martes, 17 de enero de 2017

Concierto La Broma Negra. Madrid (14-01-2017)

Hay ocasiones en que ciertos elementos confluyen y como consecuencia de ello los resultados son particularmente hermosos. En “DMR” admiramos a no pocos artistas y de ello damos cuenta contumazmente desde hace tiempo, pero son escasas las oportunidades de trabar amistad con gente realmente digna de admiración. Por ello y por el mero placer de disfrutar de una velada, en forma de apuesta segura, no podíamos faltar al concierto de la Moby Dick ofrecido por La Broma Negra. Además, le tenía ganas al evento. No pude asistir al concierto de hace un año en el mismo emplazamiento y por la crónica, que en su momento hizo Víctor Prats, y por alguna conversación informal con el grupo, debió ser un recital excelente. Ya les adelanto que hablando con ellos a posteriori, incluso han disfrutado más de éste. Así que calculen. Yo por mi parte, lo voy a decir en corto: disfrute como un enano.
Y eso que la noche empezó con cierto nerviosismo en el desplazamiento hacia la sala. No es mi intención criticar al gremio del taxi, pero en el viaje de ida me tocó un conductor que debía tener el mismo conocimiento de Madrid que yo de Osetia del Norte. Dos veces hubimos de rectificar nuestra delirante trayectoria para acabar llegando un poco más tarde de lo previsto. Felizmente arribé, aun así, con el suficiente tiempo para aposentarme en el asiento que requiero (cuando esté capacitado les aseguro que bailaré break dance, twist y capoeira al mismo tiempo).
Y llegó el momento de la verdad, de poner las cartas boca arriba. A eso de las 21:40 o 21:45 el grupo comienza a saltar a las tablas. Ya saben que, si conocen al grupo, el componente visual, entendido como atuendo, es muy importante en ellos. En esta ocasión fue un poco más sobrio que en la cita en Siroco, pero también digno de mención. En el caso de Carlos y Alex fue similar a la anterior ocasión, pero menos recargado; más adelante Carlos dejaría traslucir una mezcla de peto y falda; además llevaba la cara tiznada de hollín (o eso me pareció) y una gorra. David Infantes fue el más elegante, vistiendo camisa blanca, gafas de sol y sombrero (¿Borsalino?, no soy ducho en sombreros), mientras que Laura Pérez representó la parte gótica, por así decirlo.
Vamos a la música. Preliminarmente diré dos cosas. Por un lado este humilde cronista no tuvo posesión ayer de los mejores instrumentos para retratar la parte eminentemente gráfica de la noche, por lo cual nos disculpamos. De todos modos los vídeos son más resultones. Por otro lado, ciñéndonos al tracklist, decir que fue un concierto bien compensado tanto en la representación de discos como en la inclusión de temas clásicos o bien inesperados. El fuego se abrió con los lúgubres acordes de “Los pies de los santos” (también inicio de su, hasta ahora, último disco). Su quieta intensidad fue un buen paso para zambullirnos en lo que habría de ser el concierto. Como curiosidad señalar que Laura Pérez portó una máscara blanca durante esta primera incursión, lo que añadía inquietud a un tema ya bastante oscuro. Si el show hubiera tenido lugar el día anterior hubiera sido una carambola, por aquello de “Viernes 13” y el abyecto enmascarado Jason Voorhees.
La siguiente en caer fue un clásico de la banda, “Sonetos”, con el cual no se equivocan nunca y sirve inmejorablemente para meter al público en el bolsillo. Si hubiera que poner una mácula a la actuación fue algún problema técnico con la guitarra de Álex, que de hecho hubo de dejar de tocar durante casi toda esta canción para subsanarlo. Nada que empañe demasiado la actuación; en esta ocasión viene pintiparado decir aquello de “son cosas del directo”. Vuelven a la carga con “La enfermedad del beso” con la incidencia solucionándose y añadiendo cotas de contundencia.
El siguiente momento fue uno de mis predilectos de la noche, y está recogido en una grabación, y me refiero a “Su decisión, mi capitán”; una de mis favoritas de “Desilusiones De Grandeza” con sus estrofas tranquilas y vibrante estribillo. Cambiamos de disco pero no bajamos de nivel con la magnífica “Tos de medianoche”, canción muy del gusto del staff de DMR en nuestras conversaciones informales
La intro hablada sobre cantos albaneses corrió a cargo de Álex. Si hacemos recapitulación de lo habido hasta ahora notaremos que ya ha habido representación de todos los discos a partir de “Joyas De Princesas Muertas” y la cosa daba la impresión de ir a más. Siguiente paso: otro clásico, “Balas para matar el tiempo”, una de las canciones que eché de menos en Siroco y, por lo tanto, un reencuentro para mí. Buen momento pop. Acto seguido Carlos se dirige al público para preguntarnos por nuestras navidades y en consecuencia, por la alusión a estas festividades en la letra, sonó “Ten misericordia de nosotros”, una de las habituales de la época “Pre Joyas” (por llamarla de algún modo). Sin duda el repertorio iba enriqueciéndose y la banda se iba asentando cada vez más.
