sábado, 3 de diciembre de 2016

Nudozurdo - Sintética (2008)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Me apetecía desde hace tiempo comentar un disco de Nudozurdo, no en vano es una de mis bandas favoritas del indie español y los considero lo suficientemente talentosos como para ser tenidos en cuenta. A la hora de elegir el disco a revisar me decidí por el que supuso su revelación ante un público más amplio, “Sintética”. Los motivos musicales son más que suficientes para ponerse manos a la obra, pero mentiría si dijera que no hubo otras consideraciones de índole más personal. Verán. La música de “Sintética”, por diversas circunstancias, fue parte de la banda sonora de una relación mantenida por servidor de ustedes. Se podrá aducir que tampoco es una música propensa al romanticismo, pero las explicaciones al respecto son lo de menos. El caso es que cuando la relación se fue concienzudamente a freír espárragos, “Sintética” llevaba aparejado una carga de dolor que aparecía como un acto reflejo al apretar el play. Lo cual no deja de ser una sandez sentimental, pero supongo que hasta cierto punto inevitable. El caso es que pasado el tiempo, la cabeza fría volvió a regir mi criterio y pude volver a disfrutar de un disco magnífico. Y tenía pendiente desfacer un entuerto. A modo de revisión, por ejemplo. Y a eso vamos. De todos modos ya decía Rick Blaine en “Casablanca” que los problemas de dos personas poco importan en este loco mundo, de modo que sensatamente circunvalaremos toda está morralla nostálgica.

Desde hace un tiempo en nuestra escena musical independiente están apareciendo una serie de grupo de sonidos oscuros y evocaciones cercanas al territorio post punk. Ahí tenemos, entre otros, (cada uno con su toque) a León Benavente, Ornamento & Delito, Catpeople (un tanto desaparecidos) y por supuesto a Nudozurdo. Cuando escuché “Sintética”, por cierto, creía (como más de uno supongo) que se trataba del debut de la banda pero en realidad ya había grabado un disco tras ganar un concurso (Popzuelo) en 2002. Lastimosamente esa primera grabación contó con una deficientísima distribución que hizo que prácticamente se conociera solamente a partir del impulso de “Sintética”. De hecho el propio “Sintética” contó con una gestación dificultosa, retrasándose su lanzamiento bastante tiempo. Tampoco en estos primeros años de la banda la formación es totalmente estable. En los tiempos en que “Sintética” fue lanzado, la formación estaría compuesta por Leopoldo Mateos (líder y espíritu del grupo, el único que ha estado siempre) en voces y guitarra, Jorge Fuentes a la batería, Meta en el bajo y César de Monteyrín en guitarras. Posteriormente en discos sucesivos Jorge Fuentes fue sustituido por Josechu Gómez.

Para situar las coordenadas de “Sintética” diremos que la música se mueve en un estilo oscuro, decadente, de bajo y batería marcados y guitarras entre lo atmosférico y sucio según se requiera. Podría haber reminiscencia de varios grupos de sonoridad oscura de principios de los ochenta, entendiendo esto como una mera orientación y no como una lectura unívoca. Hay también quien habla de similitudes con Low, Mogwai… Y quizá la banda no esté de acuerdo con muchas de estas referencias. Qué importa, si suenan bien. Si la música puede llegar a ser densa, líricamente el disco no lo es menos. Las letras de Leopoldo Mateos son abundantes en figuras perturbadoras, inquietantes y frecuentemente dolorosas, pero sin renunciar a un cuidado lirismo. No son letras malrollistas sin ningún tipo de matiz, no estamos hablando de un grupillo emo. Visto que el panorama no parece ser la alegría de la huerta, bien haremos en conceder tiempo y escuchas para que vaya calando poco a poco, despaciosamente. Lo cual no significa que no tenga bazas ganadoras; en su momento cuando escuché “Mil espejos” (quizá porque era un estilo cercano a mis gustos) tuve la impresión de que había que indagar con detenimiento, y hoy no tengo dudas de que fue un acierto. Así que, a fin de cuentas, el laborioso parto de “Sintética” fue provechoso.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Mil espejos”: O cómo empezar el disco de una forma óptima. Sentimentalmente es sin duda mi canción favorita de Nudozurdo, pero la admiración siempre es secundada por buena música. La intro a base de bajo y batería, mientras por encima se van dibujando unos melancólicos acordes de guitarra, es hipnóticamente atractiva. La melodía vocal a cargo de Leopoldo Mateos suena triste y serena a un tiempo. Líricamente se nota la amargura de una relación ya pasada: “y aunque estés equivocada, y aunque tú ya no estés, en mi cuerpo hay mil espejos por donde yo… por donde yo te puedo ver”. Buen comienzo de disco y una canción carismática e indispensable de Nudozurdo.

