viernes, 27 de julio de 2012

Concierto Billy Idol. Madrid (19-07-2012)

Recuerdo la primera vez que escuché “Rebel yell” en directo en la sala La Riviera. Fue en otoño de 2001, en un concierto en el que los Sôber eran los teloneros, y unos desconocidos parciales aún para el gran público. Pero no fue en aquella ocasión Billy Idol el encargado de interpretar ese clásico de su repertorio, sino que los encargados de ello fueron los HIM de Ville Valo, con esa dignísima versión que tanto tocaban a comienzos de milenio en sus directos; no me imaginaba que más de una década después, repetiría la experiencia de escuchar ese trallazo en el mismo lugar, pero en esta ocasión ya sí de la mano de su autor original, el leyenda y mito Billy Idol.
Según se comenta por ahí (yo realmente no lo sé), este punk rocker británico no había pasado todavía en su dilatada trayectoria por Madrid; no sé si en los años 80 el caso de Idol era uno de esos que no encontraba un aforo a su medida en la capital (quizás le venía demasiado grande un Palacio de los Deportes o una plaza de toros de Las Ventas y demasiado pequeña la Rockola y otras salas). Por tanto, Billy se propuso 3 décadas después de iniciar su trayectoria más allá de Generation X, saldar la deuda pendiente enorme que tenía con la capital española.
Quizás el asunto del precio iba ligeramente subido (37,90 eur. el precio final con las consecuentes comisiones ya cargadas), pero lo que se podía intuir un llenazo y un agotamiento de los tickets con semanas de antelación, se vino abajo debido a una promoción casi nula (de hecho yo me enteré por casualidad, ya que no he visto ni un solo cartel del concierto y ni siquiera aparecía en el listado de actuaciones de las taquillas de entradas del tablón de Fnac Callao; así mal iba a ir la cosa). Todo esto se vio más claramente cuando una web de estas de ofertas de última hora, sacó una durante el fin de semana anterior en el que podías sacar la entrada con un 40% de descuento sobre el precio inicial citado entre paréntesis líneas arriba… Por ejemplo, con ello y debido a que tenía un bono de haber hecho otras compras en esa web, mi novia consiguió la entrada por 11 euros (toma jeroma). Pero bueno, esto es una disertación y discurso algo estúpidos; lo menciono porque me gusta comentar todo y cuando pasa el tiempo y releo mis crónicas (lo cual les confieso que hago) recuerdo la experiencia mejor. Pero, vamos, que yo estoy encantado de haber pagado esa cantidad por Idol, y, visto lo que vi y vivido lo que viví, volvería a pagarlos. Un primer plano de Billy abajo.
Llegamos a la sala poco después de las 20h y por primera vez me pasé por las taquillas de La Riviera antes del concierto, ya que la entrada a precio amigo teníamos que recogerla ahí. Se respiraba en los aledaños claro regusto rockero añejo entre la gente que pululaba en los exteriores. Entramos a continuación y ya había mucha gente congregada en las primeras filas, pero conseguimos situarnos donde me gusta estar, es decir 6ª fila hacia la izquierda del escenario según miras. Pudimos hablar con algún asistente que iba solo por su cuenta, tras establecer contacto con él al intercambiar opiniones en el control de entrada sobre el hecho de no poder pasar botellas de agua al interior. Sobre las 21.10h y con una música de ambiente que experimentó una subida del volumen en bases rítmicas, fueron saliendo a escena los músicos, llegando en penúltimo lugar el escudero de Idol, el mítico guitarrista Steve Stevens y luego el propio Idol, para que el público enardeciera totalmente.
Apostaba yo por “Come on, come on” de su primer disco en solitario o “World’s forgotten boy” de “Whiplash Smile” como apertura del concierto, pero fue “Ready steady go” del primer disco de Generation X la canción que Idol eligió para que siguiera el éxtasis que su mera aparición en el escenario provocó en los que allí acudimos. Lo que no nos imaginábamos es que justo a continuación sonara “Dancing with myself”. Este gran clásico de su discografía, bisagra entre su etapa con Generation X y su carrera en solitario, el cual es un claro as para el final de uno de sus conciertos, no se lo quiso reservar para el final. Abajo un tandem sólido del rock, Billy Idol y Steve Stevens a la guitarra.
