeros de Arcade Fire; da la impresión de que se percató que yo a mi vez me había dado cuenta que estaba ahí. Ya les dije que cuando un telonero no me gustase lo comentaría. Esto lo que hace es ensalzar a bandas como The Monomes, Ecco o Suffer Blood. Respeto los gustos, pero Fucked Up no son para nada mi estilo y dudo qué es lo que tienen que ver con Arcade Fire, más allá de la cierta mala leche al micro que de vez en cuando se gasta Win Butler, pero sin necesidad de ponerse gutural. Me gusta tener un respeto por todo trabajo, y simplemente terminaré diciendo que Fucked Up no me agradaron.
Sin duda, los teloneros no nos dejaron indiferentes, pero al poco tiempo ya estábamos mirando insistentemente la hora para ver cuánto quedaba para que el matrimonio Chassagne-Butler y el resto de Arcade Fire irrumpieran en el escenario. Los roadies se afanaron en dejar todo dispuesto de forma muy rápida, pero aún así estos chicos de Canadá se hicieron de rogar, demorándose 13 minutos del horario previsto, a la hora de salir a escena. Yo apostaba por un comienzo con “Neighborhood #1 (tunnels)”, pero lo lógico en realidad era empezar con algo de “The Suburbs”, última entrega de la formación. Y de hecho así fue. La apropiadamente titulada “Ready to start”, y en definitiva la canción que ha permitido abrirse mucho los horizontes a Arcade Fire, era el tema que abría fuego y que ya consiguió enardecer a los que allí nos encontrábamos. “Ready to start” es un tema directo, intenso y perfecto para el comienzo de un recital.
Bueno, hablar aquí de los puntos álgidos o mejores momentos es casi una redundancia, ya que les afirmo que no hubo ningún agujero dentro de la más de hora y media de actuación de Arcade Fire, y es difícil quedarse con alguno en especial, puesto que hubo tantos... Lo enfocaré de tal forma que intente explicar quizás los pasajes más celebrados por el público dentro de la histeria continua provocada por tal sucesión de tema tras tema, himno tras himno, y para muestra de esa sucesión, luego les dejaré el setlist ordenado al final, para que puedan ver el esquema sonoro que trazaron estos chicos. También les diré, por otro lado los momentos que más me gustaron personalmente, dentro de tanta bondad musical e interpretativa.
Si les parece, empiezo por lo coral; es decir, por lo que generalmente enloqueció más a las masas. Aparte del comienzo, que siempre es celebrado por el simple hecho de que el grupo ya está en el escenario, no hay duda que un momento muy especial fue cuando finalizando la parte troncal del concierto antes de los bises, Arcade Fire unieron de forma umbilical, sin fisuras y encadenando los acordes finales de una con los iniciales de la otra “Neighborhood #3 (power out)” con “Rebellion (lies)”. Dentro de mi “quiniela” particular de setlist, no acerté ni una, no en lo referente a que aparecieran o no, ya que aunque no había visto ni un solo setlist de la gira (cosa a la que me niego, porque luego te provoca vivir un concierto sin el punto picante de la sorpresa) suponía que aparecerían, sino en lo centrado a en qué parte del concierto harían acto de presencia. Yo pensaba que “Rebellion (lies)” sería el final de concierto, el último tema del bis. Finalmente casi fue así, pues cerró la parte troncal, pero aún quedaría la propina. El hecho de empezar a oír las notas del bajo del comienzo de esta canción tras la descarga (y nunca mejor dicho) de adrenalina de “Neighborhood #3 (power out)”, fueron unos segundos de genialidad que encandilaron a las cerca de 20000 almas que estuvimos en el interior del recinto y a mi en particular también.
