sábado, 16 de mayo de 2009

1985 Fine Young Cannibals - Fine Young Cannibals

Rendimos hoy tributo a una de tantas bandas de fugaz trayectoria y pronta separación, que tuvo sus relativos momentos de gloria en la 2ª mitad de los años 80, Fine Young Cannibals. Estos "caníbales jóvenes de puta madre" (traducción libre y alegre que suelo hacer del nombre de la banda al castellano), eran un trío compuesto por el guitarrista Andy Cox, el bajista y teclista David Steele y el cantante Roland Lee Gift.

Aunque quizás su obra de mayor repercusión fue su 2º trabajo de 1989 titulado "The Raw And The Cooked", me he decantado por su debut, que por otro lado es un disco mucho menos evidente y menos comercial que su continuación. La génesis del grupo vino propiciada por la unión de Steele y Cox, que habían militado conjuntamente en grupos anteriormente como por ejemplo la banda new wave de ska The English Beat, con el cantante Roland Gift, al que yo siempre he llamado desde el cariño "el negrito de las entradas", por la incipiente alopecia que siempre mostró.

El grupo se caracteriza por lo que yo considero una revisión pop del sonido estandarte del sello Motown. Es decir, un pop souleado o bluesado, que buscara una mayor repercusión o alcance de este género hacia el gran público. Esta constante se ve de forma más clara en su debut, puesto que "The Raw And The Cooked" se mueve de forma más descarada hacia el pop generalista.

El primer trabajo de la banda vino a titularse como el grupo y empezaba con uno de los singles que se eligieron de forma promocional y una de las canciones que hacen que los Fine Young Cannibals permanezcan en la memoria colectiva. "Johnny come home" es un acelerado, rítmico y vertiginoso tema pop con sus ya señalados retazos soul, los cuales se aprecian en la ayuda por parte de secciones de viento y metales que aparecen. La letra es una clara petición de que Johnny regrese a casa o que al menos dé señales de vida: "usa el teléfono para llamar a tu madre, te echa mucho de menos, echa de menos a su hijo, ¿quién sabrá dónde estás? La vida de la gran ciudad no es lo que dicen por ahí. Johnny, lo sentimos, ¿porque no vuelves a casa?, nos preocupamos, ¿no volverías? ¿Qué falla en mi vida para tener que beber todas las noches? Johnny, lo sentimos". Bueno, la letra como se puede ver no es nada profunda ni pretende nada en especial; simplemente es una letra pegadiza, que al igual que la canción busca hacerte bailar con cierto estilo. Destacable en lo instrumental son la saltarina línea del bajo y los acordes perdidos de guitarra que aparecen de vez en cuando. Igual mención merece el piano en la parte del estribillo. Hay que tener muy en cuenta en estos años que los discos se concebían con cara "A" y cara "B". Lo que quiero decirles con esto es que "Johnny come home" es un espejismo de ritmo acelerado dentro de lo que sería la primera parte del disco, ya que en la misma, Gift, Steele y Cox se moveran por terrenos lentos y más cercanos al soul. "Couldn’t care more" es un ejemplo de ello. En la misma, resultan interesantes los coros femeninos que en el estribillo acompañan a Gift. Algo más movidita resulta "Don’t ask me to choose", pero tampoco en exceso, ya que el vertigo se acumula principalmente en sus primeras notas con ese combo de guitarra y bajo que hace esperar más movimiento. Recuerda bastante en su ritmo a la revisión de "Suspicious minds" que unos minutos más tarde nos vamos a encontrar. "Funny how love is", acercándose en este caso algo más a una pura balada, abunda en esa sensación de menor frenesí que aportaba la cara "A" del disco. No sé por qué motivo me recuerda a alguna que otra composición que por aquellos momentos creó Paul Weller al frente de The Style Council, "A stone’s throw away". El otro sencillo escogido fue la ya mencionada versión de "Suspicious minds" que hicieron los Cannibals, con la inestimable colaboración del "comunero" Jimmy Somerville a los coros. Otro relativo éxito a mediados de los 80 y un hit fuera de lo habitual en la época.Tras este bombazo comercial de los chicos, se sitúa una de las joyitas del disco, "Blue". Una de las piezas más alegres, pero en cambio con un título y letra agridulce y que vuelve a suponer otro momento de soul y pop a partes iguales en el sonido. De ritmo más pausado que "Johnny come home", igualmente puede incitarte a bailar, aunque no de forma frenética. Para moverse animosamente está mejor la siguiente pista, cosa que se ve hasta en su título "Move to work". Si en la previa "Blue", los Cannibals no dejaban de afrontar de forma velada alguna crítica social como se apreciaba en frases como "mi ciudad se viene abajo y me estoy volviendo loco de pensarlo…", aquí se aborda el problema del trabajo, tan de rabiosa actualidad en nuestro país en la actualidad. El cambiar de ciudad para trabajar está presente en toda la letra. "No me pidas sacrificio, me tengo que marchar para trabajar" dice Gift al igual que "Todo lo que quiero es estar contigo, pero tengo que marcharme para trabajar". Nuevamente, aunque de forma más movida, los Fine Young Cannibals mezclan una melodía juguetona con una letra agria, creando una extraña sensación. Instrumentalmente quizás estemos ante la mejor composición del disco. El grueso formado por el saltarín bajo y la guitarra que le da empaque, se acompaña a lo largo del todo el metraje de diversos teclados, partes de instrumentos de viento y alguna que otra guitarra arrimando el hombro. Excelente creación, que además incluye una de las letras más válidas del disco. "On a promise" se apoya principalmente en la marcada melodía de guitarra rítmica que la sustenta. Viene a confirmar la partida del rumbo del disco de su primera cara que se movía por sonidos más lentos y baladísticos. Ahora se buscan ejercicios bailables y animados para que el personal se mueva. "Time isn’t kind" muestra nuevamente esa tendencia hacia el mayor ritmo y movimiento. A estas alturas ya queda consagrada como una perfecta máquina de creación de ritmo el combo que forman Cox y Steele a sus respectivos instrumentos. "Like a stranger" echa el telón de una forma frenética y acelerada con una forma de tocar el bajo y la guitarra, que a ratos nos hace pensar que la mano se les vaya a desencajar a Cox y a Steele. Por otro lado, un Roland Gift bastante exagerado en lo vocal, hace que el corte pueda acercarse al género gospel, aunque de forma bastante anfetamínica; digo esto básicamente por los coros que secundan a Gift en la parte final de la canción. Podrán comprobar que con esta pista, terminamos el disco casi sin aliento y con la lengua fuera, porque desde "Funny how love is" no se nos ha concedido respiro prácticamente.