2. “Negativo”: Canción de ritmo persistente y nervioso con notable presencia de bajo y batería; es más sencilla y con más colmillo que la canción anterior. Transmite cierta sensación de agobio, subrayado por unos leves y fantasmales coros de Leopoldo. Una canción directa, de seducción oscura: “porque las chicas van pasando y te quitan el lugar, y en su voz hay mil promesas que tú tienes que pagar”.

3. “Ganar o perder”: El concepto balada es, como poco, amplio y ésta podría ser un ejemplo de balada a lo Nudozurdo. Guitarras atmosféricas, ritmo sosegado y una sensación de tristeza y decadencia dominándolo todo. De las guitarras podríamos decir que tienen toque a lo Chameleons o incluso Interpol (más o menos). En cualquier caso todos los elementos huyen de la afectación y la tentación del melodrama. Incluso líricamente afronta el tema de la ausencia de un modo un poco cruel: “Y creo que lo que más echo de menos es discutir contigo hasta hacerte llorar, para que me perdones primero y para ponerte de nuevo contra la pared”.

4. “Kamikaze”: Y nos adentramos en terrenos cada vez más oscuros. La canción se inicia poco a poco, casi reptando, sonando cada vez más lúgubre y angustiosa. A su favor, la pertinaz base rítmica, los cambios de ritmo y un estribillo potente. La letra también se desliza hacia el lado sombrío, como si fuera una exploración de alguien inquietante, pero diseccionando sin irse muy lejos del oyente: “tú quieres que te respeten pero la gente lo que ahora tiene es miedo de ti y esta noche avanzas en tu coche blanco, recién estrenado, por la ciudad”.

5. “El hijo de Dios”: Y llegamos al gran tour de forcé del álbum. Musical y líricamente es todo un puñetazo al hígado, una composición absolutamente visceral, sin miramientos; sensación que aumenta con el tono “hablado” de la canción. Son más de siete minutos y medio sin grandes variaciones en la melodía, pero son las modulaciones en la intensidad y los pequeños, pero astutamente dispuestos, detalles los que ayudan a atrapar; como por ejemplo el sencillo pero efectivo riff. La letra es la más brutal del álbum y pasa por ser una galería demencial de personajes y situaciones extremas donde lo mismo caben imágenes violentas, suicidios o menciones a ex alcaldes de Madrid (póngase cada cosa a su nivel). Dicho así, estoy haciendo una semblanza terrorífica, pero escuchándola, está todo articulado de una manera relativamente sutil. Impacta sin horrorizar. Me recuerda un poco el estilo lírico de Fernando Alfaro en sus diversos proyectos (véase “Gente abollada” de Surfin’ Bichos).
6. “Otra vez”: Conviene bajar un poco la intensidad, no sea que bordeemos la taquicardia y nos saturemos. Este tema cumple esa función, hacer un poco de contrapeso. Las estrofas son suaves, de guitarras acogedoras y entonación mesurada. El colmillo se clava en el estribillo donde el acelerador es pisado a fondo y se gana notablemente en contundencia. La letra es una conversación de cama de una pareja desde el punto de vista de la mujer y que comienza con un taxativo: “Otra vez, fóllame otra vez”. O sea, una “pillow talk” (que dirían los finolis) más bien erótico-festiva. Aunque no, festiva no mucho. Curiosa.

7. “No hay nadie”: La canción quizá más cercana al rock de toda la vida durante toda su estructura. Guitarras marcadas, ritmo pegadizo y poderoso estribillo. Es el tema más sencillo y más estándar del disco, si bien no desagrada tampoco. La letra también deja alguna perla lírica: “Perdí tanto el tiempo, que creí que el tiempo eras tú”.

8. “Ha sido divertido”: Vuelven las curvas; ritmo más pertinaz, guitarras nerviosas y nuevos efluvios post punk. La sensación de melancolía que emana es perdurable, también ayudada por una (a su modo) emotiva interpretación vocal. Suena a derrota. Líricamente se sitúa tras una ruptura, al poner a trasluz y comparar las partes iniciales y auspiciosas de una relación con las finales y amargas. Es la desolación de que algo potencialmente bueno se vaya a la mierda. La primera parte de la letra es la positiva: “Ha sido tan divertido habernos encontrado, ha sido divertido que me hayas acogido”. La segunda es la negativa: “No ha sido divertido habernos desangrado, no ha sido divertido mil malentendidos”. Dolorosa si estás en situación.

