sábado, 27 de septiembre de 2008

1980 Queen - The Game

Me da por pensar de nuevo, que podríamos haber abordado otro disco de Queen distinto al que he escogido para comenzar los repasos de la discografía de estos gigantes del rock. No obstante, he decidido optar por un disco de su historia que aunque su impresión sea menos ampulosa, contiene clásicos inequívocos del repertorio de este genial cuarteto y otros hits menores a nivel comercial o de repercusión global, pero de suma belleza.

Queen fue un grupo que se formó a comienzos de la década de los 70 moviéndose en sus inicios dentro de la corriente asociada al rock duro. La consagración definitiva de la banda se produjo con la edición de “A Night At The Opera”, excelente tributo en el título a los irrepetibles Hermanos Marx, que incluía una de las piezas básicas de la historia del rock moderno: “Bohemian rhapsody”. Posteriormente Queen siguió firmando discos con relativa celeridad y dando forma a otros himnos, en este caso más accesibles o inmediatos, que son conocidos por cualquier persona en este mundo como “We are the champions” o “We will rock you”. A la par de los singles de relumbrón mencionados, también se editaron verdaderas glorias como “Spread your wings” o “Don’t stop me now” por citar algunas.

Confirmados como uno de los grupos con más reputación, basada en la calidad de sus entregas y la excelente forma de tocar, no sólo del virtuoso de la guitarra Brian May, sino también de una tradicional figura a la sombra, John Deacon, excelente compositor y bajista, y en menor medida del batería Roger Taylor, con su desmedido divismo a la hora de sentarse con las baquetas en la mano, la banda afrontaba un momento algo dificultoso tras la edición del no tan celebrado “Jazz” en comparación con lo hecho anteriormente. No obstante, no se trataba de una situación de gravedad, básicamente debido a que la publicación del directo “Live Killers” volvió a dejar en la banda en lo más alto y les confirmó a nivel mundial como una de las 5 bandas con mejor directo de la época (esto es mucho decir, y si no echen un vistazo a los grupos de rock activos a finales de los 70).

“The Game” es un disco que inicia la tradición de títulos simples por parte de la banda. Se puede asociar la dupla de discos con títulos de pleitesía a Groucho y su tropa, “A Night At The Opera” y “A Day At The Races” y por otro lado la citada tendencia a titular los álbumes “The…”, véase Miracle o Works en los 80. La portada con una foto en blanco y negro algo borrosa de los componentes de la banda sobre un fondo plateado, iniciará otra tradición que será la de confeccionar las portadas de sus discos con una representación del cuarteto sea del modo que sea: a través de dibujos o bocetos de los rostros (“A Kind Of Magic” y “Hot Space”, respectivamente) o por un collage de las fotos de las caras (“The Miracle”).