El lp tuvo una cierta buena acogida y por otro lado suponía algo radicalmente distinto a lo que topaba las listas de ventas de la época. La difusión del curioso clip de "Suspicious minds", con esos trajes de lamé dorado coloreados sobre el blanco y negro de los componentes, ha quedado para el recuerdo de la historia de la MTV, al igual que el video tan propio de club nocturno de "Johnny come home".

La portada del disco se compone del símbolo de las iniciales del grupo en la parte de arriba en plan mosaico, entre medias el nombre completo de la banda y, en este caso también del álbum, y en la parte inferior de la composición una fotografía en blanco y negro de los 3 miembros del grupo, la cual está firmada por… adivinen… ¡Premio! Sí, Anton Corbijn.

En la prolífica década de los años 80, cuando los grupos iban al ritmo de 1 disco por año, estos 3 muchachos, al igual que hicieron Tears For Fears, tardaron 4 largos años en lanzar su 2º trabajo. Eso sí, la espera les mereció la pena, ya que con "The Raw And The Cooked", escudado en "Good thing", un corte de clara influencia del rock clásico de los años 50, y la impagable "She drives me crazy", la banda superó el incipiente éxito de su ópera prima.

No me pregunten por qué, pero el caso es que tras este disco el grupo se disolvió y poco más se supo de ellos. Pasarían varios años hasta que se editó el recopilatorio "The Finest" con el tema inédito grabado en aquellos días "The flame". Desde entonces lo único que surgió relacionado con Fine Young Cannibals fue de un disco que pasó desapercibido a comienzos de siglo editado en solitario por el cantante Roland Gift y que no tuvo repercusión alguna.

Fine Young Cannibals se salieron de la norma habitual que predominaba en los años 80 y aunque evidentemente amoldaron en parte sus preferencias musicales al pop de la época, no dejaron de ser un fenómeno algo extraño encajado en aquellos años. El disco propuesto dura apenas 35 minutos y es tan ligero y animado que hasta les puede cuadrar perfectamente en sus mp4 o reproductores digitales para formar parte de la banda sonora que les lleva al trabajo.

No en vano, por el reiterativo, sesudo y trabajado martilleo de la melodía de "Johnny come home", a veces me daba por decir en lugar de "Johnny we’re sorry", "Johnny was working". Chorrada mental de las que me dan a veces, no me hagan caso. Como tantas otras veces en las que me da la impresión de que les estoy incitando a adentrarse en algo no muy conocido, decirles que espero que no les decepcione.

Desde aquí, y aunque no venga muy a cuenta con el artículo de hoy, un sentido recuerdo a Antonio Vega, que nos abandonó hace unos días. Que Dios lo tenga en su gloria.

2 comentarios:

dijo...

revisitar fine young canivals en la noche de eurovisión ha sido milagroso.monsingi

Abacab dijo...

Fine Young Cannibals y Eurovisión... mezcla explosiva sin duda alguna. Espero que, si eres español y tenías algo de ilusión en que España quedara bien, te animara algo la noche tras el "éxito" logrado por la representación patria. Gracias por escribir.