sábado, 25 de julio de 2009

1986 The Housemartins - London 0 Hull 4

A raíz de un comentario de un lector habitual en los últimos tiempos sobre el post de hace 14 días, he decidido que esta semana nuestra recomendación musical esté encuadrada dentro de la misma localización geográfica, perteneciendo el grupo a la misma ciudad de origen, Hull, que los revisados Everything But The Girl. Sin embargo, el cambio de estilo entre los discos revisados de cada banda, es más que evidente.

The Housemartins es una de esas formaciones de fugaz trayectoria, la cual abarcó únicamente 2 discos de larga duración, y que tras su desmembración, dio lugar a proyectos más que interesantes por parte de varios de sus componentes, con bastante éxito en algunas ocasiones, y en todas con una más que aceptable calidad.

Este cuarteto, con aspecto físico de hooligans medianos de la selección inglesa de fútbol (véase el video de “Happy hour”), se ha visto definido en algunos foros e incluso en algunos recuadros informativos de tiendas de discos, como la versión alegre de The Smiths cuando estos últimos se ponían algo tristes o melancólicos. Parte de razón no les falta, básicamente por la concepción musical de los mismos y la confección de sus canciones en base a bajo, guitarra, batería y como mucho piano, dejando de lado los elementos electrónicos.

Entre 2 obras muy acertadas que editaron, me he decantado por la 1ª entrega, que es más luminosa y animada, dentro de esta tendencia veraniega que inicié semanas atrás. El disco “London 0 Hull 4”, de título con claras referencias futboleras, es igualmente una obra de larga lista de canciones, 16 al igual que la semana pasada, pero muchas son composiciones ligeras de alrededor de 2 minutos de duración, lo cual confiere en ocasiones un ritmo frenético a la obra.

Antes de nada, hagamos referencia a la formación de la banda, la cual estaba liderada por el cantante Paul Heaton, secundado por el actualmente conocido como Fatboy Slim Norman Cook, encargado del bajo en aquellos tiempos, el guitarrista Stan Cullimore y el batería Hugh Whittaker. Sin más rollo previo, que tampoco puede ser mayor por la corta historia de la banda, pasemos al listado de canciones, que como he comentado es extenso.

Uno de los himnos irrefutables de los años 80, aunque a un 2º nivel, es “Happy hour”. Descripción humorística de situaciones en los pub, alegría y despreocupación alrededor de unas buenas pintas o copas, con algún que otro flirteo subido de tono, es lo que se describe en esta letra, que viene a inmortalizar el agudo tono vocal de Paul Heaton. Los coros también son parte muy importante de las composiciones de la banda y aquí con ese “es la hora feliz de nuevo”, queda más que patente. La conjunción de la guitarra eléctrica y las notas de la acústica, junto al vértigo del bajo de Cook, generan una melodía trepidante, bailable, feliz, alegre y en definitiva una joya pop. Se dispuso de un clip, con los componentes del grupo escenificando esa salida del trabajo y el acceso al pub cercano a descargar tensiones laborales. También se incluían unas animaciones con figuritas de plastilina de los componentes y los otros clientes del bar, con un toque entrañable, infantil y divertido. Para mayor regocijo, al final del video se alude que “el partido” ya iba 0-2 a favor del Hull al descanso. “Get up off her knees” continúa la senda alegre que ha dejado “Happy hour”. Esta especie de rockabilly pop suave, será el estilo que mejor domine en su trayectoria la formación de Hull. Los animados coros vuelven a estar bien presentes, enfatizando el vitalismo con el que Paul afronta la canción. Sin embargo, dentro de The Housemartins, hay lugar para cortes de sonido menos luminoso, más solemnes y de carácter menos amable; un ejemplo de ello es la 3ª canción del listado “Flag day”. Es a su vez de las canciones más largas de duración de la obra. Aquí, el elemento de los coros sigue presente como signo identificativo de la banda. Es curioso que fuera uno de los primeros sencillos de The Housemartins, al que no le fue muy bien en la lista de los más vendidos. “Anxious” es un tema más animado y vitalista, dentro del estilo habitual del grupo; quizás de las que menos pegada tiene y de las más evidentes. Existen mejores ejemplos sin lugar a dudas. “Reverends revenge” es una corta instrumental, que en sonido se parece mucho a “Get up off her knees”. Menos de 2 minutos para confeccionar otro tema trepidante. La alegría continúa de la mano de “Sitting on a fence”, que tiene un comienzo de guitarra muy cercano a “Happy hour”. Destacan algunos falsetes exagerados que mete por ahí Paul Heaton, con su más que aguda y personal voz. Hay alguna parte en la que la línea rítmica de la guitarra decae ante un ritmo machacón de percusión. Como pueden comprobar la tónica general es el ritmo y el pop alegre, con el único inciso de “Flag day”. Proseguimos ahora con otro de los sencillos del disco, la acertada “Sheep”. Perfecto y rítmico momento pop que allanaría el camino a “Happy hour”, para que ésta última pudiera conseguir trepar al 3er. puesto en las listas de los sencillos. Básicamente, The Housemartins, tienen casi siempre un sonido muy parecido y lo que hace más o menos acertada a una canción son esas entonaciones más o menos pegadizas y resultonas. Aquí, con ese estribillo tan marcado, se consigue un producto final muy reconocible dentro de la historia del grupo. Prosigue la menos acelerada “Over there”, siendo uno de los momentos menos destacados y más aún al situarse después de “Sheep”.Se da paso ahora a uno de esos instantes reflexivos en el sonido (y en este caso también en el título), que tiene de vez en cuando la banda, “Think for a minute”. Es un momento lento tras tanta guitarra rítmica resultona y reluciente. El grupo nos pide insistentemente en el estribillo que “pensemos un minuto, paremos por un minuto” y de hecho lo haremos durante algo más de 3 minutos. Se trata de una de las canciones más recordadas o destacadas dentro de los recopilatorios del grupo. Viene bien encontrarse algún tema de este registro, para dar variedad al disco. De hecho se vuelve a la carga a continuación con una de las rimas más pegadizas, y ya es decir, del disco. “We’re not deep”, incluye algunos coros vocales simples, destacando ese estribillo “y sé, sé lo que piensas de mi. Pensamientos como éstos se quedan en casa, para ti no somos profundos”. Turno para uno de los elementos más alejados del conjunto global de la obra. “Lean on me” es una balada a base de notas de piano clásico con un inspirado Paul Heaton en las voces pidiendo constantemente, a ratos desgañitándose, que “te apoyes en él”. Tras esta pieza única en el disco, volvemos a las formas habituales y alegres de la mano de “Freedom”. En lo instrumental, sin embargo, el ritmo es menos trepidante, destacando en lo vocal un sarcástico Paul, tanto en su entonación como en la letra que canta; siempre me ha hecho mucha gracia esa resignación en el estribillo “Así que esto es libertad (deben estar de broma)”. Deben estar de broma (si piensan que es verdad). Así que esto es libertad (dudo de su verdad). Así que esto es libertad (para ti y para mi)”. En la parte instrumental mediada la canción, entran con energía la guitarra eléctrica, confiriendo una fuerza especial a la canción. Hay todavía sitio para otra balada, aunque alejada del sonido de “Lean on me”. “I’ll be your shelter (just like a shelter)”, comienza con notas de piano igualmente, pero la crecida de intensidad que mete Paul en la parte del estribillo, cargado de emotividad, le da un toque muy distinto. También ya entrado el minuto de la canción, entra con fuerza la batería y el resto de instrumentos, aunque la producción sigue poniendo de relieve las notas de piano. Los coros, muy cercanos al gospel más puro, confieren por otro lado la principal marca de distinción de esta versión que hizo la banda. “People get ready” es uno de los cortes vocales de la banda, creando música sirviéndose únicamente de sus voces como instrumentos. Aceptable adaptación de una composición de Curtis Mayfield. No será el único ejemplo que nos encontraremos, habrá tiempo para otro más. Ahora, entre medias, se nos mete una alegre instrumental titulada “The mighty ship”. Las marcas de sonido principales de la banda cuando se ponen alegres siguen presentes, es decir, guitarra rítmica brillante con una buena base rítmica, y aquí además destaca sobremanera la armónica, que hace las veces de la ausente voz de Heaton. “He ain’t heavy, he’s my brother”, es la otra pieza vocal, adaptando una canción de The Hollies, que no sería la única que nos encontraríamos en el período que estuvo activa la banda. De hecho, posteriormente “Caravan of love” les reportaría su único nº1 en las listas de los singles más vendidos. The Housemartins, de forma muy valiente pondrían de moda el grupo vocal estrictamente en los años 80, siendo ésta quizás la época menos favorable a priori para esos experimentos. El resultado de “He ain’t heavy, he’s my brother”, es simplemente extraordinario. Excelente forma de finalizar un más que recomendable lp.

