sábado, 15 de noviembre de 2008

1989 Tears For Fears - The Seeds Of Love

Gracias a la ayuda inestimable de un allegado, hoy puedo dejarles aquí el artículo de turno, ya que ayer por la tarde la lucha en mi ordenador personal contra virus y otros intrusos, que a través de memorias Usb se han podido adentrar en mi pc, dejó durante varias horas k.o. a mi equipo. Finalmente, el correcto apoyo informático por parte de un entendido, me permitió acceder al disco duro, solucionar el problema (eso sí, sin limpiar los virus que siguen por ahí metidos… maldito “autorun” y “jix9bat”) y recuperar la crónica que a continuación les dejo.

En varias ocasiones hasta la fecha nos hemos encontrado notables tandems compositivos en las historias de los grupos. Parejas musicales que han ofrecido un excelente y satisfactorio rendimiento durante el tiempo que han permanecido unidos; véase sin ir más lejos la revisión de la semana pasada sobre Golpes Bajos y el engranaje de la maquinaria compuesta por Teo Cardalda y Germán Coppini. Hoy abordaremos la revisión de uno de los trabajos al que dio forma nuevamente un dúo de músicos excelentes como son Curt Smith y Roland Orzabal, al frente de su grupo Tears For Fears.

Este grupo británicos a finales de la década de los 80 ya se había conseguido ganar una importante reputación a nivel mundial. Estaban considerados como uno de los mejores grupos que había aportado dicha década, a pesar de que tampoco se tratara de un grupo con una trayectoria dilatada, ya que tras 7 años en activo únicamente disponían de 2 discos de estudio. Pero eso sí, ¡qué discos!

Su andadura comenzó a comienzos de la década con la edición de su primer lp titulado “The Hurting”. Un título para nada gratuito y que iba acorde con los temas tratados en la mayoría de las canciones (se puede comprobar en evidencias claras de títulos de canciones como “Watch me bleed” o “Start of the breakdown”). Este álbum ya incluía canciones que tuvieron un notable éxito en su edición como sencillos. Para el recuerdo colectivo está “Mad world”, aunque erróneamente se recuerda (como tantas otras canciones) asociada a una versión de Gary Jules, que formó parte de la banda sonora de “Donnie Darko” y que también se popularizó a través de un reciente anuncio de un videojuego de acción. Igualmente destacables fueron los otros singles “Pale shelter” y “Change”.

1985 vio la definitiva consagración de Tears For Fears. Con la edición de su 2º trabajo de estudio, la banda alcanzó el olimpo de la música. Es innegable el hecho de que la edición de los singles “Shout” y “Everybody wants to rule the world” y su repetida emisión en la Mtv con sus inolvidables videoclips, es lo que marcó principalmente esta etapa de la banda. El disco “Songs From The Big Chair” no se puede decir que sea un engaño; me explico: no se trata de un disco que se promociona con 2 excelentes singles extraídos y el resto del mismo se trata de un pestiño insoportable. Nada más lejos de la realidad, el disco incluye joyas imprescindibles como “The working hour” o “Broken”, aparte de los singles de 2ª fila (utilizo esta expresión un tanto inexacta para dejar claro que eran algo menos buenos que los 2 ya mencionados) “Mothers talk” y “Head over heels”.

Numerosos premios recibidos por el disco, una larga gira mundial, aparición constante en las cadenas musicales de televisión y radio, y la sensación de grupo más importante del momento en dura pugna con The Smiths, The Cure o Simple Minds (recordemos que el “tsunami” U2 se produciría en 1987 con “The Joshua Tree”). En este disco ya se apreció un vuelco en el protagonismo principal dentro de la pareja compositiva. Si en el primer disco Curt Smith firmaba el registro vocal de prácticamente casi todas las canciones, en esta ocasión Roland Orzabal ganaba mucho terreno, dejando eso sí a Curt la interpretación de “Everybody wants to rule the world”.

