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viernes, 27 de septiembre de 2019

Lori Meyers - En La Espiral (2017)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Y llegó el momento de la estabilidad en la cumbre. Con razón suelen decir que es difícil llegar, pero lo realmente dificultoso es mantenerse. Lori Meyers, por lo tanto, están haciendo lo más difícil; llevan, por lo menos, tres discos donde su repercusión ha estado a la altura casi de artistas mainstream: “Cuando El Destino Nos Alcance” (2010), “Impronta” (2013), y ahora “En La Espiral”. Incluso puede que esté cejando la obtusa polémica sobre la cantidad de ventas en la que dejas de tener credenciales de credibilidad musical.

Durante ya un largo camino Lori Meyers han ido diseminando una retahíla de pequeños clásicos que han ido sazonando nuestro panorama nacional. Ahí tenemos a “Alta Fidelidad”, “Luciérnagas y mariposas”, “Mi realidad”, “Emborracharme”, etc. De su ya vasto currículum probablemente me quede con “Cronolánea” (2008), del que ya dimos cuenta hace tiempo en un artículo. En cualquier caso desde “Viaje De Estudios” (2004) su discografía ha sido bastante fiable.

“En La Espiral” no hierra el disparo. Para empezar, se beneficia de una estupenda producción de Ricky Falkner, detallista y nítida. Estilísticamente siguen teniendo algunas referencias valiosas como el pop español de los 60 (siempre se suele mencionar a Los Brincos), el power pop o incluso el rock andaluz de los años 70. Luego hay matizaciones; hay trallazos de indie pop, funk y un afán atmosférico en algunas canciones un tanto inédito en anteriores entregas. A primera vista parece que es un disco ambicioso; por aquello de que la primera canción se llame “Vértigo I” y la última “Vértigo II” casi parece que estemos ante un disco conceptual, sin embargo habría que hacer un análisis más fino para ofrecer un diagnóstico. Veamos las canciones una a una.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Vértigo I”: Advertíamos en la introducción que había una preocupación por hacer una música que, a veces, bordea lo atmosférico. Bien se puede ver en el inicio de esta canción, donde predominan unos teclados ambientales sobre la voz de Noni. Un cambio de ritmo nos lleva a terrenos más familiares a Lori Meyers. La melodía vocal es melodiosa y vagamente melancólica. Ensoñadora y pulida, se trata de un buen arranque de disco, además de una agradable introducción.

2. “Evolución”: Lori Meyers de manual. Melodía pop de corte clásico, sólida y bella. Para los que hayan disfrutado con los dos últimos discos, “Evolución” será un plato de muy buen gusto. La canción lleva dentro de sí un ánimo de medio tiempo meditabundo y pesimista, que se las apaña para enviar un mensaje (casi) desesperanzado pero con bastante estilo. Se trata de un tema relativamente largo con un segmento instrumental final de más de un minuto que refrenda la ambición de la construcción en algunas canciones. Por cierto, advertir que Lori Meyers ha permutado en su formación a Miguel Martín por Javier Doria en el apartado de guitarras. Fue single.

3. “Pierdo el control: La música comienza a ponerse algo más movida. Las estrofas son amables, elegantes y sofisticadas. El cuchillo entre los dientes viene en el estribillo, obsesivo, cortante y movido. Es una pieza de indie pop altamente melódico con la garra suficiente como para que en directo luzca a muy buen nivel. La letra aun así no es particularmente alegre, parece reflejar un estado de ánimo inestable, inflamable, a punto de estallar.

4. “Todo lo que dicen de ti”: Se rebaja el espíritu motriz del anterior tema con una canción de pop naif y tierno, que afortunadamente no falla en la melodía y en el encanto. Es una canción “muy Lori Meyers”, con un sonido tributario de Los Brincos actualizado gustosamente. Es una correcta canción, romántica y apacible. Ojo a los delicados coros de Anni B Sweet en algunos tramos del tema.

5. “Zona de confort”: Lori Meyers viran sin muchos problemas hacia un estilo más dinámico, tomando el funk como medida. No es un funk desaforado, pero sí divertido. El estribillo, curiosamente, es más suave y melódico. Las guitarras rítmicas de las estrofas me recuerdan un poco a Radio Futura. Agradable canción que tiene un aire suavemente cálido, como un amanecer veraniego. En el tramo final Lori Meyers nos tienen preparado un cambio de ritmo que finaliza “Zona de confort” en una nota alta. A lo tonto son 6 minutos de canción. Otro buen single.

6. “Organizaciones peligrosas”: Canción no del todo distinta a la anterior, sobre todo en el ritmo creado por las guitarras. La mayor variación es en el tipo de estribillo, no tan meloso. No deja de ser un medio tiempo de tempo animado y dinámico. Buena canción de tema crítico y social líricamente; hay referencias a los medios de comunicación y a lo que podrían ser ciertos políticos. Parece que nos habla de una sociedad alienada donde los individuos tienen que pugnar para no ser manipulados.

7. “Océanos”: La canción destinada para que cante Alejandro Menéndez. Es un remanso de paz, acariciante y tan leve como agradable. Y lo que es más importante: muy competente melódicamente. En efecto, evoca mares y océanos de forma ensoñadora y tranquila. Un océano en calma. Francamente interesante.
8. “1981”: Aquí vuelven los Lori Meyers más sentimentales. Canción delicada en tal grado que a veces quizá llega a ser un poco empalagosa. Hay romanticismo más o menos genuino pero quizá se pasa algo con el azúcar. Afortunadamente hay un momento de rock totalmente inesperado poco antes de alcanzar los 2:30, tan breve como repentino. Este tema transpira entrega romántica y Anni B Sweet vuelve a poner leves coros al final. 1981 es el año de nacimiento de Noni, así que es probable que haya correlación con el título.

9. “Eternidad”: Seguimos en un tono suave, pero menos romántico que en “1981”. Es un pop sin muchas complicaciones, de buenos ambientes y melodías razonablemente buenas. Guitarras cristalinas; la melosa voz de Noni; algunos teclados adornándolo todo. Como en otras canciones del disco, el final se remata de forma instrumental incluyendo incluso lo que parece ser un melotrón. Agradable y cumplidora.

10. “Siempre brilla el sol”: Ya iba conviniendo subir un poco el tempo del disco y con esta canción se alcanza sobradamente el objetivo. Es una canción muy del estilo de los Lori Meyers más power pop, de estructura directa, estribillo pegadizo y melodía clásica. Es una canción realmente buena, en la que se nota la gran pericia de Noni y compañía para este tipo de composiciones. Tienes pequeños grandes detalles como los teclados, que aportan un maíz ochentero aquí y allá. Fue, con fundamento, el single adelanto del disco.

11. “Un nuevo horizonte”: Una de las canciones más vitales y alegres del disco. Forma una buena dupla con “Siempre brilla el sol”, teniendo un tono más desenfadado que ella a cambio de renunciar a su toque épico. Divertida sin eludir cierta capacidad reflexiva, según se deduce de algunos aspectos de su letra, es uno de los momentos más lúdicos del disco. Buen nivel.

