sábado, 18 de abril de 2009

1979 Joy Division - Unknown Pleasures

Antes de comenzar, decirles que he respondido a todos los comentarios que estaban pendientes de réplica desde la última vez que procedí al respecto. Como ya sabrán la mayoría, la forma en la que respondo es poniendo simplemente un comentario a continuación de los que ustedes han dejado.

Igualmente decirles que creo haber podido habilitar la opción que permita que CUALQUIER PERSONA PUEDA PONER COMENTARIOS, aunque no sea usuario de correo google. Lo único es que los comentarios quedarán reflejados como “anónimo”, con lo que agradecería que cuando alguien ponga un comentario, que lo firme al final de su párrafo de alguna forma si pudiera ser. Comentado esto, pasemos a la propuesta de la semana.

De acuerdo, llámenme oportunista todo lo que ustedes quieran. Más de alguno dirá que es muy fácil ahora hablar de Joy Division, al calor del reciente (pero tardío) estreno del biopic de Anton Corbijn sobre el grupo, protagonizado por Sam Riley. He de decirles que cuando me enteré hace unas tres semanas de que el estreno en nuestro país era inminente, el nerviosismo interior que sentí es el mismo que experimento cuando recibo la noticia de un concierto en Madrid de algún grupo favorito. En consecuencia, estos días he recuperado y he estado machacando a fondo la discografía de la formación que lideró Ian Curtis; entonces, ¿qué mejor momento que éste para comentar alguno de sus 2 lps?

Al igual que ya dije en su día de Peter Gabriel y Genesis, no creo estar incurriendo en duplicidad de grupo. La explicación estriba en que New Order, salvo en su primer disco “Movement”, suenan bastante distintos a su forma anterior como Joy Division, principalmente por la grave y cavernosa voz de Ian Curtis. También es evidente que, salvo raras excepciones, New Order eran bastante más alegres que Joy División.

Estos chicos de Manchester se juntaron al calor de la ebullición punk y nunca mejor dicho, ya que parte del grupo asistieron a aquel mítico concierto ofrecido por los Sex Pistols en la norteña ciudad británica en 1976. Por un lado estaba el tándem formado por el bajista Peter Hook y el guitarrista/teclista más tarde conocido como Bernard Sumner, que tuvieron ocasión de toparse con un peculiar personaje llamado Ian Curtis, al cual comentaron sus intenciones de formar una banda.

La línea se completó con el batería Stephen Morris, y el grupo empezó a moverse por la escena nocturna de su ciudad, aún bajo el nombre de Warsaw. En esos ambientes tuvieron la ocasión de encontrarse con el gurú local Tony Wilson en su local The Factory. Desde el primer momento, Wilson quedó impresionado con el grupo y en especial con su líder Ian Curtis y su forma de comportarse sobre el escenario.

Este visionario, recientemente malogrado antes de tiempo cuando aún no tenía ni 60 años, quiso dar un paso más allá. Tras haberse hecho gerente de sala nocturna desde su posición de periodista de la cadena local Granada Tv, Wilson decidió crear una compañía discográfica, quizás una de las primeras independientes, que se salía de la norma en lo que se refiere a contratos y funcionamiento habitual de la misma.

Lo primero que hizo fue conseguir “firmar” a los ya renombrados Joy Division, pero con una libertad total. El siguiente paso lógico era que la banda seleccionara las canciones de su repertorio de directo que formarían parte de su primera obra. Para la producción del disco, Wilson tiró del excéntrico técnico Martin Hannett. Un tipo algo difícil y que puso un alto precio a sus jornadas en los controles para ayudar a confeccionar el sonido de estudio de Joy Division.