Quizás los fallos principales de esos pronósticos de setlist en lo que al orden se refiere, redundan en que no pienso en lo fácil, y suponiendo que Arcade Fire no son una banda cualquiera, creo que quizás en ciertas pautas se comporten también diferente. Y en parte fue así, pero en lo básico no, ya que lo que estaba casi cantado era que el comienzo sería “Ready to start” y el final vendría de la mano de “Wake up”. Y así fue. “Wake up” fue de los momentos más increíbles de la noche. Venía a rubricar un concierto de una puntuación de 11 sobre 10, y poder escuchar a la gente coreando esta pieza ya clásica del repertorio de Arcade Fire fue una experiencia acongojante. Y en parte, quizás es una de las canciones que mejor resume o sintetiza lo que es Arcade Fire, cosa no fácil, que es la mezcla de virtuosismo, emotividad y ritmo (sobre todo en la parte final). Si a esto le sumamos el hecho para nada irrelevante de que su otra compañera de bis fue “Intervention”, un tema que personas de mi grupo pensaban que no aparecería, tienes como resultado la fórmula para dejar a la gente completamente alucinada al término de la actuación. Y es que fue un tremendo final de concierto, pero en lo personal me gustó más el ambiente que se vivió con la oscilante y maravillosa “Rebellion (lies)”; no obstante, lo que ya he dicho, uno es consciente de que “Wake up” es más coral, un tema que propicia más la comunión entre público y grupo, y en definitiva más popular que la propia “Rebellion (lies)”. Como si tuviera que quejarme de esto, ¿verdad?
Quizás en lo general, estos fueron los momentos que, sobre tan alto nivel, destacaron sobre el resto. No obstante, hay que hilar muy fino para llegar a estas conclusiones. En lo que se refiere a mi personalmente, me gustó mucho que tras “Ready to start” y el 2º tema que tocaron, que a priori es de las canciones que menos gustan del disco en general a los fans de Arcade Fire, “Month of may” (pero que por otro lado, y eso es evidente por su envoltura, en directo gana y es una pista claramente dispuesta para los conciertos), se dispusiera un núcleo durísimo de emotividad. Aquí el grupo engarzó 4 de mis temas favoritos de la banda, y en cierta parte fallé nuevamente en mis pronósticos, pues alguno de ellos me lo imaginaba más bien en la parte final y me quedé a cuadros al verlos por estas latitudes temporales del show. No me descuadró que tras “Month of may” Régine, vestida con un luminoso y brillante vestido, cogiera su acordeón y ya directamente me imaginara que “Neighborhood #2 (Laika)” sería lo siguiente que llegara; y no me equivocaba. Este tema fue la piedra de toque con la que conocí a Arcade Fire al visionar en el portal youtube el videoclip en casa de un amigo, que en sí fue quien me presentó a esta formación y que, como no, también vino al concierto (no sé yo qué hubiera sido de él si el concierto hubiera sido un martes o miércoles…). Evidentemente, aquí no estaban presentes los efectos de producción que distorsionan la voz de Win en el estudio, pero por otro lado pudimos escuchar su tono directamente en este trallazo que en su día yo denominé como “opereta de mala hostia”, básicamente por la rotundidad y contundencia que muestra Win en algunos momentos al micro. Régine ayudó de forma inestimable a su compañero y pareja sentimental, escudándole perfectamente en el estribillo con sus coros, a la par que concedía al tema su rasgo instrumental principal, que no es otro que esa melodía de acordeón.
Este fue el comienzo del citado combo de 4 grandes momentos para mi foro interno. Tras el fallo de predicción en el inicio pensando que sería “Neighborhood #1 (tunnels)”, en lugar de “Ready to start”, el comienzo del show, aquí sumé el 2º error cuando Win directamente avisó que el siguiente tema sería “No cars go”. Sinceramente, me imaginaba un bis formado por este tema y “Rebellion (lies)” como cierre y “Wake up” e “Intervention” en la parte final del show, pero no en el bis. Pues imagínense como sonó este temazo auténtico de Arcade Fire, que sin necesidad de disponer de una extensa letra, se basta únicamente (como si eso fuera poco) de una melodía que te deja sin aliento (como dirían los Danza Invisible). “No cars go” regaló unos minutos de una intensidad bárbara que dejaron la senda preparada para que Régine, tras calentar voz en “Neighborhood #2 (Laika)” y en la propia “No cars go”, viviera su momento de protagonismo vocal de la noche, de forma seguida.