Yo lo estaba grabando en formato video al 100% con mi cámara, para tener un buen recuerdo en mi pc y de paso ponérselo aquí, pero una tía que se puso delante nuestra, le dio un manotazo a la cámara abriéndose la tapa de la tarjeta y batería, perdiéndose todo lo que se había grabado (pasó al final de la canción). Eso es algo asumible en un concierto de rock, pero, en este caso en particular, me jode sobremanera, ya que la tipa de marras se puso delante nuestra habiendo llegado claramente más tarde, con la mala estrategia de ir como oteando a ver si veía alguien que en realidad no existe y se apalancó ahí delante nuestra, reduciendo además nuestra amplitud alrededor. Con esto, de “Dancing with myself” no les puedo dejar video, pero sí que les intercalaré algún otro que grabé (curiosamente todos del disco “Rebel Yell”). Vean en la siguiente imagen a Idol con la guitarra acústica.
Fue sorprendente y no me esperaba para nada “Dancing with myself” en esos primeros compases. Más asumible era otra cosa que paso a comentarles. Steve Stevens con un foco de luz iluminándole en exclusiva, se avanzó al frente del escenario y soltó un par de arreones de guitarra que ya me pusieron en sobreaviso de que en el 4º lugar del set list llegaba el turno de uno de mis temas favoritos de Billy Idol. No me equivocaba, ya que tras ese aviso de Stevens comenzaron a hacerse claros los sonidos de “Flesh for fantasy”, canción que tenía más o menos claro que no podía faltar y que sonó a la perfección. Los gritos de “Flesh” por parte de la audiencia, hicieron temblar el techo de La Riviera. No decepcionó para nada “Flesh for fantasy” en directo, al igual que tampoco lo hizo ninguno de los pasajes de su discografía escogidos por Idol en la noche del pasado jueves 19 de julio de 2012. Para que lo comprueben, malamente debido a la calidad de mi cámara, les dejo el video que grabé.
Aviso que a lo largo de la crónica no voy a seguir un orden metódico y escrupulosamente cronológico, sino que iré a mi manera comentándoles los momentos más relevantes o notorios. Por ejemplo, pudo en parte dejar en fuera de juego a más de uno que “Hot in the city”, con su cierto pachangueo, sonara y lógicamente (como yo pensaba que sucedería en caso de que fuera elegida) Idol hiciera un juego de palabras con la letra de la canción y el nombre de la ciudad donde estaba tocando con el inevitable “Hot in Madrid tonight”. Curioso ver a Idol con una camiseta suya enfundada en el tramo final del concierto; aprecienlo en la siguiente imagen.
Algo que me gustó mucho es que entre las canciones que Billy Idol seleccionó para este concierto, no se dejó ni una de las que más me llegan de él. Ya les he comentado que sonaron “Dancing with myself” y “Flesh for fantasy” en los primeros compases, pero tampoco fallaron “Sweet sixteen” y “Eyes without a face” en la parte media del concierto y en los bises o parte final “Rebel yell”, “White wedding” o “Blue highway” (de la que en particular dudaba mucho de su inclusión). En “Sweet 16”, Idol se amarró la guitarra acústica y nos regaló esa interpretación tan íntima y sentida que pudo sorprender a propios y a extraños en 1986 cuando vio la luz.
También me trastocó la quiniela del set list que “Eyes without a face” sonara relativamente tan pronto; no la veía como para que formara parte de un bis, ya que suponía que Idol quería terminar el concierto con una traca final arrolladora de intensidad, como así fue, pero me la imaginaba justo antes de los bises en el cierre de la parte troncal del show. Sin embargo, y tras unos instantes en los que Billy se ausentó del escenario para cambiarse creo que por primera vez la parte superior de su vestimenta, saliendo a escena con una camisa blanca desabrochada, comenzaron a sonar esos sintetizadores tan particulares y Billy comenzó a luchar contra la mesa de mezclas para que se escuchara su voz, cosa que fue uno de los puntos flojos de la noche, ya que en muchas ocasiones a Billy casi no se le escuchaba por estar muy bajo el sonido de su micro en la mezcla. “Eyes without a face” sonó muy relajada, mucho más de lo que suena en su versión original y Billy se daba lentos paseos por el escenario mientras que nos regalaba el placer de poder escuchar en directo uno de los mejores temas que estimo se editaron en la primera mitad de los años 80.