“Unknown Pleasures”, así sería titulado el primer álbum del grupo, comienza con “Disorder”, un claro ejercicio postpunk definido por la melodía creada a dúo por el acelerado bajo de Hook, la nerviosa batería de Morris y la guitarra rítmica. Es una de esas canciones que no pueden faltar en un recopilatorio que se precie a definir la llamada “new wave” de finales de los setenta y los primeros ochenta. En la misma Curtis aborda parte de la percepción que él tenía de sí mismo fuera de la sociedad: “He estado esperando un guía que venga y me coja de la mano, ¿podrían estas sensaciones hacerme sentir los placeres de un hombre normal?”. “Day of the lords” cambia a un sonido más farragoso, oscuro y decadente. Bajo esa melodía que incluye unos teclados bastante punzantes, Curtis nos pinta imágenes desoladas y sórdidas. El estribillo con ese remarcado “¿cuándo terminará?” parece venir de ultratumba, apoyado en la grave voz de Ian, que poco a poco en la canción va perdiendo mesura y contención para terminar cantando con mucha furia. En la siguiente pista no se abandona el sonido lento y subterráneo, ya que “Candidate” se basa en una lúgubre línea de bajo y unas notas desafinadas y distorsionadas de guitarra aportadas por Bernard. La desesperanza y el pesimismo no deja de estar presente en la letra: “Hice campaña para nada, trabajé duro por esto. Intenté acercarme a ti y me trataste así...”. En “Insight” se continúa esa visión negativa y abandonada: “Me doy cuenta que los sueños siempre terminan, ya que nunca suben, sino que descienden; pero me da igual, he perdido el interés en querer más, no estoy nada asustado en absoluto. Veo como todos van cayendo, pero recuerdo cuando éramos jóvenes”. Es evidente que en esta canción Curtis nos plantea sus frustraciones al llegar a la edad adulta y la falta de parecido entre lo que se esperaba de niño a lo que realmente se consigue. En efecto, el panorama de Manchester en aquellos años no era muy alentador y Joy Division hacía de vox populis que pregonaba la falta de fe que tenía gran parte de la juventud. ”New dawn fades” ahonda en esa mediocridad social, aunque aquí parece que no se ha perdido completamente la esperanza según lo que grita Ian en los últimos versos. La música se anima más respecto a los 3 momentos tan decadentes y oscuros que hemos vivido, aunque no por ello nos encontramos ante un tema que brille como el sol; Manchester es una ciudad en la que son comunes los días grises y “Unknown Pleasures” es la banda sonora perfecta para un día muy nublado y casi lluvioso. ”She’s lost control” es uno de los clásicos con mayúsculas de la formación. Claramente se distingue por la distorsión y reverberación de la voz de Curtis y en lo musical por esa línea de bajo subterránea creada por Hook y los más que carácterísticos sonidos de percusión a modo de latigazos que nos azotan durante toda la canción. Quizás se trata de la canción que más se podría ajustarse al propio Curtis dentro de su obra, debido al triste final que tuvo. En parte también se ve un paralelismo entre esa pérdida de control y los ataques epilépticos que el propio cantante sufría a menudo. ”Shadowplay” es la canción más nocturna del disco, principalmente por la descripción del peligroso ambiente a altas horas de la noche de Manchester en la misma: “… de la misma forma que los asesinos se agrupan en cuatro calles, bailando en el suelo…”. Con motivo de “Control”, The Killers hicieron una acertada revisión del tema, haciéndola algo más accesible y más pop, partiendo del oscurantismo del original de los Joy Division. Rítmicamente estamos ante otro de los momentos animados del disco, como fue en su inicio “Disorder”. La interpretación vocal vertiginosa y tan solemne de Curtis, alcanza aquí sus cotas más remarcables. Aquí es donde por primera vez que la guitarra acapara un mayor protagonismo que en las otras canciones, donde el bajo de Hook tenía tanta importante a la hora de crear ese sonido oscuro y grave de la música. Acierto y lucimiento personal pues para Bernard Sumner. No menos destacable es la batería de Morris en esta ocasión, pasando Hook a lo que tradicionalmente suele ser el papel del bajo, es decir, sustento de la guitarra y voz cantante. En “Wilderness” Curtis toca uno de los palos temáticos por los que todavía no había pasado, en este caso la religión, con claras alusiones a los mártires, santos, sangre de Cristo etc. El sonido es distorsionado y la exposición vocal de Curtis es bastante lineal, con lo que se consigue una sensación bastante peculiar. ”Interzone” es quizás la pista más punk del disco propiamente dicho. Aquí la grabación superpone 2 planos vocales de Curtis para crear el efecto de autoréplica confeccionando la historia narrada. Nuevamente resulta importante la guitarra de Sumner. 2 minutos bastante acelerados para dar paso a continuación al cierre de ”I remember nothing”, la cual vuelve por los derroteros habituales de la banda, con un sonido lúgubre, oscuro, decadente y siniestro. Hannett se valió de efectos sonoros como roturas de cristales. Ian empieza la canción como la primigenia “Autosuggestion”, descarte de oro del disco, con un sostenido vocal punzante. El lento ritmo de la batería, y las atronadoras notas del bajo de Hook destacan en lo instrumental. En la misma Curtis aborda nuevamente aspectos autobiográficos como su difícil mundo interior y la capacidad de autodestrucción violenta que en potencia guardaba. También se puede apreciar el cambio de humor que Ian estaba experimentando en lo que a su matrimonio se refiere: “hemos sido unos extraños el uno para el otro durante mucho tiempo”.