Que “Haïti” formara parte del setlist, teniendo en cuenta como está la cosa por allí y que Régine estuvo fuertemente vinculada a ese lugar, no me sorprendió y también imaginé que si aparecía sería por la primera parte del concierto. De hecho, Arcade Fire colaboran activamente en la recuperación de Haití, ya que Win Butler afirmó en mitad de la actuación que 1 eur. de cada entrada vendida iba destinado a ayuda para Haití; también hubo una serie de chicos asociados al grupo, que vendían chapitas oficiales de la banda a un euro, a modo de recaudación solidaria para el efecto (sobra decir que compramos una, tanto por ayudar de forma solidaria, como para tener un recuerdo más del evento en sí). Esperaba con muchas ganas que sonara este tema, ya que desde el primer momento que escuché “Funeral”, me gustó particularmente, ya que es una pieza exótica dentro del mismo y que sirve como un cierto relax tras tanta carga de intensidad y emotividad en dicha obra. Además, esa melodía de teclados tan inocentes y pamplineros siempre me ha gustado mucho. Justo aquí arriba vemos a Régine interpretando “Haïti”, seguida muy de cerca por su pareja sentimental Win. Lo que sí me dejó en fuera de juego, fue que “Sprawl II (mountains beyond mountains)” apareciera a estas alturas del concierto. El quizás tema más celebrado, al menos haciendo un muestreo mayoritario y que ha puesto de acuerdo a fans y críticos musicales, de “The Suburbs” lo ubicaba en la parte final del concierto también. No en los bises, pero sí en la parte final. De hecho, esta pieza, al ser el capítulo real final (más allá del epílogo de “The suburbs (continued)”) de “The Suburbs”, siempre va asociado a un final de escucha. Da igual, fue otro de los grandes momentos, y viví con tremenda emoción ese estribillo en el que la Chassagne carga contra los PAU y los centros comerciales que proliferan en esos lugares cual “montañas tras montañas”; espero que tras llegar a nuestra tierra, el trayecto en taxi o autobús no les hiciera darse un paseo por Sanchinarro o el ensanche de Vallecas, pues les pudo haber dado algo, como a Carlos Goñi de Revólver cuando ve “las luces amarillas que alumbran el extrarradio”.
Este grupo de 4 canciones, que sonó casi en los primeros compases del concierto, me dejaron completamente boquiabierto y alucinado. Vinieron bien los temas que se situarían a continuación, para recuperar el pulso tras tanta emoción. Y es que en los conciertos de Arcade Fire no hay malos momentos (su discografía aún no les permite dar patinazos en sus shows; ya llegarán los tiempos de decadencia compositiva, o no…), pero si hay lugar para minutos más pausados, porque si disponen un setlist sin fisuras de carga emocional, pueden provocar más de un paro cardiaco; no les exagero si les digo que terminé con la cabeza que me estallaba de la emoción y con el pulso aceleradísimo al final del concierto. Por eso, tras esta descarga de temas tan intensos, llegó una parte media de otras 3 canciones y media (ahora explicaré lo de “media canción”), que permitió a la audiencia deleitarse con el sector más calmado de la formación. Se dispusieron de forma seguida “Modern man”, “Rococo”, “The suburbs” (con introducción bastante interesante de Win) y “Crown of love”; y aquí viene lo de la citada “media canción”, puesto que todo el mundo que conozca “Crown of love” sabe que estamos ante una pieza que se acelera vertiginosamente en su parte final, sobre todo en las secciones de cuerda. Y desde ese final acelerado de “Crown of love”, se acabaron los medios tiempos para pisar el acelerador progresivamente hasta llegar a fondo al final del show. De hecho, el final de “Crown of love” fue de los momentos en los que más boté, cogiendo por banda a 2 de mis amigos metiéndoles en el ajo.
