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viernes, 23 de octubre de 2026

Concierto Morrissey. Madrid (29-07-2026)

Voy a hacer algo que no es habitual aquí, que es de entrada dar las gracias al promotor del concierto del que les vamos a hablar a continuación; no es fácil atreverse con nuestro querido Morrissey, teniendo en cuenta el historial de cancelaciones que tiene en su trayectoria, así que, lo dicho, muchas gracias por habernos facilitado esta nueva ocasión, con la que no contaba demasiado, cosa que manifesté en la crónica de su visita de 2014.
Y es que hacía un año que Mozz había dado la espantada en Las Noches del Botánico. He de reconocer que en este particular sentí una extraña sensación de alivio, ya que nos quedamos sin entradas en un proceso de venta que resultó caótico a través de su web y nos dejaba para aquella cita con la única alternativa de ir de “oyentes” a los alrededores del recinto de la Universidad Complutense. Morrissey tuvo uno de sus días malos y canceló. Para colmo, esta primavera había cancelado en Valencia, aunque tocando en Sevilla, pero se anunciaron conciertos para pleno verano en Madrid y Barcelona.
En esta ocasión no tuvimos mala suerte y pudimos comprar las entradas a un precio de 90 euros, que hacen ridículas las quejas que en 2014 tuvimos sobre los 56 euros que pagamos por entonces. La ocasión tendría lugar en el mismo recinto que aquel histórico concierto del 9 de octubre de 2014; una noche en la que Mozzer vino a presentarnos uno de los mejores discos de sus 2 últimas décadas, “World Peace Is None Of Your Business”, y nos ofreció una actuación sublime que está sin duda entre los mejores conciertos a los que he asistido en mi vida (y he ido a unos cuantos).
La época del año variaba, pasábamos del otoño y un día lluvioso a una jornada veraniega de ola de calor; cosas mías, asocio mucho a The Smiths (más que a Morrissey en solitario) a la primavera y verano. No sé por qué, quizás porque a The Smiths los conocí en junio de 1998 o a saber por qué extraña conexión de ideas interna. Por ello, tampoco me descuadraba la época del calendario, pero, ¿qué tonterías?: a Morrissey le voy a ver cualquier día del año si la ocasión se pone a tiro y si ese día sube al escenario.
Nos juntamos 5 personas para este concierto. El trío de redactores del presente blog, Alfredo Morales, Mariano González y Víctor Prats y las parejas del 1º y 3º. Llegamos en la tórrida tarde al recinto en torno a las 20.15h y accedimos al pie de pista. Conseguimos una buena posición, pero algo más lateral que en el concierto de 2014. A eso de las 20.30h empezó la proyección de videoclips tradicional de Morrissey para calentar el ambiente con elecciones previsibles (Ramones, Edith Piaf) y otras no tanto (Kraftwerk e incluso Visage o ni más ni menos que Interpol).
Empezamos a ponernos nerviosos, ya que eran las 21.09h y Morrissey, que en la única ocasión previa había sido escrupulosamente puntual, no aparecía sobre las tablas… Por fortuna no hubo cancelación y a eso de las 21.11h se apagaron las luces y arrancó el concierto con brío de la mano de “Billy Budd” de una de sus obras magnas, el “Vauxhall And I” de 1994. Seguidamente, sorprendiéndonos bastante (ya sabrán los lectores habituales de este blog que no miro nada de los setlist previos de los artistas a los que acudo a ver en concierto), situó las 2 piezas cuyo título, si se lee con mala intención pueden llevar a confusión: “I just want to see the boy happy” y “The youngest was the most loved”, del también notable lp “Ringleader Of The Tormentors” de 2006. Este trabajo fue de los más representados de la noche, con justicia, ya que es un lp estupendo, algo a la sombra del predecesor “You’re The Quarry”. Mi momento favorito fue cuando recuperó la solemne “Life is a pigsty”, la cual en sus primeros compases instrumentales me hizo dudar por segundos por la actual “Notre-dame”, ya que comparten semejanzas sobre todo en las bases. Una composición larga, con 2 partes bien diferenciadas, que quizás a alguno se le haría algo espesa, pero que a mí me supuso una de las agradables sorpresas del setlist de la noche.