Sin duda alguna no dejaba de ser curioso que una banda con una trayectoria tan exigua para la época (recordemos que bandas como Depeche Mode o The Cure iban a disco por año) estuviera situada en tan alto status. Este hecho pone de manifiesto la ya mencionada calidad extrema de las entregas aportadas hasta la fecha. Tras un paréntesis excesivo de 4 años, en 1989 se editaría el 3er. disco de la banda, “The Seeds Of Love”, que hoy procederemos a revisar. Ciertamente la papeleta que tenían Tears For Fears no era fácil. Tras el gran éxito de su anterior trabajo, igualar dicha gesta no era sencillo y quizás ese cálculo tan minucioso fue lo que propició que se tardase tanto en disponer de una nueva entrega de este grupo británico.

Para esta ocasión, la formación clásica de la banda (por definir alguna línea de componentes como la alineación tipo del grupo), completada por Manny Elias a las baquetas e Ian Stanley a los teclados, se había resquebrajado. En el nuevo disco que se editaría solo se contaría con el teclista como músico de sesión en uno de los cortes. Aquí ya podemos apreciar que la historia del grupo está principalmente ligada a la batuta de Roland Orzabal y Curt Smith, y más bien principalmente del primero que hemos nombrado.

La portada del disco está asociada a la estética generada en el videoclip homenaje al mundo de Miró que se grabó para el single “Sowing the seeds of love”, que por cierto ganó el grammy a mejor video del año. El trabajo está situado a la sombra de sus discos predecesores. Es muy probable que con tanto parón en aquella época (ahora es normal que pasen 4 años entre disco y disco) hizo que la pasión por este grupo se enfriara y el estallido mundial de otros grupos (nuevamente me refiero a U2) hizo que este disco pasara de puntillas para los anales de la historia; es decir, que en su momento se le prestó atención, pero a día de hoy mucha gente ni se acuerda de él, sino más bien de alguno de sus singles.

Recuerdo que este disco estuvo durante mucho tiempo descatalogado y que hará un tiempo se volvió a imprimir (que no reeditar) y a llevarse de nuevo a las estanterías de las tiendas de discos. Fue para mi una tremenda sorpresa, de esas que te hacen abrir los ojos como platos, que el 28 de enero de 2005 una fría, casi gélida, gris y huracanada mañana de viernes (yo desempleado en aquella época), dando una vuelta por el desaparecido Madrid Rock me lo encontré. Estaba en las estanterías correspondientes a la serie media que había en la planta a nivel de calle al fondo del todo (esas bondades que tenía esta tienda de que a veces disponía de discos muy difíciles de encontrar). Estaba al nada despreciable precio de 8,95 eur. Sin dudarlo lo cogí, junto al “Carefully” de Najwa (ya de paso les comento la experiencia completa), con el único conocimiento de los 3 singles de rigor. Sobra decirles que tras escucharlo, me quedé más que satisfecho de la compra que realicé.