Y es que antes de llegar al citado final de concierto o de su parte central antes de los bises con el citado combo de “Neighborhood #3 (power out)” y “Rebellion (lies)”, Arcade Fire tuvieron a bien situar el que yo pensaba que iba a ser el comienzo del concierto, “Neighborhood #1 (tunnels)”, otro de los momentos que más disfruté, la potente “Keep the car running” (una de mis favoritas de siempre de “Neon Bible”; la siguiente imagen muestra un momento de su interpretación) y el brutal acierto de la última obra del grupo “We used to wait”. Creo que en esta ocasión sí que he comentado todo el setlist al completo, y es que el concierto no fue para menos. Cada uno de los momentos brilló con suma intensidad, más allá de la excelente iluminación que tuvo el grupo en escena. No hubo momentos malos, ni en lo que a la calidad de las canciones, ni en lo que a la forma de ejecutarlas por parte del grupo se refiere. Por si les interesa, el setlist en orden, fue el que les dejo a continuación: “Ready to start”, “Month of may”, “Neighborhood #2 (Laika)”, “No cars go”, “Haïti”, “Sprawl II (mountains beyond mountains)”, “Modern man”, “Rococo”, “The suburbs”, “The suburbs (continued)”, “Crown of love”, “Neighborhood #1 (tunnels)”, “Keep the car running”, “We used to wait”, “Neighborhood #3 (power out)”, “Rebellion (lies)”. BIS: “Intervention”, “Wake up”.
¿Momentos flojos? No hubo de eso. Y, ¿cosas mejorables? Bueno, quizás por sacarle alguna pega, sí que podría añadir que un concierto con 10 minutos más de duración, cumpliendo la hora y 45 minutos de extensión, incluyendo “Empty room” (quizás una de las grandes olvidadas de la noche) e “In the backseat” hubiera terminado de rubricar un show que no tendría calificativo posible en lo referido a sintetizar su nivel de calidad. Ahora que caigo, quizás también fue una pequeña sorpresa que el íntimo momento que supone “Neon bible” no hiciera acto de presencia. Pero realmente sacar alguna pega al setlist ofrecido es para dar de gorrazos al que se le ocurra semejante cosa. Como ya he dicho, más que realizar permutas, los temas ausentes indicados tendrían que haber supuesto una ampliación de la duración del show.
Se llegaba al final de la mano de la citada “Wake up”, y el público allí asistente estaba petrificado, inmovilizado por lo que acababan de vivir. No exagero en este apartado, puesto que es común que tras encenderse las luces, la gente desfile directamente buscando la salida; bien, pues aquí, el público estaba quieto en su sitio, algunos con las bocas medio abiertas y comentando la jugada con la mirada perdida, y sobre todo con una expresión de satisfacción ante lo que acababan de ofrecernos Win Butler y sus muchachos. El aparentemente fiero Win, estuvo simpático y amable, e incluso en el comienzo de “Rebellion (lies)” hizo seria tentativa de meterse entre la audiencia, poniéndose de pie sobre la valla que separa la 1ª fila de asistentes del recinto del escenario. Vocalmente estuvo estupendo, por lo visto mucho mejor que en el Summercase de 2007, según me comentaron algunos de mis amigos. Su actitud emanaba felicidad y en algún momento llegó a subirse sobre su piano, lo cual sumado a su envergadura le mostraba como un gigante del rock. De Win figura justo seguida una foto que muestra parte de su intepretación al piano de “The suburbs”, con un gesto en su cara a mitad de camino entre la satisfacción y el orgullo.
Su mujer Régine Chassagne estuvo magnífica. Al igual que su marido y el resto de componentes, se intercambiaron unas cuántas veces los instrumentos entre sí, demostrando el virtuosismo de cada uno de los miembros de Arcade Fire. De esta forma, Régine empezó en la batería en “Ready to start”, se puso al acordeón en “Neighborhood #2 (Laika)” y varias veces en los teclados, como en “Neighborhood #3 (Power out)”. Como no, tuvo sus momentos de extrema gloria al micrófono con “Haïti” y “Sprawl II (mountains beyond mountains)” en las que además de cantarlas de forma bastante correcta, nos obsequió con sus bailes naifs y sus movimientos tan peculiares, que incluyeron ciertos devaneos con unas cintas de colores al final de “Sprawl II (mountains beyond mountains)”. La siguiente imagen muestra a Régine a los teclados al final del concierto en la intepretación de “Wake up”.
