Bueno, pues ya estamos de regreso, aunque todavía con días libres por delante. A ver, antes de nada me explico, por las posibles confusiones que se hayan podido crear. La dinámica de trabajo que sigo, es escribir en un ingente (a estas alturas) artículo de word el grueso de la revisión de turno, y posteriormente selecciono, copio y pego el texto individualmente en un documento aparte, en el cual hago la última revisión y a veces incluyo algunas cosas más. A lo que voy es que alguno de ustedes, se habrá extrañado al ver que este sábado 15 no había novedad, tras haber accedido el sábado anterior al blog y ver que desde el miércoles 5 ya estaba colgada la revisión de Madonna.El caso, es que el domingo 9, en unas horas entre viaje y viaje, entré al blog y ví que unos párrafos que había agregado al inicio del artículo sobre los días de publicación de agosto, se habían quedado fuera. El motivo fue que por error copié y pegué en el post el texto inicial del documento de word generalista, que no tenía esos añadidos posteriores. Entonces, para más aclaraciones, revisen el inicio del artículo de Madonna, que procedí a editarlo añadiendo esos 2 párrafos que se quedaron en un principio en el olvido. Decirles, antes de entrar en materia, que este artículo corresponde al día 15, y que este sábado día 22 de agosto, tendrán nueva ración musical de nuestro lado.
Antes de meternos en harina, aviso que la propuesta que desde “Discos, música y reflexiones” hacemos para esta semana, puede ser algo controvertida: el grupo español Derribos Arias. Aquí habría que poner una pegatina de esas tan apañadas de “Parental Advisory. Explicit Content” en plan de advertencia, que a veces se incluyen en los cd’s. El caso es que la elección de hoy es poco accesible, difícil de comprender y ardua de apreciar, como cualquier arte de vanguardia al uso: es decir, que o te maravilla, o te parece una tremenda mier… (mejor no digamos palabras malsonantes). Igualmente, es muy probable que pocos de ustedes conozcan a este grupo, que formó parte de la gloriosa movida madrileña de la primera mitad de los años 80.
A más de alguno, le dejará muy en fuera de juego, que tras la revisión de un disco tan accesible (a la par que excelente) como el mundialmente conocido “Like A Virgin” de Madonna, me dé ahora por meterles aquí una propuesta tan underground, minoritaria, olvidada (injustamente) y subversiva. Yo, he de decirles que aprecio especialmente a esta formación de la que a continuación les hablaré, y que me estoy tomando esta revisión, a medida que la escribo, de la forma más emotiva posible y desde el afecto, para que a su vez sirva de pequeño y humilde homenaje al que fuera su líder: D. Ignacio Gasca, más conocido como Poch.
Digamos, haciendo un poco de tesis manida y “requete-repasada” de la movida madrileña, que hubo una serie de grupos fugaces con mucha gente en sus filas, que posteriormente y tras su disolución, darían lugar a otras bandas más que excelentes, lideradas por las personas que formaban parte de aquellas formaciones primerizas. Por un lado, sabrán la mayoría, que estaba Kaka De Luxe, de la cual surgieron bandas tan buenas como Alaska Y Los Pegamoides, Radio Futura o La Mode.
Por el otro lado, que es lo que realmente hoy nos atañe, y si cabe mucho menos conocido, estaba el grupo del cual surgiría la banda que hoy proponemos, Ejecutivos Agresivos. Este grupo de corta trayectoria tuvo un hit a mitad de camino entre canción del verano y un ska suave a la española, titulada “Mari Pili”, que personalmente me encanta. Bueno, pues de esta formación de nombre tan gracioso y acertado, saldrían bandas como Décima Víctima, Gabinete Caligari (sí, Jaime Urrutia formaba parte del proyecto) y nuestros hoy homenajeados Derribos Arias.
Tuve ocasión de conocer a esta banda con motivo de la reposición en otoño de 2005 los martes a las tantas de la madrugada en La2, de la antología del programa “La Edad De Oro”. El líder (tirano, por él mismo denominado) del grupo era, como ya hemos citado, Ignacio Gasca, alias Poch, que era quien había formado parte de aquellos Ejecutivos Agresivos. Se rodeó de músicos muy válidos como Alejo Alberdi y Juan Verdera, que junto al batería Manuel Moreno, alias Paul, darían forma al cuarteto definitivo que supondría Derribos Arias.
La vida de esta formación fue bastante corta y en la misma solamente editaron un único lp. Los primeros sencillos o maxis incluyeron sus principales y más recordados himnos como la emotiva “Branquias bajo el agua” o la subversiva y corrosiva “A flúor”. Incluso el grupo dispuso de un clip, grabado como un bajísimo presupuesto por alumnos y gente de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, para poner imagen a “A flúor”.
Sería 1983 el año de máximo apogeo de Derribos Arias y en el que lanzarían su único disco de larga duración, que vino a titularse “En La Guía, En El Listín”. El disco es, si cabe menos accesible, debido a que en el mismo no se incluyen las canciones más inmediatas del grupo, citadas anteriormente, y que habían anticipado en forma de sencillos. Es decir, que con “En La Guía, En El Listín”, rizaremos el rizo en el terreno de lo underground y lo experimental. Pasemos a analizar qué hicieron estos chavales en su único lp.
