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viernes, 29 de abril de 2022

Bloc Party - Silent Alarm (2005)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Recuerdo con cariño el primer lustro de los años dos mil en lo que al apartado musical se refiere. Si juntamos los años 2004, y 2005 hay discos que me entusiasmaron, como de hecho aún me entusiasman, y que compusieron una época excelente para, digamos, el “indie”. Etiqueta amplia y relativamente inútil pero que al menos acota un poco el terreno al que nos referimos. Repasemos algunas de esas obras: “Hot Fuss” de The Killers, “Funeral” de Arcade Fire, “The Back Room” de Editors, “Antics” de Interpol, el debut homónimo de Franz Ferdinand, “Hopes And Fears” de Keane… Y también “Silent Alarm” de Bloc Party.

Gran parte de estos discos repasaban el legado de los ochenta, mirando frecuentemente en la dirección de la oscura faceta del postpunk y proporcionando un auténtico caudal de disfrute. Bloc Party ofrecían en su música, dentro de su variedad, un acercamiento al postpunk de finales de los 70 y principios de los 80. Las comparaciones con Gang Of Four, por ejemplo, fueron frecuentes. Hay momentos de indie directo, altamente rítmico, mezclas entre el punk y el funk, y otros segmemntos de carácter más atmosférico, pero en ningún momento se pierde el enfoque emotivo.

Instrumentalmente el grupo poseía garra y destreza. La batería de Matt Tong era una máquina de lanzar redobles, capaz de subir la temperatura de las canciones a un ritmo galáctico. El bajo de Gordon Moakes se compenetraba con la batería a la perfección formando un más que notable combo rítmico. La guitarra de Russel Lissack era contundente cuando tenía que serlo; a veces tenía una vivacidad frenética y a veces era atmosférica, jugando con los pedales y los efectos. Muy importante era la voz de Kele Okereke, versátil, pero sobre todo interesante cuando añadía un plus de emotividad a la canción.

En cuanto a la composición de las canciones “Silent Alarm” es una obra afortunada. El número de canciones es elevado, trece en total, pero la cantidad de relleno es exigua, y la escucha se hace rápida. También hay cierta variedad: certeros trallazos de indie rock, ritmos bailables, paisajes de una belleza algo tenebrosa… En general el disco da una impresión algo fatalista, tornándose incluso más oscuro según llegamos al final. Es decir, no es un disco fiestero como pudo ser el debut de Franz Ferdinand, hay paisajes mucho más introspectivos y un estado de ánimo de raigambre algo melancólica. Pero también a ratos, es una obra que suena combativa, sobre todo en canciones de cierto perfil.

Varias canciones de “Silent Alarm” tiene un componente político, crítico, ácido. Este tipo de canciones pueden sonar cabreadas como la abrasiva “Helicopter” o la peculiar e irónica “Price of gas”. De hecho, hay que interpreta el nombre del grupo de varias formas. “Party” puede significar fiesta, pero también partido político. Sea como sea, algunos de los temas que ocupan estas canciones tienen que ver con la situación geopolítica del momento; asunto del que iremos comentando algún aspecto.

Así pues, a mi entender, uno de los mejores discos que nos dejó la primera década de los años 2000, y un compendio de buenas melodías con la fuerza añadida de estar compuestas por un grupo en su fase inicial, llenas de entusiasmo y ganas de impresionar.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Like eating glass”: Un inicio tembloroso, es seguido por una implacable ráfaga de la batería de Matt Tong. La canción es una carta ganadora y constituye una apuesta fuerte como comienzo de obra. Es un pequeño resumen de la música del grupo. Hay épica, rotundidad, fiereza, pero también delicadeza. El estribillo es más punzante, y las estrofas suenan intensas y desesperadas. Además de la voz de Kele Okereke, vemos otro de los alicientes de Bloc Party: la frenética batería. La letra hablaría de un completo sentido de la desorientación dentro de una relación personal complicada.

2. “Helicopter”: Todo un trallazo de energía que casi está emparentado con el punk. El riff inicial es vibrante (por cierto, una variación del de “Set the house ablaze” de The Jam), y además recio como una bofetada. El ritmo no decae salvo para un pequeño interludio en la segunda mitad de la canción, de tipo más atmósferico. Todo un chute de energía y uno de momentos más abrasivos del disco. La letra se suele interpretar en sentido político. Incluso podría referirse a George W. Bush cuando dice: “Just like his dad/ Just like his dad (the same mistakes)”, o “Stop being so American”. En cualquier caso, hay, parece ser, un matiz muy ácido hacia la cultura americana. Fue single y en sus conciertos es un momento destacado. Puedo dar fe; cuando los vi en directo en 2007 se armó un pogo de lo más contundente, del que me llevé algún buen talegazo. Ciertamente es un temazo.

3. “Positive tension”: Continuamos con el tremendo inicio de disco. La canción tiene dos partes bien diferenciadas. Una primera completamente dominada por un atractivo juego entre la batería de Tong y el bajo de Moakes, de corte rítmico pero contenido. A mitad de canción de produce un tremebundo cambio de tercio, accediendo a una melodía fulgurante, guitarrera y furiosa. Las dos partes tiene su atractivo y el cambio, aunque que abrupto, no desentona. El final de la canción es catártico con Kele Okereke grtitando: “so fucking useless!”. Fue un single de doble cara A, junto con “So here we are” y consiguió una buena posición en los charts: fue número 5 Reino Unido. En alguna entrevista dijeron que la canción habla de los peligros del aburrimiento vital, y como puede llevar a una persona incluso a lugares oscuros.

4. “Banquet”: Apropiada canción para ser single. De hecho, con esta canción empecé a interesarme por el grupo. Todo está en su sitio. Es un pop que saca el colmillo aquí y allá, con un destacado estribillo; entre levemente épico y oscuro. Buena canción, a la que es fácil meterle mano. El pequeño cambio llegando al final aporta el toque justo de rabia. Kele Okereke, autor de la canción, se inspiró en “I bleed” de los Pixies y en “Prince charming” de Adam and the Ants. La letra giraría alrededor del sexo y la entrada en la adultez, aunque de una forma una tanto críptica.

5. “Blue light”: Tras cuatro temas que han cundido a buena marcha, está canción es quizá algo anticlimática. Se trata de un tema atmosférico, lento, para escuchar a media luz. Tan solo algún redoble del inefable Matt Tong quiebra la paz, pero no varía mucho el tono general. Viene a ser una especie de descanso dentro del tracklist.

6. “She’s hearing voices”: Volvemos al lío. La melodía se construye apoyándose en la atronadora batería de Matt Tong y la peculiar inflexión de Kele Okereke al cantar. Un tema obsesivo, algo extraño. Como una canción dance mutada en un despliegue de ritmo peculiar. La letra habla de una amiga del vocalista que padece esquizofrenia paranoica. La obsesiva línea “red pill, blue pill”, que hace referencia a la medicación psiquiátrica, acaba siendo casi un mantra. Extraña pero intensa, tiene su atractivo y un buen punteo de guitarra para acabar.

7. “This modern love”: Volvemos al tono sosegado de “Blue light” aunque con una melodía más definida. Es casi canónica como balada,; empieza algo sombría para ir desarrollándose hacia algo más emotivo. Forma parte de los Bloc Party más contenidos, y aunque no es de los más destacado del disco es interesante verlos, digamos, en una faceta más tierna.
8. “Pioneers”: Y aquí está la faceta oscura del disco. Particularmente por su siniestro comienzo, que puede recordar un poco a The Cure, y por su agobiante desarrollo. Quizá hubiera estado bien mantenerse en el nivel atmosférico, pero el progresivo nivel de intensidad alcanzado está bien conseguido, sobre todo hacia el tramo final. La letra se abre a interpretaciones, parece tener una vertiente política clara sobre la ambición al frente del poder. Hay quien personaliza incluso en Bush y Blair (el tema de Irak estaba reciente), pero a saber. En cualquier caso, el tono más que combativo es desesperanzado. Buena canción, en la vertiente menos inmediata del grupo.