Hablar del resto de componentes de la banda, es hablar de profesionalidad, intensidad y virtuosismo. Cada uno del resto de miembros de Arcade Fire tocó de forma excepcional, sumando su inestimable granito de arena a las composiciones majestuosas de la banda, para que en el directo sonaran muchísimo mejor que en estudio, lo cual ya es decir. Como acabo de mencionar, fue común el intercambio de instrumentos en varios momentos y no deja de ser llamativo que Arcade Fire sea una de las formaciones que incluye en su escenario 2 baterías. Es todo un espectáculo ver a un grupo tan amplio en número de músicos en escena, sin en este caso encontrarnos ante una orquesta de música clásica. Además, también fue interesante ver como muchos de los componentes de Arcade Fire también se marcaban algunos bailes y tocaban los instrumentos de tal forma que también tuvieron sus momentos de gloria, descargando en esos momentos protagonismo de las cabezas visibles del grupo que son Régine y Win. Como curiosidad, volver a comentar algo que me he dado cuenta en todas las actuaciones de esta temporada, y es el hecho de que no se tiene a bien presentar a los miembros de la banda. Tan solo Supertramp lo hizo en el campo de los grupos internacionales. Arcade Fire no fueron una excepción en este terreno, básicamente porque a la hora de presentarse el show podría haberse alargado 10 minutos más, como pasó en el concierto de Alejandro Sanz en el Rock In Rio de 2008, justo antes del concierto de The Police. Para compensar esa falta de presentación, a continuación les dejo una foto que muestra a parte del resto de Arcade Fire, en la que no aparece ni Win, ni Régine. ¡Hay que ver cómo deslumbraba el cinturón de la violinista que sirvió de apoyo a la titular Sarah Neufeld!
Hablando de otros aspectos del concierto, al margen de la música y de la banda, decir que la iluminación en esta ocasión fue fabulosa. Arcade Fire no usan humo para su espectáculo y se valen de unos efectistas juegos de luces con los que dar brillo a su desarrollo escénico, del cuál conviene no perder ripio. Por otro lado, de telón de fondo figuraba lo que se intuía como un entramado de excalestric de autopistas (esas que llevan a los suburbios o a los PAU, léanse en inglés “Suburbs” o “Sprawl” para que no se pierdan), y delante de ello un poste de iluminación al estilo de los que figuran en los estadios de fútbol y luego una pantalla gigante que parecía también un videomarcador de un estadio, con lo que se terminó de conformar una puesta en escena al menos curiosa. Sobre la citada pantalla, en “Wake up” se disponían imágenes de la actuación del grupo sobre otras que enfocaban el público. En cierto momento aparecí durante un buen rato nada más finalizar el tema; para mi fue todo un puntazo. En lo que a la acústica se refiere, nunca he tenido queja del Palacio de los Deportes. Supongo que aquellos que están en las zonas altas de grada, obligatoriamente no lo escuchan bien del todo, pero en las primeras filas, o al menos desde mitad de pista para adelante, el sonido siempre es estupendo.
Tras finalizar el concierto y tras los pertinentes comentarios de admiración y tertulia entre el buen grupo que nos juntamos allí, intentamos felicitar en persona a los Arcade Fire en persona. No obstante, la noche estaba fría, demasiado fría y tras tomar unas raciones y algo de beber en un bar que está situado enfrente de la puerta de acceso y salida de artistas al recinto, no aguantamos más de 20 minutos frente a la misma. No vimos ni a Régine, ni a Win, que por lo visto estaban montando una fiesta en el interior del recinto; esto jugó en nuestra contra, puesto que cuando la fiesta es en otro lugar, no suelen tardar mucho en salir, como sucedió con The Killers o Franz Ferdinand. No era plan estar a la intemperie con el frío que hacía, hasta no se sabe qué hora esperando al grupo, con lo que tras el mencionado rato de espera razonable, nos marchamos los 4 que quedábamos.
Eso sí, algún otro miembro del grupo sí que salió, y al efecto saludamos y nos hicimos una foto con la violinista Sarah Neufeld (la cuál gana muchísimo en las distancias cortas), que ante la estatura de un servidor y de mi amigo, se quedó algo asustada, pero finalmente accedió amablemente a hacerse una foto con nosotros. Su susto ante nuestra estatura no lo entiendo viendo la altura que tienen ciertos componentes de Arcade Fire, como el propio Win que debe sobrepasar con solvencia el 1,90. Por lo visto, Sarah y un par de componentes más de Arcade Fire no tenían ganas de fiesta o backstage y se metieron en los gigantescos autobuses, dotados de todas las comodidades que precisasen, que estaban aparcados esperándoles fuera para quizás montarse la fiesta por su cuenta. Debajo pueden ver a un servidor de ustedes y a un buen amigo mío flanqueando con firmeza a la grácil señorita Neufeld.