Para tratarse de una banda de funcionamiento sumamente anárquico, no deja de resultar muy curioso que se empiece la estructura del disco de forma tan ordenada, con una pista de menos de 2 minutos, prácticamente instrumental, que se titula “Introducción”. Canción charanguera, con gritos desafinados y locos de Poch, a modo de caballo desbocado, y esos apunteos con carraca que ya mencionó en aquella mítica entrevista en “La Edad De Oro” que tanto le gustaban realizar. Sin embargo, tras esta locura, que incluye algún bocinazo y que tiene un carácter tan desenfadado, se da paso a la abrasiva y siniestra “Europa”. Aguerrido sonido de guitarra, que podría haber firmado cualquier grupo en la onda más gótica de la época, y un particular tributo al continente por parte de Derribos Arias. Poch ya nos muestra aquí su lisérgica forma de cantar, difícil de entender, con una despreocupada pronunciación y latigazos de intensidad, que tan característicos resultan. “Pobre cowboy Bill” es una de las pistas más cercanas al punk que incluye el disco. Incluso podría encontrarse un más que parecido razonable con alguna composición de cualquiera de los 2 primeros discos de The Clash. No hay que olvidar que Poch no dejaba de ser un personaje punk, aunque su aspecto se pareciera más al de un oficinista con resaca en un complicado lunes laboral en la oficina; sus ropas, a base de pantalones normales de vestir, combinados con camisas planas y esas gafas desastrosas y llenas de pedazos de celofán, estaban bastante lejos de la imagen punk al uso. Solamente en algún video he visto a Poch con unas botas militares por encima del pantalón y alguna chupa de cuero, pero he de decir que la imagen más clara que se me queda es la primeramente descrita, y que en parte me recuerda mucho al aspecto de David Byrne en sus primeros años con Talking Heads. De hecho, ese parecido con la banda de Byrne, lo he encontrado en algo más que la indumentaria del cantante, ya que el sonido de la versión de “Lo que hay” en “La Edad De Oro”, con la inestimable colaboración de Iñaki “Hitlerato” Fernández de Glutamato Ye-yé, me recuerda en muchas partes de guitarra al sonido de la cara b del vinilo de “More Songs About Buildings And Food” de los neoyorkinos. Precisamente, “Lo que hay” es la siguiente canción que nos encontramos en el disco en su versión más embrionaria y experimental, ya que hay que decir que posteriormente evolucionaría a esa versión que adelantaron en “La Edad De Oro” y a la larga mutaría en la medio-dance “Disco pocho”. En esta primera toma, se incluyen sonidos percusivos metálicos, desafines electrónicos, alguna trompeta perdida y una alternancia vocal de Poch usando sus falsetes y su tono más grave y macarra. Esta canción podría suponer alguna experiencia personal del excesivo líder del grupo en cualquier noche madrileña, estando algo pasado de vueltas: “He apoyado el codo sobre el disco, me van a echar de la discoteca…”, “esta música está mal” etc. “Aprenda alemán en 7 días” es la siguiente pieza que nos encontramos y quizás junto a “Lo que hay” la que más se recuerda del disco por separado. Uso de caja de ritmos, batería, teclados algo fantasiosos y acordes perdidos de guitarra para ayudar a un Poch que se mueve vocalmente entre el alemán y el español, promocionando ese particular método de aprendizaje que alude en el inicio de la canción. Uso de ritmos básicos de teclado para confeccionar una canción de sonido muy emotivo, y vagamente lejana a la sensación que te dejaba “Branquias bajo el agua”.
