martes, 14 de junio de 2016

Concierto ELE. Madrid (10-06-2016)

Confesaré que conocí a ELE a través de ésta nuestra bitácora y puedo, con convencimiento, anotarla entre la lista de sorpresas musicales agradables de los últimos tiempos. Hace no mucho publicábamos un artículo sobre Russian Red y en el mismo enumerábamos una serie de cantautoras de nuevo cuño. Añado a la lista a Elena Iturrieta, que ha encontrado su propio nicho estilístico. Partiendo del soul, acaba compendiando buena parte del paisaje musical americano: góspel, country e, incluso en la noche de ayer, blues.
Summer Rain”, primer disco de ELE, ha tenido una buena acogida y después de haber estado girando desde 2014 tocaba la hora de “despedirlo”. Las despedidas de discos, no obstante, no suelen ser tristes sino más bien celebrativas; es un homenaje al trabajo bien hecho y por otro lado un agradecimiento al público que tan favorablemente ha acogido a la obra. Además como la propia Elena Iturrieta dijo, muchas de las canciones de “Summer Rain”, volverán en la próxima gira (“aún no tengo siete discos publicados”). Por cierto que Elena Iturrieta se mostró como una excelente maestra de ceremonias, mostrándose pizpireta y vivaracha, reflejando una simpatía que no parece para nada pose, sino algo vivo, espontáneo. Los parlamentos entre canción y canción a veces tienen la contraindicación de romper un poco el ritmo del concierto, pero Elena con una buena dosis de afabilidad consiguió dar al conjunto un toque de conversación amistosa, de distensión saludable.
Buena parte de la culpa de ese ambiente agradable fue la elección del escenario del concierto, que no es otro que el Teatro Sanpol (en el marco del festival Happening Río); un sitio muy coqueto, recogido, muy conveniente para usar la baza de cercanía artista-público. Público, que por cierto llenó el recinto, lo que unido a lo abigarrado de las localidades, hizo a ratos del show una especie de numerosa reunión de amigos. Servidor de ustedes cuando arribó al lugar en cuestión, a las 21:30 (empezaba todo a las 22 h.), se encontró ya con una cuantiosa cantidad de gente todavía esperando en la cola, supongo que por el retraso a la hora de la apertura de puertas que estaba prevista a las 21 h. Conseguí situarme algo más atrás de la mitad del patio de butacas, en posición por lo menos centrada, aunque ligeramente escorado a la derecha. Debido a diversas circunstancias no pude ir pertrechado de forma ideal a la hora de recoger testimonio gráfico y solamente pude retratar el concierto a nivel de móvil. De ahí que las fotos sean más bien reguleras, contingencia por la que pedimos perdón.
Antes de comenzar con la crónica musical propiamente dicha me gustaría dar alguna pincelada más sobre el tono del concierto. Yo diría que nos viene al pelo usar la manida expresión de que fue una noche “de contrastes”. Por un lado los momentos jazzísticos fueron, como no podía ser de otra forma, elegantes, sofisticados; sin embargo los casi simultáneos toques country añaden por el contrario dejes fronterizos, itinerantes, más trepidantes. Añádase la apasionada cuota de soul y la amalgama es genuinamente peculiar. Otro contraste es el tono de recogimiento de algunas de las circunstancias con el embate rítmico de buena parte del repertorio. En un instante se pasa de la seda del piano al zarpazo de energía, por mucho que el emplazamiento lleve a pensar que predominaría lo primero.
A eso de las 22:15, tras haber esparcido humo por el escenario y haber hecho la luz más tenue comenzaron a sonar acordes musicales. No obstante, en el público hubo cierto desconcierto pues, mientras la música se ponía perceptiblemente en marcha no había nadie sobre el escenario. No tuvimos más que girar el cuello para darnos cuenta de que Elena, la banda y su coro góspel estaban accediendo a las tablas por el pasillo central que dividía el patio de butacas. Así fue, por la tanto, el acceso a la palestra de los músicos; lo que podría considerarse la primera sorpresa de la noche. Me recuerda un poco a la entrada que hicieron Travis en su concierto de La Riviera en 2007, solo que aquella vez fue literalmente entre el público (no había ningún pasillo).
Mientras daba comienzo la música también se fue mostrando lo que sería la parte más técnica y efectista del espectáculo, sencilla pero efectiva, y que se basaba en la combinación de juegos de luces con diversas proyecciones que podían verse al fondo del escenario. Algo sencillo y sofisticado a un tiempo. A todo esto, el comienzo fue genuinamente góspel, con una melodía coral y una Elena muy bien secundada por su coro acompañante. Acto seguido, prácticamente sin pausa suena una canción sumamente envolvente, incluso misteriosa, bien defendida por Elena a las voces; la iluminación de todos azulados y ligeramente apagados realza un inicio muy sugerente. En realidad la iluminación tenue (incluso había velas sobre el escenario) fue relativamente común durante la noche, lo que aportó un empaque visual íntimo y sereno. Y pasamos al primer plato fuerte de la noche; con Elena al piano comienza a sonar “Am I wasting my time?” donde no se escatimó el sentido melancólico, un poco existencialista, de la canción, y donde las primeras gotas de emoción se fueron poco a poco trasvasando al público.
