viernes, 24 de febrero de 2017

Lady Gaga - Joanne (2016)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
Debemos reconocer en DMR que Lady Gaga siempre nos ha caído bien y hemos valorado su música mas allá de esa imagen estrafalaria y de sus supuestos escándalos (ahora cualquier tontería se considera un escándalo, es terrible lo políticamente correctos que nos hemos vuelto); eso no quiere decir que no seamos críticos con su obra. En mi caso concreto siempre me ha parecido demasiado excesiva en sus discos, por no hablar de los pesados discursos que te mete entre canción y canción en los conciertos. Sin embargo, eso no le quita méritos a la frescura electro pop de un álbum como “The Fame” (2008), perfeccionada en el notable “The Fame Monster” (2009) o a su disco más extravagante “Born This Way” (2011).

Después de vender millones de copias en todo el mundo y ser la diva pop de moda durante varios años, muchos veían en ella a la nueva reina del pop, la nueva Madonna. Pero está visto que este título es difícil de conseguir porque hasta ahora ninguna princesa pop ha hecho méritos suficientes y no es que yo sea muy fan de la Ciccone pero al Cesar lo que es del Cesar.

De todas formas siempre sospeché que Lady Gaga lo tendría difícil para mantenerse como una artista ultramasiva: ella demasiado rara, su música demasiado retro, definitivamente no termina de encajar en el mundo de las Rihannas, Katys Perrys y demás y encima no ha grabado ningún dueto con Pitbull. Todo en su contra.

Artpop” (2013) fue su primer tropiezo que significaría una pronunciada bajada en ventas. En realidad es un disco aceptable que contiene algunas buenas canciones aunque otras sean de lo peor que ha hecho nunca, todo ello en un tono de pretenciosidad que no ayudaría nada a vender el disco que, todo hay que decirlo. Tuvo una promoción realmente mala y no precisamente por falta de dinero.

Parece que consciente del deterioro de su imagen como artista, con los medios hablando más de su vestuario que de su música, Gaga comienza una etapa de normalización de su personaje y sorprende con un álbum de jazz junto a Tony Bennett “Cheek To Cheek” (2014), donde podemos disfrutar de su gran voz, pero estaba claro que este álbum era solo un pasatiempo a la espera de un nuevo álbum pop. Y ese álbum llegó, titulado “Joanne” se publicó a finales de octubre del pasado año y como era de esperar sería un álbum que rompería en parte con su pasado, veamos su contenido.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Diamond heart”: Gaga empieza fuerte con un tema muy enérgico que podría ser perfectamente un tema rock de estadio, intenciones tiene desde luego pero la producción sobrecargada hace pasar desapercibido este aspecto y tira hacia un pop bailable donde se potencia la voz de la artista, algo que será toda una constante en el álbum. En “Diamond heart” gaga nos cuenta la historia de su vida desde sus comienzos como bailarina de bar hasta convertirse en una estrella del pop. Es un tema muy autobiográfico y de alguna manera también entronca con ese discurso de aceptación de sí mismo que es “Born This Way”. Sin duda un nuevo himno para todos aquellos que han sufrido dificultades en su vida y las han superado.

2. “A-YO”: Este tema me recuerda bastante a “Manicure” de su anterior álbum “Artpop”, con la diferencia de que si aquel tenía un cierto toque glam, aquí la influencia clara es el country, aunque totalmente pasado por el pop. Si bien es un tema poco melódico es bastante divertido. Tenemos la desgarradora voz de la diva que parece enfrentarse y hacer callar a todos sus críticos que la daban por acabada. Gaga suena convincente, segura de sí misma y con ganas de seguir dando guerra en el mundillo musical, aunque eso no impide una cierta sensación de infantilismo con toda esta historia de los haters.

3. “Joanne”: Quizás uno de los temas más simples y a la vez más efectivos y emocionales de su carrera. Bajo un fondo acústico (guitarra, percusión y algunas cuerdas) Lady Gaga consigue una soberbia y lucida balada capaz de erizar la piel, a la altura de sus mejores baladones como “Speechless”. Dedicada a su tía fallecida a la temprana edad de 19 años, algo que marcaría profundamente a su familia, en esta canción es como si Gaga mantuviese un dialogo con esta persona fallecida. Es la primera vez que se destapa esa nueva Gaga que parece querer vendernos en este nuevo álbum.

4. “John Wayne”: Un tema demasiado simple, quizás podría haber formado parte del fallido “Artpop”. Gaga realiza un paralelismo entre la figura de John Wayne y el deseo de un hombre malote y salvaje de verdad ya que se siente aburrida de los hombres en general, a los que considera todos iguales; vamos, rollo Lana Del Rey. En definitiva, un tema desenfadado, comercial y muy pop que poco ayudara a asentar esta nueva etapa en teoría más madura. El tema viene acompañado de un video bastante freak donde tenemos persecuciones, chicos duros, un cuerpo de baile y hasta botas con metralleta incluida; la mano de Jonas Akerlund, culpable de los videos de “Paparazzi” y “Telephone”, es más que evidente y todo es un sin dios muy divertido.

5. “Dancin’ in circles”: En mi opinión el peor tema del disco con diferencia. Llega a irritar por aburrido y por ese cierto toque caribeño barato que le da casi categoría de demo. Para más delito se trata de una de las sonadas colaboraciones del álbum, en este caso el tema fue escrito junto a Beck, pero la verdad es que nadie lo diría si no fuera porque viene en los créditos. Está claro que la Lady Gaga provocadora sigue ahí y esta canción es una prueba, pues se trata de una oda a la masturbación en toda regla: frases como “I lay around, touch myself to pass the time” dejan poco lugar a dudas.

