Es cierto que la fiebre que tuve con Katy Perry y el enganche a lo pegadizo de las melodías y estribillos de sus canciones había remitido hacía más de una década, pero viendo que se presentaba la ocasión, era buen momento para volver a prestar atención a la artista y así tachar de la lista de conciertos pendientes otro ítem. Conseguí entradas sin mayor problema, más allá de estar en la web registrado 2 horas y pico antes de que se pudieran comprar, y me aventuré a cogerlas en pie de pista, lugar al que hacía mucho tiempo que no iba, al menos en el Palacio de los Deportes.
Ya desde septiembre me fui poniendo al día con los discos a los que, más allá de alguna canción suelta, no había prestado atención (“Witness”, “Smile” y el último “143”) e incluso unos pocos días antes del concierto Katy lanzó un nuevo single titulado “Bandaids”, una canción muy buena y con un videoclip cuanto menos llamativo.
Llegamos al recinto sobre las 19.30h y accedimos, situándonos cerca del escenario canónico, en una 6ª fila más o menos, con cierto miedo de si el público de Katy sería de los histéricos e hiperventilados; resultó que no, el ambiente fue festivo y distendido, con mucha gente en la franja de edad de la cantante (en torno a los 40) e incluso algo más mayores, en muchos casos acompañados de sus hijos adolescentes, con lo que no sufrimos apreturas, ni empujones. Lo que sí me resultó llamativo es lo que corea el público de Perry sus canciones, escuchándose más a las masas que a la propia cantante en muchos estribillos de canciones.
Hicimos bien en entrar pronto al recinto, porque la artista invitada, Becky Hill, comenzó a las 19.45h su show, cosa que pensábamos sería a las 20.00h. Becky estuvo en torno a 35 minutos sobre el escenario, ella solita, con toda la música grabada, cantando varias de sus canciones, las cuales no desentonaban con el estilo de Perry, si bien algo más electrónicas y dance que las del plato principal de la noche. Becky cantó varios de sus temas en lo alto de una tarima rectangular en mitad del escenario, aunque también utilizó parte de la pasarela que en forma de signo de infinito se extendía por toda la pista del recinto.
Y Katy Perry no se hizo mucho de esperar. De hecho, arrancó el show antes de la hora fijada, lo que nunca he visto. A las 20.53h se apagaban las luces y comenzaba el viaje. Katy ya apareció en escena en la parte central de la pasarela, arrancando con “Artificial”. Ya en el 2º capítulo el público terminó de ponerse patas arribas con una acelerada interpretación de “Chained to the rythm”. En este sector inicial también apareció el medio tiempo de “Smile” que es “Teary eyes” y se remató el primer bloque con el trallazo de “Dark horse”, sin duda uno de los temas más exitosos del “Prism” de 2013 y de la discografía de Katy en general, pero que curiosamente a mí nunca me ha hecho demasiada gracia.
Reconozco que el bloque 2 del show, titulado “Woman’s World”, como uno de los singles principales de “143”, es la parte que quizás más me gustó del concierto. Y es que además de la canción que concede el título a este bloque, con la que arrancó el mismo, se incluyeron en este bloque varios de mis temas favoritos de Katy, la mayoría de “Teenage Dream”, mi lp predilecto de la artista. Aparecieron estructuras metálicas de barras, con una estatua que sostenía un globo y lo malo, para nosotros, es que el bloque se desarrolló en la parte central de la pasarela e incluso el desfile fue por el círculo alejado. Criticable, no solo aquí, sino que también lo he leído en otras crónicas, es que por ejemplo “California girls” sonara en versión muy reducida, de apenas un minuto y medio. “Teenage dream”, la canción título, sonó algo más larga, pero tampoco en su metraje standard.
Más completa sonó “Hot ‘n’ cold”, pero “Last friday night (T.G.I.F.)” sonó también muy corta, al igual que el guiño a “Peacock”. Se remató el bloque con acierto con otro tema de “One Of The Boys”, en este caso quizás el primer gran éxito internacional de Katy Perry, “I kissed a girl”.
En el siguiente bloque vimos a Katy volar por el Palacio de los Deportes bien amarrada con un arnés, interpretando “Nirvana” (a la par título de esta parte) y “Crush”. Aquí hubo espacio para otro single de “143”, la controvertida pero a la larga pegadiza “I’m his, he’s mine” y la muy notable “Wide awake”, uno de los singles más elegantes de toda la trayectoria de la cantante.