“Íntima decoración” es un tema acelerado y punk de poco más de 2 minutos, que muestra a los Derribos más guitarreros y puros, sin ayuda de la electrónica enrevesada y experimental, que de vez en cuando les gustaba meter por ahí. “Crematorio” comienza con una base de percusión algo militarizada y se nutre de una fuerte línea de guitarra sobre la cual berrea Poch que “en el crematorio hace mucho calor”, de forma tal que parece que está metido en el propio crematorio cantando. Se compone de 2 núcleos cíclicos, que alternan la parte de la citada remarcada batería y posteriormente la sección más disoluta, en la que canta Poch de forma tan apurada. “Misiles hacia Cuba” empieza de forma esquelética con un martilleo incesante, tras el cual Poch se mueve sobre una compasiva batería y una relajada guitarra. No deja de ser desternillante esa parte de la letra en la que el sr. Gasca dice “hay que ver a Fidel, charlaremos con él”; me imagino a Poch de tertulia con Castro y con Iñaki de Glutamato Ye-yé metido en la misma, y me parto de risa. No lo puedo remediar. Aquí se hacen usos de algunos elementos de viento, al mismo tiempo que se meten apuntes desordenados de electrónica, que ayudan a crear el trance en el que te sumergían irremediablemente las canciones de Derribos Arias en muchas ocasiones. “La chica del Brasil”, vuelve a moverse, aunque de forma más suave, por la senda de punk/rock, esta vez ayudándose de notas de teclado algo disonantes para aportar desasosiego al corte. Es quizás la canción que menos me emociona del disco y más tras haber pasado antes por “Pobre cowboy Bill” o “Íntima decoración”. El tema que lleva el nombre del grupo, pone el broche final a esta obra vanguardista. En la letra de la misma, se incluyen tanto el título del presente disco, como del posterior recopilatorio de la banda “La Centralita De Información”, como del propio grupo. Canción himno o emblema de Derribos Arias, que comienza con ecos, voces perdidas que van y vienen, sonidos desordenados y graves notas de piano, que confieren un toque más oscuro al corte. Es junto a “Lo que hay” el tema más experimental y vanguardista del álbum. Igualmente, también hay alguna actuación en Tve perdida por youtube, en la que se puede ver una versión de la misma en plan más acelerado y punk. Esto es una característica básica del grupo, que tenía como atractivo principal para acudir a sus conciertos que rara vez repetían repertorio y que las canciones estaban casi siempre improvisadas, pudiendo distar bastante una toma de otra de concierto a concierto. Considero un cierre apropiado esta pista tan surrealista, con retoques siniestros y con un claro efecto de trance, parecido lejanamente a las voces pregrabadas en la canción “Pornography” de The Cure, que cierran el disco de mismo nombre de la banda de Robert Smith.¿Éxito comercial del disco? Permítanme que me ría. Aquí no importa eso, aparte de que no se consiguieran grandes cifras de ventas y que el disco fuera distribuido a través de Grabaciones Accidentales, uno de los primeros sellos independientes. Lo que hay que destacar es que Derribos Arias es un grupo que tenía encandilados a parte de la crítica más respetada de la época y de todos los tiempos del país. Juan De Pablos y Jesús Ordovás estaban entre sus más fieles defensores y hasta el propio Pedro Almodóvar defendía a la banda de las acusaciones de grupo cutre que habían por ahí. Eso sí, creo que con Julian Ruiz no se llevaban tan bien, por eso de responder con el nombre del crítico, periodista, músico y productor a la pregunta por parte de Paloma Chamorro de que qué era lo que menos les gustaba de la música española.
Estoy de acuerdo con Almodóvar en que Derribos Arias para nada era una banda cutre. Desorganizados y anárquicos a más no poder sí, pero cutres no. Apoyo mi opinión en el hecho de que tanto Juan Verdera, como sobre todo Alejo Alberdi, eran unos excelentes músicos y tocaban maravillosamente bien. Que a la gente no le guste, o no entendieran lo que hacían estos chicos es arena de otro costal. No obstante, tampoco es que ellos fueran de virtuosos por la vida, al afirmar por su parte que lo que hacían era más bien aberrar que tocar. Evidentemente Derribos Arias es un grupo que hubiera cuajado excelentemente en la escena de Nueva York de aquellos años, o incluso de unos años antes. En España, un grupo de esta ralea jamás pasará de los circuitos independientes y nunca serán reconocidos lo suficiente.
Efectivamente 1983 supuso el año de mayor gloria de la banda. En esos meses la banda ofreció numerosos y caóticos conciertos, los cuales a veces se suspendían porque sí, o empezaban muy tarde, o simplemente se veían alterados por el abandono del escenario por parte de alguno de los 4 componentes. Por otro lado, quedarán para el recuerdo apariciones memorables en programas como “Musical Express” o sobre todo aquella actuación en “La Edad De Oro”. Aquella noche, regalaron las inmortales interpretaciones de “Lo que hay” o “Tupés en crecimiento”, ayudados en los coros por Loquillo e Iñaki Fernández, y en la guitarra por Sabino Méndez, en una versión que nuevamente me suena mucho a Talking Heads. Me pregunto qué tal hubieran quedado Derribos Arias en el CBGB…
Sin embargo, el descenso de la cumbre de la montaña se había iniciado ya en 1984. El maxisingle de “Disco pocho”, no tuvo gran aceptación, a pesar de ser un tema más elaborado, con retoques dance y bastante apañado. La volatilidad de los componentes y el carácter inestable de todos ellos (ver si no el abandono de la entrevista en “La Edad De Oro” por parte de Juan Verdera y el batería Paul), hizo que la banda se disolviera sin hacer nada de ruido. Me imagino simplemente a los 4 sentados en una sala, cada uno en su mundo, y poco a poco, sin decir nada, se van levantando de la mesa y se va cada uno por su lado.
Poch intentó seguir abriéndose camino en solitario en el mundo de la música con 2 discos, que no tuvieron demasiada repercusión y que también le costaron mucho editar. A mediados de los 80, su amigo Almodóvar incluso le regaló un papel en una especie de cortometraje-trailer titulado “Trailer Para Amantes De Lo Desconocido”, en el cual Poch interpreta a un rumbero que abandona a su familia para irse con una femme fatale interpretada por Bibi Andersen.