6. “Perfect illusion”: Single de presentación del álbum y sin duda el tema con más posibilidades comerciales. No aporta nada nuevo y podría estar perfectamente en cualquiera de los álbumes anteriores de la artista. Producción con muchas reminiscencias a los años 80, riffs de sintetizador pegadizos, tiene un cierto toque rock a lo “Diamond heart” que no termina de ser explotado y un estribillo simple pero efectivo. No es un single tan incontestable como “Bad romance” o “Born this way”, pero sin duda era la mejor carta de presentación a nivel comercial para este “Joanne”. La canción viene acompañada de un video poco digno de alguien como Gaga que tanto empeño ha puesto siempre en que éstos no pasen desapercibidos. Aquí la vemos en plan loca de los desiertos y luego rodeada de público y tocando con su banda, todo muy simple. Quizás entronca con el concepto de un álbum, entre comillas, sin artificios pero se espera más a este nivel de ella.
7. “Million reasons”: Segunda balada del álbum, predecible al cien por cien y aun así uno de los temas a destacar del disco, Gaga suena realmente emotiva y descarnada, acompañada simplemente de piano, guitarra y poco más. Gaga nos ofrece su visión amarga sobre una relación que se va a pique. Lejos de cualquier artificio y con un cierto sabor country Gaga se nos muestra vulnerable y expuesta. Esta balada sin duda no podrá faltar en esa parte de sus conciertos más acústica y emocional. Otra cosa es el horrible video perpetrado para promocionar la canción con esa Gaga tirada en el desierto después de que el fiestón de “Perfect illusion” le sentara mal y a continuación con el ridículo traje rosa country guitarra en mano. Para olvidar.

8. “Sinner’s player”: Su colaboración con Father John Misty se trata de un medio tiempo ciertamente monótono donde destaca el bajo y las progresiones de guitarra, pero que a los dos minutos ya se hace pesado. Gaga está muy contenida durante tema excepto al final del mismo donde se desata con su potente voz. Las relaciones tormentosas siguen siendo protagonistas, al igual que la autoafirmación de la personalidad y el deseo de ser aceptada tal y como es, con todos sus defectos, virtudes y pecados, constantes inevitables en las letras de Gaga que a base de repetirse con tanta asiduidad van perdiendo fuerza.

9. “Come to mama”: Es el único tema del álbum que tiene una cierta relación con el proyecto “Cheek To Cheek” junto con Tony Benet. Podemos apreciar influencias de jazz y soul, además de un regusto motown en una canción en la que Gaga intenta dar una especie de protección maternal a otra persona en circunstancias difíciles, intentando tranquilizarla. Queda clara la influencia de la religión en las letras de la artista con varias referencias a la biblia. En definitiva un tema bastante disfrutable si bien difícilmente le dará un éxito en formato single.

10. “Hey girl”: Su esperado dúo con Florence Welch no está claramente a la altura de las expectativas y eso que sus dos voces se mezclan en perfecta armonía, aunque destaca más Florence todo hay que decirlo. El arpa de Florence está bien presente, al igual que una instrumentación soulera muy años 70, pero el tema no termina de despegar. Es quizás demasiado plano y retro, suena a ya escuchado y eso no es bueno en una nueva composición. El tema trata sobre la solidaridad entre mujeres, siempre se ha dicho que el peor enemigo de una mujer es otra mujer y algo de razón hay. El caso es que Gaga y Welch se deciden a plantear justo lo contrario, que las mujeres deben apoyarse entre ellas, que ya bastantes dificultades hay en la vida.

11. “Angel down”: Se trata un tema compuesto junto a RedOne aunque producido por Mark Ronson y BloodPop (productores del álbum junto a la propia Gaga). RedOne ha sido pieza fundamental en los primeros éxitos de la artista como “Just dance” o “Poker face” y si un trallazo dance sería lo lógico a esperar, aquí nos sorprenden con otra nueva balada para cerrar el álbum. De nuevo tenemos a la Gaga sobria, despojada de cualquier extravagancia, que consigue un tema de gran belleza que parece casi una oración y que se inspiró en parte en la muerte por arma de fuego del joven afro-americano Trayvon Martin. Gaga está bastante contenida para lo que podría dar de sí su voz y creo que acierta. El tema es un buen final de álbum pero quizás tres temas tan lentos en el mismo álbum se hacen algo excesivos.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
Y dirán ustedes: ¿Solo once canciones en un disco de Lady Gaga? Pues sí, esta vez tocaba contención y tenemos un álbum corto que normalmente suelen ser los mejores. Por supuesto no entro a criticar temas extra de ediciones especiales ni nada de eso (en este caso en la edición especial se incluyen dos temas más y una nueva versión de “Angel down”), no me interesan esas prácticas comerciales poco honestas de artistas y discográficas y considero que lo que cuentan son los temas de la edición standard.

En cuanto a “Joanne” pareciera como si Lady Gaga quisiera desintoxicarse de su pasado excesivo. Ya no nos quiere vender perfumes con olor a semen, ni realizar conciertos en Marte vestida de la rana Gustavo. Si lo pensamos “Joanne” como concepto era el paso más lógico tras el fiasco de “Artpop” y el disco con Tony Bennet, pero no por hacer un disco más orgánico y menos sintético ese disco va a ser mejor y “Joanne” le falla bastante la falta de dirección. Es una serie de canciones cada una de su padre y de su madre con poca (por no decir ninguna) conexión entre ellas. Quizás la influencia country sea lo común a muchas de estas composiciones, influencia por otro lado utilizada hasta la extenuación en multitud de artistas pop americanas, con lo cual que Gaga lo haga ahora resulta bastante cansino y no muy original.

Por otro lado las virtudes del álbum no terminan de darnos ese gran single que todo álbum de Lady Gaga debería tener. Aquí no encontraremos nada con el gancho de un “Bad romance” o incluso un “Applause” si me apuras. ¿Es por eso un mal disco? En absoluto: “Joanne” tiene un buen puñado de buenas canciones bastante aprovechables, el problema es que salvo alguna excepción, nada destaca especialmente siendo un disco que suena bien, con una producción cuidada en la mayoría de los casos, pero que dista mucho de ser ese gran disco que Gaga necesitaría para volver otra vez a su etapa dorada de éxito

¿Es “Joanne” un suicidio comercial? Algo de eso hay, aunque en todo caso suicidio controlado: cualquiera no actúa en la SuperBowl ante millones de espectadores, ni agota entradas en su inminente gira de una forma tan rápida. En todo caso lo que “Joanne” viene a certificar es el abandono voluntario de Lady Gaga de esa carrera por ser la nueva reina del pop y es que sustituir a la madre del invento (Madonna) se está convirtiendo en tarea difícil.