Como les he mencionado ya, no las tenía todas conmigo en el asunto de que “Blue highway” formara parte de la fiesta. Está claro que es un tema épico, vibrante, acelerado y perfecto para un directo, pero quizás podría ser la que más papeletas tuviera para quedarse fuera ante una parca selección de temas de “Rebel Yell” que hubiera sido la formada por la canción título, “Eyes without a face”, “Flesh for fantasy” y “Do not stand in the shadows”. Pero cuando ya se alcanzaban la hora y 45 minutos de concierto, más o menos, empezó a sonar este gran tema de “Rebel Yell”, justo cuando ya estaba empezando a dar por perdida su escucha en esa noche de punk rock de excelente calidad. No decepcionó lo más mínimo su toma en directo y los riffs de guitarra de Steve Stevens hicieron las delicias de la sala con esta canción, mientras que Idol parecía despedirse del público con los gestos que hacía. Por fortuna y por lógica (ante lo que no había sonado aún), quedaba más. Vean a continuación el 2º video que les dejo de los que grabé en esta irrepetible noche que les estoy comentando.
Y es que a priori me había imaginado un concierto de hora y media de duración, pero viendo que a la hora y 45 minutos no habían sonado aún “Rebel yell”, “White wedding” y “Mony mony”, se podía intuir que la cosa superaría las 2 horas. Y así fue, 2 horas de concierto que dispuso esos 3 trallazos en el tramo final. Si bien yo hubiera alterado su orden y no hubiera terminado con “Mony mony”, sino con “Rebel yell”; de esa forma Idol hubiera conseguido cerrar el show de forma arrolladora y muy emocionante. Lo primero fue “White wedding”, que en sus primeros compases parecía que iba a ser tocada en formato acústico con Steve Stevens e Idol en el escenario. En ese sector sonó realmente interesante la toma, ya que con la única aportación instrumental de las cuerdas de Steve, el asunto sonaba fenomenal. No obstante, el resto de la banda se sumó a la mitad para ofrecernos “White wedding” con toda la carne en el asador. Intuirán los que no acudieron que el “start again” fue un grito unánime demoledor en La Riviera. Así fue, realmente increíble. Luego se presentaría la si cabe más abrasiva “Rebel yell”. Otro tanto de lo mismo pasó con el repetido “more” que incluye la letra en su estribillo. Hubiera sido el final perfecto de concierto, pero Billy prefirió cerrar con “Mony mony”.
No obstante, dentro del concierto hubo lugar para que Idol recuperara algunas canciones de Generation X y otros muchos pasajes de su discografía posterior a 1986. Al final del concierto, a la salida de La Riviera nos encontramos ni más ni menos que con Carlos Caballero y Álex Gómez, es decir, el grupo La Broma Negra, que con buen criterio no quisieron perderse la cita. Estuvimos hablando más de una hora del concierto, de música y de la situación actual del grupo en estos momentos y fuimos acordando la realización de un programa con ellos en nuestra 4ª temporada, e incluso no descarten que participen en algún coloquio como contertulios. La próxima foto muestra a Idol al borde del escenario de cluquillas, agasajado por los brazos de sus fervientes seguidores de las primeras filas.
Entre esas cosas, la banda de Idol, incluido Steve Stevens se metieron en los enormes autobuses de cristales tintados atravesando un pasillo creado por los gorilas de seguridad que protegieron su integridad ante los más o menos 60 o 70 espectadores que estaban aún en la salida de la sala. A Idol no le pudimos ver, supongo que para suplir esa ausencia por su parte, de ahí vino que lanzara en mitad del concierto platos de plástico firmados por él al público (con la enorme suerte que uno le cayera a mi novia) e incluso repartiera set lists firmados por él, en un gesto que me evocó claramente a Falco en el video de “Rock me Amadeus” cuando se pone a repartir partituras; si han visto el video que les he insertado de “Blue highway” lo habrán podido comprobar. A continuación de ver cómo se marchaba en el autobús la banda de Idol, nos despedimos y nos volvimos a casa.