Para los que sean algo entendidos, sabrán que al bueno de Poch, se le desarrolló una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, que fue poco a poco comiéndole por dentro, condicionando su movilidad, capacidad de hablar, etc. Terminó retirado en San Sebastián, atendido por su familia para fallecer tristemente hace casi 11 años en septiembre de 1998; de hecho, se puede encontrar algún video en youtube en el que se ve a Poch recogiendo un premio por su trayectoria y un disco de homenaje que se le hizo, en el cual se le ve bastante desmejorado por la cruel enfermedad.
No sé si en ese homenaje, el bueno de Jesús Ordovás quería quitarse a Poch de en medio lo antes posible, para que no se le viera su mal estado o simplemente porque no se fiaba de que éste le volviera a hacer una jugarreta tal como aquella que le hizo en Rockola en la fiesta de su Diario Pop de 1983. La broma consistió en que mientras Ordovás le entregaba un disco no sé si de oro o platino (no creo que Derribos Arias llegaran a tan altos niveles de ventas), Poch le vació un botellín de refresco en la cabeza. Aunque no tuve el gusto (o disgusto, ¿quién sabe?) de conocerle, me da la impresión de que Poch era como una fiera; es decir, que a lo mejor le vas a hacer una caricia y, o bien no te hace nada, o por el contrario se revuelve y te pega una dentellada.
El caso, es que en el video de la citada recogida del premio, al ver a Poch cantar a duras penas “Branquias bajo el agua”, visiblemente afectado por el estado avanzado de su mal, me recordó a cualquier soldado anciano, mutilado y retirado en un asilo, cantando las canciones de camaradería de ejército con sus compañeros de residencia. Poch es uno de los héroes caídos de la movida madrileña, a la sombra de otros más reconocidos como Enrique Urquijo, Carlos Berlanga, o el recientemente malogrado Antonio Vega. A su vez, Poch hacía gala de una extraña humildad diciendo que el premio era resultado del “enchufismo” y que debería habérsele llamado el “Premio al mucho morro”.
Como habrán podido sacar en conclusión, Derribos Arias, y sobre todo su líder Poch, fueron iconoclastas, rompedores, subversivos, excesivos, vanguardistas, demoledores, anárquicos y sobre todo únicos en lo que al panorama de la música moderna española se refiere. Puedo aportarles una anécdota personal cercana a un servidor, la cual no es para nada una leyenda, sino verídica. Un superior de mi empresa, que en sus años más mozos se movió como pez en el agua por la sala Rockola al conocer gente de su grupo al gerente de la sala, normalmente accedía a la zona vip, que creo que estaba en la zona alta de la sala. Por lo visto, una noche, allí estaba el bueno de Poch, sentado en una mesita, inmerso sesudamente en una revista a la cual prestaba mucha atención. Movido por la curiosidad, mi jefe se acercó a ver qué leía, y vio por detrás del cantante que estaba leyendo la revista del revés… Sobran las palabras.
Volviendo a la música, y para ir terminando, decir que “En La Guía, En El Listín” es una joya y un disco de culto dentro de lo que se hizo en los años 80 en nuestro país. Es difícil de encontrar en las tiendas o internet este ejemplar. En cd no sé si ha llegado a estar editado, pero el mismo se puede encontrar íntegro en el recopilatorio “La Centralita De Información”, al lado de sus otros éxitos que fueron editados como sencillos. La portada del disco, con esos colores mezclados de azul, gris, blanco y negro, que conforman lo que parece un mugriento parquet, sobre el cual están dispuestas las figuras del grupo en plan pegatinas, con unas poses y una estructura que me recuerdan bastante al “Introglicerina” de Seguridad Social, me parece un tremendo acierto. Es dura tarea, como he dicho, encontrar el disco de turno; a mí me costó un triunfo, pero ésta es una de esas ocasiones en la que la SGAE debería replantearse eso de sus ataques al intercambio de archivos. Gracias a ello, se consigue difundir música, que de otra forma estaría prácticamente muerta al no poder encontrarse por desgracia en las tiendas a estas alturas.
Como ven, la cosa es complicada, entonces pondré remedio de otra forma. Estos días de asueto, he estado pensando en añadir a partir de ahora en las revisiones un párrafo en el cual les haga recomendaciones para que se den un paseo por youtube (eso sí, sin poner el link de pantalla aquí, que no me gusta), con lo que hoy les sugiero que busquen la versión de “Lo que hay” en “La Edad De Oro” y “Aprenda alemán en 7 días”, que también se puede encontrar fácilmente. Destaco estas 2 porque están incluidas en el track list del disco analizado, pero como les he dicho, hay otras canciones del grupo, como “Branquias bajo el agua”, que les pueden gustar.
Tras haber escrito todo esto, solamente deseo haber hecho un aceptable homenaje a estos cuatro muchachos y especialmente a Poch. Me da la impresión de que algo me dejo, pero tampoco es cuestión de saturarles más, creo que ya es suficiente. Termino parafraseando una de las letras de las canciones más gamberras que compuso Poch y que era “Dios salve al lehendakari”, que decía cosas como “Dios salve al lehendakari, que no es un rastafari” o “con Poch de lehendakari, Gibraltar será de Euskadi”. Simplemente: Dios salve a Derribos Arias, Dios salve a Poch.