Texto: Alfredo Morales.
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lunes, 20 de febrero de 2017

Concierto Pet Shop Boys. Francfort (02-12-2016)

Aprovechando una visita a Heidelberg para ver al gran Fer, que dicho sea de paso fue un anfitrión excepcional, pude comprobar en esas tierras hostiles la inmerecida fama que tienen los alemanes de personas frías cuando la realidad es que es gente muy vital, alegre y sobre todo amable y educada. Me parecen mucho más fríos los franceses, demasiado metidos en ellos mismos aunque eso no ha impedido que mi atracción por la cultura francesa siga intacta.
Me moví a unos 90 kms para asistir al concierto que los Pet Shop Boys daban el 2 de diciembre en Francfort en su gira “Super Tour” que ha recorrido ya Norteamerica y parte de Europa sin llegar aun a España (pero llegará y supongo que desgraciadamente a base de festivales). Alguien me dijo que alguien había dicho que yo era un “talifan de los PSB” y la verdad que tenía razón: es el grupo que más veces he visto en directo, también hay que decir que las circunstancias lo han permitido por sus innumerables visitas a España; ahora que vivo rodeado de morisma, se hace más difícil verlos porque el hecho de ponerse a tocar “New York city boy” en estas tierras moriscas es motivo de cárcel, lapidación y castración química.
El concierto tendría lugar en la impronunciable “Jahrhunderthalle” que son tres palabras en una y que viene a significar “la sala de los cien años” o algo así, pero supongo que estoy equivocado y algún experto en alemán dirá que no tengo ni idea de lo que estoy diciendo; en conclusión, si te aburres mucho en tu vida ponte a estudiar alemán, tendrás diversión para los próximos 10 años. A las 5 de la tarde ya anochecía, con lo cual cuando llegue al recinto a eso de las seis y media, la noche era total. El recinto se encontraba muy a las afueras de la ciudad, a unos 15 kms, con lo cual había que coger un tren de cercanías. Una vez allí no era muy fácil orientarse. La suerte es que había tal cantidad de gente que iba al concierto que con solo seguirlos ya tenía solucionados mis eternos problemas de orientación. Viendo la inmensa doble fila que había para entrar en el pabellón donde se realizaría el concierto ya sabía con certeza que no cogería un sitio muy cerca del escenario y así fue. El lugar del concierto era una enorme cúpula blanca que parecía que iba a despegar en cualquier momento cual nave espacial, muy futurista y de un tamaño medio ideal para dar cabida a unas 5000 personas, que es justo lo que falta en ciudades como Madrid: pabellones de tamaño medio para grupos que no son Depeche Mode, pero tampoco Los Ganglios (con todo mi respeto para los Ganglios, grupo que adoro).
Viendo la cantidad de gente que había estaba claro que los PSB siguen manteniendo un enorme tirón en Alemania. Eso sí, casi todo el mundo pasaba la treintena aunque podías ver algún jovencito despistado. ¿Qué tipo de espectáculo nos traerían esta vez los Pet Shop Boys? Siempre se las arreglan para sorprender con sus shows, así que allí estábamos expectantes cuando de repente se apagan las luces y suenan los ritmos techno de “Inner Sanctum”, tema prácticamente instrumental de su último álbum. Dos círculos a derecha e izquierda del escenario se iluminan de mil colores y poco a poco van girando, un espectáculo de luces impresionantes para revelar tras estos círculos a los protagonistas de la noche: Neil Tennant y Chris Lowe. El primero con elegante traje y casco metálico que simula una peluca y gafas de sol, el segundo con un casco metálico cubriéndole toda la cabeza y que no sé cómo podría ver así, aunque supongo que es material especial que de alguna forma permite la visión. Ambos toman sus posiciones y esta introducción se funde con el que fue su primer éxito, el inmortal “West end girls”. Como era de esperar, tras este enorme hit el grupo recibiría una acalorada ovación de bienvenida, Neil Tennant en alemán nos dice “buenas noches somos los PSB, esta noche somos todos the pop kids” e inmediatamente suena este tema que fue el primer single de “Super” apoyado por una espectacular proyección con un dado gigante rotando, todo muy popart. El sonido house noventero de “The pop kids” se funde con “In the night” una de las excelentes caras b del grupo y en ese espacio en el que se van mezclando las dos canciones empieza a entrar una serie de músicos de apoyo ataviados con unos cascos futuristas que les cubren las caras. Se trata de Afrika Green (percusión), Christina Hizon (teclados y violín) y Simon Tellier (percusión y teclados). Con todos estos músicos en escena el baile no para e “In the night” se funde en “Burn” quizás el tema con más madera de hit de su último álbum (y sin embargo no ha sido single); en la primera parte de esta canción, Christina Hizon abandona los teclados para cantar a dúo con Tennant para luego volver a los teclados en la segunda parte del tema.
Tras todos estos temas encadenados el público ya estaba más que caliente, momento propicio para un tema como “Love is a bourgeois construct” de su anterior álbum “Electric”. Se trata de un auténtico temazo a la altura de los mejores del dúo que quedó muy lejos de su potencial en su versión de estudio por una producción poco acertada, pero que en directo demuestra toda su grandeza. Muy acertado los toques de violin haciendo el tema mucho más orgánico. Tras esta canción llega el controvertido “New York city boy”, una canción que a algunos fans gusta y a otros repele. A mí siempre me pareció un tema magnifico y en mi opinión su ultimo single con ambición de número uno. Una proyección de un bailarín gigante se instala y el grupo realiza una versión donde las percusiones tienen gran protagonismo. Igualmente lo tienen en el siguiente tema, la canción más reconocible del álbum “Bilingual”, se trata claro está de “Se à vida e” que tocan íntegramente y no mezclan con ningún otro tema como solían hacer últimamente; a mi lado tenía dos jovencitos que se sabían todos los éxitos del grupo: parecía que su único disco de PSB era la recopilación “PopArt” (2003), porque el resto de temas los desconocían. Delante mía dos armarios enormes que me impedían bastante la visión: en un gesto de amabilidad me dijeron sin que yo les preguntase (no se me hubiese ocurrido, soy demasiado tímido para eso) que me adelantase a ellos. Todo un detalle y es que en Alemania la gente es muy considerada con los que somos pequeños. En España me hubiesen dicho “haber crecido más”.