9. “Ido”: Y cerramos con un estupendo instrumental, de los que dan buen nombre a este tipo de composiciones. Olvídense de los instrumentales que son extractos de hilos musicales, pasivos y funcionariales. En cambio, tenemos lo mínimo que puede ser exigible para una composición: es expresiva, mueve a emociones. Las guitarras saben a eco, son bellas y bien estructuradas. No sé por qué me evoca un día lluvioso. Buen final.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Una primera aproximación: el disco es conciso; nueve canciones. Lo suelo decir con relativa frecuencia, pero en general me gustan los discos tirando a breves (con sus excepciones, claro está). Es preferible la sensación de quedarse con un poquito de hambre y ganas de más, que con un empacho que a la larga mengüe las ganas de futuras escuchas.

“Sintética” es un disco que evoca y disecciona (creo que he utilizado este término más arriba), trae al presente sensaciones colindantes con la melancolía, con la nostalgia. Sin embargo, a un tiempo lo hace presentándolo desde el lado oscuro, sin escudarse en sensiblería. Más bien al contrario. No hay subterfugios, ni evitación; lo que aquí se cuenta es crudo, sórdido, epatante. En la medida en que aceptemos esta premisa podremos adentrarnos en “Sintética” o de lo contrario nos quedaríamos viendo el panorama desde el umbral. Mi recomendación es que, si no lo han hecho, lo intenten; musicalmente me parece interesantísimo y dentro del tono punzante existe equilibrio, no es un desatino depresivo.

En 2011 Nudozurdo lanza su segundo disco “Tara Motor Hembra”, un disco musicalmente expansivo en varios aspectos. Cuando es atmosférico, es más atmosférico y cuando es crudo es más crudo. O lo que es lo mismo, tenemos varias canciones largas y espaciosas y otras distorsionadas y turbias. En vista de lo cual es ajustado decir que es un disco más ambicioso, con síntomas de crecimiento y a la vez de coherencia. No me gusta tanto como “Sintética”, pero sí creo que se hizo acreedor a un mayor reconocimiento, si bien en general las críticas fueron buenas. El siguiente paso, en 2012, fue el EP “Ultrapresión”, conformado por cinco canciones grabadas durante las sesiones de “Tara Motor Hembra” y que remiten lo mismo a sonidos familiares de anteriores entregas que a territorios no hollados todavía. Más desconcertante puede parecer su “Acústico” (2013) y la reescritura de algunas de sus canciones, con arreglos de cuerdas y tal. Igualmente es disfrutable. Y llegó la hora de hacer un desdoblamiento, un spin off o simplemente de inaugurar un proyecto en solitario de Leopoldo Mateos llamado “Acuario” (2014), donde aportaba la interesante novedad de añadir el manejo de los sintetizadores permitiéndose algún deje ochentero. Este disco cobra todavía más importancia porque parte de su sustancia se traslada al siguiente trabajo de Nudozurdo, “Rojo Es Peligro” (2015) donde las programaciones son más importantes y el elemento electrónico aumenta a la par que también lo hacen los tempos de corte más tranquilo. En este caso la oscuridad es más sutil, pero a pesar de todo ello en el trasfondo se puede ver elementos primordiales de Nudozurdo. Y después… Parece ser que el grupo está trabajando de pleno en un nuevo disco, pero poco más se sabe. Visto todo con panorámica Nudozurdo es todavía un grupo joven, si bien llevan en liza desde 2002; solamente acumulan cuatro discos de larga duración y las recientes aventuras estilísticas han resultado satisfactorias. Lo cual nos lleva a concluir que el futuro es francamente auspicioso.

Y creo que antes de que se materialice ese futuro no está de más escuchar “Sintética”, no en vano es la piedra angular (creo yo) de lo que está siendo su carrera. No hace falta tener ninguna tribulación sentimental como yo, bastan los criterios musicales. Un disco que a pesar de haberlo descrito como oscuro, triste, etc, es un disco honesto, emotivo y, por cierto, bastante lúcido. Merece la pena.

Texto: Mariano González.

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