The Housemartins se postularon con su disco de debut como una de las bandas más prometedoras que saltaron al ring en 1986. Su decisión de no hacerse valer de elementos electrónicos y aún así, conseguir crear canciones pop, alegres y bailables, supusieron un soplo de aire fresco entre tanta explosión de pop de sintetizadores por aquel tiempo (Pet Shop Boys, Erasure etc.).

Sin embargo, y lejos de lo que se podría esperar, la banda duró un añito más y tan solo firmó otro trabajo de larga duración de largo título “The People Who Grinned Themselves To Death”. Menos inmediato y menos largo que el disco hoy revisado, también tenía verdaderas joyas enérgicas como “We’re not going back” o la lenta y deliciosa “Build”, que pone fin a ese disco de 12 canciones.

Tras esto, Paul Heaton formó The Beautiful South y Norman Cook conseguiría dar forma a proyectos bastante interesantes dentro del acid jazz como Freakpower a mediados de los años 90 y a finales de siglo tocó techo con su proyecto electrónico como Fatboy Slim. Qué lejanos quedaban los tiempos de bajista al frente de The Housemartins.

En el terreno personal, decirles que conocí a la banda a través de aquel programa de la cadena Vh1, que se llamaba So 80's, viendo los videos de “Happy hour” y del citado único nº1 de la banda como sencillo, “Caravan of love”. Posteriormente, en noviembre de 2001, me atreví a comprarme su extenso y completísimo recopilatorio “Now That's What I Call Quite Good”. Y nuevamente nos encontramos ante un título muy correcto y definidor de lo que contiene.

La mayoría sabrá desde el artículo de introducción del presente blog, que no tomo en serio para nada a los recopilatorios, ya que los veo como un ejercicio comercial, y los considero un simple amago de inicio para luego acceder al resto de la obra de un grupo. Pero en este caso, les diré que por la cantidad de caras “a” y “b” de los singles que editaron la banda al margen de los lp y que no se editaron dentro de los mismos, merece mucho la pena. De esa forma nos habríamos perdido joyas como la que abre la recopilación “I smell winter”, que es un sublime tema pop.

“London 0 Hull 4” es de los discos más amables y simpáticos que se editaron en los años 80. La banda, a pesar de su breve trayectoria, disfruta de un carisma muy importante dentro de los aficionados a la música. Es un álbum al que puede acceder cualquiera y que sin duda hace pasar un buen rato. Para nada se hace largo a pesar de sus 16 canciones, ya que todas son muy entretenidas.

La portada de la obra, incluye una foto de Paul Heaton como medio bailando con su jersey de oficinista, muy al estilo del video de “Happy hour”, velado por una cortina verde de filtro. Puede ser un disco muy válido para estas fechas calurosas y para animarse a salir y disfrutar del buen tiempo, ya que muchas de las canciones que contiene, te inyectan la dosis justa de adrenalina y ritmo. Suele decirse que “lo bueno, si breve, 2 veces bueno”, y lo cierto es que The Housemartins fueron muy breves y muy respetables. Que ustedes lo pasen bien de la mano de Heaton, Cook y demás. La próxima semana continuaremos con más propuestas.
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sábado, 18 de julio de 2009

2002 Red Hot Chili Peppers - By The Way

2 cosas antes de empezar con la escucha de la semana. La primera es que se ha abierto la “veda” para cazar el premio al mejor blog de música dentro de la 4ª edición del concurso 20blogs en el diario 20minutos. Agradecería a aquellos que participen y tengan capacidad de voto, que si les gusta la presente bitácora, me regalen algún votito (a día de hoy no hemos estrenado aún el casillero). En segundo término, decirles que iré respondiendo a los comentarios que dejen cuando pueda y ya no iré avisando cuando procedo a ello. Saben que mi forma de responder es poner un post a continuación del suyo refiriéndome a lo que ustedes comentan. Con esto decirles que vayan mirando los artículos donde pusieron algún comentario y semana antes o semana después tendrán mi réplica. Pues solo eso, pasemos a lo importante.

Es hora de adentrarnos en el género funky, aunque a través de su vertiente más gamberra y menos pura. Habrá lugar en el blog sitio para revisiones de Kool And The Gang y también le llegará en un futuro su turno a “Speaking In Tongues” de los ya abordados Talking Heads. Sin embargo, y también asociando el sonido propuesto lo máximo posible a los días actuales y su metereología, he pensado que Red Hot Chili Peppers nos viene como anillo al dedo para la ocasión.

