sábado, 23 de agosto de 2014

Concierto Loquillo. Las Vistillas - Madrid (17-08-2014)

Con esta crónica que aquí publicamos, hacemos una nueva excepción en nuestro necesitado descanso veraniego. Vamos allá. Cuando regresaba de unos días en la playa el pasado 9 de agosto leo en un periódico regional de la zona que Loquillo actuaba esa misma noche en las fiestas del Puerto de Sagunto. Ya tenía mi billete de regreso de autobús sacado y me dio mucha rabia perderme esa ocasión, pero como ya sabía que el día 17 tendría otra buena oportunidad en Madrid, no me molestó tanto (de hecho, si no me hubiera ido el día 9, probablemente no me hubiera enterado del concierto igualmente, ya que el periódico lo pillé en la estación de Cercanías de Almenara cuando cogía el tren para ir a Valencia). 
Recuerdo que en 2007 fui a las Vistillas en las fiestas de la virgen de agosto a ver actuar a Nena Daconte, en los días de mayor gloria del por entonces dúo formado por Mai Meneses y Kim Fanlo: los de la gira de presentación de su 1er. disco de estudio (arriba les he insertado una foto de aquella vez). En aquella ocasión una notable afluencia de público, pero sin apreturas; imaginé que con Loquillo la cosa sería más o menos igual, sin experimentar mayores mareas de gente tales como las que en gloria se anotó el Loco en La Elipa hace un par de años. Muchas cosas podrían apoyar esa teoría: mitad de agosto, Madrid medio vacío, día (de bajona) de regreso vacacional de mucha gente, domingo a las tantas de la noche… Bien, pues me equivoqué de pleno. 
Sobre las 22.45h llegamos la delegación de “DMR” compuesta por Alfredo Morales (que aún no había visto a Loquillo en directo y se atrevió a desafiar un lunes laboral de poco sueño previo) y servidor a la plaza de las Vistillas, en plena actuación de la cantante Olga Ramos, que estaba dando buena cuenta del repertorio de canciones más madrileñas, de esas que te invitan a arrancarte a coger a alguna moza y marcarte un chotis. Bien, pues a esas horas el recinto ya estaba a rebosar; la foto superior muestra de lejos a la cantante Olga Ramos. Cierto es que esa plaza no es muy grande, pero casi no cabía un alfiler. Conseguimos avanzar por la zona lateral derecha según miras al escenario y situarnos más o menos bien. 
Se acercaba la hora del comienzo y a Alfredo y a mi nos regalaron a todo volumen “When I last spoke to Carol” de Morrissey. Todo muy apropiado, ya que es una de las mejores canciones del Morrissey del siglo XXI, porque Alfredo llevaba una camiseta de merchandising del artista y porque, recuerden, yo conocí en persona a la salida de un concierto de Morrissey en Madrid en el parque Juan Carlos I. Loquillo fue puntual y a las 23.30h arrancaba la maquinaria sonora, en cuya banda hay algún cambio respecto a los últimos tiempos, si bien los comandantes Stinus y Paskual siguen al frente de la misma. Loquillo irrumpía en el escenario con su habitual traje y camisa negra para abrir fuego con “Rock and roll actitud”. 
En esta gira “El Creyente 2014”, hay ligeros cambios con respecto a los repertorios que Loquillo ofrecía hace un par de años cuando tuve ocasión de verle en el concierto multitudinario de La Elipa y otro de menor relumbrón, en lo que a asistencia de gente se refiere, en Leganés. Ha habido más bien permutas en lo que al momento de sonar las canciones se refiere, aparte de incorporar algunos de los temas más válidos del notable disco “La Nave De Los Locos”. 
Loquillo sigue confiando en el núcleo de canciones preferidas de su última década en activo. Y en eso el set list no ofreció muchas variaciones en el tramo inicial. Estuvieron por ahí la efectista “Línea clara” (la imagen de aquí arriba muestra a Loquillo interpretando la canción, con el gesto tan característico que adopta apuntando con su brazo), “Cruzando el paraíso” o quizás el gran clásico de los últimos tiempos de su discografía en el que ha terminado por convertirse “Memoria de jóvenes airados”, donde mucho ha ayudado el acertado videoclip que Loco grabó junto a compañeros de generación que llegaron a la élite del baloncesto echando una pachanga en una cancha urbana. 
El primer momento memorable de la noche quizás lo supuso “El rompeolas”. Loquillo se encendió un cigarrillo para afrontar la interpretación de este clásico del mítico disco “Morir En Primavera”. De hecho, el estribillo más bien fue cantado por el público y Stinus y Paskual en los coros, mientras que el Loco apuraba su pitillo sonriendo con satisfacción al ver un Madrid tan entregado a su obra, presencia y puesta en escena; la foto superior muestra a Loquillo interpretando este clásico de su trayectoria musical. 
Destaca mucho el papel que juega “La mataré” casi al final de la primera parte de la actuación, ya que Loquillo y su banda más que hacer bises por lo que apuestan es por una brevísima pausa a mitad de concierto para luego volver con un nuevo extenso bloque de temas. Esta canción es tradicionalmente recibida por la gente con muchas ganas; supongo que el hecho de que Loquillo la tuviera apartada mucho tiempo de su repertorio ayudará a que la gente ahora la reciba con más intensidad. 
Si hablamos de clásicos o canciones icónicas de la historia del artista, no podemos dejar de citar a “Cuando fuimos los mejores” del notable lp “Cuero Español” que grabó aún con Trogloditas en el año 2000 (cuya gira alguna vez he mencionado me perdí cuando tocó en Torrejón de Ardoz). Y es que cuando Loquillo toca de lleno la fibra en sus letras es cuando el tema trasciende más allá de su momento y eso sucede con “Cuando fuimos los mejores” y también con la ya comentada “Memoria de jóvenes airados”. No me esperaba que Loquillo rescatara este tema (tengan en cuenta que no he escuchado ni he accedido a leer el track list del último disco en directo editado por Loquillo) para esta noche y me agradó especialmente que la interpretaran en esta ocasión. 