9. “Price of gas”: En contraposición está canción es más excéntrica. Mezcla elementos que bordean el electro, ritmos marciales, y una interpretación vocal más extravagante. Es difícil encasillar esta canción, se mueve entre lo irónico y lo épico, y todo está dominado por un ritmo a machamartillo. Nuevamente la temática es política, haciendo referencia a las guerras comenzadas en busca de combustible (gas, petróleo, etc) aunque maquilladas de otra forma. Son significativos los persistentes coros en segundo plano que repiten: “War, war, war”. Y es que, además, como dice la letra, “nothing comes for free”. El resultado es bastante curioso.

10. “So here we are”: La canción más agradable y hedonista del disco, Pura atmósfera ensoñadora, cristalina, delicada. La guitarra de Lissack crea unos ambientes cercanos al dream pop. Constituye un momento de relajación, quizá como descanso antes de las turbulencias finales. Formó una curiosa doble cara A junto con “Positivie tensión”.

11. “Luno”: Casi podíamos definir esta canción como una especie de punk sofisticado. O directamente como postpunk. Tiene un tempo rapidísimo, pero en su inicio se basa más en el bajo y batería que en la guitarra. Ojo también a las fantasmales atmósferas de fondo. A mitad de canción sí que hace aparición la guitarra, en los que es uno de los momentos más intensos de “Silent Alarm”. Para bien, además. Tiene un dramatismo punzante, sibilino, oscuro. Según Kele letra habla de alguien cambiado para mal, como p.ej un viejo amigo que se ha echado a perder.

12. “Plans”: Seguimos ahondando en la oscuridad. Está vez más calmosa, pero más angustiante. El juego entre bajo y batería es puro postpunk a lo The Cure o Joy Division, grupos de los que bebe claramente esta canción. Bloc Party apuestan por la decadencia y la desesperanza. Al final Lissack mete un buen punteo de guitarra. La letra es compendio de imágenes sombrías, y es curiosa la línea “the ravens are leaving the tower”, quizá haciendo referencia a la leyenda según la cual cuando los cuervos abandonen la Torre de Londres, caerá el Reino Unido y su Corona.

13. “Compliments”: Bloc Party deciden terminar el disco con el momento más oscuro y decadente de toda la obra. Lo hacen mediante una canción lenta, atmosférica, de ritmo reptante. Si “Silent Alarm” empezaba de forma contundente y agitada, su remate es denso, casi deprimente. La parte buena es que hay cierta sensación de misterio que parece interesante, y de algún modo deja pensativo al oyente. La letra habla sobre el aplastante poder de la rutina. De forma coherente se repite la misma estrofa una y otra vez. En la versión europea tras unos minutos de silencio suena el track oculto “Every time is the last time”, un bonito instrumental ambient.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Cabe decir que Bloc Party han sido asiduos de la costumbre de lanzar singles sueltos, sin pertenecer a ningún disco (salvo en ediciones especiales). De la época de “Silent Alarm” hay dos excelentes muestras: la melancólica “Two more years” y el pop luminoso de “Little thoughts”, ambos de un nivel excelente, a la altura de los puntos altos del disco. En cuanto a discos, el siguiente fue “A Weekend In The City” (2007), de sonido más pulido y sin tantas aristas. No obstante, la mordiente del grupo sigue patente aquí y allá. Es un disco más melódico con algunas composiciones destacadas. Singles como “The prayer” o “I still remember” son pequeños clásicos del grupo. Esta fue la época de mayor brillantes artística y comercial del grupo, o al menos donde público y crítica fueron unánimes.

La unanimidad se rompió con su tercer disco, “Intimacy” (2008). En esta obra el grupo experimentó añadiendo numerosos arreglos electrónicos y siendo menos directos. A posteriori llegó un hiato de cuatro años donde la banda se volcó en diversos proyectos en solitario y se rumoreó que Kele Okereke podría dejar la banda tras el lanzamiento de su álbum como solista “The Boxer” (2010). Finalmente, el grupo volvió en 2012 con “Four”, que traía a colación los sonidos guitarreros de su debut. Tras este disco Matt Tong y Gordon Moakes dejaron la banda, y ya sin la formación original Bloc Party editaron en 2016 “Hymns”, de nuevo más electrónico y con querencia por el blues o el gospel. Curiosamente en el día de publicación de este artículo Bloc Party lanzan nuevo disco: “Alpha Games”, del que no puedo aportar mucho.

Destacar que el directo de la banda, al menos en lo que a mi experiencia personal concierne, es bastante potente y notable en su ejecución. Les pude ver en La Riviera en la gira de 2007 (un 17 de mayo para ser precisos), presentando “A Weekend In The City”, Hubo bastante pogo, y sin contar algún agobio, fue una experiencia bastante divertida.

En fin, esperemos que deparará el futuro a esta banda, cronológicamente originaria de una época en la que se juntaron una serie de discos, a título personal, francamente interesantes.

Texto: Mariano González.
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viernes, 8 de abril de 2022

DMR cierra por vacaciones de Semana Santa 2022

No va a ser menos este año y nuevamente nos tomamos un descanso por Semana Santa. Nos tomamos la propia Semana Santa, la semana anterior y la semana posterior. El viernes 29 de abril regresaremos con un nuevo post de revisión de disco.

El sábado 7 de mayo afrontaremos el tramo final de la 13ª temporada de radio con un nuevo programa. Mañana, si lo desean, pueden escuchar a las 16.00h en Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) la redifusión del programa que hace 2 semanas dedicamos a "Blur" de Blur.

Estos días, al igual que nosotros, descansen, viajen (si pueden) y disfruten de las torrijas, como las de la foto del post, pero con moderación.
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viernes, 1 de abril de 2022

The Killers - Pressure Machine (2021)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Creo que es la primera vez que en plazo inferior a un año un mismo grupo pasa nuevamente por el blog en formato de revisión de disco. La excepción no podía ser con otra banda que no fuera de mis preferidas y The Killers es una de ellas. El breve plazo que ha transcurrido entre sus 2 últimos lps es lo que ha motivado esta reiteración en la obra de los de Las Vegas en este curso o temporada del blog.

Y la verdad es que me sorprendió mucho que en el pasado verano me llegase la noticia de que una de mis bandas favoritas editara nuevo disco apenas pasado un año desde el lanzamiento anterior. Ritmo de publicación de décadas atrás. The Killers se atrevían con un nuevo disco tras la publicación en 2020, año de irrupción de la pandemia Covid-19, del solvente “Imploding The Mirage”. Este álbum suponía una continuidad de sonido y sensaciones respecto al predecesor de 2017, el celebérrimo “Wonderful Wonderful”, si bien opino que no llega a tan alto nivel.

Los factores de que la banda optase por una publicación siguiente con tanta premura pueden residir en parte en que la situación pandémica y la imposibilidad de realizar una gira internacional de presentación del disco al uso, llevase al grupo a disponer de un mayor tiempo para dar luz a nuevas composiciones y de paso intentar compensar la falta de ingresos por los directos con las discretas cantidades que ahora suponen la venta de discos.

La importancia reside en que el grupo parece haber escuchado los matices de aviso en ciertas críticas al valorar el previo “Imploding The Mirage”, al apuntar a un cierto comportamiento repetitivo y acomodaticio de Brandon Flowers y los demás a la hora de componer canciones. Por ello, “Pressure Machine”, aunque ofrece alguna pista de conexión con lo previo, es un trabajo que cambia bastante el enfoque.

Por cierto, respecto a la formación, se aclara en el libreto del disco que hoy nos ocupan que The Killers siguen siendo los 4 de siempre: Brandon Flowers, Ronnie Vanucci, Mark Stoermer y Dave Keuning. Por lo visto en “Imploding The Mirage” no estuvo Dave, pero ha regresado a la grabación del presente. El que parece que esté ahora más ausente es el bajista, Mark.