12. “No estoy solo”: Medio tiempo bastante coherente con el tramo del disco donde está situada. De estas canciones Lori Meyers sabe hacerlas a pares. La guitarra rítmica es cálida y agradable, y añade una impronta ensoñadora de leve psicodelia. Tomada como canción en sí misma es un buen tema, pero en el conjunto del disco quizá sea algo reiterativa. Competente en su composición, a estas alturas sin embargo la atención se disipa.

13. “Vértigo II”: Y el círculo parece cerrarse, aunque sea por asociación libre con el título de la primera canción. Se termina el disco con una canción melancólica, cuyo talante reflexivo se acrecienta con los teclados que embadurnan la canción. Por ritmo y sonido es una melodía bastante adecuada para cerrar el disco; medio relajadso, medio, meditabundos. Algunas notas tomadas de “Véritgo 1” al final del tema dan la impresión de ligero leitmotiv.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Lori Meyers facturan un disco con las virtudes que más les han hecho reconocibles y añaden algún detalle adicional como un mayor desarrollo atmosférico e instrumental. En cualquier caso todo está aquí: sus arranques de power pop, sus delicadas baladas, sus toques sesenteros… Es un disco que afianzará la fe de los seguidores de Lori Meyers y que puede ser perfectamente disfrutable por un oyente ocasional. Como salvedad se podría reseñar alguna redundancia estilística que se hubiera aminorado con un tracklist más corto.

Las expectativas del grupo son grandes. Es de suponer que no tardarán mucho en publicar de nuevo, y si mantienen la facilidad para crear buenas canciones y no bajan su poderoso pistón en directo, Lori Meyers seguirán siendo un importante referente de nuestro panorama musical.

Texto: Mariano González.
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jueves, 26 de septiembre de 2019

Concierto Siniestro Total. La Elipa (21-09-2019)

El sábado 21 de septiembre teníamos que haber estado en lo que iba a ser el Weekend Festival viendo a New Order, pero aquello se truncó hace varios días (yo me enteré el día 3 de septiembre al mediodía cuando salía de ver la expo sobre Pink Floyd, justo en el mismo recinto donde se iba a celebrar dicho festival, el Ifema) y al final terminamos donde menos nos esperábamos.

Tenía curiosidad por ver a Siniestro Total en directo. Me habían hablado varias personas cercanas bien de su directo y al enterarme en el post-concierto del viernes noche de Elefantes que se pasaban a dar un recital a La Elipa, consideré que ya era hora de volver a esas fiestas tras 4 años sin pasarme por allí (es curioso que voy el sábado de cada 4 años: 2011, 2015 y 2019; ¿quién tocará el sábado de fiestas en 2023?).
Comenzaron incluso antes de hora los chicos de Julián Hernández (debajo de este párrafo en primer plano), ya que no eran las 00.15h cuando comenzó a sonar la intro. El grupo ofreció un concierto de una hora y 10 minutos, en el que al tratarse de temas de corte punk-rock de corta duración, hubo lugar para mucho.
Personalmente celebré los temas más clásicos como son esas readaptaciones del “Sweet home Alabama” en “Miña terra galega” o del “Highway to hell” en “Somos Siniestro Total”, “Ayatolah” o “Bailaré sobre tu tumba”. Todas ellas situadas en el tramo final del concierto o incluso en el bis. Más a mitad de actuación salió a escena “Opera tu fimosis”, una canción que me hace mucha gracia, ya que nos acompañó al grupo de gamberros con los que me juntaba en la infancia y adolescencia. A continuación el horrible vídeo que pudimos grabar de “Bailaré sobre tu tumba”.

Las letras graciosas y disparatadas de las canciones se oían lo suficiente, muy saturadas (salimos del recinto con pitido de oídos por la potencia del sonido de los Siniestro) y presté mucha atención a lo que soltaba en la mayoría de ocasiones Julián al micro (porque el guitarrista Soto y el bajista Avendaño también tuvieron sus momentos de protagonismo en el micro). Eché de menos varias canciones de la banda que me gustan como “Menea el bullarengue”, “Assumpta” o “Pueblos del mundo: ¡extinguíos!”.

El ambiente, como era de esperar, era un disparate y un desparrame absoluto, con unos pogos a ratos bastante notables. Nosotros cometimos la temeridad de situarnos en la primera fila y así nos fue. Incluso un fumeta, como diría Santi Balmes en “Incendios de nieve”, “mal ventilado y peor de los nervios”, se me subió a la chepa, dejándome ojiplático (me dije: “será alguien a quien conozca”, y qué va). Pero si vas a estos conciertos ya sabes lo que hay, así que no puedes soltarle una castaña en los piños al sujeto, porque como también dijo Jarvis Cocker en “Party hard”, “si no querías fiesta, ¿por qué viniste aquí?”.
Me gustó ver a los Siniestro capitaneados por Julián Hernández (al cual vi acompañar hace unos meses a Aviador Dro en su 40º aniversario en “Brigada de demolición). Habló lo justo y necesario, sin soltar largas chapas al público y yendo completamente a su bola (incluso hizo alguna coña sobre las enfervorecidas peticiones de canciones de la gente).
Cierto es que me hubiera gustado verles con Miguel Costas (a este le vi hace unos años en Torrejón tocando en solitario dentro de un festival revival de los 80 y en aquella mini actuación completó lo que nos faltó en esta noche que estamos comentando de gustos personales) y Alberto Torrado en la formación (ya sabrán los acólitos de este blog de mi gusto por las formaciones clásicas), pero esos 2 hace ya mucho mucho que se largaron y Julián es el que se encarga de mantener viva la llama de la banda. Y a fe que lo hace muy bien, vista la respuesta entusiasta de todos los allí congregados.
Supongo que si Julián ve que en las primeras filas se juntan varios que podrían ser sus hijos/as a darse empujones y golpes, debe causarle una cierta satisfacción ver que su mensaje musical sigue llegando a las nuevas generaciones. Si las juventudes tiraran más de Siniestro Total que del reggaeton, creo que nos iría mejor.
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lunes, 23 de septiembre de 2019

Concierto Elefantes. Madrid (20-09-2019)

SINOPSIS (por Víctor Prats)
Medio año ha sido el tiempo que precisó finalmente este concierto para llevarse a cabo, convirtiéndose a la postre en una celebración de la feliz recuperación del batería Jordi Ramiro, el cual fue protagonista desde su batería y por unos pasos de baile al final del show para recibir los merecidos vítores de los fans de Elefantes.

El cuarteto barcelonés, con Shuarma a la cabeza, se presentaron más vitales que nunca en Madrid (véanse los trajes de alegres colores que vestía cada uno) y defendieron con solvencia un repertorio en el que hubo un mayor predominio de las canciones de las que podríamos definir su 2ª etapa tras su reunificación.