El show continuó con el rescate de “Love comes quickly” un tema poco habitual en los conciertos del dúo y eso que es de sus temas favoritos, en esta ocasión tocaron una versión algo más larga que la versión single, siguiendo la temática del amor la siguió “Love, etc” single principal del álbum “Yes” (2009), un disco que tuvo un éxito muy notable en Alemania. Cambio de vestuario para acometer el siguiente tema. Se trata de “The dictator decides” de su último álbum, una sátira donde un dictador está cansado de serlo, de las conspiraciones, de los discursos interminables, etc. Hace pensar en el fallecido recientemente Fidel Castro o Bashar Al-Asad por poner un par de ejemplos. Tennant sale vestido con un atuendo propio de dictador, abrigo largo, gorro enorme, firme y serio mientras una proyección nos muestra un torso masculino haciendo poses, demostrando su fuerza (el dictador) mientras unas hormigas van de un lado hacia otro como borregos (los siervos). Sin descanso entre canciones llega “Inside a dream”, uno de los temas de “Electric” que se dejaron fuera de los conciertos en la gira titular de ese álbum y que recuperan en este “Super Tour”. Todo un acierto, el tema es acompañado por una proyección de la cabeza de Tennant que poco a poco se va transformando hasta llegar a un aspecto de monstruo irreconocible. Tennant vuelve a cambiar de vestuario y esta vez tras el look dictador se presenta con una chaqueta plateada, los músicos y Lowe llevan cascos plateados futuristas.
Ahora llegamos a la parte tranquila del concierto con un par de baladas, la primera “Winner” de su álbum “Elysium” (2012), una canción que si bien no me parece mala pienso que es perfectamente sustituible por otras de ese álbum, sin ir más lejos la genial “Leaving”, pero claro ya formó parte de la gira pasada y los PSB no son de repetirse (excepto con los grandes éxitos). La sigue una versión sosegada de “Home and dry” de ese denostado álbum llamado “Release” (2002) que si bien tuvo su punto, yo hubiese preferido la versión original mucho más enérgica y detallista. Tras este impasse tranquilo el baile iba a volver y de qué manera. Con Tennant fuera del escenario, Lowe es el protagonista principal en “The enigma” un tema de su homenaje a Alan Turing “A man from the future”. Tras este momento protagonista de Lowe, Tennant vuelve para interpretar “Vocal” de su anterior álbum “Electric”, un tema dance infalible que cerraba los conciertos de su anterior gira y que podría volver a hacerlo sin problemas, de lo mejor del dúo en su faceta más dance y desenfadada. Seguidamente nos sorprenden con “The sodom and gomorrah show” una canción del álbum “Fundamental” (2005) que nadie se esperaba y que los más “talifanes” agradecimos pues no es un tema obvio para un concierto por más que en su día se pensase en publicarla como single siendo finalmente descartada por el propio título de la canción. Después de este tema cargado de “sexo, pecado, intervención divina, muerte y destrucción” no podría llegar otra canción que el clásico “It’s a sin”; casi treinta años después de su publicación sigue sonando pletórica, grandiosa. Un tema que jamás puede faltar en un concierto de PSB.
Estábamos llegando al final del concierto y estaba claro que ahora era el turno de los grandes éxitos que continuaron con “Left to my own devices” en una versión tremendamente diferente a la original, prácticamente desprovista de los arreglos orquestales de ésta y muy minimalista. No está mal como experimento, al menos no se te caen los cojones al suelo como cuando los Depeche Mode hicieron “Halo” en su última gira. Aun así, sigo prefiriendo la original, pero deben estar cansados de ella porque últimamente le dan un tratamiento bastante radical al tema o simplemente no lo tocan como en la gira anterior. Un par de frases introductorias pertenecientes a “Opportunities” dan paso a otro de sus grandes éxitos, su enorme versión del tema de los Village People “Go west”, donde los músicos fueron presentados uno a uno incluidos los propios PSB y dieron punto y aparte al concierto a la espera de los bises que no se hicieron esperar con una versión de “Domino dancing” muy beneficiada por la percusión y en la que Tennant se puso en modo karaoke para que el público se dejara la garganta. Curiosos eran los cascos que llevaban los músicos cubriéndoles la cabeza entera y simulando un cubo de rubik circular. El segundo bis no podía ser otro que su enorme éxito “Always on my mind” y nuevamente hubo bastante karaoke con el público entregado. Desgraciadamente esto se acababa y tras este éxito PSB hacen un reprise de “The pop kids” que les sirve para despedirse, salir del escenario y dejar que los músicos adicionales continúen con el tema creando un intenso final.
Fue sin duda un gran concierto donde los PSB se permitieron desgranar toda su discografía, cada álbum del dúo estuvo representado (excepto curiosamente “Behaviour”). Su nuevo show que están paseando por todo el mundo es una versión sin bailarines de los cuatro conciertos de presentación que dieron en el Royal Opera House de Londres, donde presentaron por primera vez el espectáculo. Parece que para esta nueva etapa en directo han preferido tirar de músicos adicionales (algo que se echaba de menos en sus anteriores giras) y dar así más empaque a su sonido; siempre he dicho que las percusiones le sientan de maravilla a los conciertos de PSB creando algo más de improvisación en unos shows programados al milímetro musicalmente. Si tienen la oportunidad de ver este nuevo espectáculo de PSB no se lo pierdan.