Si Bruce Springsteen siempre ha sido un artista que ha servido a la gente para señalar dejes o influencias de estilo en los de Las Vegas, en esta ocasión el tiro se centra particularmente en “Nebraska” de 1982. The Killers nos ofrecen un disco de menor relumbrón, muy reflexivo en la mayoría de sus capítulos e incluso diría introspectivo. También hay espacio para algún ejemplo de pop vigoroso marca de la casa, pero son las excepciones. Consecuentemente, este “Pressure Machine” no es un disco que entre fácil. Ni mucho menos. En la primera escucha que le di en su momento, allá por finales del pasado verano en Youtube, me pareció un disco muy discreto y calmo, de fuerte contraste con toda la obra de la banda. Además, apenas encontré algún episodio que destacara sobremanera sobre el resto, algún single claro.

No obstante, tras habérmelo comprado hará cosa de un mes aprovechando que lo vi a precio razonable en unos grandes almacenes (6,99 euros), y tras haber estado escuchándolo muchas veces en las pasadas semanas, he terminado dándome cuenta de la grandes de “Pressure Machine” y de sus muchas bondades. El trabajo no ha sido rápido ni inmediato y hay que tener paciencia. Creo ya estar en condiciones de hablar de sus composiciones y valorarlo en su justa medida. 11 temas son los que hoy nos ocupan.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “West hills”: Empezamos el disco con una canción de esas de menos a más. Arranque épico de la banda, que puede que no esté tan lejos de otros episodios del grupo. Sin embargo, es curioso que queda más el inicio latente de “West hills” que el desarrollo monumental y arrollador que se produce a partir de la 2ª mitad. El efecto de cierto eco o reverb que se le mete a la voz de Brandon, le confiere si cabe una mayor profundidad y oscuridad que se ajusta a la perfección. Un comienzo de obra ampuloso y ambicioso, que, como muchas de sus compañeras (por no decir todas, y en definitiva hablar del disco), va ganando con sus escuchas sucesivas.

2. “Quiet town”: Pasamos de lo trascendente a lo llevadero. “Quiet town” es una canción luminosa, de pop country con esos toques de armónica. Tiene un buen ritmo, que en este caso Brandon Flowers domina a la perfección con su cadencia al micro. Discreta, bonita, pero tampoco memorable. Fue single o al menos algo parecido a single con su particular videoclip.

3. “Terrible thing”: Con las 2 primeras canciones ya hemos podido apreciar un cambio de enfoque respecto al pop generalista y potente de los 2 anteriores discos del grupo. Ahora con “Terrible thing” se produce la constatación definitiva. Aquí la sombra de “Nebraska” del Boss ya es más que evidente. Canción desnuda, con poquísima instrumentación y con Brandon en una interpretación de perfil bajísimo. Los aportes de armónica son nuevamente parte esencial de la leve melodía. Ayuda claramente a conseguir el objetivo de “Pressure Machine” en lo que se refiere a las sensaciones que busca producir.

4. “Cody”: También en “Cody” podemos encontrar la sombra de Springsteen y la E-Street Band de alguna manera, si bien distinta a “Nebraska”. Es una canción de cierto enfoque coral. En esta pieza también hay espacio para el primer lucimiento en forma de solo de su guitarra eléctrica del retornado de excedencia Dave Keuning. Consecuentemente, la canción tiene su fuerza y empaque. Es de las que se abren tras no demasiadas escuchas.

5. “Sleepwalker”: “Pressure Machine” con “Sleepwalker” situada tras “Cody”, nos ofrece un combo más pop y luminoso. Esta “Sleepwalker” quizás no hubiera desentonado demasiado en discos previos de la banda, pero su sonido tiene algo que la hace inconfundible dentro del conjunto del disco al que pertenece; probablemente sean las notas de la guitarra acústica. Es una canción pop, con muy buen sentido del ritmo y una estructura de manual.

6. “Runaway horses”: The Killers saben muy bien qué es lo que querían lograr con “Pressure Machine”, por ello, tras 2 capítulos más animados, llega el turno de la calma de nuevo. “Runaway horses”, que cuenta con el leve dueto con Phoebe Bridgers, pugna por ser el episodio más desnudo e íntimo del álbum. Fue curiosamente single, o al menos contó con su videoclip al uso. Economía de medios, en una pieza acústica con Brandon y Phoebe cantando de forma casi susurrante. No creo que sea de las mejores del disco, no porque sea floja, sino porque hay otros episodios que son realmente destacables, pero no molesta para nada y es muy motivada su presencia en el ecuador del disco.
7. “In the car outside”: Llegamos al turno de una canción que sí que podría haber formado parte de “Wonderful Wonderful” o de “Imploding The Mirage” sin ningún tipo de problemas. “In the car outside” tiene la base más inquieta y rítmica del disco. Ofrece igualmente un estribillo lleno de fuerza, pero incluso en estrofas nos da la sensación de ser una pista con bastante vértigo. Mucha entrega, potencia y garra; cosa que en otros discos era la tónica general, aquí es la excepción a la regla. No viene nada mal para darnos cuenta que el grupo siguen siendo capaces, si quieren, de facturar piezas de pop intenso y cargado de adrenalina.

8. “In another life”: Algo que sucedió con “Sleepwalker” y “Cody”, es lo que pasa ahora al concatenar “In another life” con “In the car outside”. Tras el interludio de “Runaway horses”, The Killers disponen otro par de canciones consecutivas en sentido abierto y potente. Cierto es que el brío baja notablemente con respecto a “In the car outside”, pero de alguna forma lo que se consigue es una especie de efecto espejo o reflejo de las 2 caras del disco, cosa que verán con las pistas que vendrán a continuación. “In another life”, con todo es una pieza más cercana al sonido general del disco, aunque sea una de las canciones de mayor luminosidad; ello reside en su menor aporte eléctrico, aspecto comparable de forma clara con su predecesora en el orden del disco. Es otra pieza de guía básica para conectar con la tradición más pop de la banda y no perderse demasiado.

9. “Desperate things”: La única en su textura dentro del disco, con ese sonido lejano, crepuscular y evocador es “Desperate things”. Una preciosidad de composición de esas que te dejan embobado mientras te envuelve con sus instrumentos. La producción aporta la profundidad y eco necesario para que sea una canción (me van a permitir ponerme un poco cursi, lo siento) de esas que pegarían mucho escuchar en un atardecer mirando al horizonte en el Valle de los Monumentos. A pesar de su enfoque íntimo, es una canción de formas ambiciosas y que se hace notar claramente. Da pena incluso que se acabe, aunque lo que vendrá después está bastante bien. “Desperate things” es sin duda una de las muchas joyas ocultas que “Pressure Machine” aporta a la historia de The Killers.

10. “Pressure machine”: Penúltimo lugar del track list para “Pressure machine”. Por muy poco, The Killers no acaban el disco al estilo de lo que hacía The Cure en sus 5 primeros discos de finalizar con la canción título. No en vano, tras la trascendencia que transmite “Desperate things”, no quedaría mal este cierre, mucho más liviano, folk y luminoso. Es una pieza tremendamente calma, con Brandon afrontando su estribillo en un suave falsete. Que sea la canción que titula el disco no es baladí, puesto que podría ser la pieza que resume perfectamente en su duración las sensaciones principales que se te quedan con la escucha del disco en conjunto: enfoque acústico, menor inmediatez y cierto aspecto reflexivo con tintes folk. Pero, lo dicho, aquí no acaba la cosa.