En diferencia a aquel concierto de hace un lustro en Joy Eslava, hubo espacio para los clásicos justos. Desfilaron “Somos nubes blancas”, la emotiva “Azul” y “Que yo no lo sabía”, esta última situada en el 4º o 5º lugar del setlist para caldear a La Riviera, entre otros temas históricos de la formación. Por ejemplo, el remate, muy acertado, lo supuso ese tributo a lo seguidores de la banda (como ya nos confesó Shuarma en el programa-entrevista que hicimos sobre el disco “Azul” en la pasada temporada de radio de “DMR”) que es “Me gustaría poder hacerte feliz”.

Estuvieron presentes las versiones de José Luis Perales de “Te quiero” o “Mujer contra mujer” con el lujazo de contar con Nacho Cano al teclado como soporte. En el apartado de invitados especiales también estuvo Benjamín Prado recitando durante la interpretación de “Agua” o Mikel Erentxun, muy bien recibido por el público asistente.

En definitiva, 2 horas de buena música y emociones, en una sala casi repleta con un buenísimo ambiente entre los asistentes y que nos dejó un sabor de boca estupendo. Diría que es uno de los conciertos que más (si no el que más) he disfrutado en ese recinto, el cual particularmente no me hace mucho tilín. Y no es el que caso de que las veces que haya asistido a conciertos allí se puedan contar con los dedos de las 2 manos y los pies. Ahora Mariano González les entrará en mayores detalles.

A Shuarma, Hook Management y al propio Mariano les agradezco que hayan hecho posible que “DMR” podamos narrarles desde estas humildes tierras 2.0 un evento tan magnífico como este.

CRÓNICA (por Mariano González)
La remuneración que conseguimos los que estamos metidos en “Discos, Música y Reflexiones” es poder entrar en contacto con artistas que respetamos y admiramos. A principios de año tuvimos la fortuna de contar con Shuarma, vocalista de Elefantes, que pasa por ser uno de nuestros grupos favoritos del panorama musical español. La entrevista nos mostró a una persona atenta, encantadora y luminosa. Todos salimos satisfechos, tanto es así que Shuarma nos invitó a que acudiéramos invitados al concierto que pretendía dar el grupo en Marzo, pero que nunca tuvo lugar debido a los problemas de salud (felizmente ya solventados) del batería Jordi Ramiro. Según se acercaba la nueva fecha elegida, el 20 de Septiembre, nos pusimos en contacto con Hook Management y obtuvimos tres hermosos pases para ver el concierto. Desde aquí agradecer a Andrea García la confianza en nosotros para poder cubrir tan estupendo encuentro.
Acudimos Víctor Prats, Susana Hernanz y servidor de ustedes. Dando gracias por ver el concierto bajo techado, toda vez que se barruntaba una buena lluvia, entramos a La Riviera sobre las 19:50. Mis problemas, digamos, logísticos todavía persisten y necesito ver los conciertos con la ayuda de un asiento. En el pasillo/planta superior me facilitaron una silla desde donde se podía ver de una forma razonable a las actuaciones. Digo actuaciones porque antes del plato fuerte, tuvimos ocasión de disfrutar de un telonero. Los horarios se cumplieron regular. El inicio del concierto estaba marcado para las 20:30, pero Triángulo Inverso (que así se llamaban los teloneros) salieron en torno a las 20:15, lo que significaba que el concierto llevaría algo de retraso. Triángulo Inverso, de los que confieso que no conocía nada, fueron un grupo voluntarioso, de sonido compacto y con cuerpo. No desprecian la épica ni los estribillos contundentes. Fueron un buen aperitivo que apenas en media hora, quizá algo menos, nos dejaron un buen sabor de boca.
El afán de los roadies solventó lo que pudo ser una espera épica y alrededor de las 21:15 dio comienzo la música. No se llenó La Riviera, pero tampoco falto demasiado; habida cuenta que además la tarde no fue particularmente apacible en lo meteorológico, la verdad es que el aforo estuvo bastante bien. También estuvo bien de actitud, por cierto, y la respuesta al repertorio de Elefantes fue cálida, receptiva y entusiasta. En cuanto al repertorio, podemos decir que se centró en, lo que podíamos llamar, la segunda etapa del grupo. Es decir a partir de su reunión. Ya nos dijo Shuarma en la entrevista que no es persona que suela mirar hacia atrás, y quizá eso se note en cuestiones como la elección del setlist.
La actuación tuvo algo de colorido en un sentido amplio. Por las propias texturas de las canciones y por algunos detalles colaterales como la vestimenta. En efecto, los componentes de Elefantes salieron con trajes de colores vivos y alegres: naranja (Shuarma), verde (Hugo Toscano), amarillo (Julio Cascán), Azul (Jordi Ramiro). Para Jordi Ramiro fue una noche especial, toda vez que pudo desquitarse del concierto suspendido en Marzo tras vencer (eso es lo importante) su percance de salud. El público se mostró con él particularmente amable.
Y la música fue como sigue. Comenzaron con “Donde haya silencio”, de su último disco (sin contar con la regrabación de “Caleidoscopio”) “La Primera Luz Del Día” (2018). En esta primera canción se pueden ver algunas constantes de lo que sería es resto del show. Shuarma se mostró como un maestro de ceremonias hiperactivo, dinámico e inquieto; todos sus gestos transmitían entusiasmo y entrega. La música en general sonó más rocosa y cañera que en estudio, detalle que bien llevado es positivo para un concierto. Eso se notó con “Isabel” que sonó con un brío mayor que en su disco, transmitiendo una pasión clara y meridiana. Shuarma se arrancó a tocar las castañuelas, raro instrumento en un concierto de pop rock pero que quedó divertido y respeta, además, la instrumentación original.
Seguimos con canciones de “La Primera Luz Del Día” por medio de “Cada vez”. Nuevamente tocada con chispa; era evidente que el show iba a ser más luminoso y vital que solemne y ensimismado (salvo excepciones sueltas). Tiempo después para saltar un disco hacia atrás y escuchar “Que todo el mundo sepa que te quiero”, una animosa y desacomplejada declaración de amor materializada en un rock vivaz y casi festivo.