Texto y fotografías: Alfredo Morales.
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domingo, 19 de febrero de 2017

Programa Frankie Goes To Hollywood “Welcome To The Pleasure Dome” (Temporada 8/ Programa 7)

Un disco masivo y ambicioso como el debut de Frankie Goes To Hollywood nos permitió una buena hora de música dentro de nuestra 8ª temporada. Quisimos demostrar, para los no muy avanzados en la historia del grupo, que este lp no es solamente “Relax (come fighting)” y hay mucho más.

Debutó en la 8ª temporada Luis F. Novalvos, primera voz que sonó del equipo de colaboradores más allá de la de Mariano González (que volvió al teléfono) y la mía. Apuntamos cosas sobre Trevor Horn y de la historia del grupo al margen del disco que nos ocupó que también podrán ser de su interés.

Se emitió en directo en la sintonía de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) el pasado 4 de febrero de 2017 a las 16.00h del citado sábado. Hubo redifusiones posteriores en el mismo dial, pero por si no lo escucharon en su momento, aquí tienen enlace a Ivoox para descarga del archivo y el reproductor insertado por si lo desean escuchar desde aquí mismo: http://www.ivoox.com/dmr-8-7-audios-mp3_rf_17097526_1.html
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viernes, 17 de febrero de 2017

Temporada 8/ Programa 8: The Cars y “Heartbeat City” (1984)

Es una cosa clara por estas tierras europeas que el grupo liderado por Rick Ocasek, no es que sean un fenómeno muy mainstream (ni lo fueron en su época). Esta formación americana tuvo una presencia muy fuerte a finales de los 70 y primera mitad de los 80 en Norteamérica, pero en Europa no pasan de tener un cierto estatus de “culto nuevaolero”.

Ahora bien, para el siguiente programa de nuestra 8ª temporada tomamos por banda su trabajo de 1984 “Heartbeat City”, con el que la banda consiguió un mayor triunfo a nivel global, sobre todo gracias al gran éxito de su balada “Drive”, curiosamente cantada por el bajista Benjamin Orr y no por Ocasek.

Quizás de forma peyorativa algunos tilden a “Hearbeat City” de disco AOR (si bien es más pop que rock), pero es innegable la calidad del conjunto de sus canciones, que hacen algo más que acompañar al inmortal tema que es “Drive”. Acompáñennos este sábado 18 de febrero de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH). Una vez más, les esperamos.

Links de interés:
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1310513072349331
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
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viernes, 10 de febrero de 2017

Led Zeppelin - Led Zeppelin III (1970)

ANTECEDENTES E INTRODUCCIÓN.
¿De verdad que lo que suena son solamente tres instrumentistas y un cantante? A grandes rasgos éste fue el primer pensamiento que tuve conforme me iba adentrando en los discos de Led Zeppelin. Un sonido tan apabullante, potente y engrandecido parecía obra de un batallón de músicos tocando firmemente, como si no hubiera mañana. Esta característica a unos les parece cargante y emperifollada de arrogancia y exceso; no es mi caso, me encanta este sonido maximalista e imperioso, sobre todo porque al mando hay músicos de gran pericia y buen sentido de la melodía. Los analizaremos en seguida.

Hablar de esta banda inglesa es hablar de uno de los orígenes de ese género, un poco cajón de sastre (o sea, como cualquier género) que es el hard rock, cuyo espíritu en gran medida se transmigró en el heavy metal. Por lo tanto no es poca la influencia de Led Zeppelin. Ahora bien, el término de “padres del hard rock” habría que dejarlo en suspenso, toda vez que para no pocos críticos este título está bastante disputado. Lo mismo hablan de Cream, Jimi Hendrix, Jeff Beck o de nombres más ignotos como Blue Cheer. Es decir, que hay más paternidades potenciales que en un culebrón. ¿Qué más da? Cuando el árbol genealógico es tan frondoso, es mejor deleitarse de ello y no escudriñar cuál es la rama primigenia. Lo que no se puede negar es que junto con otras bandas señeras como Deep Purple y Black Sabbath conformaron una era irrepetible y valiosísima para el hard rock, allá entre finales de los sesenta y principios de los setenta.

Dentro de la discografía de Led Zeppelin suele haber un pequeño canon formado por sus cuatro primeros álbumes, llamados sencillamente “I”, “II”, “III” y “IV” (este último en realidad no tiene nombre, aunque se le suele llamar así principalmente). 1969 fue el pistoletazo con el lanzamiento de los dos primeros discos, que suenan a una reinterpretación salvaje y desenfrenada del blues, con algún deje psicodélico y varios acercamientos a lo acústico. Son dos discos que hoy en día siguen siendo significativamente duros (imagínense hace casi cincuenta años) y que dejan sabrosas píldoras como “Dazed and confused”, “How many more times”, “Whole lotta love”, “Ramble on”… El “Led Zeppelin I” fue el golpe en la jeta, la presentación de un grupo joven que quiere comerse el mundo y va a por todas llevando el blues a su extremo más electrificado. El “Led Zeppelin II” trajo ya consigo un considerable éxito de público, crítica, además de una afanosa y extensa gira. Uno de sus grandes himnos está en este álbum: “Whole lotta love”, a base de un rock de riff clásico dentro de la historia del rock y una psicodélica y orgásmica (literalmente) parte intermedia.

Hablando ya de nuestro álbum de hoy, aunque es una obra en general respetada y con una solera bastante bien llevada, no deja de ser un disco controversial y base de dispares opiniones. La crítica menos afecta al LP señala la proliferación de números acústicos (acusando incluso de ser muy tributarios de Crosby, Still, Nash & Young) y que los cortes rockeros son quizá demasiado estrafalarios y no tan brillantes como otros. No estoy de acuerdo con estas afirmaciones. En primer lugar, horadando la epidermis del grupo, se puede ver que Led Zeppelin hubiera podido ser una muy estimable banda folk. Mostrar otras caras, ser poliédrico o como lo queramos llamar, creo que está más cerca de ser una virtud que un defecto y ese detalle creo que pone a Led Zeppelin en posición de cierta ventaja respecto de otras bandas análogas. Tampoco olvidemos que anteriormente ya habían sonado acústicos a ratos.