Quizá para contrarrestar la tristeza del primer tema de “Summer Rain” Elena se dirige al público y con su genuino buen humor comienza a hacerse acreedora de la complicidad de los asistentes. De todos modos la última parte del “speech” no tuvo más remedio que que volverse melancólica, pues sirvió de introducción al siguiente tema “We’ll keep your memories in our hearts”. Elena reflexionó sobre la plaga del Alzheimer antes de interpretar la canción dedicada a su abuelo. Bien sea por la temática o por la interpretación (o por ambas cosas) el caso es que resultó emocionante, sobre todo cuando el final de la canción coincidió con la proyección de un columpio vacío. A esto le llamo yo, simbiosis gráfico-musical.
Como la cosa estaba quedando un poco densa llegó el momento de dar un volantazo musical e hizo acto de presencia un country, animado y brioso que consiguió el objetivo de animar a los allí concurrentes. Escuchar y batir palmas fue todo uno. Antes de pasar a “Love me my love, above all”, Elena se dirige al público y nos habla de sus manías con el orden etc. y bueno, en fin, todos queremos “que nos quieran por encima de todo”, con manías incluidas. La canción aportó elegancia, clase, y una interpretación más intensa que en el estudio. Resultó una canción suave, sedosa y sensual a base de buena música de jazz. Por cierto, las proyecciones de esta canción, aunque objetivamente hermosas, me hicieron temblar un poco; sepan ustedes que servidor siente un irracional e irreductible pánico a las medusas… Que precisamente eran las protagonistas de las susodichas proyecciones. ¿Ven como todos tenemos nuestras manías? A lo tonto ya nos hemos encontrado casi con todos los estados de ánimo posibles; la cosa marcha. Lo siguiente que hicimos fue calzarnos las espuelas y cabalgar a lomos de “Go and never look back”, enérgico y vitaminado número country y uno de los momentos más vigorosos de la noche. No es por casualidad que se proyectasen imágenes de añejos westerns con tiroteos, diligencias a toda tralla etc.. El chute vigorizante caló y el Teatro Sanpol lo pasó realmente bien con este número. Sospecho que en la mitología personal de Elena Iturrieta tiene muchísima importancia la imaginería americana, no solo la música.
Y llegamos ante otra de las sorpresas de la noche. En lugar de una canción propiamente dicha se escucha lo que parece ser un taconeo… Y en efecto así era. Los focos se centran sobre dos bailarines, cada uno en un extremo del escenario, que interpretan lo que parece ser una especie de claqué moderno. Es decir, a todo lo que llevamos acumulado como bagaje durante la noche, añadimos un momento dedicado a la danza. Este número sirvió además de intro para “Daniel and Charlie”, uno de los momentos más desenfadados y ligeros del disco y que fue recibido con buen ánimo por todos. No olvidemos que la canción está dedicada al nacimiento de los hijos de unos amigos de Elena, lo que le da un toque afable, naif, de vodevil suave.
Nuevamente remarco el buen gusto de las proyecciones, que trayendo a colación el tema del claqué, contuvieron imágenes de cine clásico con números de baile. No estoy seguro, pero creo que una de ellas correspondía a la deliciosa “Cheek to cheek” de la película interpretada por Fred Astaire y Ginger Rogers “Sombrero De Copa”. Sin duda una muestra de buen gusto.
Seguimos con aportes interesantes; la próxima canción no la pude identificar (no es de “Summer Rain”) pero se trata de otro viraje estilístico, esta vez hacia un blues cadencioso e interpretado por todos, incluyendo el coro, apasionadamente. Es decir, la manera correcta de tocar un blues; sobre todo mezclado con gospel. Si se incluye en un próximo disco puede ser una buena adquisición. Después de la novedad Elena volvió a dirigirse al público, esta vez en labores mercadotécnicas, haciendo un simpático llamamiento a comprar su disco y una bolsa hecha al efecto y para la ocasión y adornada con un gracioso dibujo del instrumento propio de Elena, o sea un piano. Nunca una cuña publicitaria en un concierto resultó tan encantadora.
Siguiente parada: piano clásico de la mano de la canción “Shadows”, ofreciéndonos un nuevo momento para la introspección, musical y ambiental. Es una de esas canciones hipnóticas que casi dictaminan que al final de la misma haya que exhalar un suspiro. Quedó muy bonita y, por cierto, la comparación que hizo Víctor Prats en la revisión del LP entre el estilo de “Shadows” y Kate Bush me parece acertadísima. Con el ánimo todavía meditabundo Elena nos propuso una adivinanza: “a ver si conocéis ésta”. Todo apuntaba a que íbamos a asistir a la interpretación de una versión, y en efecto tras una intro que personalmente me dejó ligeramente despistado sonaron los clásicos acordes de “Wish you were here” de Pink Floyd. No me gustan las versiones cuando parecen hechas con papel de calcar y no hay novedad visible, no obstante son interesantes aquéllas que ofrecen un vuelco o una nueva visión. Afortunadamente asistimos a un ejemplo de segundo; ver una versión soul con una presencia vocal y coral prominente no es algo que se asocie a este clásico del rock. Una versión libre, adornada con cuerdas y chelos. En este sentido me recuerda un poco a la versión que Pink Floyd hicieron con el virtuoso violinista Stéphane Grappelli, pero es un parecido epidérmico.