La siguiente canción es remontarse a una época temprana en el grupo, su disco “La Forma De Mover Tus Manos” (2003). Para ello la banda la banda se sirvió de “Que yo no lo sabía”, canción que me evoca recuerdos del año 2003 cuando se promocionó con un simpático y curioso vídeo musical. Sonó muy coherente con las sensaciones que estaba transmitiendo el concierto hasta ese momento y que consiste, según palabras del propio Shuarma, en el lado luminoso del amor. También sirvió para bailar y echarse unos cantecitos.
Por cierto, he de agradecer a Víctor Prats que explorase otras localizaciones dentro de la sala; en unas de sus incursiones encontró un lugar donde estar sentado (pensando en mí, cosa que agradezco) y a la vez estar más cerca. Se trata de unos escalones que van directamente a la pista. Nada más aposentarnos allí Shuarma nos dijo que había llegado el momento de tocar una canción que hablase del lado triste del amor. Dicho y hecho, la siguiente canción fue “Duele”, que en su disco “Nueve Canciones De Amor y Una De Esperanza” (2016) cantan junto con Enrique Bunbury. Canción que realmente suena quejumbrosa y apenada, pero tocada una vez más con pasión y arrebato, sin llegar al abatimiento.
Tiempo para subir el ánimo con una canción del que fue su disco de reencuentro, “El Rinoceronte” (2014). La canción “Equilibrios” nos ofreció un momento de ensoñación reflexiva que consiguió un interesante cruce de estilos. Fue noche también de compartir el escenario con algunos artistas amigos que pusieron un plus de atractivo al espectáculo y que confraternizaron musicalmente a las mil maravillas. El primero de ellos en desfilar fue el poeta Benjamín Prado, autor de la letra de “Agua”, la siguiente canción en sonar. Antes de iniciarse la música Shuarma nos habló sobre la labor que hace Oxfam en el campo del uso responsable del agua y de cómo esa tarea había sido la base de la canción. En el single editado la cantan junto con Manolo García, aunque en directo Shuarma se las pinta bastante bien solo. La aparición de Benjamín Prado fue simpática y cómplice. Tuvimos la suerte, además, de oírle declamar un poema escrito ex profeso para la ocasión.
Subimos un poco el pistón con “Loco”, que se escuchó con una dosis extra de electricidad y energía, acercándola más al rock que al pop. Poderoso estribillo e intenso desempeño de Shuarma. Más amigos. Shuarma se encargó de hacer una agradecidísima presentación a Mikel Erentxun, cuya participación fue uno de los platos fuertes del show. La canción elegida fue “Volvió la luz” del “Nueve Canciones De Amor y Una de Esperanza”. Armados ambos cantantes con sendas panderetas, cantaron con ímpetu, fuerza y compenetración la arrebatadora sensación de optimismo que significa esta canción. Momento a recordar.

Sabes que una versión es buena cuando manteniendo el espíritu original que la anima, la trasplantas a tus coordenadas propias y el resultado es algo nuevo pero portador de la antigua esencia. Eso pasó con “Te quiero”, la canción de José Luis Perales versionada por Elefantes junto con Love Of Lesbian y Sidonie hace tres años. La interpretación que pudimos escuchar en directo (solo con Elefantes) fue la de un pop luminoso, encantador y arrebatado. Quizá fue de los momentos en que el público tuvo una mayor colaboración cantando el estribillo.
Y no dejamos las versiones, aunque en esta ocasión si vino acompañada de otro amigo. Elefantes han colaborado en un disco homenaje al “Descanso Dominical” (1988) de Mecano; la canción a su cargo fue “Mujer contra mujer”. Es un tema bastante recurrente en los setlist de sus conciertos, pero en La Riviera tuvimos la suerte de que Elefantes estuvieran acompañados de uno de los miembros de Mecano: Nacho Cano. Fue muy pertinente la introducción de Shuarma diciendo que era un privilegio contar con su presencia, pues en los últimos años no es muy amigo de pisar escenarios. Nacho Cano que en los conciertos solía ser un músico huracanado, inquieto y nervioso, contribuyó tocando los teclados discretamente, casi en segundo plano. Fue un honor y una suerte que pudiéramos contar con pedazo de historia viva del pop español, y aunque pasó relativamente desapercibido su presencia tiene que ser destacada como algo valioso; musicalmente es como poner una pica en Flandes. La interpretación vocal de Shuarma fue sentida, reteniendo toda la emoción de la canción original.
Y no bajó la intensidad la interpretación de “Azul”, el primer gran éxito de Elefantes y, a título personal, una favorita indiscutible. Ya los primeros acordes nos indican que nos encontramos con una canción trascedente, especial. Sentido que se mantuvo sobre las tablas aumentado por una rendición incontestable y apasionada por parte de toda la banda. Quizá por su condición de éxito ya de largo recorrido, al público de le vio particularmente satisfecho. No nos movemos de disco. “Cuéntame”, sin duda otra vieja conocida de los fans, tuvo la cualidad de mostrar un pop agridulce pero tocada de forma positiva y entusiasta. Fue una leve y muy agradable sorpresa. Tras este momento de encantadora nostalgia Shuarma nos contó lo que motivaba a Elefantes desde sus inicios hasta hoy, cómo entre sus sueños se encontraba poder tocar algunas canciones sobre el escenario con la participación del público, en perfecta comunión. De hecho esta introducción vino a cuento de interpretar precisamente una canción llamada “Mis sueños”, perteneciente a su último disco. Toda una oda a la persistencia de la ilusión y la persecución de las ilusiones propias transformada en un pop rock vital, animado y vitalista. Buen resumen de cómo sonó la música a lo largo de todo el concierto.
Como es tradicional en casi todos los conciertos que en el mundo son, llegó el tiempo para los bises tras la consabida y breve pausa. El regreso fue huracanado, manejando con contundencia unas afiladas guitarras eléctricas de puro rock. Se trataba de “Somos nubes blancas”, una canción añeja del disco homónimo de 2005. Buena elección para volver tras el relax de la pausa para bises, y uno de los momentos aguerridos del concierto. Y la canción final, ahora sí que sí, fue otra pieza destacada de su repertorio de siempre. La emotiva “Me gustaría poder hacerte feliz”, motivo de emoción sincera y profunda que hizo que las delicias de todos nosotros. Quizá es la balada por antonomasia de Elefantes, y fue interpretada inicialmente de forma más acústica para volver, a posteriori, a su formato habitual. Como final la elección fue bastante acertada, dejando las emociones flotando en el ambiente de La Riviera y dejándonos satisfechos pero con ganas de más.
El concierto como tal fue irreprochable. Magnífica disposición por parte de la banda, desde la fuerza expresiva incontestable de Shuarma hasta el magnífico desempeño instrumental del resto de la banda, capaz de ofrecernos un show contundente y eléctrico a ratos más cercano al rock que al pop. Si a eso unimos el ánimo colorido vitalista de la música, la consecuencia fue salir a la calle con una sonrisa en la boca. Como salvedad se podría oponer que dentro del setlist, la parte primeriza de Elefantes no estuviera muy representada. De hecho, la mayoría de las canciones fueron desde “El Rinoceronte” en adelante. Si bien, las canciones más actuales tienen un alto nivel, reconozco que hubiera sido gratificante escuchar alguna canción como “Piedad” o “Al olvido.” Pero la banda es soberana para tocar lo que quiera, y el resultado fue realmente bueno. Fue un concierto divertido en el que Elefantes demostraron estar una admirable buena forma. Shuarma, además, estuvo comunicativo con el público, demostrando ser un cantante vivaracho y saleroso. La imagen final que tuvimos de la banda fue la de Jordi bailoteando frente al público, recuperado para la música y para la vida. Imposible un colofón mejor. Reiteramos nuestras gracias a Andrea García de Hook Management por haber confiado en “DMR” para cubrir este evento.
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miércoles, 18 de septiembre de 2019

DMR cubrirá el concierto en Madrid de Elefantes (20-09-2019)

Sin duda uno de los momentos más destacados de la anterior temporada de DMR fue la entrevista telefónica que hicimos a Shuarma, a propósito de una revisión del disco “Azul” de Elefantes. Tanto fue así que el cantante de la banda catalana nos ofreció ser invitados para el concierto que iba a tener lugar a finales de Marzo en Madrid. El infortunado problema de salud de Jordi Ramiro obligó a la cancelación del show, pero ahora por fin estamos a las puertas del esperado concierto en La Riviera.