“The Seeds Of Love” comienza con uno de los clásicos inconfundibles de Tears For Fears. La balada por excelencia de la discografía de la banda concretada en “Woman in chains”. Acompañados en esta ocasión por Oleta Adams, la cual aporta su portentosa voz para formar un tremendo dueto con Roland. La canción aborda de forma elegante el maltrato que sufren las mujeres y para ello se acompañó de un videoclip bastante remirado que escenificara más o menos lo que describe la canción. En dicho videoclip ya se aprecia el decaimiento en el peso del grupo que iba cogiendo Curt Smith. Musicalmente es reseñable la batería del inicio… ¡Atención!: pregunta, ¿A cargo de quién?, respuesta: Phil Collins, y la inconfundible guitarra de Roland. Notable canción para abrir el disco con fuerza. Posteriormente la banda nos presenta un corte de carácter soul titulado “Badman’s song”. La pista comienza con unas nerviosas notas de piano y a lo largo de su extensión se producen varios cambios de ritmo convirtiendo al tema en uno de los momentos más elaborados del disco. No en balde la canción supera los 8 minutos. Nuevamente Oleta Adams colabora vocalmente. Se alternan momento de calma, con subidas de intensidad. Se trata de una de esas canciones que demuestran la evolución hacia la madurez de una banda. Tras “Badman’s song” que incluso nos regalaba algunos coletazos de tímido gospel, se da paso a otro de los singles de relumbrón de la obra. La “más o menos” canción título con un “Sowing” añadido al comienzo, es un claro ejercicio de tributo a The Beatles. Podríamos decir que en muchos momentos puede recordar al sonido de los de Liverpool y a matices de los años 60. Quizás es una canción algo repetitiva y que se alarga demasiado en duración; no obstante, con el tiempo se le va cogiendo aprecio. El tema de la canción es más que evidente y simplemente mencionaré la curiosidad que supone cuando Roland dice “da una patada a The Style y reforma The Jam”, un mensaje alto y claro dirigido al Modfather mr. Paul Weller… Eh… ¿Todavía no hemos hablado de él?... Habrá que poner remedio en breve. “Sowing the seeds of love”, por otro lado, es un mano a mano vocal entre Roland y Curt, dividido de tal manera que Curt Smith se encarga del reiterativo estribillo y Roland de la prosa pura y dura. “Advice for the young at heart” es la única canción del disco en la que el peso vocal cae totalmente en Curt Smith. Lejos quedan ya los tiempos de “The Hurting” donde era el principal cantante de la banda. Es una canción relajada, sosegada, elegante, con cierto aire melancólico en la letra y también en título de la canción. Viene a tratar del paso del tiempo, de cómo aprovecharlo y el papel del amor en el mismo. Incluye partes con versos muy válidos como “el amor es una promesa, el amor es un souvenir. Una vez que se ha dado, nunca se olvida, nunca se deja que desaparezca. Esta puede ser nuestra última oportunidad, ¿cuándo vamos a hacer que funcione?”. Un corte que perfectamente podrían haber firmado los Crowded House y de la cual me quedo con el lánguido y triste final, en el que, acompañado por unas leves notas de piano, Curt dice “podemos hacer cualquier cosa que queramos, cualquier cosa que nos apetezca hacer”. El disco continúa con un corte lento, de sonido reflexivo y también de letra reflexiva. “Standing on the corner of the third world”, que comienza musicalmente con un protagonismo del bajo de Curt acompañado de teclados y programaciones para sustentar al susurrante Roland que diserta sobre los problemas sociales y diferencias que supone el asunto del que trata la canción. Se da paso a unos teclados más solemnes en el que unos coros femeninos se abren camino para que Roland gane intensidad interpretativa. Nuevamente se vuelve al sonido íntimo y reflexivo para terminar con cierta distorsión de sonido el corte. Tras esta comprometida canción, se da paso a otro momento de pop maduro en el que Roland vuelve a valerse de coros femeninos de acompañamiento “Swords and knives”. Lo considero un tema de transición, tranquilo y quizás el más olvidable del disco. Eso sí, quizás esto se deba a lo que ya he comentado en otras ocasiones de que una canción esté pegada a un tema bandera. Y en esta ocasión es así, porque la siguiente canción es uno de esos momentos que pueden poner a uno el pelo de punta. “The year of the knife” es uno de esos cortes con sonido en directo que al igual que en su día tenía “Broken” en el anterior disco de estudio. Un atronador y afilado solo de guitarra apoyado en una potente batería y un vigoroso bajo, todo ello con un ritmo vertiginoso, da paso a un Roland acelerado cantando cosas como “Aleluya, el rey ha muerto, ella dijo que el amor fue el cuchillo…” sobre un punteo de guitarra más que acertado. El tono épico de la canción es sobrecogedor. Los coros femeninos, que repiten el título de la canción, igualmente son tremendamente intensos. A mitad de canción hay un momento de solo de bajo de Curt con cierto experimentalismo instrumental, para coger fuerzas y afrontar la 2ª parte de la canción de forma abrumadora. Roland acaba por desgañitarse en algún momento en la interpretación. En el final de la canción, tras el redoble de batería, con Roland diciendo aquello de “este es el año del cuchillo”, se produce la bajada de intensidad por el agotamiento producido por tanto esfuerzo épico. Todo esto, hace que este sea uno de los momentos más imprescindibles de la banda y que, por enésima vez digo, está reservado a la gente que se adentra en los discos de estudio. Anexada se encuentra la melancólica “Famoust last words”. Sonido triste que empieza con unas cristalinas notas de teclado y con un cálido Roland nuevamente a la voz. La canción poco a poco va ganando intensidad para terminar de forma épica, aunque de una forma distinta a su atronadora predecesora, debido al tono melancólico que tiene ésta, ya que en algunos momentos la interpretación de Roland hace que te entren escalofríos por el tono que adquiere en la parte de registro más alto. La canción, sin embargo termina como empieza, de forma, cálida, sigilosa e íntima. Forma idónea de terminar el disco, un trabajo en el que las canciones duran todas más de 5 minutos y se aprecia una tremenda elaboración instrumental y distintas variaciones o partes en las canciones. Se da por finalizado en track list principal. En la edición que compré hará 3 años y medio, el cd dispone de unos valiosos bonus tracks como “Tears roll down”, que en el posterior grandes éxitos se revisaría para añadirle más parte vocal, ya que aquí es tremendamente experimental y solo incluye un párrafo. “Always in the past” es quizás el verdadero descarte del track list principal del disco, al ser la más perfilada de todas. La reflexiva “Music for tables” es una instrumental igual de valiosa que las que a veces traían bajo el brazo The Smiths. Para terminar, se incluye una canción que surge de una variación a partir de “Sowing the seeds of love”, que se transforma en “Johnny Panic & the bible of dreams”. Todas estas canciones son bastante más accesibles y agradecidas que los bonus que incluía “Songs From The Big Chair”, ciertamente experimentales y enrevesados a ratos.