Esta banda californiana tiene una muy larga trayectoria que se inició allá por la primera mitad de los años 80. Mucha gente piensa erróneamente (a mi me pasó durante un tiempo), que su primer trabajo data de 1991, con aquel éxito mundial de “Blood Sugar Sex Magic” y el fuerte impacto de canciones como “Give it away” y sobre todo “Under the bridge”. Craso error, a la par que muy común.

Red Hot Chili Peppers (a partir de ahora RHCP), comenzó con su disco homónimo en 1984, moviéndose en un funky muy asociado al rap embrionario de aquellos tiempos. Hay ejemplos muy claros de esta afirmación, como el tema “True men don't kill coyotes”, en donde el rapeo es más que evidente. No obstante, la llegada a “Discos, música y reflexiones” por parte de RHCP, viene de la mano de su penúltimo trabajo de estudio, “By The Way”.

Poniéndonos en los antecedentes que rodearon a la publicación de la obra, es destacable y obligado hacer referencia a la resurrección tanto musical como social de la banda en 1999. La recuperación de la credibilidad de la banda se apoyó firmemente en la publicación de su disco “Californication”. Desde 1995 se había producido un parón en la actividad de la banda tras el lanzamiento del no tan celebrado “One Hot Minute”. De forma paralela y estrechamente relacionado con ello, los problemas con las drogas del cantante Anthony Kiedis, hacían augurar un difícil e incierto futuro al grupo.

Por fortuna, se produjo una milagrosa reactivación de la actividad con la vuelta a la formación del anterior guitarrista de la banda, el carismático John Frusciante, tras la salida de Dave Navarro. Junto a los imperecederos Flea al bajo y Chad Smith a las baquetas, se metieron en estudio a confeccionar uno de los discos más destacados de finales del siglo XX. El álbum dispuso de varios singles de tremenda calidad y el grueso del disco no es para nada de relleno.

Este éxito, propició que RHCP estuvieran hasta en la sopa en aquel impass de cambio de siglo en mitad de aquellos miedos apocalípticos del efecto 2000, sirviendo como banda sonora de aquella época. Debido a todo esto, la expectación ante lo que fuera la nueva entrega de la banda californiana era muy alta y eso en parte puede haberle jugado alguna mala pasada a “By The Way” como comentaré en las reflexiones/conclusiones del final del artículo.

El disco, de largo track list como nos sucedió hace unas semanas con “The Great Escape” de Blur, se inicia de forma contundente con la canción que le da título. “By the way” es uno de los singles con más cantidad de adrenalina que han editado en toda su trayectoria RHCP y eso es decir mucho. La intensidad se puede ver en canciones clásicas de su repertorio como “Give it away” o “Right on time”, pero aquí se une además un ritmo vertiginosos propiciado por el apocalíptico bajo de Flea y la perfecta conjunción con el mismo de la guitarra de Frusciante. Acertado resultó el clip promocional rodado al efecto, que supone el encontronazo de un taxista fanático del grupo y algo chiflado, que secuestra a Anthony Kiedis tras cogerle en una calle como cliente. Posteriormente son Flea y John los que de forma espectacular se disponen a rescatar en plena persecución a su compañero. Lo más gracioso es que tras haber liberado a Anthony, el video termina con el taxista encontrándose con Chad Smith, al cual recoge como cliente. Brillante canción y un momento de locura/histeria en los conciertos de los últimos años de la banda cuando hace acto de aparición. Es imposible evitar una convulsión coral de la audiencia cuando irrumpe ese estribillo tan acelerado e intenso. “Universally speaking” es de los momentos de sonido más melancólico y relajado del disco. No es habitual que los RHCP adopten este tono, pero no por inusual, deja de ser una canción bonita. Destacar que la canción fue escogida como sencillo promocional, disponiendo de un clip promocional con el taxista loco del clip de “By the way” haciendo el nota por ahí. “This Is The Place” destaca por la rotundidad del bajo de Flea. Tiene un ritmo fácilmente adjudicable a los elegantes Faith No More de mediados de los 90, con ese rock/blues, que se anima algo en la llevadera parte del estribillo. No está mal del todo, pero me quedo mejor con “Dosed”, la cual discurre por los sonidos y notas calmadas que tenía su single de resurrección “Scar tissue”. Un tema ligero y de relax, de los que ayudan a crear una sensación final de calma y reposo. “Don't forget me” es una canción de sonido menos amable. Tiene un carácter sombrío y no es de las que más me gustan en particular, a pesar de que en numerosos conciertos promocionales que el grupo daba en las cadenas musicales alemanas vía satélite que cojo en mi casa siempre estaba incluida. “The zephyr song” fue otro de los temas elegidos para ser promocionados como single. Una inofensiva canción, que contrastó mucho con el tema que da nombre al disco y que fue el adelanto del lp. El clip grabado para la ocasión, estaba simplemente formado por poses musicales de los componentes, con los mismos destellados por luces de neón y focos relucientes, junto a siluetas femeninas muy insinuantes. Redunda en el carácter más tranquilo del álbum dentro de la discografía de RHCP. “Can't stop” es una canción de textura cortante y contundente y que se vale del ya clásico ritmo vocal de Anthony, que va como a tirones. Destacan los coros agudos de John y la sensación hipnótica que se consigue en la parte final del corte. Se rodó un clip algo chorra con unas esculturas de arte moderno y los chicos de la banda haciendo poses y muecas imposibles. Otro de las canciones extraídas como single, evidentemente. Tras la rotundidad de “Can’t stop” se da paso a la balada “I could die for you”, un tema de lo más inédito en la discografía de RHCP. Una balada algo llorona, con sonido algo melancólico, pero hay que decir que aunque no pega para nada con el estilo de la banda, no les quedó nada mal. Particularmente me gusta.“Midnight” abre de forma clásica orquestada dejándonos un poco fuera de juego, con semejante intro. Posteriormente nos encontramos con otro tema pausado y relajado, que nuevamente gana intensidad en su estribillo. Característica canción, básicamente por los coros aportados por Frusciante, tan habituales en los últimos tiempos del grupo. “Throw away your televisión”, intenta coger intensidad apoyándose en una mayor rabia al cantar por parte de Anthony. No obstante, tampoco resulta tan abrasiva como podría hacernos creer a priori su corrosivo título. El apunte exótico del disco y en parte bastante humorístico, lo aporta “Cabron”. Con un título así de rotundo, te podrías imaginar a priori alguna canción llena de rabia e intensidad de esas que suelen meter los RHCP de vez en cuando. La sorpresa viene cuando te das de frente con un tema de sonidos cálidos y tropicales y a Kiedis cantando de forma muy suave “cabron, cabron. cabron, cabron”. A alguno le parecerá una chorrada y hasta le puede mosquear, pero a mi me hace gracia y me gusta. Aporta diversidad al disco y suelen decir que en la variedad está el gusto. “Tear” se deja llevar por un ritmo marcado de la batería de Chad. La repetición en la estructura lírica de la canción te crea una sensación de bucle y abstracción bastante importante. Un tema muy lineal y con poco riesgo. “On Mercury” es otro de los cortes graciosillos del lp. Esos arreglos de viento con cierto regusto mexicano, pueden recordar en parte a aquel “Illegal Alien” de Genesis en mediados de los 80. A pesar de su sonido algo chusco, se agradece el intento por parte del grupo de ser originales e intentar sorprender. También no se puede negar que ritmo aporta. “Minor thing” es quizás a día de hoy mi favorita. En parte, es un corte que resultaría de coger “By the way” y restarle intensidad, pero dejar el ritmo vertiginoso presente. La aceleración se ve en la atropellada y sin fisuras interpretación vocal de Kiedis. Se trata de un tema pop, con unas gotas de rapeo salteadas por ahí en medio. “Warm tape” es una canción curiosa. Con unas muy marcadas notas de teclado, cálidas como indica el título de la canción, es otra de las piezas que pueden descuadrarte de lo que son habitualmente RHCP. También es destacable la línea de bajo que tiene la canción, llevada como siempre magistralmente por Flea. Como anécdota les diré que un servidor de ustedes accedió a un ejemplar del disco en el que la canción era instrumental. De esa forma, se convierte en un corte muy hipnótico. “Venice queen” es un tema en parte lento y de los menos animados del disco, que se sitúa en la cola del track list para despedirnos de la escucha. No queda mal situada en ese punto y aunque no es de los temas de sonido más asociado a la banda, no es del todo desacertada.