“DMR” estará allí este viernes 20 de Septiembre a las 20:30 h para dar buena cuenta de la estupenda música de Elefantes. Se anuncia la colaboración de amigos como Mikel Erentxun o Nacho Cano, en lo que será un exhaustivo repaso a su discografía, cuya última referencia es “La Primera Luz Del Día” y su regrabación “Caleidoscopio”. Les recomendamos encarecidamente que si gustan del buen pop acudan a La Riviera, se trata de una apuesta segura.

Agredecemos a Hook Management y particularmente a Andrea García su confianza para cubrir este evento.

Texto: Mariano González.
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martes, 6 de agosto de 2019

Concierto Russian Red. Madrid (31-07-2019)

Da rabia que justo el último día laboral antes de las vacaciones te levantes con dolor de cabeza y luego al salir de trabajar (y también durante la jornada de trabajo) te des cuenta que has de tener fiebre. Con eso y con todo, nos animamos a una nueva sesión de escucha de concierto. Y es que tenía muchas ganas de, al menos, oír a Lourdes Hernández, Russian Red, en directo. La cual, por cierto, llevaba un cierto tiempo sin ofrecer conciertos, más allá de alguno perdido por geografías lejanas.

Con muy mal cuerpo salimos para la Complutense y llegamos a nuestro “palco”. En esta ocasión se congregaron en los momentos más álgidos unas 7 personas con nosotros, lejos de la afluencia que consiguió Roger Hogdson una semana antes, rondando los 30 curiosos oyentes. Cuando llegamos eran las 22.10h aprox. y sonaban aún Rufus T. Firefly. Nos sorprendieron en su tramo final de concierto con una buena versión de “Ava adore” de Smashing Pumpkins y un dueto (no entendí muy bien con quién) de “Copenhague” de Vetusta Morla (no me parecía el propio Pucho, pero, ¿quién sabe?; en esta ocasión el viento derivado de cierto ambiente de tormenta veraniega no nos permitía un sonido tan nítido como en otras ocasiones). También hubo espacio para que les escucháramos tocar más temas, gustándome mucho una canción muy electrónica con voz femenina invitada, la cual no identifiqué (ni la canción ni la artista invitada -según he leído por ahí se ve que era Anni B Sweet, curiosa invitada a su vez del artista invitado en la noche de Russian Red en Madrid-).

Se gustaron los Rufus T. Firefly, por cierto, grupo que agrada mucho a nuestro colaborador radiofónico Óscar Cañas, y terminaron a la hora que estaba fijada que comenzara el show de Russian Red; a mi mujer le tocó las narices sobremanera que la actuación de Russian Red, derivado de esto, se retrasara casi 3 cuartos de hora; yo le hice entender que la pobre Lourdes poco tendría que haber visto en esta demora.
Se hizo por tanto esperar lo que esperábamos. Con una intro instrumental empezó el show y acto seguido Russian Red arriesgó con “Neruda”, uno de los temás más íntimos del fabuloso lp que es “Agent Cooper”. En su día este disco no recibió muy buenas críticas, pero en “DMR” somos defensores del mismo a muerte; además, ya a título personal, este disco fue banda sonora de mi verano de 2017, lo cual fue preludio de una etapa oscura y de entrega en mi vida, que ha terminado recientemente, con lo que de alguna manera esta audición de concierto me suponía una especie de cierre del círculo.

El riesgo que mencionaba vino de la mano de que se notaba que Lourdes no tenía aún caliente la voz; “Neruda” tiene unos sostenidos vocales con ciertas curvas que te pueden llevar a una salida de calzada en forma de desafinados. Quizás sería lo que hemos apuntado que el sonido no nos llegaba muy nítido; de hecho, las veces que Lourdes interactuó con el público no nos enterábamos muy bien de lo que decía.

Me gustó mucho que en el primer sector del concierto Lourdes abordara un sector muy potente con otros 2 temas potentes de su 3er. disco. Apareció la brutal “John Michael” y casi seguida la sublime “Casper”. Fueron 2 momentos que marcarán para mí esta peculiar experiencia conciertera. “Casper” se movió entre el frenesí y el aceleramiento de las estrofas y el hedonismo y el toque onírico de su estribillo. Y en “John Michael”, los repetidos “stupid” de su estribillo que califican al protagonista de la letra, sonaron a la perfección. Para entonces, gracias al ánimo del concierto, se me había pasado gran parte de la pesadumbre febril que tenía encima.

En el tramo final, antes del sorprendente bis, Lourdes terminó de ofrecernos varios de sus temas más celebrados. Comenzó la mecha la luminosa y veraniega “The sun, the trees”, con sus tarareos naif, que sin embargo no arrancaron en el inicio con la misma, sino en el primero de sus interludios. También estuvo “Michael P” para completar los grandes temas de “Agent Cooper” (pista que ya había sonado, curiosamente, en el concierto de Zahara de un mes antes en formato dueto con la protagonista de aquella noche del 29 de junio y la propia Lourdes como artista invitada) y la versión más desnuda posible de “Cigarettes”, justo antes de irse para retornar con los bises. Creo que por este sector final también fue cuando sonó “I hate you, but I love you”, deliciosa e íntima.

El bis me sorprendió al animarse Lourdes con 2 temas en español (que no identifiqué bien si son covers de su último disco de versiones). Quizás yo hubiera optado por guardarme uno de los ases de composición propia que había empleado antes en el concierto, pero bueno, decidió acabar de esta forma más íntima y menos bullanguera. Por cierto, que se me pasaba: en el apartado de covers también estuvo en el tramo inicial la versión del “I want to break free” de Queen, single de curioso videoclip del último disco de Russian Red.

