sábado, 12 de julio de 2008

05-07-2008. Concierto Festival Rock In Río. Arganda Del Rey

En el artículo-introducción que daba comienzo al presente blog, di unas explicaciones de sobre qué iba a ir. Evidentemente, el carácter del blog va a ser habitualmente el que han ido viendo, es decir, revisiones semanales de discos para que ustedes los disfruten. Pero, igualmente reseñé que también cabría la posibilidad de que hiciera alguna revisión/crítica de los conciertos a los que acuda. Pues bien, esta semana tienen ración doble. Les hago entrega de una propina que espero que les guste (a mi me encantó).

El último fin de semana de junio y primer fin de semana de julio de 2008 hemos podido disfrutar por 1ª vez en España del espectáculo que supone uno de los más grandes festivales a nivel mundial e histórico: Rock In Río. Para la ocasión, hace ya 2 años el sr. Roberto Medina puso sus ojos en Arganda del Rey y sus afueras para dar forma a su visión y crear la Ciudad del Rock. Una preparación que se alargó durante varios meses, una promoción que se inició mucho tiempo atrás (un año antes, en el Pepeworld Festival ya se hizo promoción entregando calendarios que duraban hasta las fechas en las que celebraría el festival) y el goteo de confirmación de asistencia de artistas iba cebando poco a poco nuestra curiosidad.

La creación de un eslogan es básica a la hora de encarar bien un enfoque publicitario, y el “Yo voy” parece ser que hacía efecto, aparte de ser, quizás, algo pretencioso. No obstante hubo un momento en el que yo entoné dicha frase, y ese momento no fue otro que el instante en el que supe que The Police anunciaba su asistencia. La adquisición de la entrada para el día que se confirmó la actuación de los Sting, Copeland y Summers, que no iba a ser otro que el sábado 5 de julio de 2008, fue allá por el 5 de marzo de 2008, con la debida antelación para asegurarme la asistencia (no fuera a ser que se agotaran las entradas, que alguna vez pasa). 69 eur. (bonito número) fue el precio y el resto del cartel ya incluía acicates que me congratulaban al tener la entrada entre mis manos, como fue el hecho de la inclusión en el programa de la gran Suzanne Vega.

La espera se hacía larga y llego a su fin la pasada semana. Aunque el motivo principal de mi asistencia era ver a The Police, el hecho de que su actuación estuviera programada para el fin de fiesta, allá por la 00.15h de la noche, no impidió que acudiera desde casi primera hora al recinto conocido como “La ciudad del Rock”. A las 16.15h me acerqué a la plaza de Lima para coger el bus gratuito que habilitaba la organización para ir hasta las inmediaciones del festival. El funcionamiento de los buses a la ida fue excelente; fue llegar y besar el santo, no esperabas cola alguna, subías al bus y a los 2 minutos arrancaba dirección a Arganda. También es cierto que era algo temprano. Por lo visto el día anterior a las 19.30h de la tarde las colas para coger el autobús eran algo más que kilométricas.

Tras media hora de trayecto llegamos a la zona 0. Tras un cambio de rasante en una curva desde la autopista nos damos de frente con el llamado “Escenario Mundo”. Las dimensiones de dicho escenario son gigantescas y abrumadoras. Tras bajar del autobús recorrimos el camino desértico entre pasillos de vallas hasta llegar a la entrada del recinto. Un solo “pero” hasta ahora: el error de un lector de los códigos de barra a la hora de leer una de las entradas de las personas de nuestro grupo. No obstante, este asunto, por fortuna, se solucionó rápidamente. Una vez dentro dimos una tímida vuelta por las zonas cercanas a las puertas de entrada. El panorama mostraba una noria, una capilla en la que te podías casar a lo loco, puestos de bebida y comida, que desde esa primeriza hora de las 17h ya acumulaban grandes y largas colas, el llamado “Hot Stage” a la izquierda según entras dejándolo prácticamente a la espalda y unas fuentes centrales que salían con fuerza del suelo como benignos surtidores que te permitían refrescarte y aliviar los 35º de temperatura que habría en esos momentos. Un detalle muy bueno fue el descubrir fuentes de tipo parque donde poder beber tranquilamente sin tener que pagar peaje alguno (desde aquí doy gracias a la organización). Parecerá una tontería, pero es un detalle muy honesto que permite a la gente no deshidratarse sin necesidad de gastarse una pasta en botellitas de agua.