11. “The getting by”: A pesar de que la canción título se podría antojar como un buen cierre, el grupo arriesga un poco más metiendo una pista nº 11. Y la jugada le sale maestra. Lo bordan. “The getting by” consigue firmar un cierre más profundo y sentido. Es una canción que podría ser una de esas que con otro ánimo en plan fanfarria, se convertiría en un himno. Sin embargo, su planteamiento íntimo y sumamente recogido, hace que sea una especie de himno sostenido y latente. La parte del estribillo es nuevamente un ejemplo de acierto melódico a la hora de componer una canción que sorprende lo que es capaz de emocionar con sus medios, los cuales son limitados por vocación expresa de la banda. Una auténtica maravilla. Te quedas completamente absorto escuchando como se pierden sus acordes y como se van marchando también esos sonidos de trenes alejándose. Clara joya oculta del lp. Sencillamente genial.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Dentro de unos tiempos tan raros como los que hemos vivido y aún estamos viviendo, “Pressure Machine” ha conseguido creo que sobradamente sus resultados. Al menos en niveles objetivos, el disco ha vuelto a otorgar un nº 1 en los charts británicos para la banda, lo cual siempre es un parámetro a tener en cuenta. Cierto es que su extensión internacional palpable a modo de gira, se ha visto pospuesta hasta las presentes fechas, con lo que habrá que esperar a ver cómo funciona la cosa en el directo.

Por nuestras tierras han vuelto a escoger un festival, de esos que te cobran un riñón por un día de acceso, con lo que esperaré una nueva ocasión para volver a ver a la banda en directo en un concierto propio en recinto cerrado, cosa que no sucede desde hace 13 años; qué pena.

A modo de conclusiones, “Pressure Machine”, con esa llamativa portada con 3 cruces en blanco y negro tras una alambrada, es un trabajo que a más de un seguidor de recorrido de la banda le cogerá con el pie cambiado. Más aún que en su día supuso el 2º disco de la banda “Sam’s Town” tras el debut “Hot Fuss”. Y es que, a pesar de que hay excepciones, el enfoque de la obra es muy reflexivo y poco inmediato. Hay que tener mucha paciencia con él para terminar de hacerse con sus puntos fuertes, que los tiene.

Será casi un tópico decir que este trabajo puede ser el trabajo más maduro o directamente el trabajo de madurez del disco por el sentir que transmite. En todo caso, lo interesante será ver el enfoque de lo que venga después, ya que siempre levanta mucha curiosidad cuando un grupo vira tanto en su sonido al lanzar una obra si eso va a suponer una continuidad o no.

Creo que “Pressure Machine” es un disco que ennoblece a The Killers. De esta forma, demuestran que no son solamente creadores de pistas accesibles y que van a la yugular en un tratado de pop masivo, aunque en ocasiones o canciones puntuales ya lo habían demostrado previamente. Sin embargo, a la hora de confeccionar un disco, nunca se habían mostrado con este perfil tan reflexivo y profundo. Puede que la situación mundial haya influido notablemente en ello y que “Pressure Machine” sea producto de sus tiempos. Sea como sea, es un disco altamente satisfactorio y que no se hace denso de escuchar, cosa que con obras del estilo puede suceder fácilmente. Insisto en que han de ser pacientes con él, ya que la inmediatez no es su característica principal, cosa que sí sucede con casi todos sus hermanos mayores de trayectoria discográfica. Habrá que ver cuánto tarda el grupo en sacar nuevo trabajo. Si nos centramos en discos de estudio, al menos en los 4 últimos, la secuencia es 2012, 2017, 2020 y 2021.

Quizás en 2023-2024 haya nuevo material, me sorprendería mucho que nuevamente en este 2022 y ya en gira mundial se edite algo nuevo. Ahí será cuando podremos poner en situación a este “Pressure Machine”, si su posición es la de un verso suelto en la trayectoria de The Killers o es un cambio de tendencia o un punto de inflexión en entregas posteriores; personalmente quedo muy intrigado con ello.
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domingo, 27 de marzo de 2022

Programa Phoenix "Bankrupt!" (Temporada 13/ Programa 10)

Tras haber dedicado un programa hace ya unas temporadas a su relevante disco "Wolfgang Amadeus Phoenix", ya era de retormar la historia y trayectoria de la banda de Versalles. Para el pasado sábado 12 de febrero de 2022 nos propusimos analizar el siguiente paso que supuso "Bankrupt!" en 2013.

La cita del estreno fue en la citada fecha a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares. Mariano González y Víctor Prats tuvimos el turno de palabra exclusivo una vez más para poder exponer nuestras impresiones sobre este notable trabajo de Thomas Mars y cia..

Si en su emisión en directo de estreno en la fecha y hora indicadas o en las posteriores redifusiones (miércoles 16 y 23 de marzo a las 23:00h y sábado 19 de marzo a las 16.00h) en el mismo dial no pudieron escucharlo, aquí les insertamos el reproductor con el podcast para su escucha directa y también les dejamos enlace a Ivoox y su alojamiento por si se lo prefieren descargar: https://www.ivoox.com/dmr-13-10-audios-mp3_rf_84621687_1.html
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viernes, 25 de marzo de 2022

Temporada 13/ Programa 11: Blur y "Blur" (1997)

El disco homónimo de Blur editado tras el que editaron en el año de máximo apogeo del brit pop de los años 90, "The Great Escape" en 1995, es cuanto menos una obra que resulta interesante no solamente para abordar aquellos días en la formación encabezada por Damon Albarn, sino para entender la situación general de la música británica en aquel momento.

Por ello, nos va a servir de excusa para volver a tener a Blur como protagonistas un programa más en nuestra trayectoria en las ondas. Sobre "Blur" de 1997 hablaremos este próximo sábado día 26 de marzo de 2022 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH).

Les adelantamos que será nuevamente un diálogo musical entre Mariano González y Víctor Prats y que nuevamente supone un análisis de un disco que a nivel personal les lleva a ambos a su etapa de educación secundaria o B.U.P. en su día, con lo que los apuntes personales no estarán exentos en sus intervenciones. No se lo pierdan.

Links de interés:
Emisión on-line RUAH: http://www.ruah.es/emision-online/
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viernes, 18 de marzo de 2022

Héroes Del Silencio - Senderos De Traición (1990)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Recientemente Bunbury ha dado a conocer que abandona los escenarios, de modo que me rondaba por la cabeza estos días que mi próximo artículo estuviese relacionado con él. Podría haber elegido un disco suyo en solitario (aunque ya comenté “RadicalSonora”), pero como vocalista creo dio sus mejores momentos con Héroes Del Silencio. En su momento ya escribí sobre “El Espíritu Del Vino” (1993), de modo que opto por elegir “Senderos De Traición”. Lo cual no es una decisión inadecuada. La voz de Enrique es un activo valiosísimo del disco. En cierto modo, sin menospreciar al resto de la banda, es un disco muy de vocalista. En posteriores álbumes, más duros y barrocos, la instrumentación será un elemento cada vez más importante. Lo cual no debe hacernos pensar que el resto de la banda no tenga importancia en este disco. Pero ya lo iremos viendo.

La banda zaragozana no quedó demasiado contenta con la producción de su primer LP, “El Mar No Cesa” (1988), A cargo de la misma estaba Gustavo Montesano, miembro de Olé, Olé, y la banda pensaba que no había sabido captar la energía del grupo dando como resultado un disco más blando y diluido de lo que quisieran. A título personal me parece una buena obra, con temas potentes como “Mar adentro”, “Flor venenosa” o “No más lágrimas”. Era, en definitiva, un disco de pop oscuro, de querencias casi góticas, pero con un sonido alejado de crudeza de la banda en directo.

Por fortuna para la banda Phil Manzanera, exguitarrista de Roxy Music, tuvo la oportunidad de verlos en directo. Manzanera tuvo un flechazo con la música de Héroes Del Silencio y les propuso ser productor de su próximo disco. Y en esta ocasión la producción da más en el clavo. Más nítida, más directa, más enérgica. La clave está en la ecualización entre el sonido del directo y el del estudio. La banda gana en agresividad, y por primera se aproxima al hard rock predominante de los siguientes discos. Se pueden ver en “Entre dos tierras”, “Hechizo”, “Decadencia”, “Oración”…

El disco tiene un toque épico bastante notorio. Las canciones son como gritos de guerra; suenan directas, desafiantes, enforzadas. La voz de Bunbury, entre barroca y arrogante canta con una convicción descomunal, como si estuviera a cada paso dando la última nota de su vida. También el resto de la banda evoluciona. La parte rítmica, sostenida por Pedro Andreu y Joaquín Cardiel suena más compacta, y cortante. Juan Valdivia mete guitarras más duras, punteos de lo más interesantes, y añade un sentido del equilibrio entre los acordes atmosféricos, misteriosos, cristalinos, y los descaradamente eléctricos.