Personalmente, yo cambiaría “Carne para Linda” por otra compañera de su disco “La Mafia Del Baile” para los conciertos: “Channel, cocaína y Don Perignon”. No sé si debido a que Ricard Puigdomenech es coautor con Loquillo de la misma, (un Troglodita con el que Loco creo que no terminó muy bien, según he sacado en conclusión tras ver varias entrevistas) por eso no la tienen en cuenta. Pero bueno. En todo caso, “Carne para Linda” nos sirvió para ver al Loquillo más desatado de la noche, lo cual se ve en la fotografía de aquí abajo. Se quitó la americana del traje y con su camisa sin mangas se bajó a la valla de separación del público para subirse a la misma a la vez que berreaba (más que nunca en este tema) la letra de esta canción. Loquillo pondría punto y seguido con “Feo, fuerte y formal” y a continuación “El ritmo del garaje”, siguiendo con su look más rockero, sin americana. 
Me sorprendía ya avanzada la actuación que el gran “La Nave De Los Locos” hubiera tenido un protagonismo tan tenue para la ocasión. Pareciéndome darme réplica o respuesta a mi impresión justo al instante, fue en el inicio de la 2ª parte de la actuación cuando apareció la canción título que abre el disco y de seguido “El mundo necesita hombres objeto”. Estoy muy de acuerdo en la selección de estos 2 temas, más allá de la evidencia que supondría el single que fue “Contento”, si bien a estas alturas de actuación no causaron un efecto muy efervescente en un público que ya estaba esperando los mayores hits. 
No obstante, el inicio de la 2ª parte del show correspondió al tema con el que no hace mucho Loquillo abría sus actuaciones (al menos en las 2 veces previas que le había visto). Para “Las calles de Madrid”, a la que corresponde la imagen de arriba de este párrafo, Loquillo se puso una gorra madrileña, la cual sorprendentemente no le quedaba mal (siempre he pensado que es una prenda que sienta horrible a la mayoría de la gente; lo dice uno que nació en el barrio de Chamberí, que conste). También, en su vuelta al escenario, el Loco recuperó su americana del traje negro (apuntar al respecto que no faltó la versión de Johnny Cash “El hombre de negro” situada en la primera parte de la actuación). “Las calles de Madrid”, como bien sabrán, es un tema de fuerte carga de adrenalina que sirvió para reactivar a la gente de cara a la última media hora de música. Abajo Loquillo con su socio y buen amigo Jaime Stinus, el cual cumplía años ese día y con el que Loquillo tuvo el detalle de felicitarle ante todos durante la interpretación de “Rock and roll star” (de hecho, la foto creo que en sí refleja ese momento). 
Tras cumplir con dar protagonismo merecido a “La Nave De Los Locos” fue donde se inició una traca final que incluyó su versión-homenaje a los grandes Burning del “¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?” y “Rock and roll star”, desembocando en el fin de fiesta a cargo de la emotiva e icónica “Cadillac solitario”. Así se puso punto y final a algo más de hora y media de concierto con el que Loquillo volvió a triunfar en Madrid, aunque yo hiciera pronósticos de que quizás en esta ocasión lo tuviera difícil. Loquillo interactuó lo justo con el público (no es un tipo de echar “chapas” a la gente entre canción y canción), no dando puntada sin hilo, como por ejemplo cuando presentó a su banda diciendo de dónde es cada uno, finalizando diciendo que él es de Barcelona ciudad y “que se oiga bien claro: sumamos, no restamos” o afirmando cosas como “solo Dios sabe lo que amo a esta ciudad”. La foto de aquí abajo muestra a Loquillo al comienzo de “Rock suave”; la banqueta la usaría durante unos pocos segundos.
Los cambios en la banda apenas se han notado, ya que Jaime Stinus e Igor Paskual siguen siendo claramente los mosqueteros de Loquillo y el resto no hacen excesivo ademán por subirse a las barbas. En lo visual sí que echamos de menos a la bellísima bajista que acompañaba a Loquillo hace un par de años, por supuesto sin menoscabar en papel instrumental correcto que aquella morenaza hacía, que ha sido suplido con solvencia por el actual bajista de la banda Alfonso Alcalá. Abajo Loquillo y su banda despidiéndose al término mientras sonaba la recurrente “Heroes” de David Bowie. 
Satisfechos por el concierto vivido, intentamos salir lo antes posible de la ratonera que es la plaza de las Vistillas, y más en un concierto de tanta afluencia de gente. Finalmente lo conseguimos por un lugar no habilitado al efecto, con un daño colateral grave que es un siete jodido de arreglar en unos pantalones muy apañados para asistir a los conciertos que tengo desde hace años. Me mereció la pena desplazarse al centro de Madrid y supongo que a Alfredo Morales, a pesar de su madrugón del día siguiente, también (yo aún estoy de vacaciones por unos días más). Lo que queda claro es que Loquillo en Madrid arrasa, dándole igual que sea pleno agosto o un domingo a las tantas de la noche. Lástima lo de perderme lo del Puerto de Sagunto, ya que me hubiera gustado verle en un ambiente y zona distintos. Estaremos atentos y supongo que en el futuro les contaremos de alguna otra actuación que ofrezca Loquillo y su banda por algún lugar perdido, en la cual espero que el Loco recupere algún tema de mis favoritos como por ejemplo “Los ojos vendados” o “La vida que yo veo” (confundiéndome con esta última los primeros acordes de “Cuando fuimos los mejores”). Yo ahí dejo la petición por si este texto llega a ser leído por los ojos del protagonista.