Tras dar unas vueltas en la noria, básicamente para hacernos una idea de la inmensidad del perímetro de la zona, nos dirigimos al “Hot Stage” a ver las evoluciones de Bimba Bosé al frente de “The Cabriolets”. He de decir que por desgracia sólo pudimos asistir a 3 canciones de su show debido a la demora que acumulamos en la noria de marras, pero lo poco que escuché me agradó, sobre todo una canción que sonaba a medida que íbamos desde la noria hasta el escenario. En lo que respecta a la propia Bimba, lo que tiene esta chica es una actitud de descaro y llena de glamour que puede llegar a encandilar al público. Se nota que tiene un buen espejo donde fijarse, el de su tío Miguel. Igualmente, creo que mejor no pudo escoger su vestuario para lo que estaba cayendo: un vestido muy amplio y también muy corto, completamente blanco que a buen seguro le permitió no sufrir en lo que al calor se refiere en lo que duró su concierto.

Tras este cachito de actuación, como unos 20 minutos entre este concierto y el siguiente decidimos acercarnos a ver el “Escenario Mundo”. A medida que nos acercábamos veíamos cada vez más grande y más grande esa tremenda estructura metálica. Comprobamos que la mayoría de las zonas cercanas al escenario estaban enmoquetadas por césped artificial, lo cual supone calidad de vida para el asistente al festival. A todo aquel que asistiera le sugiero una cosa: párese un momento a pensar si el firme hubiera tenido una superficie semejante a la que rodeaba al recinto en sus exteriores, es decir, arena y mucho polvo… supongo que no estaríamos hablando de la misma experiencia, ¿verdad? 2º punto a favor de la organización que sumamos a lo referido antes de las fuentes.

Bueno, pues tras visitar algún que otro stand promocional para recoger algún chicle o muestras de zumos etc., nos dispusimos a volver al “Hot Stage” y colocarnos en primerísima fila. Allí nos encontraríamos con la bellísima Suzanne Vega. Esta mujer con sus íntimas composiciones dio un más que correcto concierto en el que nos presentó gran parte de su último trabajo “Beauty & Crime” y en el que hubo espacio para sus 3 ases: “Marlene on the wall”, “Tom’s dinner” y “Luka”. Además se incluyó “Blood makes noise” que fue el gran éxito que cerró la “primera parte” del concierto en la que Suzanne repasó básicamente su último disco y el que abría un repaso de las canciones de discos anteriores. Suzanne se nos presentó vestida con unos pantalones pirata, unas sandalias y una camiseta de “Desayuno con diamantes” con la foto de la gran Audrey Hepburn. El aspecto de Suzanne podría ser el de cualquier “guiri” que se toma una caña en una terracita del paseo marítimo de Cullera en el atardecer de una tarde de verano. No obstante, esta chica se ponga lo que se ponga siempre está guapa y eso que ya empieza a tener una edad madura. El único “pero” del concierto fue su duración, apenas se extendió 45 minutos. Me quedé con ganas de más. Especial mención se merecen los músicos que acompañaron a la californiana. El bajista tenía una correctísima actitud y se mostró más que conectado al show. El batería, simplemente por la elegancia en el vestir, que incluía chaleco, que desafiaba el calor agobiante de las 18.30h, se merece nuestro respeto.

Casi sin descanso, los roadies de turno desmontaron el tinglado de Suzzane Vega para ir dando forma al set del sr. Zucchero. En esta ocasión retrocedí a la tercera fila para, en teoría, tomarme el concierto de una forma más relajada si cabía. Este viejo maestro italiano nos trajo una imagen que sería más acorde para un rockero sureño de Estados Unidos (me dio por pensar en Lynyrd Skynyrd) mezclada con algo de ZZ Top, en lo que a la buena barba que lucía se refiere. Su actitud y entrega está más que fuera de toda duda. La intensidad con la que desarrolló su hora y 10 minutos de concierto fue más que admirable. Nos deleitó con éxitos de su primeriza etapa y también con los movidos sonidos de sus creaciones de este siglo, como el ya inmortal “Baila Morena”, que hizo que no solo bailaran las morenas, sino las rubias, pelirrojas, y también todos los chicos. La complicidad en esta canción con el público que estuvo presente en el concierto fue muy elevada. Revisiones de “Everybody’s got to learn sometimes” de The Korgis y canciones tanto lentas como cañeras hicieron que nos quedara un agradable sabor de boca de este respetable artista.