“The Seeds Of Love” es un disco que está por debajo del nivel obtenido en “Songs From The Big Chair”, pero es sin duda un más que excelente trabajo. Quizás esté a la altura de calificación de “The Hurting”, pero desde una óptica, conceptualización y sonido distinto, ya que las canciones aquí parten de la base de la música creada en los años 60 y absorviendo influencias de jazz, cosa que en “The Hurting” el sonido iba asociado a la música electrónica principalmente.

Tras este disco y su correspondiente gira y promoción, las relaciones entre Roland y Curt terminaron de saltar por los aires. En 1992 se hizo público el abandono del barco por parte de Smith para centrarse en su grupo Mayfield y Roland se dedicó a editar el grandes éxitos de la banda hasta la fecha, incluyendo una revisión de “Tears roll down”. Al año siguiente Orzabal decidió editar el irregular “Elemental” conservando el nombre de Tears For Fears. Un disco que está a años luz de lo editado hasta la fecha.

Vista la poca aceptación y el batacazo que supuso “Elemental”, no hubo que esperar tanto para una nueva entrega de Tears For Fears, con la única dirección musical por parte de Roland. En 1995 se editó “Raoul And The Kings Of Spain”, un disco que revisa parte de la historia medieval española, suponiendo un tributo a las raíces españolas que tiene este músico. Aquí nos encontramos con un disco realmente bueno, sumamente infravalorado y que dispone de canciones excelentes como “Me and my big ideas”, “Sketches of pain” o “Falling down” por citar algunas. Se tomó como single la canción título que sin dejar de ser atractiva y encantarme en aquella época, cuando podía ver el correspondiente video en el extinto “Del 40 al 1” con Fernandisco a la cabeza, tras escuchar el disco entero me parece de las canciones más discretas que incluye.