Aunque yo sea más propenso al exceso del peculiar “El Espíritu Del Vino”, barroco como pocos, “Senderos De Traición” en conjunto es su obra más sólida y regular. Uno escucha las canciones como himnos, como pequeñas llamadas a la acción. Pero todo ello mezclado con la sensación enigmática y misteriosa que desprende la música de los zaragozanos y las crípticas letras de Bunbury. Es un disco que ha envejecido bastante bien, y todavía conserva fresca esa insolencia barroca de Héroes Del Silencio.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Entre dos tierras”: Sobresaliente forma de comenzar un disco. Cualquier persona que haya escuchado mínimamente la radio a lo largo de su vida conocerá a la perfección esta canción. Y, sin embargo, no se gasta. Sigue moviéndonos a cantar a voz en grito cada vez que la escuchamos. La consecución de un himno a partir de varios elementos. Desde los acordes sueltos y reverberados del inicio, pasando por el arrasador estribillo, el estupendo solo de Juan Valdivia. Seis minutos realmente ambiciosos, impactantes y perdurables. Una de las joyas del rock en español. Incluso se hace perdonar que la letra incluya la línea “no seas membrillo”. Ojo, porque Rammstein han dicho que van a hacer una versión en su próximo disco. Ya se sabe del éxito que tuvieron Héroes Del Silencio en Alemania.

2. “El maldito duende”: De himno a himno y tiro porque me toca. Sigue siendo poderosa sobre todo por la combinación del contundente ritmo de batería de Pedro Andreu en la batería y la fiereza vocal de Enrique Bunbury. Es una épica elativamente más comedida, pero que se aferra más a un sonido misterioso cuyo soporte son los sencillos pero atmosféricos acordes de Juan Valdivia. Presuntamente la letra habla sobre el consumo de drogas. En cualquier caso, otro clásico de nuestro rock.

3. “La carta”: El disco continúa golpeando fuerte. No llega al estatus de las dos canciones anteriores, pero “La carta” no está nada mal. Utilizando recursos sencillos y directos la banda consigue hacer otro pequeño himno, aunque esta vez menos épico y más melancólico. En nuestra cabeza se acaba quedando fácilmente el característico punteo de Juan Valdivia entre estrofas y la trágica interpretación del estribillo por parte de Bunbury. Un medio tiempo brioso que no rechaza cierto sentimiento de introspección.

4. “Malas intenciones”: El número más pop hasta el momento, y también del disco en general junto con “Despertar”. La guitarra rítmica de Juan Valdivia suena mucho más animada y la canción es perfectamente pegadiza. Por la temática de la letra, la canción tiene un aire de rencor, de reproche a una ex o a alguien tóxico. Pero de todos modos Bunbury se las apaña para acabar dando un remate teatral y manierista a su interpretación.

5. “Sal”: ¿Qué se puede decir sobre un interludio de veinte segundos? Bunbury susurra el título de la “canción” y unos acordes de guitarra dan paso a la siguiente canción, de la que es como una especie de preámbulo.

6. “Senda”: Esta canción es una buena representante de la vertiente más misteriosa, cercana al rock gótico, de Héroes del Silencio. Tanto la voz como los acordes de guitarra que adornan la canción tiene un toque pétreo, oscuro, inescrutable. La letra tiene el tono alegórico y rebuscado de los textos de Bunbury, aunque seguramente hable de la necesidad de encontrar un camino adecuado por el que transitar durante nuestra vida. La melodía es buena, y eso toque oscurete le sienta bien, Una pequeña joya oculta.
7. “Hechizo”: La banda vuelve a la carga con los niveles de épica recargados al máximo. La canción es absolutamente fulgurante, de echo es la canción más rápida del disco, y Joaquín Cardiel en el bajo y Pedro Andreu en la batería hacen un trabajo magnífico. Bunbury se reserva algunos momentos realmente intensos, subiendo de nivel cada vez que llega el estribillo y rematando en una frenética cuenta atrás, quizá algo exagerada. Mención aparte para el trabajo de Juan Valdivia en la guitarra, hipnótico y cristalino en las estrofas, y eléctrico y potentísimo en el estupendo solo del último tercio de la canción. De las canciones donde Héroes ya flirtean con el hard rock. Ojo al uso que hace Paco Plaza en su interesante película “Verónica” de la extraña intensidad de esta canción.

8. “Oración”: Bunbury convierte en melodía sus cuitas religiosas y existenciales. Es una canción que tiene algo de delirante tanto en la letra (esas interpelaciones a Dios: “¡Señor, no queda otra opción!”) como en la desmedida interpretación final con Bunbury sacando vozarrón a grito pelao. La canción por otra parte, sigue una estructura que va de menos a más; va del medio tiempo inicial al intenso remate que combina las potente guitarras de Juan Valdivia con el desmelene de Bunbury.

9. “Despertar”: Para hacer de contrapeso al drama del anterior tema, esta canción es la más melódica y luminosa del disco. Un muy buen tema pop, donde Bunbury por fin parece que ha escrito un texto optimista, considerando cada día como una nueva oportunidad de huir de lo malo (“todo se olvida al despertar una vez más”). Las guitarras suenan risueñas y la voz de Bunbury es más dúctil que en otras canciones. No está nada mal.

10. “Decadencia”: Una de esas canciones que solo podían hacer Héroes Del Silencio. Un delirio místico-fatalista, donde nos perdemos un poco en el sentido exacto de la letra, mientras la parte musical va a toda leche. Un trallazo de hard rock con un potentísimo riff de Juan Valdivia y una importante atmósfera de intensidad. El grupo, en resumen, mostrando su faceta más aguerrida, barroca y teatral. En directo solían incluir algún medley de melodías, que podía ir de Elvis, a Radio Futura, pasando por Tom Waits, por lo que la canción se podía estirar casi hasta los diez minutos. Por no mencionar unos speech de Bunbury cuyo significado solo él sabrá cuál es.

11. “Con nombre de guerra”: Decir que es una balada igual es un poco exagerado, pero al menos cuadra con un enfoque de medio tiempo romántico. O casi. La letra habla de una prostituta y su encuentro con un cliente que parece encariñarse con ella. El inicio es curioso, con un jueguecillo entre el bajo y la batería que da paso a las guitarras, esta vez mucho más placidas, No entra entre las más llamativas, pero es un cambio de tono y tiene una atmósfera cuidada.

12. “El cuadro II”: Para cerrar el disco, Héroes Del Silencio deciden regalarnos una extravagancia que incluso tiene su punto. “El cuadro” era canción de las sesiones de “El Mar No Cesa” que se quedó fuera del disco, probablemente por ser mucho más roquera que el resto de los temas. Puede escucharse en el disco “Rarezas” de 1998. Pues bien, ésta es una extraña versión de aquel tema inédito. Pero raruna. Empiez con un clavicordio como si de música de cámara o de época se tratase, a posteriori hay guitarras de sonoridad peculiar, partes grabadas al revés, y un Bunbury en modo teatral. El tono es oscuro en general, volviendo a esa especie de “goticismo”. La letra es para darle de comer aparte. Desde menciones a Andy Warhol, a cuadros donde las figuras danzan, y otros simbolismos que a sabe dónde quieren ir a parar. Reconozco que me gusta, y que es una forma peculiar de acabar el disco.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
El disco fue un éxito enorme que se cimentó en “Entre dos tierras”, y su violento vídeo musical, y en “El maldito duende”. Dos canciones lo suficientemente clásicas como para opacar al resto del track list, de no ser porque es un disco sólido en casi toda su extensión. Muestra una banda más segura, más combativa, más atrevida. El corazón y el alma del disco bordean la búsqueda del himno, la canción que exalte al público, pero con una sensación de equilibrio total. En lugar de ser un disco ampuloso, es un disco enérgico, como una colección de píldoras eléctricas pero melódicas.