Ya indiqué antes de meternos en las entrañas del disco, que la posición de “By The Way” en la historia o discografía de la banda tras el rotundo y exitoso “Californication”, le hace un flaco favor. La obra expuesta es un trabajo bastante apañado y con temas de calidad. Para nada reporta una escucha aburrida o soporífera, básicamente por la variedad de sonidos y enfoques que incluye. La portada, es curioso, es otro boceto de un cuerpo de mujer, como pasó la pasada semana con Everything But The Girl y “Temperamental”, sobre un fondo de palmeritas. Mención obligada es la foto de la banda que hay en la contraportada, en la que los 4 componentes apareces como si estuvieran lisiados o algo así.

No obstante y a pesar del citado agravio comparativo con su antecesor, el disco tuvo una buena acogida a nivel mundial y supuso una gira alrededor del planeta, que quizás sea de las mejores que jamás ha realizado el grupo. Doy fe expresa de ello, ya que pude disfrutar de su concierto de aquel lunes 27 de enero de 2003 en el Palacio Vistalegre, el año en que RHCP llenó el recinto 2 días consecutivos. La experiencia fue más que memorable y a la par supuso el inicio de la tradición de conciertos con uno de mis compañeros habituales en esas lides.

Lo atronador del concierto y la intensidad fue tal, que simplemente les pondré un ejemplo (que no exagero lo más mínimo, créanme) para que se hagan una idea. Creo recordar, ya que debido a un vino denominado “El Sotillo” estaba algo perjudicado, que fue mientras sonaban los acordes de “By the way” al inicio del show, cuando la marea de gente era tan brutal que te podías llegar a desplazar hasta 5 metros de lado a lado sin posibilidad de resistir. Propiciado por mi estado de inspiración, hice la prueba de levantar los pies del suelo, ya que estaba encajado entre varias personas... y me movía de lado a lado. Un servidor de ustedes mide 1,99 y pesa 95 kilos; imagínense.

El concierto tuvo momentos memorables como el citado “By the way”, “Otherside”, “Right on time” y sobre todo “Under the bridge” en los bises finales. Destacó igualmente el momento que suele reservarse en el show a John para que se marque un tema en solitario, cuando se hizo cargo de la balada “Maybe”. Externos a RHCP, también hay que mencionar a aquellos teloneros Toilet Boys y un momento en el que cierta gente situada por mi zona, confundieron el sexo del cantante del grupo, llevándose una ligera decepción. Algo parecido a lo que a Begbie le pasa en “Trainspotting”, pero sin llegar al fondo del asunto evidentemente.

En junio de 2006 volvimos a verles en el Palacio de los Deportes y el resultado fue igualmente excelente, aunque guardo un recuerdo más entrañable de aquel concierto de la gira del disco hoy propuesto. En este 2º show queda para mi memoria personalmente la locura en la que incurrí cuando sonó “Right on time”. Algo chocante, y algunos silbidos llegó a suscitar, el momento difícil de creer en el que John se puso a cantar “How deep is your love?” de The Bee Gees, con Flea y Anthony detrás suya a oscuras mirándole, con una actitud como de “mira éste lo que hace”, entre algunas risas. John por su lado se lo tomaba muy en serio. No hay fotos ni de uno ni otro concierto. Una pena.

Volviendo a las conclusiones finales sobre “By The Way”, decir que metafóricamente hablando, podría compararlo con “Wish” de The Cure. No en lo que a las canciones y sonido se refiere, sino a la situación del mismo tras el lanzamiento de un disco tremendamente exitoso de la banda que se trate, y que aunque no haya llegado al nivel de predecesor, consigue un resultado más que aceptable y un éxito bastante notable. Es quizás el disco más calmado y relajado de RHCP en toda su discografía.

“By The Way” viene a confirmar el estado de recuperación de la banda tras “Californication” y demuestra que la banda ha encontrado el camino para crear discos sólidos y de muy buena calidad. De hecho la banda entró en un proceso de incontinencia creativa y en 2006 publicarían un disco doble titulado “Stadium Arcadium”, que deja la longitud del trabajo hoy revisado a la altura de un ep en comparativa. Igualmente dicho disco, por muy doble que sea, incluye excelentes canciones y salvo contadas ocasiones, no resulta nada aburrido.

RHCP dominaron en los finales del siglo XX y los primeros años del XXI. Volvieron para quedarse, aunque el futuro de la banda a día de hoy, según noticias que he leído, es algo incierto. Esperaremos acontecimientos, pero de momento les propongo que se queden con este disco, que es de lo más ligerito que han editado estos californianos y que por canciones como “Cabron”, no queda del todo mal para estas fechas.