Casi 6 minutos de decadencia y oscurantismo para dar carpetazo a una obra asfixiante, introspectiva, lúgubre, desesperanzada y ante todo emotiva e impactante. Joy Division pusieron de manifiesto en mitad del apogeo punk, que había otras formas distintas de mostrar el descontento social aparte del escupitajo, las palabrotas y el sonido abrasivo de la música. Ellos apostaron por texturas oscuras, unas letras delicadas a la par que atroces (aparentemente contradictorio), y una actitud sombría, salvo en las ocasiones en las que Ian parecía estar poseído en el escenario.

“Unknown Pleasures”, con esa sencilla portada con esas líneas retorcidas que pudieran parecer unas cordilleras escarpadas, permitió a Joy Division posicionarse perfectamente en la parrilla de salida de lo que sería la hornada de la “new wave”. Reportó a la banda hacer numerosos conciertos a lo largo de todo el Reino Unido e incluso alguna incipiente actuación europea.

Sin embargo, y aunque todo pintaba de color de rosa (a pesar de su sonido de distintos tonos grisáceos) para Joy Division, había algo en el interior de su líder que no iba del todo bien. Los cada vez más numerosos problemas de salud de Curtis, relacionados con su epilepsia, el naufragio de su matrimonio y el vértigo personal y recelo respecto al éxito que tenía, hicieron que poco antes de que la banda marchara de viaje para los Estados Unidos, el cantante se ahorcara en su casa.

Joy Division es quizás, en relación de factores: “duración-calidad de su música-influencias en otros grupos”, el grupo que más eficacia ha logrado. Con una duración que apenas duró 4 años, y con 2 discos de estudio, el hoy descrito “Unknown Pleasures” y el póstumo “Closer”, esta banda puede presumir de haber influido a un amplio espectro de grupos posteriores e incluso contemporáneos de ellos, como por ejemplo mi grupo matriz The Cure, lo cual ha sido reconocido por el propio Robert Smith.

En la actualidad los recuerdos de estos 4 chicos de Manchester se pueden ver de forma clara en grupos tan válidos como Interpol, aunque Paul Banks haya negado en varias ocasiones su inspiración en Joy Division, incluso aludiendo no saber quienes eran, y por otro lado en Editors, en los que aquí sí Tom Smith no siente vergüenza al reconocer a Curtis y sus compañeros como referente en su manera de concebir la música.

Hay que decir que el suicidio de Curtis no le reportó mayor gloria que otras tragedias musicales como la de Jim Morrison, Hendrix, Lennon, Kobain etc. En los años 80, y también en parte debido al resurgimiento de sus 3 restantes amigos junto a la novia de Morris como New Order, Joy Division estuvo igual de enterrado que las cenizas de su cantante, y en la década de los 90 el mencionado asunto del gurú del grunge, líder de Nirvana, saciaron el cupo de suicidios musicales a destacar de la época.