“Mientras ella cerraba las cortinas”, volviendo a su último álbum, se encargó de dar continuidad a la tensión emocional con una de las interpretaciones más sentidas de la noche. También pudimos disfrutar de la entrañable “Los niños de Dickens”, sin duda también bella. Más peculiar fue la ejecución de “Nuestro amor destruirá el mundo”, que tuvo un enfoque bastante distinto al de “Déjanos La Luz Encendida”, reduciendo o prácticamente eliminando la feroz parte de guitarra y mostrando un momento de danza de Laura Pérez, sirviéndose para ello de unas alas de plástico. Sin duda fue un matiz sorprendente y un ejemplo de interesante reinterpretación.
Tiempo, después, para ese vals oscuro y un poco vitriólico de “Los últimos días católicos” cuyo estribillo da pie para la entonación teatral de Carlos e incluso para el ademán de brindis de algunos del público en el momento en que la letra anima a brindar. Todo esto precedió a uno de mis temas favoritos del grupo: “Nieto de maestro de escuela” y es emocionante que en el trasvase del disco al directo no se dejen ni una gota de esencia. Sin duda uno de los momentos de la noche. Siempre será una buena elección. Tras ello uno de los temas clásicos de los conciertos de La Broma Negra: “Los muertos”. Momento solemne y plenamente disfrutable, cuya distintiva e instrumental parte final fue llevaba a cabo de forma distinta a otras. En esta ocasión Carlos, en lugar de abandonar el escenario, se hace con los mandos de la percusión, iniciando Laura una danza en la que, dicho sea de paso, se despoja de parte de su atuendo llevando a partir de entonces una indumentaria mucho más transparente. Un momento sorprendente y llamativo. Uno de los singles de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra”, recoge el testigo. Se trata de “Las chicas del Corte Inglés”, que puede convertirse en un pequeño clásico y que creo que hace un año, en Moby Dick precisamente, no cayó.
A ojo de buen cubero debíamos llevar ya la mitad del evento y en ese momento Carlos se dirige, algo que no le había visto hacer en otras ocasiones, hacia el público para inquirir si teníamos alguna petición. El respetable pidió varias, la mía personal fue “Duelo a primero sangre”; excelente pop que nunca les he escuchado en directo (si esto lo está leyendo la banda, solicito amigablemente que la barajen para otras ocasiones). No sé si Carlos tomó nota de algo (recuerdo que Morrissey a veces hacía preguntas similares) pero el caso es que sonó “Fantasma”. Cita también ineludible, pero no por ello menos agradable. Todo lo que esté relacionado con Edgar Allan Poe está condenado a gustarme. Y ayer, para no perder la costumbre, sonó de cine.
Una canción que siempre cae últimamente y se va haciendo un hueco en los conciertos es “Heridos”, teniendo en cuenta sobre todo la potencia del estribillo y el descollante trabajo de percusión que una vez más fue llevado a cabo por Laura Pérez, en forma de trepidantes redobles. Tras esto nuevamente Carlos se dirige brevemente al público (yo diría que estuvo más comunicativo que otras veces) para decir que el siguiente tema que sonará “hace años que no lo tocamos”. Tras el breve intríngulis de tratar de adivinar la canción, comenzaron los acordes de “Nunca se quiere demasiado a alguien”, buen medio tiempo melancólico de ese gran disco que es “Joyas De Princesas Muertas”. No es mala idea haberla rescatado, sobre todo cuando posibilita nuevas semblanzas de La Broma Negra en directo.
Recuperamos brío con “Virginia en los infiernos” para volver a la melancolía en forma de otro medio tiempo de “Joyas De Princesas Muertas”: “Me vas a hacer llorar”, de un corte y sensaciones muy parecidas a “Nunca se quiere demasiado a alguien”. De la tristeza pasamos a un ritmo mucho más cortante y combativo con “Señor danos la victoria” canción suficiente para levantar ánimos y gente de los asientos y, recordemos, muy buen comienzo de “Desilusiones De Grandeza”.
“Cenicienta”, el siguiente paso, mantuvo el tono alto, bailable, animado. A estas alturas la banda toca con esa convicción que mantiene al público en el estado de hipnosis colectiva propio de los buenos conciertos. Era la hora de pisar el acelerador. Y suponía, por lo tanto, el momento perfecto para que “Los cuerpos celestes” hiciera su aparición rindiéndonos con su magnífica y barroca épica. Y nosotros asintiendo encantados. Por su parte Laura volvió a coger sus alas para ejecutar una performance danzante, ya clásica de este corte.
Para que el ritmo no decayese La Broma Negra acertó tocando “Protege tus secretos” (momento que grabamos), uno de los mejores temas de “Desilusiones De Grandeza” y personalmente uno de mis favoritos de la banda. Sonó tal cual es; arrebatadora. Tras esto el grupo abandona el escenario…