Dentro de la estética de videojuego, mostrada sobre todo sobre el telón de fondo confeccionado a base de muchas pantallas de distinto tamaño, en el siguiente bloque se mostraba como una ruleta en la que se seleccionaba un disco u otro de la trayectoria de Katy Perry. Y efectivamente en este bloque de escoger tu propia aventura, algo así se hizo, aunque Katy decidió en un momento cambiar la elección de la canción a interpretar en detrimento de “Unconditionally”. En este sector fue cuando Katy escogió a un puñado de seguidores de entre el público para que la acompañaran en el escenario. Estuvo un buen rato con ellos hablando, compartiendo porciones de pizza e invitándoles finalmente a hacer bases con maracas mientras ella entonaba “The one that got away”.
Quizás el bloque más potente del show fue el que protagonizaron temas como “E.T.”, que no me la esperaba, con Katy luchando con una especie de espada láser, encadenando la misma con la rotunda “Part of me”. Dejando de lado sus looks y vestidos más atrevidos, Katy se puso el vestuario random del videoclip recién salido del horno “Bandaids” para interpretar la misma, con este pantalón vaquero, camiseta blanca y deportivas.
Duraría poco, solamente esa canción, para nuevamente ponerse sus mejores galas y afrontar el bloque final en el que sobre el telón de fondo Katy finalmente se pasaba el videojuego, llenando todo de mariposas, como las del confeti que impregnó la zona delantera de la pista.
En el último sector se tocó, montada en una mariposa voladora que le acercó al público de graderío “Roar”, y también se metió una acelerada y mejor versión de “Daisies”. Remató Katy Perry el show con el trallazo que da nombre a la gira “Lifetimes”, con ese videoclip tan veraniego en Ibiza y Formentera (que le costó creo una multa por no pedir permiso para grabar en una zona protegida) y cerrar con la lógica “Firework”; ahí no hubo mucha sorpresa.
En total 2 horas y 15 minutos de espectáculo llamativo y notable. Vayamos con nuestras personales conclusiones. En lo negativo, lo principal es que ciertas canciones aparezcan en versión reducida y encadenadas con otras. Quizás sea el signo de los tiempos, pero creo que es hacer un menosprecio a temas tan grandes como “California girls”, que se merecen una mayor atención. Lo de que se use el playback como apoyo notable a las cantantes es algo extendido ya desde hace muchos años y que es común a muchas divas internacionales del nivel de Katy Perry; a favor de Katy he de decir que me pareció que cantó más en primer plano ella que otras artistas de su nivel y calado, que utilizan el micrófono para no parar de lanzar soflamas y otras cosas en lugar de dedicarse a entonar su voz. Es el signo de los tiempos, por eso a estos eventos casi les podemos llamar más espectáculo que concierto.
Y en lo positivo, mucho más. La extensión del show: siempre está bien y es un detalle que la duración sobrepase las 2 horas. La puesta en escena: buenas coreografías, un hilo narrativo curioso sobre el telón de fondo con la historia propuesta y un vestuario que a Katy le iba como anillo al dedo. En general, que no en este caso para nosotros, también creo que es muy positiva la distribución del escenario y pasarelas para democratizar la visión en primer plano de la artista para todos los asistentes; de hecho, con las interpretaciones aéreas, Katy se acercó también bastante a los asistentes de graderío. Lo dicho, aunque a nosotros, por nuestra situación, nos hubiera venido mejor una puesta en escena más canónica sobre el escenario principal, creo que es mejor para todos lo propuesto por Katy.
Katy Perry está fabulosa físicamente. No ocultó su edad, sino más bien orgullosa dijo que tenía 41 años y muy bien llevados. Está plenamente en forma. Se acompañó de un nutrido cuerpo de baile y en lo musical llevó una formación clásica de un bajista, un batería, una guitarrista y una teclista, si bien gran parte de la música va pinchada.
Fue un espectáculo que mereció mucho la pena. No sé si tendré la ocasión de volver a ver a Katy Perry en persona, ya que desde la última vez que vino a Madrid en concierto propio fue en junio de 2009 (hay prevista una actuación suya en un festival en Rivas para julio de este próximo verano, pero yo soy más de conciertos propios en lugar de festivales) y también pillar entradas para este tipo de artistas resulta bastante complicado, pero en caso de que no sea posible, me quedará un buen recuerdo, muy visual, de todo el show que Katy ofreció en Madrid dentro de este Lifetimes Tour. De este espectro de divas internacionales del nuevo milenio, tras haber visto a Dua Lipa y a Katy Perry, me sigue faltando quizás mi favorita, Lady Gaga. A ver si algún día regresa a Madrid, ya que lleva un tiempo parecido al de Katy sin venir en gira propia por aquí. A falta de Stefani Joanne, buena es Katheryn Elizabeth.
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