¿Creían que el artículo había terminado? Pues no. Como ya he dicho en mi texto, Alfredo Morales se vino conmigo y también aporta su visión. A continuación les dejo con su crónica, la cual es mucho menos destroyer que en otras ocasiones; supongo que ya van conociendo la prosa de nuestro buen amigo y tertuliano radiofónico, ¿no? Creo que ha hecho un buen trabajo:

El pasado domingo y como cierre de las fiestas de la Paloma, pudimos disfrutar de un enérgico concierto de Loquillo en la Plaza de las Vistillas. Si bien mi compañero Abacab ya le había visto en otras ocasiones, para mí era la primera vez que iba a un concierto del Loco, el cual viene de publicar un doble álbum en directo “El Creyente”. Justamente, y como era de esperar, el setlist del concierto madrileño estaría muy basado en este álbum.

Llegamos a la pequeña plaza donde se iba a realizar el concierto, y a pesar de ser domingo a altas horas de la noche y de toda la gente que está de vacaciones por estas fechas, el lugar estaba lleno de gente y eso que aún faltaba tiempo para que comenzase. Un olor a fritanga infecta nos invadía; es el típico olor de las fiestas de la capital y los pueblos de alrededor, no apto para estómagos sensibles. Antes de Loquillo actuaba Olga Ramos haciendo un repertorio de folclore típico madrileño o llámenlo X; ya saben, todas esas canciones que mueven a los más viejos del lugar, botella de oxígeno en mano, a bailar agarrado al ritmo de “Madrid, Madrid, Madrid”, “Pichi, es el chulo que castiga”, “La verbena de la Paloma” o la de “La española cuando besa”. No voy a decir que pienso de estas canciones; me lo guardo para desahogarme en el momento y la bitácora adecuada.

Olga Ramos tuvo su momento activista proclamando su rechazo al Toro de la Vega, lo cual suscribo al 100%. Tras la actuación de la artista me quede pensando si dentro de 30 o 40 años, cuando seamos viejunos (o seguramente estemos bastante muertos), se seguirán cantando esas canciones tradicionales; tengo mis serias dudas. Lo más seguro es que todas estas canciones se hayan dejado de cantar y los profesores hablen de ellas en los colegios como una cosa del pasado tipo los dinosaurios.