Además, sigue siendo un disco de rock; la electrificación de las canciones no es tan escasa como para afirmar que “Led Zeppelin III” sea un disco folk y quedarnos tan anchos. Temas como “Inmigrant song”, “Celebration day” o el épico blues de “Since I’ve loving you” satisfará a los paladares proclives al rock y al voltaje. En cuanto al tema de los números rockeros, quizás no sean tan directos (salvo “Inmigrant song”) como en otros trabajos, pero si se le dedican las suficientes escuchas acabarán mostrando sus virtudes. En general este tercer trabajo de Led Zeppelin es el más oscurecido dentro de este cuarteto primigenio de discos, pero creo que puede mirar desacomplejadamente a sus congéneres; tiene canciones y tiene atrevimiento en cantidades que lo hacen muy interesante. No está de más reivindicarlo.

Antes de meternos plenamente en harina haremos una breve semblanza de los componentes, toda vez que la instrumentación en Led Zeppelin es parte sustancial y esencial de su música. ¿Cómo no hablar de Jimmy Page? Uno de mis guitarristas favoritos de todos los tiempos, dueño de una técnica envidiable sin caer en excesos vacuos de punteos superfluos y de duración enervante (bueno, salvo en directo, donde el tío llega a tocar la guitarra con un arco de violín o cosas así). Además posee un buen dominio de la guitarra acústica, mayor que la de otros excelentes guitarristas coetáneos como Ritchie Blackmore (salvo en Blackmore’s Night claro, donde llega a ponerse renacentista, aunque es un proyecto ya de los años 90) o Toni Iommy. Sin embargo Jimmy Page tiene sobre sí una fama, extensiva al grupo, que no es particularmente elogiosa. Lo describiré de un modo pintoresco. ¿Recuerdan cuando Los Simpson visitan Inglaterra? En ese episodio, en un momento dado Homer y Marge están montados en el London Eye y desde allí Homer atisba a varias personas, hasta que de repente dice algo así más o menos: “Mira, por allí va Jimmy Page, uno de los mayores expoliadores de la música negra que ha existido jamás”. Bien, partamos de la base de que en este sentido Jimmy Page (o el grupo ya que estamos) no podría tirar la primera piedra y efectivamente repertorios de rancio abolengo como los de Muddy Waters o Willie Dixon y otros más desapercibidos como los del grupo Spirit, han servido de “inspiración” a nuestros amigos británicos, pero definir hasta la extenuación a Led Zeppelin como una banda de plagio y punto pelota es un reduccionismo bastante ramplón. Hay bastante material personal e intransferible, surgido de su materia gris como para merecer el apelativo de “grupo clásico”. Además estos “préstamos” no son meros calcos de acordes, hay algo de trasfusión espiritual en ello. Dejando su impronta. De todos modos ahí queda eso, nadie es perfecto.

John Paul Jones por su parte es un muy buen bajista, lo cual es un logro apreciable teniendo en cuenta que su instrumento base, al entrar en la banda, no era el bajo. Lo suyo era más bien la tecla pulsada, defendiéndose muy bien en órganos, pianos, etc. Y sin embargo su aportación como bajista es buena, y si no escuchen alguna canción como “The lemon song” del “Led Zeppelin II”. Además es un músico que se desenvuelve muy bien en el estudio, no en vano antes de Led Zeppelin había sido arreglista (había hecho los arreglos para “She’s a rainbow” de los Rolling Stones por ejemplo, perteneciendo a su disco “Their Satanic Majesties Request”) y una vez disuelta su banda ha seguido haciendo arreglos orquestales, como por ejemplo los que hizo para R.E.M. en “Automatic For The People”.

Robert Plant aparte de relumbrar individualmente para la banda se puede decir que estableció (o casi) algunos cánones para los cantantes de rock. Puede entusiasmar o poner de los nervios, pero la personalidad es innegable. Las señas de identidad ya las saben: voz aguda y cierta proclividad a proferir “ohhhhhhhh” y “ahhhhhh” con cierta frecuencia, pero no quebranta precisamente ningún mandamiento estilístico del género.

Por último tenemos a uno de los mejores baterías de todos los tiempos, John Bonham. Y lo era por una contundencia mayestática y poderosa que no estaba ayuna de una precisión finísima y ajustada. Su técnica era precisa y potentísima. Lastimosamente falleció en 1980 de asfixia tras, según dicen, una alucinante ingesta de vodka. Y con ello Led Zeppelin… desapareció; si acaso sacaron “Coda” (1982), que no dejaba de ser un disco de descartes de sus obras anteriores. Todo lo que ha habido después han sido recopilatorios, conciertos, etc. Me parece una actitud encomiable y coherente de la banda; el sonido de la batería de John era sin duda una marca de agua del estilo de Led Zeppelin.

ANÁLISIS DEL DISCO.
1. “Inmigrant song”: ¿Puede una canción ser épica y apenas durar dos minutos y medio? Ya lo creo que sí, tal como disponen Led Zeppelin los elementos. Un riff cortante y persistente, una progresiva interpretación vocal de Robert Plant llegando a niveles realmente agudos y una letra que no escamotea referencias a la mitología nórdica lo consiguen (“el martillo de los dioses conducirá nuestras naves a nuevas tierras”). Todo un trallazo para comenzar a ritmo de vértigo, lanzando todo un directo a nuestra cara. Fue el single (no hubo más) del disco. Por cierto, échenle un oído (si no lo han hecho) a la curiosa versión que hicieron Trent Reznor, Atticus Ross y Karen O para los créditos iniciales de “Los Hombres Que No Amaban A Las Mujeres” en su versión americana dirigida por el gran David Fincher.