Es un acompañamiento musical muy apañado para viajes a la costa en coche. Salvo al inicio con la canción título, este disco no supone un peligro a la hora de emocionarte y pegar un pisotón al acelerador. Válido para un viaje sosegado, disfrutando del buen tiempo y del paisaje. Precisamente me viene a la mente el viaje que hacían precisamente los 4 componentes en el clip de “Scar tissue” en un descapotable por una carretera sin fin de esas en mitad de los desiertos de EEUU; pues a algo así me refiero, lo único que los miembros de la banda parecía que acababan de ser rescatados de una casa en llamas o algo así. Hagan la prueba este verano cuando viajen y si alguno efectivamente hace el experimento espero leer su comentario al respecto.
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sábado, 11 de julio de 2009

1999 Everything But The Girl - Temperamental

Hola a todos. Aquí estamos una semana más para hacer una nueva propuesta de escucha musical y de paso rendir tributo/homenaje a una banda escogida para la ocasión. Es probable que algunos de ustedes ya estén de vacaciones y otros estén a punto de cogerlas (a un servidor de ustedes le quedan unos días), amén de los que por desgracia no puedan disfrutar de ellas, o los que también por desgracia estén en unas vacaciones indefinidas temporales por desempleo.

En todo caso, aprovechando que estamos inmersos en los días más largos del año y con mejor tiempo, he tenido a bien escoger uno de los discos que están englobados dentro del género electrónico del trip/hop de la 2ª mitad de los años 90. Dicho trabajo, fue grabado por una banda que tuvo una más que curiosa y a priori impredecible, a la par que muy interesante, evolución musical, Everything But The Girl.

Everything But The Girl (a partir de ahora EBTG) es un dúo surgido a mediados de la década de los 80, compuesto por la cantante Tracey Thorn y del músico Ben Watt. Sus comienzos, de forma aséptica les diré, que estuvieron asociados al pop baladístico, en muchas ocasiones con un marcado acento acústico. No tengo como propósito hacer un desgranaje completo biográfico de los grupos, sino centrarme más bien en los años o trabajos que limitan con la obra escogida. Hubo un tiempo que hacía una revisión global de la historia del grupo, pero como mi plan es volver a casi todos los artistas con el paso del tiempo, pues ya habrá ocasión de profundizar en otras épocas de las bandas.

Mi intención es tomar como punto de partida el período entre 1994 y 1995, en el cual se produjeron hechos muy importantes que marcarían el futuro de este binomio musical. Igualmente, fue la época en la que conocí el trabajo de esta banda, unos meses más tarde, en la primavera de 1996. A título personal decirles que junto a Faith No More es uno de los grupos más asociados a mi etapa en el instituto, a pesar de que en esos años empezara también con mis bandas sagradas (The Cure, Depeche Mode, The Smiths); lo que pasa, es que es cierto que en los años posteriores tras terminar la educación secundaria, estas 2 bandas quedaron un tiempo en el olvido mientras descubría otros grupos, y sin embargo mi trío de favoritos seguían en mi primera línea de atención musical.

Lo que quiero comentar antes de entrar a revisar el álbum, es que a mediados de los 90 y tras el lanzamiento de su melancólico disco “Amplified Heart”, tuvieron lugar 2 acontecimientos claves en la evolución de EBTG: por un lado, el remix de su soberbia canción “Missing” por Todd Terry, adaptándola a los nuevos matices electrónicos provenientes del llamado sonido Bristol de la mano de bandas como Massive Attack o Portishead, y por otro lado la colaboración de Tracey con Massive Attack en su disco “Protection”, cantando 2 temazos brutales como la propia “Protection” y “Better things”. Estos hechos, hicieron que el grupo virara de forma clara en su forma de concebir la música, dirigiéndose a la música electrónica y bailable, pero de buen gusto y de refinadas maneras.

En 1996 vería la luz una de las mejores obras del género denominado como trip hop que se hayan editado nunca, y que EBTG tienen el honor de tenerla incluida en su discografía. “Walking Wounded”, al calor del rotundo éxito del sencillo “Wrong”, que se convirtió en un llenapistas en toda Europa y de otras canciones excepcionales dentro del disco como “Before today” o “Big deal”, está considerado como uno de los discos más relevantes y destacables de la 2ª mitad de la década de los 90.

Podría ser obvio, y de hecho he dudado mucho en ello, que lo más lógico es que me hubiera decantado por este nocturno disco para hablarles por 1ª vez de este dúo, pero hace unos meses que accedí por fin al contenido completo de su último disco y el que siguió la estela de “Walking Wounded” a final de siglo, “Temperamental”. En su día, y como ya he referido, en mi época de instituto pude seguir las promociones de estos trabajos del dúo. Recuerdo perfectamente la difusión del video de “Five fathoms” por la cadena alemana Viva Zwei. No obstante, el disco completo no lo escuché hasta las pasadas navidades y he de decirles que me sorprendió gratamente. Pasemos pues a analizar las canciones que contiene.