Para mi gusto, el concierto fue de nota altísima. Lourdes estuvo muy bien en las voces (salvo quizás en la primera canción, si bien repito que no sé si son impresiones mías erróneas desde fuera). La selección de canciones fue muy acertada, casi de manual (quizás me hubiera gustado algún “William” o “Anthony” , pero eso ya es pasarse de raro), ya que no faltaron sus temas más celebrados; no hemos citado todos los que se tocaron, ni mucho menos, pero por ejemplo que nadie se vaya de aquí pensando que no sonó “Fuerteventura”.
Lo único que hubiera cambiado es el orden para ofrecer un bis que hubiera permitido a la gente irse de más subidón a casa. Por cierto, las ovaciones del público desde fuera se apreciaban mucho menos entusiastas que otros días, tanto con Russian Red como con Rufus T. Firefly (¿cosas del viento oscilante que se llevaba el clamor a otros rincones del campus universitario?). Broche de oro este a las “Noches Del Botánico”, un certamen que ha ofrecido un gran cartel nuevamente y del que hemos vivido su potencial desde dentro en 2 ocasiones (Hall & Oates y Keane) y en 3 desde fuera (Madness, Roger Hogdson y Russian Red). El próximo año supongo que tendremos que buscar nuevamente equilibrio entre compra de entradas y sesiones de audición.
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lunes, 29 de julio de 2019

Concierto Roger Hogdson. Madrid (24-07-2019)

Bastante afectados por habernos enterado unos minutos antes de la muerte de Rutger Hauer, el mítico Roy Batty de “Blade Runner”, acudimos de oyentes al recital de Roger Hogdson en el Jardín Botánico de la Complutense. El ex-Supertramp se presentaba con el nombre de la mítica banda a la que perteneció unido al suyo, para dejar bien claro que gran parte del repertorio versaría sobre los días en los que formó aquel quinteto mágico junto a Davies, Helliwell, Thomson y Siebenberg; no en vano, de su trayectoria en solitario solamente tocó 4 temas, muy bien interpretados, eso sí.
Nos vimos a las 21h en la puerta del recinto; yo previamente había estado dando un paseo relajante (a pesar del calorazo) por el campus, por motivos personales felices (si bien que me enterase de lo de Rutger en mitad de ello, me chafó un poco el momento). Allí estuvimos con nuestro colaborador Luis Felipe Novalvos, el cual iba también a nuestro particular palco y su amigo Vicente, buen melómano y aficionado a estos conciertos, que por su lado sí estaría dentro del recinto.
Por mi lado, decliné sacar entrada por el volumen de gastos por asuntos personales que he tenido en los últimos meses y porque precisamente el exceso de caché que considero se aplicó el bueno de Roger (a pesar de su grandeza), no ayudaba al esfuerzo económico. Más tarde, ya casi a las 22.00h, hora indicada de arranque del show, se sumó Mariano González a nuestra zona para la escucha. Hay que decir que de las veces que he estado escuchando el hilo musical que sale del recinto, es la ocasión en la que más gente se ha congregado (en algún momento, en nuestro sector, llegué a contar 27 personas). Aquí debajo una foto desde el interior que Vicente nos mandó desde su posición antes de comenzar la actuación.
Roger empezó más o menos puntual y arrancó con “Take the long way home”. Muy reconocible y bien interpretada. Ya, nada más acabar este primer clásico, tuvo una larga locución de bienvenida dirigida al público, quizás algo más larga de lo que debería. A lo largo de toda la actuación daba la sensación de que Roger estaba como en casa, mostrando mucha cercanía al dirigirse con frecuencia a los espectadores con notable amabilidad y pleitesía hacia nuestro país.

En los primeros compases también pudimos escuchar la sublime “School” de “Crime Of The Century”, que para mí fue uno de los momentos más memorables. Sin duda en el capítulo de mis pasajes para el recuerdo de este show, estuvo en el final de la parte troncal del show antes del bis. Ya lo advirtió a gritos un animoso oyente que estaba cerca, si bien la esperaba y el spoiler no fue tan sangrante. Llegaba “Fool’s overture”, esa gran composición que pone fin al que quizás sea mi disco favorito de Supertramp, aquel “Even In The Quietest Moments…” de 1977. Fue interpretada íntegra, con todos sus efectos sonoros y con un Roger que transmitía muy bien la intensidad de cada pasaje al micrófono. El juego de luces, el cual se atisbaba ligeramente desde nuestra zona (la parte superior del escenario es lo que veíamos), también acompañaba a crear un buen momento del concierto. Simplemente por este momento ya me mereció la pena acudir. Aunque desde fuera, será un momento que no olvidaré, como me pasó en 2017 con “I’m on fire” y el Boss.
Ya que estoy comentando este pasaje, tiro para delante y cito el bis. Roger volvió a escena tras la magnífica “Fool’s overture” para dar rienda suelta al esparcimiento con la coral “Give a little bit” (del mismo disco que la canción anterior comentada, de hecho su tema de apertura) y para sorprendernos en parte con “It’s raining again”, canción que no esperábamos (por lo que nos comentaba Luis Felipe) y que a la postre terminó siendo el fin del show.

Dentro de la hora y 40 minutos de concierto, Roger, desde mi prisma, no se dejó nada de nada. En este sentido no puedo poner pegas. Lo principal cayó íntegro. Entenderán por tanto que “The logical song” o “Breakfast in America” (muy al inicio del concierto) no faltasen. Para mí, que escuchar en directo “The logical song”, la canción con la que comencé a adentrarme en Supertramp, de la voz de su cantante original (ya lo había hecho con Supertramp en 2002 y 2010, pero sin Roger), fue otro instante muy especial que disfruté bastante.
Luego hubo guiños muy buenos a la historia de Supertramp. Por ejemplo, me agradó mucho el pasaje dedicado a “Crisis? What Crisis?” con “Easy does it” y “Sister moonshine” encadenadas, como en sucede en el disco al que pertenecen. Me resultó algo sorprendente, para bien, que rescatara “Don’t leave me now” de “Famous Last Words”. De sus discos en solitario me agradó mucho que recuperara en particular “Death and a zoo” de aquel “Open The Door” del año 2000.
Luis Felipe Novalvos acusó algo de merma vocal en la figura de Roger. Cierto es que hubo al menos un par de pasajes mejorables que yo noté en 2 momentos puntuales de algunas canciones, pero desde mi punto de vista yo me fui bastante satisfecho del timbre que mantiene Hogdson y le sentí bastante reconocible (sabiendo las limitaciones vocales que se van acumulando por lógica cuando se van cumpliendo años). Fue un concierto completo, repleto de los grandes éxitos y alguna ligera sorpresa, muy bien medido en ese apartado. De lo visual, más allá del acertado juego de luces que apreciamos en “Fool’s overture” muy bien coordinados los fogonazos de luz blanca con las notas más histriónicas, tampoco podemos contarles más (para ello, visiten otras crónicas).
Estas crónicas no dejan de ser la narración de una peculiar vivencia por tampoco poder permitirnos pagar tantas y tantas entradas que compraríamos del siempre interesantísimo cartel que ofrece año tras año las Noches Del Botánico. Lo que nos pareció curioso en esta ocasión es que tanta gente se sumara a nuestro palco. También hay que tener en cuenta que, a pesar del precio algo elevado de las entradas en esta ocasión, se agotaron los tickets y quizás muchos no pudieron acceder y optaron por esta vía. No es lo mismo, pero ya sea por un motivo u otro el que no puedas acceder (o estar tieso o no quedar entradas), siempre es un buen plan b para al menos disfrutar de la música.
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miércoles, 24 de julio de 2019

Concierto Keane. Madrid (20-07-2019)