Vamos llegando al final de la crónica y entramos en el apartado de las conclusiones o reflexiones que podemos sacar del concierto. Lo primero de todo, por si a alguien le quedaba alguna duda, es que Arcade Fire son un grupo con uno de los mejores directos de la historia actual del pop/rock y de la historia de la música moderna en general. Los himnos a los que han dado forma en estudio, son auténticas bombas nucleares cada vez que suenan en un recinto en directo. Por otro lado, y derivado de esta primera impresión, quedó constancia de que vimos en escena a un grupo que se encuentra en su mejor momento y que por otro lado son quizás una de las bandas que en este vacío de poder, al encontrarnos en unos interludios compositivos de grupos como Coldplay, The Killers o Franz Ferdinand, están de actualidad, siendo quizás la formación del momento. Arcade Fire triunfaron rotundamente en su paso por Madrid, más allá de los datos numéricos que señalaban por anticipado un show con las entradas agotadas. Y es que Arcade Fire dejaron plenamente satisfechos a los miles de asistentes a su concierto, que llenaron hasta la bandera el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid.
Una cosa que ya se empezó a comentar en círculos de tertulia de asistentes en los momentos previos y posteriores al concierto, fue el hecho de que muchos están convencidos de que Arcade Fire están en condiciones de dar el salto de los recintos arena a los grandes estadios. ¿Veremos a Arcade Fire en el estadio Vicente Calderón en su próxima visita a Madrid, si es que aún no han derribado dicho glorioso recinto para entonces? Personalmente no lo sé. Puede, pero para llenar esos recintos un grupo tiene que ser una banda accesible y Arcade Fire es un grupo que está a la altura de gente instruida culturalmente. En este aspecto quizás sean un grupo elitista, pero nunca se sabe. Para muestra un botón: en el telediario de hoy al mediodía en Tve1, al final del mismo, cuando suelen poner algún cachito de algún concierto del día anterior, han puesto uno de Dani Martín de El Canto Del Loco en solitario. ¡Ahí! Promocionando lo nuestro, como si le hiciera falta. No obstante, y desmarcándome de esta tendencia, creo que no me gustaría ver a Arcade Fire en un Vicente Calderón. Creo que Arcade Fire es un grupo perfecto para un recinto Arena y el Palacio de los Deportes parecía anoche su casa; en este aspecto, soy de la misma opinión que el crítico musical Julián Ruíz. A falta de un órgano de iglesia descomunal, pueden comprobar en la siguiente instantánea como se suplió su carencia con el efecto creado en la pantalla gigante en mitad de la interpretación de “Intervention”.
De momento lo único que podemos afirmar es que lo vivido el sábado día 20 de noviembre de 2010 en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid, de la mano de los canadienses Arcade Fire, fue un espectáculo enorme. Un concierto apabullante, realmente intenso, cargado de emotividad y todo ello rodeado de un ambiente sin igual, con la gente totalmente involucrada en el artista, la obra y lo que iban a vivir. No nos equivocábamos los que pensamos que este concierto de Arcade Fire iba a ser uno de los grandes conciertos del año 2010 en Madrid. De hecho, quizás nos hayamos enfrentando al más grande en sí; El tiempo lo dirá, pero puede que este pasado 20 de noviembre hayamos asistido a un concierto que pase a la historia de nuestro país junto a otros eventos míticos como el concierto de U2 en el recinto de la plaza de Lima del año 87, por citar un ejemplo. Arcade Fire no defraudaron nuestras expectativas, y les he de decir que eso no era fácil de evitar, puesto que las mismas eran elevadísimas. Con nada que algo no hubiera salido como estaba previsto, era fácil sacar un “pero” al evento, pero por fortuna no fue así. Arcade Fire conquistaron definitivamente Madrid y creo que Madrid también les conquistó a ellos, como por ejemplo cuando el recinto entero siguió coreando la melodía de tecladitos de “Haïti” una vez ya terminada la misma. Ellos quedaron satisfechos y nosotros más aún, claro.