Precisamente, el comienzo viene de la mano del citado single de adelanto. “Five fathoms” es un tema dance bastante intenso con una animada interpretación vocal de Tracey Thorn. Dispuso de un video rodado en la plaza de Piccadilly y sus calles anexas en ambientes nocturnos. Teclados y sintetizadores muy rítmicos y uno de los temas más claros y accesibles del disco. Cualquiera que recuerde que esta banda hacía 8 años editaba canciones como “Old friends” o “One place”, puede alucinar considerablemente. Es un tema de buen gusto, aunque he de decir que de menor calado que sus predecesoras como "canción bandera" de los anteriores pasos de la banda como “Missing (Todd Terry remix)” o “Wrong”. Para mi gusto, la mejor composición, se encuentra justo a continuación en el 2º lugar dentro del listado. “Low tide of the night”, sin dejar de lado los arreglos electrónicos, nos puede evocar a los EBTG de precisamente el disco “Worldwide”. Un tema lento, de esos que se pueden denominar en parte electroacústicos y que es una absoluta delicia desde los matices de los sonidos y arreglos sonoros, hasta la voz de Tracey en ese bonito estribillo: “cuando estás hundido en tus problemas, no se lo cuentas a tus amigos, no se lo cuentas a tu familia. No dejaré que ellos hablen de mi. No voy a decepcionar a nadie, nadie, nadie...”. Precioso corte, que nos trae de vuelta a los EBTG más sensibles, demostrando que no se han olvidado de componer canciones en ese sentido. “Blame” es el exponente del subgénero electrónico del drum'n'bass que se incluye en "Temperamental". Como bien se sabe, aquí la percusión y las bases aceleradas, confieren un carácter hipnótico y frenético al corte, que en la producción se apoya en un efecto de lejanía en la voz de Tracey que lo hace si cabe más interesante. Es quizás la canción que crea un mayor efecto de trance al escucharla. “Hatfield 1980” vuelve al sonido relajante que nos reportó al comienzo del disco “Low tide of the night”. Viene a poner de manifiesto la alternancia de sonido y de ritmo que hay en la obra. Es una canción válida, aunque me cala algo menos que la 2ª canción del disco. Si bien es cierto, en esta canción se hace un mayor uso de la electrónica, y está dentro del género del trip hop, cosa que con “Low tide of the night”, el sonido simplemente se valía de algunos arreglos puntuales y sutiles. Aquí los arreglos electrónicos acaparan el corte. La propia canción “Temperamental” trae bajo su brazo otro momento de baile. Animado corte, con una más que interesante distribución de las voces. Un marcado estribillo con una solemne sentencia por parte de Thorn “No quiero que me ames”, recuerda muy claramente al megaéxito de la banda “Wrong”. Los teclados, sintetizadores y demás arreglos, son bastante cercanos al citado clásico de la banda.“Compression” es una pista instrumental de drum’n’bass que se vale de ciertos ecos y voces puntuales aportadas por Tracey, pero que no tiene letra alguna. Más vértigo musical y ritmo para continuar tras el tema dance que le da título al disco, pero a continuación se vuelve a la calma de la mano de “Downhill racer”. Aquí son los matices instrumentales los que curiosamente nos pueden trasladar nuevamente de forma muy ligera a épocas anteriores de la banda. El uso de ciertos sonidos parecidos a un saxofón, pueden permitirnos ver la cara más clásica de EBTG, aunque sea de refilón. “Lullaby of clubland” es otro de los temas animados, bailables, nocturnos y evocadores de las luces de neón de las noches más animadas y marchosas que te puedas imaginar. A ratos me recuerda bastante al remix de Todd Terry de “Missing”. Para volver a mostrar nuevamente la constante ida y venida del ritmo a los momentos más pausados y sentimentales, se presenta ahora otro acierto de la talla de “No difference”. La forma en la que Tracey afronta la parte vocal de la canción, con esa especie de halo de indiferencia y conformismo es pasmosa. Bien pensado, si con “Temperamental” hiciéramos el experimento de poner seguidas las canciones lentas y reflexivas y por otro lado juntar el dance, trip hop y drum’n’bass, tendríamos claramente un disco de vinilo con cara “a” y cara “b” más que diferenciadas. En esta pequeña joya, se utilizan de forma más clara ciertos acordes de guitarra, apoyados en unas notas muy claras de teclado, que a medida que va a avanzando el tema se complementan por otras melodías atmosféricas y relajantes, que si cierras los ojos te puede crear la sensación de que estás volando o algo así. Perdón si me pongo muy cursi, corto antes de que empalague diciéndoles que es una de esas piedras preciosas incrustadas en el interior de los álbumes, que si no les da por escuchar en su totalidad, se perderán; y como siempre digo, sería una verdadera pena. Se da carpetazo con “The future of the future”. Vuelta al dance puro y de sonidos brillantes. De los temas más largos del disco, es de los que junto a “Five fathoms” se puede enfocar de forma más sencilla a las pistas de baile. De esta forma, al tener un sonido y carácter muy parecido al corte de inicio del álbum, se le aporta al disco una especie de estructura cíclica por terminar de forma muy semejante a la que empezamos, habiendo pasado por distintos sonidos en el núcleo central, aunque basándose en una clara estructura de alternancia entre la calma y el baile.

“Temperamental” no salió excesivamente muy bien parado en lo que a resultado comercial se refiere y mantenimiento de repercusión del dúo en la primera línea del panorama musical. En parte, por esta época iba decayendo poco a poco el género del trip hop y se estaba empezando a conceder importancia a movimientos como el hip hop y por otro lado la nueva vertiente melancólica del rock que capitanearían bandas como Travis y unos meses más tarde Coldplay.

Aún así, recuerdo ver posters promocionales del lanzamiento del disco por las calles, con esa portada con el boceto de un busto sobre fondo blanco que tiene. En parte, la menor inmediatez y calado del single promocional “Five fathoms”, hizo que el público no se encandilará o apasionara con el disco. De hecho, hasta hace unos meses no me molesté en hacerme con él para escuchar el resto de la obra, y esta demora se debe en gran parte a que el mencionado sencillo me dejó algo frío en su época. No es que no me gustara, sino que bajaba el nivel respecto a anteriores singles.

Por fortuna, me dio por ahí un inesperado impulso y escuché el resto del disco. Canciones como “Hatfield 1980”, “No difference”, “The future of the future” y sobre todo mi adorada “Low tide of the night”, merecen bastante la pena. No voy a abogar por una afirmación tal como decir que "Temperamental" es superior a “Walking Wounded”. Creo que eso sería una exageración. Lo que sí les diré es que es un disco notable y un muy digno último trabajo de EBTG hasta la fecha.

En cierta parte, y como algún lector del blog comentó respecto a la revisión de “This Is Hardcore” de Pulp, "Temperamental" tiene desde mi punto de vista un regusto triste y melancólico por suponer el final de la trayectoria de EBTG. En 2002 saldría a la venta un recopilatorio de poético nombre titulado “Like The Dessert Miss The Rain”, que venía a incluir algún tema inédito. Desde entonces no ha vuelto a haber noticias de esta pareja musical y también sentimental. No sé yo si con tantas reuniones o regresos que se están produciendo en la actualidad, volveremos a saber de ellos o si volveremos a tener entre nuestras manos un nuevo álbum, y por qué caminos andará.

A día de hoy, nos queda la música (como reza el título del estupendo programa de José Luís Casado en La Otra de Telemadrid) que nos regalaron desde mediados de los 80 y la propuesta semanal gira sobre un disco, que considero en parte adecuado para el verano; imagínense en una discoteca de Ibiza bailando “The future of the future” o contemplando una puesta de sol en la playa con “Low tide of the night” en los auriculares de sus reproductores. Ya me contarán sus experiencias. Disfrútenlo.
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sábado, 4 de julio de 2009

1982 Duran Duran - Rio

Esta semana iremos completando otra de las corrientes musicales, de las que ya analizamos obras de algunos grupos emblemáticos de la misma, pero que la tenemos olvidada hace tiempo. En este aspecto, es algo parecido a lo que hicimos la pasada semana, al incluir a Blur en el historial de revisiones del blog, con motivo de seguir analizando el brit pop de los noventa, abandonado meses atrás tras revisar el 2º disco de Oasis.

Para los próximos 7 días, la propuesta va asociada a los “new romantics” de comienzos de los 80. Tras haber pasado por ABC y Spandau Ballet, ha llegado la hora a uno de los grupos más representativos del género, Duran Duran. Precisamente, en dura pugna con Spandau Ballet, son quizás la formación de mayor renombre que surgió asociada a aquel movimiento, que en tantas ocasiones fue objeto de las iras de músicos más alternativos como Ian McCulloch de Echo & The Bunnymen (vaya, otra de las bandas objeto de revisión que andan por ahí pendientes…).