Y para gran sorpresa mía, a sabiendas de que no es costumbre de La Broma Negra hacer bises, poco después vuelven a hacer acto de aparición para proseguir con el show. Sea como fuera, esta continuación del tracklist principal comienza con una canción no demasiado común: “Envenenador de manzanas”, una de las sorpresas de la noche y que aporta una dosis de oscuridad electrónica, muy propicia para los fans de Depeche Mode. Acto seguido, llegó la canción definitiva del concierto para el despendole, el baile y el desvarío. Hablamos de la llamativa “Franco tenía un polvo”, uno de los buques insignia de “Amigos, Temo Que Ya No Estemos En La Tierra” que con sus aceradas bases electrónicas a toda piña, dispararon el ambiente. Y sin embargo quedaba todavía el que habría de ser el broche al evento: “El descanso de los bañistas”, punto final de “Déjanos La Luz Encendida” y también de la noche de ayer. Canción de estribillo muy cantable y buen remate de la faena.
Conclusiones a sacar de ayer. Varias. La confirmación, por ejemplo, de la senda óptima que viene siguiendo La Broma Negra desde su reconversión en cuarteto. Sin duda el mayor empaque y versatilidad del show lo hacen mucho más sólido y divertido. Divertido para todos, para ellos y para nosotros los espectadores. Digamos que la multiplicidad de ingredientes ha mejorado (valga el símil culinario) el guiso. El desempeño de ayer fue el acostumbrado en nuestros amigos, la desenvoltura teatral (en el mejor sentido de la palabra) y el desparpajo de Carlos, la sobriedad y buenos toques de guitarra de Álex, el sentido más orgánico que David da a la electrónica de las canciones y la contundencia en las percusiones y encanto visual de Laura a través de sus performances.
Yo personalmente noté que Laura estaba más presente en los coros que en otras ocasiones, sin embargo hablando con ellos tras el concierto curiosamente me dijeron que no lo percibieron así y que por lo tanto ni mucho menos fue premeditado. Lo que sí me dijeron, relacionado con esto, fue que (¡alerta de spoiler!) la voz de Laura tendrá más peso en el disco que están cocinando. El ambiente, por su parte, también estuvo a la altura. Fue fácilmente comprobable con solo un vistazo alrededor percibir que el aforo era más que razonable en lo cuantitativo y satisfecho y conectado con el grupo en lo cualitativo. Otra conclusión fue que siempre La Broma Negra tiene un as en la manga para sorprender, ya sea a través de canciones inesperadas como “Nunca se quiere demasiado a alguien” o “El envenenador de manzanas” o aspectualmente, etc. En la vida podrán ser tediosos. ¿No hacía mención Carlos con bastante sorna en “Hay más de una forma de provocar un incendio” a esos artistas que al cantar parece que piden perdón? La Broma Negra no hace eso.
Un buen colofón fue el “postconcierto”, donde pude hablar brevemente con los componentes de la banda. ¿No es una suerte y un privilegio poder intercambiar impresiones del concierto con los propios ejecutores? Es una forma magnífica de calibrar y ponderar cómo fue la noche. Se les vio contentos, ya dije al inicio que Carlos incluso se divirtió más que en el de hace un año (yo no puedo comparar, qué más da. No les conozco un concierto malo). Tan satisfecho y en sintonía me encontraba que decidí darme una alegría en el pequeño puesto de merchandising, lo cual me dio la oportunidad, por cierto, de conocer a las parejas de Álex y Carlos (encantadoras ambas). Bonito detalle tuvo Álex también al regalarme el tracklist del concierto. Como les urgieron a recoger los instrumentos, etc., nos despedimos, yo por mi parte satisfecho de ver una vez más a nuestros amigos.

Texto y fotografías: Mariano González.

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