
Pasemos al detalle de los mejores momentos musicales del show. Como es habitual, iré introduciendo fotos que hice de la actuación para que tengan una recreación más completa de lo que vivimos los que allí nos congregamos. Ahí arriba les he dejado la primera, aparte de la que siempre pongo como cabecera de crónica de concierto. Como ya sabrán por los últimos artículos, le concedo especial importancia a la forma en que un grupo/artista comienza sus conciertos. Creo que una selección errónea de los temas en los primeros compases, puede lacrar, o al menos hacer que un concierto reporte una experiencia menos satisfactoria de lo que pudiera haber sido (pregúntenselo a The Killers). Sin embargo, Byrne eligió 2 temas estupendos para abrir. En primer lugar, y representando a su último disco “Everything That Happens Will Happen Today” (el cuál iré comentando a medida que repasemos el concierto como hice con “Day & Age” de The Killers), tocó “Strange overtones”. Quizás la mejor canción del nuevo disco de David. En parte se nos puede recordar a los Talking Heads de comienzos de los 80, sobre todo en la forma de cantar del propio Byrne. No podemos evidentemente dejar aislado el hecho de la presencia de Brian Eno como la otra parte contratante del nuevo álbum. Ahí la explicación. Si a este acierto al empezar con el tema más brillante de su último disco (que no olvidemos que no es un disco mainstream como el de The Killers por ejemplo, y que dicha canción no está sobreexpuesta en los medios), le sumamos el hecho de colocar en 2º lugar a la dadaísta y alocada “I zimbra”, el resultado de la ecuación es sencillo: Byrne había conseguido meterse en el bolsillo y que a la vez se metieran en el concierto la totalidad de las personas, que por muy pocos asientos no abarrotaron el Teatro Lope de Vega.

Extasiado por este comienzo, descubrí que el hecho de estar sentado no es impedimento para poder moverse y “bailar” desde tu propio asiento, sin necesidad de que ésta sea contenida. Aunque en mi ubicación natural, había conseguido abrir conversación con una pareja y otro solitario espectador como yo, el poder ver que había algún que otro sitio libre 2 filas más abajo, me hizo moverme a dichas posiciones, y desde la misma pude observar que en la 3ª fila de mi anfiteatro había 3 asientos libres. Corriendo bajé en mitad de “Help me somebody” para situarme en dicha zona. Teniendo en cuenta que estaba en la fila 14 y que pude bajar 11 filas, la mejora visual fue considerable (más cercanía y sobre todo menos altura). Ya de ese asiento no me movería en todo el concierto, mejor dicho no me desplacé, ya que moverme sí que me moví y mucho.

Abriendo el apartado de sorpresas, al que siempre aludo en la revisión de mis conciertos, la citada canción perteneciente al primer disco en solitario hecho mano a mano con Brian Eno fue un absoluto alucine. Ya David aludió antes de empezar a tocarla que en su día había sido compuesta a base de samplers de voces y no dejó de ser muy curioso poder ver su interpretación vocal por David y el trío de coristas que le acompañaban.

Aprovecho para hacer un inciso y hablar del staff que acompañó a Byrne. Por un lado la distribución del escenario era sospechosamente parecida a la que Talking Heads dispuso (una vez finalizado el “proceso de montaje”) en el concierto “Stop Making Sense” que curiosamente también se grabó en un teatro, en este caso el “Les Pantages” de Los Ángeles. Es decir, sobre tarimas negras y cuadradas se dispuso la batería, la sección de percusión y los teclados. David también se acompañó de un bajista y otro guitarrista para completar la sección instrumental. Por otro lado destacaban 2 tríos; por un lado el citado de coristas y por otro uno de danza, formado por 2 bailarinas y un bailarín que deleitaron al público con estrambóticas coreografías y representaciones que conformaron un espectáculo de danza a la par que el propio concierto, que casaban perfectamente con las canciones que se tocaron de Talking Heads y del propio Byrne en solitario.