A pesar de que “Raoul And The Kings Of Spain” es un más que notable trabajo, el disco pasó desapercibido y no tuvo prácticamente ninguna repercusión ni reconocimiento alguno. Tras varios años de silencio, Roland Orzabal volvería en solitario, ya en esta ocasión también como nombre de artista, para editar el electrónico y potente “Tomcats Screaming Outside” a comienzos de siglo. Nuevamente nos encontramos ante un disco más que notable con muy buenas canciones llenas de intensidad; igualmente, el disco pasó más de puntillas si cabe que el último disco que Roland editó bajo el nombre artístico de Tears For Fears.

Allá por 2002 estaba en el aire el rumor que informaba de que los contactos entre Roland y Curt se habían reanudado y que estaban trabajando en material nuevo. A través de Plásticos y Decibelios se pudo escuchar composiciones como “Who killed Tangerine” o “Closest thing to heaven” que formarían parte del nuevo disco de la banda que en el título recordaba a uno de sus grandes momentos: “Everybody Loves A Happy Ending” y que además jugaba con la reconciliación de los músicos.

Varios problemas de la discográfica y el productor ejecutivo que respaldaba el regreso de la banda, hizo que el disco se editara con nocturnidad y alevosía con un tremendo retraso y sin promoción alguna. Recuerdo perfectamente encontrármelo en los grandes almacenes de la calle Goya de Madrid en las estanterías allá por junio de 2005, llevándome una gran sorpresa. El resultado del disco es un tanto irregular. Demasiado sonido beatlelesco pero pasado de vueltas y gracias que viene a llevar al extremo las formas que en su justa medida se aportaron en el disco que hoy hemos revisado. El disco supuso un nuevo fracaso a nivel comercial de la banda, esta vez, desde mi punto de vista, justificado.

Desde entonces la actividad de la banda, lejos de hacer una gira mundial en condiciones que siempre responde a las expectativas y que daría de sobra para llenar alguna noche la sala La Riviera (véase a Crowded House en septiembre de 2007), se ha centrado en formar parte del proyecto de conciertos sinfónicos “Night of the proms”, pasando por Madrid hará un tiempo. A día de hoy no sé muy bien en qué punto se encontrará el grupo. Visto que en los años 80 se tomaban su tiempo para editar trabajos y visto las dificultades que tuvieron para editar su último disco, es probable que si volvemos a disponer de un nuevo disco de la banda, aún pase un tiempo.

De momento conténtense o llévense una alegría con la escucha del disco que hoy les propongo. El disco es muy variado. Tiene su dosis de balada, de rock épico, de canción semiacústica, de pop melancólico y de pop alegre. Igualmente es un disco mucho más accesible que “The Hurting” o “Songs From The Big Chair”. Dejando de un lado los recopilatorios, o mejor dicho, una vez pasado el trámite inicial de haber escuchado el disco de grandes éxitos “Tears Roll Down”, es el idóneo paso siguiente que hay que dar para adentrarse en la interesante trayectoria de este grupo británico.

2 comentarios:

cvb dijo...

A pesar de contener algunas grandes canciones, en mi opinión es...no sé demasiado pretencioso, por decirlo de alguna manera, lo veo muy por debajo de los dos primeros, que son más directos, más espontáneos, aunque en el caso de "Songs from the big chair" también hay algo de superproducció, pero es un discazo.

Abacab dijo...

cvb, está claro, este disco es muy AOR (como se suele decir). No obstante, a mí me vale. Casi todo lo que han hecho me gusta (incluso cosas de Orzabal ya sin Curt). Tiene grandes temas, aunque sí que es menos fresco que lo previo, sobre todo si tomamos a "The Hurting" como referente.

Gracias por escribir.