“Swimming horses” prosigue echando leña a esta sección tranquila y sin sobresaltos, y a ratos casi acústica. Tras estas 3 pistas, nos parece mentira el comienzo tan solemne que fue “Dazzle” y el trallazo siniestro que vino en 2º lugar con “We hunger”. Pero no se preocupen, que todo llega a su fin. En algunas ediciones aquí se inserta la versión de The Beatles “Dear prudence”; en la que yo tengo no es así, y se pasa a “Bring me the head of the preacher man”. El título ya lo dice todo, ¿no? Los tintes de tonos oscuros se apoderan de la canción, concediéndole una envoltura siniestra, pero no demasiado apocalíptica o contundente. Esta composición, tanto por sus coros vocales que de forma sacra le dan la cobertura perfecta a Siouxsie, como por la línea melódica, nos recuerda a los momentos de mayor oscurantismo de los Banshees de unos discos atrás. “Running town” muestra una mayor potencia de cuerdas en sus compases iniciales, siendo una pieza que se queda a mitad de camino entre ambos mundos, pero como queriendo tirar más hacia la sección gótica del disco. De hecho, por su letra que habla de maldiciones, dibujando un panorama grotesco urbano, y la final evolución melódica en un interesante in-crescendo de intensidad, termina por decantarlo claramente. Afrontando la recta final, nos damos de frente con el gran ritmo que tiene “Pointing bone”, que supone uno de los momentos más movidos, sin necesidad de apuntarse al lado más siniestro de “Hyaena”. En esta pieza, resultan interesantes ciertas líneas de guitarra eléctrica, dispuestas sobre la acelerada estructura de batería y bajo. No obstante, Siouxsie no quiere rubricar la obra de forma anodina, y para que no perdamos de vista la marca sonora tradicional del grupo, tiene a bien dejarnos como despedida “Blow the house down”. Siouxsie nos invita a “derribar la casa” en una canción que nuevamente va ganando mucha intensidad a medida que se avanza en su duración. La máquina sonora de los Banshees es asfixiante, inquietante y muy intensa, a la par que Siouxsie se marca una estupenda interpretación al micrófono, pero sin necesidad de gritar en exceso. Es un final rotundo, aplastante, gótico y con una generosa dosis de malditismo evocadora de un final a lo “Get out of my house” del “The Dreaming” de Kate Bush de unos meses atrás; y es que estas 2 canciones compartes más cosas en común que incluir el término “house” en su título.
En una obra extensa se puede llegar a algún momento de dispersión o pérdida de la atención, y estimo que en esta parte central es donde se acumulan quizás los temas más prescindibles de la obra. “Suburban war” y “Month of may” quizás no sean dentro de “The Suburbs” sus momentos más válidos, ya que no aportan gran cosa al sonido de la obra; sin sonar mal, son de las canciones que más difícil cuesta recordar durante las primeras escuchas y etapas de asimilación de la obra. Puede que dentro de “Suburban war” resulte algo curioso la subida de intensidad melódica de la parte final. “Month of may” tiene su gracia en su alto ritmo, pero aquí Arcade Fire pierden sus marcas instrumentales, sonando como cualquier banda indie de vecino. Eso sí, a buen seguro si suena en el Palacio de los Deportes, creo que montará un buen revuelo por su vértigo y velocidad. Sin embargo, tras estos 2 momentos medianos llegamos a “Wasted hours”, que se perfila como el corte de mayor quietud (algo parecido a lo que sucedió en su día con la canción “Neon bible”) y nos regala unos minutos ciertamente placenteros. “Deep blue” continúa la senda que ha dejado “Wasted hours”, al menos en su comienzo, remarcando ciertos coros que se marca Win. No obstante, “Deep blue” más bien palidece frente al gran temazo que llegará para sucederla en el orden, que no es otra que la soberbia “We used to wait”. El halo de intensidad y carga emocional de Arcade vuelve por sus fueros gracias a esta estupenda composición que nos enfrenta a la parte final que nos presentará otra agradabilísima sorpresa. El comienzo con la inquietante melodía de piano y los acordes perdidos de guitarras en la parte trasera de la producción nos preparan para el sencillo pero emocionante estribillo, que es donde se congrega la