Ahora bien, la verdadera canción pop con gancho, atemporal y un seguro de éxito en cualquier fiesta que se precie, es “Into the groove”. Claramente asociada al debut cinematográfico de Madonna (y quizás su única película aceptable), el film “Desesperadamente Buscando A Susan”, en la cual la cantante compartió protagonismo con Rosanna Arquette, dispuso de un clip promocional de la propia película, que a la par es el mejor videoclip promocional de una película que he visto nunca; de hecho, hace más apetecible de ver la película, de lo que lo es en realidad (y eso que no está mal y no deja de ser entretenida en sí). El entrelazado de sintetizadores, teclados, la batería eléctrica, y la llevadera forma de cantar de Madonna, que engarza frases que transmiten en sí mismas mucho ritmo, crean una canción dance arrolladora. Versos como “solo cuando bailo puedo sentirme tan libre, de noche cierro las puertas, dónde nadie más pueda ver”, “no intentes ocultarlo, el amor no lleva disfraz, veo el fuego arder en tus ojos” transmiten una fuerte sensación de movimiento; sobre todo adoro esa parte que dice “Vive tu fantasía cerca de mi, simplemente deja que la música te libere. Toca mi cuerpo y muévete a tiempo. Ahora sé que eres mío”, y más aún cuando repite ese “Ahora sé que eres mío” durante 4 veces en un tremendo in-crescendo, que me pone el vello de punta cuando lo escucho. A medida que se reproduce el disco mientras que escribo la crónica, y ahora en concreto esta canción, he de decirles que tengo una fuerte necesidad de dejar el teclado, levantarme de la silla y ponerme a bailotear en mi cuarto… imagínense. Un inmortal de la música disco y sin lugar a dudas uno de los mejores temas dance de la década de los 80 y… ¡Qué coño!, de la historia de la música. Sublime. Advertir, eso sí, que “Into the groove” no se encuentra en todas las ediciones del disco. En la que yo tengo sí, y por eso la incluyo en la revisión. Tras este soberbio combo, cualquier cosa nos parecerá inferior. A continuación se nos presenta “Dress you up”, que desde un primer momento nos pretende agradar. Es quizás de los temas más rítmicos y más movidos. En realidad no está mal del todo, aunque creo que ese grito que mete Madonna al inicio de cada estribillo me tira algo para atrás. Creo que se pasa de intensidad. La técnica y estructura viene a ser la misma que en casi todo el disco, es decir, sintetizadores de base rítmica y por encima destacando notas fantasiosas e inocentes de teclado. Aquí hay que destacar también un solo de guitarra más o menos a los 2 minutos de duración, para agregar algo de variedad instrumental. Decir que “Dress you up” fue uno de los singles extraídos y que alcanzó un meritorio top 5. “Shoo-bee-doo” aporta una balada de esas lloronas que he referido antes y junto a “Love don’t live here anymore” conforman los únicos momentos algo lentos del disco. Sin sonar mal, tampoco tiene nada que la convierta en un momento memorable del disco. “Pretender” en otro tema pop algo machacón y bastante ramplón. “Stay” mejora ligeramente el nivel mostrado en las últimas pistas del álbum, que bien hay que decir que es muy fuerte del 1er al 6º corte, pero que posteriormente palidece ligeramente. También hay que añadir, que las canciones que se nos presentan en la primera parte son de tan alta calidad y exigencia pop, que cualquier cosa a su lado parece poca. Analizando estas últimas 4 canciones por separado, hay que decir que no están nada mal, aunque también he decir que esta afirmación la tecleo mientras escucho la última pieza “Stay”, que es mi favorita del núcleo reseñado. No podía ser de otra manera, ya que un disco tan importante no se puede cerrar de forma anodina. Madonna te pide que “estés” y efectivamente nos quedaremos con ella hasta los presentes días.
Hará unas semanas la Reina del Pop visitó Madrid, tras 19 años de olvido. El alto precio de las entradas y en parte, el cierto cabreo por parte de muchos fans madrileños por tanto desaire durante tanto tiempo, hicieron que gran parte del papel que salió a la venta se quedará en las taquillas. Un servidor de ustedes no acudió al evento, pero sí que lo hizo un amiguete, que me pasó unas imágenes previas al show que les sitúo en el artículo flanqueando el presente párrafo. Las razones por las que no acudí son 3: 1ª el precio de las entradas. 2ª el dispendio de varios euros gastados hace poco para Madness, Spandau Ballet y Depeche Mode. 3º que a mi me hubiera gustado ver a Madonna precisamente aquella vez que vino en 1990 de la mano del “Blonde Ambition Tour”, ocasión en la que se enfundó la camiseta del Atlético de Madrid con el dorsal 16 a la espalda. Para mí, buen aficionado atlético como ya sabrán, ese detalle supone un punto a favor de la Ciccone.