El siguiente paso quizá no sea tan equilibrado, pero me encanta. “El Espíritu Del Vino” es un canto al exceso y al barroquismo, de guitarras crudas y detalles heterogéneos. En 1995 se publicó “Avalancha”, un disco de hard rock puro y duro, no tan desmedido pero tampoco modesto precisamente. Por el camino nos fueron dejando “La sirena varada”, “La herida”, “Iberia sumergida”, “Avalancha”… Y después.. la despedida.

El año pasado se estrenó en Netflix un documental sobre Héroes Del Silencio bastante interesante, y se publicó un libro (que no he leído) que tuvo bastante buena acogida. Ello quizá sea síntoma de que sigue siendo una banda muy presente en el recuerdo de los aficionados al rock. Del mismo modo que Enrique Bunbury puede reclamar su puesto de honor con discos como “Radical Sonora” (1997), “Flamingos” (2002), o “Hellvile Deluxe” (2008). Ahora parece que esa otrora potente voz se aleja de los escenarios, así que solo queda agradecerle los servicios prestados.

Texto: Mariano González.
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domingo, 13 de marzo de 2022

Programa R.E.M. “Up” (Temporada 13/ Programa 9)

Con esta entrega, conseguimos igualar el número de programas de la temporada 11, con vistas a volver a un número más aproximado a lo habitual de nuestras temporadas radiofónicas, aspecto que se vio truncado por la pandemia que todavía atravesamos. No hacía mucho tiempo que R.E.M. pasaron por última vez por nuestro espacio radiofónico, pero teníamos ganas de volver a abordar un álbum de su extensa obra.

En esta ocasión escogimos “Up” de finales de los 90, un disco que nos evoca mucho en lo personal a los 2 contertulios que estuvimos presentes en directo el pasado 26 de febrero de 2022 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Y es que tanto a Mariano González, que volvía a participar presencialmente, como a Víctor Prats, compañeros de quinta, les tocó la edición de “Up” con su año de C.O.U. y Selectividad (actuales 2º de Bachillerato y EvAU).

"Up" tiene su cierta complejidad, más allá de que fuera el primer disco del grupo como trío tras la marcha de Bill Berry. En intentar desgranarlo lo mejor posible nos afanamos durante la hora que duró el programa.

Si no pudieron escuchar el programa en su estreno en directo en la citada fecha ni en las redifusiones en RUAH en las semanas posteriores, aquí les dejamos el reproductor para que lo escuchen sin moverse de estas tierras y también les dejamos enlace a su alojamiento en Ivoox si prefieren descargárselo para prestarle atención en otro momento: https://www.ivoox.com/dmr-13-9-audios-mp3_rf_83421121_1.html
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viernes, 11 de marzo de 2022

Temporada 13/ Programa 10: Phoenix y "Bankrupt!" (2013)

Tras un disco tan valorado como fue el editado en 2009 "Wolfgang Amadeus Phoenix", la banda de Versalles apuntalaron su posición de formación gurú dentro del panorama indie mundial con el trabajo al que prestaremos atención este próximo sábado a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) en nuestro siguiente capítulo de la 13ª temporada de "DMR" en las ondas.

"Bankrupt!" fue un disco muy exitoso y, aunque aún no ha pasado una década desde su edición, puede ser considerado como un clásico, no solo del grupo, sino de la música moderna internacional.

Hace ya un tiempo del programa que dedicamos a su ya mencionado predecesor, con lo que no está de más que volvamos a prestar atención a Phoenix. Está previsto un nuevo mano a mano en formato de diálogo musical entre Mariano González y Víctor Prats, en el que los 2 irán apuntando diversos aspectos del disco en cuestión y de Phoenix en general.

No se pierdan esta nueva ocasión de la presente temporada, ya que lo que está garantizado al menos es que estará plagado de buena música a cargo de Thomas Mars y cia..

Links de interés:
Emisión on-line RUAH: http://www.ruah.es/emision-online/
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viernes, 4 de marzo de 2022

Fleetwood Mac - Mirage (1982)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Ya ha pasado demasiado tiempo desde que Fleetwood Mac pasaron por este blog por última vez. Para esta ocasión escojo “Mirage” de 1982, un trabajo que supuso una mirada a “Rumours” un lustro después de su edición y todo ello tras haber pasado por el arriesgado “Tusk” de 1979.

El quinteto clásico formado por Lindsey Buckinham, Stevie Nicks, Christine McVie, John McVie y Mick Fleetwood buscaron de alguna manera centrar el tiro de su siguiente obra con unas formas más reconocibles y que pudieran gustar más en general a sus seguidores de recorrido.

De alguna forma, “Mirage”, de divertida portada con Lindsey moviéndose entre Christine y Stevie (y con contraportada formada por John y Mick mirando circunspectos), es como el hermano menor de “Rumours”. En general es un trabajo bien medido y que también reportó algunos pequeños clásicos para el repertorio de la banda, donde destaca sobre todos “Gipsy”. Veamos sus canciones una a una.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Love on store”: Muy buen arranque, bastante animado (como en su día suponía “Second hand news” en “Rumours” de la mano de “Love on store”. Composición de Christine McVie, con ella a la voz principal y unas acertadas guitarras rítmicas eléctricas que nos conforman una pieza pop rock muy luminosa, suavecita y de estribillo atinado, sin necesidad de que sea muy evidente.

2. “Can’t go back”: Seguimos con ritmo de la mano de Lindsey y la primera de sus aportaciones. Bien apoyado por coros y con una línea melódica bastante pegadiza. La voz de Lindsey en “Can’t go back” se muestra en su registro más alto y agudo, lejos del tono más oscuro que mostrará en “Big love” del siguiente disco. Canción divertida y luminosa, que sigue conformando un trabajo de mucha claridad.

3. “That’s alright”: Dentro de este arranque positivo y con mucha luz, ahora es lugar de que Fleetwood Mac, gracias a la firma de Stevie, nos entregue un episodio de reminiscencias country. “That’s alright” es una canción muy llevadera con la que oímos por primera vez la voz de Stevie Nicks. De sonido algo cálido y sensual, es el episodio único en su género que nos encontraremos dentro del lp.

4. “Book of love”: “Book of love” resulta algo llorona en el sentir que transmite. Ofrece algunos momentos interesantes de guitarra eléctrica a cargo de su compositor, Lindsey. Los coros ayudan a conformar esa sensación algo triste. Aunque en “Mirage” casi todo es luminoso, también hay espacio para piezas de calado diverso como la presente; yo personalmente, me quedo con otros episodios.

5. “Gipsy”: Llega el turno de la que es el gran clásico de este disco. Se anota el tanto Stevie Nicks. La canción es muy amable de sonido, con una envoltura muy emotiva. Hay espacio para detalles instrumentales que resultan bastante interesantes, como son por ejemplo ciertos punteos o acordes de la guitarra eléctrica acompañando a la correctísima interpretación al micrófono de Nicks. No viene mal que un disco tenga en su haber una pista que sea abanderada, y con “Gipsy” y “Mirage” estamos ante ese caso.

6. “Only over you”: Regresamos a los terrenos de Christine McVie con otra pieza cargada de delicadeza. “Only over you” es placentera, de lenta cadencia y muy sencilla. Tiene ese encanto clásico de las composiciones de Christine, basado en lo amable y placentero de su sonido. Todo ello siempre en perfecta concordancia con el timbre y tono de la voz de su autora. Es una de las piezas que más claramente reflejan el sentir general de “Mirage” como obra.
7. “Empire state”: Mediado el disco nos llega “Empire state”, una pieza de las de Buckinham. Es el capítulo más, diría cómico de “Mirage”. Resulta algo exagerado el estribillo, con Lindsey arrastrando algo la voz. Por otro lado, en las estrofas, resulta saltarina y juguetona. Tiene un carácter distinto, socarrón y algo exagerado. Queda bien como contrapunto a la seriedad que nos llegará a continuación.