Me alegré de que la siguiente canción fuese “Another colour”, era de las que esperaba escuchar con más ganas. La versión del álbum es un jazz vocal pegadizo y elegante de la vieja escuela, de esas que las escuchas y te dan ganas de prepararte un Martini. La interpretación no me defraudó, a estas alturas unas de las conclusiones de la noches es que los temas sonaban con más brío que en el álbum; un brío nunca fuera de control, muy bien dibujado pero brío al fin y al cabo. Las proyecciones mostraban colores pictóricos disueltos en imágenes abstractas y sofisticadas. Muy adecuada fue la continuación con “A thousand miles away from you”, la conjunción de ambas fue muy propicia para generar un ambiente positivista y luminoso, para divertirse y dejarse llevar.
Y llegó el pequeño paripé de los bises, que no duró mucho. Elena Iturrieta volvió al instante, al son del animoso y tradicional grito de “¡otra, otra!”. Y fue el sumun del intimismo de toda la noche, pues volvió ella sola para interpretar la canción título de “Summer Rain”. Un momento para mostrar las virtudes pianísticas de Elena y conseguir mediante el minimalismo una interesante atmósfera envolvente. La larga introducción instrumental nos llevó a una tranquila sensación acorde con el título, con notas y voz acariciando y refrescando oídos y mentes. Como no podía ser de otra forma las proyecciones tuvieron que ver con la pluviosidad estival, pudiéndose ver (entre otras imágenes) gotas de agua dispersas en un cristal.
Como en cierto modo el objetivo del pasado viernes era el hacer un regalo a los fans que han secundado el trabajo de Elena, la siguiente canción fue el lacito para que susodicho regalo fuera ya realmente bonito. Se trata de una canción inédita en castellano que Elena interpretó sola al piano y sonó a estilosa y bonita balada; desnuda y sentimental. ¿Adelanto de un nuevo disco? Pronto lo veremos (esperamos que sí). Y como los conciertos que acaban en despiporre dejan a todos (con razón) satisfechos, la última canción fue “Positivity”. El entusiasmo ya se palpaba de antes, con lo que imaginen cómo pudo ser la interpretación. Palmas, el público cantando, alboroto, dinamismo por doquier. La banda y coro al completo volvió a subir al escenario con la añadidura de Pablo Cebrián, productor de “Summer Rain” y músico básico en la concepción del disco. Todos dieron los mejor de sí y el “say goodbye” de la letra fue la máxima expresión cinética de todo el show. De esta parte grabamos un vídeo como parte más destacable de nuestro material gráfico. La música acabó llegando al patio de butacas presencialmente con ELE blandiendo el micro para que la gente fuera partícipe. Finalmente tras el momento de despedida grupal con la alineación titular saludando desde las tablas la noche terminó cerrándose como un círculo perfecto con todos saliendo por el pasillo central entre las butacas.

Todos los que de algún modos intervenimos en el concierto de ELE tuvimos motivos para estar contentos. La artista y su banda, aparte de su muy buena ejecución, recibieron del público una magnifica respuesta, entusiasta, cariñosa y cercana. Y si bien el recinto no era el Barclaycard Centre, no cabía un alma. La contraparte, el público, a cambio recibimos un concierto hecho con mimo, desde la modesta pero cuidada ambientación, a “performances” de claqué, pasando por canciones nuevas y una interesante cover. Si la intención era ofrecernos un regalo, ambas partes salimos satisfechas.
A partir de ahora el tiempo que ELE ha de conjugar es el futuro. Tiene bagaje estilístico amplio, por mucho que puedan salir referencias (Norah Jones o una Adele “alternativa”) en España no encuentro similitudes, tiene encanto personal y un dominio escénico impropio de un debutante. Ésa es una de las cosas que más me gustaron de la velada, los pequeños detalles como dirigirse al público como si estuviera en su casa, con calma, con confianza. Algo digno de elogio. También es de destacar, porque es muy justo, el excelente grupo de voces góspel que secundó a Elena y el gran nivel de la banda. Personalmente salí convencido de que tenemos en ELE una artista que merecerá la pena seguir en el futuro. Le deseamos mucho éxito; quien bien anda, bien acaba.
Queremos, finalmente, agradecer a Promociones Sin Fronteras y particularmente a Cookie la posibilidad de haber confiado en nosotros para cubrir este fenomenal concierto.

Texto y fotografías: Mariano González.