Llegando al apartado de conclusiones, hay que puntuar o valorar al concierto de Idol como más que satisfactorio. Es cierto que tanto a La Broma Negra, como a mi novia, como a mí, nos pareció que el concierto se pasó algo de duración. Quizás el hecho de distribuir de forma tan dispersa los hits, creó la sensación de que antes de que llegáramos al tramo final, más o menos hasta que sonó “Blue highway”, se afrontara una parte algo pesada. Aún así, el resultado es muy bueno. Idol no se dejó nada, ya que quejarme de que “Come on, come on” o “World’s forgotten boy” no sonaran, sería ser demasiado puntilloso. Para el que quiera echarle un ojo, les dejo a continuación una foto que saqué a un set list de esos que Billy Idol amablemente repartió entre la gente que estaba en las 2 primeras filas.
A Billy se le ve en perfectísima forma. No está para nada fondón y a sus 57 años está estupendo. Su cara tiene muchas marcas de expresión, algo normal en un punk rocker que tantas muecas ha realizado a lo largo de su historia, y no faltó para nada ese gesto del labio torcido en la parte superior hacia un lado, tan característico de su imagen. En definitiva, y con su actual edad, pudimos ver clarísimamente al Billy Idol que llamó la atención de Tino Casal a comienzos de los 80 cuando aún formaba parte de los Generation X para que este asturiano le dedicara la canción “Billy boy”.
Es preciso hablar de Steve Stevens, que siempre ha sido el 2º de a bordo de Idol. Dio una clase magistral de guitarra de rock, tocando en distintas poses, con la guitarra en la nuca e incluso en el tramo final tocando con la boca. Sin él, el sonido de Idol en directo está claro que no sería el mismo. Steve, al margen de su gran trabajo como guitarrista, es un claro icono del rock de los 80, con ese cardado inconfundible de su morena cabellera. El caso es que el asunto del pelo se mantiene (no sé si será natural o postizo), pero en el aspecto de su cara Steve cada vez se parece más a Ron Wood de los Rolling Stones y se le nota más el paso del tiempo en su rostro, aunque no tanto en su delgado y menudo cuerpo, ataviado para la ocasión con unos pantalones a rallas negras y blancas. Stevens hizo gala de muchas guitarras llamativas, quizás la que más esa cuyo mástil se iluminaba con luces azules. Tocó inmejorablemente bien y fue en el plano instrumental el director de la orquesta rockera para que todo sonara con la precisión, intensidad y arrollamiento que tiene la música de Idol. El resto de músicos estuvieron muy bien, sin querer robar el protagonismo a Idol y Stevens, los claros ídolos de la noche; solamente el batería, llamativo por su torso completamente tatuado, se anotó en los bises un solo de batería bastante bueno. ¡Cómo se ve disfrutar a Steve Stevens con su guitarra eléctrica en la siguiente fotografía! ¿Verdad?
Idol se despidió del público ya una vez terminada la música de la última canción “Mony mony”, con sus músicos alineados con él al frente del escenario y nombrándose en último lugar diciendo “…y en la guitarra Billy fucking Idol”. El público soltó su última gran ovación y Billy se fue completamente emocionado de la respuesta que tuvo su primer concierto en Madrid (quizás cayó en la cuenta de la de actuaciones como ésta que podría haber dado en sus 30 años anteriores de carrera). Y es que Idol se lo pasó en grande cuando el público coreaba el clásico “Oe, oe, oe, oe” y en el tramo final no escatimó a la hora de ser amable al dirigirse a los que al final casi llenamos La Riviera (aunque no se agotara el papel) y con Madrid y España en general.
Mereció la pena la espera eterna para poder ver a Billy Idol por primera vez en Madrid, ya que a su edad su aspecto y actitud sobre el escenario son aún dignísimos y sus canciones siguen funcionando perfectamente en directo. El año pasado por estas fechas taché a otra artista individual paradigma del mundo del pop y en especial de los 80 como fue Cyndi Lauper, y ahora tacho a Idol de mi lista particular de “pendientes de ver en directo”; a bote pronto, me queda por ver a U2, Ultravox (malditos, que ahora que tienen nuevo disco no han incluido a España en su gira... Me temo que aparezcan por el Sónar de las narices el próximo año), New Order y Morrissey (al que solamente escuché, pero me atreví a ver). Había un disco de la historia de Billy Idol que se llamaba “Vital Idol”; haciendo un juego de palabras, cierro la crónica de este concierto vivido el pasado 19 de julio de 2012 en La Riviera diciendo sencillamente: Brutal Idol.

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