En su día, en octubre de 2012, última vez hasta la presente que Keane visitaron Madrid, les vi en grada en Vistalegre. Me pareció aquel un concierto magnífico y me quedé con las ganas de sentir la energía que este grupo desprende desde el escenario en una posición más cercana. Por eso, cuando me enteré que venían a las “Noches Del Botánico”, no me lo pensé 2 veces a sacar mi entrada en pie de pista para completar aquella experiencia de hace 7 años (tiempo transcurrido, del cual el propio Tom Chaplin durante el concierto se sorprendía de darse cuenta al preguntar al público).
El pasado sábado fue un día de calor tremebundo. Sufrimos sus rigores al mediodía y llegamos a casa extenuados tras comer fuera, con el tiempo justo para intentar recuperarnos y salir para el Jardín Botánico Alfonso XII de la Universidad Complutense. Antes de partir hacia Ciudad Universitaria vi en Telemadrid, a cachos, la película “The Program” o “El Ídolo” sobre el fraude deportivo que a la postre terminó siendo Lance Armstrong, película que aprovecho para recomendar.
Llegamos al recinto pronto, pero la “Keanemanía” había hecho que las primeras filas ya estuvieran copadas. Nos situamos en 6ª fila al lado de la valla de la zona de gente con movilidad reducida, según miras al escenario a la derecha. Antes, al salir del metro, nos encontramos con Óscar Cañas, uno de nuestros colaboradores/tertulianos radiofónicos (que no en vano estuvo en aquel programa que dedicamos a “Strangeland” hace unos años ya), aunque luego vimos el concierto por separado.
El calor era sofocante, pero la organización nos dio unos manguerazos de agua, que no todo el mundo tomó a bien, pero que ayudaron a refrescar un poco el ambiente y el césped artificial que cubre la zona del pie de pista. Por el lateral derecho del escenario, antes de que saliera el artista invitado, aparecieron Richard Hughes y Tim Rice-Oxley, que se hicieron fotos con algunos fans temerarios que se arriesgaron a perder sus puestos en primera fila por hacerse la instantánea con ellos.
Y en esas se subieron a escena Chelsea Boots. Grupo nacional del que desconocía trayectoria hasta la fecha. Disfrutaron de algo más de 40 minutos de actuación, donde alternaron temas propios en inglés y algunos en castellano. Sonaron bien en general, con buenas dosis de guitarra y se apoyaron en el carisma y descaro de su vocalista, de pose algo hedonista y chulesca, que no sé por qué me recordó al grupo Fiebre Amarilla y su líder Ricky Lacoste (será que como pusieron 8 días atrás la película “Sufre Mamón” en La2... No sé). Terminaron su actuación con una versión del “These boots are made for walking”. Entretuvieron y amenizaron la espera a medida que el sol se ponía y el calor iba siendo menos intenso.
Se dispuso todo muy rápido para que a las 22.15h empezaran puntualmente Keane. En esa media hora, la gente estaba tan de buen ánimo que incluso elevaron al estatus de estrella del rock a un roaddie que hacía su labor para colocar el set de Keane. El arranque del cuarteto fue con un tema potente y movido como es “Bend and break”, uno de los grandísimos singles de aquel debut “Hope And Fears” que agitó al 100% de los espectadores, por si alguno no estaba lo suficientemente enganchado a lo que estábamos.

No voy a ir siguiendo un orden cronológico en esta ocasión, sino que les voy a ir jalonando mis recuerdos de la noche vivida. Citaré primero los momentos más memorables, aunque hubo tantos que no sé si tampoco van a salir por orden de gusto personal. Lo que más me gustó del show vivido fue ese combo que podría parecer una extraña pareja compuesto por “Spiralling” (cuyo vídeo dejo arriba de este párrafo) y “Bedshaped”.
Ahí demostraron Keane la grandeza de saber confeccionar un set list y ejecutarlo de tal forma que 2 canciones que son tan distintas y opuestas en las sensaciones que transmiten, que parezca todo lógico y bien medido. En “Spiralling” vimos a un Tom desatado moviéndose de lado a lado del escenario en esa canción pop tan rimbombante, que a algunos en su día descuadró, pero que a mí siempre me captó. Y acto seguido con “Bedshaped” viajamos a uno de esos capítulos tan emotivos y sentidos que Keane tiene en su discografía. El público coreó el final del estribillo con potencia y entrega en los 2 momentos que Tom cedió su micrófono a las masas. Estas 2 canciones estuvieron situadas en el primer tercio del concierto.
Muy buen momento fue también sin duda la gran “Somewhere only we know”. Mariano González la escogió como su momento favorito del concierto en la charla que todos mantuvimos en el recinto al terminar el concierto y también fue para mí otro de los pasajes memorables del show. Perfectamente ejecutada y situada en este caso en el tramo final del show. Por cierto, de vídeos es el que mejor calidad tiene, ya que lo tomé con la cámara de fotos de mi madre, prestada para la ocasión, y no con mi móvil, así que aprovechen.

El bis contó con uno de los temas del futuro nuevo disco del grupo (ya era hora) y otros 2 clásicos del grupo. Primero apareció “Crystal ball”, suponiendo la histeria colectiva superando la hora y media de actuación en esos compases. Vimos nuevamente al Tom más acelerado y en movimiento del concierto, como debía ser. Para aquel momento solamente me quedaba “Disconnected” de mis predilectas del grupo que puedan ser lógicas de que toquen al ser un single de “Strangeland”.
Bien, pues no: el final del concierto fue “Sovereign light cafe”, que muchos pedían por mi zona (yo parecía un bicho raro pidiendo “Disconnected”. Quizás no fue el punto más álgido del concierto y el grupo pasó de cerrar en apoteosis absoluta, habiendo dispuesto quizás otro tema más efectivo de los que sonaron previamente durante la noche para este capítulo. Pero es que Keane no busca el efecto fácil, y con esta sutil y bonita composición pop, también single de “Strangeland” (ese fabuloso lp), se ponía el final al show (esta vez no hubo sorpresas tipo de versiones de “Under pressure” cuando nadie lo esperaba).

Se puede hablar de todos los singles gordos de Keane y su momento en el concierto. Todos muy emocionantes y bien recibidos: “Everybody’s changing”, celebradísima en el tramo final antes de los bises, su compañera de lp “This is the last time”, también en el sector final y que curiosamente a mí se me pasaba por alto por aquellos momentos, “Is it any wonder?”, otro momento notablemente animado, “Silenced by the night”, épica, romántica y deliciosa... En fin.

En el capítulo de menos esperadas, me sorprendió con mucho agrado que Keane no se olvidaran de “Nothing in my way” del fenomenal “Under The Iron Sea” y que también rescataran la íntima “Try again”, interpretada solamente por Tim al teclado y Tom al micro, mientras que Jesse y Richard se iban al camerino a reponer algunas fuerzas para el arreón final. De “Strangeland” tampoco pensaba que recuperaran la bonita canción de apertura “You are young” o “On the road”. Personalmente, insisto (y disculpen mi pesadez) hubiera preferido que no se olvidaran de “Disconnected” (además, una canción de fuerte regusto español, con ese videoclip impagable con Leticia Dolera y Félix Gómez, dirigido por Sergio Bayona) y que puestos a rizar el rizo hubiera cogido “Day will come”.