El primer “momento Smiths” vino de la mano de una no tan previsible y recibida con júbilo “Shoplifters of the world unite”, canción que en su día no funcionó como pretendía la banda, pero que a día de hoy, con el paso de las décadas, se ha ganado un hueco notable en el corazón de los seguidores de Morrissey y The Smiths. Quizás fuese uno de mis pasajes favoritos de toda la noche, lo cual es mucho decir con las selecciones que fueron apareciendo.
Normalmente Morrissey suele escoger entre 4 o 5 canciones de la mítica banda que lideró para sus shows. En este sentido hizo uso de 2 trallazos de la talla de “How soon is now”, con la que finalizó el concierto de 2014 y que en esta noche apareció a eso de mitad de concierto, y “There is a light that never goes out”, que fue la encargada de relevar en el cierre de actuación al otro clásico. Vi algo de refilón sin querer de hacía 4 meses en YouTube y por tanto no me sorprendió del todo que apareciera la que quizás sea mi canción preferida de The Smiths por todo lo que me ha influido desde que la conocí en 1998, pero también es cierto que un setlist de Morrissey es susceptible de muchos cambios en un periodo de 3 meses, cosa que se agradece. De The Smiths también escogió “A rush and a push and the land is ours”, esta canción mucho menos evidente y que me causó una grata sorpresa, ya que es de mis favoritas del disco “Meat Is Murder”.
No podemos obviar en el tramo final del concierto que también se incluyera en el menú de la noche una de las canciones siempre clasificada en los puestos altos de rankings de las canciones más tristes de la historia. “I know it’s over” nos ofreció un pasaje descarnado, con una interpretación sublime en conjunto de todos los músicos y de Mozz al micrófono. Claramente otro de los momentos destacados de este evento.
Este concierto está encuadrado en la gira o al menos en el año de publicación del disco “Make-Up Is A Lie”, el cual me atrevería a decir que es el más atinado de los últimos 3 editados por Mozz. Sin embargo, no fue tan prolijo a la hora de desgranarlo y dejó de lado mis 2 temas favoritos (el arranque “You’re right, it’s time” y “Lester Bangs”). Escogió sin embargo la repetitiva, pero muy efectiva, canción título, la emotiva “Kerching kerching” (a la que se refirió que iba a sonar en todas las emisoras, aunque no estuvieran emitiendo las radios), la setentera “Zoom the little boy” y en el tramo final la bonita “The monsters of Pig Alley”. No hubiera pasado porque hubiera incluido alguna pieza más de un disco tan notable.
Buscando en el fondo de catálogo de Morrissey, hubo lugar para temas no tan esperados como la muy sentida “Now my heart is full”, apertura de “Vauxhall And I”, en la que además de la acongojante interpretación de Morrissey, hay que mencionar la proyección trasera cinematográfica de una pareja conduciendo un descapotable al límite (discúlpenme, pero no tengo el referente cinematográfico; ahora bien, indagaré y haré por ver la película). Y es que las proyecciones funcionaron muy bien, como por ejemplo el contraste de ver a Bruce Lee hacer catas mientras “How soon is now” nos metía en el trance de sus cuerdas.
Personalmente Morrissey estuvo muy simpático con el público madrileño, ya desde el arranque con esa reiteración del nombre de la ciudad y esforzándose por dirigirse en esos primeros segundos en nuestro idioma. No tuvo momentos tan entrañablemente gañanes como en 2014, y en eso quizás también influya ya que Morrissey es 12 años más mayor y ya está en una fase de su vida crepuscular, queramos o no. No obstante, sabe perfectamente adaptarse a los tiempos y su actitud de divo total no palidece un ápice. Se cambió un par de veces de camisa y terminó el show con una camiseta con el nombre de Madrid impreso, para terminar de torso desnudo en los últimos segundos mientras iban terminando los acordes de “There is a light that never goes out”.