Fue justamente a las 23.30 cuando un dinosaurio del rock and roll hizo su aparición franqueado por una gran banda dispuesta a darlo todo en el escenario. Dinosaurio por lo grande que es, por experiencia, y como dice él “por derecho”; de ninguna manera es algo despectivo. Muy al contrario, ya que pudimos comprobar la buena forma física y la enorme base de fans que posee el Loco, los cuales se sabían todas y cada una de la letras de las canciones menos conocidas.

El concierto se abrió con “Rock and roll actitud”, tema perfecto para no calentar el ambiente sino pegarle fuego directamente. Una de esas canciones que tanto se pueden identificar con el personaje. Junto a un Loquillo que no paraba de moverse de un lado al otro del escenario, estaban los ya clásicos guitarristas Igor Paskual y Jaime Stinus acompañados por un tercer guitarrista Josu García, el teclista Santi Comet y el batería Laurent Castagnet. Mención aparte para el bajista Alfonso Alcalá que parecía el hermano gemelo de Aníbal Calor del grupo Ojete Calor.

Entre las canciones de esta primera parte del concierto nos encontramos con la seria y efectiva “Línea clara”, la contundente “Memoria de jóvenes airados” o “Sol”, canción que significó el reencuentro con Sabino Méndez en la composición. Loquillo bajaría al foso para tomar más contacto aún con su devoto público durante la punki y un tanto macabra “Carne para Linda”; aquí el despliegue de cámaras y teléfonos móviles fue tremendo. Todo el mundo quería fotografiar un primer plano del Loco que se conserva estupendamente como pudimos comprobar en esas distancias tan cortas.

Canciones todas muy aplaudidas aunque estaba claro que más allá de los fans, la masa que llenaba las vistillas estaba esperando los clásicos y fue cuando el Loco empezó a descargarlos uno por uno. Así llegaron “El rompeolas”, “El hombre de negro”, “Feo, fuerte y formal” o “La matare”, esta última en una versión de gran intensidad donde los músicos pueden lucirse a gusto.Otro de los clásicos fue “El ritmo de garaje”. Todavía me acuerdo cuando yo era pequeño y veía a Loquillo y Alaska interpretar esta canción en el ya mítico programa “La Bola De Cristal”. Desgraciadamente no estaba Alaska por allí para hacer el dúo, pero me gustó mucho ese cambio de letra adaptándola a las circunstancias de la edad con ese “tu hija no lo dice, no. Pero me mira mal…”. Muy resultona forma de darle un tono Milf a la canción que le va como anillo al dedo y que refleja bastante bien la realidad de muchas Milfs que vuelven al mercado por la puerta grande, pero cuyos hijos, increíblemente conservadores, no admiten que su madre querida tenga una vida sexual mil veces más interesante que la suya.

Tras un pequeño descanso, Loquillo y su banda vuelven a la carga con una serie de temas donde se mezclan clásicos con otros más modernos como “La nave de los locos”. Sonó “La calles de Madrid” muy apropiada para esa noche y en la que Loquillo llevo puesta la típica boina de paleto madrileño parpusa, que es como se llama la gorra de los típicos chulapos madrileños. También hubo lugar para la emotiva “Cuando fuimos los mejores” que sería muy aplaudida.

Durante el clásico “Rock and Roll Star” loquillo haría un cambio en la letra para meter una puya al Ministro Wert y su IVA al 21%. El Loco introduciría su banda añadiendo la procedencia geográfica de cada uno de ellos. Al llegar al propio Loco, como todos sabemos catalán, añadió “y estamos aquí para sumar no para restar”, todo un alegato unionista como tantos que le han costado la marginación en su propia tierra. Finalmente llegaría la apoteosis final con ese “Cadillac solitario” que todo el mundo cantaría dejándose la garganta en este clásico del rock español. Loquillo, consciente de la gran cantidad de clásicos que tiene en la mochila y que de alguna forma ya pertenecen a la gente, dejaba que el público corease sus canciones más conocidas. La cantidad de singles de Loquillo que forman parte de la historia del rock español es abrumadora. Una persona que no es fan puede acercarse perfectamente a verle en directo; conocerá sin duda la mitad del setlist y eso no lo pueden decir muchos.

Loquillo y su banda se despiden después de más de hora y media de Rock arrollador y sin tregua que me dejó encantado tanto por el impecable sonido y compenetración de la banda, como por las canciones, así como por la actitud del protagonista: orgulloso, pero no prepotente, agradecido, pero no pelota. El directo de Loquillo es abrumador. Esa noche, una vez más, se ganó el título de “Rock And Roll Star”, ¿La única que nos queda en nuestro mediocre paisaje musical nacional? Es muy posible y debemos cuidar a las especies que están en extinción. Que no nos pase como con los dinosaurios, por tanto debemos cuidar a Loquillo.