Tuvo que llegar el siglo XXI y aprovechando la vuelta a la actividad de New Order con la edición de su notable disco “Get Ready”, al director Michael Winterbottom, se le ocurrió rendir homenaje a la escena musical de Manchester desde finales de los 70 hasta mediados de los 90, a través de la narración del activismo desempeñado por Tony Wilson en esos años. Evidentemente la primera parte de la película circunda alrededor de Joy División, aunque si bien es cierto, la historia de la banda está supeditada a las gestiones que el bueno de Wilson realizaba en la época.

Sería el fotógrafo Anton Corbijn quien decidió filmar un merecido tributo a nuestro héroe de hoy en la impresionante película “Control”. Un excelente biopic, que he tenido ocasión de ver esta semana y que narra de una forma muy elegante la trayectoria de la banda y que nos permite conocer un poco más a este genio atormentado que decidió quitarse de en medio a sus “tiernos” 23 añitos. Lo de tiernos lo pongo entre comillas debido a que Ian Curtis, en la película y por lo que había visto de él en imágenes grabadas, siempre dio la impresión de estar entrado en la treintena.

Joy Division no fueron ni mucho menos unas estrellas. Más bien, cuando estaban empezando a subir como la espuma, fue cuando Ian con su lamentable suicidio decidió poner fin a todo, dejando a todo el mundo que rodeaba y formaba parte de la banda con un palmo de narices. No pretendo decirles que Ian Curtis fuera ni mucho menos un ejemplo a seguir, ni que su figura dentro de la música sea lo más importante que haya existido nunca.

Sería un craso error aquí entrar en el habitual hecho de que porque alguien haya fallecido antes de tiempo encumbrarle hasta las más altas esferas sin más. No obstante, creo que es justicia renoconer la importante de Ian Curtis y Joy Division al mundo de la música, creando un estilo angustioso y sombrío, que sería fuente de inspiración para lo que más tarde evolucionaría en el llamado rock gótico. Fueron precursores de un sonido especial al que en parte ayudó Martin Hannet desde la mesa de mezclas y de forma inevitable Curtis creo su propia leyenda con su temprana muerte.

Hoy, aparte de la recomendación musical de escucha del disco que les propongo, les sugiero que aprovechen y se desplacen al cine que tengan más cercano donde se proyecte “Control”. Si están interesados en el asunto, o simplemente si son admiradores de Joy Division, estoy casi seguro que no les decepcionará.

Me gustaría comentarles algo de la película, pero esto es un blog musical y por el momento no tengo pensado abrir otra bitácora sobre el séptimo arte, ya que a pesar de que, como a casi todos, me guste, creo que ya existen muchos blogs al respecto y siempre seré capaz de aportarles más sobre música que sobre cine. Sólo les diré que las expectativas con las que fui a la sala eran muy altas y que no se vieron para nada decepcionadas. Aquí termina mi homenaje a esta entrañable banda, y en particular a su líder. Ian Curtis, ese sombrío personaje con indumentaria tan seria a base de pantalones de vestir y abotonadas camisas de tonos oscuros, el cual, esté dónde esté, que Dios lo tenga en su gloria.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Increible , cada palabra que leí me sumergía en este hermoso mundo llamado Joy Division, siempre dije que no es para cualquiera....la oscuridad post-guerra de Inglaterra el gobierno absurdo de Thatcher la falta de empleo y de un futuro verdadero, las peleas nocturnas, el peligro de caminar solo por Manchester, las chicas que no te daban ni la hora...las familias rotas, el dolor por sufrir una enfermedad silenciosa, las industrias , los galpones clausurados, los dias frios y lluviosos hicieron un combo perfecto para que Joy Division haga su música a su manera y de la mejor manera....creo que el dicho: Punk=Jodete y Pos-Punk=Estoy Jodido....hablan por si solos en este trabajo de los 4 flacos con camisas de trabajo.....que nunca las podían usar en esa miserable ciudad de aquella epoca...Manchester is Wonderful..

Abacab dijo...

Anónimo, un comentario muy descriptivo con cierto lirismo (dentro de la sordidez que describe) que me ha gustado mucho.

Gracias por escribir.