Quizás su momento más divertido a la par que controvertido fue cuando aseguró que la siguiente canción que representaría a España en Eurovisión sería “The bullfighter dies”. Fue la única representante de su lp e interpretada con unas explícitas imágenes de corridas de toros sobre el telón de fondo. Por cierto, no se hicieron uso de pantallas que proyectaran el concierto, con lo que la gente del final de la pista e incluso los de la grada extensible de la calle Goya (que yo creo recordar que en 2014 no consiguió añadir ese aforo sentado) lo verían lejano y sin detalle, ya que sobre el telón de fondo solamente se utilizaron los clips en loop de películas clásicas o alguna foto fija como la de Oscar Wilde en “Irish blood, english heart”. En este sentido hay que destacar que de aquel soberbio renacer discográfico de 2004 que fue “You’re The Quarry” se apoyó en 2 de sus pilares, ya que la otra elegida fue “The first of the gang to die”, dispuesta en el tramo inicial del concierto, y que quizás fue de las más celebradas por el público.
Morrissey se acompañó de una notable banda, muy buenos músicos, comandados por uno de sus “primeros espada” históricos que es Jesse Tobias (en la foto de debajo de este párrafo). Destaco sobremanera dentro de sus músicos el trabajo de Carmen Vandenberg, una excelente guitarrista que ejecutó con acierto y entrega los acordes eléctricos rítmicos más representativos de las canciones.
Fue una hora y 40 minutos de otro concierto para la historia. Muy bueno. Me da la sensación que el de 2014 me gustó algo más, aunque con eso de que fue la primera vez que veía a Morrissey quizás el recuerdo me traicione un poco, ya que este de 2026 es sobresaliente. Realmente a los fans de toda la vida nos da un poco igual el repertorio que disponga Morrissey para un concierto. Cualquier canción de The Smiths o suya nos va a entrar bien. Siempre me hubiera gustado volver a disfrutar “Speedway”, escuchar “Why don’t you find out for yourself?” o las ya citadas del último disco, pero realmente da igual.
A eso de las 22.50h, sonando el “You’ll never walk alone” (cosa que me agradó como seguidor del Liverpool que soy) se acabó lo que se daba y desfilamos a la plaza de Manuel Becerra para tomar algo como es tradición personal al acabar un concierto celebrado en el antiguo Palacio de los Deportes de Comunidad de Madrid. Muy satisfechos de lo vivido, pero con una inconsciente sensación de melancolía ante la más que probable circunstancia de que quizás no vuelva a ver un concierto de Morrissey; de hecho, les confieso que mientras que escribo estas líneas (que se publicarán cuando sea, pero que escribo pocas horas después del concierto), me encuentro en una especie de “resaca emocional” por todo; por la emoción de haber vivido un gran concierto y por esa cierta sensación de melancolía e inicio de nostalgia.
Morrissey es un divo absoluto. Un animal escénico que maneja la situación de forma pasmosa y sabiéndose que ya de entrada nos tiene a todos los que entramos al recinto a sus pies. No obstante, no ejerce su apostolado desde la soberbia, sino que dentro de sus formas algo toscas en algunos momentos, sabe perfectamente llevarnos por donde conviene. Físicamente ya se nota el paso del tiempo. Y es que son 67 años, ¿qué queremos? Ahora bien, vocalmente nada que objetar y en buena forma, que es lo importante. No sé yo si un Morrissey frisando los 80 será susceptible de visitar una vez más este mismo recinto (comento esto viendo el lapso de tiempo transcurrido entre un concierto y otro). En todo caso, hasta que hace unos meses me enteré de la celebración de este concierto y saqué las entradas, no contaba con poder revivir una cita única como aquella del 9 de octubre de 2014. Por ello, me doy por satisfecho de poder decir que al menos he podido ver a Morrissey 2 veces en mi vida. Un artista de mi pódium de gustos musicales, junto a su “querido” Robert Smith (mal que le pese) y a los Depeche Mode. Ahora bien, si se da otra ocasión, ahí intentaré estar. Morrissey se ha prodigado poco por Madrid en su trayectoria, pero en las 2 ocasiones que le he visto ha sacado un 10 en el examen de ayer y una matrícula de honor en 2014. No está nada mal.

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