2. “Friends”: Y comienza la parte acústica. Buen dominio de este instrumento por parte de Jimmy Page, para lo que es un particular folk. Sin haberla escuchado uno puede pensar que siendo una canción acústica que se llama “Friends” se va a encontrar un número pastoril apto para cantar alrededor de una fogata en plan Boy Scout. Pues no. La canción es sobria hasta parecer levemente oscura, a lo que ayuda los inquietantes arreglos de cuerda de corte oriental. Por no mencionar los lúgubres compases finales. Yo diría que, en general, es posible que tomara cierta inspiración de la canción “As you said” de Cream. Eso sí, la letra es luminosa: “lo mejor que puedes hacer es intercambiar una sonrisa con alguien que esté triste”. Curioso.

3. “Celebration day”: Volvemos a rock (el género que predomina en la primera parte del disco) con un nervioso rasgueo de guitarra eléctrica para dar paso a un peculiar y característico riff. Quizá no sea un número de rock tan directo como otros de la banda, pero va creciendo con las escuchas. Además, el ritmo saltarín ayuda a hacerla grata de escuchar. La letra es bastante alegre, haciendo coherente el “día de celebración”.

4. “Since I’ve loving you”: Todo un blues macizo, épico y mayestático. Teniendo en cuenta que es una canción muy de género y que dura más de siete minutos es conveniente que te guste el estilo si quieres entrar en el tema. A su favor la fenomenal y fogosa interpretación por parte de toda la banda y el toque trágico que acompaña a todo buen blues. La letra habla de un amor sacrificado y un tanto agotador.

5. “Out in the tiles”: Un descendente riff inicial da paso a otro bastante intrincado y quizá un poco estrafalario, pero en realidad volvemos a tener un excepcional momento de hard rock clásico de esos que le salen con tanta facilidad a Led Zeppelin. Uno de los números más contundentes del álbum y uno de los puntos de interés para los más afectos a la vertiente estrictamente rockera. Como “Out in the tiles” es una expresión para significar salir de juerga y quemar la ciudad, la canción acompaña con un tono bastante celebrativo.
6. “Gallows Pole”: Y aquí viene la segunda parte del disco, la que sería la cara b del vinilo. Esta parte es la eminentemente acústica y la que ha servido para reputar a “Led Zeppelin III” como un álbum folk. Y en concreto esta canción es una melodía tradicional, decimonónica para más señas, arreglada y adaptada por la banda. La parte inicial comienza mezclando guitarras acústicas y mandolina y el tono es como de canción narrativa, de historia de cuenta cuentos. En la segunda mitad de la canción entra la batería, animando bastante el tempo. Acaba recordándome a esos delirantes bailes de película del oeste donde la gente danza con los brazos entrelazados. La historia habla de una condenada a la horca que pide que alguien compre su libertad con oro o plata.

7. “Tangerine”: O la canción que demuestra que Led Zeppelin pueden hacer bonitas canciones (bueno, hay mucho ejemplos significativos). Se trata de una balada acústica con algún toque country, de hermosa melodía y delicada interpretación. No obstante, hay un breve punteo de guitarra eléctrica que aporta un toquecillo rock. El inicio de la canción despista con una falsa entrada y un subsiguiente silencio. Fue compuesta por Jimmy Page años antes de la fundación de Led Zeppelin, encontrando afortunadamente hueco en “Led Zeppelin III”. La letra es más bien ingenua: “Fui su amor y ella fue mi reina, y ahora han pasado miles de años”. Es igual, suena bastante bien.

8. “That’s the way”: Cuesta calificar a esta canción como revolucionaria, pero para Led Zeppelin en concreto quizá sí que lo sea. La canción es una ensoñación límpida, acariciante, bucólica. Tranquilos acordes acústicos, acompasados con leves notas eléctricas. Todo un remanso de paz solamente turbado por una ligera melancolía. Si bien el sonido acústico no es ajeno a Led Zeppelin, rara vez han sonado tan evanescentes. La letra abunda en el sentimiento pastoril con referencias a ríos, peces, flores, etc. Es contemplativa hasta en sus menciones a la naturaleza.

9. “Bron -Y- aur stomp”: El curioso título de la canción deriva de la cabaña, en pleno campo, situada en Gales donde Led Zeppelin compusieron en gran medida este disco. Quizá fuera la quietud de ese paraje lo que inspirase el tono de algunas de las canciones. Ésta en concreto es un folk alegre, casi festivo, incitante a dar palmas (particularmente cuando entra la percusión). Canción vital y dicharachera que a pesar de su ligereza se esfuerza en tener una buena y accesible melodía.

10. “Hats off to (Roy) Harper”: La canción más experimental del disco. Consiste en pasar por diversos filtros tanto la voz de Plant como las guitarras de Page para dar lugar a un estrafalario sonido, un tanto disonante y discordante, quizá con más voluntad de exploración que de melodía. Aunque valoro la valentía a la hora de incluir sonidos desafiantes e insólitos, deja un regusto extraño. No es el final de disco que hubiese querido, pero tampoco es nada catastrófico. El título nos anima a quitarnos el sombrero ante Roy Harper, cantante folk amigo de la banda y que en 1975 cantaría la canción “Have a cigar” de Pink Floyd, incluida en su disco “Wish You Were Here”.

RESULTADO, CONCLUSIONES Y REFLEXIONES.
“Led Zeppelin III” es un disco imperioso a ratos, pacífico en otros y entre medias alegre, reflexivo… No es un trabajo tan fácil de catalogar. Hace falta cierto atrevimiento para crear un disco así. Quizá ese atrevimiento venga de la seguridad adquirida con la muy buena cogida de sus dos primeras referencias, refrendada por una gran gira. Sea como sea no es un disco para degustar un solo género, debemos tener paladar para saborear lo mismo los filosos riffs de “Inmigrant Song” o la calma chicha de “That’s the way”. Supongo que puede tener a su modo algún toque místico, toda vez que en estos momentos algunos componentes de la banda estaban interesados en temas ocultistas y esotéricos (Jimmy Page tenía una librería sobre ello y en la contraportada a Rober Plant solamente le falta un sombrero picudo para parecer la bruja piruja). También hay que advertir que cuando decimos folk nos referimos a ello en un sentido añejo, no muy en boga hoy en día. Ya decimos que se remitía a Crosby, Still, Nash y Young en algunas comparaciones y que incluso hay una canción tradicional arreglada al efecto. Para mí, eso sí, no hay ningún problema; me encanta ese toque deliciosamente trasnochado.