La canción título, con un “Play” añadido, abre el álbum. Es uno de los singles que se extrajeron y habitualmente es de las menos recordadas. No obstante, yo la considero más bonita que la sobreexpuesta “Another one bites the dust”. Es un tema de cierta mesura y que excepto la parte de lucimiento de guitarra de Brian, es delicada y relajada con un Freddie acorde a las circunstancias al micrófono. Todo esto va acompañado de una letra con partes o versos exquisitos “Abre tu mente y déjame entrar… deja que tu corazón decida… es tan fácil cuando sabes las reglas, es tan fácil, lo único que has de hacer es enamorarte…”. Del videoclip grabado al efecto promocional resulta curiosa la lucha entre Brian y Freddie cuando forcejean por la “Red Special” del sr. May, y la presentación en sociedad del a partir de entonces inseparable mostacho de Mercury. “Dragon attack” es un tema que se sustenta principalmente en la base rítmica, con especial relevancia de la agresiva línea de bajo de John Deacon. Algún que otro acorde de Brian May acompaña el corte. Es de los momentos más serios en el sonido y vagamente nos puede recordar de lejos a la anterior “We will rock you”, siempre poniéndonos algo imaginativos y prestando atención a la contundencia con la que se emplean los instrumentos. “Another one bites the dust” es quizás la canción más reconocible del disco a nivel generalista. Un ejercicio con toques funkys apreciado en la saltarina línea de bajo de John Deacon junto a los rasgueos de guitarra de May. Los videoclips de esta época de Queen tampoco es que sean espectaculares. Parece ser que tras el hito de la entrega del considerado primer videoclip de la historia en “Bohemian Rhapsody”, la banda se relajó y hasta mediados de los 80 no volvieron a hacer algo relevante en este campo. Del video rodado para la ocasión, resulta curiosa la gorrita con los cuernos que lleva el sr. Mercury. Por lo demás se trata de una simple representación de la banda tocando aplicadamente. Freddie hace uso de sus niveles más altos de intensidad vocal en gran parte de la canción, demostrando su ya conocido por aquel momento poderío recitativo. Siempre he sostenido que John Deacon es una pieza bastante menospreciada dentro de Queen y situada a la sombra de May y Taylor, por no decir de Freddie. No obstante, su pericia al bajo es más que contrastada y si no díganme, ¿cuántas líneas o melodías de bajo recuerdan como para entonar y tararear una canción como la citada “Another one bites the dust” o la futura “Under pressure”? Bueno, pues aparte de esto, Deacon era un compositor genial. Aparte de “Another one bites…” firmada por él, nos entregó un vibrante tema pop llamado “Need your loving tonight”. Una de las canciones más vitalistas del disco y que ayuda a alegrarte el día. Se trata de una canción de amor evidentemente, abordada desde el punto de la pérdida del mismo e intentar recuperarlo: “Lei tu carta tantas veces, tuve que leer entre líneas para entenderla”. El tema pop por excelencia que aporta “The Game”. “Crazy little thing called love” supone un claro guiño de Queen al rock más clásico y al sonido creado por Elvis Presley. Como podrán apreciar, el disco es rico o variado en estilos y no permite el aburrimiento. Evidentemente este corte se trata de otro momento alegre y bailable al estilo “Grease” muy en boga en aquellos años. El clip que se rodó puede ser el más gracioso de los que se hicieron para el álbum con Freddie Mercury agarrado a una deslumbrante moto, que daba la perfecta escenificación para el sonido aportado por la canción. “Rock it” es un tema que empieza de forma semiacústica con Freddie acompañado tan sólo de alguna nota del bajo de John y una melancólica melodía de guitarra de Brian. No deja de ser una intro de escasamente un minuto que nos da paso a un vibrante tema rock (por el título no podía ser menos) acompañado de unos psicodélicos sonidos de teclados que adornan casi toda la canción. Estamos ante la canción más acelerada del disco y el tono de Freddie se nos muestra en un nivel de registro vocal no tan reconocible dentro de su repertorio. En la parte final, nos encontramos con unos leves coros al estilo de discos anteriores de la banda como los ya vistos en el primer corte del álbum. “Don’t try suicide” nos devuelve a la relativa calma tras el frenesí del corte anterior. La canción se inicia de una forma que por los rasgueos de guitarra perdidos nos pueden llevar a equívoco y confundirla por un segundo con “Walking on the moon” de los Police que sonaba por aquella época. Nada más lejos de la realidad. Es una canción que alterna partes a capella acompañadas de simples palmas y vagamente algún instrumento con la irrupción de la máquina sonora al completo de Queen. Sin duda es una pieza de tono irónico que tras el rock acelerado del corte anterior, vuelve a demostrar que “The Game” es un álbum muy heterogéneo en su sonido. “Sail away sweet sister” es una balada al estilo de “Spread your wings”, bastante moderada y un ejercicio de preparación para la balada de corte épico que nos regalará la banda al final del disco. Nuevamente aparecen los coros clásicos del sonido de la banda para completar la canción, ayudándonos a recordar el pasado no tan lejano por aquellos tiempos de Queen. “Coming soon” es una canción algo exótica en su sonido y la producción de la misma. La voz de Freddie y la de los coros suenan como si fueran a subirse de revoluciones. Todo ello causa una sensación algo hipnótica. A parte de esta curiosidad tampoco es que nos encontramos nada nuevo en este corte. Reseñable quizás un solo de guitarra de Brian en torno a los 2 minutos y poco más. Sin embargo, Queen se guardaba la verdadera joya del disco para finalizar. “Save Me” es una balada épica, con la interpretación más sentida por parte de Mercury en todo el disco y que acertadamente reserva para el final del disco. Es muy importante igualmente el tono trascendental que alcanza el solo de guitarra de Brian. La canción empieza de forma acústica, pero en los estribillos se alcanza un altísimo nivel de intensidad. El video promocional se compone de algunas animaciones muy sencillas, pero que funcionan muy bien y nos regala un bello fotograma con Freddie alargando el brazo hacia una paloma blanca. En un futuro la banda grabaría “It’s a hard life”, la cual puede considerarse la hermana pequeña de este clásico de la banda y una de sus más acertadas baladas en toda su discografía. Es la forma perfecta de terminar el álbum y que ayuda a que el mismo, tras una escucha completa y ordenada, aporte una mejor impresión.