Madonna es muy grande, aunque he de decir que sus últimos discos no son santo de mi devoción. Quizás su última gran obra fue aquel “Ray Of Light” de 1998, con tan buenas canciones como “Frozen”, el tema que le da título, o las baladas “Substitute for love” o “The power of goodbye”. Hoy les propongo que se trasladen casi 25 años atrás para comprobar la génesis de la expansión sin límites de esta artista. “Like A Virgin” solo fue el inicio de la ascensión a la cima por parte de esta diva. Además, no me negarán que es un disco que ni pintado para estas fechas. Más veraniego no puede ser; solamente le falta que tuviera una toma en directo o un remix de “Holiday” como bonus track (que en muchos discos de otros grupos, sucede a menudo eso de meter propinas revisadas de obras anteriores) y ya sería perfecto. Que lo disfruten ustedes, estén donde estén.
“Hallelujah” es una delicada canción, menos intensa que la anterior en el orden de aparición del disco y que nos permite relajarnos bastante debido a la calma que aporta, gracias a sus suaves teclados, notas de piano, acordes cálidos de guitarra y, sobre todo, por los coros de Wendy Smith, que aquí podrían asemejarse a los cánticos mitológicos de sirenas. “Moving the river” es un animado tema pop, que se presenta tras un lento y misterioso comienzo. Esos punteos tan rítmicos de guitarra con esa mayor intensidad por parte de Paddy, crean una canción más animada que la anterior “Hallelujah”. Hay tiempo para esos guiños que de vez en cuando hace Prefab Sprout a otros géneros como “Horsin around”, que podría ser una canción que le hubiera venido como anillo al dedo a Frank Sinatra en sus últimos años. Uno de los momentos más clásicos que supone el disco. “Desire us” es una auténtica delicia. Ya desde su inicio con ese susurro vocal sobre esas notas de teclado se intuye algo grande. Esa base de teclados se mantiene durante toda la canción. La frase más destacada es esa repetición de “Tengo seis cosas en mi mente, ya no eres una de ellas”. Sencilla, y muy emotiva, demuestra que Prefab Sprout, con los elementos justos y dispuestos de la forma adecuada, conseguían crear verdaderas preciosidades sonoras. “Blueberry pies” sigue por la senda melódica que tendría la cara “b” del vinilo. Ritmos más pausados y relajados, que contrastan con la emoción y movimiento que nos encontramos en “Faron young”, “Bonny”, “Appetite” o “When love breaks down”. “When the Angels” es el final del disco y curiosamente es el tema pop más alegre y acelerado del disco. Comienza con unos órganos de sonido religioso, para dar paso a una base rítmica de bajo y batería animada, apoyada en unas saltarinas notas de teclado. Aunque hemos pasado por momentos más melancólicos o sentimentales como en la primera parte del disco, y otros más pausados como los que hemos visto a partir de “Hallelujah” hasta esta canción final, Prefab Sprout demuestra con esta pista que no pretenden dejarnos excesivamente relajados. Se comenzó con ímpetu y se termina con mucho ritmo, con sus distintos estados de ánimo entre medias. Pues, ¿qué les voy a decir?... Genial.
Se da paso ahora a uno de esos instantes reflexivos en el sonido (y en este caso también en el título), que tiene de vez en cuando la banda, “Think for a minute”. Es un momento lento tras tanta guitarra rítmica resultona y reluciente. El grupo nos pide insistentemente en el estribillo que “pensemos un minuto, paremos por un minuto” y de hecho lo haremos durante algo más de 3 minutos. Se trata de una de las canciones más recordadas o destacadas dentro de los recopilatorios del grupo. Viene bien encontrarse algún tema de este registro, para dar variedad al disco. De hecho se vuelve a la carga a continuación con una de las rimas más pegadizas, y ya es decir, del disco. “We’re not deep”, incluye algunos coros vocales simples, destacando ese estribillo “y sé, sé lo que piensas de mi. Pensamientos como éstos se quedan en casa, para ti no somos profundos”. Turno para uno de los elementos más alejados del conjunto global de la obra. “Lean on me” es una balada a base de notas de piano clásico con un inspirado Paul Heaton en las voces pidiendo constantemente, a ratos desgañitándose, que “te apoyes en él”. Tras esta pieza única en el disco, volvemos a las formas habituales y alegres de la mano de “Freedom”. En lo instrumental, sin embargo, el ritmo es menos trepidante, destacando en lo vocal un sarcástico Paul, tanto en su entonación como en la letra que canta; siempre me ha hecho mucha gracia esa resignación en el estribillo “Así que esto es libertad (deben estar de broma)”. Deben estar de broma (si piensan que es verdad). Así que esto es libertad (dudo de su verdad). Así que esto es libertad (para ti y para