Aclarada la disposición de la línea de personal sobre el escenario que diseñó Byrne, continúo con el apartado de sorpresas. En término global, me dejó sin palabras que de “Remain In Light”, obra maestra de Talking Heads, Byrne decidiera tocar más de la mitad de canciones que componen el álbum. La primera que se presentó fue la saltarina “Houses in motion”, una de mis preferidas del disco sin lugar a dudas. “Crosseyed and painless”, desató la histeria general, lo único que a mi no es especialmente uno de mis temas favoritos del disco. La situación inversa se dio cuando los misteriosos ritmos de “Born under punches”, a modo de los de la versión del disco en directo “The Name Of This Band Is Talking Heads”, empezaron a abrir el camino a esta disparatada crítica social de Byrne. David estuvo tremendamente histriónico y exagerado cantando este tema y para entonces, ya avanzada la mitad del espectáculo, un servidor de ustedes terminó de enloquecer. Quedará indeleble en mi mente la forma en la que David cantó esas frases: “No soy un hombre ahogándose, no soy un edificio en llamas. Soy un revolucionario. El ahogarse no puede herir a un hombre, ahogarse no puede herir a un hombre, no al menos a un miembro del gobierno”. “Once in a lifetime” en la parte final terminó de poner patas arribas el teatro. A destacar el estupendo ambiente que se respiraba. Las personas más jóvenes tendrían 25 años a lo poco y en la mayoría el público se movía en los 30-40 años, incluso más edad. La gente estuvo entregada, ovacionando tema tras tema a Byrne y tras la citada “Once in a lifetime” los aplausos duraron casi un minuto (cosa rara en un concierto de rock). En los bises no dejó de sorprender que el lugar que tendrían reservado “This must be the place (naive melody)” o “Road to nowhere”, se lo adueñara la acelerada “The great curve” que también estuvo entre las elegidas.

De lo que el nuevo disco se refiere, David fue salteando las entregas poco a poco, haciendo de esta forma que el show resultara variado y entretenido. Tras el acertado inicio con “Strange overtones”, destacó “Life is long” con David y todo el personal sobre el escenario sentados en sillas de ruedas de oficina girando sobre sí mismos. Ahí les dejo una de las fotos para que lo comprueben.

Por otro lado, y también asociado a la representación y espectáculo de danza y en esta ocasión también de luces, la enigmática “I feel my stuff”, también tuvo un momento destacado al disponerse tanto los coristas como el trío de danza en formación realizando frenéticos movimientos de baile. No podemos ignorar el hecho de que este corte es el momento más experimental y enrevesado de la última entrega de Byrne y Eno. Completando lo que fue la presentación de su nuevo disco, se incluyeron la suave “My big nurse” mediado el concierto, en la parte inicial “One fine day” con su delicadeza, y la canción título como cierre definitivo en lo que fue… ¡el tercer bis! Parece ser que eso de parar y salir a tocar 4-5 canciones es propio de las nuevas generaciones y los viejos rockeros siguen con lo que solía ser habitual. A nivel del atrezzo, nos dejó a cuadros ver a Byrne en una de las propinas salir a escena con un tutú por encima del pantalón. Delirante.

Digamos que el espectáculo estuvo, en lo que a la selección de canciones se refiere, centrado en el último trabajo de Byrne, ya que a excepción de “Moonlight in glory” y “Help me somebody”, de sus discos en solitario no se rescató nada más, y por otro lado en los discos que Talking Heads editaron de 1978 a 1983. Por ejemplo del 2º disco de la banda, se rescató para los bises la adorada por Byrne versión de Al Green “Take me to the river” y nada más. De “Fear Of Music” hubo más suerte al seleccionarse en mitad del concierto, y como momento cumbre, “Heaven”, en la parte final la progresiva “Life during wartime” y como imprevisible elección “Air” en uno de los bises, aparte de la ya comentada “I zimbra”. En los citados bises, también se puso para terminar de desatar la histeria colectiva “Burning down the house” que pertenecía a “Speaking in tongues”.

En el apartado de los “debes”, podemos decir que se quedaron en el tintero clásicos imperdonables como “Road to nowhere” o “Psycho killer” y quizás la adorada por muchos (yo entre ellos) “This must be the place (naive melody)”. Por fortuna, yo tuve ocasión de disfrutar de su interpretación 5 años atrás en el primer concierto que pude ver de Byrne, con lo que la omisión de estas joyas, y máxime cuando por otro lado se incluyeron bombazos como “Air” o “Born under punches”, no me afectaron especialmente. Eso sí, no puedo dejar de decir que si hubieran sustituido a “Crosseyed and painless” y el cierre de “Everything that happens will happen today”, alguno de los citados clásicos olvidados, estaríamos hablando de un concierto de matrícula de honor. Aún así la experiencia fue mucho más que satisfactoria y la podría calificar de un 8,5 sobre 10. No obstante, es fácil entender el motivo de la selección de temas, y ese no es otro que David tiró de composiciones en las que Brian Eno estuvo presente en los momentos de grabación. Solamente hubo la citada concesión a “Burning down the house” en ese aspecto de tándem creativo Byrne-Eno en el repertorio.