Tras un prometedor inicio con su disco homónimo, los Taylor, Rhodes y Le Bon, eran una de las promesas principales de comienzos de la década. Su primera obra es un disco estandarte de la nueva ola. “Planet earth” o “Girls on film” fueron canciones que calaron fuerte en la sociedad musical, especialmente la última citada, la cual se apoyaba en un video bastante subido de tono, que llegó a ser censurado por la BBC.

“Rio” sería el título de su 2ª obra de larga duración. Si su primer disco destaca dentro de los más revolucionarios asociados a la nueva ola en el sentido estricto de la palabra, el nuevo trabajo sería junto a “True” de Spandau Ballet, uno de los ejemplos que mejor representan el movimiento neorromántico que encabezaron estos muchachos. Elegancia pop, baladas acertadas y también canciones más aceleradas con enfoque, bien más comercial o menos descarado en otras ocasiones, que construyen un crisol de diversos estados de ánimo.

La canción homónima es la que abre “Rio”. Unos sintetizadores, asociados a unos teclados descoordinados y martilleantes, dan paso a esas notas tan rutilantes de guitarra. Le Bon canta con un hedonismo exagerado sobre todo cuando menciona a esa “sonrisa de helado de cereza, supongo que es muy agradable”. Destacan los nerviosos sintetizadores de base que tiene la canción con la que abrió el tema, que se mantienen durante su extensión, y los teclados y guitarras que conforman la melodía principal del estribillo. Son de fácil recuerdo las desaforadas notas de saxofón del final. Siempre hago mención a los videos promocionales de los singles de los discos revisados, y con este grupo, no referirme al aspecto visual, daría lugar a una crónica muy coja. El tema se acompañó de un video grabado en Sri Lanka (de hecho la banda filmaría 2 más para otros temas posteriores en el track list), que viene a reflejar el amor por la navegación de su cantante Simon Le Bon; hobby, por cierto que unos años después le supondría algún disgusto y un mal rato al volcar su embarcación. “My own way” es de sonido cercano al de su primer disco. No en vano, es un tema de los que la banda tenía compuestos desde mayo de 1981 y que incluyeron en el presente lp. Un descarado tema de baile que destaca en sus lejanos toques funky, apreciados en las notas de la guitarra del estribillo y ciertas notas de bajo, diluidos por la forma de cantar de Le Bon. “Lonely in your nightmare” es de las canciones menos apasionadas del disco. Sin llegar a serlo, la canción me deja una errónea impresión de tema acústico. Quizás sea porque nos encontramos con las melodías sintéticas menos enrevesadas y arriesgadas del disco, para ayudar a unas guitarras tampoco demasiado complicadas. Le Bon repite hasta el aburrimiento “…porque estás sola en tu pesadilla, déjame entrar”. Ahora llega una de mis favoritas. “Hungry like the wolf” es de los temas pop más destacables de la primera mitad de la década de los 80. Alocados sintetizadores, golpes de batería y percusión potentes y unas aguerridas guitarras (para lo que son Duran Duran, me refiero) y unos tarareos resultones, acompañados de otro de los videos de Sri Lanka con un Simon Le Bon liándose a zarpazos en mitad de la jungla con una especie de mujer pantera. Resulta especialmente gracioso el fotograma que se da justo cuando termina la parte instrumental misteriosa que antecede al final de la canción, en el que aparece Simon cara a cara gritando a esa especie de mujer salvaje. Desternillante es también el final del video cuando llegan los 4 restantes componentes a la mesa en la que está sentado Le Bon en un bar, como para que les cuente sus peripecias y sus peculiares amoríos. Pegadiza, de escucha incansable y ante todo un buen chute de adrenalina y ánimo. De esas canciones apañadas para las duras mañanas en las que nos ha costado especialmente salir de la cama. “Hold back the rain” sigue en parte con la senda de sonido de “Hungry like the wolf”, pero con menor acierto; no es fácil superar un tema de la calidad como el que le antecede. En todo caso, nos encontramos con otro instante bailable, con unos teclados discordantes y un entramado de melodías e instrumentos que crean una canción excesivamente barroca.No se preocupen, ya que tras este ligero retroceso, pasamos a una de mis llamadas “joyas ocultas”. “New religion” es una canción con un sonido más misterioso y oscuro, con unos claros efectos en sus sonidos sintéticos y las notas solemnes de bajo y guitarra. Le Bon incluso se contiene bastante en la partes externas del estribillo. He de decirles que empecé con Duran Duran a través de su disco en directo “Arena”. En este acertado álbum, “New religion” suena el doble de rápida y vertiginosa y la versión es superior a la del estudio. No obstante, la versión original de “Rio”, a pesar de ser algo menos acelerada, es tremenda. Esa parte previa al estribillo con el entrelazado de estrofas y voces es muy acertada. Y el estribillo con ese “estoy hablando por hablar, no puedo detenerme, es una nueva religión. Tengo algo que ver, no puedo ayudarme, es una nueva religión”, tiene en su melodía y su entonación algo especial que me gusta. 5 minutos y medio de la mejor calidad de Duran Duran en toda su historia. “Last chance on the stairway”, vuelve a los sonidos menos oscuros y las entonaciones menos retorcidas y dolidas de la anterior canción. A ratos recuerda a “Planet earth”, sobre todo en la melodía vocal de Le Bon. Si bien hay que decir que esta canción tiene un sonido más amable y menos serio que el que tenía aquel primerizo éxito de la banda. No podía faltar en un disco ejemplar del movimiento neorromántico, la balada amorosa por excelencia. “Save a prayer” comienza con unos fantasiosos sintetizadores, que dan paso a unos arreglos de corte oriental y a una interpretación vocal muy sentimental por parte de Simon. Fue otro de los temas que se valió de la visita de la banda a Sri Lanka y dispone de otro excelente y resultón videoclip. Inolvidable para muchos y muchas (sobre todo) ese estribillo tan dolido “No reces una oración por mi ahora, guárdala para la mañana siguiente”. En lo instrumental me encanta la parte de teclado que hay antes de que la canción afronte su recta final. En el resto de su duración, se consigue un efecto muy bonito con la sencilla combinación de esos sintetizadores fantasiosos de base y los arreglos de sonido exótico en los teclados. La parte final es curioso que termine con un enrevesamiento de los efectos de sintetizador y teclados, retorciendo su sonido. Para finalizar la obra se dispone un tema bastante curioso titulado “The chauffeur”. Que nuevamente basa su potencial en una parte electroacústica de intro con unas marcadas notas de teclado. La producción adorna el tema con distintos efectos de sintetizador y notas de teclado, para que posteriormente termine con una melodía de teclado algo más usual. Vocalmente es el tema que supone un mayor protagonismo para Simon Le Bon, sobre todo en sus 2 primeros minutos por ese esqueleto de melodía confeccionado. Un tema muy extravagante y el que menos tiene que ver con el resto del disco. Aún así, su disposición al final tampoco resulta errónea del todo, ya que quizás haber dejado como cierre a “Save a prayer”, dejaría al disco un tono pastel excesivo que ni se merece, ni desprende. De esta forma, se nos deja claro la variedad de estados de ánimo que el disco puede crear: adrenalina con “Hungry like the wolf”, sentimentalismo amoroso en “Save a prayer”, misterio con “New religion” o baile en “Hold back the rain”.