mi)”. En la parte instrumental mediada la canción, entran con energía la guitarra eléctrica, confiriendo una fuerza especial a la canción. Hay todavía sitio para otra balada, aunque alejada del sonido de “Lean on me”. “I’ll be your shelter (just like a shelter)”, comienza con notas de piano igualmente, pero la crecida de intensidad que mete Paul en la parte del estribillo, cargado de emotividad, le da un toque muy distinto. También ya entrado el minuto de la canción, entra con fuerza la batería y el resto de instrumentos, aunque la producción sigue poniendo de relieve las notas de piano. Los coros, muy cercanos al gospel más puro, confieren por otro lado la principal marca de distinción de esta versión que hizo la banda. “People get ready” es uno de los cortes vocales de la banda, creando música sirviéndose únicamente de sus voces como instrumentos. Aceptable adaptación de una composición de Curtis Mayfield. No será el único ejemplo que nos encontraremos, habrá tiempo para otro más. Ahora, entre medias, se nos mete una alegre instrumental titulada “The mighty ship”. Las marcas de sonido principales de la banda cuando se ponen alegres siguen presentes, es decir, guitarra rítmica brillante con una buena base rítmica, y aquí además destaca sobremanera la armónica, que hace las veces de la ausente voz de Heaton. “He ain’t heavy, he’s my brother”, es la otra pieza vocal, adaptando una canción de The Hollies, que no sería la única que nos encontraríamos en el período que estuvo activa la banda. De hecho, posteriormente “Caravan of love” les reportaría su único nº1 en las listas de los singles más vendidos. The Housemartins, de forma muy valiente pondrían de moda el grupo vocal estrictamente en los años 80, siendo ésta quizás la época menos favorable a priori para esos experimentos. El resultado de “He ain’t heavy, he’s my brother”, es simplemente extraordinario. Excelente forma de finalizar un más que recomendable lp.
“Midnight” abre de forma clásica orquestada dejándonos un poco fuera de juego, con semejante intro. Posteriormente nos encontramos con otro tema pausado y relajado, que nuevamente gana intensidad en su estribillo. Característica canción, básicamente por los coros aportados por Frusciante, tan habituales en los últimos tiempos del grupo. “Throw away your televisión”, intenta coger intensidad apoyándose en una mayor rabia al cantar por parte de Anthony. No obstante, tampoco resulta tan abrasiva como podría hacernos creer a priori su corrosivo título. El apunte exótico del disco y en parte bastante humorístico, lo aporta “Cabron”. Con un título así de rotundo, te podrías imaginar a priori alguna canción llena de rabia e intensidad de esas que suelen meter los RHCP de vez en cuando. La sorpresa viene cuando te das de frente con un tema de sonidos cálidos y tropicales y a Kiedis cantando de forma muy suave “cabron, cabron. cabron, cabron”. A alguno le parecerá una chorrada y hasta le puede mosquear, pero a mi me hace gracia y me gusta. Aporta diversidad al disco y suelen decir que en la variedad está el gusto. “Tear” se deja llevar por un ritmo marcado de la batería de Chad. La repetición en la estructura lírica de la canción te crea una sensación de bucle y abstracción bastante importante. Un tema muy lineal y con poco riesgo. “On Mercury” es otro de los cortes graciosillos del lp. Esos arreglos de viento con cierto regusto mexicano, pueden recordar en parte a aquel “Illegal Alien” de Genesis en mediados de los 80. A pesar de su sonido algo chusco, se agradece el intento por parte del grupo de ser originales e intentar sorprender. También no se puede negar que ritmo aporta. “Minor thing” es quizás a día de hoy mi favorita. En parte, es un corte que resultaría de coger “By the way” y restarle intensidad, pero dejar el ritmo vertiginoso presente. La aceleración se ve en la atropellada y sin fisuras interpretación vocal de Kiedis. Se trata de un tema pop, con unas gotas de rapeo salteadas por ahí en medio. “Warm tape” es una canción curiosa. Con unas muy marcadas notas de teclado, cálidas como indica el título de la canción, es otra de las piezas que pueden descuadrarte de lo que son habitualmente RHCP. También es destacable la línea de bajo que tiene la canción, llevada como siempre magistralmente por Flea. Como anécdota les diré que un servidor de ustedes accedió a un ejemplar del disco en el que la canción era instrumental. De esa forma, se convierte en un corte muy hipnótico. “Venice queen” es un tema en parte lento y de los menos animados del disco, que se sitúa en la cola del track list para despedirnos de la escucha. No queda mal situada en ese punto y aunque no es de los temas de sonido más asociado a la banda, no es del todo desacertada.