“The Game” aunque no vendió mal y tuvo ciertos singles de repercusión, no llegó a superar en estatus los míticos “A Night At The Opera” o “News Of The World”. Quizás esos niveles no fueran alcanzados por la banda nunca más en lo referido a una grabación de estudio en lo referido a conjunto global de disco y no a canciones sueltas. Las esperanzas que se pusieron en “The Game” hace que el agravio comparativo expuesto por la prensa musical del aquel momento sea mayor, a pesar de que se trate de un disco mucho más que aceptable. De hecho, “The Game” supongo que en pocos fans de Queen estará incluido en el podio de los 3 discos preferidos por cada uno de ellos de la discografía de Queen. No obstante, no nos confundamos, no se trata de un disco criticado, simplemente se trata de un disco que permanece a la sombra de otros discos del grupo, y quizás a eso también ayude el tono gris de la composición de la portada y contraportada. De la estética del grupo, durante la promoción de este disco, Freddie se dejó su tan recordado bigotazo e igualmente se cortó el pelo para no volverselo a dejar largo en el resto de su vida.

Al disco hoy analizado le siguió “Hot Space” y la banda sonora de “Flash Gordon”. Resultados desiguales en tanto a las valoraciones. El primero fue malentendido por un sector muy amplio de los fans de toda la vida de Queen, que no apreciaron el giro hacia lo “electrónico” en algunos detalles por parte de la banda. Sin embargo, la segunda grabación citada está considerada como una de las mejores bandas sonoras de la historia, o incluso según algunos la mejor directamente.

Queen siguió consolidándose como unos gigantes del rock formando una solida imagen a través de la reputación de sus extensas giras y sus espectaculares conciertos. A mediados de los 80 prosiguieron con “The Works”, otro disco que disgustó a los seguidores primigenios de la banda y el éxito de masas que supuso en 1985 el lanzamiento de “A Kind Of Magic”, al calor de la colaboración del grupo en la banda sonora de “Los Inmortales”. En este mismo año Queen resucitó (si es que alguna vez habían estado muertos) en el primer festival de “Rock In Rio” celebrado en Brasil, con un show que deslumbró a medio mundo, como ya mencionamos al hablar de la edición de este año del festival.

El lamentable hecho de que Freddie Mercury enfermara de sida, hizo que la banda dejara de hacer giras y se centrara en el trabajo de estudio, debido al cada vez más precario estado de salud del cantante, que le imposibilitaba entregar a la audiencia las interpretaciones de tanta intensidad que le gustaba regalar a su público. Como curiosidad, comentarles que los últimos shows de la historia de la banda en la gira del Magic Tour, a la que pertenece el monumental disco en directo “Live At Wembley”, fueron en España a parte del festival de Knebworth.

En noviembre de 1991 Freddie nos decía adios habiendo dado forma previamente al disco “Innuendo”. Un disco de escucha sobrecogedora por las circunstancias en las que fue grabado. A pesar de que su salud estuviera al límite, en aquellos días Freddie se empeñó en grabar todo el material que fuera posible para dejar un gran legado a los fans. Todo ese esfuerzo se transformó en el entrañable “Made In Heaven” publicado en 1995. Parecía que Queen daba a su fin de una forma más que digna… pero, para May y Taylor la cosa no podía quedar ahí.

Tras numerosos intentos, pruebas de cantantes y rumores que situaban a George Michael o Robbie Williams sustituyendo a Freddie como vocalistas, finalmente se tiró del talludito Paul Rodgers para volver a la carretera y ahora grabar un disco. El proyecto no se llama puramente Queen y suele venderse como Queen + Paul Rodgers. Yo diría más bien “1/2 Queen + Paul Rodgers”, ya que a la insustituible baja de Freddie Mercury hay que unir la negativa de John Deacon a formar parte de dicho proyecto. Creo que ya les he dejado entrever mi simpatía por el bajista de la banda, pues bien, este hecho me hace que aún le tenga más aprecio. Supongo que habrá que entender a Brian y a Roger; de algo tendrán que vivir y para qué van a romperse la cabeza con nuevos proyectos, ¿no? En fin, ellos sabrán. Supongo que se agarrarán como un clavo ardiendo al epitafio musical de Freddie concretado en “The show must go on”. Bueno, pues nada, que continúe el espectáculo. “God save Queen”.

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