La siguiente obra es considerada casi unánimemente su disco más destacado. Curiosamente es un álbum innominado, no tiene título alguno, si bien casi por convenio general se le conoce como “Led Zeppelin IV” o bien como “Zoso” por los símbolos que incluye el álbum y que semejan esa palabra. Ahí tenemos a la canción definitiva del grupo “Stairway to Heaven”, una de las canciones que siempre suelen aparecer en las listas de mejores composiciones de todos los tiempos y que sigue teniendo tras de sí la sombra del plagio de la intro, supuestamente inspirada en la canción “Taurus” del grupo Spirit. La polémica es ancestral, pero el verano pasado se dictaminó (tribunales mediante) que la semejanza no era constitutiva de plagio. En cualquier caso un tótem del rock. También en el mismo disco podemos encontrar otros clásicos como “Black dog” o “Rock and roll”.

Una vez pasada esta “tetralogía” de discos, las obras que llegaron siguen siendo respetadas y parte importante del rock, pero de algún modo no de la misma manera. En “Houses Of The Holy” (1973) el grupo se atreve con nuevos sonidos como el reagge o el soul. “Physical Graffiti” (1975) por su parte es su disco más maratoniano (disco doble) y suele dividir a los fans sobre si es un exceso autoindulgente o una genialidad. Los dos últimos (no cuento “Coda”) “Presence” (1976) y “In Through The Out Door” (1979) suelen ser los menos recordados. En este conjunto de discos que estamos comentando aún dejaron una notable cantidad de títulos a tener en cuenta: “D’yer Maker”, “No quarter”, “Kashmir”, “Achilles last stand”, “In the evening”… Por cierto, tengamos en cuenta la delirante película-concierto “The Song Remains The Same” (1976) con mega solos de guitarra y batería, inclasificables “videoclips” en la que el protagonismo se lo van repartiendo los diversos componentes (mi preferido es el gótico-victoriano de “No quarter”, con John Paul Jones de protagonista) y tono setentero a más no poder.

Tras la muerte de John Bonham, como decíamos al inicio, el grupo ya no vuelve a sacar nada nuevo. Todo lo que ha venido después han sido recopilatorios, grabaciones de conciertos ya clásicos y el derivado de su concierto reunión de 2007 (con el hijo de John Bonham en la batería). Creo que es una decisión, la ruptura de la banda, respetuosa con su compañero y con su sonido, que tenía una fuente sónica muy potente en la batería. Además Led Zeppelin, con la irrupción del punk y la new wave y unos discos menos redondos, no estaban en su mejor momento. De todos modos su legado sigue siendo poco menos que legendario.

Apreciemos en su justa medida a “Led Zeppelin III”, que sin ser un disco maldito, sí que es un disco opacado por otros ilustres compañeros de discografía. Es la mala suerte de que un grupo sea capaz de ofrecer discos icónicos en la historia del rock, pero la parte buena es que donde menos te lo esperas un álbum de perfil bajo acaba resultado una magnífica sorpresa. Especialmente prescrito para los aficionados al rock y al folk clásico, pero indicado en general para cualquier melómano a la caza de interesantes sonidos.

Texto: Mariano González.
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domingo, 5 de febrero de 2017

Programa Interpol “Turn On The Bright Lights” (Temporada 8/ Programa 6)

Recuperamos el pulso de la 8ª temporada tras las vacaciones navideñas el pasado 21 de enero de 2017 a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) dedicando un programa al debut de Interpol.

Estuvimos en los estudios de RUAH en persona Mariano González y servidor de ustedes Víctor Prats. Dispusimos, como es habitual, 4 de los temazos que incluye el 1er. disco del grupo liderado por el cantante Paul Banks para intercalarlos en el diálogo musical que tuvimos los 2.

Por si no pudieron escucharlo en su día o en sus redifusiones, les dejamos a continuación el enlace a Ivoox para que se descarguen el podcast y también insertamos el reproductor para que puedan escuchar el programa aquí directamente sin necesidad de marcharse a otras ubicaciones: http://www.ivoox.com/dmr-8-6-audios-mp3_rf_16831045_1.html
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viernes, 3 de febrero de 2017

Temporada 8/ Programa 7: Frankie Goes To Hollywood y “Welcome To The Pleasure Dome” (1984)

Retomamos la década de los 80 para abordar un disco que incluye uno de los himnos de la década. Y es que no podemos obviar la importancia de “Relax” dentro del mundo del pop. El caso es que Frankie Goes To Hollywood es uno de los ejemplos de trayectorias fugaces que dejaron ítems discográficos dignos de reparar en ellos (véase The Housemartins como otro ejemplo de aquellos días).

Pero no todo es “Relax (come fighting)”. El disco regaló otros trallazos en forma de single como “Two tribes (for the victims of ravishment)” y la preciosa “The power of love”. Es un trabajo difícil, que ya en su día abordamos en artículo en el blog (como es nuestro proceder habitual: primero su artículo y luego ya llegará su programa de radio) y que nos permitirá pasar una buena hora de música este sábado 4 de febrero de 2017.

Salvo contratiempo de última hora, en esta ocasión volverán a escuchar una voz distinta a la que de Mariano González y servidor. Debuta uno de nuestros contertulios habituales a priori. El sábado a las 16.00h en el dial de Radio Universitaria de Alcalá de Henares (RUAH) podrán desvelar la duda de si será Óscar Cañas, Alfredo Morales, Luis F. Novalvos o José Antonio Sánchez quien nos acompañe. No se lo pierdan.

Links de interés:
Emisión on-line RUAH: http://streaming.elitecomunicacion.es:8066/;
Evento en Facebook: https://www.facebook.com/events/1560761690619494
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