Si conecto, ya que lo he referido 2 veces ya, con el sector de la crónica en la que hablo de las olvidadas, hubo gente por mi zona que echó de menos algo más de peso de “Perfect Symmetry” (con su canción título en particular) y uno de mis amigos también citó “The lovers are losing”, que a mí se me había pasado por alto. Es importante indicar que la banda no se olvidó de disponer 4 de sus nuevos temas, también correctamente intercalados (dándoles incluso protagonismo notable al poner uno en el bis).
Para mí fue un concierto sobresaliente. Si hubiera caído “Disconnected”, de matrícula de honor. Y es que más allá de un set list muy bueno y por lo general muy bien llevado a cabo y estructurado, se agradeció la actitud del grupo. Desde la lejanía del tendido de Vistalegre ya lo aprecié en 2012, pero más de cerca la cosa queda muy evidente. Primero gracias a Tom Chaplin. Un cantante de nota muy alta, que estuvo como debe ser (nos quitamos la pena de la afonía de Daryl Hall de unos días atrás). Físicamente está mucho mejor que hace años (mucho más delgado) y con un look que le favorece mucho más, pero imagen al margen, su actitud sobre el escenario, bailando y moviéndose con brío cuando toca y recogiéndose cuando es menester, es perfecta. Además, nuevamente se le notó mucha conexión con el público, siendo simpático y bromista lo justo y agradeciendo en numerosas ocasiones el fervor y la acogida del público madrileño. También logró tener al público a sus órdenes, ensayando correctamente los coros de “You are young” antes de tocarla.
Tim Rice-Oxley no es un teclista al uso. Vive cada actuación al límite de entrega. No fue raro verle muchas veces desgañitado a sus teclas, tocando de pie con un brío que competía con el frenesí de Tom por todo el escenario. Richard Hughes desde la batería mantuvo bien el ritmo, con mucha concentración y profesionalidad. Por otro lado Jesse Quin va cogiendo cada vez más peso dentro del grupo desde su incorporación a la banda. Empuñó su bajo de forma intensa, marcando sus notas en algunas ocasiones al borde del escenario (cual solo a lo guitar hero) y se le ve perfectamente integrado ya en el grupo después de tantos años.
Pocos minutos antes de las 00h, acabó el concierto con los sonidos del “Heroes” de David Bowie en los altavoces a medida que los 4 Keane abandonaban las tablas tras recibir las merecidas y cumplidas ovaciones. Nosotros nos reunimos (vimos el concierto 3 sectores de amigos por separado) y nos tomamos algún refrigerio en los jardines y mesas de las “Noches Del Botánico”, comentando con efusividad y concierto que a todos nos gustó.
Y es que merece mucho la pena ver a Keane en directo. Son apuesta segura, ya que disponen de una discografía de muy buena calidad, de la que, a nada que se esfuercen, conforman un set list de gira que puede tener pocas quejas, si bien siempre suele haber alguna. Terminé muy satisfecho de completar mi experiencia de 2012, lejana en posición, y muy seguramente, siempre que la banda continúe en activo, no será la última vez que les vea. Y es que Keane quedaron tanto el sábado pasado como en 2012 muy contentos de la acogida de Madrid. También siempre nos ayudará que Tom Chaplin venga de viaje de aniversario con su mujer a ponerse fino de jamón ibérico, como nos confesó a mitad de actuación, y que salga de aquí encantado de su estancia.
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jueves, 11 de julio de 2019

Concierto Madness. Madrid (04-07-2019)

Les vi en un concierto memorable (vean la crónica del blog) hace una década, del que me quedó tan buen recuerdo que ya no me atrevo a vivir otro porque no creo que lo pueda superar (tonterías mías dirá alguno que lea esto). Me cogió en una época de muchos gastos. Ya no está Carl Smyth “Chass Smash”. Por todo esto, decidí ahorrar y no sacarme la entrada de Madness, en formato “XL”, para verles en las “Noches Del Botánico” (este año no he movido asuntos de acreditaciones), pero sí que estimé ir a escuchar el concierto a los alrededores.

Con ello, aquí la crónica de un ciego, ya que del comportamiento del grupo no les puedo contar mucho. En mi “palco” de los alrededores hubo otras 5 personas que estuvieron escuchando a los “naughty boys”. Yo fui solo en esta ocasión, cosa que me dio igual. Antes tocaban Dead Capo, y llegué al recinto cuando finalizaban su actuación con una versión de los “End titles” de “Blade Runner”.
Hablando por teléfono con un amigo, llegó el arranque de concierto. Se empezó con “One step beyond”, que no es ya lo mismo sin Carl encargándose de la arenga previa. El comienzo de concierto fue de manual, con “Embarressment” acto seguido (creo que así arrancaron en 2009). A Suggs (Graham McPherson), se le oía cantar perfecto (muchísimo mejor que a Daryl Hall 2 noches antes), muy ajustado a su registro vocal.

La cosa duró hora y media y el repertorio no se dejó ninguno de los pesos pesados. Desfilaron con potencia “House of fun”, “Our house” (pletórica en el tramo final del concierto) o “Night boat to Cairo” (esta como final de concierto). Tampoco faltaron piezas básicas como “My girl” o “Shut up” (que celebré mucho su escucha).
En el capítulo de las menos esperadas, pero singles o éxitos también del grupo, no me esperaba “Driving in my car”, con una interpretación vocal cristalina de Suggs o “It must be love”, la cover de Labby Siffre, que sonó en el tramo final del concierto y que me alegró mucho la noche, puesto que esta es la primera canción que me capturó de Madness, con su videoclip que tengo grabado de la Mtv en VHS desde hace 22 años (luego ya me compré el recopilatorio “Complete Madness” en formato DVD con todos los videoclips, este incluido).

Y ya las que consideré sorpresas absolutas dentro del repertorio fueron “Bed and breakfast man”, en la que se notaba al público del Botánico corear entre estrofas el tramo final de la canción (costumbre y ritual de los conciertos de Madness) y la preciosa “One better day” del siempre por muchos denostado disco “Keep Moving”.
Hora y media de concierto también clavada (misma longitud que la de Hall & Oates) y la sensación de que tuvo que ser un gran concierto. No sé yo si superaría aquel de junio de 2009 en La Riviera, pero le estaría cerca. No obstante, unos Madness sin Carl Smyth, perdónenme, pero para mí no es lo mismo. Es como unos Depeche Mode sin Alan Wilder, que sí, que está bien, pero no es lo mismo. Cosas mías. En todo caso, gran concierto por lo escuchado y más que satisfecho por haberlo podido oír al menos.

Alguna otra noche nos pasaremos a la “fresca (¿?)” a escuchar alguna otra cosa y una en particular sí que estaremos dentro para ver a Keane lo más cerca posible y completar la experiencia de 2012 cuando les vimos en graderío en Vistalegre. Esperen pues alguna que otra crónica de concierto más del notable cartel de las “Noches Del Botánico” en futuras semanas.
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