Como he dicho al inicio, jugando en otra liga distinta, pero estableciendo una imposible comparativa, creo que David en su terreno me ha reportado una experiencia incluso más gratificante que las de The Killers y Franz Ferdinand. Y como bien saben por artículos anteriores, dichos espectáculos no es que fueran malos precisamente. Los Talking Heads es muy difícil que regresen a estas alturas y aunque se echa de menos ver en escena a la pizpireta Tina Weymouth con su bajo, a su cabezón marido Chris Frantz en la batería y a Jerry “Quintero” Harrison en los teclados, a nivel musical y de espectáculo tampoco creo que hubiera mucha variación respecto a lo que vimos. Los músicos que acompañaron a Byrne tocaron de forma excelente. Tan solo el cariño y lo entrañable que resultaría ver unida a la banda en el escenario sería lo único que le daría sentido.

Respecto a lo de la mayor satisfacción comparativa con mis otros recientes conciertos, todo tiene una explicación. Por un lado el público, mucho más maduro, pero no por ello menos apasionado, que crearon una atmósfera incomparable para disfrutar de un concierto. Por otro, la sorprendente adaptación al asiento y que ello no reprimiera las sensaciones que se pueden vivir de pie, eso sí, quitándote innumerables empujones, sudores, apretones, asfixias y niñatas pesadas que no levantan el 1,60 m. de estatura que se quejan de que no las dejo ver.
David Byrne, con las 2 horas de concierto que entregó, demostró que a sus casi 60 años está en una estupenda forma y que con su simpatía y con su carisma puede conseguir emocionar a gente de distintas generaciones, ya que la audiencia se componía de gente que pudo escuchar en su día en la emisora la actualidad de los lanzamientos de Talking Heads, con otros que hemos accedido a su música cuando dicha banda ya estaba más que separada. Igualmente en el estudio Byrne, valiéndose de la brillante colaboración de Eno, ha firmado su mejor obra desde que a comienzos de los 90 editara “Uh-Oh!”.
Destacaron las interacciones de Byrne con la audiencia, aparte de la citada presentación que hizo, cuando en una ocasión, dirigiéndose a alguien del patio inferior de butacas que no paraba de dirigirse a él, le dijo: “me hablas demasiado, ¿por qué no me escribes un e-mail?”; consecuencia: carcajada general. En esta ocasión David estuvo mucho más simpático y hablador que en la anterior ocasión que le vi tocar. Creo recordar que aquella vez, salió directo al micrófono a cantar y lo único que dijo para presentar “Si fulano” fue: “Peret”. Y ya.
Habrá que ver cuántas visitas más de Byrne a la capital nos deparará el futuro. De momento, he podido vivir 2 conciertos de este referente imprescindible de la new wave y a buen seguro que si vuelve a aparecer por estos andurriales volveré a acercarme a verle. Su concierto de hace 5 años ya fue más que satisfactorio, pero en esta ocasión, aunque por sutilezas del set list puede que fuera mejor el previo, el espectáculo fue aún mejor en su totalidad, sobre todo por el hecho de asistir a más que un concierto a una representación. Repito, fue impagable la parte de coreografía de danza incluida en casi todas las canciones. Vanguardia en estado puro incluso a la puerta de los 60 años. Larga vida Mr. Byrne.
2 comentarios:
Mil gracias por rememorarme tan fielmente ese concierto en el que también estuve y que disfruté tanto, como tú, a pesar de estas sentadicos. Qué riqueza de detalles la tuya. Yo me los despacho con un par de párrafos. Byrne es mi segundo dios y me complace comprobar que hay alguien más por ahí que lo comparte. Te recomiendo que te leas (si no lo has hecho ya)un libro que acaba de publicar que se titula "Cómo funciona la música". Muy instructivo, enriquecedor y emocionante como todo lo que él hace. Y efectivamenteysí, te perdiste otro descomunal concierto en el Price con St. Vincent. Hubieras llorado fijo. Saludos y seguimos leyéndonos.
LaRubiaProducciones, primero de todo, disculpas por la tardanza en responder.
Seguro que me hubiera emocionado, que últimamente estoy sensible y en algún concierto me han tocado la fibra no hace mucho. Muy grande nuestro señor Byrne.
Saludos, seguimos leyéndonos y gracias por escribir.
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