Tras la actuación de Zucchero nos dimos un paseo hasta las inmediaciones del “Escenario Mundo”. Lo que se refería a los Flamenco All Star (Pitingo, Rosario, La Negra y Antonio Carmona) ya había finalizado y ahora era el turno de los hermanos Muñoz y su rumba rockera canalla. Eran las 21h, había hambre y aprovechamos para juntarnos las diversas personas que íbamos para ir a comer algo. Lo que vimos de Estopa fue desde bastante lejos, cosa de 150 metros. A lo lejos se divisaba a David y Jose y nos dio tiempo de oir alguno de sus clásicos como “Fuente de energía”, “Vino tinto” o “Pastillas de freno”. No obstante, los últimos 40 minutos de la hora de su concierto la gastamos haciendo cola en la cadena de pizzas de turno que había llevado su negocio al festival para meternos finalmente entre pecho y espalda una más que sabrosa pizza familiar al estilo barbacoa, la cual deglutimos tumbados en el césped, ya de cara a conseguir posiciones cercanas a las vallas de protección del “Escenario Mundo” para el gran final de fiesta. Al terminar el tentempié nos adentramos poco a poco entre la gente avanzando lateralmente por la parte izquierda del escenario (mirado de frente, que eso genera confusiones). Conseguimos situarnos en una vigésima fila más o menos para asistir, previamente a The Police, al concierto de Alejandro Sanz.

El madrileño, que jugaba en casa, fue el más duramente criticado por la prensa especializada. Yo, que no soy nada fan del otrora Alejandro Magno, he de reconocer que, asociado en algún momento a uno de mis acompañantes, hasta me lo pasé bien y no me pareció que, dentro de su estilo y repertorio, fuera un mal concierto (aunque repito que no se encuentre ni de cerca en mis preferencias musicales). Quizás lo que le echaran en cara a Alejandro fue el hecho de tirarse 15 minutos presentando a la banda y que lo hiciera no al final del concierto, sino más bien al principio.