“Compression” es una pista instrumental de drum’n’bass que se vale de ciertos ecos y voces puntuales aportadas por Tracey, pero que no tiene letra alguna. Más vértigo musical y ritmo para continuar tras el tema dance que le da título al disco, pero a continuación se vuelve a la calma de la mano de “Downhill racer”. Aquí son los matices instrumentales los que curiosamente nos pueden trasladar nuevamente de forma muy ligera a épocas anteriores de la banda. El uso de ciertos sonidos parecidos a un saxofón, pueden permitirnos ver la cara más clásica de EBTG, aunque sea de refilón. “Lullaby of clubland” es otro de los temas animados, bailables, nocturnos y evocadores de las luces de neón de las noches más animadas y marchosas que te puedas imaginar. A ratos me recuerda bastante al remix de Todd Terry de “Missing”. Para volver a mostrar nuevamente la constante ida y venida del ritmo a los momentos más pausados y sentimentales, se presenta ahora otro acierto de la talla de “No difference”. La forma en la que Tracey afronta la parte vocal de la canción, con esa especie de halo de indiferencia y conformismo es pasmosa. Bien pensado, si con “Temperamental” hiciéramos el experimento de poner seguidas las canciones lentas y reflexivas y por otro lado juntar el dance, trip hop y drum’n’bass, tendríamos claramente un disco de vinilo con cara “a” y cara “b” más que diferenciadas. En esta pequeña joya, se utilizan de forma más clara ciertos acordes de guitarra, apoyados en unas notas muy claras de teclado, que a medida que va a avanzando el tema se complementan por otras melodías atmosféricas y relajantes, que si cierras los ojos te puede crear la sensación de que estás volando o algo así. Perdón si me pongo muy cursi, corto antes de que empalague diciéndoles que es una de esas piedras preciosas incrustadas en el interior de los álbumes, que si no les da por escuchar en su totalidad, se perderán; y como siempre digo, sería una verdadera pena. Se da carpetazo con “The future of the future”. Vuelta al dance puro y de sonidos brillantes. De los temas más largos del disco, es de los que junto a “Five fathoms” se puede enfocar de forma más sencilla a las pistas de baile. De esta forma, al tener un sonido y carácter muy parecido al corte de inicio del álbum, se le aporta al disco una especie de estructura cíclica por terminar de forma muy semejante a la que empezamos, habiendo pasado por distintos sonidos en el núcleo central, aunque basándose en una clara estructura de alternancia entre la calma y el baile.
No se preocupen, ya que tras este ligero retroceso, pasamos a una de mis llamadas “joyas ocultas”. “New religion” es una canción con un sonido más misterioso y oscuro, con unos claros efectos en sus sonidos sintéticos y las notas solemnes de bajo y guitarra. Le Bon incluso se contiene bastante en la partes externas del estribillo. He de decirles que empecé con Duran Duran a través de su disco en directo “Arena”. En este acertado álbum, “New religion” suena el doble de rápida y vertiginosa y la versión es superior a la del estudio. No obstante, la versión original de “Rio”, a pesar de ser algo menos acelerada, es tremenda. Esa parte previa al estribillo con el entrelazado de estrofas y voces es muy acertada. Y el estribillo con ese “estoy hablando por hablar, no puedo detenerme, es una nueva religión. Tengo algo que ver, no puedo ayudarme, es una nueva religión”, tiene en su melodía y su entonación algo especial que me gusta. 5 minutos y medio de la mejor calidad de Duran Duran en toda su historia. “Last chance on the stairway”, vuelve a los sonidos menos oscuros y las entonaciones menos retorcidas y dolidas de la anterior canción. A ratos recuerda a “Planet earth”, sobre todo en la melodía vocal de Le Bon. Si bien hay que decir que esta canción tiene un sonido más amable y menos serio que el que tenía aquel primerizo éxito de la banda. No podía faltar en un disco ejemplar del movimiento neorromántico, la balada amorosa por excelencia. “Save a prayer” comienza con unos fantasiosos sintetizadores, que dan paso a unos arreglos de corte oriental y a una interpretación vocal muy sentimental por parte de Simon. Fue otro de los temas que se valió de la visita de la banda a Sri Lanka y dispone de otro excelente y resultón videoclip. Inolvidable para muchos y muchas (sobre todo) ese estribillo tan dolido “No reces una oración por mi ahora, guárdala para la mañana siguiente”. En lo instrumental me encanta la parte de teclado que hay antes de que la canción afronte su recta final. En el resto de su duración, se consigue un efecto muy bonito con la sencilla combinación de esos sintetizadores fantasiosos de base y los arreglos de sonido exótico en los teclados. La parte final es curioso que termine con un enrevesamiento de los efectos de sintetizador y teclados, retorciendo su sonido. Para finalizar la obra se dispone un tema bastante curioso titulado “The chauffeur”. Que nuevamente basa su potencial en una parte electroacústica de intro con unas marcadas notas de teclado. La producción adorna el tema con distintos efectos de sintetizador y notas de teclado, para que posteriormente termine con una melodía de teclado algo más usual. Vocalmente es el tema que supone un mayor protagonismo para Simon Le Bon, sobre todo en sus 2 primeros minutos por ese esqueleto de melodía confeccionado. Un tema muy extravagante y el que menos tiene que ver con el resto del disco. Aún así, su disposición al final tampoco resulta errónea del todo, ya que quizás haber dejado como cierre a “Save a prayer”, dejaría al disco un tono pastel excesivo que ni se merece, ni desprende. De esta forma, se nos deja claro la variedad de estados de ánimo que el disco puede crear: adrenalina con “Hungry like the wolf”, sentimentalismo amoroso en “Save a prayer”, misterio con “New religion” o baile en “Hold back the rain”.