gran fuerza de esta composición. Como preludio, y afrontando ahora a los “Sprawls”, la primera parte “(flatland)” nos prepara para esa estupenda composición que será la 2ª parte de sobrenombre “(mountains beyond mountains)”. Es de los temas de factura más triste y sombría del disco. Sin embargo, en la 2ª parte, Régine Chassagne se vuelve a adueñar vocalmente hablando de otro bombazo dentro de la discografía de la banda. En esta pieza “Sprawl II (mountains beyond mountains)”, Arcade Fire saben fusionar de forma magnífica todos los componentes o marcas sonoras de su trayectoria con la electrónica e incluso con el techno pop. Es una pista tremendamente pegadiza y dependiendo de si en el futuro sea editada como single o no, se puede perfilar como una de las grandes joyas ocultas de Arcade Fire. En caso de ser elegida como sencillo, lo que se hará básicamente será justicia con la misma. El tono tan hedonista a ratos de la voz de Régine, ayuda a crear una sensación muy curiosa junto a las melodías de teclados y sintetizadores que incluye. Se llega al final del disco con el “(continued)” de “The suburbs”. Un fade out del tema de apertura, con Win y Régine decayendo vocalmente de la mano y perdiéndose en el horizonte auditivo de nuestro equipo hi-fi, nuestro mp3/mp4 o los altavoces de nuestro ordenador.
“Always malaise (the man I am)” continúa, para mi gusto, en la buena senda mostrada tras los 2 singles. Se trata de una canción misteriosa, oscura, decadente y con unos interesantes cambios de ritmo cuando Paul afronta la parte lírica que dice “actuaré de una determinada manera, controlaré lo que pueda, este es el hombre que soy…”. Quizás estemos ante una de las composiciones más llamativas en tanto a lo que la forma se refiere del lp. Puede que sea una de los pasajes favoritos de los aficionados de toda la vida a esta banda. “Safe without” palidece nuevamente, y más tras 3 de las mejores canciones del disco “Interpol”. Se pasa de repetitiva en el estribillo y también en la estructura musical, con ese bucle de guitarra que sube y baja tan solo una nota del pentagrama. Busca el hipnotismo, pero creo que falla, ya que se trata de una composición de sonido o textura bastante inofensiva, lejos del cierto oscurantismo que puede llegar a destilar la banda, o que al menos nos ha mostrado a lo largo de estos años. “Try it on” se presenta con una melodía de piano y un sonido cuanto menos llamativo. Destaca el compás marcado por Sam Fogarino desde su batería. En esta ocasión, buscando el carácter hipnótico con la repetición de estructuras melódicas muy sencillas, el grupo consigue acertar, ya que nos presentan una composición novedosa y no un registro a medio gas dentro de su estilo. Es una preciosidad de canción, quizás una de las joyas ocultas de la obra, a no ser que se edite como single tardío, que versa sobre el fin del amor y la lucha por intentar que no se marche. El estribillo nos muestra a un Paul Banks desesperado y bastante emotivo a ratos. A través de unas leves programaciones o arreglos electrónicos, está unida umbilicalmente a la penúltima canción del álbum. “All of the ways” muestra una pieza lúgubre, quizás algo cercana a la acertada “Lighthouse” que ponía fin a “Our Love To Admire”, debido a la quietud que muestra. Su base sonora, aunque cede el protagonismo de la composición a la voz de Paul Banks, se muestra imperturbable y compacta, escudando el discurso del vocalista. Se trata de otra pieza en la que el protagonista de la letra se enfrenta a la pérdida del amor y pregunta a su amada si el otro que le ha sustituido es mejor que él. Aceptable pieza esta “All of the ways” para llegar al final de la obra, que quizás se pasa algo nuevamente de repeticiones de letra en la parte final; aún así, es bastante potable. “The undoing”, a pesar de no sonar mal del todo, si la comparamos con los otros 3 finales de obra de Interpol, languidece notablemente. No llega ni en broma a la altura de “Leif Erikson”, ni de “A time to be so small”, ni de “Lighthouse”. En lo musical se vale de los teclados para darle una mayor envoltura época y afronta un tono melancólico y derrotista por parte de Banks, apoyado ineludiblemente en su letra.