8. “Straight back”: Joya oculta con mayúsculas. Se la anota en este caso Stevie Nicks. Una pieza genuina de su autora, de esas en las que el misterio, la elegancia e incluso la oscuridad casan a la perfección. Tiene un cierto halo de ensoñación en su seriedad que resulta muy especial. No fue single, de ahí lo de joya oculta, pero lo hubiera merecido con creces. Quizás a ratos sea mi capítulo favorito de la obra. Quedan varias canciones, pero creo que este nivel no se vuelve a alcanzar.

9. “Hold me”: Otro de los capítulos destacados de “Mirage” es “Hold me”. Single de éxito, con un videoclip bastante gracioso con la banda en pleno desierto, con Mick y John en tareas de arqueología, con Stevie tumbada en un diván y con Christine y Lindsey más centrados en tareas vocales. Es una canción de estribillo muy sencillo, basado simplemente en su título, pero muy juguetona y saltarina. Muy luminosa y que destila buen ánimo.

10. “Oh Diane”: El clásico que aporta Lindsey es “Oh Diane”. Buen ejercicio pop-folk, dando lugar a una balada sin pretensiones, pero que en esa falta de pomposidad es en donde reside su punto fuerte. Dispone de un estribillo de esos sencillos que tiran del título de la canción, pero que resulta muy adecuado sobre la línea de guitarra fok que se apodera del sector instrumental de la pieza. En definitiva, otra de las canciones que quedaron para el recuerdo de este álbum.

11. “Eyes of the world”: Quizás “Eyes of the world” sea la canción más movidita del disco. A cargo de Lindsey, tiene una base rítmica muy saltarina y briosa. La guitarra eléctrica del propio Buckinham suena incluso juguetona. No es que sea la composición más llamativa del disco, ni mucho menos, pero su toque algo exótico aporta variedad a la obra, dentro de que sea una pista igualmente positiva y que transmite muy buenas sensaciones.

12. “Wish you were here”: “Mirage” cierra de forma amable y acogedora gracias a otra aportación de Christine McVie, que vuelve a acertar, jugando en su terreno, con la sentida a la par que muy relajada, “Wish you were here”. Es una pieza de estribillo muy bonito y acertado, sin precisar de que sea muy evidente o efectivo. Creo que es una buena rúbrica a “Mirage”, ya que se mueve en sus sensaciones o sonidos principales, ayudando a encajar aún más su enfoque y evitando que nos despiste en sus últimos instantes.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Con este disco, el quinteto no consiguió alcanzar el nivel de exigencia del disco que puede inspirarle de 5 años atrás, pero “Mirage” sirvió para volver a centrar la dirección de la banda, encontrando un punto de partida válido para afrontar el resto de la década de los 80. Sin ser uno de los discos de mayor relumbrón de su historia, sí que es un trabajo que resulta y que aportó al menos otros 3 clásicos para el repertorio Fleetwood Mac.

Puede que, a pesar de no ofrecer un conjunto de canciones complicado (como a veces sucedía con “Tusk”), “Mirage” no es demasiado inmediato que se diga. No es un trabajo que busque la comercialidad sin más, a base de estribillos directos. Por ello, es un lp que precisa de numerosas escuchar para reparar en sus atmósferas y apreciar sus matices.

El siguiente paso sería un lustro después con “Tango In The Night”, el que quizás sea su gran obra de la década y un hito dentro de su trayectoria. Personalmente me gusta más que “Mirage”, ya que aquí la banda sí que adapta a su historia los sonidos de la década, obteniendo un resultado estupendo y plagado de hits.

“Mirage” es un disco que puede definir perfectamente a Fleetwood Mac, al menos en su etapa del quinteto clásico. No es ni mucho menos el más exitoso o de relumbrón, pero en su momento sirvió para que la banda se reencontrara nuevamente con su estilo y entregaran un álbum elegante y muy positivo.

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domingo, 27 de febrero de 2022

Programa The Specials "The Specials" (Temporada 13/ Programa 8)

Tras superar Víctor Prats el Covid-19, el sábado 12 de febrero de 2022 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH), "DMR" recuperó la actividad de su 13ª temporada de radio. Buscando el buen ánimo y la dispersión, se escogió el disco de debut de The Specials para la ocasión.
 
Nuevamente 2 contertulios, junto a Víctor Prats, Mariano González, y nuevamente Mariano González vía telefónica. Una hora llena de buen ritmo y diversión a cargo de la música de los de Coventry y en la que hubo espacio para debatir sobre el grupo, el disco de debut en particular y el movimiento del género ska de finales de los 70.

Por si no lo escucharon en su directo ni en las redifusiones posteriores los miércoles siguientes a las 23.00h y al sábado siguiente a las 16.00h en el mismo dial, les dejamos insertado el reproductor para que lo escuchen aquí mismo y también el link a su alojamiento en Ivoox por si prefieren optar por su descarga: https://www.ivoox.com/dmr-13-8-audios-mp3_rf_82808108_1.html
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viernes, 25 de febrero de 2022

Temporada 13/ Programa 9: R.E.M. y “Up” (1998)

Quizás no haya pasado mucho tiempo desde que R.E.M. pasó por nuestro programa de radio. ¿O sí? Ahora mismo no recuerdo la temporada, ni mucho menos la fecha exacta de cuando dedicamos un episodio a “Accelerate”, su penúltimo disco de estudio. En cualquier caso, nos apetece mucho este próximo sábado 26 de febrero de 2022 dedicar el programa nuevamente a los de Athens.

A las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) en la fecha indicada, nos podrán oír debatir sobre un notable disco que editaron a finales de siglo, el primero como trío tras la marcha del Bill Berry. En lo personal a “Up” le tengo bastante cariño y en parte lo tengo asociado a esta época del año, ya que cuando más me acompañó fue durante la primera mitad de 1999.

Confiamos en que el programa sea de su interés. Esperamos que nos acompañen en masa este sábado. Siempre es buen momento para recordar a los R.E.M. cuando se acaba de cumplir una década desde que decidieron poner punto y final a su trayectoria.

Links de interés:
Emisión on-line RUAH: http://www.ruah.es/emision-online/
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viernes, 18 de febrero de 2022

Scorpions - Love At First Sting (1984)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN. 
Como es un grupo fundado en los años 60, Scorpions han tenido los consabidos cambios de formación de las bandas veteranas. La formación que más éxito comercial ha tenido probablemente sea la que creó el disco que vamos a comentar, y que comenzó su andadura en 1978. Esta alineación la componen: Klaus Meine (voces), Rudolf Schenker (guitarra rítmica), Matthias Jabs (guitarra solista), Francis Buchholz (Bajo) y Herman Rarebell (batería). Lo más característico de este estilo es la combinación de acendrado y eléctrico heavy metal, con melódicas y apasionadas baladas rock. Si alguna vez han oído que las mejores baladas son de grupos heavy, tal topicazo, que ni afirmo ni desmiento, tiene su germen en bandas como Scorpions.

La banda alemana tiene las características canónicas para poder englobarla dentro del heavy, pero no es una banda exactamente para iniciados o fans acérrimos del género. Incluso en sus momentos más acerados, sus guitarrazos y sus melodías vocales tienen una capacidad de enganche que llega a audiencias bastante amplias. Como siempre es conveniente mencionar a los que están detrás y no son tan visibles, es de justicia nombrar al productor Dieter Dierks, un buen apoyo para que Scorpions generasen la sonoridad por la que son mayoritariamente recordados.

“Love at First Sting” tiene en su tracklist varias de las canciones más exitosas y queridas de la banda alemana. No hay más que recordar a “Still loving you”, unas de las power ballads por antonomasia de la historia del rock, y cuya memoria está preservada por los millares de veces que ha sido radiada en todo tipo de radiofórmulas. De guarnición tenemos a otras canciones bien conocidas, como “Rock you like a hurricane” o “Big city nights”, y en general el disco es una obra sólida, bien planteada, bien compuesta y bien ejecutada.