“Rio” confirmó a Duran Duran como una de las bandas del momento en 1982. Nuevamente, la difusión de sus suntuosos videos en las cadenas de televisión y los diversos programas de música, hizo que la banda se convirtiera en un fenómeno de masas a nivel mundial y uno de los grupos más populares de aquellos años.

La imagen de la portada con ese dibujo de un exótico rostro femenino, al uso de los que aparecían en los clips del grupo, y la contraportada de connotaciones futuristas con la fotografía de un paisaje nocturno con luces brillantes y rascacielos, son igualmente un icono claro de la década de los 80. En este apartado, el disco está por encima de la insulsa simbología de su obra rival “True” de Spandau Ballet.

El físico de los componentes de la banda, también jugó a su favor para que los mismos se convirtieran en objeto de deseo irrefrenable de quinceañeras de la época, que ahora rondarán los cuarenta y pocos años de edad. A su vez, esto hizo que les restara crédito para el público masculino, a los cuales se les podría cuestionar su virilidad en caso de gustarles la banda. Por suerte, el hecho de haber conocido la música de Duran Duran fuera de aquellos tiempos, me ha permitido adentrarme en ellos sin ningún tipo de prejuicio por el “¿Qué dirán?”, imperante en aquella época. Les hago referencia a esto, por declaraciones que un compañero de universidad de generaciones anteriores, que ahora tendrá 43 años, me decía de lo que en su época joven se decía.

Dejando consideraciones extramusicales a un lado, lo que es evidente e irrefutable, es que Duran Duran crearon en sus primeros 3 discos de estudio uno de los sonidos pop de mayor calidad de toda la década de los 80. A partir de entonces, la formación daría el salto a los grandes recintos para sus multitudinarias giras mundiales. De ahí el acertado título del mencionado disco en directo que sacarían unos meses más tarde, que vinieron a llamar “Arena”.

El grupo vivió entre 1982 y 1984 sus días dorados. Tras la edición de “Seven And The Ragged Tiger”, el grupo se empezó a desmembrar. Nuevos proyectos musicales como The Power Station junto a Robert Palmer, la entrega a fondo perdido de Le Bon a la navegación y otros asuntos, hicieron que la formación clásica se fuera al traste. Aunque con nuevas incorporaciones, más o menos Duran Duran fueron sacando discos con cierta regularidad durante los últimos 80 y los años 90, pasarían 20 años hasta que los 5 componentes clásicos se metieran en estudio para confeccionar un nuevo disco titulado “Astronaut”, de bastante éxito y se embarcaran en una nueva gira mundial.

Posteriormente a “Rio”, Duran Duran llegaron a ser “Chicos Bond” con su “A view to kill” y aquel sonrojante momento del making off del videoclip con Simon diciendo en plena torre Eiffel: “Me llamo Bon, Simon Le Bon”. Sin palabras. Ya referí que me parece chocante que un grupo como Spandau Ballet, que compuso una canción como “Gold” de claras referencias a la saga cinematográfica basada en las novelas de Ian Fleming, tanto en su letra como en su video, no se llevaran el gato al agua.

No obstante, decir que aquí la rivalidad entre Duran Duran y Spandau Ballet, se desarrollaba en términos cordiales. Esto se puede comprobar en la colaboración que prestaron las 2 bandas al proyecto Live Aid y el buen rollo que se respira entre los miembros de la banda en el video de “D’ they know it’s Christmas?”. En plan enmorcillado, dejar una reflexión que se me pasó la semana anterior, en la que les confieso que en su día cuando conocí a Blur y Oasis, tras saber de su agria polémica, me daba la impresión de que tenías que elegir entre una banda u otra, como si no pudieran gustarte los 2 a la vez (creo que Noel Gallagher lo dijo alguna vez expresamente). En este aspecto siempre me sentí un poco rarito en aquellos años al apreciar a las 2 bandas.

Pues bien, con Spandau Ballet y Duran Duran me pasa lo mismo. Aprecio fuertemente a las 2 formaciones, si bien he de decir que antes me quedo con los Kemp, Hadley y cia. De hecho a Duran Duran me abstraí de asistir a su concierto de 2005 en La Riviera, y sin embargo en noviembre estaré viendo a los Spandau Ballet en el Palacio Vistalegre. Disfruten estos días de un disco ejemplar y emblemático de la década de los 80, que además es muy apropiado para estas fechas veraniegas y de calor sofocante. Si tras escucharlo no les deja esa impresión, vean los clip comentados y entenderán a lo que me refiero.

Sin que sirva como precedente o como novedad/norma a partir de ahora, al igual que hice la semana pasada, quisiera dedicar este artículo muy especialmente a alguien que se ha marchado hace unos días. Alguno podría pensar que el post lo quisiera dedicar al malogrado rey del pop, Michael Jackson, con motivo de su reciente fallecimiento. No es así, pero decir que en un futuro Jacko pasará por estas líneas, aunque tampoco sea una de mis preferencias musicales más inmediatas.

El artículo de esta semana, quisiera dedicárselo muy sentidamente a mi abuelo, Alejandro Sanz Arias, fallecido el pasado lunes 29 de junio a la edad de 93 años. Siempre fue un apasionado melómano, al igual que un servidor, aunque dentro de su género predilecto, la música clásica, pero ante todo fue una buena persona. No crean que en esta ocasión me encuentre ante ese síndrome de beatificación que nos sale cuando alguien ha muerto; no es así, y los que tuvieron la suerte de conocerle, lo saben. Por eso mismo, me gustaría concederle desde aquí unas líneas, aunque la revisión de hoy no trate de una de las obras de su músico más admirado Ludwig Van Beethoven. Te echaré mucho de menos, y siempre estarás en mi memoria. Como dicen precisamente Duran Duran en una de las canciones del disco revisado, rezaré una oración por ti. Descansa en paz.
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