Tras la actuación de Alejandro Sanz llegaba el gran momento. The Police invadiría el “Escenario Mundo” en torno a las 00.15h. Para ese momento habíamos conseguido avanzar ligeramente algo más hacia el centro del escenario manteniendo una decimoctava fila aproximadamente para situarnos justo enfrente de una de las grúas-cámara. Puntualmente el trío británico salto al escenario para iniciar su actuación con una fuerza arrolladora, la que supone el clásico “Message in a bottle”. Tras este primer bombazo, sin dejarnos respirar, el aquel día barbudo Sting y sus acólitos Stewart Copeland y Andy Summers nos regalaron “Walking on the moon” que sonó en su total esplendor como si nos encontráramos en su gira de 1979. El concierto transcurrió sin dejar de lado casi ninguno de los grandes clásicos, solo faltaron “Spirits in the material world” y si acaso “Synchronicity 2” y alguna que otra sorpresa como “When the world is running down you make the best of what’s still around”, “Driven to tears” o “Voices inside my head”, todas ellas pertenecientes al glorioso “Zenyatta Mondatta” de 1980, la bizarra “Demolition Man” (sí, Sting volvió a ser un hombre demoledor) y la más inesperada “Hole in my life” de su primer album. Bajo mi óptica, uno de los momentos más emotivos lo supuso “Don’t stand so close to me”, entonada con tremenda delicadeza y emotividad por Sting y magníficamente interpretada tanto por Stewart en la batería y Andy a la guitarra. “Wrapped around your finger” sonó de una forma realmente exótica y como solía pasar en la gira de 1984, esos rasgueos de guitarra que se pierden repetitivamente en la versión de estudio y que tanto me gustan, en directo no hicieron acto de presencia. Momentos brillantes de complicidad con el público como por ejemplo en la simple, pero efectista “De doo doo doo, de daa daa daa”, en la que las 80000 personas que estábamos nos desgañitamos coreando su estribillo naif. En el bis se abrieron paso grandes momentos como “Roxanne” que enloqueció a toda la audiencia, la alegre (en lo que ha sonido se refiere) y magnífica “King of pain”, “So lonely” y cuando parecía que se la iban a dejar en el tintero “Every breath you take”. Tras tocar su tema bandera por excelencia, los chicos se fueron del escenario y por la duración del concierto hasta ese momento, una hora y media pasada, dimos por sentado que el concierto había finalizado; de hecho Toni Garrido, en la retransmisión en directo que ofreció La2 (excelente retransmisión, sin cortes publicitarios y sin apenas comentarios) advirtió el final del concierto dando por finalizada la transmisión. Cuando la gente empezaba a desfilar, el hecho de que las luces blancas no se encendieran tomó su lógica cuando apareció en solitario el gran Andy Summers. Guitarra en mano tocó algún acorde para parar en seco y empezar a hacer gestos a la gente como diciendo que “de aquí no nos podemos ir, todavía hay que hacer algo más”. Ganándose la confianza del público hizo que toda la gente empezara a gritar y entonces fue cuando se giró hacia el lateral del escenario y empezó a hacer gestos a Stewart y Sting para que salieran, quienes en 3 o 5 segundos volvieron al escenario y Sting en particular realizando un gesto como de “¡Ay! ¡Niño travieso!” a su compañero de fatiga el sr. Summers. Todo esto desembocó en “Next to you”, canción que abre su discografía al ser el primer corte del primigenio “Outlandos d’amour” y que paradójicamente cerró su actuación en la noche del 5 de julio, ya convertido en domingo 6 a las 2 de la madrugada. El público quedó completamente satisfecho, tras una actuación realmente grandiosa, triunfal y memorable. La duración final del concierto, 1h 45’ dejó a la gente colmada de satisfacción, ya que más de uno (yo incluido) pensaba que el concierto duraría como mucho una hora y veinte minutos. Si Queen en 1985 reventó el festival con su arrollador directo, y quizás una de las primeras cosas que te vienen a la mente sea el nombre de la banda de Freddie Mercury, en pleno juego de asociación de ideas cuando te dicen una palabra, si en ese caso te dicen “Rock in Río”, esta edición pasará a la historia por la salida por la puerta grande de The Police en lo que ha sido su gira de reunión y, más que probable, la última de su inigualable carrera.

Tras el concierto se dio paso a los fuegos artificiales que, aderezados con el jingle compuesto para promocionar el festival, supusieron el fin de fiesta a una jornada memorable. Tras esto, el cansancio acumulado era casi tan grande como la satisfacción alcanzada por la experiencia vivida, con lo que nos decidimos por entonar retirada y dirigirnos a los autobuses, sin reparar en lo que había en la carpa dance. Aquí ya las colas hicieron acto de presencia y tardamos media hora en subir al bus de vuelta. También es lógico, ya que evacuar a 70000 personas sin que se produzcan aglomeraciones es tarea casi imposible, diría yo.

Conclusión de lo descrito: un grado de disfrute alcanzado bastante elevado, la experiencia de haber visto a 30 metros escasos a The Police en directo tras 23 años sin hacer una gira mundial y el hecho de vivir un día en lo que es un festival con mayúsculas. De la organización del evento no puedo sacar muchas pegas y sí que puedo sacar algún buen detalle (por tonto y pequeño que parezca) que ya he mencionado más arriba. En resumen, 2010 será la fecha en la que la Ciudad del Rock vuelva a vestirse de gala para acoger un nuevo Rock in Río. Roberto Medina, el visionario de todo esto, ha dicho que el próximo festival tendrá más carga de hardcore (personalmente, espero que no sea así). Yo lo que puedo decir es que si en el cartel se incluye algún pez gordo que me falte por ver (U2, por ejemplo) y/o que además haga tiempo que no toquen juntos (véase Pink Floyd), otra vez podré decir eso de: “Yo voy”.

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