Tiene algunos tics del rock ochentero, empezando por los atuendos y estéticas de los vídeos, pero en realidad nada insalvable, ni digno de tener en consideración como para desmerecer al disco. Que por cierto tiene variedad. Lo mismo hay guitarras a toda pastilla, medios tiempos a ritmo marcial, baladas solemnes, cambios de ritmo muy acusados… Un muestrario de recursos nada desdeñable que aun así se las apaña para mantener un sentido de la unidad reforzado aún más por el hecho de que el disco dura unos cuarenta minutos y tiene nueve canciones. Es decir, que el resultado final es una obra directa, sin rodeos, de duración accesible y con un conjunto de canciones suficientes para un lp sin excesos. Algo que personalmente cada vez voy apreciando más con los años.

Además, “Love at First Sting” es la culminación de una época de éxito y popularidad progresivamente creciente por parte de Scorpions. Entre los antecedentes tenemos a “Lovedrive” (1979), “Animal Magnetism” (1980) y “Blackout” (1982). Por cierto, echen un ojo a las portadas y verán que son todas realmente llamativas, sobre todo en comparación con unas carátulas, hoy en día, cada vez más inanes. También cabe decir que el consumo de drogas hacía algún estrago en la banda por aquellos días; tanto Herman Rarebell como Fracis Buchholz, por sus adicciones, se mantuvieron fuera de las sesiones y debieron ser sustituidos por músicos con experiencia con bandas como Black Sabbath y Rainbow. Ello no impide que el resultado final fuese bastante bueno, tal y como vamos a ver.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Bad boys running wild”: Y empezamos el disco con la versión más roquera y electrizante de Scorpions. No hay más que escuchar los rapidísimos acordes iniciales, y el tajante y pegadizo riff. Una muestra de hard rock clásico, malote, con todo el equipamiento de serie, incluido un potente punteo. La voz de Klaus Meine, melódica y enérgica, aporta musicalidad y distinción al tema Un buen tema rock para subir las pulsaciones ya de inicio.

2. “Rock you like a hurricane”: Segunda canción y segundo trueno. Otra muestra de hard rock/heavy metal, con el señero inicio a base de un ritmo marcial de batería acompañado de la cortante guitarra rítmica de Rudolf Schenker preparando el camino para que Matthias Jabs entre a saco con la guitarra solista. La instrumentación es poderosa y la melodía vocal se fuerza para ganar en fiereza. Un estilo muy clásico para los estándares de la banda. Fue el primer single del disco, que, aunque no tuvo un comportamiento muy brillante en las listas inicialmente, fue creciendo con el tiempo. En el plano extramusical la canción estuvo acompañada de cierta polémica. Entre la letra, de temática sexual, y el vídeo, en el que la banda aparece dentro de una jaula mientras una horda de mujeres hambrientas trata de devorarlos, la canción fue considerada indecorosa e inaceptable. De hecho, esta canción fue de los motivos para que se pusiera en la portada de los discos el típico “parental advisory” cuando hay letras consideradas explícitas. En cualquier caso, una buena canción.

3. “I’m leaving you”: Seguimos con el rock, pero de una manera más melódica. Es un medio tiempo fuertecito donde las revoluciones y los sentimientos hormonales bajan de revoluciones. La voz de Kalus Meine también suena más trágica. Lo que no significa que el rock desaparezca. Hay una buena dosis de guitarras, encarnadas en notorios riffs y punteos, pero al servicio de un conjunto ligeramente melancólico y más focalizado en la melodía. Mantiene el buen nivel, pero destaca menos que las anteriores.

4. “Coming home”: Este cambio de estilo es mucho más notorio. La primera parte de la canción es sentida, triste, minimalista, Cuando todo parece que va a ir por el derrotero de la balada se produce un cambio de ritmo absolutamente salvaje y nos adentramos en uno de los pasajes más rápidos y heavies de todo es disco. De la tristeza inicial pasamos sin solución de continuidad a menear la melena al compás de los guitarrazos de Jabs y Schenker. Aun así, se mantiene el tono quejumbroso de la voz de Meine, aunque en un registro mucho más fulgurante. Scorpions cuando se ponen intensos pueden hacer cosas realmente interesantes.

5. “The same thrill”: Se ve que la banda ha cogido carrerilla de la anterior canción, y se enfrasca en otra canción rapidísima, metalera, donde todo está pensado por y para el rock. La canción es más sencilla, pero sirve para mostrar el poderío roquero de los alemanes. Una descarga de energía divertida, aunque algo repetitiva. Para volverse loco tocando la guitarra invisible.
6. “Big city nights”: Buen rock clásico, altamente melódico, que incluye un bien riff de guitarra que será es el hilo de conductor musical de toda la canción. Es un tema muy cantable y pegadizo, bastante accesible. Todo parece estar en su sitio, sin mayores complicaciones y reafirmado el sello Scorpions de hacer canciones de un octanaje a tener en cuenta, pero accesibles para audiencias de toda índole. Fue el tercer single del disco y es uno de los clásicos de la banda, siendo una aparición habitual en prácticamente todas las giras Scorpions.

7. “As soon as the good times roll”: Las líneas generales no se separan mucho no se separan mucho de la canción anterior, pero melódicamente es más competente. No hay más que observar el estupendo estribillo, quizá el mejor del disco, y el componente emotivo de la voz de Klaus Meine. Y ése es probablemente el tono perseguido por la banda, coherente con la idea de la letra de aferrarse a la esperanza de los buenos tiempos cuando las cosas no van demasiado bien. Uno de esos temas quizá no muy conocidos, pero realmente excelentes.

8. “Crossfire”: Uno de los versos sueltos del disco. Un tema solemne, de tempo no muy rápido y al ritmo de una batería que más o menos imita una marcha militar. Se trata de una canción pacifista, donde la emotividad llega a través de la gran voz de Klaus Meine. De hecho, este último elemento es lo que sostiene la canción y el que reafirma que el cantante alemán es uno de los mayores actores de Scorpions. Hay algún punteo de guitarra eventual que aporta energía y una medida sensación de épica.

9. “Still loving you”: La canción más conocida de Scorpions por el gran público, uno de los himnos de las radiofórmulas y quizá la balada heavy por antonomasia. Su sobreexposición puede haber mermado nuestra capacidad de degustarla, pero es de esas canciones que están a la altura de su estatus. Aunque hay que tener en cuenta el sentimiento de autoconsciencia de la banda, y de que querían hacer un himno. Acaramelada para mucho, en realidad no le falta casi de nada. Los acordes iniciales, perfectos para encender el mechero en un concierto, las descargas eléctricas antes del comienzo de cada estribillo, el remate colosal del clímax que hace Meine con su voz… Algo afectada quizá, pero memorable. Ojo al punteo de Matthias Jabs al final de la canción, porque es desgarrador. En Europa tuvo bastante éxito, y en Estados Unidos estuvo unas cuantas semanas en el Billboard, pero allí la repercusión fue menor. Como curiosidad, un periodista francés le contó a la banda que la canción fue el responsable de un supuesto baby boom en Francia en 1985. Tampoco diría que es una canción particularmente apropiada para esos menesteres, pero quién sabe. Final de disco por todo lo alto.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Hace no mucho Scorpions han lanzado un nuevo single, “Peacemaker” (buen tema rock), que es el adelanto del que será su próximo disco “Rock Believer”. Esto nos hace pensar que la vida de la banda ha sido tan larga fructífera. Al hablar de “Love At First Sting” estamos hablando de una época de popularidad de la banda a niveles máximos, afortunadamente en compañía de un excelente trabajo creativo.

A pesar de todas las idas y venidas de la banda, uno de los méritos de Scorpions es hacer accesible el hard rock/heavy metal para una audiencia más allá de los incondicionales del género, sin por ello perder credibilidad u honestidad por el camino. De este modo queremos decir, larga vida a la fiereza del rock conseguida a través del sentido de la melodía.

Texto: Mariano González.
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